The New Life Mission

Sermones

Tema 8: El Espíritu Santo

[8-12] < Tito 3:1-8 > Para vivir la vida llena del Espíritu Santo

( Tito 3:1-8 )
“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.
Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.”
 
 
¿Cómo podemos vivir una vida llena del Espíritu Santo?
Debemos entender la voluntad de Dios y predicar el evangelio de acuerdo a ella.
 
Aquellos que creen en Jesús y tienen la vida en el Espíritu Santo deben vivir una vida llena del Espíritu Santo. Para los cristianos, una vida llena del Espíritu Santo es lo que Dios requiere. Nosotros debemos seguir sus órdenes. Entonces ¿Cómo podemos vivir una vida llena del Espíritu Santo? Debemos prestar atención a lo que el apóstol que Pablo dijo sobre esto. 
 

¿Qué se necesita para vivir una vida llena Del Espíritu Santo?
 
En Tito 3:1 Pablo dijo, “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra” En primer lugar, él nos dijo que estemos sujetos a los gobernantes y autoridades, obedecer y estar listo para hacer buenas obras. Lo que él quiso decir fue que nosotros no podemos vivir una vida llena del Espíritu Santo si desobedecemos las leyes del mundo. Claro, si las leyes y los gobernantes del mundo se oponen a la verdad, entonces no hemos de obedecerlos. Pero si las leyes no violan nuestra fe, nosotros debemos obedecerlos y servir al evangelio en paz. 
Somos los que recibieron la vida en el Espíritu Santo. ¿Cómo podíamos nosotros vivir una vida llena del Espíritu Santo si rompimos las leyes seculares? Por lo tanto para vivir una vida llena del Espíritu Santo, debemos seguir las leyes del mundo. Aquellos que reciben la vida en el Espíritu Santo deben obedecer las normas sociales. Nosotros sólo podemos andar con Dios cuando guardamos las leyes del mundo. 
Suponga que uno de nosotros ha cometido un crimen en camino a la iglesia. ¿Podría tal persona servir a Dios en paz? ¿Cómo podría vivir él en la tierra según las enseñanzas del Señor si él viviera fuera de la ley? Nosotros no debemos violar las normas sociales mientras caminamos en el Espíritu. Nada bueno viene de violar la ley. Nosotros debemos guardar la paz obedeciendo la ley. Debemos esforzarnos por vivir la vida justamente predicando el evangelio. Para vivir con la llenura del Espíritu Santo, es sabio que los santos cumplan con las leyes de la sociedad. 
 

Debemos conservarnos humildes dentro De nuestros corazones.
 
Pablo dijo, “Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.” Para vivir una vida llena del Espíritu Santo, no debemos hablar mal de nadie, y debemos ser pacíficos, mansos y mostrar la humildad a todos los hombres.
En los corazones de aquellos que nacen de nuevo, hay humildad, autodominio y apacibilidad. Esto es posible debido al Espíritu Santo que mora en nosotros. Pablo nos dijo que nosotros no debemos socavar el evangelio luchando entre nosotros mismos. Claro que debemos luchar cuando la ley social va contra el evangelio. Pero cuando no es así, debemos vivir apaciblemente. Nosotros debemos guiar a otros para que piense de nosotros: “Aunque él a veces parece salvaje como un león, él es muy pacífico como una paloma. Quizá su fe en el cristianismo lo hace cortés y un hombre de sentido común.”
No hay ninguna apacibilidad o humildad en la lujuria de la carne. Pero a través de la vida en el Espíritu Santo y a través del Señor que nos salvó de nuestros pecados, podemos parecer mansos a los demás. Perdonar a quien me ha hecho terrible mal es verdadero perdón y tratándolo con humildad de lo más profundo de mí es genuina “humildad.” No es humildad el pretender ser amable con alguien cuando realmente siento odio por él. Tener un corazón lleno de humildad y de perdón es la moralidad interior del cristiano nacido de nuevo.
Nosotros también debemos ser apacibles cuando las personas nos hacen mal. Con tal de que ellos no intenten impedir el evangelio, nosotros debemos ser mansos ante todos. Pero si ellos no lo son, entonces debemos reemplazar la luz de la apacibilidad por la luz de la verdad. La apacibilidad sólo se encuentra en la verdad de Dios, así aquellos que se oponen, interfieren o calumnian la Palabra de Dios no merecen ser tratados con apacibilidad. 
Dios no perdona a aquellos que se oponen sino que los hace pagar el precio. Dios le dijo a Abraham, “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3). Las personas que se oponen al evangelio de la verdad no tienen ninguna forma a ser salvadas. Ellas no podrán evitar el desastre que no sólo estropeará sus vidas sino también a terceras generaciones de sus descendientes. 
¿Por qué tenemos que ser tolerantes y humildes? Como está escrito en Tito 3:3, “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros” Nosotros simplemente éramos como esas personas antes de que naciéramos de nuevo. Así que debemos tolerar y perdonar debido que una vez fuimos como ellos.
En Tito 3:4-8, dice, “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.”
Según la Biblia, Dios nos salvó de nuestros pecados no porque hayamos hecho buenas obras. Él nos dio la bendición de nacer de nuevo debido a que él nos amó y nos tuvo misericordia. En otras palabras, Jesucristo vino a este mundo, fue bautizado, murió en la cruz, resucitó, y así lavó todos nuestros pecados. Jesús resucitó y ahora se sienta a la derecha de Dios. Resucitando de entre los muertos, todas las cosas incompletas del mundo fueron perfeccionadas. 
Dios nos bendijo con el Espíritu Santo a través de Jesucristo nuestro Salvador. Jesucristo fue bautizado por Juan para llevarse todos los pecados del mundo y murió en la cruz así todos nuestros pecados pudieran ser perdonados. Nosotros fuimos salvados y nos hemos hecho justos. 
La Biblia también dice, “para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” Esto significa que nosotros, como los herederos de Dios, somos los que heredaron toda su riqueza y gloria. Para llevar este tipo de vida bendita, debemos vivir la vida en la llenura del Espíritu Santo. Usted debe creer en el evangelio del agua y el Espíritu, ser perdonado de todos sus pecados y predicar el evangelio a otros. 
Por lo tanto, habiendo sido perdonados de nuestros pecados, debemos trabajar para el beneficio de otros, debemos guardar las leyes del mundo y debemos predicar el evangelio a aquellos que están buscando a Dios. Y debemos perdonar a las personas que nos hacen mal y tratarlos con bondad y humildad así ellos no pueden interferir con la predicación del bello evangelio. “Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.” Si usted anhela la llenura del Espíritu Santo, debe recordar lo que Pablo nos dijo. Esto podría no parecer nada especial, pero son palabras muy importantes. 
Desde que nosotros estamos viviendo en este mundo, no podemos llenarnos del Espíritu Santo si estamos en conflicto con otros desobedeciendo las reglas de este mundo. Por consiguiente debemos obedecer la ley a menos que choque con la Palabra de Dios. Debemos obedecer las leyes de este mundo. Aun cuando tenemos la fe, obedecer la ley es una buena elección si deseamos vivir vidas que estén llenas del Espíritu Santo. Para hacer buenas obras, debemos obedecer las leyes del mundo y debemos llevarnos bien con nuestros vecinos. 
 

¿Quiere vivir una vida llena del Espíritu Santo?
 
Efesios 5:8-11 dice, “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas.” Este pasaje nos dice que debemos andar como los hijos de luz y llevar el fruto del Espíritu. 
Entonces Efesios 5:12-13 dice, “Porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.” Pablo dice aquí que todas las cosas que son expuestas son hechas manifiestas por la luz. Si una persona justa no puede vivir honradamente, será expuesta ante Dios o ante ella misma. ¿Qué pasa cuándo una persona está haciendo la obra de la oscuridad, y entonces es sorprendida por la luz? Después de admitir sus errores, su corazón se alumbra cuando enfrenta a Dios de nuevo. “Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.” Es bueno ser expuesto a la luz. Entonces nosotros podemos admitir nuestras transgresiones y podemos volver a Dios.
Si realmente queremos vivir una vida llena del Espíritu Santo, debemos tener la bondad en nuestros corazones. Aun cuando alguien no tenga ningún pecado en su corazón, no significa que él no tenga que ser amable. Nosotros debemos vivir con la bondad y la amabilidad en nuestros corazones. Nosotros debemos predicar con sabiduría y orar por las personas que no conocen el evangelio del agua y el Espíritu y así ellas puedan entenderlo y puedan ser perdonadas por sus pecados. Y no debemos dañar a otros. Nosotros debemos comer, debemos dormir y debemos vivir el evangelio y servir también a otros. 
Para vivir una vida llena del Espíritu Santo debemos pensar en la importancia del tiempo y servir al bello evangelio como hombres sabios. Cuando amamos al mundo, estamos sujetos al engaño de la oscuridad y podemos ser negligentes haciendo la obra de Dios. Por consiguiente, debemos fijar nuestros ojos en el Señor y debemos hacer lo que él quiere. Creyendo en la salvación que Dios nos dio, también debemos estar en vela en todo momento. Un hombre sabio del Espíritu debe consagrarse para predicar el bello evangelio al mundo antes de que el mundo se llene de oscuridad. 
 

Entienda la voluntad del Señor
 
Nosotros debemos intentar averiguar lo que le agrada a Dios. Debemos aprender lo que él quiere que hagamos a través de su iglesia y por la Palabra. Nosotros debemos saber lo que podemos hacer a favor de Dios y deducir su voluntad. 
Las personas que son perdonadas de sus pecados son las que nacen de nuevo y ésas que nacen de nuevo son las que tienen la vida en el Espíritu Santo pues el Espíritu de Dios mora en ellas. Dentro de los que tienen el Espíritu Santo están las personas verdaderamente santas e hijos de Dios. Ellos deben vivir una vida llena del Espíritu Santo. Éste es el deber de todos los santos. Nosotros no debemos gastar nuestras habilidades y energías, siendo indiferentes a las necesidades de otros. No debemos impedir la obra de Dios siguiendo la corriente de estos tiempos.
Si nos hemos santificado y hemos recibido la regeneración a través del amor de Dios, debemos volvernos personas buenas para continuar y llevar a cabo su obra. Si nos hemos vuelto hijos de Dios creyendo en él, hay razón para ser personas bondadosas. 
La carne de los hijos de Dios está lejos de ser perfecta pero agrada a Dios; con tal de que nos preocupemos por la voluntad de Dios y hagamos cosas buenas. Pero aun los que nacen de nuevo son aptos para hacer el mal a otros si ellos sólo viven para ellos mismos. “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18) significa que no debemos beber la lujuria de la carne sino que debemos hacer los obras de bondad.
Pablo dijo en Efesios 5:19-21, “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Someteos unos a otros en el temor de Dios.” Si queremos vivir una vida llena del Espíritu Santo, debemos creer y debemos predicar el evangelio de la salvación y revelar lo que Dios ha hecho. 
Dios nos bendice siempre que oramos y él ha grabado todas estas bendiciones en los salmos e himnos y cantos espirituales para alabarlo a una voz. Nosotros nos debemos encomendar a él, debemos agradecerle y debemos alabarlo. Podemos vivir las vidas benditas llenas del Espíritu Santo cuando oramos por aquellos que todavía no son salvos. Debemos dar gracias a Dios desde lo más profundo de nuestros corazones y respetar a Jesucristo que nos salvó. Con estos pensamientos en nuestros corazones, podemos admitir nuestros males, debemos expresar nuestro aprecio por la limpieza de nuestros pecados y debemos obedecerlo. Esto es lo que significa vivir una vida llena del Espíritu Santo.
 
 
Debemos servir al bello evangelio por el Resto de nuestras vidas.
 
Nosotros debemos planear las buenas obras y debemos seguirlas para la mayor gloria del bello evangelio. Uniéndose a la iglesia de Dios, debemos orar juntos y llevar hacia Dios a las almas de todos para salvarlas. Hay todavía muchas personas que no han nacido de nuevo debido a que no conocen el bello evangelio pese a que han buscado a Dios. Nosotros debemos orar por estas personas, diciendo “Dios, por favor sálvalos también.” Y no debemos proseguir con egoísmo sino que debemos ofrecer nuestras propiedades sirviendo al evangelio para salvar al perdido. Viviendo para las almas de otros y para la expansión del Reino de Dios se está haciendo la buena obra.
Haciendo este tipo de obra significa que se vive una vida llena del Espíritu Santo. Vivir con la llenura del Espíritu Santo no significa tener la habilidad para hablar en lenguas y realizar milagros, más bien aprender a agradar Dios. Esto significa creer en la salvación que Dios nos dio, alabando y glorificando a Dios con poemas y salmos. Agradeciendo, alabando y glorificando a Dios con todo nuestro corazón, y servirlo con nuestros cuerpos como instrumentos de justicia, es la voluntad de Dios. Seguir sus órdenes significa vivir una vida llena del Espíritu Santo. 
Para vivir una vida llena del Espíritu, debemos obedecernos unos a otros. Si alguien nos da un consejo, debemos escuchar a lo que él dice. De la misma manera, si yo doy consejo, él debe escucharlo aun cuando él no esté de acuerdo conmigo. Igualmente, debemos vivir una vida llena del Espíritu obedeciéndonos y haciendo la obra de Dios. 
 
 
Vivir una vida llena del Espíritu significa Vivir glorificando a Jesucristo 
 
Vivir una vida llena del Espíritu significa guardar los mandatos de Jesucristo. Averigüemos lo que esto significa leyendo Efesios 6:10-13. “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. Vestios de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo, porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes.”
¿Qué significa vivir una vida llena del Espíritu? Significa ser fuerte en el Señor y tener fe en su poder. Significa estar viviendo por el poder del Espíritu Santo que mora dentro de uno y no por nuestra propia voluntad exclusivamente. Es más, significa vivir una vida de oración. Orando, podemos vivir una vida vigorosa que recibe varias habilidades y bendiciones que da Dios. Viviendo este tipo de vida significa que uno se viste con la armadura de Dios. Nosotros somos tan débiles que aun cuando intentamos andar con él, servir y obedecer a Dios, no podemos vivir una vida llena del Espíritu a menos que nos aferremos a sus palabras. 
La creencia en la Palabra de Dios es esencial para empujar nuestro poder espiritual. Aun cuando tenemos la fe, nos debemos poner armadura de Dios en general diciendo, “estoy seguro tal como está escrito en la Palabra de Dios.” Ésta es la fe que nos permite que vivamos una vida llena del Espíritu Santo. 
¿Alguno de ustedes está teniendo problemas por vivir este tipo de vida? Entonces recuerde las palabras de las Escrituras y póngase toda la armadura de Dios. Dios nos dijo que nos pusiéramos su armadura completa. Tomando estas palabras de lo más profundo su corazón, usted aprenderá lo que significa ponerse la armadura de Dios completa. Sin tener en cuenta nuestro ambiente y lo que otras personas digan, debemos aferrarnos a la Palabra de Dios. De esta manera, viviremos una vida llena del Espíritu Santo. 
¿Dónde podemos conseguir esta fe? Apocalipsis 3:22 dice, “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” Nosotros debemos escuchar a lo que el Espíritu dice a la iglesia. En otras palabras, nosotros no podíamos oír la Palabra de Dios ni podíamos vivir una vida llena del Espíritu Santo pues estaba reservada para los siervos de Dios. ¿A través de quien habla el Espíritu Santo? Dios habla a los santos y a todas las personas del mundo a través de sus siervos en su iglesia. 
Es decir, usted debe creer que las enseñanzas de la iglesia de Dios son ciertamente basadas en la Palabra de Dios. Usted necesita aceptar las enseñanzas de la iglesia con esta fe en su mente. Si el Espíritu Santo no morara en un predicador, sería posible que él enseñara sus propios pensamientos. El predicador en quien mora el Espíritu Santo predica la Palabra de Dios bajo el mando del Espíritu Santo. Si él no lo hace así sino que predica palabras infundadas bíblicamente, el Espíritu Santo lo detiene debido a que él mora en su corazón. 
El Espíritu Santo es Dios. La autoridad del siervo de Dios es sumamente grande debido a que Dios mora en él. En el Nuevo Testamento, Jesucristo dijo a Pedro “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos” (Mateo 16:19). Las llaves del cielo son el evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, este evangelio es la llave para entrar en el cielo. Dios le dio autoridad no sólo para predicar la Palabra de Dios a Pedro sino también a cada siervo de Dios y a todos los santos, con tal de que ellos nazcan de nuevo y tengan la vida en el Espíritu Santo. 
Para vivir una vida llena del Espíritu Santo, debemos ponernos la armadura de Dios completa. Si no tenemos fe, debemos tener presente las enseñanzas de la iglesia todos los días creyendo en la autoridad de la iglesia y de los siervos de Dios. Aun cuando el sermón que usted oye hoy lo siente inútil y no relacionado directamente a su vida, usted debe escucharlo y debe tomarlo en su corazón. Busque en la Biblia las palabras que necesita en su vida cotidiana. Aférrese a ellas. De esta manera, usted será una persona de fe. Entonces usted podrá vivir una vida llena del Espíritu Santo, andará con Dios y ganará la batalla contra los principados y gobernantes de las tinieblas en el mundo.
Usted pudo haber estado desconcertado debido a que le dijeron que usted debe obedecer a los gobernantes de este mundo pero ahora yo le digo que usted debe luchar contra los gobernantes de las tinieblas en este mundo. En el tiempo de los romanos, el emperador se llamaba a sí mimo Dios y la ley exigía que todas las personas lo trataran como a un Dios. Pero esto era algo que los cristianos no podían hacer debido a que esto estaba contra la Palabra de Dios. Así que los cristianos durante ese tiempo no tenían ninguna otra opción más que luchar contra el emperador romano que hizo que las personas lo reverenciaran como si él fuera un Dios. 
Para ganar la lucha contra el diablo, debemos creer y aferrarnos a la Palabra de Dios. Si vivimos según la Palabra de Dios, obtendremos su bendición y podremos ganarle al diablo. Aun cuando seamos salvos, perderemos la guerra contra satanás si es que no nos aferramos a la palabra de Dios. Dios nos alerta, “Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” (1 Pedro 5:8). Una persona que no cree en la Palabra de Dios puede ser fácilmente atacada por el diablo. 
Ni siquiera Jesús luchaba contra satanás si no era mediante la Palabra de Dios. “El respondio y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Él ahuyentó al diablo a través de la fe en lo que está escrito. ¿Y qué hay de nosotros? Nosotros tenemos falta de sabiduría y no nos podemos comparar con Jesús. Por consiguiente, debemos creer y debemos aferrarnos más aun fuertemente a la palabra de Dios. 
Nosotros no debemos decir simplemente, “yo creo que la palabra es correcta pero no puedo creer completamente en ella.” Nosotros debemos aferrarnos a las palabras. “Yo creo todo resultará verdad como está escrito.” Ésta es la fe apropiada que nos permite vestir la armadura de Dios completa. Las personas que dicen, “Todo será exactamente como nuestro Señor dijo” se bendecirán. Si uno se aferra a la Palabra de Dios y confía en ella, las cosas resultarán bien según su fe. Aun cuando el diablo intente tentarnos, él se marchará ciertamente si decimos, “yo creo en la Palabra de Dios. Yo creo que su palabra es la respuesta correcta.” Ésta es la manera de ganar la guerra contra el diablo.
 

Debemos aferrarnos a la Palabra de Dios
 
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes.Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad ,y vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo  de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Efesios 6:13-17). 
En el pasaje, “Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad” la Palabra de Dios compara a un cinturón que ciñe nuestra cintura. Esto significa que debemos ceñir nuestras mentes con la Palabra de Dios. Él está diciéndonos que sigamos la palabra de verdad y así podamos ser uno con la mente de Dios. Pero así como este cinturón ajusta herméticamente alrededor del cuerpo, también debemos atarnos herméticamente a la palabra de Dios. Cuando somos uno con la mente de Dios, somos capaces naturalmente de creer y decir, “yo creo que todo resultará bien. Estoy seguro que todo será así tal como Dios lo dijo.”
Luego, tenemos que ponernos la coraza de justicia. Nosotros debemos vestirnos con la coraza del evangelio del agua y el Espíritu que nos dice que Dios nos ha salvado. Debemos ceñir nuestra cintura con la verdad, después de habernos puesto la coraza de justicia. Nosotros debemos ponernos la coraza de joyas preciosas. Debemos ponérnoslas en la creencia que Dios ha perdonado todos nuestros pecados. Debemos creer la Palabra de Dios con todo nuestro corazón. También debemos predicar el evangelio de salvación que da la paz.
Después de aferrarnos a estas palabras, debemos calzar nuestros pies con el evangelio de la paz, y predicar el evangelio de salvación que da la paz de Dios a todas las personas. Si hemos sido salvados de nuestros pecados, venimos a confesar nuestra fe por medio de nuestra boca. Y cada vez que nuestro pecado y la maldad se revelan, debemos limpiarlos reconociendo la verdad que Dios ya ha perdonado todos nuestros pecados. Él lo hizo así a través del bautismo de Jesús y su sangre en la cruz. Nosotros debemos vivir una vida de gloria agradeciendo a Dios. Debemos predicar el evangelio del agua y el Espíritu que da la paz a todos que no han sido liberados de sus pecados. 
Sobre todo, debemos luchar contra el mal. Con el escudo de la fe. Cuando satanás ataque, debemos ahuyentarlo con el escudo de la fe en una mano y la palabra de verdad en la otra.
Entonces debemos ponernos el casco de la salvación. Nosotros tenemos que aceptar la palabra de salvación, diciendo, “yo me salvé de todos mis pecados a través del evangelio del agua y el Espíritu. Dios perdonó mis pecados de esta manera.” Nosotros debemos reconocer la verdad en nuestra cabeza. Debemos hacer de la palabra de Dios, el casco de salvación y la espada del Espíritu nuestras armas contra el diablo. 
Si satanás nos ataca, debemos sacar la espada y derrotarlo. “¡Dios dijo esto! ¡Y yo creo que es así!” Nosotros ahuyentamos a satanás a través de la fe en la palabra de Dios. ¡Si creemos en la palabra de Dios y usamos su espada espiritual, satanás huirá gritando “Ay! Cómo hiere.” Nosotros podemos repeler cualquier tipo de ataque de satanás si tan sólo creemos en la palabra de Dios.
Usted debe vivir una vida religiosa confesando, “Aunque mi carne está lejos de ser perfecta yo soy una persona que ha recibido de Dios la redención. Yo vivo por fe, aferrándome a las palabras que Dios me ha dicho.” Si tenemos este tipo de fe, podemos ahuyentar a satanás con la espada de la verdad cada vez que él venga atormentar e interrumpir nuestras vidas fieles. Satanás ni siquiera pestañea si no más lo contraatacamos con las palabras terrenales. Así debemos luchar diciendo, “Esto es lo que Dios dijo.” Entonces satanás se rendirá ante la autoridad de la Palabra de Dios. 
Si queremos vivir una vida llena del Espíritu Santo, debemos orar a Dios para que en la iglesia, todos los santos y los siervos de Dios se consagraren a predicar el evangelio. Diciendo una oración como, “Permítame revelar audazmente los secretos del evangelio,” Nosotros viviremos una vida destinada a servir al evangelio. Ésta es una vida llena del Espíritu Santo. Vivir una vida llena del Espíritu Santo es esencial para todos los santos. Si somos verdaderos santos, debemos vivir una vida llena del Espíritu Santo. Vivir tal vida es esencial para todos los santos, así como el recibir la remisión de pecados es esencial a cada alma. Éste es el orden de Dios. 
Aquellos que han sido salvados de sus pecados pero que no saben llevar una vida fiel deben saber que tienen que vivir una vida llena del Espíritu Santo. Esto es lo que Dios quiere. Los santos deben vivir una vida llena del Espíritu Santo que es la voluntad de Dios. Una vida llena del Espíritu Santo promueve que los santos prediquen el evangelio haciendo buenas obras. Ellos aman predicar el evangelio, creer y orar a Dios, y aferrarse a la Palabra de Dios. Nosotros debemos usar el casco de la salvación y la coraza de justicia y vencer a satanás diciendo, “yo soy justo todo el tiempo.”
Desde que los santos tienen la vida en el Espíritu Santo, ellos andan en el Espíritu y pueden recibir el poder del Espíritu Santo. Ellos están haciendo su obra con las bendiciones de Dios ganadas por la oración de fe. Y ellos deben andar en el Espíritu hasta que ellos derroten a satanás y están de pie ante Dios. Las personas que se pueden poner la armadura de Dios completa son los cristianos nacidos de nuevo quienes también pueden vivir una vida llena del Espíritu Santo. 
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). La batalla de aquellos que nacen de nuevo no es la batalla contra carne y sangre. Sin embargo, la batalla de aquellos que tienen la vida en el Espíritu Santo es contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo y contra aquellos que irrumpen nuestras vidas fieles para que no sirvamos al evangelio y nos perturbemos. 
Cuando salimos para luchar la guerra espiritual por el evangelio del Señor, debemos ponernos el casco y la armadura del Espíritu. Si sólo vestimos la ropa ordinaria en esta guerra, nos heriremos. Así, debemos ponernos la armadura. Nosotros necesitamos espadas, escudos y cascos. Para ganar la guerra, debemos pertrecharnos perfectamente antes de la batalla. Nosotros debemos ponernos la coraza, ceñir nuestra cintura y calzar ambos pies. Así, con la espada y el escudo debemos derrotar a nuestros enemigos. Ésta es una vida llena del Espíritu Santo. 
 

Debemos guardar el bello evangelio
 
Pablo nos dijo, “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros” (2 Timoteo 1:14). ¿Cuál es el buen depósito? Es el evangelio del agua y el Espíritu que nos salvaron de nuestros pecados. En Tito 3:5 que dice, “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.” Nuestro Señor lavó todos los pecados que habíamos cometido en este mundo, murió en la cruz y resucitó. Nosotros debemos guardar este bello evangelio. Debemos ponernos el casco de la salvación y la coraza de justicia y debemos ceñir nuestra cintura con la verdad. Nosotros debemos creer en el evangelio del agua y el Espíritu. 
Después de armarse de esta manera, debemos ganar la batalla contra satanás. Sólo entonces podemos lograr la victoria y compartirlo con otros. Nosotros tendremos que luchar muchas batallas espirituales contra satanás y quitarle muchas victorias hasta el día en que entraremos en el Reino del Señor que es nuestra herencia. Entre más batallas ganemos contra nuestro antagonista, más fácil será la próxima lucha. Nosotros todos debemos orar para que su reino prospere y florezca. Entonces habremos ganado una vida llena del Espíritu Santo. 
Nosotros no debemos estar satisfechos con el hecho de ser perdonados de nuestros pecados sino que además debemos vivir una vida llena del Espíritu Santo. Para el evangelio y nuestras obras buenas, debemos creer en la palabra de Dios. Nosotros debemos ser guiados por el Espíritu Santo y debemos vivir guardando la palabra de Dios y creyendo en ella, para no perder la lucha contra satanás y ser arruinados. 
¿Usted me entiende? Sólo entonces tendremos vidas llenas del Espíritu Santo. Yo espero que usted también sirva al evangelio del agua y el Espíritu y dependa de él y siga la palabra de Dios. Haciendo todos la obra de salvar las almas de satanás. Nosotros podemos llevar las vidas llenas del Espíritu Santo hasta que el Señor venga de nuevo. Recibir la llenura del Espíritu Santo es el segundo mandamiento que nos dio Dios. Agradézcale. Nosotros podemos tener la vida en el Espíritu Santo debido a la remisión de pecados en nuestros corazones. Y si no tuviera la vida en el Espíritu Santo, yo no podría empezar una vida llena del Espíritu Santo. Yo doy gracias a Dios por permitirnos llevar la vida llena del Espíritu Santo. 
¿Usted cree que puede tener la vida en el Espíritu Santo? Aquellos que hemos sido perdonados de nuestros pecados, tenemos la vida en el Espíritu Santo. Pero aquellos que no han borrado sus pecados todavía no tienen la vida en el Espíritu Santo. Aquellos que no conocen o no creen en el evangelio del agua y el Espíritu no tienen la vida en el Espíritu Santo. Todas las personas en el mundo serán lanzadas al Infierno si ellos no tienen la vida en el Espíritu Santo. 
Desde que no tenemos ningún pecado en nuestros corazones, tenemos la vida en el Espíritu Santo. Y debido a que el Espíritu Santo mora en nuestros corazones, podemos vivir una vida llena del Espíritu Santo. Nosotros, quienes tenemos la vida en el Espíritu Santo, debemos obedecer el deseo del Espíritu para ser llenos del Espíritu Santo. Entre más obedecemos el deseo del Espíritu, más fuerte es nuestra fe y nos volvemos guerreros con la armadura completa. Pero si no obedecemos al Espíritu, es él mismo quien nos quitará nuestra armadura. 
Crezca a través de las palabras del Espíritu Santo y vuélvase una persona de fe. Cuando oímos las palabras del Espíritu Santo, nuestra fe se desarrolla debido a que Dios dice “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Por consiguiente aun cuando satanás nos ataca, somos protegidos por nuestra fe en estas palabras. Satanás no puede atacar a aquellos que han estado armados con el escudo de la fe creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Las personas fieles tienen el poder para defenderse de los ataques de satanás con su fe. 
Llevemos vidas llenas del Espíritu Santo con fe. Una vida llena del Espíritu Santo es una vida que implica predicar el evangelio del agua y el Espíritu fielmente por el mundo. Así es una vida llena del Espíritu Santo.