The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 6-13] < Juan 6, 41-59 > ¿Cómo podemos comer la carne de Jesús?

( Juan 6, 41-59 )
«Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum».


¿Qué debemos hacer para amar a nuestros vecinos y ayudarles? ¿Ayudaría que les apoyásemos económicamente? Yo les aconsejo, hermanos y hermanas de la fe, que no den dinero a sus vecinos más desafortunados. Esto no les ayudará para nada. Lo que de verdad les beneficiaría sería ayudarles a sacarse las castañas del fuego por sí mismos. Por supuesto no podemos ignorar cuando alguien nos tiende la mano pidiendo ayuda y debemos ayudar a esa persona en todo lo que podamos, pero antes de hacerlo, debemos considerar si nuestra ayuda le servirá o no. Y por último debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a esta persona para librarle de todos sus pecados. Esta es la verdadera ayuda y el verdadero amor.
El capítulo 6 de Juan habla del pan de vida. Jesús dijo: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre» (Juan 6, 51). ¿Por qué dijo Jesús a los judíos que era el pan que descendió del Cielo? ¿Y por qué fueron atraídos los judíos a esta Palabra?
Cuando Jesús vino al mundo, Israel era un estado tributario de Roma. Así que los israelitas luchaban por sobrevivir y satisfacer sus necesidades básicas de comida, vestimenta y techo. Como muchos israelitas estaban muriendo de hambre, cuando el Señor habló de pan, probablemente fuera inevitable que esto atrajera su atención. Ellos pensaron que sería bueno para ellos acercarse a Jesús porque pensaban que les daría pan.
En el capítulo 6 de Juan, Jesús dijo al principio que era el pan que vino del Cielo. Y entonces dijo: «Yo soy el pan de vida». En el versículo 51 dijo: «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo». Así, Jesús explicó gradualmente cómo nos dio la vida eterna.
En Juan 6, 53-57 Jesús dio un paso más y dijo: «De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí». En otras palabras, Jesús explicó con todo detalle cómo nos salvó y cómo nos dio la vida eterna.
¿Por qué dijo Jesús que es el pan de vida que vino del Cielo y que quien lo coma recibirá la vida eterna? Jesús dijo que Su carne es comida y Su sangre es bebida. ¿Por qué lo dijo?
Tal y como nuestro Señor dijo, debemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre. La gente que escuchó a Jesús debió pensar que estaba diciendo algo atroz: « ¿Cree que somos caníbales?». Pero lo que dijo no era atroz en absoluto. Debemos comer la carne de Jesús por fe y debemos beber Su sangre por fe. Sólo entonces podemos vivir en cuerpo y en espíritu. Si no lo hacemos no podremos vivir.
Pasemos a Juan 6, 53, 54: «Jesús les dijo: «De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero».
Debemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre sin falta. El Señor dejó claro que a no ser que comamos Su carne y bebamos Su sangre, no tenemos vida. Como Jesús dijo que debemos comer Su carne y beber Su sangre para conseguir la vida, debemos comer Su sangre y beber Su sangre sin falta.


¿Por qué debemos comer la carne de Jesús?

El que debamos comer la carne de Jesús significa que debemos creer que Jesús tomó nuestros pecados en Su cuerpo al ser bautizado cuando vino al mundo. En otras palabras, sólo cuando creemos que nuestros pecados fueron pasados al cuerpo de Jesús podemos recibir la vida eterna. Si no creemos que nuestros pecados fueron pasados al cuerpo de Jesús en Su bautismo, aunque digamos que creemos en Jesús, moriremos de hambre espiritualmente. Del mismo modo en que nuestros cuerpos mueren de malnutrición si no comemos todos los días, nuestras almas también morirán espiritualmente si no comemos Su carne tan a menudo como nos sea posible.
Comer la carne de Jesús es creer que Él cargó con todos nuestros pecados en Su cuerpo. Sólo si creemos que nuestros pecados fueron pasados a Jesús, nuestras almas serán saciadas hasta la eternidad. Si no creen que sus pecados fueron pasados al cuerpo de Jesús, aunque crean en Él, morirán de hambre espiritualmente.
¿Hemos sido salvados por nuestros propios méritos? No, por supuesto que no. Dios nos ha salvado con Su poder porque nos ha amado. Hemos sido salvados de todos nuestros pecados por la gracia del Señor. Si nos hubiésemos salvado por nuestra propia bondad, no tendríamos que comer la carne de Jesús. Sin embargo, los seres humanos no tenemos ninguna virtud. No hay nada bueno en la humanidad. Por tanto es imposible que podemos salvarnos a no ser que el Señor nos salve. Si Dios no hubiera escrito esta Palabra de salvación en la Biblia ninguno de nosotros se salvaría.
Mis queridos hermanos, mírense y vean cómo fueron borrados sus pecados. ¿Tienen alguna virtud? Han alcanzado la salvación y se han convertido en el pueblo de Dios gracias al Señor; si nuestra salvación requiriese nuestras obras perfectas, no podríamos haber sido salvados. Los seres humanos somos absolutamente malvados. Ustedes también son muy malvados. Si creen que no es así es porque sus circunstancias no han expuesto su maldad todavía. La realidad de la humanidad es que cuando las circunstancias son propicias y la maldad se expone, incluso un padre sería capaz de devorar a su propio hijo.
¿Creen es posible que una madre devore a su propio hijo? Tal y como se describe en 2 Reyes capítulo 6, cuando el rey Ben-Hadadde Siria reunió a todo su ejército y asedió Samaria, hubo hambruna y la gente que había dentro de la ciudad se moría de hambre. Entre la gente hambrienta de Samaria, dos mujeres hablaron la una con la otra y llegaron a un acuerdo: «Moriremos si no hacemos algo. Tengo una idea: hoy nos comeremos a tu hijo y mañana nos comeremos al mío. ¿Qué te parece?». «De acuerdo. Me parece bien».
Así que se comieron al hijo de la mujer y al día siguiente le tocaba al hijo de la otra mujer. Pero esta última escondió a su hijo y se negó a entregarlo. Así que la mujer que había entregado a su hijo fue a pedir justicia al rey. «Su Majestad, esta mujer sugirió que nos comiésemos a nuestros hijos, y ayer nos comimos a mi hijo. Hoy le tocaba al suyo pero ella se niega a entregarlo». Cuando el rey escuchó estas palabras, se rasgó las vestimentas por su agonía.
Mis queridos hermanos, este suceso escrito en la Biblia es una historia verdadera. Dios lo dejó escrito para que admitiésemos el hecho de que la humanidad es más que capaz de cometer estas atrocidades cuando se encuentra en condiciones extremas. Esto demuestra lo malvada que es la humanidad. Hay padres que matan a sus propios hijos si les dan muchos problemas, y hay hijos que matan a sus padres para heredar su fortuna. Pero nuestro Señor vino al mundo encarnado en un hombre, Su criatura, y cargó con todos nuestros pecados en Su cuerpo para salvarnos.
Deben creer que todos sus pecados se pasaron al Señor Jesús cuando fue bautizado. El no creer en este hecho es morir de hambre. Del mismo modo en que comen para no morir, deben creer que todos sus pecados fueron pasados al cuerpo de Jesús para no morir espiritualmente. Por eso Jesús está diciendo que tenemos que comer Su carne. Está escrito: «El pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo» (Juan 6, 51). La única manera de que nuestro Dios nos permitiera vivir para siempre era cargar con nuestros pecados en Su cuerpo. Jesús dijo: «Mi carne es verdadera comida, y Mi sangre es verdadera bebida». Él quiso decir: «Comed Mi carne y bebed Mi sangre o moriréis. Quien come Mi carne y bebe Mi sangre recibirá la vida eterna». ¿Han comido la carne de Jesús?
El Señor nos ha dado Su carne. Sin embargo, cuando les dijo a los judíos: «Comed Mi carne porque es vuestra comida», ellos le contestaron: « ¿Qué? ¿No eres el hijo de José? ¿Cómo puede un hombre ser pan?». Los judíos no podían entender lo que Jesús les estaba diciendo: «Comed Mi carne y bebed Mi sangre».
Incluso ahora mucha gente no sabe lo que Jesús quiso decir cuando dijo que debíamos comer Su carne y por eso creen en la hipótesis de la «transustanciación» que afirma que el pan y el vino preparados para la comunión se convierten en la sangre y carne de Jesús al ser bendecidos por el sacerdote. Esta gente cree en esto y come la ostia diciendo que Jesús les ha dado Su carne para comer.
Sin embargo, esto no es lo que Jesús quiso decir. Cuando Jesús nos dijo que comiésemos Su carne, quiso decir que creyésemos en lo siguiente: Al cargar con nuestros pecados y sus consecuencias en Su cuerpo en nuestro lugar, Jesús nos ha permitido evitar la condena y la destrucción. Incluso después de ser salvados no podemos evitar seguir pecando porque todavía somos débiles en la carne. Sin embargo para asegurar que nuestras almas no morirán por estos pecados, Jesús tomó nuestros pecados en Su cuerpo al ser bautizado. Esto es lo que Jesús nos dijo que creyésemos cuando dijo que comiésemos Su carne. En otras palabras, Jesús nos ha salvado perfectamente al cargar con nuestros pecados en Su cuerpo.


¿Están comiendo la carne de Jesús los cristianos de hoy en día?

Entre los cristianos de hoy en día sólo unos pocos conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y creen en él. Por eso Jesús nos dijo que comiésemos Su carne y bebiésemos Su sangre. Si sólo bebemos la sangre de Jesús no podemos vivir. Sólo si comemos la carne de Jesús, ésta se convierte en nuestra comida y nos permite vivir para siempre. Esta Palabra de Dios es la Verdad. Cada Palabra de Dios es Verdad. Debemos creer sin falta en esta Palabra sobre la carne y la sangre de Jesús.
Pecamos constantemente. Como somos débiles e insuficientes, tenemos pensamientos malvados y cometemos pecados. Sin embargo Jesús cargó con todos esos pecados que cometemos mientras vivimos en este mundo y por eso podemos vivir. Él ha cargado con los pecados de los que han recibido la remisión de los pecados y de los que no la han recibido. Si Jesús no hubiese cargado con nuestros pecados en Su cuerpo, entonces los que hemos recibido la remisión de los pecados no podríamos vivir. Si esto fuese así nuestros corazones perderían la fuerza de la fe hoy aunque hubiésemos creído ayer. En otras palabras, como todos cometemos pecados todos los días de nuestras vidas, podríamos morir ahogados por el peso del pecado por nuestra maldad si el Señor no hubiese tomado todos nuestros pecados en Su bautismo.
Por eso el Señor nos dijo: «Mi carne es verdadera comida». Cuando somos débiles, creemos que nuestro Señor ha salvado a la raza humana del pecado al tomar todos los pecados del mundo, y así es como nuestro Señor se convierte en nuestra comida.
Debemos creer de corazón que el Señor es nuestro Salvador. En otras palabras, aunque seamos débiles, debemos creer según la Palabra que dice que el Señor es nuestro Salvador. Cuando tenemos este tipo de fe podemos vivir sin vergüenza aunque estemos en un mundo corrupto porque tenemos la justicia de Dios y la vida eterna en nuestros corazones. Como el Señor nos ha dado Su carne, al tomarla como nuestra comida vivimos nuestras vidas con confianza hoy y mañana.


Moriremos si no comemos la carne de Jesús y sólo bebemos Su sangre todos los días

Todo el mundo debe de comer y beber para tener energía y metabolismo. Ustedes tienen que hacer ambas cosas; si sólo hacen una de ellas, morirán. Lo mismo se puede decir de la vida espiritual. Ustedes y yo comemos la carne de Jesús y bebemos Su sangre todos los días. Debemos tomar ambas cosas hoy, mañana y el resto de nuestras vidas. Cuando tenemos una debilidad creemos: «El Señor tomó mis pecados. Tomó todos mis pecados» y así es como nos alimentamos del pan de vida. Cuando somos insuficientes debemos recordar que Jesús tomó todos nuestros pecados al ser bautizado en el río Jordán y comer este pan una vez más. Así es cómo vivimos sin hambre y saciados siempre. La carne de Jesús es nuestra comida. Pero a pesar de esto, muchos cristianos están muriendo de hambre porque no comen la carne de Jesús.
Cuando comemos la carne de Jesús estamos llenos y tenemos fuerzas. Jesús describió Su cuerpo como pan. Jesús nació en Belén, y la palabra Belén significa «la casa del pan». Jesús dijo que es el pan porque nuestra comida vino del Cielo. Así es como ha permitido que todo el mundo viva al comer Su carne. Vivimos comiendo el verdadero pan de la vida.
Los versículos 49-50 del pasaje de las Escrituras de hoy dice: «Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera». La gente del Antiguo Testamento murió aunque hubiera comida del maná. El maná, que era como una semilla de cilantro blanco y sabía a hojuelas con miel (Éxodo 16, 31), era la comida pura que Dios envió del Cielo. Este maná se refiere a la Palabra de Dios, a Jesús. En otras palabras, los israelitas murieron incluso cuando creyeron en la Palabra de Dios. Sin embargo, ahora, si comen la carne de Jesús y beben Su sangre, recibirán la vida eterna. Este pasaje quiere decir que cuando creemos en la Palabra de Dios, debemos comer la carne de Jesús y beber Su sangre por fe.
La vida de la carne está en la sangre (Levítico 17, 11). Esto significa que al ofrecer Su vida por nosotros y ser condenado en nuestro lugar, el Señor nos ha dado vida porque Su sangre es Su vida. En otras palabras, aunque teníamos que morir por nuestros pecados, fuimos salvados porque Jesús nos dio Su vida.
El Señor dijo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él» (Juan 6, 56). Mucha gente dice que puede ser salvada al beber la sangre de Jesús sin comer Su carne, pero eso es completamente incorrecto. Ustedes no han sido salvados simplemente por creer en que Jesús murió en la Cruz. Sólo pueden vivir si comen la carne de Jesús. Incluso ahora mismo vivo comiendo la carne de Jesús. Comeré Su carne mañana también. Por supuesto esto no significa que coma la carne de Jesús como un caníbal, sino que significa que creo que Jesús tomó todos mis pecados y faltas en Su cuerpo al ser bautizado. Creer es comer. Tengo que comer Su carne todos los días mientras viva en este mundo. No hay nadie que pueda vivir sin comer la carne de Jesús.
Sin embargo, casi todos los creyentes cristianos sólo beben. ¿Por qué no comen la carne de Jesús cuando la Biblia dice claramente que deben comerla? Al ser bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad, Jesús aceptó los pecados del mundo de una vez por todas y al ser crucificado por toda la humanidad, pagó la deuda. Al creer en esto hemos conseguido nuestra salvación y hemos recibido la comida eterna. Todo el mundo se salva sólo al creer que Jesús tomó todos los pecados del mundo en Su bautismo y que fue condenado en nuestro lugar. Esta es la Verdad de la que Jesús habló en el capítulo 6 de Juan.
En el versículo 57 del pasaje de las Escrituras de hoy, Jesús dijo: «El que me come, él también vivirá por mí» y en el versículo 58 dijo: «El que come de este pan, vivirá eternamente». Los que han aceptado a Jesús por fe han comido este pan. Los que creen en lo que Jesús ha hecho por ellos vivirán para siempre. El día en que el Señor vuelva, nos levantará de la tumba a todos los que creemos y nos hará vivir para siempre.
Nuestro Señor se ha convertido en pan para nosotros. La razón por la que predico el Evangelio del agua y el Espíritu es porque es nuestra comida eterna. Como el Señor ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos alcanzado nuestra salvación simplemente al creer en esta Verdad. Sólo porque el Señor nos ha salvado hemos recibido la salvación. Si Él no nos hubiera salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, no habría manera de ser salvados. Si el Señor no hubiera cargado con nuestros pecados, no podríamos ser salvados. Por tanto, sólo el hecho de que Jesús nos haya salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu es el verdadero pan que nos hace vivir para siempre.
¿Hay alguna virtud o algún mérito en nosotros? No. Somos criaturas completamente insuficientes, nada más que montones de pecados que reciben la remisión de los pecados porque el Señor vino al mundo encarnado en un hombre para quitarnos los pecados. Sólo porque el Señor nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, podemos recibir nuestra salvación. Nuestra salvación no se debe a nuestros esfuerzos o méritos, ni siquiera en un 0,001 %, sino que ha sido completada por la gracia del Señor al 100 %.
Hemos recibido nuestra salvación gracias al Señor. Alabo al Señor. Aunque estábamos destinados a ir al infierno y estábamos condenados, nuestro Señor nos salvó. Si no fuese por el Señor, todos iríamos al infierno. Todos moriríamos. Si el Señor no nos hubiese dado Su carne y Su sangre, ¿cómo hubiéramos vivido? Sólo porque el Señor nos ha salvado hemos podido alcanzar nuestra salvación. Él se ha convertido en el pan de vida. Como hemos comido el pan que nos ha dado el Señor, debemos vivir por Él hoy y mañana, y toda la eternidad.
Como el Señor nos ha dado Su carne y Su sangre, como hemos recibido la comida eterna y como el Señor se ha convertido en la comida eterna, viviremos por Él para siempre. Doy gracias a nuestro Señor.