The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 12-4] < Lucas 12, 13-21 > Tengan cuidado de la codicia

< Lucas 12, 13-21 >
«Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios». 
 
 
Tengan cuidado con la codicia
 
¡Saludos a todos!
En estos tiempos el mundo está cambiando mucho y por eso es una bendición que sus corazones estén en el Señor y que puedan haber vivido con fe. Por la gracia del Señor hemos recibido la remisión de los pecados y ahora vivimos con fe en la Iglesia de Dios. Hemos sido salvados del juicio de Dios y hemos recibido la vida eterna. Además, al creer de todo corazón que Jesucristo nos ha salvado de los pecados del mundo a través del Evangelio del agua, la sangre y el Espíritu, pudimos alcanzar la justicia de Dios y evitar Su juicio. Ahora estamos viviendo con la justicia de Dios, nos hemos convertido en hijos Suyos y en Su pueblo amado. Ahora Dios ya no nos condena ni tenemos pecados. Como los que hemos recibido la remisión de los pecados debemos saber cómo vivir y hacerlo todo con coraje y la sabiduría de la fe. 
En el pasaje de las Escrituras que acabamos de leer, un hombre le pidió a Jesús que dividiese la herencia de su padre. Cuando los hermanos se pelean y se dejan de hablar suele ser por la herencia de los padres. Aunque algunos hermanos se pelean mientras los padres están vivos, cuando los padres mueren, los hermanos pequeños suelen ser ignorados. Si tienen hijos deberán planear su herencia con cuidado. Suele haber conflictos por culpa de las herencias. Cuando mueren los padres, algunos hermanos mayores sin escrúpulos se quedan con la herencia de los hermanos pequeños. Los hermanos pequeños consuelan a los hermanos mayores intentando recibir su parte de la herencia. Estas peleas han ocurrido desde el principio de la humanidad y siguen ocurriendo hoy en día. Si son padres, deberán planear con cuidado mientras estén vivos. Pero mi intención hoy no es hablar de cómo dividir su herencia con cuidado, sino que quiero centrarme en algo más importante. No me malinterpreten. 
Si Jesús hubiese contestado la petición del hombre y le hubiese dicho a su hermano que la compartiese, el hermano lo habría hecho, pero Jesús dijo: «No he venido al mundo por esa razón. Tened cuidado de la codicia». El Señor no vino a nosotros por esto. Vino espiritualmente. Gracias a Él hemos sido salvados. ¿Tienen algún pecado? No, no tienen pecados. ¿Hay alguna condena para ustedes? No, no hay condena. ¿Entonces cuál es el mayor problema en nuestras vidas de fe? 
 
 
La codicia sale del corazón
 
¿Acaso Jesús no nos dijo que nos deshiciésemos de todas las cosas del mundo? No, no es así. Esto no es cierto. Como dije ayer durante el culto con los jóvenes, Dios nos ha salvado de los pecados del mundo para siempre. A través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, Dios cargó con todos los pecados, y al ser condenado y derramar Su sangre en la Cruz nos ha salvado de todos los pecados y la condena. Hemos sido salvados al creer en la justicia de Dios. Dicho de manera simple, como Dios nos ha salvado tenemos el aprobado. Si hemos sido salvados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos conseguido el aprobado del Señor. Digamos que aprobamos con un 60, esto significa que hemos conseguido esa puntuación. Nos hemos convertido en el pueblo de Dios. 
Sin embargo, el problema empieza entonces. Nuestra puntuación debería ir subiendo desde 60, pero solemos perder puntos por la codicia de nuestros corazones porque hay demasiadas cosas en este mundo que incitan nuestra codicia. ¿No es cierto esto en el presente? La gente de hoy en día no está intentando cubrir sus necesidades básicas de vestido, comida y cobijo, sino que está intentando satisfacer sus deseos hedonistas. Este mundo presente nos tienta con todo tipo de cosas atractivas. Hay demasiadas cosas que deseamos. Hay demasiadas tentaciones que provocan envidia en nuestros corazones. Pero la Biblia dice que debemos rechazar esta codicia. Aunque debemos disfrutar de todas las cosas básicas que el Señor nos da después de nacer de nuevo, no debemos ser codiciosos por todas las cosas del mundo. 
Sin embargo, la codicia, los deseos carnales, son demasiado fuertes. Queremos tenerlo todo. El Señor nos dice que quitemos esa codicia de nuestros corazones. Cuando vivimos con fe, el peor enemigo es la codicia. Si tenemos problemas en nuestras vidas de fe aunque hayamos sido salvados del pecado, nueve de cada diez veces es por culpa de nuestra codicia. Podemos tomar todas las cosas necesarias que Dios nos ha dado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos recibir la remisión de los pecados. El problema es intentar tomar algo que no es nuestro, es decir algo que Dios o nuestros padres no nos han dado. Saben lo que significa la codicia, ¿verdad? Para los hombres y las mujeres, la codicia por el sexo opuesto, por las riquezas o por la fama, destruye la fe. Este es el problema más grave que tenemos después de ser salvados. 
El Señor nos da todo lo que necesitamos sin tener que ser envidiosos. La vida que vivimos después de recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu no es una vida maldita. La remisión de los pecados es una bendición de Dios. Estamos destinados a vivir una vida bendita. Es imposible que no ocurra esto. Es inevitable que los que han recibido la remisión de los pecados de Dios sean bendecidos en cuerpo y espíritu. Esta es la bendición que Dios le da a Su pueblo. Por eso es tan importante recibir la remisión de los pecados. Los que no reciben la remisión de los pecados están destinados a vivir una vida maldita, pero los que la han recibido vivirán una vida bendita sin duda. Sin embargo, nosotros, los que hemos recibido la remisión de los pecados, nos convertimos en personas codiciosas, y si por esto sufren nuestras vidas de fe, nuestra fe no crece y nos quedamos atascados en el mismo lugar. Por tanto, si nuestras vidas no están benditas aunque hayamos sido salvados de los pecados, es porque tenemos codicia en nuestros corazones. 
Digamos que la puntuación perfecta es 100. Cuando fuimos salvados del pecado recibimos 60 puntos. Nos faltan 40 puntos por ganar, y si dedicamos nuestros corazones a Dios un poco y ganamos un punto más nuestra puntuación será 61. Es un aprobado, pero quiere decir que nuestra fe está solamente bien. Sin embargo, debemos trabajar más para recibir una puntuación más alta. Si dejamos que nuestros corazones tengan codicia, en vez de mejorar la puntuación, la empeoraremos. Nuestra puntuación puede bajar a 59, lo que significa que no estamos aprobados. En otras palabras, nuestros corazones gravitarían hacia el mundo. Estaríamos más interesados en el mundo que en las bendiciones de la salvación que el Señor nos ha dado. Entonces querríamos las cosas del mundo y la puntuación bajaría más. Esto ocurriría a pesar de que Dios nos ha dado más que suficiente. 
Cuando queremos tomar lo que Dios nos ha permitido tener, debemos tomarlo por fe sin dudarlo. Sin embargo, si nuestros corazones se vuelven codiciosos e intentamos forzar lo que no es nuestro y lo que Dios no nos ha dado, nuestra puntuación bajará a 58, y al final acabaremos con 50 puntos. Perderemos la puntuación básica de la fe y la codicia que hay en nuestros corazones evitará que tengamos una vida de fe correcta. ¿Qué pasará si suspendemos el requisito mínimo? Que diremos: «Estoy cansado de escuchar cómo nos ha salvado el Señor». Cuando alguien nos habla de cómo ha recibido la remisión de los pecados diremos: «¿Es esto todo lo que puedes decir? Estoy cansado de esa historia». Desde ese momento el mensaje del Evangelio será una historia pesada. Dicho de otra manera, ya no estaremos agradecidos por la remisión de los pecados porque habremos perdido nuestros puntos básicos. Está en nuestras mentes el hecho de haber recibido la remisión de los pecados, pero en nuestros corazones no estamos agradecidos ni lo apreciamos. 
¿Qué nos hace suspender y empeorar en la fe? ¿Qué nos impide vivir nuestras vidas de fe correctamente? Nuestra codicia. Hemos sido salvados, ¿verdad? Jesucristo cargó con todos nuestros pecados a través de Su bautismo cuando vino a este mundo, ¿no es así? Derramó Su sangre en la Cruz en nuestro lugar, ¿correcto? Fue juzgado en nuestro lugar ¿correcto? Sí, hemos sido salvados al creer en esta Verdad. 
 
 
¿Por qué no podemos agradecer a Dios en nuestras vidas de fe y en nuestras vidas diarias? 
 
¿Cuál creen que es la razón? La codicia de nuestros corazones. Por la codicia que tenemos no podemos estar agradecidos a Dios por la gracia de salvación que se nos ha dado. Por culpa de la codicia no podemos dar gracias a Dios por no solo darnos la vida eterna, sino también por bendecirnos para vivir correctamente en este mundo y satisfacer nuestras necesidades básicas. La Biblia dice que la codicia es idolatría (Colosenses 3, 5) y es el mayor pecado de todos. El peor pecado es la codicia. Si son codiciosos, su vida de fe no podrá tener éxito. 
Tienen que saber que la codicia les impide vivir una vida de fe correcta. Por la codicia no podemos vivir bien con nuestra fe y por eso no estamos agradecidos a Dios por lo que nos ha dado y por lo que nos dará en el futuro. 
La codicia es un pecado, ¿verdad? Sin embargo, es fácil pensar que no pasa nada, porque Jesús ya tomó ese pecado también. Pero es un problema grave. La Biblia dice que debemos tener cuidado con la codicia. 1 Pedro 4, 3: «Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías». Así, por esta codicia la gente cae en todo tipo de pecados. Por culpa de esta codicia los nacidos de nuevo tropiezan. Por eso la codicia es uno de los pecados más graves. Si tienen problemas al vivir sus vidas de fe deben darse cuenta de que es por culpa de su codicia. Si nuestros hermanos y hermanas, que han recibido la remisión de los pecados, tienen problemas con sus vidas de fe, y nada les va bien es porque tienen codicia en sus corazones. La codicia nos hace querer otras cosas que Dios no nos ha dado. ¿No es esto cierto, queridos hermanos? Por supuesto que sí. ¿Saben por qué su fe va mal? Porque tienen codicia en sus corazones. 
De esta manera, aunque los nacidos de nuevo saben que la codicia es un pecado, a veces incluso piensan que este pecado no es grave. Sin embargo, mis queridos hermanos, para los nacidos de nuevo, la codicia es el peor pecado de los pecados del mundo. Todos debemos entender esto. 
Voy a explicar esto con un ejemplo. Aquí tengo un vaso y vamos a intentar llenarlo. El Señor ya ha llenado el 60% del vaso. En otras palabras, el vaso ya contiene 60% de las bendiciones del Señor. El resto del 40%, es decir las cosas carnales, nos lo dará el Señor pronto. Sin embargo, como somos codiciosos acabamos lo que nos queda en el vaso por las cosas del mundo. Entonces las bendiciones que había en el vaso son sustituidas por las cosas del mundo, y es imposible vivir una vida de fe. Cuando el corazón puro de fe se llena de cosas del mundo, ya no podemos recibir Sus bendiciones. Está escrito en la Biblia: «Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable» (Eclesiastés 10, 1). Si su fe no puede crecer, y si no pueden vivir una vida feliz con un corazón limpio es porque tienen codicia en sus corazones. Significa que viven con codicia quizás sin saberlo. 
Así, aunque no nos demos cuenta, muchos de nosotros tenemos mucha codicia. Esto es precisamente lo que debemos saber. Algunas personas viven con pobreza y tienen muchos problemas aunque en realidad sean ricas. Aunque pueden vivir con prosperidad, si cuidan de lo que Dios les ha dado, no pueden. Lo que Dios nos ha permitido tener es más que suficiente para vivir con prosperidad y comodidad. Sin embargo, como somos personas codiciosas y envidiosas, acabamos perdiendo lo que tenemos. 
Nuestros santos también, si están agradecidos por lo que Dios les ha dado, y si cuidan de ellos y lo usan bien, podrán vivir felices y agradecidos. Podrán vivir agradeciendo al Señor con gozo. ¿Entonces por qué tenemos tantos problemas? Debido a la codicia. Como la codicia ha entrado en nuestros corazones, tenemos problemas. 
Estoy convencido de que el mayor problema de los santos es la codicia. Entre los nacidos de nuevo, hay algunas personas que intentan ganar dinero de cualquier manera, pensando que no es pecado. Por supuesto, es cierto que no tenemos pecados. ¿Tienen pecados? No. Cualquier persona que esté sentada aquí que piense que tiene pecados, no necesita escuchar mi sermón. Esas personas tendrían que haber ido a otro sitio. Debería hablarles de la remisión de los pecados en una reunión separada. Debería explicarles en detalle cómo se borraron los pecados de la humanidad. Los que han recibido la remisión de los pecados se han reunido aquí para adorar a Dios. De todas formas, este no es el problema que estoy tratando aquí, ya que todos estamos sin pecados porque el Señor los tomó todos. Lo que quiero decir es que hemos recibido la remisión de los pecados y no debemos dejarnos manchar por el pecado por tener codicia. 
¿Qué tipo de codicia debemos desechar? ¿Estoy diciendo que debemos deshacernos de todo lo que Dios nos ha dado? No, eso no es lo que estoy diciendo. Lo que Dios nos ha dado, debemos tomarlo. ¿Qué debemos desechar? Debemos desechar la codicia excesiva, por ejemplo, codiciar a otra mujer que no sea nuestra esposa o intentar tener lo que no es nuestro. Si hay algo que Dios nos ha dado como nuestro, debemos tomarlo por fe. Sin embargo, el problema es intentar poseer algo por la fuerza. Hay muchas personas que intentan usurpar las posesiones de otras personas por la fuerza o mediante engaños. Cuando los hermanos se pelean por la herencia, los hermanos mayores suelen ser los más codiciosos. Pero deben darse cuenta de que muchas personas benditas en la Biblia no eran las más mayores. David era el hijo pequeño. Abraham y otros muchos también. Entre Esaú y Jacob, ¿acaso no fue Jacob bendito aunque era no era el primogénito? Estamos bendecidos por fe y no por nada más. Hay muchos casos así en la Biblia. 
Mis queridos hermanos, es natural que queramos tomar y disfrutar lo que Dios nos ha dado. Sin embargo, intentar conseguir otras cosas es codicia. Debemos tener cuidado de esto. Cuando Satanás intenta poner esta codicia en nuestros corazones, debemos rechazarla. Debemos decirle no y superar sus engaños. El Diablo intenta poner codicia en nuestros corazones. Pone codicia en los corazones de los siervos de Dios también. La codicia espiritual puede ser necesaria en algunos sentidos, pero la codicia carnal no vale para nada. Es un pecado. Es un pecado. Deberán rechazarla. Debemos rechazar cualquier cosa que les haga suspender en su fe. Para todos nuestros santos, todos nuestros siervos de Dios y todos nuestros hermanos o hermanas, jóvenes y viejos, la codicia viene del Diablo. Debemos tener cuidado de la codicia. 
Mis queridos hermanos, no debemos tolerar la codicia que ha surgido en nuestros corazones. Aunque pensemos que esto no importa porque hemos recibido la remisión de los pecados, eso es un error. Debemos rechazar cualquier tipo de pecados. Pero sabemos lo que Dios nos ha permitido no es pecado ni codicia. Dios nos ha dado mucho y por eso no necesitamos nada más. 
 
 
Normalmente acabamos tolerando la codicia, pensando que no es pecado
 
Así es como pensamos nosotros. Pero tolerar la codicia es un gran problema a los ojos de Dios. Como no nos tomamos este problema en serio nuestra fe sufre y como resultado acabamos arruinados por esta codicia. Pensemos en esto. ¿Qué nos impide crecer en la fe y por qué tenemos problemas al vivir nuestras vidas de fe? ¿Acaso no es por la codicia? ¿No están de acuerdo? De hecho, todo tiene que ver con la codicia. Los siervos de Dios también tienen problemas con la codicia. En cuanto a otros pecados, como el asesinato, el fraude o el daño físico a otras personas, pensamos que son pecados graves, pero no nos tomamos en serio la codicia de nuestros corazones. No tomarse la codicia seriamente es el problema. Pero Jesús dijo que la codicia es el peor pecado. Es el pecado de idolatría que ofende a Dios: «No tendrás dioses ajenos delante de mí» (Éxodo 20, 3). 
El peor problema para los nacidos de nuevo es esta codicia. Para mi también la codicia es el peor enemigo de mi fe. Y para ustedes también. Si podemos deshacernos de esta codicia, no tendremos ningún problema. Todos los nacidos de nuevo pueden vivir felices si abandonan su codicia. ¿Cómo de felices podemos vivir con lo que Dios nos ha permitido? Cuando dejamos de lado la codicia podemos ver algunas cosas nuevas. Hay cosas que podremos pedir a Dios con fe, y también debemos tener fe en que Dios contestará esas oraciones. ¿Tienen fe? Por supuesto que sí. Lo importante es que se deshagan de su codicia. 
No hay nadie que no tenga codicia. Si buscan en sus corazones verán que tienen el deseo de adueñarse de las posesiones de otras personas, de disfrutar de todo y de poseerlo todo. ¿No es cierto? Pero ¿podemos tener las cosas del mundo con tan solo desearlas? No. Puede que digan que tener codicia no es un pecado, pero Jesús dejó claro que era un pecado. Es precisamente esta codicia la que nos impide vivir con fe. En nuestros corazones lo queremos tener todo aunque sabemos que no está permitido. Pero deben tener en cuenta que Jesús dijo claramente que es un pecado. Tener codicia es un pecado. 
Jesús nos dijo que tuviésemos cuidado con la codicia. El confucianismo enseña que el cuerpo se arruina si no se rechaza la codicia. Percibe este problema desde una perspectiva realista, pero en realidad no debemos tener codicia por el bien de nuestras almas. Debemos darnos cuenta de por qué el Señor nos dijo que no siguiésemos la codicia. Debemos entender que esto es un pecado. Aunque tengo muchas cosas que decir acerca de este tema, ahora quiero dejar claro que la codicia es un pecado y que deben tener cuidado. Cuanto más tiempo llevemos creyendo en Dios, más cuidado debemos tener con la codicia. Este es el peor problema de todos. Es especialmente problemático para los siervos de Dios. Como el Señor ha eliminado todos nuestros pecados, todos los pecados de nuestros corazones han desaparecido. Pero algunos de nosotros creemos que podemos tragarnos la codicia que entra en el corazón. Pero esto es un pecado. Este es el mayor problema. Cuando nuestros hermanos y hermanas reciben la remisión de los pecados, primero tienen cuidado de no pecar. Pero cuando pasa mucho tiempo, algunos de ellos ya no tienen cuidado y dicen: «¿Qué pecado? ¿Por qué es esto un pecado?». En otras palabras, no se dan cuenta de cuando cometen pecados. Por eso la codicia es tan peligrosa, y por eso debemos tener cuidado. Cuando nos acostumbramos a la codicia, la racionalizamos. 
 
 
He aprendido de mi vida de fe que el mayor problema es la codicia
 
Después de haber observado a nuestros hermanos y hermanas y a mí mismo, he llegado a la conclusión de que el peor problema de todos es la codicia. Por culpa de la codicia algunos de nosotros no podemos vivir nuestras vidas de fe correctamente. Mis queridos hermanos, ¿puede una persona que ha recibido la remisión de los pecados tener algún pecado sucio por el que preocuparse? No, no es cierto, no tiene ningún pecado. ¿Qué preocupa a los santos nacidos de nuevo? Están preocupados por la codicia. Por culpa de la codicia no pueden ir al Señor con un corazón gozoso; por culpa de su codicia sus corazones están llenos de oscuridad; y por culpa de su codicia acaban dejando a Jesús. Por culpa de esta codicia se separan de la Iglesia. En realidad, Dios ya nos ha dado muchas cosas sin codicia. Todo lo que hace la codicia es incitar a nuestros corazones para que sean codiciosos sin darnos nada. Si se dejan llenar de codicia, serán destruidos; no se puede conseguir nada con la codicia. Todo lo que conseguimos es gracias al Señor. ¿Es cierto? Cuando sus corazones se llenan de codicia, ¿les ayuda esto de alguna manera? ¿Les permite la codicia conseguir algo? No, por supuesto que no. ¿Está bien seguir acumulando codicia en su corazón como si fuese un tesoro precioso? 
Mis queridos hermanos, les pido que se libren de la codicia y de su tentación. He visto a muchas personas que no pueden deshacerse de su codicia aunque se dan cuenta de que es inútil y que serán arruinadas si siguen atrapadas en esta codicia el resto de sus vidas. Pero como todos somos humanos débiles, pensamos que necesitamos todas estas cosas superfluas para tener seguridad. Debemos dejar de lado estos pensamientos. Debemos deshacernos de la codicia completamente. 
En el pasaje de las Escrituras alguien le dijo a Jesús: «Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?». Entonces explicó lo que significa esto con una parábola: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios».
Mis queridos hermanos, por mucha codicia que tengamos en nuestros corazones, no podemos hacer nada si no amamos las riquezas de Dios. Por muy codiciosos y ricos que seamos, no podemos gastar estas riquezas si Dios no lo permite. En el pasaje de las Escrituras de hoy el Señor dijo que por muy codiciosos que seamos, por mucho que queramos satisfacer nuestra codicia, no podemos conseguir nada si Dios no lo permite. En otras palabras, el Señor está diciendo que nos dará todo lo que necesitemos y nos dará todo lo que necesitemos para nuestros cuerpos y almas aunque no tengamos codicia. 
Cualquier persona puede hacerse rica. Todo el mundo puede llenar su corazón. La cuestión es con qué queremos llenar nuestro corazón. Debemos llenar nuestros corazones con las cosas de Dios. Hay dos tipos de riquezas: la riqueza de Dios y las riquezas carnales. Pero la Biblia dice que seamos ricos ante Dios. Los que son ricos ante Dios pueden tomar cosas del mundo si Dios lo permite. ¿Creen en esto? Los que son pobres ante Dios son pobres en las cosas del mundo. Si no tienen fe en Dios y le siguen con fe, no podrán tener las cosas del mundo. No podrán obtener lo que quieran por muy codiciosos que sean y por mucho que lo intenten. Sin embargo, si tienen fe en la Palabra de Dios, han obtenido la remisión y están siguiendo a Dios correctamente, podrán tener muchas cosas en este mundo. Mis queridos hermanos, si viven una vida espiritual correcta, si viven por fe en Dios, el Señor les permitirá tener cosas del mundo también. 
Debemos darnos cuenta de que no podemos conseguir las cosas del mundo con un corazón codicioso, así que no debemos vivir con un corazón codicioso. Debemos rechazar la codicia. Si pudiésemos conseguir todo lo que queremos al ser codiciosos, entonces deberíamos ser codiciosos, pero no podemos conseguir nada con la codicia. Debemos rechazar nuestra codicia y tener fe en Dios. El Señor está diciendo que cuando tenemos este tipo de fe podemos conseguir las cosas del mundo. Gandhi en India defendió la no violencia y practicó la abnegación y la pobreza honesta. Pero esto no es lo que significa no tener posesiones. Por el contrario, la verdadera fe cristiana nos dice que disfrutemos todo lo que Dios nos ha dado con acción de gracias, glorificándole para prosperar y florecer en la voluntad del Señor. Esto no es lo que enseña el budismo. El budismo enseña que hay que abandonar todo lo que se tiene. Para alcanzar el nirvana hay que dejarlo todo, incluyendo el ego. 
Pero esto no es lo que enseña el cristianismo. Nos enseña a comer, beber y disfrutar de todo lo que Dios nos ha dado. También nos llama prósperos. Esta es una de las diferencias principales entre el cristianismo y el budismo. Nuestro Señor está diciendo que los que son ricos ante Dios son ricos en el mundo y pueden recibir muchas cosas de Dios. Pero los que son pobres ante Dios, por muy codiciosos y ricos que sean, lo pierden todo y no pueden utilizar sus posesiones. Dios dijo a Sus siervos: «Dejen de lado la codicia de sus corazones. Tengan fe en Mí, y les daré muchas cosas». ¿Lo entienden? 
Deben entender la codicia claramente. No deben dejar que la codicia ocupe mucho espacio en sus corazones. Hace tiempo les dije que los que han sido salvados tienen una puntuación de 60, así que su puntuación es 60 ahora, y desde ahora en adelante tendrán que subirla a 70 o 80. Cuando tenemos una buena puntuación ante el Señor, podremos tomar las cosas del mundo. La fe de Abraham era muy fuerte. Los fieles de la Biblia prosperaban por las bendiciones de Dios. Abraham e Isaac eran una de las personas más ricas de su generación. 
Mis queridos hermanos, si su fe es tan fuerte, acabarán recibiendo las riquezas abundantes del mundo y vivirán con prosperidad. No vivirán en pobreza. Cuando los que no han nacido de nuevo creen en Jesús incorrectamente, acabarán sin nada. Lo perderán todo y serán pobres. Sin embargo, los que han nacido de nuevo de verdad, los que creen en la Palabra de Dios, los que siguen la Palabra de Dios por fe y los que están en la Iglesia de Dios, prosperarán. Puedo jurar esto ante Dios. Esto ocurrirá sin falta. Nunca tendrán que ser pobres, como está escrito: «Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan» (Salmos 37, 25). Incluso si sus hijos o descendientes tropiezan por sus pecados y caen en la pobreza, Dios recordará su fe y los levantará. Las riquezas de la fe son las riquezas del mundo. Por tanto, debemos quitar la codicia del mundo de nuestros corazones y llenarlos con fe en Dios. ¿Lo entienden? 
Mis queridos hermanos, debemos tomar todo lo que Dios nos ha dado. No lo pierdan. Pero el problema es que hay muchas personas que son codiciosas y quieren tomar lo que Dios no les ha permitido tener. No deben ser así, sino que deben quitar la codicia de sus corazones. Es muy importante tener cuidado de la envidia y quitarla de sus corazones. ¿Qué debemos quitar de nuestros corazones, de los corazones de los siervos de Dios y de los santos nacidos de nuevo? La codicia debe ser expulsada. 
Mis queridos hermanos, la codicia nos impide vivir bien con fe. Esto es lo que agita nuestra fe. Están teniendo problemas con su fe por la codicia. No es porque no hayan sido salvados o porque no tengan fe en el Señor. Tienen fe y han sido completamente salvados. 
¿Por qué les resulta tan difícil vivir con fe? Por la codicia. Porque han permitido que su codicia entre en sus corazones. Por eso están teniendo problemas viviendo sus vidas de fe. Por tanto, todos debemos rechazar la codicia. Probablemente haya otras cosas en sus corazones que deberán ser rechazadas. Debemos rechazar todas estas cosas, rechazar la codicia y vivir por fe en el Señor. 
¡Que Dios les bendiga!