The New Life Mission

Sermones

Tema 19: Efesios

[Capítulo 1-5] < Efesios 1, 1-23 > ¿Cómo han llegado a existir los hijos de Dios?

< Efesios 1, 1-23 >
«Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efebo: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo».
 
 
Acabamos de leer Efesios 1, 1-23 y basándome en este pasaje me gustaría explicarles cómo han llegado a existir los hijos de Dios según Su plan. El Libro de Efesios es la epístola de Pablo que da testimonio de que Dios ha construido Su Iglesia. Dios quería adoptar a todos los seres humanos como Sus hijos y dejarles vivir en Su Iglesia, y para ello dijo que la salvación se recibe a través del Evangelio del agua y el Espíritu. En el libro de Efesios el Apóstol Pablo explicó el proceso por el que los hijos de Dios han llegado a existir.
Está escrito en Efesios 1, 3: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». Este pasaje significa que Dios Padre había planeado hacernos hijos Suyos a través del Evangelio del agua y el Espíritu que se encuentra en Su Hijo Jesucristo. Por tanto, debemos darnos cuenta de que toda bendición espiritual del Cielo que los santos reciben, viene a través de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Por qué es así? Porque Dios Padre ya había planeado hacernos Sus hijos en Jesucristo. Cuando llegó el momento, Dios Padre completó nuestra relación en Jesucristo con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. La obra de Dios Padre y Jesucristo pudo cumplir por completo la voluntad de Dios para darnos toda bendición espiritual en el Cielo.
Al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu, que ha borrado todos los pecados de este mundo, el Señor nos ha convertido en hijos de Dios a todos los que creemos en este Evangelio. Esto se explica en el siguiente pasaje: «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo» (Efesios 1, 4). En otras palabras, Dios Padre nos ha dado en Jesucristo todo de una vez, así como también toda bendición espiritual en el Cielo que Él nos quería dar. Incluso antes de la fundación del mundo, Dios Padre nos había predestinado a convertirnos en Sus hijos en Jesucristo.
 
 
¿Por qué quiso Dios hacernos Sus hijos?
 
La respuesta a esta pregunta es que Dios Padre nos escogió en Su Hijo Jesucristo antes de la fundación del mundo para salvarnos perfectamente a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Como sabemos todos, un gusano tiene que pasar por el proceso de metamorfosis para convertirse en una mosca, una larva en una cigarra, y una oruga en una mariposa. De una manera similar, los seres humanos se convierten en hijos de Dios solo si reciben la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y solo así nacen de nuevo para ser el pueblo de Dios. Esto se debe a que nacemos siendo pecadores por naturaleza, y la única manera de convertirnos en hijos de Dios es creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. El objetivo último de nuestra fe en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu es alcanzar la salvación de todos nuestros pecados y convertirnos en hijos de Dios.
Desde el momento en que nacimos en este mundo, nacimos siendo seres débiles y frágiles que no podían evitar pecar todo el tiempo. Sin embargo, Dios había decidido salvarnos en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y ha cumplido Su plan perfectamente. Por tanto, como el Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad de la salvación, todos debemos entender esta Verdad, creer en ella, y revestirnos de la gracia de Dios Padre, quien había decidido salvar a los creyentes, incluso antes de la fundación del mundo, a través del Evangelio del agua y el Espíritu que se encuentra en Jesucristo. Esta es la voluntad de Dios Padre y Su plan para nosotros.
Aunque todos nacimos en este mundo como seres humanos débiles que no pueden evitar cometer pecados, Dios Padre nos escogió a todos nosotros en Jesucristo porque quería hacernos hijos Suyos. Por eso Dios Padre planeó cumplir Su voluntad con el Evangelio del agua y el Espíritu en el que creemos ahora, y por eso ha cumplido perfectamente este plan por nosotros. De esta manera, como la providencia perfecta de Dios Padre se nos reveló, todos los que creímos en esta providencia fuimos salvados de nuestros pecados. Quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu está bendito. Dios Padre ha salvado a todos los que creen de los pecados del mundo y los ha hecho hijos Suyos. Por culpa de nuestras propias debilidades y errores, no podemos evitar cometer pecados todos los días, y por tanto estábamos destinados a ser condenados por Dios por nuestros pecados y transgresiones. Sin embargo, Dios Padre nos ha salvado de todos los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu y así no nos falta nada para convertirnos en Sus hijos. En otras palabras, a pesar del hecho de que no podíamos dejar de cometer pecados siempre por culpa de nuestros pecados, Dios ha hecho que podamos ser hijos Suyos por Su amor. El don de la remisión de los pecados que Dios nos ha dado es completamente perfecto. Nuestro Señor nos ha dado la vida eterna al salvarnos a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto deberíamos darle gracias a Dios por la salvación que nos ha dado.
Está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy que Dios Padre «nos escogió en Jesucristo antes de la fundación del mundo» (Efesios 1, 4). Esto significa que Dios Padre ha hecho posible que todos nosotros alcancemos nuestra verdadera salvación al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo, el Hijo de Dios, nos ha dado. Dicho de otra manera, Jesucristo nos ha hecho perfectos a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, para que no nos falte nada para convertirnos en hijos de Dios.
 
 
¿Cómo fue posible convertirnos en hijos de Dios?
 
Esto se hizo posible porque Dios Padre nos escogió en Su Hijo Jesucristo. Esto es algo que ocurrió gracias a Dios, nuestro Padre. En otras palabras, como Dios ha salvado en Jesucristo a todos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, podemos convertirnos en hijos de Dios. Hemos sido perfeccionados y nos hemos convertido en Sus hijos gracias al Evangelio del agua y el Espíritu y al amor de Dios por nosotros. Nuestra salvación no se ha conseguido por doctrinas cristianas, sino que se consiguió completamente por el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor ha cumplido por nosotros. Nuestra transformación en hijos de Dios fue planeada y completada según la voluntad de Dios Padre.
No pueden convertirse en hijos de Dios por sus buenas obras, sino que es Dios Padre quien nos ha adoptado como Sus propios hijos por creer en Su Hijo Jesucristo. En resumen, la remisión de nuestros pecados fue completada por Jesucristo según la voluntad de Dios Padre, quien deseó hacernos hijos e hijas Suyos al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu a través de Su Hijo Jesucristo. Como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu según la voluntad de Dios Padre, podemos convertirnos en hijos Suyos y alcanzar nuestra salvación en Jesucristo.
Ahora todos debemos creer en el amor de Dios Padre según Su voluntad y así recibir nuestra verdadera salvación. El libro de Efesios nos explica cómo podemos convertirnos en hijos de Dios Padre según Su voluntad. Para aceptar y creer en el amor de Dios Padre, debemos entender y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado. Este es el maravilloso Evangelio que nos ha salvado de todos nuestros pecados. Las bendiciones de Dios para nosotros se han cumplido mediante Su justicia que se nos dio en Jesucristo según la voluntad de Dios Padre. Como Dios quiso hacernos hijos Suyos nos dio el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, al darnos este verdadero Evangelio del agua y el Espíritu y hacernos creer en él, Dios nos ha hecho hijos Suyos. Nuestra salvación, que Dios Padre planeó en Jesucristo, es el resultado de la obra de salvación perfecta del Señor que nadie puede disputar.
Al creer completamente en esta obra de salvación cumplida por Dios podemos convertirnos en hijos Suyos. Nuestra fe, que nos ha permitido convertirnos en hijos de Dios, no viene de creer en una doctrina cristiana del mundo. En realidad esta fe de salvación fue creada por Dios Padre bajo la autoridad de la justicia de Jesucristo, nuestro Señor. Nuestra salvación solo fue afectada por nuestro Señor. Se cumplió completamente por la justicia de Dios Padre, que fue completada por Su Hijo Jesucristo. En otras palabras, Dios Padre ha salvado a los que creen en Él solamente por la justicia cumplida por Su Hijo. Ninguna otra criatura tuvo ningún efecto sobre esta salvación.
El Evangelio del agua y el Espíritu nos ha traído la justicia de Dios, pero si el Padre no hubiese planeado esto ni hubiese obrado para hacernos hijos Suyos a través de este Evangelio, nuestra fe habría sido inestable siempre. Si nuestra fe estuviese fundada en una base falsa como la fe cristiana actual y la teología moderna, nuestra fe también habría sido imperfecta. Pero nuestra salvación de los pecados fue determinada exclusivamente por la justicia de Dios y Jesucristo. Dios Padre había planeado nuestra salvación en Jesucristo, y Jesucristo nos ha salvado para siempre a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu al obrar según el plan del Padre. Todo esto se cumplió según la voluntad de Dios Padre.
Dios Padre nos ha salvado de todos nuestros pecados según Su voluntad a través de Jesucristo, Su único Hijo. Al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu en Jesucristo, nos ha limpiado de nuestros pecados.
Nuestra perfecta salvación ha sido predestinada por Dios Padre, incluso antes de la fundación del mundo. Como Dios nos ama, quiso hacernos hijos e hijas Suyos, y por eso Dios ha borrado nuestros pecados y nos ha adoptado como hijos sin mancha. Por tanto, ustedes y yo nos hemos convertido en hijos de Dios y miembros de Su Iglesia pero esto no tiene nada que ver con nuestros méritos o desméritos. En realidad nuestra salvación fue diseñada e implementada exclusivamente en Jesucristo. Dado que nos hemos convertido en hijos de Dios Padre únicamente por Su voluntad, no tenemos nada más que hacer a parte de dar gracias y alabar al Dios de la Trinidad. Esto es lo que nos está enseñando el Apóstol Pablo en el primer capítulo de Efesios, dejando claro que hemos alcanzado nuestra salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu según la voluntad de Dios Padre.
Ahora estamos viviendo en este mundo como hijos de Dio, pero a menudo nos sentimos defraudados cuando vemos nuestros fallos y debilidades. Pero, ¿qué importa que todavía tengamos muchas debilidades? Después de todo, a pesar de nuestras debilidades, Dios Padre nos ha salvado perfectamente en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Es cierto que, aunque intentemos seguir al Señor con lealtad, a veces caemos en la desesperación por nuestras debilidades. Sin embargo, esto solo debería reforzar nuestra fe y hacernos estar más agradecidos a Dios Padre por planear y completar nuestra salvación. Nuestra adopción como hijos de Dios y nuestra salvación no se completaron por nuestra voluntad, nuestros planes o esfuerzos, sino que se cumplieron exclusivamente por la voluntad del Señor. Y ahora, mientras servimos al Evangelio según el deseo del Señor, vivimos con Su amor. Todo depende de Dios y de Sus bendiciones. Ninguna de estas bendiciones tuvo nada que ver con nuestros esfuerzos o voluntad. Nos hemos convertido en hijos de Dios solamente por la voluntad de Dios Padre.
Está escrito en Efesios 1, 7: «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia». Esto significa que Dios nos ha dado toda bendición espiritual del Cielo en Jesucristo. Gracias al bautismo de Jesucristo y Su sangre derramada en la Cruz, Dios nos ha permitido tener redención, la remisión de los pecados.
La palabra “redención” significa «redimirnos del pecado al pagar su precio». Aunque todo el mundo comete muchos pecados, Dios ya ha borrado todos nuestros pecados al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, cuando teníamos que ser castigados y morir por la pena del pecado, Jesucristo aceptó todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, y pagó el precio de estos pecados en nuestro lugar. Hemos sido salvados de todos los pecados porque Jesucristo pagó su precio así. Gracias a que Dios nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu, los seres humanos débiles como nosotros nos hemos convertido en Sus hijos.
Lo que el Señor hizo en este mundo para cargar con nuestros pecados fue ser bautizado por Juan el Bautista. Como el Señor aceptó nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista, tuvo que pagar el precio de estos pecados. Por eso el Señor derramó Su sangre en la Cruz, y así es como nos ha dado la verdadera salvación a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, Jesús ha borrado todos nuestros pecados al cargar con ellos para siempre a través de Su bautismo, y al pagar su precio en la Cruz. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos recibido la remisión de los pecados sin falta.
Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para cargar con todos nuestros pecados y derramó Su sangre para pagar su precio. Al levantarse de entre los muertos ha hecho que Su gracia abunde sobre todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu para que no nos falte nada para convertirnos en hijos de Dios. Dios Padre nos ha dado una vida nueva en la justicia de Su Hijo. Aunque teníamos que ser condenados y castigados por nuestros pecados, para salvar a los pecadores como nosotros de todos los pecados del mundo, Dios Padre envió a Su Hijo Jesús al mundo encarnado en un hombre, y Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y crucificado para derramar Su sangre en nuestro lugar. Así es como el Señor nos ha salvado de los pecados del mundo a los que creemos en Él.
Al haber resucitado a Su Hijo de entre los muertos, Dios Padre lo sentó a Su derecha. Como el Hijo de Dios vino al mundo y pagó el precio de todos nuestros pecados al entregar Su vida, nos ha salvado de todos los pecados del mundo y nos ha permitido convertirnos en hijos de Dios. En otras palabras, al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor ha hecho que Su gracia abunde para todos los que creen en este Evangelio, a quienes no les faltará nada para ser hijos de Dios.
 
 
Hemos sido salvados de acuerdo con las riquezas de Su gracia
 
Efesios 1, 7 dice: «En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia». Se dice que tenemos redención en Jesucristo a través de Su sangre según las riquezas de Su gracia. Esto significa que Jesucristo nos ha dado el verdadero don de la salvación al pagar el precio de todos nuestros pecados con Su propia vida. La sangre de nuestra carne es la vida. Tal y como dice la Biblia: «Porque la vida de la carne en la sangre está» (Levítico 17, 11), la vida de nuestra carne está en nuestra carne, y por eso Jesucristo, después de cargar con nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre en la Cruz en nuestro lugar para pagar el precio de esos pecados. Con el precio de la vida de Su Hijo, Dios Padre nos ha adoptado como Sus hijos a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, al entregar la vida de Su único Hijo para hacernos hijos Suyos, Dios Padre nos ha comprado con la vida de Jesús. Como Jesús entregó Su propia vida, nos ha comprado con este precio y nos ha hecho Su pueblo.
Para hacernos hijos Suyos, Dios Padre ha borrado todos los pecados del mundo para siempre en Su Hijos Jesucristo con el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor ha borrado todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu. Gracias a esta redención planeada por Dios Padre y completada por Jesucristo, nos hemos convertido en hijos de Dios. Él nos ha salvado de los pecados del mundo de esta manera. Él nos ha adoptado como hijos Suyos a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Asimismo Dios nos ha hecho miembros de Su Iglesia para que alabemos Su justicia.
Está escrito en Efesios 1, 8-9: «Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo». Aquí Dios Padre nos está diciendo que nos ha demostrado Su voluntad al darnos toda sabiduría y prudencia a través de Su Hijo. A través del Antiguo y Nuevo Testamento, Dios Padre nos está enseñando que nos ha salvado de todos los pecados del mundo en Su Hijo. Al habernos dado el Evangelio del agua y el Espíritu para hacernos hijos Suyos, Dios nos ha dado la salvación de la salvación, haciendo posible que cumplamos Su voluntad.
Dios Padre nos hecho conocer Su voluntad en Jesucristo al permitirnos entender la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, quien no conozca este Evangelio del agua y el Espíritu no tiene sabiduría celestial. A través de Su Hijo, Dios Padre nos ha hecho hijos Suyos. Por los que están destinados a ser destruidos, el Señor ha borrado todos los pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Así ha hecho que Su gracia abunde, para que los que creamos en esta Verdad se conviertan en hijos de Dios.
Jesucristo nos ha permitido entender el Evangelio del agua y el Espíritu. Los que conocemos y creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu sabemos y creemos que Dios es amor, Verdad y justicia. También sabemos muy bien que Jesucristo es nuestro Creador y nuestro Dios. Asimismo, sabemos y creemos que para convertirse en nuestro Salvador, Jesús vino a buscarnos con el Evangelio del agua y el Espíritu. No consiguió nuestra salvación según Su voluntad únicamente, sino según el plan de Dios Padre. Jesucristo había venido a este mundo encarnado en un hombre para hacer toda la obra de salvación en obediencia a la voluntad del Padre. Así nos salvó para siempre al cargar con nuestros pecados a través de Su bautismo y derramamiento de sangre para pagar el precio de nuestros pecados. Este es el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, y este Evangelio es el amor de Dios y Su justicia. Al comprarnos con el precio de Su propia vida, Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios para siempre. Nos hemos convertido en hijos de Dios al entender y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón. Asimismo, el Padre Santo nos ha permitido darnos cuenta de este Evangelio y creer en él.
En el capitulo 10 de Lucas vemos a Jesús diciendo a Sus discípulos: «He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lucas 10, 19-20). Esto también se aplica a los que vivimos en el presente. El Señor nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu y así nos ha traído la verdadera salvación. Jesucristo es nuestro Salvador. Nos ha convertido en hijos de Dios a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Al venir al mundo como Hijo de Dios Padre, Jesucristo cargó con todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así nos salvó a todos de nuestros pecados y de la condena.
Dios mismo nos ha salvado así con el precio de Su propia vida. Este Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de salvación, es más que suficiente para darnos nueva vida. Jesucristo nos ha salvado para siempre al sacrificarse. La Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado es más que suficiente para hacernos a todos hijos de Dios. La justicia de Dios nos ha convertido por completo en Sus propios hijos a los que no les falta nada. Dios no solo nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu, sino que nos ha hecho darnos cuenta de que este Evangelio es la Verdad de nuestra salvación. Dios nos ha dado Su perfecta salvación para que nadie pueda quitarnos esta salvación que el Señor nos ha dado. El Evangelio del agua y el Espíritu es la Verdad en la que Dios, nuestro Padre, nos ha hecho creer.
 
 
Nuestra salvación se cumplió en la dispensación del cumplimiento del tiempo de Dios
 
Está escrito en Efesios 1, 9-10: «Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra».
Este pasaje significa que nuestra salvación se cumplió según el plan de Dios Padre en el cumplimiento de los tiempos. Por eso hemos sido redimidos de todos nuestros pecados al creer en el bautismo de nuestro Señor y Su sangre derramada en la Cruz. A través del Evangelio del agua y el Espíritu, nos hemos convertido en hijos de Dios y en miembros de Su Iglesia para siempre al entrar y vivir en el Reino de los Cielos.
Todo esto ocurrió a tiempo según el plan de Dios Padre. Incluso antes de la creación del mundo, Dios Padre nos había escogido en Su justicia para hacernos hijos Suyos. Cuando llegó este momento, cumplió todas estas cosas según lo había predestinado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Así es como nosotros, los que vivimos en esta era, hemos sido salvados de todos nuestros pecados al creer en la justicia de Dios que Jesucristo cumplió. Jesucristo nos ha salvado de todos los pecados pagando el precio de Su propia vida. Como ahora creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos sido salvados de todos los pecados del mundo y esta salvación nuestra se ha cumplido según la complacencia de Dios Padre. La voluntad de Dios Padre era que Jesús tomase todos nuestros pecados sobre Su cuerpo para siempre al ser bautizado, que pagara la condena de los pecados en nuestro lugar, y así nos salvase para siempre. Como creemos en esta Verdad, sabemos que la voluntad de Dios Padre se ha cumplido para nosotros. Nuestra salvación se consiguió según la providencia de Dios e el cumplimiento de los tiempos.
El Señor dijo que nuestra salvación vino en la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Por eso somos afortunados por haber nacido en esta era. Aunque no paremos de pecar, Dios Padre ya ha decidido hacernos hijos Suyos desde antes de la creación del mundo, y nos ha salvado según este plan. Por tanto, como todos los que vivimos en esta era creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos sido salvados de todos nuestros pecados. La Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu nos ha traído la verdadera salvación a todos los que creen en ella y así nos vemos obligados a predicar este Evangelio.
Dios Padre envió a Su Hijo Jesucristo y a Juan el Bautista a este mundo para borrar todos nuestros pecados. Asimismo Dios Padre hizo que Jesucristo fuese bautizado por Juan el Bautista. A lo largo de la historia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, Dios Padre ha preparado la salvación para toda la raza humana, y así ha hecho posible que todo el mundo sea salvado de sus pecados al conocer y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, como creemos en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, somos los obreros de Dios en esta era.
Está escrito en Efesios 1, 10: «De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra». Este pasaje significa que Dios nos ha salvado para hacernos hijos Suyos. Si indagamos un poco más, veremos que Dios Padre nos ha salvado para elevar nuestra condición a Su nivel. Dicho de otra manera, del mismo modo en que los gusanos y las larvas se convierten en moscas o en mariposas, Dios Padre nos ha dado el don de la salvación para que nuestras vidas se transformen en vidas gloriosas en el Cielo.
De hecho, nosotros no somos mejores que los gusanos. Nacemos siendo pecadores por naturaleza, pero no podemos evitar cometer pecados durante toda nuestra vida en este mundo. Sin embargo, nuestro Señor nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu y ha hecho posible que nazcamos de nuevo. Dios nos ha salvado a todos según Su plan. Como Dios nos ha salvado de todos nuestros pecados, nos hemos librado de todos ellos para convertirnos en Sus hijos. Nuestra salvación no nos ha llegado al creer en otra cosa que no sea el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado.
La Biblia dice que Dios nos ha dado esta salvación para que «de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (Efesios 1, 10). Esto significa que Dios nos ha hecho hijos Suyos para ser como Él a su debido tiempo. El Señor nos ha dado el don bendito que nos ha hecho hijos de Dios. Dios Padre nos ha adoptado como Sus hijos a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Efesios 1, 11 dice: «En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad». Este pasaje nos demuestra claramente que nuestra salvación se ha conseguido según la voluntad de Dios Padre. Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu nos hemos convertido en posesión de Dios. Nos hemos revestido de la gracia de Dios para convertirnos en Sus hijos según el propósito del que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad. A través del Evangelio del agua y el Espíritu, Dios había planeado salvar a toda la raza humana que había caído en el pecado, y así ha cumplido Su plan. Por tanto, todos podemos convertirnos en hijos de Dios si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios de todo corazón.
Todos nosotros debemos conocer y creer en la voluntad de Dios Padre. Debemos creer que todos nuestros pecados han sido borrados gracias a nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo ha cumplido en este mundo. Si creemos así, todos nosotros perteneceremos a Dios. Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, nos convertiremos en posesiones de Dios. Ahora nosotros pertenecemos a Dios Padre. El Evangelio del agua y el Espíritu nos ha hecho hijos de Dios. Quien haya nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu se ha convertido en posesión de Dios. Asimismo, según la voluntad de Dios Padre y Su designio nos hemos convertido en Hijos de Dios y en Sus posesiones.
La Biblia dice: «En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad» (Efesios 1, 11). Nos hemos convertido en posesiones de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu según el propósito del que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad. No nos hemos convertido en hijos de Dios por la influencia de otra cosa a parte de la justicia de Dios, sino que nos hemos convertido en hijos de Dios gracias a la justicia de Jesucristo al creer en esta justicia según el deseo de Dios Padre. Como hemos sido salvados al creer en la justicia de Jesucristo, esta salvación es completamente perfecta. Nuestra salvación no la consiguió ningún ser humano, sino la justicia de Dios. ¿No es perfecta y magnífica nuestra salvación? De hecho la gracia de salvación de Dios no tiene fin.
 
 
«A fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo» (Efesios 1, 12)
 
Aquí la Biblia dice que hemos sido salvados del pecado para la gloria de Dios. Es una bendición absolutamente maravillosa que nos hayamos convertido en hijos de Dios al creer en Su Evangelio del agua y el Espíritu. Es para la gloria de la justicia de Dios que hayamos recibido la remisión de los pecados para siempre, y que nos hayamos convertido en preciadas posesiones y en Sus propios Hijos.
El pasaje de las Escrituras sigue diciendo: «En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria» (Efesios 1, 13-14). Este pasaje significa que según el deseo de Dios Padre nos hemos convertido en Sus hijos, tal y como dice el pasaje anterior: «En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad» (Efesios 1, 11).
 
 
Puede que se hagan una pregunta ahora
 
Puede que se pregunten ahora: «¿Significa esto que algunas personas en este mundo se han convertido en hijos de Dios al creer en Jesús, mientras que otras no? Si Dios Padre ha predestinado y preordenado la salvación de toda la raza humana, ¿no debería haber predestinado a todo el mundo a recibir la remisión de los pecados para que no quedara nadie sin nacer de nuevo? ¿Por qué ha entonces tanta gente en este mundo que no ha nacido de nuevo todavía?»
Lo que deben entender aquí es que Dios Padre ha decidido adoptar como hijos Suyos a los que creen en Jesucristo. Por tanto, todos nosotros debemos entender y creer que solo en Su Hijo Jesucristo, Dios Padre ha preparado nuestra salvación del pecado. Si no se dan cuenta de que Dios nos ha predestinado con Su gracia para ser salvados de los pecados del mundo a través de la justicia de Jesucristo, no lo entenderán bien. Si permiten que esto suceda, no solo no conocerán la predestinación de Dios, sino que sufrirán para siempre también. Dios dijo claramente que todos los que creemos en la justicia de Jesucristo se han convertido en la gloria de Dios. También dijo que nuestra salvación es Su gozo y nosotros somos Su obra. Ustedes y yo, los que hemos sido salvados de todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, somos la gloria de Dios y Su gran obra. La salvación que Dios nos ha dado por Su misericordia es Su maravilloso don. Esta salvación que el Señor nos ha dado es el mayor don de Dios y Su amor misericordioso que nadie puede imitar.
Desgraciadamente hay mucha gente en este mundo que no ha sido librada de sus pecados porque se niega a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, que es el amor de Dios materializado. Aunque Dios nos ha dado una salvación inamovible a todo el mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, todavía hay muchas personas que no creen. Estas personas son estúpidas y no pueden ser rescatadas ni por Dios. Espero y oro porque ustedes no sean una de esas personas.
Dios ha hecho todo por salvar a todos los seres humanos de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Pero a pesar de esto, multitud de personas siguen siendo destruidas por culpa de sus pecados, porque se niegan a creer en este verdadero Evangelio. Esta gente que no ha sido salvada todavía no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios, y por tanto sigue sin estar salvada de sus pecados, por lo que esto es culpa suya. Esta gente será destruida por completo por sus pecados. Esto se debe a que Dios dijo: «El precio del pecado es la muerte» (Romanos 6, 23).
 
 
¿De verdad escogió Dios a algunas personas incondicionalmente y a otras no?
 
Esta es una pregunta muy frecuente que sigue siendo debatida apasionadamente por los teólogos actuales. Para contestar a esta pregunta, leamos Romanos 9, 14-24.
«Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?»
Este pasaje explica que Dios Padre nos había predestinado para convertirnos en Sus hijos en Jesucristo por Su amor misericordioso. Al escogernos en Jesucristo Dios nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor ha completado nuestra salvación completamente y sin falta a través del Evangelio del agua y el Espíritu, para que no tengamos que hacer nada para alcanzar nuestra propia salvación. Por tanto, todo lo que tenemos que hacer para ser salvados es creer en la Palabra escrita del Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, si aceptamos en nuestros corazones la justicia de Dios que Jesucristo ha cumplido por nosotros y creemos en esta justicia, alcanzaremos nuestra salvación.
Incluso en esta era presente, hay muchas personas de todo el mundo que recibirán la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, se convertirán en hijos de Dios, y disfrutarán de Su gloria y esplendor en Su Reino. Al mismo tiempo hay muchas personas que no lograrán esto. En otras palabras, del mismo modo en que habrá muchas personas que serán salvadas, muchas otras no se convertirán en hijos de Dios y serán destruidas por negarse a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Al no creer en el Evangelio del agua y el Espíritu esta gente está viviendo una vida penosa enterrada en sus pecados, y sufriendo la maldición y el dolor del pecado.
Si ustedes son así, entonces su fe es legalista, porque intentan alcanzar su salvación a través de sus propias obras en vez de confiar en el amor misericordioso de Dios. La fe legalista se deriva de interpretar la Palabra de Dios al pie de la letra, y es una fe superficial que nace del desconocimiento del Evangelio del agua y el Espíritu. Esta gente hace de Dios un Dios injusto pensando: «Dios debería haber permitido que todo el mundo fuera salvado de los pecados automáticamente desde el momento en que creó a la raza humana».
Para abordar este conflicto, Dios nos ha hablado en las Escrituras en Romanos 9, 14-16: «Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia».
Por tanto, si están intentando alcanzar su propia salvación con todas sus fuerzas, esto no quiere decir que hayan recibido la misericordia de Dios por sus propios méritos. En otras palabras, nuestra salvación no se alcanza al confiar en nuestras propias fuerzas, ni tiene nada que ver con nuestros méritos y virtudes. Asimismo Dios no ha sido obligado a hacernos Sus hijos, sino que ha sido gracias a Su poder que nos hemos convertido en Sus hijos gracias a Su amor misericordioso. En resumen, solo de acuerdo con la voluntad de Dios podemos ser salvados y bendecidos para convertirnos en Sus hijos.
Cuando Dios nos ve, no quiere vernos intentando alcanzar nuestra salvación con nuestros propios méritos, sino que quiere vernos pidiéndole misericordia, admitiendo que estamos destinados a ser destruidos por nuestros pecados porque somos demasiado débiles e imperfectos como para alcanzar nuestra propia salvación. Dios quiere salvar a todo el mundo de sus pecados al darles el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la salvación. Dios ha dejado claro que todos los pecadores están destinados a ir al infierno. Por eso debemos admitir ante Dios que somos pecadores, diciendo: «Señor Dios, voy derecho al infierno. ¿Por favor, sálvame!» Entonces debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado.
Todos nosotros debemos entender que Dios solo tiene misericordia de los que buscan Su misericordia, no de los que son demasiado arrogantes para buscarla y se levantan contra Él con sus propios méritos (Romanos 9, 15). Dios nos entrega Su amor misericordioso porque no podemos evitar ir al infierno por nuestros pecados si se nos deja solos. Sin embargo, aunque Dios tiene misericordia de todo el mundo, cuando la gente no admite sus pecados, Dios deja que se enfrente a Su ira por los pecados cometidos.
Dios Padre nos predestinó y nos escogió en Su Hijo Jesucristo para que fuésemos salvados a través de Su misericordia. Dios ha dado esta misericordia a todos los que creen en Su justicia completada por Jesucristo. ¿Cómo puede alguien decir que hay algo incorrecto en la salvación que Dios le ha dado a la raza humana? Quien diga esto es alguien que no conoce la justicia de Dios ni su misericordia. Esta gente está muy equivocada a los ojos de Dios.
Al haber predestinado a toda la raza humana a ser salvada del pecado en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, Dios Padre nos ha librado de todos los pecados del mundo según este plan y nos ha dado la salvación para siempre. Por tanto hemos sido salvados de todos los pecados al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado. El resto del mundo puede alcanzar la salvación si se da cuenta del plan de Dios Padre y cree en Él según Su plan.
 
 
La Biblia explica esto mediante una analogía con un alfarero
 
Un alfarero utiliza arcilla para hacer todo tipo de recipientes, desde platos a cuencos. Algunos de estos recipientes tienen un uso más glamoroso que otro, mientras que otros tienen usos más comunes. Como el alfarero tiene derecho a hacer lo que quiera, «¿puede alguno de sus recipientes discutir con él y preguntarle por qué le ha hecho de una manera determinada?» No, por supuesto que no.
De una manera similar, Dios Padre nos está diciendo que nos ha salvado según Su plan a través de la justicia de Dios cumplida por Jesucristo. ¿Cómo puede alguien oponerse al plan de salvación de Dios cumplido por Jesucristo y decir que no es justo salvar solo a los que creen en Su justicia? Esto no es tolerable.
Antes de nacer de nuevo, ¿qué tipo de existencia era la nuestra ante Dios? ¿Acaso no éramos todos desgraciados y sin valor porque sufríamos por nuestros pecados? Por eso tuvimos que orar a Dios para salvarnos de todos los pecados del mundo, para que borrase todos nuestros pecados y nos diese Sus bendiciones. Cuando confiamos en Dios Padre de esta manera y creímos en Su justicia cumplida por Su Hijo Jesucristo, Dios nos Dios Su bendición gloriosa de salvación y nos adoptó como Sus propios hijos. Esto se cumplió en el Evangelio del agua y el Espíritu para todo creyente. En otras palabras, Dios Padre tuvo tanta compasión por nosotros, los que nacimos como pecadores, que nos vistió con Su misericordia y nos hijos e hijas Suyos. Por tanto hemos alcanzado nuestra salvación al creer en la justicia de Dios, y Dios nos ha hecho glorificarle. Aunque todos éramos seres desgraciados por naturaleza, nos hemos convertido en hijos gloriosos gracias a Su justicia. Así es como el esplendor y la gloria de Dios se han revelado. Dios nos ha hecho saber esto a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como creemos en este verdadero Evangelio, Dios Padre nos ha bendecido a todos para revestirnos de Su gloria.
A pesar de esto hay mucha gente que confía en sus propias fuerzas carnales y rechaza la justicia de Dios, quien ha destinado a toda esta gente a ser destruida para siempre. Por tanto, quien no cree en la justicia de Dios debe arrepentirse y creer en esta justicia, que es el amor de Dios. Dicho de otra manera, esta gente debe buscar el Evangelio del agua y el Espíritu y aprender sus enseñanzas profundas desde el principio.
Sin embargo, el problema es que hay mucha gente en este mundo que sigue rechazando la justicia de Dios e ignorando a este Dios de misericordia. Dios no solo nos ha dado todo lo que hay en el universo, sino que también nos ha dado Su gracia, Su amor misericordioso, y Su salvación. Pero hay muchas personas que no reconocen que este Dios les ama tanto. Aunque la vida solo se sostiene gracias al amor de Dios y Su misericordia, muchas personas no conocen a Dios y además no tienen la más mínima intención de conocerle. Estas personas que ni siquiera adoran a Dios están rechazando Sus bendiciones eternas.
Así, aunque Dios les dejase a la suya para que fuesen malditos por sus pecados, no sería un Dios injusto. Los injustos son los que no solo se niegan a reconocer a Dios como su Maestro, sino que además se levantan contra Su justicia. Dios ha dejado en paz sus corazones endurecidos para que sean malditos por Él.
Dios nos ha dicho claramente que ha cumplido nuestra salvación en Su justicia. Dios nos ha salvado a los que creemos en Su justicia por Su misericordia. Por tanto es absolutamente indispensable que entendamos la Palabra de Dios cuando dice en Efesios 1, 11 que hemos obtenido una herencia en Jesucristo, al haber sido predestinados según el propósito de quien hace todas las cosas según el designio de Su voluntad. Dios padre no recibió la influencia de ninguna criatura cuando nos salvó de todos nuestros pecados. Sin la influencia del Diablo o la nuestra, Jesucristo nos ha salvado de todos los pecados en obediencia a la voluntad de Dios Padre según Su plan. Al venir al mundo para salvarnos de nuestros pecados, Jesucristo ha completado nuestra salvación al cargar con todos nuestros pecados a través de Su bautismo y al morir en la Cruz en nuestro lugar.
Cuando Jesús estaba a punto de ser crucificado, le pidió a Dios Padre que le quitara ese cáliz de crucifixión si era posible, pero al final dejó de lado Su voluntad y se sometió a la voluntad del Padre, pidiéndole que hiciese Su voluntad. Jesús fue crucificado y murió para comprarnos con el precio de Su propia vida, y esto lo hizo porque había cargado con todos nuestros pecados a través de Su bautismo por nuestro bien. En otras palabras, para hacernos hijos de Dios, Jesús cargó con todos nuestros pecados en Su cuerpo al ser bautizado, entregó Su vida en la Cruz para derramar Su sangre hasta la muerte, y así nos salvó. Así Jesús nos ha hecho hijos de Dios al comprarnos con Su propia vida. Así es como Dios nos ha salvado de todos los pecados del mundo. Nos ha salvado según el designio de Su voluntad.
¿Qué es lo obvio que debemos hacer ante Dios? Todos nosotros debemos pedirle por Su misericordia. No tenemos ningún mérito. Somos tan débiles que podemos desesperar por cosas mínimas, tropezarnos con los objetos más pequeños y sucumbir a los gérmenes más débiles. Sin embargo, aunque todos somos seres insignificantes y desdichados, Dios Padre decidió salvarnos a través de la justicia de Su Hijo Jesucristo. Dios había predeterminado y ordenado de antemano que seríamos adoptados como hijos Suyos, y así lo hizo. Es para la gloria de Dios que ustedes y yo seamos Sus hijos. Además, ahora que hemos alcanzado nuestra salvación, nuestras vidas en este mundo no son todo lo que tenemos, porque la gloria de Dios que hemos recibido por fe se cumplirá un día y viviremos con Dios en Su Reino para siempre. Esta es la gloria de Dios y la bendición que nos ha dado.
¿Cómo nos convertimos en hijos de Dios? Dios nos adoptó como creyentes para hacernos hijos Suyos en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu según la voluntad de Dios Padre. ¿Cómo empezó la Iglesia de Dios? Empezó porque Dios Padre tuvo compasión por nosotros y fuimos salvados de nuestros pecados al encontrar el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él según la voluntad de Dios Padre. Al convertirnos en hijos de Dios, hemos podido construir juntos Su Reino, y esto es la Iglesia de Dios. Dondequiera que los nacidos de nuevo, que son los santos justos, se reúnen para alabar a Dios, allí está la Iglesia de Dios.
En el libro de Efesios Dios nos está enseñando, a través del Apóstol Pablo, cómo Su Iglesia y Sus hijos llegaron a existir. Dios Padre está explicándonos que nos ha hecho hijos Suyos según Su voluntad, y que dondequiera que los hijos de Dios se reúnen, ese lugar es Su Iglesia. Durante la era de la Iglesia primitiva, la iglesia de Efeso era la Iglesia de Dios donde Sus hijos de Efeso se reunían. Había siete iglesias en Asia Menor en la era de la Iglesia Primitiva, y todas estas iglesias eran la verdadera Iglesia de Dios; y ahora en el presente nosotros somos la Iglesia de Dios.
No importa lo que diga nadie, porque nosotros hemos sido salvados en Jesucristo según la voluntad de Dios. Por tanto es evidente para todos nosotros que nuestra voluntad, nuestros pensamientos o planes no tuvieron nada que ver con nuestra regeneración como hijos de Dios. Está claro como el agua que nuestra voluntad no tuvo nada que ver con nuestra adopción como hijos de Dios. Todo lo que nos queda por hacer es darnos cuenta por las Escrituras de que Dios Padre ya había planeado, preordenado y preparado nuestra salvación, incluso antes de la creación del mundo, y debemos creer en esta voluntad del Padre. No debemos hacer nada a parte de creer en esta Verdad y dar gracias a Dios por ella. Esto es lo que el Apóstol Pablo nos está enseñando en el libro de Efesios.
Solo podemos darle gracias a Dios por adoptarnos como hijos Suyos en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. A parte de la Palabra de Dios, no debemos añadir ni sustraer nada a nuestra salvación. Todo lo que tenemos que hacer es creer en la gracia de Dios y darle gracias por ello.
¿Y ustedes? ¿También creen en la gracia de Dios? Es una bendición maravillosa que Dios nos haya hecho hijos Suyos. Esta salvación que Dios nos ha dado es maravillosa. No hay palabras para describir lo maravilloso que es que Dios Padre nos haya adoptado como hijos Suyos a todos los que estamos aquí reunidos, y que nos haya admitido como miembros de Su Iglesia a todos, desde los jóvenes hasta los mayores, hombres y mujeres. Dios planeó esto antes de la fundación del mundo y nos predestinó a ser salvados según el designio de Su voluntad, y así nos ha salvado de todos nuestros pecados en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Jesucristo nos ha redimido al comprarnos con el precio de Su propia vida. Nos ha hecho posesiones Suyas al comprarnos con la Verdad del agua y el Espíritu.
La salvación que Dios nos ha dado es tan maravillosa que no tenemos palabras para describir nuestro gozo. Por tanto, debemos dar gracias a Dios, nuestro Salvador, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

¡Aleluya!