The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 2-12] < Génesis 2, 18-25 > “No es bueno que el hombre esté solo”

< Génesis 2, 18-25 >
«Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban». 
 
 
En el pasaje de las Escrituras de hoy del Libro del Génesis Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea”. En cuanto leemos este pasaje, podemos ver que Dios no quería vivir solo, sino que quería disfrutar de la gloria con los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios no quiso vivir solo en Su mundo, sino que quiso vivir con nosotros. Nuestro Dios quiso darnos la gracia de salvación a los pecadores y vivir con ellos con Su gloria eterna en el Reino de Dios. Así, Dios reveló Sus intenciones al crear una ayuda idónea para él y decir que no era bueno que Adán estuviese solo. 
Leamos el Libro de Génesis 2, 21. Dice: «Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar».
¿Por qué creó Dios a Eva? Porque cuando Dios vio a Adán, no le pareció bien que estuviese solo y por tanto, Dios creó a Eva de la costilla de Adán al hacerle caer en un sueño profundo, porque no había ninguna mujer en el mundo para ayudar a Adán. En aquel entonces, todas las demás criaturas no podían ser una mujer idónea para Adán, que fue creado a imagen de Dios. Por esta razón, Dios sumió a Adán en un sueño profundo, quien fue creado a imagen de Dios, y con su costilla, Dios creó a la mujer y la hizo vivir como su mujer. 
Así, Dios le dio Su Hijo al mundo, y a través de Su Hijo creó a todo el mundo. Y al hacer esto, perfeccionó Su voluntad. ¿Entienden estas palabras? ¿Entienden por qué Dios creó a la mujer al sumir a Adán en un sueño profundo y quitarle una de sus costillas? Significa que Dios nos ha convertido en el pueblo de Dios a través de Su plan perfecto de salvación que tenía en Su corazón. 
Este pasaje demuestra que Dios nos ha convertido en la Iglesia de Dios para los que viven en este mundo a través de los que creen en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando los israelitas ofrecían animales a Dios en el Antiguo Testamento, tenían que ofrecer la sangre de esos animales a través de la ofrenda de sacrificios, Dios eliminaba sus pecados y los salvaba. Dios Padre quería hacernos Su pueblo al eliminar nuestros pecados dándonos a su Hijo, Jesucristo. 
Sin embargo, Dios no puede convertir en Su pueblo a los que ofrecen sacrificios como el de Caín. Esto se debe a que la gente como Caín pide la remisión de los pecados con una ofrenda del fruto de la tierra y eso no complace a Dios. Dios solo aceptó la ofrenda de la fe de Abel, y por eso quiere adoptarnos a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu como hijos Suyos al darnos la remisión de los pecados. 
¿Cómo estableció Dios la Iglesia de Dios en este mundo? ¿Y cuál es Su Iglesia? Y, ¿qué tipo de personas se reúnen para formar la Iglesia de Dios? El pasaje de las Escrituras de hoy responde estas preguntas. Dios quiere que entendamos todos estos aspectos de la Verdad. Cuando pensamos detenidamente en estas cosas, podemos recibir un beneficio espiritual grande por nuestra fe. 
Al sacarle una costilla a Adán, Dios creó a Eva, la mujer de Adán. Esto significa que Dios ha redimido los pecados de los seres humanos mediante el bautismo de Jesucristo y Su sangre derramada en la Cruz, y ha creado la Iglesia de Dios con los justos. Al hacer eso, Dios ha hecho que la providencia divina sea formar la Iglesia de Dios con los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. La palabra iglesia, έκκλησία (Ekklesia) en griego, significa la reunión de los que han sido separados del mundo. Esto significa que Dios nos ha adoptado a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu como Su pueblo por Su amor. Dios nos está diciendo que la Iglesia de Dios fue creada de una costilla tomada de Adán, que representa a Jesús que tenía que venir (Romanos 5, 14). Por tanto, Dios nos ha dado la remisión de los pecados a los santos por el Evangelio del agua y el Espíritu para que el Espíritu Santo resida en el corazón de todos los santos de Su Iglesia que fue creada de una costilla de Adán. Como ha hecho que el Espíritu Santo resida en los corazones de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, les ha dado la remisión de los pecados para que sean llamados el pueblo sagrado de Dios. 
 
 
Las esposas de Jesucristo
 
Dios Padre nos hizo convertirnos en Su pueblo sagrado al darnos a Su único Hijo como ofrenda del pecado. Jesús descendió voluntariamente al mundo encarnado en un hombre para darnos la Verdad de la salvación y recibió el bautismo de Juan el Bautista en nuestro lugar. Y al hacer esto, ha eliminado todos los pecados del mundo para siempre y nos ha salvado, a los creyentes, al derramar Su sangre en la Cruz. Jesucristo era la Verdad de la salvación escondida en la historia de la costilla de Adán. Jesucristo, quien tenía la forma de Dios, no consideró ser igual que Dios, pero se hizo sin reputación, tomando la forma de un siervo en la imagen de los hombres (Filipenses 2, 6-7). Era la encarnación del amor y el origen de la Verdad. 
Ahora, la cuestión es ¿quiénes son los que han sido creados a la imagen de Dios? Los que son convertidos en el pueblo de Dios son los que han sido lavados de sus pecados para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, nadie puede convertirse en Dios con la fe que deriva de los pensamientos humanos y no del Evangelio del agua y el Espíritu. Los cristianos que han creído en falsas doctrinas humanas y no en el Evangelio del agua y el Espíritu no pueden convertirse en el pueblo de Dios aunque quieran. Por tanto, tienen que deshacerse de los pensamientos de que una persona puede entrar a ser parte del pueblo de Dios sin el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Los que quieren convertirse en justos al deshacerse de los pecados sin el Evangelio del agua y el Espíritu no pueden convertirse en el pueblo de Dios, sino que solo se convierten en los que serán destruidos por sus pecados. Entonces, ¿quiénes son los que han llevado a los miembros de sus iglesias a una fe falsa sin el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Qué tipo de personas son exactamente? Son las personas que han intentado creer en Jesús como el Salvador sin el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu. La gente que ha intentado recibir la remisión de los pecados sin el Evangelio del agua y el Espíritu son farsantes y dan pena. Son personas religiosas que tienen una fe inventada que no está hecha con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios no llama a los que se han aferrado a su propia voluntad y han abandonado el Evangelio del agua y el Espíritu para ser parte de Su pueblo. Dios solo considera a los que han sido redimidos de sus pecados para siempre por la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo, el Hijo de Dios, les ha dado como Su pueblo. 
La Iglesia de Dios es donde está reunido el pueblo de Dios, los que han sido redimidos de todos sus pecados para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu como los que en el Antiguo Testamento recibían la remisión de los pecados al ofrecer sacrificios dentro del Tabernáculo. Los sacrificios del Antiguo Testamento permitían a los israelitas recibir la salvación de los pecados cuando ofrecían sacrificios adecuados en el Tabernáculo: especialmente en el Día de la Expiación, Aarón, el Sumo Sacerdote, ponía las manos en la cabeza del chivo expiatorio y confesaba todos los pecados del año de todo el pueblo como su representante; entonces todos los pecados de Israel eran pasados al sacrificio; y al enviar al animal al desierto para que muriese, la gente podía librarse de sus pecados (Levítico 16). En esta era del Nuevo Testamento, podemos caminar con el Dios santo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora, todos los pecadores pueden entrar en el Reino de Dios donde no hay pecados al recibir la remisión de los pecados de esta manera. El pueblo de Israel pudo formar la Asamblea de Dios mediante el sistema de sacrificios del Tabernáculo. En la era del Nuevo Testamento, la Iglesia de Dios se estableció para los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Entonces, ¿son Iglesias de Dios los edificios actuales? Los edificios en sí no pueden ser la Iglesia de Dios. Solo porque un edificio tenga una cruz no lo hace una Iglesia de Dios. Se dice que hay una capilla en España que lleva más de 100 años en construcción. Pero los edificios que son visibles al ojo de la carne no son la Iglesia de Dios, sino simplemente lugares para adorar a Dios, nada más. 
1 Corintios 1, 2 dice: «A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro». Este pasaje nos da una definición clara de la Iglesia de Dios: la Iglesia de Dios es la reunión de los santos que han sido santificados en Cristo Jesús, es decir, los que se han convertido en justos al recibir la remisión de los pecados a través de la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor reside donde se reúne esta gente. Hay santos en la Iglesia de Dios y también hay un líder establecido por Dios. Los siervos de Dios son los que guían a los santos para seguir la justicia de Dios. Dios establece esta reunión. En la verdadera iglesia de Dios hay siervos de Dios y santos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y que están predicando la justicia de Dios al unirse. 
El lugar llamado Iglesia de Dios es sagrado porque en él se reúne el pueblo de Dios de este mundo en Jesucristo y donde esas personas reciben la completa remisión de los pecados porque se les predica el Evangelio del agua y el Espíritu. Como se han convertido en el pueblo de Dios que tiene el Espíritu Santo en su corazón, se pueden llamar miembros de la Iglesia de Dios. 
 
 
Las esposas falsas
 
Los que no son teólogos de hoy en día dicen palabras sin fe de la Palabra de Dios y no cumplen la voluntad de Dios. Hay personas que niegan el Evangelio del agua y el Espíritu y la divinidad de Jesús. Su meta es solo quitarle la divinidad a Jesucristo negando el poder supernatural que Jesús ha mostrado y el hecho de que Jesús es Dios. Dicen que Jesús no caminó por el agua y que fue una mera ilusión. Dicen que los discípulos que testificaron que vieron a Jesús caminar sobre las aguas, en realidad vieron el sol reflejado sobre el agua de manera que parecía que Jesús estuviese caminando sobre el mar. Y por eso, insisten que Jesús caminó sobre la orilla y no sobre el agua. La gente que afirma esto niega la divinidad de Jesús y Su obra. Las personas que no son teólogas no creen en la justicia de Dios. 
Pero, Jesús caminó sobre las aguas y con la Palabra de poder ha borrado todos los pecados de la humanidad. Además, Jesús calmó las olas feroces del mar con Su Palabra de poder. Jesús, como el Salvador de toda la humanidad, eliminó los pecados del mundo al recibir el bautismo de Juan el Bautista y derramar Su sangre en la Cruz mientras cargaba con los pecados del mundo a Sus espaldas. Los cristianos de cada denominación ahora piensan que las doctrinas de sus respectivas denominaciones son importantes, pero como Dios ha salvado a la humanidad mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, solo considera valiosos a los que creen en la justicia de Dios y nada más. Esto se debe a que solo los cristianos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden convertirse en el pueblo sagrado de Dios. Dios nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu con el que podemos recibir la salvación de los pecados del mundo. Y así, Dios nos ha reconocido como Sus hijos solo a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. La prueba de este hecho es que Dios nos ha dado el Espíritu Santo como don a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Debemos darnos cuenta de que Dios quiere arrojar su ira feroz como lava ardiente sobre los falsos creyentes de esta era. La gente que tiene una fe falsa debe darse cuenta de que va a recibir el juicio terrible de la ira de Dios en el futuro, y tiene que estar preparada para esto. Los falsos profetas de hoy en día están explotando a los miembros de sus iglesias al mentirles. Son los que «matando a las personas que no deben morir, y dando vida a las personas que no deben vivir, mintiendo a mi pueblo que escucha la mentira» (Ezequiel 13, 19). Sin embargo, como el Señor está lleno de misericordia y así, al salvarnos a los pecadores para siempre con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, todo lo que quiere es que creamos con nuestros corazones. 
Si alguno de ustedes cree en Jesús como el Salvador sin saber correctamente cómo el Señor ha borrado nuestros pecados y como ha recibido el juicio en nuestro lugar, esa persona debe darse cuenta de que su fe es falsa. De ahora en adelante, esta persona debe conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y creer en ella correctamente. No pueden ser justos con tan solo confesar que Jesús es su Salvador. Esta fe es una vergüenza para Jesús. Si una persona que se está ahogando intenta salir del agua agarrándose a una cuerda que le lanzan desde un helicóptero, creyendo solo en su fuerza y sin atar la cuerda a su cuerpo, se cansará al final y soltará la cuerda. Por eso, creer en el Señor como el Salvador solo con la voluntad propia, no puede salvar el alma. Como esta gente cree que está creyendo en Jesús de verdad aunque no conozca la Verdad del agua y el Espíritu, solo caerá en la destrucción con los pecados que quedan intactos en su corazón hasta el final. El Señor nos ha dicho: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 32), y aún así, ¿debemos ser destruidos al final incluso si hemos escuchados esta Verdad del Evangelio? Si morimos sin reconocer la Verdad de la salvación y sin darnos cuenta de que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que nos ha librado de los pecados, seremos muy penosos. Por tanto, todos debemos escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu con nuestros oídos y creer de corazón. 
Al hacer esto, debemos recibir la salvación y convertirnos en personas que tienen vida eterna. Si hay alguien entre ustedes que crea en Jesús incondicionalmente como el Salvador sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, esa persona debe darse cuenta de lo ignorante que es su fe. 
 
 
Los falsos profetas serán separados de Dios
 
La mayoría de los cristianos empiezan a ir a la iglesia sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu al principio. Pronto se darán cuenta de la Ley de Dios y de sus pecados poco a poco mientras viven con fe. Y al final, todos caen en el cristianismo doctrinal y son destruidos. Sin embargo, puede haber algunas personas que reciban la remisión de los pecados por haber conocido el Evangelio del agua y el Espíritu por la bendición de Dios y por haber creído de todo corazón. 
Pero lo que más me entristece es que la mayoría de los cristianos de hoy en día están muriendo porque no tienen ningún deseo de conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. La gente así llorará el día en que haya rechinar de dientes. Al final esta gente protestará de la siguiente manera: «Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en Tu nombre, arrojamos demonios en Tu nombre e hicimos muchos milagros en Tu nombre?». Como vivieron haciendo muchos sacrificios por el Señor, protestarán: “¿Cómo puede el Señor decir que no nos conoce?”
Sin embargo, deben reconocer que el Señor nunca hará que los pecadores se conviertan en Su pueblo. El pueblo del Señor está compuesto por los que han recibido la remisión de todos los pecados para siempre al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, los cristianos pecadores deben seguir haciendo la obra de Dios después de haber borrado los pecados de sus corazones primero. Si no lo hacen, escucharán un rugido de Dios diciendo: “Apartaos de Mí, obradores de iniquidad” (Mateo 7, 23). El Señor les regaña porque han sido falsos profetas que han intentado predicar la Palabra de Dios sin haber recibido la remisión de los pecados ante Dios. Son los que trabajan duro para el Señor aunque no estén cualificados para ser Sus obreros. En otras palabras, son trabajadores ilegales. 
Queridos hermanos, ¿pueden entender lo que les estoy diciendo? Si los pecadores que no están cualificados para hacer la obra de Dios hacen la obra de Dios como si fueran verdaderos trabajadores, entonces no han hecho la verdadera obra de Dios, sino que seguirán siendo personas que se levantan contra la obra de Dios y Su santo nombre; y no podrán escapar de Dios por sus pecados. 
Si van a recibir el juicio por sus pecados ante Dios, ¿cómo van a vivir por los demás? ¿Cómo puede un líder ciego guiar a otro ciego? Así son los falsos profetas que practican la iniquidad ante Dios. Son personas que no han recibido la remisión de los pecados ante Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Han cometido fraude espiritual contra muchas personas con mentiras. 
Queridos hermanos, deben saber que cuando el Señor dijo en Mateo 7: «Apartaos de Mí, obradores de iniquidad» (Mateo 7, 23), estaba hablando de los falsos profetas. 
 
 
Debemos conocer el Evangelio del agua y el Espíritu correctamente y creer en él
 
Por nosotros, Dios Padre ha enviado a Su Hijo Jesucristo y al pasar todos nuestros pecados a Jesucristo a través del bautismo, hizo que tomase todos nuestros pecados y recibiese el juicio por esos pecados. Y así podemos recibir verdaderamente la remisión de los pecados y convertirnos en el pueblo de Dios cuando creemos en Jesucristo, quien ha venido a este mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu, como nuestro Salvador. Debemos convertirnos en el pueblo de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso debemos saber correctamente que todos nuestros pecados han sido pasados a Jesucristo por Su bautismo. Sin embargo, incluso ahora, muchas personas creen en Jesucristo como el Salvador sin conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, y como creen en Jesús según sus instintos y emociones de la carne, siguen creyendo en algo falso. 
Los santos de Dios han sido creados básicamente de una de las costillas de Adán. En otras palabras, hemos sido convertidos en el pueblo de Dios, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que fue cumplido por el sacrificio de Jesucristo. Al tener fe en esto, podemos convertirnos en hijos de Dios. Si quieren ser personas sin pecados, deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si intentan borrar sus pecados con lo que saben por los instintos de la carne, no es posible, y por eso deben borrar todos sus pecados para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad que convierte a los pecadores en justos. Deben abandonar la fe falsa, es decir, los evangelios que son diferentes del Evangelio del agua y el Espíritu, y después creer en este verdadero Evangelio, que es perfecto. Incluso ahora muchas personas viven en vano con la fe en la propia justicia, sin conocer la justicia de Dios. Si nos aferramos a la verdadera justicia de Dios, ni siquiera el malvado Satanás puede hacernos daño. 
Llegará el día en que toda su fe será conocida. Hace mucho tiempo, había cierto hombre que pintó de blanco las plumas de un pájaro para venderlo. Aunque ese tipo de pájaros no son de color blanco, como el hombre lo había pintado todo de blanco y lo había puesto a la venta, cierto hombre rico pagó mucho dinero por él y se lo llevó. El hombre rico estaba muy contento por haber comprado el pájaro. Pero un día llovió dentro de la jaula y lavó toda la pintura del pájaro, por lo que los colores naturales del pájaro quedaron expuestos. En aquel momento, el pájaro mostró que era más feo que otros pájaros normales. Solo entonces, el hombre rico se lo devolvió al vendedor y le pidió que le devolviese el dinero, enojado y llamándole estafador. 
Queridos hermanos, si engañan a sus corazones, caerán en un gran caos. Toda la gente agoniza por sus pecados. Y como no puede resolver el problema del pecado, cree en un Evangelio diferente al Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, se convierten en pecadores aún más. Por tanto, los cristianos que tienen pecados en sus corazones ahora deben confesar ante Dios que tienen pecados, y deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si todavía tienen pecados en sus corazones, deben confesarlos honestamente en vez de esconderlos y después deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
Ahora me gustaría compartir el pasaje de las Escrituras de 1 Juan 1, 9 aplicándolo a los pecadores que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Está escrito: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1, 9). 
En el capítulo uno de la Primera Epístola de Juan Dios habla al pecador y al justo utilizando la conjunción “si” en el subjuntivo. En este capítulo encontramos algunas frases con el “si” condicional: “Si decimos que estamos con Él y caminamos en oscuridad” (versículo 6); “Pero si caminamos en la luz como Él es la luz” (versículo 7); “Si decimos que no tenemos pecado” (versículo 8); “Si confesamos nuestros pecados” (versículo 9); y “Si decimos que no hemos pecado” (versículo 10). 
¿Qué nos está diciendo este pasaje? Nos está diciendo que los cristianos no debemos engañar a Dios, diciendo que no tenemos pecados porque creemos en Jesús a pesar de tener pecados en nuestros corazones. Ya crea o no en Jesucristo, si una persona tiene pecados, es pecadora; pero si no tiene pecados, porque han sido eliminados por su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, es una persona nacida de nuevo. 
Algunas personas dicen que no tienen pecados a pesar de que tienen pecados en sus corazones, y aunque tienen pecados en sus corazones, dicen no tenerlos. Dicen esto en vano porque creen en Jesús como el Salvador. Pero en realidad solo lo dicen para sentirse mejor, engañando a sus corazones, aunque tienen pecados en sus corazones. Estas personas no deben engañar a Dios, que es Santo, y no deben engañar a sus conciencias. Deben darse cuenta de lo que la Palabra de Dios está diciendo. 
En el Evangelio de Mateo 5, se dice: “Benditos los pobres de espíritu”. Los cristianos del mundo malinterpretan el pasaje de 1 Juan 1, 9. Lo interpretan desde un punto de vista doctrinal e insisten en que debemos ofrecer oraciones de penitencia todos los días para perdonar nuestros pecados personales. Pero esto no es cierto porque este pasaje habla a todos los pecadores para que reciban la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si no creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, todos tendremos pecados. Y si tenemos pecados, primero debemos confesarlos. No debemos intentar engañar a nuestros corazones y decir que no tenemos pecados. 
Leamos 1 Juan 1, 8 juntos. Dice: «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros». La frase engañamos a nosotros mismos habla de la gente que no ha nacido de nuevo todavía, que dice que no tiene pecado a pesar de tener pecados en sus corazones. Es cierto que los que tienen pecados en sus corazones ahora no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad. Este pasaje de las Escrituras nos dice que si alguien no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu y dice que no tiene pecados a pesar de tenerlos, la Palabra de la Verdad no está en esa persona. Dios nos está diciendo que si hay una persona sin pecados entre nosotros, esa persona cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. 
¿Cómo pudo Jesús borrar todos nuestros pecados aunque insistamos que no tenemos pecados? En realidad, tienen pecados en sus corazones. Primero deben confesarlos si quieren recibir la remisión de los pecados de Dios. Si tienen pecados en sus corazones a pesar de haber creído en Jesús durante mucho tiempo, tienen que decir: “Señor, soy un pecador que va a ir al infierno. Por favor, sálvame de estos pecados”. Por lo menos tienen que decir la verdad. Pero si no dicen la verdad, ¿cómo va a eliminar sus pecados el Señor? Deben tener un corazón recto y fe. Y, si no es así, el Señor no podrá borrar sus pecados mediante la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Deben saber cómo Jesús borró todos sus pecados y solo entonces sus pecados desaparecerán. 
Lo que tenemos que tener en consideración aquí es el hecho de que el Señor ha borrado todos nuestros pecados para siempre mediante la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Como el Señor ha borrado todos los pecados del mundo para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, todo lo que tenemos que hacer es convertirnos en justos para que nuestros pecados queden expuestos y recibir la remisión de los pecados al creer en ese Evangelio. Sin embargo, si no creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y decimos que no tenemos pecados a pesar de que hay pecados en nuestros corazones, el Señor no podrá borrarlos aunque sea Dios. Por eso, lo esencial para nosotros es conocer a un siervo de Dios justo. Solo entonces podemos examinar nuestras almas correctamente. 
Esta Palabra de Verdad nos dice que el Señor vino a este mundo y borró nuestros pecados para siempre por el Evangelio del agua y el Espíritu; así que si creemos en esta Verdad del Evangelio, recibiremos la salvación. Pero si no creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones, tendremos pecados en nuestros corazones. Debemos pensar en esto durante un rato. El Señor ha borrado todos los pecados del mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que, ¿tiene que borrar nuestros pecados de nuevo? Lo que estoy diciendo es que, en cuanto los que no tienen el Evangelio del agua y el Espíritu todavía, la Palabra de Dios no ha entrado en sus corazones todavía. 
Ahora, podemos ver que hay muchos cristianos que engañan a sus corazones. Ahora mismo, hay muchos cristianos que se están engañando a sí mismos. Deben orar confesando sus pecados: “Señor, soy un pecador grave destinado a ir al infierno”. ¿Hay alguien que piense que cree en Jesús como el Salvador a pesar de tener pecados en su corazón? La verdad es que son pecadores porque tienen pecados dentro de sus corazones. Ser cristiano no le hace justo. ¿No es verdad? Si tienen pecados ante Dios, no son más que pecadores. La gente que no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu que nos dio Jesucristo no puede decir que conoce la Verdad de la salvación. ¿No es cierto? 
¿Creen que no hay ninguno justo? Si creyésemos en Jesucristo, que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, seríamos justos y no pecadores. ¿Saben cuántas veces aparecen las palabras “justos” y los santos en la Biblia? Aparecen más de 300 veces. En el Antiguo Testamento, estas palabras aparecen muchas veces. Algunas personas pueden discutir contra la verdad al mencionar Romanos 3, 10: “No hay ninguno justo, ni uno solo”. Lo que nos dice este pasaje es que ninguno de nosotros es justo si no ha recibido la remisión de los pecados. En otras palabras, no hay justos entre los seres humanos en sus existencias naturales tal y como son. 
Pero en la justicia de Dios, Jesucristo ha cumplido Su bautismo y ha derramado Su sangre, y por eso podemos estar sin pecados por fe. Así que el Apóstol Pablo mencionó en Romanos 3, 24 que podemos ser justificados libremente por Su gracia a través de la redención, es decir, de Jesucristo. El Apóstol Pablo dijo: «A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús» (Romanos 3, 25-26). En resumen, podemos convertirnos en justos porque no tenemos pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y porque creemos que Dios ha borrado todos nuestros pecados. Pero la gente ignorante se aferra a la Palabra de Romanos 3, 10 literalmente. En realidad, la Palabra de Romanos 3, 10 es un pasaje que se refiere a la Palabra del Antiguo Testamento. Lo que debemos conocer es la voluntad de Dios. 
En Salmos 1, 6 está escrito: «Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá». «Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé» (Génesis 6, 9). Si miramos en una concordancia de la Biblia, debemos darnos cuenta de que hay muchas personas justas en la Biblia. En el Libro de Daniel está escrito: «Y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad» (Daniel 12, 3). Y este pasaje nos recuerda la Palabra de Jesús: «Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga» (Mateo 13, 43). 
¿Cómo dice la gente que no tiene pecados cuando hay pecados en sus corazones? ¿Llama Dios a los que tienen pecados para que sean justos? La gente tenía pecados originalmente, pero recibió la remisión de los pecados para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos dio. Si recibimos la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, estaremos para siempre sin pecados. Si cometemos un pecado después de empezar a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿volvemos a ser pecadores? No. La gente que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu no volverá a ser pecadora. Cuando nos convirtamos en personas justas, siempre seremos justos. 
Sin embargo, la mayoría de los cristianos no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Y así, si quieren conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, deben deshacerse de sus pensamientos instintivos y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Si no es así, no podrán experimentar su poder. Mientras vivimos nuestras vidas enteras, debemos conocer nuestros pecados y la remisión eterna por lo menos una vez, pero la mayoría no piensa en esto en serio. 
Desde su nacimiento, las personas son pecadoras, obradoras de iniquidad. No somos virtuosos, ni en la carne ni en el espíritu. Se dice que se puede saber si un hombre es un caballero o no cuando se le observa en solitario. Y por eso debe poder mostrar su comportamiento caballeroso incluso cuando está solo. Sin embargo, ¿somos caballerosos en nuestra forma de vida? ¿Mostramos nuestros modales aunque estemos solos? ¿Actuamos de la manera en que Dios nos ama? No, para nada. 
Jesucristo ha borrado completamente nuestros pecados para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. De la misma manera en que Dios creó a la mujer de la costilla de Adán, nos ha convertido en el pueblo de Dios mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando Dios estaba creando a Eva, no le preguntó: “Eva, ¿qué es lo que te falta?” después de crearla. 
Leamos 1 Juan 2, 1-2: «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Juan 2, 1-2). Esto significa que nuestro Señor es el que se ha llevado todos los pecados del mundo. Nuestro Señor nos convirtió en el pueblo de Dios al salvarnos para siempre de los pecados por el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos ha convertido en hijos Suyos mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. 
El Señor dijo: “No está bien que el hombre esté solo”. Este pasaje de las Escrituras nos dice que Dios quiere vivir con los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, y por eso creó la Iglesia de Dios para sacarnos del mundo. 
Damos gracias a Dios por Su amor incondicional. Le damos gracias a Dios por habernos hecho miembros de la Iglesia de Dios. Dios nos ha convertido en Su pueblo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora no estamos solos. Vivimos con Dios. Somos de Jesucristo. ¡Aleluya! Gracias, Señor.