The New Life Mission

Sermones

Tema 19: Efesios

[Capítulo 1-3] < Efesios 1, 1-14 > ¿Quién es espiritual a los ojos de Dios?

< Efesios 1, 1-14 >
«Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria».
 
 
El pasaje de las Escrituras dice que Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo nos ha bendecido con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo. ¿Qué son estas bendiciones espirituales? Algunas cosas en este mundo son carnales, y otras son espirituales. A veces describimos a ciertas personas como carnales. Para ser específico, las cosas del mundo como los apartamentos lujosos o la alta cocina son las que despiertan los deseos de la carne porque entran por los ojos. Los que ponen todo su interés en las cosas del mundo como el cine, el arte, la cultura y la belleza, son personas carnales. Este tipo de personas no se miran dentro ni se preocupan de sus almas. La gente mundana no vive siguiendo la voluntad de Dios. No intenta recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu en Cristo, sino que obra para conseguir satisfacer sus deseos carnales. Por el contrario, la palabra ‘espiritual’ en el pasaje de hoy tiene el significado opuesto a la palabra mundano.
 
 
Pablo, un Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios
 
El libro de Efesios empieza con la siguiente frase:
«Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso».
El Apóstol Pablo escribió esta epístola específicamente para los santos fieles en Efeso. No envió la carta a las personas carnales de este mundo, sino a los que recibieron la remisión de los pecados al creer en el Hijo de Dios, Jesucristo. Quería compartir con ellos estas bendiciones espirituales del cielo.
¿A quién se refiere el término ‘santos’ en este pasaje? A los justos por la voluntad del Señor. Los santos son los que están completos, los que son santos y no tienen pecados porque han recibido la remisión de sus pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. El pasaje de hoy también menciona a «los fieles», que son los que no encuentran satisfacción en las cosas del mundo, sino en las cosas del Cielo. En otras palabras, son los que están obrando por sus tareas celestiales después de haber recibido la remisión de los pecados al poner su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Hay dos tipos de personas entre las que dicen creer en Jesús como su Salvador. Un tipo de cristianos ha nacido de nuevo de sus pecados, mientras que el otro tipo sigue teniendo pecados. Los que no han sido librados de sus pecados después de creer en Jesús son pecadores.
Por otro lado, los que han recibido la remisión de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu son los santos que entrarán en el Reino de los Cielos. ¿Se han convertido ustedes en santos de Dios al aceptar en sus corazones el Evangelio del agua y el Espíritu? Incluso los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, encontramos dos tipos de santos. Un tipo va detrás de las cosas carnales, y el otro tipo va detrás de la justicia de Dios.
Hoy en día, incluso entre los denominados cristianos, hay mucha gente que sigue prisionera de sus pecados y se limita a ir a la iglesia. Por mucho que sirvan al Señor, Dios los llama pecadores porque no conocen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios no los considera santos. Ya sean pastores, ancianos, diáconos, evangelistas o solo vayan a la iglesia, no tienen el Espíritu Santo en sus corazones porque no han sido librados de sus pecados al aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Incluso las personas que poseen el título de «pastor» en las denominaciones cristianas son meros pecadores a los ojos de Dios si siguen teniendo pecados en sus corazones. Como sus pecados no han sido borrados por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, sus ministerios no son más que negocios mundanos. Su obra es alimentarse a sí mismos y no son más que trabajadores asalariados. Tratan sus trabajos como una profesión del mundo a la que se dedican para ganarse la vida. Dios les llama trabajadores asalariados. El título de pastor viene de su tarea de alimentar al rebaño de Dios y guiarlo hacia el camino de la salvación y las bendiciones de Dios. Por tanto si algunos ministros solo se preocupan de sí mismos no son siervos de Dios, sino trabajadores asalariados.
Por eso los pastores deberían preocuparse de borrar sus pecados antes de asumir cualquier posición pastoral. Entre los pastores, algunos no son si santos, y aún menos líderes; son solamente trabajadores asalariados que no han recibido la remisión de sus pecados. Sea cual sea su posición en la iglesia, la gente debe ser santa al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones. Los cristianos deben limpiar sus pecados primero al aceptar en sus corazones el Evangelio del agua y el Espíritu; solo entonces pueden convertirse en santos preparados para entrar en el Reino de los Cielos. Si quieren llamarse santos con toda confianza, deben tener una fe sólida en el Evangelio del agua y el Espíritu. Los destinatarios de esta epístola paulina eran un grupo de santos sin pecados que creían en el Evangelio del agua y el Espíritu ante Dios.
 
 
El Apóstol Pablo escribió esta carta a los fieles
 
Los que son justos ante Dios son los justos que han recibido la remisión de los pecados al aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu y los que están haciendo la obra de Dios, y no siguen sus emociones ni viven como les parece; sino que al tener fe en la Palabra de Dios, viven una vida que obedece la voluntad de Dios.
¿Conocen uno de los prerrequisitos de los que quieren vivir por fe en el mundo? Por muy honesta que sea una persona con sus emociones o por mucha confianza que tenga en su fe, debe conocer la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Sin duda esta es la razón por la que la Palabra de Cristo le da la mayor importancia a este Evangelio. Por esta razón, los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu deben vivir siendo fieles a la voluntad del Señor. Solo estas personas pueden ser reconocidas por Dios.
Efesios 1, 2 dice: «Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo». La paz viene a los corazones de los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Los que han recibido la remisión de los pecados creen que el Padre de Jesucristo es también su Padre. Están convencidos de que Dios Padre es el Padre de todos los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. El que nos hayamos convertido en hijos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu significa que hemos sido bendecidos abundantemente en la presencia de Dios.
Sin embargo, otras personas son hijas de Satanás. Tienen al peor padre. Ya sean hijos de Dios o hijos de Satanás, depende de una cosa: de que hayan recibido la remisión de sus pecados o no al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
El Apóstol Pablo llamó a Dios, «Dios Padre». Solo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, los que han recibido la remisión de los pecados, pueden decir lo mismo. Los que no han nacido de nuevo, los que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y todavía tienen pecados, no pueden llamar a Dios «Padre nuestro». Para los cristianos pecadores que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios no es su Padre todavía. Los cristianos pecadores no escucharán ninguna respuesta de Dios por mucho que le llamen Padre. No están seguros de si Dios ha escuchado sus oraciones. Por eso los pecadores se sienten frustrados.
Sin embargo, los que se han convertido en santos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tienen la verdadera gracia y la paz que viene de Jesucristo y de Dios Padre. La gracia de salvación y la verdadera fe están en nuestros corazones porque hemos creído en Dios según la justicia de Jesucristo. Por otro lado, no está bien que los pecadores le llamen a Dios «Abba Padre». ¿Por qué? Porque sus corazones no han aceptado el Evangelio del agua y el Espíritu, la justicia de Dios, y viven como pecadores que no han nacido de nuevo en espíritu.
Solo aquellos de nosotros que hayamos recibido la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu podemos llamar a Dios Padre. Debemos confiar en que Dios Padre contesta nuestras plegarias, ya que escucha a Sus hijos cuando oran por lo que necesitan. Los justos le cuentan a Dios lo que necesitan a través de sus plegarias. Los justos oran: «Querido Padre, Padre nuestro, haz esto por nosotros». Los que no tenemos pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu le pedimos a Dios lo que necesitamos con toda confianza. Entonces Dios Padre contesta nuestras plegarias según Su voluntad.
Los que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tienen la Palabra de Dios en sus corazones; sus oraciones son contestadas cuando oran a Dios con fe en el Evangelio del agua y el Espíritu; y viven benditos cumpliendo la voluntad de Dios. Oran con fe en que Dios contesta las oraciones de los justos. Sus corazones siempre están llenos de paz gracias a la Palabra del agua y el Espíritu. Por tanto, los que oran a Dios esperan Su respuesta. Entonces Dios contesta sus oraciones sin falta.
 
 
Una historia graciosa
 
Hay una historia graciosa acerca del título, «Dios, nuestro Padre». Había una vez dos hermanos. Pero el hermano mayos murió y dejó a su hijo al cuidado de su hermano menor. Así que el hermano menor cuidó de su sobrino. Este sobrino se sentía solo y estaba deprimido aunque tenía a su tío. Así que empezó a ir a la iglesia y allí la Palabra de Dios le reconfortó. Disfrutaba tanto de la Palabra de Dios que un día quiso invitar a su tío a la iglesia. Siempre le había estado agradecido a su tío por cuidar de él como si fuera su hijo.
Así que le rogó a su tío: «Por favor, tío, ven conmigo a mi iglesia. Me gustaría que vinieses y escuchases la Palabra de Dios hoy. Por favor, déjame llevarte, tío». Así que después de tanto suplicar, el tío accedió a ir de mala gana a la iglesia. El tío y el sobrino fueron a la iglesia juntos. El sobrino empezó a orar en cuanto se sentó. Oró así: «Querido Padre Dios, mi tío está aquí hoy. Por favor, ayúdale a poner su fe en el Evangelio y a escuchar Tu Palabra».
¿Qué esperan de una persona que va a la iglesia por primera vez, como el tío? El tío estaba sentado cómodamente cuando escuchó la oración de su sobrino. Cuando le escuchó decir «Dios, nuestro Padre» empezó a preguntarse: «Si Dios es el Padre de mi sobrino, debe ser como un hermano para mí. ¿Esto que significa? ¿Cómo debo dirigirme a Dios? Como mi sobrino le llama Padre, yo debo llamarle Hermano». Así que empezó a imaginarse el árbol genealógico en su mente. Al final llegó a una conclusión para dirigirse a Dios. Así que oró así: «Querido Hermano Dios, he venido hoy. He venido hoy con Tu hijo, mi sobrino. Hermano Dios, hazme un favor y hazle un favor a mi sobrino». Cuando escuché esta historia por primera vez, me reí muchísimo.
Como en este ejemplo, tratar a Dios como si fuera otro ser humano, da resultados absurdos. Está mal que una persona que no ha nacido de nuevo se dirija a Dios como ‘Padre’, solo porque alguien le llame Padre. Si llaman a Dios Padre sin tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, o si llaman a Jesucristo Hermano pensando que están a Su mismo nivel, están muy equivocados.
 
 
¿En qué deberíamos creer para reconocer a Jesús como Salvador?
 
Los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu han sido redimidos de todos sus pecados. Por eso el Apóstol Pablo pudo bendecir a otros dirigiéndose a Dios como «nuestro Padre». ¿Podemos llamar a «Dios Padre» sin fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? Solo los santos cuyos pecados han sido redimidos perfectamente pueden llamar a Dios «nuestro Padre». El Señor oró en el Nuevo Testamento de la siguiente manera:
«Padre nuestro que están en los Cielo,
Santificado sea Tu nombre.
Venga a nosotros Tu Reino.
Hágase Tu voluntad
En la tierra como en el Cielo» (Mateo 6, 9-10).
También esta oración se dirige a Dios como nuestro Padre.
Dios, nuestro Padre, nos amó tanto que pasó todos nuestros pecados a Jesucristo, Su Hijo, a través de Su bautismo. Así nos ha hecho a los verdaderos creyentes gente sin pecados. A través de Su Hijo, ha borrado todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu y nos ha librado de todos nuestros pecados. A pesar de esto hay gente que no tiene esta fe para dirigirse a Dios como Padre porque no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto es muy lamentable. No saben que Jesucristo se ha encargado de todos sus pecados para siempre y por tanto tienen pecados en sus corazones. Por eso no pueden dirigirse a Dios como nuestro Padre en espíritu y en verdad. Esta gente no puede ver al Dios Santo porque todavía tiene pecados en sus corazones. Puede que repitan «Querido Padre nuestro» o «Nuestro Señor», pero en realidad viven una vida alejada de Jesucristo por culpa de sus pecados. Como no tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, tienen miedo cuando llaman a Dios o le oran.
Quien crea en Jesús como el Salvador debe entender que Dios le ha salvado de todos sus pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Como cristianos, ¿pueden ustedes decir que creen en la Verdad de que Jesús ha borrado todos los pecados del mundo con el Evangelio del agua y el Espíritu? Si todavía no conocen la Verdad que vino por el agua y el Espíritu, deben aprender esta Verdad y ser salvados. Esta es la fe de los que han sido salvados de todos sus pecados al creer en Jesús como su Salvador: Jesús vino al mundo y salvó a toda la raza humana de sus pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos difundir esta fe en el Evangelio de salvación hasta los confines de la tierra. Deben recibir la remisión de los pecados en su corazón al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Cuando entienden a Jesús a través del Evangelio del agua y el Espíritu, pueden creer en Jesús como el Salvador. Si dicen: «Simplemente creo en Jesús», sin saber que Jesús nos ha librado de todos nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, seguirán siendo pecadores. Esta fe no se basa en la Verdad; sino que es una fe ciega que no es más que una superstición. Dios no se convierte en su Padre automáticamente por mucho que hayan ido a la iglesia si todavía tienen pecados en sus corazones. Dios Padre solo adopta a los que no tienen pecados como hijos Suyos. No toma a pecadores como hijos solo porque le llamen Padre. Por muchas veces que un pecador llame al Señor Dios, Su única respuesta es el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Saben por qué llamamos a Jesús «el Señor Jesús», y no solo Jesús? Porque ha borrado todos nuestros pecados. Le llamamos Señor porque se ha convertido en nuestro Maestro al borrar todos los pecados de la humanidad con el Evangelio del agua y el Espíritu.
El Apóstol Pablo utilizó estas expresiones con tanto significado para predicar la Verdad en términos fáciles de entender. Tanto los ignorantes como los Doctores en Divinidad creen que entienden la Biblia. Sin embargo, el título «Jesucristo, nuestro Señor» es muy difícil de entender para los que no han nacido de nuevo. Los que creen a ciegas en Jesús y no saben quién es Jesucristo o qué hizo cuando vino al mundo, no pueden entender qué implica este título. Así que, cuando preguntamos qué significa el nombre de Jesús a los que confiesan creer en Él, ellos responden: «No lo sé, pero ¿qué importa?» «¡Señor! ¡Señor! ¡Señor!» Mientras oran, gritan esto tres veces, crean un gran tumulto emocional con música y con tambores para ponerse histéricos, ofrecen oraciones de penitencia entre lágrimas exageradas. Creen que Dios les contestará si oran fervientemente y llorando por sus pecados. En las mentes de muchos cristianos existe la idea de que pueden recibir la remisión de los pecados aunque no conozcan el significado en nombre de Jesús. Piensan que Dios les escuchará si llaman a Dios a gritos, aunque no conozcan el significado del nombre «Jesucristo».
Pero sus creencias son en vano. Desafortunadamente hay muchos pastores que dicen creer en Dios como su Salvador pero que no muestran ningún interés en el Evangelio del agua y el Espíritu, sino que solo piden que se trabaje más duro. Hacen hincapié en orar a Dios. Mientras oran gritando: «¡Señor! ¡Señor! ¡Señor!» de acompañamiento tienen a la banda, los tambores y los órganos. Entonces todo el mundo empieza a llorar y a confesar sus pecados. Sus pastores llegan al punto álgido de sus emociones gritando: «¡Por el fuego! ¡Por el fuego! ¡Por el fuego!» y sus corazones empiezan a latir rápidamente. En cuanto el pastor que dirige la reunión dice: «Vamos a orar juntos», la gente empieza a ofrecer sus oraciones de penitencia más fervientemente y con mayor estruendo. Entonces los tambores o las baterías suenan más fuerte en sus corazones y hablan a sus corazones. La gente grita con todas sus fuerzas y las oraciones se convierten en un montón de palabras sin sentido ahogadas por el volumen de la música.
No saben cómo recibir el Espíritu Santo como un don, sino que intentan recibirlo mediante sus oraciones de penitencia. A esta gente no le importa el Evangelio del agua y el Espíritu, sino que solo quiere creer en Jesús a ciegas, sin conocimiento. Piensan que están viviendo con la fe correcta si entregan su tiempo y su dinero a Dios. Por esta razón no pueden ser cristianos nacidos de nuevo, y están siguiendo al Diablo. Los que tienen está fe no reciben ninguna recompensa de Dios. Están tan fascinados por sus pensamientos carnales y siguen a sus emociones humanas sin darse cuenta de que el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad para nuestra salvación. Dicen creer en Jesús sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, y esto significa que todavía tienen pecados en sus corazones.
Algunas personas dicen haber recibido el don de las lenguas un día en su iglesia. En realidad están poseídas por demonios. La obra de Satanás se manifiesta de formas distintas; a veces aparece en forma de un espíritu maligno y otras en la forma de un ángel de la luz. Por tanto Satanás puede obrar a través de los cristianos pecadores, permitiéndoles hablar en lenguas o expulsar demonios. A veces incluso aparece en la forma de alguien que cura enfermedades.
¿Qué nos ocurre si perdemos nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y caemos en una situación donde nos dominan las emociones? Al final estaremos bajo el control de falsos profetas o del Diablo. Entonces los pastores les piden a los santos que oren a Dios fervientemente para recibir el Espíritu Santo en nombre de Jesús, pero al final morirán espiritualmente sin dar frutos. Estos pastores se preocupan de recoger muchas ofrendas. Incluso cuando eligen un himno, intentan crear una atmósfera excitante para la congregación. Los que quedan hipnotizados por la música y se dejan llevar por sus emociones, pierden la habilidad de pensar lógicamente y vacían sus bolsillos en la cesta o el sobre de la ofrenda.
Algunos pastores que no han nacido de nuevo les piden a los miembros de sus congregaciones que escriban sus nombres en los sobres y los lleven al púlpito cuando hacen sus ofrendas. Otros pastores oran por los que dan dinero en orden según la cantidad que hayan ofrecido en el púlpito. Oran por los miembros, y dicen que cuanto más dinero hayan dado, más bendiciones recibirán. Incluso dicen que ofrecer todas sus posesiones les traerá dobles bendiciones, así que deben ofrecer todo lo que puedan. ¡Tengan cuidado! Estas personas son siervos de Satanás. Estas personas no tienen lo que Dios y Jesucristo nos dieron: la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, la gracia de salvación y la paz de Dios.
Dios animó al Apóstol Pablo a escribir a los santos que creían en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pablo escribió a los que habían nacido de nuevo con el Evangelio de Verdad que se le entregó a la Iglesia de Dios. Así que los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no pueden reconocer la Palabra de Dios en esta epístola. Los que no han nacido de nuevo no entienden lo que Pablo quería decir cuando les dijo a los santos en Efeso en el saludo de su epístola que la paz de Dios Padre y Jesucristo estaba con los santos de esa iglesia. Muchos dicen que conocen por lo menos los siguientes conceptos: Jesús, la salvación, la Cruz, las oraciones de penitencia, el servicio, la santificación y la predestinación. Dicen conocer estas cosas de verdad. En realidad no creen en la justicia de Jesucristo sin conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque esta gente ha conocido estas doctrinas cristianas y ha creído en Jesús como el Salvador, no tienen nada que ver con la Palabra de Dios. Solo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu tienen que ver con Dios, pero los que no creen, no tienen relación con la gracia ni la paz de Dios.
El Apóstol Pablo escribe a los santos en Efeso sobre estas bendiciones espirituales del Cielo. En Efesios 1, 3 escribe: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». Está escrito que, incluso antes de la fundación del mundo, Dios Padre había planeado bendecidnos con bendiciones espirituales en Cristo. Dios Padre, Su Hijo Jesucristo, y el Espíritu Santo tuvieron una discusión en el Cielo y llegaron a la decisión de crearnos y adoptarnos con hijos de Dios. El Dios de la Trinidad tenía el plan de darnos bendiciones espirituales a los humanos incluso antes de la creación del universo. En otras palabras, Dios había decidido darnos estas bendiciones espirituales del Cielo a los que crean en el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Cómo nos da Dios todas estas bendiciones espirituales en los lugares celestiales? Nos preguntamos lo que Dios tenía en mente cuando nos salvó de todos los pecados del mundo para siempre. Pensemos en por qué Dios nos dio la salvación y por qué nos creó a Su imagen.
 
 
Dios planeó nuestra salvación incluso antes de la fundación del mundo
 
Dios creó primero el universo, en el que iba a revelar Su gloria y después cumplió la salvación de todos los pecados. Dios creó a Sus hijos para que estuviesen con Él durante la eternidad, y los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu somos Sus hijos. El primer hombre, Adán, fue creado con amor, y Dios le invitó a entrar en Su plan maestro por fe para ser amado para siempre. Dios previó la tentación de Satanás por la que Adán pecó, y también sabía que todos los hombres serían pecadores. Pero aún así planeó y prometió Su eterna salvación para la humanidad.
Dios nos hizo como objetos de Su amor. Por eso nos ha salvado en el amor de Jesucristo. Lo Dios nos promete a través de Su amor y Su Hijo es la promesa de salvación. Dios nos ha salvado de todos los pecados del mundo y nos ha hecho hijos Suyos para alabarle y estar orgullosos de Su salvación.
Al principio de este sermón he dicho que hay dos tipos de personas: las personas carnales y las personas espirituales. Las primeras son las que pertenecen a este mundo. Nacen de padres carnales en este mundo pero no conocen a Dios Padre y morirán sin conocer la justicia de Jesucristo.
Sin embargo, la gente a la que se dirigía el Apóstol Pablo eran ciudadanos santos del Cielo. El Cielo es para esta gente espiritual que se ha convertido en hijos de Dios gracias a Su amor.
Entonces, ¿cómo podemos convertirnos en gente santa ante la presencia de Dios? ¿Cómo podemos recibir la remisión de nuestros pecados? Todo esto se puede conseguir por el amor de Dios y nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que es Dios quien nos amó con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y nos convirtió en Su pueblo.
Dios tuvo que quitarnos los pecados personalmente con el Evangelio del agua y el Espíritu para convertirnos en Su pueblo. Esta era la única manera de que pudiésemos vivir con Él. Dios Padre hizo algo para convertirnos en Su pueblo. Había planeado la salvación por el Evangelio del agua y el Espíritu en el Cristo antes de la creación del mundo; y cumplió este plan profundo para siempre. En Su único Hijo Jesucristo, Dios Padre nos convirtió en Su pueblo a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
El Dios Trinitario nos hizo Su pueblo por amor. Entonces, ¿cómo nos convirtió Dios en Su pueblo? El procedimiento era el siguiente: Jesucristo vino al mundo y erradicó nuestros pecados con el agua y la sangre. Jesucristo, el único Hijo de Dios Padre, se encargó de los pecados de toda la humanidad, desde los pecados heredados, es decir, los pecados intactos que pasaron de nuestros ancestros por la decepción de Satanás, hasta los pecados que cometemos todos los días con nuestras mentes o cuerpos porque somos débiles. Jesucristo tomó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, los limpió al ser bautizado por Juan el Bautista, y nos convirtió en Su pueblo a los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu. Jesús vino al mundo, tomó todos nuestros pecados mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista, y pagó el precio por esos pecados en la Cruz en nuestro lugar.
Así es como nos ha salvado el Señor. Nos convertimos en herederos de estas bendiciones espirituales del Cielo gracias al amor de Dios, quien nos salvó con el Evangelio del agua y el Espíritu. Las bendiciones de ser hijos de Dios y convertirnos en ciudadanos del Reino de Dios están disponibles para quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu. Las bendiciones espirituales de las que habló el Apóstol Pablo en el libro de Efesios se nos han entregado a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Ahora los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu están sin pecados en la presencia de Dios. Así que los que han recibido la remisión de los pecados al creer en este Evangelio auténtico de Jesucristo son los que han recibido las bendiciones espirituales del Cielo. Nosotros, los que hemos recibido la remisión de los pecados por fe en este Evangelio del agua y el Espíritu, somos los hijos de Dios y somos el pueblo justo que ha recibido al Salvador Jesucristo en nuestros corazones. Aunque los nacidos de nuevo viven en el mismo mundo que los no nacidos de nuevo, nosotros no pertenecemos a este mundo carnal, sino a Dios. No somos ciudadanos de este mundo, sino que nos hemos convertido en ciudadanos del Reino de Dios.
Según el designio de la voluntad de Dios Padre, nos hemos convertido en Su pueblo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu en Jesucristo. Desde que nos convertimos en hijos de Dios, siempre hemos estado ocupados como las hormigas trabajadoras. Estamos predicando este Evangelio auténtico a todo el mundo porque no podemos mantenerlo en secreto. Como el Apóstol Pablo les dijo a los santos en Efeso, nuestros colaboradores no cesan de repartir los libros sobre el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Estamos completamente entregados a la tarea de predicar este precioso Evangelio a través de nuestro ministerio literario. Nuestros libros están siendo traducidos a muchos idiomas y estamos trabajando aún más para distribuirlos. Los nacidos de nuevo hemos estado trabajando para alabar la gloria del Señor, quien nos ha dado esta salvación gratuitamente.
¿Cuántas bendiciones de paz nos ha dado Dios en el corazón? Nos ha dado muchas bendiciones de paz a todos nosotros. Estamos agradecidos por todas estas bendiciones en los lugares celestiales y aún más agradecidos por las bendiciones en el mundo. Cuando meditamos sobre las bendiciones de Dios, nuestra mente se llena de paz. Cuando pienso en el Evangelio de la verdadera salvación a través del que Dios me ha salvado, mi mente se queda en paz. Cuando cuento las bendiciones que he recibido desde que puse mi fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, me siento agradecido. Dios no solo nos bendice económicamente, sino también espiritualmente.
Es una gran bendición que nosotros, a pesar de nuestras insuficiencias, hayamos sido escogidos para predicar estas bendiciones del Cielo a mucha gente. Hoy en día muchas personas se suicidan porque sufren por sus pecados. Cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu a los que sufren de depresión, se liberan de la esclavitud al dolor. Esta es una gracia tan enorme que solo el verdadero Evangelio puede dar. Estamos asombrados por el poder de Dios cuando vemos las caras de estas personas brillar después de haber sido redimidos por su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y estoy maravillado y completamente agradecido por ser utilizado para esta maravillosa obra de Dios. Me hace muy feliz ver a los pecadores convertirse en personas libres de pecado y vivir vidas llenas de luz por fe, por lo que estoy agradecido a Dios profundamente. Creo fervientemente en que hemos sido bendecidos abundantemente con bendiciones espirituales.
Queridos hermanos, no debemos olvidar el hecho de que no somos de este mundo aunque vivimos en este mundo. El mundo está demasiado preocupado con las cosas carnales. Simplemente para cuidar de nuestros cuerpos necesitamos muchas cosas: un lugar para vivir, una nevera, un sistema de calefacción, electricidad y comida. Cuidar de un solo individuo es ya bastante difícil. Otra razón por la que vivimos en un mundo tan complicado es que el mundo está lleno de cosas que provocan nuestros deseos carnales. Además hay muchas personas malvadas que no quieren creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
¿Qué mayor bendición podemos pedirle a Dios a parte de las bendiciones espirituales? Cuando mi mente está llena de pensamientos demasiado complicados ante Dios, me recuerdo a mí mismo que he sido bendecido con estas bendiciones espirituales del Señor. Entonces puedo aclarar mi mente de nuevo.
Mientras medito acerca del pasaje de las Escrituras de hoy, mi mente se relaja. Así que no puedo evitar decir: «Estoy completamente bendito con muchas bendiciones de Dios». Pienso de esta manera y medito acerca del Evangelio del agua y el Espíritu, dándole gracias a Dios. Así que, cuando dejo mis pensamientos mundanos de lado, me aclaro y pienso lo siguiente: «Voy a coger todos mis pensamientos complicados y los voy a tirar a la basura para vivir por fe recordando lo que Dios me ha dado. Yo, junto con mis hermanos santos, me desharé de todas las cosas complicadas, en vez de acumularlas, y recordaré las bendiciones de Dios y daré gloria a Dios mientras viva. Viviré gozosamente en la gracia de Dios con una mente descansada. Siempre me regocijaré, daré gracias a Dios y oraré sin cesar en la paz que Dios me da».
Que los inconvenientes sean solo eso, y que podamos resolver nuestros problemas con fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Aprendamos de nuestros errores anteriores y centrémonos en cómo vamos a vivir por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pensemos solo en las bendiciones que hemos recibido, en lo que recibiremos de Dios y en los que debemos hacer. Solo debemos orar por las bendiciones y vivir por fe por las cosas que necesitamos espiritual y físicamente. Vivamos una vida simple pero sincera.
Hay muchos enfermos mentales en esta era. ¿Por qué? Porque es mundo es muy complicado. Yo soy una de las personas más complicadas que pueden conocer. Soy una persona muy complicada. Paradójicamente, también soy muy simple. Tengo muchos pensamientos personales, pero me hago simple en cuando pienso en la gracia de Dios que he recibido. Existe un límite en cuanto a cuánto podemos pensar. Debemos confiar en Dios. Además, estas bendiciones espirituales de Dios son las más grandes, y debemos confiar en Él.
Como nos hemos convertido en hijos de Dios, podemos orar a Dios Padre, y cuando oramos, Él contesta nuestras oraciones. La mayor respuesta de Dios es Su paz, y no la prosperidad física de este mundo. El estar sin pecado en sus corazones es la gracia mayor y el mayor don. Hay un himno que dice: «Paz, paz, maravillosa paz, que viene del Padre que está arriba». La remisión de los pecados es el mayor don de paz, que nada puede sustituir. Este don es increíble.

Alabo al Señor Dios por estas bendiciones espirituales, en Su paz y Su gracia. Vivamos el resto de nuestras vidas alabando, orando a Dios y recibiendo estas bendiciones Suyas. Espero que piensen en su corazón en la gracia de Dios y la paz que Dios les ha dado a través de la remisión de los pecados. Queridos santos nacidos de nuevo, vivan en paz por fe. Alabo para siempre la buena obra de salvación que Dios hizo a través de Su Hijo Jesucristo.