The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 5-3] < Juan 5, 30-38 > La prueba de nuestra salvación del pecado

< Juan 5, 30-38 >
«No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis».
 
 
El que Jesús nos salvaría a través del Evangelio del agua y el Espíritu fue profetizado en el Antiguo Testamento. Nuestro Señor vino a este mundo para cumplir esa profecía, y fue bautizado por Juan el Bautista y se convirtió personalmente en el Salvador al morir en la Cruz y resucitar de entre los muertos. Dicho de otra manera, dio testimonio personal de nuestra salvación del pecado a través del Evangelio del agua y el Espíritu con Su bautismo, muerte y resurrección. Dio testimonio de que es nuestro Salvador, el Mesías, al ser bautizado por Juan el Bautista y morir en la Cruz. Asimismo, hemos recibido la salvación de todos los pecados al aceptar ese testimonio a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
¿Quién entendió y creyó en este hecho?
 
Cuando Jesús vino a este mundo, muchas personas no aceptaron Su Palabra ni Su testimonio. Jesús les dijo que era el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento, y que era el Hijo de Dios, pero la gente no le creyó. Los judíos estaban esperando a su Mesías porque creyeron en los Libros de la Profecía en el Antiguo Testamento. Sin embargo, la mayoría de los judíos no podían reconocer que Jesús era el Mesías. Pensaron que el Mesías sería atractivo físicamente y respetable. Pensaron así porque le miraron con ojos carnales. Isaías 53, 2 dice: «Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos». Por tanto, los judíos llegaron a la conclusión de que Jesús no era el Mesías porque solo se fijaron en Su apariencia física.
Jesús pasaba el tiempo con gente de bajo estatus social, como prostitutas y recolectores de impuestos, en vez de estar con los fariseos, porque está gente humilde tenía el corazón correcto para el Reino de Dios. Sabían que eran humildes y llanos a los ojos de Dios y querían conocer al Salvador y recibir la salvación porque sabían que eran pecadores.
Sin embargo, los fariseos solo buscaban la gloria de este mundo más que recibir la salvación de los pecados a través del Mesías. Estaban más preocupados por perder su autoridad religiosa por el poder de Jesús. Por eso Jesús vivió entre la gente humilde y quiso borrar sus pecados. Incluso ahora el Señor vive en la gente que tiene corazones humildes y quiere salvarla de todos sus pecados.
 
 
La obra del Padre cumplida al enviar a Su Hijo Jesús
 
Las Escrituras dicen: «Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí» (Juan 5, 36-37).
Si Juan el Bautista dio testimonio del hecho de que Jesús era el Salvador, entonces Jesús dio testimonio de la salvación a la humanidad a través del bautismo que recibió, la sangre que derramó en la Cruz, y Su muerte y resurrección. Esto se debe a que Jesús hizo exactamente la obra de salvación por la humanidad que Dios Padre había planeado. Se convirtió en el testimonio al seguir completamente el plan para salvar a la humanidad que está escrito en el Antiguo Testamento. Por tanto, la salvación de la humanidad está en el Evangelio del agua y el Espíritu. Este Evangelio se cumple como el verdadero Evangelio y no una historia inventada por la imaginación humana.
Hemos recibido la salvación de todos los pecados hoy al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Compartimos este Evangelio con toda la gente con fe. Sin embargo, algunas personas preguntan dónde esta la prueba de la salvación de los pecados en la Palabra de Dios. Jesús vino a este mundo y se convirtió en nuestro Salvador al tomar nuestros pecados sobre Sí mismo a través de la imposición de manos de Juan el Bautista como el Padre le había mandado, al derramar Su sangre y morir en la Cruz. Es estúpido preguntar dónde está la prueba de que hemos sido salvados de los pecados del mundo cuando Jesús nos ha mostrado pruebas claras de que es el Dios de nuestra salvación. Quiero reiterar que la prueba de nuestra salvación del pecado es el Evangelio del agua y el Espíritu. Quiero que vuelvan a confirmarlo en sus corazones.
El Señor se convirtió en nuestro Salvador. Hemos sido salvados al creer en la Palabra de la salvación que nos ha librado perfectamente de todos los pecados del mundo. Quiero que vuelvan a confirmar en sus corazones que los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu somos los justos que han recibido la remisión de los pecados ante la presencia de Dios. Solo los que creen de verdad en el Evangelio del agua y el Espíritu creen en Jesús como su Salvador, se han convertido en hijos de Dios y nacidos de nuevo. Los que escuchan esto y quieren recibir la Palabra de Dios se convierten en la gente que recibe la Verdad de Dios como nosotros. Además, la gente que no recibe el Evangelio del agua y el Espíritu se presentará ante el trono del juicio de Dios porque no aceptó el testimonio de Dios.
¿Quién da testimonio del hecho de que hayamos recibido la salvación del pecados? ¿Acaso la Palabra de Dios recogida en las Escrituras no da testimonio de esto a través del Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Pueden tener alguna prueba de que han recibido la salvación de todos los pecados del mundo a través de la Palabra de Dios? Si no es así, no podrán decir que han recibido la verdadera salvación de todos los pecados ¿Cómo deben recibir la salvación si quieren recibirla? Debemos tener la prueba de la remisión de los pecados en la Palabra de Dios en las Escrituras, e ir a Jesucristo para recibir la salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Es esto correcto o no?
¿Quieren recibir el testimonio de Dios de que han recibido la salvación de todos los pecados del mundo o quieren pensar por su cuenta que han sido salvados del pecado? La salvación de todos los pecados que recibimos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu es algo que Dios quiere personalmente. Las Escrituras dan testimonio del hecho de que nos hemos convertido en los hijos de Dios al recibir la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu han recibido la salvación de todos los pecados, y podemos compartir este Evangelio de salvación con otras personas porque tenemos el testimonio de la salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Cómo de frustrante debe ser para nuestro Señor cuando ve que los cristianos no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? Debe ser muy frustrante porque hay muchos cristianos que no conocen este Evangelio todavía. Siguen pidiendo perdón por sus pecados a diaria cuando las Escrituras dicen que Jesús vino al mundo y realizó la obra de salvación para las personas a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Lo más desesperante es que la gente no cree en la salvación que Jesús cumplió a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Los que intentan conseguir la salvación de sus pecados a través de su justicia sin el Evangelio del agua y el Espíritu son los enemigos del Señor.
Por supuesto había muchos que no creyeron en Jesús aunque vieron que era el Señor con sus propios ojos cuando el Señor estuvo en este mundo. ¿Pero qué dijo el Señor? ¿Acaso no dijo que es más bendito creer sin verle que creer después de verle? El Señor nos dio el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto es imprudente intentar recibir la remisión de los pecados pidiendo perdón cuando la perfecta salvación que el Señor nos ha dado está escrita en las Escrituras, y todo acerca de la obra de salvación está recogido en el Evangelio del agua y el Espíritu. Creo que es bastante estúpido que la gente vaya por el camino de la destrucción aunque conozca el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Verdad de la salvación por culpa del Evangelio falso en el que creyó anteriormente.
Se lo voy a explicar con un ejemplo. Cierto hermano en nuestra Iglesia pagó mucho dinero para comprar un perro que creía que era un Alaskan malamute de pura raza, y nos lo trajo. Todos queríamos a eso perro mucho, porque nunca habíamos visto un perro así. Entonces compró otro perro parecido al que tenía. Sin embargo, este perro era bastante diferente al otro. Por eso le llamó mezcla. Entonces algunas personas empezaron a decir que el perro que pensaba que era una mezcla era el de pura raza y el primer perro que compró era una mezcla de razas. Estábamos confundidos. ¿Por qué estábamos confundidos? Estábamos confundidos porque el primer perro que vimos no era de pura raza. Pensamos que el perro de raza mezclada era de pura raza.
Debemos entender que los cristianos de hoy en día también encuentran los falsos evangelios primero y luego encuentran la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto toman el falso evangelio como el evangelio verdadero y no entienden correctamente el Evangelio del agua y el Espíritu y piensan que es falso. Debemos distinguir el verdadero Evangelio de los falsos a través de la Palabra de Dios y reconstruir nuestra fe. Es muy triste que algunos todavía estén confundidos y no puedan distinguir entre el verdadero Evangelio y el falso evangelio.
Los fariseos y los escribas que aparecieron en las Escrituras parecían muy inteligentes, pero eran personas estúpidas porque no entendieron a Jesús como el Salvador. Podían ver quiénes eran ante la presencia de Dios, pero ignoraron a Jesús. Si se hubiesen reconocido como grandes pecadores, le habrían pedido que tuviera misericordia de ellos. Como estos personajes, los cristianos de hoy en día no aceptan el Evangelio del agua y el Espíritu y piensan que el primer evangelio falso que contaron es el verdadero Evangelio. Por tanto, las Escrituras dicen que la gente que no cree en la Palabra del Evangelio poderoso de agua y el Espíritu a través del que Jesús vino a este mundo y los salvó del pecado, están ciegos espiritualmente.
Los que están ciegos espiritualmente deben arrepentirse de sus obras malas. Deben darse cuenta antes de que sea demasiado tarde de que el Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio puro. La gente que no recibe el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones está ignorando sus almas. Los que dejan que sus almas vayan al infierno son personas irresponsables. No debemos ser este tipo de personas ante la presencia de Dios.
 
 
La Verdad que debemos conocer definitivamente
 
Los cristianos no pueden recibir la remisión de los pecados para siempre si no entienden que el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista es la Verdad de la remisión de los pecados. La gente que solo cree en la sangre derramada en la Cruz solo cree que Jesús tomó el pecado original, pero niega el hecho de que Jesús borró todos los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Dicen que reciben la remisión de los pecados todos los días a través de las oraciones de penitencia. Sin embargo Dios los considera pecadores que no han recibido la remisión de los pecados porque no han creído en la Verdad de la salvación como un todo, sino que solo creen en un Evangelio a medias.
1 Pedro 3, 21 dice: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo». ¡Qué claro es este pasaje! Jesús nos salvó perfectamente de todos los pecados del mundo para siempre a través del bautismo que recibió y de la sangre que derramó en la Cruz. El Señor salvó a la humanidad de todos sus pecados para siempre a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Como dicen las Escrituras: «Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención» (Hebreos 9, 12), Jesús tomó nuestros pecados sobre Su cuerpo por nuestro bien y murió en la Cruz como el perfecto sacrificio de redención. Por tanto, para la gente que todavía no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios dijo en 1 Timoteo 1, 19: «Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos». Si la gente no cree en este Evangelio, aunque haya una prueba clara de la salvación del Señor de todos los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, entonces son personas que han naufragado en la fe.
Está muy claro que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para salvarnos de los pecados del mundo, que cargó con ellos hasta la Cruz, murió clavado en la Cruz, y resucitó de entre los muertos. Las Escrituras dan testimonio del Evangelio del agua y el Espíritu. El que nuestra conciencia sea buena o mala ante Dios depende de si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu (1 Pedro 3, 21). ¿Quieren ser personas con una buena conciencia ante Dios? Quiero que consideren qué tipo de conciencia tienen ante la presencia de Dios.
Una persona tendrá dudas en su conciencia si dice que Jesús es su Salvador aunque no crea en las cosas que Jesús hizo y no crea en el Evangelio del agua y el Espíritu. La conciencia lo sabe porque Dios le dio una conciencia a cada ser humano. Por eso el Señor dijo en Gálatas 6, 7: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará». Una persona se miente a sí misma si llama a Dios Padre cuando el problema del pecado no se ha resuelto. Esta persona tiene una conciencia malvada. Dios Padre nunca ha tenido un hijo que pecase porque no hay oscuridad en Él.
No había pecados en el corazón de Jesús. El Espíritu de Jesús era santo. No pecó ni una sola vez. Originalmente era el único Hijo de Dios y el Dios de la salvación perfecta. Sin embargo, dejó el trono cuando Dios vino a este mundo a través del cuerpo de la Virgen María para salvarnos a los pecadores del pecado. Vino a este mundo bajo para salvar a los pecadores desesperados del pecado. Tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo para siempre a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Tomó la carga pesada del pecado solo, fue crucificado por la pena de ese pecado y murió en la Cruz.
¿Por qué tenía que ser Salvador Jesús? Porque los sacrificios realizados con machos cabríos o becerros no eran el sacrificio perfecto que borraba los pecados de la humanidad para siempre. La gente necesitaba el sacrificio eterno de la redención en el Nuevo Testamento porque el sacrificio del Antiguo Testamento que se ofrecía una vez al año no podía borrar los pecados de la gente. Se necesitaba una persona sin pecados como ofrenda para redimir todos los pecados del mundo. Pero, ¿qué ser humano no tiene pecados cuando toda la humanidad es descendiente de Adán? Por eso Dios, el Rey de reyes, tuvo que venir a este mundo encarnado en un hombre. Vino para recibir el bautismo de Juan el Bautista para convertirse en el pecador en nuestro lugar.
Dios debe dar testimonio del hecho de que hemos recibido la salvación de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debe dar testimonio de esto claramente. El que hayan recibido la salvación del pecado está claramente expresado en la Palabra de las Escrituras y en el Evangelio del agua y el Espíritu; y Jesucristo y Dios Padre personalmente dieron testimonio de este hecho. ¿Es esto cierto o no? ¿Tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu en su corazón? ¿No tienen dudas en su conciencia para llamar a Dios su Padre? ¿No tienen dudas en llamar a Jesús su Salvador, el Dios de la salvación? Es cierto. Quien cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, tiene a Jesús como su Salvador y Señor. Así es como la gente que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu tiene la señal de sus salvación de todos los pecados.
 
 
El Evangelio del agua y el Espíritu del que el Apóstol Juan dio testimonio
 
Leamos 1 Juan 5, 4-10 juntos: «Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo».
La gente que nace de Dios, es decir los que han nacido de nuevo del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tienen el poder de vencer al mundo porque creen en la obra de salvación que Jesús ha hecho. No podemos vencer a este mundo sin esta fe. Hemos vencido al mundo a través del poder de creer en Jesucristo que ha venido por el agua y la sangre como el Salvador. Esto significa que los nacidos de nuevo creen en la obra que Jesús hizo al venir a este mundo y salvar a la humanidad de sus pecados. En otras palabras, creemos en la Verdad de la salvación. Esta Verdad es el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado. Esta es la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, y que tenemos nosotros y tuvieron los Apóstoles, y este es nuestro testimonio y nuestra salvación. Es nuestro Evangelio.
El bautismo de Jesús y la sangre derramada en la Cruz deben ser testimonios de nuestra salvación. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz, y resucitó de entre los muertos, y este Evangelio es el testimonio de nuestra salvación a Jesucristo que está sentado a la derecha del trono de Dios. El bautismo que recibió, las cicatrices de los clavos en Sus manos, la cicatriz de la lanza en Su costado, y Su resurrección son los testimonio de nuestra salvación. Jesucristo se manifiesta a través del Espíritu Santo como testimonio en nosotros, los que hemos conseguido la salvación al creer en Su Palabra.
Sin embargo, hay muchas personas en cargos de la iglesia, como pastores, ministros, ancianos, diáconos y diaconas, que todavía tienen pecados en sus corazones. Estas personas tienen cargos de responsabilidad y cuidan de las almas de los creyentes. Esto es ridículo. Es lo mismo que los ciegos que guían a los ciegos. El cristianismo cae en el caos por culpa de esta gente. Los que no creen tienen una percepción negativa del cristianismo en conjunto porque no han conocido a personas que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicen: «La Iglesia es como una corporación. Son un puñado de estafadores». No vienen al Señor, sino que se dan la vuelta al pasar por la iglesia porque tienen una reacción negativa, aunque tengan un corazón que busque a Dios.
Los cristianos de hoy en día insisten en sus pautas de comportamiento malvadas aunque no hayan nacido de nuevo porque no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicen: «Soy un santo justo. Soy justo porque creo en Jesús como el Salvador aunque tenga pecados en mi corazón». Muchas personas del mundo no reciben el testimonio del Señor aunque Jesús haya venido al mundo y los haya salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
A esta gente Jesús les dijo en Mateo 7, 21-23: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad».
El Señor dijo que no todo el mundo que dice: «¡Señor! ¡Señor!» entrará en el Reino de los Cielos. Está diciendo que algunos cristianos están cometiendo un error si piensan que han recibido la remisión de los pecados porque hayan curado a los enfermos en el nombre del Señor y hayan expulsado demonios. Pueden entrar en el Reino de los Cielos solo al recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Incluso ahora, muchas iglesias están reuniendo a personas diciéndoles que pueden curar a los enfermos mediante la imposición de manos en el nombre de Jesús. Jesús vino a este mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu para resolver el problema de los pecados de las almas, pero estas personas engañan con la imposición de manos y milagros falsos, y le dicen a la gente que resolverán sus problemas carnales. Trabajan duro para intentar hacer milagros en nombre de Jesús. Pero la realidad es que ni siquiera hacen milagros, sino que engañan y actúan. Algunas personas han sido descubiertas en sus fraudes. El Señor les dirá que se aparten de Él en el día del juicio porque no les conoce porque han utilizado el nombre de Jesús para engañar a la gente.
Hemos conseguido la salvación de todos los pecados al creer que Jesús, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, es el Salvador. Por tanto, debemos tener cuidado. Una persona no puede librarse del pecado solo porque algún pastor le haya curado alguna enfermedad en el nombre de Jesús y haya expulsado demonios. Nadie puede recibir la salvación del pecado sin Jesús, que vino a este mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios no ha dado ninguna otra salvación a parte de esta.
Sin embargo, hay muchas otras salvaciones en el mundo. Hay personas que dicen que son salvadores. Incluso en Corea, hay personas que dicen que son salvadores como Jesús. En el caso de la Sociedad de Testigos de Ahn Sanghong de Corea (los conocidos como la Iglesia de Dios de la Sociedad de Misioneros del Mundo), dicen: «Creo en Ahn Sanghong todopoderoso, creador del cielo y de la tierra» en vez de decir: «Creo en Dios Padre, Creador del Cielo y de la tierra».
¿No es estúpido creer en un ser humano y decir que es Dios? ¿Cómo puede un ser humano salvarnos de los pecados del mundo? No es posible. ¿Cómo puede un ser humano que nació siendo pecador salvar a otro pecador cuando todos somos igual de pecadores? Solo hay un Jesús que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu por nosotros. Solo Jesús, que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, puede salvarnos de los pecados del mundo.
¿Quién es Jesús? Es el Dios que creó los cielos y la tierra. Es el Hijo de Dios. Entonces, ¿qué significa el nombre de Jesús? Significa Salvador. Significa que es el Mesías que vino a salvar a la humanidad de los pecados del mundo. Por eso Jesús, que vino como nuestro Salvador, nos salvó de todos los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, hemos recibido la remisión de todos los pecados al creer en la Palabra de salvación que Jesús nos ha dado. Hemos recibido la salvación del pecado al creer en la Palabra de Jesús, quien ha venido por el agua y la sangre. No podemos intentar recibir la salvación del pecado sin creer en Jesús, quien ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu.
El Espíritu Santo se manifiesta en nuestros corazones cuando creemos en Jesús, que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, y recibimos la salvación de todos los pecados del mundo. Entonces, podemos llamarle Abba, Padre. La gente que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu tiene fallos, pero no hay pecados en sus corazones. Por tanto, debemos convertirnos en los hijos de Dios que han recibido la remisión de los pecados porque hemos creído en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nos hemos convertido en personas justas, en creyentes que han recibido las bendiciones del Cielo. Ya no estamos solos porque nos hemos convertido en hijos de Dios. Ya no estamos tristes. Ya no estamos sufriendo.
2 Corintios 6, 9-10 describe a la gente que ha recibido la salvación como: «Como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo». Hemos recibido la salvación a través de Dios. Dios nos ha dado la salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu. El Reino eterno del Cielo ha sido preparado para nosotros a través de la salvación. Podemos vivir con poder y con felicidad en este mundo solo por esto.
Hay un aroma de cristiano a cristiano. Es el aroma de Cristo que lleva a la gente a la salvación como la Palabra en las Escrituras que dice: «Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?» (2 Corintios 2, 14-16). Los que han recibido la salvación tienen este aroma.
Hace algún tiempo estuve hospitalizado porque tenía un dolor de garganta. Los otros pacientes en el hospital me preguntaron como es que tenía tan buena cara. Como no les había dicho que era pastor, simplemente les dije: «¿Qué quieren decir con que tengo buena cara? Tengo mucho dolor». Incluso después de la operación vinieron a darme ánimos y dijeron que no los necesitaba porque tenía una cara resplandeciente. No parecía una persona que acabase de ser operada. Esto es algo que me dijeron otras personas. Mi expresión facial parece pacífica aunque no lo quiera porque el Espíritu Santo está dentro de mí.
¿Tienen ustedes también el aroma de un cristiano? ¿Tienen la prueba de su salvación del pecado a través del Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Tienen la prueba de que son personas de Dios? ¿Tienen la prueba de que se han convertido en personas justas? ¿Están solos, tristes y sufriendo en este mundo? ¿Están solos? No. Esto es cierto. No están solos. El Señor vive en nosotros porque la gente que ha recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu pertenece a Cristo desde el momento en que empieza a creer. ¿Creen que Jesucristo nos dejaría solos cuando somos Suyos? Somos todos muy valiosos para Dios.
Hoy les estoy hablando del hecho de que el Señor nos ha dado el testimonio de que Jesús se ha convertido en el Salvador y el testimonio de que el Señor nos ha salvado. Jesús dijo en el pasaje de hoy: «Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero». Jesús no dio testimonio sobre Sí mismo directamente. Juan el Bautista dio testimonio de Jesús. Por eso Juan el Bautista vino al mundo unos meses antes que Jesús. Vino al mundo antes que Jesús y dio testimonio de que Jesús es el Salvador de la humanidad. Jesús dio testimonio de la salvación de la humanidad que Dios había planeado al morir. Esto es lo que testificó Juan el Bautista y lo que se testifica a través de nuestra salvación. Junto con esto Dios Padre da testimonio del hecho de que hemos sido salvados y que Jesús y el Espíritu Santo son testigos de nuestra salvación.
Estoy muy contento porque hemos recibido la salvación de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Estoy muy contento porque viviré en el Cielo con ustedes, los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Somos personas que han recibido el testimonio de que nos hemos convertido en el pueblo de Dios de esta manera. Quiero que sean felices y encuentren la felicidad en Dios a través de Su Palabra escrita. Quiero que encuentren bendiciones y bienestar. Quiero que encuentren las bendiciones de la vida de fe bendita de Jesucristo porque ya no pertenecemos a este mundo. Les digo esto continuamente, pero ustedes han sido trasladados de la autoridad de la tierra al Reino del Hijo de Dios como dice el capítulo 1 de Colosenses. Son el pueblo de Dios que ha sido trasladado al Reino de Dios a través del Evangelio del agua y el Espíritu cuando antes eran hijos del Diablo. Por eso ya no son gente de este mundo. Son de Cristo. Son el pueblo de Dios. Son personas benditas.
Aunque soy insuficiente, disfrutaré de la paz en el Señor y recibiré las bendiciones y haré la obra de Dios junto con el Señor, y entonces iré al Cielo y viviré con Él para siempre porque he recibido la salvación de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora vivo la vida del Reino de Dios incluso en este mundo porque estoy más que feliz haciendo la obra del Señor. Por eso compartiré este testimonio de salvación por todo el mundo. No debemos hacer la obra de Dios solos, sino que debemos hacerla juntos. Debemos dar testimonio de esta Palabra de salvación a todas las naciones.
Tengan convicción y crean que se han convertido en el pueblo de Dios. No deben pensar como si fueran todavía personas de este mundo cuando han recibido la salvación del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Hemos pasado al Reino de Dios, el Reino del Hijo, si hemos recibido la salvación de los pecados de este mundo. Satanás, el Diablo, les llevará a la destrucción si no tienen un testimonio perfecto de su salvación del pecado. El Diablo evitará para siempre que reciban la bendición de Dios que se les da a los que han sido salvados del pecado. Esto da miedo. Por tanto, deben estar alerta de las obras de la gente que no ha nacido de nuevo.
Las bendiciones que Dios nos da después de la salvación les esperan si han recibido la salvación de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Ustedes reciben esas bendiciones a través de su fe. La gente que ha recibido la salvación será muy miserable si no recibe esas bendiciones. No pueden seguir al mundo y a Dios al mismo tiempo. Por tanto, ¿qué miserable es que estén en medio de los dos? Quiero que ustedes reciban el gozo y las bendiciones y la felicidad del Reino de Dios. No se queden en el medio. Quiero que reciban todas las bendiciones de este mundo también. Las recibirán a medida que crezca su fe.
La verdadera salvación se cumple en el momento en que conocen y creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero después tienen que hacer crecer su fe gradualmente y las bendiciones de Dios también llegan gradualmente. Todo esto es gradual. ¿Van a dejar esas bendiciones y la felicidad cuando ya han sido salvados? ¿Van a decir: «No necesito nada más porque he sido salvado» y volver al mundo? ¿Ya no necesitan las bendiciones que Dios nos da? No, no es así. Las necesitan. Pueden vivir una vida cómoda y bendita si viven dentro del bienestar y las bendiciones de Dios; pero es doloroso, y cuesta trabaja y más dificultad si no reciben las bendiciones de Dios e intentan vivir con sus propias fuerzas.
Por eso les estoy diciendo que se queden en la Iglesia de Dios y escuchen la Palabra en la Iglesia. Esta es la razón por la que les digo que se junten con los hermanos y hermanas y no vayan a las iglesias que no han nacido de nuevo. Esta es la razón por la que también les dije que no se perdieran los sermones y que oraran los unos por los otros porque todos son hijos de Dios valiosos. Vivir su vida de fe después de recibir la salvación es hacer la obra de Dios, recibir las bendiciones que Dios quiere darles y servir a Dios durante el resto de su vida. Quiero que crean de verdad en Jesús con fe y reciban todas las bendiciones que Dios nos da. Esto no ocurrirá si no creen. Aunque Dios les haya dado las bendiciones, Satanás, el Diablo se las quitará porque no creyeron, porque endurecieron su corazón y porque no las aceptaron. Satanás interfiere entre ustedes y Dios para que no reciban las bendiciones.
No importa cuántos fallos tengamos. Aunque soy una persona con muchos fallos, me he convertido en una persona justa en el Señor al conocer al Señor y creer en Él. La Biblia nos demuestra que Jesús tenía una relación estrecha con recolectores de impuestos, prostitutas y personas humildes durante Su vida pública en este mundo. Esto lo demuestra el hecho de que más personas de esta clase recibieron la salvación que los fariseos.
Creo en toda la Palabra que el Señor nos ha dado. Creo en toda la Palabra sin una pizca de duda. Creo en toda la Palabra que les dio a los justos. Creo en esta Palabra que habló a los siervos de Dios y creo como la Palabra que se me ha dado a mí. Me aferro a estas Palabras porque creo en ellas. La Palabra se convierte en carne y viene a mí cuando me aferro a ella. Vivo con todas las bendiciones que Dios da porque no me junto con personas que no hayan nacido de nuevo. No hay nada en este mundo que hayamos recibido con más gozo que las bendiciones que tenemos y disfrutamos de la gloria porque hemos recibido la remisión de los pecados. No hay nadie más feliz que nosotros.
 
 
No crean con sus pensamientos carnales
 
No crean en su conocimiento o en su coeficiente intelectual. Intenten vivir con las bendiciones de Dios y no con las nociones y habilidades que solían tener. Vivan con las bendiciones que Dios les da, con la fe en Dios, y con la Palabra de Dios. Entonces pueden vivir con una fe fuerte.
Por eso Dios ha escrito muchas Palabras de advertencia en varios sitios en las Escrituras. Especialmente en el Libro de Proverbios. Proverbios 3, 5-6 dice: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas». «En todos» quiere decir en todos los momentos y situaciones. Es preguntarle a Dios antes en todo lo que hacemos en vez de tomar una decisión basada en nuestros propios pensamientos y evaluaciones. Se trata de pedirle ayuda a Dios. Entonces Dios guía personalmente nuestro camino, nos guías por el camino correcto y nos da muchas bendiciones.
La vista de la gente incluye la habilidad de reorganizar pequeños objetos para distinguir el color, la habilidad para medir la distancia, reconocer la localización, reconocer la forma, etc. Se dice que los bebes recién nacidos solo pueden reconocer la forma y no pueden ver los objetos claramente. Especialmente la vista llega a sus funciones normales cuando todo el camino de la córnea, que es la parte frontal del ojo que va hasta la retina, que es la región trasera del ojo, está perfectamente formado. Así que el nivel adulto de vista se consigue a los 5 o 6 años mediante el proceso de educación. Por supuesto, pueden ver como los adultos desde que nacen, pero la vista medida en las pruebas llega al nivel adulto cuando el niño o la niña tiene 5 o 6 años.
Incluso la gente que ha recibido la salvación necesita tiempo para que sus ojos espirituales se abran correctamente. Por mi experiencia, creo que una persona que madura más rápidamente parece madurar después de 1 año y una persona que no madura tan rápido lo hace a los 3 años. A esta persona le cuesta 3 años reconocer a su líder y a sus hermanos creyentes como su familia espiritual. Antes de esto, no podemos distinguir entre una persona que ha recibido la remisión de los pecados, un siervo de Dios y un siervo del Diablo porque sus ojos espirituales no se han abierto todavía.
Deben tener los ojos espirituales de la fe abiertos. Algunas personas creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y tienen los ojos espirituales de la fe abiertos después de una semana, pero hay otras personas que no son así. Estas personas no tienen los ojos abiertos incluso después de 3 años de haber creído en Jesús porque no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Están confusas todos los días ya que a veces piensan que no han nacido de nuevo. Por tanto, deben vivir solamente con la fe en la justicia de Dios y conocer la Verdad solo a través de la fe. Los fundamentos de su fe se han afilado bien al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero otros no lo han conseguido. Quiero que abran sus ojos espirituales al tener una relación de hermandad con las personas que no tienen pecados porque creen en el Evangelio del agua y el Espíritu; la gente que tiene el Espíritu Santo, los predecesores de la fe con los que pueden hablar a través del Espíritu Santo.
¿Saben lo bendito que es estar en la Iglesia de Dios? Es una gran bendición. Es una gran bendición escuchar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la salvación a través de la Iglesia. Asimismo, la gente que ha recibido la salvación de los pecados puede tener hermandad, ayudar a los más débiles, y aprender la verdadera fe a través de la Iglesia de Dios. ¿Acaso el Evangelio del agua y el Espíritu que nos lleva al Cielo no es el Evangelio enseñado en la Iglesia de Dios? ¿Qué maravilloso es este lugar llamado Cielo?
¿Qué maravilloso es el lugar denominado Iglesia de Dios? Es tan maravilloso que Salmo 84, 10 dice: «Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad». Una persona que tiene un lugar al que volver en el Reino de Dios después de haber sido extranjera en esta vida es una persona feliz. Los que tenemos nuestro hogar en el Cielo para volver a él somos felices. Quiero que todos estén felices por haber recibido la salvación del pecado y vivir por fe. Quiero que se deshagan de sus propios pensamientos, lean la Palabra de Dios, y tengan hermandad con los predecesores de la fe y dejar que les guíen.
Una vida de fe cambian mucho después de haber recibido la remisión de los pecados. No puede evitar cambiar porque Dios les guía en todos los aspectos de sus vidas, y este cambio es natural en la vida de los justos. No todo acaba después de recibir la salvación, de la misma manera en que no todo acaba después de matricularse en una escuela, sino que hay que seguir estudiando. No se queden en recibir la remisión de los pecados. Entonces serán personas penosas.
Deben deshacerse de su orgullo y tener una mente como la de un niño. 1 Pedro 2, 1-2 nos dice que deseemos cosas puras. Nos está diciendo que deseemos la Palabra de Dios como un niño pequeño e inocente desea la leche. Nos está diciendo que seamos como un niño pequeño que sigue a su madre, padre, hermanos y hermanas y hace lo que le dicen. Ustedes deben madurar en el Señor de esa manera.
Los niños pequeños tienen muchas preguntas. Empiezan a hablar cuando tienen más curiosidad a medida que aprenden acerca del mundo. Hacen tantas preguntas que incluso a veces molestan a los adultos. Además el contenido de sus preguntas es muy diverso. Preguntan si existen los extraterrestres, por qué los hombres y las mujeres son diferentes, e incluso le pueden preguntar a un hombre si está embarazado porque tiene el estómago hinchado. Los niños crecen haciendo estas preguntas aunque molesten a los adultos. El conocimiento y la sabiduría se acumulan a través de las preguntas, y los niños aprenden de ellas.
Los cristianos que han recibido la salvación tienen que madurar espiritualmente de esta manera. Si les surge alguna duda mientras meditan acerca de la Palabra, deben preguntarles a los predecesores de la fe hasta que les molesten, y así podrán aprender. Recibir la remisión de los pecados no es el fin. Deben madurar y convertirse en obreros de Dios y en personas de fe que pueden recibir todas las bendiciones que Dios nos da por la fe. ¿Lo entienden? Quiero que se conviertan en este tipo de personas al creer en esto.
Jesús nos dijo que nos convirtiésemos en los testigos del Evangelio del agua y el Espíritu hasta los confines de la tierra. Este es el mandamiento que nos dio a todos los que hemos recibido la salvación del pecado y no solo a Sus doce discípulos. Podemos llevar a cabo este mandamiento. Quiero que oren siempre que se reúnan. Quiero que oren por todos los cristianos de todo el mundo para que conozcan al Señor correctamente y reciban la salvación. El poder de la oración de los justos es enorme y las oraciones de intercesión producen aún mayores resultados.
Nuestros libros pueden convertirse en los libros más leídos después de la Biblia si oramos juntos. Esto significa que el Evangelio puede predicarse aún con más vigor. No duden y piensen cómo puede ser posible. El Evangelio del agua y el Espíritu que compartimos viene de Jesús. Jesús es el Dios perfecto cuando nosotros somos débiles personalmente. Jesús está orando por nosotros. Por tanto, podemos compartir el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo.

Quiero que oren por la obra del Evangelio para que progrese de manera considerable en el mundo.