The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 12-3] < Lucas 12, 13-21 > Incluso los ricos de corazón deben creer definitivamente en el Evangelio del agua y el Espíritu

< Lucas 12, 13-21 >
«Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir. Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios».
 
 
¿Qué ocurre cuando una persona no está interesada en la salvación de su alma?
 
Debemos escuchar y reconfirmar la Palabra todos los días de nuestras vidas. De lo contrario la nueva fe no crece aunque haya pasado mucho tiempo. Si la tierra está maldita, aunque reciba lluvia del cielo, si Dios no lo permite no crecen verduras, y de la misma manera nuestra vida espiritual se queda estancada cuando no tenemos la reconfirmación de la Palabra. Debemos tener cuidado con estas cosas. 
La Palabra de Dios no es una teoría a la que podamos llegar mediante deducción. El Señor lo hizo todo a través de la Palabra cuando creó el universo entero en el principio. Dios dijo que hubiese luz, y se hizo la luz, y cuando dijo que hubiese una luz grande y otra menor, se crearon las luces en el firmamento de los cielos. Dicho de otra manera, creó el sol, la luna, las estrellas y todas las galaxias y mundo del universo a través de la Palabra de Dios. Dios dijo: «Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así» y así es como los manzanos y los perales fueron creados. 
 
 
Dios dio la Palabra de autoridad en esta tierra caótica
 
Cuando Dios habló, todas las tierras empezaron a estar llenas de criaturas vivas, de todo tipo de animales y vegetación, que a los ojos de Dios eran cosas buenas. Dios nos habla a los nacidos de nuevo. Dios nos nutre cuando somos débiles, pero no podemos seguir siendo un niño débil para siempre. Dios nos dijo que debemos escuchar la Palabra de Dios y nuestra fe crecerá, y debemos vivir con fe a través de la Palabra de Verdad clara. El Señor dijo que si una persona no vive así y sigue viviendo en la carne, su alma apenas entrará en el Cielo pero no podrá hacer la obra de crear nuevas vidas en este mundo. El Apóstol Santiago dijo: «Cuanto más pasen los años de nuestra fe, debemos ser mejores practicantes de la Palabra del Señor y no simplemente profesarla con nuestros labios». Esto significa que una persona que crea en la Palabra debe revelar su fe con sus obras. 
Las Escrituras dicen que los justos vivirán por fe. Hemos recibido la remisión de los pecados a través de la Palabra de Dios y nos hemos convertido en personas justas. Si creemos en la Palabra, la Palabra vendrá a nosotros y nos hará personas activas que hacen las obras de la nueva vida. Quiero que confirmen que tienen esta fe dentro de ustedes. Deben comprobar que tienen el Espíritu Santo y que tienen fe. 
Yo he recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y he servido a este Evangelio por la gracia de Dios. Mientras servimos al Señor de esta manera, he visto las obras maravillosas de muchas almas que vuelven al Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, también sé que tengo muchas debilidades ante la presencia de Dios. A veces me siento triste cuando me veo caminando como un niño pequeño sin poder expresar mi fe aunque la Palabra de Dios es tan clara y mi fe está firme en mi corazón. Quiero poner este pensamiento en este mundo con toda confianza con mi fe. Quiero que Dios mire dentro de mi corazón y me bendiga, y quiero tener una fe aún más firme ante la presencia de Dios. Creo en el Señor y busco a Dios para que me siga ayudando a creer en la Verdad y a vivir practicando la Verdad. Sé que probablemente tenga este tipo de corazón. También sé que Dios hará exactamente lo que le pidan si tienen un corazón con fe. Sé que el Señor les hará mejores en su vida espiritual día a día. 
 
 
Hay algo más valioso que la carne
 
Me di cuenta de que nuestras almas son una cosa muy valiosa. Es muy difícil comer alimentos que sean viejos. Nos sentimos felices cuando tenemos comida deliciosa y nuestros estómagos están llenos. Pero el cuerpo siente dolor cuando está indigesto. De la misma manera, una persona se encuentra mal en su corazón por culpa del pecado y piensa en suicidarse cuando este malestar se hace grave. Yo agonicé mucho por mis pecados. Siempre estaba triste por mis pecados. Cuando miraba hacia el cielo o a otras personas siempre deseaba: «¿Hay alguna manera de vivir sin estar avergonzado de mis pecados? ¿Hay alguna manera? ¿Puedo vivir con integridad ante Dios y los demás?». 
Sin embargo, pecaba una y otra vez. Aunque no cometí ningún crimen como robar, estaba avergonzado cuando me levantaba por la mañana después de haber pasado toda la noche bebiendo con mis amigos. Se me ponía la cara roja cuando pensaba: «¿Qué hice la noche pasada?». Pero, por otro lado, me gustaba la noche pero odiaba el día. Cuando el sol salía, no me levantaba y simplemente me tapaba la cara con una manta porque estaba avergonzado. No quería estudiar ni hacer nada y estaba avergonzado de mí mismo. 
Viví así durante algún tiempo. Entonces, empecé a creer en Jesús. Empecé a ir a la iglesia cuando era más mayor. Por tanto, serví a Dios mucho. Pensaba que había cumplido la Ley durante 10 años después de haber creído en Jesús. Pensaba que había sido fiel al ser voluntario en la iglesia y dar ofrendas. Mi corazón se llenó de entusiasmo cuando me convertí en cristiano a los veinte años. Estaba tan contento. No me gustaban las cosas que el Señor odiaba, y hacía cualquier obra con la que el Señor estaba contento. 
Por tanto, se me ofreció la posición de líder de la asociación de hombres y del equipo evangélico. Hice esto durante 5 años y viví con esta fe al máximo. Hablé en lenguas, tuve visiones, evangelicé y ofrecí sermones basados en la fe que cree en la sangre derramada en la Cruz. Pero los pecados de mi corazón siguieron acumulándose después de haberme convertido en un cristiano. 
Cuando pienso en esta fe que tenía cuando no conocí el Evangelio del agua y el Espíritu veo que seguía siendo un pecador. Después de 5 años de haber empezado a ir a la iglesia, conocía todos los rituales y la administración de la iglesia. Sin embargo, la única cosa que se acumulaba en mi mente era el pensamiento de que era un pecador. 
Los diez mandamientos dicen: «No cometerás adulterio» y yo giraba la cabeza cada vez que veía una mujer porque pensaba que no podía ni mirarlas. Pero, ¿es esto posible? Los solteros y solteras quieran hablar entre ellos cuando se juntan. Yo no podía soportarlo. Estaba tan preocupado porque la denominación a la que pertenecía era muy legalista. Por tanto, después de 5 años de creer en Jesús, se me ocurrió una idea brillante y busqué la manera de conocer a una mujer sin pecar. Reuní a los líderes de la asociación de hombres jóvenes de mi denominación y les dije que hablasen con sinceridad. Les dije: «Queremos tener una relación romántica, pero no podemos. Es contrario a Dios tener este tipo de relaciones. Por tanto, vayamos juntos al mercado. Comamos algo juntos y después vayamos al cine como un grupo. ¿Quién va a decir que es pecado si vamos juntos como un grupo?». Cuando les dije esto los demás líderes de la asociación pensaron que era una buena idea. Entonces pusimos una fecha y decidimos encontrarnos en mi oficina, que estaba en el tercer piso del Departamento de Estudiantes. Fuimos todos juntos aquel día. Fuimos a comer, a ver una película y al parque a jugar. 
Durante 10 años viví así, y los pecados se acumularon en mi corazón durante esos 10 años. El problema de estos pecados no se podía resolver solamente con la sangre de la Cruz. Cuando empecé a creer en Jesús esta fe me iba bien, pero no me gustó tanto con el paso del tiempo. Estaba muy atormentado por los pecados que había cometido. Parecía que había tomado una decisión incorrecta cuando pensaba: «¿Por qué empecé a creer en Jesús tan temprano? Tendría que haber creído en Él cuando estuviese a punto de morir. Mi vida futura parece muy oscura porque peco y me tengo que arrepentir constantemente, y después vuelvo a pecar. No hay salida». Después de vivir una vida tan hipócrita durante 10 años, pensé que era imposible seguir así. 
Solo después de 10 años desde que empecé a creer en Jesús pude conocer perfectamente la Palabra de Dios de cómo había borrado mis pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Lo confirmé con la Palabra pensando: «Jesucristo tomó todos mis pecados en el río Jordán cuando fue bautizado. ¿Qué estaba haciendo al intentar recibir la remisión de los pecados con oraciones de arrepentimiento? ¿Quién me enseñó esto incorrectamente?». Estaba muy confuso porque los pastores, ancianos, evangelistas y diáconos nos gritaban para que nos arrepintiésemos cuando pecábamos aunque no conociésemos la Verdad. Sin embargo, el Señor dijo: «Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios» (Juan 3, 5). Nací de nuevo a través de la Palabra del agua y el Espíritu. Me sentí tan tranquilo y lleno de paz en mi corazón después de nacer de nuevo de esta manera. Pude creer en Dios desde lo más profundo de mi corazón. 
Ahora creo en la Palabra cuando la leo. Creo en Dios. Esta Palabra tiene sentido para mí. He podido entender lo que dice esta Palabra. Puedo distinguir cuando una persona ha recibido la remisión de los pecados y cuando no. A través del Espíritu Santo dentro de mí, puedo saber quién ha recibido la remisión de los pecados a través de la Palabra y quién no. Puedo saberlo por el fruto que produce una persona. Una persona que ha recibido la remisión de los pecados no tiene pecados en su corazón. No sé nada más, pero sé que no tiene pecados. 
¿Tienen pecados en sus corazones? No. Duermen bien cuando han recibido la remisión de los pecados. Aunque la gente inteligente a veces parece estúpida y duerme como insensata y siempre comete el mismo error, sigue pensando que no tiene pecados. Pero debemos ser como niños pequeños. Nacer de nuevo significa volver a nacer. Le doy gracias a Dios por haber nacido de nuevo ante Dios. 
Leamos el pasaje de las Escrituras de hoy: «Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee». Un hombre joven se le acercó a Jesús y le pidió que dividiese la herencia entre él y su hermano. El joven le pidió a Jesús que le dijese a su hermano que dividiese la riqueza que su padre le había dejado como herencia. Y Jesús le dijo que se librase de la codicia porque la vida del hombre no consiste en las riquezas materiales. 
 
 
La gente cree que será feliz con mucho dinero
 
La gente cree que puede ser feliz en este mundo o el siguiente si tiene muchas posesiones materiales. Pero esto es mentira. Una persona no tiene la vida eterna ni es feliz por tener muchas posesiones materiales. Una persona no puede ir al Cielo por tener mucho dinero. Una persona rica también va al infierno si muere con pecados. Puede que conozcan la parábola del hombre rico y el pobre, Lázaro. Lázaro fue al Cielo y el hombre rico fue al infierno. Las riquezas materiales no pueden hacer que una persona entre en el Reino de los Cielos; una persona no puede recibir la vida eterna a través de sus posesiones materiales; y no va al Reino de los Cielos por sus posesiones. 
Un día un joven fue a Jesús y le preguntó: «Buen Maestro, ¿qué debo hacer para recibir la vida eterna?». Después de tener una conversación con él, Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; y después ven y sígueme». Entonces, el joven se fue triste porque tenía muchas posesiones. Como el hombre rico pensó que la riqueza material era importante, muchas personas de este mundo creen también que pueden ser felices en este mundo si tienen posesiones materiales. La gente cree que podrá ir al Reino de los Cielos si va a la iglesia, ofrece posesiones materiales y construye algunas iglesias. Puede que conozcan a personas con esta mentalidad. 
Quizás tengan este deseo en sus corazones. Quiero decir que puede que esta codicia se haya arraigado en sus corazones si piensan: «Creo en Jesús para ser bendecido. Así que viviré bien sin Jesús cuando sea rico». Sin embargo, nuestro Señor dijo: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee».
Leamos la Palabra de Génesis 2, 7: «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente». ¿Cuál es el origen de la vida humana? Dios sopló el aliento de la vida en el hombre y se convirtió en un espíritu vivo. Los ojos del hombre empezaron a pestañear y sus brazos y piernas empezaron a moverse después de recibir el espíritu. Nuestra vida no puede encontrarse en ningún tipo de riqueza. La vida de una persona no está en la riqueza o falta de ella. Nuestro Señor está diciendo que nuestra vida está en las manos de Dios y que no vivimos o morimos según las cosas materiales. 
¿Dónde está nuestra vida? Está en Dios. Nuestra vida en la carne está en Dios y nuestra vida eterna está en Dios, y nuestros pensamientos, corazones y almas están en manos de Dios. La remisión de los pecados y el convertirnos en justos ante Dios, y nuestro cuerpo físico y nuestras emociones, y seguir viviendo después de recibir el Espíritu Santo están en Dios. 
Debemos recibir la remisión de los pecados si queremos devolver nuestras almas a la vida. Las emociones de una persona se marchitan si tiene pecados en su corazón y entra en un estado de muerte. Pero las emociones de una persona se hacen sensibles si no tiene pecados en su corazón. Puede ver las cosas bonitas del mundo y decir que son bellas y puede ver las cosas sucias y decir que son sucias. Pero no se pueden expresar las emociones correctamente cuando hay pecados en el corazón. ¿Por qué? Porque hay pecado en su corazón y su corazón sucio no puede sentir la belleza. 
El cuerpo físico de una persona y su vida vienen de Dios. Tenemos vida porque Dios no nos la ha quitado. Esta es una verdad simple, pero la gente no lo sabe. La vida de la gente no está en la codicia, sino en Dios. Un ser humano se convierte en un ser que nunca muere porque Dios le dio el aliento de la vida en su nariz. 
Un ser humano se convirtió en un ser que vive para siempre en el Cielo o infierno gracias a Dios. Una persona nace en este mundo una vez y muere una vez. Y después hay un juicio. Un ser humano no es simplemente un trozo de carne que acaba despedazada como un animal. Un ser humano muere y vuelve a vivir con un cuerpo físico nuevo. Dios nos resucita. La Biblia dice que Dios nos resucita física y espiritualmente. Dice que Dios resucitará a los justos y a los pecadores. Entonces Dios nos juzga. Dios nos ha creado para que vivamos eternamente: Dios resucitará incluso al cuerpo físico y enviará a la gente que tiene pecados al fuego eterno que nunca se apaga, y enviará a las personas que no tienen pecados al Reino de los Cielos para que tengan una vida eterna. Todos los seres humanos serán tratados así. 
¿Qué es nuestra vida humana? Aunque la vida sea como una niebla que desaparece enseguida en cuanto sale el sol, ¿qué tipo de seres humanos somos ante Dios? ¿Cómo fuimos creados y para qué? Dios nos creó como seres humanos para que pudiésemos vivir eternamente. Dios nos dio vida cuando nos creó. 
Debemos entender claramente nuestra vida. Y debemos entender para qué debemos vivir. Estoy diciendo que no vivimos por las cosas materiales que vemos y sentimos. ¿Por qué vivimos nuestras vidas? Vivimos esta vida porque Dios nos ha creado. Vivimos porque Dios vive en nuestras almas, porque Dios nos da el pan diario y porque Dios nos habla. Podemos levantarnos por la mañana y podemos tener un servicio de culto como este porque Dios no nos ha quitado la vida. Si Dios nos quitase la vida que sopló en nuestra nariz cuando estamos dormidos, entonces seríamos como un tronco y moriríamos. Nuestra vida está en Dios. Nuestra vida está en Dios y nuestra remisión de los pecados depende también de Dios. 
En el pasaje de las Escrituras de hoy, el hombre quería disfrutar de su vida con riqueza y le pidió a Jesús que dividiese la riqueza por él. Nuestro Señor quería enseñarle una Verdad. Por eso le habló con una parábola. Leamos el Evangelio de Lucas 12, 16-21: «También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios». 
El Señor dijo: «Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios». Debemos leer la parte que dice quién es la persona rica ante Dios en la Palabra. ¿Quién es esa persona que es verdaderamente rica ante Dios? Una persona rica es la que ha recibido la gracia de Dios. La gente que ha recibido mucha gracia y muchas bendiciones de Dios es la gente rica de la que se habla aquí. La gente que tiene fe en Dios es rica. Una persona que tiene la Palabra de Dios en su corazón es la persona más rica, más rica que una persona con muchas pertenencias. 
¿Quién es rico espiritualmente? Una persona que tiene fe en las cosas que Jesucristo ha hecho. ¿Creen en la obra que Jesucristo ha hecho por ustedes? ¿Tienen esta fe en sus corazones? ¿Conocen la obra que Dios ha hecho por nosotros, la obra que Jesucristo ha hecho por nuestras almas y cómo ha borrado nuestros pecados? La gente que sabe esto es rica en su corazón. La gente que tiene riquezas materiales no es rica. La persona que cree en el Dios Creador que creó todo el universo y eliminó nuestros pecados, en cómo nos hizo hijos de Dios y el pueblo de Dios, en cómo nos dejó sin pecados, es una persona rica. ¿Tienen fe en sus corazones? ¿Comparten una relación con Dios? ¿Creen en Dios en sus corazones? Una persona que cree en lo que Dios ha hecho por ella es una persona rica. 
Jesucristo les dio una parábola: «También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios». El Señor dijo que una persona no puede ser rica aunque lo tenga todo en el mundo. Y la persona que no es rica ante Dios es una persona pobre, y la persona que es rica ante Dios es verdaderamente rica. Es así. 
 
 
Debemos vivir con la misericordia de Dios
 
Leamos el Evangelio de Lucas 10, 25-34: «Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él». 
¿Quién es una persona rica ante Dios? ¿Quién es la persona que recibió la vida? ¿Quién es la persona rica para Dios? El Evangelio de Lucas nos lo dice. «El Abogado se le acercó a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer para recibir la vida eterna?». Y Jesús le contestó: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?». Así que le contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Y Jesús le dijo: «Bien has respondido; haz esto, y vivirás».
El abogado pensó que Jesús estaba por debajo de él. Para alardear ante la presencia de Jesús le preguntó qué podía hacer para recibir la vida eterna. Estaba diciendo: «¿Puedes hacer estas cosas que yo hago?». El abogado decía: «Ayuno dos veces al día. Soy santo, evito a los leprosos cuando los veo en la calle y cuando veo excrementos en la calle los declaro sucios» y a la vez le estaba preguntando a Jesús si Él podía hacer esas cosas. Pero Jesús le contestó: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?». Así que el abogado le contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Y Jesús le dijo: «Bien has respondido; haz esto, y vivirás».
Los seres humanos podemos ser débiles en todo, pero todos tenemos un par de cosas en las que somos buenos. Como dice un proverbio coreano: «Incluso un gusano tiene la habilidad de darse la vuelta», cada persona tiene una o dos habilidades que las demás personas no poseen. A veces, algunas personas alardean de sus habilidades y dicen: «Nunca he dejado de orar por la mañana ni un día hasta ahora. Y esta vez ha sido por culpa del funeral de mi padre. A parte de esa vez nunca me he perdido una reunión de oración». Y algunas personas incluso alardean de nunca haberse perdido una reunión de culto de los domingos o de no haber cometido un pecado particular. Estoy diciendo que todo el mundo tiene algo de lo que alardear ante Dios a su propia manera. 
Puede que se pregunten qué tienen que hacer para heredar la vida eterna. ¿Es posible vivir con más fe? ¿Viviría mejor si creyese en Jesús? Las Escrituras dicen: Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo. ¿Es posible intentarlo un poco más? ¿Puedo ir al Cielo, verdad? Los que vivimos en esta era cuestionamos a Jesús como el abogado le cuestionó hace mucho tiempo. 
Cuando pensamos en esto, somos iguales que el abogado. Cada uno de nosotros es como ese abogado a nuestra manera. Mi mujer siguió yendo a las reuniones de oraciones de la mañana incluso después de habernos casado. Yo no podía decirle nada acerca de orar por la mañana. Las Escrituras dicen que debemos orar sin cesar y yo no podía decir esto mientras estaba durmiendo. Cuando la buscaba al amanecer no estaba allí. Así que me levanté un día a las 5 de la mañana y fui a orar. Pero ella ya estaba allí. Pensé que dejaría de ir después de un día o dos, pero ella fue todas las mañanas. Ya estaba allí cuando fui a orar por la mañana. Así que llegué a pensar que mi mujer iba a la iglesia a las 2 de la mañana. 
Todas esas cosas se convierten en la justicia propia. Puede que mi mujer no piense así, pero yo hubiese pensado que debería intentar hacer las cosas como yo las hago. En aquel entonces iba a un seminario teológico y seguramente hubiera pensado eso. Todo el mundo es como el abogado del pasaje de hoy. Yo también soy así. Mi corazón se siente lleno de orgullo cuando voy a una reunión para orar a las 4 de la mañana. Cuando voy a orar a las 4 de la mañana y veo a la gente que llega a las 5, pienso: «¿Eso es todo lo que puedes hacer?». Yo pensaba que mi mujer pensaba eso de mí. 
El abogado le preguntó a Jesús: «¿Qué debo hacer para recibir la vida eterna?». La gente cree en Jesús e intenta hacer todo lo posible para conseguir ir a Reino de los Cielos. Sin embargo, ¿qué nos dijo Jesús? Dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?». La cosa más importante es cómo leemos la Palabra y si la estamos siguiendo. 
Una mujer joven vino a una de las reuniones de resurgimiento que organicé la semana pasada. Le pregunté: «¿Cuánto tiempo hace que crees en Jesús?». Y dijo que había creído durante 10 años. Entonces cuando le pregunté por qué Dios nos había dado la Ley, me contestó sin dudarlo que era para cumplirla. ¿Nos dio Dios la Ley para que la cumpliésemos? Si pudiésemos cumplir la Ley que se nos ha dado, no sería la Ley de Dios. Digamos que le damos unas reglas a un perro y el perro las cumple completamente. Eso no es una ley. 
Romanos 3, 19-20 dice: «Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado». Son pecadores. Son pecadores porque no pueden vivir según la Ley. Dios está diciendo que nos dio la Ley para hacernos entenderlo. Dios nos dio el sistema de sacrificios del Tabernáculos después de darle la Ley a Moisés. Como Dios sabía que no podíamos vivir según la Ley, creó el sistema de sacrificios para poder recibir la remisión de los pecados. 
 
 
Es importante cómo leemos la Ley 
 
La gente suele pensar que lee la Ley correctamente y que la cumple. Sin embargo, no la cumplen correctamente y no hay nadie que la pueda cumplir. Solo hay una persona, Jesucristo, que pudo cumplir la Ley completamente. Dijo: «No penséis que he venido a destruir la Ley o los Profetas. No he venido a destruir sino a cumplir». Todos somos pecadores a la luz de la Ley. Todas las personas han pecado y tienen muchas iniquidades. Éramos personas que tienen muchas iniquidades hasta que mueren de viejos. Pero nuestro Señor nos habla de nuestros pecados y Su juicio a través de la Ley. 
El Señor tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo a través del bautismo y tomó los pecados del mundo y los llevó a la Cruz para ser juzgado por la humanidad. Creemos en esta Verdad y recibimos la remisión de los pecados gracias a Él. Esto significa que solo Jesucristo pudo cumplir la Ley perfecta. La Ley nos dice que amemos a Dios y al prójimo como a nosotros mismos. ¿Pueden amar a Dios y a sus prójimos durante toda su vida? Dios nos dio la Ley que dice: «Amarás a Dios con todo tu corazón, todas tus fuerzas y con toda tu mente». Esto es lo correcto. El Creador tiene el derecho a decirle a la creación que le ame y que le adore solo a Él. 
Sin embargo, ¿pudimos cumplir la Ley? Creemos en la justicia de Jesús. Tenemos que ir a trabajar. Tenemos un trabajo que nos podría dar mucho dinero, pero es los domingos. Podemos pensar que no es buena idea ir a la iglesia para guardar el día del Señor porque es un trabajo que nos daría mucho dinero, pero eso significaría que no podríamos guardar el día del Señor. Siempre tenemos un conflicto entre escoger el dinero o el Día del Señor. Creemos en Dios, pero a veces el dinero se convierte en nuestro ídolo cuando hay una oportunidad para ganar dinero. 
 
 
No pudimos cumplir la Ley
 
Está escrito: «Amarás al prójimo como a ti mismo». Sin embargo, no podemos cumplir esto por mucho que intentemos amar a los demás como a uno mismo. Una vez me quité el abrigo y se lo di a un pobre. Le di el abrigo porque tengo que vivir según la Palabra de Dios. Una vez, vi a un pobre pidiendo dinero en un puente, miré si tenía dinero en mi bolsillo y entonces dudé. «¿Debería darle algunas monedas o un billete de un dólar?». Empecé a pensarlo a 30 metros antes de llegar al pobre. Tenía que tomar una decisión, pero eso dependía de lo que mi corazón decidiese. No sabía si tenía un billete de un dólar o de diez en el bolsillo, pero cuando vi el billete caer en su lata, vi que era un billete de diez dólares. No podía sacarlo aunque me arrepentía de habérselo dado. ¿Fue ese un acto de amor que cumple los criterios de la Ley de Dios? En realidad estaba pensando en lo que me convenía, pero no amé a ese pobre como a mí mismo. Hice todo lo que pude hasta que ya no pude hacerlo más y al final confesé que era un pecador. «Dios, no puedo hacerlo, soy un pecador. Me dijiste que amase a mi prójimo como a mí mismo, pero ni siquiera me puedo amar a mí mismo». 
El hombre rico y el joven le pidieron a Jesús que dividiese su herencia porque le consideraban un abogado. Jesús dijo: «¿Quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?». Esta persona quería ser aprobada ante Jesús con su propia justicia. Así que Jesús le habló en parábola para mostrarle su ignorancia. 
«Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese» (Lucas 10, 30-35). Jesucristo le dijo esto al abogado. 
Una persona fue a la región de Jericó desde Jerusalén. Jerusalén estaba en una región más alta y era la capital del pueblo de Dios. Esta era la ciudad de la religión y allí había todo lo necesario para adorar a Dios. Cierta persona estaba descendiendo a Jericó desde Jerusalén y se encontró con ladrones. Estos ladrones le robaron todo lo que tenía y lo dejaron moribundo al lado de la carretera y después se marcharon. 
La Biblia dice que un sacerdote pasó por ahí en ese momento. Cuando vio a la víctima, se cruzó de lado. Jesús habló así porque este abogado se presentó ante Él con sus obras y su justicia. Jericó era la ciudad que significaba la fragancia del mundo y Jerusalén significa la ciudad de la religión. Está hablando de la capital en la que algunas personas creen sin entender la Verdad correctamente. Un sacerdote de Jerusalén se encontró con una persona que había sido asaltada cuando bajaba de Jerusalén. Un sacerdote era una persona que servía a Dios en el Templo de Jerusalén y que enseñaba a mucha gente. Sin embargo, este sacerdote vio a una persona que necesitaba ayuda mientras descendía de Jerusalén a Jericó y evitó a esta víctima moribunda y se cruzó de lado de la calle. 
¿Por qué descendían estas personas de Jerusalén a Jericó? Seguiré cuando explique esta parte. Toda la gente busca a Dios. Ya sea un dios que conocen o que no conocen todavía, quieren buscar a un dios y adorarle y servirle sin ninguna duda. Así es como se comienza una vida religiosa y se vive en Jerusalén, la ciudad de la religión. Pero el problema es que, aunque quieran vivir con justicia y hacer cosas justas, su comportamiento no sigue su corazón. No pueden tolerarlo. Quieren hacer obras justas, pero cometen pecados. Hacen el mal aunque no quieren. Caen en el mundo y hacen cosas carnales. Se dan cuenta de que están cayendo en la fragancia del mundo, en el mundo corrupto. Esta es la ruta común que todas las personas religiosas acaban siguiendo. 
En ese momento otro hombre pasó por ese camino donde estaba el hombre que había sido atacado y había sido desnudado. El que este hombre quedase desnudo significa que Satanás, el Diablo, ha tomado nuestra justicia. El pecado quita la justicia. Algunas personas creen que no cometen pecados, pero todo el mundo comete pecados en este mundo. No podemos esconder nuestros pecados cuando los cometemos. Nuestros corazones llegan a las puertas del infierno y el miedo prevalece en ellos. Todas las cosas de las que alardeamos, las cosas buenas, las cosas santas desaparecen y solo quedan pecados. Podemos hacer diez cosas bien, pero todas han desaparecido con el pecado. Por eso no podemos evitar el juicio de Dios. Una persona va al infierno si no puede cumplir la Ley perfectamente al 100% y si rompe el 1% de ella. 
Satanás, el Diablo, hace que la gente peque a través de la Ley. Satanás hace que la gente alardee de las cosas que hacen bien. Satanás nos dice que vivamos con justicia y nos dice qué es lo correcto. 
Sin embargo, ¿qué dice Dios? Dios dice: «No puedes hacer cosas justas. Eres un ser corrupto. Eres una masa de pecados. Has nacido con asesinato, fornicación, celos, disputas, envidia e insensatez. Por tanto, los seres humanos no pueden hacer cosas justas». Sin embargo, el Diablo, Satanás nos dice: «Puedes vivir con justicia si lo intentas un poco más. Puedes convertirte en un dios si lo intentas un poco más». 
Sin embargo, un fenómeno completamente diferente le ocurre a una persona religiosa. Todo el mundo quiere vivir éticamente y con justicia. Sin embargo, cuando lo consideramos, todo el mundo comete pecados. Todo el mundo es un ladrón. Pero Satanás, el Diablo, le pide a todo el mundo que viva éticamente. Por eso algunos dicen que la religión es adictiva. La gente intenta vivir con justicia cuando entra en una religión. Sin embargo, no pueden vivir con justicia. ¿Qué dice Dios? Dice: «Venid y recibid la remisión de los pecados porque sois una masa de pecados y yo borraré todos vuestros pecados». 
Bajar desde Jerusalén a Jericó simboliza una vida depravada después de haber vivido una vida religiosa. Nos convertimos en personas corruptas porque somos una masa de pecados. Una masa de metal se hunde naturalmente en un lago debido a la gravedad, y nosotros no tenemos más remedio que hundirnos porque nacimos con pecados. Una masa de metal no puede salir a la superficie del agua por mucho que lo intente. Esta es la verdad. 
Al haber nacido como pecadores, todos los seres humanos no pueden evitar ir al infierno por sus pecados. Esta es la verdad de la que hablan las Escrituras. Por eso van de Jerusalén a Jericó. Intentan vivir una vida religiosa, pero se convierten en personas depravadas y vacías, y al final son como los escribas y los fariseos, que son los hipócritas ante Dios. 
Satanás, el Diablo, quiere enviarnos al infierno. Por tanto, Satanás, El Diablo, quiere que seamos diligentes y trabajemos duro y viene a nosotros cuando no estamos viviendo bien para decirnos: «Creed en Jesús pero no recibáis la remisión de los pecados». Esto es lo que rompe a una persona. El Diablo tienta a la gente en ciertas situaciones y si la gente peca, Satanás les dice: «Has pecado» y les tormenta toda la vida para que mueran por culpa del dolor de estos pecados. Por eso algunas personas se suicidan aunque hayan vivido vidas religiosas. El Diablo hace estas cosas. 
El Diablo nos dice que vivamos con justicia. No nos dice que vivamos con inmoralidad. Nos dice que vivamos con justicia y luego nos hace tropezar. Por eso debemos entender que no podemos ser justos. No podemos evitar tener pecados. Las hojas salen y las flores florecen de un manzano, y el árbol acaba dando manzanas tarde o temprano. De la misma manera en que los árboles dan fruto de esta manera, los seres humanos no pueden dejar de pecar aunque quieran. No podemos evitar pecar naturalmente porque hemos nacido con pecados como descendientes de Adán. ¿Cómo pueden los seres humanos que han nacido con pecados vivir sin ellos? Pecamos mientras vivimos en este mundo. El pecado no desaparece porque cortemos cada capullo de pecado que nos salga. Tenemos que cambiar la realidad. Un ser humano tiene que nacer de nuevo, convertirse en hijo de Dios al recibir el juicio de sus pecados y nacer de nuevo. 
Sin embargo, todas las religiones nos dicen que vivamos éticamente. Nos dice que vivamos diligentemente. No estoy diciendo que todas las religiones sean malas. Estoy diciendo que consisten en vivir éticamente. Sin embargo, esa es la trampa de Satanás. Todos los seres humanos pueden caer en la trampa porque no saben que existe. Es lo mismo en el cristianismo. Dicen que pueden vivir con lealtad cuando creen en Jesús y dan el diezmo, cuando cumplen el Día del Señor, viven obedientemente según los Diez Mandamientos aunque tengan pecados en sus corazones. Pero, ¿es cierto esto? No. La gente va camino de la muerte. Aunque intentemos vivir con justicia, Satanás nos engaña y nuestra justicia se viene abajo cuando vivimos sin saber que somos personas que no pueden evitar pecar. Hemos creído en Jesús aunque no conocíamos el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces deberíamos haber sido personas justas que habían recibido la remisión de los pecados, pero en realidad éramos pecadores porque no conocíamos a Jesús correctamente. Si hubiésemos conocido a Jesús correctamente, deberíamos haber sido justos. Pero no lo sabíamos. 
Cuando un sacerdote iba de Jerusalén a Jericó, ¿a quién vio antes de cruzarse de lado de la carretera? Vio a una persona que había sido atacada por ladrones. Un levita también vio al hombre que había sido atacado y estaba sangrando, pero también pasó de lado. Jesús respondió al abogado con una parábola. En realidad estaba diciendo: «Tú eres así. Les dices a los demás que vivan bien, pero cuando tu amigo ha sido atacado y está muriendo, solo ayudas para que te den honor si no ha sido muy malherido y si puede ser curado con un poco de tratamiento, pero no harías lo correcto si no te fuera beneficioso, ¿no es así?». Jesús les está diciendo a todos los cristianos: «Todos sois así». 
Hoy en día también hay levitas y sacerdotes en las comunidades cristianas. Son las personas religiosas de la era del Nuevo Testamento que son líderes sin haber recibido la remisión de los pecados porque no han nacido de nuevo ni han recibido el Espíritu Santo en sus corazones. Las Escrituras dicen que la gente que ha sido atracada por ladrones son los que están agonizando por sus pecados. Sin embargo, los levitas y los sacerdotes, que se supone que creen en Dios, y dicen hacer buenas obras, pasan de lado. El Señor le dijo a toda la humanidad: «No hay ninguno justo porque todos están lejos de la gloria de Dios. No hay ninguno justo, ni uno. Todos han pecado y por eso no hay ninguno justo». 
Pero las Escrituras dicen: «Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese». ¿Quién es el samaritano del que se habla aquí? El samaritano es la persona que vino de lejos, no una persona de la ciudad de Jerusalén. Esa persona estaba viajando con su animal cuando vio a la víctima de los atracadores. Así que el samaritano fue a la víctima, le puso aceite y vino en las heridas, se las vendó y la salvó. Después llevó a ese hombre a una posada y cuidó de él. 
 
 
¿Quién nos salvará de los seres humanos pecadores y de todos los pecados?
 
¿Quién hace prosperar nuestros corazones y nos da la vida eterna? Jesús nos da estas bendiciones. Vino a este mundo y nos salvó. El vino simboliza el gozo y la sangre de Jesucristo. Todo el mundo debería recibir el juicio de Dios e ir al infierno; todo el mundo debería sufrir y recibir la pena por los pecados cometidos. Pero Jesucristo vino a este mundo, tomó todos los pecados del mundo y recibió esa condena en lugar de la gente que tendría que morir por sus pecados. Por tanto, la persona que fue atacada por los ladrones se pudo levantar de nuevo. 
El aceite simboliza el Espíritu Santo. Probablemente conozcan el sacrificio de Caín y Abel. Abel ofreció el primogénito de su ganado y su grasa (Génesis 4, 4). Ese aceite o grasa es muy importante. Jesucristo quiso salvarnos, y el nombre Cristo significa que ha sido ungido con aceite. Cumplió las funciones de Profeta, Rey y Sacerdote y cumplió todas las profecías del Antiguo Testamento. Como Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento transfirió los pecados de los israelitas para siempre. Jesucristo vino al mundo y eliminó los pecados de la gente. Y como Rey, es el Ungido que salva a Su pueblo de sus pecados. 
Jesucristo es el samaritano del pasaje de las Escrituras de hoy. Vino a por la persona que había sido atacada por los ladrones. Nació en este mundo para hacer la obra de salvar a toda la humanidad. Y fue bautizado por Juan el Bautista cuando cumplió los 30 años. Mateo 3, 13-15 dice: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó». 
¿Qué fue la primera cosa que Jesucristo hizo en Su vida pública? Fue bautizado. Saben que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, ¿verdad? ¿Saben por qué Jesucristo fue bautizado? En el momento en que recibió el bautismo, Jesucristo dijo: «Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia». Le estaba diciendo a Juan el Bautista que le bautizase porque era correcto que recibiese todos los pecados mediante el bautismo. 
La palabra bautizar (baptizo en griego) significa sumergir en agua, enterrar y transferir pecados. Significa lavar, ya que los pecados son transferidos por el bautismo mediante la imposición de manos. Significa que nuestros pecados son lavados y borrados de nuestros corazones porque han sido transferidos a Jesucristo. Esta persona que fue atracada por ladrones ya no tenía que sufrir más por sus pecados porque fueron transferidos a Jesucristo para siempre. Jesucristo entonces recibió la pena de todos los pecados con Su sangre. Jesús fue bautizado de esta manera para cumplir toda justicia. 
Jesús explicó la razón por la que Juan el Bautista le bautizó en Mateo 3, 15, y dijo que era correcto que recibiese el bautismo para cumplir toda la justicia de Dios. Jesús vino a este mundo y eliminó los pecados de la humanidad para cumplir toda justicia. Jesús fue bautizado en el río Jordán, el río de la muerte, para hacer esa obra. 
El bautismo que hemos recibido y el bautismo que Jesús recibió son diferentes. Jesucristo fue bautizado para tomar todos los pecados del mundo, pero nosotros somos bautizados como un signo de creer en que nuestros pecados han sido transferidos a Jesús cuando fue bautizado. Y Jesús fue bautizado en nuestro lugar para redimir todos nuestros pecados. 
 
 
Debemos entender el significado espiritual del bautismo
 
Debemos entender por qué Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. ¿Fue bautizado porque no tenía nada mejor que hacer en ese momento? Jesús no vino a este mundo como maestro de moralidad y ética. Jesús vino a este mundo para salvar a Sus seguidores del pecado. Vino para perdonar nuestros pecados. Muchas personas no entienden esta Verdad hoy en día. Deberían creer, pero seguirán siendo pecadoras aunque crean porque creen sin conocer esta Verdad, y después irán al infierno. 
La razón por la que Jesucristo recibió el bautismo fue para cumplir toda la justicia de Dios. Vamos al infierno por nuestros pecados. ¿Por qué nos encontramos con ladrones? ¿Por qué somos atacados por Satanás? ¿Por qué somos infelices a pesar de todo lo que hay que comer en la tierra? ¿Por qué vivimos en este mundo infelices aunque tenemos libertad para vivir en este mundo bello? Por culpa de nuestros pecados. Vamos al infierno por nuestros pecados, estamos tristes por nuestros pecados, enfermamos por nuestros pecados y estamos condenados por Satanás por nuestros pecados. 
Pero es adecuado que Jesucristo borrase todos esos pecados. Jesucristo vino a este mundo a eliminar nuestros pecados. ¿Qué salva a una persona que ha sido atacada por ladrones? Somos personas que se han encontrado con ladrones, ¿pero cómo recibimos la salvación y cuál es la prueba de esta salvación? No hemos sido juzgados y nos hemos convertido en justos porque Jesucristo tomó todos los pecados de la humanidad sobre Su cuerpo y recibió el juicio en nuestro lugar al ser clavado en la Cruz. Esta es la prueba de la salvación. Nos hemos convertido en hijos de Dios sin pecados a través de las obras que Jesús hizo. Nos hemos convertido en hijos de Dios sin pecados ante la presencia de Dios. Debemos creer en Jesús sabiendo quién es. No está bien ir a la iglesia con la Biblia sin conocer a Jesucristo. 
Jesús tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo y recibió la pena por ellos en la Cruz. Y entonces Jesús resucitó al tercer día después de morir en la Cruz. Ahora está sentado a la derecha del trono de Dios Padre. Y dijo: «Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones» (Hebreos 10, 17). Libro de Romanos 3, 25 dice: «A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados» (Hebreos 10, 17). Esto significa que éramos enemigos de Jesús y que tuvimos paz con Él porque Dios transfirió todos nuestros pecados a Jesús e hizo que pagase el precio del pecado. Jesús recibió todos nuestros pecados y murió en la Cruz y así recibió el juicio en nuestro lugar. Entonces resucitó al tercer día y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios Padre. 
Si hay un principio y un final del universo, hemos creído en Dios con el correcto entendimiento de Jesucristo en este mundo del que no sabemos cuánto tiempo queda. Él ha recibido nuestros pecados. Ha muerto en la Cruz y resucitado para ascender al Cielo. ¿Dónde está ahora? Está vivo eternamente con Dios. El Dios omnipresente y todopoderoso ha creado el universo y todo lo que hay en él, pero estas cosas durarán poco tiempo. Sin embargo Dios está vivo durante la eternidad. Dios está presente eternamente. 
Dios está en una dimensión de tiempo eterna fuera del mundo después de haber tomado todos los pecados del mundo. Esto significa que ha eliminado todos los pecados del presente, pasado y futuro. Pasar algo significa ignorarlo. Debemos tener el conocimiento correcto de la palabra. 
Jesús hizo una obra justa. Tomó todos los pecados del mundo y no omitió ninguno. Los que creen en la obra que Jesucristo ha hecho se convierten en personas justas y ya no pueden ser pecadores. Una persona que cree en esta Verdad es una persona justa que irá al Cielo por esa justicia. Pero una persona que no cree es pecadora e irá el infierno. No hay mérito. Jesucristo vino al mundo y tomó todos nuestros pecados para derramar Su sangre en la Cruz por ellos. Esto significa que derramó vino y aceite en la herida de nuestros pecados y vendó la herida, nos puso en Su animal y nos llevó a la posada, donde cuidó de nosotros. Nos dio vida. 
¿Cómo conseguimos la vida nueva? Recibimos la vida eterna al conocer la obra que Jesucristo ha hecho por nosotros. La gente que cree en esto es rica. Creer en lo que Jesús ha hecho por nosotros es ser ricos de corazón. ¿Quién es el Creador que ha hecho que nuestros corazones sean ricos? Es Jesucristo. Dios Padre se convierte en nuestro padre cuando creemos en la obra que Jesús ha hecho por nosotros. Nuestros corazones se hacen ricos cuando sabemos claramente que Jesús ha borrado nuestros pecados. En las Escrituras una persona rica es rica ante Dios y no tienen riqueza material en el mundo. La vida de una persona no es riqueza material. Una persona que ha nacido de nuevo a través de nuestro Dios Jesucristo recibe una vida nueva, se convierte en hija de Dios, en una persona justa e irá al Cielo. Dios dijo que una persona así será protegida en este mundo y recibirá las bendiciones de Dios. 
En el Evangelio de Lucas 12, Jesucristo dijo que la vida y la riqueza de una persona puede encontrarse en Dios. Le doy gracias al Señor. Nuestros corazones se han hecho ricos gracias a Jesucristo. Por tanto, quiero darle gracias por la bendición de la nueva vida y vivir diligentemente en este mundo. Quiero que vivan vidas ricas a través de la salvación de Dios. No quiero que vivan a medias. 
¿De verdad tienen la fe que cree en Jesucristo en sus corazones? ¿Ha redimido Jesucristo todos sus pecados? ¿Han recibido la remisión de los pecados perfectamente? No tenemos pecados porque Jesucristo ha borrado todos nuestros pecados, no porque hayamos hecho nada bueno. Hemos recibido Sus bendiciones a través de la fe que cree en la obra que Jesucristo ha hecho. Debemos dar gracias al Señor. Es correcto que la gente que ha recibido la remisión de los pecados le dé gracias al Señor, y la gente que no ha recibido la remisión de los pecados debe recibir la remisión de los pecados en sus corazones primero al escuchar el Evangelio durante 30 minutos. ¿Qué es una vida nueva? ¿Qué es nacer de nuevo? Sus corazones están completamente inspirados cuando escuchan estas cosas durante media hora. 
Le doy gracias a Dios por obrar a través de Su Iglesia en este mundo. Alabo al Señor por darnos riquezas en nuestros corazones.