The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 12-1] < Lucas 12, 1-10 > Acepten las instrucciones de Dios

< Lucas 12, 1-10 >
«En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas. Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed. ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos. Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado». 
 
 
No hay hipocresía que no sea revelada ante Dios
 
En el pasaje de las Escrituras de hoy nuestro Señor dijo tres cosas: Tened cuidado con la levadura de los fariseos, temed a vuestro Dios, y no blasfeméis contra el Espíritu Santo. 
Nuestro Señor dijo personalmente que tuviésemos cuidado con la hipocresía de los fariseos porque eran muy hipócritas. Quizás sean los más hipócritas del mundo. Si leemos lo que el Señor nos está diciendo, veremos que nos avisa de que tengamos cuidado de la hipocresía de los fariseos, y podemos saber lo hipócritas que eran. Parecían muy piadosos, virtuosos y limpios por fuera. Pero, por muy modestas que fueran sus apariencias, por muy piadosos que pareciesen, y por mucho que dijeran servir a Dios, toda su hipocresía fue revelada ante Dios. 
Mis queridos hermanos, debemos recordar la Palabra del Señor que dice que tengamos cuidado con la levadura de los fariseos. Los cristianos de hoy en día deben tener mucho cuidado con la levadura de los hipócritas. ¿Puede alguien esconder lo que tiene ante el Señor? ¿Puede una persona esconder su corazón, los pecados que hay en él o cualquier cosa que le pertenezca ante Dios? La gente no puede esconder nada. Pero aún así los fariseos intentaron esconderse de Dios. 
Mis queridos hermanos, no sé si han visto a los fariseos en alguna película, pero sus vestiduras tenían unos bordillos muy grandes. Se tapaban la cara con esos bordillos si veían a un leproso mientras iban caminando. No querían ni mirarlos porque los llamaban sucios. Los fariseos vivían con tanta piedad que no podían ni mirar nada que les pareciese sucio. Por eso parecían muy piadosos por fuera. 
Pero nuestro Señor nos dijo que tuviésemos cuidado. El Señor dijo que tuviésemos cuidado porque eran muy hipócritas. Durante el tiempo en que Jesús vino a este mundo, muchas personas fueron negadas por los fariseos. Los fariseos eran muy hipócritas. Las apariencias de los fariseos, ya sean los del pasado o los hipócritas actuales, son muy refinadas. Nunca dicen palabras feas. No caminan de manera que no sea santa. Probablemente lo sabrán si han vivido una vida religiosa, pero no puedo describir lo vacíos que están por dentro a pesar de estar embellecidos por fuera. La gente que vive vidas religiosas hace eso más que nadie. Su comportamiento es tan piadoso que ninguno de nosotros, los que hemos sido salvados, les podemos irritar. No puedo explicar lo virtuosos que son cuando oran arrodillados y con las manos juntas cuando entran en la capilla. A veces venimos a la Iglesia, nos sentamos y oramos para que Dios nos ayude. A veces oramos tan brevemente que los demás no se dan cuenta de si hemos orado o no. No podemos ser comparados con los fariseos en cuanto a nuestras apariencias exteriores y nuestra formalidad. 
Yo he creído en Jesús durante más de 30 años, aunque durante los primeros 10 años viví una vida religiosa sin saber cómo nacer de nuevo. Hace tiempo pasaba lo mismo. Pero la característica principal de los que no han nacido de nuevo es que son muy hipócritas. Son muy hipócritas. ¿Por qué? Porque sus apariencias exteriores son muy refinadas, más que las de los demás. Pero si miran dentro, nunca abren las puertas de sus corazones. Solo su apariencia exterior está limpia. Es imposible ver lo que hay en sus corazones como el Kremlin de la antigua URSS. Sus apariencias exteriores son como una pared de hierro, muy fuertes. No tengo palabras para describirlas. 
Mis queridos hermanos, los solteros y solteras hablan como si lo supiesen todo, pero las apariencias engañan. Se preguntarán por qué las parejas se pelean, pero cuando ustedes se casan tendrán los mismos problemas. Se preguntan cómo es posible que una mujer diga algo malo sobre su marido. Ustedes serán iguales. La mujer dice cosas malas del marido si el marido la molesta mucho. La gente joven no cree que será así, ¿verdad? Pero todo el mundo es igual. 
Pero la gente hipócrita nunca dice nada malo delante de la gente. Solamente dice: «Oh, de acuerdo, tienen razón. Te entiendo». Entonces se dan la vuelta e insultan. Pero después van ante Dios y dicen: «Dios, he insultado a alguien. No pude controlarme. Por favor, perdóname». ¿Quién sabe lo que hay dentro de estas personas? La gente que es muy hipócrita se cierra a los demás con muros de hierro para que no oigan nada acerca de sus verdaderas intenciones cuando hablan. No pueden juntarse con ellos porque solo intentan parecer piadosos por fuera. 
Si conocen a personas que viven sin nacer de nuevo, no podrán compartir con ellas porque se disfrazan muy bien. Si intentan hablar de la justicia de Dios con ellas, les parecerá que están viviendo vidas santas y que ustedes no valen para nada. Parecen justos y especiales. Así que no pueden hablar de esas cosas con esta gente porque no pueden comunicarse con sus corazones. Por favor, compartan los unos con los otros cuando reconozcan sus insuficiencias. Si una persona intenta esconder sus insuficiencias y embellecerse al fingir cumplir la Ley de Dios, no tiene gratitud por la justicia de Dios. Así que no podemos tener conexiones verdaderas con este tipo de personas. Son las versiones modernas de los fariseos y el cristianismo actual está lleno de estos fariseos espirituales. Piensan que están viviendo vidas religiosas buenas aunque no han nacido de nuevo, no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y tienen pecados en sus corazones. Este tipo de personas se esconde detrás de su hipocresía. Por tanto, cuando alguien les dice algo, ellos dan su opinión firme como si lo supiesen todo. Si escuchan una palabra, dicen diez más. Así que no podemos hablar con ellos. Si dicen una cosa, ellos dicen dos; si dicen cinco cosas, ellos dicen diez. Por tanto, no pueden tener una conversación con estos hipócritas. 
Estas personas se están engañando a sí mismas. Jesús dijo que tuviésemos cuidado con la levadura de los fariseos. Esa levadura se refiere a las enseñanzas mundanas, hipócritas e inválidas. Los fariseos decían creer en Dios correctamente. Si hay alguien en este mundo que crea más en Dios, esa persona debe ser un fariseo. Jesús los reconoció diciendo: «Si vuestra justicia no excede a la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos». La justicia de los fariseos era muy grande. Vivían vidas rectas, hablaban solamente de cosas buenas, y vivían vidas limpias y agradables. Vivían tan bien que nuestro Señor dijo que tenemos que tener más justicia que los fariseos para entrar en el Reino de Dios. Los fariseos eran personas que creían en Dios tanto que parecía que fueran a entrar en el Reino de los Cielos por su cuenta si lo intentaban un poco más. Obviamente nosotros no podemos seguir sus obras. ¿Pero qué es lo importante? Esos fariseos no podían entrar en el Reino de los Cielos porque les faltaba una cosa. 
 
 
Los fariseos eran tan arrogantes que retaron a Jesús
 
Lucas 7, 36-50 describe la historia de una mujer que trajo un frasco de alabastro con aceite aromático. Entró en una habitación de un fariseo donde Jesús había sido invitado y se sentó a Sus pies llorando. Entonces empezó a lavarle los pies con sus lágrimas y a secarlas con sus cabellos, y después le besó los pies y los ungió con el aceite aromático. ¿Qué se dijo a sí mismo el fariseo que había invitado a Jesús cuando vio esto? Se quedó quieto mientras la mujer pecadora le lavaba y tocaba los pies. El fariseo se dijo a sí mismo: «Este Hombre, si fuera un profeta, sabría qué tipo de mujer es esta que le está tocando, porque es pecadora». Por eso los fariseos pensaban que eran personas más justas que Jesús. Eran bastante audaces, ¿no creen? Me dejan sin palabras. 
Estos fariseos tenían sus propios preceptos heredados. Vivían según estos preceptos. Daban más importancia a los preceptos de los hombres, heredados por su tradición, que a la Palabra de Dios. Creían más en las palabras y pensamientos de los hombres, transmitidos por sus antecesores, que en las lecciones de la Palabra de Dios. Hoy en día pasa lo mismo. Los cristianos de hoy en día confían más en las referencias de los pasajes de la Biblia que en la Palabra de Dios. Ponen más importancia en las notas que hay debajo de cada pasaje de la Biblia. Creen en el 100% de las notas y les dan más importancia que a la Palabra de la Biblia. No les importa lo que la Palabra de la Biblia dice. Para ellos es más importante lo que dicen esas notas. Muchas personas creen de esta manera. 
Los fariseos fingían ser santos. Así que Jesús dijo: «Tened cuidado de la levadura. Tened cuidado de sus preceptos. Tened cuidado de sus enseñanzas. Moriréis si las aceptáis. Tened cuidado de su hipocresía». El Dios Todopoderoso lo ve todo, incluso lo escondido. Así que la Biblia dice: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas» (Lucas 12, 2-3).
Esto es cierto. Nuestro Señor lo sabe todo acerca de nosotros. Conoce las palabras dulces de los hombres con labios suaves; conoce los pensamientos y deseos de sus corazones; conoce los pecados que han cometido en secreto; conoce sus creencias, y conoce todas las acciones de sus vidas como si los estuviese mirando por un microscopio. Cuando miramos a un pez en su pecera, lo vemos todo, ¿no? Podemos saberlo todo acerca de ese pez: cómo se mueve, cómo se mueve el agua con sus aletas, qué pasa cuando se mete entre las algas de la pecera, y cómo se mueve cuando su cola va de lado a lado. Dios es igual. No solo conoce a los fariseos, sino que nos conoce a todos. 
¿Hay algo escondido que no se vaya a revelar ante Dios? No hay nada que no vaya a ser revelarse aunque esté escondido. Obviamente hay pecados en los corazones de los fariseos. Estos hipócritas parecen creer bien por fuera, ¿pero cómo creen por dentro? Hay pecados. Así que, no hay nada escondido que no vaya a ser revelado ante Dios. 
 
 
¿Qué puede esconder el hombre ante Dios? ¿Puede esconder sus pecados? 
 
La gente nunca habla de sus pecados vergonzosos, aunque hablen de todo lo demás. Esconder pecados así es un pecado. Mentir y engañar a la conciencia propia acaba siendo revelado ante Dios. Nuestro Señor lo sabe todo. Si leemos Lucas 12, 4, el Señor dijo: «Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer». ¿Qué significa esto? Significa que todo lo que la gente nos puede hacer es matar el cuerpo. No hay nada que puedan hacer después. ¿Qué se le puede hacer a una persona que ya está muerta? El hombre no puede enviar a las personas al infierno. 
Pero en Lucas 12, 5 nuestro Señor dijo: «Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed». El Señor está diciendo que debemos temer a Dios porque juzgará nuestras almas. Esto es cierto. La gente debe temer a Dios. Dios existe aunque no podamos verle con nuestros ojos. Él lleva al infierno a las almas que no han recibido la remisión de los pecados y a los que no obedecen Su Palabra de Verdad. Debemos saber que habrá un juicio horrible para los pecadores. También debemos saber que Dios creó al infierno y que envía a la gente al infierno, y nosotros no podíamos evitar ir al infierno si nos envía y por eso debemos temerle. Esta es la única razón por la que debemos temerle. 
Pero hay gente que no teme a Dios. La gente que no le teme va al infierno cuando muere, aunque sean como leones en vida. Deben pensar en esto con cuidado. La mayoría de las personas no temen a Dios aunque saben que irán al infierno por sus pecados. Por tanto, todo el mundo debe temer a Dios. 
La gente que no ha recibido la remisión de los pecados no puede evitar temer a Dios. Así que un rasgo común de la gente que no ha recibido la remisión de los pecados es que intenta esconder sus pecados. Pero si hay gente que teme a Dios, debe recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Hay gente que intenta recibir la remisión de los pecados por su cuenta. Esta gente tiene que recibir la remisión de los pecados a través de Dios. La gente debe hacer todo lo que puede durante todas sus vidas para recibir la remisión de los pecados. Si hay una cosa que la gente debe hacer antes de ir al Señor es recibir la remisión de los pecados. La gente que no quiere recibir la remisión de los pecados y solo intenta disfrutar del mundo es insensata. La gente que no sabe que va a ir al infierno o que no intenta resolver este problema aunque sabe que va a ir al infierno es insensata. Quien se preocupe por la vida próxima recibirá la remisión de los pecados. Si una persona presta un poco de atención a su problema del pecado, puede recibir la remisión de los pecados de Dios. 
 
 
¿Por qué la gente no cree en la gracia de la salvación de Dios e intenta escapar de ella?
 
La letra de uno de nuestros himnos dice: «No escapen, no escapen». Estas palabras quieren decir que el Señor viene a nosotros y nos intenta dar la gracia de salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu, ¿por qué intenta escapar la gente? ¿Por qué intenta evitar la salvación del Señor por los pecados que han cometido? Nuestro Señor tomó todos los pecados para siempre. Lo sabe todo acerca de nosotros. Recuerden esto. Jesucristo vino a nosotros con la justicia de Dios para salvarnos de todos esos pecados. 
Debemos conocer la justicia de Dios. Dios no es simplemente un tipo simpático. ¿Lo entienden? ¿Quieren que les cuente una historia que pasó hace mucho tiempo? Había una persona muy agradable hace mucho tiempo. Tenía un amigo, pero este amigo no era buena persona. Un día estaban paseando juntos y el amigo pensó que iba a bromear con esta buena persona. Así que agarró su brazo y se lo puso detrás de la espalda. Podría haberle roto el brazo. Pero aún así siguió estirando su mano. La buena persona le dijo al amigo que parase, pero el amigo le estiró la mano una vez más. Le estiró la mano bastante hasta que le dolió. Pero aún así le hizo mucho daño. Entonces la buena persona dice: «Si no paras me vas a romper el brazo». Pero el otro amigo siguió estirando. Entonces se escuchó un chasquido. La buena persona le dijo al otro amigo: «Te he dicho que lo ibas a romper». En este momento, el amigo estiró fuerte y le rompió el brazo completamente. El mal amigo le levantó el brazo hasta que lo rompió. ¿Saben qué dijo el buen amigo después de esto? «Mira, lo has roto». ¿Hay alguien aquí que hubiese reaccionado como este buen amigo? Si hay una persona así, es muy buena persona. Pero Dios no es así. 
Dios nos habla claramente. Nos dice que recibamos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu mientras vivimos en este mundo. Nos dice que recibamos la remisión de los pecados. Nuestro Señor espera un año, diez años o incluso 100 años. Dios es así de misericordioso. ¿Qué más tiene que decir? Nos dice: «Te enviaré al infierno si no recibes la remisión de hasta el más pequeño de tus pecados. Todavía tienes oportunidades en este mundo. Recibe la remisión de los pecados. Escúchame. Dame un poco de tu tiempo. Escucha lo que te tengo que decir». Dios nos pide que recibamos la remisión de los pecados. 
Es cierto. Dios nos habla a diario a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Nos habla y si eso no funciona nos manda situaciones difíciles para que le busquemos. Dios hace varias cosas para salvarnos. A veces se lleva a personas para que no pierdan su salvación. A veces hace que otras personas mueran cuando se levantan contra Él y Su Iglesia. ¿Qué hace Dios si se lleva a estas personas? Como he dicho, Dios no es solamente agradable. Cuando está furioso, le dice a Sus ángeles: «Voy a arrojar a este hombre al fuego eterno del infierno. Tendré que arrojarle al fuego que no se apaga. Id a buscarle». Así que el ángel de la muerte va a por el alma de esa persona. Los cuerpos se ponen rígidos cuando mueren. No puedo explicar lo difícil que es mover un cuerpo muerto. Si no tienen cuidado, se pueden desprender algunas partes del cuerpo. En fin, el ángel de Dios lleva esta alma ante Dios diciendo: «Dios, te lo he traído». Entonces Dios dice: «Estúpido. Te dije que recibieses la remisión de los pecados, pero no lo hiciste, ¿verdad? Solo hay un lugar donde puedo enviarte. Ángeles, abrid la puerta. Abrid la puerta al lugar caliente y poned a este hombre allí». El Señor Jesucristo le dijo a Sus discípulos que temiesen a Dios porque Dios resucitará esos cuerpos rígidos y los enviará al infierno con sus almas en el último día. Esta es la verdad. Hay un juicio de Dios esperando a todos los pecadores como dice la Biblia: «Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9, 27).
Aunque nuestro Dios tenga mucho amor, tiene un límite. Dios, quien creó este mundo, tiene toda la autoridad. Tiene el poder de enviarnos al Reino de los Cielos o al infierno. Debemos saber esto. Debemos saber que Dios tiene poder. Si no son bestias que mueren, deberán saber esto: que deben vivir temiendo a Dios y honrándole. También deben vivir en la sociedad sabiendo esto. Mis queridos hermanos, espero que vivan el resto de sus vidas temiendo a Dios. 
 
 
Vamos a leer Lucas 12, 8-10
 
El Señor dijo: «Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado» (Lucas 12, 8-10). 
El Señor aquí nos habla de la gente que le confiesa ante otras personas y de la gente que le niega. ¿Qué significa esto? Si alguien reconoce ante otros lo que Jesús ha hecho, Dios dice que esa persona es Suya y que ha sido salvada. Cuando se presenta ante el trono del juicio de Dios, Dios les dice a Sus ángeles: «Esa persona es Mía». Pero, ¿qué le pasa a una persona que no confiesa que Jesús le ha salvado ante otros? ¿Qué pasa con los que le niegan? Si una persona niega lo que Jesucristo ha hecho por ella diciendo: «Jesús no pudo eliminar mis pecados. Eliminó mi pecado original, pero no mis pecados personales», el Señor la maldecirá y la negará ante Sus ángeles. 
Dirá: «Id a por él». El ángel de la muerte se lleva los que Dios escoge. El ángel le dice a Dios: «Te he traído a este, Dios». 
Entonces Dios lo mira y le dice: «¿Me conoces?». 
Esa persona puede decir: «Señor, por supuesto que he creído en Ti en vida. Estoy tan contento de verte en persona». 
Dios pregunta: «¿De verdad me conoces?». 
Esa persona puede decir: «Sí. He creído en Ti durante 30 años; ¿cómo no voy a conocerte? He invocado Tu nombre durante treinta años. ¿No me oías?». 
Entonces Dios dice: «¿Me conoces o no?».
Entonces esa persona contesta: «Sí. Te conozco muy bien». 
Entonces Dios dice: «Pero Yo no te conozco».
Entonces la persona contesta: «¿De qué hablas? He invocado Tu nombre durante 30 años; ¿por qué no me conoces?». 
Dios dice: «¿Qué hice por ti? ¿He eliminado todos tus pecados o no?».
La persona contesta: «Los eliminaste todos». 
Dios dice: «Entonces, ¿cómo desaparecieron esos pecados?». 
Esa persona dice: «Tomaste mi pecado original cuando moriste en la Cruz y perdonaste mis pecados personales cuando Te ofrecí oraciones de penitencia todos los días». 
Dios dice: «¿Es así como he eliminado tus pecados? ¿Le has dicho a otras personas que he borrado tus pecados de esa manera? ¿No has dicho que los eliminé pero que tienes pecados si los cometes? ¿No es lo mismo que decir que no los pude eliminar?».
Esa persona dice: «No. Vivo una vida limpia creyendo en Ti según la doctrina de la santificación y ahora estoy ante Ti, ¿qué dices?». 
Entonces Dios dice: «No te conozco. Ángeles, abrid esa puerta. Llevadlo al infierno porque no lo conozco». 
Mis queridos hermanos, ¿qué significa esto? Significa que los que niegan a nuestro Señor ante los demás serán negados por Él. Aunque el cielo y la tierra pasen, ni una jota ni una tilde de la Palabra de nuestro Señor pasará hasta que se cumpla. ¿Creen en esto? Dios lo cumplirá todo. Por tanto, la gente que recibe la remisión de los pecados vive sin miedo ante sus enemigos. Esto se debe a que los justos saben que la gente que rechaza el amor de Dios y lucha contra Él será tratada como Dios lo ha prometido, aunque no hagamos nada. Así que podemos vivir felices en este mundo sin tener nada que ver con ellos. Lo que está sujeto en este mundo estará sujeto en el Cielo. Una persona que niega a Dios en este mundo será negada en el Cielo. 
El Señor dijo: «A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado» (Lucas 12, 10). ¿Entienden lo que significa esto? La gente que blasfema contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada y el pecado de blasfemar contra el Espíritu Santo es un pecado que puede enviar a una persona al infierno. 
Creo en todas las cosas que Dios ha hecho. Creo que Jesús es el Hijo de Dios. Creo que es la Persona que creó todo en este mundo. Creo que es nuestro Dios. Creo que es el Hijo de Dios y el Creador. Creo que Dios creó este mundo, tomó todos nuestros pecados y los eliminó. ¿Creen en esto también? 
 
 
La Palabra que dice que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo significa que Dios se convirtió en un hombre
 
La gente que solo cree en Jesús como el Hijo del Hombre tiene la oportunidad de recibir la remisión de los pecados, como se dice aquí: «A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado» (Lucas 12, 10). Tienen la oportunidad de recibir la remisión de los pecados cuando conocen el Evangelio del agua y el Espíritu porque no lo conocían antes. Pero algunas personas saben claramente que Jesús es claramente el Hijo de Dios. Es Dios. Eliminó nuestros pecados. ¿Qué le ocurre a la gente que blasfema contra el Espíritu Santo aunque sepa esto? ¿Qué es la blasfemia? Digamos que los perros pudieran hablar y uno se me acercase y me dijera: «Papá, papá». ¿Qué le diría? Que eso es absolutamente ridículo. Ese es el pecado de la blasfemia. ¿Cómo puedo ser padre de un perro? 
Mis queridos hermanos, recuerden esto. La gente que blasfema contra el Espíritu Santo de esta manera ante Dios no será perdonada por Dios. Ahora no estoy dejando que mis emociones me controlen. Así que piensen en esto y escuchen atentamente. La gente que blasfema contra el Espíritu Santo no será perdonada por Dios. ¿Qué tipo de pecado es la blasfemia contra el Espíritu Santo? El pecado cometido por los que conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Algunas personas, aunque han escuchado el Evangelio del agua y el Espíritu, se levantan contra Dios y Su Palabra diciendo: «Dios no pudo eliminar mis pecados: Señor, creo en Ti. Creo que eres el Hijo de Dios. Pero no pudiste eliminar mis pecados. Así que, por favor, perdona mis pecados personales cuando ofrezco mis oraciones de penitencia diarias». Este es el pecado de blasfemar contra el Espíritu Santo. 
El problema de negar o confesar al Señor es el problema de si se ha confesado o negado que el Señor es el verdadero Salvador. Una persona no puede ser perdonada por Dios si blasfema contra el Espíritu Santo ante los demás. Aunque haya un solo versículo en la Biblia que no entendamos claramente, debemos entenderlo antes de seguir leyendo la Biblia. Debemos saberlo antes de seguir adelante. Entonces podremos encontrar las respuestas correctas de la Biblia. 
¿Creen que está bien simplemente leer la Biblia y leer todo lo que se pueda en una semana? No. No vale para nada leer la Biblia todos los días si no se sabe lo que significa. Hay personas en la cárcel que recitan la Biblia entera sin abrirla. Si les dices: «Recite 1 Corintios». Entonces parecen un loro y empiezan: «1 Corintios: Pablo, llamado para ser un apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios…». Cuando una persona intenta predicar un sermón empiezan a recitar pasajes de la Biblia. Yo no soy muy bueno encontrando versículos de la Biblia. Puedo hacerlo pero no puedo memorizarlos. Pero estas personas memorizan como computadoras. 
Por cierto, deben recordar esto. No deben blasfemar contra el Espíritu Santo. ¿Ha eliminado el Señor todos los pecados de la humanidad? ¿Vino Jesucristo a este mundo a erradicar todos los pecados de la humanidad para siempre? Sí. Esta es la verdadera fe. ¿Pero cómo son las personas que dicen: «Jesús no puede eliminar todos los pecados del mundo»? Esas personas son las que blasfeman contra el Espíritu Santo. El pecado de la blasfemia contra el Espíritu Santo se aplica a los que no han recibido la remisión de los pecados intencionadamente; la gente que no cree al 100% en lo que nuestro Señor hizo cuando vino a este mundo, pero cree en sus pensamientos; la gente que tiene la levadura de los fariseos; la gente que dice que el Señor tomó el pecado original pero no los pecados personales, e incluso la gente que aprueba la fe de este tipo de personas. Dios dijo muchas veces en Proverbios que no nos convirtiésemos en aval para la deuda de un amigo, porque solo los tontos hacen eso. Es cierto. Siempre pasa algo malo. Si ven a la gente de este mundo que lo ha perdido todo, casi todo el mundo ha cometido ese error. Siempre es el 100% de esas personas. Así que el Señor dijo frecuentemente en Proverbios que no debemos convertirnos en avales de la deuda de otras personas. 
¿Qué significa esto? Cuando otras personas dicen: «Tengo pecados. Así que recibo la remisión de los pecados todos los días al ofrecer oraciones de penitencia», no deben decir: «Sí. Has recibido la remisión de los pecados». No deben aprobar su fe. Este es el pecado de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Deben distinguir a las personas que no han recibido la remisión de los pecados de las personas que sí. Ante Dios hay que decir sí o no. Estos no son mis pensamientos personales. Les estoy diciendo lo que está escrito en la Biblia. El Señor dice: «Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede» (Mateo 5, 37). Deben recordar esta Palabra de Dios. Puede que algunos de ustedes piensen: «Esto no parece verdad. Parece que estoy tolerando a esta persona en un sentido mundano. Esa persona no ha recibido la remisión de los pecados claramente, pero la apruebo porque parece ser buena y piadosa». Si hay personas entre ustedes que piensen así, deben arrepentirse ante Dios. Deben resolver sus problemas antes de preocuparse de otras personas. 
 
 
En segundo lugar, deben defender la justicia de Dios correctamente
 
Mis queridos hermanos, ¿es esto lo que nos dice la Palabra de Dios? Es la Palabra de Dios. Las cosas se cumplirán según la Palabra. Así que, los que vivimos en este mundo debemos hablar correctamente. Debemos tener cuidado cada vez que hablamos. ¿Cuántos años vivimos en este mundo? Vivimos durante 70 o 80 años si tenemos salud. La vida consiste en vivir durante todo este tiempo y después morir. Debemos tener cuidado en conocer la Palabra de Dios y recordarla. Debemos intentar recibir la remisión de los pecados y no afirmar la deuda de los demás. Esto es cierto. Debemos recibir la remisión de los pecados antes de ir a Dios. No debemos blasfemar contra lo que el Espíritu Santo ha hecho. Debemos ser salvados al alabar la obra del Señor y estar agradecidos por fe. Solo entonces podrá revelarse la gloria de Dios en el mundo. 
Leamos la Palabra un poco más. Leamos Lucas 12, 15-21. 
«Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios». 
Esta Palabra nos está diciendo que tengamos cuidado con la envidia. La codicia de poseer muchas cosas materiales en este mundo es un deseo en el que solemos caer más. Hay muchas personas en este mundo que piensan que les ayudará a ir al Cielo tener muchas posesiones materiales en este mundo. ¿Pero qué dice nuestro Señor? Dice: «Guardaos de toda avaricia» (Lucas 12, 15). También dijo: «Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios» (Lucas 12, 21). Las personas con verdadera fe no tienen muchas posesiones materiales. Las vidas de la gente solo tienen la gracia de la remisión de los pecados que nos da el Señor Jesucristo. 
Nuestro Señor nos explica a menudo la Palabra de la Verdad a través de parábolas. En el pasaje de las Escrituras de hoy utilizó los corazones de las personas que están atados a este mundo y a las cosas que hay en él. Dijo esto con antelación para que pudiésemos recibir la remisión de los pecados e ir al Reino de los Cielos al contemplar con sabiduría que estábamos destinados a ir al infierno por nuestros pecados. 
«También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes» (Lucas 12, 16-18).
En esta parábola había un hombre rico. Este hombre rico tenía muchos campos y muchas cosas materiales. Produjo mucha cosecha en un año. Una cosecha muy abundante. Cuando esto ocurrió, pensó: «No tengo sitio para poner todo este grano». El granero que había construido estaba tan lleno que no había sitio para poner nada más. Así que pensó: «Haré esto: destruiré mis graneros y construiré uno más grande y allí pondré todas mis cosechas y mis bienes». También pensó: «Mi alma, tienes muchos bienes para mucho tiempo; relájate, come, bebe y disfruta». 
La mayoría de la gente piensa de esta manera. La gente confía en los bienes materiales porque no son espirituales, sino físicos. Pero la gente que depende de sus posesiones materiales es insensata. La prosperidad material dura hoy, pero puede desaparecer mañana. Nuestro Señor dijo esto claramente, ¿qué dijo exactamente? Dijo: «Si decís a vuestras almas que no se preocupen por el futuro, que coman, beban y disfruten, y no tenéis nada que temer ahora que tenéis tantos bienes, ¿qué haréis si os quito el alma el día siguiente?». 
La gente habla de esta manera a sus almas, cuerpos y corazones. Dicen: «¿Estáis preocupados? No. No hay nada por que preocuparse. Todos vuestros nietos y nietas durante generaciones vivirán bien. Durante las siguientes diez generaciones, vuestros descendientes vivirán bien aunque haya más de 500 personas. Así que relajaos. No tengáis miedo. Relajaos. No os preocupéis, no hagáis nada, relajaos, comed y disfrutad. No hagáis nada». Entonces así se dan ánimos. Les dicen a sus almas: «Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate» (Lucas 12, 19). Pero vamos a leer lo que nuestro Señor dice sobre este tipo de personas. Dice: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?» (Lucas 12, 20). 
Mis queridos hermanos, ¿quién es sabio aquí? ¿Quién es más fuerte? El hombre dijo: «Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate», pero esa noche nuestro Señor dijo a los que piensan de esa manera: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?». ¿A quién pertenecen las almas de las personas? A Dios. 
Las cosas materiales solo son necesarias en este mundo. No debemos atarnos a estas cosas. ¿Están incómodos cuando no tienen suficientes cosas materiales? Tendrán todo lo que necesiten para comer y vivir si oran a Dios, le piden estas cosas y lo intentan. A los coreanos nos gusta vivir bien. Debemos saber el valor esencial de las cosas materiales cuando tenemos suficiente para vivir. Pero el problema es que no hay muchas personas así. La gente que tiene mucho parece inmadura y otras personas parecen desesperadas porque no tienen nada. Hay muchas cosas en este mundo que no son justas. 
 
 
Debemos tener cuidado con la codicia
 
Mis queridos hermanos, ¿dónde podemos encontrar la verdadera felicidad y el gozo? Podemos encontrarlas en Dios. ¿Creen en esto? Nuestro gozo y felicidad pertenecen a Dios. ¿Saben dónde encuentran gozo las personas pobres? En ahorrar poco a poco lo que ganan todos los días. Eso es mucho más divertido. 
Entonces, ¿qué tipo de personas no pueden ser ricas ante Dios? Son las personas que no están interesadas en Dios y no saben nada acerca de Él; la gente que no sabe mucho acerca de la Palabra de la Verdad y no tiene mucha sabiduría y conocimiento. Este tipo de personas vive vidas en vano y después muere. Muchas personas en la historia de la humanidad se han hecho ricas al acumular muchas posesiones. Pero murieron en cuanto se hicieron ricos. Todavía hay muchas personas así. Nuestro Señor está hablando de este tipo de personas en el pasaje de las Escrituras de hoy. 
¿Vive la gente feliz para siempre después de hacerse rica trabajando y sufriendo? Debe estar interesada en Dios. Solo entonces podrá ser feliz. Estoy muy feliz. No sé que piensan ustedes de mí, pero soy muy feliz. Tengo gozo en el Señor. Mi gozo se hace más grande cada día. Crece y crece. 
La hermana que acaba de dar testimonio de su salvación ha dicho que se preguntaba al principio si había sido salvada para nada, pero se dio cuenta de que su corazón había cambiado y el semestre siguiente volvió a la escuela. Dijo que su corazón había cambiado un poco al escuchar la Palabra de Dios en Su Iglesia, pero al principio no se dio cuenta de este cambio. Probablemente les haya pasado lo mismo. Pero el tiempo pasa después de haber sido salvados y van de una reunión a otra mientras su gozo va creciendo poco a poco. Somos muy afortunados. Estamos agradecidos y nos sentimos afortunados por cambiar después de recibir la remisión de los pecados después de tener un poco de conocimiento acerca de Dios. Estamos agradecidos porque Dios nos ha bendecido, y somos muy afortunados por estar bendecidos. 
Dios nos está diciendo que escojamos entre dos cosas: «Puedo maldeciros o bendeciros. ¿Qué escogéis? ¿Os castigo u os bendigo?». Nos ha dado la libertad de escoger. Después, nos pide que escojamos. Dios le da a la gente lo que quiere. Si alguien pide un castigo, se lo da, y si alguien pide una bendición, se la da. Nos bendice o maldice según cómo creemos en Él, en qué creemos y lo ricos que somos ante Dios, y sobre todo si tenemos fe o no. Somos bendecidos o maldecidos según nuestra fe y conocimiento de Dios. 
Leamos Lucas 12, 54 hasta el final juntos. Dice: «Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace. ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo. ¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca» (Lucas 12, 54-59). 
 
 
Nuestro Señor dijo que distinguiésemos estos tiempos
 
Mis queridos hermanos, debemos conocer los tiempos. El Señor dijo: «Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo» (Lucas 12, 56). Cuando escuchamos el tiempo o miramos el ambiente natural, podemos saber qué tiempo hace diciendo: «Es otoño. Las hojas se están cayendo y mi corazón también». Después del otoño, cuando las hojas se han caído decimos: «Está haciendo un poco de frío. Es invierno. Está nevando. Es invierno. La tierra se va a llenar de nieve blanca, se helará, después se derretirá y vendrá la primavera, y lloverá y escucharemos los riachuelos». Así es como sabemos qué tiempo hace. 
Pero Dios nos reprende por no distinguir los tiempos. Nos pregunta: «¿Acaso no podéis discernir cuánto tiempo os queda para vivir? ¿En qué condiciones está el mundo? ¿Cuánto más puede aguantar este mundo?». Por supuesto, Dios no dijo en qué mes y día volvería. Pero el Señor, que es el Primero y el Último, el Alfa y el Omega, dijo que destruiría este mundo y crearía un nuevo cielo y una nueva tierra, ¿no es cierto? Dejó eso escrito en la Palabra de la Biblia. Nos pregunta: «¿Se está acercando el momento o no? ¿Por qué no sabéis en qué tiempos estamos? Podríais hacerlo si tuvieseis interés. ¿Por qué no tenéis interés? ¿Por qué no podéis?». 
Debemos saber en qué tiempos vivimos. Debemos conocer la historia. Debemos saber historia aunque no sepamos nada más. Podremos ser sabios si conocemos la historia. Muchos errores se han repetido a lo largo de la historia. La Biblia dice que no hay nada nuevo bajo el cielo y hay muchas cosas en este mundo que se repiten. Estamos viviendo en tiempos así. Pero si conocemos la historia del universo, del mundo y de la humanidad desde una perspectiva bíblica, sabremos cómo debemos vivir. Debemos saber qué era ha llegado a este mundo. La Biblia dice que en el fin de los tiempos muchos irán de aquí para allá, y el conocimiento aumentará (Daniel 12, 4). También dice que la gente amará el dinero y a sí misma, que desobedecerá a sus padres, no creerá en Dios y hablará contra Él. Esto es cierto. La Biblia dice que la gente se amará a sí misma más que a Dios. Dios dice que será una generación lasciva. Debemos convertirnos en personas que distingan los tiempos al entender correctamente la Palabra de Dios. 
El padre de Noé vivió con Noé durante mucho tiempo. La gente vivía hasta 900 años en el Antiguo Testamento. Así que si un padre tenía a un hijo cuando tenía 300 años, podía vivir aún 600 años más. Esto significa que el padre vivía hasta que su hijo tenía 600 años. ¿Qué pasa si el hijo tiene un hijo cuando llega a los 300 años? Que el abuelo, su hijo y su nieto viven juntos durante 300 años. 
El padre de Noé, con quien vivió durante 600 años dijo: «Habrá un juicio en este mundo. Dios dijo que lo juzgaría por agua. Recuérdalo». Noé dijo: «De acuerdo, lo recordaré». Su padre le contestó: «No debes recordarlo tú solo, cuéntaselo a tus hijos». Noé dijo: «De acuerdo, lo haré». Su padre le dijo: «Entonces empieza a prepararte». Noé dijo: «De acuerdo». Su padre dijo: «Lo digo en serio. ¿Crees lo que te estoy diciendo?». Noé dijo: «Sí, creo». El padre de Noé dijo: «¿Consiste creer en poner tu corazón en este mundo, comprar tierras y especular con ellas como tú? Apresúrate y prepárate». Noé dijo: «De acuerdo». Su padre dijo: «Dices que lo harás, pero tus acciones no lo demuestran. ¿Por qué estás planeando comprar un campo en otra ciudad? ¿Necesitas más? ¿Necesitas la tierra que tengo? ¿Sabes que lo único que deberías hacer es decirle a los demás que el juicio está cerca?». Noé dijo: «De acuerdo, lo entiendo». Entonces su padre le dijo: «No te quedes parado, ve a decírselo. ¡Ahora!». Esto es lo que el padre de Noé le dijo. 
El juicio del mundo llegó después de la muerte del padre de Noé. Noé lo sabía porque su padre se lo había dicho. Por eso Noé recordó lo que su padre le dijo cuando Dios le habló y construyó el arca. ¿Entonces qué pasó? ¿Acaso no se metió toda la familia en el arca y fue salvada? 
 
 
No vivan por la carne demasiado
 
Mis queridos hermanos, debemos conocer estos tiempos. Los coreanos decimos que el mundo es grande porque nuestro país se ha convertido en uno de los poderes económicos del mundo y hay muchos apartamentos, coches y aviones volando por encima de nuestras cabezas. Pero la verdad es que este mundo no es bueno. Nuestro país es la décimo segunda economía del mundo. Pero cuanto más desarrollado se hace el mundo, más complicado es. Es muy difícil para la gente vivir en este mundo y cada vez somos más duros de corazón. En estos tiempos la gente ama el dinero más y no puede vivir más porque el entorno está corrupto. 
Debemos conocer los tiempos. Debemos saber que el fin del mundo está cerca. Saberlo no significa que Jesús vendrá en un mes en concreto. Pero sabemos que vendrá. Debemos vivir sabiendo en qué tiempos vivimos correctamente hasta el día en que vuelva el Señor. Así que no se preocupen demasiado por otras cosas. Prediquen este Evangelio a sus hijos. Prediquen este Evangelio a otras personas. No se peleen por dinero. Vivan en armonía los unos con los otros. «Cariño, ¿qué tiene de malo no tener mucho dinero? Podemos vivir y comer. Debemos estar satisfechos porque esta cantidad al mes es suficiente. Debemos servir a la Iglesia y el Evangelio. Estoy contigo siempre, ¿de qué te preocupas?». Nos basta con vivir ayudándonos los unos a los otros. 
¿Son estas personas patéticas e insensatas? No, al contrario, las personas que piensan que este mundo es eterno y que deben tenerlo todo son idiotas. Las personas que piensan así: «Cariño, vamos a ganar dinero. Date prisa y gana dinero. ¿Estás loco o qué?» son insensatas. Si este mundo fuese eterno, tendríamos que vivir al máximo. Pero deberían saber que este mundo no es eterno. Debemos vivir calculando el final del mundo. Debemos conocer los tiempos. 
Leamos desde el versículo 57 hasta el final del capítulo de nuevo: «¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca» (Lucas 12, 57-58).
El Señor dijo aquí: «¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?» (Lucas 12, 57). ¿Qué significa esto? Significa que debemos juzgar por nosotros mismos. Deben conocer a Dios, la Verdad y juzgar por sí mismos si las cosas son ciertas o no. Todo el mundo debe juzgar lo que es justo por sí mismo. No deben evitarlo. La gente que no juzga por sí misma, es decir, la gente que está indecisa ante Dios cae en el pecado de la blasfemia contra el Espíritu Santo si comete un pequeño error. Deben juzgar lo que es justo por sí mismos. Por supuesto, tienen que juzgar lo justo por sí mismos, pero también sus hijos y sus padres. 
Es cierto. Debemos hacer los juicios correctos ante Dios sobre los tiempos, nuestra salvación, recibir la remisión de los pecados y nuestra felicidad. Necesitamos mucha información para juzgar las cosas por nosotros mismos. Debemos tener el material de referencia adecuado para juzgar correctamente. Debemos juzgar por nosotros mismos como dijo nuestro Señor: «¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?» (Lucas 12, 57). Debemos juzgar correctamente. Debemos juzgar ante Dios lo que es justo y lo que no, si vamos a creer en Jesucristo, si eliminó nuestros pecados, o cuántos pecados eliminó. 
Algunas personas dicen: «El Señor tomó los pecados de la humanidad. No tengo pecados. Por supuesto que la humanidad tiene debilidades, pero la gente que cree en Jesucristo ha recibido la remisión de los pecados porque nuestro Señor eliminó los pecados del mundo y la maldad de esas debilidades. Por tanto, los que creen en esta Verdad se han convertido en justos. Van al Reino de los Cielos. Son insuficientes y cometen pecados, pero van al Reino de los Cielos». ¿Qué dicen otras personas? «No, el Señor solo tomó el pecado original. La gente recibe la remisión de los pecados cada vez que ofrece oraciones de penitencia. Así que la gente no puede ser justa hasta que muere. Pero puede ser completamente santa al santificarse por la gracia de Dios en el momento en que muere, si lo intenta mientras vive». 
Debemos juzgar entre estos dos tipos de personas y escoger uno. Debemos juzgar quién tiene razón. ¿Qué necesitamos para juzgar? Un estándar con el que medir. ¿Si? La Biblia se suele denominar el Canon. La palabra griega canon significa medida o estándar. La Biblia es la medida de la salvación, de la felicidad, el Reino del Cielo y del infierno, y de la sabiduría. 
Así es. Debemos juzgar si algo es cierto o no utilizando la Biblia como medida. Debemos confirmar cada versículo de la Palabra. Debemos compilar lo que la gente del mundo dice y examinar si es lo mismo que dice la Palabra de la Biblia o no. Si hay alguien que hable de la Verdad de la Palabra de la Biblia, debemos creer a esa persona. Debemos decidir si vamos a ir al Reino de los Cielos o al infierno al juzgar entre los dos tipos de personas. Mis queridos hermanos, ¿lo entienden? Deben juzgar. Nadie puede hacerlo por nosotros. Nadie puede escoger por nosotros si iremos al Cielo o al infierno. 
Ustedes pueden llevar a un caballo al agua, pero no pueden hacerle beber; el caballo es quien decide. La gente del mundo es igual. Por ejemplo, si una persona recibe una botella de agua con un panfleto gratis en la calle, la persona lee el panfleto antes de beber. La decisión de beber del agua o no es completamente suya. La remisión de los pecados es igual. «¿Voy a creer en este Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Es correcto o no? ¿A qué iglesia voy a ir y tengo que vivir con fe después de recibir la remisión de los pecados? ¿Voy a recibir las bendiciones de Dios o no?». Debemos juzgar estas cosas al pensar y consultar la Palabra de la Biblia. El tipo de persona que haga esto es muy sabia. 
Nadie puede hacerlo por nosotros. Debemos juzgar por nosotros mismos. ¿Han juzgado? ¿Hay alguien que todavía no pueda juzgar o que no haya recibido la remisión de los pecados? Recíbanla. Piensen en ella esta noche. ¿Creen que es difícil porque hay demasiada gente? Entonces vayan a una sala como esa de allí y piensen en esto un momento. No hablen de cosas con sus amigos, piensen en esto por su cuenta. Si no pueden juzgar lo que es correcto y lo que no por su cuenta, vayan a las personas a las que respetan y que creen en Dios correctamente y pidan consejo. Espero que escuchen ese consejo y vivan con sabiduría tomando las decisiones adecuadas por fe. La gente que no juzga no ha sido salvada. Por muy verosímiles que sean las cosas, hay una cosa clara cuando piensan en ella. La gente que no ha confirmado si ha sido salvada o no dice que todavía no lo ha hecho, pero la verdad es que no ha sido salvada. La verdad es que no puede ser salvada. ¿Por qué? Porque no han escogido lo que es justo todavía. 
¿Hay alguien entre ustedes que no haya tomado una decisión todavía? Esta persona debe escoger. La gente del mundo es muy indecisa. Este mundo reconoce a la gente indecisa y la llama sabia. Pero debemos escoger entre sí o no ante Dios. Para Dios estar indeciso es lo mismo que decir no. Envía a la gente al infierno. ¿Es cierto o no? Sí. Así que todo el mundo debe tomar decisiones ante Dios. Deben juzgar utilizando la medida del Canon, es decir la Palabra de la Biblia. Los que son más sabios son los que han construido su casa en la roca. 
Leamos los versículos 58 y 59 juntos: «Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca» (Lucas 12, 58-59).
Mis queridos hermanos, solo hay una cosa en la que se deben concentrar primero en este mundo. Debemos vivir intentado recibir la completa remisión de los pecados ante Dios. Debemos intentar ayudar a nuestros padres o familiares a recibir la remisión de los pecados. Además, debemos ayudar a otras personas a recibir esa remisión de los pecados. 
El Señor dijo: «Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él» (Lucas 12, 58). La Biblia nos habla a nosotros. El Señor dijo: «Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él» (Lucas 12, 58), ¿qué significa esto? Toda la gente del mundo pone denuncias. La Ley nos acusa como pecadores, y hay personas que se acusan las unas a las otras. Dios es el único Juez en este mundo. Dios es la única Persona que tiene el juicio justo y la ley justa. Es así. Todos nosotros tenemos que ir ante ese Juez; nos tenemos que presentar ante Dios. 
Hay dos caminos que parecen llevarnos a Dios; el ancho y el estrecho. El camino ancho está lleno de gente como si estuviesen corriendo una maratón. ¿Cómo es el camino estrecho? Está al lado de un acantilado por el que la gente sube en fila de uno. La persona que va delante dice: «Pisa justo donde yo pise o te caerás por el acantilado, ¿de acuerdo?». Entonces el que va detrás dice: «De acuerdo, lo entiendo». El camino estrecho debe seguirse justo como los que van delante caminando. Hay dos grupos de personas: los que van por el camino ancho y los que van por el camino estrecho. Pero su destino es el mismo, ambos acaban ante el Juez, nuestro Dios. 
Es cierto. Todos nosotros tendremos que ir ante el Juez, hayamos recibido la remisión de los pecados o no. Pero los que no han recibido la remisión de los pecados deben intentar resolver su problema del pecado antes de ir al juzgado. Deben resolverlo rápidamente. Deben resolver sus problemas como el Juez se lo ha pedido. Les dice: «Prestad atención a mis palabras. Voy a meteros en prisión si no solucionáis esto rápidamente». Entonces, la persona contesta: «Oh no. ¿De verdad? Voy a solucionarlo ahora» y entonces debe hacerlo rápidamente. Las personas deben solucionar sus problemas como lo pide el juez. Cuando se presentan ante el Juez y dicen: «Esto es lo que he hecho, ¿está bien?» deben ser aprobados por el Juez diciendo: «Sí, está bien». 
 
 
Si tenemos pecados mientras vivimos en este mundo no queremos ir ante Dios
 
Dios nos envía su ira sin falta a los que tenemos pecados. Los que tienen pecados lo saben. La gente que tiene pecados tiene miedo por esos pecados. La Biblia menciona a los cobardes con los que no creen, los abominables, asesinos, inmorales sexuales, exorcistas, idólatras y mentirosos como los que serán arrojados al lago de fuego y azufre (Apocalipsis 21, 8). En 1 Juan también se dice: «El que teme no ha sido hecho perfecto en el amor» (1 Juan 4, 18). Las personas que temen a Dios porque tienen pecados en sus corazones son personas que no pueden reconciliarse con Dios completamente. 
Así es. La gente que tiene pecados no puede unirse a Dios en amor porque no puede creer completamente en el amor. No puede evitar temer a Dios porque anticipan Su castigo por sus pecados. Por tanto, la gente que teme a Dios debe solucionar su problema del pecado rápidamente. Debe hacerlo antes de ir ante el Juez. Es demasiado tarde hacerlo después de presentarse ante Él. Cuando el Juez da Su veredicto, envía a algunas personas al lugar caliente o al lugar refrescante; solo hay dos opciones. ¿Creen en esto? ¿Dónde queréis ir? ¿Quieren ir a un lugar bonito y refrescante? Es un lugar bello y refrescante, pero no se resfriarán. Quizás Dios mejore la constitución física de los que van al Reino de Dios. Parece que nos hace nuevos para que podamos vivir sanos en el Reino de los Cielos cuando vamos allí. La Biblia no dice nada de que haya baños en el Reino de los Cielos. Dice que una persona que va al infierno no se quema. Parece que Dios va a mejorar la constitución física de los que van al infierno. Dios está lleno de gracia, ¿no es así? 
Mis queridos hermanos, primero debemos resolver nuestros problemas. Si hay alguien que haya herido mis sentimientos, que me perdone, por favor. Dejen de tener malos sentimientos hacia mí y reconcíliense con Dios, aunque no se puedan reconciliar con otras personas. Basta con juzgar y reconciliarse con Dios. Debemos tomar decisiones. ¿Qué debemos conseguir mientras vivimos en este mundo? Debemos intentar recibir la remisión de los pecados ante Dios en primer lugar. 
¿Han recibido la remisión de los pecados? Si es así, son muy afortunados. ¿Cómo han recibido la remisión de los pecados? Es un milagro. Hemos recibido la remisión de los pecados y por eso somos muy especiales. Ustedes también han recibido la remisión de los pecados y han podido saber lo valiosa que es con el tiempo, ¿no es así? 
Debemos estar muy agradecidos a Dios por esto. Esto es algo por lo que darle gloria y alabanza. Debemos agradecerle: «Gracias por salvarnos de esta manera. Somos insuficientes, pero gracias por salvarnos. Gracias por salvarnos aunque seamos débiles. Gracias por salvarnos aunque hayamos mentido. Muchas gracias». Por muchas veces que digamos gracias nunca es suficiente. 
Hay un verso en uno de nuestros himnos que dice: «♪Que miles de lenguas canten alabanzas a mi gran Redentor, las glorias de mi Dios y Rey, los triunfos de Su gracia♪». Esto significa que no podríamos alabar toda la gracia de Dios por darnos la salvación aunque tuviésemos mil lenguas. El segundo verso del himno dice: «♪Mi Maestro lleno de gracia y mi Dios, ayúdame a proclamar♪». El Señor nos ha salvado con Su gracia. Dios nos ha hecho hijos Suyos con Su gracia y nos ha vestido con gloria. Es correcto. Nos hemos vestido de la gloria de Dios en este mundo. Somos reyes. Somos los maestros de este mundo. 
«♪Príncipe, príncipe, príncipe, soy un príncipe en el Reino de los Cielos. Princesa, princesa, princesa, soy una princesa en el Reino de los Cielos♪». Esta es una de las alabanzas que cantan nuestros niños. Mis queridos hermanos, ¿acaso los hijos de Dios no son príncipes y princesas? Todos somos hijos Suyos. Pero probablemente no haya una distinción entre sexos en el Reino del Cielo. No estoy seguro, pero eso es lo que pienso. 
Aunque hay cosas que no sabemos, hay una cosa que debemos saber. Es que debemos intentar recibir la remisión de los pecados ante Dios. La gente que trabaja mucho para recibir la remisión de los pecados es la gente más sabia del mundo. No hay nadie tan sabio como estas personas. ¿Qué ocurre a la gente que vive y trabaja duro sabiendo que va a ir al infierno? Entran en el fuego infinito de donde no se puede salir aunque se llore durante toda la eternidad. Si quieren llorar, deberán llorar ahora. 
Por eso el Señor dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lucas 23, 28). Cuando el Señor cargó con Su Cruz y la llevó hasta el Gólgota, muchos de Sus discípulos y hermanos y hermanas que creyeron en Él lloraron mientras le seguían. Lloraron porque sentían pena por todo el dolor que tenía que sufrir en la Cruz. ¿Pero qué les dijo nuestro Señor? Les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lucas 23, 28). Así es. Como dijo el Señor, debemos llorar por nosotros mismos. Debemos intentar ser salvados. Debemos recibir la remisión de los pecados mientras vivimos en este mundo. ¿Lo entienden?
El Señor dijo en el pasaje de las Escrituras de hoy: «Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca» (Lucas 12, 58-59). 
Dijo: «Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca» (Lucas 12, 59). ¿Qué significa esto? Significa que el Señor eliminó todos nuestros pecados para enviarnos al Reino de los Cielos. El Señor es nuestro Salvador. ¿Dejó el más mínimo pecado en nuestros corazones? ¿Tenemos algún pecado en nuestros corazones por haber hecho algo malo después de haber recibido la remisión de los pecados? No, por supuesto que no. 
¿Creen en la Palabra del Señor? ¿Creen que la Palabra les ha salvado? Entonces no tienen el más mínimo pecado. Hay personas que dicen: «La gente comete pecados sin cesar, ¿cómo han podido ser eliminados todos?». Pero nosotros no tenemos ningún pecado. El Señor los eliminó y ya no tienen ninguno. Está bien burlarse de lo que la gente del mundo dice porque la Verdad es eterna, diga lo que diga la gente. 
La gente que alaba al Señor y cree en Su amor con el que eliminó los pecados del mundo tiene la fe verdadera. No nos reímos de las personas que intentan culpar a los justos en cualquier momento, pero no podemos evitar burlarnos de ellas cuando vemos su desesperación por tener tantos pecados. Son como los perros y los cerdos que perecen. Son patéticos. 
El Señor dijo: «Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aun la última blanca» (Lucas 12, 59). ¿De dónde dice el Señor que salga esta gente? No se puede salir del infierno. Mis queridos hermanos, ¿existe el infierno o no? El infierno no es un lugar en la tierra con lava. Si el Dios Todopoderoso quiso hacer el infierno, ¿quién iba a evitárselo? Muchas personas no han recibido la remisión de los pecados, ¿entonces va a estar lleno el infierno o no? Si dice Dios que estará lleno, lo estará. Así que si Dios quiere crear el infierno, lo crea. Pone una puerta allí y mete a la gente que no ha recibido la remisión de los pecados diciendo que entren. 
Nadie sabe qué pasa después de morir. Pero Dios resucitará a los muertos al final. Si leemos el Apocalipsis, dice que Dios resucita a todo el mundo, ya hayan muerto ahogados o quemados. Resucita a todo el mundo y los juzga. Hace que se sienten ante Jesús, el Juez, y Jesús los juzga personalmente. 
Jesús dirá: «¿Cómo te llamas?». La persona contestará: «Me llamo fulanito». Jesús dice: «Ángel, mira a ver si su nombre está escrito en el Libro de la Vida». Ese ángel es un experto. Cuando el ángel oye que el nombre de esa persona es Fulanito, busca por la sección del Libro que empieza por F. Entonces el ángel dice: «Su nombre está aquí, Señor». Aunque hay mucha gente con el mismo nombre, el ángel lo sabe todo y el Señor también. Entonces dice el Señor: «Ángel, lleva a este hombre a la eternidad porque es tu dueño». Así que este hombre llamado Fulanito entra en el Reino de los Cielos.
Entonces la persona que va detrás se presenta ante el Señor y dice: «Yo soy Fulanita». El Señor dice: «Ángel, busca su nombre». Entonces la cara de ese ángel empieza a oscurecerse y dice: «Su nombre no está aquí». Entonces el Señor dice: «Abre esos libros gruesos que hay allí, los Libros de las Obras». Entonces el ángel encuentra su nombre allí y el Señor le pregunta a Fulanita: «Fulanita, ¿creíste en Mí o no cuando viviste en la tierra?». La persona contesta: «Creí en Ti, pero no sé por qué mi nombre no está en el Libro de la Vida». El Señor contesta: «Bueno, ¿tienes pecados o no?». La persona contesta: «Sí, tengo pecados. He hecho esto y lo otro». Mis queridos hermanos, la Biblia dice que todo el mundo debe decir la Verdad ante Dios. Si nos pide que confesemos nuestros pecados, todos los pecados cometidos empezarán a salir. Después de decir la verdad, Dios dice: «Ángel, busca su nombre para ver si ha mentido o no». Todo está escrito en el Libro de las Obras. Todo está escrito en orden, incluyendo todo lo que hay en los corazones de la gente y lo que ha desaparecido de nuestra memoria. Entonces, cuando el ángel comprueba todos los registros, dice: «Lo que esta persona dice es correcto». Entonces esa persona irá al lugar caliente, ¿no es así? 
Quizás Fulanito, que estaba viendo esta escena pensase: «Qué triste. Parecías más inteligente cuando vivías en el mundo, pero ahora vas a ir al lugar caliente y yo voy a ir al lugar frío. Voy a ir a ese lugar por fe en el Señor y tú vas a ir al infierno. Vamos a ir a dos lugares distintos. No puedes hacer nada al respecto». El juicio de nuestro Señor es el más justo. ¡Aleluya! Alabo a nuestro Señor por hacer esto. 
Mis queridos hermanos, tengan esto en cuenta. Deben recibir la remisión de todos sus pecados. Este es el poder de la verdadera remisión de los pecados y el poder del Evangelio. ¿Creen en esto? Terminaremos aquí hoy.