The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 3-5] < Génesis 3, 1-7 > Sólo podemos vencer a Satanás por fe

< Génesis 3, 1-7 >
«Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho. La cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis». Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales».
 
 
A través del pasaje de las Escrituras de hoy, Dios nos está diciendo que para luchar contra Satanás y vencerle, debemos utilizar el arma de nuestra fe en la Palabra de Dios.
Sin embargo, la serpiente, la bestia más astuta, le preguntó a Eva: «¿Ha dicho Dios: “No comerás de ningún árbol del jardín”?». Y la mujer respondió a la serpiente: «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis».
Hemos leído este pasaje multitud de veces. En este pasaje podemos ver que Satanás tentó a la mujer débil primero. Y vemos cómo el Diablo hizo caer a Adán a través de Eva. Sin embargo, cuando la serpiente, que simboliza a Satanás, se acercó a Eva y la tentó, Eva podría haberle vencido si hubiera respondido a su ataque mediante su fe en la Palabra de Dios. Este suceso, por supuesto, fue permitido por la providencia de Dios. Sin embargo, aunque la serpiente le hizo una pregunta bastante simple, Eva no creyó en la verdad más elemental y por eso fue el primer ser humano en caer en el pecado.
 
 
Sólo podemos vencer a Satanás si tenemos fe
 
Debemos creer en la Palabra de Dios. Si tienen fe en la Palabra de Dios, serán fuertes y tendrán fe. Sin embargo, los que no tienen fe en la Palabra de Dios no pueden descansar en su corazón, y sus pensamientos están confusos hasta el punto en que cuando leen la Palabra de Dios, no pueden creer en ella, y la intentan analizar una y otra vez.
Eva cometió un error incluso con una pregunta tan simple de Satanás. Cuando Satanás le dijo a Eva: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?», ¿qué más tenía que haber dicho Eva? Si Eva hubiera creído en la Palabra de Dios, sólo habría tenido que decirle a Satanás lo siguiente: «No, Dios sólo nos dijo que no comiésemos del árbol del conocimiento del bien y del mal que hay en medio del jardín. Dijo que moriríamos si comíamos de él. Como Dios dijo esto, ese es el final de la historia. Así que apártate de mi, Satanás».
Cuando Satanás tentó a Eva, ella contestó lo siguiente sin fe: «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis». La gente sin fe tiene mucho que decir. Vemos como la gente sin fe dice cosas sin sentido, tiene todo tipo de excusas por no creer, y está llena de ideas propias porque no creen en la Palabra de Dios.
Mis queridos hermanos, espero que ustedes y yo tengamos fe en la Palabra de Dios. Cuando les preguntamos a otros cristianos sobre la Palabra de Dios, a menudo averiguamos que no tienen fe. Incluso entre los que han encontrado al Señor en el verdadero Evangelio, hay mucha gente que no deja de tambalearse porque no tiene fe en la Palabra de Dios.
Satanás se burla de los que no tienen fe. Cuando el Diablo se burla, los que no tienen fe acaban yendo por el mal camino. Sin embargo, si conocemos la Palabra de Dios, podemos conseguir la victoria de la fe, y podemos convertirnos en la gente de fe ante Dios. Al creer en la Palabra, podemos convertirnos en la gente de fe. ¿Qué nos ocurriría, queridos hermanos, si no tuviésemos fe en la Palabra de Dios? Sin fe en la Palabra de Dios, no sólo no podríamos complacer a Dios, sino que además Satanás nos vencería.
Mis queridos hermanos, si se sienten confundidos y sofocados mientras viven en este mundo, deben orar a Dios. Lean lo que la Palabra dice sobre la oración, compruébenlo ustedes mismos, y crean. Entonces la fe en Dios saldrá de sus corazones y la paz entrará en ustedes. Y los pensamientos carnales que hay en sus corazones empezarán a desaparecer.
¿Cómo puede la fe en la Palabra de Dios encontrar un espacio en sus corazones? Esta fe sólo puede alcanzarse cuando se niegan los pensamientos carnales. Esto es muy importante. ¿Se dan cuenta de que la fe en Dios viene de negar nuestros pensamientos carnales? Sólo pueden creer en la Palabra de Dios si tienen fe en Dios; sólo pueden recibir la remisión de sus pecados por fe si conocen la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu; y sólo cuando creen pueden convertirse en hijos de Dios y ser bendecidos por su fe.
Pero si están limitados por sus pensamientos carnales, no podrán creer en la Palabra de Dios. Esto lo que le ocurrió a Eva, que no pudo creer en la Palabra de Dios por culpa de sus pensamientos carnales. Así que si no dejan de lado sus pensamientos carnales, no sólo caerán en una gran tentación, sino que además llevarán a otros a la tentación. Esto ocurre cuando no hay verdadera fe en Dios y en Su Palabra.
Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén porque no pudieron creer en la Palabra de Dios. Por esta sola deficiencia, la falta de fe en la Palabra de Dios, su destino fue sellado. Si perdemos nuestra fe en la Palabra de Dios, perderemos el derecho a vivir en Su Reino.
Mis queridos hermanos, ¿cómo de importante es esta fe en la Palabra de Dios? Sólo la Palabra de Dios nos permite vencer a Satanás. Si alguien quiere vivir una vida espiritual, debe tener fe en la Palabra de Dios. Cuando creemos en la Palabra de Dios nos convertimos en gente de fe.
La Verdad es simple, ¿no es así? ¿Qué ocurre cuando creemos en la Palabra de Dios? Nos convertiremos en la gente de fe. Podemos complacer a Dios si nos convertimos en gente de fe. ¿Qué ocurre cuando no creemos en la Palabra de Dios? Que seremos gente de fe, no creeremos ni en la Palabra de Dios, y consecuentemente viviremos bajo la maldición y al final seremos destruidos.
Y mientras sigo con mi ministerio, me doy cuenta de lo importante que es tener fe en la Palabra de Dios. Así que estoy completamente convencido de que mi vida depende de mi fe en la Palabra de Dios. Sin esta fe no soy nadie. Pero cuando tengo fe en la Palabra de Dios, me siento mucho más seguro y más bendecido. Sólo puedo dar gracias a Dios por darme esta fe. Gracias a mi fe en la Palabra de Dios y sólo gracias a ella, estoy bendecido por Dios y vivo feliz, pero sin esta fe sólo puedo vivir una vida miserable.
Mis queridos hermanos, aunque no tengo nada, sigo creyendo en Dios y Su Palabra. Cuanto más pienso en la Palabra de Dios, más creo en ella. Cuando mi corazón empieza a alejarse de la fe, intento edificarla mediante la oración. Pero aunque ore no siento ningún tipo de fenómeno sobrenatural descendiendo del Cielo, ni tampoco siento una presencia mística. Lo que está claro cuando oro es que Dios me contesta cuando lo necesito. Esta es mi convicción. Cuando oro, no lo hago en voz alta, ni grito. Como creo que Dios escucha todas mis oraciones, le pido en voz baja que me ayude pasa a paso.
Cuando oro a Dios, Él tiene en cuenta si creo o no. Por tanto, el que la obra de Dios vaya bien o mal depende de nuestra fe. Si creen en esta Palabra de Dios y oran, podrán encontrar paz y lo que le pidan a Dios se les concederá. Pero si oran sin creer en la Palabra de Dios, no ocurre nada, por mucho que se dejen la voz gritando en sus oraciones. Una oración sin fe sólo les dará dolor de garganta y de boca.
 
 
La verdadera fe es indispensable en nuestras vidas
 
La fe es muy importante. Cuando trabajamos para la salvación de las almas, no siempre sabemos lo que tenemos que hacer porque nuestros ojos no lo ven todo. Por tanto, la fe es absolutamente indispensable en nuestras vidas espirituales. La Biblia dice que como Abraham, todos los siervos de Dios siguieron la Palabra aunque no sabían dónde iban (Génesis 12, 4; Hebreos 11, 8). De hecho, siguieron la Palabra aunque no vieron nada con sus ojos. En realidad siguieron la Palabra confiando en que Dios revelaría Su voluntad y les guiaría a través de Su Palabra.
A veces vamos a las universidades para predicar el Evangelio, porque creemos que es la voluntad de Dios el predicar el Evangelio a los jóvenes de hoy en día. Antes de predicar el Evangelio, primero nos sentamos en el césped y oramos: «Padre, aquí estamos. Ayúdanos a encontrar a las ovejas perdidas en esta universidad. Ten compasión de ellos, y sálvalos. En el nombre de Jesús. Amén».
Después de la oración, pasamos a dar testimonio. Con la Biblia bajo el brazo, caminamos por la universidad y observamos a la gente. Cuando vemos a gente joven reunida, nos acercamos. La gente joven suele reaccionar de una manera fría al principio. Sin embargo, como creemos que Dios guiará a estas almas y las salvará, tenemos éxito en nuestra tarea. Cuando tenemos esta fe, Dios guía a las almas hasta nosotros. Algunos estudiantes se acercan a nosotros y nos saludan diciendo que ellos también son cristianos. Entonces les decimos: «¿Ah, sí? ¡Encantados de conoceros! ¿Sois buenos cristianos?». De esta manera empezamos a compartir con ellos.
Una vez un estudiante mostró bastante interés por nosotros diciendo: «He escuchado vuestros sermones en una cinta». Así que le hablé del Evangelio del agua y el Espíritu, y él abrió sus oídos a la Verdad de la remisión de los pecados. Entonces le invité a venir a la Iglesia de Dios. Así que vino a la Iglesia y escuchó el Evangelio del agua y el Espíritu. Después de compartir la Palabra de Verdad de Dios, me dijo que había sido un cristiano durante los últimos 5 años, pero no había sido feliz. Pero ahora, gracias a este Evangelio del agua y el Espíritu tenía gozo en su corazón y estaba contento. Estaba contento por saber que Dios ya había borrado sus pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Hasta la fecha sigue yendo a nuestra Iglesia todas las tardes para compartir la Palabra de Dios con nosotros.
Mis queridos hermanos, esta es la verdadera fe en la Palabra de Dios. Esta fe es tan necesaria para nuestras vidas como el agua. Cuando tenemos fe en Dios, estamos en paz, pero cuando no tenemos fe en Dios, vivimos en una lucha constante. Si no tenemos fe, tendremos que ir buscando hojas de parra para hacernos vestimentas y taparnos, lo que es una carga que no podemos aguantar.
Lo que de verdad necesitamos es la fe en Dios. Es mucho más importante tener fe en la Palabra de Dios que conocer una teoría. Debemos tener esta fe para conocer a Jesucristo, creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la remisión de los pecados. Y después de recibir la remisión de los pecados, debemos tener fe en las bendiciones de Dios.
La fe es como el corazón en la vida espiritual. Del mismo modo en que el corazón hace circular la sangre, en el plano espiritual la fe en Dios y Su Palabra es absolutamente necesaria para nuestras vidas. Esta fe es tan importante para nosotros que si la tenemos, triunfaremos en nuestras vidas. Mis queridos hermanos, si creemos en Dios, esta fe nos llevara a las bendiciones de Dios y a la victoria.
Pero ¿qué ocurre cuando no tenemos fe? Sin fe caeríamos como Eva cuando Satanás la tentó. En otras palabras, si no tenemos fe en Dios, seremos engañados con tan sólo unas pocas palabras de Satanás y acabaremos arruinando nuestras vidas. Por eso Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén. Y por eso todos sus descendientes estuvieron malditos y atados al pecado.
Si Eva hubiese creído en Dios, nunca habría caído en la tentación. Pero no creyó y por eso cayó. Si Adán y Eva hubiesen creído en Dios, no habría ninguna razón por la que caer en la tentación. ¿Cómo empezó el pecado? El pecado entró en la humanidad cuando Adán y Eva no creyeron en la Palabra de Dios. Incluso antes de que Adán y Eva comiesen del árbol del conocimiento del bien y del mal, ya habían dejado de creer en Dios. Ahí empezó el pecado de la humanidad.
Los pecados de la humanidad empezaron en el momento en que Adán y Eva no creyeron en la Palabra de Dios, y no después de que comiesen del árbol del conocimiento del bien y del mal. Cuando no creyeron en la Palabra de Dios, pecaron contra Dios. Del mismo modo, el que creamos o no en la remisión de los pecados y el que estemos bendecidos o no, depende de si tenemos fe o no en Dios y Su Palabra.
En realidad, los pecados de la humanidad empezaron en el momento en que los seres humanos no creyeron en la Palabra de Dios. Por eso las bendiciones de Dios empiezan cuando creemos en Su Palabra. Deben entender que las bendiciones empiezan con la fe en la Palabra de Dios. Deben darse cuenta de que sus bendiciones y maldiciones dependen de la fe que haya en sus corazones. El que sus vidas de fe tengan éxito o no depende de si creen en la Palabra de Dios o no. Estaremos bendecidos si creemos en la Palabra de Dios, pero si no creemos estaremos malditos. ¿Hay alguna verdad más simple y elegante que esta?
Mis queridos santos, la verdadera fe empieza cuando niegan sus pensamientos carnales. Tengamos en consideración los pecados de la humanidad. Ustedes y yo tenemos cuerpos carnales. ¿En qué piensa la carne? En deseos carnales. El hombre tiene multitud de deseos carnales. A veces esto nos recuerda nuestros errores y fallos. Como todo el mundo vive en la carne, es inevitable tener pensamientos carnales.
Sin embargo, ¿qué dice la Palabra de Dios acerca de esto? Dicho de otra manera, ¿cómo podemos librarnos de los pecados que cometemos en la carne? La única manera de librarnos de los pecados empieza confirmando la remisión de los pecados que está revelada en la Palabra de Dios. Dios dice: «Añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado» (Hebreos 10, 17-18). Por eso, sólo cuando confirmamos la remisión de nuestros pecados con la Palabra de Dios podemos librarnos de ellos.
 
 
También por la fe podemos librarnos de los pecados
 
Al conocer a Palabra de Dios nuestras vidas están libres de pecado. En otras palabras, la fe en la remisión de los pecados empieza negando los deseos carnales, conociendo la Palabra de Dios y creyendo en ella.
Los pecados de la humanidad no desaparecen con tan sólo ofrecer oraciones de penitencia. La Biblia dice en Hechos 3, 19: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados», pero este pasaje no significa que debamos ofrecer oraciones de penitencia, sino que los que no han nacido de nuevo deben abandonar sus malos hábitos que les hicieron abandonar a Dios.
¿A quién dijo Jesús que se arrepintiera? Jesús les dijo a los pecadores que se arrepintieran de sus pecados y sus pensamientos carnales. ¿A dónde deben volver cuando se arrepienten? Deben volver a Jesucristo. ¿Cuál es el camino para volver a Jesucristo? Creer en la Palabra de Dios, que dice que Jesucristo vino al mundo encarnado en un hombre y borró todos los pecados de la humanidad de una vez por todas con el Evangelio del agua y el Espíritu.
Ahora debemos vivir por fe y confirmar que nuestros pecados han sido borrados mediante la Palabra de Dios. Si volvemos a Jesucristo, podremos estar sin pecado. Al admitir nuestros pecados y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, todos debemos ser librados de los pecados del mundo.
Les he dicho que sus pecados nunca desaparecerán con tan sólo ofrecer oraciones de penitencia. La Biblia habla del arrepentimiento multitud de veces, pero debemos entender el verdadero significado del arrepentimiento. El arrepentimiento significa volver al camino recto. El verdadero arrepentimiento consiste en que los pecadores vuelvan sus corazones a Dios para estar sin pecado.
Por tanto, ofrecer oraciones de penitencia todos los días, teniendo pecados, es algo que hacen los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como esta gente no conoce la Palabra de Dios, y sigue atada a lo saben por instinto (Judas 1, 10), sigue ofreciendo oraciones de penitencia una y otra vez, pero al final son destruidos.
¿A través de quién obra Satanás? Obra en los seres humanos a través de los pensamientos carnales. Como Satanás obra a través de los pensamientos carnales, la Biblia dice que estos pensamientos llevan a la muerte. Satanás intenta una y otra vez hacernos pensar carnalmente e impedir que nos aferremos a la Palabra de Verdad.
Los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu debemos recordar esto claramente. Después de todo, ¿no nos acordamos de las debilidades y errores carnales que teníamos antes de recibir la remisión de los pecados? ¡Por supuesto que sí! Quien no recuerde esto no debe ser muy inteligente. El que tengamos pensamientos carnales demuestra que estamos vivos y que nuestro cerebro funciona perfectamente.
Aunque recordemos nuestras faltas después de recibir la remisión de los pecados, si confirmamos una vez más con el Evangelio del agua y el Espíritu cómo la Palabra de Dios dice que nuestros pecados han sido borrados, entonces podremos libarnos de esta carga. Por otro lado, si seguimos atados por nuestros pensamientos incluso después de recibir la remisión de los pecados, nos convertiremos en juguetes de Satanás. Mientras seguimos teniendo pensamientos carnales en nuestros corazones y mentes, y sigamos estando atados a ellos, seremos destruidos.
Ustedes tienen pensamientos carnales, pero también tienen fe en la Palabra de Dios. ¿En qué debemos creer, en los pensamientos carnales o en la Palabra de Dios? Las bendiciones completas no llegan cuando creemos en los pensamientos de la humanidad, sino cuando creemos en la Palabra de Dios. Los que hemos nacido de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, cuando leemos la Palabra de Dios, somos guiados por el Espíritu Santo. Así la Biblia dice: «porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios» (Romanos 8, 13-14).
Los sabios creen en la Palabra de Dios. Cuando leemos la Palabra de Dios, podemos creer sin duda alguna que nuestros pecados han sido borrados, pero a pesar de esto seguimos teniendo pensamientos carnales. Incluso después de recibir la remisión de los pecados, seguimos teniendo deseos carnales una y otra vez. Mis queridos hermanos, aunque hayan recibido la remisión de sus pecados, su carne todavía está viva y por eso sus mentes siguen teniendo pensamientos carnales.
Precisamente por estos pensamientos pueden darse cuenta de quiénes son en realidad, y de que no pueden vivir ni un momento sin creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, como nuestra carne es tan insuficiente, necesitamos al Salvador Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, y la Palabra de salvación es tan indispensable para nosotros. Entonces, ¿cómo borró Jesucristo nuestros pecados? Esto está escrito en la Palabra de las Escrituras.
Cuando Jesús fue tentado por Satanás, Él le dijo: «Vete, Satanás. Porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás» (Mateo 4, 10). ¿Por qué dijo Jesús esto para vencer a Satanás? Porque Jesús hizo la obra del Padre al creer en la Palabra y no según Sus propios pensamientos. Como Jesús también estaba en la carne, después de ayunar durante 40 días, empezó a pensar en comida. Por eso el Diablo, que conocía la situación, intentó tentar a la carne débil de Jesús diciendo: «Si eres el Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan y come». Pero Jesucristo invocó la Palabra de Dios y le dijo a Satanás: «Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios”». Por eso, en nuestras vidas de fe, la Palabra de Dios protege nuestra fe y nos guía.
Mis queridos hermanos, incluso cuando vivimos con fe, todavía tenemos muchos pensamientos humanos. Sin embargo, cuando leemos la Palabra de Dios, tenemos muchos pensamientos espirituales también. Lo principal aquí es saber hacia dónde van nuestros corazones: hacia los pensamientos carnales o los espirituales.
Les he dicho anteriormente que la fe viene cuando negamos nuestros pensamientos carnales. La Biblia dice que los que viven según la carne, ponen su mente en las cosas de la carne, mientras que los que viven según el Espíritu, ponen su mente en las cosas del Espíritu. También dice que tener una mente carnal lleva a la muerte, mientras que tener una mente espiritual lleva a la vida y a la paz. Tener una mente espiritual es contemplar la Palabra de Dios, que es Espíritu, y conocer el significado de esta Palabra y creer en ella. El primer paso hacia la fe es negar los pensamientos propios. Desde entonces la fe empieza.
Muchas personas son ministros en las comunidades cristianas y ni siquiera entienden la Palabra de Dios, pero aún así afirman que creen en ella. Los líderes de la Iglesia se suben al púlpito y gritan: «¡Recibid el fuego!» y la congregación se vuelve loca y grita: «¡Ven, Espíritu Santo, ven!». Pero ¿vamos a la iglesia sólo para satisfacer nuestras necesidades emocionales? No, vamos a la iglesia para escuchar la Palabra de Dios. Si están en una iglesia donde no se escucha la Palabra de Dios y sólo hay rituales, esta iglesia no es la Iglesia de Dios.
En nuestra era hay mucha gente que finge predicar la Palabra. Pero a pesar de esto el agua de la vida se está secando. ¿Acaso no debería ser la Iglesia de Dios un lugar donde se predicase la Palabra de Dios? ¿Y no deberían querer predicar la Palabra de Dios los siervos de Dios y difundir el Evangelio del agua y el Espíritu, la verdadera Palabra de Dios? Si un predicador tiene la Palabra de Dios abierta delante de él, ¿no debería hablar de la Palabra en vez de sí mismo? Los siervos de Dios deben predicar la Palabra de Dios, y los que creen en Dios deben anhelar Su Palabra y saber lo que Dios está diciendo.
¿Van a la iglesia para aprender sobre literatura? ¿Sobre filosofía? ¿O sobre ética? ¿Hay algún filósofo que vaya a la iglesia para escuchar una discusión filosófica, como si supieran menos del tema que los pastores? Si queremos aprender estas materias seculares, es mucho mejor acudir a expertos. En cuanto a los predicadores, debemos examinar cuidadosamente si están difundiendo la justicia de Dios o su propia justicia.
Mis queridos hermanos, ¿para qué van a la iglesia? ¿Van a la iglesia para aprender sobre la Palabra de Dios? La gente va a la iglesia porque quiere saber lo que Dios dice y no lo que nuestra filosofía o nuestro sistema de valores y la ética dicen. La gente recibe la remisión de los pecados al escuchar la Palabra de Dios en Su Iglesia. Y cuando el Espíritu Santo viene sus corazones después de recibir la remisión de los pecados, creen en Dios y le siguen.
Cuando predico la Palabra, no pienso si la gente va a nuestra iglesia o si irá a otro sitio después de escuchar mis sermones. Esto no tiene nada que ver con la manera en que hago mis sermones. Sin embargo, sé que cuando algunas personas escuchan el Evangelio del agua y el Espíritu creen en él, mientras que otras, si no se hace nada por evitarlo, van a otro sitio después de escuchar este Evangelio. Está mal aceptar a cualquier persona en la Iglesia sólo para aumentar el número de fieles en una congregación. Puede que haya pocos santos, pero el número no importa. Lo que importa es que tengan fe; porque sin fe no valen para nada. Por eso siempre predico el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo. Y cuando lo predico, si alguien lo acepta, recibe la remisión de los pecados.
A los que han recibido la remisión de los pecados, les pido que vayan a la iglesia. Les pido a todos los nacidos de nuevo que vayan a la Iglesia de Dios, porque los que han nacido de nuevo al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él, deben estar con sus hermanos santos. Los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no necesitan ir a nuestra iglesia. En vez de pedirles que vengan a nuestra iglesia, primero les digo que deben nacer de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Y entonces les digo lo que la Palabra de Dios dice que es la Iglesia de Dios y qué fe es la correcta.
Los siervos de Dios tienen el deber de predicar Su Palabra y por eso nosotros, como siervos de Dios, no debemos dejar de predicarla. Sólo cuando predicamos la Palabra de Dios a conciencia podemos ayudar a los que no conocen ni a Dios ni el Evangelio del agua y el Espíritu, y devolverlos a Dios. Y así podrán también recibir la remisión de sus pecados.
Cuando pensamos en los pecados de la carne, vemos que todos los seres humanos, ya hayan recibido la remisión de los pecados o no, son una generación de malignos. Así que los seres humanos cometen pecados como todo el mundo, pero, ¿por qué sólo los que no han recibido la remisión de los pecados sufren por el pecado? Como sus pecados están escritos en las tablas de sus corazones y siguen pensando en ellos, viven atormentados por los pecados. Donde hay pecados, hay sufrimiento, juicio y maldiciones. Y cuando continúan con sus vidas se acuerdan de sus pecados y sus corazones están preocupados.
No vale la pena vivir esta vida si se tienen pecados. Podemos comer, pero no saborear lo que comemos; podemos jugar, pero sin diversión; podemos trabajar, pero sin recompensa. La vida está exenta de gozo. Para aquellos que temen a Dios, si tienen pecados, lo que es bello no lo parece. El pecado mata al pecador. El pecado es un veneno mortal.
Por eso Satanás ata a los seres humanos con el pecado. Les sigue incitando a que cometan pecados y cuando caen en la tentación, los acusa de pecar. El Diablo los acusa diciendo: «Has pecado, ¿verdad? Por supuesto que sí». Esto es lo que hace el Diablo. ¿Han vivido esto?
Según la Palabra de Dios, nuestros espíritus se libran del pecado si negamos nuestros pensamientos y afirmamos la Palabra de Dios. Este es el primer paso para entrar en la fe y es el secreto hacia una vida que sigue al Señor. La Biblia dice que Abraham siguió la Palabra de Dios. Aunque los que han recibido la remisión de los pecados todavía cometen errores, hay una manera de que se puedan librar de sus fallos. Cuando niegan sus pensamientos carnales y contemplan lo que la Palabra de Dios dice, pueden librarse de sus mentes carnales y su sufrimiento.
La Biblia declara: «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica» (Romanos 8, 33). Cuando la Palabra de Dios dice que todos nuestros pecados han sido borrados con el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿quién puede condenarnos? ¿No es cierto? Esta es la verdadera fe del Apóstol Pablo. Y esta fe es absolutamente indispensable para todos nosotros.
Ahora que hemos recibido la remisión de nuestros pecados, ¿ya no necesitamos la Palabra? ¡No! Por el contrario, necesitamos esta Palabra siempre, precisamente porque a través de la Palabra de Dios hemos recibido la remisión de nuestros pecados, y caminamos según esta Palabra. La Palabra de Dios es la Palabra de vida y el pan de vida.
Aunque nuestras mentes carnales siguen descubriendo nuestras faltas, Dios nos dijo que no recuerda ni nuestros fallos ni nuestros pecados. Mis queridos hermanos, ¿creen en esta Palabra que dice que Dios no recuerda nuestros fallos ni nuestros pecados? Si creen en esto, ¿todavía tienen pecados o han desaparecido? Han desaparecido todos. Mis queridos hermanos, esto es asombroso. Cuando nos llega una verdad a la mente, esta verdad se convierte en luz y nuestros corazones se iluminan inmediatamente. La mente es maravillosa.
El corazón no se ve con los ojos, porque es mucho más complicado que este cuerpo que vemos con los ojos. Es algo maravilloso. Nuestros corazones son tan delicados que si ponemos algo malo en ellos, sentimos un dolor insoportable. El dolor de corazón es mucho más insoportable que una herida física. Sin embargo, nuestros corazones se restauran cuando nos aferramos a la Palabra de Dios diciendo: «Satanás está intentando engañarme. Engañó a Adán y Eva y ahora me intenta engañar a mí. ¡Eh, Diablo! ¡Menudo eres! ¡Vete de aquí, Satanás!».
¿Qué es la Verdad del Evangelio? Es euaggelion o la buena noticia. La palabra griega euaggelion (Evangelio) tiene la dunamis de Dios, es decir la fuerza, el poder o la habilidad (Romanos 1, 16). De esta palabra proviene dinamita. En realidad el Evangelio del agua y el Espíritu puede erradicar todos nuestros pecados de las tablas de nuestros corazones con tan sólo un movimiento. No puede existir ningún pecado ante el Evangelio del agua y el Espíritu, por muy escondido que esté en nuestro corazón. Si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, todos sus pecados se borrarán para siempre, ya estén escondidos detrás de las piedras, bajo tierra o en el bosque de sus corazones.
¿Saben lo poderoso que es el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Han visto el verdadero poder del Evangelio del agua y el Espíritu? Mis queridos hermanos, el Evangelio del agua y el Espíritu tiene verdadero poder. Con este Evangelio poderoso, debemos vencer a todos los que engañan a las almas con sus mentiras para ganar más adeptos a sus enseñanzas.
 
 
¡Qué maravilloso es el Evangelio del agua y el Espíritu!
 
No puedo dejar de hablar de lo bendecido que está el Evangelio del agua y el Espíritu. De vez en cuando nos acordamos de nuestros pecados y sufrimos por ellos, pero Jesucristo nos dijo: «Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones». Cuando se nos recuerdan nuestras faltas y nuestros fallos carnales, debemos pensar en lo que el Señor dijo, que nunca volvería a tener en cuenta nuestros pecados ni nuestras transgresiones. ¿Creen en esto, mis queridos hermanos?
Dios nos está diciendo: «¿Acaso no paso los pecados de vuestra carne a Mi Hijo? ¿Y acaso no murió mi Hijo en la Cruz por vosotros? ¿Acaso no pasé todos vuestros pecados al cuerpo de Mi Hijo sin pecado? ¿Tiene que morir otra vez Mi Hijo? ¿No tenéis bastante con que haya muerto una vez? Nunca más debéis decir que tenéis pecado. Derribaré a todo aquel que me vuelva a retar de esta manera». Lo que es más abominable a los ojos de Dios es orar para borrar los pecados que Jesús ya ha borrado.
Pero a pesar de esto, multitud de cristianos siguen arrodillándose ante la Cruz y oran así: «Señor, he pecado hoy otra vez. Ayer también pequé. Señor, por favor, perdóname y borra mis pecados». Esta es la falacia de las oraciones de penitencia. Pero Dios, sentado en Su trono, les diría: «¿Estáis sugiriendo que no pudo borrar vuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu al enviar a Mi Hijo? Como no creéis en este Evangelio del agua y el Espíritu, vuestros pecados siguen intactos».
Por eso cuando los cristianos vienen a la iglesia, siguen orando: «Señor, por favor, perdóname porque he pecado así. Nunca más lo haré». ¿Dice nuestro Señor entonces: «Sí, claro, ya veré, como estoy tan lleno de gracia y misericordia. Os esperaré un poco más»? Por supuesto que no dice eso. Pero a pesar de ello, siguen ofreciendo las mismas oraciones de penitencia y le piden al Señor: «Por favor, perdona mis pecados». Esta gente no conoce el Evangelio del agua y el Espíritu. Sin el Evangelio del agua y el Espíritu no hay manera de recibir la remisión de los pecados.
Mis queridos hermanos, cuando Dios ve que los seres humanos oran para borrar sus pecados se siente mal, porque no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos dio, y por tanto sus pecados siguen intactos. El camino hacia el Reino de los Cielo se empieza afirmando la Palabra de Dios que dice que Jesucristo borró los pecados de la humanidad para siempre al ser bautizado y derramar Su sangre cuando vino al mundo hace 2000 años, y creyendo en esto para recibir la remisión de los pecados. Pero a pesar de esto, multitud de cristianos siguen sin conocer el verdadero camino de la salvación, e incluso ahora, siguen diciendo: «Padre, este pecador ora en el nombre de Jesucristo y te pide, te ruega, que perdones sus pecados».
A esto, el Libro de Isaías dice:
«Cuando venís a presentaros delante de mí,
¿Quién demanda esto de vuestras manos,
para hollar mis atrios?
No me traigáis más vana ofrenda
el incienso me es abominación;
una nueva y día de reposo, el convocar asambleas,
no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes» (Isaías 1, 12-13).
En otras palabras, es intolerable para Dios ver a la gente que no ha recibido la remisión de sus pecados reunirse y decirle: «Dios santo, misericordioso, omnipotente y omnipresente, por favor, salva a estos pecadores».
Si yo fuera Dios, le habría dado una bofetada a cada uno. Si hubiera salvado a mis criaturas al sacrificar a mi hijos, pero estas criaturas hubiesen venido a mí diciendo: «Soy un pecador», yo les habría dicho: «Siempre habéis sido así, y por eso entiendo por qué estáis diciendo esto. Así que id a la iglesia hoy, encontraos con los hermanos y hermanas que han escuchado el Evangelio, y escuchad el Evangelio del agua y el Espíritu». Pero si aún así insistieran: «Me declaro pecador ante Dios y ante los hombres», entonces les hubiera reprendido sin misericordia. Sin embargo, Dios tiene paciencia con esta gente.
Cuando Dios dice que ha borrado nuestros pecados, en realidad los ha erradicado. ¿Qué necesidad hay de insistir en nuestros propios pensamientos: «¿Cómo puedo estar sin pecado si lo tengo siempre en mente? ¿Cómo puedo estar sin pecado si sigo pecando una y otra vez?». Lo más abominable a los ojos de Dios es ignorar lo que Él ha cumplido y seguir pidiéndole todos los días que nos perdone los pecados. Jesús sabía de antemano que pecaríamos y por eso borró todos los pecados del mundo con el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que todo lo que deben hacer ahora es creer y estar agradecidos. Es impertinente decir que eso no es posible o no creer en ello.
Mis queridos hermanos, puede que reciten la Palabra de Dios versículo por versículo, pero esto no significa que su fe sea correcta. Los que deben conocer es el verdadero significado de la Palabra de Dios. En otras palabras, deben entender qué significa la Palabra de Dios.
Los seres humanos estamos preocupados por el recuerdo de los pecados. Lo que nos libra de este sufrimiento es la Palabra de Dios y lo que nos salva de los pecados es la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Palabra de Dios. Debemos recordar que es la fe la que nos hace triunfar.
Lo mismo se puede decir acerca de la respuesta a nuestras oraciones. El Señor contesta nuestras oraciones cuando tenemos fe. Dios es su Padre, ¿verdad? Y Jesucristo es nuestro Cabeza y nosotros somos los miembros de Su cuerpo, ¿verdad? ¿Acaso los padres no cubren las necesidades de sus hijos y la cabeza da al cuerpo lo que necesita?
Debemos pensar en la fe en conexión con Dios Padre y aprender sobre ella correctamente; y para saber sobre la fe debemos escuchar la Palabra de Dios. Y lo que hay en la mente de los líderes debe ser transmitido y recibido en nuestros corazones por fe. Entonces aprendemos por fe. Decir lo siguiente es completamente en vano: «Creo, creo».
Mis queridos hermanos, ¿qué es lo que les hace dudar que hayan recibido la remisión de los pecados? Son nuestros propios pensamientos los que obstruyen la fe. ¿Tienen fe en la Palabra de Dios escrita? ¿Creen en lo que la Palabra dice, que Jesús les salvó de los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu?
Algunas personas, incluso cuando escuchan la Palabra cuando dice: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!», (Juan 1, 29), todavía piensan: «Jesús sólo quitó mi pecado original, y no los pecados personales». Esto es lo que significa tener una mente carnal. Ellos dicen: «Piensa en ello. ¿Cómo pudo Jesús tomar todos mis pecados, si aún tengo pecados? ¿No es esto un poco extraño? No puedo entender esto con mi inteligencia. Oh, así que Jesús tomó mi pecado original, pero todavía tengo que arrepentirme de mis pecados personales todos los días. Así se recibe la remisión de los pecados. Ahora lo entiendo».
Así la gente intenta interpretar la Palabra eterna de Dios haciéndola encajar con sus pensamientos carnales, y por eso siguen cometiendo errores una y otra vez. Mis queridos hermanos, ¿Quitó Jesús sólo el pecado original pero no los personales? ¿Recibe la gente la remisión de los pecados mediante las oraciones de penitencia diarias?
La Biblia dice: «Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz» (Romanos 8, 6). Debemos creer en la Palabra de Dios exactamente según como está escrita y sin mezclarla con nuestros propios pensamientos. Si la Biblia dice que Jesús quitó todos los pecados del mundo, entonces así lo hizo. Si la Biblia dice que todos nuestros pecados fueron pasados a Jesús, entonces así fue. Y si la Biblia dice que Jesucristo se levantó de entre los muertos, entonces se levantó de entre los muertos. El coeficiente intelectual de un ser humanos consta de tres dígitos. Cuando los seres humanos empiezan a dudar de la Palabra de Dios con su escaso nivel de inteligencia, Él, que está en los Cielos, se reirá.
Jesús es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo. Jesús dijo que le convenía cumplir toda justicia a través del Evangelio del agua y el Espíritu y así lo hizo. La Biblia dice: «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6, 23). No debemos adivinar el significado de la Palabra de Dios, ni tratar de entenderla añadiendo o quitando información, sino que debemos entender su significado bíblico tratando de averiguar lo que Dios quiso decir.
Sólo podemos entender la Palabra de Dios y creer en ella correctamente si entendemos la Biblia a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Sólo podemos creer en la Biblia si la entendemos como la Palabra de Dios. Ahora estamos leyendo el capítulo tres del Génesis, y sólo podemos entenderlo si conocemos la Biblia en conjunto. Quien predique sobre el pasaje de las Escrituras de hoy sin conocer la Biblia en conjunto está equivocado. Estos predicadores no dudan en decir a su congregación que reciba la remisión de los pecados mediante las oraciones de penitencia todos los días, diciendo que la santificación incremental es el único camino hacia la salvación y que hay diferentes niveles de fe según su santificación. Pero estas enseñanzas salen de sus mentes carnales.
Satanás siguió engañando a Eva. Y por eso Eva cayó en la trampa del Diablo. Y esto se debe a que Eva no tenía fe en la Palabra de Dios. Eva no estaba convencida porque no conocía la Palabra de Dios exactamente, e incluso añadió sus pensamientos a la Palabra. Por eso Satanás la engañó.
Satanás le dijo a Eva, enseñándole el árbol del conocimiento del bien y del mal: «Si comes de este árbol, tus ojos se abrirán y seréis como Dios». Así que, tentada por Satanás, Eva tomó el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, comió de él, y ¿qué ocurrió después? ¿Fue como Dios? Por supuesto que no. ¿Fueron santos Adán y Eva por sus propias obras? No, no fueron santos. Sino que fueron todavía peores después de comer del fruto prohibido. Cuando los esfuerzos humanos se añaden a lo que Dios ha hecho, la obra de Dios se estropea completamente.
Dios dijo que creó al hombre el sexto día y descansó el séptimo día. Dios también dijo que bendijo el séptimo día y lo santificó. Al borrar todos nuestros pecados y bendecirnos, Dios nos ha dado el descanso.
¿Por qué creó Dios al hombre el último día, después de haberlo creado todo, en vez de crear al hombre el primero día y después todo lo demás? Como el hombre está tan lleno de sus propios pensamientos y su inteligencia es tan reducida, si Dios le hubiera creado el primer día, podría haber interferido con la obra de Dios a partir del segundo día. Si Dios tuviese que escuchar cada palabra del hombre, no podría haber creado los cielos y la tierra. Por eso Dios creó al hombre el último día de la creación.
Así es nuestra salvación. La Biblia dice: «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado» (Efesios 1, 4-6). Antes de la creación del mundo, antes de que Dios nos crease, Él sabía que caeríamos y que naceríamos como pecadores, y en Su plan, Jesucristo borró nuestros pecados para siempre y así nos hizo santos y nos convirtió en el pueblo de Dios.
Después de que Dios cumpliera nuestra salvación, nos dijo que creyéramos; no dejó el problema de nuestros pecados sin resolver y después dijo: «Debería consultaros sobre este problema. ¿Qué pensáis?». Si Dios nos hubiera hecho esta pregunta y hubiera considerado todas nuestras palabras, nuestro planeta sería un montón de basura. El mundo de la fe no es una democracia. Puede parecer que una iglesia puede prosperar si toma en consideración la opinión de todos sus miembros, pero así la verdadera paz acabaría desapareciendo.
Amo la Verdad de Jesucristo con todo mi corazón. ¿Por qué? Porque es la única Verdad de salvación en el mundo. Dios dijo sobre Sí mismo: «Soy Jehová». El nombre Jehová significa «El que existe por Sí mismo». Antes Él, no tenemos nada que decir. Él es el Creador que existe por Sí mismo, y nosotros somos Sus criaturas. Nadie más puede decir nada a Dios. El nombre Jesús significa «el Salvador». Jesús es Dios, pero vino al mundo encarnado en un hombre para salvarnos a los seres humanos. Como Él es dios, su salvación es posible, y quien cree en ella, recibe la verdadera remisión de los pecados y se convierte en hijo de Dios.
Sin embargo, Satanás sigue intentado engañarnos. Él nos susurra del mismo modo en que susurró a Eva: «Cuando comáis de este fruto, se abrirán vuestros ojos, y seréis como Dios, conoceréis el bien y el mal». Pero nuestros ojos no se abren cuando hacemos obras carnales, sino cuando creemos en la Palabra de Dios, recibimos la remisión de los pecados y conocemos la Verdad. Al creer en Su Palabra podemos tener una fe inamovible.
Mis queridos hermanos, la fe se trata de creer en la Palabra de Dios. La fe en la Palabra de Dios nos hace estar firmes ante Dios. Al conocer la Palabra de Dios, afirmarla y creer en ella, nos libramos de las trampas de Satanás. Alguien dijo que el saber es poder. El saber de la Palabra de Dios es el mayor poder.
¿Cómo nos engaña Satanás? Él no tienta para que dejemos nuestra fe en la Palabra de Dios, y nos insta a que hagamos obras por nuestra cuenta. Satanás nos mintió y nos dijo que hiciésemos algo, afirmando que nuestros ojos se abrirían y que seríamos como Dios y estaríamos mejor que ahora. Así es como Satanás nos hizo caer y estar malditos. Esto es lo que describe el pasaje de Génesis 3, 1-7.
Mis queridos hermanos, no hay nada que los seres humanos puedan hacer por su cuenta para recibir las bendiciones de Dios. Ante Dios, no hay nada que hacer, sólo creer. Cuando creemos en la Palabra, tenemos la fuerza para caminar en esta Palabra. Debemos saber cómo la fe encuentra su lugar en nuestros corazones. Cuando conocemos la Palabra de Dios y creemos en ella, esta Palabra entra en nuestros corazones, transforma nuestras mentes y encuentra un lugar en nosotros. Nuestras obras también proceden de la Palabra de Dios que vive en nosotros.
Nunca deben estar por delante de Dios y hacer planes diciendo: «Voy a vivir así». Lo que deben hacer es leer la Biblia de principio a fin. Y si aún así no la entienden, deben aprender. Si alguien insiste en que debemos hacer algo espiritual con nuestros esfuerzos, está hablando por el Diablo.
Ahora mismo estamos teniendo una reunión especial. Queridos hermanos, oremos por esta reunión. Vamos a pedirle a Dios que supervise esta reunión. Oremos a Dios para que nos envíe a muchas almas que reciban la remisión de sus pecados. Como esta es la obra que Dios mismo hace, oramos para que tenga misericordia de estas almas.
Cuando Dios nos envía almas, compartimos la Palabra con ellos con amor fraternal. En vez de hablarles con autoridad, predicamos la Palabra de Dios con todo respeto. Les preguntamos si les gustaría escuchar lo que significa la Palabra, y si dicen que sí, les explicamos la Palabra de Dios paso a paso. Cuando predican la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu con fe, las almas que la escuchan reciben la remisión de los pecados. Cuando creen en Dios, Su obra se realiza. Es muy simple.
Mis queridos hermanos, por mucho que intenten por todos los medios carnales conseguir algo espiritual, como seres humanos, no hay nada espiritual que podamos conseguir por nuestros propios medios. La estrategia de Satanás consiste en engañarnos para que estemos ocupados haciendo obras. La estrategia del Diablo es desorientarnos y confundirnos para que no sepamos qué hacer. Lo que debemos hacer es estar alerta, leer la Palabra, creer en ella y unirnos con la Iglesia de Dios.
Incluso ahora mismo, muchas personas siguen caminando hacia la destrucción. Aunque muchos dicen creer en Jesús como su Salvador, no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿De verdad conocen los cristianos la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu? ¿De verdad están sin pecados? La respuesta es no. Sólo los nacidos de nuevo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu están sin pecado.
Todo el mundo debe venir a la Iglesia de Dios y escuchar la Palabra para estar sin pecado. Cuando hacemos reuniones como esta de hoy, donde la gente puede recibir la remisión de los pecados, deben venir a nosotros para escuchar la Palabra, pero por desgracia, muchas almas caminan hacia la destrucción. Le pido a Dios que tenga misericordia de estas almas.