The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 3-9] < Juan 3, 16-21 > ¡Dios nos entregó a Su único Hijo!

< Juan 3, 16-21 >
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios».
 
 
Dios es el Creador del universo y el Dios Todopoderoso que tiene autoridad absoluta. Todo lo que hay en el universo existe por la gracia de Dios. El sol, la luna, las estrellas, los animales, las plantas y todo lo demás fueron creados por la providencia de Dios. Él nos hizo seres humanos únicos con libre albedrío, y nos hizo con valores nobles y como seres que podían recibir el amor de Dios.
Entonces Dios puso el universo bajo la autoridad de los seres humanos. Este es un ejemplo de lo mucho que Dios nos ama. Pero aún es más, Dios entregó a Su único Hijo, Jesucristo, para morir por nosotros y hacer que seres humanos como nosotros pudieran ser hijos de Dios y Su pueblo para vivir con ellos eternamente.
No hay ningún padre normal en este mundo que hiciese que su hijo muriese por otras personas. Pero el Padre entregó a Su único Hijo, Jesucristo, para nuestra salvación. Y lo hizo para que cualquiera pudiese convertirse en hijo de Dios al creer en Jesucristo. Dios no solo nos amó con palabras, sino que nos amó al venir al mundo. Dios nos entregó este amor y esta gracia sin ninguna condición o precio para salvarnos. Debemos entender que recibir el amor del Creador es una gracia maravillosa que no puede compararse con nada más.
Dios nos amó a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y nos convertimos en hijos de Dios al ser revestidos con este amor. Debemos vivir nuestra fe entendiendo el corazón del Padre hacia nosotros. El Padre siente amor por nosotros. Esto significa que Dios tiene un corazón que ama mucho. A través del pasaje de las Escrituras de hoy entenderemos cómo Dios nos ha amado durante mucho tiempo. Dios envió a Su único Hijo por amor. Podemos vivir una vida espiritual correcta cuando entendemos el amor de Dios hacia nosotros a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
El corazón de Dios es el corazón que nos ama
 
Cuando leo la Palabra Santa, pienso en lo que Dios sentía en Su corazón. Entonces entiendo y creo, gracias a la Palabra de Dios, que Dios nos dio Su amor. La salvación del Señor sería inútil si Dios no tuviese amor por nosotros en Su corazón. Lo que hizo por nosotros no tendría nada que ver con nosotros si no nos hubiese amado. Estamos agradecidos porque está haciendo todas estas cosas por nosotros, porque tiene un corazón que nos ama. Podemos experimentar este amor tan profundo y estar agradecidos por el hecho de que Dios tiene un corazón que nos ama.
El capítulo 3 de Juan nos dice que el corazón de Dios es un corazón que nos ama. Dios entregó a Su único Hijo, Jesucristo, porque nos ama. Dios no habría entregado a Su Hijo si no nos hubiese amado. Como Dios nos amó tanto, entregó a Su único Hijo y le transfirió todos nuestros pecados a través de Su bautismo, y puso fin al juicio de los pecados del mundo al clavar a Su Hijo en la Cruz. Entonces el Hijo resucitó de entre los muertos y ascendió al Reino de los Cielos, e incluso Su segunda venida será porque nos ama. Como nos ama de verdad, pudo enviar a Su único Hijo, pasarle todos nuestros pecados, clavarlo en la Cruz, resucitarlo de entre los muertos, y hacer que este Jesucristo vuelva a este mundo como Señor en Su Segundo Advenimiento.
Lo más preciado para los seres humanos no es el dinero, el honor o el poder. Lo que más necesitan, lo más valioso, es el amor de Dios que nos dio a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Podemos pasar cualquier dificultad con el amor de Dios y esperar al Señor con esperanza. Cuando estamos convencidos de Su amor por nosotros, podemos descansar en paz, recibir más fuerzas y las bendiciones de la vida eterna en el Señor.
Todas estas bendiciones vienen del corazón de Dios que nos ama. Cuando pasamos dificultades, cuando estamos contentos o tristes, podemos recibir fuerzas y paz cuando entendemos el amor de Dios por nosotros y creemos en Él. Podemos recibir el poder de vivir todos los días con el amor de Dios porque Él nos amó primero, y nos hace amarnos los unos a los otros. Toda nuestra fe moriría si no fuese por el amor de Dios por nosotros. Por tanto, no hay nada más importante que el amor de Dios. Podemos seguirle y vivir cada día porque sabemos y creemos que Dios nos ama. Podemos seguir viviendo por el amor de Dios, y seremos gente feliz si sabemos y creemos que Dios nos ama.
 
 
La fuerza para vivir en este mundo por fe
 
Dios entregó a Su propio Hijo para salvarnos porque nos ama. Nos ha protegido de la eterna destrucción con Su amor de la Verdad. No solo entregó a Su único Hijo, sino que también hizo toda la obra justa para salvarnos de todos los pecados porque nos ama. El pasaje de las Escrituras de hoy nos ayuda a entender el corazón de Dios. Dios hizo todas estas cosas porque nos ama. Dios nos creó a los humanos por Su amor y envió a Su Hijo para salvarnos. Ahora podemos entender que Jesús también sacrificó Su propio cuerpo porque nos amó.
Cuando recibimos una carta, no solo miramos las palabras que hay en ella, sino que también sentimos lo que siente el autor detrás de las palabras. De la misma manera, a través de la Palabra de Dios podemos entender el corazón del Dios Trinitario (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo), que nos ama.
El Evangelio según Juan, capítulo 3, versículos 17 y 18 dice: «Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios».
Los que creen en el amor que hay en el corazón de Dios, creen en la obra que Jesús ha hecho para salvarnos del pecado para poder recibir la salvación. Pero los que no saben que Dios Padre les ama, no pueden entender a Jesús y no pueden recibir la salvación. Podemos recibir la salvación si aceptamos todo lo que Jesucristo ha hecho para salvarnos y cuando creemos que Dios Padre nos ama.
Juan 3, 19-21 dice: «Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios».
Este pasaje dice que Dios nos salvó porque nos ama. Antes y después de ser salvados, debemos creer que Dios nos ama. Debemos entender que Dios siente amor por nosotros. No podemos evitar traicionar al Señor y dejar de tener fe si no sabemos eso. Dios tiene un corazón que ama a todas las personas; tiene un corazón que nos ama especialmente a los que hemos recibido la salvación. Nos ama de verdad. Debemos creer en este amor especial de Dios.
Está escrito en 2 Corintios 3, 6: «Porque la letra mata, mas el espíritu vivifica». Este pasaje puede que les haga pensar que las Escrituras tienen algunos pasajes extraños, ya que dice que mata a la gente a veces y da vida eterna otras veces. Esto es lo que parece decir si lo interpretamos literalmente, pero podemos entender por qué Dios dijo estas cosas cuando entendemos el sentimiento de Dios detrás de la Palabra.
Debemos entender el corazón de Dios. Incluso entre nuestros hermanos y hermanas, entre los siervos de Dios y los santos, debemos entender nuestros corazones. Puede que se sientan felices cuando alguien es amable, pero que piensen que una persona les odia cuando les trata con frialdad si se centran en sus acciones sin tener en cuenta sus corazones. Por eso, debemos conocer el corazón de Dios y los corazones de nuestros hermanos santos y de los siervos de Dios. Podemos compartir, amarnos y tener nueva esperanza y fuerza cuando conocemos nuestros corazones. Entonces recibimos todas las bendiciones.
La mayor razón por la que la gente no recibe la salvación de los pecados es que no saben que Dios les ama. Las puertas de sus corazones no se abren porque no creen eso. Cuando creemos que Jehová Dios nos ama, podemos creer y aceptar todo lo que dijo Dios, quien creó el universo y todo lo que hay en él. Nosotros también podemos entender estas cosas.
Por tanto, es muy importante entender el corazón de Dios. El corazón de Dios ama a todo el mundo. Pero ama especialmente a los santos que han nacido de nuevo. Nuestra fe puede desaparecer aunque hayamos sido salvados si no creemos en esto; solo estaríamos irritados, frustrados, insatisfechos y aburridos; sufriríamos dificultades, problemas y moriríamos. Por tanto debemos entender el amor de Dios aún más profundamente después de recibir la salvación porque así podremos resistir y esperar.
Debemos confiar en el corazón de los demás. Debemos reconocer que no hay odio real entre los hermanos y hermanas nacidos de nuevo y entre los siervos de Dios y los santos. Algunas personas no nos agradan durante algún tiempo, pero no las odiamos en el fondo de nuestros corazones. Los nacidos de nuevo nos regañamos mutuamente cuando vemos que no vamos por el buen camino y por miedo a que dejemos las bendiciones de Dios, pero no nos odiamos. Los siervos de Dios tienen este tipo de corazón. Los hermanos y hermanas no odian a los siervos de Dios. A veces nos sentimos decepcionados por como nos tratan algunas personas, pero no hay odio en el corazón de los nacidos de nuevo.
Dios es amor. Pero las Escrituras dicen: «Nosotros no le amamos, sino que Él nos amó primero». Los que hemos recibido este amor de Dios odiamos la injusticia y el pecado porque el Espíritu Santo está en nuestros corazones, pero no odiamos a las personas. Es decir, odiamos el pecado pero amamos a la persona. Los corazones de los creyentes y los siervos de Dios son así, son los que han nacido de nuevo a través del agua y el Espíritu. Esto se debe a que el amor de Dios está en nuestros corazones.
Debemos entender que Dios nos ama de corazón. Nos sentimos felices y llenos de energía en nuestras vidas espirituales cuando lo reconocemos. Pero todo se hace pesado e irritante cuando solo pensamos en Él de manera carnal, sin saber que nos ama. Podemos regocijarnos y vivir nuestra fe con esperanza porque Dios siente amor por nosotros eternamente, y porque esto está muy claro. Nuestra fe sería meramente una ilusión si Dios Padre no nos amara. Hoy podemos predicar, servir y seguir el Evangelio ante Dios porque sabemos y creemos que nos ama.
Gracias al amor de Dios Padre podemos vivir y seguir viviendo en el futuro. Podemos vivir eternamente gracias a este amor increíble de Dios Padre. Hemos recibido la salvación porque Dios Padre nos ama. Hemos recibido la vida eterna porque nos ama.
Como Dios Padre tiene un corazón que nos ama, este mundo y el Cielo existen, nosotros existimos y la Verdad existe. Vivimos en el amor de Dios Padre. Dios nos amó a través del bautismo de Jesús, Su sangre y Su resurrección, y nos dio el don del Espíritu Santo (Hechos de los Apóstoles 2, 38).