The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 6-3] < Juan 6, 16-29 > Creer en Aquel que Dios ha elegido es la obra de Dios

( Juan 6, 16-29 )
«Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban. El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús. Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado».


¡Saludos a todos mis hermanos y hermanas! Estoy muy agradecido a Dios porque nos ha permitido adorarle en este precioso día de primavera en el que Su belleza se manifiesta en toda Su gloria mediante las flores que florecen por todas partes.
El pasaje de las Escrituras de hoy también viene del capítulo 6 de Juan. La gente le preguntaba a Jesús: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?», respondió Jesús y les dijo: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado». En otras palabras, Dios se complace cuando creemos en el que Él envió. Este es el mensaje principal del pasaje de las Escrituras de hoy.
Al bendecir cinco panes y dos peces, Jesús alimentó a una multitud de israelitas hambrientos. Así que los que comieron aquel pan siguieron a Jesús. Jesús, sabiendo que le iban a tomar por la fuerza y le iban a hacer su rey, se fue a una montaña solo una vez más, y los discípulos se subieron a la barca y navegaron hacia Capernaum solos. Cuando estaban en medio del mar, se hacía de noche y Jesús no había vuelto.
Entonces empezó una gran tomenta en alta mar. Caía agua e inundaba la barca. Mientras los discípulos se apresuraban para sacar el agua y temblaban de miedo, el Señor se les acercó en medio de la tormenta. Pensando que era un fantasma que se les acercaba, los discípulos se asustaron aún más, pero Jesús les dijo: «¡Tened animo; yo soy,no temais!» (Marcos 6, 50). En cuanto Jesús se subió a la barca con los discípulos, la barca llegó a su destino enseguida.
Cuando Jesús y Sus discípulos cruzaron el mar hasta Capernaum, una gran multitud se les acercó y lo encontraron allí. Jesús les dijo: «¿Me seguís porque comísteis pan o porque vísteis el milagro que hice por vosotros? Me parece bien que me hayáis seguido porque entendísteis el significado de Mi milagro, pero está mal y no tiene ningún sentido que me siguieráis para comer más pan para vuestros cuerpos». Jesús dijo esto porque el pan de la carne desaparece una vez se ha digerido. Así que dijo: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece». Entonces la gente le preguntó: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?» y Jesús les dijo: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado».
Aveces nosotros también seguimos al Señor para comer el pan de la carne. Sin embargo, el Señor nos dijo que trabajásemos por la comida que no perece. Incluso después de haber sido salvados de todos los pecados del mundo, en ocasiones nos perdemos y no sabemos qué debemos hacer para realizar la obra justa de Dios. Pero el Señor dijo: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado».
¿Quién es el enviado de Dios? Jesucristo. Dios Padre amó tanto a este mundo que envió a Su único Hijo. Dios Padre envió a Jesucristo al mundo. Nuestro Señor dijo: «Dios Padre ha puesto Su sello en el Hijo del Hombre». Dios Padre nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu para que toda la raza humana reciba la remisión de los pecados y se convierta en hijos de Dios a través de Jesucristo. Nuestro Padre envió a Jesucristo como único Salvador de la humanidad.
La gente se suele preguntar: «Queremos hacer la obra de Dios pero, ¿qué debemos hacer para realizar Su obra?». Creer en el enviado de Dios es la obra de Dios. En otras palabras, creer en Jesucristo es la verdadera obra de Dios. Como dice la Biblia: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos de los Apóstoles 4, 12), no hay otro Salvador que se le haya dado a la humanidad aparte de Jesucristo. Al enviar a Su Hijo al mundo, Dios Padre ha hecho posible que todo el mundo sea salvado y entre en el Reino de los Cielos.


Creer en el enviado de Dios es hacer la obra de Dios

Jesucristo vino al mundo encarnado en un hombre y al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, tomó todos los pecados de la humanidad de una vez por todas. Como nuestra carne es débil, pecamos constantemente hasta el día en que morimos, pero Jesucristo tomó todos estos pecados de la carne de una vez por todas cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Y al ser crucificado y derramar Su sangre, acabó con todos nuestros pecados y nos salvó para siempre. Entonces se levantó de entre los muertos al tercer día, ascendió a los Cielos y está sentado a la derecha del trono de Dios Padre, y así se ha convertido en el Salvador de la humanidad.
Ahora hacer la obra de Dios es creer en El que Dios ha enviado como nuestro Salvador, es decir, en Jesucristo. Y también es la obra de Dios el creer de corazón en el Evangelio del agua y el Espíritu a través del cuál Jesús nos ha salvado. Esta es la voluntad de Dios y nuestra salvación. ¿Cómo debemos hacer la obra de Dios? Debemos creer en Jesucristo como nuestro Salvador. Esto es hacer la obra de Dios. ¿Qué hay de ustedes? ¿No han estado trabajando duro por sí mismos para hacer algo por Dios? Sólo porque trabajen duro en todo lo que hacen por Dios no significa que estén haciendo la obra de Dios. En realidad creer en el maravilloso milagro de Dios, en Su salvación que nos ha dejado sin pecado, es la obra de Dios. Por eso nosotros, los creyentes, es decir, los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en Jesucristo, estamos haciendo la obra de Dios.
Incluso antes de nacer de nuevo yo era líder de una iglesia. En ese momento mi plan era conseguir mucho dinero y construir varios edificios grandes, uno de ellos para adorar, otro para educar y el otro para entretenimiento. Yo pensaba que esto era lo que debía hacer para llevar a cabo un buen ministerio, aunque yo tuviera pecados. Pero esto no era más que mi propia avaricia.
Sin embargo, cuando fui a la Biblia después de recibir la remisión de los pecados, vi lo que Jesús decía allí: que creyera en el enviado de Dios porque esa era la obra de Dios, y entonces cambié. Por eso la Biblia dice que debemos creer que Jesucristo es la obra de Dios.
Dios Padre envió a Jesucristo y Juan el Bautista a este mundo. Sabemos que Dios Padre nos envió a Jesús. Pero, ¿también nos envió a Juan el Bautista? Debemos confirmarlo con la Biblia.
Juan 1, 6-7: «Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él». En otras palabras, Dios Padre envió a Su Hijo y a Juan el Bautista a este mundo por un motivo especial. Así que la obra de Dios es creer en lo que ellos dos hicieron. Dios no quiere que hagamos nada arbitrariamente, sino que quiere que seamos salvados al creer en Su enviado. Por eso Dios dijo: «Creer en Aquel que Yo envié es hacer Mi obra». Dicho de otra manera, en vez de creer por nuestra cuenta sin darnos cuenta de lo que Dios quiere y en vez de dejar que nuestros deseos nos empujen a ser voluntarios, evangelizar y sacrificarnos, lo que de verdad es hacer la obra de Dios es creer en Jesucristo y Juan el Bautista, a los que Dios envió.
Dios dijo lo siguiente acerca de Juan el Bautista: «Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él» (Juan 1, 6-7). ¿A quién envió Dios? A Jesucristo y a Juan el Bautista. Juan el Bautista fue enviado a este mundo para dar testimonio de la Luz, Jesucristo, y como representante de la humanidad y último profeta del Antiguo Testamento. La Biblia dice refiriéndose a Juan el Bautista que es el hombre más grande de entre los nacidos de mujer (Mateo 11, 11).
Juan el Bautista bautizó a Jesús en el río Jordán. Esto se hizo para pasar los pecados del mundo a Jesús. Y al día siguiente Juan el Bautista dio testimonio de Jesús diciendo: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29). Con esto Juan quiso decir: «Él es el Hijo de Dios, el verdadero Salvador de la humanidad. Cuando puse mis manos sobre Su cabeza y le bauticé ayer, le pasé todos los pecados del mundo». Juan el Baustista dio testimonio así de que había bautizado a Jesús y de que todos los pecados del mundo se habían pasado a Su cuerpo, para que así muchos creyeran en Jesús como su Salvador.
Dios envió a dos personas al mundo: la primera era Jesucristo y la segunda Juan el Bautista. Por tanto hacer la obra de Dios es creer que Dios Padre envió a Jesús y a Juan el Bautista y creer en lo que ellos hicieron. ¿Creen en esto? Hoy en día muchos cristianos no creen que Dios enviase a Juan el Bautista para pasar los pecados del mundo a Jesús y creen sólo en la sangre que Jesús derramó en la Cruz. Este tipo de fe no es el tipo de fe que se basa en el Evangelio del agua y el Espíritu. Los que siguen esta fe no creen en los enviados de Dios Padre. Si alguien cree sólo en la sangre de Jesús sin creer en lo que Juan el Bautista hizo junto con Cristo, no está haciendo la obra de Dios. Así que cuando predicamos el Evangelio, debemos predicar lo que Jesucristo y Juan el Bautista hicieron como enviados de Dios. Por tanto, los que creen en el verdadero Evangelio deben predicar cómo Jesús tomó los pecados del mundo cuando Juan el Bautista lo bautizó, además de creer en Su muerte en la Cruz. Predicar esto es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Además los siervos de Dios también son Sus enviados. Creer en los siervos de Dios es hacer la obra de Dios. En el Antiguo Testamento Dios envió a muchos siervos. En el Antiguo Testamento había muchos siervos, desde Abraham hasta Isaac, Jacob, Moisés, Josué, Isaías, Ezequiel, Jeremías, Daniel, Habacuc, Nehemías, Malaquías y otros muchos. En el Nuevo Testamento hubo 12 discípulos de Jesús y otros muchos siervos a su cargo. A los discípulos de Jesús les llamamos «los Apóstoles». La palabra «Apóstol» que en griego es Apostolos significa «delegado, mensajero, alguien al que se le ha enviado con órdenes». Por tanto, creer en los Apóstoles que Jesús envió es hacer la obra de Dios. Creer en los siervos de Dios de esta era es también hacer la obra de Dios. En otras palabras, si no podemos creer en los siervos que Dios ha enviado significa que no creemos en Dios.
¿Creen que soy un siervo nombrado por Dios? En términos humanos no les puedo pedir que crean en mí. Pero cuando gente como Sun-Myung Moon o Paul Yong-ki Cho les dicen que crean en ellos, muchos lo hacen. Pero por el contrario, yo no tengo tanta seguridad para decirles: «Crean en mí». Soy un hombre con muchos defectos. Además tengo muchos deseos egoístas. Cuando me siento a la mesa con mis hermanos de fe y veo algo exquisito, quiero cogerlo antes que el resto del rebaño, y cuando veo algo bueno, quiero que sea mío.
Cuando fui a la ciudad de Chuncheon por primera vez, quería ascidias. Recordé que cuando vivía cerca del mar hacía mucho tiempo me encantaban. Así que compré unas ascidias con el resto de los fieles, pero no había suficientes. Me pregunté cómo podía repartir una cantidad tan pequeña y le pregunté a uno de los allí presentes: «¿Has comido ascidias alguna vez?». Cuando me dijo que nunca había comido ascidias, les dije que le iba a enseñar a comerlos. Le dije: «Saben mejor si mastican la concha durante mucho rato, así que cómete la concha primero». Así que mientras yo me comía la carne, el siguió masticando la concha. Cuando no quedaba casi carne empecé a sentirme mal en mi conciencia, así que le dije que tirase la concha y se comiese la carne. Cuando se comió varios trozos, las ascidias se acabaron.
Más adelante tuvimos otra ocasión de comer ascidias, pero esta vez rompí a reir en la mesa cuando me acordé de aquel episodio. Le dije al mismo muchacho: «En realidad te dije que te comieses la concha para que no comieses demasiado. ¿Vas a comerte la concha esta vez?». Desde aquel día compartimos la carne de las ascidias.
Como han podido ver no puedo pedirles que crean en mí. En términos humanos, no soy de fiar, pero sí que sé que soy un siervo de Dios. Aunque no se pueda confiar en mí cuando se trata de la comida, deben creer que creo en Jesús y en Sus mensajeros y que predico la Verdad. Y si creen en lo que les estoy diciendo conseguirán la vida eterna, recibirán la remisión de los pecados y prosperarán en cuerpo y espíritu. Aunque soy yo quien habla, no predico mis propias palabras, sino que creo en Jesucristo y predico Su sabiduría, conocimiento y fe. Por eso les pido que crean en los siervos que Dios ha nombrado porque eso es hacer la obra de Dios.
Creer en los siervos de Dios es hacer Su obra. Cuando obedecen a los siervos de Dios pueden recibir la remisión de sus pecados y ser guiados en sus vidas diarias. Y pueden seguir con sus vidas de fe correctamente y ser bendecidos por su fe. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando no creen en los siervos que Dios ha nombrado? Acaban saliendo de la Iglesia de Dios y no pueden creer en Dios. Cuando Dios quiere hacer algo, sólo lo hace a través de los siervos que ha establecido. Dios primero enseña a Sus siervos el Evangelio que trae la salvación y les muestra cómo vivir por fe y entonces les cuenta esto a todos los creyentes a través de Sus siervos. Por eso deben confiar en los siervos de Dios.
Mis queridos hermanos, ¿creen en los siervos de Dios? Creer en los enviados de Dios es hacer la obra de Dios. Algunas personas no creen en los siervos de Dios aunque hayan sido salvados de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta gente dice que puede vivir su vida de fe bastante bien sin los siervos de Dios, pero no es cierto. En otras palabras, si no escuchan la Palabra de boca de los siervos de Dios no podrán vivir sus vidas de fe correctamente. Si no creen en los siervos que Dios ha elegido, y si no se dejan guiar por ellos, aunque hayan recibido la remisión de los pecados, se convertirán en vegetales que hacen las obras de la carne que no deben y que se pelean los unos con los otros. Por el contrario, cuando escuchan la Palabra a través de los siervos de Dios pueden creer en Él y hacer Su obra.
Esto también va dirigido a nosotros. Si soy un santo, entonces también debe haber alguien que me predique la Palabra. Sin nadie que predique la Palabra no puedeo vivir mi vida de fe correctamente. Yo lo he hecho todo. He servido al Señor como seglar y también he tenido un trabajo secular. He hecho casi todo lo que se puede hacer. Así que sé muy bien lo que hay en sus mentes. Sé que deben servir al Señor y estoy seguro de que el Señor me ha enseñado todos los aspectos necesarios para establecerme como Su siervo.


Dios ha elegido a Sus siervos por nosotros

Confiar en los siervos que Dios ha elegido y ser guiado por ellos es hacer la obra de Dios. Debemos entender esto y creerlo. Si no pueden reconocer a los siervos que Dios les ha enviado, entonces no podrán reconocer a Jesucristo. Si no reconocen a Juan el Bautista, a quien Dios envió, entonces no podrán entender el Evangelio del agua y el Espíritu. Y por tanto no podrán ser salvados de sus pecados ni podrán recibir las bendiciones de Dios. ¿Cómo podemos ser guiados por Dios? Creyendo en los siervos que Él ha escogido.
Pero algunas personas no confían en los siervos que Dios ha establecido. La fe de esta gente se marchitará muy pronto. Los cimientos de su fe están mal construidos. Dicen a los siervos de Dios que escuchen sus propias palabras. Así que cuando hay muchos instructores autoproclamados en la Iglesia de Dios la jerarquía empieza a venirse abajo y el poder espiritual de la Iglesia desaparece. Puede que esto suene un poco exagerado, pero la Biblia dice que había diez mil instructores en la iglesia de Corintio (1 Corintios 4, 15). Esto significa que había mucha gente que intentaba predicar por su cuenta e ignoraban a Pablo, un siervo elegido por Dios. ¿Cómo era esta iglesia de Corintio? Era una iglesia sin orden y caótica.
A los que no creen en los siervos elegidos por Dios aunque estén dentro de la Iglesia de Dios y que piensan en sus mentes: «¿Eres un siervo de Dios? Yo también lo soy» tengo algo que decirles: «Están locos. Son tan temerarios que están pidiendo su propia muerte». Coré conspiró con otros 250 líderes de otras tribus y se rebeló contra Moisés y Arón, dos siervos elegidos por Dios (Números 16, 1-3). ¿Qué ocurrió? La Tierra abrió su boca y se los tragó junto con sus casas y todos los hombres que estaban con Coré, así como todos sus bienes (Números 16, 32).
La Biblia dice: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Esta es la obra de Dios,que creáis en el que él ha enviado». Aunque esto sea lo que está escrito en la Biblia, ¿no van a creer en los que Dios ha enviado? Si no lo hacen, esto significa que no están fuera de sí y que tendrán que morir espiritualmente.
Cuando se cree por primera vez en el Evangelio del agua y el Espíritu y se recibe la remisión de los pecados, las enfermedades espirituales y físicas se curan con el tiempo cuando se encuentra la paz interior y se alcanza un gozo indescriptible. La mayoría de las enfermedades del cuerpo se curan por sí solas. Cuando se cree en el Evangelio del Señor de corazón esto ocurre. Los que son débiles de espíritu se hacen fuertes. Se hacen mucho más sanos. Al escuchar la Palabra de Dios a través de Sus siervos y al alimentarse de la leche espiritual en la Iglesia de Dios, su fe crece y pueden disfrutar de la gracia y las bendiciones de Dios. Esta es la vida normal de los que han venido a la Iglesia.
Pero a pesar de esto algunas personas siguen sin escuchar a los siervos de Dios. Si ustedes hacen esto su vida de fe en Su Iglesia se acabará dentro de poco. Por muy grande que sea su fe individual, Dios ha elegido a Sus siervos para que ustedes esuchen Su Palabra a través de ellos y para que sean guiados por ellos, y por eso los que no hacen caso a esto e intentan hacer la obra de Dios por su cuenta, se presentan ante Dios con una fe legalista que está orientada hacia sus propias obras. Están satisfechos cuando el resultado de sus obras es bueno, pero cuando esto no ocurre, se enfadan y una vez más caen en una vida de fe orientada hacia sus méritos. En otras palabras, aunque estén salvados caen una vez más en una fe legalista. En el Libro de Santiago hay un pasaje que dice que la fe sin obras está muerta. Pero esto significa que la verdadera fe va acompañada de obras.
Creer en los que Dios envió es hacer la obra de Dios. Cuando creemos por primera vez en lo que consiguieron los que Dios envió, Jesús y Juan el Bautista, fuimos salvados de nuestros pecados y recibimos la bendición de la vida eterna. Como hemos sido salvados y bendecidos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, las obras de fe empiezan a aparecer. Creen que Jesús tomó los pecados del mundo y siguen esta Verdad porque han creído en lo que hizo Juan el Bautista, un siervo de Dios, y en su testimonio. Así es como se hacen las obras de fe y así se demuestra que se ha sido salvado. Esto es lo que significa el pasaje de Santiago.
Sin embargo, mucha gente no cree en los siervos de Dios. En vez de creer en los siervos de Dios, acaban muriendo espiritualmente.
Mis queridos hermanos, creer en la función de Juan el Bautista y que es un siervo de Dios es hacer la obra de Dios. Si quieren madurar espiritualmente, crecer en la fe, ser guiados por Dios y vivir el resto de sus vidas bendecidos por Él, deben creer en Juan el Bautista, un hombre enviado por Dios. Hay otros enviados de Dios. Dios envió a Sus siervos a los pecadores. El pueblo de Dios debe creer en los testigos del Evangelio del agua y el Espíritu. Los pecadores deben confiar en las palabras de los justos. Esto es hacer la obra de Dios. Jesús nos dijo que trabajásemos por la comida que dura. Cuando los pecadores escuchan el Evangelio a través de los siervos de Dios, obtienen la vida eterna e incorruptible.
Les pido que maduren en sus vidas de fe. Han sido salvados por Jesucristo y por lo que hizo Juan el Bautista. Despúes de esto, deben creer en los siervos que Dios ha elegido. El que un siervo se levante o caiga depende de Dios. Durante el reinado del rey David, un hombre llamado Uza conducía un carro con el Arca de Jehová en él, y cuando los bueyes tropezaron y el Arca estuvo a punto de caerse, Uza puso su mano en el Arca y murió al instante (2 Samuel 6, 3-7). Dios lo mató al instante. Uza había agarrado el Arca por miedo a que se cayera. ¿Por qué está mal lo que hizo? ¿Debería haber dejado que se cayese cuando vio que se tambaleaba? Puede que desde nuestra perspectiva humana pensemos que Uza no merecía morir, pero violó uno de los estatutos de Dios y eso no puede tolerarse.
Dios nos creó y para convertirnos en Su pueblo envió a Su Hijo Jesucristo. Y Dios también envió a Juan el Bautista y ambos hicieron la gran obra de la salvación juntos: uno pasó los pecados y el otro cargó con ellos. No podemos juzgar lo que Dios planeó y lo que consiguió.
¿Pueden los siervos de Dios hacer algo por su propia voluntad? No, por supuesto que no. Aunque a veces haga algo a mi manera, al final lo dejo en manos de Dios. Pueden pensar que lo hago todo arbritariamente, pero no puedo hacer nada por mi propia voluntad al final. Dios habla a Sus siervos cuando van en contra de Su voluntad y les dice: «Os lo he dicho una y otra vez y aún así no me escucháis». En realidad no les dice esto al oído, sino que lo hace en los corazones. Cuando Dios controla los corazones de Sus siervos, ellos no pueden hacer lo que quieren.
Los siervos de Dios no hacen todo según su voluntad. No piensen que los siervos de Dios pueden hacer todo lo que quieran porque estén controlados por alguien. No pueden. Como el Espíritu Santo vive en ellos, éste les corrige cuando van por el mal camino. Están controlados por el Espíritu Santo. Dios es absoluto. Dios habla Su Palabra y lo hace todo según esta Palabra. Deben darse cuenta que incluso Sus siervos no pueden hacer todo lo que quieran. Cuando se den cuenta de que Dios manda sobre Sus sievos, podrán confiar en ellos.
¿Y qué hay de ustedes? ¿Pueden hacer todo lo que quieran? No, en absoluto. Los que han recibido la remisión de los pecados tienen al Espíritu Santo en sus corazones, por eso cuando escuchan la Palabra de Dios, están llenos de gozo, sus corazónes creen en la Palabra y desean seguirla. La fe brota de ellos.
Por otro lado, intenten hacer lo que quieran y verán si les sale bien. El Espíritu Santo hará que su corazón esté inquieto y lleno de dolor. A no ser que escuchen la Palabra de Dios y la sigan, no podrán creer puesto que sus corazones estarán atormentados. El Espíritu Santo hace que sea imposible hacer otra cosa que no sea la voluntad de Dios. Les guía a la Iglesia y les hace escuchar las palabras de los siervos de Dios.
¿De verdad son fieles en sus vidas a los ojos de Dios? ¿Quieren hacer Su obra? Entonces crean en los enviados de Dios. Esto es hacer la obra de Dios.


Algunas personas están enseñando que Jesús nos salvó de nuestros pecados al morir en la Cruz

Muchos cristianos no creen en Juan el Bautista, un hombre enviado por Dios. En otras palabras, no creen en su ministerio ni en su testimonio. Y sólo creen en un pseudo-evangelio que afirma que Jesús borró nuestros pecados sólo al derramar Su sangre y morir en la Cruz. Sin embargo, no pueden recibir la remisión de sus pecados si creen en esto. En vez de recibir la vida eterna, lo que consiguen al tener esta fe es estar atados a la Ley. Esta gente no puede escapar del yugo de la Ley aunque Dios les haya dado la Ley para que se dieran cuenta de sus pecados y recibiesen la remisión de sus pecados al creer en Jesucristo, el Salvador de la humanidad que Dios envió.
Algunas personas, incluso tras escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la remisión de los pecados, van a sus antiguas iglesias que predican el evangelio de la sangre de la Cruz solamente y siguen llevando vidas de fe en ellas. Esta gente no está haciendo la obra de Dios. Creer en la Palabra de Dios es hacer Su obra, aunque estemos jugando al fútbol. La obra de Dios es creer en los siervos que Dios ha escogido, creer también en Juan el Bautista a quien Dios envió, y creer en Jesucristo como nuestro Salvador. En otras palabras, obramos por fe no mediante nuestro esfuerzo.
¿Significa esto que no hace falta obrar cuando estamos salvados? No, no es cierto. Obramos porque creemos. Como creemos, obramos voluntariamente y con gozo. Como creemos, venimos a la Iglesia. Y como creemos servimos al Señor.
¿Qué es hacer la obra de Dios? Es creer en los que Dios ha enviado. Dios ha enviado a Sus siervos a este mundo. Creer en la Palabra de Dios predicada por Sus siervos es hacer Su obra. Cuando creemos en la obra de Dios, Él obra en nuestras vidas y se complace. ¿Creen que la obra de Dios significa vivir una vida piadosa por nuestra propia cuenta y sin cometer pecados? Cuando salen a la calle se encuentran con gente que grita: «¡Creed en el Señor Jesús y serán salvados!». Aunque esta gente piensa que está haciendo la obra de Dios, en reliadad no está haciendo nada por Dios. La obra de Dios es creer en Sus enviados.
¿A quién envió Dios? A Jesús y a Juan el Bautista. Dios envió a Sus siervos. Por tanto, confiar en estos siervos de Dios y creer en la Palabra que ellos predican es hacer la obra de Dios. Por eso cuando leemos la Palabra de Dios debemos creer en lo que Jesús ha hecho junto con Juan el Bautista. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu predicado por los siervos de Dios, hacemos Su obra. Cuando creemos en la función de Juan el Bautista, enviado de Dios, y en el hecho de que Jesucristo se ha convertido en nuestro verdadero Salvador al tomar nuestros pecados a través de Su bautismo y pagar nuestra condena y levantarse de entre los muertos, estamos haciendo la obra de Dios.
Por eso debemos volver a la Palabra y creer en ella. Debemos escuchar la Palabra. Dios dijo: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10, 17). Cuando escuchamos la Palabra, la fe viene a nosotros y cuando creemos en la Palabra, hacemos la obra de Dios.
Mis queridos hermanos, ¿han sido salvados por fe? Si han sido salvados al creer en la Palabra, deben confiar en la Iglesia de Dios y unirse a ella. Deben unirse a la Iglesia y deben unirse a los siervos que Dios ha elegido. Deben confiar en las palabras de los siervos de Dios. Deben aceptar el Evangelio predicado por los siervos de Dios. Deben unirse con los demás santos. Y deben seguir la Palabra de Dios en obediencia. Esto es hacer la obra de Dios.
Debemos estar contentos de hacer la obra de Dios. Para hacer Su obra debemos creer en los que Él envió. En vez de intentar hacer la obra de Dios por nosotros mismos, debemos creer en los enviados de Dios. Así es como podemos obtener la vida eterna, seguir a Dios y recibir Sus abundantes bendiciones. Creer en la Palabra es creer en Dios y hacer Su obra.
Doy gracias a Dios. Él dijo: «Creer en los que he enviado es creer en Mí». ¿Creen en Dios? ¿Creen en los enviados de Dios? ¿Creen en Su Palabra? ¿Creen que los santos que Dios ha puesto en este mundo son Su pueblo? Yo creo que Dios ha escogido a Sus siervos en Su Iglesia. Creo que los santos son gente justa. Creo que todos nosotros somos el pueblo de Dios y que estamos haciendo la obra de Dios.
Podemos vivir una vida bendecida por fe en Dios. ¿En qué creemos para ser bendecidos? Al creer en lo que Jesucristo y Juan el Bautista hicieron y en los siervos elegidos por Dios, recibimos las bendiciones celestiales. Cuando creemos, nuestras enfermedades se curan. Recibimos la remisión de nuestros pecados por fe. Cuando creemos, nos convertimos en los siervos de la justicia como Abraham. Cuando creemos, prosperamos en cuerpo y espíritu. Les pido que sigan la fe de los siervos que Dios ha elegido.
Le doy gracias a Dios por darnos la fe para creer en los que Él ha enviado.