The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 6-11] < Juan 6, 41-51 > Jesucristo, que se convirtió en el pan de vida para nosotros

( Juan 6, 41-51 )
«Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo».


En el Evangelio de Juan, capítulo 6, el Señor dice: «Yo soy el pan de vida». La gente se sentía llena al haber comido la comida de la carne que Jesús les dio. Al día siguiente, fueron a buscar a Jesús de nuevo pero Jesús les dijo que no trabajasen por la comida que perece, sino por la comida que dura hasta la vida eterna. Y por eso la gente preguntó: «Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?» (Juan 6, 28). Jesús contestó: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado» (Juan 6, 29).
La gente dijo: «Si es así, ¿qué quieres decir con que eres el enviado de Dios y con que viniste del Cielo? ¿Tienes pruebas de que viniste del Cielo? Por favor, danos alguna prueba. Como está escrito, Moisés alimentó al pueblo de Israel con el maná que bajaba del cielo, pero, ¿puedes Tú hacer semejantes milagros?».
El Señor contestó: «Vuestros ancestros no vivieron eternamente al comer ese pan. Pero como soy el pan que baja del Cielo, si coméis este pan, nunca moriréis. Soy el pan de vida del mundo». Entonces dijo: «Quien coma esta pan, tendrá vida eterna y en el último día le levantaré». El Señor dijo que vino para que todos recibieran la vida al convertirse Él en el pan de vida para todo el mundo.
En el pasaje de las Escrituras de hoy, el Señor dijo que los judíos murmuraban entre ellos sobre Jesús porque Él dijo que el pan de vida vino del Cielo (Juan 6, 41). Jesús dijo que era el pan de vida. Decían: « ¿Acaso no eres el hijo de José? Conocemos a tus padres, así que ¿cómo dices que has venido del Cielo? No digas tonterías».
El Señor era el pan de vida que vino del Cielo como dijo refiriéndose a Sí mismo: «Soy el pan que bajó del Cielo». Al comer este pan por fe, la gente puede recibir la remisión de los pecados y recibir la vida eterna con la que nunca pueden morir. El Señor dijo que vino al mundo para que recibiésemos la salvación de nuestros pecados, fuésemos salvados de la muerte, recibiésemos nueva vida y ganásemos la vida eterna al entregarnos Su cuerpo. Por eso Jesús dijo que era el pan que vino del Cielo.
El Señor se refirió a Sí mismo como el pan de vida y esto significa que ha salvado a toda la humanidad del pecado al venir al mundo encarnado en un hombre cuando nosotros, los pecadores, estábamos a punto de morir ahogados por nuestros pecados. Para salvar a la humanidad del pecado, el Señor tomó los pecados al ser bautizado por Juan el Bautista en Su cuerpo, fue crucificado, derramó Su sangre hasta morir y resucitó de entre los muertos al tercer día. Al recibir el juicio por nuestros pecados de esta manera, el Señor ha borrado nuestros pecados y ha permitido que recibiésemos la verdadera salvación al creer en Él como el Salvador. El Señor se refirió a Sí mismo como el pan de vida porque Él es el pan de vida espiritual que permite que nuestros espíritus vivan para siempre. Estas palabras se refieren a que Él bajó al mundo y tomó nuestros pecados en Su cuerpo y murió en lugar nuestro en la Cruz para salvarnos al resucitar de entre los muertos. En resumen, se refieren a las obras que el Señor hizo cuando vino al mundo, es decir, a completar el Evangelio del agua y el Espíritu.


Jesús es el pan del Cielo

Del mismo modo en que la gente sobrevive al comer la comida de la carne, los que creen de verdad en los ministerios que Jesús llevó a cabo tienen derecho a recibir la vida eterna. Por eso Jesús dijo: «Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás» (Juan 6, 35). Pero la gente tomó estas palabras desde una perspectiva carnal en vez de entenderlas desde un punto de vista espiritual. El Señor dijo: «No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero» (Juan 6, 43-44). Queridos hermanos, está escrito que nadie puede venir a Jesús a no ser que el Padre atraiga a esa persona.
Entonces, ¿a quién atrae el Padre hacia Jesús? A los que quieren ser librados de sus pecados en sus corazones y recibir la salvación del espíritu, que nunca perecerá, en vez de las cosas de la carne que se pudren. Dios lleva a esas personas hacia Su Hijo, Jesús, y hace que crean en el hecho de que Jesús se ha convertido en nuestro Salvador al tomar nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, al morir crucificado y resucitar de entre los muertos, es decir, el hecho de que Jesús se ha convertido en el pan de vida para la humanidad. Creer en esta Verdad en nuestro corazón es comer el pan de vida y alcanzar la salvación de la vida eterna.
Dios Padre conoce los corazones de la gente muy bien. Está escrito: «Pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16, 7). Por eso Dios Padre empuja hacia Jesús a los que quieren conseguir la vida eterna al recibir la remisión de los pecados y hace que coman el pan de vida por fe. Y así permite que reciban la salvación. Además esto significa que Dios no lleva a Jesús a los que buscan las cosas que perecen.
Cuando creemos en Jesús debemos buscar las cosas del espíritu con el corazón. Al hacerlo, podremos recibir la remisión de los pecados y alcanzar la vida eterna al haber alcanzado estas metas. Al creer en Jesús no debemos buscar lo que nos haga vivir bien en la tierra, como hacerse rico, ser famoso, curarse de una enfermedad o tener poder. Esta gente viene a Dios para satisfacer su codicia y creen en Él según sus deseos. Por eso esta gente no recibe la salvación. Si queremos creer en Jesús como el Salvador, debemos creer en Él con el deseo de recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones. Debemos creer en Jesús con el objetivo de recibir la remisión de los pecados, convertirnos en hijos de Dios y vivir eternamente en el Reino de los Cielos que Dios nos ha preparado. Sólo cuando vamos ante Dios con estos objetivos Dios Padre nos ayuda, nos atrae, y cuando escuchamos la Palabra de Dios, nos permite entender correctamente, creer y seguirla. De lo contrario está escrito que no podremos presentarnos ante el Padre.
Queridos hermanos, estamos en esta reunión. Hemos escrito el título de esta convención: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados» (Hechos de los Apóstoles 3, 19) en pancartas y las hemos colgado en diferentes lugares. Y distribuimos panfletos y otras cosas. Pero no ha venido mucha gente a esta reunión evangelical. ¿Por qué no han venido? Porque están interesados en cosas banales.
Jesús hizo el milagro de los panes y los peces en una montaña. Con 5 panes y dos pescados pequeños en la mano, Jesús los bendijo diciendo: «Que haya una bendición de Dios» y está escrito que sobraron 12 canastas después de haber alimentado a 5000 personas. Pero la gente, después de haber comido este pan hasta saciarse, sólo buscaba el pan de la carne en vez de reconocer al Señor que había hecho tal milagro e intentar recibir la remisión de los pecados para ganar la vida eterna al creer en la Palabra que el Señor dijo. Por eso cuando Jesús empezó a hablar sobre la Verdad espiritual a los que le pedían pan, estos le dijeron: «Estas palabras son difíciles».


Sólo cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre

Es igual en este mismo instante y en esta era. En vez de buscar las cosas de la carne, la gente debería venir para que sus espíritus reciban la remisión de los pecados, para convertirse en hijos de Dios, ganar la vida eterna de Dios y recibir la bendición de vivir durante toda la eternidad. Pero como sus objetivos son carnales, no están viviendo a la Iglesia de Dios y por eso los cristianos de hoy en día creen en Jesús en vano,
Como hemos recibido la remisión de los pecados al creer en Jesús que vino por al agua y el Espíritu, nos hemos convertido en hijos de Dios y hemos recibido la vida eterna, y así resucitaremos el último día. La verdad es que hemos recibido estas bendiciones porque Dios Padre, al ver el centro de nuestros corazones, nos guió hacia Jesús y nos hizo reconocer a Jesús y creer en Él, el pan de vida. Hemos recibido la remisión de los pecados al creer que nuestro Señor nos ha salvado al tomar nuestros pecados de una sola vez en Su bautismo, al morir en la Cruz en nuestro lugar y al resucitar de entre los muertos. Además, Dios nos ha tomado como hijos suyos y nos ha dado la vida eterna, y al creer en esto podemos recibirla, participar en la resurrección de Jesús y alcanzar estas bendiciones.
La semana pasada visité el lugar donde descansaban los restos del fallecido diácono Myungchan Kim, que murió hace unos años. Afortunadamente había llovido el día anterior y la hierba estaba fresca. Las palabras que estaban inscritas en su lápida: «Aquí descansa el diácono Myunchan Kim, un hombre justo, que espera la segunda venida del Señor», tocaron mi corazón una vez más. Pero lo que es curioso es que podemos ver muchas nuevas lápidas que llevan una inscripción similar. Sólo que no utilizan las palabras «un hombre justo o mujer justa». ¿Por qué? Porque no recibieron la remisión de los pecados en sus corazones aunque hubieran sido diáconos en vida o pastores, misioneros, etc.
Nosotros, los santos nacidos de nuevo, es decir, los justos, tenemos una esperanza. Dios ha preparado muchas más bendiciones para los que se presentan ante Él buscando las cosas del espíritu, para los que creen en las cosas que Dios da, y los que creen que las bendiciones divinas y celestiales son eternas, en vez de las cosas que perecen. Y nosotros, que creemos en estas cosas, hemos recibido estas bendiciones. Pase lo que pase debemos utilizar nuestros corazones para buscar las cosas del espíritu ante Dios para recibir la salvación. Si no tuviéramos ningún interés en las cosas del espíritu ni en que nuestros corazones se limpiasen del pecado, y persiguiésemos las cosas de la carne, como ser curados de una enfermedad física y hacernos ricos, no valdría para nada creer en Jesús. Dios Padre no deja a los que buscan las cosas de la carne conocer el secreto del Cielo y no los guía.
¿Para qué escuchamos la Palabra de Dios y creemos en Jesús? Ustedes y yo creemos en Jesús para que nuestros pecados sean borrados completamente en nuestros corazones, para convertirnos en hijos de Dios, recibir la vida eterna y ser resucitados como Jesús. En resumen, creemos en Jesús para vivir en Su Reino para siempre como reyes junto con Él, el Rey de reyes. No creemos en Jesús para ser ricos en este mundo o para estar bien en la carne, sino que creemos en Él para el bien de nuestros espíritus. Como creemos en Jesús con este objetivo, nuestro Señor dijo: «Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero» (Juan 6, 40).
En Juan 6, 45 está escrito: «Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí». ¿A quién le ha enseñado el mundo el Padre? Su único Hijo, Jesús. Entonces, ¿de quién aprendieron a los que Jesús enseñó? Aprendieron de Dios Padre.
Queridos hermanos, la fe correcta viene desde arriba. Significa que hay un conducto para el aprendizaje espiritual. ¿De quién aprendieron la Verdad de la salvación? ¿Acaso no aprendieron la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de los siervos de Dios nacidos de nuevo o de los hermanos y hermanas que fueron antes que ustedes? Han aprendido de sus predecesores en la fe en la Iglesia de Dios. Si es así, han aprendido de Dios Padre. Esto se debe a que ellos aprendieron y escucharon de Jesús, a través de la Palabra escrita. Esta Palabra es exactamente lo que dijo Dios Padre y por tanto los siervos de Dios deben pasar esta Palabra después de haberla escuchado y aprendido desde arriba, y ustedes deben darse cuenta de que lo que han aprendido de los siervos de Dios es igual que haberlo escuchado y aprendido de Dios Padre. Los principios son los mismos. Por eso Jesús dijo: «Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios».
Jesús es nuestro Salvador, pero también es el verdadero Profeta. Por eso nos enseña todas las cosas. El pasaje: «Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios» significa que todas las Escrituras de la Biblia, que han sido habladas por el Señor, son la Palabra del Profeta, así como la Palabra de Verdad. Jesús es el Primero y el Último (Apocalipsis 1, 17); es el que está a cargo del principio y final de la historia de la humanidad. Y es quien nos enseña el objetivo principal de la vida. Es el Creador que nos ha hecho, el Salvador que nos ha salvado de los pecados y el Señor de la vida eterna que nos ha dado esta vida eterna. Además, es la resurrección porque es el Camino, la Verdad y la Vida. Él, que nos salvó de la muerte, nos dio nueva vida, nos ha dado la eternidad y nos ha dado bendiciones para siempre, lo es todo para nosotros. Esto es lo que está diciendo.
En Juan 6, 46 está escrito: «No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre». ¿Quién ha visto al Padre? Sólo Jesús lo ha visto. Por eso el Señor dijo lo siguiente en el Evangelio de Juan capítulo 6, versos 47 y 48: «De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida». Significa que una persona que come a Jesús, el pan de vida, por fe en su corazón nunca perece.
El Señor dijo: «Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera» (Juan 6, 49-50). Significa que Jesús es el pan que viene del Cielo. No dice que este pan es algo que comemos y que hace que no muramos. Jesús es el pan de vida que nos ha dado la verdadera vida. Jesús es el pan que nos da la remisión de los pecados y la vida eterna. Queridos hermanos, ¿creen en Jesús de todo corazón? ¿Creen en su corazón que Jesús nos ha salvado al tomar nuestros pecados mediante Su bautismo, al morir en la Cruz en nuestro lugar y derramar Su sangre, y al resucitar de entre los muertos? Ustedes y yo creemos que estos son los que han ganado la vida eterna.


La vida eterna significa que viviremos para siempre

El Señor nos ha prometido que, en el último día, levantará a los que tienen la vida eterna. Cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto, Moisés oró a Dios y Dios envió el maná del cielo. Y esta gente comió el maná y sobrevivió en sus vidas carnales. Pero al final todos murieron. Algunos murieron a edad avanzada, otros murieron por alguna enfermedad y otros en la guerra. Fuera cual fuera la razón, todos murieron. Pero, ¿qué hay del pan que viene del Cielo? La gente que lo ha comido creyendo de corazón nunca muere. La gente que cree en las obras justas de Jesús de corazón, no muere. La gente que cree en el hecho de que Jesús nos ha salvado de los pecados, que nos ha dado la vida eterna y que nos levantará al final, no morirá en toda la eternidad. Los Apóstoles de la Iglesia Primitiva pudieron tener valor en el martirio porque creyeron en la vida eterna. Espero que sepan que tenemos la vida eterna dentro nosotros mismos.
El Señor dijo: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo» (Juan 6, 51). ¿Podríamos haber borrado todos los pecados de nuestros corazones al hacer alguna obra buena y santificarnos? Nunca. Recibimos la remisión de los pecados, nos convertimos en hijos de Dios y recibimos la vida eterna sólo cuando creemos y aceptamos de corazón el hecho de que Jesús, el que Dios Padre envió, vino al mundo y borró nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. La Verdad es que no podemos recibir la remisión de los pecados ni la vida eterna si no es a través del que Dios envió, Su Hijo Jesús. Por eso debemos creer en el que Dios Padre envió, en Jesucristo, que es el pan que vino del Cielo.


Así que comemos pan y bebemos vino cuando celebramos la sagrada comunión

El Señor nos dijo que recordásemos el pan y el vino. Dijo: «Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida» (Juan 6, 55). El Señor dijo: «Soy el pan de vida» porque ha tomado nuestros pecados al venir al mundo encarnado en un hombre. Esto se debe a que ha borrado nuestros pecados al tomarlos en Su carne y ser juzgado por ellos. El Señor es el pan de vida. Sólo cuando lo conocemos y creemos en Él de corazón, podemos ser salvados de nuestros pecados y recibir la vida eterna. Así que nacemos de nuevo y podemos vivir una vida valiosa.
En Juan 6, 51 está escrito: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo». El Señor se refiere a Sí mismo como el pan de vida, pero ¿qué es ese pan? Es su carne. Esto significa que la carne de Jesús es el pan de vida. En la carne de Jesús está la fe perfecta. Jesús nos ha salvado perfectamente de todos nuestros pecados al tomarlos en Su carne mediante Su bautismo, ir a la Cruz con ellos, ser clavado a ella, derramar Su sangre y ser juzgado por nuestros pecados en nuestro lugar. El hecho de que Jesús sea el pan de vida nos dice la Verdad de que Jesús ha tomado todos nuestros pecados al ser bautizado en Su carne. Tener fe en las obras de la salvación que Jesús ha hecho es comer la carne de Jesús y beber Su sangre. Esta es precisamente la manera de alcanzar la salvación. Esta es precisamente la manera de recibir la vida eterna.
¿Hay algún hombre más bendito que aquel que ha recibido la remisión de los pecados y la vida eterna de Dios? Mientras vivimos en este mundo podemos morir en un incendio, en un accidente de tráfico o en cualquier otro suceso desafortunado. Es una gran bendición poder conseguir la vida eterna mientras vivimos sin saber cuando vamos a morir.
A veces nos cansamos y nos irritamos cuando tenemos mucho trabajo, ya sea la obra de Dios o la obra de mundo. Aquellos de ustedes que creen en Jesús, si sus corazones están cansados y sin gozo, deben pensar en la obra que el Señor ha hecho por ustedes una vez más. Nosotros estábamos destinados al infierno, pero el Señor, al convertirse en nuestro sacrificio, nos ha salvado perfectamente. Si de verdad creemos en el amor de Jesús en nuestros corazones, no podemos evitar estar agradecidos. Hemos recibido la remisión de los pecados y nos hemos convertido en los hijos de Dios. Él nos ha dado la vida eterna y cuando nuestra carne muera, nos levantará en el último día. Y recibiremos el verdadero descanso.
Jesús es el pan de vida del Cielo. Jesús vino al mundo para darnos Su carne como pan de vida. El Señor nos dijo que comiésemos este pan y dijo que viviríamos eternamente si lo comemos. Cuando comemos el pan de vida creyendo de corazón, recibimos la vida eterna.
Para poder comer este pan de vida debemos saber qué son la carne y la sangre de Jesús. También debemos darnos cuenta de nuestra naturaleza pecadora y de que, ante Dios, estamos destinados a ir al infierno si somos juzgados según la Ley de Dios. «Después de nacer de nuevo no podía conseguir nada, pero por lo menos tengo que recibir la remisión de los pecados. Quiero recibir la remisión de los pecados, convertirme en un hijo de Dios e ir al Cielo». Debemos tener una sed insaciable en nuestros espíritus. Al tener fe sincera en el hecho de que «Jesús ha borrado sus pecados y los míos mediante el Evangelio del agua y el Espíritu» podemos recibir la vida eterna, estar agradecidos y compartir este pan por fe.
No vivimos una vida de fe con las cosas de la carne. Ya hagamos una obra bien o mal, la vida de fe sólo puede vivirse bien si creemos en los ministerios de salvación del Señor y si tenemos fe en Dios. Podemos recibir la salvación, la vida eterna y las bendiciones si creemos de corazón en las cosas que Él nos ha dado.
Queridos hermanos, ¿creen en el hecho de que Jesús ha dado a este mundo Su carne de vida? ¿Creen en la Verdad de que nos ha salvado al venir a la tierra en la carne humana, ser bautizado por Juan el Bautista, morir crucificado y ser resucitado de entre los muertos para salvarnos? Debemos estar agradecidos a Dios. Debemos creer en nuestros corazones las cosas que Él ha hecho por nosotros. Los que creen han recibido la remisión de los pecados y ha ganado la vida eterna. Estoy agradecido por ello.
La gente que cree en la «transustanciación» cree que cuando el celebrante del rito bendice la ostia de la Sagrada Comunión, se convierte en el cuerpo de Jesús. Así que creen que están comiendo el pan de vida, la carne de Jesús al comer esta ostia. Por esta razón mistifican la Sagrada Comunión y creen que el acto de recibir y comer la ostia hace que reciban una gracia tremenda. Pero están equivocados.
Jesús dijo que Su carne da vida al mundo. Nos salvó de los pecados y nos dio la vida eterna al nacer en el mundo encarnado en un hombre, tomar los pecados sobre Su carne al ser bautizado, morir en nuestro lugar en la Cruz y resucitar de entre los muertos. Y tener fe en esta Verdad de corazón es comer el pan de Jesús. Uno puede recibir la remisión de los pecados y la vida eterna al comer el pan que Jesús nos ha dado.
Jesús, que nos ha dicho que es el pan de vida del Cielo, se está refiriendo al bautismo que recibió en Su carne. El Señor vino al mundo y se entregó para que recibiésemos la vida eterna y para borrar nuestros pecados al hacernos comer de Su carne por fe. Por eso Jesús se entregó a nosotros al ser bautizado, derramar Su sangre y resucitar de entre los muertos. Hemos alcanzado la salvación y la vida eterna al creer de corazón en la remisión de los pecados y la nueva vida que Dios nos ha dado.
¿Se convirtieron en hijos de Dios por fe? Si han recibido la remisión de los pecados, no deben estar atados a las cosas de la carne y no deben dejarse arrastrar por ellas. ¿Qué razón tienen los justos para estar atados por las obras carnales y seguir estresados? Los justos debemos pensar en todo desde una perspectiva espiritual. Si tenemos comida y vestimenta, estaremos satisfechos con eso (1 Timoteo 6, 8); debemos vivir espiritualmente y hacer la obra valiosa en este mundo. Es más que suficiente tener qué comer y un lugar donde dormir con un techo y paredes que no dejen entrar la lluvia aunque estén hechos de vinilo. Pero, ¿debemos vivir en abundancia? No. Todas estas cosas desaparecen en poco tiempo. Estas cosas desaparecerán cuando ustedes y yo muramos y algunas desaparecerán incluso antes de que muramos.
Debemos tener en cuenta nuestros corazones espirituales pensando en la salvación que Dios nos ha dado y teniendo fe en ella. Aunque pusiéramos todo nuestro corazón en las cosas espirituales aún nos faltaría mucho. Espero que cuiden de su corazón espiritual con fe en el Señor y que no dejen que la carne les ate ni que se frustren cuando las cosas no salen como quieren. La verdadera fe se manifiesta cuando nos encontramos con problemas. La verdadera fe nunca cambia.
Creemos en el hecho de que Jesús vino al mundo por nosotros, recibió el bautismo, murió en la Cruz en nuestro lugar y ha resucitado de entre los muertos. Por eso hemos recibido la remisión de los pecados, la vida eterna y además nos hemos convertido en hijos de Dios. Por eso estamos haciendo la obra de Dios.
Queridos hermanos, estoy lleno de gozo. Como el Señor nos ha dado la vida eterna, estamos contentos. No estamos contentos porque haya algo más que esto. ¿Qué otra cosa podría darnos tanto gozo? Estamos agradecidos por tener un lugar donde adorar y donde podemos resguardarnos de la lluvia, ofrecer servicios de adoración y compartir el Evangelio los unos con los otros.
Por supuesto hay momentos en los que nos enfadamos porque las cosas no salen como queremos. Pero es bueno pensar en la obra que Dios ha hecho por nosotros y también es bueno pensar en la vida en el Reino eterno de los Cielos donde viviremos con el Señor para siempre. La vida es como vivir en un internado, permanecemos en la tierra durante un tiempo y después volvemos a casa. Por tanto debemos desear volver al hogar donde viviremos para la eternidad.
Pero nos encontramos con muchas dificultades en este mundo. Nuestros corazones se encuentran con compromisos una y otra vez y caen en el mundo visible. Nos volvemos arrogantes, perdemos nuestra motivación y nos volvemos despreocupados. Es posible perder la fe y seguir los dictados de la carne. Pero esta no es la vida de fe correcta ni la manera de vivir por fe. Cuando se encuentran con tales dificultades, piensen en la obra que el Señor ha hecho por ustedes. Entonces si no hay fruto en la higuera y no hay rebaño en el establo, podrán darle gracias a Dios por haberles salvado del fuego eterno del infierno.
El centro de la NASA, Goddard Space Flight Center, predijo que este año sería el más caluroso de la historia. En este mundo habrá numerosos desastres tales como terremotos, inundaciones, tifones y tsunamis. Entonces, ¿no deberían todas las naciones anticiparse y prepararse para estos desastres naturales? No debemos prepararnos sólo físicamente, sino también en nuestros corazones. Por eso la gente que no ha recibido la remisión de los pecados debe comer el pan del Cielo. Los que todavía tienen pecados en sus corazones deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón ante todo y recibir la remisión de los pecados.
La gente que no ha recibido la remisión de los pecados es miserable. Como tienen pecados en sus corazones irán al infierno para siempre. Si tienen pecados, no tienen nada que hacer con Dios, pero si reciben la remisión de los pecados pueden vivir recibiendo las bendiciones de Dios desde ese momento. Queridos hermanos, hemos recibido la remisión de los pecados y la vida eterna y nos hemos convertido en hijos de Dios al creer de corazón en las obras que Dios ha hecho por nosotros. Debemos estar agradecidos porque estamos haciendo la obra valiosa y somos obreros de Dios. Y debemos seguir viviendo con un corazón agradecido por ello.
Hemos comido el pan que vino del Cielo, hemos recibido la remisión de los pecados y la vida eterna. Así que ahora, ¿para qué debemos seguir viviendo en este mundo? De ahora en adelante, debemos vivir para servir al Evangelio de la justicia. ¿Saben que no es una bendición pequeña vivir sirviendo a Dios y convertirnos en los que no tienen pecado, es decir en los justos? Es una bendición enorme. ¿Dónde hay una bendición mayor que esta?
Los justos debemos difundir el Evangelio a muchos otros y si no lo podemos hacer nuestros corazones se pondrán enfermos. Después de haber recibido la remisión de los pecados al creer de todo corazón en el pan que vino del Cielo, si no estamos haciendo la obra de Dios, estaremos haciendo las obras del mundo. Cuando hacemos las obras de este mundo, ¿creen que no nos encontraremos con dificultades? ¿Saben cuánta gente miserable hay en este mundo? En este mundo debemos conformarnos con tener comida y vestimenta (1 Timoteo 6, 8). Poder comer 3 comidas al día y servir a Dios debería ser más que suficiente. Pero; ¿es servir al Señor algo miserable? No, es maravilloso.
Jesús es el verdadero pan del Cielo. Dios nos dio el pan de vida. Queridos hermanos, ¿creen en este hecho de corazón? ¿Comieron este pan con su corazón? Este pan es algo que se come con fe en el corazón.
¿Es predicar la única manera de servir al Evangelio de Dios? Apoyar la predicación del Evangelio mediante medios materiales es también una manera de servir al Evangelio. Si predicar un sermón tres o cuatro veces a la semana es todo lo que se hace cuando se es un pastor, entonces no se es un verdadero siervo del Evangelio del Señor. Estamos agradecidos todos los días porque estamos comiendo la comida de vida que Dios nos ha dado y porque estamos haciendo la valiosa obra que Dios nos ha confiado. Queridos hermanos, ¿están cansados? Si es así, recuerden la carne y la sangre de Jesús que nos han dado esperanza.
Jesús nos dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6, 33). Debemos averiguar en qué debemos creer, cómo debemos vivir por fe y qué debemos hacer ante Dios. Ante todo, debemos alcanzar la salvación al tener fe en la carne y la sangre de Jesús y después debemos seguir viviendo para difundir esta Verdad.
Doy gracias a Dios.