The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 6-2] (Gálatas 6, 1-10) Debemos abandonar la fe en las oraciones de penitencia nosotros mismos al darnos cuenta de que es incorrecta

(Gálatas 6, 1-10)
«Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga. El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe».
 
 
He tratado algunos temas del Libro de Gálatas, pero para un examen más a fondo de este libro tengo que dar más sermones porque la Palabra de Gálatas está llena de lecciones espirituales que debemos tratar.
El contexto en el que el Apóstol Pablo sintió la necesidad de escribir esta Epístola a los gálatas es el siguiente: había algunos defensores de la circuncisión en las iglesias de Galacia que venían del judaísmo y que estaban confundiendo la fe de los que creían en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso el Apóstol Pablo dijo: «Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo» (Gálatas 1, 11-12), y también se describió como «apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)». El Apóstol Pablo dejó claro que ni su Evangelio ni su título de apóstol provenían del hombre, sino de Dios.
Pablo confesó que fue crucificado con Cristo y resucitado con Él. Dijo: «Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos» (Gálatas 3, 27). En otras palabras, el mensaje esencial de Pablo era que al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu recibimos el bautismo espiritual para morir con Jesucristo y recibir una vida nueva.
Cuando leemos el Libro de Gálatas, debemos conocer y entender la situación de las iglesias de Galacia en aquel tiempo y comprender que Pablo hablaba de la fe falsa de los defensores de la circuncisión. Su fe falsa ha llegado hasta nuestros tiempos y el resultado de su evolución es la fe de las oraciones de penitencia. Los cristianos de hoy en día creen que sus pecados se borran si ofrecen oraciones de penitencia, pero Pablo dejó claro que esta fe era incorrecta.
Debemos darnos cuenta de que el Evangelio que Pablo predicó es el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, quien quiera conocer a el Salvador, Jesucristo, debe conocer primero el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos morir con Jesucristo y resucitar con Él. Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden vivir con fe según este Evangelio durante toda su vida.
Mientras interpretaba y predicaba el Libro de Gálatas, me acordé de cómo los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos recibido tremendas bendiciones de Dios. La Epístola a los gálatas es la Palabra de Verdad que nos demuestra que hay falsedad en la fe de los cristianos de hoy que dicen que pueden borrar sus pecados mediante las oraciones de penitencia. Esta Palabra se escribió originalmente para explicar por qué la fe legalista, que provenía del judaísmo y que estaba afectando a los creyentes de la Iglesia Primitiva, era incorrecta, pero también para exponer la falacia de la doctrina del arrepentimiento que muchos cristianos de hoy en día defienden.
Difundir la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es un ministerio inmensamente importante para nosotros, y también lo es destacar las falsas creencias de la gente. Si Dios no hubiera escrito el Libro de Gálatas, no habría sido posible darnos cuenta de por qué las oraciones de penitencia son una falacia. En otras palabras, sin el Libro de Gálatas, no podríamos haber demostrado que la doctrina de las oraciones de penitencia es incorrecta. En ese caso no podríamos guiar a la gente hacia la fe correcta que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, afortunadamente tenemos la Palabra de Verdad que nos permite diferenciar lo que es correcto de lo que está mal.
Antes de todo debemos entender la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Todos nos daremos cuenta de que es un pensamiento falso pensar que los pecados se borrar al ofrecer oraciones de penitencia. Al poner por ejemplo la fe incorrecta de los defensores de los defensores de la circuncisión, el Apóstol Pablo está explicándonos la falacia de las oraciones de penitencia. ¡Qué afortunados somos de que el Apóstol Pablo está resaltando la contradicción de las oraciones de penitencia y de que nos la esté explicando! Nosotros también podemos explicar a los cristianos de hoy en día que se adhieren a la fe falsa de las oraciones de penitencia los errores de su fe. Como los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos probado que la falacia de la doctrina de las oraciones de penitencia es mucho más fácil difundir este verdadero Evangelio.
En el último capítulo de Eclesiastés, la Biblia dice: «Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne» (Eclesiastés 12, 12). Esto es así porque nuestro ministerio literario no termina. Una vez empezamos con este ministerio, debemos distribuir los libros a su debido tiempo. Las palabras coloquiales se pueden corregir y no importa si las oraciones son simples, siempre y cuando la gente las pueda entender. Pero la escritura requiere un uso más formal del lenguaje para asegurarse de que la expresión refleja el significado exacto de lo que queremos transmitir. Las oraciones toscas pueden hacer que los lectores no entiendan el significado correctamente. Por eso escribir es un trabajo tan duro.
Sin embargo, este ministerio literario es absolutamente indispensable y por eso estamos publicando libros. Estoy seguro de que el ministerio literario es la forma más efectiva de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Y estamos felices y agradecidos porque Dios nos ha confiado Su obra. El ministerio literario es muy útil para difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que no debemos ser perezosos con esta obra y debemos dar gracias a Dios por habernos encomendado Su obra.
La tierra no cultivada recibe el nombre de barbecho. En ella crece mucha mala hierba. Para poder cultivar de nuevo en una parte de tierra que ha estado en barbecho durante muchos años, el granjero debe ararla primero, después quitar la mala hierba, los arbustos y las espinas. Si siembra las semillas sin hacer esto antes, las semillas no echarán raíces por culpa de los arbustos y las espinas, y si alguna semilla llega al suelo y echa raíces acaba estando rodeada de arbustos y se marchita.
Así, si queremos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo, no podemos sembrar el Evangelio en los campos de los corazones de la gente que están sin arar. Por eso los corazones de la gente son como tierra en barbecho, llena de falsas doctrinas, y así si la semilla de la vida, el Evangelio del agua y el Espíritu, se siembra en esta tierra, morirá, por muy buena que sea. Por eso cuando intentamos cultivar en el campo de la fe, primero debemos arrancar las creencias religiosas falsas y entonces sembrar la semilla del Evangelio del agua y el Espíritu. Nosotros hemos pasado por este proceso y predicado el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo muy metódicamente hasta este día.
A través de los sermones sobre el Tabernáculo hemos testificado con gran detalle que sólo el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad. Así, sólo si explicamos en detalle por qué la fe de los cristianos de hoy es falsa, ellos podrán aceptar nuestras enseñanzas y volver a la fe correcta. Por tanto, debemos explicar cómo la fe correcta se desvió y demostrarles que el Evangelio del agua y el Espíritu es correcto en todos los idiomas del mundo. Cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu debemos señalar las falacias de su fe en detalle. Esto se debe a que, aunque alguien se desvíe en sus actos, nadie debe desviarse de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Así que me gustaría dejar claro que la fe de los cristianos de hoy es incorrecta, porque intentan recibir la remisión de los pecados al ofrecer oraciones de penitencia. También quiero dejar claro que a través de su fe incorrecta no pueden borrar sus pecados a los ojos de Dios. Creer en las oraciones de penitencia es tener una fe falsa como la fe de los defensores de la circuncisión en las iglesias de Galacia que afirmaban que había que circuncidarse para ser el pueblo de Dios. Debemos explicar la falacia de la doctrina del arrepentimiento a todo el mundo, y debemos sembrar la semilla del Evangelio del agua y el Espíritu en aquellos que lo aceptan. Sólo entonces podremos sembrar la semilla correctamente y esta germinará, crecerá y dará fruto. Aunque este trabajo es duro, cuando miramos los frutos de nuestro trabajo inevitablemente damos gracias a Dios.
Cuando leemos el Libro de Gálatas podemos entender la diferencia fundamental entre el verdadero Evangelio y los falsos evangelios y por eso es muy útil para nuestras vidas de fe. A través del Libro de Gálatas hemos progresado en la fe. El Señor nos ha enseñado a darnos cuenta de cómo aparecieron los otros evangelios. Creo que Dios nos ha bendecido en Su Iglesia y que nos ha permitido diferenciar el verdadero Evangelio de los falsos y estar protegidos contra estos últimos.
Hay un orden en todas las cosas. Cuando alguien construye una casa, primero pone los cimientos y luego pone los ladrillos o levanta pilares. Así también hay un orden en la obra de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Un predicador del Evangelio no sólo debe predicar de la manera que él escoge, sino que debe explicarlo paso a paso para asegurarse de que todo el mundo lo entiende. En otras palabras, debemos cambiar la fe de la gente y sus corazones paso a paso y a su debido tiempo.
Para ello, en primer lugar, debemos tener el suficiente conocimiento de la Biblia; en segundo lugar, debemos explicar el Evangelio de la manera adecuada a nuestro público; y en último lugar, debemos esperar a que dejen atrás su fe falsa por sí mismos y vuelvan al Evangelio del agua y el Espíritu. Y debemos unir nuestros corazones con los que vuelven al Evangelio del agua y el Espíritu para compartir nuestra fe común en la Verdad y guiar a más gente hacia la Verdad.
Estoy contento de que podamos hacer estas cosas. Estoy agradecido porque Dios nos ha permitido predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo y por haber llevado a cabo estas obras a través de Su Iglesia.
 

Curemos de su fe falsa a los que no creen

Leamos Gálatas 6, 1: «Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado».
Aquí el Apóstol Pablo está concluyendo su epístola. Tras haber destacado la fe falsa de los defensores de la circuncisión, Pablo concluye su carta con una advertencia a los santos. Las palabras de Pablo se refieren a los defensores de la circuncisión. Por eso dijo: «Si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre» (Gálatas 6, 1). Cuando tratamos con los que tienen creencia falsas, en vez de echarlos, debemos hacerles darse cuenta de sus errores, enseñarles la Verdad y reprenderles con delicadeza.
Pablo dijo: «Considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado». Dijo esto porque cualquiera de nosotros puede ir por el mal camino. De hecho, si Dios no enseña Su Palabra a través de Su Iglesia nuestra fe puede desviarse. Las debilidades de un santo no son el problema por sí mismas, puesto que el Señor Jesús las puede resolver todas. El mayor pecado a los ojos de Dios es corromper Su Palabra y difundir creencias falsas.
De hecho, si alguien interpreta la Palabra de Dios sin reconocer el Evangelio del agua y el Espíritu, puede llegar a añadir sus propios pensamientos a la Palabra de Dios y malinterpretarla debido a su conocimiento incorrecto. Por eso los pecadores cristianos enseñan la Palabra de una manera incorrecta. Esto es más que suficiente para corromper el Evangelio del agua y el Espíritu, sin embargo, Dios no quiere dejar a esta gente sola. Así que al levantar a hombres de fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y nombrarles siervos Suyos en Su Iglesia, Dios está protegiendo la Verdad del Evangelio para que no se corrompa. Así es cómo Dios se asegura de que Su Iglesia sigue el camino espiritual correcto y la inspira para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo.
Como el Apóstol Pablo dijo: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo» (Gálatas 6, 2), debemos sobrellevar las cargas de los demás. Si hacemos algo mal, debemos corregirnos los unos a los otros y debemos cumplir la ley de Cristo al unirnos los unos con los otros. Para eso debemos compartir la verdadera fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos ayudar a muchas almas a que sean salvadas del pecado y a que ellas mismas prediquen el Evangelio a más gente, para que todo el mundo sea salvado. Cuando Pablo nos dijo que sobrellevásemos las cargas de los demás, se refería a que debemos ayudarnos en la tarea de predicar el Evangelio. En otras palabras, nos dice que sobrellevásemos la carga de llevar a los santos por el buen camino, para que reciban la remisión de los pecados y evitar la discordia en la Iglesia de Dios.
El Apóstol Pablo dijo en Gálatas 6, 3: «Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña». Dicho de otra manera, si alguien cree que ha alcanzado la madurez espiritual cuando en realidad no ha conseguido tener la fe espiritual, se está engañando a sí mismo.
La idea que los defensores de la circuncisión propagaron durante el período de la Iglesia Primitiva y que consistía en circuncidarse es una tontería. El Apóstol Pablo dijo claramente: «Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos» (Gálatas 3, 27). Si la comparamos   con la fe de Pablo, la fe de los defensores de la circuncisión no es nada. Además Abraham no fue aceptado por Dios porque estuviera circuncidado, sino por su fe, como está escrito: «Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia» (Génesis 15, 6).
Cuando creemos en la Palabra del Evangelio de Dios, conseguimos la prueba de que somos el pueblo de Dios y que no existe otra circuncisión aparte de la espiritual. Cuando Dios le dijo a Abraham que se circuncidara, podemos interpretarlo como circuncisión física, pero Dios estaba hablando de la circuncisión espiritual, que significa quitar los pecados del corazón al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado. Esta es la verdadera fe de la circuncisión espiritual. Debemos darnos cuenta de que creer que debemos circuncidarnos para ser la gente de Dios además de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, es una creencia corrupta que sigue existiendo en esta época a través de la doctrina del arrepentimiento.
Por tanto, si creen que son justos, aunque no sean nadie, deben aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu una vez más y nacer de nuevo en este Evangelio. Al poner su fe en el bautismo que Jesús recibido de la mano de Juan el Bautista, deben pasar sus pecados a Jesucristo y resucitar con Él. Todos debemos morir con Jesucristo por fe y levantarse de entre los muertos para convertirse en el pueblo de Dios.
Los cristianos de hoy creen que han sido salvados al creer en la sangre de Jesucristo en la Cruz, y que los pecados que han cometido después de ser salvados se borran mediante oraciones de penitencia. Este es un gran problema. ¿Desaparecen sus pecados sólo mediante las oraciones de penitencia? Sus conciencias dicen que no. Pero aún así siguen creyendo en esto y por eso tienen esta fe falsa y engañada. Deben descartar estas creencias por sí mismos. Esta fe no les hará justos.
La fe que confía sólo en la sangre derramada en la Cruz va acompañada de la falsa doctrina de arrepentimiento, que dice que se deben ofrecer oraciones de penitencia para borrar los pecados. Esto se debe a que si alguien cree sólo en la preciosa sangre de Jesús, no tiene otra opción que intentar borrar sus pecados por sí mismo en vano, porque no puede comprender el poder del bautismo de Jesús que quita el pecado, y por tanto no ha pasado sus pecados a Jesús. Si no pueden creer que sus pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista, entonces es imposible que reciban la remisión de los pecados. Y esto les llevará a creer en las oraciones de penitencia para borrarlos. Aún más, creerán en la falsa doctrina de la santificación incremental que afirma que uno se santifica día tras días hasta llegar a la total transformación cuando muere. Si por el contrario creen en el Evangelio del agua y el Espíritu se darán cuenta de que: «¡Oh! Todos mis pecados se han pasado a Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista».
Deben saber por qué el cristianismo de hoy en día es tan oscuro. Se debe a que hasta ahora casi todos los cristianos han creído en la sangre de la Cruz y han vivido con la fe falsa en que sus pecados personales se borran mediante sus oraciones de penitencia. La espiritualidad de los cristianos de hoy en día se está oscureciendo cada vez más porque no han entendido que se santifican gradualmente al intentar vivir una vida piadosa y que se presentarán ante Dios sin pecado en cuerpo y espíritu. No se dan cuenta de que esta fe es incorrecta y que no se consigue nada con ella. Dios no puede aprobar este tipo de fe.
Creer en una doctrina inventada por el hombre, en vez de creer en la Verdad de que Dios ha salvado a los pecadores a través del Evangelio del agua el Espíritu, es tener una fe que no puede salvar del pecado. Precisamente porque los cristianos de hoy en día se aferran a su fe creada por ellos, a pesar de las muchas iglesias y el número creciente de fieles, no sólo carecen de poder espiritual, sino que también son criticados por la sociedad. Por eso incluso en países cristianos, el cristianismo no ejerce ninguna influencia en sus sociedades decadentes. El cristianismo es incapaz de cambiar la sociedad y los corazones de la gente. Como mucho ejerce una influencia política por su gran número de fieles. Compruébenlo por sí mismos. ¿No hacen lo mismo los cristianos que los laicos? Como los cristianos creen en algo aparte del Evangelio del agua y el Espíritu, su fe no puede ejercer ningún poder en sus vidas reales y por eso la edad oscura continúa. 
Los cristianos de hoy en día que creen sólo en la sangre derramada en la Cruz y confían en las oraciones de penitencia deben darse cuenta de que no son nadie, y ahora mismo deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos los que creen que han recibido la remisión de sus pecados al ofrecer oraciones de penitencia no han visto ningún cambio espiritual hasta ahora. Si sólo han creído en la sangre de la Cruz hasta ahora, deben darse cuenta de que no han recibido la remisión de los pecados ni han conseguido nada hasta ahora. Deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y alcanzar la verdadera salvación de sus pecados. Debemos distinguir el verdadero Evangelio de los falsos.
Pasemos a Gálatas 6, 4-5: «Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga». Cuando nos examinamos ante Dios, cada uno debe examinar sus obras. «¿De verdad Dios me ha dado la remisión de mis pecados? ¿De verdad pasé mis pecados a Jesucristo cuando fue bautizado por Juan el Bautista? ¿Pasé mis pecados a Jesús a través de mi fe en el Evangelio del agua y el Espíritu?». Cuando nos hacemos estas preguntas, si de verdad hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, se alegrará por sí mismo, y no por otros. Como Pablo nos dijo: «Cada uno llevará su propia carga», la salvación del pecado la debemos recibir cada uno de nosotros y también debemos hacer la obra de Dios. ¿Hay alguien que pueda creer en el Evangelio del agua y el Espíritu por ustedes? No.
Aunque la Biblia deja claro lo que son las oraciones de penitencia, muy pocos se dan cuenta de esto y dejan su fe corrupta. Si alguien sabe que no puede recibir la remisión de sus pecados a través de las oraciones de penitencia y a pesar de ello no abandona su fe en las oraciones de penitencia, seguirá sin poder recibir esta remisión hasta el final porque no entiende la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque mucha gente intenta entender el Evangelio del agua y el Espíritu, no dejan de lado su conocimiento falso y por eso no pueden recibir la verdadera salvación. Aunque puedan decir a los demás que han recibido la remisión de los pecados, muchos no podrán decírselo a sí mismos. La conciencia de un pecador condena su alma constantemente, acusándole: «Todavía eres un pecador», y por tanto no puede estar feliz por sí mismo.
Por eso los cristianos de todo el mundo deben abandonar su fe falsa en que sus pecados se borran al ofrecer oraciones de penitencia. Deben encontrar la verdadera fe para que sean felices por sí mismos. Así que deben poder decir: «Puede que no sepa mucho pero por lo menos creo en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es el verdadero Evangelio. Todos los demás evangelios son falsos».
Quien haya nacido de nuevo debe saber lo siguiente: «Quien predique un evangelio que no sea el Evangelio del agua y el Espíritu está comprometido. Sólo este Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad. Aunque mis acciones sean insuficientes, por lo menos creo en esto, y por eso puedo estar orgulloso en Jesucristo». En otras palabras, la gente de fe debe poder alardear de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, el don de Dios y la salvación que Dios les ha dado. Nosotros debemos creer: «El Evangelio del agua y el Espíritu es la Palabra de Verdad y un regalo precioso», y debemos tener la fe que nos permite estar orgullosos de este Evangelio.
¿Creen que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad? ¿Están seguros de que la doctrina de las oraciones de penitencia como medio para recibir la remisión de los pecados es errónea? ¿Se dan cuenta de la falacia de la creencia en que la remisión de los pecados se recibe sólo a través de la sangre en la Cruz? Deben entender bien estas cosas. Debemos saber que el Evangelio del agua y el Espíritu en el que creemos es la Verdad, pero debemos saber la razón por la que ofrecer oraciones de penitencia está mal. El Apóstol Pablo, frustrado por la afirmación de los defensores de la circuncisión de que la salvación se recibía mediante la circuncisión, dijo que todos irían al infierno. En esta época también, los siervos de Dios dicen frustrados: «Irán al infierno si creen en las oraciones de penitencia».
Cuando veo a estos cristianos, me doy cuenta de lo vacíos que están sus corazones. Como Dios dijo: «Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas» (Génesis 1, 2), los cristianos de hoy en día no tienen fe. Los que creen que sus pecados se borran a través de las oraciones de penitencia no tienen el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones, y por tanto sin este Evangelio de Verdad, es inevitable que sus corazones estén vacíos.
Como ellos, yo también me sentí vacío una vez. Pero como lamentarse no vale para nada, busqué la Verdad para llenar el vacío. Al final encontré el Evangelio del agua y el Espíritu de la Palabra de Dios y cuando creí en él, el vacío de mi corazón desapareció. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que todo el mundo debe encontrar mientras vive en este mundo.
Hoy en día la mayoría de los cristianos viven vidas de fe vacías y en vano porque hay pecado en sus corazones. Hace tiempo había un cantante de música gospel con mucho talento. Una vez lo vi en la televisión cantando alabanzas, y la letra de sus canciones era maravillosa. Pero no hace mucho escuché que se había suicidado. Aunque había hablado de salvación a mucha gente y cantaba canciones de alabanza preciosas, la Verdad de la salvación no estaba en su corazón. Se suicidó porque su corazón estaba vacío. Los que no tienen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones no pueden llenar este vacío con nada más.
Todos nosotros debemos creer de corazón que Jesucristo es nuestro Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos creer que sólo el Evangelio del agua y el Espíritu es la verdadera salvación que Dios nos ha dado a todos. Por tanto, debemos conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y debemos tener fe en este Evangelio verdadero.
Fíjense en esto: la fe actual que se centra solamente en la sangre derramada en la Cruz rechaza la Verdad del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista. ¿Acaso la doctrina del arrepentimiento, en la que confiamos hoy en día, no viene de esta fe que se centra sólo en la sangre derramada en la Cruz? Aún es más, ¿acaso la doctrina de la santificación incremental no viene de la fe que cree sólo en la sangre derramada en la Cruz? Existe otra doctrina falsa denominada doctrina de la elección incondicional. Muchos pastores y teólogos se adhieren a esta doctrina calvinista, que dice que Dios eligió a unos incondicionalmente, descartó a otros. ¿Tiene sentido? ¿Es Dios tan injusto?
Si te abrochas un botón mal, el resto de los botones también están mal abrochados. Deben darse cuenta de que si creen en Jesús sin conocer las falacias de las doctrinas cristianas, su fe está en el aire y vivirán vidas de fe inútiles durante el resto de sus vidas, para acabar en el infierno.
Martín Lutero empezó la Reforma al criticar a la Iglesia Católica por afirmar que la gente podía ser perdonada si compraba una bula. Todo lo que Lutero hizo fue señalar los errores de la iglesia de su tiempo, pero no defendiendo el Evangelio del agua y el Espíritu. Sólo estaba empezando una «reforma religiosa» pero no una «reforma de la fe en sí misma». Si hubiera conocido el Evangelio del agua y el Espíritu como la Verdad, y si hubiera empezado una «reforma de la fe», el cristianismo no se hubiera quedado como una religión del mundo, tal y como está considerada hoy en día. Así que aunque la Reforma se llevó a cabo en muchos países en el siglo XVI, no había gente con la fe verdadera para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Una iglesia sin vida está destinada a ser institucionalizada y secularizada. Vean por sí mismos. ¿Acaso los clérigos protestantes no se visten como los sacerdotes y siguen el código de vestimenta de la Iglesia Católica? Aún peor, he oído que algunas denominaciones hacen hincapié en el ritual de la Santa Comunión y lo celebran en todos los oficios religiosos, e incluso algunas de ellas creen en la doctrina de la transustanciación que defiende la Iglesia Católica. Todas estas creencias son falsas y son la prueba de que la Reforma no consiguió nada.
Jesús dijo en Juan 6, 55: «Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida». Nuestro Señor describió Su cuerpo como nuestro pan de vida. Esto se debe a que a través del bautismo de Juan el Bautista, Jesús tomó todos los pecados del mundo en Su cuerpo de una vez por todas, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y se ha convertido en nuestro Salvador. Como el Señor ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, describió Su cuerpo como pan de verdadera vida. Por eso la doctrina de la transustanciación, que enseña que la hostia se convierte en el cuerpo de Jesús cuando el sacerdote la bendice, y que la gente puede obtener el pan de vida cuando se comen esta hostia, está equivocada. Aunque comamos el pan y bebamos el vino en la comunión, no significa que el pan de vida se obtenga a través de este ritual.
Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?». El Señor les dijo: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado» (Juan 6, 28-29). Creer en lo que ha cumplido Jesús, el enviado de Dios para hacer la obra del Padre es hacer la obra de Dios Padre. ¿A quién envió el Padre? A Jesucristo. ¿Qué hizo Jesucristo cuando vino al mundo? Fue bautizado por Juan el Bautista, derramó Su preciosa sangre en la Cruz hasta morir, se levantó de entre los muertos y así nos ha salvado completamente. Creer que Jesucristo tomó nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, que Él murió en la Cruz mientras cargaba con los pecados del mundo, y que así nos ha salvado a todos, es hacer la obra de Dios. El primer requisito es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu en su corazón, tendrán algo de lo que estar orgullosos. Sin embargo, si no creen, no tendrán nada de lo que estar orgullosos. Por eso cada uno de nosotros debe cargar con su carga de fe. Todo el mundo debe creer en Jesucristo como el Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Como no pueden distinguir las falsas doctrinas o las palabras fraudulentas, Dios ha establecido a Sus siervos y a través de ellos les ha enseñado que estas cosas son falsas. Sin embargo, aún así es responsabilidad suya conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él.
 

Deben estar con los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu

El Apóstol Pablo dijo lo siguiente en Gálatas 6, 6: «El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye». Cuando los que enseñan la Palabra de Dios creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y predican este Evangelio, ustedes deben unir sus corazones con los que les enseñan. Si los que son instruidos no siguen la fe de sus padres espirituales que les enseñan, no pueden compartir las cosas buenas.
Evidentemente no nos convertimos en hijos de Dios al ser circuncidados. Los santos gálatas tenían que abandonar su fe en esta falsa doctrina. Ustedes también deben darse cuenta de que: «Es una fe falsa creer que la remisión de los pecados se recibe a través de las oraciones de penitencia». Y en sus corazones, deben aferrarse al Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él. Si dicen: «No lo creo» y rechazan la Verdad que Dios nos dio, serán echados al fuego del infierno. El cielo y el infierno dependen de su elección.
Debemos reconocer que Dios ha establecido a Sus siervos en la Iglesia y seguirlos por fe. Un líder verdadero es aquel que predica el Evangelio del agua y el Espíritu, mientras que alguien que no predica este Evangelio no es nada más que un asalariado. Les pido a todos ustedes que se den cuenta de que los líderes que predican el Evangelio del agua y el Espíritu son los siervos de Dios que Él mismo ha nombrado. ¿Creen en esto? Por muy insuficiente que sea, Dios me ha hecho fuerte para estar delante de ustedes. No porque sea sabio, sino porque me ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu y por eso estoy haciendo Su obra, y es Dios quien me ha hecho un líder para predicar Su Palabra.
Si creo en el Evangelio del agua y el Espíritu y lo predico, deben reconocerme como su líder y confiar en mí. Y cuando yo, que creo en el Evangelio del agua y el Espíritu, les digo: «Las oraciones de penitencia están corruptas. Deben dejarlas», entonces deben creerme. Esta es la verdadera fe. El Apóstol Pablo, un líder de la Iglesia Primitiva, predicó el Evangelio del agua y el Espíritu, pero algunos rechazaron sus enseñanzas al afirmar que debían convertirse en el pueblo de Dios al ser circuncidados. ¿Era correcta su fe? No, Pablo rechazó a esta gente por la falacia en la que creían,
El Apóstol Pablo dijo: «El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye». ¿Qué son esas cosas buenas que tienen los que enseñan la Palabra? El creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, rechazar las falsas doctrinas y seguir la voluntad de Dios a pesar de nuestras insuficiencias. Debemos participar en estas cosas juntos. Aunque no debemos compartir las cosas malas que tienen los líderes de la Iglesia, debemos compartir las buenas. Esto es bastante evidente, pero hay mucha gente que no lo puede hacer. Mucha gente cree por su propia cuenta, en vez de emular a los líderes de la Iglesia de Dios. Pero, ¿crece así la fe? No.
¿Por qué van los estudiantes a la escuela? Si un estudiante quiere estudiar por su cuenta sin escuchar al profesor, ¿para qué va a la escuela? Sería mejor para él ir a la biblioteca y estudiar solo. La razón por la que hay maestros es que los que han aprendido antes pueden guiar a los estudiantes. Cuando un estudiante es guiado por un maestro, puede entender mejor y cuando aprende puede seguir él solo.
Del mismo modo en que se necesitan profesores en la escuela, en la Iglesia de Dios, se necesitan siervos. Sin estos líderes se muere espiritualmente. Sin líderes la congregación será engañada y explotada por los profetas falsos, será saqueada en cuerpo y espíritu. Por tanto es bueno vivir en la Iglesia de Dios juntos con los que enseñan Su Palabra. Desde el grupo de adultos en la escuela dominical, el grupo de mujeres, y las reuniones de jóvenes, debe haber líderes que les guíen. Cada iglesia debe tener un líder. Sin líderes, el rebaño se perderá pronto.
Es bueno tener un Estado y un gobierno. Piensen en lo que pasaría si hubiera anarquía. Sin el gobierno nuestra sociedad no tendría ningún orden, degeneraría hasta llegar a ser como la Naturaleza que se rige por la ley de la jungla. Por eso Platón dijo que incluso un mal gobierno es mejor que no tener gobierno. Una nación tiene su pueblo y debe haber un líder que guíe a esa nación. Del mismo modo en que el presidente o el primer ministro deben cumplir con su obligación de mantener el orden social y garantizar el bienestar de su pueblo, la Iglesia de Dios debe tener un líder que mantenga el orden espiritual.
Si los miembros de la Iglesia de Dios no reconocen a sus líderes que les guían y protegen, no son diferentes a unos órfanos espirituales. Las bendiciones de Dios no pueden recaer en esta gente. No les digo esto para recordarles cuál es mi posición como líder, sino que les estoy explicando un simple principio de fe: cuando se lleva una vida de fe en la Iglesia de Dios, aunque deben llevar a Dios en sus corazones, deben tener un líder nombrado por Dios para que su fe crezca. Estoy completamente seguro de que sin un líder en su corazón, su fe nunca crecerá.
Mis queridos hermanos, ¿es difícil confiar en los líderes de la Iglesia de Dios? ¿Piensan en quitarles su puesto algún día? En mi país, Corea del Sur, el partido de la oposición no quiso aceptar los resultados de las últimas elecciones presidenciales y planearon destituir al presidente. El año pasado, aprovecharon un momento de debilidad y causaron una crisis constitucional al votar la destitución del presidente. En la Iglesia de Dios, si no pueden reconocer a sus líderes, están destinados a planear su destitución y tomar su posición algún día. Estas ideas están en contra de Dios.
En el pasaje de las Escrituras de hoy, se dice que los que son instruidos en todas las cosas buenas deben compartirlas con los que los instruyen. Dios nos dijo que participásemos en todas las cosas buenas, no en las malas. ¿Qué cosas buenas tiene un líder? En primer lugar, fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué pasaría si yo, aunque creyera en el Evangelio del agua y el Espíritu, creyera en otra cosa? Que acabarían creyendo también. Por eso el Apóstol Pablo dijo que consideraba que la filosofía y el conocimiento seculares eran basura que había aprendido en el mundo antes de nacer de nuevo (Filipenses 3, 8). Asimismo, cuando los cristianos que han creído en algo falso conocen la Verdad y creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, deben desechar las doctrinas del cristianismo como si fueran basura.
Si me reconocen como su líder y confían en mí como alguien que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y lo predican, estarán bendecidos. Están participando en las cosas buenas con alguien que enseña el Evangelio. Pero si no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu ni confían en sus líderes y dudan de ellos, no pueden participar en todas las obras buenas.
El Apóstol Pablo dijo en Gálatas 6, 7: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará». Mis queridos hermanos, no deben engañar a su propia fe. Deben examinarse a sí mismos y ver si de verdad creen en el Evangelio del agua y el Espíritu o en otro evangelio, para asegurarse de que no se engañan a sí mismos. Pablo dijo que Dios no puede ser burlado. Esto significa que no debemos tratar de engañar a Dios. Dios dice: «Si creéis en el Evangelio del agua y el Espíritu, habéis sido salvados y sois Mis hijos». Si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y le dicen a Dios: «Padre», Dios les aceptará como hijos Suyos y dirá: «Sí soy vuestro Padre».
Pero si alguien dice: «Dios, mi Padre» aunque no crea en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios dirá: «¿Te estás burlando de Mí? Estás tomando Mi nombre en vano». Por eso el Apóstol Pablo dijo: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado». Dios no puede ser ridiculizado.
Pablo continuó en Gálatas 6, 8: «Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna».
¿Qué es lo que sembramos? Debemos sembrar fe. ¿Qué tipo de fe debemos sembrar? La fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto significa que no debemos sembrar doctrinas humanas en nuestros corazones. La Biblia dice claramente que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado, segarán vida eterna, mientras los que siembran otra cosa para la carne, segarán corrupción.
El Apóstol Pablo está avisando a los defensores de la circuncisión de que no deben engañarse. ¿Creen que se convertirán en el pueblo de Dios si se circuncidan? Esto no es verdad, por eso Dios dice que los que creen en sus propias oraciones de penitencia no deben engañarse. El pecado no desaparece porque ofrezcamos oraciones de penitencia. Los cristianos piensan que quien no ofrece oraciones de penitencia es un hereje, pero ellos saben mejor que nadie que sus pecados no se borran por muchas oraciones de penitencia que ofrezcan.
Ofrecen oraciones de penitencia porque no tienen otra alternativa para resolver el problema del pecado. Necesitan las oraciones de penitencia porque creen sólo en la sangre de la Cruz; si creyesen en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿para qué necesitarían ofrecer oraciones de penitencia? Estas oraciones no serían necesarias porque habrían pasado todos sus pecados a Jesús a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Los que creen en la sangre derramada en la Cruz sólo, se están engañando a sí mismos y se están burlando de Dios. Por supuesto, Dios no puede ser engañado aunque la gente lo intente. Pero si alguien engaña a su propia fe y llama a Dios Padre aunque tenga pecados en el corazón, está ridiculizando a Dios. Si alguien tiene pecados en su corazón y llama a Dios «Padre», es como si estuviera diciendo: «Dios, eres el Padre de alguien que va a ir al infierno». Es lo mismo que decir: «Eres incompetente, no puedes borrar mis pecados». ¿Contestará Dios a esta persona? No, por supuesto que no. Por eso primero debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y convertirnos en hijos de Dios. Sólo cuando nos convertimos en verdaderos hijos de Dios podemos llamarle Padre y glorificarle, en vez de burlarnos de él.
 

De lo que se siembra, se recoge

Si alguien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu consigue la salvación, la vida eterna, se convierte en hijo de Dios y recibe bendiciones abundantes. Sin embargo, si sólo cree en la sangre en la Cruz en vez de en este Evangelio de Verdad, y ofrece oraciones de penitencia, será destruido y echado al infierno. De lo que se siembra, se recoge.
Entonces, ¿qué debemos sembrar? Debemos creer junto con los siervos de Dios, de la misma forma en que ellos creen en la Palabra de Dios y la predican. Sólo entonces podemos recibir las mismas bendiciones.
El Apóstol Pablo dijo en Gálatas 6, 9-10: «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe».
Mis queridos hermanos, si hacemos la obra del Evangelio unidos por la fe, mucha gente será salvada. Cuando pensamos en cuánta gente de todo el mundo está empezando a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, dejamos de estar cansados.
Debemos tratar bien a la gente de fe. Los que rechazan el Evangelio, engañan a Dios y a sí mismos, y defienden las doctrinas falsas no deben ser tratados con delicadeza, sino que son los que siguen al Señor los que se merecen nuestro amor. Sirvamos al Señor obedeciendo la jerarquía establecida por Dios y emulando a nuestros líderes y predecesores de la fe.