The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 16-3] < Lucas 16, 1-13 > ¿Hay personas que viven con sabiduría ante Dios?

< Lucas 16, 1-13 >
«Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de tí? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que cuando se me quite la mayordomía, me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? El dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta. Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz. Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y él que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.»
 
 
¿Cuál es la vida justa ante Dios?
 
¿Has comido bien? Como he dicho en el servicio de esta mañana, es cierto que los que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, cuanto más sirven al Señor, más debilidades encuentran en sí mismos y menos justicia propia tienen. Como somos débiles e imperfectos, nos damos cuenta de que lo que pensábamos que era nuestra justicia no es nada. Por tanto, los justos deben vivir creyendo en la justicia de Dios, y reconociendo las insuficiencias de su carne. Esta es la vida típica de los cristianos que confían en la justicia de Dios.
En realidad, cada vida vista desde una perspectiva carnal es igual. En otras palabras, no hay nadie perfecto en este mundo. ¿Dónde se puede encontrar una persona perfecta? Como los seres humanos fueron creados del polvo, somos frágiles e insuficientes en muchas cosas. De la misma manera en que el recipiente más bonito pierde el color y se llena de imperfecciones con el uso, cuanto más somos usados para la obra de Dios, más se rompe nuestra propia justicia con el tiempo. Por tanto, es difícil recuperar nuestra propia justicia. Debemos saberlo y creerlo.
Aunque perdamos el color y la forma, Dios sigue usándonos como Sus herramientas cuando nos necesita. Un recipiente que se usa a menudo nos dice que está siendo utilizado para contener algo. Si queremos que Dios nos confíe algo y nos utilice a menudo debemos romper nuestra justicia y belleza primero. Nosotros veremos más y más debilidades, iniquidades e insuficiencias a medida que crece nuestra fe. Por tanto, nuestra propia justicia se hará pedazos y no tendremos otro remedio que vivir por fe en la justicia de Dios. Esta es la vida de fe que viven los verdaderos cristianos. Quiero decirles que es normal que los cristianos se sientan más agradecidos a Dios y tengan mayor conocimiento de la justicia de Dios cuando ven sus insuficiencias.
 
 
La vida de los sabios
 
En el pasaje de las Escrituras de hoy Jesús dijo que los hijos de este mundo son más astutos en su generación que los hijos de la luz. La gente de este mundo hace cualquier cosa por tener éxito en su vida. Si un empleado recibe una mejor oferta de trabajo que en su empresa actual, no duda en dejar esa empresa con toda la información útil. Esto ocurre muy a menudo en el mundo de los negocios. El Señor llama a estas personas astutas. ¿Por qué nos dice Dios esto? Porque Dios quiere que vivamos con astucia como la gente del mundo antes de que nos presentemos ante Él. Sé que Dios nos está diciendo que vivamos con más astucia que los hijos de este mundo en esta generación aunque seamos Sus hijos que comparten Su gloria. En resumen, el Señor nos dijo esto para enseñarnos algo.
Somos seres humanos que tienen una apariencia física que se pierde y que encuentran más debilidades a medida que pasa el tiempo. Sin embargo, hay una cosa que se hace más fuerte con el tiempo. Es nuestra fe en la justicia de Dios. Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y entendemos la justicia de Dios tenemos una fe sólida y la sabiduría crece con el tiempo, aunque nuestra carne sea más débil cada día. Somos personas santas que han recibido la remisión de los pecados al entender la justicia de Dios y confiar en ella. Esta es la razón por la que nuestra fe espiritual siempre será renovada aunque nuestro cuerpo físico se deteriore despacio. La justicia de Dios nos ha salvado de todos los pecados y nos hace fuertes. Cuando recuerdo esto me siento muy agradecido y lleno de gozo.
Necesitamos sabiduría para vivir el resto de nuestras vidas porque tenemos cuerpos imperfectos, a pesar del hecho de que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en la justicia de Dios. Tenemos que vivir una vida astuta durante el resto de nuestras vidas porque tenemos que pasar por este mundo aunque estemos cerca de Dios espiritualmente al entender y confiar en Su justicia. Estamos esperando a Jesús, quien vendrá pronto. Pero todavía tenemos un viaje largo por delante en este mundo antes de ir a vivir con Jesús. Hasta entonces necesitamos saber cómo vivir una vida justa y astuta en este mundo. Por eso Jesús nos dijo que viviésemos una vida astuta.
Esta es la vida típica de la gente del mundo: roban información confidencial de su compañía cuando se van a trabajar a otra. El siervo del pasaje de hoy llamó a los deudores de su maestro y redujo la cantidad de la deuda. Hizo esto para que la gente le tratase bien cuando dejase a su maestro. Recuerden que Jesús pensó que esta acción era astuta.
Somos justos a través del Evangelio del agua y el Espíritu y somos el pueblo de Dios sin pecados y Sus santos al recibir a Jesús como nuestro Salvador. A pesar de esto todavía tenemos que vivir en este mundo. ¿Cómo debemos vivir el resto de nuestras vidas? Debemos vivir una vida de fe astuta. Hermanos y hermanas, la justicia de nuestra fe se romperá continuamente y se deteriorará. Todas las partes del cuerpo se desgastarán y se harán más débiles. A veces nos cansamos en este mundo. En esos momentos sentimos que queremos ir al Señor lo antes posible.
Pero la realidad es que no podemos ir a Él cuando queramos, sino que tenemos que hacer Su obra lo mejor posible hasta que llegue ese día. El pueblo de Dios se siente cansado físicamente porque su propia justicia desaparece ante Dios. Pero tenemos la responsabilidad de vivir una vida astuta durante el resto de nuestras vidas llevando la gloria de Dios a nuestras espaldas, ya que nos hemos convertido en justos a través de la fe en Su justicia y la remisión de los pecados que hemos recibido de Dios. En otras palabras, debemos vivir con astucia y con fe en la justicia de Dios antes de ir ante Dios. Esto es lo que Dios nos está diciendo en el pasaje de las Escrituras de hoy.
 
 
Los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu no deben alardear de su justicia
 
Nuestra propia justicia debe derrumbarse mientras que nuestra fe en la justicia de Dios crece. Esta es la vida de los sabios. De hecho, podemos ser salvados porque reconocemos que no tenemos nada de lo que alardear, y que tenemos muchas insuficiencias. Somos débiles y malvados siempre; somos personas insensatas que tienen muchas faltas. Por tanto, debemos vivir por el Reino de Dios y no por nosotros el resto de nuestras vidas. Aunque somos insuficientes de muchas maneras, debemos vivir como ciudadanos del Reino de Dios y ser parte de la obra para llenar de prosperidad Su Reino. Ahora somos ciudadanos del Reino de Dios y por eso debemos poner todas nuestras fuerzas y nuestro corazón en nuestro futuro domicilio. Esta es la verdadera sabiduría.
¿No dijo Dios que cuanto más miserables seamos y más perdidos estemos, más útiles le seremos?, Entonces ¿cómo somos ante Dios? Pensemos en esto. ¿Crece nuestra justicia con el tiempo? ¿O se dan cuenta de que sus debilidades e insuficiencias crecen con el tiempo? Ante Dios debemos ver nuestras debilidades e insensatez que no conocíamos. Nos damos cuenta de nuestras insuficientes e incluso nos sorprendemos. Los que hemos recibido la remisión de los pecados vemos cómo nuestras debilidades e insuficiencias se revelan con el tiempo mientras servimos a Jesús. Así es como podemos ver la situación original.
Por desgracia no podemos hacer nada con nuestras insuficiencias. Todo lo que debemos hacer con nuestras debilidades e insuficiencias es admitirlas y aceptarlas. Esto es lo correcto. Si uno de ustedes quiere volver al pasado pensando: «Solía ser una persona mejor», deberán darse cuenta de que no tienen ni idea de quiénes eran. Por tanto, deben dejar de lado esos pensamientos absurdos. Todos estamos llenos de insuficiencias y manchas. No nos conocemos, solemos darnos mejores notas; pensamos que somos valientes y justos para juzgar a los demás. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de quiénes somos, esta justicia propia desaparece. No debemos criticar a otras personas por sus debilidades o insuficiencias. Debemos saber que no somos diferentes y que no somos nada. Debemos saber que solo la justicia de Dios es la verdadera justicia. Solo el Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha salvado, solo la gracia de Dios que ha redimido nuestros pecados, solo el Evangelio que nos ha adoptado como hijos de Dios son las cosas de las que podemos alardear. Cuanto más se derrumba nuestra carne, más agradecido estamos. Así que ver cómo se derrumba nuestra justicia es una gran bendición.
Entonces, ¿cómo debemos vivir el resto de nuestras vidas? En primer lugar, debemos vivir con sabiduría por fe. Aunque seamos insuficientes, nos convertimos en personas sabias cuando vivimos por el Reino de Dios. Por otro lado, los que siguen viviendo por sí mismos después de haber recibido la remisión de los pecados son estúpidos e insensatos. En otras palabras, los que no tienen justicia propia, sino que viven por la justicia de Dios, los que viven por la expansión del Reino de Dios, son los verdaderos sabios, mientras los que viven por sí mismos después de haber recibido la remisión de los pecados son insensatos. Esto es lo que nos está diciendo el Señor claramente.
El pasaje de las Escrituras de hoy nos dice como los que hemos recibido la remisión de los pecados podemos ser astutos como el siervo injusto. Hermanos y hermanas, tenemos cuerpos débiles, pero debemos vivir para expandir el Reino de Dios confiando en Su justicia. Cuando vivimos con este propósito santo, estaremos bendecidos y escucharemos a Jesús decir: «Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades» (Lucas 19, 17). Hay personas entre los justos a los que Dios reconoce. No hay otra manera de ser reconocidos por Dios. No podemos hacer que Dios nos reconozca por tener algo de lo que alardear. Dios reconoce a los que saben dónde van a ir a vivir; a quién van a pertenecer; por qué van a trabajar y hacen lo mejor que pueden por el Reino de Dios. Dios encomienda a los que son justos a pesar de sus debilidades.
Hermanos y hermanas, imaginen que son dirigentes de una empresa. Todos sus empleados son individuos únicos. ¿Podrían amarles si alardeasen de su inteligencia y sus logros causando fricciones en el trabajo y no haciendo lo que deben por la empresa? No. Lo mismo pasa con Jesús. Cuando nos comparamos con otras personas, algunas son mejores que otras. Sin embargo, no hay nada de lo que alardear ante Dios por muy inteligente que parezca uno en comparación con los demás. ¿Encomendará Jesús a los que trabajan duro por la expansión del Reino de Dios sin competir con los demás? Estas personas son especialmente sabias ante los ojos de Dios.
Somos personas únicas. Somos muy diferentes a los demás. Pero cuando nos miramos más de cerca somos básicamente iguales. Las estadísticas dicen que la gente que parece diferente, tiene una vida con pensamientos y preocupaciones similares. Somos básicamente iguales y todos tenemos los mismos problemas. Todos somos seres humanos iguales ante Dios.
¿Hemos recibido la remisión de los pecados porque hayamos vivido una vida buena y justa ante Dios? ¿Acaso no sabemos todos que eso no es verdad? Solo por el amor de Dios podemos recibir la remisión de los pecados. Nos convertimos en personas justas, no por ser mejores que otras personas del mundo, o por haber pecado menos, sino porque Dios nos amó y nos escogió con Su amor. Todos tendemos a pecar ante Dios, ¿cómo podemos decir que hemos recibido la remisión de los pecados por nuestras buenas obras? Creo que saben lo que es verdad.
 
 
Ni el pueblo de Dios ni los siervos de Dios deben proclamar su propia justicia
 
La gente que acaba de nacer de nuevo intenta cubrir sus debilidades y alardear de lo que hicieron porque tiene una fe inmadura en la justicia de Dios. Tienen miedo de revelar sus debilidades sin alardear primero. Si se revelan demasiadas debilidades no tienen fuerzas para superarlo. Si se revelan demasiadas debilidades a la gente se sienten avergonzados de venir a la iglesia. Por eso intentan esconder sus debilidades alardeando. Hermanos y hermanas, somos seres humanos patéticos que no pueden vivir sin alardear o proclamar su propia justicia aunque sea como un grano de arena. Los seres humanos son débiles e insuficientes. ¿Quién puede estar feliz cuando le duele el cuerpo? ¿Quién puede sonreír cuando su cuerpo está sufriendo? ¿Dónde pueden encontrar a una persona que diga que está feliz cuando sufre? Si existe esa persona, seguramente estará tomando drogas. Si alguien saluda a otra persona con una sonrisa en la boca a pesar de estar sufriendo, o es un buen actor o tiene doble personalidad.
Como todos los seres humanos son débiles originalmente, no hay nadie que no sea débil e insuficiente. Sin embargo ese no es un problema para el Señor. Todo lo que tenemos que hacer es unirnos con la Iglesia de Dios en Su orden y predicar el Evangelio al mundo. Por otra parte, está mal proclamar la justicia propia y molestar el ministerio del Evangelio y destruir el orden que Dios ha establecido. Perturbar el orden que se ha establecido en la Iglesia de Dios y no admitir ese orden es un acto de rebelión contra Dios. Espero que esto no ocurra en nuestra Iglesia. También espero que nadie proclame su justicia ni se alabe a sí mismo en la Iglesia, que es el cuerpo de Dios.
Ya sean importantes o no, debemos unir nuestras fuerzas y ponerlas en el ministerio de la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu. Estamos viviendo en tiempos difíciles, pero debemos unirnos en la obra del evangelismo por el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando esta obra se haya terminado, Jesús volverá y nos dará un nuevo cielo y una nueva tierra. Sé que todos reinaremos con Él como reyes. Dios también nos dará Su Reino eterno como herencia. El Señor es nuestro Padre y nos dará todo lo que tiene, así que debemos vivir por Su Reino y Su justicia. Por tanto, debemos establecer nuestra meta en entrar en el Reino de Dios y predicar el Evangelio por todo el mundo con todas nuestras fuerzas. Ya seamos insuficientes o tengamos talento, seamos listos o no, debemos hacer todo lo posible en nuestra tarea asignada y vivir por nuestro Rey, Jesucristo. Esta fe es lo que se espera de los que reciben la remisión de los pecados. Estos santos son personas muy sabias.
 
 
Somos hijos de Dios nacidos de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu
 
Los hijos de Dios viven por Dios Padre. El que tengamos culpa o no desde nuestra perspectiva no importa ante Dios. No servimos al Evangelio del Señor con nuestra propia justicia sino que vivimos por el Evangelio por fe. Esta es la manera correcta de vivir. Cuando la gente toma bebidas alcohólicas dicen «¡A tu salud!», y de la misma manera los justos debemos recordar que debemos brindar por Dios y no por nosotros mismos.
¿Por quién vivimos los cristianos nacidos de nuevo? ¿Por quién debemos trabajar? Debemos trabajar por el Señor y para que Su ministerio prevalezca en este mundo. Debemos vivir por el Evangelio. Esta es la vida astuta. Cuando hacemos esto Dios nos dará talentos y dones.
Hermanos y hermanas, ¿tienen algo en lo que piensan que destacan? ¿Podemos presumir de algo? No. Todos respetamos a los que sirven a Dios estén donde estén. No hay ninguna posición que debamos pensar que es más alta o más baja. Dios utiliza a Sus siervos para asignarles Su obra diciendo: «Este santo será muy útil en esta obra o la otra». Así que los siervos de Dios pueden ver cuando alguien puede ser utilizado mejor cuando miran su condición espiritual. Entienden qué tipo de talentos Dios ha dado a individuos en particular y cómo la persona lo hará cuando se le dé una tarea. Gracias a esta habilidad pueden asignar a sus hermanos cristianos a los puestos adecuados para que sus talentos y dones sean utilizados para servir al Evangelio. Dios nos da diferentes talentos para ser utilizados en diferentes lugares. Los santos deben utilizar esos dones y talentos para la obra de Dios. Como todos los santos tienen talentos diferentes, pueden servir al Señor desde sus puestos.
No tenemos nada de lo que presumir. Podemos vivir una vida sabia gracias a los talentos que Dios nos ha dado. Y debemos vivir el resto de nuestras vidas de esa manera. Para vivir con astucia no tenemos otra opción que vivir solamente por Dios. No hay otra manera de vivir una vida astuta si no se vive por Dios.
 
 
Por eso Jesús nos dijo que hiciésemos amigos por las riquezas injustas
 
Las posesiones de este mundo no están sucias. El dinero tiene un valor neutral; solo es bueno o malo según la persona que lo utiliza; y está limpio originalmente porque viene de Dios. Pero Dios lo llamo riquezas injustas porque la mayoría de las personas lo utilizan para satisfacer sus deseos pecadores para ellos solamente. La gente de hoy en día considera el dinero como lo más valioso, ¿no es así? Es común que la gente se centre más en ganar dinero que en conocer a Dios. Si pueden conseguir más riqueza injusta pueden hacer cosas contra su carácter e incluso abandonar a Dios, por no mencionar la infidelidad a otros o a su propia vida. Como promueve la avaricia de la gente y sus deseos de pecar, las riquezas se convierten en algo injusto. «Haced amigos por las riquezas injustas». La Palabra de Dios significa que debemos tomar las posesiones de los que viven por la razón equivocada y utilizarlas para la tarea justa de salvar a las almas. Los que viven así son astutos.
El Señor dijo que los que son justos en pocas cosas son astutos. ¿Cómo puede Dios dar más trabajo a los que no son fieles al Señor? Incluso si Dios ha preparado muchas bendiciones por ellos, no les dará Sus bendiciones si no viven por Él. Como Dios dijo esto, no podemos servir a dos maestros. El Señor dijo que solo puede haber un Maestro. Para los cristianos Jesús es el único Maestro.
En el pasado había siervos reales que entregaron sus vidas por sus reyes. Tomaron veneno de sus reyes sin cuestionarlo después de haberles servido con amor y sinceridad. ¿Por qué hacen esto? Incluso tomaron veneno por su lealtad y hubiesen hecho cualquier cosa que les hubiese pedido su rey. La historia recordará a estos siervos reales aunque la gente de su tiempo no reconociera su lealtad al rey.
Había un general llamado Seung-gyum Shin que murió por el rey Wang Gun, el fundador de la dinastía Koryeo (918-1392). Cuando su enemigo lo acorraló en una guerra, se puso las ropas del rey y se sentó en el carruaje del rey para salvarle la vida. Por este sacrificio el rey pudo escapar llevando la armadura del general y sobrevivió a la guerra. El rey celebró un funeral por todo lo alto para este siervo que le había servido con toda lealtad. El rey lo enterró en un buen lugar cerca de la ciudad de Chuncheon, donde vivo yo. El tamaño de la tumba no es muy grande pero está muy bien conservada porque sus descendientes orgullosos de él todavía cuidan de ella. Generación tras generación la gente lo recuerda por su lealtad al rey, porque se puso la armadura del rey y se sentó en su carruaje para morir por el rey. Una cosa curiosa acerca de esta tumba es que tiene tres montículos. Esto es porque el rey tenía miedo de que la cabeza de oro que se hizo para sustituir a la cabeza del siervo en memoria de su lealtad fuese robada. Así que hizo que se construyeran tres montículos en vez de uno. De esa manera la gente no sabría dónde está enterrado el cuerpo de verdad.
Podemos aprender una lección importante de esta anécdota histórica del Rey Wang Gun que recompensó a su siervo fiel, el General Seung-gyum Shin. «El Señor, nuestro Rey, nos tratará de la misma manera. Si vivimos por el Señor a pesar de nuestras debilidades nos coronará y nos dará un lugar lujoso para vivir a muchos siervos por nuestra lealtad». Podemos tener esta fe. ¿Cómo puede nuestro Rey Cristo olvidarnos si vivimos por Él y por la expansión de Su Reino con todas nuestras fuerzas, cuando el Rey Wang Gun conmemoró al general que había muerto por él al levantarle una tumba lujosa y hacer que las generaciones siguientes siguieran su ejemplo? El Señor profetizó que nos haría reyes en los nuevos cielos y tierra cuando regrese. ¿Pueden imaginar cómo de enorme será nuestra recompensa? La lealtad al rey de un país puede ser recordada durante cientos de años; entonces ¿qué pasará con los que sirven a Dios que está por encima de todo y es eterno? Seremos recordados para siempre.
El general, como ser humano tenía que morir tarde o temprano. Pero escogió morir por su rey y fue tratado con honor y alabanza. Cuando vivimos por nuestro Señor recibimos una recompensa aún más grande. Aunque no seamos tan valientes y fieles como el General Seung-gyum Shin, estamos viviendo por Cristo, nuestro Rey. Hemos hecho esto y siempre viviremos por Jesucristo hasta el fin de nuestros días. Sé que el Señor nos vestirá de su gloria por esa razón. La gloria será magnífica. Por eso el Apóstol Pablo dijo: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse» (Romanos 8, 18). Quiero que crean que los sufrimientos de este mundo solo son temporales, pero la gloria que sigue permanecerá para siempre. Sé que Dios nos dará esta gloria.
Aunque somos tan insuficientes estoy seguro de que Dios nos dejará compartir Su gloria porque hemos vivido por Él; porque hemos vivido para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y por la predicación de la justicia de Dios. Distribuimos libros, los publicamos, ofrecemos nuestras posesiones materiales para este trabajo y gastamos este dinero por el Señor, enviamos correos todo el día, preparamos tres comidas al día para los trabajadores, hacemos recados, limpiamos el suelo y las escaleras y encendemos el fuego para los trabajadores cada mañana cuando hace frío. ¿Es eso todo? No. Hemos vivido por la Gloria de Dios, ya comamos o bebamos. Por esa razón Dios nos recompensará sin importar cómo hayamos hecho nuestro trabajo. Y nos reconocerá como siervos astutos.
 
 
¿Tienen fe en la justicia de Dios?
 
Mi justicia está derruida y lo único que me queda es la fe en la justicia de Dios. Me enorgullece tener la justicia de Dios y servirle con orgullo. Creo que los que vivimos con fuerzas que nos da la fe en la justicia de Dios seremos seres gloriosos que recibirán todas las bendiciones y gloria ante Dios el último día.
Cuando llegue el día Dios juzgará a todos los que intimidan al pueblo de Dios que vive por su justicia en este mundo. Entre los nacidos de nuevo, Dios ha dicho que se deshará de los que han molestado y confrontado a las personas sabias y los pondrá con los hipócritas (Mateo 24, 51). Las palabras «darle su porción con los hipócritas» significan que Dios les castigará de la misma manera que los que no han nacido de nuevo. Para ser bendecidos debemos vivir con sabiduría confiando en la justicia de Dios. Una persona que haya recibido la remisión de los pecados debe vivir una vida sabia.
Como hemos recibido la remisión de los pecados al creer en la justicia de Dios, lo único que tenemos que hacer es vivir con astucia. Esto significa que debemos hacer lo que podamos en este momento y crecer en la fe. Una vida astuta consiste en escuchar la Palabra de Dios, entregarle nuestro corazón, pensamientos, cuerpo, tiempo y dinero. Debemos vivir una vida justa por la gloria de Dios, ya comamos, bebamos o hagamos lo que hagamos, y esta vida es astuta ante Dios. Podemos recibir todas las bendiciones que Dios nos quiera dar solo cuando vivimos con astucia. Esta vida les da gozo a los justos. Pero si no viven por la justicia de Dios o la expansión de Su Reino incluso después de haber recibido la remisión de los pecados y la justicia de Dios, son insensatos y malvados. Estas personas son estúpidas y malvadas y desperdician la oportunidad de acercarse a Él.
No ser sabio tiene que ver con la recompensa en el Cielo. También está relacionado con recibir bendiciones en este mundo. No debemos presumir de nuestra propia justicia, sino darnos cuenta de nuestras insuficiencias y venir a Dios creyendo en que el Evangelio del agua y el Espíritu ha erradicado todos nuestros pecados. Y debemos presumir de la justicia de Dios que nos ha permitido recibir la remisión de los pecados. Solo entonces podremos ser astutos ante Dios. Los que nos hemos convertido en hijos de Dios al recibir la justicia de Dios debemos vivir con astucia.
¿Tenemos algo de lo que presumir ante Dios? Por mucho que busquen, no lo encontrarán. Algunas personas están orgullosas de su fuerza física y su justicia; dicen que confían en sus puños. La gente del mundo puede tener algo de lo que presumir, pero los cristianos nacidos de nuevo no tienen nada de lo que alardear ante Dios. Si encontramos algo de lo que alardear es la fe en la justicia de Dios. Esto da gloria a Dios. Solo podemos presumir de creer en la justicia de Cristo. Le doy gracias a Dios por el hecho de que no tenemos nada de lo que presumir a parte de Cristo Jesús.
Puede que todos hayan pensado en cómo vivir su vida y por qué vivir. Todos tenemos la experiencia de tener que tomar decisiones importantes. Nosotros escogemos caminar por fe en la justicia de Dios. Por eso no podemos volver atrás. Podemos apostar nuestras vidas por la predicación del Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo. Esta decisión es la más importante y sabia, y lo que tenemos que hacer ahora es vivir el resto de nuestras vidas basándonos en las decisiones. Dios nos ha dado todo lo necesario para vivir una vida astuta. Dios nos dio Su Iglesia, un trabajo y la gracia para vivir una vida justa. Estamos bien equipados para cualquier circunstancia, en cuanto al tiempo y la fe, y en un sentido espiritual, físico y mental. Por tanto, debemos estar agradecidos a Dios de corazón. En cuanto decidimos creer en la justicia de Dios, Dios nos da la bienvenida y responde con gracia abundante. En realidad estamos bendecidos ante Dios y tenemos mucho que agradecerle.
 
 
Entonces, ¿por qué debemos vivir el resto de nuestras vidas?
 
Hermanos y hermanas, todos nuestros pecados fueron redimidos por la justicia de Dios. Entonces, ¿de qué podemos presumir? Si tenemos algo de lo que presumir es la justicia de Dios. Nosotros somos hijos de Dios sin pecados que han nacido de nuevo por el agua y el Espíritu. Hermanos y hermanas, quiero que presuman de Jesucristo en la Iglesia y en sus lugares de trabajo donde Dios les haya puesto. Si no están en sus puestos y las cosas van mal por su culpa, no estarán glorificando a Dios, sino que estarán avergonzándole. Veo que muchas personas del mundo dejan sus puestos de trabajo para ir a la sauna en horario de trabajo, y este comportamiento es muy irresponsable. Puede que se salgan con la suya con esta hipocresía y mentiras creíbles, pero estos comportamientos no pueden ser ignorados en la Iglesia de Dios con excusas elocuentes. El Señor está cuidando de Su Iglesia. Por tanto, no debemos inventarnos excusas ni mentir, sino ser fieles y orgullosos en las tareas que Dios nos ha asignado.
¿Piensan que alguien nos escucharía si dejásemos nuestros puestos en la Iglesia y fuésemos gritando que somos justos y hemos recibido la remisión de los pecados? No solo no nos escucharía nadie, sino que además estaríamos corruptos al mezclarnos con el mundo. Esto no debe ocurrir. Los justos, ya sean inteligentes o no, deben estar contentos con hacer la obra que Dios les ha asignado. Esta es la vida astuta.
Para ser reconocidos por Dios tiene que entregar a Dios las riquezas injustas para que muchos pecadores sean salvados; esta es la vida astuta. Las personas así son verdaderamente astutas. No podemos distinguir lo importante que es cada tarea asignada a diferentes personas. Sea cual sea la tarea, los hijos fieles de Dios tratan a sus tareas con sinceridad y trabajan en silencio y con diligencia. Y al mantener los puestos que se les han confiado, el Evangelio puede ser predicado al mundo.
Estoy muy contento ante Dios. Como permanezco en la Iglesia de Dios puedo ser servido de muchas maneras y puedo vivir con la bendición de servir a Dios. Por eso siempre estoy agradecido a Dios. Trabajar para Dios, y no para el mundo, es una gran bendición. Y trabajar con los justos también me da mucha alegría. No hay nada mejor que compartir con ustedes y trabajar con ustedes; ya comamos buena comida, compartamos la Palabra de Dios, hagamos la obra justa de Dios, me encanta poder colaborar con ustedes aunque seamos insuficientes. A medida que envejezco ya no tengo tan buena salud, pero le doy gracias a Dios por mi condición física, que es suficiente para servir al Evangelio. Hoy en día me preocupa no poder digerir bien esta comida aunque sea muy deliciosa. A veces me siento triste por envejecer. Aquellos de ustedes que tienen mi edad entenderán que mi cuerpo llega a una edad en que no puede digerir bien la comida y no tiene un buen sentido del gusto. A medida que pasa el tiempo nuestros cuerpos se deterioran.
Sin embargo, la fe que tenemos dentro se hace más fuerte y más confiada. Los justos y astutos trabajamos duro para predicar el Evangelio al mundo y entregamos nuestro cuerpo, mente y corazón a la predicación de la gloria de Dios por el mundo. Me complace pensar que he podido ayudar un poco a expandir Su Reino en la tierra. Dios obra a través de nosotros y cumple todo como lo ha planeado. Dios será glorificado y nuestras vidas serán prósperas por fe. Y esto continuará. Gracias a Dios por cumplir estas cosas. De ahora en adelante nos quedaremos en Su Iglesia y predicaremos el Evangelio del agua y el Espíritu ya seamos inteligentes o no, ya vivamos o muramos. Yo voy a vivir por fe en la justicia de Dios. Sé que vivirán así, ¿no es así?
No somos nada. Intentar presumir de nuestra justicia ante Dios es más ridículo que una mosca intentando presumir de su larga vida ante los hombres. Somos imperfectos e insuficientes y no tenemos nada de lo que presumir ante Dios. Pero no hay nadie que piense que es menos que los demás. Todo el mundo se cree alguien. Incluso un mendigo que pide en la calle se enfada cuando la gente le arroja diez céntimos. Incluso si un mendigo se cree alguien, ¿nosotros nos callamos porque no tenemos nada de lo que presumir? Todos sabemos que nuestra propia justicia es ridícula ante Dios.
Hay muchas personas que se preocupan constantemente por llenar sus estómagos e insisten en que vivir por sí mismas es la única manera de vivir. Pero los que hemos nacido de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu no vivimos por nosotros mismos. Los siervos de Dios, Sus obreros y santos, reunimos dinero para hacer la obra justa con las riquezas injustas. Predicamos el Evangelio con las riquezas. Nuestra vida está centrada en servir al Evangelio, revelando Su gloria y predicando Su justicia por todo el mundo. Esta es nuestra misión y nuestro modo de vivir con astucia.
En ciudades grandes como Seúl hay muchos mendigos profesionales. Un hombre bien vestido va a los baños de caballeros y sale vestido de mendigo. Va a su trabajo. Así es como van a trabajar pidiendo en las calles o puentes con ropa sucia. Estas personas son mendigos profesionales. Cuando han terminado de pedir durante por el día, vuelven a los baños y se cambian de ropa para volver a sus bonitas casas. Entonces, ¿quién puede decir que son astutos por ganar dinero sin esfuerzo? ¿Son sabios porque pueden ganar mucho dinero, lleva un coche bueno y vivir en una casa decente sin tener que sudar mucho?
Algunas Iglesias nuevas que cuestan millones de dólares tienen aires de grandeza. A veces ingresan cinco millones de dólares en el banco para ganar intereses y compartirlos con los clérigos. A veces anuncian su iglesia donando miles de dólares a las zonas pobres. Algunas iglesias celebran haber ahorrado millones en sus cuentas de ahorros y lo anuncian con pancartas. Pero, ¿cómo es su vida ante Dios? ¿Están viviendo una vida astuta por ganar mucho dinero? ¿Entonces cuál es la diferencia entre sus metas y la de los mendigos profesionales? Vivir por los beneficios materiales y físicos, sin la justicia de Dios y Su gloria, es algo insensato. Este tipo de vida no tiene nada que ver con el Evangelio. Dios no camina con estas personas.
Las personas que son verdaderamente sabias buscan la justicia de Dios, se dedican al Evangelio y reconocen las insuficiencias. Los que confían en el Evangelio del agua y el Espíritu, predican el Evangelio al mundo e intentan expandir el Reino de Dios en el mundo, son los que viven con astucia. Dios nos apoya, nos guía y obra sin cesar.
Hermanos y hermanas, vivir por la justicia de Dios es la forma de vida más astuta. Los que confían en el Evangelio del agua y el Espíritu, se niegan a sí mismos y viven por Dios son personas muy sabias. Esto no es un mero deseo, sino la definición de Dios. ¿Acaso no nos dijo esto Dios? Dios nos está diciendo que está bien que una persona nacida de nuevo sepa dónde debe estar y que sirva al que le llevará y bendecirá. El mundo se deshace de la gente que no es beneficiosa. ¿Qué pueden obtener de este mundo después de trabajar nuestra vida entera? Debemos darnos cuenta de la verdad y dedicar nuestras vidas a Dios, quien siempre nos acogerá, amará y nos dará la bienvenida por nuestra lealtad. Dios nos mostrará Su gracia. Cuando vivimos por el Evangelio, Dios nos amará y nos lo dará todo. Pero cuando vivimos por nosotros mismos, Dios no nos bendecirá aunque hayamos nacido de nuevo. Los cristianos nacidos de nuevo debemos recordar que es astuto vivir por la justicia de Dios y que seremos bendecidos mucho por esta vida.
No estoy diciendo que vayamos a recibir bendiciones físicas automáticamente desde el Cielo. Pero lo que quiero asegurar es que tendremos paz mientras vivamos en este mundo. Y veremos y sentiremos la obra de Dios cuando vivamos por Él. Iremos a Su Reino en el futuro después de vivir en deuda al Evangelio en este mundo. Una persona que se da cuenta que esto como la mayor bendición es una persona astuta.
Ahora hemos escogido vivir con sabiduría. Sé que Dios nos dará Sus bendiciones y nos recompensará cuando vivamos por Dios, por el Evangelio del agua y el Espíritu, y por la gloria de Dios.