The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 5-5] (Gálatas 5, 16-26) Anden en los deseos del Espíritu

(Gálatas 5, 16-26)
«Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros».
 

Los deseos de la carne

En el pasaje de las Escrituras de hoy, el Apóstol Pablo nos explica las obras de la carne y los frutos del Espíritu Santo mediante un contraste. En primer lugar, Pablo apunta que las obras de la carne son evidentes, y las enumera: «Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas». Después explica los frutos del Espíritu: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza».
Para comparar y entender estos dos atributos debemos entender primero lo que son los frutos del Espíritu. En Gálatas 5, 22-23 se dice: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza».
Dios dijo que el primer fruto del Espíritu Santo es el amor. Este amor se refiere al amor de la salvación de Dios que ha concedido a toda la raza humana (1 Juan 4, 10). Sólo alguien que ha recibido este amor de Dios puede practicar este amor. Dios ha permitido que los pecadores reciban la remisión de los pecados para entrar en el Cielo y compartir el amor de Dios los unos con los otros. Esto es el verdadero amor. La Biblia llama a este amor «el amor de la verdad» (2 Tesalonicenses 2, 10). Por tanto, el mayor amor para la humanidad es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a sus semejantes y así hacer posible que reciban la remisión de sus pecados. Como justos que han recibido la remisión de los pecados estamos en comunión los unos con los otros a través del amor de Dios, compartimos el gozo y la felicidad. Gracias a este amor los justos nacidos de nuevo no discuten, sino que se respetan para disfrutar de la paz. Así los nacidos de nuevo dan los frutos del amor, gozo y paciencia a través del Espíritu Santo.
¿Cuáles son las obras de la carne según Pablo? Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías y envidias. Estas obras son lo contrario al amor, el gozo y la paz, que son los frutos del Espíritu. Las obras de la carne de la humanidad siempre van acompañadas de idolatrías, hechicerías y enemistades. De estas obras de la carne, las hechicerías son trucos para engañar. Se refiere a perseguir a otros con artimañas malvadas y a herir sus corazones. Las enemistades, por otro lado, se refieren a involucrarse en conflictos y discutir los unos con los otros y matar a otros en vez de compartir el gozo.
Los deseos carnales de la humanidad convierten a la gente en enemigos de Dios y hacen que tengan ambiciones egoístas y que se peleen los unos con los otros, incitándolos a los celos y haciendo que se enfaden y ello degenere en enfrentamientos. La disensión significa trabajar por propia cuenta en conflictos por diferentes opiniones. La gente de la carne que no ha nacido de nuevo busca una fe diferente a la Evangelio del agua y el Espíritu, y quiere predicar un evangelio diferente. En otras palabras, intentar minar el Evangelio del agua y el Espíritu de cualquier manera posible. Esta es la avaricia de la humanidad.
Pablo también dijo que los deseos de la carne son herejías, envidias y borracheras. Los herejes pecan y se condenan a sí mismos (Tito 3, 10-11), porque no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, los herejes son los que siguen sus propios deseos en contra de la justicia de Dios.
La Biblia nos dice que Jeroboam fue una persona destacada por haber iniciado una herejía. Al principio era parte del pueblo de Dios, pero cuando se convirtió en rey de Israel por casualidad, hizo dos becerros de oro y dejó que su pueblo los adorara para que no fueran a Jerusalén. Como siguió los deseos de la carne, acabó cometiendo un grave pecado al corromper la Verdad de Dios.
La Biblia dijo que las borracheras y las orgías también son obras de la carne.
 

Los deseos del Espíritu Santo

En cambio, los frutos del Espíritu son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. ¿Hay algún fruto del Espíritu que sea malo? No. ¿Quieren producir los frutos del Espíritu Santo? Todos queremos dar estos frutos en abundancia. Los justos que hemos nacido de nuevo del agua y el Espíritu queremos que el Espíritu Santo nos guíe. Si realmente queremos que el Espíritu Santo nos guíe, debemos tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, difundirlo, servir al Señor que nos ha dado este Evangelio, y seguirle. ¿Qué tipo de frutos producen los seguidores? Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.
Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu aman a las demás almas y quieren compartir el gozo de la salvación y estar en paz los unos con los otros. No queremos enemistades, sino que queremos estar en armonía con todo el mundo.
El Apóstol Pablo nos dijo que siguiésemos los deseos del Espíritu. Los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos recibido el don del Espíritu Santo en nuestros corazones y ahora, el Espíritu Santo, que vive en nosotros, despierta sus deseos en nuestros corazones. Los nacidos de nuevo podemos seguir los deseos del Espíritu cuando hacemos lo que complace a Dios. Y esto es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, seguirlo y difundirlo.
Sin embargo por el simple hecho de que alguien haya recibido la remisión de los pecados, ¿significa esto que no tiene deseos de la carne? No, no es así. Pablo dijo: «Y manifiestas son las obras de la carne» (Gálatas 5, 19), ni siquiera los justos no están exentos de estos deseos de la carne. Sin embargo, como los justos rechazan estas cosas al poner su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y al seguir al Espíritu, viven una vida diferente a la de los pecadores. Los justos desean hacer lo que complace a Dios, tienen fe en Su Palabra, sirven al Señor y se dedican a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu según Su Gran Comisión. Por eso cumplen el amor al final. Los que han sido salvados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu sirven al Evangelio para compartir un gozo que sobrepasa este mundo, y llegan a estar en armonía, ejercitan la templanza y la paciencia, muestran misericordia y siguen todas las buenas obras.
Sin embargo, también los nacidos de nuevo pueden caer en las evidentes obras de la carne a no ser que anden en el Espíritu Santo. La gente no sale de los deseos de la carne porque tengan disciplina, mientras otros caen en las obras de la carne porque les falte templanza. La naturaleza humana está configurada para que todos estemos predispuestos a seguir los deseos de la carne al 100% a no ser que sigamos los deseos del Espíritu. Si nos servimos a nosotros mimos como reyes en vez de servir al Señor, podemos estar completamente seguros de que haremos las obras de la carne. Si esto ocurre, nuestras vidas no darán el fruto del Espíritu.
Somos muy débiles en la carne. Sin embargo, todavía queremos hacer lo que complace al Señor guiados por el Espíritu Santo. Aunque seamos insuficientes, ofrecemos nuestros cuerpos y nuestros corazones al Señor y le seguimos con fe, así el Señor da testimonio del amor de Dios a través de esta gente insuficiente. Así realizamos estas valiosas obras. En otras palabras, podemos compartir el gozo que Dios nos ha dado. Los que han recibido la remisión de los pecados, no sólo comparten el gozo y la felicidad los unos con los otros, sino que también muestran compasión, están en paz con los demás y se tratan con paciencia.
Los que tienen fe en Dios producen todos estos frutos, porque son los frutos del Espíritu Santo. Si tenemos compasión por todos los seres humanos y deseamos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todos, el Espíritu Santo nos hace dar estos frutos. En otras palabras, no somos nosotros mismos los que producen estos frutos. Nosotros solos no podemos producirlos. Sólo si seguimos al Espíritu Santo, seguimos los deseos de Dios y Su voluntad, podemos dar los frutos del Espíritu.
 

Debemos alejarnos de los defensores de la circuncisión

En el pasaje de las Escrituras de hoy, el Apóstol Pablo está reprendiendo a los defensores de la circuncisión por su fe falsa, diciéndoles: «Dejad esas falacias por vuestra propia voluntad y seguid los deseos del Espíritu Santo. Los que pertenecen a Jesucristo han crucificado sus pasiones y deseos. No os provoquéis ni os envidiéis. No discutáis por vanidad. No queráis exaltaros a vosotros mismos. Simplemente seguid al Espíritu Santo, buscad Su voluntad. Esta es la voluntad de Dios. Aunque seáis insuficientes, debéis vivir así». Ustedes y yo debemos escuchar estas palabras de Pablo.
A través de todo el Libro de Gálatas, que nos demuestra que la fe de los defensores de la circuncisión es falsa, debemos poner en evidencia la fe de los que creen que la remisión de los pecados se recibe a través de las oraciones de penitencia. Y debemos poner en nuestros corazones las lecciones de Gálatas y tener cuidado de no caer en esta fe legalista. Si no hacemos caso de la advertencia de Pablo, es posible que seamos como los defensores de la circuncisión. Sin embargo, si seguimos exclusivamente los deseos del Espíritu Santo, por muy insuficientes que seamos, podemos producir los frutos del Espíritu Santo gracias a Su ayuda. Todo esto es posible si seguimos los deseos del Espíritu Santo.
El Apóstol Pablo dijo: «Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos» (Gálatas 5, 24). Si queremos seguir los deseos del Espíritu, debemos crucificar los deseos y pasiones de nuestra carne primero. Mis queridos hermanos, ¿crucificaron sus deseos y pasiones con Jesucristo? En ese momento nosotros también morimos con Jesucristo. Pueden negarlo, pero en realidad todos nosotros morimos en ese momento. Como el Señor nos ha salvado al tomar los pecados en Su bautismo, al morir en la Cruz y al levantarse de entre los muertos, nuestro pasado ha sido crucificado y hemos resucitado en una nueva vida con Él. Lo creamos o no, el Señor ha matado las pasiones de nuestra carne. Y el Señor nos ha devuelto a la vida, pero no en nuestro cuerpo sino en nuestro espíritu. Y resucitará nuestros cuerpos cuando vuelva.
Lo importante es si aceptamos esta verdad en nuestro corazón o no. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, es indispensable aceptar por fe que nuestros pasados han muerto y que ahora hemos resucitado con Jesucristo. Los que creen en esta verdad puede vivir sabiamente y de una manera justa ante Dios según los deseos del Espíritu.
¿Creen que sus pasados han sido crucificados con Cristo y que su espíritu se ha levantado con Él? El que sus pasados hayan muerto significa que las pasiones y deseos de nuestra carne han muerto con Jesucristo. Y esto también significa que tenemos nuevas pasiones. Éstas son la pasión por el amor de Dios, por la verdad de la salvación que Dios nos ha dado, y por dar los frutos del Espíritu. El deseo de servir al Evangelio del agua y el Espíritu para que otros conozcan el amor de Dios es el mayor deseo del Espíritu Santo. Podemos darnos cuenta de que han surgido nuevos deseos en nuestros corazones y estos son los deseos del Espíritu Santo. Espero sinceramente que anden en estos deseos.
Los que hemos nacido de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu debemos vivir por fe. Estoy muy contento de vivir por mi fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Estoy sinceramente agradecido porque Dios me ha permitido vivir esta vida. Nuestros compañeros del extranjero y todos los siervos de Dios y hermanos y hermanas en Corea, todos comparten este gozo y esta gratitud.
Los defensores de la circuncisión afirmaban que además de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, los cristianos tenían que ser circuncidados y guardar el Sabbath, y por su culpa, la Iglesia Primitiva acabó desapareciendo por completo. Los defensores de la circuncisión, que llevaron a las iglesias de Galacia a la confusión y a la destrucción, estaban confundidos y de la misma manera los que hoy en día difunden las obras de la carne, afirmando que la remisión de los pecados se recibe a través de las oraciones de penitencia, están confundidos. No hay ninguna garantía de que no nos vayamos a convertir en gente parecida a los defensores de la circuncisión que aparecieron en las iglesias de Galacia. Aunque no estemos en contra del Evangelio del agua y el Espíritu, si seguimos los deseos y pasiones de la carne eso es lo que ocurrirá.
Por eso debemos tener un nuevo deseo, el deseo del Espíritu Santo, que es un deseo santo. Por tanto cualquier cosa que complazca a Dios, debemos compartir Su gozo en ella, y lo que nos ordene, debemos llevarlo a cabo. El Señor dijo que nos haría Sus discípulos para difundir el Evangelio del agua y el Espíritu hasta los confines de la Tierra, y por eso predicaremos este Evangelio verdadero por todo el mundo obedeciéndole. Sé que esta es la vida que nos pertenece. Sé que es justo que hagamos la obra de Dios, sirvamos al Evangelio del agua y el Espíritu y lo prediquemos por todo el mundo. Sé que la vida que se vive por los deseos del Espíritu es la vida correcta. ¿Ustedes creen en esto?
Dios nos ha dado nuevos deseos. Ahora tenemos nuevos deseos. Debemos vivir con estos deseos y pasiones de amor. Debemos vivir así. Debemos vivir así hasta el final. Una vez nacemos, debemos morir y rendir cuentas ante Dios. Cuando estamos ante el juicio de Dios, queremos oírle decir: «Bien hecho, has sido un siervo bueno y fiel».
Dios dijo que los que, incluso después de haber sido salvados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, viven según los deseos de la carne y no sirven al Evangelio, son más malvados que los que no han recibido la remisión de los pecados. Ellos recibirán un castigo peor (Mateo 25, 14-30, Lucas 12, 47-48). Debemos recordar esto.
Los deseos de la carne no conocen edad; tanto los jóvenes como los viejos tienen deseos carnales. Cuando los deseos de la carne surgen debemos pensar en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos admitir que somos débiles y que nuestras pasiones y deseos han sido crucificadas con el Señor, porque Él nos ha salvado con Su bautismo y Su muerte en la Cruz. Y por eso debemos dedicarnos a la obra de servir al Evangelio.
Trabajar para servir a este Evangelio del agua y el Espíritu es una gran bendición. Ustedes y yo debemos seguir los deseos del Espíritu y andar en Él. El Señor dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6, 33). Si buscamos Su justicia en nuestras vidas, el Señor nos dará todo lo que necesitemos. Creemos que el Señor satisfará nuestras necesidades carnales a su debido tiempo.
Debemos predicar el Evangelio del agua y del Espíritu todos los días. Si no lo hacemos, la gente del mundo no podrá conocer el verdadero Evangelio. Muchos cristianos no entienden el sentido de la Biblia y aunque dicen creer en Jesús, van por el mal camino. Hasta el día en que muramos debemos predicar este Evangelio por todas partes. 
Los que sirven al Evangelio del agua y el Espíritu, como ustedes y yo, son los que siguen los deseos del Espíritu. Por eso estoy agradecido a Dios, muy agradecido. Aunque mi salud no sea muy buena, mi cuerpo está fuerte todavía, y nunca dejaré la obra que El me ha encomendado. No puedo dejar estas maravillosas obras porque Dios me las ha encomendado. Quiero llevar a cabo la obra de Dios hasta el momento en que muera y quiero completar todas las obras que se me han encomendado, porque no quiero impedir que se realicen.
Hoy hemos puesto un nuevo e-book en nuestra página Web y hemos recibido más de 5.000 visitas. El número de visitas ha aumentado porque hemos puesto un nuevo e-book. Los consumidores suelen ir a tiendas que exhiben una gran variedad de productos. Si alguien abre una tienda grande, gasta mucho en publicidad, pero no tiene buenos productos, los clientes que vayan allí una vez, no volverán. Por el contrario, si la tienda está llena de productos nuevos y diversos, la gente seguirá yendo a la tienda y se correrá la voz. Nosotros seguiremos proporcionando pan espiritual a través de nuestra página Web.
La gente que conoce el Evangelio del agua y el Espíritu a través de nuestra página Web no nos conoce en persona, sino que sólo nos conocen a través de nuestros libros y por eso tienen que confiar en nuestro ministerio de literatura. Por eso a través de nuestros libros, debemos dar soluciones concretas a todos los problemas con los que esta gente se encuentra, espirituales o de otra índole. «Antes solía pensar que la remisión de los pecados se consigue si ofrecemos oraciones de penitencia, pero ahora que he leído este libro, me he dado cuenta de que los que defienden las oraciones de penitencia son malvados. Pensaba que la diferencia entre mi fe y la suya era mínima, pero ahora sé que hay una gran diferencia». Si la gente se diera cuenta de esto gracias a este libro, cumpliríamos con nuestra misión. Sólo cuando se dan cuenta de esto también ellos pueden difundir el Evangelio del agua y el Espíritu a otra gente.
¿No tendrían ellos también los deseos del Espíritu y los seguirían? Es maravilloso que sus corazones se unan a los deseos de Dios. Sus mentes desearán difundir el Evangelio, dar testimonio de su fe y unirse a otras personas justas. Cuando los deseos del Espíritu Santo aparezcan en ellos, podremos servir al Evangelio del agua y el Espíritu con ellos, y cuanto más gente sirva a este Evangelio, más satisfecho me siento.
Mis queridos hermanos, ¿no saben cómo deben vivir? ¿Cómo debemos vivir ahora? Debemos vivir según los deseos del Espíritu Santo. Esto es maravilloso y nos llena de gozo.
Mis queridos hermanos, ahora debemos despertarnos. Es hora de que los que estaban dormidos se despierten. Van a ocurrir desastres. Si de repente ocurrieran estos desastres, estaríamos aterrorizados. Recientemente una gran nevada sumió a todo el país en la confusión. A finales de marzo tuvimos la mayor nevada en los últimos 100 años que devastó muchos lugares de Corea. Mucha gente, entristecida y devastada y vulnerable antes de que el desastre ocurriera, lo había perdido todo y decidió suicidarse. Ayer la provincia de Chungchung se declaró zona de desastre especial. Imagínense que viajaban por carretera y de repente se encontraran aislados en la autopista por culpa de una fuerte nevada, y por ello se quedaran atrapados en el coche durante 24 horas sin comida. Esto es lo que se llama un desastre. Siempre se sufren daños en los desastres naturales. El problema es que cada vez se hacen más fuertes y más frecuentes.
Pronto nos iremos y tendremos que presentarnos ante Dios y por eso espero que nosotros, los últimos corredores del Evangelio, corramos un poco más y lleguemos a la meta de la gloria. La meta no está muy lejos. Si creen que el Señor no va a venir pronto y por eso quieren divertirse y pecar, apostando, emborrachándose o buscando diversiones hedonistas en este mundo, su carne y su espíritu morirán. Por tanto, debemos preparar nuestra fe para llegar al último día, y en vez de caer en el mundo, debemos vivir por la justicia de Dios y presentarnos ante Él. Si la fragancia del mundo nos cautiva, abandonaremos al Señor, aunque Él nunca nos abandone. Así que no dejemos que el pecado nos manche, y vivamos con una fe inmaculada según los deseos del Espíritu para que nuestros corazones no se corrompan y abandonen al Señor.
Mucha gente ha abandonado la Iglesia de Dios y no puede volver. No puede volver porque ama al mundo más que al Señor. Sus corazones están muy sucios y por eso no pueden venir a la Iglesia pura. Deben recordar esto. La Biblia nos advierte: «Acordaos de la mujer de Lot» (Lucas 17, 32). De hecho, no sólo fue la mujer de Lot, sino que Lot mismo fue destruido en cuerpo y espíritu por amar al mundo y seguir los deseos de la carne. Si no han experimentado este tipo de desgracias, deben saber adónde lleva este tipo de fe gracias a la Palabra de Dios. Debemos aprender una lección importante al ver cuántos justos murieron así por seguir los deseos de la carne.
Por tanto no debemos envidiarnos, ni ser envidiosos. ¿Por qué es envidiosa la gente? Porque la gente no puede dejar de lado las pasiones y los deseos de la carne y no quieren vivir según los deseos del Espíritu. Dios nos los ha dicho todo. Nos ha dicho que creamos en la Palabra que hemos escuchado, la obedezcamos y la pongamos en práctica en nuestras vidas.
Ahora no podemos decir en la Iglesia de Dios: «Yo no pude seguir la voluntad del Señor porque no la conocía». La Iglesia a la que pertenecemos tiene 2.000 años de historia, y empezó con la Iglesia Primitiva. Los sermones que estamos predicando en la Iglesia se han publicado en libros, y aparte de los libros que enseñan la base del Evangelio, estamos publicando libros para el crecimiento espiritual de las almas que han nacido de nuevo. Estos libros son traducidos y publicados en muchos idiomas del mundo y ahora mismo contamos con 200 libros diferentes.
Debemos seguir escuchando la Palabra que ya hemos escuchado y reflexionar y tomar las enseñanzas de la Iglesia por fe. Debemos actuar según esta fe, obedecer con nuestras acciones y seguir al Señor unidos a los siervos de Dios y nuestros predecesores en la fe. Eso es todo lo que tenemos que hacer. Entonces no nos pelearemos los unos con los otros y no nos envidiaremos.
¿Qué es tener envidia, provocarnos unos a otros y envidiarnos? Esto es intentar exaltarse a uno mismo. ¿Por qué defendieron la circuncisión en las iglesias de Galacia? « Hemos sido salvados al creer en el mismo Evangelio del agua y el Espíritu, pero puedo ser más que vosotros. Veo que no conocéis la circuncisión. No conocéis el requisito del Antiguo Testamento que dice que hay que circuncidarse para convertirse en descendientes de Abraham y ser parte del pueblo de Dios». Los defensores de la circuncisión creían en esto e intentaban suprimir a los que habían recibido la remisión de los pecados antes que ellos diciendo: «¿Estáis circuncidados? Ya veo que no. Circuncidaos. Si ahora estáis circuncidados, y tengo más derechos que vosotros. Estáis por debajo de mí». Recurrieron a esta excusa porque no sabían cómo dejar de lado los deseos carnales y por eso intentaban exaltarse a sí mismos.
¿Para qué sirve exaltarse a uno mismo, cuando lo que deberíamos hacer es dejar de lado los deseos de la carne? Si uno se exalta, significa que tiene que servir más, ¿no? Por eso algunos dicen: «Quiero seguir siendo seglar». ¿Por qué lo dicen? Porque no quieren servir. Saben que en la Iglesia a los seglares no les pone demasiada presión si no sirven al Evangelio mucho.
Los siervos de Dios no reprenden a los seglares duramente. Sin embargo si que reprenden a los obreros de Dios. Por eso algunos quieren seguir siendo seglares. Pero están equivocados. Todo el que nace de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu deben servir a Dios y a Su verdadero Evangelio. Tanto los seglares como los ministros deben servir como obreros de Dios. Está mal pensar que no pasa nada por que los seglares vivan su fe como les plazca y no sirvan al Señor. Todos los nacidos de nuevo están destinados a servir al Señor desde la posición en que se encuentren.
En algún sentido puede ser más difícil vivir la fe siendo un seglar. Esto se debe a que no viven completamente por el Señor, pero al mismo tiempo, tampoco viven completamente en este mundo caído. Así que ¿no tendrán que triunfar tanto en la Iglesia como en el mundo? Esto es más difícil. Quien es fiel a un solo maestro puede ser buen siervo y será bendecido si le es fiel a su maestro, y por eso es más fácil.
De todos modos debemos servir a Dios por lo menos de corazón. Aunque somos hijos de Dios, también debemos ser Sus siervos. Hemos nacido de nuevo del agua y el Espíritu, y por eso debemos vivir con fe y el corazón de siervos de Dios. Por mucho que nos degraden, no nos importa y seguimos viviendo por los deseos del Espíritu. Vivir así es la manera más bendita de vivir y es tener la fe más pura.