The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 4-6] < Juan 4, 1-26, 39-42 > Jesús, quien nos dio el agua que brota para siempre

< Juan 4, 1-26, 39-42 >
«Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo».
«Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo».
 
 
Parece que haya pasado mucho tiempo desde que compartí con ustedes la Palabra por última vez. Aunque les vi una vez el miércoles después de terminar el Campamento de Formación de Discípulos, me siento nuevo y contento cada vez que les veo. Hay algunas personas nuevas aquí hoy; espero que las puedan conocer cuando terminemos el culto de hoy.
¿Les gustan las flores? ¿Qué tipo de flores son estas? Son claveles, ¿no? Los claveles son flores que se regalan el día de los padres, pero ese día no ha pasado todavía. Son muy bonitos. Yo llamo a las flores blancas simplemente flores blancas y a las flores rojas las llamo flores rojas. Al mirar estas flores me siente relajado y crean una atmósfera viva. A ustedes les gustan también, ¿no? Después de crear el universo y los cielos y la tierra, Dios vio que todo era bueno. Estas flores son muy buenas también. Sería bonito que si sus corazones estuviesen congelados por diferentes tipos de obras, se derritiesen un poco cuando mirasen estas flores.
 
 
Me gustaría hablarles hoy sobre el agua viva
 
Jesús entró en la región de Samaria y se sentó al lado de un pozo porque tenía sed. Se sentó y esperó que alguien se acercase a sacar agua. En ese momento, una mujer de Samaria fue a sacar agua. En nuestra forma de calcular el tiempo era mediodía, y en la zona de Palestina era hora de echar una siesta. Pero Jesús y Sus discípulos pasaron a través de esa aldea en Samaria mientras viajaban juntos predicando el Evangelio de Dios.
Jesús le dijo a la mujer: «Dame de beber», pero la mujer se dio cuenta de que Jesús era judío y los que viajaban con Él también eran judíos. Si se están preguntando qué significa esto, es como la situación en la que estamos divididos en Corea del Norte y Corea del Sur. En aquel entonces la nación de Israel también tenía una historia dolorosa de separación en dos reinos durante cientos de años. Por lo tanto la gente del Reino del Norte consideraba a la gente del Reino del Sur como extranjeros y viceversa.
Había una ciudad en Israel llamada Samaria que era la capital del Reino del Norte de Israel, pero que había sido invadida por extranjeros muchas veces. Había muchas personas de ascendencia mixta en la ciudad de Samaria. Así que Samaria no tenía buena reputación entre su propio pueblo. Los samaritanos eran personas que vivían siendo ridiculizadas: «Sois mezclados y no podéis heredar la sangre de Abraham de los israelitas legítimos. ¿Creéis que sois seres humanos? No sois más que perros, y por tanto sería mejor que murieseis. ¿Por qué coméis?».
Una mujer que vivía en esa aldea se acercó a sacar agua, pero no fue a la hora normal por la mañana, sino que fue al mediodía cuando el sol era abrasador y los demás estaban echando la siesta. Entonces Jesús le pidió un poco de agua a la mujer y ella dijo: «Eres un judío y me pides, a una samaritana, agua. Los judíos no se asocian con los samaritanos; ¿cómo me dices eso?». La mujer no estaba en la posición de decir esto, pero como escuchó algo que no quería hacer, tomó la iniciativa.
Después de su respuesta, Jesús dijo: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva». En otras palabras, el Señor dijo: «Si supieses quién te ha pedido agua, tú me pedirías a Mí agua viva».
Hasta ese momento, no sabía quién era Jesús. Esta mujer samaritana no sabía que era el Hijo de Dios que vino como el Mesías y el Redentor de la humanidad. Así que la mujer samaritana le dijo: «Los samaritanos somos una gente mestiza, así que el pueblo de Israel nos desprecia, pero este es el pozo de Jacob. Jacob y las 70 personas de su casa y muchos animales bebieron de este pozo. Este pozo tiene historia y tradición. Lo hizo Jacob mismo. Aunque Te pidiera agua viva, nunca has hecho un pozo, ¿cómo ibas a dármela?».
Jesús contestó: «Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna» (Juan 4, 13-14). La mujer contestó: «Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla» (Juan 4, 15). Como Jesús estaba dándole tanta importancia al asunto, la mujer dijo: «Dame agua. ¿Dices que puedes dar ese tipo de agua?». Jesús estaba discutiendo con un oponente audaz. Después de que la mujer le dijese eso a Jesús, Él dijo: «Corre, ve a llamar a tu marido y vuelve con él» pero la verdad es que esa mujer no tenía marido. La mujer dijo: «No tengo marido», y Jesús dijo: «Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad».
La mujer pensó: «Este Hombre no es un adivino, ¿cómo me conoce, incluso mi pasado? La mayoría de las personas solo creen que he vivido con tres maridos, ¿cómo sabe que he vivido con cinco? ¿Cómo sabe que estoy viviendo con el sexto hombre? ¿Cómo sabe que no es mi marido? ¿He visto a este Hombre en alguna otra ocasión?». Pero por mucho que pensara en ello, nunca le había visto antes. Por tanto la mujer le dijo: «Creo que eres un profeta. Los profetas ven el futuro, ven todo lo que hay en el presente y el pasado, y hablan del futuro a la gente. Hay una montaña en Samaria donde hay que adorar a Dios; si eres un profeta dinos si es correcto servirle aquí». Mientras escuchaba a Jesús el corazón de la mujer estaba concentrado en la fe, así que le hizo otra pregunta espiritual.
Así que la mujer dijo: «Hay una montaña en Samaria y la gente de Samaria cree que es correcto adorar a Dios allí. ¿Es esto correcto?». Entonces Jesús dijo: «Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren». La mujer le dijo: «Sé que el Mesías va a venir (que se llama Cristo). Cuando venga, nos dirá todas las cosas». Jesús le dijo: «Yo soy, el que habla contigo». Esto significa que: «Soy el Mesías. Soy el Salvador». La mujer reconoció a Jesús y conoció al Mesías allí.
El Mesías significa el Salvador. Decimos que el nombre de Jesús significa Salvador, y Salvador en hebreo es Mesías. Esta mujer conoció al Salvador. Dijo: «Creo que eres el Mesías». La Biblia registró que esta mujer, dejó la tinaja de agua, fue a la aldea y dijo: «He encontrado al Mesías, he conocido al que lo sabe todo sobre mí», y reunió a mucha gente. Jesús se quedó en ese lugar durante dos días para predicarles la Palabra de Dios, y muchos samaritanos recibieron la remisión de los pecados a través de Su Palabra.
Hermanos y hermanas, en el pasaje de las Escrituras de hoy, el Señor dijo: «Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna». Queremos que todo el mundo beba del agua viva que nos da el Señor, porque quien beba de ese agua no volverá a tener sed. La mujer samaritana no es la única que quería ese agua; todo el mundo quiere beber de ese tipo de agua, y Jesús quiere darnos ese agua. Nuestro Señor fue a la ciudad de Samaria, se encontró con esta mujer, y la salvó: también nos ha salvado a nosotros con el agua viva, y ha venido a este mundo que es como la tierra de Samaria.
Tenemos que saber algo: los que estamos viviendo en este mundo somos tan miserables como los samaritanos. Además, si queremos conseguir este agua de Jesús y beberla, hay muchas cosas que debemos saber primero.
 
 
Las religiones del mundo no pueden darles agua viva a nuestros corazones
 
En primer lugar, ninguna religión les puede dar agua viva y no pueden beber de ella en ninguna religión de este mundo. Nuestro Señor dice que no hay ninguna denominación que pueda dar agua viva. La mujer le dijo a Jesús: «Este pozo de Jacob es profundo; ¿cómo vas a darme agua viva si no tienes nada con que sacarla?». Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva».
Hermanos y hermanas, Jacob es el ancestro de los israelitas. Es el padre de las doce tribus de Israel. Es el antecesor de Aarón y David. «Pero este pozo de Jacob tiene tradición e historia, ¿cómo vas a darnos agua si no tienes cubo para sacarla?». Esto significa que estaba intentando calmar su sed a través de la religión o las doctrinas de la Teología. Tenemos que darnos cuenta de que no podemos conocer a Jesucristo, el Mesías, si confiamos en la vida de fe legalista basada en la Ley del Antiguo Testamento.
La gente que no conoce a Jesucristo correctamente no puede vivir con fe. Estas personas están siempre incómodas aunque crean en Dios, y siempre tienen sed. No pueden vivir correctamente. Sus vidas de fe son vergonzosas e incómodas. Después de adorar una vez se sientes más cómodas, pero de nuevo tienen sed si no adoran. Si una persona adora para calmar su fe, su garganta se refresca durante un tiempo pero después tiene sed de nuevo. No hay manera de calmar este hambre o esta sed. Hermanos y hermanas, si al creer en Dios, viven vidas de fe y conocen a Dios correctamente según la fe, o si solo conocen a Dios por la Ley, no podrán conocer Su amor y salvación o la remisión de los pecados. Con este tipo de fe, al ir ante Dios con sus obras, no podrán obtener agua viva.
No hay ninguna denominación puede darles agua viva tampoco. Hay unas 200 sectas dentro de la Iglesia Presbiteriana en Corea, y hay cientos de sectas de esta denominación por todo el mundo. La gente en nuestro país piensa que el presbiterianismo es bueno ante todo, y hay muchas sectas dentro de esta denominación. Hermanos y hermanas, hay muchas religiones en este mundo registradas en el Ministerio de Cultura y Turismo de Corea. Esto va tan lejos que una mujer de Yanbian que vino a nuestro país es ahora una adivina. Una vez vi un panfleto circulando por ahí que decía: «Adivina de Yanbian» y tenía el número de registro del Ministerio de Cultura y Turismo de la mujer. Cuando vi esto pensé: «Supongo que hoy en día incluso los adivinos pueden estar inscritos en el Ministerio de Cultura y Turismo y adivinar. El Ministerio de Cultura y Turismo acepta incluso a los adivinos, supongo. Seguramente eso también se considera una religión también».
Una persona puede recibir la remisión de los pecados al creer en una denominación, sea la denominación de la religión que sea. Hay muchas denominaciones en nuestro país, incluyendo entre otras la presbiteriana, baptista, Evangelio completo, y más recientemente la Secta de la Salvación y la Iglesia de la Unificación (los moonies). Hay muchas personas que creen que estas denominaciones son la verdad. Incluso hay personas que dicen que son Dios y que dicen que son «el Bebé celestial». No tengo palabras suficientes para describir lo ridícula que es esta gente. Los cómicos de hoy en día no me hacen reír demasiado, pero estas rarezas religiosas me hacen mucha gracia. Me río cuando las veo. Me parecen muy graciosas.
Nuestro Señor habló claramente a la mujer samaritana. «Aunque bebas de este agua del pozo de Jacob, tendrás sed de nuevo. Por mucho que saques agua de este pozo y bebas, tú y tu familia tendréis sed siempre. Pero el agua que os daré rebosará en vosotros si bebéis una vez, y nunca tendréis sed».
En segundo lugar, si alguien quiere recibir agua viva, debe declarar ante Dios qué tipo de persona es.
Cuando la mujer samaritana: «Dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla», Jesús dijo: «Ve, llama a tu marido, y ven acá». La mujer estaba avergonzada ante Jesús porque lo sabía todo sobre ella, pero al fin y al cabo conoció al Mesías. Hermanos y hermanas, esta mujer se reconoció a sí misma sinceramente ante Jesús.
¿Creen que nosotros habríamos reconocido quiénes somos? Aunque una persona no se reconozca a sí misma, el Profeta lo sabe todo. Sabe los tipos de pecados que hemos cometido aunque no digamos nada. También sabe todos los pecados que cometeremos en el futuro. No es un adivino pero lo sabe todo. Incluso los siervos del Señor pueden conocer los corazones de la gente hasta cierto punto. Cuando conocen a alguien, saben si ha recibido la remisión de los pecados o no, si tiene pecados en su corazón y qué tipo de pecados tiene. Hermanos y hermanas, ¿cuántos pecados cometemos ante Dios en este mundo? ¿Hay gente que cometa pocos pecados y otras personas que cometan más? No, todos cometen la misma cantidad de pecados.
La mujer samaritana tenía seis maridos, pero del mismo modo en que no eran sus maridos, la gente del mundo comete estos mismos pecados en la carne. Hermanos y hermanas, nuestro Señor vino al mundo para darnos una vida nueva y eterna. Él nos dio agua viva. Así que, ¿acaso Jesús solo miró los fallos de esta mujer? Él puso agua viva en su corazón. Le permitió adorar en espíritu y en verdad. Le permitió recibir el Espíritu Santo en su corazón y adorarle ante Dios en verdad. Una persona que desea obtener agua viva debe reconocer sus pecados ante Jesús. Solo entonces podrá recibir agua viva.
Si pasamos Levítico 4, 22-26, leemos: «Cuando pecare un jefe, e hiciere por yerro algo contra alguno de todos los mandamientos de Jehová su Dios sobre cosas que no se han de hacer, y pecare; luego que conociere su pecado que cometió, presentará por su ofrenda un macho cabrío sin defecto. Y pondrá su mano sobre la cabeza del macho cabrío, y lo degollará en el lugar donde se degüella el holocausto, delante de Jehová; es expiación. Y con su dedo el sacerdote tomará de la sangre de la expiación, y la pondrá sobre los cuernos del altar del holocausto, y derramará el resto de la sangre al pie del altar del holocausto, y quemará toda su grosura sobre el altar, como la grosura del sacrificio de paz; así el sacerdote hará por él la expiación de su pecado, y tendrá perdón».
 
 
El Señor dijo que cometemos pecados intencionadamente y sin intención
 
Si leemos Levítico 4, 22, vemos que habla sobre cometer pecados sin querer. Hermanos y hermanas, ¿que significa cometer pecados sin querer? ¿Acaso no son estos los pecados que cometemos en nuestras vidas normales? Significa que no podemos evitar cometer pecados en nuestras vidas diarias. Pero sabemos que no deberíamos. La gente que cree en Dios sabe que debe cumplir la Ley. Lo sabemos todo, pero ¿comete pecados la gente de manera intencionada, ya crea en Dios o no? Siempre cometen pecados mientras viven, ¿no es así? Las personas son maestras en el arte de cometer todo tipo de pecados.
En Marcos 7, 21-23, Jesús dijo: «Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez». Esto significa que una persona comete estos pecados sin querer hasta el momento en que muere. Todos nosotros debemos dejar de respirar para dejar de pecar. Si no dejamos de respirar, seguiremos pecando sin querer.
Nuestro Señor nos dio 613 estatutos de cosas que podemos hacer o no, que nos dicen que no pequemos. Nos dijo: «Cumplid estos diez mandamientos: No tendréis otros dioses ante Mí, no os postraréis ni serviréis imágenes, no tomaréis el nombre del Señor vuestro Dios en vano, santificaréis el Sábado, respetaréis y honraréis a vuestros padres, no mataréis, no cometeréis adulterio, no robaréis, no daréis falso testimonio contra vuestro prójimo, y no codiciaréis. Cumplid el resto de la Ley. Es correcto vivir de esta manera».
Sabemos bien que la ley de Dios es cierta y sabemos naturalmente que debemos honrar a nuestros padres, santificar el Sábado, y no tomar el nombre de Dios en vano. También es obvio que no debemos codiciar, robar, dar falso testimonio, matar, o cometer adulterio. Hacer todas estas cosas es justo. Sabemos que vivir de esta manera es correcto. Pero cometemos pecados sin querer.
Como los israelitas también cometían pecados siempre, Dios dijo en el Antiguo Testamento que llevaran un macho cabrío puro y sacrificarlo cuando se cometieran pecados. Como pecaban sin quererlo, tenían que llevar un macho cabrío o un cordero ante Dios y sacrificarlo.
Levítico 4, 27-29 dice: «Si alguna persona del pueblo pecare por yerro, haciendo algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y delinquiere; luego que conociere su pecado que cometió, traerá por su ofrenda una cabra, una cabra sin defecto, por su pecado que cometió. Y pondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda de la expiación, y la degollará en el lugar del holocausto».
Los pecadores tenían que ofrecer animales puros y poner las manos sobre sus cabezas. Aquí la imposición de manos significa transferir algo. Si un pastor pone las manos sobre una personas y ese pastor está poseído por un demonio, el espíritu de ese pastor se pasa a la otra persona. Así que, cuando se celebran reuniones de resurgimiento espiritual en lugares como estadios, podemos ver que se ponen las manos sobre los enfermos y los discapacitados. Por ejemplo, llaman a las personas cuyos ojos no pueden ver bien, que llevan gafas y no pueden leer la Biblia muy bien, y les ponen las manos sobre los ojos. ¿Qué le pasa a la gente si un predicador habla en lenguas pero lo que dice no significa nada? Que se cae hacia atrás y habla en la misma lengua que el pastor.
Este es otro tipo de imposición de manos. El espíritu del pastor se le pasa a la otra persona. Como el espíritu pasa a esa persona, empieza a hablar en la misma lengua. Por tanto, la imposición de manos consiste en transferir algo.
Así que, si una persona que había incumplido los mandamientos de Dios, ponía las manos en la cabeza de un animal, sus pecados se pasaban al animal. Como estos pecados se transferían de esta manera, tenían que matar al animal después de la imposición de manos. Le sacaban la sangre después de degollarlo y se la entregaban al sacerdote. Entonces, el sacerdote la ponía en los cuernos del altar de los holocaustos y esparcía el resto por el suelo. Por tanto, Dios enseñó a la gente que siempre peca sin quererlo a no pecar, y dijo que esto era lo correcto.
No hay ningún lugar en este mundo donde no haya mandamientos, incluyendo los tres principios y cinco normas morales del confucianismo, los cinco mandamientos de buda, y los diez mandamientos del cristianismo. Leí incluso los «diez mandamientos del marido y la mujer» en la sala de espera de un hospital. No sé por qué existen esos mandamientos. Incluso hay otros diez mandamientos en el daesoonjunlihop (una religión nueva de fusión en Corea). Hay muchas cosas ridículas circulando por ahí.
Aún así, por mucho que Confucio o Sócrates u otros filósofos vinieran a este mundo y nos enseñaran buenas cosas, y hayan dicho hasta ahora que la gente debe vivir de esa manera y hayan dicho cosas buenas, ¿vive la gente así? Las personas son maestras en cometer pecados, sin quererlo o queriendo. Estos maestros del pecado cometen todo tipo de pecados, sean los que sean. Si una persona es experta en cometer pecados, ¡qué bien debe cometer pecados! Comete pecados en su corazón y con sus acciones; no hay ni un solo día que no cometan pecados.
Así que Dios ve esto y dice: «Vaya. Estas personas aún merecerían un castigo más duro aunque los mandase al infierno diez veces. Les mandaría al infierno tan solo por los pecados que cometen en un día, pero no quiere mandar al infierno a estas personas a las que he hecho a Mi imagen, así que las salvaré». Así que preparó ovejas, cabras y ganado como ofrendas para el sacrificio para que sufriesen y fueran sacrificadas en nuestro lugar. Entonces los pecadores ponían las manos sobre la cabeza de las ofrendas puras para transferirles los pecados, tomaban su sangre y la ponían en el altar de los holocaustos. Entonces esparcían en resto de la sangre por el suelo, cortaban al animal en trozos y ponían la carne en el altar. Después, tomaban la cabeza y otras partes impuras, las ponían en un recipiente de bronce, y se las entregaban a Dios quemándolas fuera del Tabernáculo. Después le quitaban toda la grasa que había en los intestinos, la ponían en el altar con la carne, hacían fuego, y le entregaban todo eso a Dios como holocausto. Así recibían la remisión de los pecados con este sacrificio.
Por tanto, en este sacrificio, la ofrenda animal tenía que ser pura. Además tenían que poner las manos sobre su cabeza. Después tenían que degollarla, sacarle la sangre y ponerla en los cuernos del altas de los holocaustos y derramar el resto por el suelo.
La gente peca siempre sin querer. Estos pecados están escritos en las tablas de sus corazones. Están escritos también en las tablas de sus conciencias. Sus pecados están escritos en los Libros del Juicio de Dios. En Jeremías 17, 1 está escrito: «El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares». Si una persona comete un pecado, queda escrito en la tabla de su corazón. Después, se escribe en los Libros del Juicio de Dios.
Por tanto, el suelo está hablando del corazón de una persona cuando se tomaba la sangre y se ponía en los cuernos del altar de los holocaustos y se esparcía por el suelo. El hombre se creó del polvo. Así, recibían la remisión de los pecados que habían cometido en un día al poner las manos sobre la cabeza de la ofrenda animal y transferirle los pecados, poniendo la sangre en los cuernos del altar de los holocaustos y esparciéndola por el suelo.
Entonces, ¿puede una persona obtener la vida eterna si recibe la remisión de los pecados una vez al día? No, no puede. Esto se debe a que es experta en cometer pecados sin querer. Las personas que han recibido la remisión de los pecados también cometen pecados sin querer. Como esto era un problema tan extendido, el décimo día del séptimo es se escogió como el Día de la Expiación del pecado. Si leemos Levítico 16, vemos que dice que se escogió un día para que Aarón representase al pueblo de Israel y trajese dos machos cabríos, pusiera las manos sobre uno de ellos, ofreciera el sacrificio del que hemos hablado antes, y ofreciese el otro animal por el pueblo de Israel. Decía con las manos sobre la cabeza del chivo expiatorio: «Dios, el pueblo de Israel ha pecado. Ha cometido todo tipo de pecados, incluyendo asesinatos, adulterio, robos, contención, idolatría y tomar Tu nombre en vano». Después de transferir los pecados, le entregaba el chivo a un hombre adecuado para que lo abandonase en el desierto. Así que todos los pecados del pueblo de Israel eran perdonados en un día, el décimo día del séptimo mes.
La gente de hace mucho tiempo era perdonada de esta manera. ¿Pero quien es la ofrenda del sacrificio aquí? Es el Cordero de Dios, pero ¿quién es el Cordero de Dios? Jesús. Ahora estamos viviendo en la generación del Nuevo Testamento. En la generación del Nuevo Testamento no hay ofrenda de sacrificio. En esta generación del Nuevo Testamento, no construimos un tabernáculo enorme ni llevamos ovejas y cabras todas las mañanas y tardes cuando cometemos pecados. No hay nada así en esta generación del Nuevo Testamento.
Entonces, ¿qué hay en la generación del Nuevo Testamento? Hace unos 2000 años, Jesucristo vino al mundo y eliminó por completo todos nuestros pecados. Eliminó todos los pecados de la mujer samaritana que cometió sin querer. Entonces, ¿cómo los eliminó? No lo hizo como el Sumo Sacerdote Aarón en el Antiguo Testamento, cuando representaba al pueblo de Israel y ponía las manos sobre la cabeza de un animal por la gente que cometía pecados. De la misma manera en que el representante de los israelitas transfería todos sus pecados por ellos, Dios envió a dos personas a este mundo para cumplir la salvación. Una de estas personas era Juan el Bautista, y la otra era Jesucristo. Dios decidió eliminar todos los pecados de la humanidad, y nuestros Señor vino a este mundo por esa voluntad de Dios.
Pasemos al pasaje de las Escrituras de hoy. La mujer samaritana dijo: «Me parece que eres el Mesías». Como dijo Mesías, se dio cuenta de que Jesús era el Cordero de Dios del que se hablaba en el Antiguo Testamento y la Persona que recibiría la imposición de manos y tomaría todos los pecados de la humanidad. Así sabía que era la Persona que tomaría sus pecados y moriría por ella en la Cruz. Después de creer así, recibió la salvación de la vida eterna. Entonces, ¿acaso solo le buscó Jesús faltas a esta mujer? Le dio agua viva a su corazón. Le permitió que le adorara en espíritu y en verdad. Le permitió que recibiese el Espíritu Santo en su corazón y que adorase a Dios en verdad.
 
 
Debemos conocer la Verdad y creer en ella
 
Mateo 1, 20-23 dice: «Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel».
Pasemos a Mateo 3, 13-17: «Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».
Me gustaría leer otro pasaje de Mateo 11, 11-14: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir».
Aquí el Señor dice: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia». En Mateo 3 dice que Jesús fue desde Galilea para ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. Entonces, Juan intentó evitarlo, diciendo: «Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?».
Si leen detenidamente los pasajes anteriores, verán que Jesús fue al río Jordán a ser bautizado por el hombre llamado Juan el Bautista, que era el mayor hombre nacido de mujer. Hermanos y hermanas, esta es una parte muy importante de la Biblia, y solo podemos creer en Jesucristo y beber agua viva que no nos da sed nunca más si conocemos esta parte.
Hermanos y hermanas, ¿qué representa espiritualmente el río Jordán? Se denomina el río de la muerte. ¿Qué alabanza cantan los cristianos cuando un creyente muere? Cantan este himno: «♪Nos encontraremos en la otra parte del Jordán. ♫Dentro de unos días, nos encontraremos en la otra parte del Jordán♪». El río Jordán es el río de la muerte. Es un río que todo el mundo tiene que cruzar una vez. El nombre del río en esa zona es Jordán. El río Jordán era la frontera entre el pueblo de Israel y la tierra de Caná. Una persona tenía que cruzar el Jordán para llegar a Caná desde Egipto. Por tanto, los israelitas tuvieron que cruzar el río Jordán.
Esta tierra de Caná representa espiritualmente el Reino de los Celos. Así que está escrito en Josué 3 que cuando el pueblo de Israel fue a la tierra de Caná: «Los que llevaban el arca fueron al Jordán y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron el agua...entonces las agua que venían desde arriba de la corriente se quedaron quietas y se levantaron en una cortina muy lejos...y entonces los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Señor pisaron tierra firme en el Jordán; y todo Israel cruzó en tierra seca, hasta que todo el pueblo terminó de cruzar el Jordán». El Antiguo Testamento dice que el río Jordán se secó por la Palabra de Dios. Asimismo el comandante Naamán fue curado completamente de su lepra al lavarse siete veces en el río Jordán. Estos pasajes del Antiguo Testamento nos están hablando de la remisión de nuestros pecados en el Nuevo Testamento. Este río de la muerte habla de la eliminación de la muerte.
Nuestro Señor vino al mundo y quiso recibir el bautismo de Juan. Como Jesús fue a Juan y quiso ser bautizado, Juan le dijo. «Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿pero Tú vienes a mí?». Juan era el mayor hombre nacido de mujer. Hermanos y hermanas, ¿quién era el representante de la humanidad? ¿Quién era el representante enviado por Dios? Juan el Bautista. Era el mayor hombre nacido de mujer, y cuando estaba bautizando en el río Jordán, Jesús fue a que le bautizase.
«Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Por supuesto, lo que Juan dijo era cierto. Por muy grande que sea el representante de la humanidad, no es mayor que el Hijo de Dios, o en otras palabras, que Dios. Para salvar a la humanidad y convertirse en nuestro Salvador, Dios tomó prestado el cuerpo de la Virgen María, nació en este mundo siendo un hombre y quiso ser bautizado por Juan el Bautista cuando cumplió los 30 años.
Entonces, ¿por qué fue bautizado Jesús por Juan el Bautista? ¿Por qué razón? Nosotros cometemos pecados sin querer todo el tiempo. Pecamos hoy, pecamos hoy, mañana, pasado mañana, y hasta que dejamos de respirar. ¿Tienen o no tienen deseos asesinos, codiciosos, contenciosos, orgullosos, lascivos y mentes insensatas? ¿Practican estas cosas o no? Toda la humanidad las practica. No hay nadie que no lo haga. Por tanto, para salvar a la gente del mundo, Dios hizo lo siguiente: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna».
Nuestro Señor vino al mundo para salvar a la humanidad de todos sus pecados. ¿Qué tuvo que hacer para conseguirlo? Jesucristo vino al mundo y, como cordero del sacrificio recibía la transferencia de todos los pecados del pueblo de Israel el décimo día del séptimo mes ante los ojos de todo el pueblo de Israel, Él recibió la transferencia de todos los pecados de la humanidad, incluyendo los cometidos sin querer durante la vida entera de una persona, y llevó estos pecados a la Cruz. Solo podía salvarnos, darnos la vida eterna y borrar los pecados de nuestros corazones si derramaba Su sangre y era juzgado por nosotros.
Así que nuestro Señor fue a ser bautizado. El Señor le dijo a Juan el Bautista: «Bautízame». «Dios mío, ¿cómo voy a bautizarte yo a Ti? Soy yo quien tiene que ser bautizado por Ti». Entonces nuestro Señor dijo: «Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia». Entonces Jesús fue bautizado. Hermanos y Hermanas, Jesús le dijo a Juan el Bautista: «Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia».
Hermanos y hermanas, el bautismo que Jesús recibió era el bautismo por inmersión. No era el bautismo por efusión que se hace derramando agua sobre la cabeza de una persona en el nombre de Dios Padre, Dios Hijo y Dios el Espíritu Santo. Jesús fue al río Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista. El agua en el río Jordán estaba bastante agitada, y Juan el Bautista estaba dentro del agua. Jesús fue allí y entró en el río Jordán con el agua cubriéndole hasta el pecho. Entonces se echó hacia atrás. «Bautízame». Así que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista.
Este es el tipo de bautismo que recibió. En cuanto al bautismo, era equivalente a la imposición de manos del Antiguo Testamento. Así que, antes de que Jesús fuese bautizado, dijo: «Es correcto hacer esta obra de eliminar los pecados de la gente al ser bautizado por ti. Debemos cumplir toda justicia de esta manera para eliminar los pecados de la gente». Toda justicia significa eliminar los pecados de la gente. La justicia en caracteres chinos es 義 (yi). Lo que es sorprendente de este carácter es que está compuesto de dos caracteres jeroglíficos: 羊 (yang: cordero) y 我 (wo: yo). Este carácter chino implica que cuando confiamos en el Cordero de Dios y ofrecemos el sacrificio de fe con el Cordero como Abel, podemos conseguir la justicia de Dios por fe. Dios Padre nos dio a Su único Hijo como el Cordero porque nos amó y amó al mundo de esta manera.
Los pecadores van al infierno y por sus pecados están tristes. Están afligidos. Todo el mundo es un vagabundo en esta vida, y está afligido por culpa del pecado. Nuestro Señor nos amó a los pecadores, nos salvó y se convirtió en la Persona que salvaría a Su pueblo de todos sus pecados. Vino y fue bautizado. Fue bautizado por Juan el Bautista. Fue bautizado mediante la imposición de manos de Juan el Bautista en Su cabeza. Hermanos y hermanas, ¿qué se le transfirió cuando fue bautizado? Juan el Bautista puso las manos sobre la cabeza de Jesús y Jesús tomó todos los pecados de la humanidad a través de este método. Todos los pecados se le pasaron a Jesús. La razón por la que Jesús recibió el bautismo fue para tomar todos los pecados de la humanidad.
«Entonces, ¿por qué lo hizo de esta manera? Hubiese bastado con recibir la remisión de los pecados originales. Hubiese bastado con quitar el pecado original y con que la gente se arrepintiese de sus pecados personales Hubiese bastado con pedir perdón por los pecados futuros; ¿por qué lo hizo de esa manera?». Puede que algunos se hagan estas preguntas.
Hermanos y hermanas, Dios nos hizo. Nos hizo muy bien. De la misma manera en que conocía a la mujer samaritana perfectamente, conoce nuestros corazones, debilidades y características perfectamente. Sabe que siempre cometeremos pecados sin querer. ¿Pecan o no pecan? Pecan sin querer ¿Planean pecar? Pecan cuando la situación lo requiere.
Yo no bebo alcohol. Pero a veces bebo vino como si fuese una medicina. Mi estómago no está bien. Cuando una persona me ofrece vino diciendo: «Es bueno para tu estómago», yo le dijo: «Si un pastor bebe, los santos le siguen, y eso no está bien». Entonces, aunque los santos traigan cerveza fría y digan: «Aún así, bebe un poco». Una vez me dieron una cerveza. Está muy buena. Especialmente en verano. Debo confesar que me la bebí. Estaba muy buena. Le dije al santo que me la dio: «No hagas esto a menudo. Solo beberemos lo que has traído». Y nos lo bebimos. Pero la gente no debe beber a menudo. Cierto hermano trajo una vez mucha cerveza de su oficina y dijo: «Me he traído esto a casa, pero me la beberé toda si la tengo en casa. Así que tómate alguna si tienes sed». Si la trae a menudo le diré que no lo haga: «Vamos a bebérnosla rápido para que los santos no lo vean porque no es bueno».
Hermanos y hermanas, no suelo beber alcohol. Pero no les voy a decir que no beba. No lo compro intencionadamente, pero si hay cerveza, la bebo. Si alguien pone cerveza en mi frigorífico, lo abro y veo que hay algo de beber y que hay algunas latas de cerveza y pienso: «¡Vaya! ¿Tenemos de esto?». Al principio la cojo y me pregunto quién la ha puesto ahí. Entonces pienso que estará muy buena. Sin darme cuenta acabo bebiendo. Mira a ver si mi mujer me está mirando. Siempre se da cuenta. Si mi mujer me ve en ese momento, digo: «¡Cariño! ¡Vaya! ¿Quién ha puesto eso ahí? El Padrenuestro dice «no nos dejes caer en la tentación» pero si alguien ha puesto esta cerveza ahí, incluso un pastor acabará bebiéndola. ¿Acaso no son personas también los pastores?». Entonces sigo diciendo: «No podemos dejarla ahí porque llevará a la tentación. Debemos apresurarnos y bebérnosla toda». Así que abro una lata y digo «Tú bebe también». Entonces ella me dice que no se la va a beber y yo digo: «Bien, no te la bebas». Y me la bebo toda yo.
Hermanos y hermanas, ¿cometen pecados sin querer o no? Hay muchas cosas a parte de beber que como pastor no debería hacer. Pero no quiero hablar de esto. Pero todos sabemos de lo que se trata aunque no digamos nada. Todos nos entendemos. Si somos personas honestas, nos entenderemos mutuamente. Cometemos pecados sin querer hasta que nos hacemos viejos y morimos. Jesús tuvo que venir al mundo para quitarnos todos esos pecados que cometemos sin querer. Por eso nuestros corazones están limpios. Solo porque Jesús cargó con ellos y recibió el juicio en la Cruz podemos recibir la salvación del juicio del pecado. Por eso Jesús vino como nuestro Salvador. Vino como el Redentor.
Vino como el Redentor y fue bautizado para encargarse de todos los pecados cometidos sin querer en las vidas de la gente, todos los pecados cometidos por la humanidad después de haber nacido. «Permíteme hacer ahora, pues conviene así que cumplamos toda justicia». De esta manera, Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista. El que fuese sumergido en el agua nos habla de la muerte, y el bautismo es la transferencia de todos nuestros pecados. Salir del agua habla de la resurrección.
Nuestro Señor fue bautizado. «Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3, 16-17). «Amé tanto al mundo que entregué a Mi único Hijo, le pasé todos los pecados que la humanidad comete sin querer, todos los pecados que eran tan espesos como una nube de lluvia, e hice que fuese sacrificado ante Mí como una ofrenda para la redención eterna. A través de esto, decidí salvar a la humanidad del pecado al hacer que tomase todos los pecados y fuese juzgado en la Cruz. Mi hijo obedeció Mi decisión. Mi hijo se encargó de los pecados de la gente».
¿Creen? En el Antiguo Testamento, la gente llevaba cabras u ovejas puras y las ofrecía como sacrificio todos los días porque cometía pecados sin querer. Es lo mismo en el Nuevo Testamento. Siempre cometemos pecados sin quererlo. Si estamos tensos, acabamos pagándolo con la gente de alrededor. Si estamos hambrientos, solo nos preocupamos de nosotros mismos. Si tenemos hambre, les quitamos el pan a nuestros propios hijos. Esto es lo que pasa cuando la gente es pobre. Cuando una persona tenía hambre hace tiempo, incluso intentaba comerse a otras personas y ratas. Mis padres no tenían mucha carne después de la Guerra de Corea (1950-1953), así que pelaban ratas, las cortaban, las hacían a la parrilla y me las daban para comer cuando era pequeño. Pruébenlas. Están buenas. Nunca he comido nada tan sabroso como la carne de rata. Como me daban de comer ratas a la parrilla en un tiempo en que no había nada más que comer, no estaba mal nutrido. Después de comer un poco decía: «Padre, me gusta la rata. Dame más». Entonces mi padre ponía una piedra así de grande cerca de un agujero, y cuando la rata salía, la mataba. Dejemos de hablar sobre esto.
Hermanos y hermanas, ¿cometemos pecados sin querer o no? Jesús fue bautizado. «Pues conviene así que cumplamos toda justicia». Jesús tomó todos los pecados que la humanidad comete sin querer. Hermanos y hermanas, incluso la gente que ha recibido la remisión de los pecados está siempre incómoda, y los que no han recibido la remisión de los pecados están todavía más incómodos que los cristianos nacidos de nuevo. ¿Por qué pecados están incómodos? Están incómodos porque cometen muchos pecados sin querer «No debería hacer eso. ¿Por qué hago esto que luego me hace sentir avergonzado?». Estamos incómodos aunque hayamos recibido la remisión de los pecados porque somos expertos en pecar y siempre cometemos muchos pecados.
Pensábamos que no íbamos a cometer pecados después de haber recibido la remisión de los pecados, pero estamos incómodos porque siempre pecados Nuestro Señor sabía esto, y por eso eliminó todos los pecados de la humanidad y cumplió toda justicia. Jesús fue bautizado Recibió la transferencia de todos nuestros pecados. La imposición de manos del Antiguo Testamento es el bautismo de Jesús en el Nuevo Testamento. Jesús se encargó de todos los pecados que cometemos sin querer. ¿Tienen pecados o no?
 
 
¿Por qué fue bautizado Jesús por Juan el Bautista en el río Jordán?
 
El que Jesús fuese bautizado sirvió para cumplir toda justicia. Fue bautizado para poder salvar a la humanidad de todos los pecados que cometemos sin querer. Dios Padre dijo que Jesús, quien había sido bautizado, era Su Hijo amado en quien tiene Su complacencia.
«Pues conviene así que cumplamos toda justicia» Toda justicia en griego es πάσαν δικαιοσύνην (pasan dikaiosunen), y significa «el mejor estado que no tiene ningún defecto». A través de este método perfecto, Jesús se encargó de los pecados de la humanidad.
¿Entienden por qué Jesús fue bautizado? Piensan que fue bautizado porque era humilde, ¿no es así? Esto es incorrecto. Hay muchas personas entre nosotros que creen en Jesús de manera incorrecta. Estas personas piensan que Jesús borró solamente el pecado original, así que deben ofrecer oraciones de penitencia a diario para borrar sus pecados personales. Si es así, hermanos y hermanas, no hay nadie en este mundo que tenga pecados, y no hay razón para creer en Jesús. Si no hubiese borrado los pecados que cometen sin querer, ¿habría algún motivo por el que creer en Él?
Si reciben la remisión de sus pecados hoy, ¿cometerán pecados mañana o no? ¿siguen cometiendo pecados sin querer o no? Sí. Entonces, si ofrecen oraciones de penitencia por esos pecados y reciben la remisión de los pecados, ¿están seguros de que podrán confesar todos los pecados que han cometido? La gente recibe la remisión de los pecados por fe. Recibe la remisión de los pecados por fe en el Salvador. Jesús se encargó de todos los pecados que cometen sin querer.
 
 
«He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo»
 
Juan 1, 29 dice: «El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». En el versículo 35 dice «El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios». Después de que Jesús, que es el Cordero de Dios, fuese bautizado por Juan el Bautista, fue de lugar en lugar durante tres años predicando el Evangelio del agua y el Espíritu. Una vez le dijo a la mujer que fue sorprendida en el acto de adulterio: «Yo tampoco te condeno». Miró a la mujer que estaba a punto de ser lapidada por haber pecado y le dijo: «Yo tampoco te condeno». Nuestro Señor vino al mundo, se encargó de todos los pecados de la humanidad y fue de aquí para allá. Durante tres años fue por todas partes diciendo: «Hijos, vuestros pecados os han sido perdonados». Jesús les dijo a los que creían en Él como el Hijo de Dios y como el Salvador: «Hijos, vuestros pecados os han sido perdonados», y les dio la gracia de la remisión de los pecados.
Cuando nuestro Señor estaba en el mundo, Juan, quien le bautizó, dijo en Juan 1, 29: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Hermanos y hermanas, Juan el Bautista, como representante de la humanidad, puso las manos sobre la cabeza de Jesús y le pasó todos los pecados que cometemos en nuestras vidas. Los pecados que cometemos por nuestras debilidades o los que cometemos sin querer fueron pasados a Jesús.
«He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Juan el Bautista le dijo a la gente: «He aquí» y después les dio testimonio diciendo: «¡Gente! Esa Persona es el Cordero de Dios. Es el Cordero de Dios que ha cargado con todos los pecados del mundo. Es el Salvador de la humanidad. Está cargando con los pecados del mundo. ¡He aquí!». Hermanos y hermanas, Jesús vino al mundo, se encargó de todos los pecados del mundo, de todos los pecados que cometemos sin querer a lo largo de nuestras vidas, y cumplió toda justicia. Se llevó todos los pecados del mundo. Durante tres años, cargó con ellos hasta la Cruz.
Queridos hermanos, ¿cómo son los pecados del mundo? Los pecados del mundo son los pecados que hemos cometido desde que estábamos en el vientre de nuestras madres Son los pecados que hemos heredado de nuestros padres y madres Son los pecados con los que nacemos, como está escrito: «He aquí que nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre».
¿Cometemos pecados desde que tenemos un año hasta los 20 o no? ¿Cometemos pecados sin querer o no? Sí. Nuestras obras se estropean y cometemos más pecados cuando se nos dice que no pequemos. ¿Pasaron esos pecados a Jesucristo o no? Sí. Jesús tomó todos los pecados cometidos hasta que cumplimos los 20, así como los pecados que cometemos desde los 20 hasta los 30 años, desde los 30 hasta los 40, y los pecados cometidos en el mundo sin querer y queriendo. «Conviene así que cumplamos toda justicia». Todos los pecados caen dentro de toda justicia. Se encargó de todos los pecados.
¿Hay alguien aquí que tenga 40 años? Así que cometieron pecados desde que estaban en el vientre de sus madres hasta ahora. ¿Se cometen estos pecados en este mundo o no? ¿Se pasaron todos los pecados cometidos en el mundo a Jesús o no? Entonces ¿están los pecados que han cometido hasta los 40 años en su corazón o no? No. No están ahí porque se pasaron a Jesús. Jesús fue bautizado para cargar con todos nuestros pecados. Tenemos que saber esto claramente. Si no creemos en esto, Jesús es inútil para nosotros. Si no creemos en esto, será como si fuésemos a Dios todos los días y actuásemos como si fuésemos grandes diciendo: «Dios, esta semana no he cometido demasiados pecados. Dios, soy guapo, ¿no? Soy guapa, ¿no? Soy buena persona, ¿no? Por favor, dame una recompensa».
La gente así intenta defender su propia voluntad, sin conocer la justicia de Dios y alardeando. «Padre celestial, que eres misericordioso, omnisciente, omnipotente y omnipresente». ¿Vino al mundo el Verdadero Dios para eliminar nuestros pecados porque quería escuchar esto? Hermanos y hermanas, Dios no quiere escuchar ese tipo de oraciones. ¿Qué tipo de oraciones quiere escuchar Dios? Este es el tipo de oración que Dios quiere «Dios, peco siempre Gracias por redimir todos mis pecados al ser bautizado en este mundo y ser juzgado en la Cruz, y por hacer que no tenga que realizar más sacrificios por mis pecados. Te alabo, Señor, porque me has hecho justo».
Hermanos y hermanas, Dios quiere que recibamos el sacrificio de gratitud. Quiere hacernos felices. Quiere que estemos agradecidos y le alabemos por haber eliminado todos nuestros pecados aunque seamos insuficientes. Estoy agradecido porque nuestro Señor eliminó todos los pecados que he cometido y cometeré sin querer Dios, solo puedo amarte. Te amo. ¡Aleluya! Te alabo. Te doy todo el honor. Nuestro Dios es el Rey de reyes y el Rey del amor. Recibe nuestra adoración que le alaba. Así que nuestro Señor fue bautizado.
«He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Cometemos pecados en el mundo hasta que cumplimos los 40. Esos pecados se le pasaron a Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Cometemos pecados en este mundo desde que tenemos 40 años hasta los 90 (si vivimos tanto tiempo). Los pecados cometidos en el corazón, los pecados cometidos a través de las acciones, y los pecados cometidos sin querer están todos incluidos en los pecados del mundo. «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Jesús borró todos sus pecados cuando cargó con todos los pecados del mundo. Hermanos y hermanas, ¿hay pecados en el mundo o no?
Las personas que tienen pecados los tienen porque no saben o no creen que Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista y que tomó todos los pecados como dijo: «Pues conviene así que cumplamos toda justicia». La gente que cree en esto no tiene pecados. Así que se convierte en personas justas porque creen en esta Verdad.
Algunos insisten: «No. No puede haber ninguna persona justa ante Dios. ¿Acaso no dice la Biblia: ‘No hay ninguno justo, ni uno’». Sí, fundamentalmente, antes de que nadie creyese en Jesucristo, no podía haber ninguna persona justa, ni una sola. Pero quien cree en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu está sin pecados a través de Su justicia. Por la justicia de Dios, Jesucristo ha redimido nuestros pecados, y por esto hemos sido justificados. Para poder justificarnos, Jesucristo fue bautizado y juzgado en la Cruz. Nos ha hecho justos.
«A fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús». Esto está en Romanos 3, 26. No había personas justas originalmente, pero Jesús nos hizo justos al venir y tomar todos nuestros pecados. Dios dijo a los que creen en esto: «Estáis justificados. No tenéis pecados». Por eso nos dejó sin pecados al tomar todos nuestros pecados cometidos sin querer. Nuestro Señor dice y nos reconoce: «¿Creéis que he eliminado vuestros pecados. Soy vuestro Salvador. Sois justos. Soy mi pueblo. Sois el pueblo que irá al Reino de los Cielos en el futuro».
Hermanos y hermanas, ¿habéis cometido pecados desde que teníais un año hasta que cumplisteis los diez o no? ¿Cometisteis pecado hasta los 20 o no? ¿Se pasaron esos pecados a Jesús o no? No tenemos ningún pecado porque todos los pecados fueron pasados a Jesús. No hemos sido deslumbrados una verdad o doctrina grande. En el budismo, como no conocen el camino al Reino de Dios, cierto monje dijo una vez: «No puedo alcanzar el Cielo porque no hay ningún camino para ir». Así que un famoso monje Sungcheol dijo que mirásemos todo y lo reconociésemos tal y como es. Dice que la verdad está en esto y nada más. Así que dice: «Una montaña es una montaña y el agua es agua».
Pero Jesucristo dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Jesús dijo que era el Camino. Vino al mundo par salvarnos. Vino para eliminar nuestros pecados. Eliminó todos los pecados que cometemos sin querer. Los tomó todos al ser bautizado. Se convirtió en el Camino para que fuésemos al Reino de los Cielos. Dijo: «Soy la verdad» y en verdad se convirtió en la verdad. Estaremos engañados si creemos en otra cosa. Pero quien crea que Jesucristo es su Salvador y Dios, que ha cumplido toda la justicia a través de Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz, y que murió y fue resucitado, obtendrá la vida eterna.
Jesús también dijo: «Yo soy la vida» y nos da vida eterna. Nuestro Señor no dijo solamente que no tienen pecados, sino que los borró. Fue bautizado y así recibió la transferencia de los pecados. Es el Cordero de Dios que recibió la transferencia de los pecados y llevó los pecados del mundo a la Cruz. Cargó con los pecados del mundo y le clavaron de pies y manos en la Cruz. Cargó con todos nuestros pecados en nuestro lugar al morir.
Nunca cometió pecados mientras estaba en este mundo, sino que recibió la transferencia de los pecados de la humanidad mediante Su bautismo, fue clavado en la Cruz, derramó Su sangre en nuestro lugar, fue resucitado al tercer día, y se sentó a la derecha del trono de Dios Padre. Todos los que creen que Jesucristo es su Salvador a través de estas Palabras, son el pueblo de Dios. Él nos dio autoridad para convertirnos en los hijos de Dios a los que le recibimos o en otras palabras, a los que creen en Su nombre. ¿Creen en esto?
Hermanos y hermanas, ¿se pasaron todos los pecados que cometieron sin querer a Jesús o no? ¿Tiene pecados una persona que cree en Jesucristo como su Salvador o no? No. Como no tiene pecados, les dice a otras personas que crean en Jesús y vivan felices y gozosos. ¿Están seguros de que no cometen pecados sin querer? No. Incluso los santos son débiles e insuficientes en su carne. Si viven bien, son felices, pero si no viven bien, piensan: «Dios mío, voy a morir. No tengo pecados pero voy a morir». Hermanos y hermanas, Dios les conoce bien a todos Sabe que tienen diferentes personalidades y naturalezas, y que todos son diferentes.
La mayoría de los pecados que cometemos se cometen sin querer. Cometemos pecados naturalmente mientras vivimos. Sin saberlo o sabiéndolo pecamos. Esta es la naturaleza pecadora de nuestras vidas. Esto que llamamos vida es así. Mientras vivía quién dijo: «El hombre puede convertirse en un Buda o en un dios?». ¿Quién dijo que el hombre ha nacido para convertirse en un dios? ¿Lo dijo Buda? Pero esto es simplemente una esperanza inútil. Podemos imaginar cualquier cosa con nuestros pensamientos para tener esperanza. Pero estas cosas son imposibles.
Cometemos pecados. Siempre pecamos sin querer. Pecamos hasta que morimos, ya creamos en Dios o no. Sin embargo, Jesús vino al mundo, fue bautizado, cargó con nuestros pecados, los llevó a la Cruz, fue juzgado, derramó Su sangre y murió en nuestro lugar para salvarnos de esos pecados El tercer día después de morir, fue resucitado. Entonces ascendió a la derecha del trono de Dios Padre. Jesús vino a la tierra para salvarme y ese Jesús es Dios. Es el Cristo, y el Hijo del Dios vivo. Es la Persona que me salvó y el Dios que me creó. Creo en Él. Hizo que la gente que creyera en esto y recibiese a Jesucristo fuera Su pueblo.
¿Creen ahora? Leamos la Palabra un poco más antes de acabar este sermón. Hermanos y hermanas, si vivimos hasta cumplir los 90, ¿se transfirieron todos nuestros pecados a Jesús o no? Esta escena de Jesús recibiendo el bautismo es precisa en cualquier versión de las Escrituras: «Permíteme hacer ahora pues conviene así que cumplamos toda justicia». Si examinan el texto original de esta parte en griego, podrán encontrar el significado exacto de este pasaje, y es absolutamente cierto que Jesús ha tomado todos los pecados del mundo al ser bautizado en el río Jordán para cumplir toda justicia.
 
 
El Señor quiso establecer lo último
 
En Hebreos 10, 9-14 está escrito: «Y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados».
Miremos por un momento lo que está escrito. Está escrito: «Y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad». «He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad». Solo Jesucristo vino a cumplir la voluntad de Dios Padre. Jesucristo fue bautizado y murió en la Cruz para eliminar todos los pecados que cometemos sin querer, y nos salvó de todos nuestros pecados. Creer en Él como nuestro Salvador es creer en Jesús según la voluntad del Padre. Esto es vivir según Su voluntad. No había ni una sola persona en toda la humanidad que hiciese la voluntad del Padre, si por eso queremos decir cumplir la Ley. Pero la Biblia dice: «Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero» (Juan 6, 40).
El Hijo de Dios vino al mundo e hizo la voluntad del Padre. La Biblia dice: «He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último». ¿Qué era lo primero? Era la Ley. En Hebreos 10, 1 está escrito: «Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan». Los pecados no podían borrarse a través del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Tomar una oveja cada día, poner las manos sobre su cabeza, transferirle los pecados, y ofrecerla como sacrificio, no funcionaba.
Así que Jesucristo vino al mundo. El Hijo de Dios vino y cumplió la voluntad de Dios por la que hemos sido santificados a través de la ofrenda del cuerpo de Jesucristo para siempre. El pasaje que dice «hemos sido santificados» está en el tiempo perfecto. Jesucristo hizo la voluntad del Padre al ser bautizado una vez en el río Jordán, al ser juzgado y resucitar. ¿Cuál es la voluntad del Padre? Eliminar nuestros pecados.
En 1 Tesalonicenses 4, 3 está escrito: «Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación». La voluntad de Dios es dejarnos sin pecados. Adorar a Dios es vivir sin pecados antes de ir a Él y alabarle, darle gracias, adorarle con luz, gozo y felicidad, y devolverle toda la gloria.
Nunca podemos recibir la remisión de los pecados a través del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. De la misma manera no podemos recibir la remisión de los pecados mediante oraciones de penitencia diarias. ¿Podemos decir oraciones de penitencia por todo? ¿Podemos decir oraciones de penitencia por la tarde por todos los pecados que hemos cometido durante el día? ¿Podemos decir oraciones de penitencia por todos los pecados que hemos cometido en un mes sin olvidarnos ninguno? Entonces, ¿qué podemos hacer con esos pecados que no pueden ser recordados para incluirlos en las oraciones de penitencia? Si los pecados se eliminasen ofreciendo oraciones de penitencia, ¿qué podemos hacer con los pecados por los que no decimos oraciones de penitencia? ¿Qué? ¿Dios se ocupará de ellos? Entonces ¿por qué dicen oraciones de penitencia? ¿Creen que Dios hace las cosas de manera incierta? ¿Creen que nos haría hacer algo incierto? Los sacrificios del Antiguo Testamento no pueden hacernos perfectos. Como no podían hacernos perfectos, nuestro Señor vino al mundo para ser el sacrificio y se santificó al ofrecer Su cuerpo por todos nosotros para siempre.
Hebreos 9, 12 dice: «Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención». No recibimos la remisión de nuestros pecados mediante la sangre de machos cabríos ni becerros, ni oraciones de penitencia. ¿Con qué podemos recibir la remisión de los pecados? «Con su propia sangre Él...obtuvo eterna redención», Esto significa que redimió nuestros pecados y se encargó de todos los pecados del mundo de una vez. ¿Lo entienden? ¿Por qué pudo Jesucristo morir en la Cruz? Una persona con pecados debe morir. Entonces, ¿había algún momento en que Jesús cometiera pecados? No. Entonces, hermanos y hermanas, ¿creen que Jesús nunca pecó? ¿Creen que Jesús es Dios? ¿Creen que es el Hijo de Dios? Entonces, si dicen que creen que no cometió pecados, ¿por qué tuvo que morir Jesús en la Cruz? Como recibió todos nuestros pecados en el río Jordán, tuvo que morir en la Cruz. Jesús no cometió pecados desde entonces.
Con Su propia sangre entró en el Santuario del Cielo para siempre. Esta sangre es la conclusión final de Su ministerio de salvación. El bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista tomó todos nuestros pecados, los borró y por tanto los eliminó todos, y Su sangre es el final. Nos ha librado del juicio. Nos ha salvado. Esta es la seguridad final.
Hermanos y hermanas, ¿tiene Jesucristo que morir dos veces? ¿Tiene que morir tres veces? ¿O acaso elimino todos nuestros pecados de una vez para siempre? Si una persona cree en Jesús y dice que tiene pecados en su corazón, no puede evitar decir: «Por favor, borra mis pecados hoy también». Si sigue diciendo esto, está diciendo que Jesús tiene que venir a morir de nuevo. Hebreos 9, 22 dice: «Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión». Para darnos la remisión de los pecados, una persona viva debe recibir la transferencia de nuestros pecados y morir en nuestro lugar. ¿Lo entienden? Recibir la remisión de los pecados por fe en la justicia que Jesús ha cumplido es devolverle la gloria a Dios. Esa es la ley de salvación que Dios ha establecido.
Pero incluso ahora, intentar recibir la remisión de los pecados a diario es lo mismo que clavar a Jesús en la Cruz de nuevo y decir: «Señor, que ascendiste al Cielo, por favor ven de nuevo. Tengo problemas porque tengo pecados. Por favor, baja y muere por mí de nuevo». Esto es lo mismo que negar que Jesús haya sido bautizado. Es rechazar Su muerte cruel. Es cometer ese tipo de pecado. Este pecado es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Hermanos y hermanas, todos los pecados serán perdonados por Dios excepto la blasfemia contra el Espíritu Santo.
¿Cuál es la blasfemia contra el Espíritu Santo? Es no creer que Dios se convirtió en un Hombre, fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, y tomó todos nuestros pecados. Es negar que Jesús tomara todos nuestros pecados a través de Su bautismo Este es el pecado de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Cuando hablan en lenguas algunas personas dicen que paren. ¿Creen que este es el pecado de la blasfemia contra el Espíritu Santo? No. El pecado de la blasfemia contra el Espíritu Santo es no creer en la Evangelio del agua y el Espíritu, y evitar que los demás que quieren creer en este verdadero Evangelio crean. Este es el pecado contra el Espíritu Santo.
Nuestro Señor vino al mundo, se encargó de todos los pecados del mundo y los eliminó para siempre a través de Su bautismo y Su derramamiento de sangre en la Cruz. En Hebreos 10, 11-18 leemos: «Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos,
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré, añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado».
En otras palabras, ha redimido todos los pecados. Si juntamos todos los pecados que cometemos sin querer, esos son los pecados del mundo. Hay dos tipos de pecados si reunimos todos los pecados que cometemos en nuestras vidas diarias: el pecado de la blasfemia contra el Espíritu Santo y los pecados que cometemos sin querer en nuestras vidas. Si no rechazamos que Jesús se convirtió en el Salvador a través del Evangelio del agua y el Espíritu y creemos en esto, no cometemos blasfemia contra el Espíritu Santo. Pero si lo rechazamos, cometemos blasfemia contra el Espíritu Santo.
¿Acaso los pecados que cometen sin querer no son los pecados cometidos en sus pensamientos o en sus corazones? ¿Es intencionado el pecado del adulterio o no? ¿Es intencionado el pecado del robo o no? Todos estos pecados están incluidos en los pecados que cometemos sin querer. Está escrito: «Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado». El Señor también dijo: «Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones». ¿Por qué? Como nuestro Señor salvó a la humanidad de todos los pecados que comete sin querer al enviarle Dios Padre, hacer que fuese bautizado por Juan el Bautista para transferirle los pecados del mundo y al hacer que fuese clavado en la Cruz, el Señor dijo: «Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones». Está diciendo que nadie recordará nuestros errores o los pecados que cometemos sin querer. ¿Creen en esto?
Solo de esa manera nuestros corazones conectan con Dios y le damos a Dios nuestras almas y le adoramos. Dios sabe que cometemos pecados a diario sin querer, pero no dice: «¡Eh! ¿Por qué cometiste tantos pecados durante la semana? No quiero ni mirarte. Vete. Ponte contra esa esquina a la pata coja. Vete al frente de la capilla y pon las manos sobre tu cabeza». Hermanos y hermanas, si Dios nos dijera que hiciésemos esto, ¿cómo podríamos ir ante Él para adorarle? ¿Qué tipo de ambiente de culto sería ese? ¿Cómo podríamos alabar Su justicia?
Dios apareció ante nosotros como el Dios del amor y el Señor que eliminó todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Le dijo a la mujer que había sido sorprendida cometiendo adulterio: «Yo tampoco te condeno» (Juan 8, 11). El Señor ha redimido todos los pecados que cometemos sin querer. Ha eliminado todos nuestros pecados Así que somos insuficientes y, mientras vivimos, nos odiamos los unos a los otros y nos miramos de reojo preguntando a una persona por qué come sola. Sin embargo, podemos adorar a Dios con gratitud porque nuestro Señor borró todos los pecados que cometemos sin querer al ser bautizado y derramar Su sangre. Como los redimió a través del agua y la sangre, podemos ir ante Dios, darle gracias y alabarle.
Hermanos y hermanas, ¿conocen y creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Nos ha perfeccionado el Señor para siempre con un sacrificio o no? ¿Vino a este mundo hace 2000 años sabiendo que toda la humanidad nacería y cometería pecados, y nos quitó esos pecados o no? Sí. Hermanos y hermanas, todos decimos que Kim Il-sung, el antiguo presidente de Corea del Norte, es un hombre muy malo. ¿Le quitó Jesús los pecados a esa persona mala también o no? Sí, pero como el fallecido Kim Il-sung no creía en Jesús, sus pecados se quedaron en su corazón. Así que siguió siendo un hombre malo. Aunque vivimos en Corea del Sur, si no creemos en Jesús somos gente mala. Si una persona no reconoce que Dios le ama tanto que se convirtió en un hombre, fue bautizado, cargó con sus pecados, derramó Su sangre y agua en la Cruz, y así le ha salvado, es una persona mala.
Cuando Jesús murió en la Cruz, murió por haber sido clavado en ella. Mientras estaba en la Cruz, un soldado romano le perforó el costado con una lanza larga para comprobar si estaba muerto o no. Esto le hizo un agujero grande en el costado. Entonces le salió agua y sangre del costado (Juan 19, 34). Nuestro Señor da testimonio una vez más de que nos ha salvado a través de Su agua y Su sangre.
En 1 Juan 5, nos habla del tipo de personas que son las que vencen al mundo y reciben la remisión de los pecados. En 1 Juan 5, 5 está escrito: «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?». Hermanos y hermanas, ¿creen que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Creen que es nuestro Dios?
En 1 Juan 5, 6-10 está escrito: «Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo».
Hermanos y hermanas, ¿hay testimonio en sus corazones? ¿Tienen la Palabra de testimonio de que han recibido la salvación? ¿Tienen la Palabra? El Apóstol Juan dijo: «Nos ha salvado a través del agua y la sangre». ¿Creen? ¿Se pasaron a Jesús todos los pecados que cometieron sin querer o no? ¿Son insuficientes? Jesús tomó todos sus pecados aunque fueran insuficientes en sus acciones, corazones o pensamientos. Entonces, ¿es imposible que vayamos a Dios con confianza y sin miedo? Si, tenemos confianza y acceso sin restringir a través de la fe en Él (Efesios 3, 12). Él eliminó todos los pecados que cometemos sin querer. Los eliminó por completo.
Entonces ¿cuál es la fe que vence al mundo? Es creer que Jesucristo es el Hijo de Dios y que, aunque es el Hijo de Dios, se convierte en Dios para nosotros. Esto es lo que es. ¿Quiénes son los que vencen al mundo si no son los que creen que Jesús es el Hijo de Dios? El Hijo de Dios ha venido a nuestros corazones porque Él, que es Dios, vino al mundo encarnado en un hombre y eliminó todos nuestros pecados por el agua y la sangre. Hermanos y hermanas, ¿vino por el agua y la sangre? Cristo no vino solo por el agua, sino también por el agua y la sangre. No tomó todos nuestros pecados, sino que también fue juzgado por todos los pecados de la Cruz y lo hizo para que no seamos juzgados de nuevo por los pecados que cometemos sin querer.
«Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre». Hermanos y hermanas, hay tres que dan testimonio. El Espíritu viene al corazón de la persona que acepta la Palabra de Verdad. No hay ninguna sensación en Su venida. Pero claramente da testimonio de esto en el corazón de la persona. Da testimonio diciendo: «El Hijo de Dios os salvó por el agua y la sangre. Se encargó de todos los pecados que cometéis sin querer. Los ha eliminado todos». ¿Creen en esto?
En 1 Pedro 3, 21 leemos: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo».
¿Qué dice la Palabra que era la sombra de lo que ahora nos salva? La Biblia dice que es el bautismo. Hermanos y hermanas, el que Jesús fuese bautizado significa que tomó todos los pecados que cometemos sin querer. La señal de que nos ha salvado es Su bautismo. ¿Lo entienden? No solo deben conocer la Cruz.
El Apóstol Pedro dijo: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva» (1 Pedro 3, 21). ¿Creen en el bautismo de Jesús? De acuerdo, entonces Jesús fue bautizado, tomó todos nuestros pecados, incluyendo los que cometemos sin querer, y todos los pecados que cometeremos en el futuro. Tomó los pecados hace mucho tiempo, los que cometemos ahora, y los que cometeremos en el futuro. Así que, ¿tenemos pecados? No.
¿Se convirtió Jesús en nuestro Salvador? Sí. Entonces, ¿acaso no cometemos pecados porque hemos sido bautizados en Jesucristo? El Apóstol Pedro dijo: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo» (1 Pedro 3, 21). El Apóstol Pedro dijo que creer en el bautismo de Jesús y su sangre implica que tenemos conciencias sin pecados ante Dios porque hemos recibido la salvación y Dios ha eliminado nuestros pecados. Esto no significa que no cometamos pecados. Esto significa que cometemos pecados sin querer hasta que morimos. Así que, dice que para hacernos ir a Dios con una buena conciencia, Jesús fue bautizado por el agua para cargar con todos nuestros pecados, ser juzgado en la Cruz para salvarnos, redimir nuestros pecados cometidos sin querer, y eliminarlos. ¿Creen en esto?

Ustedes han cometido muchos pecados sin querer, ¿no? Pero, ¿tienen pecados o no? ¿Han recibido la remisión de todos esos pecados? ¿Como han recibido la remisión? La recibieron a través del agua y la sangre. ¿Creen en esto? Una persona que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu no tiene pecados. Esta persona alaba la justicia de Dios. ¡Aleluya!