The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 2-6] < Génesis 2, 1-3 > ¿Cómo nos creó Dios?

< Génesis 2, 1-3 >
«Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación».
 
 
Después de crearnos a todos (a ustedes y a mí), de crear el universo y completar todas Sus obras de creación, Dios descansó el séptimo día. Cuando Dios nos creó, ¿nos hizo seres humanos perfectos desde el principio? ¿Cómo nos formó Dios? Génesis 2, 7 dice: «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente». Dios hizo al hombre del polvo. Esto significa que Dios hizo al ser humano débil. Debemos pensar en esto. Como un montón de polvo ante Dios, somos débiles, sin ningún valor, llenos de pecados, y por tanto caemos en el pecado y seguimos a la carne. Debemos darnos cuenta de que Dios nos ha creado así, pero nos ha salvado para ser glorificados como Sus hijos.
Por tanto es indispensable que nos conozcamos a nosotros mismos, y sepamos quiénes somos. Hace unos minutos, durante nuestra hora de testimonio, hemos escuchado a una hermana joven confesando su naturaleza a Dios. De hecho, cuando nos entendemos mejor y nos examinamos a nosotros mismos ante Dios, todos hemos hecho cosas terribles, muchas de las cuales no nos atrevemos a contar. Sin embargo, el problema e que muchas personas no se dan cuenta de esto. La ignorancia es el problema más grave. No nos conocemos a nosotros mismos hasta que conocemos a Dios. De hecho, incluso después de conocer a Dios, no nos conocemos lo suficiente hasta que tememos a Dios, le reconocemos y nos acercamos a Él sabiendo que somos Sus criaturas y que debemos obedecer Sus mandamientos al entender el orden que ha establecido en la Iglesia.
Así que, cuando honramos a Dios, le tememos y le obedecemos, podemos vernos a nosotros mismos: «Soy una persona inútil que no puede dejar de pecar. Soy malvado». Dios descansó el séptimo día después de completar toda Su obra de creación, pero debemos darnos cuenta de que cuando nos creó, no nos hizo completamente perfectos, sino débiles.
Está escrito en Romanos 11, 31-33: «Así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!». Cuando Dios nos creó, nos hizo seres humanos imperfectos. Aunque temamos a Dios en nuestros corazones, como nuestros cuerpos están hechos de polvo, somos insuficientes y nos dejamos llevar por la carne. Por eso Dios nos salvó del pecado.
Por tanto es imperativo que nos conozcamos a nosotros mismos. Cuando seguimos al Señor, descubrimos que nuestra verdadera existencia está oculta. Cuando las circunstancias lo dictan, nuestro verdadero yo queda expuesto. El tercer día de la creación, la tierra seca quedó expuesta cuando Dios lo ordenó, y Él vio que era bueno. Por tanto es la voluntad de Dios que expongamos nuestra verdadera naturaleza.
Cuando se seca un pantano, aparece la tierra seca. En esta tierra expuesta podemos ver todo tipo de cosas sucias. Como Marcos 7 dice, la naturaleza de la humanidad es malvada, asesina, adúltera, ladrona, blasfema y orgullosa. Esta es la verdadera naturaleza de la existencia humana. Dios nos hizo débiles para que cayésemos en el pecado y después salvó a las almas que habían caído en él. Él quiso hacernos Sus hijos e implementó Su plan a la perfección. Así es como nos hemos convertido en seres humanos perfectos en Cristo, pero de todas formas debemos saber las dos cosas que Dios ha hecho por nosotros: debemos saber que nos hizo débiles y que nos ha hecho Su pueblo perfecto, es decir, que ha completado nuestra salvación.
Para vivir una vida con fe deben admitir quiénes son. Si se conocen a sí mismos, esto les permitirá seguir al Señor con lealtad. Si conocen sus insuficiencias podrán seguirle con un corazón agradecido. Como saben que su existencia no vale para nada, cuando admiten su maldad e insuficiencia, estarán tan agradecidos a Jesucristo que serán más fuertes en la gracia del Señor, y podrán alabar a Jesucristo siempre.
Por eso deben conocerse bien. «¿En qué condición estoy? ¿De verdad creo en Dios y le temo? Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5, 3), pero ¿soy pobre de espíritu? ¿Acaso mi corazón no es demasiado arrogante por todas las cosas que poseo en este mundo? Jesús también dijo que los que lloran son bienaventurados, ¿pero lloro a causa de mi vida inútil? ¿Mi corazón sufre de verdad? ¿Soy humilde en espíritu? ¿Me someto a la Palabra de Dios? ¿O desobedezco y me levanto contra la Palabra? ¿Tengo hambre y sed de justicia? ¿Tiene alguna utilidad lo que hago en este mundo? ¿De verdad deseo hacer la obra de Dios? ¿Está hambriento mi corazón de justicia y desea hacer la obra justa? ¿Merece mi corazón recibir estas bendiciones? ¿O solo tengo una mente carnal?». Deben hacerse estas preguntas y examinarse a sí mismos ante Dios.
Dios no nos hizo perfectos desde el principio. Aunque dios nos hizo a Su imagen y semejanza, como nuestros cuerpos están hechos de polvo, somos criaturas imperfectas. Esto significa que al enviar a Jesucristo, Dios nos ha perfeccionado y nos ha convertido en Su pueblo. Esto es lo que hizo hasta el sexto día de la creación.
«¿Qué tipo de existencia es nuestra existencia? ¿Seguimos al Señor con la fe y el corazón que merecen ser bendecidos por Dios? Al hacer la obra de Dios, ¿estamos tomando la obra del Maestro como nuestra? ¿Están nuestros corazones contentos de que Dios sea nuestro Dios, de que Su obra sea nuestra obra, y de que seamos instrumentos de Su obra justa? ¿Estamos siguiendo y sirviendo al Señor con gratitud?». Debemos examinarnos a nosotros mismos con una lupa. Una cosa clara es que, aunque Dios nos hiciera imperfectos al principio, ahora nos ha hecho perfectos a través de Jesucristo. El reino de Dios se está cumpliendo en Jesucristo. En Jesucristo Dios nos perfeccionó, y al creer en Jesucristo estamos completos.
Deben contestar a estas preguntas sinceramente: «¿He vuelto a Dios reconociendo mis faltas? ¿Soy pobre de espíritu? ¿Me he dado cuenta de que no valgo nada sin el Señor? ¿Soy una persona hambrienta y sedienta de la justicia de Dios? ¿O todavía no puedo diferenciar la obra del Espíritu de las cosas del mundo, de manera que pienso que solo importa la carne y mi corazón no está hambriento y sediento de Su justicia, sino que quiere las cosas del mundo? ¿De verdad lloran nuestros corazones?». Debemos contestar estas preguntas. Nuestra naturaleza debe venirse abajo porque no hay nada bueno en ella. Y debemos darnos cuenta de que somos nuevas criaturas en Cristo que pueden vivir con las bendiciones que Dios nos da. Si reconocemos esto, seremos nuevos por fe.
Como salimos del polvo, no éramos perfectos. Sin embargo, cuando Dios nos creó por segunda vez, nos hizo con Su Verdad del agua y la sangre de Jesucristo. Si todavía no han sido creados de esta manera, deben creer en la Verdad. Solo entonces podrán descansar sus espíritus. Del mismo modo en que Dios descansó después de crearnos, nosotros debemos descansar por fe en Su perfecta providencia. Debemos ser transformados en Dios. Todo debe cambiarse con un corazón renovado y una fe renovada. Por eso el Apóstol Pablo definió al nacido de nuevo como «Y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno» (Colosenses 3, 10).
Después de nacer de nuevo, a algunas personas no les gusta verse en malas condiciones externas, y por eso caen en la tentación. Antes de nacer de nuevo nadie les mandaba, pero ahora no pueden hacer lo que quieren, y su orgullo se resiente. Descubren que se están resistiendo. No quieren que nadie les diga lo que tienen que hacer. Todo esto significa que no quieren romper su carne. A menudo nos ponemos a la defensiva. Sin embargo, todo el mundo debe nacer de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y cuando nace de nuevo, debe tener una fe nueva. Solo entonces recibimos el verdadero descanso. Este proceso de rehacernos o remodelarnos se consigue en la Iglesia, cuando uno deja su cáscara y se deja machacar para convertirse en harina fina. El Señor entonces nos utiliza.
Debemos dejar atrás nuestros pensamientos, fe e incluso sistema de valores antiguos. Antes, éramos felices cuando ayudábamos a los pobres. Pero ahora que estamos en el Señor, estamos agradecidos por que Dios nos use para difundir Su santo Evangelio. Los corazones y la fe de los nacidos de nuevo son nuevos. «Si Dios no me utilizara, mi vida sería inútil, y tendría que vivir solo para comer y beber. Sería como todo el mundo. Pero Dios me está utilizando para hacer Su obra, y estoy agradecido por eso. Si es la Palabra del Señor, entonces es cierto. Lo único que lamento es que he vivido en este mundo en vano durante mucho tiempo. Pero ahora someteré todos mis pensamientos a la Verdad y seguiré solo a la Palabra de Verdad. Aunque estaba satisfecho con mi propio trabajo, ahora estoy satisfecho con la obra del Señor». Cuando creen en la Palabra de esta manera, la siguen, admiten que no son nadie, reconocen que Dios tiene razón y renuevan sus espíritus, encontrarán el descanso en Cristo. Descansarán en paz.
La obra a la que nos estamos dedicando no es nuestra obra, sino la obra de Dios y por eso deberían estar agradecidos por que Dios les esté utilizando, que esté utilizando algo sin valor, que les haya permitido darle sentido a sus vidas y que hayan encontrado la satisfacción en el Señor. Deben ser remodelados y ser santos con un corazón y una fe bendecidos, agradecidos por poder hacer Su obra justa. Deben rehacerse para descansar en paz. De la misma manera en que Dios descansó después de completar toda Su voluntad, nosotros, cuando aceptamos lo que Dios ha hecho por nosotros y dejamos de lado la fe falsa y nuestros pensamientos, podemos descansar. Si sus vidas pasadas de antes de nacer de nuevo no tenían descanso, ahora deben descansar al creer en la Palabra de Dios, cambiar su sistema de valores y su fe. Entonces estaremos en paz. Pero para que esto ocurra deben conocerse bien
Si no pueden vivir correctamente después de haber nacido de nuevo, esto significa que todavía siguen a su carne. El primer deseo que surge después de nacer de nuevo es vivir según la carne. Pero cuando estaban oprimidos por sus pecados no tenían fuerza, y ahora que han desaparecido, quieren hacer lo que no podían hacer entonces. Así que los que acaban de nacer de nuevo siguen luchando contra los deseos carnales y no pueden pensar en la obra espiritual.
Sin embargo, si vivimos en la Iglesia, pensaremos en la obra espiritual. Cuando vean a sus predecesores en la fe, que están hambrientos de la obra de Dios, aprenderán de ellos. Aprenderán de su ejemplo; no pueden aprender nunca solo con la Palabra de Dios. Cuando vivan en la Iglesia, verán a sus predecesores llevar la obra de Dios a cabo como su propia obra, y como están agradecidos incluso en tiempos difíciles; y entonces se darán cuenta: «Oh, somos diferentes». Y entonces empezarán a emular a sus predecesores y Dios les cambiará el corazón.
La realidad es que cuando nacen de nuevo, quieren seguir sus deseos carnales. Quieren ganarse dinero y ser independientes, y entonces se oponen a los líderes de la Iglesia diciendo: «He sido salvado, y ahora quieren intervenir en mi vida privada. Esto es demasiado». La Biblia dice que tener una mente carnal lleva a la muerte (Romanos 8, 6). Los pensamientos carnales están en contra del Espíritu Santo, mientras que los pensamientos del Espíritu se levantan contra la carne. Estos dos pensamientos son opuestos y luchan entre sí. Por eso los predecesores de la fe deben guiar a los que les siguen y los jóvenes espirituales pueden aprender lo que es la vida correcta de sus predecesores cuando sirven al Evangelio con fe. Los más jóvenes ven esto y aprenden qué tipo de vida es justa. Se dan cuenta que sus predecesores desean hacer lo que es justo. Se dan cuenta de lo siguiente: «Mis predecesores en la fe son pobres de espíritu. No pueden quedar satisfechos con las cosas del mundo. Sus corazones lloran. Les duele que vaya por el mal camino. Aunque han recibido la misma salvación que yo, sus corazones son muy diferentes al mío». Así aprenden de sus predecesores en la fe y siguen su ejemplo, y así progresan en la fe. Sus corazones serán recreados y tendrán las ocho bendiciones de la fe y sus almas descansarán en paz.
Después de nacer de nuevo, al principio intenté vender cacharros de cocina. Mi plan era dedicarme al negocio dos horas al día y pasar el resto del tiempo sirviendo al Señor y predicando el Evangelio. Ese tiempo lo pasaba en el grupo de jóvenes y la escuela dominical predicando el Evangelio. Pero, el hecho de que intentara abrir un negocio ¿significaba que quería asegurarme de la prosperidad de mi carne primero? Por supuesto, mientras que me decía a mí mismo que era para servir al Evangelio en realidad estaba pensando en las cosas de la carne primero. Aunque el Señor me había dicho que buscase el Reino y Su justicia primero, que sirviese al Evangelio en primer lugar, yo estaba pensando en el bienestar de mi carne. Pero en aquel entonces no me di cuenta de que estaba mal.
Aunque hice estos planes en mi mente, mis labios no me dejaban en paz, y por eso predicaba el Evangelio a todo el mundo que me encontraba, y no pasaba un día sin predicarlo. Sentía como si tuviera heridas en la boca. Todos los días predicaba el Evangelio a muchas personas, y muchas de ellas nacieron de nuevo. Algunos días, visitaba a la gente en su casa, araba sus corazones con la Palabra durante el almuerzo, predicaba el Evangelio después, me invitaban a cenar, y volvía a casa a las 10 de la noche. Y no dejaba de predicar el Evangelio a no ser que la gente dejase de ser terca y admitiese la Verdad del Evangelio. Muchas personas recibían la remisión de los pecados así. Incluso cuando estaba predicando el Evangelio, no estaba agradecido por servirlo. Predicaba el Evangelio porque el Espíritu Santo obligaba a mi corazón y a mis labios a hacerlo, y aún así no podía dar gracias a Dios por utilizarme. Pero de todas maneras, serví al Evangelio.
Aún así me preocupaba muy a menudo: «¿Cómo me ganaré la vida?». No sabía que eso era una preocupación carnal. Sin embargo, Dios siguió obrando en mí, y por eso he predicado el Evangelio hasta hoy. Incluso el día en el que mi segundo hijo se cayó por una ventana y murió, prediqué el Evangelio a otras personas, y sus almas recibieron la remisión de los pecados. Aunque predicaba, mi corazón no tenía hambre ni sed de justicia.
Después de un tiempo, pasé por un período difícil, y me fui a vivir a una pequeña ciudad llamada Sokcho. Allí no pude predicar el Evangelio a causa de mis circunstancias, y pensé para mí mismo: «¡Qué vida tan miserable! Prefiero morir que vivir así». Quería vivir justamente por el Evangelio. Aunque no pudiera ejercer de ministro, me bastaba con ser un seglar. Quería seguir haciendo algo para vivir por el Señor. Pero no tenía ningún sitio donde trabajar. Como Dios obra a través de Su Iglesia, las almas solo pueden ser salvadas si hay una Iglesia. Como no había Iglesia, aunque hubiera nacidos de nuevo, quedaban abandonados como hijos ilegítimos.
En aquel entonces Dios me dio un corazón que tenía hambre y sed de justicia. Dios me dio un corazón pobre de espíritu, que llora, que es humilde y que es perseguido por la justicia, y una vez más me dio el corazón que tiene las ocho bendiciones (Mateo 5, 3-12). Entonces encontré paz en mi corazón. Me llegó el descanso. Mi vida cambió. En otras palabras, mientras que había vivido mi vida para mí mismo anteriormente, ahora mi vida está dedicada al Señor. Agradecido por que Dios me utilizara como Su instrumento, cambié mi corazón para creer que la obra del Señor era mi obra. No les estoy contando esta historia porque soy un pastor, sino para explicar que mi corazón fue transformado. Al final recibí descanso y fuerza en mi corazón.
El pasaje de las Escrituras de hoy explica cómo Dios nos hizo y cómo acabó Su obra el séptimo día. Deben mirar en sus corazones y examinar su estado. Deben examinarse a sí mismo y ver si tienen hambre y sed de la justicia de Dios, o si solo desean los placeres carnales; si están corriendo hacia la carne o hacia el Espíritu. Sus corazones deben ser justos.
Nuestros corazones deben hacerse nuevos con conocimiento en el Señor. No hay ninguna discriminación en la obra de Dios, nada es mejor o peor que lo otro. La Iglesia es indispensable. Existe porque no pueden dejar de lado la carne y porque el Espíritu Santo les habla a través de la Iglesia, nos enseña nuestros pecados y nos hace aprender y comprender. Por eso debemos seguir lo que nos dice la Iglesia. Así nos convertimos en personas de fe, en personas que viven completamente por el Señor. Dios nos convierte en gente así que dedica su vida al Señor. Debemos estar muy agradecidos de que, meros humanos como nosotros, seamos utilizados como Sus instrumentos para Su obra justa. Si fuésemos utilizados para robar a alguien, nos sentiríamos mal. Pero como estamos siendo utilizados para hacer la obra del Señor, estamos contentos. ¿No es una bendición maravillosa que Dios nos esté utilizando como Sus instrumentos? Un siervo de Dios debe tener sed y hambre de Su obra, debe ser pobre de espíritu, alguien que llore y sea perseguido por Su justicia. Debe estar dedicado al Señor. Ustedes y yo debemos ser así.
Cuando siguen al Señor después de haber nacido de nuevo, al final descubrirán su naturaleza básica, y se darán cuenta de que cómo siguen a su carne más que a Dios. En estos momentos, deben pensar lo que ocurrirá si siguen a su carne, y deben admitir sus errores ante Dios. Si siguen a la carne, no harán más que comer y dormir, y sus vidas no tendrán sentido. Su cuerpo solo puede vivir si su alma ha sido salvada. El alma debe prosperar primero. Para eso, deben trabajar en la Iglesia sin descanso y seguir el consejo de la misma. Cuando se les dice que trabajen en la obra de Dios, la carne deja de ser tan importante y se convierten en oro puro que puede ser utilizado. Mientras sirven a Dios de esta manera, crecen y se convierten en personas de fe. Deben ser así aunque estén muy lejos de convertirse en personas de fe todavía. El mejor momento es mientras se encuentran en la Mission School. Se está muy bien aquí. Yo me encuentro en paz cuando estoy aquí. Todo lo que tengo que hacer es predicar la Palabra, pero cuando me voy, me entran dolores de cabeza por tener que editar mis libros, contestar al teléfono y tomar decisiones.
Deben ser criaturas nuevas. No son personas completas todavía. Aunque Dios nos ha hecho nacer de nuevo, todavía nos está haciendo siervos Suyos e instrumentos para Su uso. Aunque los nacidos de nuevo a veces sacan su maldad cuando son tentados o las circunstancias les obligan, ¿dónde pueden ir? Al final tienen que admitir sus insuficiencias, confiar en el Señor y seguir firmes en la fe. Entonces darán gracias. Deben admitir eso. Un santo vive cada día negándose a sí mismo, porque después de todo ¿quién sigue a Dios cuando no tiene aptitudes? Si tuviésemos aptitudes ninguno de nosotros podría seguir a Dios. Fracasaríamos si tuviésemos algo bueno.
Cuando nos presentamos ante Dios, admitimos nuestras insuficiencias, reconocemos que nuestro Señor nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, alabamos a Dios y nos presentamos ante Él con fe y gratitud por utilizarnos. Nos entristecemos cuando nuestros fallos son revelados, y admitimos que no somos nadie sin el Señor. Entonces estamos agradecidos de ser perseguidos a causa de la justicia y de vivir bajo el mandato del Señor. Cuando siguen al Señor de esta manera, se convertirán en personas agradecidas. Deben pasar por este proceso. Si nos mirásemos desde un punto de vista carnal, nos preguntaríamos qué estamos haciendo. Podemos pensar que si fuésemos al mundo a ganar dinero, seríamos ricos enseguida. Pero en el proceso de descubrirnos, estamos agradecidos a Dios por salvarnos y utilizarnos como Sus instrumentos, y al final alcanzamos la fe bendita y recibimos corazones benditos de Dios.
Nuestros espíritus son los de personas de fe, pero, ¿estamos completos? ¿Están ustedes completos? ¿Tienen un corazón bendito? ¿Ha cambiado su corazón? ¿O todavía tienen pensamientos carnales? Incluso si es así, deben admitirlo ante Dios y examinarse a sí mismos para ver si su corazón y su fe han sido bendecidos. Si no es así, deben aprender de sus predecesores de la fe que viven por fe. No aprender con tan solo escuchar sus sermones, sino que aprender al observar sus vidas.
Si tenemos un corazón bendito, tendremos descanso. Descansaremos en paz. Como dice el himno: «♪ Hay un lugar profundo y tranquilo en mi alma, ♫ Aunque el pecado ronde mi corazón, ♫ Él vive, Cristo vive», aunque pasemos por dificultades, tenemos el descanso. Aunque seamos insuficientes ante Dios, tenemos paz, porque seguimos al Señor admitiendo nuestros errores. Solo si Dios nos vuelve a crear, encontraremos el descanso en nuestros corazones. Primero debemos buscar al Señor y servirle. Aunque hayamos sido incapaces de seguir al Señor, Dios nos ha hecho criaturas nuevas para que le sigamos por fe. Él ha resuelto el problema de nuestros pecados y de la condena por los mismos, y nos ha permitido hacer Su obra. Solo entonces tenemos la fe que nos permite seguir al Señor, llevar a cabo Su obra unidos con Su mente. A no ser que nuestros corazones estén unidos al Señor, ¿cómo podemos seguirle? ¿Con nuestras obras? No, debemos admitir que nuestras obras son insuficientes. Debemos creer que el Señor nos ha salvado perfectamente.
Está escrito: «Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo». ¿Nos está haciendo Dios ahora o no? Dios nunca descansa a no ser que haya completado lo que quería hacer. Nos cuida hasta que somos como Él quería que fuésemos. Cuanto más conozcamos nuestras insuficiencias, mejor sabremos que Dios nos ha salvado, y si admitimos nuestros fallos, nos podrá utilizar como un recipiente bendito.
Tenemos que beber agua sucia, dormir en la calle y ser apaleados para darnos cuenta de lo preciosa que es la Iglesia de Dios y Su obra. Cuando admitimos nuestras insuficiencias, debemos creer que el Señor ha borrado nuestros pecados, debemos darle gracias y orar al Señor nuestro Rey para que nos de Su misericordia, y debemos pedirle que nos utilice para hacer Su obra justa. Y si nos utiliza de verdad, debemos servirle con gratitud y vivir una vida justa en el Señor. Las palabras no bastan para describir este tipo de vida.
Si no hubiese nacido de nuevo, y me hubiese convertido en un pastor que predica en una iglesia mundana, entonces habría discutido con los ancianos de esa iglesia todo el tiempo, y me habrían despedido, porque soy demasiado impaciente y no me comprometo. Me habrían echado y habría acabado vendiendo verduras. Ahora estaría echando pestes: « ¡No les escuchéis! ¡Son todos unos ladrones! ¡No les creáis! Se gastan 10 millones de dólares en construir una iglesia. Están locos. Ponen un techo de bronce en todas sus iglesias. Se gastan su dinero en decoración». No me podría estar callado. Y habría vivido con mucho rencor.
Deben apreciar lo bendito que es ser utilizado por Dios. Por muy duro que trabajen los ministros de las iglesias mundanas, están siendo utilizados por el Diablo; pero nosotros estamos siendo utilizados para la obra justa de Dios. ¡Qué bendita es esta vida! Es una vida muy bendita. Aunque parezca muy frívolo, no envidio a nadie porque estoy sirviendo al Señor y estoy en Sus manos. No les envidio porque sé dónde va a parar. Estoy contento. ¿Y ustedes? ¿Están contentos también? ¿O están pasándolo mal? Aunque sea así, si siguen al Señor, todos sus problemas se solucionarán. A no ser que aren el campo de sus corazones, ¿cómo pueden cultivar en ellos? Deben que convertir el campo pedregoso y espinoso de su corazón, en un campo rico. En otras palabras, deben ser utilizados por el Señor. Aunque mucha gente no puede seguir al Señor hasta el final, si uno o dos le siguen, los otros se mantendrán en pie. Para ser una persona de fe, todos necesitamos tiempo, y los predecesores de la fe pueden guiar a los más jóvenes con amor.
Ustedes y yo estamos predicando el Evangelio por todo el mundo a través de nuestro ministerio literario. Nos cuesta 10 $ enviar un solo libro por correo aéreo. Pero aún así somos los siervos de Dios que predican el Evangelio a toda tribu del mundo. ¿Cómo de felices estamos? ¿Cuánto nos ama Dios? Debemos dejar de lado los pensamientos carnales y unirnos a Dios con fe. Entonces podrán vivir por fe.
Somos personas verdaderamente felices. Aunque seamos insuficientes en términos humanos, estamos dentro de la justicia porque servimos al Señor. Para salvarnos, nuestro Señor fue bautizado, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos, y ascendió a los Cielo, para salvar a toda la humanidad. El Señor ha completado toda nuestra salvación. Lo que estamos haciendo es cosechar todo lo que el Señor ha hecho por nosotros. Aunque solo predique lo que Dios ha hecho por nosotros y recoja el fruto de Su labor, Él me recompensa. Estoy muy agradecido de ser utilizado para estas obras.
Una vez invité a cenar a un pastor que compartía el edificio en el que yo vivía, y durante la cena hablamos. Pensé que era necesario predicarle el Evangelio, y por eso le invité a comer lo que él quisiera. Cuando le dije: «Soy un pastor. A pesar de mi mala personalidad, soy un pastor», él me dijo que al principio pertenecía a la Asamblea de Dios, pero como un amigo suyo fue al seminario de Berea Mission, él le siguió. Esta gente da mucha pena. Por mucho que trabajen y se esfuercen, no dan frutos espirituales. No pueden salvar ni a una sola persona porque ellos no han sido salvados.
Por el contrario, por la gracia de Dios, estoy trabajando en algo que vale la pena, Dios me ama y me aprueba y me bendice como Su siervo. Estoy muy contento. Creo que si sirves al Evangelio, tu vida es feliz. Todo lo que hay que hacer es predicar lo que el Señor ha hecho. ¿Qué es más valioso que esta obra? Estoy muy agradecido a Dios.
Muy pronto uno de nuestros libros sobre el Evangelio será publicado en hebreo. Me han dicho que lo acaban de editar hoy. Piensen en cuántos judíos recibirán la remisión de los pecados. Conocen el Antiguo Testamento muy bien. Su fe es exacta. Así que, cuando lean nuestros libros, los entenderán sin dificultad, y creerán en la Verdad de que Jesús es su Salvador porque vino al mundo, fue bautizado y crucificado según el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Cuando esta gente empiece a creer, nuestro trabajo estará terminado. Estoy muy contento. Este ministerio no es difícil. Mientras predico el Evangelio por todo el mundo a través de nuestros libros, mucha gente recibe la remisión de los pecados, y cuando me pidan que vaya a sus países a predicar, iré y predicaré el Evangelio.
¿Predico algo diferente cuando salgo fuera de Corea? No, predico lo mismo. Si mi público es numeroso, predico desde un púlpito como este; si hay poca gente, predico sentado. Todo lo que necesito es un intérprete que traduzca mis sermones. No me da vergüenza no hablar inglés o cualquier otro idioma. Cualquier persona respetable habla en su propio idioma y tiene un traductor a su lago. Incluso ahora, recibo muchas cartas de invitación de personas que intentan aprovecharse de nosotros. Algunas personas hablan de dinero nada más invitarnos. Pero en realidad no tenemos dinero para donar a la gente que solo quiere nuestro dinero. Sin embargo, debemos ayudar a los que están dedicados enteramente al Evangelio y quieren servirlo con nosotros. Nuestros libros deben publicarse en sus países también. Mis queridos hermanos, debemos ir a Brasil pronto para predicar el Evangelio. Debemos acercarnos a las mujeres que bailan la samba y compartir nuestros libros con ellas diciendo: «Un momento, ¿tienen pecados o no? Lean este libro. Cuando salgan a bailar samba mañana, háganlo después de recibir la remisión de los pecados».
¿Hay alguien más feliz que nosotros? Nuestros ministros y santos han hecho juntos todos nuestros libros sobre el Evangelio Como estamos todos en la Iglesia de Dios, vivimos juntos. Cuando el Señor nos recompense, nos recompensará a todos juntos. Hoy en día, la hermana Sangmin se pone muy nerviosa cuando tiene que ir a la imprenta. Quizás lo haya aprendido de mí. No puede evitarlo porque la gente de allí nunca cumple con los plazos y no respeta la obra de Dios. Si esta no fuera la obra preciosa del Señor, estoy seguro de que la hermana Sangmin los hubiera tratado con más paciencia. Sin embargo, como los siervos de Dios han dedicado todas sus vidas a la obra del Maestro, a veces se enfadan si es necesario, aunque les haga parecer gente con mal carácter. La gente de la imprenta se quedó sorprendida cuando la hermana Sangmin les gritó. Le dijeron: «¿Cómo puede hablarnos así cuando ni siquiera está casada? Nosotros somos un montón de viejos gruñones, pero usted debe comportarse como una señorita. ¿Cómo va a encontrar a un hombre con el que casarse si tiene ese comportamiento?». Así que ella les dijo: «Bien, entonces me casaré con un hombre con carácter como yo». Por supuesto, no tenemos malas intenciones cuando nos enfadamos. Sin embargo, para llevar a cabo la obra del Señor, estamos dispuestos a enfadarnos e incluso a pelear si es necesario. La gente recibe el descanso al creer en lo que el Señor ha hecho por nosotros. Cuando nuestra fe se refuerza y cuando estamos rectos ante Dios por fe, podemos recibir el descanso en nuestros corazones. Doy gracias a Dios. Vivir por el Señor trae felicidad a nuestras vidas. Doy gracias a Dios por permitirme pensar en Su obra y oro siempre, desde que me levanto hasta que me acuesto, cada minuto de mi vida. También estoy agradecido por que ustedes hayan entrado en la Mission School para vivir una vida bendita.
Estoy muy contento y agradecido. Mi corazón está en paz. Dios nos ha bendecido y santificado. ¿No es cierto? Por supuesto que sí. En la Iglesia no hay nada inútil, ni nada que se haga en vano. Hoy, el ministro Jung, que se encarga de la distribución, ha enviado 15000 copias de nuestros libros a los Estados Unidos. Quien lea estos libros recibirá la remisión de los pecados.
¿Quién hubiera pensado que seríamos utilizados por Dios como instrumentos Suyos? Nadie lo habría pensado. ¿Sabían que iban a ser usados para estas obras? Hay muchos profetas falsos, y en este momento, estas personas están predicando desde el púlpito: «¡Recibid el fuego! ¡Recibid el Espíritu Santo!». Esta gente no nos creería aunque les dijéramos que hemos predicado estos libros en inglés. Probablemente nos acusarían de copiar sermones de predicadores famosos. Por eso siempre critican los sermones de los demás.
Ahora estoy contento y en paz. No conseguí esta paz y gratitud en un día. Estaba medio muerto antes de conseguir este tipo de fe. Dios me dio disciplina y me refinó. Como no había nadie en este mundo con mi misma fe, no podía compartirla con nadie aunque lo deseaba. Estaba solo en el mundo, y por eso iba a la orilla del mar y lloraba y lloraba. Además luché mis batallas espirituales. Gritaba a la orilla del mar y le suplicaba a Dios que me ayudase. Me paseaba por toda la ciudad poniendo carteles que decían: «Busco trabajadores para servir al Evangelio conmigo».
Grité y oré a Dios para que me permitiera empezar mi ministerio en Su Iglesia, para reunir a los trabajadores y santos, para hacerme predicar el Evangelio por todo el mundo, y para permitirme vivir con justicia. Dios contestó a todas mis plegarias. Dios tocó mi corazón, los refinó, y le quitó todo lo inútil que había en él, para que no volviera a los que no han nacido de nuevo y continuará haciendo Su obra de justicia.
Lo mismo se puede aplicar a ustedes; Dios les refinará. Si no reciben disciplina mientras están en la Mission School, Él les dará disciplina cuando se gradúen. Él les dará disciplina hasta que tengan suficiente. Deben estar bien educados ante Dios y seguirle por fe. Entonces recibirán el descanso y podrán trabajar para Dios con un corazón agradecido solo si terminan su educación.
Doy gracias a Dios. ¡Aleluya!