The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 6-5] < Juan 6, 16-40 > Trabajen por la comida que dura hasta la vida eterna

( Juan 6, 16-40 )
«Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban. El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús. Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero».


Hoy me gustaría hablarles del pan de vida que se menciona en Juan 6, 16-40. Antes del pasaje de las Escrituras de hoy está escrito que nuestro Señor alimentó a más de 5000 personas al bendecir cinco panes y dos peces, y que sobraron doce canastas. Como nuestro Señor curó a muchas personas, una gran multitud le seguía. Tanto hombres como mujeres, jóvenes o viejos, seguían a Jesús para curar sus enfermedades físicas y para satisfacer su hambre. Jesús tenía lo que hoy llamamos un club de fans.


Trabajen por la comida que dura hasta la vida eterna

Después de hacer el milagro que alimentó a 5000 personas, Jesús pasó a través del mar hasta llegar a una ciudad llamada Capernaum. La gente intentaba hacerle su rey secular y Jesús subió solo a la montaña para orar. Mientras tanto Sus discípulos navegaban hacia Capernaum solos. Después de haber remado unas tres o cuatro millas se encontraron con una gran tormenta. Pero Jesús apareció caminando sobre las aguas hacia la barca y subió abordo con ellos y así pudieron llegar a la orilla sanos y salvos.
Al día siguiente la gente que estaba en la orilla vio que sólo había una barca y se subieron a ella para ver si Jesús estaba allí pensando: «Jesús ha debido irse a algún sitio en barca». Cuando llegaron al otro lado y encontraron a Jesús, le dijeron: «Rabbi, ¿estabas aquí? ¿Cuándo has llegado?». Entonces Jesús les dijo: «De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre» (Juan 6, 26-27).
Jesús sabía que habían venido a Él porque querían comer el pan de la carne y por eso les dijo: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará». El Hijo de Dios vino al mundo encarnado en un hombre y dijo que Él daría el pan de la vida eterna a la gente. Por eso dijo: «No trabajéis por la comida que perece, sino por la comida que os hará vivir para siempre, y Yo os daré esta comida». Jesús también dijo refiriéndose a Sí mismo: «Porque a éste señaló Dios el Padre». Esto significa que Dios Padre ha decidido dar el pan de vida a todo el mundo a través de Jesús exclusivamente.
La gente que vino a Jesús se quedó sorprendida por lo que dijo, porque todos estaban interesados en sus asuntos carnales. Pensaban que el Señor les bendeciría de nuevo y les alimentaria con pan y pescado delicioso, pero en cambio Jesús les reprendió diciendo: « ¡Sólo buscáis la comida que perece! Trabajad por el pan de la vida eterna». Les dijo que Él mismo les daría este pan. Así que la gente que le había seguido le pidió más detalles. Le preguntaron todos a Jesús: «Nos has dicho que trabajemos por el pan que dura hasta la vida eterna, ¿pero qué debemos hacer para llevar a cabo la obra de Dios?». Entonces Jesús contestó: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado».
Mis queridos hermanos, deben recordar que creer en el que Dios ha enviado es hacer la obra de Dios. Como Jesús es el enviado de Dios, el que ha borrado todos los pecados del mundo y nos da vida eterna, creer en Él es hacer la obra de Dios. Creer en Jesús es hacer la obra de Dios y es el camino hacia la vida eterna. Por el contrario, si intentan hacer buenas obras a ciegas, rezar mucho o servir a los demás siempre, no significa necesariamente que estén haciendo la obra de Dios. Pero la gente que allí estaba no lo sabía y cuando el Señor les dijo que trabajasen por la comida que dura hasta la vida eterna, ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer? Nosotros también queremos hacer la obra de Dios». Entonces el Señor les dijo: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado». En otras palabras, nuestro Señor quiso que recibieran el pan de la vida eterna al creer en Él. Así que les dijo explícitamente: «Si creéis en Mí, recibiréis la vida eterna. He venido a daros el pan de la vida eterna».
Entonces la multitud preguntó de nuevo: « ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. ¿Puedes hacer este milagro?». En otras palabras, cuando Jesús les dijo: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado», ellos le dijeron: « ¿Puedes hacer estas señales?». Así que el Señor les dijo: «De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo». Dicho de otra manera, esto es lo que dijo Jesús: «No fue Moisés quien os dio el pan del Cielo, sino Dios. Moisés oró y Dios envió el maná y este era el pan de la carne. Sin embargo, sólo Mi Padre os da el verdadero pan del Cielo y el pan de Dios es Aquel que viene del Cielo y da vida al mundo». Así que este pasaje significa que Jesús es el pan del Cielo, el verdadero pan eterno que Dios Padre envió para dar vida a la humanidad.
La gente le dijo a Jesús: «Danos este pan siempre» y el Señor contestó: «Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás».
Aquí me gustaría compartir la Palabra sobre el pan de vida con ustedes. El Señor dijo refiriéndose a Sí mismo: «Soy el pan de vida». Como el Señor es el pan de vida, si alguien come este pan de vida por fe, se recibe la vida eterna. Como Jesús dijo: «El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás» nos podemos dar cuenta de que Jesús es el pan de vida para nosotros. Nuestro Señor es el pan de vida que vino al mundo. Es el verdadero pan que, cuando la gente lo come, les permite recibir la vida eterna. El Señor habló de Sí mismo haciendo una analogía con el pan para explicar que vino al mundo para dar vida eterna a los seres humanos. Para ello se encarnó en un hombre, fue bautizado por Juan el Bautista para aceptar los pecados del mundo en Su cuerpo, borró todos nuestros pecados a través de este bautismo y cargó con ellos hasta la Cruz para pagar la condena.


Jesús es el pan de vida

Los que comieron maná murieron, del mismo modo en que quien bebió el elixir de la vida. Sin embargo, los que creen en el Señor de corazón recibirán la vida eterna. Dios Padre da vida eterna a quien cree en el Señor, que vino a este mundo encarnado en un hombre, fue bautizado para cargar con nuestros pecados y así los aceptó y los borró, fue crucificado y derramó Su sangre hasta morir para ser condenado por estos pecados y después se levantó de entre los muertos. En otras palabras, nuestro Señor dice que los que creen en Él de corazón, en Aquel que nos ha dado la verdadera vida a todos nosotros, conseguirán una vida nueva y eterna y beberán del agua de la vida eterna y no volverán a tener sed nunca más.
Al hacer el milagro de los cinco panes y los dos peces, el Señor alimentó a 5000 personas. Se llenaron, pero sólo en cuerpo y por poco tiempo. Ahora tenían que recibir la vida eterna al creer de todo corazón en Jesucristo, que se autoproclamó verdadero pan de vida. Estaba mal seguir al Señor por cualquier otro motivo, sólo para obtener la comida que perece, es decir, para ver señales y milagros, ser curados de enfermedades o prosperar materialmente. Nuestro Señor dijo: «Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6, 37). ¿Quiénes son los que el Padre le ha dado a Jesucristo? No son los que buscan las cosas de la carne, sino los que quieren que sus almas sean salvadas del pecado y quieren convertirse en hijos de Dios, es decir los que desean la vida eterna.
Aunque nuestro Señor vino al mundo como el verdadero pan de vida, muchas personas siguen sin obtener la verdadera vida porque no conocen a Jesús correctamente ni creen en Él. En otras palabras hay mucha gente que, aunque cree en Jesús fervientemente, no puede recibir la vida eterna porque cree en Él de manera incorrecta. Creen en Jesús y le siguen sólo para hacerse ricos, tener un coche caro o para encontrar la fama, pero no debemos seguir al Señor por estos motivos. Está mal creer en Jesús y seguirle sólo por religión.
La gente que Dios Padre envía al Señor son los pobres de espíritu y los que buscan las cosas espirituales, no los que buscan la riqueza de este mundo, su fama o su poder, sino los que están destinados al infierno por sus pecados y quieren ser perdonados. Esta es la gente que Dios Padre envía al Señor para recibir la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, pronto el mundo será destruido. Lo creamos o no la promesa de Dios se cumplirá sin falta. Verán el mundo venirse abajo con sus propios ojos si viven más tiempo. En realidad este mundo desaparecerá sin dejar rastro. Y sólo el Reino de Dios prevalecerá para siempre. Así que estoy eternamente agradecido por haber vivido creyendo en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y en que el Señor ha borrado mis pecados.
Para borrar nuestros pecados el Señor los tomó al ser bautizado y pagó la condena al derramar Su sangre en la Cruz y así nos quitó los pecados. Como el Señor nos ha convertido en obreros a los que hemos recibido la remisión de los pecados y nos ha permitido entrar y vivir en Su Reino, estoy muy contento y lleno de gozo. El Señor nos ha dado el pan que no perece. Como el Señor no nos ha dado el pan que desaparece, sino el pan que no desaparece nunca, debo darle gracias por la verdadera salvación de los pecados que Él nos ha dado.


Todo lo que hay en este mundo no es nada

Está escrito: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo» (1 Juan 2, 15-16). ¿Cuál de estas cosas, la fama, la riqueza, el poder, los placeres, el conocimiento, es más valiosa que la vida eterna? La vida eterna es mucho más importante que todas esas cosas. Es un regalo de Dios que sólo se puede recibir si no se tienen pecados en el corazón. Del mismo modo en que Dios Padre prometió que borraría nuestros pecados a través de Su Hijo y del mismo modo en que el Hijo dijo que se convertiría en el pan de vida, Jesucristo, el verdadero pan enviado del Cielo, tomó nuestros pecados al ser bautizado, fue condenado por ellos al ser crucificado y nos ha dado la verdadera vida al levantarse de entre los muertos.
Cuando digo que todo lo que hay en este mundo no es nada, muchas personas piensan que estoy diciendo tonterías. Pero comparadas con las bendiciones celestiales que nos permiten borrar nuestros pecados, convertirnos en hijos de Dios sin pecado y entrar y vivir en Su Reino, las cosas de este mundo son nada.
¿Qué es la vida? Todos nacemos del polvo y volvemos al polvo, así es la vida. La vida es un viaje corto. En otras palabras, la vida no vale nada aunque sea satisfactoria. Del mismo modo en que un viajero vuelve a casa al final de su viaje, la vida no permanece aquí para siempre. Vivimos en este mundo sólo durante un corto período de tiempo como viajeros y debemos volver a nuestro hogar eterno. Nuestro verdadero hogar está en otro sitio. El destino final de nuestras vidas está en otro sitio.
Por tanto los que piensan que vivirán para siempre en este mundo y se aferran a las cosas de este mundo, están buscando la comida que perece. Cuando esta gente escucha a Jesús diciéndoles: «Os daré el pan de vida», ellos piensan: « ¿Qué está diciendo? El pan es pan, ¿qué es este pan de vida?».
Mis queridos hermanos, deben entender que el pan de vida es Jesús. Jesús es el pan de la vida eterna, el pan de la remisión de los pecados y el pan de la salvación. Por eso Jesús dijo: «Soy el pan de vida. Os daré este pan de vida. Vino del Cielo no por Mi propia voluntad, sino por la voluntad del que me envió». Jesús hizo el milagro de los cinco panes y los dos peces para enseñar esto y para ellos alimentó a mucha gente con el pan de la carne primero.
Jesús es el pan de vida. Por tanto los que dicen creer en Jesús aunque no sepan exactamente cómo se ha convertido en el pan de vida son estúpidos, porque están pidiéndole a Jesús el pan de la tierra en vez del pan celestial. En otras palabras, muchos cristianos piden este pan perecedero como el que la multitud de Juan 6 tomó sólo por pocos instantes a través del milagro de los panes y los peces.
Mis queridos hermanos, debemos conocer a Jesús y creer en Él como nuestro Salvador para recibir la remisión de los pecados, convertirnos en hijos de Dios y entrar en Su Reino para disfrutar de la vida eterna y vivir para siempre. Por lo menos, los que quieren creer en Jesús como su Salvador deben confesar los pecados de sus corazones, creer en Jesús y ser salvados de todos sus pecados. Deben creer en Jesús para convertirse en hijos de Dios y entrar en Su Reino para vivir para siempre. Por el contrario es totalmente estúpido creer en Jesús sólo de manera religiosa.


Jesús dijo: «Todo aquel que el Padre me da, vendrá a Mí»

¿Cuáles son los que el Padre ha enviado a Jesucristo? Los que buscan las cosas del Cielo. Dios nunca envía a nadie que busque las cosas del mundo.
Ahora estamos teniendo una reunión en la Iglesia. Aunque hemos facilitado la manera de que quien busque las cosas del Cielo venga a esta reunión, han venido pocos. Esto demuestra que mucha gente ha dejado las cosas del Cielo atrás y busca las cosas del mundo. En otras palabras, la gente busca a Jesús para hacerse rica, para curarse de enfermedades, comprarse una casa o encontrar a una buena pareja. Esta gente no puede venir a nuestra Iglesia. El Padre no envía a esta gente a Jesús, que da vida eterna a través del Evangelio de Verdad. Dios los envía a las iglesias donde se reúnen los cristianos pecadores.
Todo el mundo sabe si tiene o no pecados en su corazón, y si está destinado al infierno o no. Ustedes saben si quieren creer en Jesús por motivos espirituales y para recibir la remisión de los pecados, o por motivos carnales, para prosperar en el mundo. Si echan un vistazo a sus corazones, pueden darse cuenta de si buscan lo espiritual o lo carnal. Pero a pesar de ello, mucha gente sigue engañando a su propia conciencia y se burla de Dios. Dios está poniendo Su hacha sobre esta gente. Está diciendo: «Estoy esperando a todos los que buscan sólo el pan de la carne, el fuego está preparado. No os preocupéis del fuego, seguirá ardiendo porque soy muy paciente».
Los que no han nacido de nuevo buscan las cosas carnales y lo justifican. Sin embargo, está claro que la motivación para convertirse en un cristiano debe ser espiritual. Jesús vino al mundo como el Salvador que nos libraría de nuestros pecados (Mateo 1, 21). Esto significa que Jesús es quien nos ha salvado de todos nuestros pecados, no es alguien que nos haga ricos, prósperos o sanos. Creemos en Jesús para recibir la remisión de nuestros pecados, para ser justos, convertirnos en hijos de Dios y entrar y vivir en el Reino de Dios. No deben creer en Jesús para recibir solamente las bendiciones de la tierra ni considerar el cristianismo como una de las muchas religiones del mundo. Si esta fuera la razón por la que creen en Jesús, sería mejor que no creyeran y buscaran otra cosa en la que creer. 
La Biblia dice que Dios ha establecido que la humanidad nazca una vez y muera una vez, y que después de esto viene el juicio (Hebreos 9, 27). Mis queridos hermanos, nuestro Señor nos conoce muy bien. En general, los seres humanos vivimos en este mundo unos 80 años y después nos presentamos ante Dios. Pronto, todos ustedes acabarán su viaje en este mundo y volverán a su hogar eterno. Estoy seguro de que quieren encontrar y recibir la comida que nunca perece mientras vivan, y así poder entrar en el Reino de Dios. Para ello, para borrar los pecados de sus corazones, deben buscar la Verdad. Si tienen pecados, para encontrar la respuesta adecuada a esta pregunta: « ¿Cómo puedo borrar mis pecados?» deben venir a Dios con toda sinceridad. En otras palabras, deben venir a Dios para la salvación de sus almas sin añadir nada más a su relación con Dios. Un pecador debe excluir todos sus deseos carnales de fama o dinero y debe pensar en lo que debe hacer para romper la barrera del pecado que se interpone entre esa persona y Dios.
Sólo hay una manera de ser aprobados por Dios como personas perfectas: debemos borrar nuestros pecados para ser justos. ¿Cómo podemos borrar nuestros pecados? ¿Pueden ser perdonados por sus pecados con tan sólo vivir piadosamente e intentar borrar sus pecados por su cuenta? No, es imposible. Entonces, ¿qué debemos hacer? Como el Señor dijo en el pasaje de las Escrituras, la remisión de los pecados es algo que nos da el Señor. Como Jesucristo es el Hijo de Dios que nos da la verdadera remisión de los pecados y la vida eterna y nos bendice para convertirnos en hijos de Dios, debemos creer en Jesús, el verdadero pan que Dios nos ha enviado desde el Cielo.
¿Creen que el pan de vida del Cielo es Jesucristo? ¿Se dan cuenta de lo que Jesucristo hizo por ustedes y por mí cuando vino a la tierra? Jesús fue bautizado en Su cuerpo por Juan el Bautista para convertirse en nuestro verdadero pan. Jesús tomó los pecados en Su bautismo, los llevó consigo cuando fue crucificado y derramó Su sangre hasta morir. Y para darle la vida eterna a la humanidad el Señor se levantó de entre los muertos. Todo esto fue planeado en el Cielo antes de la creación. Debemos tomar parte en la providencia de Dios al creer en Jesucristo. Debemos creer en esta Verdad de salvación sin falta. Los que creen así han recibido la remisión de sus pecados, han conseguido la vida eterna y comen el verdadero pan que vino del Cielo. Este es el milagro que Dios hizo cuando vino al mundo.
La gente le preguntó a Jesús: «Como está escrito Moisés hizo que cayera el maná del Cielo y lo comimos. ¿Qué señal haces Tú para que creamos en Ti?». El mayor milagro del mundo es el poder del Señor que ha borrado nuestros pecados de una vez por todas. El hecho de que el Señor naciera en este mundo encarnado en un hombre, de que fuera bautizado a los 30 años, fuese crucificado, se levantase de entre los muertos y nos salvase es el mayor milagro y la mayor señal de todas.
Si la Verdad de la salvación está tan clara, ¿cómo no creer en ella? ¿Fue crucificado nuestro Señor simplemente cuando vino al mundo? ¿Acaso no tomó nuestros pecados al ser bautizado? De hecho al ser bautizado Jesús nuestros pecados desaparecieron. Aunque Jesús nos ha enseñado este hecho, algunas personas no lo saben y no creen. Aunque sólo crean en la sangre derramada en la Cruz, dicen que creen en Jesús. Intentan borrar sus pecados diarios ofreciendo oraciones de penitencia y esto es lo mismo que pedirle a Jesús que borre sus pecados continuamente aunque Jesús ya haya borrado todos sus pecados.
Ustedes y yo nunca debemos hacer esto, sino que debemos comer el pan que vino del Cielo por fe. Sólo cuando comemos este pan del Cielo por fe ya no somos creyentes insuficientes que siguen pidiendo más y más. Cuando el pan viene del Cielo, debemos comerlo por fe, pero a pesar de esto mucha gente intenta alcanzar su salvación haciendo su propio pan y ofreciéndoselo a Dios. El pan de la tierra se llena de moho en uno o dos días, se pudre y se llena de gusanos que llenan la habitación de olor. Pero el verdadero pan que vino del Cielo es el pan de la vida eterna que nunca se pudre ni se llena de moho.
Jesús, que nos ha dado el pan de la vida eterna, vive para siempre. Ha borrado todos nuestros pecados y nos ha dado la verdadera vida. Debemos comer el pan que cayó del Cielo con nuestros corazones al creer en él. Debemos comer y creer en el pan que el Señor nos ha dado con nuestros corazones; si comemos el pan hecho por nosotros, éste no se convertirá en el pan de vida.
¿Qué necesitan los pecadores? ¿No necesitan que sus corazones estén sin pecado, convertirse en personas sin pecado, en hijos de Dios y prepararse para la próxima vida? Todo el mundo necesita el tipo de fe que le prepara para la próxima vida. No importa cuánta gente vive en este mundo, después de todo esta vida es efímera. Ya vivamos bien o mal, la vida es corta. Todo lo que hay en este mundo es temporal.
La humanidad debe comer el pan que vino del Cielo. Este pan debe comerse con el corazón, no a través de las buenas obras y los actos de sacrificio. Nadie debe intentar comprarlo con dinero. Este pan vino del cielo y nunca perece, borra todos los pecados y hace que vivamos para siempre si lo comemos por fe. Así que, ¿por qué intentaría alguien comprarlo con dinero u obtenerlo mediante sus buenas obras? Los que no conocen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y no aprecian su valor intentan comprarlo.
En el capítulo 13 de Mateo se dice que el Reino de los Cielos es como un mercader que busca perlas preciosas. Dice que cuando un mercader de perlas se encontró una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía para poder comprarla (Mateo 13, 45-46). Mis queridos hermanos, incluso si tienen que dar todo lo que tienen, deben creer en Jesuscristo y seguirle porque Él es el pan que vino del Cielo. ¿No creen que vale la pena creer en esta maravillosa Verdad de salvación que dice que el Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados al venir al mundo, ser bautizado, morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos? ¿No vale la pena aferrarse a esta Verdad, creer en ella, defenderla, predicarla y vivir por ella?
El Evangelio del agua y el Espíritu es el pan que vino del Cielo. Es el pan más valioso, el pan que nunca perece ni desaparece. Así que gracias a este pan podemos reír de gozo, dar gracias a Dios siempre y vivir espiritualmente siempre. Mis queridos hermanos, el que podamos encontrar consuelo incluso en nuestras insuficiencias y encontrar satisfacción incluso en la pobreza se deben a que hemos comido el pan del Cielo y a que hemos alcanzado la vida eterna. El Evangelio del agua y el Espíritu nos da verdadero gozo y satisfacción.
Por eso los que han encontrado la Verdad de la vida eterna compran esta Verdad aunque tengan que vender todo lo que tienen. No hay nadie que haya conocido a Jesús sin haberlo sacrificado todo. Si quieren creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la remisión de sus pecados, deben dejar todo lo que tienen. Deben entender que todo lo que no sea el Evangelio del agua y el Espíritu no es nada, es basura. ¿Pueden comparar la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu con algo que hayan conocido hasta ahora? Las cosas del mundo no son nada más que basura si las comparamos con el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué cosas del mundo se pueden comparar con las cosas del Señor? Todo lo que hay en el mundo se corromperá con el tiempo, perecerá y desaparecerá.
El Señor vino al mundo para darnos el pan de vida que nunca desaparece o se corrompe. Él es el verdadero pan de vida que vino del Cielo. Al convertirse en el verdadero pan de vida el Señor ha borrado todos nuestros pecados. Al ser bautizado, tomó los pecados del mundo y los borró. Como Jesús cargó con los pecados del mundo a través de Su bautismo, todo el que cree en esto ha sido librado de sus pecados. ¿Qué hay de ustedes? ¿Se han borrado los pecados de su corazón? Sé que todos sus pecados se han borrado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, ¿creen que cualquiera puede creer en Jesucristo, el pan de vida? No, sólo podemos creer en el Señor si Él nos encuentra primero. ¿Qué tipo de gente busca el Señor? Aquellos cuyos corazones agradan al Señor. Esta gente que Dios considera apropiada y a la que dice: «Merecéis creer en Mi Hijo. Estáis cualificados para creer en Mi Hijo» es pobre de espíritu, tiene sed y hambre de justicia y llora por sus pecados. Dios juzga al resto: «No estáis cualificados para creer en Mi Hijo».
Para darnos la vida eterna, Jesús nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro Señor dijo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero» (Juan 6, 54). Lo que nos levantará el último día es esta misma fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, creer en el Señor como su Salvador es una maravillosa bendición. Han aceptado el Evangelio del agua y el Espíritu para creer en el Señor como su Salvador. ¿Creen que pueden cambiar esta fe con otra cosa? ¿Creen que hay algo más valioso que esto? El Señor se ha convertido en el pan de vida para nosotros y nos ha dicho que comamos de Él. Dijo: «Si me coméis por fe, recibiréis la remisión de los pecados y la vida eterna. Vuestra vida eterna estará garantizada. Lo he preparado todo para vosotros». Debemos entender que Jesuscristo es el pan de vida. Debemos creer en Él de corazón y comer este pan de vida.
En esta era hay muchos cristianos que dicen creer en Jesús. Pero, ¿cuántos creen de verdad en este verdadero pan de vida? ¿Cuánta gente viene a la iglesia para creer en Jesucristo como su Salvador y su verdadero pan? Muy poco. El problema es que casi todos los cristianos creen en Jesús por su cuenta, sin saber lo que deberían buscar. Lo que es más importante para los cristianos es la remisión de los pecados. La fe empieza por la remisión de los pecados y sólo cuando la fe empieza correctamente, podemos conseguir todas las bendiciones celestiales. ¿Están llenos espiritualmente cuando sólo lamen la superficie de la Palabra y se dejan lo más indispensable?
El primer botón de su vida de fe se abrocha correctamente cuando creen en la Verdad de que el Señor se ha convertido en el verdadero pan de salvación para ustedes y para mí. Para borrar nuestros pecados, el Señor cargó con ellos al ser bautizado, derramar Su sangre en la Cruz y levantarse de entre los muertos. Como el Señor ha completado nuestra salvación, nos ha permitido obtenerla si creemos en Él. Este es el mensaje central que nuestro Señor está enviándonos a través del pasaje de las Escrituras de hoy.
Y el Señor dijo: «Al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6, 37). Todos los que buscan al Señor para obtener la remisión de sus pecados encontrarán el Evangelio del agua y el Espíritu, y al creer en este Evangelio de corazón, serán redimidos de sus pecados. Cuando nos presentamos ante el Señor, debemos hacerlo por motivos espirituales. Debemos venir a Dios por la salvación de nuestras almas y por su bien. Quien venga al Señor por cualquier otro motivo saldrá de la carrera hacia la vida eterna porque no cree en el Evangelio de Verdad de corazón. Aunque parezca lo mismo seguir al Señor por motivos espirituales o carnales, las consecuencias son muy diferentes.
Jesuscristo, el verdadero pan del Cielo nos ha salvado de todos nuestros pecados a través de Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz. Al hacerlo el Señor nos ha dado una nueva vida y nos ha permitido vivir con Él para siempre, para no volver a probar la muerte. Ahora al creer en el hecho de que quien cree en este Evangelio de Verdad ha recibido la remisión de los pecados, y al creer que volveremos a vivir en el último día, debemos cumplir todo lo que el Señor nos ha mandado. En este momento en el que las grandes tribulaciones están cerca, debemos tener esperanza y debemos creer en este Evangelio con nuestros corazones. 
Vivamos todas nuestras vidas por fe y vayamos a conocer a nuestro Señor cara a cara.