The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 3-4] < Juan 3:1-15 > Debemos Nacer de Nuevo Creyendo en el Evangelio del Agua y el Espíritu

< Juan 3:1-15 >
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
 
 
Existe gente en este mundo que desea nacer de nuevo creyendo en Jesús. También, existe mucha gente que se esfuerza en una vida religiosa en varias formas y colores para poder nacer de nuevo de sus pecados. Alguna gente trata de nacer de nuevo solo emocionalmente, pensando que una persona debe recibir la limpieza de sus pecados si le persona ofreciese oraciones de arrepentimiento. Algunos Cristianos piensan que al hacer donaciones substanciales de dinero les guiara a nacer de nuevo, y por lo tanto, donan una cantidad de dinero, mientras que otros, pensando que al plantar muchas iglesias serán guiados para ser aprobados por Dios, se hayan ocupados construyendo edificios para iglesias.
Algunos Cristianos son devotos del trabajo misionero, piensan que una persona nacerá de nuevo si la persona se convierte en voluntario y se entrena en el trabajo misionero. Así, tratan de presentar a Jesús en todas las naciones al comprometer sus propios cuerpos, incendiarse de pasión, en el trabajo misionero, no importando cuan peligrosas puedan ser las circunstancias. Tales personas continúan con su vida ofreciéndolas todas a Dios. Toda esa gente continúa llevando una vida de fe con el pensamiento de que algún día nacerán de nuevo. Piensan que Dios hará que nazcan de nuevo algún día ya que ellos mismos están viviendo para Dios. Sin embargo, pensar así nunca será correcto.
Así, ¿piensas que solo esta clase de personas existe en este mundo? Además de estos, caminos por los cuales nacer de nuevo de los pecados propios continúan existiendo. La gente tiene la tendencia de pensar que recibirán nuevamente la gracia del nuevo nacimiento si ofreciesen muchas cosas materiales, si ofreciesen mucho servicio, y fuesen leales hasta la muerte. La gente puede pensar, “Si continuo haciéndolo bien ante Dios, llegare a nacer de nuevo en un tiempo que ni siquiera yo se,” pero aunque sus pensamientos son tales, la promesa de Dios no es así. ¿Qué podemos hacer, ya que los pensamientos de Dios son muy distintos de los pensamientos humanos? Los pensamientos de Dios son muy distintos de los pensamientos humanos: Él nos dice que una persona solo puede nacer de nuevo creyendo con certeza en el evangelio del agua y el Espíritu. Nacer de nuevo no es posible por cualquier otra cosa, solo creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
Como ha dicho nuestro Señor, si alguien desea nacer de nuevo del estado de picador, solo es posible por tener fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Aun si quisiésemos ofrecer a Dios un bloque de oro en lugar del evangelio del agua y el Espíritu, nunca seriamos capaces de nacer verdaderamente de nuevo. Dios nos dice que ni siquiera la buena obra, el sacrificio, la devoción o las cosas materiales de una persona, pueden hacer que esta nazca de nuevo. No importa cuanto sudor físico, cuantos problemas y esfuerzo ofrezca una persona a Dios, esa persona no puede recibir la salvación de sus pecados que él o ella han cometido. Un alma humana no puede escapar de los pecados por los esfuerzos de la carne.
Alguna gente puede pensar así: Como ha dicho el Señor, “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8), la gente puede pensar que nacer de nuevo es un proceso que uno no puede conocer como se logra y que es algo que solo Dios sabe. Sin embargo, ese es un pensamiento que viene por no conocer la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu que nos ha dado el Señor. Dios sabe todo de nosotros. Claramente Dios sabe si alguien ha nacido de nuevo o no de sus pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Dios planeó y permitió que la gente naciera de nuevo dentro del evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, la gente que todavía no ha escapado de sus propios pecados tiene una mala interpretación ya que no conocen la Verdad acerca de cómo nacer de nuevo creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Pero aún así, esta gente continua con la esperanza de un golpe de suerte, pensando que algún día nacerán de nuevo.
Cuando la gente escucha la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu por primera vez, algunas veces la rechazan, diciendo, “Las Palabras son ciertas, pero son distintas a lo que hemos aprendido hasta ahora. Si es así, ¿Qué hay con las palabras que hemos escuchado hasta ahora?” Sin embargo, después de escuchar el evangelio del agua y el Espíritu pos sí mismos, continúan diciendo, “Oh, ¿realmente desaparecieron mis pecados? ¡Ah! Estas palabras son el evangelio del agua y el Espíritu que me hacen nacer de nuevo de todos mis pecados.” Y podemos ver su felicidad. Pero, no existe mucha gente que comprenda y entienda de una vez por todas el evangelio del agua y el Espíritu, después de oírlo por primera vez. Así, algunas personas buscan otro camino, aparte del evangelio del agua y el Espíritu, para obtener la convicción de la salvación por todos sus pecados.
Por lo tanto, muchos Cristianos son prestos para pensar que las palabras, “nacer de nuevo,” “recibir salvación,” y “recibir la remisión del pecado” de algún modo son distintas. Si en algún momento fuese a preguntarle a una persona, “¿Has nacido de nuevo?” Entonces podrían responder que si han nacido de nuevo. Así, entonces, les preguntase, “Si es así, ¿has recibido la remisión del pecado, y por consiguiente, no tienes pecado?” Entonces muchos contestan, “He nacido de nuevo, pero no he recibido la remisión del pecado, así que ahora tengo pecados.” Verdaderamente es una respuesta cómica.
¿Tiene sentido que una persona habiendo nacido de nuevo y habiendo recibido la salvación de sus pecados aún los tenga? Si una persona ha recibido la salvación de sus pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, es un hecho que la persona ha nacido de nuevo y ha llegado a ser una persona justificada. Así, todas estas palabras “nacer de nuevo,” “recibir la salvación,” y “recibir la remisión del pecado” son lo mismo. En realidad la frase, nacer de nuevo, significa que una persona vuelve a ser hecha nueva al creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Recibir la salvación de los pecados significa que una persona, habiendo cometido sus pecados, se convierte en una persona que nada tiene que ver con los pecados. Todas estas frases difieren solamente en su apariencia, y si observásemos su significado, todas tienen el mismo significado. Una persona, habiendo tenido pecados, al recibir la remisión de los pecados al creer en el evangelio del agua y el Espíritu nace de nuevo. Nacer de nuevo significa que una vez en el pasado yo era pecador, pero ahora habiendo recibido la limpieza de los pecados, he llegado a ser una nueva persona justificada. Cundo salimos del vientre de nuestra Madre, éramos pecadores, pero nacimos nuevamente al escuchar el evangelio del agua y el Espíritu con nuestros oídos, llegando a conocerlo, y creerlo con nuestro corazón. Significa que aunque nuestros cuerpos y nuestra apariencia externa permanece igual, nuestro interior ha nacido de nuevo al creer en el evangelio del agua y el Espíritu.
¿Quién es el que mueve el viento? Es Dios. ¿Quién es el que levanta el viento, crea presiones atmosféricas altas y bajas, cambia el flujo del aire y el agua, agita toda la creación, y hace que los vientos se levanten con energía en esta atmósfera de esta tierra dentro de este universo? Es Jesús. Es por ello que si deseamos nacer de nuevo, debemos escuchar con nuestros oídos y creer en nuestros corazones la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Para hacer eso, debemos creer con nuestro corazón la Verdad de la salvación que vino por el evangelio del agua y el Espíritu.
La Verdad por la cual Dios nos salva de los pecados es el evangelio del agua y el Espíritu. Algunos Cristianos dicen que han recibido al Espíritu Santo mientras ofrecen oraciones, pero ese no es el verdadero Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el Espíritu es el Espíritu sagrado que entra en los corazones de aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu. Jesús tomó todos nuestros pecados cuando estaba recibiendo el bautismo por Juan el Bautista, y recibió el juicio por nuestros pecados sobre la Cruz. A partir de aquí, debido a que los pecados no existen dentro de nuestro corazón, recibimos como regalo al Espíritu Santo. El caso es que el Espíritu Santo solo puede entrar en los corazones de tales personas que han recibido la remisión del pecado.
En Génesis capitulo 1 versículo 2, dice: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.” Dios se mueve sobre la faz de las aguas. El Espíritu Santo no podía entrar en nuestro corazón debido a que estaba en desorden, lleno de oscuridad. Dios dijo, “Hágase la luz,” y la luz se hizo. Como tal, es posible para el Espíritu Santo entrar en nuestro corazón y estar junto a nosotros. Es por ello que Dios habita en nosotros por medio de nuestra creencia en el evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos ha dado. Así, al nacer de nuevo por creer en el evangelio del agua y el Espíritu, podemos estar unidos con Dios.
Con respecto a, “¿Como puede una persona nacer de nuevo de los pecados personales?,” nuestro Señor habló a Nicodemo. Él dijo, “Si una persona va a nacer de nuevo, la persona tiene que creer en el evangelio del agua y el Espíritu.” Entonces Nicodemo preguntó, “Si es así, ¿Cómo puede una persona nacer de nuevo por el agua y el Espíritu? ¿Acaso una persona tiene que entrar a la matriz de su madre y salir nuevamente?” Nicodemo entendía el nacer de nuevo como primeramente entrar en el vientre de su madre, y después salir del vientre una vez más. Es por ello que no tenía sentido. ¿Cómo podía la madre de Nicodemo hacer que su hijo entrara nuevamente en su matriz cuando su hijo era más grande que ella misma? El Señor reprendió a Nicodemo, “Eres maestro y rabino de Israel. Sin embargo, ¿no sabes estas cosas?”
En realidad, en el Cristianismo actual, muchos ministros que aún no han nacido de nuevo tratan de guiar a la gente. Dicho de otra manera, existen muchos líderes Cristianos como Nicodemo, un Fariseo. El titulo “maestro de Israel” normalmente era dado a un miembro del Sanedrín, el concilio de setenta y un sabios Judíos quienes constituían la Suprema Corte y el cuerpo legislativo en Judea durante el periodo Romano. Esta persona, Nicodemo, era uno de los miembros del concilio. Además, religiosamente, era un Fariseo. Desde una perspectiva secular, él era miembro del consejo del Sanedrín y un líder religioso. Así, él tenía conocimiento común, reputación moral y honor, pero no conocía el evangelio del agua y el Espíritu. Durante aquellos días, en la nación de Israel, existían los rabinos. Estos rabinos enseñaban a los Israelitas en lugares tales como las sinagogas. En otras palabras, ellos eran los respetados maestros de la nación de Israel. Aunque tenían suficiente escolaridad para enseñar a otros, no sabían y no saben acerca de nacer de nuevo. Como tal, aún en estos días y era, existen muchos falsos maestros como Nicodemo. Aún ahora, dentro del Cristianismo, existen muchos líderes Cristianos que gobiernan sobre las comunidades Cristianas sin el conocimiento del evangelio del agua y el Espíritu.
El nacer de Nuevo no acontece por las obras virtuosas realizadas por la persona. La gente tiene que saber que uno solamente puede nacer por fe. Una persona verdaderamente nace de nuevo cuando se da cuenta y cree en el evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios. Jesús le dijo a Nicodemo y a nosotros, “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Juan 3:12). La gente no se da cuenta hizo que todos nosotros naciéramos de nuevo de nuestros pecados por el evangelio del agua y el Espíritu. Así, aunque la gente no cree, y a pesar de de que Jesús les dice cosas terrenales, ¿como pueden entenderlo cuando Él nos dice cosas celestiales o de la vida de fe después de nacer de nuevo por el evangelio del agua y el Espíritu?
El Señor nos limpio de todos los pecados al recibir sobre Su cuerpo el bautismo de Juan el Bautista, al morir vicariamente sobre la Cruz, y al ser resucitado de entre los muertos. Finalmente, nuestro Señor le explicó a Nicodemo, usando la Palabra del Antiguo Testamento. “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:13-15). Al igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe el Hijo del Hombre ser levantado. Y, Dios hizo que aquellos que creen en Jesús sean levantados para recibir vida eterna.
Cuando nuestro Señor dijo, “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,” nuestro Señor estaba hablando del evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro Señor murió después de haber dicho, “Consumado es” (Juan 19:39). Se debe a que nuestro Señor tomó sobre Sí Mismo los pecados del mundo para poder ser crucificado y ser levantado del suelo. Cualquiera que estuviese sin pecado jamás podría ser colgado sobre la Cruz de madera de la maldición. Es por ello que nuestro Señor tomó todos los pecados de la humanidad de una vez por todas al recibir el bautismo de Juan el Bautista antes de ser crucificado sobre la Cruz. Así, Él lo hizo para derramar sangre sobre la Cruz como paga por todos los pecados de la humanidad para que la gente, que cree en Jesús como su Salvador, naciese de nuevo por el agua y el espíritu. Ahora, el Señor estaba enseñando esto a Nicodemo a través de las Escrituras.
Debido a que Nicodemo era un experto en el Antiguo Testamento, Jesús le dijo, “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Con este pasaje, Jesús le estaba diciendo que Él ha salvado a todos los seres humanos al recibir el bautismo de Juan el Bautista y al morir sobre la Cruz. En otras palabras, Jesús estaba hablando exactamente acerca de la salvación por el evangelio del agua y el Espíritu, y Nicodemo lo entendió.
La historia de las feroces serpientes en Números capitulo 21 es de la siguiente manera: El pueblo de Israel, viendo en el desierto, llego a desanimarse en el camino, y así, hablaron contra Jehová Dios y contra Moisés debido a lo difícil y a lo pesado del mismo camino. Por esto, Dios envió feroces serpientes para matar a estas personas. Aquellos que fueron mordidos por las feroces serpientes se hinchaban instantáneamente y morían con espuma en sus bocas, después de gritar en agonía durante un momento. Después de ver al pueblo de Israel muriendo en dolor después de haber sido mordidos por las feroces serpientes, Moisés, el líder de los Israelitas, oró a Dios. Cuado oró, “Querido Dios, salva a este pueblo,” Dios dijo, “Este pueblo habló tanto contra Mí que Yo, Yo Mismo, les estoy castigando.” Moisés rogó nuevamente, “Aún así, por favor salva a este pueblo, Dios.” “Bueno entonces. Si deseas salvar a este pueblo, coloca una serpiente de bronce sobra un asta, y levántala en alto. Y, dile al pueblo que cualquiera que la mire vivirá.”
Moisés entregó la Palabra exactamente como Dios le había dicho que la entregara al pueblo de Israel. Y ciertamente, cualquiera que mirara la serpiente de bronce colgada sobre el asta era curada del veneno. Al igual que la serpiente de bronce estaba levantada sobre un asta, nuestro Señor Jesús tomó sobre Sí Mismo la maldición por todos nuestros pecados por amor a nosotros al recibir el bautismo y al ser colgado sobre la Cruz de madera como maldición. En la Biblia, la serpiente representa a Satanás el Demonio. Para salvar a aquellos que creemos y que no teníamos otra opción mas que morir y recibir la maldición debido al pecado inyectado por Satanás el Demonio, nuestro Señor vino a esta tierra, tomó sobre Sí Mismo todos los pecados de la humanidad, dio vida eterna a cualquiera que crea en Su bautismo y derramamiento de sangre, igual que cualquiera que hubiese visto a la serpiente de bronce colgada sobre el asta era salvado. Así, Él concedió la gracia de nacer de nuevo a todos aquellos que creían de igual modo. Es el caso que Dios hizo que nuestro Señor tomase toda la maldición por los pecados de este mundo.
Escrito esta, “Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad” (Deuteronomio 21:22-23). También al Apóstol Pablo proclamó, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13). Jesús ha tomado sobre Sí Mismo toda nuestra maldición al ser bautizado y al ser colgado sobre la Cruz de madera.
Por recibir el bautismo, por morir en la Cruz, y por ser resucitado, Jesús ha salvado a todos los pecadores perfectamente. El Señor dijo que nadie ha ascendido al Cielo sino Aquel que descendió del Cielo, esto es, el Hijo del Hombre. Es el caso de que nuestro Señor abrió las puertas del Cielo por la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Debido a que nuestro Señor ha abierto las puertas del Cielo por primera vez al tomar todos los pecados de la humanidad y por ser colgado sobre la Cruz, quien sea que crea en Jesús como Salvador personal tiene capacidad para entrar en el Reino del Cielo por esa fe. El Señor nos ha salvado con el evangelio del agua y el Espíritu.
Escrito esta, “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado” (Juan 3:14). ¿Qué razón podría haber para que nuestro Señor fuese colgado sobre la Cruz? ¿Pecó Él como nosotros? ¿Es Él débil como nosotros? ¿Le falta algo como a nosotros? No es así. Sin embargo, nuestro Señor tuvo que ser colgado sobre la Cruz de la maldición de madera. Su acto de justicia fue para salvarte a ti y a mí de todos los pecados. Debido a que Él tomó todos los pecados de toda la gente de todo el mundo, al igual que los tuyos y los míos, en el Río Jordán para salvarlos a todos ellos, Él pudo pagar por todos sus pecados al ser crucificado. Y, Él ha hecho a aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu recibir salvación. Dios hizo que naciésemos de nuevo por el agua y por la sangre del Señor (1 Juan 5:3-7).
Uno puede nacer de Nuevo por el agua y el Espíritu cuando uno cree en el evangelio del bautismo de Jesús y en Su sangre sobre la Cruz (Juan 3:5). Los nacidos de nuevos se convierten en los hijos de Dios. El agua en Juan 3:5 se refiere al bautismo que Jesús recibió, y el Espíritu se refiere a la verdad de que Jesús, quién es Dios, ha salvado a toda la humanidad al venir a esta tierra en semejanza humana, tomando todos los pecados de la humanidad al recibir el bautismo, y al recibir el castigo por los pecados de la humanidad sobre la Cruz. Nuestro Señor nos ha salvado por el evangelio del agua y el Espíritu. Lo que significan estas palabras es que solo aquellos que han nacido de nuevo por el agua y el Espíritu pueden entrar en el Reino de Dios. El Señor nos ha salvado a ti y a mí de todos los pecados por el evangelio del agua y el Espíritu. Queridos compañeros creyentes, ¿creen esto?
Nacer de Nuevo del agua y el Espíritu se refiere a ser limpiado de todos nuestros pecados creyendo en el bautismo que Jesús recibió y en la sangre de la Cruz. Jesús es el verdadero Dios y la vida eterna (1 Juan 5:20). Y, Él, quién es Dios y es el Salvador, vino a esta tierra en semejanza humana, tomó los pecados de toda la humanidad al recibir el bautismo de y por Juan el Bautista, recibió la maldición al dar Su carne sobre la Cruz, borró todos los pecados del mundo al ser resucitado de entre los muertos en tres días, y proveyó para aquellos que creen en Él la entrada al Reino de Dios. Es por eso que se dice que nuestro Señor se ha convertido en el Sumo Sacerdote del Cielo.
El Señor dijo, “Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10:7). ¿Quién esta en la puerta del Cielo? Nuestro Señor esta ahí. ¿Quién abre la puerta? Nuestro Señor la abre. Para pasara a través de la puerta del Cielo, uno tiene que creer en la salvación que Jesús ha completado con Su bautismo y sangre. Aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu se les permite pasara a través de la puerta, pero aquellos que no han nacido de nuevo no se les permite pasara a través de ella. Aquellos que niegan la divinidad de Jesús o el agua que implica el bautismo de Jesús no pueden ni nacer de nuevo ni atravesar la puerta del Cielo. Sin embargo, aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu se les concede el Cielo, y disfrutan las bendiciones eternas y la felicidad al tomar parte en el Cielo. Esto no es otra cosa que el poder del evangelio del agua y el Espíritu.
Al igual que la serpiente de bronce que fue colgada en alto sobre un asta, al haber recibido el bautismo por Juan el Bautista, nuestro Señor vicariamente recibió el juicio el juicio por todos los pecados al ser colgado en alto sobre la Cruz. Esta es la Verdad del evangelio del agua y el espíritu. Creer en esta Verdad nos guía a la salvación de los pecados y a nacer de nuevo. Este evangelio es la salvación de la Verdad por la cual la humanidad puede recibir la remisión de pecados.
Queridos compañeros creyentes, ¿pueden ahora ver lo que es nacer por el agua y el Espíritu? Nacer de nuevo, atravesar por el renacimiento, ser renacido, convertirse en una nueva persona, ser salvo de los pecados, y convertirse en una persona libre del pecado después de haber tenido pecados,―todos estos son del mismo concepto concedido a quien sea que cree en el bautismo de Jesús y en la sangre de la Cruz. En otras palabras, la gente que cree en el evangelio del bautismo y de la sangre de la Cruz que Jesús nos ha dado.
Sin embargo, la gente en el mundo de hoy cree en Jesús sin saber acerca de esto. Entonces, ¿Qué tan triste es esto? Son tan hipócritas al creer en Jesús que verdaderamente es triste ver sus patéticos esfuerzos. Al igual que Nicodemo no sabía, los teólogos, los ministros, y los hombres de estos días ni siquiera saben acerca de nacer de nuevo por el agua y el Espíritu. En un mundo secular, ¿qué tan grande era Nicodemo? Y sin embargo, él no entendía en lo más mínimo la Palabra de Jesús. En la carne, él pudo haber sido un gran hombre, pero espiritualmente, él era un hombre ciego.
En Juan 3:1-21, escrita esta la conversación entre Jesús y Nicodemo. Jesús enseñó esas palabras para abrir los ojos de un hombre espiritualmente ciego. Solo entonces, Nicodemo percibió la Verdad, dijo, “¡Ah! Yo sabía que Jesús no era un hombre ordinario, pero realmente es cierto.” Después de este acontecimiento, Nicodemo fue capaz de abrir verdaderamente ojos espirituales y de poseer una verdadera fe. Ahora, este Nicodemo, se convirtió en un nacido de nuevo habiendo escuchado la Palabra de Jesús. Y así, cuando Jesús murió sobre la Cruz, este mismo Nicodemo vino a sepultar Su cuerpo trayendo una mezcla de áloes y mirras, cerda de cien libras. Entonces, Nicodemo junto con Jesús de Arimatea colocaron el cuerpo de Jesús en una tumba en la cual nadie había estado (Juan 19:38-41).
Queridos compañeros creyentes, nacer de Nuevo es perfeccionarse a si mismo en la salvación en el creyendo en el bautismo de Jesús y en Su sangre. Por medio de la fe que cree en el bautismo que Jesús recibió y en Su sangre de la Cruz, nacemos de nuevo. Jesús proporciono el nuevo nacimiento, y también, Él hizo posible que toda la gente del mundo naciera de nuevo. ¿Cómo hizo Él eso? Por la fe que cree en el bautismo que Jesús recibió y por el Espíritu – el agua, la cual me dice que mis pecados fueron pasados sobre Jesús cundo Él recibió Su bautismo de Juan el Bautista, y por el Espíritu, el cual me dice que Jesús ciertamente es Dios, Jesús proporciono el que nosotros naciésemos de nuevo por nuestra creencia en este evangelio del agua y el Espíritu.
En el Evangelio de Juan capitulo 1 versículos 1-3, se dice, “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” ¿Quién es Él? Él es Jesús quién nos ha salvado por el bautismo que Él mismo recibió y por la sangre que derramó sobre la Cruz. Jesús nos ha permitido nacer de nuevo por medio de la salvación que Él completó al venir a esta tierra en semejanza de hombre, recibir el bautismo, morir sobre la Cruz y ser resucitado.
En una ocasión, se dijo que una persona dijo francamente, “El agua es solo agua y una montaña es solo una montaña,” cuando se le dijo que el agua de Jesús que corresponde a esto ahora nos salva (1 Pedro 3:21). En lugar de quejarse de esa manera, es sabio escuchar la Palabra cuidadosamente y entonces creer en la Palabra si prueba ser cierta. Si no se escucha la Verdad de los justos que han nacido de nuevo por el agua y el Espíritu, ¿de quién escuchara esa persona esta Verdad? Los nacidos de nuevo quienes pueden enseñar la Verdad de que Jesús nos ha salvado de todos los pecados por haber recibido el bautismo de Juan el Bautista son muy pocos.
“Para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:15). Al creer en la Verdad, tú y yo hemos recibido vida eterna y hemos nacido de nuevo. Llegamos a nacer de nuevo creyendo en el Señor. Quien sea que cree que nuestro Señor ha salvado a los pecadores por el agua y el Espíritu puede nacer de nuevo. Esta es la Verdad. Así, si no crees en el agua y en la sangre de Jesús, no puedes disfrutar de grande efecto. Solo cuando crees en la Palabra de Dios, podrás disfrutar todas las promesas. Esta salvación, la cual fue completada con la venida de nuestro Señor a esta tierra en semejanza humana, recibió Su bautismo, murió vicariamente, sobre la Cruz, resucitó de entre los muertos, esto verdaderamente es la obra que Jesús ha realizado. Esta es la clara Verdad por la cual podemos vivir una vida eterna, nacer de nuevo, y recibir la salvación personal, siempre y cuando creamos. Es por ello que nuestro Señor dijo a Nicodemo, “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (Juan 3:12).
Queridos compañeros creyentes, ¿cual es la obra que Dios hizo en nosotros? La obra que Dios ha hecho es la salvación en Jesús que fue completada por Su bautismo y crucifixión. Él ha tomado todos los pecados del mundo por medio del bautismo que Él ha recibido, y recibió el juicio por nosotros al ser colgado sobre la Cruz y al derramar la sangre. La obra de crear el universo y todo lo que en el hay también es una obra que Dios ha hecho, pero Aquel que también ha realizado la obra de borrar los pecados de nuestras almas es precisamente Jesús, nuestro Salvador. El evangelio por el cual Jesús nos ha salvado de los pecados del mundo es el evangelio del agua y el Espíritu. Así que, la obra de Dios que nos salvó por el agua y el Espíritu de los pecados del mundo y de Satanás el demonio es la salvación que Jesús ha completado. La gracia de la salvación es tal, que todo lo que tenemos que hacer es creer en el agua y en la sangre que el Señor ha dado por nosotros.
Existen dos clases de gracia: La gracia común y la gracia especial. La gracias común dada por el Señor se refiere a la gracia de Dios en la cual Él nos ha dado el sol, el aire, todas las creaciones de la naturaleza, todas las plantas y la comida. Esta es una gracia concedida universalmente a todos, al justo al igual que al pecador. Sin embargo, la gracia especial es precisamente la obra en la cual Jesús vino a esta tierra en semejanza humana, recibió Su bautismo por Juan el Bautista, tomó los pecados del mundo, y borró todos esos pecados al ser colgado sobre la Cruz. El caso es que debemos recibir esta gracia especial para nacer de nuevo por el agua y el Espíritu y así recibir la salvación. Queridos compañeros creyentes, ¿creen esto?
Siempre que doy un sermón, ¿existió algún tiempo en que no compartiera acerca del bautismo de Jesús y la sangre de la Cruz? Nunca. Jesús nos ha salvado a todos nosotros por medio de esta gracia especial. En cualquier parte en la que abro la Biblia, ya sea el Libro de Génesis o sea el Libro del Apocalipsis, la conclusión es siempre la misma. Se debe a que la obra definitiva que Jesús, quién es Dios, ha hecho. En el pasado, antes de haber nacido de nuevo, yo vivía como si fuese un ángel de luz, habiendo sido engañado por el ángulo de la luz. Siempre que alguien tosía sangre, yo limpiaba la sangre. Cuando las heridas hervían y echaban pus, yo las succionaba con mi propia boca. Aunque en ese entonces no era un creyente nacido de nuevo, yo era una gran persona, que sobreabundaba con tal amor. Y por ello, los sacerdotes y las monjas Católicas no paraban de elogiarme, y me dieron una recomendación para asistir a un seminario Católico. Después supe que ellos al igual que yo lo hicimos debido a que el ángulo de la luz en ese entonces nos engaño. Así que, los ángeles falsos son muy poderosos. Sin siquiera saber que los falsos ángeles están listos para engañarnos, la gente habla de experiencias anormales como si fuesen grandes señales de parte de Dios. Sorpresivamente, existe mucha gente que cree en los engaños de los ángeles falsos, y que dice que los pecados se fueron después de ofrecer oraciones de arrepentimiento, y que dicen que cierta persona fue sanada después de haber orado y de imponer manos. Todos ellos son mentirosos. Tal es la gente que es como Nicodemo, antes de que él naciese de nuevo.
Es posible por de la Palabra de Dios que nuestro Señor nos ha salvado. Cuando creemos en el Señor que nos ha salvado por el evangelio del agua y el Espíritu, podemos recibir esa gracia especial de Dios. Las maravillas o los falsos milagros que ocurren alrededor del mundo y doctrinas o teorías provenientes de pensamientos humanos que son nada. Solo cree en el evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha convertido en aquellos que son salvos de los pecados, haciendo que ya no tengamos nada que ver con los pecados. ¿Crees en esto? ¿Acaso ya te has convertido en eso? Si, así es. Esto es lo que significa la salvación del agua y el Espíritu. Este es el evangelio que nos permite nacer de nuevo por el agua y el Espíritu. Verdaderamente yo doy gracias al Señor quién nos ha permitido recibir la salvación.
Me gustaría terminar ahora. Verdaderamente es decepcionante ver a muchísima gente en el mundo no sabe acerca de nacer de Nuevo por el agua y el Espíritu. Ahora, existe mucha gente que cree en Jesús, pero tan solo han pasado 500 años desde la explosión de la reforma. ¿Sabes lo que significa? Por favor no me digas que tu denominación tiene una historia de 2,000 años. Nosotros que ahora tenemos el evangelio del agua y el Espíritu podemos decir que tenemos la tradición de la fe que tiene 2,000 años de antigüedad. Se debe a que somos aquellos que tenemos la misma fe que los Apóstoles.
Al observar la historia del Protestantismo en todo el mundo, solo han sido 500 o 1000 años, la gente no conoce la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. En este mundo, sin embargo, entre los líderes famosos de cada denominación Cristiana. Aquellos que han recibido la gracia especial de nacer de nuevo por el evangelio del agua y el Espíritu son muy raros en el Cristianismo actual.
Por lo tanto debemos creer en el evangelio del agua y el Espíritu el cual ha creído la gente desde los días de los Apóstoles, e ir viviendo para compartir el evangelio por todo el mundo por la fe. Debemos darnos cuenta que el esparcir este evangelio del agua y el Espíritu es nuestra meta en la vida, y continuar llevando una vida en que nuestro corazón se esfuerce en esta obra.

El predicar el evangelio del agua y el Espíritu se ha convertido en la Gloria de nuestras vidas.