The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 6-1] (Gálatas 6, 1-10) Participad en todas las buenas obras de Dios

(Gálatas 6, 1-10) 
«Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga. El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe».
 

¿Les ha gustado la cena? Esta es la primera vez que no hemos realizado ningún evento deportivo en una de nuestras reuniones. Nuestros ministros y yo estábamos tan cansados que en cuanto llegamos a nuestras habitaciones caímos rendidos. Quizás estábamos demasiado estresados y cansados tanto en alma como en espíritu porque últimamente trabajamos muy duro para servir al Evangelio.
 

La razón por al que debemos participar en las buenas obras de Dios está clara

Gálatas 6, 6-7 dice: «El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará». El Apóstol Pablo nos dijo que quien es instruido en la Palabra debe participar en todas las cosas buenas con el que le enseña. Creo que si vivimos con una fe que entiende el significado de este pasaje, nuestras vidas de fe serán cómodas y maravillosas, como un barco que navega en aguas tranquilas.
Todos debemos participar en todas las cosas buenas con la Iglesia de Dios. En primer lugar, debemos compartir la fe de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Es muy importante que compartamos nuestra fe en el Señor y Sus obras con la Iglesia. Si los siervos de Dios o los santos que han recibido la remisión de los pecados no participan en todas las cosas buenas con la Iglesia, pueden encontrarse con muchas dificultades innecesarias. Dios nos ha ordenado que participemos en las cosas buenas con Su Iglesia y por tanto debemos unirnos a Dios poniendo nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos salva de los pecados. Los santos de Galacia no lo hicieron y por eso el Apóstol Pablo les reprendió.
 

Los que intentaron convertirse en el pueblo de Dios mediante la circuncisión

El Apóstol Pablo dijo: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6, 7). En otras palabras, si alguien cree que puede convertirse en un descendiente de Abraham si acepta tanto el Evangelio del agua y el Espíritu y la circuncisión física, su fe está equivocada. Dios nos ha salvado de tos los pecados a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, pero a pesar de ello, si tuviéramos que crear nuestro propio evangelio y creer en él, estaríamos cometiendo un grave error a los ojos de Dios. La fe de los santos de Galacia estaba muy equivocada, porque intentaban reforzar su fe y convertirse en el pueblo de Dios emulando la fe de los defensores de la circuncisión.
Los creyentes de las iglesias de Galacia no se salvaron gracias a la circuncisión física. Por tanto la fe de los defensores de la circuncisión estaba equivocada e ignoraba la gracia de Dios, que nos ha salvado de todos nuestros pecados de una vez por todas a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto deberíamos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón tal y como está escrito en la Palabra de Dios y deberíamos presentarnos ante Dios con esta fe. El problema de las iglesias de Galacia era que algunos de sus miembros creían que se salvaban del pecado mediante una fe falsa, en vez del Evangelio del agua y el Espíritu.
La palabra burlar en este pasaje significa «reírse de, despreciar o mostrar indiferencia». En otras palabras, Dios nos está diciendo que los que intentan convertirse en cristianos mediante la circuncisión están burlándose de Dios y despreciándole con su propia fe falsa. Como su fe se basa en la salvación que ellos han inventado, dicen que Dios no ha hecho nada por ellos.
Cuando tengo tiempo pienso en la misión por todo el mundo y otras obras de Dios. Mi corazón está completamente dedicado a difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Hoy mismo he tenido una discusión con mis compañeros ministros sobre cómo servir a este precioso Evangelio. Hay algunos proyectos que he estado preparando con la Iglesia de Dios para servir a este Evangelio de Dios. Si ustedes participan en estos proyectos conmigo están participando en la Gran Comisión y están siguiendo al Señor. En vez de decidir hacer algo por su propia cuenta, es indispensable que reflexionen sobre lo que pueden hacer para ayudar a la Iglesia de Dios a servir al Evangelio del agua y el Espíritu y participar en las obras por fe. Cuando nuestros corazones comparten la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu la obra de difundir el Evangelio se llevará a cabo rápidamente.
Como el Apóstol Pablo dice: «Haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye», todos los principios para servir al Evangelio están contenidos en este pasaje. Pablo también dice: «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo» (1 Corintios 11, 1). El Apóstol Pablo nos dijo que no le siguiéramos en el pecado, sino que participásemos en todas las buenas cosas y debemos hacerlo. Como la fe del Apóstol Pablo es la correcta, es justo que sirvamos al Señor como él, haciendo la obra de Dios con nuestros corazones unidos al Apóstol Pablo y esto es trabajar con Dios. Por eso el Apóstol Pablo nos dijo: «Haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye». Si entendemos esta Palabra y la seguimos, recibiremos bendiciones espirituales.
El Apóstol Pablo dejó claro que los justos debían creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y predicarlo, rechazando la fe falsa de los que defendían la circuncisión física por aquel entonces. Si el Apóstol Pablo nos dijo que participásemos en todas las cosas buenas, entonces, hoy en día, ¿qué debemos hacer? Nuestra responsabilidad está clara: debemos presentarnos ante Dios con corazones que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y meditando sobre este Evangelio verdadero todos los días, debemos unirnos a las obras de la Iglesia de Dios. Si tomamos una decisión después de consultar con los demás, lo que debemos hacer es poner en marcha todos nuestros recursos y compartir nuestro trabajo.
Hay algunos proyectos en los que estamos trabajando por fe para poder reunir los recursos económicos necesarios para difundir el Evangelio. De alguna manera parecen proyectos temerarios, pero su función no es la de cumplir las ambiciones de una sola persona, sino que lo estamos haciendo para difundir el Evangelio. Así que si todos participamos en estas obras, disfrutaremos de las bendiciones de Dios juntos. Cuando participamos en las buenas obras, servimos al Señor mejor y tenemos una fe más fuerte, y así recibiremos abundantes bendiciones. Si no participan de estas obras que lleva a cabo la Iglesia de Dios y se dedican a otra cosa pensando que Dios les ha dicho que hagan una cosa diferente, no podrán servir al Señor.
En los últimos años ha habido gente que nos ha dejado para dedicarse a cosas mundanas después de haber servido al Evangelio del agua y el Espíritu con nosotros. En realidad, dejaron la Iglesia de Dios porque no creían completamente en el Evangelio del agua y el Espíritu con nosotros. En realidad, esta gente denunciaba a la Iglesia de Dios porque no podían unir sus corazones con los justos, ya que no creían en el verdadero Evangelio.
De hecho si los siervos de Dios sirven al Evangelio del agua y el Espíritu, los santos deben seguir a sus líderes con fe. Aún así, ¿insisten los líderes siervos en que los santos den ofrendas? No, pero aún así para algunos es difícil vivir en la Iglesia de Dios. Esto se debe a que no creyeron de verdad en el Evangelio del agua y el Espíritu. La Iglesia les pidió que defendieran su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y lo predicaran.
Esperaban que la Iglesia de Dios les ofreciera alguna manera de satisfacer sus necesidades carnales, pero nosotros estábamos dedicados a nuestra misión, haciendo reuniones cada mes, predicando el Evangelio del agua y el Espíritu todos los días y viviendo por la justicia de Dios cada momento. Se fueron porque estaban cansados. Esto se debe a que cayeron en la tentación, pero los que se fueron de la Iglesia de Dios lo hicieron porque quisieron seguir su propia codicia y no quisieron estar en la Iglesia de Dios. Como su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu no estaba arraigada en sus corazones, se fueron de la Iglesia de Dios. Deberían haber participado en todas las cosas buenas con la Iglesia, escuchado el Evangelio del agua y el Espíritu con sus oídos y creído en él con sus corazones, pero no lo hicieron y por eso se fueron.
Ahora que estamos reunidos, ¿debería predicar repitiendo las palabras de filósofos irrelevantes como Sócrates, Platón, Nietzsche o Hegel? ¿De qué nos sirve escuchar las teorías de esta gente para vivir nuestra fe? No comentamos las corrientes culturales modernas ni la actualidad, sino que lo que hacemos es predicar en detalle lo que nos está diciendo la Palabra de Dios y participamos en las buenas obras de Dios. Sin embargo, el problema es que mucha gente no lo hace y vive su fe como quiere, por eso muere espiritualmente.
Los santos de las iglesias de Galacia vivían su fe por separado. Aunque el Apóstol Pablo no les había enseñado esto, los cristianos de Galacia interpretaron su fe y el Evangelio por su propia cuenta y creyeron de la forma que ellos escogieron. Por eso el Apóstol Pablo dijo: «Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema» (Gálatas 1, 9).
 

¿Cuál es el Evangelio que predicó el Apóstol Pablo?

Hace tiempo no sabía de qué hablaba el Evangelio predicado por el Apóstol Pablo. Pensaba: «En la Biblia están el Evangelio según Marcos el Evangelio según Mateo, pero ¿qué es este Evangelio predicado por Pablo? Es raro. Pablo dijo: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”, pero ¿significa esto que hay otro evangelio además del Evangelio de la sangre en la Cruz? ¿Era Pablo tan espiritual que el Evangelio en el que creía era diferente?».
Antes de nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu no conocía este verdadero Evangelio y sólo creía en la sangre de la Cruz. Sin embargo, cuando nací de nuevo, llegué a entender que el Evangelio predicado de Pablo era el Evangelio que contenía tanto el bautismo de Jesús como Su sangre derramada en la Cruz.
Cuando el Apóstol Pablo menciona el Evangelio, habla claramente del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios se complacía cuando los santos creían en el Evangelio predicado por Pablo y unían sus corazones con la tarea de Pablo de difundir este Evangelio, orar, creer y servir. Si tenemos esta fe, no hay ningún problema.
Sin embargo, la gente de las iglesias de Galacia siguió un evangelio diferente al Evangelio del agua y el Espíritu. Vivía con una fe basada en un evangelio inventado. Por eso estas personas acabaron perdiéndose cuando los defensores de la circuncisión llegaron a las iglesias de Galacia, a pesar de que el Apóstol Pablo había predicado el Evangelio del agua y el Espíritu en muchas ocasiones para ayudarles a corregirse.
Ahora debemos escuchar atentamente las palabras del Apóstol Pablo, participar en las buenas obras y vivir con fe teniendo la misma fe que Pablo. Como Dios nos ha dicho que participaramos en las buenas obras, si queremos servir al Evangelio del agua y el Espíritu, debemos compartir nuestros esfuerzos en la obra de Dios.
Estoy contento porque nuestros ministros no se quedan de brazos cruzados y copian los sermones de otros cuando llega la hora de dar su sermón. Nuestros ministros trabajan más que los santos. Es maravilloso que nuestros ministros sirvan al Señor en primer lugar y comparten todo con los santos, deseen predicar el Evangelio por todo el mundo en vez de limitarse a sus propias iglesias, obedezcan lo que Dios les dice y acepten Su voluntad, sigan esta voluntad del Señor y prediquen el Evangelio según esta voluntad y no por su propio interés. Es maravilloso que no haya nada por lo que discutir ni exaltarnos a nosotros mismos. Es bueno para nosotros ser fieles a la tarea que Dios nos ha asignado, sirviendo al Señor unidos con la Iglesia. ¡Qué maravillosas son nuestras vidas a los ojos de Dios!
Mis queridos hermanos, estamos haciendo la obra de Dios juntos. Cuando los predecesores de la fe obedecen y sirven la voluntad de Dios, ustedes deben rezar por esta obra y trabajar juntos. Para ello deben participar de todo corazón en la obra de Dios. Esto se debe a que Dios nos dijo que participásemos en las buenas obras. ¿No hacemos todas las obras para difundir el Evangelio en vez de para satisfacer nuestros propios deseos? En vez de decir: «Voy a vivir por el Señor. Señor, creo en Ti» y después vivir por nosotros mismos, deberíamos creer de corazón y ofrecernos para hacer la obra de Dios. El Apóstol Pablo estaba apoyando a todos los santos para que hicieran la obra de Dios juntos.
¿Se puede conseguir algo gracias a los pastores que suben al púlpito y gritan para que su congregación de más ofrendas? Por mucho que prediquen, sólo llegarán a construir una capilla en toda su vida.
En la Iglesia de Dios, por el contrario, los que han nacido de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu trabajan juntos para predicarlo por todo el mundo. Esta es la buena obra de Dios y todos debemos participar en ella juntos. Cuando participamos las buenas obras, todo funciona para el bien del Evangelio. Por eso debemos vivir nuestra fe dentro de la Iglesia.
 

Unirse a la buena obra de Dios es vivir con la fe correcta

Todos nosotros debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu individualmente para recibir la remisión de los pecados y debemos unirnos a la Iglesia de Dios si queremos servir al Señor, obedecer Su voluntad y vivir una vida de fe. Cuando recibimos la remisión de los pecados, debemos estar en la Iglesia de Dios. En otras palabras, cuando vemos cómo nuestros predecesores en la fe y la Iglesia toman una decisión y establecen la dirección a seguir, debemos caminar juntos con ellos. Los que acaban de nacer de nuevo sólo tienen que seguir a los que van delante de ellos. La verdadera vida de fe se vive siguiendo lo que la Iglesia de Dios establece como correcto y participando de sus decisiones. Debemos participar en la buena obra de Dios con fe. Este es el secreto de seguir la voluntad de Dios. Entonces Dios nos aprobará. Participar en las buenas obras es vivir una vida de fe correcta.
¿Es una fe correcta el tener que rezar mucho individualmente, tener visiones individualmente, entender la Palabra individualmente, y dar testimonio a los demás individualmente? No, no es correcta. Si la Iglesia de Dios tiene como meta predicar el Evangelio por todo el mundo según Su voluntad, entonces debemos participar en la obra de Dios juntos, para dedicarnos a predicar el Evangelio por todo el mundo. Los que no han recibido el Espíritu Santo no sirven al Señor por su propia voluntad, sino que al creer en Dios y confiar en la Iglesia, participan en las obras de la Iglesia con el tiempo. Así que cuando hablo del Evangelio con mis compañeros, hago saber mi opinión, pero cuando mis compañeros están en lo cierto, les doy la razón. Creo que, por encima de todo, es muy importante que estemos unidos con la obra de Dios.
Ahora estamos dedicándonos al evangelismo por todo el mundo exclusivamente y esto permitirá que cumplamos con nuestro ministerio de predicar el Evangelio rápidamente. Si trabajamos para encontrar recursos económicos podemos compartir el pan de vida con todo el mundo gratis. De lo contrario no sería posible. Participar en la buena obra de Dios para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu es vivir nuestras vidas de fe con éxito. Es fácil vivir con la fe correcta. Cuando la Iglesia de Dios reza por su ministerio, debemos rezar juntos y si podemos participar físicamente en sus obras, debemos trabajar juntos. Es justo que participemos en todas las buenas obras que la Iglesia de Dios lleva a cabo.
Dios nos pidió que participásemos en las buenas obras con los que nos enseñan Su Palabra y así podemos llevar una vida de fe correcta. No hace falta nada más para vivir con la fe correcta a los ojos de Dios. No podemos vivir una vida de fe solos, por muy devotos que seamos a la obra de Dios y por mucho que recemos individualmente. Si participamos en las obras de la Iglesia de Dios para difundir el Evangelio, es decir, si participamos en las buenas obras que complacen a Dios, nuestra fe crecerá.
 

El secreto del crecimiento espiritual

Nuestros corazones están contentos cuando participamos en las obras de Dios. Si lo hacemos, aunque estemos cansados físicamente, estamos contentos. En el capítulo primero de Lucas, se habla de que el bebé en el útero de Isabel saltó de alegría cuando su madre escuchó el saludo de María, que venía a contarle la buena noticia.
Así, cuando participamos en la obra de difundir el Evangelio, el Espíritu Santo se alegra en nuestros corazones. Mis queridos hermanos, probablemente no les pareció agradable la primera vez que se les dijo que dieran testimonio, pero cuando lo hicieron, vieron por sí mismos que el Espíritu Santo estaba contento dentro de ustedes, y por eso sus corazones también estaban llenos de gozo. Cuando participamos en la buena obra de Dios, nuestra fe en Dios se hace más fuerte. Los que participamos en la buena obra que complace a Dios viven con una fe mejor que la de los que leen la Palabra de Dios mientras rezan y ayunan durante tres días.
El Apóstol Pablo dijo aquí: «Haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye». Entonces todo lo que debemos hacer es participar en la buena obra de Dios. ¿Cuál es el lema de nuestra iglesia? ¿Qué hay escrito en nuestro boletín? Nuestro principal lema es: «Predicad el Evangelio por todo el mundo». El objetivo de nuestro ministerio es difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Y los otros dos lemas son: «Alardear de la herencia del Señor» y «Tened esperanza». El Señor nos dijo que no alardeáramos de nuestra fe ni nos entristeciéramos por ella, sino que alardeáramos del Evangelio del Señor. ¿No es sólo cuestión de tiempo que proclamemos el Evangelio por todo el mundo, tengamos paciencia y esperanza? Así que la verdadera vida de fe se vive cando predicamos el Evangelio por todo el mundo junto con la Iglesia de Dios con paciencia y esperanza.
Puede que algunos de ustedes se pregunten: «¿Cómo debo vivir mi vida de fe? ¿Por qué me resulta tan difícil seguir al Señor así? ¿Por qué soy tan insuficiente aunque intente ser mejor?». Si se encuentran con estas dificultades, han estado intentando vivir su vida de fe por ustedes mismos sin unirse a la Iglesia de Dios. Debemos participar en la obra de Dios de todo corazón. Entonces el Señor se alegrará y obrará para cumplir Su voluntad.
El Salmo 133, 1-2 dice: «Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras».
Las bendiciones de Dios recaen sobre los que viven en Su Iglesia y participan en Su buena obra. Si Dios ha hablado al siervo líder y lo ha bendecido, Sus bendiciones llegarán hasta todos con los que él ha compartido las cosas buenas. Por eso Dios dice: «¡Qué bueno y qué placentero es vivir juntos en unidad!». Nos está diciendo que estas bendiciones caerán sobre los que comparten.
Por tanto, todo lo que tenemos que hacer es compartirlo todo con la Iglesia de Dios. Si la Iglesia de Dios se dedica día y noche a proclamar el Evangelio del agua y el Espíritu, nosotros también debemos dedicarnos al Evangelio con la Iglesia. ¿Estaría contento Dios si dejásemos de predicar el Evangelio por todo el mundo y lo predicásemos sólo en Corea? No, no estaría contento. ¿Se alegraría el Señor si participáramos en lo que hace la Iglesia? No, no estaría contento.
Aprecio a todos y cada uno de los trabajadores de Dios. Creo que los santos que se unen a la Iglesia de Dios de corazón también son obreros de Dios. Los aprecio a todos. Sin embargo, no aprecio a los que no se unen con la Iglesia de Dios. Si alguien viene a esta reunión y me escucha predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y piensa: «Estoy cansado de oír hablar del “Evangelio del agua y el Espíritu” tantas veces», entonces le pido que se vaya a otra iglesia que le guste más. Cada vez que abro la boca sólo predico el Evangelio del agua y el Espíritu. Aquellos de nosotros que buscan algo más que el Evangelio del agua y el Espíritu deberían irse a otro sitio. ¿Por qué? Porque no están unidos para participar en la buena obra de Dios.
Somos siervos de Dios. El Señor nos ha salvado del pecado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Así que somos el pueblo de Dios que ha recibido la remisión de los pecados al creer en Su Palabra y participar en Su obra. Creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, participar en las buenas obras con los que predican la Palabra de Dios y vivimos en la Palabra de Dios juntos. El Señor nos ha dicho que se complace con nuestra labor de difundir el Evangelio por todo el mundo y por eso estamos dedicados a esta misión. El Señor no se complace con nuestros logros, sino que se complace al ver que nos ponemos una meta y la conseguimos gracias al Espíritu Santo.
Sin embargo, algunos pastores dicen: «Ese no es mi estilo de ministerio. He decidido que primero quiero aumentar el número de fieles hasta 30.000 y después empezar a difundir el Evangelio por todo el mundo». Un pastor dijo una vez que nunca construiría una iglesia nueva hasta que el número de fieles fuera de 10.000. Pero ¿es esta la voluntad de Dios? No, sólo quiere satisfacer los deseos de su codicia.
Al Señor le complace predicar el Evangelio. Los que se han unido a la Iglesia y tienen como meta predicar el Evangelio son los que están unidos a la voluntad del Señor. Aunque nuestra fe sea débil o fuerte, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu primero y alcanzar nuestra salvación. Esto es lo más urgente. Después debemos participar en las obras de la Iglesia de Dios. Eso es todo lo que tenemos que hacer; si alguien lo hace, tendrá éxito en su vida de fe.
 

Nunca es difícil participar en las cosas buenas

¿Hago hincapié en algo aparte del Evangelio del agua y el Espíritu? Estoy muy ocupado últimamente porque he empezado un negocio nuevo y paso la mayor parte del tiempo ocupado en él. Empezamos estos negocios porque tenemos que apoyar económicamente la difusión del Evangelio y por esa razón ustedes y yo participamos juntos en la buena obra de Dios.
¿No es así? Por supuesto que sí. No nos dedicamos al Evangelio porque seamos expertos en ciertos campos, sino porque queremos participar en las buenas obras. Decimos que algo es bueno o malo si beneficia o no a la difusión del Evangelio y determinamos toda nuestra política de actuación de acuerdo con esta condición. Sólo deben creer que la Iglesia de Dios quiere servir al Evangelio según Su voluntad y seguir los pasos de los siervos líderes. Entonces nuestras mentes estarán en paz. No pedimos nada más y por eso estamos cómodos al acercarnos los unos a los otros.
Sólo les pido una cosa: que crean que no hay otro Evangelio a parte del Evangelio del agua y el Espíritu. Todo el mundo debe recibir la remisión de los pecados al creer de todo corazón en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando nacemos de nuevo, debemos servir al Evangelio por fe. Dios se complace cuando difundimos el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo.
Por eso les pido que participen en la obra de la Iglesia de servir al Evangelio del agua y el Espíritu. Eso es todo lo que les pido. Como yo también soy un miembro de la Iglesia, trabajo en su ministerio evangélico y ustedes también participan en ellos por la misma razón. No hay otro objetivo en esta vida que el de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu.
 

Nuestro objetivo nunca cambia

Desde el principio hasta ahora, después de más de una década, no hemos cambiado el objetivo de nuestra Iglesia y nunca lo cambiaremos, aunque el cielo se nos venga encima. Así que le digo a todo el mundo con sinceridad: «La tarea de nuestra Iglesia es difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Quien participe en esta tarea es nuestro amigo y compañero». No hay otro objetivo en nuestras vidas a parte de proclamar el Evangelio. Pase lo que pase, vivimos por la gloria de Dios, viviendo una vida adecuada a la Palabra de Dios y viviendo en la Iglesia según la tarea que Él nos ha encomendado.
Es muy fácil unirse con un siervo líder. Todo lo que deben hacer es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, rezar por la difusión del Evangelio y participar en esta obra según el talento y la sabiduría que Dios les haya dado. Así es como se unen a los predecesores de la fe.
Recientemente, la Iglesia de Dios ha comprado un edificio. Lo compramos porque será beneficioso para el Evangelio, no por ninguna otra razón. Todos los ministros se pusieron de acuerdo para comprarlo. Decidimos comprarlo porque sería beneficioso para servir al Evangelio más efectivamente. Dios nos ha dicho que participemos en todas las cosas buenas y por eso, hagamos lo que hagamos, lo hacemos por el bien del Evangelio.
Aunque la vida de fe parezca difícil y complicada, es muy simple y sencilla. Debemos participar en todo lo que beneficie al Evangelio. Eso es todo lo que el Señor quiere de nosotros. El Señor nos dijo que creyésemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y por eso lo único que debemos hacer es creer en él de corazón. Dios nos pide a los que hemos sido salvados que creamos en el Evangelio del agua y el Espíritu como gente buena y fiel. Dios quiere predicar el Evangelio por todo el mundo y por eso nos pide que participemos en esta tarea y si lo hacemos nos llamará buenos y fieles.
No hay nada complicado aquí, ni ninguna razón para que nos importe lo que digan los demás. Dios nos ha pedido que participemos en todas las cosas buenas, y por eso debemos obedecer a nuestros predecesores en la fe y seguirlos, unidos con ellos por fe. Así podemos vivir con la fe correcta. ¿Es correcto ignorar a nuestros predecesores en la fe? No. Si ignoramos a los que han van delante de nosotros, también se nos ignorará a nosotros. Dios nos ha pedido que participemos en las buenas obras y estamos predicando el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, esta es la razón por la que nuestros predecesores en la fe están dedicados completamente a esta obra y nosotros también participamos en ella.
Mis queridos hermanos, ¿creen que es difícil vivir con fe? Puede que se hayan encontrado con muchas dificultades, pero a pesar de ello, en vez de pensar en sus problemas, deben cargar con su cruz y mirar hacia el Señor para seguirle. ¿Se encuentran solos en un mal momento o también los demás están pasando por un mal momento? Todo el mundo tiene malos momentos. Si piensan en ello, verán que nadie está libre de agobios. Cuando pasan por un mal momento, es fácil pensar: «Sólo yo estoy pasando por esto», pero si miran a su alrededor verán que todo el mundo está pasando por malos momentos.
Puesto que sólo encontramos consuelo en nuestra fe y que no hay nadie que esté libre de preocupaciones en la carne, todos tenemos ansiedades y miedos. Por eso Dios nos dijo que cargásemos con los problemas de los demás (Gálatas 6, 2). No hay por qué señalar con el dedo a nadie. Aunque todos debemos cargar con nuestra cruz, a veces debemos ayudar a los demás a cargar con la suya, apoyándonos y tendiendo nuestra mano. Ya seamos mejores o peores que los demás, debemos vivir nuestras vidas de fe de este modo.
 

Hubo un tiempo en el que yo también tuve problemas en cuerpo y Espíritu

Yo no trabajo para Dios porque sea fácil. No hay nadie que lo haga porque sea fácil. Yo también he pasado por muchas dificultades y problemas. Me he encontrado muchos obstáculos que no me permitían seguir hacia delante y he tenido que ignorarlos y seguir corriendo hacia el Evangelio.
Dios ha permitido que todo el mundo tenga problemas. En otras palabras, Dios permite estos problemas para que nadie se vuelva vanidoso si sirve al Evangelio con su propia fuerza. Cuando el Apóstol Pablo sufrió una enfermedad y rezó sin cesar 3 veces para que Dios le curara, el Señor le dijo: «Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12, 9). En otras palabras, el Señor ha permitido que tengamos problemas en nuestras vidas para que seamos humildes y nos demos cuenta de que somos insuficientes.
Por eso cuando los santos pasan por alguna dificultad, sus predecesores de la fe deben ayudarles, reprenderles si deben ser reprendidos, pero también deben mostrar compasión si deben ser consolados. No debemos acusarnos los unos a los otros, diciendo: «Este chico no tiene solución». Quien señala a alguien, tiene a diez personas más señalándole a él.
Y no importa que algunos trabajadores tengan debilidades, porque si participan en nuestras buenas obras, son muy valiosos. Todavía hay un problema más grave, que es el no participar en la buena obra dentro de la Iglesia de Dios. Si algunos santos son demasiado orgullosos para vivir en la Iglesia de Dios e intentan vivir sus vidas de fe a su manera, deben ser reprendidos para que se arrepientan. Pero, si de lo contrario, viven en la Iglesia de Dios, debemos apreciarlos aunque sean insuficientes. Así se guía a alguien.
Si Dios nos ha dicho que participemos en las cosas buenas, ¿podemos ignorar la jerarquía espiritual dentro de Su Iglesia? Si ignoramos la jerarquía establecida, el Evangelio del agua y el Espíritu no podrá ser difundido. Por eso si quieren participar en las buenas obras, deben participar en la jerarquía establecida por Dios. No deben abandonar por culpa de las dificultades, ni ser vanidosos y decir: «Miradme. Soy mejor que vosotros», sólo porque les resulte fácil. Por el contrario, ya sean insuficientes o tengan talento en la Iglesia de Dios, deben participar en las obras que Dios les ha encomendado y servir al Evangelio junto con sus predecesores. La voluntad del Señor para nosotros es que compartamos las cosas buenas y busquemos el bien para el Evangelio sin importar lo que pase; así no hay razón para abandonar la obra de Dios cuando nos sintamos insuficientes, ni para sentirse superior a nadie. Aunque tengamos personalidades diferentes, el Señor quiere que participemos en Sus buenas obras dentro de la jerarquía establecida.
De hecho, si servimos al Evangelio de cualquier manera y la voluntad del Señor se cumple de cualquier manera, nos regocijamos aunque nuestro orgullo se venga abajo. Ya estemos tristes o contentos, regocijándonos o sufriendo, debemos confiar en el Señor, mirar hacia Él y completar la carrera. Tenemos que confiar en que el Señor resolverá todos nuestros problemas, poner nuestros ojos en Él, rezarle y correr con fe.
La Biblia dice: «¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?» (Amos 3, 3). Si estamos unidos en las buenas obras de Dios, aunque nos reunamos después de haber trabajado lejos durante mucho tiempo, seguiremos estando unidos y felices por hacer cualquier cosa que contribuya a cumplir la voluntad de Dios. Aunque trabajemos duro, estamos felices si estamos unidos en esta tarea. Si no estamos unidos, nuestros corazones no están felices.
Me siento incómodo cuando estoy delante de alguien que no participa en las buenas obras de Dios. Dios también se siente incómodo con estas personas. Dios las reprenderá diciendo: «¿De verdad os importo? ¿Queréis vivir según Mi voluntad o por vosotros mismos?». El Señor lo sabe todo. Sabe que somos insuficientes, así que no hay nada más que decir aparte de: «Señor, soy insuficiente. Pero aún así me has salvado de mis pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, me has hecho parte de Tú pueblo y me has pedido que haga la obra que te complace. Voy a hacer mi parte en esta obra». No tenemos nada más que decir. Llevar una vida de fe correcta no es difícil, sólo tenemos que hacer esto.
Cuando participamos en las buenas obras, vemos cómo crecemos espiritualmente y físicamente. También tendremos más conocimiento y sabiduría en nuestros corazones y estaremos llenos del Espíritu Santo. Como participamos en las buenas obras, vemos estas mejoras espirituales; si no trabajamos juntos, no habrá bendiciones.
Sólo porque ustedes piensen: «Voy a ser más espiritual» y lean la Biblia y recen todo el día, ¿serán más espirituales? Deben participar en la obra que complace al Señor, rezar juntos por la obra del Evangelio del agua y el Espíritu, trabajar juntos cuando se les pida y luchar juntos cuando haya que hacerlo. Esto es participar en las cosas buenas. Un hombre de fe quiere participar en todas las cosas buenas. Su fe crece rápidamente y recibe bendiciones en la carne. Probablemente les haya pasado esto.
Dios bendice a los que, después de nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, participan en las buenas obras con fe. Si alguien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y participa en las buenas obras ante Dios, está honrando a Dios. Si, por el contrario, alguien dice que sirve al Señor y le es fiel, pero en realidad no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, ni participa en las buenas obras, está burlándose de Dios, quien dijo claramente que nadie debía burlarse de él. Aún así hay gente que se burla de Dios y esto significa dejarlo en ridículo y reírse de Él. Si alguien que no ha unido su corazón con la obra de Dios dice: «He vivido por Ti, Señor», entonces está burlándose de Dios e intentando engañarle.
Dios también se ríe de esta gente. El Señor nos ha salvado mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, si no creemos en él nos estamos burlando de Dios. Está escrito: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gálatas 6, 7). Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, estaremos salvados. Y si confiamos en Dios y participamos en la buena obra de difundir el Evangelio, recibiremos las bendiciones de la fe, y seremos bendecidos en cuerpo y en espíritu. Probablemente hayan vivido esta experiencia, es decir, hemos recibido las bendiciones de Dios cuando participamos en Su obra. Cuando alguien participa de todo corazón en la obra del Señor por fe, Dios le libra de sus insuficiencias de muchas maneras y le ayuda. Debemos participar en la buena obra. No debemos fingir que estamos participando. Es difícil vivir por el Evangelio si todavía vivimos según la carne. Sin embargo, cuando nos unimos a la Iglesia, estos deseos de la carne desaparecen, y podemos probar el gozo y vivir según la voluntad del Señor por fe.
Cierto ministro me dijo una vez: «He tenido estos problemas y estoy cansado de trabajar en mi ministerio». Pero alguien que participa en la obra de Dios no debe hablar así. Como Jesús dijo: «Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lucas 9, 23), todos tenemos problemas. ¿Hay alguien que no tenga problemas? Quien no tenga problemas no está del lado del Señor. Todo el mundo tiene problemas.
Al participar juntos en las buenas obras, nos amamos y respetamos los unos a los otros. Aunque todos seamos diferentes, tenemos un solo deseo: el de servir al Señor, y por tanto podemos dejar de lado nuestro orgullo. Como Dios dice: «Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados» (1 Pedro 4, 8), si estamos unidos en la tarea de servir al Evangelio, todos nuestros pecados serán enterrados.
Mis queridos hermanos, ¿son sus vidas de fe fáciles o difíciles? Cuando deciden participar en la buena obra de Dios con fe en el Evangelio del agua y el Espíritu resulta fácil. Sin embargo, si deciden a vivir sus vidas de fe según sus circunstancias como quieran, será muy difícil seguir con sus vidas de fe. ¿Prefieren este tipo de vida, una vida de fe con muchos problemas, donde los problemas se suceden sin cesar? Si no es asi, deben decidirse y hacer todo el recorrido por fe.
Puede que ustedes piensen que son los únicos que tienen problemas, pero ¿hay alguien que esté libre de problemas? No, todo el mundo tiene problemas. Yo también tengo problemas. Pero, por otro lado, no tengo problemas de verdad. Esto se debe a que confío en Dios. ¿Qué puedo hacer si no puedo resolver ninguno de mis problemas por mí mismo? Tengo problemas precisamente porque no puedo resolverlos, pero confío en el Señor para que resuelva mis problemas. Entonces hago mi parte en la obra que le complace al Señor.
Así debemos seguir adelante. Estar devastados no nos sirve de nada y por eso, en vez de autocompadecernos, debemos confiar en el Señor y participar en la obra que complace al Señor. Esto es una bendición. Si participamos en la obra de Dios con fe, podemos vivir gracias a la fuerza que el Señor nos da y las bendiciones que nos hacen producir frutos abundantes para Su obra justa. Vivir con fe es estar bendecido en cuerpo y mente. Por eso estamos tan felices viviendo en Su Iglesia.
¿Qué gozo podemos encontrar en nuestros corazones si no hemos nacido de nuevo? ¿Qué otra cosa nos puede hacer felices en este mundo decadente? A no ser que recibamos la remisión de los pecados, todo lo que nos espera son más arrugas en la cara. Si no han recibido la remisión de los pecados, la vida no tiene sentido a no ser que tengan fe para participar en la obra de proclamar el Evangelio. ¿Cómo podemos estar contentos si nuestra vida no tiene sentido ni tenemos esperanza? ¿Qué gozo hay en la vida si no servimos al Evangelio? No hay ningún gozo. La gente se obsesiona e intenta escapar de sus vidas aburridas y sin sentido porque no encuentran algo que le de sentido a sus vidas Nosotros, los nacidos de nuevo, estamos contentos en nuestros corazones porque estamos sirviendo al Evangelio.
Mis queridos hermanos, ¿están cansados? Yo también estoy cansado. Pero ¿todavía creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? Yo sé que todavía creen. Espero que sigan teniendo fuerzas con esta fe y sigan participando en la buena obra que proclama el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Participan en esta valiosa misión? Si es así, están bendecidos. Una vida de fe correcta no sólo consiste en frases vacías, sino que es una vida con una sustancia real. Para que todas sus preocupaciones y ansiedades desaparezcan, deben confiárselas al Señor. Cuando ponen todas sus preocupaciones a los pies del Señor, les dirá que ya no deben preocuparse por ellas. Si hacemos lo que le complace al Señor, hará que prosperemos y nos cuidará.
Cuanto más tiempo sigamos con nuestras vidas de fe, más insuficiencias serán reveladas. Les digo esto para que reflexionen sobre el Evangelio del agua y el Espíritu cuando se den cuenta de sus insuficiencias. Piensen en este Evangelio en sus corazones y participen en la buena obra de Dios. Entonces Dios se ocupará de todos sus defectos y los solucionará a través de alguna persona, sea quien sea.
Cuando se ponen judías secas en un mortero para machacarlas, algunas judías se salen del mortero inevitablemente. Entonces se machacan primero las que están en el mortero y después se recogen las que se han salido para machacarlas. Entonces algunas judías se saldrán otra vez. Así que hay que meterlas otra vez en el mortero y en vez de machacarlas con fuerza, se aplastan para que no se salgan otra vez. ¿No seria muy doloroso que nos aplastaran y nos machacaran?
Dios quiere machacar nuestros egos y hacerlos polvos para hacernos criaturas nuevas, así que si seguimos saliéndonos y volviendo a nuestra antigua actitud, acabaremos siendo aplastados con mucho dolor. Como el Señor está vivo, acabará aplastando a los que no quieren nacer de nuevo y ser buenos instrumentos para el Evangelio de Dios. Dios nunca abandona hasta que cumple todo lo que se propone.
¿Alguno de ustedes está sufriendo? Entonces deben reconocer que Dios está refinándoles para ser Sus instrumentos. Si esto no se consigue a la primera, nuestro Señor seguirá refinándoles hasta que les haga instrumentos Suyos. ¿Por qué? Porque Dios les ama. Yo también tenía muchas deficiencias como siervo de Dios, pero Él me moldeó hasta ser quien soy ahora, pero primero fui aplastado, pisoteado y machacado por Dios. Puede parecer que mi corazón se ha endurecido después de ser tratado así, pero Dios me hizo darme cuenta de que: «Dios está haciendo esto porque me ama y quiere que participe en Su obra». En vez de endurecerme, cuantos más problemas me encontraba, más humilde me hacía. Al final concluí: «Prefiero ser el portero en el Templo de Jehová a vivir en cualquier palacio». Y empecé a creer que era mejor vivir un día en el Reino de Dios que mil años en este mundo.
Cuando mi corazón aceptó que era una bendición servir al Señor, sentí tanta paz en mi corazón que desde entonces la obra del Señor se convirtió en mi obra y todo lo que era bueno para el Señor, era bueno para mí. Ahora estoy contento porque tengo una fe enérgica después de pasar por muchos problemas. Pero hasta que llegué a este punto, tuve muchos deseos carnales y me preguntaba: «¿Qué comeré? ¿Qué beberé? El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad. Por eso tengo que predicar este Evangelio Pero ¿cómo puedo ganar dinero para comprar una iglesia grande y predicar el Evangelio al mismo tiempo?». Sin embargo, el Señor me llenó tanto que mi corazón empezó a confesar: «Señor, si no me bendices, ni me das un gran edificio, estaré agradecido si me dejas servirte». Entonces mi corazón se llenó de paz. Pero antes de que esto sucediera, mi felicidad y mi infelicidad solían depender de mis circunstancias.
Creo que el Señor obrará en ustedes de la misma manera y por eso les dejo en paz. Si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, les dejo en manos de Dios. Los que no están rotos todavía, lo estarán pronto. Si se convierten en pastores, Dios les romperá en la medida que estime oportuna. Recibirán disciplina tarde o temprano y por eso les dejo en manos de Dios. Es más difícil volver a ser disciplinado de nuevo cuando se les da más responsabilidad, pero aún no tienen suficiente disciplina. Así que es mejor que se nos enseñe en el momento adecuado.
Está escrito: «El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye» (Gálatas 6, 6). Aunque esto que dijo el Apóstol Pablo parece simple, este es un pasaje muy importante. Hemos planeado cómo vamos a servir al Evangelio de Dios, pero no tenemos la fuerza para cumplirlos. Sin embargo, como nuestro Señor nos dijo que participásemos en todas las cosas buenas y como creemos que el Señor estará con nosotros, encontramos nueva fuerza para servir al Evangelio de Dios. El ministerio de difundir el Evangelio es también suyo. Si Dios está con ustedes, no deben tener miedo. Yo también participaré en Su buena obra. Les pido a todos ustedes que participen en esta obra.
La vida de fe es sencilla. No hay que preocuparse de nada, ni tener miedo. En vez de intentar hacer la obra de Dios a su manera, trabajen juntos con sus predecesores como se les ha enseñado en la Iglesia de Dios. Esto es mucho más efectivo que intentar hacerlo por su propia cuenta.
Si llevan a cabo la obra de Dios de forma independiente e individual y aún así trabajarán más y la obra no se completará. ¿Durante cuánto tiempo pueden llevar a cabo la obra de Dios con éxito de esa manera, confiando en su propio esfuerzo? ¿No trabajarían mucho por sí mismos para acabar muriendo?
Nos fortalecemos si participamos en la buena obra de Dios juntos. Por muy fuerte o decidida que sea una persona, si intenta hacer la obra de Dios por su cuenta, acabará devastado y sin conseguir nada. Sin embargo, si nos unimos en el Evangelio el agua y el Espíritu y trabajamos juntos por la obra de Dios, encontraremos las fuerzas para cumplir Su obra. Si no trabajamos juntos, no tenemos fuerza.
Les pido que participen en la buena obra del Señor. Creo que lo harán. Rezo al Señor para que les bendiga a todos los que participan en Su buena obra.