The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 6-4] (Gálatas 6, 11-18) El Señor nos ha salvado tanto a través de Su sangre derramada en la Cruz como del Evangelio del agua y el Espíritu

(Gálatas 6, 11-18)
«Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano. Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne. Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios. De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén».
 

El enfado de Pablo

Esta tarde, en la Palabra de Dios de Gálatas 6, 11-18, me gustaría compartir la gracia del Señor con ustedes. Como hemos visto anteriormente y también en este pasaje, los defensores de la circuncisión sumieron a la Iglesia de Dios en la confusión, y cómo el Apóstol Pablo se sufrió por culpa de los defensores de la circuncisión que habían llegado a las iglesias de Galacia. Por eso el Apóstol Pablo estaba enfadado.
El Apóstol Pablo señaló los motivos ocultos de los defensores de la circuncisión. Las razones por las que defendieron la circuncisión física eran: ser aprobados por los judíos, evitar la persecución por parte de su propio pueblo, y poder alardearse de su fe. Por eso Pablo dijo en Gálatas 6, 12-13: «Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne».
Sabemos que hoy en día no hay casi ningún cristiano que quiera circuncidarse después de creer en Jesucristo. Si alguien quiere circuncidarse, sólo tiene que ir a un hospital para someterse a una cirugía leve. Sin embargo, en la época de la Iglesia Primitiva, los cristianos que tenían ascendencia judía, hacían hincapié en la circuncisión física. El estar circuncidado o no era una cuestión de gran importancia para los judíos. Creían que estar circuncidado era una prueba de ser descendientes de Abraham y por eso hacían mucho hincapié en la circuncisión física. Esto significa que la circuncisión física era una manera segura de evitar los feroces ataques de los judíos. Por eso el Apóstol Pablo dijo que los defensores de la circuncisión intentaban evitar ser perseguidos y por eso se circuncidaban.
En la época de la Iglesia Primitiva, el Evangelio en el que el Apóstol Pablo creía y el cual predicaba, era el Evangelio del agua y el Espíritu, y quien recibe la remisión de los pecados al creer en este verdadero Evangelio debe haber recibido la circuncisión espiritual. Como un santo con estas características ya ha sido aceptado por Dios como persona justa e hijo Suyo, no hace falta que se circuncide para convertirse en hijo de Dios. Los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu no tienen ningún motivo para ser circuncidados.
En el Antiguo Testamento, Dios le prometió a Abraham: «Te daré tanta descendencia como estrellas hay en el cielo» y la razón por la que Dios dijo esto es que quería hacer a Abraham padre de la fe y bendecirnos para ser salvados del pecado a través de nuestra fe en la Verdad y así convertirnos en el pueblo de Dios. Como Abraham creyó en lo que Dios dijo, su fe fue aprobada. Y Dios le prometió a Abraham y a sus descendientes: «Abraham, tus descendientes deberán ser circuncidados. Los reconoceré como Mi pueblo si se circuncidan». Esta circuncisión era una sombra de la salvación espiritual, mediante la cual nuestros pecados se borraron al creer en la Palabra de Dios y por la cual nos convertimos en el pueblo de Dios.
Por eso el Apóstol Pablo dijo: «La circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra» (Romanos 2, 29). La circuncisión del corazón se refiere a borrar los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La fe que nos permite alcanzar la salvación a través de la circuncisión espiritual es la que cree en la Verdad de que Jesucristo nos a salvado de nuestros pecados al aceptar los pecados de la humanidad mediante la imposición de manos de Juan el Bautista, y al llevar los pecados a la Cruz y derramar Su sangre hasta morir. La circuncisión espiritual es la gracia de salvación que el Espíritu Santo ofrece a nuestros corazones cuando creemos en Jesucristo que vino a este mundo y nos ha salvado a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, al ser bautizado, morir en la Cruz, y levantarse de entre los muertos, Jesús ha borrado nuestros pecados de una vez por todas y nos ha hecho creer en Él y ser gente de Dios sin pecado a los ojos del Padre, salvándonos espiritualmente. Esta es la fe de la circuncisión espiritual.
Cuando consideramos nuestras vidas de fe, debemos considerarlas en términos espirituales. Jesucristo vino al mundo y nos salvó a todos a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Para rescatar a la humanidad de la maldición de la Ley, para que no estuviésemos bajo la Ley, Jesucristo vino a este mundo, fue bautizado, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y nos ha salvado a todos los que creemos en Él. Pero a pesar de que Jesucristo ha salvado a todos los pecadores de los pecados del mundo al venir a la Tierra, los defensores de la circuncisión intentaban que su fe fuera aprobada al ser circuncidados. Por culpa de su influencia, esta creencia se extendió y recibió más atención que la fe en Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta creencia era totalmente inútil.
Por eso la fe de los santos de la Iglesia Primitiva empezó a decaer y por eso, el Apóstol Pablo, decidido a no permitirlo, reprendió con dureza a los defensores de la circuncisión. Por ello debemos examinar la fe de los cristianos de hoy en día con detenimiento y considerar el tipo de fe del que debemos alejarnos.
 

El Apóstol Pablo no tenía miedo a la persecución

El Apóstol Pablo dijo que la razón por la que los santos gálatas querían circuncidarse era para alardear y para evitar ser perseguidos por causa de la Verdad. Si observamos la fe de los defensores de la circuncisión desde un punto de vista actual, vemos que es lo mismo que creer sólo en la sangre derramada en la Cruz y no en Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Los cristianos de hoy en día piensan que está bien ir a la iglesia y creer sólo en la sangre derramada en la Cruz, sin recibir la remisión de sus pecados. Pero esta fe es la misma fe que la de los defensores de la circuncisión que no cuestionaban la fe de nadie siempre y cuando estuvieran circuncidados.
Hoy en día, cuando alguien proclama que ha recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, es perseguido por muchos, pero si confiesa que cree sólo en la sangre derramada en la Cruz, no se burlan de él los demás cristianos. Si confiesa: «Creo en la sangre de Cristo. Jesús murió por mí en la Cruz. Como creo en Jesucristo como mi Salvador, soy parte del pueblo de Dios», entonces no es perseguido por sus hermanos cristianos que todavía son pecadores porque no han recibido la remisión de los pecados.
Sin embargo, si alguien confiesa que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, muchos cristianos le odiarán y le considerarán un hereje. Así que algunos santos que han nacido de nuevo al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu y creen en él, dejan de lado el Evangelio después de ser perseguidos, y acaban confesando: «Creo en Jesús y creo que me ha salvado al ser crucificado y derramar Su sangre por mis pecados». Incluso ahora mismo, muchos nacidos de nuevo confiesan esto aunque en sus corazones crean que el Evangelio del agua y el Espíritu es correcto, pero no quieren ser perseguidos física o espiritualmente.
Del mismo modo en que un hombre en la época de la Iglesia Primitiva era aceptado como descendiente de Abraham si se circuncidaba, hoy en día los que creen en Jesús como su Salvador y creen sólo en la sangre derramada en la Cruz, son aceptados como pueblo de Dios. Entonces, ¿no creerán todos en eso, ya que si se cree sólo en la sangre de Jesús, se puede alardear y hacer que los otros cristianos les acepten? Cuando un cristiano dice que cree sólo en la sangre de Jesús, todo el mundo dice: «Ese hombre cree en Jesús. Es un verdadero creyente. No es un hereje, sino un cristiano ortodoxo».
Esto es lo que sucede si aplicamos el pasaje de las Escrituras de hoy a los cristianos actuales. Y cuando uno se pasea con una cruz colgada al cuello, hace bonito y además hace que se gane la aprobación de otros cristianos. Hoy en día nadie es perseguido si cree sólo en la sangre de Jesús derramada en la Cruz y vive una vida de fe legalista.
Sin embargo, si un cristiano cree que está sin pecado por creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, será perseguido. Esto se debe a que su fe es diferente a la fe religiosa que prevalece en el cristianismo de hoy en día. Pero no hay nadie aparte de nosotros que haya recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, que sea el verdadero pueblo de Dios y los justos que han sido perdonados.
Le decimos a la gente que debe creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. En la Biblia, el agua se refiere al bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista en el río Jordán. Por tanto, el Evangelio del agua y el Espíritu proclama la siguiente Verdad: Jesús, el Hijo de Dios, nos ha salvado al venir al mundo encarnado en un hombre, al ser bautizado por Juan el Bautista, morir en la Cruz por nuestros pecados y levantarse de entre los muertos. Pero a pesar de esto, cuando decimos que creemos en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, mucha gente nos odia.
Cuando alguien dice que ha sido salvado con tan sólo creer en la sangre de Cristo, mucha gente acepta su fe. La gente dice a los que tienen esta fe: «Todo el mundo es libre de creer en la religión que quiera. Supongo que cree en algo bueno». Sin embargo yo dejo claro que los que sólo creen en la sangre de Cristo tienen una fe corrupta. Esto se debe a que Dios sólo acepta la fe de los que dicen: «Creo en el Evangelio del agua y el Espíritu».
Del mismo modo en que la Iglesia Primitiva pasó por muchos problemas por culpa de los defensores de la circuncisión, en nuestra época, los ojos de la fe de la gente están empañados por culpa de los que creen en la sangre de Jesús sólo e intentan borrar sus pecados a través de las oraciones de penitencia. La noción de que uno debe creer sólo en la sangre derramada en la Cruz es la misma que la de los defensores de la circuncisión en la Iglesia Primitiva. Por eso los que creen sólo en la sangre derramada en la Cruz no son perseguidos, sino que son aceptados por los seguidores de la religión del mundo.
La fe en la sangre de Cristo solamente es aceptada por los que dicen: «Oh, cree en Jesús. Es un buen cristiano que pertenece a una denominación ortodoxa». Así que incluso entre los que creen sólo en la sangre de Jesús derramada en la Cruz, algunos confiesan su fe de la siguiente manera: «Jesús me ha salvado de mis pecados al ser crucificado y derramar Su sangre. Me ha salvado al pagar la pena de mis pecados. Así que no tengo pecados porque creo en este Salvador Jesús». Esta es la confesión típica de los evangelistas. Los que hacen esta confesión no son perseguidos ni odiados por los cristianos ni la gente del mundo, sino que son aprobados por todos. Escuchan a los cristianos de otras denominaciones decir: «Así que creen en Jesús. Creen en Jesús de manera normal y por eso deben ser buenos cristianos». En otras palabras, evitan ser perseguidos buscando esta aprobación.
¿Dijo el Apóstol Pablo que quien cree en Jesús debe ser circuncidado? ¿Dijo Pablo que nuestra salvación sería cancelada si no estamos circuncidados? No, no lo dijo. De hecho, cuando leemos las epístolas paulinas, vemos cuántas veces avisó a la gente sobre la fe legalista, ya que había mucha gente en sus tiempos que hacía hincapié en la circuncisión física. ¿Por qué hizo esto el Apóstol Pablo? Porque en aquella época había mucha gente que decía que había que circuncidarse y creer en Jesús para ser el pueblo de Dios y porque esta creencia hubiera sentenciado a muerte a los santos nacidos de nuevo de aquella época. A los ojos de Dios esta fe era una mezcla de falsas enseñanzas y por tanto el Espíritu Santo no puede obrar con las enseñanzas de los defensores de la circuncisión. Por eso el Apóstol Pablo tuvo que parar la influencia de esta gente.
Debemos entender lo que el Apóstol Pablo tenía en mente. Debemos escuchar atentamente lo que el Libro de Gálatas nos está diciendo. Pablo nos dejó claro que no podemos ser el pueblo de Dios a través de la circuncisión. Él dijo en Gálatas 6, 11: «Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano». El que el Apóstol Pablo escribiera esta epístola a las iglesias de Galacia en letra grande nos demuestra que intentaba señalar que ser circuncidado no estaba bien. Pablo siguió diciendo: «Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo» (Gálatas 6, 12). Este pasaje significa que los defensores de la circuncisión estaban forzando a los santos de Galacia a ser circuncidados para ser aprobados en la carne y evitar la persecución.
Intentar ser aceptado como parte del pueblo de Dios mediante el Evangelio del agua y el Espíritu pero añadiendo algún elemento carnal está mal. A través del Libro de Gálatas debemos señalar las falacias de los cristianos de hoy en día y corregirlas. Debemos convertirnos en el pueblo de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y no al ser circuncidados. Pero a pesar de esto, en las iglesias de Galacia y otras regiones, los defensores de la circuncisión hicieron estragos y siguieron proclamando esta creencia durante todo el período de la Iglesia Primitiva.
Entre la gente que proclama su fe en Jesús, hay muchos que llevan una cadena con una cruz. Desde la gente de a pie hasta los artistas de cine, mucha gente lleva una cruz al cuello. Quizás uno de los accesorios que más favorecen a una mujer sea una cadena con una cruz, que parece ser un símbolo que dice: «Soy un cristiano». Así que cuando otra gente les ve llevar una cruz, los aceptan, pensando: «Oh, esa persona es cristiana». Creen que la sangre de la Cruz es todo lo que Jesús ha hecho por ellos. Sin embargo los nacidos de nuevo deben tener cuidado con la fe de los que dicen haber recibido la remisión de los pecados al creer sólo en la sangre de Cristo derramada en la Cruz.
El Apóstol Pablo escribió: «Solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo» (Gálatas 6, 12). Algunos entienden que Pablo estaba hablando de la sangre derramada en la Cruz. ¿Cuál era la fe del Apóstol Pablo? Su fe era esta: «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo» (Gálatas 6, 14).
 

¿Qué significa que el Apóstol Pablo diga que ha sido crucificado al mundo?

Pablo dijo: «El mundo me es crucificado a mí». Esto significa que Pablo fue crucificado, porque Jesucristo había cargado con todos los pecados del mundo a través de Su bautismo. Esta es la fe del Apóstol Pablo. Nosotros, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu como Pablo hemos sido crucificados con Jesucristo.
Si Jesús no hubiera tomado todas nuestras iniquidades al ser bautizado por Juan el Bautista, podríamos creer solamente en la sangre derramada en la Cruz. Sin embargo, Jesús tomó nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y después fue crucificado. Por tanto los que creen en esta Verdad también han sido crucificados con Jesús. En otras palabras, el mundo nos ha sido crucificado a nosotros y nosotros hemos sido crucificados al mundo con Cristo. En Jesucristo este mundo ha muerto y hemos pagado la pena del pecado. Así el Apóstol Pablo pasó sus pecados a Jesús al creer en Su bautismo y así es cómo fue crucificado por Jesús.
El Apóstol Pablo dijo en Gálatas 6, 17: «De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús». ¿Qué son las marcas de Jesús? Se refieren al hecho de que el Apóstol Pablo murió con Jesucristo y resucitó con Él. Por eso el Apóstol Pablo siempre dio testimonio de la Palabra de Dios mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
Cuando el Apóstol Pablo dijo: « Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo», esto se basa en el Evangelio del agua y el Espíritu que proclama que Jesús es el Hijo de Dios y nuestro Salvador, y que tomó todos nuestros pecados al ser bautizado y entonces fue crucificado. Debemos entender lo que Pablo quiso decir con que el mundo le había sido crucificado y con que él había sido crucificado al mundo: esta afirmación salió de su fe, basada en el bautismo de Jesús. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu el mundo nos ha sido crucificado y hemos sido crucificados al mundo. Y el que Jesucristo se levantara de entre los muertos significa que nos ha devuelto a la vida.
El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad. Y los que creen en este Evangelio de la Verdad son los que tienen la marca de la fe de Jesucristo. Creer en nuestros corazones que Jesús tomó todos nuestros pecados a través del bautismo recibido de la mano de Juan el Bautista, que los llevó a la Cruz y fue crucificado, es tener esta marca. Y como creemos en esto, sabemos que a pesar de ser perseguidos, predicamos este Evangelio, el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Pero ¿qué ocurre con los cristianos de hoy en día? ¿En qué creen la mayoría de ellos? Creen exclusivamente en la sangre de Jesús derramada en la Cruz. Por eso cuando les hablamos del Evangelio del agua y el Espíritu a la gente del mundo, se nos acusa de decir tonterías. Pero cuando escuchan a otros hablar de que han sido salvados al creer solamente en la sangre de Jesucristo, no se oponen a ellos. Como estos cristianos creen sólo en la sangre de la Cruz, no pueden entender el Evangelio del agua y el Espíritu y les resulta una novedad escuchar que el bautismo de Jesús es el «antitipo de la salvación» (1 Pedro 3, 21).
Si alguien les dice repetidamente: «Sólo pueden ser salvados si creen en Jesús y son circuncidados». ¿Qué dirían? ¿Dirían: «Bueno, tampoco es tan difícil. Voy a circuncidarme»? ¿No le pedirían a esa persona que leyera lo que pone en la Palabra de Dios? Deberíamos contestarle: «El Señor dijo que debemos nacer de nuevo del agua y el Espíritu. No dijo que debíamos ser circuncidados». Debemos hacer que esta persona entienda la Palabra, que entienda que si se añade o se quita algo al Evangelio del agua y el Espíritu, será maldecido y excluido de la gracia de redención; y debemos hacerle saber que quien intenta alardear en la carne para evitar la persecución también será maldecido por Dios.
«¿No dicen esto porque tienen miedo de ser perseguidos si hablan del Evangelio del agua y el Espíritu? Este Evangelio comprende tanto el bautismo de Jesús como Su sangre derramada en la Cruz. ¿Pudo haber muerto Jesús sin haber sido bautizado antes?». Podemos decir esto con fe.
Como el Diablo, a quien no podemos ver con nuestros ojos, está en contra de la Verdad, cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros corazones tienen miedo. Si tenemos miedo a la persecución y las amenazas, y como consecuencia acabamos creyendo que todo lo que tenemos que hacer es creer solamente en la sangre derramada en la Cruz y ser circuncidado, estaremos malditos y no podremos recibir la remisión de los pecados. Si, por el contrario, declaramos que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, Satanás se acobardará y se marchará. Si nosotros mismos intentamos evitar la persecución, Satanás ganará la batalla, pero si permanecemos en la fe, Satanás se postrará ante nosotros.
En Gálatas 6, 15-16, el Apóstol Pablo dijo: «Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios».
Nosotros, los nacidos de nuevo, no debemos evitar la persecución. Ya seamos perseguidos o no, debemos confesar nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Apóstol Pablo dijo: «Si queréis ser circuncidados, circuncidaos. Pero recordad que uno no se convierte en el pueblo de Dios al ser circuncidado, sino que lo hace si cree en el Evangelio del agua y el Espíritu». En otras palabras, la paz y la misericordia de Dios recae sobre los que creen como Dios lo ha establecido, ya estén circuncidados o no. De hecho, los que aceptan que la salvación que Jesucristo nos ha dado, han sido salvados y han recibido la paz y la misericordia de Dios en sus corazones. Todos nosotros estábamos destinados a morir por nuestros pecados, pero al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, estamos sin pecados para ser hijos de Dios.
Pablo continuó diciendo en Gálatas 6, 17: «De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús». Cuando el Apóstol Pablo fue perseguido, siguió testificando la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque le odiaron y rechazaron, él continuó predicando el Evangelio del agua y el Espíritu.
El Apóstol Pablo era judío de nacimiento. Así que según los estatutos de la Ley, fue circuncidado a los 8 días de su nacimiento (Filipenses 3, 5). Sin embargo, la región de Galacia era tierra de gentiles, y por tanto había muchos gentiles en las iglesias de Galacia que no conocían el estatuto de la circuncisión. Como los gentiles no conocían la costumbre judía de circuncidar a los recién nacidos, los que creían en Jesús y llegaban a Su Iglesia eran adultos que no estaban circuncidados.
Los defensores de la circuncisión insistían que esta gente tenía que creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y además circuncidarse. Al final, la fórmula de salvación que defendían estos seguidores de la circuncisión era la siguiente: «Evangelio del agua y el Espíritu + circuncisión = salvación». En otras palabras, esto provocó el surgimiento de un falso evangelio de salvación inventado por ellos. Por eso el Apóstol Pablo reprendía severamente a los defensores de la circuncisión, diciéndoles: «Nunca debéis insistir en la necesidad de la circuncisión».
En las comunidades judías, donde era sólo cuestión de tiempo que todo bebé judío fuera circuncidado a los ocho días de su nacimiento, hubiera sido natural insistir en la circuncisión, pero pedir esto en las comunidades gentiles era muy peligroso y consistía en blasfemar sobre el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, si alguien insiste en estos requisitos adicionales de la circuncisión para que los gentiles sean salvados, esto se convierte en un componente de la salvación para ellos. Por eso no se debe exigir la circuncisión. Si consideramos el contexto sociocultural de aquel tiempo, podemos ver que esta exigencia no era significativa para algunos, pero para otros fue espiritualmente impactante.
En Corea, la Iglesia Anglicana y la Católica enseñan que está bien realizar ritos ancestrales. Sin embargo estos ritos son un grave pecado. Cuando uno hace una reverencia cuando se está realizando un rito ancestral, se está inclinando ante demonios. Aunque está bien honrar a nuestros ancestros, hacerles ofrendas y reverencias es como adorar a demonios, y por tanto constituye un grave pecado. Dios dejó claro que no hay que tener más dioses aparte de Él.
No estoy diciendo que debemos odiar a los muertos y maldecirlos. Lo que estoy diciendo es que es pecado inclinarse ante los muertos, ponerlos en un pedestal como dioses ancestrales y rezarles para que nos ayuden y nos bendigan.
Quien crea en Jesús no debe hacer estas cosas. Es algo bastante incorrecto. Algunos dice: «Mi corazón no quiere hacerlo, pero toda mi familia insiste en que participe en ritos ancestrales y por eso lo hago para guardar las apariencias». Aunque esto parezca acertado al principio, el efecto es moral. Los que no son cristianos piensan: «Mira a ese cristiano inclinándose. Supongo que creer en Jesús no es diferente a creer en las supersticiones. El cristianismo es una de las muchas religiones de mundo». Cuando la gente cree de esta manera, no quiere creer en Jesús. Empiezan a ver el cristianismo en la misma luz que cualquier otra religión del mundo, piensan que no vale la pena creer en esta religión o aquella y creen que pueden entrar en el Reino de los Cielos si creen en cualquier religión. Como resultado, no ven ninguna razón por la que creer en Jesús, y cuando esto ocurre, creen que Jesús no puede ser el único Salvador de los seres humanos. ¿No es grave este pecado? Debemos darnos cuenta de que es un pecado grave.
No debemos inclinarnos antes los muertos, ni tenemos por qué. Si un cristiano adora a otros dioses, está robándole la oportunidad de creer en el verdadero Dios a otro hombre. Esto es un pecado tremendo. Si creemos en Jesús, pero al mismo tiempo realizamos ritos ancestrales y adoramos a los muertos, llamamos a una bruja para practicar brujería o pedimos a un médium que adivine nuestro futuro, ¿por qué serían perseguidos los cristianos? Ningún cristiano será perseguido si cree en estas cosas. Pero ¿por qué no hacen estas cosas los cristianos verdaderos aunque sean perseguidos? Porque no adoran a falsos espíritus, sino que creen en Dios. Si un cristiano se inclina ante un altar ancestral está demostrando que su fe es totalmente falsa.
La Biblia dice que las hechiceras deben morir (Éxodo 22, 18). En la época del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel mataba a las hechiceras sin pensárselo dos veces. Una hechicera es una persona que está poseída por un demonio. Es una subordinada del Diablo. Por eso el Antiguo Testamento dice que había que matar a esta gente. Pero no lo interpreten literalmente, pensando que deben perseguir a las hechiceras y matarlas. En realidad esto significa que debemos erradicar de nuestras vidas espirituales la presencia de aspectos relacionados con la brujería. Algunos líderes cristianos actúan como hechiceros o brujos; rezan imponiendo las manos en la cabeza de la gente y profetizan lo que les ocurrirá. ¡Qué tontería! Debemos echar a esta gente de la Iglesia de Dios y alejarnos de ellos.
Si alguien les pide que se arrodillen ante un altar ancestral, deben tener claro lo que le van a decir: «Soy cristiano. ¿Por qué le pides a un cristiano que se arrodille?». Es mejor no creer en Jesús que adorar a un espíritu malvado. Su fe debe ser coherente. ¿Cómo podemos creer en esto y lo otro, en todo lo que se ponga en nuestro camino? Si quieren creer en el budismo, entonces deben seguir lo que dicen las escrituras budistas; y si quieren creer en el cristianismo, deben saber lo que la Biblia dice y creer en ella. Nunca deben adorar a otros dioses por mucha presión que tengan. Aunque sus padres se lo pidan, deben decirles: «Como creo en Jesús, no puedo adorar a otros dioses; mi conciencia no me lo permite».
 

¿Qué tipo de fe es la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu?

Mis queridos hermanos, está mal que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu digan que sólo la sangre de Cristo les ha dado la salvación. Si uno de ellos dice que ha recibido la remisión de los pecados al creer solamente en la sangre de Cristo, está diciéndolo para evitar ser perseguido. ¿Qué significa cuando afirmamos que Jesús nos ha salvado sólo mediante su crucifixión y derramamiento de sangre? Entonces el bautismo de Dios no hubiera intervenido en nuestra salvación y sería inútil predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, puesto que con predicar sólo la sangre en la Cruz sería suficiente. En este caso tampoco nos perseguirían.
Si creen sólo en la sangre derramada en la Cruz, afirman estar sin pecado aunque tengan pecados en sus corazones e insistan en que no tienen pecados aunque en realidad no se los pasaran a Jesucristo, están convirtiéndose en seguidores de una religión mundana. Practicar esta religión es creer en un dios inventado por uno mismo. Es creer en su propio fundador religioso, su propio dios y sus propias doctrinas. Esta es la definición de religión. El budismo es una religión, y también lo es el catolicismo y todas las supersticiones del mundo.
Sin embargo, creer en Jesucristo, que vino por el agua y el Espíritu, no es una religión. No es algo que nos hayamos inventado, sino que es el Evangelio de salvación que Dios prometió a la humanidad mediante Su Palabra y que ha cumplido según Su promesa. Si creemos en este Evangelio que Dios ha cumplido, podemos alcanzar nuestra salvación. Dios nos ha salvado y por eso hemos alcanzado nuestra salvación. Creer en esto es tener una fe verdadera.
Sin embargo, en las religiones del mundo, el hombre ha creado sus propios dioses y es el hombre quien crea sus propias doctrinas y determina cómo se está bendecido y cómo se está maldito. Por eso a la religión se le llama producto de la abstracción, producto del miedo a la muerte. En otras palabras, la religión es el resultado de las ideas humanas. Por el contrario, la Biblia no surgió de los pensamientos humanos, sino que es la Palabra de Verdad que Dios nos ha dado.
La fe legalista de los defensores de la circuncisión no era nada más que una fe religiosa. Por eso Pablo dijo: «¿Por qué se preocupan tanto por algo tan insignificante como la circuncisión?». Lo que es importante es nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, el estar circuncidado no significa nada. Sin embargo, los defensores de la circuncisión insistían en que había que ser circuncidado para convertirse en el pueblo de Dios. Así que desde el Libro de Romanos, Pablo gastó mucha tinta intentando tratar el tema de la circuncisión en sus epístolas.
Si el Apóstol Pablo hubiera permitido que esta enseñanza coexistiera con el Evangelio del agua y el Espíritu, no habría sido perseguido. Dios no hubiera usado al Apóstol Pablo como Su instrumento y esta Palabra de Verdad escrita por Pablo no hubiera sido pasada de generación en generación hasta este día. Sin embargo, como el Apóstol Pablo dijo que tenía las marcas de Jesús en su cuerpo, Pablo testificó su fe pura incluso cuando le perseguían. Sin esta persecución, no hay gloria. Si un santo nacido de nuevo intenta evitar la persecución, no alcanzará su salvación tampoco.
Hoy en día, hay poca gente que afirme que los cristianos deben circuncidarse, pero muchas comunidades cristianas dicen que la salvación se recibe al creer solamente en la sangre derramada en la Cruz y al ofrecer oraciones de penitencia. Como consecuencia, en este momento, todavía hay pecado en los corazones de muchos cristianos. ¿Son perseguidos estos cristianos? No, no son perseguidos por la gente de este mundo.
¿Hay alguien que sea perseguido por creer en Jesús hoy en día? Por supuesto, los que viven en países islámicos o hindúes, a veces son amenazados por los creyentes de esas religiones. En Corea, si un cristiano mundano fuera perseguido, esta persecución se vería limitada a ser criticado por no realizar rituales ancestrales. Si un cristiano viene de una familia budista, puede ser presionado a volver al budismo, y su familia le puede preguntar por qué cree en el cristianismo cuando toda su familia es budista y puede insistir en que no debe haber dos religiones en un mismo hogar. Lo peor que le puede pasar es que su familia le amenace con echarle de la familia.
La persecución de la que el Apóstol Pablo habló era a un nivel diferente. Cuando dijo: «De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús» (Gálatas 6, 17), estaba diciendo que no tenía miedo de defender el Evangelio de Verdad de las amenazas del mundo y los falsos profetas. La diferencia entre la fe de Pablo y la de los defensores de la circuncisión es enorme. Por eso el Apóstol Pablo no dijo que había que circuncidarse. Pablo también dijo: «Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne» (Gálatas 6, 13).
¿De qué alardeaban los defensores de la circuncisión en su carne? Basándose en la circuncisión física, alardeaban: «Soy parte del pueblo de Dios. Soy descendiente de Abraham», e intentaban diferenciar su fe con este elemento. Pero ¿la circuncisión física es algo de lo que se pueda alardear? ¿Cómo se expresa la verdadera fe en nuestros corazones? Se expresa al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero el pueblo de Israel aprobaba la fe basándose en la marca de la circuncisión física.
Hoy en día, vemos que si alguien dice que cree solamente en la sangre de Jesús derramada en la Cruz, es aprobado por los demás. Mucha gente expresa su fe mediante una cruz colgada al cuello. Cuando la gente ve a otros llevando una cruz al cuello, asumen automáticamente que son cristianos. Sin embargo, sin una cruz, nadie puede decir si otro es cristiano o no. Cuando predicamos y hacemos hincapié en el Evangelio del agua y el Espíritu, los cristianos que no creen en este Evangelio nos dicen: «Creéis en Jesús, pero de una forma diferente» e inmediatamente se ponen alerta. En otras palabras, piensan para sí mismos: «Lo que este hombre está diciendo es verdad, pero es diferente a los otros cristianos. Lo que cree este hombre es peligroso, puede ser problemático, así que debo tener cuidado». Cuando esto ocurre, los santos nacidos de nuevo son rechazados y perseguidos por los cristianos que no han recibido la remisión de los pecados, todo por su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 

¿Han sido perseguidos por creer en el Evangelio del agua y el Espíritu?

«Creo en Jesús. Creo en Jesús crucificado. Me ha salvado al derramar Su sangre». ¿Han sido perseguidos alguna vez por pensar así? Cuando creyeron así, no fueron perseguidos. Por el contrario, fueron aceptados. Sin embargo, ahora que hemos recibido la remisión de nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, cuando predicamos este Evangelio de Verdad, somos perseguidos.
La gente dice sin dudar: «Como cristiano, ¿cómo puedo decir que no tengo pecados si de verdad peco todos los días? Por eso soy un pecador y siempre lo seré. Iré al Señor como pecador. Como el Señor dijo que vino a llamar a los pecadores, iré al Señor como pecador». Los que creen en esto aprueban su fe, diciendo: «¡Vaya, su fe es como la mía!».
Sin embargo, si alguien no cree en esto y pone su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y dice: «Cuando Jesús vino al mundo y fue bautizado por Juan el Bautista, todos los pecados de este mundo y todos mis pecados se pasaron a Jesús. Cuando Jesús murió cargando con los pecados de este mundo, yo también morí allí. Y cuando Jesús se levantó de entre los muertos, yo fui resucitado», la gente le deja de lado y le persigue. En otras palabras, cuando decimos que hemos dio librados de todos nuestros pecados al creer en Jesús como nuestro Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu y que nos ha salvado, la gente se pone en guardia, pensando para sí mismos: «Aunque este hombre cree en Jesús, cree de una manera extraña. Me temo que es un hereje». ¿No es así, mis queridos hermanos? Esto es lo que pasa. Así que los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu somos perseguidos por los que no creen en nosotros. Pero no nos importa.
Como muy bien saben, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, todos nuestros pecados han desaparecido. Como el Señor ha borrado todos nuestros pecados, ahora podemos ser aceptados por Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicho de otra manera, como Jesús ha borrado todos nuestros pecados, no tenemos otra opción que creer. Así que a través del Evangelio del agua y el Espíritu podemos recibir la remisión de nuestros pecados. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad de salvación que Dios nos ha dado, pero los que predican sólo la sangre de Jesús derramada en la Cruz son insuficientes en la fe. Sus corazones todavía tienen pecados.
¿Qué hacemos con los pecados que cometemos después de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? Los que han nacido de nuevo al creer en el verdadero Evangelio confiesan estos pecados a Dios y afirman que Jesús los ha borrado con el Evangelio del agua y el Espíritu. Y entonces acuden a Dios con una conciencia tranquila.
Cuando los que no han nacido de nuevo cometen pecados, intentan limpiarlos a través de sus oraciones de penitencia en vano, y por tanto el pecado sigue en sus conciencias. Como no se puede engañar a la conciencia, a no ser que tenga prueba de que sus pecados fueron pasados a Jesucristo cuando fue bautizado por Juan el Bautista, no puede confesar sus pecados con una conciencia tranquila. Así que quien no crea en el Evangelio del agua y el Espíritu, su conciencia le dice que tiene pecados en sus corazones. Nadie puede engañar a su propia conciencia.
Los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado siguen siendo pecadores. Los que se enfrentan al amor que Dios nos ha dado acaban en el infierno. Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu son perdonados por sus pecados y se convierten en los justos que pueden entrar en el Cielo; pero los que sólo creen en la sangre derramada en la Cruz y la predican, acaban siendo arrojados al infierno, porque sus pecados siguen en sus corazones. Hoy en día, creer sólo en la sangre de Cristo y predicar las oraciones de penitencia es lo mismo que intentar engañar a la conciencia propia. Los que predican las oraciones de penitencia junto con la sangre de Cristo llevan a los demás a aceptar esta falacia. La condenación que hay en sus conciencias se pasa a aquellos que les escuchan.
Por eso, cuando escuchamos el Evangelio de Dios, debemos predicarlo así: «Todos debemos evitar morir por nuestros pecados y ser arrojados al infierno. Somos pecadores desde el momento en que nacemos. Y por culpa de nuestros pecados nos separamos de Dios. Por culpa de estos pecados hay una separación entre Dios y nosotros. Lo que nos une de nuevo con Dios es el Evangelio del agua y el Espíritu».
Sin embargo, los cristianos de hoy en día creen que sólo la sangre de Cristo restaura nuestra relación con Dios. Consideran el símbolo de la Cruz como lo único de lo que trata el cristianismo. Por eso dicen que para salvarse hay que aceptar el poder expiatorio de la sangre de Jesucristo en nuestros corazones según las cuatro leyes espirituales que algunas organizaciones misioneras promueven, tales como el Campus Crusade for Christ (cruzada universitaria por Cristo). Sin embargo, aunque el símbolo de la Cruz una a los seguidores de la religión, no puede quitar el pecado que nos separa d Dios. Esta fe es sólo una falacia.
Si se omite el hecho de que Jesucristo fue bautizado, que es lo mismo que la imposición de manos en el Antiguo Testamento sobre los animales expiatorios, y se predica únicamente la sangre de Jesucristo, se está predicando una religión inventada. El Señor vino al mundo y nos ha salvado a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. No nos salvó a través del agua únicamente, ni sólo mediante la sangre derramada en la Cruz, sino que nos ha salvado a través del agua y la sangre (1 Juan 5, 6). Precisamente porque el Señor ha sido bautizado por Juan el Bautista para tomar los pecados sobre Sí mismo, tuvo que ser crucificado. Y al levantarse de entre los muertos, nos ha salvado perfectamente. Así, a través de Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha salvado de una vez por todas.
Cuando afirmamos creer en Jesús, no debemos creer sólo en la sangre de Cristo. Debemos creer en Jesús, que vino por el agua y la sangre (1 Juan 5, 6). Del mismo modo, cuando predicamos el Evangelio de Dios, debemos predicarlo con claridad, correctamente y exactamente. Y cuando damos testimonio del Evangelio del agua y el Espíritu, debemos creer en él y pasárselo a otros tal y como es. Nuestra prioridad es creer en él de corazón cuando lo predicamos, ya lo acepte la gente o no.
Cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, si la gente no lo acepta al escucharlo una vez, debemos explicárselo una y otra vez con más detenimiento. Si sólo predicamos la sangre de Jesús en vez del Evangelio del agua y el Espíritu, por mucho que intenten creer los que nos escuchan, no pueden ser salvados de sus pecados. ¿Cómo puede salvarse de los pecados cuando el que predica no lo hace correctamente? ¿Puede alguien ser salvado por su propio evangelio inventado?
La Biblia dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10, 17). A no ser que los que prediquen la Palabra de Dios prediquen el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿cómo pueden los demás recibir la verdadera salvación? Es imposible. Mis queridos hermanos, por esto los que predican el Evangelio del agua y el Espíritu deben mantener su fe y difundirla por todo el mundo. Si abandonamos nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, este mundo morirá.
Les quiero decir claramente, porque creo en el Evangelio del agua y el Espíritu: no es cierto que podamos salvarnos independientemente de si creemos o no en el Evangelio del agua y el Espíritu. No es verdad que la gente esté destinada a ser salvada aunque no prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu. Si nosotros hemos sido salvados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, tenemos que predicarlo sin falta según nuestra fe, porque sólo los que nos escuchan podrán recibir la remisión de los pecados al creer de la misma forma en la que nosotros creemos. Sin embargo, si un testigo no predica el Evangelio del agua y el Espíritu, los que le escuchan no podrán recibir la remisión de los pecados por mucho que le escuchen.
Muchos de los que leen nuestros libros nos envían testimonios desde el extranjero, diciendo que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué es lo que nos escriben? Dicen que han sido salvados a través del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y de la sangre que derramó en la Cruz. El bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz están interrelacionados. El Evangelio del agua y el Espíritu revelado en la Biblia no es un Evangelio que nos llamé a creer sólo en la sangre de Jesús. Este Evangelio del agua y el Espíritu no es algo que nos hayamos inventado. Tenemos una buena conciencia de fe en nuestros corazones y por eso no podemos mentir o engañar. Este Evangelio de Verdad es el Evangelio «según las Escrituras» (1 Corintios 15, 1-4).
Cuando Dios nos creó, nos hizo según su imagen. Así es como Dios nos hizo, no sólo en apariencia física, sino también por dentro. Dios nos dio una conciencia y uno de los atributos de esta conciencia es la justicia de Dios. Por eso no podemos engañar a nuestra propia conciencia. Creer en el Evangelio del agua y el Espíritu o no es una cuestión de conciencia. Cuando nuestras conciencias conocen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros pecados son borrados. Cuando el Señor fue bautizado, tomó los pecados de nuestras conciencias. Si el Señor no hubiera tomado ni un 0,001 % de nuestros pecados, nuestras conciencias no podrían estar sin pecados. Los que engañan a sus propias conciencias, se engañan a sí mismos.
Por eso la Biblia dice que cuando la gente se presenta ante el trono del juicio de Dios después de la segunda resurrección y que confesarán ante Dios todo lo que han hecho (1 Pedro 4, 5). En otras palabras, los que tienen pecados en sus corazones confesarán con sinceridad, diciendo: «Tengo pecados en mi corazón. Iré al infierno». Por el contrario, la conciencia de los nacidos de nuevos dirá: «Creo que el Señor ha borrado todos mis pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso no tengo pecados. Creo que el Señor tomó todos mis pecados y pagó el precio por ellos cuando vino al mundo al ser bautizado, morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos». Por eso cuando uno cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, su conciencia se llena de gozo. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que Jesús mencionó cuando dijo: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 32).
 Nuestra fe es real. No creemos en doctrinas humanas. Por eso el Apóstol Pablo señala en Gálatas 1 que el Evangelio no viene del hombre, sino de Dios mismo, diciendo: «Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo» (Gálatas 1, 11-12). Al creer en la Verdad, hemos alcanzado nuestra salvación con una conciencia tranquila.
Está escrito: «Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3, 15). Jesús vino a este mundo a salvarnos. Cuando Jesús cumplió 30 años fue bautizado por Juan el Bautista, y tres años después murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos, cumpliendo la justicia que nos ha salvado. En otras palabras, Dios hizo lo correcto para nosotros. Envió a Su propio hijo al mundo, y al hacer que Su hijo fuese bautizado, le pasó todos los pecados del mundo. ¿Acaso no se pasaron todos los pecados del mundo a Jesús cuando fue bautizado? Por supuesto que sí.
Ahora deben creer en este Evangelio de Verdad con una conciencia buena. Según nuestra conciencia, éramos pecadores y estábamos destinados a ir al infierno. Sin embargo, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para tomar todos nuestros pecados. Cuando Jesús fue bautizado, ¿fueron nuestros pecados pasados? Sí. Como nuestros pecados fueron pasados a Jesús, Él los llevó a la Cruz, fue crucificado y derramó Su sangre hasta morir. Y al levantarse de entre los muertos al tercer día se ha convertido en nuestros Salvador eterno.
El Evangelio del agua y el Espíritu no ofrece el tipo de salvación que no pueden reconocer nuestras conciencias. Su conciencia y la mía admiten que Dios nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cómo ocurre? ¿Pueden reconocer el Evangelio del agua y el Espíritu con su conciencia? ¿Han recibido la remisión de los pecados para convertirse en gente sin pecado con una buena conciencia?
Cada uno tiene su propia conciencia. Cuando el Apóstol Pablo dijo en Gálatas 6, 18: «Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu», significa que Pablo quería que la gracia de Jesucristo estuviera en nuestra conciencia. ¿Cuál es la gracia de nuestro Señor Jesucristo? Es la gracia del Evangelio del agua y el Espíritu, con el que nos ha salvado del pecado. Esto es lo que Pablo quiere que tengamos en nuestro espíritu. Saber esto con nuestra mente, creer con el corazón, confesarlo con los labios y seguirlo con nuestras vidas, es la verdadera fe.
Mis queridos hermanos, ¿creen en esta Verdad de corazón? ¿Reconocen el Evangelio del agua y el Espíritu con su buena conciencia? El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad. Es la Verdad que el Apóstol Pablo testificó. El Libro de Gálatas habla de esto desde el primer capítulo hasta el último.
¡Qué duro debió ser para el Apóstol Pablo predicar el Evangelio a los gentiles! Gracias a la devoción de Pablo, los gentiles creyeron en Jesucristo, que vino por el agua y el Espíritu. Pablo predicó el Evangelio del agua y el Espíritu tal y como es: «Jesús es Dios mismo. Aunque está sin pecado y aunque nunca ha pecado, vino al mundo y tomó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista. Después fue crucificado cargando con todos esos pecados y murió en la Cruz, pero al tercer día se levantó de entre los muertos. Por tanto, quien crea en este Jesús será salvado de todos sus pecados y se convertirá en hijo de Dios».
Gracias a que el Apóstol Pablo dio testimonio de Jesucristo a los gentiles, empezaron a haber creyentes en esta comunidad. «Estaba destinado al infierno, pero el Hijo de Dios me ha salvado al venir al mundo por mí, al ser bautizado, morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos». Así, los gentiles también creyeron en el Evangelio del agua y el Espíritu con sus corazones.
Sin embargo, si algunos creyentes les dijeran a estos nuevos creyentes gentiles: «Tenéis que circuncidaros. Si no os circuncidáis, no sois parte del pueblo de Dios. Así que circuncidaos», ¿no estarían confundidos los gentiles? Esto hace mucho mal a la difusión del Evangelio. Estas falsas enseñanzas corrompen la Verdad de que Jesucristo vino al mundo y nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. La insistencia en la circuncisión fue un golpe mortal a la tarea de Pablo de predicar el Evangelio a los gentiles.
En aquel entonces, la Iglesia estaba sumida en tal confusión que el Apóstol Pablo tuvo que trabajar duro para restablecerla. Por eso ustedes y yo podemos ver esta Palabra de Verdad ahora.
Y en esta época también podemos darnos cuenta de que predicar exclusivamente la sangre de Jesús, en sustitución de la circuncisión, está haciendo que la Iglesia esté confundida. ¿Qué debemos hacer nosotros como los nacidos de nuevo? Debemos creer en Jesucristo que vino por el agua y el Espíritu, predicarlo y defender el verdadero Evangelio. No debemos proclamar al Jesús crucificado únicamente. En realidad debemos predicar sobre el Jesucristo que ha borrado todos los pecados de la humanidad al venir por el agua y el Espíritu, dar testimonio de Él y creer en Él.
Si no hay causa, no hay consecuencia. ¿Hay consecuencia sin causa? Cuando Dios hizo el universo, cuando hizo que naciesen en este mundo, ¿dijo: «Te he creado por causalidad»? No, la Biblia dice que Él quiso hacernos Su pueblo en Cristo antes de la fundación del mundo y que nos ha salvado al enviar a Jesucristo (Éfesos 1, 4). Dicho esto, ¿por qué nos daría Dios la conclusión de la salvación mediante la sangre de Jesús únicamente? ¿Cómo puede haber una verdad que no cumpla con la ley de la causalidad?
Sin el bautismo de Jesús, no hay Cruz tampoco. En otras palabras, el Evangelio de la Cruz sin el bautismo de Jesús, no es la Verdad. Debemos conocerlo correctamente y creer en él. Sé que entienden el Evangelio del agua y el Espíritu y que creen en él correctamente. Entendamos el deseo de Pablo y prediquemos como él lo hizo.
En vez de ser envidiosos, provocarnos los unos a los otros, envidiarnos o discutir, les pido que crean en lo que el Señor les ha dado de todo corazón, lo prediquen en toda su pureza y que estén agradecidos por ello.
Que Dios, que ha venido por el agua y el Espíritu, les bendiga a todos ustedes.