The New Life Mission

Sermones

Tema 15: Gálatas

[Capítulo 6-5] (Gálatas 6, 17-18) Prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu conociéndolo bien

(Gálatas 6, 17-18)
«De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén».
 

Dios dijo que no molestasen a Pablo

En la última parte de Gálatas, el Apóstol Pablo dijo especialmente: «De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús» (Gálatas 6, 17). Lo que Pablo quiso decir aquí es que la gente no debe intentar recibir la remisión de los pecados a través de una fe legalista, ni decir que están sin pecados. Dijo que nadie debía causar problemas a nadie, especialmente tras haber explicado bastante bien que era incorrecto intentar convertirse en el pueblo de Dios mediante la circuncisión física. En otras palabras, Pablo les dijo que no le molestasen con estas falsas creencias.
Imaginen lo frustrado que debió estar el Apóstol Pablo al escuchar estas palabras. Los que atormentaban al Apóstol Pablo no eran extraños, sino que eran los defensores de la circuncisión y de las creencias legalistas entre los obreros y los santos de la Iglesia de Dios. Las epístolas paulinas nos muestran claramente cómo los defensores de la circuncisión le atormentaban. En cuanto el Apóstol Pablo predicó el Evangelio a los gentiles y les hizo creer en la Verdad, los defensores de la circuncisión estropearon su obra diciendo: «Pueden convertirse en descendientes de Abraham si sois circuncidados». Predicaban un evangelio tan diferente cuando Pablo no estaba, que hicieron que los gentiles se circuncidaran y que los que estaban circuncidados denunciaran a los que no lo estaban. Sin darse cuenta de lo peligroso que esto era para el Evangelio de Dios, los defensores de la circuncisión cometieron un grave pecado.
Pablo estaba tan angustiado por esta gente que dijo: «De aquí en adelante nadie me cause molestias». Estaba diciendo: «No me molestéis con este asunto. Parad la distensión y dejad de malgastar el tiempo con estas cosas inútiles. Como Dios os ha salvado del pecado mediante la gracia del Evangelio del agua y el Espíritu, todo lo que tenéis que hacer es creer en esta Verdad y predicarla. ¿Qué más os hace falta? ¿Por qué pedís que los santos sean circuncidados y les acuséis por no estarlo? No me molestéis con este problema».
 

Algunos cristianos se han hipnotizado a sí mismos

En esta época, hay mucha gente que persigue a los santos. Esta gente dice que sus pecados se borran mediante oraciones de penitencia. Al ser hipnotizados, ellos mismos creen que están sin pecado aunque sólo crean en la sangre derramada en la Cruz. Estos cristianos no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu ni creen en él, ni tampoco se rinden a la verdadera Palabra de Dios, pero creen que están sin pecado, diciendo ciegamente que el Señor les ha salvado del pecado al ser crucificado, derramar Su sangre y morir en la Cruz. Además inducen a otros a este estado de hipnotismo y difunden un evangelio imperfecto.
Los cristianos de hoy en día que tienen una fe legalista han sido hipnotizados con la noción de que han sido salvados de sus pecados. Llenos de emoción e hipnotizados, creen que no tienen pecados. Insisten ciegamente en que están sin pecado. Dicen que no tienen pecado porque Jesús les ha salvado derramando Su sangre y muriendo en la Cruz. Pero ¿es verdad?
Es verdad que los que creen en Jesús no tienen pecados. Sin embargo, sólo los que creen en que Jesucristo vino al mundo y nos salvó de los pecados a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, están sin pecado. Entonces, ¿qué pasa con los que sólo creen en la sangre derramada en la Cruz? ¿Han sido borrados sus pecados de sus corazones? No, los que tienen esta fe se engañan a sí mismos y sus pecados permanecen en sus corazones. Están molestando a Dios Padre y a Jesucristo, a la Iglesia de Dios y a sus santos, que creen en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu. Siguen engañándose a sí mismos sin darse cuenta de que están «matando a gente que no debería morir y dejando vivir a gente que no debería vivir» (Ezequiel 13, 19). Su fe no podría estar más equivocada.
Muchos cristianos no sólo creen en la doctrina del arrepentimiento, sino también en la doctrina de la santificación incremental. Esta doctrina enseña que los cuerpos y los corazones de los que creen en Jesús durante mucho tiempo cambian gradualmente hasta alcanzar la santificación total. Esta creencia está equivocada y es legalista y orientada hacia las obras. Como esta gente no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu, creen que Dios les ha escogido, sólo porque han llegado a creer en Jesús. Esto es tan sólo una fe egoísta y falsa. Del mismo modo en que los defensores de la circuncisión molestaron al Apóstol Pablo, hoy en día, los que siguen este tipo de fe causan problemas entre los siervos de Dios y los santos.
¿Qué obra justa hizo Jesucristo cuando vino al mundo? Al ser bautizado por Juan el Bautista, Jesús tomó nuestros pecados y pagó la condena al derramar Su sangre y morir en la Cruz. Nos ha librado del pecado mediante Su bautismo y derramamiento de sangre. Por tanto, el Apóstol Pablo dijo que su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu era la marca de Jesús en su cuerpo. Por predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, el Apóstol Pablo fue azotado 40 veces menos 1, es decir 39 veces, en al menos tres ocasiones, y fue lapidado casi hasta morir. En nuestros corazones nosotros también tenemos la marca de fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y del sufrimiento físico que hemos soportado por el Evangelio de Jesucristo.
Sin embargo, Pablo soportó muchos problemas espirituales por culpa de los defensores de la circuncisión. Pablo tenía la marca de la fe y creía en Jesús que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. El Apóstol Pablo era un verdadero siervo de Dios porque tenía la marca de fe que demostraba que había muerto espiritualmente con Jesucristo y resucitado con Él. Su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu hizo que dijera que este Evangelio era la única Verdad. Su fe también hizo que viviera por este verdadero Evangelio por muchos problemas que tuviera que pasar a causa de este Evangelio. Pablo tenía estas marcas de fe.
Antes de terminar con mis sermones sobre el Libro de Gálatas, me gustaría dejar claro su mensaje principal: el Apóstol Pablo dio testimonio de la falacia de los que afirmaban que se podían convertir en el pueblo de dios y en descendiente de Abraham si se circuncidaban. La fe de los defensores de la circuncisión era incorrecta. La fe del Apóstol Pablo se resume en Gálatas 3, 27: «Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos».
Este pasaje de Gálatas 3, 27 es una prueba de que Pablo creyó en el Evangelio del agua y el Espíritu y de que dio testimonio de él. Este es el verdadero Evangelio en el que Pablo creyó. ¿Por qué mencionó el Apóstol Pablo el bautismo que Jesús recibió de la mano de Juan el Bautista? Porque Pablo creyó en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué significa «para ser bautizados en Cristo»? Esto significa creer que nuestros pecados se pasaron a Cristo cuando fue bautizado por Juan el Bautista, y que nuestros pecados han sido borrados por la fe.
Por supuesto no podemos encontrar las palabras «Evangelio del agua y el Espíritu» en cualquiera de las epístolas paulinas literalmente. Si el Evangelio del agua y el Espíritu se mencionara explícitamente para que todo el mundo lo conociera, ¿por qué dice la Biblia que este Evangelio es un misterio de Cristo? (Colosenses 4, 3). ¿Enseña Dios el Evangelio del agua y el Espíritu a los que se levantan contra Él? ¿Abrirían su baúl del tesoro delante de sus enemigos? Por supuesto que no. Dios ha enseñado el Evangelio del agua y el Espíritu a los que obedecen y siguen Su Palabra. Pero para los que no lo hacen, Dios ha escondido este Evangelio y lo ha hecho un misterio espiritual (Isaías 6, 9-10).
Espero que mis sermones sobre el Libro de Gálatas sean traducidos lo antes posible y sirvan de testimonio a gente de todo el mundo. El Libro de Gálatas saca a la luz la falacia de la circuncisión física y ayuda a que los cristianos se den cuenta de que la doctrina del arrepentimiento, que prevalece en el cristianismo actual, es incorrecta.
El Evangelio del que Pablo da testimonio es el Evangelio del agua y el Espíritu, y sólo este Evangelio es la Verdad. Por tanto, cualquier evangelio que no sea el Evangelio del agua y el Espíritu, es un «evangelio diferente» (Gálatas 1, 6). Nadie debe predicar un evangelio diferente. Pero a pesar de ellos, los cristianos de hoy en día predican un evangelio diferente, diciendo: «Creed en Jesús de cualquier manera. Mientras creáis en que Jesús derramó Su sangre y murió en la Cruz por vuestros pecados, seréis el pueblo de Dios». Intentan limpiar las almas de la gente con un medio Evangelio, haciéndoles creer en Jesús aunque siguen siendo pecadores, y al final acaban en el infierno. Es mejor que no prediquen ningún evangelio, porque el evangelio en el que creen es falso. Así que cuanto más predican su evangelio, peores se hacen a los ojos de Dios.
¿Qué consecuencias ha traído la permanencia de un evangelio falso en el cristianismo? Aunque haya muchos cristianos que profesen creer en Jesús, hay pocos nacidos de nuevo y por tanto cada vez más gente se levanta contra Dios, su amor por Dios se pierde y ahora hay menos gente que quiera creer en Jesús. A pesar del hecho de que hay muchos cristianos, creen en vano, decepcionados por los falsos profetas y así los que quieren recibir la remisión de los pecados de la mano de Dios, no pueden encontrar la Verdad de la salvación. Ningún falso Evangelio puede salvar almas, sólo provoca destrucción.
 

Nadie debe predicar un evangelio que sea como una concha vacía

El Libro de Gálatas nos cuenta cómo el Apóstol Pablo fue reprendido por Pablo por su comportamiento hipócrita (Gálatas 2, 11-16). Pedro había mostrado una fe legalista, diciendo a los gentiles que debían vivir como los judíos, cuando él mismo no cumplía los estatutos que los judíos tenían que cumplir. De hecho, antes de que Jesús viniese al mundo y borrara las transgresiones de todos los pecadores, era ilegal que los judíos se reunieran con los gentiles y partieran el pan juntos. Pero Pedro se reunía con los gentiles cristianos. En una ocasión, algunos hombres de Santiago llegaron, y Pedro, tomado por sorpresa, salió corriendo. Por eso Pablo reprendió a Pedro diciendo: «¿Por qué te escondes ahora que los hombres de Santiago están aquí? ¿Por qué finges cumplir la Ley? Has sido salvado al creer en la salvación del agua y el Espíritu, y aún así les dices a los gentiles que cumplan la Ley que tú no puedes cumplir».
Como hemos visto, si no hubiera sido por Pablo, mucha gente habría pasado las enseñanzas de los defensores de la circuncisión, sin darse cuenta de que son una falacia. En otras palabras, mucha gente no tenía ni idea de que las enseñanzas de los defensores de la circuncisión estaban blasfemando el Evangelio del agua y el Espíritu y sumiendo a la Iglesia en la confusión espiritual. Pedro creía en el Evangelio del agua y el Espíritu, confesando: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva» (1 Pedro 3, 21). Pero aunque creía en el bautismo de Jesús, sucumbió a la hipocresía. Si consideramos esto, está más que claro que mucha gente no conocía las falacias de la fe legalista.
Hoy en día hay cristianos que siguen ofreciendo oraciones de penitencia penando que recibirán la remisión de sus pecados. Sólo unos pocos saben que esto no es verdad y que confiar en las oraciones de penitencia es una creencia corrupta. Aunque dicen que han sido salvados al creer en Jesús como su Salvador, intentan borrar las transgresiones que han cometido mientras viven en este mundo a través de las oraciones de penitencia. Creen que esto es lo correcto, pero no es así.
¿Recibimos la remisión de los pecados al ofrecer oraciones de penitencia a Jesucristo? No, nuestros pecados fueron borrados a través de nuestra fe, al reconocer que somos pecadores y al creer que nuestro Señor ha borrado todos nuestros pecados al ser bautizado y crucificado. Con el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestro Señor ha borrado todos los pecados que había en nuestros corazones. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu todo el mundo esta sin pecado. El verdadero Evangelio de la salvación es el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Por qué piensa la gente que pueden borrar sus pecados mediante las oraciones de penitencia? Es una noción religiosa, no la verdadera fe que viene del Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Todavía piensan que sus pecados se borran mediante oraciones de penitencia? Deben entender que la remisión de los pecados no se puede recibir mediante oraciones de penitencia. Pero a pesar de ello, muchos cristianos no se dan cuenta del error de ofrecer estas oraciones. Creen que por rezar o tolerar estas oraciones van a ser capaces de ser salvados del pecado.
Por supuesto que debemos arrepentirnos cuando hacemos algo mal. Debemos cambiar nuestras acciones cuando reconocemos nuestros pecados. Pero esto es muy diferente a ofrecer oraciones de penitencia.
¿Qué deben hacer entonces los justos nacidos de nuevo cuando pecan? En vez de rogar a Dios mediante oraciones de penitencia, los nacidos de nuevo deben ofrecer oraciones de confesión. Deben confesar su pecados confiando en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y deben cambiar cuando reconocen sus pecados. Sin embargo, es bastante inútil intentar borrar los pecados mediante las oraciones de penitencia.
¿Se dan cuenta de que las oraciones de penitencia vienen de creencia legalistas e inútiles? ¿Entienden ahora que no es correcto que los evangelistas o los legalistas intenten borrar sus pecados mediante las oraciones de penitencia? Sólo unos pocos saben que no pueden borrar sus pecados mediante las oraciones de penitencia. De cada 100.000 cristianos, hay sólo uno o dos que lo sepan. Aunque algunos cristianos lo saben, es inútil, porque no tienen otra alternativa para borrar sus pecados y por eso acaban ofreciendo oraciones de penitencia. Sus conciencias les acusan de sus pecados y por eso necesitan ofrecer oraciones de penitencia. Sólo pueden orar a Dios: «Oh Dios, he pecado en esto y esto. Te ruego que me perdones. Por favor perdóname una vez más. Si me perdonas por este pecado, nunca más lo haré». Esta es la doctrina oficial en el cristianismo y se basa en la doctrina de la justificación.
Por esta razón el Apóstol Pablo nos está diciendo que está mal intentar borrar los pecados mediante la circuncisión física. Pablo dijo: «De aquí en adelante nadie me cause molestias». Debemos entender lo que dice Pablo. La razón por la que dijo esto es que estaba siendo molestado por los defensores de la circuncisión. Esta fe legalista ha pasado de generación en generación hasta ahora y ha llevado a muchos a tener una fe errónea. Como resultado, casi todos los cristianos están atrapados en la fe falsa de las oraciones de penitencia, e intentan borrar sus pecados de esta manera en vano.
Enseñar a la gente que debía circuncidarse para ser el pueblo de Dios era una falacia. Hoy en día los cristianos deben darse cuenta de que está mal creer en la doctrina del arrepentimiento y en la doctrina de la santificación incremental, intentando ser justos con esta fe y hacerse puros en cuerpo y espíritu. Deben entender que estas creencia molestan a Dios y a Sus siervos, y que los que han caído en esta doctrina deben darse cuenta de ellos para librarse de las falsa doctrinas y volver a la Verdad lo antes posible.
 

Comentarios acerca de los cristianos que creen estar sin pecado sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu

Hace algunos días, mientras estaba paseando, me encontré con unos evangelistas que estaban repartiendo folletos en la calle. Cogí uno de sus panfletos sobre el Evangelio y lo leí. Decía que uno podía ser justo y estar sin pecado si creía en Jesús. Pero el contenido me decepcionó mucho. La gente que lo había escrito no conocía el Evangelio del agua y el Espíritu.
Pensé que habría sido mejor si ese evangelio no hubiera sido predicado. Aunque es verdad que Dios ha borrado todos nuestros pecados, no quiere decir que cualquiera puede afirmar ciegamente estar sin pecado sin ni siquiera conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Los pecados no se borran de esta manera. Pero así es cómo predican los evangelistas.
Dado que Dios ha borrado los pecados de la humanidad de una vez por todas mediante la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, es imperativo que conozcamos a Jesucristo como el Salvador que vino por este verdadero Evangelio y que creamos en Él. Sólo entonces podemos convertirnos en pueblo de Dios. Debemos creer en este amor de Verdad por el que nuestro Señor ha borrado nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando la gente, que desconoce la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, cree que Jesús borró sus pecados en Cruz, está siendo hipnotizada.
Los evangelistas predican el Evangelio diciendo que Jesús borró nuestros pecados colgado en la Cruz. Dicen que como Dios borró todos los pecados en la Cruz, están sin pecados si creen en esto. Esta afirmación puede parecer coherente al principio, pero está corrupta. Debemos darnos cuenta de que porque conozcan los resultados del Evangelio, no significa que sus pecados hayan sido borrados, ya que siguen sin conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. La fe que nos salva del pecado no se consigue con tan sólo conocer la respuesta final de la salvación, sino que también requiere que conozcamos todos los contenidos de esta Verdad.
Para recibir la remisión de los pecados, uno debe conocer el contenido de la Verdad de la salvación, así como su resultado. Si no entendemos la fórmula de la remisión de los pecados, sino sólo el resultado, no podemos ser salvados. Jesús nos dijo a todos: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 32). Sin embargo, los evangelistas predican que la gente puede estar sin pecados con tan sólo creer en Jesús, sin conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿No es esto frustrante? Por eso me exaspera tanto la fe de los evangelistas.
La diferencia entre la fe de alguien que cree en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y la de alguien que no cree en él puede parece imperceptible, pero por muy pequeña que parezca tiene enormes consecuencias: la primera hace a la gente justa, mientras que la segunda hace que sigan siendo pecadores. Las consecuencias son de gran magnitud. Depende de qué tipo de fe tengas puedes ver el universo entero o estas completamente ciego. Por tanto la diferencia entre la fe en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y la otra es muy grande.
Quien predique el Evangelio debe conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y predicar este Evangelio exclusivamente. Debe creer en la verdadera fórmula que lleva a la respuesta correcta, es decir que estamos sin pecado si creemos en Jesús, y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu con todo su contenido. Todos los que dicen haber recibido la remisión de los pecados sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu tienen una fe falsa. Su fe es totalmente incorrecta. Si Dios ha borrado todos nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿cómo pueden recibir la remisión de los pecados los que no conocen este Evangelio de Verdad? Su evangelio no tiene sentido. Dicen: «Quien cree en Jesús está sin pecado», intentando explotar a la gente para obtener beneficios a cambio de confortar sus corazones con mentiras. Es una tragedia frustrante.
Cuando las almas van a estas iglesias, los falsos profetas los hipnotizan para que crean que han recibido la remisión de los pecados y así matan a las almas que no deberían morir. Después de haber sido esclavizados por sus pecados durante mucho tiempo, la gente está contenta de poder escuchar que están sin pecado y por eso están completamente indefensos ante las mentiras de estos profetas. Díganle a un pecador que no tiene pecados y se pondrá muy contento. Cuando los que predican el falso Evangelio dicen: «Jesús borró todos los pecados del mundo en la Cruz y aunque fueran pecadores, ahora están sin pecados», entonces todos los que sufren por causa de sus pecados estarán felices de escuchar estas palabras, sin importarles la razón o sin preocuparse por si conocen o no el Evangelio del agua y el Espíritu. Los falsos profetas llevan a muchas almas a la trampa de este evangelio que los hipnotiza. Cuando la gente está atrapada en este estado de hipnosis, los devoran para alimentar sus cuerpos.
Cualquier persona que haya estado atormentada por sus pecados está contenta cuando escucha que está sin pecado. Sin embargo, el pecado está presente en los corazones de los que creen en Jesús sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero a pesar de esto, los evangelistas siguen hipnotizando a la gente insistiendo que están sin pecado, aunque no conozcan el Evangelio del agua y el Espíritu. Piden a su congregación que den testimonio y que sirvan al Señor. Hace poco, una iglesia evangelista de Corea alquiló un estadio enorme para hacer una de sus reuniones, y para atraer a la gente pusieron anuncios en periódicos e incluso en la televisión. Todo esto les costaría por lo menos entre 200.000 y 300.000 dólares.
¿De dónde sacan tanto dinero? Se lo sacan a su congregación. Cuando estos falsos profetas les dicen: «Os pedimos a los santos que participéis en este maravilloso ministerio», los santos quieren participar. La contribución mínima suele ser de 1.000 a 10.000 dólares y los que son más ricos llegan a dar cientos de miles de dólares. Tras sufrir la carga del pecado, cuando escuchan que están sin pecado, están tan contentos que donan grandes sumas de dinero para mantener ese sentimiento.
Los que están hipnotizados dan mucho dinero, están muy dedicados y están locos de alegría. Sin embargo, después de un tiempo, su gozo se desvanece y reconocen una vez más que tienen pecados en sus corazones. De hecho, sus pecados no han sido borrados. Consideran que sus pecados han sido borrados durante un tiempo porque están hipnotizados por los falsos profetas.
Quien ha recibido la remisión del pecado a través del Evangelio del agua y el Espíritu no puede volver a ser pecador por mucho tiempo que pase, ya que en su corazón tiene la Palabra que testifica que el Señor ha borrado sus pecados. Sin embargo, los que creen ciegamente que están sin pecado aunque no conozcan el Evangelio del agua y el Espíritu, no tienen la base de la fe y por tanto están destinados a volver a ser pecadores. Son como los drogadictos, que están contentos mientras les dura el efecto de las drogas, pero que son miserables cuando se les pasa.
Cuando estos cristianos pierden todo el dinero que les piden los pastores, son abandonados por estos charlatanes. Pero aún después de todo, no se dan cuenta de que han sido engañados. Piensan que es culpa suya porque no han podido vivir una vida santa y pura. El cristianismo de este mundo no es más que un grupo religioso que no tiene el Evangelio. Por eso Satanás no persigue al cristianismo.
El Apóstol Pablo había sido molestado por culpa de los defensores de la circuncisión. Decían que podían estar sin pecado sin creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Hacían afirmaciones sin fundamento, diciendo que podían ser hijos de Dios si se circuncidaban.
Sin embargo, ¿se convirtió Abraham en el pueblo de Dios por ser circuncidado? No, Abraham se convirtió en el pueblo de Dios por creer en Su Palabra y como señal fue circuncidado. Por tanto, un hijo de Dios es una persona que ha pasado sus pecados a Jesucristo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La circuncisión espiritual se refiere a la desaparición de los pecados de los corazones al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu.
 

No debemos molestar a Dios ni a Sus siervos

Dios nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, hay gente que, aunque no conoce esta Verdad, dice que está sin pecado a pesar de que hay pruebas de lo contrario. Si el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu no está en los corazones de la gente, el pecado no puede desaparecer a los ojos de Dios.
Los Apóstoles creían en el Evangelio del agua y el Espíritu. La voluntad de dios es que todos sean salvados del pecado al creer en este Evangelio del agua y el Espíritu. Pero a pesar de ellos, los cristianos de hoy en día están predicando la sangre de la Cruz exclusivamente, sin conocer este verdadero Evangelio. Están en contra de la voluntad de Dios. Esta gente cree en el cristianismo como una religión del mundo, pero el cristianismo no es una mera religión, sino una fe que se basa en la Verdad del agua y el Espíritu.
¿Dónde se encuentra la prueba de que hemos recibido la salvación de la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu? En nuestros espíritus, en nuestros corazones. ¿Cómo podemos decir que hemos sido salvados del pecado a no ser que tengamos prueba de la salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu?
Aunque conozcan la respuesta: «Si crees en Jesús, no tienes pecados», si sus corazones todavía tienen pecados, no pueden recibir la remisión de los mismos. Esto se debe a que a no pueden dejar de pecar y a no ser que tengan prueba de la salvación revelada en el Evangelio del agua y el Espíritu, estos pecados no desaparecerán, sino que atormentarán a sus corazones incesantemente. Por mucho que intenten encontrar consuelo hipnotizándose y creyendo que están sin pecado, sus pecados permanecerán en sus conciencias y les molestarán, lo que quiere decir que seguirán teniendo pecados. ¿Cómo puede un santo tener pecado? No es un santo, sino un pecador cristiano.
 

La remisión de nuestros pecados vino por la gracia de Dios que se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu

Echemos un vistazo a la fe del Apóstol Pablo: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu» (Gálatas 6, 18).
La gracia de la salvación de Jesucristo, que nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, debe estar en nuestros corazones. La base de nuestra salvación del pecado está en el Evangelio del agua y el Espíritu, no en una doctrina cristiana. Al conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él de corazón, conseguimos la salvación. Pero a pesar de ello, mucha gente sigue atormentando a Jesucristo. En concreto la gente que dice creer en Jesús es tan tonta que incluso hacen sufrir al mismo Jesucristo.
Nos llegan mensajes de gratitud por la salvación desde todos los lugares del mundo cada día. Hoy, un pastor de Perú nos escribió. Dijo que era un pastor, que pensaba que había sido salvado, pero después de leer uno de nuestros libros, se dio cuenta de que su fe era incorrecta. En su carta dijo que estaba de acuerdo con nosotros con que Jesús ha tomado todos los pecados del mundo mediante Su bautizo, ha derramado Su sangre en la Cruz y así nos ha salvado a todos. Fue muy sincero en su mensaje. Esta gente honesta es la que se salva.
Espero que todos ustedes crean en Dios y se den cuenta de cómo hacerlo para complacerle, es decir, que vivan según la voluntad de Dios. Creer en Jesús según la voluntad de Dios es creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y por tanto ser salvado de todos los pecados y dar gloria a Dios. Espero que los cristianos no atormenten a Dios y a Jesucristo. Espero que todo el mundo tenga la fe que complace a Dios.
Mis queridos hermanos, pensemos en cuánta gente hoy en día está atormentando a Jesús. Esta gente dice estar sin pecado pero sólo creen en la sangre derramada en la Cruz. No conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, ni creen en él, pero insisten en que si alguien cree en Jesús, está sin pecado. Esta gente es la que atormenta a Dios. Debemos corregirles. Sólo los santos que conocen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu pueden corregirles.
Tanto en Corea como en el resto del mundo, los cristianos están atormentando a Jesús. Como el Señor nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, debemos creer en él, y aún así mucha gente cree según sus propias ideas y atormentan a Jesús. Esta gente debe arrepentirse de esta fe equivocada. Deben cambiar. Esto no quiere decir que deban ofrecer oraciones de penitencia, sino que deben cambiar esta fe.
La palabra arrepentimiento es metanoia en griego, que significa «dar la vuelta» o «cambiar el corazón». Esto es lo que significa arrepentirse. Decir lo siento no es arrepentirse. Ofrecer oraciones de penitencia es decir «lo siento» con más palabras.
Dios nos ha dado muchas bendiciones a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por la gracia de Dios hemos conseguido muchas cosas en tan poco tiempo. Hemos podido hacer todas estas obras porque Dios nos ha dado sabiduría, nos ha ayudado y nos ha bendecido. Ya sea difundir el Evangelio o ayudar a este ministerio, todas estas obras las hemos conseguido por la gracia de Dios. Ahora, los que hemos recibido la remisión de los pecados tenemos la tarea de difundirlo con alegría porque Dios nos ha salvado. Y aunque seamos insuficientes, nos alegra llevar a cabo la obra de Dios.
Los que de verdad quieren, sirven al Evangelio. Nunca le pediríamos nada a nadie que pensara que la obra de Dios es un incordio. No digo que haya este tipo de gente en nuestra Iglesia, sino que estoy diciendo que hay que servir a la obra de Dios de propia voluntad.
A veces les pido que trabajen, pero lo hago porque no podemos seguir teniendo fe si no hacemos la obra de Dios. Cuando los justos no hacen la obra de Dios, acaban haciendo cosas absurdas y sus corazones acaban corrompiéndose. Sus corazones se convierten en algo sucio que Dios no puede utilizar. Por eso a través de la Iglesia nuestro Señor nos da trabajo para que le sirvamos y mantengamos la fe.
Si, por casualidad, hay alguien que quiera decir: «Dame libertad» en relación con la obra que se le ha asignado, entonces díganmelo. Esta gente no tiene que trabajar. Entre nuestros ministros y obreros, si alguien no quiere hacer la obra de Dios, le pido que no la haga. Esta es la política de nuestra Iglesia. No les estoy diciendo que ustedes sean así. Pero está claro que los santos deben hacer la obra de Dios por su propia voluntad y no por la fuerza. La obra de Dios debe hacerse por fe, la deben hacer los que la han examinado y han visto lo que es bueno y beneficioso y han puesto sus mentes en ello. Si decidimos hacer la obra de Dios, debemos obrar por fe, por nuestra propia voluntad y entonces Dios aceptará todo lo que hagamos por servirle. Si no trabajamos por fe, ¿cómo aceptará Dios nuestros servicios?
Por supuesto habrá un tiempo en el que trabajemos contra nuestra voluntad. Para ser sincero, mientras edito nuestros libros para ser publicados, siento que lo hago a la fuerza. Pero ¿por qué lo hacemos? Porque alguien tiene que hacerlo. Aunque mi corazón esté contento de servir al Señor de esta manera, es difícil hacerlo y por eso digo que lo hago a la fuerza. Pero como he aceptado esta obra, tengo que terminarla, aunque es difícil terminar de editar un sermón en un día. Aún después de editarlo me siento insatisfecho. No soy bueno editando. Pero aunque mis sermones sean repetitivos, hablan de lo que es correcto y no dicen ninguna tontería. Es un trabajo duro, me esfuerzo mucho, pero ahora puedo trabajar confiando en el Evangelio del agua y el Espíritu y por eso llevo a cabo la obra que se me ha asignado alegremente.
No tenemos que hacer otra cosa aparte de la obra de Dios. ¿Si dejasen de hacer la obra que se les ha asignado tendrían algo que hacer? Si no sirven al Señor ahora, ¿qué harían? ¿No acabarían bebiendo y pecando? Vivirían peor que sus padres, aunque se hubieran dicho a sí mismos: «No viviré como ellos».
Estoy contento. ¿Están ustedes contentos? Doy gracias a Dios. No creo que nos quede mucho tiempo para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso creo que debemos predicarlo mientras podamos. Como dice el proverbio: «Cosecha el heno mientras brille el sol», debemos trabajar mientras podamos. Ahora podemos hacer la obra de Dios. Ustedes y yo debemos llevar a cabo la obra de Dios. 
Reunámonos en presencia del Señor al final de la carrera. ¡Aleluya!