The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 6-7] < Juan 6, 26-40 > Vivir según el Espíritu

( Juan 6, 26-40 )
«Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Más os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero».


La Verdad que debemos saber

Antes de empezar pasemos a otros pasajes en la Biblia. Romanos 8, 5 dice: «Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu». Más adelante, Romanos 8, 12-14 dice: «Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios».
Nuestro Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados. Nuestro Dios vino al mundo como nuestro Salvador y nos ha salvado de nuestros pecados. El Señor sabía muy bien que somos muy débiles y por eso vino al mundo y tomó los pecados de todos los seres humanos al ser bautizado cuando tenía 30 años. Y cargó con estos pecados hasta la Cruz, fue crucificado y derramó Su sangre y así fue condenado por nuestros pecados. Así Jesús nos ha salvado de nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, se ha convertido en nuestro verdadero Salvador. Al vivir en este mundo tenemos muchas insuficiencias y debilidades, pero aún así nuestro Señor vino al mundo para convertirse en nuestro Salvador, fue bautizado, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así nos ha salvado a todos.
Los seres humanos deben vivir con confianza en Dios. Al vivir en este mundo no podemos evitar caernos constantemente y abandonarlo todo por desesperación porque somos demasiado débiles. Por eso debemos vivir por fe en Dios. El que podamos vivir en este mundo es posible gracias a nuestra fe en Dios. Si no confiamos en Él no podemos sobrevivir. Al poner nuestra fe en Dios podemos tener éxito en nuestros negocios y vivir nuestras vidas diarias de manera adecuada hasta el día en que el Señor nos lleve a casa. Y gracias a nuestra fe en Dios hemos sido librados de nuestros pecados, salvados, bendecidos y protegidos por Dios en nuestras vidas.
Está escrito: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan» (Hebreos 11, 6). Como Dios dijo, quien no tiene fe no puede complacer a Dios, pero quien sabe que es débil e insuficiente, y quien se aferra al Evangelio del agua y la sangre, da gracias por él y cree en él, puede conseguir la paz. Aún es más, Dios concede Su gracia a los justos que conocen los límites de sus fuerzas, admiten su falta de poder, confían en Dios para pedirle ayuda y le siguen. Este tipo de personas vive una vida que está llena de la gracia de Dios.
Los seres humanos deben vivir creyendo en Dios. Dicho de otra manera, los seres humanos no pueden sobrevivir si no creen en Dios. Por eso Dios vino al mundo para convertirse en nuestro Salvador. El Señor vino al mundo y ha salvado las almas perdidas para convertirse en nuestro Pastor. Cuando vagábamos por el desierto Dios vino a nosotros y nos llevó a pastos verdes, al lado de las aguas quietas. Por eso debemos creer en Dios. Y al poner nuestra fe en Él podemos vivir nuestras vidas en este mundo desolado.
Algunos cristianos piensan que creer en Jesús es una cosa, pero vivir en sociedad es otra. Creen que su vida social se lleva mejor por su propia cuenta. Sin embargo estos pensamientos no son nada más que un producto de su ignorancia. Sólo por fe podemos recibir la remisión de nuestros pecados y convertirnos en hijos de Dios. Del mismo modo en que hemos sido salvados por fe, debemos vivir en sociedad por fe.


Mis queridos hermanos, echen un vistazo a este Salmo

Como está escrito en Salmos, después de que David se convirtiera en rey, luchó en muchas guerras. David creía en Dios. Como está escrito: «Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros» (2 Samuel 22, 30), gracias a su fe en Dios David asaltó muros y luchó en guerras. Por esta fe en Dios oró y le pidió ayuda, y recibió respuestas a sus oraciones y las siguió. Cuando los profetas de Dios le decían qué hacer, David seguía sus palabras como la Palabra de Dios, y así luchó muchas batallas, conquistó a todas las naciones alrededor de Israel y les cobró tributos. En este Salmo de la Biblia podemos ver que David vivió por fe. 
Del mismo modo, el que podamos vivir en el Espíritu mientras vivimos en este mundo es posible si acudimos a Dios. Todos nosotros debemos vivir creyendo en Dios sin perder nuestra fe en Él. Les pido que vivan por fe sin falta. Espero de todo corazón que tengan fe en Dios como el rey David.
Debemos vivir con fe aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza. Aunque no tengan esta fe, les pido que confíen en Dios, se aferren a Su Palabra por fe y acepten el consejo de los siervos de Dios, Su Iglesia y sus predecesores en la fe. Deben aferrarse a la Palabra de Dios de corazón y estar dispuestos a decir: «Aunque no tengo fe, si la Palabra de Dios lo dice es verdad». Esto hará que su fe crezca y se convierta en una semilla de mostaza, que hagan obras de vida y que el poder de la Palabra de Dios esté con ustedes. Así es cómo crece la fe.
Mis queridos hermanos, vivamos por fe en Dios. Nuestro Señor dijo en Romanos 8, 5: «Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu». El señor nos está enseñando que los que viven por la carne buscan las cosas que complacen a la carne. Y también nos está enseñando que los que viven según el Espíritu ponen sus mentes en la salvación de las almas.
Todos nosotros le debemos a Dios por Su amor. Por eso tenemos que pagar esa deuda por el amor de Dios. Estamos en deuda con el amor de Dios y Su gracia de salvación. Si Dios no nos hubiera salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, no podríamos evitar ir al infierno. Al venir al mundo, ser bautizado y derramar Su sangre en la Cruz, nuestro Señor nos ha salvado de todos los pecados. Jesús tomó los pecados del mundo en Su bautismo para que fuésemos redimidos de nuestros pecados. Murió en la Cruz para librarnos de la condena y al hacerlo nos libró de los pecados.
Estamos en deuda con el amor de Dios y Su salvación. Por supuesto no podemos pagar todas nuestras deudas a Dios por Su amor, pero al menos debemos vivir cómo Él quiere que vivamos. Aunque hemos nacido de nuevo, como todavía estamos en la carne, cometemos actos carnales a menudo. Sin embargo seguimos siendo hijos de Dios nacidos de nuevo. Si creen que Jesús vino al mundo y borró los pecados que cometen hasta el día en que mueran, deben darse cuenta de que son el pueblo de Dios nacido de nuevo y guiado por el Espíritu.
En romanos 7, 5-6 está escrito: «Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra». Antes de nacer de nuevo las pasiones pecaminosas obraban en nuestros cuerpos. Y éstas nos hicieron dar el fruto de la muerte, tal y como Dios nos está enseñando aquí. Sin embargo, el Apóstol Pablo dice que hemos llegado a hacer la obra de salvar a las almas a través del Espíritu Santo, porque morimos ante la Ley y la carne y nos dice que nos demos cuenta de ello.
Los que siguen a Dios deben saber que tanto su carne como la Ley han muerto con Jesús. Deben entenderlo, creerlo y seguirlo. Entonces, ¿qué significa que nuestra carne haya muerto? Significa lo siguiente: Todos pecamos hasta el día en que morimos, pero como nuestro Señor fue bautizado, tomó los pecados del mundo que cometemos con nuestra carne, y los llevó a la Cruz donde murió en nuestro lugar, nuestra carne también murió. La muerte de Jesús es su muerte y la mía. Cuando Jesús fue crucificado y Su carne murió, nuestra carne también murió.
Por tanto todos los cristianos deben creer en el bautismo de Jesús, Su muerte en la Cruz y Su resurrección. Deben creer que cuando Jesús fue bautizado, todos sus pecados fueron pasados a Jesús. Él cargó con todos los pecados del mundo, incluso los que cometeremos en el futuro hasta el día en que muramos, y fue crucificado y murió en la Cruz por nosotros. Esto es lo que deben creer. Debemos vencer a la carne por fe y no morir por ella, sino ser salvados.
Además hemos muerto ante la Ley de Dios. Estamos muertos para esta Ley en Su Verdad. Pero, ¿qué pide la Ley? Como está escrito: «la paga del pecado es la muerte», el precio que la Ley nos pide es la muerte. A través de Su bautismo el Señor tomó todos los pecados del mundo que cometemos al traspasar la Ley. Por eso Jesús tuvo que ser crucificado hasta morir. Ahora, del mismo modo en que estamos muertos ante la Ley, también estamos muertos en la carne, pero estamos vivos ante Dios. Esto es lo que debemos creer. Debemos creer que nuestras almas han sido salvadas por fe y que nuestros cuerpos también resucitarán.


Hoy leeremos Juan 6

En el pasaje de las Escrituras de hoy Jesús dijo: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre» (Juan 6, 27). Nuestro Señor nos enseñó que no debemos trabajar por la comida que perece, sino por la que trae la vida eterna.
Este pasaje continua en los versos 28 y 29 y dice: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?». Básicamente en este pasaje Jesús dijo que creer en el Señor es hacer las obras de Dios. La gente trabaja por dos tipos de cosas: por la comida que perece y por el pan de la vida eterna. La gente trabaja por esas dos cosas. Y Él dejó claro que no debemos trabajar por la comida que perece sino por la que da vida.
Cuando nuestro Señor hizo el milagro de los panes y los peces en la otra orilla del río Tiberias, con una pequeña cantidad de comida pudo alimentar a tanta gente que la Biblia dice: «Y se recostaron como en número de cinco mil varones» (Juan 6, 10). Así que la multitud siguió a Jesús, pero el motivo por el que le seguía era obtener el pan de la carne. Seguían a Jesús para poder cenar una vez terminaron la comida de mediodía.
Por supuesto que todos nosotros necesitamos el pan de la carne. Sin embargo nuestro Señor dijo: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre» (Juan 6, 27). ¿Qué ocurre cuando creemos en nuestro Señor? Que recibiremos la vida. Nuestro Señor dijo: «Yo soy el pan de vida» (Juan 6, 35). Al entregar Su cuerpo nuestro Señor nos ha dado la vida eterna.
Está escrito: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado» (Juan 6, 29). Aunque debemos trabajar, debemos hacer las cosas que nos dan la salvación y que comparten la salvación con otros. ¿Cómo podemos hacer esta obra de salvación y compartirla con otros? Al comer y compartir el pan del Espíritu y creer que Jesús es el pan de vida.
Y también debemos darnos cuenta de que Dios no echa a nadie que venga a Jesús. Nuestro señor dijo que es el pan de vida: «Creed en Mí. Soy el Hijo de Dios, el Creador que hizo el universo entero y cargó con todo vuestros pecados en Mi propio cuerpo. Creed que soy el Salvador que tomó todos vuestros pecados en Mi cuerpo. Cargué con esos pecados al ser bautizado y fui condenado en la Cruz. Me levanté de entre los muertos y os he salvado a todos. Si creéis que soy el Dios que os permite conseguir la vida, ser salvados y recibir la remisión de los pecados, debéis comer el pan de vida, recibir la comida que no perece y alcanzar la salvación eterna». Esto es lo que el Señor nos estaba diciendo.
De hecho, Dios, nuestro Padre nos ha salvado al enviar a Su Hijo a este mundo. Creer en Jesús, el Hijo de Dios Padre y nuestro Salvador, y recibir la remisión de nuestros pecados y la vida eterna es tener la comida que no perece nunca. Recibir la vida eterna, la remisión de los pecados y esta salvación es la voluntad de Dios, es decir, lo que el Padre quiere de nosotros.
¿Cómo nos salvó nuestro Señor cuando vino al mundo? ¿Cómo se convirtió en nuestro pan de vida? ¿Qué tipo de pan debemos comer para conseguir la vida eterna?
Ayer hablé del emperador Qin Shi, que intentó encontrar el elixir de la vida. Hoy en día se dice que los niños pueden crecer más rápidamente si se les inyectan hormonas y que existen hormonas que pueden hacer más fuertes a las personas mayores, pero nunca he oído hablar de la panacea de la vida eterna. Si hubiera algún tipo de pan que nos hiciera vivir para siempre, ¿acaso no comeríamos de este pan? Por supuesto que sí. Esto se debe a que todo el mundo quiere vivir para siempre como el emperador Qin Shi que buscaba el elixir de la inmortalidad. 
Cuando el emperador Qin Shi oyó que no envejecería y se mantendría joven si bebía extractos de unas hierbas en concreto, envió a sus siervos por todo el mundo para buscarlas. Así, muchos de sus hombres viajaron por todo el mundo y volvieron con las mejores hierbas que pudieron encontrar. El emperador tomó estas hierbas durante el resto de su vida pero al final murió de todas formas.
Sin embargo existe el pan de la verdadera inmortalidad en este mundo. Este pan es el cuerpo de Jesús. Comer el cuerpo de Jesús es recibir la vida eterna. Comer la carne de Jesús es obtener la vida eterna.
Jesús entregó Su cuerpo por nosotros. Durante la Última Cena, Jesús reunió a Sus discípulos, partió el pan y se lo pasó. Y dijo: «Este es Mi cuerpo». Jesús dijo que Su cuerpo era el pan de la vida eterna. ¿Por qué dijo esto Jesús? Porque cargó con los pecados del mundo en Su cuerpo cuando vino al mundo. El Señor se identificó como el Alfa y el Omega. Esto significa que creó el universo y que juzgará al mundo para empezar uno nuevo. Para salvar a los seres humanos y acabar con este mundo en Su amor y justicia, tomó todos los pecados de todo el mundo en Su cuerpo desde el principio hasta el final. Por eso el Señor dijo que Su cuerpo era el pan de vida.
Pasemos al capítulo 3 de Mateo. Aquí vemos que Jesús empezaba Su vida pública y que lo primero que hizo fue ser bautizado en Su cuerpo por Juan el Bautista. En Mateo 3, 15-16 está escrito: «Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él». ¿Por qué fue bautizado el Señor por Juan el Bautista? Y ¿por qué dijo: «asi conviene que cumplamos toda justicia»?
En todo el capítulo 6 de Juan Jesús dice: «Si alguien come Mi carne, nunca tendrá hambre. Mi carne es verdadera comida y Mi sangre es verdadera bebida. Quien no coma Mi carne ni beba Mi sangre, no recibirá la vida eterna». ¿Por qué dijo Jesús esto? ¿Por qué dijo nuestro Señor que Su cuerpo era el pan de vida? Porque Jesús vino al mundo, aceptó los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, el mayor hombre nacido de mujer. Como Jesús aceptó los pecados del mundo al recibir el bautismo en Su cuerpo, dijo que toda la justicia se había cumplido y que Su cuerpo se había convertido en verdadero pan de vida.


El Señor fue bautizado para cargar con nuestros pecados

¿Cuándo tomó Jesús todos los pecados que cometemos en nuestras vidas y los de los demás? Tomó los pecados del mundo cuando fue bautizado en Su cuerpo. Como Él dijo: «Porque asi conviene que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15), al ser bautizado por Juan el Bautista Jesús nos dejó a todos sin pecados. Juan el Bautista cumplió su tarea como Sumo Sacerdote al pasar los pecados de la humanidad a Jesús en Su bautismo. Del mismo modo en que el Sumo Sacerdote pasaba los pecados del pueblo de Israel de todo un año en el Antiguo Testamento de una vez por todas mediante la imposición de manos en la cabeza del chivo expiatorio, Jesús vino al mundo como el Cordero expiatorio y fue bautizado para salvar a los pecadores. Él cumplió toda la justicia al ser bautizado, diciendo: «Porque asi conviene que cumplamos toda justicia» (Mateo 3, 15).
Por culpa del pecado nadie puede evitar la muerte. Pero todo el mundo quiere vivir durante mucho tiempo y seguir joven. Además todo el mundo quiere entrar en el Reino de Dios como personas justas sin pecado. Sin embargo, por culpa del pecado estamos condenados, por culpa del pecado estamos malditos, por culpa del pecado nunca nada va bien con nosotros, por culpa del pecado no podemos acercarnos a Dios y por culpa del pecado no podemos escapar del infierno.
Pero para salvar a personas como nosotros, el Señor fue bautizado en Su cuerpo. Al aceptar los pecados del mundo a través de Su bautismo, Jesús cumplió toda justicia. Aceptó todos los pecados en Su cuerpo al ser bautizado y este cuerpo de Jesús se convirtió en pan de vida para todos nosotros. Por tanto la salvación que trae la vida eterna está en los que creen que sus pecados fueron pasados a Jesús. El bautismo de Jesús constituye la salvación que nos da la vida. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu recibimos la remisión de nuestros pecados.
¿Cómo creemos en Dios y recibimos la remisión de nuestros pecados? Hemos sido perdonados por nuestros pecados al creer que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, que tomó los pecados del mundo al ser bautizado y que fue condenado como el Cordero de Dios que cargó con los pecados del mundo. Al ser bautizado y morir en la Cruz Jesús nos salvó, mediante Su cuerpo y Su sangre. Por tanto, quien cree en este Jesús de corazón puede conseguir una vida nueva, recibe la remisión de los pecados, se convierte en una persona justa, se convierte en un hijo de Dios, y entra en el Reino de Dios.
Mis queridos hermanos, ¿qué está intentado decirnos el Señor en Juan 6? Nos está diciendo que trabajemos por el pan que nos permite vivir para siempre. ¿Qué tipo de obra debemos hacer? Debemos hacer lo que nos proporciona la vida eterna. Debemos creer en Jesús y seguirle para recibir la vida eterna.
Y después de recibir la remisión de los pecados debemos hacer la obra de compartir la vida eterna. Dios dice que sólo los que han nacido de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu pueden hacer la obra de compartir esta vida. Como Jesús dijo que creer en el que Dios ha enviado es hacer la obra de Dios, creer es hacer esta obra. Creer en Él no es insignificante. Creer es también una obra. 
Mis queridos hermanos, aunque el Señor haya hecho posible que nazcan de nuevo del agua y la sangre, esto no vale para nada si no creen en esta Verdad. Aunque Jesús les haya salvado al venir al mundo, ser bautizado, cargar con los pecados del mundo y morir en la Cruz, si no se aferran a esta Verdad por fe, no podrán recibir la vida eterna. Si no creen, la Palabra de Dios no vale de nada para ustedes»
Mis queridos hermanos, si lo dicen con sus propias palabras que creen, pero en realidad no creen de corazón, su fe no vale para nada. De hecho la Biblia dice que con el corazón se cree para la justicia y que con la boca se hace la confesión para la salvación. La Palabra de Dios proclama que recibimos la vida eterna al creer con el corazón que Jesús tomó todos nuestros pecados al ser bautizado. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu según la Palabra de Dios podemos ser perdonados por todos nuestros pecados. Esto es lo que Pablo quiso decir con el pasaje: «Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» (Romanos 10, 10).
Mis queridos hermanos, ¿por qué vino Jesús a este mundo? Vino para salvarnos del pecado. ¿Por qué fue bautizado Jesús? Fue bautizado para aceptar todos nuestros pecados. ¿Por qué fue Jesús a la Cruz para ser crucificado? Fue crucificado porque había cargado con nuestros pecados. ¿Por qué tuvo que levantarse Jesús de entre los muertos? Para devolvernos a la vida a los que habíamos muerto por nuestros pecados. Al aceptar nuestros pecados a través de Su bautismo, al morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos, Jesús nos ha dado una vida nueva a los que creemos en Él, y nos ha dado la vida eterna y la justicia de la salvación eterna. Deben creer que Jesús resucitó para quitar todos nuestros pecados a los ojos de Dios. Mis queridos hermanos, deben entender esto con su cabeza y creer en esta Verdad con el corazón.
¿Por qué fue bautizado Jesús? Como en el Antiguo Testamento los pecados se pasaban a un animal expiatorio mediante la imposición de manos, Jesús vino al mundo y fue bautizado del mismo modo. Nuestro Señor dejó claro que nunca rechazaría a los que viniesen a Él. El Señor nunca rechaza a los que creen en Él.
El Señor es el pan de vida. Para los que creen que el Señor cargó con todos los pecados del mundo en Su cuerpo al ser bautizado, y que murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos para devolvernos a la vida, nuestro Señor es el pan de vida. Al creer de corazón en el bautismo de Jesús y en Su sangre derramada en la Cruz, podemos comer este pan. Y quien come este pan se salva y recibe la vida.
Debemos considerar para qué vamos a vivir el resto de nuestras vidas. Debemos pensar sobre cómo debemos vivir; si debemos vivir según la obra del Espíritu que salva las almas o por nuestra propia carne. Quien haya nacido de nuevo del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu debe creer que ha muerto en la carne y en la Ley, y que por tanto se ha convertido en un obrero cuya tarea es salvar almas. Todos debemos creer esto. Por esta fe debemos seguir al Espíritu Santo, no a la carne. Como los que hemos recibido la remisión de los pecados ahora no tenemos nada que ver con el pecado, tenemos que trabajar para salvar a otras almas. En vez de trabajar por la comida que perece, debemos trabajar por la obra del Espíritu que hace que los demás nunca tengan sed y la obra que les da la vida eterna. Debemos seguir al Espíritu.
En muchas ocasiones estamos atados aún habiendo recibido la remisión de los pecados, pero ¿cómo deberíamos vivir? ¿Qué nos está diciendo el Señor hoy? ¿Nos está diciendo que sigamos a la carne? ¿O nos está diciendo que sigamos al Espíritu? Nos está diciendo que sigamos al Espíritu. Aunque en ocasiones seguimos a la carne, seguimos siendo los hijos de Dios nacidos de nuevo. Por muy insuficientes que seamos cada uno de nosotros, si tenemos la fe que nos salva y fe en la Palabra de Dios, entonces seguimos siendo los que siguen al Espíritu. Así que tengamos en cuenta el hecho de que somos el pueblo de Dios, los que siguen al Espíritu por muy insuficientes que seamos.
¿Es correcto seguir a la carne o al Espíritu? Aunque a veces sigamos a la carne, lo correcto es seguir al Espíritu y permitir que los demás consigan la vida. Dios nos está diciendo en todo momento que, a pesar de nuestras insuficiencias, no somos gente de la carne, sino del Espíritu. Cuando predicamos el Evangelio y seguimos al Espíritu, los demás pueden recibir la remisión de los pecados y conseguir la vida eterna. Aquí está la razón por la que debemos seguir al Espíritu. Pero ¿qué ocurrirá si seguimos a la carne? Si seguimos a la carne, nadie podrá recibir la vida nueva a través de nosotros. La gente no podrá salvarse. Si trabajamos según el Espíritu, los demás recibirán la vida. Por eso debemos seguir al Espíritu.
Algunas almas han sido salvadas a través de esta reunión. Aunque ustedes y yo tengamos defectos, hemos trabajado duro porque seguimos al Espíritu. Hemos hecho sacrificios para salvar a muchas almas y hemos soportado muchos insultos para guiarlas. Así que como resultado muchas almas han sido salvadas. Aunque hayamos sido insuficientes, muchas almas han recibido la remisión de los pecados al escuchar el Evangelio a través de nosotros.
Mis queridos hermanos, debemos recordar lo que el Señor dijo aquí: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece» (Juan 6, 27). Debemos trabajar por la comida que dura hasta la vida eterna. Aunque seamos insuficientes, debemos seguir al Espíritu. Debemos seguir al Espíritu con todas nuestras fuerzas. Todos nosotros debemos decirnos: «Por muy insuficiente que sea, soy una persona justa que puede seguir al Espíritu. Puedo salvar a otras personas. Gracias a que el Señor hizo que mi carne y la Ley murieran, y como he resucitado, soy capaz de seguir al Espíritu». Debemos decirnos esto a nosotros mismos y también: «Debo seguir al Espíritu». Por muy insuficientes que seamos, debemos por lo menos marcarnos un objetivo. Debemos decidirnos.
Aunque sean insuficientes, no deben creer que no son gente del Espíritu o hijos de Dios. Como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, somos hijos de Dios a pesar de nuestras insuficiencias; lo que es más importante es saber si podemos o no seguir al Espíritu y si estamos cualificados para hacerlo. En resumen, los que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu pueden seguir al Espíritu. Somos hijos de la justicia de Dios que pueden seguirle por fe, y que pueden trabajar para salvar almas por fe. Mis queridos hermanos, les pido que tengan fe.
Les pido que sigan al Espíritu. Dirijamos nuestros corazones y démonos cuenta de que aunque somos insuficientes, Dios nos ha bendecido para seguir al Espíritu. Mis queridos hermanos, por muy insuficientes que sean, deben saber que pueden seguir al Espíritu y de que le siguen con esta fe. Al hacerlo Dios dará muchos frutos a través de ustedes.
Cuando nos reunimos vemos que muchas almas son salvadas del pecado. ¿Habría sido esto posible si hubiésemos trabajado individualmente? ¿Cuántas debilidades tienen si se consideran individualmente? ¿Serían capaces de seguir al Señor por sus habilidades individuales? No. Pero por muy insuficientes que sean, ¿son gente del Espíritu o gente del pecado? Son gente del Espíritu. Los que tienen el Espíritu Santo son gente del Espíritu. Cuando la gente del Espíritu se reúne y junta sus fuerzas para seguir al Espíritu, la obra de la salvación tendrá lugar por muy insuficiente que sean. Este es el poder que Dios ha dado a Su Iglesia. Ahora que sabemos esto no nos debemos desesperar por nuestras insuficiencias individuales y debemos seguir al Señor con fe unidos en Su Iglesia.
Mis queridos hermanos, la fe no es teoría: para recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, seguir al Señor después de nacer de nuevo del agua y el Espíritu, y para vivir por fe y dar frutos de la fe, ésta no debe ser simplemente teórica. Todos los aspectos de nuestra fe deben ser reales. Lo que nuestro Señor nos está diciendo es que sigamos al Espíritu, no a la carne. Debemos seguir al Espíritu por fe. Aunque a veces nos tropezamos y caemos, nos volvemos a levantar y seguimos al Señor de nuevo, que es algo que sólo los justos pueden hacer. Ningún pecador puede hacer esto.
Mis queridos hermanos, les pido que tengan la fe auténtica. Crean que Dios les ha salvado perfectamente. ¿Lo creen, mis queridos hermanos? Y si han sido salvados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, entonces crean que pueden seguir al Espíritu. Crean que pueden hacer la obra de Dios si trabajan creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu. Quien haya sido salvado debe seguir al Espíritu por fe con un corazón unido.