The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 16-2] < Lucas 16, 1-13 > Hagan amigos con el injusto mamón

< Lucas 16, 1-13 >
«Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de tí? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? El dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta. Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz. Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas».
 
 
¿Debo servir al Evangelio del agua y el Espíritu al utilizar el injusto mamón?
 
Podemos darnos cuenta de nuestras insuficiencias si distinguimos la luz de la oscuridad en nuestras vidas y examinar si estamos viviendo en la luz o la oscuridad. Cuando examinamos nuestras vidas ante Dios, muchos fallos y debilidades quedan expuestos. Sin embargo, cuando se lo transferimos todo el Señor, nos salvó y dio la oportunidad de servir Su justicia. Aunque seamos demasiado insuficientes para vivir nuestras como la luz del mundo tan perfectamente como Jesús o el Apóstol Pablo, cuando servimos al Señor y somos fieles a Dios, quien nos ha dado la gracia de la salvación, podemos ser tan fieles como Dios quiere que seamos.
En el pasaje de las Escrituras de hoy, Jesús les enseñó a Sus discípulos a través de una parábola: «Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de tí? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo».
Mis queridos hermanos, de la misma manera en que somos insuficientes, el mayordomo también era malgastador e insuficiente. Aunque hemos recibido las bendiciones del Señor en Su tiempo, tanto en cuerpo como en espíritu, somos personas insuficientes que no merecen estas bendiciones. El mayordomo escuchó que su maestro le iba a despedir. Iba a dejar de ser mayordomo porque su maestro había oído que estaba malgastando todas sus posesiones. Sabiendo que tendría que buscarse la vida en otra parte si le despedía, el mayordomo empezó a preocuparse de cómo ganarse la vida. Con esto en mente, llamó a los deudores de su maestro y les dijo que calculasen cuánto le debían.
Les preguntó a los deudores: «¿Cuánto le debes a mi maestro?».
«Cien medidas de aceite».
«Entonces dame cincuenta rápidamente mientras sigo siendo mayordomo».
Entonces el mayordomo le dijo a otro deudor: «¿Cuánto debes?».
«Cien medidas de trigo».
«Dame ochenta». Así el mayordomo redujo la deuda de los deudores.
¿Para quién hizo esto el mayordomo? ¿Para su maestro? No, para sí mismo. Sabía que estaba a punto de ser despedido y que tendría que buscarse la vida en otro sitio, así que pensó que si les hacía un favor a los deudores del maestro al perdonarles parte de la deuda, esta gente cuidaría de él luego.
Nuestro Señor dijo que pensaba que las acciones del mayordomo eran injustas. Los que no han recibido la remisión de los pecados son fieles al mundo. Esto se debe a que piensan que este mundo es su hogar. Puede parecer que los hijos de la oscuridad que son fieles al mundo sean más sabios. ¿Y qué pasa con nosotros? Como personas que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del aguay el Espíritu, ¿a quién debemos ser fieles? ¿Dónde debemos poner nuestra alianza mientras los nacidos de nuevo vivimos en este mundo? ¿Debemos ser fieles a Dios o al mundo que nos persigue?
Nuestro Señor nos dijo que hiciésemos amigos con el injusto mamón. Este mundo ha desarraigado a los justos y los ha dejado de lado. La gente del mundo no nos quiere porque no somos fieles al mundo como los demás. Por tanto, aunque nuestros cuerpos vivan en este mundo, por lo menos nuestros corazones deben ser fieles. Una vida sabia es una vida que es fiel a Dios de todo corazón. Esta es la lección del pasaje de las Escrituras de hoy. A través de la palabra del mayordomo injusto el Señor nos está enseñando a quién debemos ser fieles.
¿Cómo debemos demostrar nuestra alianza? Mis queridos hermanos, cuando examinamos nuestros corazones y pensamientos ante Dios, vemos que no son justos. Aunque algunos de ellos son espirituales, hay muchos aspectos que no son espirituales. Cuando miramos estas debilidades, no tenemos ninguna excusa ante Dios. Lo que debemos hacer es ser fieles a Jesús, el Maestro del Reino de Dios donde iremos y viviremos, con todo lo que nos ha permitido en este mundo, incluyendo las posesiones y el tiempo que nos ha dado. Este mundo no es nuestro hogar eterno. Dios Todopoderoso transformará a los nacidos de nuevo en cuerpos gloriosos y hará que vivan para siempre en el Reino del Señor. No vamos a vivir para siempre en este mundo. ¿A quién debemos serle fieles? Debemos serle fieles a Dios. Somos los mayordomos del Señor. Un mayordomo debe poder encargarse de los bienes de su maestro en vez de utilizarlos para su beneficio. Tiene la tarea de encargarse de ellos por su bien y por el de su maestro.
¿A quién debemos servir en nuestras vidas? ¿A quién debemos servir con todas las posesiones, tiempo, pensamientos, mente, fuerzas y circunstancias que el Señor nos ha dado? Al Señor. Debemos serle fieles al Señor siempre. Esta es la correcta vida de fe para los nacidos de nuevo. Como personas que han sido confiadas con las cosas del mundo para cuidar de ellas temporalmente, ¿cómo debemos vivir? Debemos ser fieles al Reino de Dios. Nuestra alianza debe ser con el reino en el que viviremos para siempre con nuestros hermanos santos. ¿Entienden lo que estoy diciendo?
¿Qué significa que debemos hacer amigos por el injusto mamón? Que las cosas del mundo son injustas. ¿Qué dijo el Señor que debemos hacer con ellas? Dijo que debemos hacer amigos con ellas, para que cuando fracasemos, nos reciban en un hogar eterno. Si nos gastamos lo que el Señor nos ha dado en la predicación del Evangelio, no habrá mayor fidelidad al Señor. La fidelidad es lo que se le pide a todo mayordomo. Todos debemos pensar con cuidado en la luz y la oscuridad y debemos entender cuál es la mejor manera de vivir. ¿Cómo debemos actuar? Una vida sabia en este mundo no se vive por el mundo, sino por el Reino de Dios. ¿Qué debemos hacer durante el resto de nuestras vidas? Si somos fieles a este mundo y sociedad y acumulamos todas las posesiones de este mundo, ¿acaso podremos llevárnoslas todas al otro mundo? No. Debemos utilizar lo que Dios nos ha dado en este mundo hasta el día en que vayamos al Reino de Dios. Cuando entramos en el Cielo, el Señor nos recompensará por nuestra fidelidad diciendo: «Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (Matthew 25:21).
 
 
Iremos al Cielo y viviremos allí durante toda la eternidad
 
Dios transformará nuestros cuerpos débiles en cuerpos gloriosos y entraremos en ese Reino para vivir allí para siempre. Ahora estamos viviendo como personas redimidas, como personas que han recibido la remisión de los pecados. Aunque nuestros pensamientos y mentes sean malvados, el Señor nos ha confiado una tarea importante a personas insuficientes como nosotros. Esta tarea es la de servir al Evangelio del Señor. Si predicamos este Evangelio, la valiosa Palabra de Dios, muchas personas recibirán la remisión de los pecados. El Señor nos ha confiado esta obra grande y gloriosa.
Mis queridos hermanos, ¿a quién debemos ser fieles? ¿Debemos serle fieles al mundo y a la tierra? ¿O debemos serle fieles al Reino de Dios? Debemos ser fieles al reino donde iremos y viviremos en el futuro, es decir, debemos predicar el Evangelio para que muchas más personas nazcan de nuevo, y debemos complacer al Rey del reino donde los nacidos de nuevo viven para siempre. Esta es la vida sabia. Debemos reconsiderar aquí la manera sabia de vivir el resto de nuestras vidas.
Hemos recibido la remisión de los pecados. Somos el pueblo de Dios. Como dice la Palabra de Dios: «Sois ciudadanos del Cielo», somos ciudadanos del Cielo. Somos los santos de Más Exaltado. Somos el pueblo del Reino de los Cielos. Nuestras vidas deben ser fieles a nuestro reino. Esta vida es la vida de los sabios.
Esto es lo que nos enseña el pasaje de las Escrituras de hoy. El Señor siguió diciendo: «Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas». A través de esta parábola el Señor nos está diciendo que vivamos en este mundo con sabiduría, enseñándonos que no debemos servir a las riquezas y al Señor como si sirviésemos a dos maestros. Vivir con sabiduría es complacer al Señor, el Maestro de nuestro reino futuro. ¿Creen en esto?
¿Para qué debemos vivir el resto de nuestras vidas? Por mucho que invirtamos en el mundo, por mucha caridad que hagamos en orfanatos y servicios sociales, y por mucho que ayudemos a los más desafortunados, si no recibimos la remisión de los pecados no podremos evitar ir al infierno. Si no reciben la remisión de los pecados y nacemos de nuevo, Dios no reconoce ninguna de nuestras buenas obras en este mundo. Reunir riquezas en este mundo no es servir al Señor; es ser fiel al mundo, aunque donen $500 millones antes de morir para establecer una beca para niños desafortunados. Estas obras no tienen nada que ver con Dios.
Si ofrecen a Dios, quien ha salvado nuestras almas, incluso una pequeña cantidad de nuestras posesiones para expander Su Reino, digamos unos $500, serán recompensados. Si no tienen tanto dinero y ofrecen una cantidad que es aún más pequeña que esta, serán recompensados. Si una persona vive para predicar el Evangelio del Señor y expanden el Reino de Dios dentro de sus posibilidades en vez de servir al mundo, entonces esta persona podría vivir una vida sabia. Dios bendice a estas personas diciendo: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor». Cuando el Señor vuelva, alabará a los que han estado sirviendo al Evangelio con fidelidad diciendo: «Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí» (Mateo 25, 34-36). De esta manera, si vivimos por el pueblo de Dios, hacemos todo lo que podemos por llevar a los pecadores a la remisión de los pecados y utilizamos todo lo que el Señor nos ha dado para esto, el Señor nos recompensará.
¿Cómo podemos vivir con sabiduría? Complaciendo al Rey del reino donde viviremos. El mayordomo injusto, sabiendo que sería despedido por su maestro, redujo las deudas de los deudores. ¿A quién le era fiel este mayordomo? A sí mismo. El Señor dijo que este hombre era sabio.
El Señor dijo: «Hagan amigos por sí mismos por el injusto mamón». Debemos ser justos al Reino de Dios predicando el Evangelio. ¿Tienen suficientes facultades para hacer esto? ¿Somos 100% santos y perfectos? Aunque somos perfectos al creer en el Señor, ¿son sus acciones perfectas? ¿Son sus mentes y pensamientos perfectos? ¿Son sus planes perfectos? Tenemos muchas insuficiencias. ¿Cómo puede la gente como nosotros ser aprobada por Dios y vivir con sabiduría? Solo puede si es fiel al Reino de Dios.
Ser fiel no significa que tengan que ofrecerlo todo, sino que significa intentar hacerlo lo mejor posible y complacer al Rey del Reino donde vivirán. Esto es lo que significa ser fiel.
La Biblia tiene muchos pasajes que parecen extraños. El pasaje de las Escrituras de hoy es un ejemplo; dice que un mentiroso era sabio. Cuando estaba en el seminario, tuvo que escribir tres sermones basados en este pasaje. Pero cuando lo leía entonces no podía entender por qué Jesús dijo que el mayordomo era sabio aunque había mentido. Así que tomé un comentario y lo copié, y me aprobaron.
El pasaje de las Escrituras de hoy habla de los nacidos de nuevo claramente: vivid con lealtad, sabiduría y no en vano. Aunque no tengamos posesiones ahora, deben vivir con sabiduría. Deben ser sabios. Deben vivir por el reino al que irán en el futuro. Deben vivir por la recompensa que recibirán si van a este Reino. Así que, mis queridos hermanos, no tengan alianzas con las cosas inútiles.
Algunas madres son tan protectoras que les dan regalos a los maestros de sus hijos, incluyendo dinero. Pero, ¿saben cómo tratan estas madres a la Iglesia de Dios? Aunque les dan muchos regalos a los maestros, cuando se trata de la Iglesia de Dios, la ignoran y la tratan con indiferencia. Si son así, dejen de comportarse de esta manera. Es muy insensato. No sean insensatos. Tienen que dares cuenta de sus alianzas. No deben vivir por sí mismos carnalmente y ganar mucho dinero. Si usan su riqueza de manera adecuada según sus deseos espirituales, serán sensatos, pero si acumulan tanto dinero que no pueden gastarlo todo, serán insensatos.
Una vez oí que una mujer mayor en los Estados Unidos murió y se descubrió que tenía cientos de miles de dólares debajo de la moqueta de su casa. Pero aún así murió de hambre. Esto no tiene sentido. ¿Quién se gastará todo este dinero? Como la mujer murió sin parientes, el gobierno tomó todo el dinero y lo gastó en un proyecto público. No tiene sentido. ¿Quieren acumular dinero en este mundo? ¿Cuando este mundo se queme durante la Gran Tribulación, las riquezas también se quemarán.
Piensen en esto. ¿Qué tipo de vida es la mejor para vivir en este mundo? Una vida que se vive por uno mismo. Servir al Evangelio es también por nuestro propio bien. Seremos felicitados y recompensados por el Señor, el Rey del Cielo, por haber predicado el Evangelio diligentemente. Hay un Reino Milenario esperando. Debemos vivir correctamente por nuestro bien. Debemos vivir por nosotros en vez de vivir por los demás. ¿Es esto extraño? Pero es cierto.
Mi cuerpo y mi mente serán transformados para vivir en el Reino del Señor durante la eternidad. Por eso estoy predicando el Evangelio, para poder reunir a más gente para que viva conmigo. Hay muy pocas personas que vivirán en ese reino conmigo. Así que estoy predicando el Evangelio diligentemente. Creo que el Señor no pondrá a los justos con los injustos. Aunque no sé exactamente cuándo me recompensará el Señor con el Reino Milenario, creo que está recompensa vendrá segura. Sé que buscar el interés del Señor es buscar mi propio interés. Estoy convencido de que cuando los santos buscan el interés del Señor y sirven al Evangelio, están sirviendo los intereses de sus familias y descendientes. Creer en Dios es por el bien propio. Debemos creer en Dios para recibir la remisión de los pecados y entrar en el Cielo. Debemos vivir con sabiduría. No sean fieles a cosas inútiles. Deben vivir una vida sabia.
 
 
Jesús nos dijo que hiciésemos amigos con las riquezas
 
Jesús nos dijo que hiciésemos amigos con las riquezas. Incluso hacer amigos requiere dinero. Sin dinero es difícil vivir y mantener relaciones personales. Es muy difícil hacer amigos. Así que deben tener amigos para ganar dinero. Deben tener dinero para predicar el Evangelio a sus amigos. Predicar el Evangelio requiere el dinero que el Señor nos ha dado en este mundo. ¿Por qué deben los santos ganar dinero en este mundo? Porque tienen que hacer amigos: El dinero no debe ganarse con maldad. Debe ganarse siguiendo las leyes y sin traspasar los límites de sus conciencias y este dinero debe servir al Evangelio.
La razón por la que los santos deben trabajar diligentemente para ganar dinero es hacer amigos. Intenten gastarse su dinero ganado con el sudor de su frente en sus amigos por el bien del Evangelio, invítenles a comer y tomen esa oportunidad para darles testimonio del Evangelio. Estoy seguro que esto les ayudará a predicar el Evangelio. Pero si solamente les predican el Evangelio sin gastarse dinero, no funcionará.
Debemos recordar que el Señor nos dijo que viviésemos con sabiduría. Para vivir con sabiduría, debemos ganar dinero. Debemos hacer todo lo posible por ganar dinero para predicar el Evangelio. Cien mil dólares invertidos en el mundo no valen para nada, pero si se gastan en el Evangelio, darán fruto diez y cien veces. Si toman una bebida en un bar de lujo y le dan al camarero una propina de $100, no les dará ni las gracias. Pero si se gastan $100 por el Evangelio del Señor, nadie podrá quejarse a sus espaldas, y este dinero será utilizado para una buena causa. Por eso deben gastarse su dinero con sabiduría.
A través del pasaje de las Escrituras de hoy el Señor nos ha dicho claramente: «Ganad amigos por medio de las riquezas injustas». El dinero es importante para predicar el Evangelio. Por supuesto, el Evangelio no puede predicarse solamente con dinero. También necesitamos fe, oraciones, la Iglesia de Dios, lectores espirituales, trabajadores fieles, herramientas como libros y ordenadores, etc. Pero esto no cambia el hecho de que el dinero es necesario para predicar el Evangelio. Debemos hacer esta obra con lealtad. Dicho de otra manera, en vez de ser fieles a otras cosas, debemos gastarnos el dinero por el Señor, para predicar el Evangelio, de la misma manera en que tenemos un Maestro al que servir. La Biblia dice: «El impío toma prestado, y no paga; Mas el justo tiene misericordia, y da» (Salmos 37, 21). Los justos quieren dar. Esta es su disposición. Jesús dijo que los que dan están más benditos que los que reciben.
Exceptuando a los ministros que trabajan solamente para el ministerio, los demás debemos ganar dinero. Incluso estos ministros pueden ganar dinero para servir al Evangelio como hizo el Apóstol Pablo. Todos debemos saber cómo gastar este dinero de manera adecuada en la familia y la Iglesia. Si nos aferramos a nuestro dinero como si fuésemos a vivir mil o diez mil años en este mundo, no podremos servir al Evangelio. Esto es servir al mundo. Entre el Evangelio y el mundo, ¿a quién vamos a servir más? Lo que debemos hacer reservar parte de nuestras posesiones para cosas que necesitamos para nuestras familias y la educación de nuestros hijos y gastar lo demás por el Evangelio.
Al final de nuestras vidas, miraremos atrás y veremos cómo vivimos nuestras vidas ante Dios. Por muy poco que hayamos dado, si lo hemos utilizado bien ante el Señor, recibiremos una corona gloriosa de justicia, pero los que hayan vivido por el mundo recibirán un castigo y no una corona. Estas personas serán castigadas por el Señor, que les dirá: «¿Por qué viven solamente por su carne cuando les he dado Mi obra justa?».
Una vida sabia es una vida fiel al Evangelio. La Biblia dice que hagamos lo que hagamos, comamos o bebamos, debemos hacerlo todo por el Señor. El Señor nos está pidiendo lealtad. Aunque todos los seres humanos sean débiles e insuficientes, los que son fieles al Señor con todas sus fuerzas, serán felicitados por el Señor por su servicio. Sin embargo, si una persona esconde sus posesiones aunque tenga suficiente riqueza, no está siendo fiel al Señor ni es sabia.
Debemos vivir con sabiduría. Cuando leemos las Epístolas Paulinas vemos que ciertos hermanos y hermanas siguieron al Apóstol Pablo y le sirvieron durante su ministerio. Las Iglesias a las que Pablo había servido con la Iglesia de Dios deberían haberle servido a Él, pero algunos hermanos y hermanas que le siguieron le sirvieron en vez de estas Iglesias. El Apóstol Pablo llamó a esta gente Sus compañeros, y los describió como obreros de la justicia, sus hermanos y mensajeros de Dios. Aunque estas personas no predicaron el Evangelio por su cuenta, trabajaron con el Apóstol Pablo para reunir los recursos económicos necesarios para su ministerio. Por su fidelidad el Apóstol Pablo los llamó mensajeros de Dios.
Mis queridos hermanos, les pido que trabajen duro por el Evangelio. Les deseo prosperidad. Al mismo tiempo no quiero que prosperen por sí mismos, sino que vivan por el Evangelio.
Algunas personas miran a los miembros de las Iglesias y piensan: «Parece que todo el mundo en la Iglesia es pobre y yo soy el único rico. Lo daría todo por la igualdad». Así que dejan de venir a la Iglesia. Estas personas no son fieles. ¿Hay alguien en la Iglesia que pida que todos entreguemos nuestras posesiones? No, por supuesto que no. Dios sabe muy bien que tenemos que cuidar de nuestras familias y satisfacer sus necesidades básicas de comida y vestido. ¿Alguna vez he dicho a nuestros hermanos y hermanas que hagan muchas donaciones porque son ricos o ricas? No, esto es lo que la gente codiciosa quiere. Por mucho o poco que tengamos, si tentemos salud, tiempo e inteligencia que Dios nos ha dado, lo correcto es trabajar duro para ganar dinero y gastar este dinero sirviendo al Señor y predicando el Evangelio. Lo correcto es servir al Señor lo mejor que podamos.
Los que tienen los medios necesarios deben servir al Señor en los campos que mejor sepan servirle. Algunas personas dicen que aunque quieren servir al Señor fielmente, no pueden hacerlo porque no tienen dinero. Pero el dinero no es el problema, cualquier persona puede ganarlo. Nuestro Señor dijo que la pobreza abunda en la riqueza de la liberalidad. Cuando menos piensen en el mundo, más pensarán en Dios. Sin embargo, si su mente está en el mundo, entonces sus ofrendas a Dios serán menores.
Mis queridos hermanos, si no estamos haciendo el ministerio de Dios a jornada completa, debemos hacer todo lo posible por ganar dinero en este mundo. El dinero puede ganarse si los nacidos de nuevo están preparados para hacerlo, hacen todo lo que pueden, oran a Dios y entonces lo consiguen. ¿Hay alguien entre nosotros que no pueda ganar dinero? Si yo no fuera ministro, trabajaría duro costase lo que costase. Si uno está decidido a servir al Evangelio materialmente, puede ganar por lo menos $2,000-3,000 al mes. El dinero siempre está en movimiento, circulando de una persona a otra. Todo lo que tienen que hacer es tomarlo. Pueden hacerlo. Así que, queridos hermanos, les pido que trabajen duro, ganen mucho dinero y vivan con sabiduría invirtiéndolo en el Evangelio.
Muchas personas no pueden ganar dinero porque tienen demasiada educación. Una persona puede ganar dinero y ahorrarlo mejor si es simple e ignorante. La gente se rinde después de intentar algo porque quiere vivir por ella misma y hacerlo todo por su bien. Deben trabajar con diligencia y dedicación cuando trabajen por el Evangelio. Solo entonces podrán convertir $10 en $1000 y después en $10.000. La Biblia dice que los ministros que entregan sus cuerpos por el Evangelio, por el reino, están benditos. Pero si los ministros de este reino comen y beben solo por su bien, se encontrarán con una desgracia.
Mis queridos hermanos, deben ser diligentes. No malgasten sus vidas. Si trabajan duro un día pueden ganar $5, pero si se quedan en casa haciendo nada como vagos diciendo: «El león está en el camino; El león está en las calles», entonces la pobreza le visitará como un león hambriento (Proverbios 26, 13). ¿Cómo van a encontrar tiempo para predicar el Evangelio si son vagos? Hay muchos lugares donde pueden ir y predicar el Evangelio según el tiempo: si hace frío y viento, pueden ir a hospitales a predicar; si hace demasiado calor y humedad, podrán ir a los bancos con aire acondicionado. Hoy y mañana hay muchos lugares donde ir a dar testimonio. Si predican el Evangelio a las almas en todos los rincones del mundo donde haya personas sin salvar, sus vidas serán mucho más valiosas.
Mis queridos hermanos, debemos ganar dinero con determinación. Jesús nos dijo que hiciésemos amigos por las riquezas injustas. El dinero también debe ganarse por Dios y las almas. Cuando nos gastamos el dinero, debe gastarse en nosotros mismos y en las almas. Esto es la sabiduría. Trabajar duro para ganar dinero por Dios y por las almas. Gasten el dinero en sí mismos y en el Evangelio. Esta es la vida sabia ante el Señor. No intenten ganar dinero por sí mismos, sino oren a Dios diciendo: «Señor, ayúdame a ganar dinero. Ayúdame a servir al Evangelio tanto como pueda».
Debemos ser sabios. ¿Qué méritos tenemos? Todo lo que tenemos es la remisión de los pecados. Aunque seamos santos, ¿qué beneficio le aportamos a Dios, y aunque hayamos pecado, qué daño le hacemos a Dios? Sin embargo, Dios nos ha salvado y tiene algo que quiere de nosotros, a quienes ha salvado. Desea nuestra lealtad. Aunque seamos insuficientes, quiere que le seamos fieles. ¿Para el bien de quién? Para el bien del Rey, el Reino de Dios y las demás almas. Aunque todos seremos recompensados al final por nuestra fidelidad, esa no es la razón por la que le somos fieles a Dios. Vivan una vida que valga la pena. No les queda mucho tiempo; aprovéchenlo mientras puedan.
Nuestras vidas son como un río. De la misma manera en que el río fluye, la vida pasa deprisa. La Navidad está cerca y pronto nos despediremos de este año y le daremos la bienvenida al nuevo. El tiempo seguirá pasando y pronto las flores florecerán en las colinas y el verano estará aquí, y entonces tendremos el campamento de discípulos en verano. Cuando las hojas se empiecen a caer, pronto celebraremos otro campamento de discípulos de invierno. Y todos tendremos un año más.
Si dejamos flotar un barco de papel en el Centro de Discípulos de Inje en el río que pasa por él, pronto llegará hasta nosotros. No le cuesta mucho al río llegar hasta aquí. No podemos parar el tiempo. Por eso debemos vivir todos los días con sabiduría. Debemos vivir sin confiar en los demás. Aunque nacimos de nuestros padres, no debemos volver a ellos con las manos vacías. Debemos estarles agradecidos por habernos criado.
Mis queridos hermanos, les pido que vivan con sabiduría. Les pido que le sean fieles a Dios. Solo los que son fieles a Dios, no sirven a este mundo, y solo los que sirven al Señor pueden ser fieles a Dios. Los que están demasiado apegados a las cosas del mundo no pueden ser completamente fieles a Dios ni pueden recibir Sus bendiciones.
Dios escucha y presta atención a las oraciones de los que son fieles a Su obra, y está interesado en todo lo que está relacionado con ellos. Les ha dado Su gracia. Pero si no hacemos la obra de Dios después de haber sido salvados, y si no solo somos infieles, sino que además dejamos de hacer la obra, Dios nos abandonará. Dirá: «Como no estáis interesados en Mí, yo tampoco tengo ningún interés en vosotros. Os veré al final».
¿Por qué Dios no está interesado en cualquier persona que no haga la tarea que se le ha confiado? Vemos con nuestros propios ojos que si una persona es insuficiente, si va a la Iglesia y es fiel al Señor como pueda, Dios le bendecirá por muy bien o mal que haga su trabajo, y le dará Su gracia si ora por sus necesidades.
La vida de la luz se vive por el Cielo, por las demás almas, por el Evangelio y por el Señor. No se vive por uno mismo. No se vive por la tierra o por el mundo. Jesús nos dijo que hiciésemos amigos con las riquezas injustas. Si no servimos al Señor con nuestros cuerpos y posesiones, los utilizaremos para cometer pecados. Si no utilizamos nuestros cuerpos y posesiones por el Señor, los utilizaremos para hacer cosas inútiles. Por eso el Señor nos dijo que hiciésemos amigos por las riquezas injustas.
Debemos vivir nuestras vidas con sabiduría y lealtad. Arrepiéntanse y examinen sus vidas para ver si son sabias. Cuando su vida les pase por delante, no podrán volver atrás. Así que, queridos hermanos, debemos ser todos justos. Debemos vivir con sabiduría. Cuando nos dan una opción, debemos hacer la obra que nos dé las bendiciones y aprobación de Dios. No debemos invertir demasiado en las cosas inútiles del mundo en vez de servir al Señor. Como la Palabra de Dios nos dice que hagamos amigos por las riquezas injustas, oro al Señor para que nos dé la sabiduría para hacer amigos por las riquezas injustas y utilizar las cosas del mundo, nuestros cuerpos, nuestras mentes y posesiones para la causa valiosa de Dios.