The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 6-8] < Juan 6, 26-59 > Trabajen por la comida que no perece en este mundo

( Juan 6, 26-59 )
«Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Más os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum».


Cuando Jesús subió a la montaña y predicó, la multitud le siguió. Entonces puso Sus manos sobre una pequeña cantidad de comida que sólo llegaba para una persona, la bendijo e hizo el milagro de alimentar a 5000 personas con pan y pescado, y aún así sobraron 12 canastas. Así que la gente siguió a Jesús y quiso hacerle su rey. Esta gente pensaba: « ¿No sería maravilloso tener un rey así?». Así que decidieron hacer al Señor su rey, pero Jesús se fue y cruzó hasta la otra orilla del mar.
Cuando la gran multitud le siguió desesperada por conseguir otra comida, Jesús les reprendió diciendo: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece» (Juan 6, 27). La multitud había seguido a Jesús por la comida que perece, para satisfacer su hambre temporalmente, sin darse cuenta de que la comida eterna estaba en Jesús. Por eso Jesús les reprendió.
La lección de este pasaje también se puede aplicar a los nacidos de nuevo. Jesús también insistió en cómo debemos vivir después de nacer de nuevo. Nuestro Señor dijo: «Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz» (Romanos 8, 6). El Señor dijo que mientras nuestros pensamientos carnales nos traen la muerte, los pensamientos espirituales nos traen la vida eterna.


¿Cuándo hacemos la obra de Dios por qué debemos trabajar?

Hemos sido salvados, ¿pero qué tipo de obra debemos hacer después de ser salvados? ¿Debemos obrar por lo que perece? ¿O debemos trabajar por la comida que dura hasta la vida eterna? ¿Debemos trabajar por lo que no perece y permitir que otros reciban la vida eterna o debemos trabajar por lo que perece? Esto es lo que Jesús estaba diciendo. Nos estaba diciendo que trabajásemos por la comida que no perece para hacer el tipo de obra que permite a los demás recibir la vida eterna.
Predicar el Evangelio del agua y el Espíritu es predicar a Jesús, que se identificó como el pan de vida. Somos los que trabajamos por la vida eterna que no muere. Somos los que difunden el Evangelio por todo el mundo. Cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, la gente escucha esta Verdad y cuando creen en esta Verdad de corazón, reciben la remisión de los pecados y consiguen la vida eterna. Los que es importante es el tipo de obra que nosotros hacemos después de recibir la remisión de los pecados. ¿Trabajarán por la comida que perece o por la comida que no perece? La comida que perece se refiere a la obra que no vale para nada, mientras que la obra de la vida eterna se refiere a la obra de salvar almas.
¿Qué debemos hacer entonces? Podemos tener una mente carnal o espiritual. Pero lo correcto es pensar y hacer lo que es bueno para las otras almas, aunque podamos elegir libremente. Así que debemos pensar en esta cuestión de cómo debemos vivir, decidirnos, grabarlo en nuestros corazones, aferrarnos a ello y seguirlo.
Aunque mucha gente seguía a Jesús, el motivo era alimentarse. Le seguían sólo para recibir y comer la comida de la carne que se digiere en un día; no le siguieron creyendo que el Señor tenía la verdadera comida eterna. En el pasaje de las Escrituras de hoy vemos al Señor reprendiendo a los que le seguían por la comida que perece. Jesús les dijo a los discípulos y a otros muchos que trabajaran por la comida que dura hasta la vida eterna y que le siguieran por eso. Por este motivo es importante poner nuestras mentes en por qué y cómo debemos trabajar.
Podemos hacer ambas obras, la espiritual y la carnal, pero es muy importante decidirnos a hacer la obra correcta. Debemos darnos cuenta de qué es la obra espiritual, qué es lo que dura hasta la vida eterna, desde dónde y a través de qué viene esta obra y cómo podemos hacerla. Tendemos a pensar que somos más de lo que somos. Así que el Apóstol Pablo nos avisa: «Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña» (Gálatas 6, 3). Por tanto debemos examinar una vez más si estamos decididos a trabajar por la comida que no perece y vivir nuestras vidas de esta manera.
De los diferentes tipos de cristianos que hay, están los que siguen a Jesús por su propia carne y los que siguen a Jesús para recibir la vida eterna. Básicamente están los que siguen a Jesús para hacer la obra de la carne y los que la hacen para recibir la vida eterna.
El problema más importante es que el 99,9 % de los cristianos de hoy en día van a la iglesia para alimentarse de la comida de la carne. El Apóstol Juan dijo: «Yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3 Juan 1, 2), pero todos sabemos que hay muchos que no creen en Jesús por sus almas, sino por las riquezas carnales y por la fama. En otras palabras, hay muchos cristianos que creen en Jesús para hacerse ricos, prosperar en sus negocios y vivir una vida sana y completa. De hecho si redujéramos los cristianos de los últimos 2000 años a unos 100, 99 de ellos habrían creído en Jesús por su propia carne.
En una encuesta realizada a cristianos en los Estados Unidos, se identificaron 3 tipos de sermones como los más predicados por los pastores americanos. El primer tipo era la noción de que uno se podía hacer rico si cree en Jesús; el segundo era la afirmación de que se puede conseguir la fama si se cree en Jesús; y el tercero era la noción de que se es feliz si se cree en Jesús. Los pastores estaban alimentando a sus congregaciones con la comida de la carne. ¿Cuál era el resultado de los sermones que predicaban: «Serás rico si crees en Jesús, serás feliz si crees en Jesús; serás famoso si crees en Jesús»? Los cristianos se hacían ricos y eran felices en sus vidas al tiempo en que su estatus social subía, pero dejaban de creer en Jesús. Y aún peor se volvían contra Jesús.
En Corea también muchos cristianos dicen que van a la iglesia para que sus enfermedades sean curadas y para hacerse ricos, para que sus familias estén en armonía o para que una mala persona se convierta en una buena persona. Estos cristianos creen en Jesús sólo para que su carne prospere. Jesús dijo que no trabajásemos por la comida que perece, sino por la comida que dura hasta la vida eterna. Pero a pesar de esto, el 99, 9 % de los cristianos creen en Jesús para que su carne prospere.
Jesús reprendió a esta gente en el pasaje de las Escrituras de hoy: «No creáis en Mí no me sigáis por estas cosas. No trabajéis por la comida que perece, sino por la comida que dura hasta la vida eterna». Así que Jesús dijo: «En el Antiguo Testamento el maná descendía del cielo. Dios envió el maná a través de Moisés, pero incluso los que lo comieron murieron en el desierto. Pero el Hijo del Hombre es el pan de vida. Os doy el pan de vida. Si creéis en Mí, seguidme y dad testimonio de Mí para que la gente reciba la vida eterna y no volverán a tener sed. Soy el pan de vida y esta el la voluntad de Mi Padre, que quien vea al Hijo del Hombre y crea en Él, tenga la vida eterna, y Yo resucitaré a quien crea el último día».
Tal y como está escrito: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo» (Juan 6, 51), sólo Jesús es el pan de vida. Por eso Jesús dijo: «Comed de Mí y creed en Mí. Y predicadme. Si queréis trabajar, trabajar por la obra del Padre. ¿Cómo podéis hacer la obra de Dios? Creyendo en el que Dios envió para hacer Su obra».
Jesús dijo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él» (Juan 6, 54-56) y «El que come de este pan, vivirá eternamente» (Juan 6, 58). Jesús estaba hablando sobre Sí mismo. Aquí nos dijo que comiésemos Su carne, pero, ¿cómo podemos comer la carne de Jesús? Al creer que Jesús tomó todos los pecados del mundo al ser bautizado en Su cuerpo, podemos comer Su carne. En otras palabras, Jesús nos estaba diciendo que creamos que Él tomó nuestros pecados al ser bautizado para salvarnos de todos los pecados del mundo. Nos estaba diciendo que comiésemos Su carne al creer en esto.


«Mi carne es verdadera comida, y Mi sangre es verdadera bebida» (Juan 6, 55)

Nuestro Señor estaba diciendo: «Si creéis que tomé vuestros pecados y que fui condenado por ellos al ser bautizado por Juan el Bautista y crucificado hasta morir, vuestros corazones serán librados de la carga de los pecados. Quien come Mi carne y bebe Mi sangre ha conseguido la vida eterna». Creemos completamente en esta Palabra.
Como hemos recibido la vida eterna al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, prestamos más atención a lo que nos dice el Señor. Como nuestro Señor dijo: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre» (Juan 6, 27), creemos que nos dijo esto. Aunque hemos recibido la remisión de nuestros pecados al comer la sangre de Jesús y beber Su sangre por fe, tenemos que decidir si vamos a trabajar por la comida que perece o por la que no perece. Debemos darnos cuenta de lo que es trabajar por la comida que perece y lo que es trabajar por la comida que no perece.
Trabajar por la comida que perece es estar orientado hacia la carne, es pensar sólo en la paz y la comodidad de la carne. ¿Cuál es la comida que no perece? Es la que está orientada hacia lo espiritual. Mientras servimos a este Evangelio, cumplimos nuestra tarea de testigos, predicamos por todo el mundo y trabajamos por esta obra, mucha gente conseguirá la vida eterna. Debemos hacer posible que los demás reciban la vida eterna. Debemos entender la diferencia entre trabajar por la comida que perece y la comida que no perece, y debemos decidir cuál de ellas vamos a elegir y trabajar por ella.


Estamos trabajando para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo

A veces mientras servimos al Señor nos preguntamos escépticamente: « ¿Es correcto hacer esto?». Y hay ocasiones en que trabajamos por la comida que perece, mientras que otras veces trabajamos por la comida que no perece. Por supuesto podemos desviarnos algunas veces debido a nuestras debilidades, pero debemos decidirnos a seguir el camino correcto.
Debemos decidirnos. Estamos trabajando de esta manera para predicar el Evangelio por todo el mundo. Nos estamos dedicando al ministerio de libros: oramos por este ministerio, traducimos nuestros libros y los publicamos en muchos idiomas, y los distribuimos gratuitamente a quien quiera leerlos. Muchos de nuestros trabajadores reúnen los medios económicos para este ministerio y lo hacen con su propio esfuerzo y sudor. Esto es obrar por la comida que no perece. ¿De verdad queremos creer en esto cuando trabajamos? Si queremos trabajar por la comida que no perece, debemos dedicar nuestras mentes a la obra que no perece. Aunque es posible tener deseos carnales y espirituales, debemos dedicarnos a la obra que no perece, dedicar nuestros corazones a ella y confiar en ella completamente. Sólo entonces nos convertimos en obreros de la justicia y hacemos posible que otros reciban la vida eterna.
Espero de todo corazón que sirvamos al Señor y vivamos por Él siempre. Les pido que dirijan sus mentes hacia la obra que no perece, dediquen sus corazones a esta obra y crean de todo corazón, no sólo con su mente, que la obra más valiosa de todas es trabajar por el pan de vida. Aunque puedan hacer tanto obras carnales como espirituales, quiero que sus corazones se den cuenta de que un tipo de obra está mal mientras que la otra es buena, y quiero que dediquen sus corazones y sus mentes a la obra correcta y que trabajen por ella. Aunque podamos trabajar por la comida que perece, debemos creer sin lugar a dudas que lo correcto es apreciar el Evangelio y servirlo y debemos convertirnos en la gente de fe al ofrecernos a esta obra y dedicar todas nuestras fuerzas a ella.
Yo he puesto todo mi corazón en predicar el Evangelio por todo el mundo. No estoy diciendo que hayamos hecho suficiente en predicar el Evangelio hasta ahora, sino que como esto es lo que debemos hacer, deberíamos dedicar nuestras mentes a la obra correcta y creer que es correcto vivir de esta manera. No importa como hayamos vivido hasta ahora porque debemos darnos cuenta de lo que es correcto y seguirlo. Si sabemos qué es lo correcto pero no dedicamos nuestras vidas a la comida que no perece, nuestra fe es en vano. ¿Saben lo que es trabajar por la comida que no perece? ¿Saben que lo correcto es vivir por esta comida? ¿Han puesto sus mentes en ella y viven ahora por esta obra? Lo correcto no es parar en el conocimiento, sino dedicar nuestras mentes a la obra correcta y dedicar nuestras vidas a ella.
Como tenemos la carne todavía, a veces hacemos la obra de la carne. Esto no es lo correcto. Debemos hacer lo que la Biblia dice que es correcto al 100 %. No debemos pensar que un tipo de obra es mejor que el otro. Lo que está mal, está completamente mal, y lo que está bien está completamente bien. Debemos decidirnos, sin ambigüedades. Si ponemos nuestros corazones en lo que es correcto al 100 %, podemos hacer la obra correcta. Y al hacer esta obra, podemos dar el fruto de la vida eterna.
Entonces ¿cómo somos? Por supuesto nuestros corazones cambian de la noche a la mañana, nuestros pensamientos también cambian, pero todavía tenemos que tomar la decisión de fe de poner nuestros corazones en lo que está bien al 100 %. Sólo entonces podemos hacer la obra de la vida eterna y dar el fruto de la vida eterna. Es humano que nuestros corazones vayan de un lado a otro, pero aún así el no admitir al 100 % lo que es correcto es ir por el mal camino. Por eso debemos creer al 100 % que trabajar por la comida que perece está mal. Si evaluamos estas obras en una base relativa, no tendremos una fe clara en lo que está bien porque estaremos confusos. Debemos admitir lo que es correcto al 100 % y lo que está mal al 100 %. Sólo entonces podemos vivir completamente por la obra y dedicar nuestros corazones a esta obra. De lo contrario sería imposible.
¿Qué dice Jesús en el pasaje de las Escrituras de hoy? Nos dice que trabajemos por la comida que no perece. Pero ¿trabajan los cristianos pecadores de todo el mundo por la comida que no perece? ¿No siguen a Jesús para hacerse ricos, famosos y felices al creer en Jesús? Por el contrario Jesús dice que debemos hacer la obra de Dios. La obra de Dios consiste en trabajar por la comida que no perece. El Señor quiere que permitamos a los demás recibir la vida eterna. Debemos creer que es completamente correcto hacer la obra de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos dedicarnos a esta obra y vivir por ella.
Mis queridos hermanos, debemos decidirnos. Y en lo que respecta a nuestra obra, debemos dejar claro que lo que la Biblia dice que es correcto, es correcto al 100 % y lo que la Biblia dice que está mal, está mal al 100 %. Pero aunque esto se aclare, como somos seres humanos que viven en este mundo, ¿acaso no nos comprometemos en ciertos aspectos? Sí, en bastantes. Sin embargo, no debemos comprometer los principios de nuestro corazón.
Debemos estar orientados hacia lo espiritual en vez de lo carnal. Y creo que cuando alguien sabe que ser espiritual significa serlo al 100 %, esta persona cambiará. Esto se debe a que está dentro de nuestra naturaleza humana dedicar nuestros corazones a lo que creemos que es correcto al 100 %. La Biblia dice que una esposa piadosa hace el bien a su marido y no el mal: 
«Busca lana y lino, Y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader; Trae su pan de lejos. Se levanta aun de noche Y da comida a su familia Y ración a sus criadas. Considera la heredad, y la compra, Y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza sus lomos, Y esfuerza sus brazos» (Proverbios 31, 13-17).
Creo que tenemos que obrar por el Señor como esposas fieles. Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu somos los que hemos recibido el Espíritu Santo al comer la comida de la vida eterna y la Biblia dice que los que tienen al Espíritu Santo en sus corazones hacen lo correcto. En otras palabras, obran por la comida que no perece. Desean que la voluntad del Señor se cumpla para que cuando el Novio venga sean agradecidos por haber predicado el Evangelio y haberlo servido. Obran y trabajan por esta obra, creen que lo correcto es hacer esta obra con devoción y viven sus vidas según estos principios.
En vez de mirar de un lado a otro, al mundo y al Señor, y en vez de dudar entre ambos, debemos trabajar con nuestras mentes dirigidas hacia lo que es correcto al 100 %. En algunos aspectos, debemos hacer algunos compromisos con la familia porque somos humanos, pero como nunca nos comprometemos en los asuntos  básicos, volvemos y hacemos lo correcto. Somos los que hacemos la obra de Dios. A través de nosotros, mientras hacemos la obra de Dios, Su corazón está satisfecho, y cada vez más gente escucha y cree en este Evangelio y puede recibir la vida eterna.
De cada una de las personas que comen la carne de Jesús y beben Su sangre por fe, no hay nadie que no reciba la remisión de los pecados y que no consiga la vida que no perece. Y de toda la gente que trabaja por esta comida de la vida que no perece, que predica el Evangelio y cree al 100 % que es correcto hacerlo, y que escucha la Palabra y cree y confía en el Evangelio del agua y el Espíritu al 100 %, no hay nadie que no reciba la vida eterna. Por eso ustedes y yo debemos decidir hacer la obra espiritual. Y sobre la cuestión de cómo de correcto es esta obra espiritual, debemos saberlo. ¿Es la obra espiritual 100 % correcta? ¿O sólo correcta al 70 % y falsa al 30 %? ¿O es falsa al 100 %?
Debemos decidir que es 100 % correcto hacer la obra espiritual. Sólo cuando tenemos esta determinación, podemos seguir al Señor y convertirnos en Sus valiosos obreros que trabajan por la comida que no perece, y sólo entonces los que reciben el Evangelio pueden recibir la remisión de los pecados. Los que complacen al Señor, son bendecidos por Él en cuerpo y en alma y reciben su gracia y Su amor. Debemos convertirnos en esta gente.
Puede que ustedes y yo hayamos llegado a un punto en nuestras vidas en el que debemos confrontar la pregunta de cómo debemos vivir el resto de nuestras vidas. Lo que es más importante y requiere mucha más atención que cualquier otra cuestión con la que nos hayamos enfrentado es la cuestión de cómo vivir. Jesús dijo claramente: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre» (Juan 6, 27). Y el Señor está diciendo: « ¿Cómo de correcto piensan que es trabajar por la comida que no perece y cuánto admiten y creen en esta orden?». Si el Señor nos dice esto, todos deberíamos contestar por fe, diciendo: «Señor, es correcto trabajar por la comida que no perece al 100 %». ¿Están dispuestos a contestar así?
Estamos predicando el Evangelio del agua y el Espíritu pero no es fácil vivir por esta obra. Cuando el Señor dijo con sólo Su Palabra que hubiera luz, hubo luz; cuando dijo que hubiera plantas y árboles, los hubo; y cuando dijo que hubiera pájaros volando por el aire y peces multiplicándose en el mar, los hubo según Su Palabra. Aunque creemos en la Palabra del Señor, sabemos lo lento y difícil que es obedecer Su Palabra completamente. Somos tan frágiles que nos cansamos enseguida cuando tenemos el más mínimo problema. Es muy difícil trabajar por nosotros mismos para conseguir la comida que no perece.
Sin embargo, nuestro Señor aún así utiliza a gente como nosotros para ser Sus obreros porque Él es poderoso. Él es maravilloso. Cuando una máquina empieza a fallar, puede arreglarse de nuevo, pero los seres humanos no son así. Se necesitan técnicas sofisticadas y facultades extraordinarias para utilizarnos, pero aún así el Señor nos utiliza como Sus obreros. Esto es porque Él nos creó.
Cuando trabajamos por el Evangelio debemos creer al 100 % que es lo correcto. Puede que lo hagamos con palabras, pero lo importante es hacerlo con la mente. Puede que digamos: «Me lo pensaré en casa». Pero cuando estamos en casa, no pensamos en ello. Debemos decidirnos aquí y ahora. Una persona estúpida puede pensarlo durante 100 años y aún así no se decide, pero los sabios toman una decisión en minutos.
Mis queridos hermanos, deben ser apasionados. Una vez me contaron una historia: alguien era tan apasionado que cuando estaba en una cita con alguien en su coche, no se dio ni cuenta de que un torrente de agua se lo llevaba flotando. Podemos imaginar lo apasionado que era. Debemos ser apasionados, no sólo en las citas, sino cuando trabajamos, debemos ser apasionados en lo que hacemos y estar determinados. Si no somos ni fríos ni calientes, no podremos conseguir nada.
¿Qué pasa cuando echamos agua fría en el café caliente? Que se volverá templado y perderá el sabor. Cada uno de nosotros tiene una personalidad distintiva. Cuando los nacidos de nuevo obramos por el Evangelio, debemos trabajar apasionadamente sumergidos en esta obra y entregarnos a ella al creer que la obra de servir al Señor es correcta al 100 %. «Aunque no me hayan encomendado una gran misión, como vivo completamente por el Evangelio, sus flores florecerán por todo el mundo». Los justos necesitan tener este tipo de convicción y pasión por la obra justa. Dios nos ha hecho esta gente. Esta era es una era de incertidumbre, pero debemos tener la creencia firme de que lo que estamos haciendo y en lo que creemos es lo correcto.
Cuando han recibido la remisión de los pecados, deben empezar una nueva vida orientada a la obra justa; deben salir de su país, dejar a su familia y la casa de sus padres para encontrar una nueva vida que Dios les mostrará. Han decidido hacer la obra del Evangelio durante el resto de sus vidas. ¿Qué pasaría si lo hicieran a regañadientes? Que pronto estarían llenos de todo tipo de suciedad. Este mundo no les dejará solos si siguen sin decidirse. Cuando escuchan la Palabra de Dios, deben aprobar todo lo que ésta diga que es correcto; si esto es correcto, deben aceptarlo; y si rechazan la Palabra, deben presentar una prueba convincente. Si no se deciden nunca, el Diablo llegará y les devorará. Si todavía se preguntan: « ¿Es este Evangelio correcto?» y si todavía no se han decidido en todos estos años que han estado yendo a la Iglesia, el Diablo llegará y les devorará.
Hemos sido salvados. Hemos sido salvados al comer la carne del Señor y beber Su sangre. ¿Han comido la carne y bebido la sangre que nos ha dado el Señor? ¿Cuándo lo hicieron? Creer que todos los pecados fueron pasados a Jesús cuando fue bautizado es comer la carne de Jesús. La comieron por fe. ¿Cómo bebimos la sangre roja de Jesús? La bebimos al creer que Él cargó con nuestros pecados y murió por nosotros en la Cruz. ¿Se ha calmado su sed? Por eso Jesús dijo: «Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida» (Juan 6, 55). Cuando comimos la carne de Jesús por fe, nuestros ojos se abren y nuestros estómagos se llenan. Cuando bebemos la sangre de Jesús, nuestros corazones están satisfechos.
Mis queridos hermanos, mientras vivimos cometemos errores; a veces somos insuficientes y a veces cometemos errores irreparables. Sin embargo, cuando pensamos en cómo Jesús tomó nuestros pecados a través de Su bautismo y fue condenado en la Cruz en nuestro lugar, nos quedamos satisfechos por dentro. Así que no puedo evitar decir: «Señor, tu muerte fue una buena muerte. Gracias».
¿Sufrió Jesús en la Cruz? ¿O acaso estuvo Su corazón satisfecho? Cuando fue crucificado, debió sufrir mucho. Estuvo colgado de la Cruz durante 6 horas y así sufrió inmensamente. Pero cuando murió, se sintió aliviado de la gran carga del pecado al completar Su ministerio de expiación. Para borrar todos los pecados del mundo, Jesús vino al mundo y los aceptó todos cuando fue bautizado a la edad de 30 años, y ¿cuánto debieron haberle echado abajo estos pecados? Aunque sufrió mucho cuando fue crucificado al cargar con más pecados que las nubes del cielo, cuando murió, estuvo satisfecho al cumplir todas las obras de salvación del pecado. Cuando el Señor dio Su último suspiro: «Consumado es» (Juan 19, 30), se llenó de gozo. La Biblia lo profetizó diciendo: «Verá el fruto de la aflicción de su alma» (Isaías 53, 11). ¿Qué ocurre cuando acabamos esta obra? Nuestros corazones se sientes aliviados. Así Jesús se llenó de gozo cuando terminó con todos los pecados del mundo y dijo: «Consumado es».
Jesús fue bautizado y murió en la Cruz por nuestros pecados. Como se llenó de gozo en el último momento, dijo: «Consumado es» y prometió: «Volveré de nuevo». No completó todo esto sólo con Su dolor. Si hubiese cumplido Su misión con dolor hasta Su último suspiro, habría dicho al final: «Esta vez he venido así, pero debéis salvaros vosotros mismos la próxima vez. Debéis alcanzar la salvación por vuestra cuenta». Sin embargo, como el Señor se olvidó de todo Su dolor, dijo: «Volveré para llevaros conmigo de la misma forma en que yo ascendí». El Señor nos dijo que nos llevaría con Él al Reino Milenario y al Reino eterno de los Cielos.
Ustedes y yo debemos creer en esto al 100 % para vivir predicando el Evangelio del agua y el Espíritu. «Seguiré haciendo esta obra porque es correcta al 100 %». Debemos creer en esto de corazón. Sólo cuando nuestros corazones tienen este tipo de fe al 100 % podemos vivir el resto de nuestras vidas por fe. Sólo entonces podemos estar llenos de convicción y llenos de gozo hasta el día en el que vuelva el Señor. De lo contrario es demasiado difícil seguirle. ¿Les molesta o irrita pensar en cuánto han trabajado hasta ahora? Ha sido muy duro, pero aún así estamos llenos de gozo porque lo correcto es trabajar por el Evangelio por fe hasta este día. Así que al hacer una evaluación estamos seguros de que no habrá ningún problema en el futuro tampoco.
Mis queridos hermanos, esto no es una hipótesis, sino nuestra fe. Debemos decidirnos una vez más y debemos poner nuestros corazones en la obra de Dios de nuevo. Debemos creer al 100 % que lo que el Señor dice es correcto, y que debemos hacer la obra que no perece. Cuando ponemos nuestros corazones en esta obra al 100 % renovaremos nuestras fuerzas y despegaremos como águilas (Isaías 40, 31) y todo lo que hagamos será bendecido por Dios a través del Señor y completaremos todo lo que falta en Él que nos da poder. Si dedicamos nuestros corazones a lo que es correcto al 100 %, no habrá problema. Pero si no nos ofrecemos así, será imposible seguir al Señor para conseguir las obras que nos ha confiado.
A pesar de nuestras insuficiencias carnales, he trabajado duro hasta ahora. Aunque ha sido duro, creo que es lo correcto. Y aunque todavía soy insuficiente, como creo que lo correcto es vivir por la salvación de las almas, he vivido mi vida así. He trabajado hasta este día porque nuestras vidas de justos son la comida que no perece y que es aprobada por el Señor, porque estoy convencido de que la gente recibirá la vida eterna si creen en este Evangelio del agua y el Espíritu y porque esto es lo que se ha cumplido. En el futuro seguiré trabajando de la misma manera porque creo de corazón que es correcta al 100 %.
Hemos publicado nuestros libros sobre los principios elementales del Evangelio del agua y el Espíritu desde varios ángulos. De ahora en adelante, hablaremos de cómo vivir nuestras vidas diarias por fe. Creo que todo lo que tenemos que hacer es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, separarnos de los que no han nacido de nuevo, creer de todo corazón que es correcto trabajar por la comida que no perece, decidirnos firmemente y dar gloria a Dios para dar el fruto de la salvación eterna. No hay nada grande que no podamos hacer por el Señor, sino que lo que debemos hacer ahora es vivir creyendo que lo que Él dice es correcto. No hay nada más que esto. Las vidas de los justos que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu son la continuación de la vida que se vive por el Señor ofreciéndole el corazón día tras día.
Las obras humanas pueden terminarse al alcanzar el objetivo específico. Pero esta vida de fe debe vivirse hasta el día en que el Señor vuelva. Sin embargo, aunque esta vida parezca difícil de vivir, no es tan difícil si vivimos creyendo en lo que es correcto y ofreciendo nuestros corazones al 100 % al Señor, porque el nos dará fuerzas. Por el contrario es bastante fácil, como está escrito: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mateo 11, 28-30). La razón por la que no es tan difícil vivir nuestras vidas de fe es que el Señor nos da fuerzas. Si creemos que lo que el Señor ha dicho es correcto y ponemos nuestros corazones en ello, el Señor renovará nuestras fuerzas. Como renueva nuestras fuerzas, podemos seguir por fe y así damos gracias al Señor porque vemos cómo nos ayuda. Doy gracias a Dios.
Estoy esperando impacientemente que nuestra serie de crecimiento espiritual sea publicada pronto. Estoy seguro de que esta serie obrará en las vidas de mucha gente y dará muchos frutos en todos los rincones del mundo. Sé que debemos orar por esto, y que dedicar nuestros corazones completamente a esta obra y creer que lo correcto es obrar por la comida que no perece, es dar el fruto del Espíritu Santo. Vivimos por fe pero no alardeamos de nuestra gloria o del orgullo de la Iglesia, sino que lo hacemos para hacer llegar a todo el mundo la comida que no perece. Seguimos haciendo la obra de Dios, predicando el Evangelio del agua y el Espíritu a todas las almas por todo el mundo para que nazcan de nuevo. Haremos todo lo que podamos para predicar el Evangelio día tras día. Así que creo que necesitamos fe, y que lo correcto es ofrecer la fe de nuestros corazones cada día. Sé que creen.
Mis queridos hermanos, debemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre por fe. Si algún cristiano no ha comido la sangre de Jesús ni bebido Su sangre por fe, entonces no cree en Jesús correctamente, sino que sólo trabaja por la comida que perece. Los que creen en Jesús sólo para ser felices en este mundo, ser ricos y famosos, pronto se alejarán de Jesús en cuanto prosperen un poco. Hay muchos cristianos que dejan a Jesús al final.
Sin embargo ustedes y yo no podemos dejar a Jesús de ninguna manera. Como hemos recibido la verdadera remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, estamos convencidos al 100 % de que lo correcto es vivir así. Benditos los que viven sus vidas dedicando sus corazones completamente a la obra correcta y creen en ella.
Espero y oro porque no sólo sepan lo que es correcto en sus mentes, sino que además pongan sus corazones y crean en esta Verdad al 100 %.