The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 3-8] < Juan 3, 16-21 > ¿Por qué envió Dios a Su Hijo a este mundo?

< Juan 3, 16-21 >
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios».
 
 
¿Qué significa creer en el amor de Dios? En el pasaje de las Escrituras de hoy, el Señor nos habla específicamente sobre este tema. Dice que Dios amó tanto al mundo que entregó a Su único Hijo para que quien crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Entonces, ¿cuál creen que es la fe que cree en la Verdad de que Dios Padre y el Hijo de Dios, Jesús, nos salvó de los pecados del mundo? Dios dijo que no envió a Su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo fuese salvado a través de Él. Presten atención a que lo que Dios Padre quería cumplir al enviar a Su Hijo a este mundo no era juzgar a la gente del mundo por todos sus pecados, sino hacerles recibir la salvación del pecado y recibir la vida eterna en la fe.
Por tanto podemos decir con confianza que somos la gente que está sin pecado por creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos ha dado. Esto significa que pudimos ser librados de nuestros pecados del mundo y recibir la salvación y que hemos escapado del juicio eterno al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Todo el mundo nace con el pecado original y comete pecados durante toda su vida, pero podemos recibir la salvación de todos nuestros pecados y transgresiones al creer en el Evangelio de salvación, el Evangelio del agua y el Espíritu, que Jesucristo, el Hijo de Dios, nos ha dado, y estamos muy agradecidos porque creemos en este Evangelio y por eso viviremos eternamente como personas justas. Las personas que tienen pecados en sus corazones serán juzgadas y recibirán la maldición eterna por ese pecado, ya crean en Jesús como su Salvador o no. Sin embargo, la gente que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones puede escapar del juicio de Dios porque no tiene pecados en sus corazones.
 
 
¿Por qué recibimos el juicio del pecado?
 
Está escrito: «El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios». Por tanto, el que una persona sea juzgada o no depende de si la persona cree o no en el único Hijo de Dios que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos pregunta esto personalmente y nos da la respuesta a través del pasaje de las Escrituras de hoy. Los que confiesan que Jesucristo, el Hijo de Dios, es su Salvador al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, reciben la remisión de todos sus pecados y por tanto no son juzgados. Pero los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu tienen que ser juzgados por todos sus pecados porque todavía tiene pecados en sus corazones. Por tanto, creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es crucial para determinar la salvación, que es el don de Dios. Quiero que recuerden que los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado, puede convertirse en hijos de Dios al creer en esta Verdad de salvación correcta.
En realidad, ¿cuántas personas que van a la iglesia no creen en Jesús como el Señor? ¿No dicen todos que creen en Jesucristo como el Salvador? Pero el gran problema es que no entienden que Jesús ha venido por la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y se ha convertido en el Salvador de todos los pecadores.
Hace unos días fue Navidad. Cantamos la siguiente canción: «¡Gozo en el mundo, el Señor ha venido! ¡Que la tierra reciba al Rey!» y la gente de todo el mundo también alabó a Jesús como el verdadero Salvador, el Hijo de Dios, que vino a este mundo para salvarnos de todos los pecados del mundo. Pero es triste que haya muchas personas que no sepan que Jesucristo nos salvó a los que éramos pecadores a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
El pasaje de las Escrituras de hoy dice: «El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios» (Juan 3, 18). Como Dios dijo seriamente, la razón por la que Dios juzga a la gente del mundo que tiene pecados es porque tiene el pecado de no conocer y no creer en Jesucristo, que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, no porque Él disfrute juzgando. Después de haber nacido y muerto en este mundo, todo el mundo tiene que pasar por el juicio justo de Dios. Entonces, ¿significa esto que la gente que tiene pecados recibirá la pena eterna del pecado por sus pecados? Sí, es cierto. Por tanto, el que una persona reciba la salvación y disfrute de la vida eterna con el Señor en el paraíso eterno o vaya al fuego del infierno para pagar la pena del pecado para siempre, depende de si cree o no en Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto es la justicia, el amor, las bendiciones y el juicio de Dios. Por tanto, no deben olvidar que el asunto de haber recibido la remisión de los pecados o no, el que hayamos recibido la salvación o no, o el que vayamos a ser juzgados o no, depende de si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
¿Tenían pecados en su corazón?
 
Hay personas que siguen siendo pecadores y recibirán el juicio por sus pecados ante la presencia de Dios, y por otro lado hay personas que no recibirán el juicio del pecado. El Señor habla sobre esto en el pasaje de las Escrituras de hoy, en el Evangelio de Juan 3, 16-21. Pero aún así hay muchas personas que no entienden correctamente el Evangelio del agua y el Espíritu o el juicio del pecado.
Nuestro Señor dijo en el pasaje del Evangelio de Juan 3, 19: «Y esta es la condenación». La condenación aquí se refiere al estado de estar condenado. Por tanto la condenación implica el estado de tener pecados y la gente que tiene pecados ante la presencia de Dios será juzgada por esos pecados, como está escrito: «Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Juan 3, 19). Está diciendo que el pecado permanece en los corazones de la gente porque no creyeron en el Evangelio del agua y el Espíritu. Jesucristo, que es la luz de nuestra vida, vino al mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu, pero los corazones de muchas personas están atrapados por el pecado porque no le entienden y no le reciben en Sus corazones. Jesús es el Salvador, pero los humanos se hicieron pecadores que no pueden recibir la remisión de los pecados porque aman la oscuridad más que la luz, ya que sus obras son demasiado malvadas.
En resumen, la gente sigue viviendo con pecados porque no puede creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, la luz de la Verdad, y porque no puede creer en que Dios ha borrado todos sus pecados. Aunque Jesús borró todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, morir en la Cruz y resucitar de entre los muertos, la gente sigue viviendo en pecado porque sus obras malas cubren la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
La gente que ha rechazado el Evangelio del agua y el Espíritu está confesando que prefiere la oscuridad a la luz, que no cree en este Evangelio verdadero del amor de Dios, que se niega a aceptar que Jesús es el Salvador porque los pecados que cometen son más atractivos que el hecho de que Jesús quitó todos sus pecados. Piensan que es normal ser pecadores y por eso no quieren ser justos, y la gente que tienen esta fe es prisionera de sus pecados. Siempre hay pecados en sus corazones y por eso Dios dice que estas personas tienen pecados y se merecen el juicio de Dios. Dios no hizo que sus pecados quedaran intactos en sus corazones, pero viven constantemente como pecadores porque no creen en Jesucristo como el Señor que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu.
Está escrito: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito», que quien crea en la justicia y el amor de Dios recibirá la salvación de todos los pecados. La Palabra de Juan 3, 16 testifica el hecho de que el Señor ha salvado a todo el mundo de sus pecados porque nos ama a todos tanto.
Pero hay personas que dicen: «Me gusta tener pecados más que no tenerlos. Me gusta vivir con pecados en una vida llega de oscuridad en vez de vivir sin vergüenza ante Dios». Este es el problema de la gente: no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor les ha dado sin precio porque les gusta estar inmersos en el pecado en vez de tener el gran amor que les ha salvado del pecado. Les gusta Satanás, que es oscuridad, más que Dios, que es luz. ¿Qué debe hacer Dios con esto? Los que les gusta el pecado más que Dios deben ser juzgados porque prefirieron ser pecadores por su propia voluntad y así se merecieron el juicio del pecado.
En realidad todos los que entendemos correctamente y creemos en Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, dependemos de lo que escojan nuestros corazones. Debemos escoger con cuidado si vamos a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu o si vamos a creer solamente en la sangre de Jesús derramada en la Cruz. Hay algunos cristianos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero otros muchos cristianos solo creen en la sangre derramada en la Cruz como la salvación.
Entonces, el Evangelio en el que escojan creer está en sus manos. No solo es una cuestión de opción el ir al Reino de los Cielos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, sino que también recibir la remisión de los pecados depende de la fe que escojan. Escoger uno de los dos evangelios depende de ustedes. Por tanto, deben escoger correctamente en qué Evangelio van a creer.
 
 
¿Qué están siguiendo en realidad?
 
Juan 3, 20-21 dice: «Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios».
Esta Palabra revela dos tipos de comportamientos humanos: la persona que busca el mal y la persona que busca la Verdad. En primer lugar, a la persona que busca el mal no le gusta la luz de la Verdad y no va a la luz porque tiene miedo de que sus obras queden expuestas. Este tipo de personas no quiere la luz de la Verdad porque la oscuridad cubre sus corazones y los tiene esclavizados. Por tanto, ¿a quién ama esta gente más, a Dios o al Diablo? Aman más al Diablo que a Dios. Por eso no quieren ir ante la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y no creen en ella.
Dios quiso venir a este mundo como la luz de la salvación de la humanidad y ha salvado a nuestras almas para siempre a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Los que han recibido el Evangelio del agua y el Espíritu reciben la remisión de los pecados para siempre, pero los que no creen no pueden recibir la remisión de los pecados. Por tanto, la gente que no ha recibido la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu no puede recibirla porque aman la oscuridad más que la luz. Deberían haber amado a Dios más que la oscuridad por lo menos, pero no lo han hecho. Esto se debe a que la gente tiene una mente que ama la oscuridad más que la luz de la Verdad en sus corazones.
Por tanto debemos controlar nuestros corazones correctamente y obedecer al Evangelio del agua y el Espíritu. nosotros no debemos tener oscuridad ni pecados en nuestros corazones. Los que viven en la oscuridad no pueden recibir la Verdad del amor de Dios porque sus mentes aman la oscuridad. Por tanto, debemos librarnos de los pensamientos injustos que surgen de nuestros corazones y aferrarnos al Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos deshacernos de la oscuridad y recibir sinceramente la Verdad que está manifestada en el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces todo el mundo podrá recibir la salvación del pecado, aunque esto es más fácil de decir que de hacer. Por eso hay personas que están encarceladas en la oscuridad porque quieren vivir en la oscuridad por miedo a que sus obras queden expuestas cuando vayan a la luz. Pero deben reconocer claramente que no pueden dejar de vivir siendo pecadores para siempre ante la presencia de Dios.
 
 
Dios nos dijo que fuésemos a la luz de la Verdad
 
Leamos el pasaje de Juan 3, 21 de nuevo. Después de decir: «Mas el que practica la verdad viene a la luz», el Señor dice: «para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios».
Esta Palabra es muy importante. Dios dijo «quien practica la verdad viene a la luz», y lo dijo para revelar que sus obras se hacían en Dios. Ya queramos cometer pecados o no, nacimos de unos padres concretos en este mundo y vivimos en un ambiente concreto por lo que cometemos pecados siempre por nuestras debilidades. La razón es que hemos nacido con pecados como descendientes de Adán. Pero Dios sabía esto. Porque todos los pecados que cometemos son los pecados que cometemos en la presencia de Dios, y Él siempre sabía que los cometeríamos, y por eso vino al mundo para salvarnos con el agua y la sangre.
Ahora debemos reconocer la justicia de Dios. Debemos reconocer el amor de Dios Padre que nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu al enviarnos a Su único Hijo para borrar nuestros pecados. Por tanto, la gente que está en el Evangelio del agua y el Espíritu, ha entrado en Dios.
¿De quién depende que nos convirtamos en personas justas? ¿De quién depende que recibamos la remisión de los pecados? Dios borró nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu y dijo que todos los que creen en esta Verdad del Evangelio eran salvados del pecado. Por tanto, la responsabilidad de recibir la remisión de los pecados o no recibirla es nuestra ahora. Dicho de otra manera, nuestra salvación depende esencialmente de nosotros; depende de si tenemos fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos da. ¿Creen en el hecho de que recibir la remisión de los pecados depende de Dios? ¿O creen que depende de nosotros ya que se nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu? Quiero que se den cuanta de que depende de nosotros ahora. Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados. Por tanto, Dios ha cumplido toda Su obra desde Su punto de vista y nuestra salvación depende completamente de nosotros.
Había una vez un teólogo que dijo que Dios había predestinado a algunos a ser salvados incondicionalmente y a otros a ser condenados, incluso antes de la creación del mundo. Muchas personas de todo el mundo le admiraron hace tiempo, pero ahora no es así. Si su afirmación fuera verdad, yo puedo pensar que he sido escogido porque creo en Jesús y que otra persona que conozco no ha sido escogida porque no cree en Jesús. Pero me costó algún tiempo darme cuenta de que eso era incorrecto. Como dice Juan 3, 16: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna», Dios ama a todo el mundo y nos salvó a todos.
Por tanto, el que ustedes y yo recibamos la salvación depende de nuestros corazones. Su salvación depende de si creen en el amor de Dios o no, de si creen que Dios nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu o no, de si aman al Diablo más que a Dios o no, y de si siguen a Dios o no. Por tanto, podemos entender que la Palabra de Dios es diferente de los conceptos que entendíamos hasta ahora.
Por tanto, desde el punto de vista de Dios, ya nos ha salvado de todos nuestros pecados. Ahora nos toca tener fe en el amor de Dios y la salvación desde nuestro punto de vista. Los que creen que el Señor les ha salvado a través del agua y el Espíritu y que Dios es la Verdad, la Luz, el Amor, y la Justicia, serán transformados a la imagen de Dios, y los que prefieren al Diablo y no creen en la Verdad serán como el Diablo. Por tanto ustedes tienen el privilegio de escoger.
Dios le dijo a Adán que no comiese del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, y le avisó que moriría si comía de él. El Libro del Génesis nos dice que había un árbol de la vida y un árbol del conocimiento del bien y del mal en medio del Jardín del Edén donde Adán vivía, y por tanto Adán solo tenía que comer del fruto del árbol de la vida y vivir para siempre. Y Dios también quería eso.
Pero Dios le dio a la humanidad el privilegio de la elección para podernos hacer los verdaderos hijos de Dios. Sin embargo, Adán al final comió del fruto que Dios le había dicho que no comiese. Adán fue quien tomó esa decisión, aunque Satanás, el Diablo, le tentó. Fue la elección de Adán. Nuestro destino cambia dependiendo de nuestra elección.
Los asuntos de este mundo son así también. Las vidas de la gene cambian dependiendo de las decisiones que tomamos. ¿Qué cosas les gustan y qué cosas odian? Tomamos decisiones según los deseos de nuestros corazones. Por tanto, todo estará bien si les gustan las cosas rectas y todo saldrá mal si no les gustan las cosas buenas. Todo depende de la elección. Depende de la elección que tiene lugar en sus corazones y no en nuestras obras.
Así que pienso sobre algunas cosas a medida que pasa el año. Un año es poco tiempo comparado con la vida eterna que Dios ha preparado para nosotros. El año siguiente viene después de este, y después de ese año vendrá otro. Le damos significado a cada años desde el punto de vista del trabajo, pero no hay mucho valor en distinguir el tiempo. Comemos, trabajamos, y dormimos este día, y comemos, trabajamos y dormimos al día siguiente, y nuestras vidas se repiten todos los días sin más. ¿Qué hay de nuestras vidas cuando se acaben con el paso del tiempo? Dios nos ha salvado eternamente del pecado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Así que, recibir la remisión de los pecados al creer de verdad en este Evangelio es lo que da significado a nuestras vidas.
 
 
¿De quién depende nuestra salvación?
 
Nuestra salvación depende de nuestra decisión. Voy a compartir una experiencia personal con ustedes. Yo tenía pecados antes. Nací en un ambiente bastante malo y crecí bajo la influencia del budismo, en el que mis padres creían. Entonces, un día me di cuenta de que esto estaba mal y dejé de creer en la religión, y di muchas vueltas antes de encontrar el cristianismo. Un día recibí un panfleto que alguien estaba distribuyendo para evangelizas, y encontré también un librillo que contenía los Evangelios. A menudo abría este librillo y lo leía porque estaba aburrido. En aquel entonces no había muchos libros para leer.
De todas formas, empecé a leer ese libro del Evangelio y lo leí todo en un instante porque era muy fácil de leer. «El libro de la genealogía de Jesucristo, el Hijo de David, Hijo de Abraham...Abraham engendró...» y el capítulo primero de Mateo se acabó con la genealogía. Me di cuenta de cómo nació Jesús y de que quitó los pecados de las personas malvadas como yo y murió. Empecé a sentir: «Jesús es una persona maravillosa. Es tan justo».
Entonces un día me enteré de que tenía una enfermedad física y quería morir porque no quería ser una carga para los demás. Pero cuando consideré la muerte, el hecho de que tenía demasiados pecados en mi corazón se convirtió en una razón para vivir, ya que quería recibir la remisión de los pecados. Por tanto fui a una iglesia cuando no había nadie presente y oré: «Las Escrituras dicen que moriste por mí. Creeré en Ti. Por favor, borra los pecados que he cometido». Entonces tuvo una nueva esperanza en mi corazón que se había estado preparando para el fin. En vez de tener pensamientos negativos, surgió una esperanza muy positiva en mi corazón. Sentí que esa enfermedad podría ser tratada de alguna manera y empecé a ir a la iglesia.
Durante los 10 años siguiente de mi vida espiritual seguí leyendo las Escrituras y creyendo en Dios, pero los pecados seguían en mi corazón. Pensaba que había recibido la salvación porque había conocido a Jesús, pero por el contrario me convertí en un verdadero pecador porque mis pecados personales se acumularon. Me convertí en un verdadero pecador después de conocer a Jesús como dice la Biblia: «Porque por la ley es el conocimiento del pecado» (Romanos 3, 20). Me empecé a dar cuenta de que: «Soy un pecador que adora a ídolos, un pecador que asesina, roba, comete adulterio y miente». Por tanto, siempre sufría en mi corazón pensando: «¿Cómo puedo borrar estos pecados» y busqué la respuesta.
Y el Señor vino a mí al final. El Señor me dio la oportunidad de leer la Palabra del Evangelio de Mateo 3, 13-17, y sentí paz en mi corazón cuando leí esta Palabra de Verdad. Jesús contestó mi pregunta sobre Su bautismo. Conocí la Verdad y dije: «Jesús cumplió toda la justicia al ser bautizado por Juan el Bautista. Jesús tomó todos los pecados de la humanidad sobre Sí mismo a través del bautismo. Jesús tomó mis pecados cuando fue bautizado. La Verdad de Dios es el Evangelio del agua y el Espíritu». Entendí la razón por la que mi vida sufría por el pecado aunque Jesús vino como el Salvador y creía en Jesús como el Salvador porque no sabía que todos mis pecados se pasaron a Jesús a través de Su bautismo. Sin embargo, confesé: «Jesús tomó todos mis pecados sobre Sí mismo al recibir el bautismo de Juan el Bautista. Jesús tomó todos los pecados del mundo sobre Sí mismo, fue clavado a la Cruz, resucitó al tercer día después de morir en la Cruz, y se convirtió en mi Salvador y en el Salvador de toda la humanidad». Pude recibir la remisión de los pecados en mi corazón al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de esta manera.
Somos personas que quieren vivir según la voluntad de Dios y con justicia. Pero es imposible vivir una vidas perfecta según nuestros deseos. Todo el que cree en la Palabra de Dios sabe que quien peca ante la presencia de Dios recibe una maldición y va al infierno. Nosotros éramos la descendencia del Diablo.
Pero si leemos Mateo 3, 13-17, veremos que, como en la imposición de manos en el Antiguo Testamento, el bautismo de Jesús le pasó todos los pecados del mundo a Jesús, y en el Nuevo Testamento tomó todos mis pecados y los pecados de toda la humanidad sobre Sí mismo a través de Juan el Bautista, que era el representante de toda la humanidad. Finalmente, el hecho de que Jesucristo es el verdadero Salvador para nosotros se convierte en un hecho claro cuando entendemos que Jesús cargó con esos pecados a la Cruz, fue clavado a esa Cruz, y resucitó al tercer día después de Su muerte. Finalmente recibí la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de esa manera.
Después de recibir la remisión de los pecados, me di cuenta de que mi nacimiento, mi aprendizaje en ese ambiente en concreto, mis pecados, y todas las cosas se permitieron en el bautizo que Jesucristo recibió. Ahora Dios y yo no éramos seres separadas, y pude convertirme en un ser que estaba en Dios, y ustedes también están en Dios. Dios sabía que pecaríamos. Por eso ha borrado todos nuestros pecados a través de Su salvación justa. Por el amor inimaginable de Dios por nosotros, borró todos nuestros pecados a través del agua y la sangre, Jesús tomó todos los pecados del mundo sobre Sí mismo a través del bautismo y derramó Su sangre en la Cruz para poner fin a todo el juicio. Realizó esta salvación porque nos amó tanto.
Incluso ahora, todas las partes de nuestra vida están en Dios. Juan 3, 21 dice: «Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios». Dios creó a toda la humanidad y la puso en este mundo. Entonces hizo que todos nuestros pecados fuesen revelados, y nos dio la vida eterna al hacernos creer en la Verdad de la salvación a través de Su Hijo Jesucristo y al hacernos hijos Suyos. Dios hizo esto porque nos ama. Esta es la obra que Dios ha hecho por nosotros. Por tanto, la Biblia dice que Dios ha cumplido el Evangelio del agua y el Espíritu en la Palabra de Dios para darnos la verdadera y eterna salvación.
Nosotros cometemos pecados en la carne después de haber nacido en este mundo como descendientes de Adán, pero hagamos lo que hagamos en este mundo, todos estamos en la salvación de Dios. ¿Estamos en Dios o estamos separados de Dios? Estamos en Dios. Incluso los monjes budistas están en la gracia de salvación de Dios. Pero no buscan la fe y simplemente golpean un bloque de madera esperando que Buda venga a salvarles.
Jesucristo ha salvado a toda la humanidad. Jesús es el único Salvador. Solo existe Jesucristo, el Hijo de Dios, que nos ha salvado. La gente puede recibir la remisión de los pecados al creer en Jesucristo y nadie más. Yo he nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Aunque tenemos muchos fallos, debemos entender el hecho de que todo el problema del pecados se ha resuelto en Dios y debemos admitirlo. Aunque nuestras vidas sean imperfectas, debemos entender que Dios nos ha salvado perfectamente del pecado. A pesar de todas las cosas que les he dicho, ¿siguen creyendo que estamos en Dios cuando no pecamos pero no estamos en Él cuando pecamos? No hay nada que no esté en la salvación de Dios. Si existen los extraterrestres que tanto busca la gente, ellos también están en la salvación misericordiosa de Dios. Pero, por supuesto, no hay extraterrestres en este universo. Lo que quiero decir es que estamos en Dios, y no pretendo discutir sobre si existen los extraterrestres o no. Estamos en la salvación de Dios siempre, ya hagamos bien o mal. Este Dios nos ha salvado. No podemos escapar de Dios.
¿Acaso no dice Dios esto en el Evangelio de Juan 3, 16 «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Dios amó taㅁㅁㅁㅁㅁㅁㅁㅁㅁnto al mundo de esta manera. Dios nos amó. Dios nos amó y sabía que somos esencialmente la descendencia del pecado y nos limpió de todos estos pecados a través de la salvación del agua y el Espíritu.
Jesús borró todos nuestros pecados para que no fuésemos juzgados. Lo hizo para que nos convirtiésemos en personas sin pecado. Nos hizo personas que no recibirían el juicio. Dios nos amó de esta manera. Por eso debemos creer que Dios amó al mundo de esta manera. Debemos creer también que estamos en Dios. ¿Creen en esto?
¿Estamos lejos de Dios? Todos estamos en Dios. Hay un dicho que dice lo siguiente: «Una pulga es una pulga por muy alto que salte» y nosotros somos como las pulgar. Aunque una pulga salte 100 veces la altura de su cuerpo, ¿puede salirse de la atmósfera de la tierra? No puede ni siquiera ir alrededor de una ciudad. Las pulgas nacen rodeadas de los muros de una ciudad y muere dentro de la ciudad sin poder salir de sus muros.
Debemos pensar en términos universales. Dios nos conoce. Si hay algo que Dios espera de nosotros es que le amemos de todo corazón. De verdad, quiero que se libren del corazón que no ama a Dios, el corazón que ama la oscuridad y al Diablo. Habrá un tiempo en que tendremos que escoger entre Dios o el Diablo y ¿qué vamos a escoger? Vamos a decir el nombre del que elegimos y decir: «Escojo esto». Yo escojo a Dios. Debemos admitir esto con nuestros labios.
El que Dios nos haya salvado es una buena noticia. No hay nada más que decir. El que Dios me ame y me haya salvado lo es todo. Hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el amor de Dios. ¿Es esto cierto para ustedes?
Por tanto, esto es lo que debemos hacer en el mundo. Debemos hacer la obra de compartir el Evangelio con el que Dios ha borrado todos los pecados del mundo de esta manera porque amó tanto a la humanidad. Escogemos esta obra. No necesitamos nada más.
Ahora, ¿qué van a escoger para el resto de sus vidas después de haber escogido a Dios y haber recibido la remisión de los pecados? ¿Van a recibir la obra justa o no? Esto depende de su elección. ¿Qué obra van a escoger? A la gente no le gusta la lógica de blanco o negro, pero Dios les está pidiendo que escojan una de las dos opciones. Dice que no hay nada en medio. Ustedes obviamente escogerían la obra que le complace a Dios, ¿no es así?
Puede que se pregunten porque estoy haciendo una pregunta tan obvia. «Sería más difícil si hubiese 3 ó 4 opciones. Pero, ¿qué hay de difícil en escoger entre dos opciones? Una es incorrecta al 100% y la otra es correcta al 100%, entonces ¿qué hay que pensar? Por supuesto que yo escogeré lo que le complazca a Dios». Por supuesto que creo que eso es lo que ustedes dirían, pero estoy haciendo hincapié en esto porque a veces hay personas que escogen lo que complace a su carne. Dios nos da la respuesta y nos dice que escojamos porque los seres humanos son idiotas. Dios hace esto porque hay algunas personas que no viven la vida mejor.
Esto es tan maravilloso. Estoy contento porque he recibido la remisión de los pecados. Incluso ahora no predico otra cosa que el Evangelio del agua y el Espíritu. No hay nada más que predicar. Otros predicadores hablan de obras literarias de manera sofisticada, pero yo hablo del Evangelio del agua y el Espíritu, ya viva o muera, porque no hay nada más importante que esto. Esto es todo lo que Dios nos ha dado, y esto es todo lo que deberíamos hacer. Ustedes sirven todos los días al Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos decidir en nuestros corazones firmemente que haremos esta obra ya vivamos o muramos.
¿Quieren hacer otras cosas también? ¿Quieren escuchar poemas del mundo a parte de escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Debería escribir un poema para ustedes? El título es El vacío.
«El mundo está vacío;
Los corazones de la gente están vacíos;
Los pensamientos y los corazones están vacíos».
¿Qué les parece esto? Pueden poner la palabra vacío en todos los versos y se convierten en un poema. Pero de verdad, el mundo sin Jesucristo está vacío.
Jesucristo es el Hijo de Dios que borró todos nuestros pecados a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, debemos creer en el Hijo de Dios como nuestro Salvador. Quiero que todos ustedes disfruten y prediquen la libertad y el amor en el mundo de Dios. Le doy gracias a Jesucristo por salvarnos a través de Su amor incondicional, y creo en el amor de Dios.