The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 14-3] < Lucas 14, 25-35 > Si quieren seguir al Señor, calculen primero y después síganle

< Lucas 14, 25-35 >
«Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga».
 
 
Sigan al Señor después de examinar su fe
 
¿Han comido bien? No sé por qué está lloviendo tanto con el calor de hace. Estoy muy contento de que todos estén viviendo su fe tan bien. Estoy contento de verles a todos sin que hayan muerto. Mientras vivimos nuestras vidas de fe, no sabemos cuándo moriremos, pero hay muchas personas que no están agradecidas por sus vidas. ¿Es hoy mejor que ayer? ¿Está feliz su corazón y agradecido?
Ayer, estábamos un poco cansados y fatigados porque era nuestro primer día aquí. De todas formas, estoy contento de verles a todos en este campamento de entrenamiento de discípulos. Espero que se lo pasen bien durante esta reunión compartiendo la gracia revelada en Su Palabra.
Cuando leemos el pasaje de las Escrituras de hoy, el Señor nos dice que si una persona sigue al Señor y no odia a su padre y a su madre, mujer e hijos, hermanos y hermanas, y su propia vida, no puede ser discípulo del Señor. Además, nos dice que quien no cargue con su cruz y le siga, no puede ser discípulo del Señor. En una metáfora, el Señor nos dice que cierta persona, que intenta construir una torre, fracasará si no calcula los costes antes. También nos dice que ciertas personas, cuando declaran la guerra a otras, fracasarán si no consideran los resultados primero, las pérdidas y las ganancias, o el resultado, la victoria o la derrota. Entonces el Señor dice en conclusión: «Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará?» (Lucas 14, 33-35). Este es el contenido del pasaje de las Escrituras de hoy.
Todas las Palabras del Señor son verdad, y son muy valiosas para nosotros. Siguen siendo algo valioso hoy en día. Si no podemos entender estas Palabras y no creemos en ellas, fracasaremos como dice el pasaje de las Escrituras de hoy. Por tanto, debemos pensar en cómo debemos seguir viviendo nuestras vidas de fe hasta que venga el Señor sin cesar y debemos contar y calcular bien. Recibiremos mucha ayuda y fuerzas si vivimos pensando y calculando lo siguiente: «¿Podemos vivir nuestras vidas de fe hasta el final? ¿Puede mantenerse la fe? ¿Podemos convertirnos en verdaderos discípulos del Señor? ¿Por qué debemos seguir y servir al Señor? ¿Qué diferencias hay entre el resultado de seguir al Señor y el de no haberle seguido? ¿Qué tipo de actitud debemos tener mientras vivimos nuestra vida de fe?». Podemos vivir con fe si conocemos los resultados.
Debemos vivir nuestras vidas de fe hasta el final del mundo, hasta el día que vuelva el Señor, y hasta que vayamos a Él. Pero, para ello, como ahora estamos sirviendo al Señor al haber recibido la remisión de los pecados, debemos considerar si va a ir bien. Debemos vivir nuestras vidas de fe al reflexionar acerca de nuestra mentalidad y pensar en las siguientes cosas: «Mientras vivimos nuestras vidas de fe como ahora, ¿podemos resistir hasta la venida del Señor con esta fe, cuando vengan la tribulación y las dificultades? ¿Podremos hacer esta obra bien? ¿Acabaremos dejando la Iglesia antes de la tribulación? ¿Podemos ser abandonados por Dios por nuestra infidelidad?».
 
 
Que cada uno examine su fe
 
Debemos examinarnos a nosotros mismos para ver si estamos siguiendo al Señor pase lo que pase. Les pido que calculen si pueden seguir al Señor mientras hacen todo lo que puedan por ser un ser social bueno. Debemos ser si podemos vivir como el Señor quiere que vivamos en todas las cosas que queremos hacer desde un punto de vista carnal, como lo que quieren nuestros padres de la carne, lo que quieren nuestros esposos o esposas, lo que quieren nuestros hermanos y hermanas, y lo que queremos nosotros. Si hacemos estas cosas primero, no podremos seguir al Señor completamente. El Señor nos dice que no podemos convertirnos en Sus discípulos si hacemos las cosas que nuestros hermanos, hermanas y padres de la fe quieren que hagamos.
Son algo que el Señor también ha calculado. Nos dice esto cuando le seguimos, que si hacemos las cosas de esta manera según la carne, si hacemos las cosas según los deseos de la carne, perderemos la fe. En otras palabras, nos dice que no podemos seguirle mientras cuidamos de las cosas y la gente del mundo porque nuestras conexiones sociales y de sangre nos atan a la carne. Nos está diciendo que no podemos seguirle al hacer bien lo que un ser humano debe hacer, respondiendo a cada cosa, siendo aceptado y recibiendo aplausos de nuestros padres, hermanos o familiares. Esto significa que si hay una persona así, una persona que intenta seguir al Señor cuando recibe un aplauso de todos los que están relacionados con ella por la carne, y si hace todas las cosas carnales, esa persona no podrá seguir al Señor perfectamente. Una persona así no puede convertirse en un discípulo del Señor.
Además, el Señor dice que la gente que intenta seguir al Señor después de haber solucionado sus propias dificultades no puede servir al Señor correctamente. El Señor nos está diciendo que le sigamos después de considerarlo meticulosamente, como si estuviésemos resolviendo un problema de matemáticas. Nos está diciendo que las personas así no pueden convertirse en Sus discípulos ni seguirle. Esta es la conclusión del Señor. El Señor nos dice que si no nos deshacemos de todo lo que poseemos, no podremos seguirle ni convertirnos en Sus discípulos.
Entonces, si la gente no puede seguir al Señor, ¿qué pasará con estas personas que no pueden seguirle? Al final serán abandonados por el Señor. Dios dijo: «Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga» (Lucas 14, 34-35). Queridos hermanos, si no siguen al Señor, su vida será como la sal que ha perdido su sabor. En otras palabras, el Señor les abandonará. Su papel se habrá acabado. El resultado de no haber seguido al Señor es ser abandonado por Dios.
Lo que el Señor requiere está en una dimensión un poco más alta. No es un requisito carnal o religioso. Requiere que le sigamos incondicionalmente. Hablando estrictamente, este requisito parece exorbitante. Pero, ¿qué ocurrirá cuando ignoren la Palabra del Señor? Como he dicho, serán abandonados por el Señor. Desaparecerán de la vida de fe en la que la gente creer en el Señor y le sigue.
Al escuchar esta Palabra, uno pueden pensar: «Bueno, no pasa nada siempre y cuando vaya al Cielo. No pasa nada por desviarme un poco. No pasa nada. Lo importante es ir al Cielo». Pero lo que estoy diciendo es que esto es incorrecto. Lo que el Señor ha concluido es que, aunque la sal el buena, si pierde su sabor, no vale para nada, y por eso podemos ser completamente abandonados por el Señor si nos desviamos un poco de la vida de fe. Piensen en mezclar sal con fertilizantes para agricultura. Seguramente han visto serrín y hojas descompuestas. Al descomponerlas, imaginen que una persona añade mucha sal pensando que hará que sea un mejor fertilizante. Si después fertiliza una cosecha con esta mezcla, como por ejemplo una cosecha de trigo, ¿qué le pasará al trigo? Que dirá: «¡Qué salado! Tengo sed. Necesito lluvia; necesito agua, no fertilizante. Me estoy muriendo. Quítame este fertilizante antes de que me muera. No me gusta este tipo de fertilizante. Quiero agua, no sal». Si el trigo pudiese hablar, diría eso.
Lo mismo pasa cuando se pone sal en la calle. ¿Creen que es bueno poner sal en la calle? Hay suciedad en la calle, pero si estuviese llena de sal no podrían crecer las plantas. Queridos hermanos, imaginen que las calles están llenas de polvo y de sal. Estarían sucias. La sal es algo que se pone en la comida. Si se pone en la calle, es algo raro. En Corea, la sal se echa a la gente que parece traer mala suerte. En resumen, les digo que no querer seguir al Señor y no poder seguirle resultará en ser abandonados por el Señor.
No se puede ir al Cielo con tener una fe a medias. ¿Les gustaría que se pudiera entrar en el Cielo a pesar del tipo de vida que uno viviera? Hay un dicho coreano que dice: «Todos los caminos llevan a Seúl». Esto significa que el resultado es importante mientras que los medios son secundarios. Pero, cuando se trata de ir al Cielo, el proceso y el resultado son importantes. Coinciden. Si vivimos nuestra vida bien todos los días, llegaremos al Cielo y viceversa. Por tanto, tenemos que tener nuestras ideas rectas ante el Señor y debemos seguirle hasta el final. Ya tenemos fe en Jesús. Así que, ¿cómo de maravilloso sería que nuestros corazones no cambiasen a pesar de las circunstancias? ¿De qué tendríamos que preocuparnos?
Pueden pensar: «No pasa nada aunque deje la Iglesia. Pero dices que tengo que quedarme en la Iglesia. ¿Por qué es eso tan importante?». Sin embargo, el Señor nos pide que hagamos esto. Por tanto debemos calcular esto antes.
¿Cuál es la diferencia entre los que viven una vida de fe y los que no? Hay una diferencia clara. La diferencia es mucho mayor de lo que piensan porque el Señor es el Dios justo y porque es el Dios omnisciente. Para la gente que no sigue Su Palabra a pesar de conocerla, ¿qué castigo hay preparado? ¿Qué le pasó a la persona que recibió un talento y lo enterró? A pesar de saber que el Señor lo ve todo, escondió el talento que había recibido y cuando el Maestro volvió se lo entregó. El Señor reprende a una persona así diciendo: «Siervo malvado y vago», y la destierra a la oscuridad de afuera, es decir, el infierno. Queridos hermanos, aunque parezca que esté hablando con una lógica estricta, estas Palabras no me las he invitado. En realidad son las Palabras del Señor. Por tanto, estas Palabras también son para nosotros. EL Señor nos dice que si queremos convertirnos en discípulos del Señor y seguir al Señor, no podremos hacerlo si no nos deshacemos de nuestras posesiones. Deshacernos de nuestras posesiones no se trata de deshacernos de nuestra propiedad. Nos dice que debemos seguir lo que el Señor quiere que sigamos y no lo que digan nuestros conocidos, a los que estamos atados por la carne.
¿Qué nos pasará si hacemos todo lo que el mundo quiere que hagamos? Yo he aprendido una cosa del mundo. Lo que he aprendido es que si quisiésemos hacer todo lo que el mundo nos pide, aunque tuviésemos doce cuerpos, no tendríamos suficiente. Aprendí esto cuando era joven. Cuando era un niño pequeño, participé en servicios memoriales para mis ancestros, intenté ser piadoso con mis padres, llevarme bien con mis amigos, respetar a mis mayores, etc. Cuando era pequeño me educaron así.
Por ejemplo, para mostrar mi educación, siempre daba la espalda para esconder mi vaso de vino delante de los adultos y también cuando fumaba, ya que no podía ni soñar fumar delante de ellos. Aunque era joven, me ocupaba de los servicios en recuerdo de mis antecesores en mi casa. Cuando había uno de estos servicios en casa de un familiar, iba allí a la medianoche, me arrodillaba y les hacía recados. Si había una ocasión para celebrar algo o alguna ocasión triste, como una boda o un funeral, allí iba yo. Daba mi pésame o mi enhorabuena y dinero. Hacía todo eso.
Sin embargo, mientras crecía me iba dando cuenta: «Estos servicio nunca terminan». Y me di cuenta de que por mucho que me ocupase de este tipo de cosas, siempre había algo mundano de lo que ocuparse. Además, me di cuenta de que una persona no puede hacer todo esto sin dinero, no puede celebrar, dar pésame, visitar a los enfermos, ofrecer servicios memoriales para mis antecesores, sin dinero. Así que llegué a pensar: «Necesito tener 12 cuerpos para ser un buen ser humano».
Después de nacer de nuevo, llegue a pensar así aún más. Por tanto, llegué a concluir: «No actúo muy bien delante de otras personas del mundo. Si hago estas cosas, como ir a las bodas de mis sobrinos, ir a servicio en memoria de mis antecesores (aunque no me arrodille), cuándo seguiré al Señor, cuándo predicaré el Evangelio, cuándo descansaré en casa, cuándo celebraré reuniones de oración, cuándo daré sermones y cuándo compartiré con los santos? Todo esto es ridículo. Se ha acabado todo esto».
Se acabó hacer todas estas obras mundanas. Se acabó lucir mi diploma en mi corazón. Al fin y al cabo solo tengo un cuerpo, así que decidí ser fiel en una cosa, el Reino de Dios. Llegué a pensar que debería una sola cosa: servir, creer y seguir al Señor, porque no puedo hacerlo todo. Dejé de hacer las obras del mundo pensando: «¿Cómo puedo ser reconocido por la gente del mundo, ser alabado y hacer bien mis tareas?». El Señor dijo: «Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14, 33).
Mientras nuestros santos y los siervos de Dios siguen al Señor, pasan por circunstancias difíciles y otros problemas. Hay muchas dificultades. Cuando se empieza a poner excusas, hay muchas que les pueden impedir seguir al Señor. Pueden pensar: «Mi situación es así, y no puedo hacer esto. Por mis situaciones actuales es difícil salir y predicar el Evangelio. Como mi vida es difícil, no puedo hacer la obra de servir al Señor con cosas materiales, con mi corazón o con mis oraciones. En estas circunstancias es demasiado difícil seguir al Señor completamente». Pero, queridos hermanos, si quieren convertirse en un discípulo del Señor que le siga completamente, deberán deshacerse de todas las cosas mundanas. Como he mencionado anteriormente, es difícil. In embargo, ¿cuándo tendrán tiempo de seguir al Señor cuando están persiguiendo las cosas de este mundo y haciendo todas estas obras humanas para la gente del mundo? Les estoy diciendo que intenten calcular de qué deben deshacerse y qué deben conseguir para ser discípulos del Señor y para seguirle. Deben reconocer estas cosas con cuidado y ver si es posible o no. Queridos hermanos, lo que les estoy diciendo es: ¿qué fuerzas tendrán para seguir al Señor si lo que hacen es salir con sus amigos del mundo, complaciéndoles, visitar a sus vecinos, ser líderes de su ciudad, y yendo a todo tipo de reuniones? Les pido que calculen para ver si les van a quedar fuerzas después de todo eso.
Por tanto, el Señor nos habla así a los que somos como la sal que ha perdido su sabor. En otras palabras, la gente que vive sus vidas sin tener su corazón puesto en el Señor y los que dicen seguir al Señor sin dejar sus deseos carnales son como la sal que ha perdido su sabor. Esto significa que son inútiles para el Señor y para el mundo porque la sal ha perdido su sabor.
 
 
No estoy diciendo esto sin considerar sus fallos
 
Yo sé que soy insuficiente, y también sé que ustedes lo son. No estoy diciendo que nuestras debilidades sean un problema en nuestras vidas de fe, sino que estoy hablando de nuestra mentalidad, es decir, de que no debemos tener nuestros corazones puestos en el mundo. Nuestros corazones no deben tender hacia las cosas del mundo. Si lo hacemos, no podremos ir con el Señor a Su Reino. Cuando esto ocurre, seremos personas que no pueden vivir en el mundo tampoco. Una persona que no se deshace de todo lo que tiene no puede seguir al Señor correctamente. Si los trabajadores del ministerio o los santos que siguen al señor viniesen a la Iglesia con tal solo sus cuerpos pero sin este tipo de actitud, ¿qué ocurriría? No hay muchos nacidos de nuevo que hayan puesto sus mentes en el Señor y que vivan una vida de fe a medias. Pero no calculan las consecuencias de su fe diciendo: «Qué será, será». Lo que estoy diciendo es que necesitamos este tipo de actitud si queremos seguir al Señor. Debemos confesar lo siguiente: «Seguiré al Señor sin falta y me desharé de toda mi codicia. Aunque no soy perfecto en este mundo ni en la Iglesia de Dios, y aunque sea insuficiente, seguiré al Señor a pesar de todo esto porque he recibido la remisión de los pecados ante el Señor. Me convertiré en un discípulo del Señor». Entonces, debemos escoger una de las partes y abandonar la otra. Debemos escoger entre convertirnos en discípulos del Señor y siervos del mundo.
 
 
La gente se convierte en discípulos del Señor al seguir Su justicia
 
Los discípulos del Señor son los que siguen la justicia del Señor hasta el final. Las personas que se deshacen de los valores del mundo y siguen la justicia del Señor pueden seguir al Señor hasta el final a pesar de sus insuficiencias. Serán algo así. Seguirán al Señor con las fuerzas que el Señor les ha dado, con poder y bendiciones. Sin embargo, es cierto que la gente que no es así no puede seguir al Señor ni ser útil al mundo. Por ejemplo, cuando tenemos relaciones con la gente del mundo, los nacidos de nuevo pueden formar relaciones mejor que los que no han nacido de nuevo. Cuando jugamos, jugamos con pasión y decimos: «No, esto es aburrido. Vamos a probar esto». Pero no podemos encontrar nada útil en estas personas; son personas inútiles dentro de la Iglesia de Dios sin duda, y son inútiles en el mundo. Tampoco no valen para predicar el Evangelio. Queridos hermanos, comparados con la sal, una cosa inútil es como sal de plástico, de color blanco pero insoluble en agua. Es como sal falsa. ¿Para qué servirá esa sal? Aunque seamos como la sal, dando sabor como la sal, no seremos así. Seremos inútiles.
No todo el mundo es útil para el Evangelio, y no todo el mundo puede servir al Evangelio y servir al Señor. Una persona que es útil para el Evangelio lleva una vida de perseverancia para convertirse en discípulo del Señor. Una persona que intente convertirse en un siervo del mundo sin poder deshacerse de todas sus posesiones, de las cosas del mundo, de los deseos del mundo, de la avaricia, en vez de seguir al Señor es inútil. Es inútil en la Iglesia. En otras palabras, una persona que viene y va a la iglesia, da culto y hace todo sin seriedad, y pierde el tiempo, no vale para nada. La gente así causa problemas en la Iglesia. Hace saltar el polvo sin motivo. Se critican los unos a los otros diciendo que una cosa está mal y la otra también. Cuando no están empezando discusiones, se callan cuando se trata de predicar el Evangelio aunque sea por un momento, hasta que siguen maldiciendo a los obreros del ministerio y los siervos de Dios. Dicen: «Nuestra Iglesia es tan pequeña como un guisante, ¿por qué trabajáis tan duro? Vamos a pedir algo para comer. Vamos a trabajar poco. Vamos a tomar unos fideos chinos. Todo estará bien siempre y cuando lo podamos pasar bien». Cuando los siervos de Dios les prediquen que debemos predicar el Evangelio por todo el mundo para que la gente pueda recibir la remisión de los pecados, ellos dicen: «¿Qué? ¿Estás loco? No tengo nada de dinero para comprar comida, y ¿quieres que me gaste en dinero en predicar el Evangelio?». La gente así no vale para nada.
Por supuesto, hay gente así que no tiene ninguna discreción espiritual. Básicamente, durante un año entero después de haber recibido la salvación, los creyentes jóvenes no tienen discreción, Durante este tiempo, podemos intentar entender sus acciones erróneas, pensando que no tienen conocimiento como los niños. Pero si quieren seguir así y hablar así incluso después de tres años, podemos decir que no tienen remedio. Como solo se conocen a sí mismos, tienen que ser insultado aún más. Entonces, ¿qué pasa con las personas que han hecho las cosas así después de dos años? La gente así es neutra, es decir, neutra en género. ¿Acaso la palabra neutra no describe una cosa que no es ni así ni de la otra forma? Aunque me da vergüenza decir esto, la gente así tiene que operarse para cambiarse el sexo. Son tan raras cuando les atraen los hombres y también las mujeres, que no sentimos incómodos a su lado, y cuando los vemos de lejos, nos confundimos.
Queridos hermanos, ¿está bien que nos convirtamos en personas inútiles en la Iglesia y entre el pueblo de Dios? ¿Está bien que nos abandone el Señor? Nunca. ¿No es un problema ser excluidos de la obra valiosa de Dios? No, absolutamente no. ¿Debemos convertirnos en personas que no pueden hacer la obra de salvar a las almas?
Ahora, debemos pensar durante algún tiempo por qué tenemos que calcular nuestra vida de fe basándonos en lo que Jesús ha dicho: «¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?». Digamos que cuando vamos a la guerra, tenemos diez mil soldados, mientras que el enemigo tiene veinte mil. Pero tenemos que ir a la guerra. Así, debemos pensar en qué debemos hacer. Si dos países se declaran la guerra, tienen que luchar para ganar la guerra. Ambas partes tendrán que calcular para ver si van a ganar y después decidir si van a empezar la guerra o no. En estos casos hay que tomar una decisión, ¿verdad? La decisión sería ir a la guerra o declarar la paz.
Pero, si uno de ellos va a la guerra sin haber hecho los cálculos, perderá la guerra al 100%. Todos morirán. Y después de haber hecho los cálculos, si no parece una buena opción, enviarán una delegación y pedirán las condiciones de la paz mientras el otro ejército esté lejos. Es la hora de la verdad: «¿Necesitamos luchar? No debemos luchar. ¿Cuáles son vuestras condiciones? Vamos a negociar». Por eso, ambas partes deben llegar a un compromiso que sea beneficioso para ambos. Esta parte es la negociación.
El Señor nos dice que negociemos con Él: «Si quieres seguirme, ahora que has nacido de nuevo, deberás calcular el resultado. Deshazte de las cosas que no son importantes». «Si quieres seguirme, intenta calcular para ver si puedes seguir al mundo al mismo tiempo. Calcula para ver si puedes seguirme a Mí y al mundo a la vez. Si te das cuenta de que no puedes, deberás dejar todo lo que es tuyo y del mundo». Deben hacer esto. Les estoy diciendo que deben volver al Señor que nos lo da todo y que deben servirle al dejarlo todo que no le dé ningún beneficio, felicidad o bendición. Les estoy diciendo que deben convertirse en discípulos del Señor. Si no lo hacen el Señor les abandonará porque son inútiles a Sus ojos.
Deben entender claramente las Palabras del Señor. Hay personas que seguramente dirán: «Bueno, ya sea útil o no, he recibido la remisión de los pecados, y estoy seguro de que todo lo que tengo que hacer es venir a la Iglesia. Pero, ¿por qué mencionas una cosa así? Incluso sin esto, mi cabeza es complicada, así que todo lo que tengo que hacer es seguir haciendo lo mismo. Llevar a cabo mis propios asuntos del mundo es difícil. Tú ves por tu camino y yo iré por el mío. Eso es todo». Pero aún así quiero hacerles una proposición, tanto a ustedes como a mí. Precisamente quiero decirles que sigan al Señor al haber hecho estos cálculos. Les propongo que calculen y escojan entre seguir al Señor y seguir al mundo. Les digo esto por su bien y el mío.
Algunas personas pueden decir: «Quiero seguir al Señor, pero soy demasiado débil para servir al Señor». Está bien ser débil ahora. Dejemos de lado por un momento el hecho de que la carne es débil. Lo importantes que el corazón y la mente no sean débiles. Si su corazón es débil, serán abandonados. Si su mente es débil, tarde o temprano, serán expulsados de la Iglesia.
Además, podrán convertirse en personas absolutamente inútiles en el Reino de Dios. El Señor les dirá a estas personas: «Eres un ser humano inútil». El Señor les dirá esto. Sin saber esto, solemos pensar desde un punto de vista humano: «Somos santos. Así que tolerad mis debilidades, seguid diciendo que sí, e intentad juntaros bien con todos hasta el Señor vuelva». Sin embargo, el Señor separará a la gente de esta manera: «Eres una persona inútil. Aunque he venido al mundo por ti, dejando Mi gloria en el Cielo, he sido bautizado, he tomado todos los pecados, he muerte y he resucitado para salvarte, no vales para nada. Es cierto que soy su Salvador. Sin embargo, te vomitaré porque eres inútil». El Señor no espera nada de la gente así; la gente terca que va a la iglesia sin hacer cálculos. Entendiendo esta Palabra del Señor, debemos hacer los cálculos por lo menos una vez. Después de nacer de nuevo, debemos calcular, por lo menos una vez, que e la manera correcta de seguir al Señor. Como he mencionado, el Señor nos dijo que decidiésemos luchar o declarar la paz al hacer cálculos detallados, incluso cuando declaramos la guerra contra veinte mil soldados con solo diez mil soldados. De la misma manera, cuando seguimos al Señor, debemos hacerlo todo calculando y siguiendo el resultado exacto derivado de esos cálculos. Les estoy diciendo que debemos calcular correctamente y después seguir al Señor. La gente que sigue al Señor sin haber hecho ningún cálculo puede parecer optimista, pero el Señor le dirá: «No sois nada. Sois el enemigo. Puede que vengáis aquí, pero sois el enemigo». Así es como les tratará.
No estamos ni de una parte ni de la otra; somos como agentes dobles. Los agentes dobles son criminales despreciados. Incluso ahora, cuando vemos a la Alemania unificado u otras naciones, vemos que los agentes dobles son capturados y juzgados. ¿Por qué? Porque en estos países, incluso ante de la unificación, había muchas personas que participaban en actividades secretos. Son ciudadanos de la Alemania unificada, pero aunque los espías que trabajaron para la Alemania oriental u occidental no han sido acusados de un crimen, los que actuaron como dobles agentes son acusados de estos crímenes hasta ahora. Los espías que trabajaron en una de las dos partes no fueron cuestionados. Sería extraño acusarles de crímenes después de la unificación cuando los criminales políticos no son acusados. Sin embargo, los dobles agentes son acusados de crímenes. La gente que no está de una parte ni la otra es la más peligrosa.
Queridos hermanos, les estoy diciendo que se decidan a seguir una de las partes al hacer los cálculos meticulosamente. Pase lo que pase, deberán escoger después de haber hecho los cálculos. El cuerpo no se puede partir en dos, pero el corazón puede pensar en todo tipo de cosas. Les estoy diciendo que escojan lo que sea más beneficioso después de calcular los resultados. ¿Lo entienden?
Calcule los resultados de su fe. Si no lo hacen, se enojarán cuando el Señor les diga que han vivido mal. El Señor les dirá en términos vulgares: «Me estás tomando el pelo. Dame un vaso de caca para que me lo tome. Todavía no me has dado toda la mierda que tienes. Todavía no estás preparado». Además, ¿piensan que es todo lo que el Señor va a hacer? Además les separará de Su pueblo. El Señor odia tocar a los pecadores que son sucios como las heces, y por eso dirá: «¡Eh, tú! No digas cosas sucias y ven aquí. Vete al fuego que nunca se apaga. Has dicho que no me conoces, y yo tampoco te conozco». Aunque hayamos nacido de nuevo, si el Señor dice que no les conoce, esto es lo que pasará. Queridos hermanos, si no hacen ningún cálculo y persiguen las cosas del mundo, esto es lo que pasará.
¿Saben por qué la gente no puede volver después de haber dejado la Iglesia? ¿Acaso no recibieron la remisión de los pecados? ¿Por qué son así? No pueden volver porque son débiles. Tienden a cuestionar cómo pueden volver y tienen dudas acerca de si serán aceptados o no. No pueden volver porque su fe es débil. Sin embargo, hay personas que vuelven por fe, pensando que aunque sean débiles, el Señor es su Salvador y esta Iglesia es la verdadera Iglesia. La segunda razón que impide que la gente vuelva a la Iglesia de Dios es que esas personas están viviendo entre los enemigos durante demasiado tiempo. Esto hace que tengan la misma mentalidad que los enemigos. Como viven en vecindarios enemigos, suelen pensar que estas personas son sus amigos y que ese país es su país. Por eso cuando nos ven, nos consideran personas malvadas. Piensan: «Esos perros ladrones. Malvados». Nos miran mal y nos consideran enemigos. Empiezan a ver a los hermanos, hermanas y siervos de Dios como personas que intentan herirles y matarles y no como amigos. La gente así está cegada por los espíritus malvados y está poseída por demonios. Cuando una persona está poseída por demonios, ve al pueblo de Dios y a la Iglesia de Dios como sus enemigos, de la misma manera en que una persona que lleva unas lentes de color rojo, lo ve todo rojo, y azul cuando lleva gafas de color azul. Por eso no pueden volver. Entonces, ¿cuál es el resultado? Literalmente que serán abandonados.
¿Quién era este hombre que había recibido un talento? ¿Qué hizo después de enterrarlo y decir: «Oh, Señor. Me has salvado. Gracias»? Enterró el Evangelio de la salvación. Una persona puede decir: «Si predico este Evangelio, seré avergonzado; si lo predico, mis vínculos con mis hermanos y hermanas se romperán; todas las relaciones se romperán incluso con los hermanos y hermanas, padres, hijos y cónyuges». Por eso, en cuanto recibe la remisión de los pecados, la protege al hacer un agujero en el suelo y enterrar el Evangelio, cubrirlo con tierra y taparlo bien. Cuando venga el Señor, se lo devolverá. Lo desenterrará y dirá: «Aquí está». Cuando el Señor le diga: «¿Qué has hecho todo este tiempo? ¿Por qué has dejado que se pudra así?», contestará: «No tienes vergüenza. Me estás pidiendo demasiado para haberme dado una sola cosa, la salvación. Bueno, me salvaste diciendo que era gratis, que era tu gracia, un don. Pero ahora me pides demasiado. Pareces un dictador y eres demasiado estricto. Pero estoy agradecido porque me has salvado y por eso te estoy entregando este talento después de haberlo mantenido a salvo».
¿Cómo creen que se sintió el Señor entonces? Una planta tiene que brotar para dar flores, y tiene que florecer para dar frutos. Así que el Señor le quitará la flor con su brote y se la da a otra persona diciendo: «Quiero que ganes más que tu vida eterna, quiero darte esta obra del Evangelio y darte más recompensas». Dirá: «Alejad a este imbécil inútil y llevadlo a la oscuridad». Esto es lo que le ocurrirá.
Una persona abandonada no podrá volver a la Iglesia. ¿Cuántas personas anhelan volver a su ciudad natal pero no pueden? Seguramente conocerán una canción popular que dice: «verde, verde, hierba de mi tierra».
«Mi Antigua aldea está igual
Cuando me bajo del tren
Y allí me encuentro con mi mamá y papá
Por esa calle baja Mary
Con cabellos de oro y labios como cerezas.
Qué bueno es volver a tocar la verde, verde hierba de mi tierra».
La letra de esta canción es muy sentimental. Se sobreentiende que el protagonista de esta canción estaba encarcelado. La canción dice: «Entonces me desperté y miré a mi alrededor, a las cuatro grises paredes, y me di cuenta de que estaba soñando». Esto es suficiente para volver loca a una persona. Todos tenemos nuestra ciudad natal. Es el lugar donde nacimos, donde solíamos vivir y donde sus personas cercanas viven. Cuando se encuentran en una situación que les impide volver allí, empiezan a anhelar su tierra. Cuando no pueden visitar su país o su tierra, ¿no empiezan a anhelarla? Por eso, si no pueden volver a la Iglesia, acabarán sintiendo lo mimo espiritualmente.
Cuando intentamos predicar este Evangelio al mundo por nuestra cuenta después de abandonar la Iglesia, seremos tratados como el enemigo. El mundo nos mirará como su enemigo. «Esa persona es mala. Nosotros somos los únicos que podemos predicar la Palabra, pero él lo está haciendo solo. Qué ridículo». Las palabras que he dicho pueden parecer duras, pero mi expresión no es dura. Seguirán utilizando palabras afiladas para matar a esa persona. Queridos hermanos, conocen esas palabras que pueden apuñalar a una persona. Son como espadas afiladas en forma de media luna. Son como espadas muy afiladas como la espada verde del dragón utilizada por Guan Yu, un personaje que aparece en el Romance de los Tres Reinos. Las espadas así son gruesas y no se pueden afilar solo en un día. Tienen que afilarse durante mucho tiempo. ¿Por qué? Porque así se puede aniquilar al enemigo. La punta de la espada siempre se está afilando. Incluso los que tienen el Evangelio serán inútiles y abandonados si intentan seguir al Señor sin haber hecho sus cálculos.
No tenemos ningún otro remedio que seguir al Señor por fe. La gente debe darse cuenta de esto a través de la fe. Si no es así, morirá. Vivirá para morir. Verán su futuro claramente: «Estás muriendo ahora mismo, pero pronto harás esto». A pesar de saberlo todo, los dejaremos estar. Queridos hermanos, la fe es algo personal. Recibir la salvación ante Dios es algo personal. ¿Por qué nos convertiríamos en personas inútiles? ¿Por qué no vamos a calcular? Podemos convertirnos en Buenos discípulos del Señor y vivir una vida digna de bendiciones solo si seguimos al Señor después de haber calculado bien y haber escogido bien.
Bueno, si seguimos viviendo in intentar hacer ningún cálculo, seremos intoxicados por el mundo y beberemos todo el día y toda la noche. Aunque vivamos juntos en el mundo, no valdremos para nada, arruinaremos el mundo y seremos inútiles para el Reino de Dios. Se convertirán en personas que no valen para nada ante el Señor. Por tanto, lo que les quiero decir es que no debemos ser este tipo de personas. Sigan al Señor solo después de haber hecho estos cálculos. Deben seguirle por fe. No saben qué pasará mañana. A veces, pienso que cuando llegue la tribulación, incluso algunos trabajadores del ministerio dejarán la Iglesia. Solo quedarán algunos santos y trabajadores del ministerio en la Iglesia. Cuando esto ocurra, será una situación muy grave. Hay muchos ejemplos en los que veo cómo nuestro ministerio sirve al Evangelio ahora. Cuando pienso en estas cosas, mi corazón está en paz y no deja lugar para tolerar la fe a medias. En realidad me puedo volver loco en cualquier momento.
No tengo tiempo de mirar hacia atrás porque no tengo fuerzas ni habilidades para tratar con el mundo entero, no solo con algunas personas, sino con todo el mundo. Entonces, empiezo a pensar que el resultado no será bueno, como les he dicho antes, si dejo a los creyentes a medias estar. Mientras sigo viendo con los ojos de fe y calculando con fe, puedo ver las cosas que sucederán. Son obvias. Estoy diciendo que estos resultados no ocurrirán por culpa de sus problemas o debilidades, sino por seguir al Señor sin haber hecho cálculos, es decir, sin haber puesto su corazón en una de las partes. Yo predigo que los resultados serán malos si les dejo hacer lo que quieran. Solo acabarán estando muy ocupados y no podrán convertirse en discípulos del Señor. No podrán ser personas que el Señor puede usar. ¿No creen que esto es verdad?
Queridos hermanos, si quieren servir al Señor, le seguirán firmemente. Han escogido este camino les guste o no, después de haber calculado los resultados. Aunque sean un poco insuficientes, si siguen al Señor hasta el final, el Señor les ayudará. Recibirán Su amor y bendiciones. Vivirán sus vidas con las fuerzas del Señor. Sin embargo, si siguen al Señor sin haber hecho los cálculos, ni una sola vez, se quedarán atascados cuando las cosas no les salgan bien. La gente así no calcula bien. La persona que más miedo da es la que no calcula. La gente ignorante da miedo. No saben lo peligrosas que pueden ser estas personas.
Los cálculos de la fe deben hacerse bien. Por supuesto, también deben saber cómo calcular las cosas carnales. Hacer cualquier cosa sin calcular es muy peligroso. Es absolutamente peligroso. Es más peligroso que el comunismo. ¿Están siguiendo al Señor después de haber calculado bien? ¿Están siguiendo al Señor después de haber hecho los cálculos bien por lo menos una vez? «En el pasado solía calcular bien, ¿pero por qué necesito calcular así hoy en día? Como se dice, lo bueno es bueno. Yo creo que la compatibilidad es lo mejor». ¿Han escogido así? Cheonan es una ciudad histórica en el centro de Corea. Todas las carreteras anchas que van desde las regiones del sur de Corea convergen en una en esta ciudad. Así que la ciudad ha sido famosa desde la antigüedad, y se llamaba la Carretera convergente de Cheonan. Hay muchas posibilidades para llegar a esa ciudad. Así que en el pasado, los viajeros solían pasar días en la ciudad, por lo que se convirtió en una ciudad próspera. Pero al final uno tenía que escoger entre una de las carreteras después de haber calculado bien todo. Incluso una cosa así tenía que ser calculada. Pero, en cuanto a los cálculos de la fe, ¿está bien no calcular de antemano si vamos a seguir al Señor?
 
 
Una persona se convierte en discípulo del Señor si calcula bien
 
Si calculan algo mal, serán inútiles. Serán abandonados. Por eso debemos tomar la decisión correcta al calcular bien si queremos seguir al Señor. Debemos convertirnos en verdaderos seguidores del Señor. Ya es mediodía y si sigo hablando, se cansarán. Pero entienden lo que digo, ¿no? He calculado el tiempo bien, ¿no? Todos ustedes saben como calcular, ¿no es así? Espero que no haya nadie entre ustedes que, como un tonto, declare la guerra a un ejército de veinte mil soldados con tan solo diez mil. Espero que no haya nadie entre ustedes que, como un tonto, deje de seguir al Señor por sentir que lo que tiene es demasiado valioso.
Cuando cuentan todo lo que tienen, ¿cuánto vale? Cuando siguen al Señor, ¿cuánto ganan? Deben calcular así. Deben aprender a calcular las cosas bien. Hay demasiadas personas que no saben cómo calcular. Pero, ustedes no podrían creer lo bien que hacen cálculos carnales. Pero no saben hacer cálculos espirituales. ¿Cómo llaman a este tipo de personas? Imbéciles y necios. Especialmente entre los jóvenes, creo que hay muchos que no saben hacer cálculos. Creo que los jóvenes de hoy en día no saben hacer matemáticas. Con tanta incompetencia, no sé cómo llegan a entrar en la universidad. Pero, hoy en día hay muchas universidades y muchas escuelas con un nivel muy bajo. En realidad la gente no aprende mucho en la universidad. Siempre y cuando uno aprenda mucho en el instituto no tendrá problemas en integrarse en la sociedad. Hay muchas personas que han ido a universidades por orgullo y han gastado mucho dinero. Salen con un diploma, pero entonces no le encuentran ningún uso.
Tengo muchos amigos que son profesores de Universidad, pero como he dicho, con el nivel bajo de la universidad hoy en día, muchos han dejado su trabajo. Dejaron su cargo porque decidieron que enseñar ya no valía la pena. Estoy diciendo que tengo muchos amigos que han dejado su trabajo de profesores y han tomado una Biblia en sus manos. Lo que hicieron es admirable. Siendo profesores tuvieron la sensatez de calcular. Pero la gente de hoy en día no suele hacer estos cálculos. Entran en una empresa con una licenciatura de cuatro años y reciben un salario mensual de $1.500. Después de esto les suben el sueldo a $2.500 o $4.500 como mucho. Parece que muchas personas entregan sus vidas por esta cantidad. Estas personas son insensatas. La gente que no puede calcular, no pueden tener a nadie a su cargo, porque sufrirían. Cuando las hermanas buscan marido, deben averiguar si ese hermano es bueno haciendo cálculos, y si es incompetente que no lo escojan. Pero, aunque cierto hermano parezca un poco tonto y no sea muy atractivo, si es bueno y rápido calculando, será buen marido. Busquen un hombre así. Lo mismo les digo a los hermanos. Cuando busquen a una hermana para casarse, si lo único que sabe hacer es arreglarse y calcular de una manera carnal, sin saber cómo calcular de manera espiritual, escúpanle en la cara. No pueden unirse a una persona así. Sin embargo, si puede calcular bien desde una perspectiva espiritual, digan: «Vaya, esta mujer es increíble. Pensaba que solo era bella por fuera, pero también es buena por dentro». Cuando vean a una hermana así, deben casarse con ella sin pensarlo dos veces.
¡Vaya! La hora del almuerzo se acerca y deben estar pensando por qué no termino de hablar. Quiero compartir mis pensamientos internos con ustedes. Ahora que les veo y ustedes me ven a mí, me siento bien. Pero estoy preocupado por algunos de ustedes. Me preocupo pensando: «Todos están muriendo. ¿Qué voy a hacer? Si los dejo solos más tiempo, morirán, así que ¿por qué no les enseño a calcular? Si aprenden a calcular bien, estarán firmes en la fe por el Señor». Aunque parezca mal, tengo estos pensamientos.
Queridos hermanos, el Señor quiere a las personas que saben calcular. Una persona que no puede calcular no vale para nada. Por muy fuertes, bellas y virtuosas que sean las personas, si no saben calcular, es decir, si son tontas, el Señor no las utilizará. El Reino de Dios es igual. Sé que solo habrá personas inteligentes. No quiero decir personas inteligentes en la carne, sino espiritualmente. ¿Lo entienden? Espero y oro por que todos los santos sepan calcular.