The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 3-10] < Juan 3:21 > ¿En que Debemos Creer Ante Dios?

< Juan 3:21 >
“Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.”
 
 
El pasaje de la Escritura de hoy de Juan 3:21 dice, “Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.” Aquellos que aún están por nacer de nuevo por el agua y el Espíritu siguen sus propios pensamientos. Cualquiera que siga sus propios pensamientos esta destinado a perecer debido a su obra. Pero si tan solamente cambiamos la dirección de nuestros propios pensamientos hacia la Verdad del Señor y creemos en Él, podemos encontrarnos con la luz verdadera de la salvación y morar e ella. La gente de este mundo aún está aprisionada en la confusión espiritual, en donde prevalece la oscuridad. Una vez que se dan cuenta que sus almas han caído en pecado, ya no deberían poner su esperanza en su propia voluntad. En vez de eso, deberían poner su esperanza en Jesús, quién es la luz verdadera. Solo entonces se convierten en hijos de Dios al creer en Jesús quién vino por el evangelio del agua y el Espíritu. Por medio del evangelio del agua y el Espíritu, nuestros Señor nos ha convertido, quienes pertenecimos a las tinieblas, en el pueblo propio de Dios todo de una sola vez (Efesios 5:8).
 
 
Debemos Creer en el Evangelio del Agua y el Espíritu
 
“Mas el que practica la verdad viene a la luz” (Juan 3:21). Si usted cree en el evangelio del agua y el Espíritu, entonces te has convertido en alguien que sigue la luz de la salvación. Sin embargo, debes saber que aquellos que aún no siguen el evangelio del agua y el Espíritu, y que por consiguiente no han nacido de nuevo, son aquellos que siguen las tinieblas. Aquellos que aún no siguen el evangelio del agua y el Espíritu son aquellos que solo siguen su propia voluntad.
La verdadera luz de la salvación en este mundo es Jesús, quién nos ha salvado de nuestros pecados por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Aquellos, que creen que Jesús vino a esta tierra, fue bautizado por Juan el Bautista para tomar todos nuestros pecados, fue crucificado, y se levantó de entre los muertos en tres días, son aquellos que siguen la luz de la salvación.
El evangelio del agua y el Espíritu es la mismísima luz de la salvación en la cual creemos tú y yo. Este evangelio del agua y el Espíritu es la maravillosa luz de la Verdad que nos ha salvado de los pecados del mundo. Para borrar todos nuestros pecados, nuestro Señor vino a esta tierra y resplandeció la luz de la salvación sobre nosotros, y esta luz de la Verdad es el mismo evangelio del agua y el Espíritu. Para ser salvo por fe, todos debemos seguir la luz de la Verdad, el evangelio del agua y el Espíritu. Todos los que creen este evangelio verdadero se han convertido en seguidores de la luz de la salvación.
Sin embargo, aún los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu aún pueden caer en sus propias debilidades en ocasiones. Pero, aunque estos creyentes puedan ser débiles, aún así continúan viviendo al coloca siempre su fe en la luz de la Verdad. Sin embargo, a pesar del hecho de que el Señor vino a este mundo y ha liberado a los pecadores de sus pecados, aquellos que no creen en esto continúan viviendo ene. Lodo de sus iniquidades. Mientras que nosotros creemos en Jesús como nuestro Salvador por medio de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, aquellos que son perversos ante Dios no creen en este verdadero evangelio, como está escrito en Juan 3:20, “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.” Aquellos que practican la maldad ante Dios no creen en la luz de la salvación, ya que odian esta luz. Consagran todos sus esfuerzos solamente a esconder su maldad.
Dios dijo que aquellos que no siguen la luz de la Verdad están ansiosos por que sus perversas obras puedan ser expuestas ante Él. En Corea del Sur, solía haber muchos espías de Corea del Norte, así que había muchos pósters exhortándolos a que se entregaran a las autoridades de Corea del Sur, diciendo, “No tiembles de miedo, sino ríndete y ven a la luz.” Así, los pecadores deben ser libres de sus pecados creyendo en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, básicamente algunas personas no aman a Dios, no creen en el evangelio del agua y el Espíritu a pesar de que lo conocen, y por lo tanto, son incapaces de ser liberados de sus pecados. Tal gente ama las tinieblas más que la luz. Demasiada gente aún es incapaz de ser libre de sus pecados, ya que no creen en el evangelio del agua y el Espíritu, ya que temen que su maldad pueda ser expuesta. Es por ello que viven en las tinieblas tratando de esconder su maldad.
Todos nosotros debemos darnos cuenta que la voluntad de Dios es que creamos en el evangelio del agua y el Espíritu y seamos remitidos de nuestros pecados. ¿Qué nos ha dicho Dios? Él nos ha dicho que desde el mismo principio, todos nacen con pecado. Básicamente hablando, y en conclusión, todos son una semilla de hacedores de maldad que nacimos en este mundo como pecadores desde el mismo principio, y tales semillas de hacedores de maldad sin disculpa deben creer con el corazón en el evangelio del agua y el Espíritu. Debido a que básicamente todos son incapaces de practicar la bondad, deben creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Y al hacer eso, todos serán salvos de sus pecados.
La Biblia dice, “No hay justo, ni aun uno;
No hay quien entienda.
No hay quien busque a Dios.
Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12).
Como tal, todos deben primeramente exponer su maldad para ser remitido de sus pecados, y debe ser salvo de todos sus pecados creyendo en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
Fundamentalmente Hablando, ¿Cómo que Clase de Personas Estamos Viviendo ante Dios?
 
Básicamente, ¿los humanos son Buenos o malos ante Dios? Todos son malos. Compañeros creyentes, debido a que todos nacemos en este mundo con los doce ingredientes de pecado en nuestras vidas, cometiendo este pecado hoy y este otro mañana. de hecho, no cometemos un solo pecado al día, sino que cometemos docenas de pecados. Debido a que cometemos muchos pecados diferentes en muchas formas distintas, frecuentemente no nos damos cuenta de que pecados hemos cometido, y, aún más, estamos tan ocupados con nuestras vidas que nos olvidamos acerca de todos nuestros pecados. La Biblia dice que existen doce clase de pecados que están listos para salir de nuestros corazones (Mateo 7:21-23). Por lo tanto, aún si asumimos que solamente cometemos un pecado al día, tomaría doce días para hacer una ronda. Cometemos adulterio hoy, asesinato mañana, el pecado de tener pensamientos malos al siguiente, blasfemia el siguiente, un día más locura, y así sucesivamente-de esta manera cometemos toda clase de pecados nuevos todo el tiempo, ni siquiera sabemos que pecado estamos cometiendo, ni nos damos cuenta de lo malvados que somos.
Dios describió nuestros corazones humanos en estado de confusión, vacío, insatisfecho, y en profundas tinieblas. (Génesis 1:2). Para decirlo de otro modo, Dios describió el corazón humano como montones de pecado que tienen toda clase de iniquidades en lo profundo del corazón. Como tales seres, los humanos no pueden realizar ningún bien. Por lo tanto el Apóstol Pablo dijo, “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19). Debido a que fundamentalmente todos los seres humanos nacen como pecadores, en cada oportunidad, los pecados que se encuentran en lo profundo de sus corazones surgen y los hacen pecar.
Compañeros creyentes, un manzano da manzanas precisamente porque es un árbol de manzanas. Así, son nuestras vidas. Un manzano, cuando es joven, solo brota. Pero mientras pasa el tiempo, y mientras crece más grueso y madura, eventualmente empieza a florecer en algún verano. Y cuando florecen las flores y se secan, infaliblemente nacen los frutos.
Cuando el invierno llega, todas las hojas del árbol se can, pero cuando vuelve la primavera, brotan de nuevo. Al año siguiente, el tronco se vuelve más grueso, nuevos brotes abundan aún más, y más flores que el año anterior salen. Pero que pasaría si estos manzanos se dijeran a si mismos, “Este año, no quiero dar manzanas. En vez de eso quiero dar peras.” No importa cuanto quiera dar peras el manzano, no puede dar otra cosa que manzanas. Un árbol de manzanas solo puede dar flores de manzanas, y solo puede oler como manzana.
El que todos pequen contra su voluntad, y que todos practiquen lo malo aunque no deseen hacerlo, se debe nacemos como pecadores desde su mismo nacimiento. A pesar de esto, mucha gente no se da cuenta que no pueden evitar pecar, y en vez de eso se ocupan de esconder sus pecados y maldad. La Biblia dice que aquellos que tratan esconder la suciedad del corazón y sus viles obras practican la hipocresía y no vienen a la luz. ¿Porqué? Porqué temen que el mal dentro de ellos pueda ser expuesto-es por ellos que se engañan a sí mismos para ser buenos y virtuosos, y por lo que no quieren venir a la luz.
Tal gente debe creer en el evangelio de Dios del agua y el Espíritu. Para hacer eso, primero deben someterse a Dios, sin importar si son avergonzados o no, y confesarle a Él, “Dios, soy un ser malo. Pero yo deseo ser libre de pecado ante Ti, y deseo ir al Cielo creyendo en Jesús. Quiero ser una persona justificada. Y quiero dar los nueve frutos del Espíritu Santo, así que aunque me avergüenzo de mi mismo, aún así deseo creer en la Palabra de la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu hablada por Jesús.” Así, todos deben admitir ante Dios que es pecador, y debe creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Diciendo, “Señor, tienes razón al decir, ‘Mas el que practica la verdad viene a la luz,” y creyendo y siguiendo la Palabra de la Verdad, nosotros, quienes pertenecíamos a las tinieblas mismas, venimos a la luz. Cuando así admitimos nuestros yo verdaderos que somos tinieblas, el Señor viene a nosotros nos ilumina con Su luz, de esta manera nos bendice para ser luz.
“Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3:21). Aquellos que creen en Jesús como su Salvador y en el evangelio del agua y el Espíritu están todos siguiendo la Verdad. Todos deben seguir la luz de la Verdad. Solo las bestias como los murciélagos siguen las tinieblas. Todos deben seguir la luz, y todos aquellos que siguen la luz que han conocido a Jesús correctamente. Todos los seres humanos son iguales en su esencia básica, pero la dirección que siguen es crucialmente importante. Compañeros creyentes, ya sea que mires la luz, o caigas más profundamente en las tinieblas, es lo que determina tus días finales.
Aquellos que no han nacido de Nuevo por el agua y el Espíritu y que no han entrado al dominio de la luz se esconden a sí mismos totalmente en la oscuridad y nunca vienen a la luz, ya que temen que su oscuridad y su suciedad puedan ser expuestas. Mientras continúan escondiendo su maldad, como si se quemaran con una determinación de permanecer en las tinieblas, finalmente están camino al infierno. Serán arrojados al fuego eterno del infierno, y sufrirán por siempre en este lugar oscuro y que quema. ¿Deseas terminar como esta gente?
La Palabra de las Escrituras es el barómetro de la verdad. Esta Palabra es Dios Mismo. ¿Crees en la Palabra escrita hablada por Dios? ¿Crees en la Biblia como la Palabra de Dios? Las flores que están al lado de este pulpito no podrían existir si no fuera por el Señor. Se debe a que nuestro Señor esta vivo por lo que todo en esta tierra existe. Debes creer que este mundo existe debido a que nuestro Señor lo creó en primer lugar. Si Dios dice algo, entonces debes creerlo como Verdad infalible, aún si te cuesta trabajo entenderlo en tus propios pensamientos. Para que nosotros sigamos la luz de la Verdad no hay otra forma más que seguir a Dios.
Cuándo el Dios Trino creó a la humanidad, dijo, “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:26). Nuestro Dios hizo al hombre del polvo y sopló en sus entrañas el aliento de vida; y entonces el hombre se convirtió en un ser vivo abriéndole sus ojos. Este primer hombre hecho de este modo fue Adán, y Jesús también hizo a su esposa Eva. Fue de Dios que Adán y Eva recibieran vida nueva. El Señor de nuestras vidas es Jesús.
Dios le dijo a Adán y a Eva, “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17), pero Adán y Eva cedieron a la tentación de la serpiente, Satanás, y comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal, del cual Dios les dijo que no lo hicieran. Así que Adán y Eva terminaron desviándose de la fe en la Palabra de Dios, alcanzaron la muerte de acuerdo a la ley que afirma, “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).
Es por ello que todos tienen que nacer de Nuevo de sus pecados, la Biblia dice, “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Ya que todos hemos caído en pecado, virtualmente todos ya estamos muertos, pero la Biblia nos dice que debemos recibir la remisión del pecado y la vida nueva creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Al principio, desde el comienzo, fue por nuestro Señor por lo que recibimos vida. Por lo tanto, ahora también, debemos recibir vida nueva nuevamente de nuestro Señor. Si usted quiere creer en Jesús como su Salvador, entonces usted debe nacer de nuevo ciertamente creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
¿Quién es la Luz Verdadera de la Salvación en Este Mundo?
 
La Biblia menciona la luz de la vida, y esta luz, la vida misma, se refiere ni más ni menos que a Jesús. Nuestro Señor Mismo dijo en Juan 8:12, “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Aquí, nuestro Señor se reveló a Sí mismo como “la luz del mundo,” y Él nos dijo que ha borrado todos nuestros pecados y nos ha salvado perfectamente del pecado. Por lo tanto, la luz verdadera, la vida de la humanidad, no es ni más ni menos que Jesús. Jesús ha borrado todos los pecados de la humanidad eso es la mismísima luz de la salvación para nuestras vidas oscuras. ¿Has encontrado esta luz verdadera de la salvación? ¿Crees en la luz del evangelio del agua y el Espíritu?
Nuestro Señor dijo que aquellos que siguen la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu vienen a la luz. Cuando en Juan 1:9 dice, “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo,” ¿a quienes se refiere esta Luz verdadera? Debido a que había muchísima gente en este mundo afirmando que ellos mismos eran la luz, sin mencionar demasiados dioses falsos, el Apóstol pablo reveló la Verdad proclamando, “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:9-12). El Dios verdadero es Jesús. La bondad verdadera también es Jesús. Y el amor verdadero, también, es Jesús. El Señor de la salvación verdadera también es Jesús, y solo Él es el verdadero Dios. Compañeros creyentes, debemos seguir la luz que brilla sobre cada uno de nosotros.
Nuestro Señor nos está diciendo dos cosas. Primero, nos dice, “Ustedes son pecadores perversos. Por lo tanto, de acuerdo a Mí Ley, que declara que la paga del pecado es la muerte, ustedes deberían ser arrojados al infierno. Si ustedes aún tienen sus pecados intactos, entonces ustedes no pueden escapar de la ley de muerte que dice, ‘Los pecadores deben ser arrojados al infierno.’” Segundo, Dios nos dice también, “A pesar de eso, Yo tengo muchísima compasión por ustedes por lo que Yo Mismo los he salvado. Yo he borrado todos tus pecados.” Y Él nos ha dado el evangelio del agua y el Espíritu para que seamos salvos de todos nuestros pecados. ¿Crees en este evangelio?
Compañeros creyentes, verdaderamente, esta es la luz de la Verdad que Dios está hablando a todos y a cada uno de nosotros. Solo cuando sigamos esta luz de la Verdad podremos ser salvos de nuestros pecados. Aunque todos los demás caminan hacia las tinieblas, nunca debemos andar por ese camino.
“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). Esta luz de la Verdad se refiere a Jesús. Jesús hizo este mundo, y el único Dios que hizo el mundo habitó en esta tierra como Hombre por 33 años. A través de los 33 años de Su vida sobre esta tierra, Jesús cumplió todos Sus ministerios al salvar a toda la humanidad de sus pecados por medio de Su Palabra del agua, la sangre y el Espíritu. Luego Él ascendió al Cielo mientras que Sus discípulos los veían con sus ojos abiertos. Aún después de que Jesús ascendió al Cielo, la historia de Su salvación por este planeta sigue adelante. Es por ello que la historia humana, también, le pertenece a Jesús.
Nuestro Señor nos está diciendo que la luz de la salvación resplandece sobre todos y cada uno de nosotros. Y nos está diciendo que estuvo en este mundo, y que el mundo fue hecho por Él. Sin embargo el mundo no le conoció, y Su gente no le recibió aún cuando vino a la tierra. Sin embargo, aquellos que aceptan lo que Él hizo en la tierra y le reciben como Dios pueden convertirse en hijos de Dios. El pueblo de Dios que ha nacido de nuevo por el agua y el Espíritu recibe a Jesús. Aquellos que siguen la luz verdadera aceptan esta luz verdadera. Aquellos en este mundo que siguen la Verdad, esto es, el evangelio del agua y el Espíritu, aceptan la luz.
Pero aquellos que siguen las tinieblas no vienen a la luz, ya que temen que su maldad pueda ser expuesta. En contraste, aquellos que siguen la luz creen en obediencia que todo lo que el Señor habló es correcto, aún si la luz expone la maldad en su interior. En consecuencia, mientras Su gracia nos es otorgada, llegamos a ser justos, nos convertimos en hijos de Dios, y llegamos a ser Su pueblo glorificado. Aquellos que siguen la luz de la Verdad y la aceptan son aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu.
¿Que clase de gente, entonces, son aquellos que aceptan el evangelio del agua y el Espíritu dado por Jesús? Esta gente solo cree en la Palabra de Dios, y solamente siguen esta Palabra. Sin poner atención ni a la lógica ni a los pensamientos hechos por hombres, ellos creen y siguen solamente la Palabra de Dios, sin importar lo que alguien en este mundo pueda decir. Así, solo aquellos que creen y siguen la Palabra de la Verdad de Dios pueden nacer de nuevo de sus pecados, ser libres de pecado, y entrar al Reino de Dios. Pero aquellos que, aunque creen en la Palabra de Dios, continúan dándole importancia también a las palabras del hombre, son engañados por Satanás, y como resultado no pueden nacer de nuevo, ni pueden entrar en el Renio de Dios. A menos que nieguen sus pensamientos creados por hombres, finalmente irán a la destrucción, aunque crean en Jesús.
 
 
“Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15)
 
Escrito esta en mateo 3:15-16, “Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.” Aquí, “que cumplamos toda justicia” se refiere a realizar todas las obras de justicia. Fue para realizar todas estas obras de justicia por lo que cuando Jesús vino a esta tierra, Él aceptó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo por medio de Su bautismo, sin dejar uno solo atrás. Esto es lo primero que Jesús hizo para salvar a los humanos. Él fue bautizado para borrar los pecados de cada ser humano. Ahora debemos darnos cuenta clara y exactamente porque Jesús fue bautizado, y debemos creer en esta respuesta.
Jesús vino a este mundo y derramó la luz de la Verdad sobre todos (Juan 1:9). Puesto de otro modo, nuestro Dios nos ha dado el regalo de la gracia, este bautismo que Jesús recibió para tomar los pecados de la humanidad, fue para que todos pudiéramos regresar a Dios y entrar en el Reino del Cielo creyendo en Él. Ahora, estamos llenos de Su gracia y Verdad. Nuestro Señor ha cumplido toda justicia. Él tomó sobre Sí Mismo todos los pecados de la humanidad, aquellos que cometen adulterio incapaces de controlar su lujuria, aquellos que roban incapaces de controlar su avaricia, aquellos que mienten cada vez que abren su boca-Jesús fue bautizado para tomar todos los pecados que esta gente comete a través de toda su vida. Y nosotros somos tales personas que no podemos evitar el cometer pecado cada día. Fue para cumplir toda justicia por lo que Juan el bautista bautizó a Jesús.
Este Juan el Bautista es el Sumo Sacerdote de la humanidad. El bautismo que Jesús recibió fue un ritual en el que Juan el Bautista impuso sus dos manos sobre Su cabeza y pasó todos los pecados de este mundo sobre Él de una vez por todas, después de lo cual fue sumergido y salió. Fue en el Río Jordán que Jesús fue bautizado; entonces, ¿Por qué tuvo que ser bautizado en el Río Jordán? El Río Jordán es el río de la muerte. Se debe a que la paga del pecado es la muerte, y debido a que debemos ser destruidos y arrojados al infierno por nuestros pecados, por lo que Jesús vino a este Río Jordán, el río de la muerte, y fue bautizado por Juan el Bautista. Jesús no fue bautizado arbitrariamente escogido por cualquier hombre, sino que Él fue bautizado por Juan el Bautista, el Sumo sacerdote de toda la humanidad a quién Dios había preparado para Jesús. Toda la justicia de Dios fue realizada en este momento.
En forma de la imposición de manos, Juan el Bautista puso sus manos sobre la cabeza de Jesús, la imposición de las manos implica ‘pasar algo,’ o ‘transferir algo.’ Entonces, ¿Qué se pasó cuando las manos de Juan fueron puestas sobre Jesús? Al igual que los pecados de los Israelitas fueron pasados sobre los animales sacrificados en el Antiguo Testamento cuando el Sumo Sacerdote imponía sus manos, y al igual que este animal sacrificado era condenado vicariamente condenado en lugar de ellos, cuando Juan el Bautista impuso sus manos sobre Jesús, todos los pecados de la humanidad en este mundo fueron pasados sobre Jesús, y Jesús a cambio llevó la condenación de la crucifixión más adelante. Es en este momento en que Jesús tomó sobre Sí Mismo todos tus pecados.
La Palabra de Dios dice que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia (Mateo 3:15). El método por el cual Dios borró los pecados de la humanidad fue que Jesús fuera bautizado por Juan el Bautista. Solo cuando Jesús vino a esta tierra y fue bautizado pudieron ser pasados sobre Él los pecados de la humanidad por Juan el Bautista. ¿Crees que Jesús fue bautizado y crucificado para darnos el regalo perfecto de la salvación? Aquellos que creen en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu vienen a la luz y siguen la luz.
Cumplir toda la justicia tomando sobre Sí Mismo todos nuestros pecados humanos, nuestro Señor fue bautizado, y por medio de este bautismo, tomó sobre Sí mismo todos los pecados de todos sobre este planeta, sin dejar ninguno en lo mas mínimo: Él cargó todos y cada uno de los pecados, desde el pecado original que todos los seres humanos heredamos desde el vientre de nuestras madres hasta los pecados personales que han cometido y que se cometerán hasta el día de la muerte. Todos deben creer y aceptar esta Verdad del agua y el Espíritu, Jesús tomó todos nuestros pecados al ser bautizado y al morir sobre la Cruz para darnos rl regalo perfecto de la salvación. Esto se debe a que nuestro Señor es la Luz verdadera que ilumina a todos aquellos que creen en esta Luz verdadera. Él ha otorgado Su gracia de la remisión del pecado que los convierte en hijos de Dio. Cualquiera que cree en el evangelio del agua y el Espíritu realizado por Dios recibirá la remisión de todos sus pecados. ¿Crees esto?
Es creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu por lo que uno recibe la remisión del pecado. No es por hacer algo virtuoso por nuestra cuenta por lo que recibimos la remisión del pecado, sino que es creyendo en lo que Jesús ha hecho por nosotros por lo que somos remitidos de todos nuestros pecados. Al ser bautizado en el Río Jordán, nuestro Señor aceptó todos los pecados de la humanidad (Mateo 3:15). Entonces, ¿Dónde se fueron todos los pecados? Todos fueron puestos sobre la cabeza de Jesús. Debido así a que Jesús tomó sobre Sí Mismo todos nuestros pecados, de acuerdo a la misma ley que Él Mismo puso, declarando que la paga del pecado es muerte, Él tuvo que ser condenado a muerte. Solo cuando Él llevó la humillación y el sufrimiento infernal en lugar nuestro pudimos ser salvados totalmente.
Vayamos aquí a lo que nuestro Señor Mismo dijo. Escrito está en Juan 1:14, “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” Ciertamente Jesús está lleno de gracia y verdad. Juan 1:29 dice, “El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
Necesitamos dejar de pensar que podemos de algún modo ser salvos de nuestros pecados por hacer algo o por intentar algo por nosotros mismos. En lugar de seguir entreteniendo tales pensamientos, debemos escuchar atentamente la palabra de Dios, escuchar lo que Dios esta diciendo, y creer en esta Palabra de la Verdad. Jesús se convirtió en el Cordero de Dios quién tomó los pecados del mundo al ser bautizado. Calmadamente y calladamente necesitamos observar aquí que es lo que Él ha hecho por nosotros. Se debe a que Él nos ha salvado por lo que podemos recibir la remisión de nuestros pecados, pero si Él hubiese fallado en salvarnos, entonces aún estaríamos destinados al infierno. Nuestro futuro, en otras palabras, depende totalmente de nuestro Salvador. Ya habíamos heredado el pecado. Pero Jesús nos a salvado a todos nosotros perfectamente, como está escrito, “Así que, como por la trasgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:18-19). Por lo tanto, si Jesús nos salvó, entonces recibimos la remisión de los pecados y llegamos a ser justificados, pero si Él falló en la salvación, entonces no podemos evitar ser arrojados al infierno, a pesar de cuan fervientemente creamos en Él.
El evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad con la que nuestro Señor ha borrado los pecados del mundo. “Al día siguiente” en Juan 1:29 es el día después de que Jesús fue bautizado por Juan el bautista. Al día siguiente después de que Jesús fue bautizado por Juan el bautista, Juan vio a Jesús que venía hacia él, y dijo, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Es por ello que tenemos que observar detenidamente lo que el Señor ha hecho por nosotros. En lugar de estar detenidos por nuestros propios pensamientos, debemos venir ante el Señor poniendo nuestra fe en el evangelio de la Verdad, el evangelio del agua y el Espíritu dado por Jesús, como dice la Biblia aquel que practica la verdad viene a la luz.
Juan 3:16 dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Dios usó la expresión “mundo” aquí para describir a todos y a cada uno de los seres humanos que ha nacido en este mundo. Así que dicho de otro modo, esto significa que Jesús amó a la humanidad enormemente. Dios amó a los humanos de tal manera que fue hasta el punto de darnos a Su propio Hijo e hizo que Él aceptara nuestros pecados y que fuese condenado a juerte en lugar de la humanidad.
Debemos darnos cuenta de la clase de amor que ha sido derramada sobre nosotros. Al hacerlo, podemos recibir la remisión de nuestros pecados y la vida eterna que nos convierte en hijos de Dios. La Verdad de la salvación de Dios es que Jesús vino a esta tierra en semejanza de hombre, aceptó todos los pecados de la humanidad en el Río Jordán cuando Él cumplió 30, cargó todos nuestros pecados hasta la Cruz, y fue condenado por nosotros. Este evangelio de luz ilumina la Verdad de que Jesús quitó los pecados del mundo. Por lo tanto, al creer en en el evangelio del agua y el Espíritu, podemos convertirnos en hijos de luz, y habitar por siempre en Jesús, quién es la Luz.
Compañeros creyentes, Jesús tomó los pecados del mundo. ¿Acaso no tomó también tus pecados? Él también tomó tus pecados. ¿Cuántos pecados cometemos? Todos heredamos el pecado desde el mismísimo momento en que salimos del vientre de nuestras madres. Aún en nuestra niñez, cometimos muchísimos pecados. ¿Acaso estos pecados no pertenecen a los pecados del mundo? Él ya los quitó todos. ¿Cuándo los quitó? Él los quitó todos mucho antes de que naciéramos, hace 2000 años cuándo Él fue bautizado. ¿Y en nuestra adolescencia? ¿Pecamos o no en nuestra adolescencia? Claro que si. Después de todo, ¿no damos más fruto de pecado mientras crecemos? Entre más se envejece, pecados más ambiciosos se cometen. Y debido a que los pecadores pertenecen a las tinieblas, están cómodos en el pecado, y cada que pecan, anhelan cometer aún más pecados.
Básicamente la naturaleza humana es así, pero aún, aquellos que creen en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu y han recibido la remisión del pecado vienen a la luz, ya que creen en la Verdad. La luz es Dios Mismo quién ha borrado todos nuestros pecados, y venir a la luz es creer en lo que Dios ha hecho por nosotros. Todo el que es salvo al creer en esto ama la luz y viene a la luz admitiendo sus pecados y los pasa a Dios. Quienquiera recibir la remisión del pecado primero debe admitir sus pecados y su naturaleza pecaminosa ante Dios, diciendo honestamente, “Dios, he cometido muchísimos pecados. He cometido tantos pecados en mi pasado que me avergüenzo de mencionarlos todos, y no hay suficientes dedos en ambas manos para enlistar aún los pecados más horrendos que he cometido.”
Frecuentemente olvidamos nuestra propia pecaminosidad, parte por nuestra corta memoria, pero principalmente porque voluntariamente tratamos de olvidar nuestro pasado pecaminoso. Somos tan generosos con nosotros mismos que toleramos nuestra propia suciedad sin chistar, y sin embargo cuando se trata de las faltas de los demás, insistimos constantemente una y otra vez. Hay una expresión en Corea que dice, “Cuando otros tienen una relación extramarital, es adulterio, pero cuando yo lo hago, es un romance.” Este dicho nos muestra con cuanta generosidad tratamos nuestras propias faltas y nuestras malas acciones.
A pesar de todo, todos los pecados que cometimos en nuestro pasado, por la razón que sea, intencionalmente, o sin intención, son los pecados que cometimos en este mundo. Jesús quitó todos estos pecados del mundo. Aún antes de que naciéramos sobre esta tierra, nuestro Señor sabía que cometeríamos pecados hasta la muerte, y con este conocimiento, Él cargó aún los pecados que íbamos a cometer. Es por ello que la Biblia dice que nuestro Señor Jesús estaba lleno de gracia y de verdad, como esta escrito, “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). ¿Crees en esta Palabra? Jesús tomó nuestros pecados total y perfectamente.
Es un hecho que todos los que viven en este mundo, sin importer sis u vida es corta o larga, Juan el Bautista, habiendo pasado nuestros pecados a Jesús, testificó, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Todos los pecados que cometemos mientras vivimos en esta tierra pertenecen a los pecados del mundo. Solo cuando creemos que todos los pecados cometidos no solamente por nosotros, sino por la generaciones, antes y después de nosotros, fueron pasados sobre Jesús, podemos ser libres de los pecados del mundo y vivir nuestras vidas como una luz resplandeciente.
Mis queridos creyentes, Jesús dijo, “el que practica la verdad viene a la luz.” Tal gente que viene a esta luz poniendo su fe en lo que Jesús, Dios Mismo, la Luz verdadera y el verdadero Salvador, ha hecho por ellos, recibirá la remisión del pecado. Quien sea que crea en esta Palabra hoy será remitido de todos sus pecados por fe. Mis queridos creyentes, ustedes y yo aún no hemos vivido toda nuestra vida. Pero tarde o temprano, eventualmente todos moriremos. La Biblia dice que esta dispuesto que los hombres nazcan una vez y mueran una vez, y que después de eso el juicio (Hebreos 9:27). Mientras que ciertamente está dispuesto que todos nosotros nazcamos y muramos una vez, para aquellos de nosotros que hemos acido de nuevo al creer en el evangelio del agua y el Espíritu mientras vivimos en este mundo, no hay ningún juicio solo nos espera la vida eterna.
Mis queridos creyentes, al igual que dice la Biblia, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29), el evangelio del agua y el Espíritu es la luz. ya que nuestro Señor cargó todos nuestros pecados al ser bautizado y derramar Su sangre hasta Su muerte sobre la Cruz, ¿existe pecado en nosotros o en el mundo? Ya no hay más pecado. ¿Fueron o no nuestros pecados sobre Jesús? Todos fueron pasados, y ya que todos nuestros pecados en el corazón fueron pasados sobre Jesús, ahora hemos recibido la remisión de nuestros pecados por fe.
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Jesús el Hijo Unigénito de Dios, quien es lleno de gracia y de Verdad, ha borrado todos nuestros pecados al ser bautizado y al derramar Su sangre sobre la Cruz. Este es el evangelio del agua y el Espíritu. La única luz verdadera en este mundo solamente es Jesús, y para salvarnos, Él fue bautizado y murió-esta es la mismísima luz y Verdad real. Jesús, Dios mismo y nuestro Salvador, nunca miente, y por lo tanto exactamente de acuerdo a la promesa que Él ha hecho aún antes de la fundación del mundo, Él Mismo ha completado nuestra salvación de una vez por todas.
 
 
Al Cumplir Toda Justicia, Nuestro Señor Nos Ha Liberado de Todos Nuestros Pecados de una vez por Todas
 
Escrito está en Juan 19:15-18: “Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.”
Juan 19:28-30 continua diciendo, “Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”
¿Sigues la luz? ¿Puedes creer en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu? ¿Pueden cada uno de ustedes aceptar en su corazón esta Palabra, que a través de Su bautismo y Cruz, Jesús terminó borrando los pecados del mundo?
Se dice que aquel que sigue a Dios viene a la luz de la Verdad. Aquel que nace de nuevo por el agua y el Espíritu sigue a nuestro Señor. Aquellos, que han sido justificados creyendo en lo que el Señor ha hecho por ellos, con gusto alaban al Señor. Tres años después de ser bautizado, Jesús fue a la Cruz, fue crucificado, derramó Su sangre, y declaró justo antes de Su muerte “!Consumado está¡” nuevamente Él se levantó de entre los muertos en tres días, justo como lo había prometido. El Jesús resucitado se manifestó a los once Apóstoles, fue visto por mas de 500 hermanos en una ocasión (1 Corintios 15:6), dio testimonio durante 40días, y prometió, “Así como ascendí, así regresare.” Ciertamente Él vendrá nuevamente como lo dice la Biblia, “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él” (Apocalipsis 1:7). Aunque cuando nuestro Señor vino primeramente, Él nació en un establo en un pequeño pueblo, y Él borró todos nuestros pecados perfecta pero calladamente, la Biblia nos dice que el Mesías que vendrá de nuevo regresará majestuosamente como el rey de reyes y desciende como el Señor del juicio.
Por lo tanto, todos deben creer en la Verdad, que Jesús ha borrado todos sus pecados de una vez por todas. Dios ha permitido que cualquiera que crea en esta Luz sea vestido con la gracia de la remisión del pecado. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Jesús dijo que Dios no envió a Su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo fuera salvado por medio de Él (Juan 3:17). Pero cualquiera que no crea en el evangelio de Jesús del agua y el Espíritu y en vez de eso siga las falsedades hasta el fin mismo ciertamente será condenado. Debido a que tal gente no cree el nombre del Hijo Unigénito de Dios, ya están condenados. Escrito está, “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:19-20). Aquí, “practicar maldad” es no creer en la luz. Rehusarse a creer y a aceptar en nuestro corazón la salvación que el Señor ha completado para nosotros es la mayor maldad de todos los pecados.
Es mi mayor esperanza que ninguno de ustedes nunca termine como tal gente. La Biblia dice que no fue para condenar al mundo por lo que Dios envió a Su Hijo a este mundo. Él vino a esta tierra para enviar al Cielo a todas las almas que creen en Sus meritos que completamente han borrado todos nuestros pecados. Así, Jesús es la Luz verdadera que nos ha salvado de nuestros pecados.
El Todopoderoso quién ha borrado todos nuestros pecados no es otro que Jesús. Por lo tanto, nadie más puede ser nuestro Salvador. El Salvador no es un orador elocuente, ni la Verdad real es el dogma de una denominación renombrada. Nuestro Señor, el Creador que hizo este universo, es el único Salvado que vino a morar entre nosotros, mientras que la Palabra se hacia carne para liberar a la humanidad que había caído en el pecado desde el pecado mismo. Solo Jesús pudo borrar todos nuestros pecados. Jesús nos amó a nosotros humanos tanto que Él dejo Su Trono de gloria, vino a esta tierra en forma humilde, y tomó sobre Sí Mismo todos nuestros pecados al ser bautizado. Ahora, cualquiera puede ser salvo de todos sus pecados de una vez por todas creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
Ahora usted está leyendo este libro, pero ¿ha recibido la remisión de sus pecados de una vez por todas? En cuanto a mí, me he convertido en un hombre justificado al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, la luz de la salvación. Mis compañeros creyentes, nada de lo que Dios hizo por nosotros cuando Él vino a esta tierra no es de la luz.
Compañeros creyentes, ¿porque tuvo que venir nuestro Señor a esta tierra en semejanza humana? ¿Y porque tuvo que ser bautizado? ¿Por qué se menciona en varios lugares que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista? ¿Por qué dice que Jesús quitó los pecados de este mundo? ¿Por qué el Apóstol Juan dio testimonio de Juan el Bautista? ¿Porque Jesús tuvo que morir en la Cruz? ¿Por qué Jesús dijo en Su muerte “¡Consumado está!”?
Compañeros creyentes, hoy, he expuesto sobre esta luz. Les he explicado la misma esencia de la Verdad del evangelio real. Existen innumerables pasajes en la Biblia, pero aquí, he dado testimonio acerca de esta Luz, que nuestro Señor vino a esta tierra y nos ha salvado, y he predicado sobre la Verdad de Sus actos que nos ha salvado totalmente de todos nuestros pecados. Ahora, nuestra salvación depende de si creemos o no en el evangelio del agua y el Espíritu. Existía la Luz que iluminaba a todos (Juan 1:9), a todos los que le recibieron a Él, aquellos que creyeron en Su nombre, Él les dio el derecho de convertirse en hijos de Dios (Juan 1:12). ¿Crees en el evangelio del agua y el Espíritu? Cada uno de ustedes debe creer en esta Verdad. Si usted no cree en esto, entonces está destinado al infierno. Todos y cada hombre y mujer que respira nace como ser humano y debe seguir a Jesús, quién es Dios mismo, el Salvador, y la Luz verdadera. Seguir la Luz es creer en la palabra escrita que muestras las obras que el Señor ha hecho por nosotros los humanos, asistiendo a la Iglesia de Dios en donde las obras del Señor se predican con exactitud, hay que escuchar y aprender de ello.
Existe mucha gente en este mundo que piensa que es mejor que Jesús. La gente de hoy es tan arrogante que se dicen a si mismo siervos de Dios, y sin embargo permanecen callados con respecto al evangelio del agua y el Espíritu y solo están ocupados exaltándose ellos mismos. Sin darse cuenta que solamente la Palabra del evangelio de Jesús del agua y el Espíritu es verdadera, parlotean sin parar como si pudieran salvar a otros. Particularmente, existe mucha gente en este mundo que afirma predicar el evangelio, pero lo que debemos saber no son los falsos evangelios que esta gente predica, sino el verdadero evangelio, el evangelio del agua y el Espíritu. No deseo que seas engañado por tales mentiras permanezcas sin salvación para habitar para siempre en las tinieblas.
Para que Jesús borrara nuestros pecados y para ser condenado en lugar nuestro, Él tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista. Si Jesús hubiese muerto en la Cruz sin primero ser bautizado, entonces Su muerte no hubiera tenido efecto. No hubiese sido precisamente efectiva ya que no esta en acuerdo con la ley de la salvación que Él Mismo estableció. Tal como lo dice la Biblia que nuestro Señor estaba lleno de gracia y verdad, Jesús tomó sobre Sí Mismo nuestros pecados de una vez por todas, y es por aceptar esta Verdad en nuestro corazón por lo que podemos recibir la remisión de nuestros pecados y predicar el evangelio.
Compañeros creyentes, yo creo en el evangelio del agua y el Espíritu. No existe nadie en este mundo, ni siquiera uno, en quien puedas confiar. Debido a que todos están siempre cambiando, lo que sale del hombre no puede ser la Verdad real. Debemos creer en el evangelio del agua y el Espíritu, el método de salvación que nuestro Señor completo, ya que solo este evangelio del agua y el Espíritu completado por el Señor es la Verdad real. Cuando se trata de seguir la luz, esta es la mismísima puerta que uno tiene que pasar por fe. Cualquiera que no cree y que no siga el evangelio del agua y el Espíritu completado por el Señor no puede entrar en el Reino del Cielo, ni convertirse en Su siervo, mucho menos recibir y disfrutar todas las bendiciones dadas por Dios. Nuestro Señor es la Luz de la Verdad real y el salvador que vino a esta tierra.
¿Crees en lo que Jesús dijo en Juan 3:16, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”? Cuando aquellos que afirman haber recibido la vida eterna sin creer en esta Palabra se les pregunta, “¿has llegado a ser justo?” responden, “¿Cómo puedo ser justo? ¿Cómo puede un ser humano insuficiente puede alguna vez afirmar ser una persona justificada?” aunque mucha gente se pregunta, “¿Cómo puedo llegar a ser justo?” aquellos que siguen la Verdad, aunque son insuficientes, pueden decir confiadamente que han llegado a la luz, recibieron la remisión de sus pecados, y ahora han sido justificados. Dios es la Luz de la Verdad, y nosotros somos tinieblas en esencia. Mientras que nuestras semillas son tales que no podemos evitar pecar con nuestra carne, fundamentalmente la luz es de Dios el Santísimo. Y por nosotros, es por creer en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu dado por Jesús la Luz verdadera, por lo que somos santificados por fe.
No hemos sido otra cosa que montones de pecado desde nuestro nacimiento. Somos pecadores, y por lo tanto debemos ser arrojados en el infierno y merecemos ser condenados. Es por ello que desesperadamente necesitamos la misericordia de Dios. Debido a que necesitamos el amor de Su salvación, debemos admitir nuestra naturaleza pecaminosa ante Dios, creer en lo que Él ha hecho por nosotros, y así recibir la remisión de nuestros pecados. Debemos confesar, “Tú tienes razón Señor. No puedo evitar pecar hasta el día de mi muerte. En mi carne siempre soy insuficiente y peco todo el tiempo. Pero aún así, soy un hombre justificado, ya que creo en la Verdad de que el Señor quitó todos mis pecados del mundo al ser bautizado y al derramar Su sangre. Yo te doy gracias a Ti, Señor. Yo creo en lo que Tú has hecho por mí.”
Primero, a mi también, me costo entender lo que significa que Jesús quitó los pecados del mundo. En ese tiempo, entendía que Jesús solamente tomó mi pecado original cuando Él tomó los pecados de este mundo, no podía entender bien la totalidad de la Verdad, y me pregunte a mí mismo, “¿Cómo puede Jesús quitar todos mis pecados cuando he cometido tantos pecados en este mundo? Y, ¿cómo podría quitar el pecado de mis hijos, cuando ni siquiera han nacido? No tiene sentido.” Pero tan solo eran mis propios pensamientos perversos. Precisamente porque Jesús es Dios y el Salvador de la humanidad, todas estas cosas eran posibles. Debido a que Jesús es Dios mismo, Él pudo borrar todos los pecados de este mundo de una vez por todas. Y nosotros, también, hemos sido santificados de una vez por todas al creer en el evangelio del agua y el Espíritu que Él completó por nosotros.
Compañeros creyentes, ¿cómo podríamos saber los pecados que cometeremos con nuestra carne mañana? Imagina que estas caminando por las calles y alguien te pisa un pie. ¿Acaso no te enojarías inmediatamente exigiendo que este hombre se disculpara contigo, mientras que estas listo para golpearlo en la cara? ¿Qué palabras amables le dirías? Puede que un minuto antes estuvieras sonriendo, pero en un pestañar te puedes enojar y sacar tu ira, cometiendo pecado en poco tiempo sin darte cuenta. Esto es lo que somos. Debido a que nuestro Señor es Dios Mismo, Él sabía perfectamente que así somos, y es por ello que Él tomó todos nuestros pecados de antemano hace más de 2,000 años.
Por medio de la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, nuestro Señor borró todos nuestros pecados de una vez por todas, completando así nuestra salvación en su totalidad. No es el caso que Dios de algún modo esta aún borrando nuestros pecados, como si Él fuese incapaz de erradicarlos de una vez por todas. Jesús no esta remitiendo nuestros pecados en el tiempo presente progresivo, sino que Él ya completo la remisión de todos los pecados hace más de 2,000 años por medio del agua y el Espíritu. Se debe a que nuestro Señor ya ha borrado todos nuestros pecados por medio del evangelio del agua y el Espíritu por lo que ahora hemos llegado a estar libres de pecado.
Sin embargo, existe una cosa que todos debemos saber: Aún tenemos una carne insuficiente. En otras palabras, aunque hemos nacido de nuevo y ya no tenemos pecado por creer en nuestro corazón en el evangelio del agua y el Espíritu, debido a que nuestra carne aún es insuficiente, es muy probable que mañana nos encontremos pecando. ¿Acaso esto significa que nuevamente regresaremos al nuestro estado como pecadores siempre que pequemos? No, debes darte cuenta aquí que este no es el caso para nada. ¿Acaso no nuestro Señor, después de todo, tomó todos nuestros pecados hace mucho por medio de Su bautismo? Por lo tanto, siempre que pecamos, podemos reconocer nuestros pecados y confesar nuestra fe, dando gracias a Dios por Su gracia de este modo: “Señor, aunque soy insuficiente, debido a que Tú quitaste aún estos pecados, soy libre de pecado. Gracias Señor. Te alabo por salvar a tal humano tan insuficiente como yo.”
 
 
Aquel Que Cree en el Evangelio del Agua y el Espíritu es Remitido de Todos Sus Pecados de Una Vez Por Todas
 
Al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, podemos ser libres de toda la condenación. Nuestro Señor nos ha salvado perfectamente por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Por lo tanto el Apóstol Pablo dijo, “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo” (1 Tesalonicenses 5:16-18). Y también dijo, “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).
Compañeros creyentes, Jesús tomó sobre Sí Mismo todos tus pecados de una vez por todas por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Hebreos 9:21 dice, “y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” Puesto de otro modo, Él entró al lugar Santísimo de una vez y para siempre esto significa que Él entró en el Reino del Cielo de una sola vez después de cumplir Su misión con el evangelio del agua y el espíritu. Como tal, Jesús realizó la redención eterna que ha borrado todos nuestros pecados de una vez y para siempre significa que Él ya no tiene que hacer esto nuevamente. Al creer en el evangelio del agua y el Espíritu realizado por el Señor de una vez y para siempre, tú, también, ahora puedes recibir la remisión de tus pecados de una vez y para siempre y entrar al Reino de Dios.
Escrito está en Hebreos 10:9-10, “y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” Aquí, “esa voluntad” significa la voluntad de Dios de borrar todos los pecados de la humanidad de una vez y para siempre por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Aquí el pasaje no dice que por esa voluntad seriamos santificados por medio de la ofrenda del cuerpo de Jesús de una vez y para siempre, sino describe la salvación de Jesús en el tiempo perfecto diciendo somos santificados.
Al ofrecer Su cuerpo, Jesús ha borrado todos nuestros pecados. Esta es la luz de la salvación. Debido a que Jesús, al dar Su cuerpo, fue bautizado y murió sobre la Cruz, y se levanto de entre los muertos nuevamente, es creyendo en Jesús, el Dios de la salvación, por lo que podemos venir delante de Dios, quién es la Luz. Es cuando creemos en el evangelio del agua y el Espíritu por lo que Dios aprueba nuestra fe, diciendo, “Tú estas bien. Tú fe es correcta. Hijo mió, por causa de tu fe, estas perdonado de todos tus pecados.”
Hebreos 10:11-18 dice, “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos. Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.”
¿Que significa aquí en el versículo 18 cuando dice, “Pues donde hay remisión de éstos”? Significa que Jesús ha remitido nuestros pecados, y por lo tanto, toda la gente debe recibir al Salvador con gozo. Dios dijo que aquellos que sigan la Luz verdadera recibirán vida eterna al creer en lo que el Señor Jesús ha hecho. Esta Verdad es el evangelio del agua y el Espíritu. Esta es la Verdad, la Luz verdadera. Jesús ofreció el sacrificio eterno al ofrecer Su propio cuerpo por medio de Su bautismo u Su derramamiento de sangre, y Él ha hecho perfectos por siempre a todos aquellos que han sido santificados al creer en esta Verdad. Es por ello, mis compañeros creyentes, una vez que eres justificado, eres justo para siempre.
Regresemos ahora nuevamente a Juan capitulo tres y veamos lo que nuestro Señor dijo. Él dijo, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Quien sea que crea en el evangelio del agua y el Espíritu recibirá vida eterna y no será arrojado en el infierno. Entonces, ¿y tú? ¿Has recibido vida eterna? ¿Cuando fue tu fe total? Tu fe fue completa cuando naciste de Nuevo por el evangelio del agua y el Espíritu. Y es por creer en el evangelio del agua y el Espíritu por lo que has nacido de nuevo, ya sea que hayas oído este evangelio hoy, ayer, o hace un año. Mientras que fue hace más de 2,000 que Jesús borró nuestros pecados, es solo ahora que tú y yo nos hemos dado cuenta y hemos creído en esto, y así hemos recibido la remisión de nuestros pecados.
Al ser bautizado por Juan el Bautista, derramar Su sangre sobre la Cruz, y al levantarse de entre los muertos en tres días, Jesús borró los pecados del mundo. Al día siguiente de Su bautismo, Juan el Bautista dio testimonio de Él. Jesús ha liberado a todos los pecadores de sus pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y al derramar Su sangre sobre la Cruz-esta es la Verdad. Esta es la misma luz de la Verdad. El Hijo de Dios vino a esta tierra y significa que Jesús vino a borrar todos nuestros pecados con el agua, la sangre y el Espíritu (1 Juan 5:4-8).
Innumerables personas, debido a que no conocen la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu, aún dicen que tienen pecado. Pero, ¿existe pecado en el mundo? ¡No! de hecho, ya que Jesús ciertamente quitó todos los pecados, no existe más pecado en este mundo. La única razón por la que mucha gente cree que ellos mismos tienen pecado, y son atormentados enormemente por esto, es porque han sido engañados por Satanás.
Si usted desea ser libre y salvo de sus pecados, usted debe seguir la luz de la Verdad dada por el Señor. No son las doctrinas hechas por hombres lo que debemos seguir, sino que debemos seguir la luz de la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. No debemos estar atados por nuestros propios pensamientos, nuestro propio orgullo o nuestras propias deficiencias, sino que debemos habitar en la luz verdadera creyendo en el bautismo de Jesús, quién quitó todos nuestros pecados, y en Su derramamiento de sangre sobre la Cruz. Como seres humanos, no tenemos nada de que jactarnos ante Dios aunque tratásemos, y como semilla de hacedor de maldad, no puedes hacer más que practicar la hipocresía y pretender ser alguien quién no eres.
Usted debe creer con su corazón en el evangelio del agua y el Espíritu, y usted debe esparcir la verdadera luz. Este evangelio del agua y el Espíritu es el mismísimo evangelio de la Verdad en el cual los Apóstoles de la Iglesia Primitiva creían. ¿Has nacido de nuevo y has recibido la remisión de tus pecados creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu en forma totalmente bíblica? ¿Ahora eres justo?
Compañeros creyentes, la Biblia dice que todos aquellos que reciben a Jesús-estoes, a aquellos que creen en Jesús como su Salvador-Dios les ha dado el derecho de convertirse en Sus hijos (Juan 1:12). Para convertirnos en hijos de Dios, Jesús nos ha salvado a ti y a mí por medio del evangelio del agua y el Espíritu. La Biblia dice que Dios da el Espíritu Santo como Su regalo para aquellos que reciben a Jesús en sus corazones por la fe. Cuando el Espíritu Santo viene a nuestro corazón, Él nos aprueba como hijos de Dios, y Él da testimonio de esto. Debido a que el Espíritu Santo existe en los corazones de aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu, y debido a que Él aborrece el pecado, aquellos cuyos corazones están libres del pecado se alejan del pecado aún más. No se debe a que tratamos por nosotros mismos por lo que nuestros corazones son transformados, sino que el Seños Mismo nos transforma por medio del evangelio del agua y el Espíritu por lo que nuestros corazones son transformados por fe.
Nadie es gradualmente santificado con el paso del tiempo. Es un grave error pensar que cuando pasa suficiente tiempo después de volvernos Cristoianos, que de algún modo seremos santificados y nos volveremos gente santa. Al contrario, entre más grandes somos, más pecados cometemos y más débiles nos volvemos. Sin embargo el Espíritu Santo ha entrado en los corazones de aquellos que han recibido la remisión de sus pecados por medio del evangelio del agua y el Espíritu dado por el Señor, y es precisamente por ello que realizan las obras de justicia que agradan a Dios y sirven al evangelio; no puede existir ninguna duda acerca de que no es debido a que decidimos no pecar nunca más sobre esta tierra por lo que ciertamente no pecamos.
Al igual que nuestros pecados fueron cortados de nosotros cuando nuestros corazones creyeron en lo que nuestro hizo por nosotros, para aquellos que han nacido de nuevamente del pecado al creer en el evangelio del agua y el Espíritu, sus vidas de fe son una continuación de la clase de vida que es vivida en santidad por la fe de sus corazones. Es el Señor Mismo quién ha borrado nuestros pecados y nos ha justificado. Y no es por nuestra fuerza por lo que vivimos nuestras vidas de fe, sino más bien, es poniéndonos el poder del Señor quién nos ha salvado de todos nuestros pecados por lo que vivimos por fe. Necesitamos levantarnos con fe y pelear en contra de aquellos que tratan de arruinarnos y están perversamente contra nosotros.
Compañeros creyentes, una vez que naces de Nuevo por medio del evangelio del agua y el Espíritu, debes vivir bajo la guía de un pastor que también crea en el verdadero evangelio, y debes escuchar la Palabra de fe. Solo entonces podrás disfrutar por siempre el gozo de tu recién estado obtenido de persona justificada, y solo entonces podrás vivir alabando al Señor por siempre. Si, por otro lado, te sometes a ti mismo a cualquier pastor que aún no ha nacido de sus pecados y escuchas sus sermones aún cuando has llegado a creer en el evangelio del agua y el Espíritu, entonces perecerás.
Tales pastores que aún no han nacido de sus pecados predican de este modo: “Queridos creyentes, arrepintámonos de nuestros pecados. Arrepintámonos de todos los pecados que cometimos la semana pasada.” Estos mentirosos, habiendo mal interpretado 1 Juan 1:9, que dice, “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad,” afirman que debemos limpiar nuestros pecados por medio de oraciones de arrepentimiento, pero “confesar” en este pasaje significa confesar tal como somos, admitiendo quienes realmente somos, no el dar oraciones de arrepentimiento pidiendo a Dios que limpie nuestros pecados. ¿Entiende esto? La verdadera confesión ante Dios es admitir, “Señor, he pecado de nuevo. Señor, en mi carne no puedo evitar el vivir así. Pero yo crepo que Tú has salvado aún a un hombre como yo por medio del evangelio del agua y el Espíritu, y yo te alabo a Ti por esto.” Es cuando admitimos así ya que somos semillas de maldad, y nuevamente meditamos sobre el evangelio del agua y el Espíritu, por lo que nuestras almas son restauradas. Es entonces cuando todos los residuos de nuestro corazón son limpiados por medio de la Vedad del evangelio dada por nuestro Señor. El evangelio del agua y el espíritu ha borrado todos nuestros pecados de una vez y para siempre. Son los meritos de Jesús que fluyen en nuestro corazón como un río de vida. Hemos sido limpiados con agua limpia de este río. Esto no es otra cosa que la mismísima fe que es colocada en el evangelio del agua y el Espíritu, y esto es lo que significa seguir la verdadera Luz.
Aquellos que han nacido de Nuevo por el agua y el Espíritu pueden crecer espiritualmente solo cuando continúan escuchando la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu en la Iglesia de Dios y sirven este evangelio. Aún si creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, si terminamos comiendo levadura espiritual, entonces ciertamente moriremos. El Señor ordenó que si el pueblo de Israel comía pan leudado, fueran cortados de Israel. Así el pueblo de Israel, después de guardar los rituales de la Pascua, comía el pan sin levadura solamente una semana durante la Fiesta de los Panes Sin Levadura. Ya que Dios había ordenado, “Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, será cortado de Israel” (Éxodo 12:15).
Compañeros creyentes, deben recordar que si ustedes, aún después de recibir la remisión de sus pecados, escuchan las palabras de mentira que sostienen pensamientos y doctrinas hechos por hombres, en vez de escuchar la Palabra de Dios, serán cortados de Dios. Esto no se debe a que Dios de alguna manera cancelará su salvación sin misericordia, sino que se debe a que usted mismo estará tomando veneno mortal y rechazara el regalo de la gracia de Dios, diciendo, “Dios, Tú fallaste al borrar mis pecados. Por lo tanto soy un pecador.” Y es por eso que terminaras en el infierno.
La Biblia dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:16-19).
Compañeros creyentes, ¿que ocurrirá a aquellos que rechazan la Verdad del Señor con sus propios pensamientos carnales? Tal gente terminará como Judas quién se colgó a sí mismo hasta morir.
Compañeros creyentes, debemos seguir a Jesús la Luz verdadera por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Cualquiera que siga el evangelio del agua y el espíritu ante Dios es remitido de todos sus pecados y hecho justo. Aquel que es nacido de nuevo por creer en el evangelio del agua y el Espíritu alaba al Señor. Precisamente por eso estoy predicándote el evangelio del agua y el Espíritu.
En esta era y tiempo, cuando el verdadero evangelio no se haya por ninguna parte, aquellos de ustedes que escuchen el evangelio del agua y el Espíritu son verdaderamente bendecidos por Dios.
Amonesto a cada uno y a todos a creer en el evangelio del agua y el Espíritu y vivas tu vida remitido de todos tus pecados. Debes escuchar la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu, cree con todo tu corazón, y recibe la remisión de tus pecados. Y mientras vives tu vida a partir de ese momento, debes continuar escuchando la Palabra pura, y entonces entrar en el Reino del Cielo.

Podemos alabar a nuestro Señor quién nos ha permitido vivir por siempre en el Reino de Dios. Y alabaremos a Jesús por la eternidad. Yo doy toda mi gratitud a Él.