The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 6-21] < Juan 6, 60-71 > Debemos conocer la Verdad correctamente

( Juan 6, 60-71 )
«Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce».


¿Por qué murmuran?

El capítulo 6 de Juan es difícil de entender para los cristianos de hoy en día. Así que los pastores hablan sobre este capítulo en pocas ocasiones. Normalmente interpretan el mensaje de este capítulo de la siguiente manera: «Jesús nos dio Su cuerpo, lo que significa que nos ha salvado al ser crucificado hasta morir». Sin embargo, sólo hacen referencia a la sangre de Jesús, no a Su carne. La carne de Jesús se refiere al hecho de que Jesús tomó sus pecados de una vez por todas al ser bautizado y sufrió en la Cruz, así que a no ser que conozcamos el Evangelio del agua y el Espíritu, no podemos entender este pasaje.
Por eso los cristianos de hoy en día que no han nacido de nuevo no pueden entender el pasaje del capítulo 6 de Juan y por eso sus corazones acaban dejando a Jesús para buscar las cosas del mundo. En otras palabras, si la gente no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu, aunque crean en Jesús al principio como Su Salvador, acabarán dejándole. Cuando Jesús habló en este pasaje, había más de 5000 personas que habían sido testigos de Sus milagros y que le seguían, pero cuando Jesús les dijo que comiesen Su carne y bebiesen Su sangre, todos le dejaron porque no podían entenderle. Lo que es peor, incluso muchos de los discípulos que se identificaban como seguidores de Jesús le abandonaron diciendo: «Esto que ha dicho es difícil, ¿quién lo entiende?».
Para los cristianos de hoy en día también, el que Jesús les haya dicho que coman Su carne y beban Su sangre es una verdad difícil. Sin embargo, como el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad definitiva, si conocen este Evangelio y creen en él, es fácil para ustedes tomar la carne y la sangre de Jesús espiritualmente, y si creen en esta Palabra de corazón, recibirán la vida eterna.
Jesús sabía que Sus discípulos se quejaban de lo que Él decía y por eso les dijo: « ¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?». Dicho de otra manera, nuestro Señor estaba diciendo: « ¿Acaso esto os confunde? Queréis buscarme pero ahora no podéis y ¿me queréis dejar por lo que he dicho?» Entonces el Señor habló incluso más claramente y dijo que Él era el pan que vino del Cielo: «Yo soy el pan del Cielo, ¿pero qué haréis cuando me veáis volver al Cielo? ¿Me creeréis entonces? Os he explicado quién soy, que he venido del Cielo. Si me veis subir al Cielo de nuevo, ¿dejaréis de quejaros y creeréis en Mí?». El Señor es el pan que vino del Cielo. Nos ha alimentado con este pan que vino del Cielo. Nos ha alimentado con este pan de vida y nos ha hecho ir al Cielo, ahora está sentado a la derecha del trono de Dios Padre y volverá al mundo para llevarnos con Él.
Del mismo modo en que en aquel entonces la gente no podía entender lo que Jesús estaba diciendo, los cristianos de hoy en día no conocen el Evangelio de la Verdad, y por tanto muy pocos entienden lo que el Señor quiso decir cuando nos dijo que comiésemos Su sangre. Lo que es peor, sólo algunos quieren entenderlo. En otras palabras, muchos cristianos no entienden lo que la Biblia dice precisamente porque creen en Jesús como una simple religión. Si creemos en la Palabra de las Escrituras sin entenderla, no creemos en Jesús correctamente, sino que lo hemos reinventado a nuestra manera y creemos en esa imagen de Jesús. 
El Señor dijo: «El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6, 63). Dejó claro que es el Espíritu quien da vida. Dicho de otra manera esto es lo que estaba diciendo: «Debéis creer en lo que Dios ha hecho por vosotros en vuestros corazones. No debéis creer en Mí motivados sólo por los beneficios de vuestra propia carne. Lo que os estoy diciendo hoy es vida. He borrado vuestros pecados y os he dado vida y el último día resucitaré vuestros cuerpos también. Si recibís la nueva vida por fe, vuestros cuerpos también vivirán de nuevo. Las bendiciones que os doy son las bendiciones de la vida eterna que pertenecen al Cielo. Y pueden conseguir estas bendiciones si creen en Mi Palabra. Por tanto no deben creer en Mí sólo para recibir beneficios carnales».
En otras palabras, debemos alcanzar nuestra salvación al creer en lo que el Señor ha hecho por nosotros en nuestros corazones, en vez de creer en Él sólo para cumplir nuestros objetivos carnales, pensando que seremos curados de nuestras enfermedades, tendremos éxito en nuestros negocios o seremos ricos si creemos en Jesús. El cristianismo de hoy en día está orientado a curar las enfermedades físicas, tener éxito en el mundo y ascender en la escalera de poder, pero esta es una orientación equivocada.
El Apóstol Juan dijo al pueblo de Dios: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3 Juan 1, 2). Muchos pastores citan este pasaje y dicen que si alguien cree en Jesús, será bendecido para estar sano y prosperar en todas las cosas, al tiempo en que su alma prospera. Llaman a este precepto la «triple bendición en Cristo». Al enfrentarse la gente con problemas en el mundo se les dice que serán ricos y tendrán éxito si creen en Jesús, y ellos están muy contentos por escuchar esto, de tal modo que esto se ha convertido en una corriente muy pronunciada en el cristianismo de hoy en día y la gente se dedica a sus pastores e iglesias sólo para recibir bendiciones para su propia carne.
En particular los seguidores de la Iglesia Pentecostal de Corea creen que sus hijos serán admitidos en la universidad de su elección si oran mucho, pero que serán rechazados si no oran lo suficiente. Piensan que todos sus problemas se resolverán si oran a Jesús, pero esto no es cierto. Por supuesto los nacidos de nuevo reciben la gracia de Dios y si están enfermos el Señor abre una puerta para sanarlos. Sin embargo los que no han recibido remisión de los pecados, con tan sólo creer en Jesús no van a ser bendecidos en la carne. La noción de que pueden ser curados de sus enfermedades y ser ricos si creen en Jesús es un fraude.
Un día vi en un canal cristiano a un revivalista famoso de Corea llamado Reverendo Cho que estaba haciendo una reunión. Citó este pasaje de 3 Juan 1, 2 y dijo desde el púlpito: «Pongan sus manos donde les duela. Dios les curará la enfermedad inmediatamente». Así que la gente que estaba allí reunida oró poniendo sus manos en diferentes partes del cuerpo y de entre la multitud empezó a levantarse gente testificando que habían sido sanados de sus enfermedades. La ola de gozo empezó a difundirse por toda la congregación. El pastor entonces acabó su sermón diciendo: «Si creen en Jesús, serán sanados, expulsarán sus demonios, ya no serán pobres, sus familias vivirán felices y todas estas bendiciones serán suyas». La congregación estaba tan contenta de escuchar al pastor que todos dijeron: « ¡Nunca he oído un sermón tan bueno!». Sin embargo esta clase de fe es supersticiosa y se llama chamanismo cristiano. Está mal creer en esto.
¿Acaso se expulsan los demonios al creer en Jesús ciegamente? Los que no han nacido de nuevo a veces dicen que expulsan demonios al creer en Jesús, pero en realidad no es nada más que un espectáculo, ya que los demonios fingen haber desaparecido. Si creen en Jesús, ¿prosperará su fe incondicionalmente? Si creen en Jesús y le siguen deberán sufrir mucho a causa de su fe. ¿Cómo puede decir alguien que su carne prosperará?
Jesús dijo: «El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha ». Nuestro Señor quiere darnos nueva vida al salvarnos de nuestros pecados, no darnos prosperidad en la carne. Vino al mundo a borrar nuestros pecados, darnos vida nueva, hacernos hijos de Dios y concedernos las bendiciones eternas del próximo mundo. Debemos entender esto claramente.
El mensaje principal de 3 Juan 1, 2 es sobre todo que nuestras almas deben prosperar. Este es el mensaje principal. ¿Entonces qué significa la prosperidad de las almas? Ante todo, para que nuestras almas prosperen, debemos creer en lo que el Señor ha hecho por nosotros con nuestros corazones, y por tanto debemos recibir la remisión de los pecados, conseguir la vida eterna y convertirnos en hijos de Dios. Después podemos ver cómo el Señor nos ayuda y nos bendice en nuestras vidas diarias. Esto es lo que significa el pasaje anterior. Jesús nunca dijo que pudiésemos ser sanados o hacernos ricos con tan sólo creer en Él, sin recibir antes la remisión de nuestros pecados.
El Señor dejó claro aquí que perseguir la prosperidad de la carne no significa nada. Si quieren creer en Jesús como su Salvador deben recibir primero la remisión de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y una vez que reciban la remisión de sus pecados es apropiado que hagan la obra de Dios. Sin embargo, si creen en Jesús sólo para prosperar en la carne, su fe está equivocada. Cualquier pastor que enseñe esto está equivocado. Muchos cristianos son engañados por sus pastores e incluso venden sus casas y ofrecen dinero a sus iglesias pensando que donando una casa recibirán dos. Asimismo incluso toman préstamos para poder pagar el diezmo, pensando que así serán más bendecidos. Piensan: «Gano 1000 $ y debo ofrecer 100 $ como diezmo, pero en realidad ofrecí 1000 $. Así que estoy seguro de que Dios me recompensará con 10.000 $». Si creen en Jesús basándose en estos cálculos, estarán siendo defraudados espiritualmente. Sin embargo, muchos pastores están engañando a sus congregaciones para que les den dinero con esta mentira. Creer en esto es creer en el cristianismo como una mera religión del mundo.
Por supuesto los nacidos de nuevo pueden incluso ofrecer todas sus posesiones al Señor si es necesario. Nuestros trabajadores viven así. Para servir al Evangelio sólo gastan una décima parte de su salario bien merecido en sus necesidades y ofrecen el resto de sus sueldos al ministerio de difundir el Evangelio. Sin embargo no hacen esto para recibir más bendiciones materiales, sino que lo hacen porque sus corazones están agradecidos y lo hacen con alegría porque quieren servir al precioso Evangelio que el Señor ha dado a la humanidad.
Los cristianos que no han nacido de nuevo también se dedican a sus iglesias, pero sólo para alcanzar metas carnales. Esto está mal. Por ejemplo, muchos de ellos piensan que si siguen con sus vidas de fe podrán convertirse en miembros principales  de la iglesia y así Dios les bendecirá. Pero esto es una mentira. Pero como creen que Dios les bendecirá y les hará ricos si se convierten en miembros principales de la iglesia, lo intentan hacer todo para conseguirlo y se dedican enteramente a sus iglesias y son fieles a sus pastores. Hacen esto precisamente porque han sido engañados por las falsas enseñanzas de sus pastores. Así que cuando visiten una prisión, se sorprenderán al ver que algunas de esas personas han sido principales en iglesias del mundo. ¿Cómo podemos explicar este fenómeno? Como intentaron servir a sus iglesias por todos los medios, acabaron cometiendo delitos.
Los pastores que no han nacido de nuevo exaltan a los ricos y poderosos de este mundo y les hacen ocupar puestos altos en sus iglesias. Cuando esta gente va a estas iglesias, se les hace principales en poco tiempo. Al hacerlo engañan al resto de la congregación y les hacen pensar: «El negocio de esa persona ha  prosperado mucho ahora que se ha convertido en principal. Yo debería hacer lo mismo». Sin embargo, deben recordar el hecho de que hay muchos cristianos que, engañados por estos trucos, acaban arruinándose o yendo a prisión a pesar de convertirse en principales de la iglesia.
Nuestro Señor dijo: «La carne para nada aprovecha». Esta Palabra es la Verdad. La carne no aprovecha para nada. Si Dios nos hace prosperar en ciertos aspectos de nuestras vidas una vez hemos nacido de nuevo se debe a que tiene que ver con la obra espiritual del Señor. ¿Creen que si oran según sus deseos carnales por algo que no tiene nada que ver con la obra del Señor, Él contestará sus oraciones? No. Los que creen en esto y lo predican son totalmente estúpidos.
El Señor es el pan que vino del Cielo. Él es el único Hijo de Dios Padre. Es Dios, que creó el mundo al principio. Así que lo sabe todo. ¿Acaso no sabía nuestro Señor que Judas le traicionaría? Por supuesto que lo sabía. Juan 6, 64 dice: «Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar». Jesús tenía 12 discípulos que le seguían, pero uno de ellos no creía en Él como el Salvador. Nuestro Señor sabía de antemano que Judas le iba a traicionar. Sabía muy bien que para ser crucificado y cargar con la condena del pecado, Judas tenía que traicionarle.
Con Judas en mente el Señor dijo: «Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre» (Juan 6, 65). Esto significa que nadie puede creer en Jesús a no ser que el Padre le lleve a Él. En otras palabras, no se le permite a todo el mundo reconocer a Jesús y creer en Él, que vino por el agua y el Espíritu.
El Señor dijo: «Bienaventurados los pobres en Espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5, 3). Si alguien quiere creer en Jesús correctamente debe admitir ser un pecador sin remedio ante todo. En otras palabras, debe confesar que no puede evitar pecar y ser arrojado al infierno y debe demostrar su incapacidad al pedirle a Dios que tenga misericordia. Sólo cuando se tiene un corazón humilde y se confía en Dios Padre, Él tiene misericordia y dice: «Te salvaré a través de Mi Hijo». Esta es la gente a la que Dios guía al Hijo, y es a esta gente a la que Jesús da Su carne y sangre, y les permite recibir la remisión de los pecados y la vida eterna. Entonces ellos serán perdonados por sus pecados y recibirán la vida eterna al creer en Jesús de todo corazón.


Nadie cree en Jesús como Su Salvador sólo porque así lo quiera

Judas siempre llamaba a Jesús rabbi, no Señor. Esto significa que no creyó en Jesús como su Salvador que vino del Cielo. El título rabbi, que significa maestro, puede parecer algo bueno en términos seculares, pero para los nacidos de nuevo no es un buen título. En la Iglesia de Dios, algunos otros títulos, como señor y señora no son títulos buenos. Si nuestros siervos de Dios les llaman señor y señora es evidente que no les consideran personas que han sido salvadas. A los ojos de Jesús, Judas era descendiente del Diablo. Dios no puede dar Su gracia a esta gente. Dios Padre no lleva a esta gente a Su Hijo Jesús.
Algunos de nuestros hermanos y hermanas dicen: «Reconocí y creí en Jesús que vino por el agua y el Espíritu. Cuando escuché el Evangelio estaba tan contento de escucharlo que creí en él. Pero mis amigos no creyeron. No entiendo por qué no creen, sólo tienen que creer». Cuando vemos a gente que no cree en este maravilloso Evangelio, no podemos entenderles. Así que pensamos: « ¿Por qué no creen si todo lo que tienen que hacer es creer? Deben estar tontos». Sin embargo cuando Dios los ve, son muy malvados y por eso Dios no pueden apiadarse de ellos. En otras palabras, lo más justo es que vayan al infierno.
Dios extendió Sus manos para ayudarnos y nos da la bendición de la remisión de los pecados a los que venimos a Él y le pedimos Su misericordia, no a quien se enfrenta a Dios sin vergüenza. Esta gente ingrata piensa: « ¿Por qué nos hizo Dios sufrir tanto a todos? ¿Por qué me hizo nacer en una familia pobre? Si hay Dios, ¿cómo es posible que me haya hecho esto? ¿Es este Dios?». Aquellos cuyos corazones se enfrentan a Dios, los que no lloran por sí mismos, cuyos corazones están endurecidos, y a los que sólo les satisface las cosas del mundo y no las cosas de Dios, son rechazados por Dios. En otras palabras, el Señor no lleva a esta gente al Padre.
Por eso es absolutamente indispensable que todo el mundo sea humilde ante Dios. Incluso si la maldad de la carne se manifiesta, debemos levantarnos, admitir con toda sinceridad: «Soy un pecador» y pedirle ayuda a Dios. Dios Padre sólo lleva a esta gente para que Jesús les salve. Dicho de otra manera, Jesús enseña a esta gente Su Palabra, y así les permite reconocer sus pecados y recibir la remisión de sus pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y así les hace hijos de Dios.
Hoy en día, aunque hay muchos cristianos que dicen creer en Jesús, no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cómo podemos explicar esto? La respuesta a esta pregunta se encuentra en el pasaje de las Escrituras de hoy. El Señor dijo: «Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre». Nadie puede alcanzar la verdadera salvación si Dios Padre no le guía, ya sea su amigo o su familiar. Por eso debemos orar a Dios en nombre de nuestros seres queridos y pedirle: «Padre, por favor guía a mi familia. Por favor sálvalos a todos». Por su parte ellos también deben tener un corazón humilde y pedir ayuda a Dios, diciéndole: «Dios por favor, sálvanos porque soy una persona mala». De lo contrario nunca creerán en Jesús por mucho que nos escuchen explicarles cómo vino por el agua y el Espíritu. Por el contrario sus corazones se endurecerán: «No quiero verte nunca más si vas a hablarme más de esto».
Aunque el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad, hay muchos cristianos que no quieren creer en él hasta el final. Pero a pesar de ello, sigo predicando el Evangelio del agua y el Espíritu una y otra vez, miles y miles de veces. Estos cristianos también deben revestirse de la misericordia de Dios. Debemos orar para que Dios tenga piedad de ellos. Debemos orar: «Señor, por favor ten compasión de estas almas y sálvalas». Esto se debe a que sólo pueden salvarse si Dios Padre tiene misericordia. Pero después de esto, si sus almas siguen  estando endurecidas y no pueden recibir la compasión de Dios, serán arrojadas al infierno al final. ¿Cómo puede Dios Padre salvar a esta gente si siguen en contra de Dios aunque Él quiera tener misericordia de ellos? No tienen otra opción que ser arrojados al infierno.
Aunque más de 5000 personas estaban siguiendo a Jesús en el pasaje de las Escrituras de hoy, cuando el Señor les dijo: «Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre», muchos de ellos se fueron. Toda esa gente que le seguía le había dicho: «Jesús, mi Señor» pero muchos de ellos se fueron como en una estampida. La multitud era tan grande que contenía a más de 5000 hombres, que seguían a Jesús y le decían: «Rabbi, Tú eres nuestro Rey y nuestra esperanza» pero todos se fueron al final. Así que está escrito en Juan 6, 66: «Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él». En otras palabras, cuando el Señor dijo: «Os doy Mi carne y Mi sangre. Comed Mi carne y Mi sangre. Entonces conseguiréis la vida eterna y recibiréis la remisión de vuestros pecados» muchos de Sus seguidores no lo entendieron y por eso le dejaron diciendo: «Esto es difícil de entender. No nos da más pan y dice que la carne no aprovecha para nada. Seguirle es en vano. Supongo que no es quien creía que era».
La Biblia dice que muchos de los discípulos de Jesús se fueron y ya no le siguieron más. El Señor les preguntó a los doce discípulos: « ¿Vosotros también queréis iros?». De entre más de 5000 personas, parece que todos los que quedaron fueron los doce discípulos de Jesús. Así que el Señor les preguntó: « ¿Vosotros también queréis dejarme?». Entonces Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Juan 6, 68-69).
Está escrito en la Biblia: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3, 16). Dios Padre envió a Su Hijo a este mundo, y este Hijo, al haberse encarnado en un hombre, tomó nuestros pecados en Su bautismo, fue crucificado hasta morir, se levantó de entre los muertos y de esta manera se ha convertido en nuestro Salvador. Si Dios dice que así es como nos salvó de los pecados, debemos entenderlo y creer en ello con un sí. ¿Cómo puede alguien conocer la Verdad si no cree en Dios? Si no nos damos cuenta en la Biblia de que Dios ha hablado así, o si no creemos en ella o no nos damos cuenta de lo que dice. ¿Cómo podremos saber que Jesús es Dios y nuestro Salvador?
Pedro contestó a Jesús diciendo: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Los discípulos de Jesús sabían y creían que Él era Dios. Y entendieron lo que decía. Sin embargo los que no entendieron la Palabra del Señor se fueron. La Palabra de nuestro Señor es la Palabra de la vida eterna. Como la Palabra de Verdad que nos salva está con el Señor, no podemos apartarnos de Jesús. Por tanto, aunque nos persigan y aunque seamos tentados no podemos abandonar la fe en el Señor ni Su Iglesia.
Como la Palabra de la vida eterna reside en la Iglesia de Dios, ¿dónde iremos si nos apartamos de ella? ¿Dejaremos la Iglesia de Dios para conseguir dinero? Si dejan la Iglesia esto se debe a que no creen en la Palabra, si creen en la Palabra no podrán dejar la Iglesia. ¿Podrán escuchar la Palabra de la vida eterna si dejan la Iglesia? No, no la escucharán en ningún otro lugar. ¿Podrán adorar correctamente si se van de la Iglesia? ¿Creen: «Bueno, estableceré mi propia iglesia; no sé porque no habría de poder adorar»? No todo el mundo puede establecer una iglesia y predicar. Dios dijo:
«Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia» (Salmo 127, 1).
Pueden establecer una iglesia y predicar sólo si Dios está con ustedes, obra en ustedes y les da Su Palabra y fe; no todo el mundo puede predicar por su propia cuenta. Aunque todos podemos predicar el Evangelio, no todo el mundo puede establecer una iglesia y guiar a otras almas. 
Cuando el Señor dijo: « ¿Vosotros también queréis iros?». Pedro contestó lo siguiente: «Si Tú tienes la Palabra de la vida eterna, ¿adónde iremos y dónde buscaremos la Palabra de la vida eterna?». Aunque los otros discípulos permanecieron en silencio, Pedro contestó. Pedro fue el primero de los discípulos, un verdadero pionero de la fe.
Lo que el Señor dijo es la Verdad. Hoy en día, la gente sigue traduciendo la Biblia en nuevas versiones. Se puede ganar mucho dinero de cada publicación de la Biblia y por eso siguen traduciéndola. Pero, ¿de verdad pueden hacer una traducción mejor de la que tenemos ahora aunque viviesen 5000 años para investigar y traducir las Escrituras? Hay un dicho en Corea que dice que el hombre ignorante es muy valiente. Esta gente como el hombre ignorante se aventura a traducir la Biblia por su cuenta sin conocer el Evangelio de Verdad que les permitirá nacer de nuevo, y cuando terminan la traducción está llena de errores.
Incluso si alguien se considera un hombre con mucha sabiduría y que escribe muy bien, cuando intenta expresar sus convicciones en el papel, seguramente se atascará en las primeras pocas páginas. Quizás por eso respetamos tanto a los novelistas. Les respetamos porque escriben historias ficticias pero no es fácil observar nuestro entorno físico y las relaciones humanas con tanta profundidad, reconstruirlas y ponerlas en un libro. Sin embargo, la habilidad humana no es nada para el Espíritu de Dios. Así que debemos humillar nuestros corazones ante Dios y escuchar atentamente lo que nos dice a través de Su Palabra.
La Palabra de la vida eterna está con el Señor. Por eso escuchamos Su Palabra y creemos en ella cuando la entendemos. Nuestro Señor es el pan que vino del Cielo y es quien, al haber ascendido a los Cielos, volverá al mundo. El día que el Señor vuelva será el día en que la historia de la humanidad termine. Cuando la guerra y el hambre empiecen por todo el mundo, deberán darse cuenta que ese día está cerca.
Cuando el Señor vuelva al mundo, resucitará sus cuerpos. Esta es la Palabra de Verdad. Jesús dijo: «Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido» (Mateo 5, 18). La salvación que nuestro Señor nos ha dado a través del Evangelio del agua y el Espíritu es efectiva para siempre. Siempre será efectiva incluso cuando estemos en el Reino de los Cielos.
Le doy gracias a Dios por darnos Su Palabra de vida eterna.