The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 7-1] < Juan 7, 1-36 > Jesús obró con un corazón decidido

< Juan 7, 1-36 >
«Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él. Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea. Pero después que sus hermanos habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto. Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél? Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo. Pero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo a los judíos. Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme? Respondió la multitud y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte? Jesús respondió y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis. Por cierto, Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres); y en el día de reposo circuncidáis al hombre. Si recibe el hombre la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el día de reposo sané completamente a un hombre? No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. Decían entonces unos de Jerusalén: ¿No es éste a quien buscan para matarle? Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el Cristo? Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea. Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió. Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora. Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace? Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen. Entonces Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió. Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir. Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Adónde se irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá a los dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos? ¿Qué significa esto que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir?».
 
 
Jesús hizo Su obra con un corazón decidido
 
El pasaje de las Escrituras de hoy es Juan 7. Jesús vino a este mundo, nos salvó a toda la humanidad de los pecados, y nos hizo hijos de Dios. En otras palabras, Jesús nos permitió recibir la remisión de nuestros pecados al darnos Su cuerpo y sangre. El Señor vino a este mundo para hacer esa obra y la completó.
Jesucristo vino a este mundo y trabajó con un corazón complicado, ya que sabía que debía morir en la Cruz para hacer la obra de salvar a todos los pecados de sus pecados. Debemos estar agradecidos y pensar en Jesús, a quien no le importó morir por la obra de salvación con un corazón decidido para cumplir Su objetivo en este mundo. Como Jesús sabía que para salvarnos tenía que morir de manera cruel y volver a la vida para convertirse en nuestro verdadero Salvador, debemos imaginar lo doloroso que fue para Él caminar hacia Su muerte para completar la salvación de Dios.
A veces hago la obra del Señor y mi cuerpo se debilita y pienso: «Creo que me voy a quedar dormido». En esos momentos, tengo pensamientos firmes: «¿No debería terminar lo que tengo que hacer antes de irme?». Así que pienso en lo duro que tengo que trabajar para corregir el nuevo libro que vamos a publicar. A través de este tipo de experiencia, por lo menos puedo entender mínimamente lo decidido que tenía que estar el Señor cuando tuvo que cumplir la obra de nuestra salvación.
En Juan 6, Jesús hizo el milagro de los cinco panes y los dos peces, tuvo misericordia de la gente que solo buscaba el pan para sus cuerpos, y les aconsejó que buscasen el pan del Cielo que no perece: «Os dejaré obtener la vida eterna al daros Mi carne y Mi sangre. Por tanto, os dejaré recibir la remisión de vuestros pecados y obtener la bendición de la vida eterna. Quien coma Mi carne y beba Mi sangre obtendrá la vida eterna».
Esto es lo que dijo, y más tarde, en el capítulo 7 habló de Su muerte. Jesús entregó Su carne y sangre a la humanidad y tuve que sufrir la muerte para poder rescatar completamente a la humanidad de la muerte y darle la vida eterna. Así caminó Jesús, teniendo en mente cómo debía morir para cumplir Su misión.
 
 
Jesús también sabía que la muerte de Su cuerpo estaba cerca
 
Jesús sabía que la muerte estaba cerca en ese momento. Sabía que la hora de entregar Su vida en la Cruz se acercaba. Así que le dijo a la gente por qué había venido al mundo y por qué tenía que morir.
Los judíos querían matar a Jesús porque hacía que la gente se escandalizara, llamaba a Dios Su Padre y refutaba a los líderes religiosos de aquel tiempo, llamándolos hipócritas. En otras palabras, deseaban Su muerte porque pensaban que era muy arrogante y estaba equivocado. Pero Jesús, al decir que tenía que morir no tenía nada que ver con su confabulación. Dijo lo que tenía intención de hacer. ¿Cómo es posible conocer todo lo que hay en el corazón del Señor? Pero lo que es obvio es que, como Jesús ya había recibido el bautismo de Juan el Bautista, sabía que tenía que ir a la Cruz, derramar Su sangre, y morir por la humanidad, y así obedeció. Para ayudarnos a comer Su sangre y beber Su sangre y así obtener la vida eterna, tuvo que morir. Me pregunto lo decidido que debió estar Jesús mientras hablaba con Sus enemigos con la muerte por delante. Nosotros también debemos hacer la obra del Señor con este corazón decidido como el del Señor.
La Biblia dice que Jesús fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación (Romanos 4, 25). Jesús vino a este mundo para entregarse. El motivo por el que Jesús vino a este mundo fue para salvarnos de los pecados del mundo, hacernos hijos de Dios, y dejarnos vivir para siempre dándonos vida eterna. Para poder cumplir esa obra, siguió yendo por esa dirección sabiendo que tendría que morir. Jesucristo no intentó evitar Su muerte, sino que fue hacia ella decidido: «Debo morir si quiero cumplir la obra de la salvación de la humanidad. Y debo enseñarle al mundo la verdadera salvación y a Dios y guiar a todo el mundo con la Palabra. Debo hacer esto por Mis discípulos también». Por tanto, les pido que intenten imaginar lo decidido que estaba Jesús.
 
 
Nadie se unió al corazón de Jesús
 
En Juan 7, 1-2 está escrito: «Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos». Jesús sabría que moriría pronto. También sabía que los judíos le odiaban y que los ancianos y los líderes de los sacerdotes les entregarían a los gobernadores romanos y que esos gentiles le colgarían en una Cruz y allí moriría. Pero en ese momento estaba en la región de Galilea. Como sabía que los judíos querían matarle, no fue a la región de Judea. La fiesta de los Tabernáculos estaba cerca.
La Fiesta de los Tabernáculos era una fiesta establecida por Dios para que los israelitas recordaran cuando estuvieron vagando por el desierto cuando cruzaron el Mar Rojo y vivieron en el desierto hasta el día en que se asentaron en la tierra de Caná y vivieron en tiendas de campaña o en chozas de paja debajo de los árboles y rocas. Así que construían chozas con materiales como madero o paja y observaban la fiesta durante una semana en el desierto. Así era la Fiesta de los Tabernáculos.
Jesús tenía hermanos y hermanas. Después de concebir María y dar a luz a Jesús por el Espíritu Santo, tuvo a hermanastros y hermanastras de Jesús con su marido José. En otras palabras, Jesús no había nacido de José y María, sino que fue concebido en el vientre de María por la obra del Espíritu Santo, se encarnó en un hombre, y nació. Pero María, la madre física de Jesús, después tuvo relaciones con su marido José y tuvo más hijos que eran hermanos pequeños de Jesús. ¿No creen que los hermanos pequeños de Jesús le siguieron cuando fue predicando la Palabra de Dios?
Si leemos Juan 7, 3-5 veremos: «Le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él». En aquel entonces, incluso los discípulos de Jesús no entendían Su misión completamente. Por tanto, el corazón de Jesús se sentiría solo pero decidido porque tenía que hacer Su obra en silencio. Incluso Sus hermanos no creyeron en lo que estaba diciendo. Así que le dijeron: «Espera un momento... ¿Dices que vas a alimentar a todo el mundo con Tu carne y Tu sangre? Si eso es lo que quieres hacer, ¿por qué no vas a Jerusalén y Te muestras ante todos? ¿Qué vas a hacer aquí en la región de Galilea? Si eso quieres hacer, vete a Jerusalén. Ve y muestra abiertamente que eres el Hijo de Dios que vino a salvar a la humanidad. Dices que cumplirás la voluntad de Dios, pero ¿por qué no Te muestras a todo el mundo?».
El dolor y la soledad que sufrió fueron muy intensos porque no creían que fuese el Salvador. De la misma manera en que se dice que hay soledad en una multitud, muchas personas siguieron a Jesús, pero la soledad que sufrió no se puede explicar con palabras porque nadie pudo entender Su voluntad y pasión. ¿Cómo creen que se sintió Jesús cuando tuvo que hacer una obra que muchos no reconocieron y tuvo que llevar a cabo la voluntad de Dios entre los que no entendían la Verdad aunque les habló de ella? ¿Cómo creen que se sintió Jesús cuando no pusieron sus corazones en el Suyo y no intentaron entenderle sino que hicieron comentarios cínicos? Aunque no podemos entender completamente el corazón que tenía Jesús, debemos poder sentirlo un poco.
Por tanto, Jesús les dijo: «Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas» (Juan 7, 6-7). Si miramos estas palabras, el Señor sabía que Sus discípulos también serían crucificados y martirizados en el futuro. En otras palabras, les estaba diciendo a Sus discípulos: «Vosotros también seréis martirizados como Yo. Pero Mi hora no ha llegado. Dentro de poco, en la Pascua, iré a Jerusalén y moriré allí».
Jesús tenía que sufrir la muerte durante la Pascua. Era necesario tener un cordero para sacrificar en la Pascua. En la noche en la que todo el pueblo de Israel escapó de Egipto, cuando el ángel de la muerte de Dios llegó, no entró en las casas que tenían sangre de cordero o de cabras en las vigas de las puertas. La Pascua es la fiesta que Dios estableció para conmemorar este acontecimiento. Así que era necesario tener un cordero para sacrificarlo y así eliminar los pecados de la humanidad durante la Pascua. Por lo tanto Jesús murió durante la Pascua.
El Señor hizo esto para salvar al pueblo de Israel y a los gentiles del pecado. Vino a este mundo, se entregó por nosotros, fue bautizado y murió en la Cruz para salvarnos. Solo había una razón por la que fue odiado en aquel entonces por los hombres de gran influencia y por la que murió: porque dijo que las obras del mundo eran malvadas. Jesús dio testimonio de que todas las obras del mundo eran malvadas. Todas las obras de los que han abandonado a Dios son malvadas. Así que le odiaron. Sus hermanos carnales no creyeron en Él e hicieron comentarios cínicos, pero Jesús les dijo: «Si vais a Jerusalén primero, Yo os seguiré». Después de enviarlos allí, Él fue a Jerusalén durante esa fiesta.
 
 
Jesús es fundamentalmente el verdadero Dios
 
En Juan 7, 14-16 está escrito: «Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió».
Jesús entró en el Templo en Jerusalén y enseñó. Por tanto, los judíos se extrañaron de Él: «Conocemos a esta Persona bien. Ha ido a la escuela de la Ley, y no es de familia decente. ¿Cómo conoce las letras y enseña?». Durante la fiesta, el pueblo de Israel se reunía en las sinagogas o en el Templo y todo el mundo podía tomar el Libro de la Ley de Dios y enseñar. Así que podía haber discusiones en las sinagogas y se podía enseñar la Palabra. Así que Jesús fue al Templo y enseñó acerca de la Ley. La gente se extrañó mucho de que Jesús leyera y enseñara el Libro de la Ley. Decían entre ellos: «¿Cómo puede una Persona que no ha aprendido enseñar? ¿Cómo puede hablar de la Ley si no la ha aprendido? ¿Cómo puede interpretar y enseñar la Ley?». No podían entenderlo.
Pero la verdad era que Jesús era el verdadero Dios porque era el Hijo de Dios. ¿Sabe Dios de letras aunque no haya ido a la escuela? Jesús es Dios, así que conoce todos los idiomas del mundo. ¿Tiene alguien que enseñarle para que sepa de letras? No aprendió de nadie en la tierra. Jesús es Dios y el Creador. Se convirtió en un mero Hombre durante un período de tiempo por nosotros. Como era Dios que vino al mundo como un Hombre, conocía la Ley mejor que los maestros, aunque nunca hubiese ido a la escuela. Él es el Maestro de la Ley que la estableció personalmente. Así que enseñó abiertamente a los judíos en la sinagoga en cualquier momento.
Los judíos se extrañaron, así que Jesús les dijo: «Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia» (Juan 7, 16-18). Jesús entró en el Templo y enseñó a los judíos la Ley. Estas enseñanzas no eran Suyas. Eran las enseñanzas de Dios Padre. Así que si alguien quiere hacer la voluntad de Dios, puede saber si las Palabras de Jesús venían de Dios o si simplemente las dijo para alardear. Jesús no quería alardear o defenderse a Sí mismo, sino que quería mostrar la voluntad de Dios.
Si vemos las Palabras que Jesús dijo aquí, vemos que dijo que todo el mundo sería salvado del pecado en el futuro, no solo el pueblo de Israel. Así que Jesús vino a salvar a toda la humanidad, y la prueba es que no buscaba Su propia gloria, sino la gloria de Dios Padre, que le envió. Así que no hay injusticia en Él. Dicho de otra manera, Jesús vino a este mundo y enseñó la Palabra de Dios en el Templo, pero no se estaba defendiendo a Sí mismo o exaltándose, sino que estaba predicando la voluntad de Dios Padre, quien le envió, y estaba buscando la gloria del Padre. Jesús buscaba la gloria de Dios Padre, quien le envió. Así que Jesús vino a este mundo y sabía que tenía que morir mientras hacía Sus obras. Tenía Su muerte en mente y trabajó por nuestra salvación desde que fue bautizado.
La vida pública de Jesús duró tres años. Tomó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista y por eso tuvo que morir para pagar el precio del pecado, y por tanto tuvo que enseñarles estas cosas a Sus discípulos que eran necesarias para sus vidas espirituales una vez hubiese muerto. Las Palabras de Jesús de aquel tiempo son también para nosotros y para las generaciones futuras. En realidad son para toda la humanidad. Jesús dijo todas las Palabras que quería decir a todo el mundo en todas las generaciones, entregó Su vida en la Cruz, sufrió la muerte, fue resucitado, y se convirtió en nuestro verdadero Salvador. Jesús obró para salvar a la humanidad.
Por tanto, ¿cómo de decidido tendría que haber estado nuestro Señor mientras trabajaba para cumplir la voluntad de Dios Padre como nuestro Salvador? Jesús tenía debilidades porque tenía un cuerpo; debemos saber lo decidido que estaba Su corazón cuando hizo esa obra, y lo duro que trabajó para hacer esto y para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna. Tenemos que pensar en esa situación e imaginar lo que había en el corazón de Jesucristo. Si nosotros estuviésemos en esa situación y supiésemos que teníamos que morir pronto, ¿podríamos seguir hacia adelante para cumplir nuestra misión sin dudar? Pero Jesús nos enseñó tranquilamente y nos guió. Así que Jesús nos salvó del pecado.
¿Están ustedes predicando así? Los trabajadores jóvenes en la fe puede que piensen que solo hay que trabajar hasta cierto punto, pero los predecesores de la fe tienen corazones decididos que cumplen la obra de Dios porque saben cómo hay que trabajar y cuánto se necesita una fe fuerte en Su obra. Si ustedes tienen el mismo corazón espiritualmente, entenderán mis palabras. No estamos trabajando por el Evangelio del Señor sin más, sino que servimos al Evangelio mientras oramos a Dios sin cesar. Para que esta obra salga bien, no estamos preocupados aunque haya gente que se oponga o que sea un obstáculo. Mientras oramos sin cesar por las partes que deben completarse sin falta, promovemos todos los proyectos para la predicación del Evangelio, anticipando los resultados que se conseguirán en el futuro si hacemos el trabajo bien. Hay una gran diferencia entre el corazón de una persona que hace la obra de Dios con lealtad y el corazón de una persona que hace el trabajo que se le ha confiado sin pensar. La persona que trabaja y conoce la voluntad de Dios está decidida, y la persona que trabaja sin conocer la voluntad de Dios trabaja sin prestar atención y no le importa que la obra de Dios salga bien o mal. Las diferencias en nuestros corazones y nuestra fe salen de la actitud interior de nuestras mentes.
Jesús vino a este mundo para salvarnos del pecado, del juicio y de la destrucción. Debemos saber lo decidido que estaba el corazón de Jesús a través del cual hizo la obra de nuestra salvación. Debemos conocer el corazón de Jesús de verdad. En Juan 7 el Señor puso Su muerte ante Él y trabajó.
Asimismo le dijo a la mujer que fue sorprendida cometiendo adulterio en Juan 8: «Ni yo te condeno; vete, y no peques más». En aquel entonces había sido bautizado por Juan el Bautista, así que había cargado con el pecado de adulterio de esa mujer, y como tenía la muerte en la Cruz delante de Él, le dijo a la mujer que Él tampoco podía decir que ella tenía pecados.
Debemos saber lo firme que era la obra que Jesús hizo para salvarnos a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y debemos saber lo difícil que fue para Él cumplirla. Solo de esta manera nosotros también podemos hacer la obra de Dios con decisión. Cuando surjan todo tipo de pensamientos o deseos carnales, debemos pensar en lo decidido que Jesús obró para salvarnos de los pecados del mundo y debemos entregar nuestras vidas firmemente para hacer la obra del Señor. Por muy difíciles que sean las circunstancias, debemos ser capaces de hacer lo que debemos hacer por fe con corazones decididos. Debemos ser capaces de llevar a cabo todas nuestras obras como Jesús con este tipo de corazón.
Jesús es completamente diferente a nosotros. Es el Creador y nuestro Salvador. Estaba enseñando la voluntad de Dios Padre aunque sabía que moriría por ella. El Señor es el Hijo de Dios que nos salvó de los pecados del mundo, y es el Salvador, pero nosotros somos personas que no conocen el presente, el futuro o nada más, sino que simplemente reciben la salvación por la fe que Dios nos ha dado y vivimos saltando de una cosa a la otra, según la circunstancias, hasta el día en que morimos. Por supuesto a veces encontramos aspectos espirituales en nosotros porque hemos nacido de nuevo al creer en Jesucristo, y por tanto el Espíritu Santo ha venido a nuestros corazones.
La gente condenaba a Jesús como un ofensor de la Ley porque curaba a los enfermos durante el Sábado, y quería matarle. Si pasamos al capítulo 8 de Juan, vemos como la gente llevó a la mujer sorprendida cometiendo adulterio ante Jesús y le preguntó: «Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?». Estaban intentando ponerle en un aprieto y tratarle como un ofensor de la Ley, como una persona que no la cumplía, y como una persona malvada. Pero si lo vemos desde la perspectiva de Jesús, no se trataba de que no estuviera cumpliendo la Ley, sino que estaba hacienda la obra de salvar a la humanidad del pecado. Sin embargo, estas personas condenaron a Jesús porque según ellos no cumplía la Ley al pie de la letra. Jesús era una Persona que habría entregado Su vida en el momento adecuado aunque no quisieran matarle. Pero Jesús fue ridiculizado, calumniado, ignorado y acusado por la gente. Nosotros sabemos bien lo doloroso y estresante que eso puede ser.
Cuando Jesús estaba en este mundo los que se oponían a Él y discutían con Él eran los escribas y fariseos. Mientras afirmaban creer en Dios, no entendían lo que Jesús estaba haciendo así que intentaron matarle. Lo intentaron porque pensaban que estaba incumpliendo la Ley, Así que en Juan 1, la Biblia dice: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella».
Jesús, el Creador mismo, vino a salvar a Su pueblo. Los judíos eran el pueblo físico de Jesús también. Eran los descendientes de Abraham y Su pueblo. Jesús era parte de este pueblo de Dios. Es el Creador del universo. Jesucristo vino a Sus criaturas y a la nación donde vivían los descendientes de Abraham, a los que amaba especialmente, pero ellos le rechazaron. Además de eso, intentaron matarle porque pensaban que era un ofensor y un trasgresor de la Ley y un criminal.
Así que el Señor les dijo: «No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio» (Juan 7, 24). ¿Qué es justo? «¿De verdad pueden cumplir la Ley? ¿De verdad son justos? ¿Acaso no son personas que siguen la Ley como legalistas y no la justicia de Dios que requiere la Ley? ¿Acaso no son personas que se ven erróneamente como personas que han cumplido toda a Ley porque intentan cumplirla mediante las apariencias externas? Ustedes, los fariseos son como tumbas blanqueadas». Los judíos no sabían lo que era la justicia de Dios, especialmente los fariseos, y eran muy frustrantes. Así que Jesús se lo dijo. Jesús les dijo todas estas cosas sabiendo que pronto moriría.
Jesús podría haberse entregado voluntariamente cuando Su hora llegó. ¿Por qué era necesario que hablase de esta parte? Porque nosotros también debemos conocer estas Palabras para buscar diligentemente la justicia de Dios, aunque seamos atacados por nuestros enemigos en el mundo. En otras palabras, esta es la obra que el Señor sufrió es la obra que nosotros debemos hacer mientras trabajamos por el Evangelio. Todo el mundo debe recibir la salvación de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y convertirse en hijos de Dios. Este es el fin de creer en Jesús. Sin embargo, la mayoría de los cristianos en este mundo no juzgan justamente las obras de los justos. El Señor sabía que nosotros, los justos, seríamos incriminados y que dirían que nuestra fe es una herejía porque no es la misma que tiene su secta, y por eso nos dio esta Palabra.
A través de estas Palabras en esta discusión, mientras estaba delante de los que le ignoraban, luchaban contra Él e intentaban matarle, Jesús nos dijo que luchásemos contra estas personas a través de solo palabras cuando nosotros sufriésemos estas cosas. En otras palabras, dijo que esas cosas para nosotros, los que sufriríamos lo mismo en el futuro. Jesús no dijo eso porque no quisiera ser inculpado, sino que dijo que no solo Él, sino también Sus discípulos sufrirían estas cosas en este mundo. Por tanto, habló e hizo que quedara constancia por escrito; ahora conforta a Sus discípulos diciéndoles que es natural que sufran lo mismo que sufrió Su Maestro. Entonces lo dejó constar en la Biblia para decir que superar estas dificultades por fe por muy difíciles que sean es lo correcto.
 
 
«¿No es éste a quien buscan los judíos para matarle?»
 
Entre la gente de Jerusalén que escuchó las palabras de Jesús, algunas personas dijeron: «¿No es este a quien buscan para matarle?». Los judíos querían matar a Jesús. Solo unos poco siguieron a Jesús y estuvieron de Su lado, los demás querían matarlo. Les gustaba Jesús cuando hacía milagros y les daba pan, pero cuando decía que podían obtener la vida eterna al comer Su carne y beber Su sangre, todo el mundo le abandonó menos los doce discípulos. Cuando Jesús preguntó: «¿Queréis acaso iros también vosotros». Pedro representó a los demás discípulos y contestó: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna». Pero a parte de Sus discípulos, todos los demás le abandonaron. Todos le dejaron. Ahora, el 99,9% de las personas en aquel país eran enemigos Suyos.
¿Por qué se convirtieron en enemigos Suyos todos los que antes eran admiradores? Cuando Jesús curaba a los enfermos en el Sábado, sanaba a los leprosos, resucitaba a los muertos, y decía que era el Hijo de Dios, hablando claramente se convirtió en una superestrella. Salió de Israel como una superestrella. Los judíos vieron las cosas que hacia y quedaron cautivados: «Todos nuestros problemas se resolverán si ese Hombre está con nosotros. Si no tenemos nada que comer, no os preocupéis. Hay una superestrella que puede alimentar a veinte mil personas con solo una cesta de comida cuando la bendice. No os preocupéis por vuestras enfermedades. Todas ellas se curarán si camináis ante Él. No os preocupéis por los que han muerto. Si Él va a verlos, volverán a la vida». Ellos creían y le seguían. ¿Acaso no era Jesús una superestrella? Jesús era un Hombre como el Sol, que se levantó con la esperanza de los judíos.
Pero cuando Jesús no siguió haciendo esas obras y les dijo que comiesen Su carne y bebiesen Su sangre para obtener la vida eterna, pensaron que no tenían nada más de lo que beneficiarse y le dejaron. Jesús es el Salvador que vino al mundo para darnos la remisión de los pecados al alimentarnos con Su carne y Su sangre. En otras palabras, nos dijo que nos convirtiéramos en hijos de Dios por fe. El Señor es el Hijo de Dios y les dijo a las personas que creyesen en Él y fuesen salvadas, ya que Él eliminó todos sus pecados a través de Su bautismo y Su Cruz. Así que incluso que la gente que le siguió durante un tiempo acabó abandonándole y volviéndose contra Él como Sus enemigos.
Los cristianos actuales son iguales. Dicen que vivir como un cristiano consiste en vivir cómodamente, es decir, tener más salud y éxito en este mundo por confiar en el nombre del Señor. Pero en realidad odian que los verdaderos discípulos de Jesucristo intenten compartir el Evangelio del agua y el Espíritu con ellos. Inmediatamente piensan en los verdaderos discípulos de Jesús como sus enemigos, y les dicen: «El Señor se convirtió en nuestro Salvador eterno al venir al mundo, ser bautizado por Juan el Bautista, ser colgado en la Cruz y morir, y por último resucitar de entre los muertos. Él eliminó todos nuestros pecados. Así que ya no tienen pecados. El Evangelio del agua y el Espíritu ha borrado todos sus pecados y por eso los que creen en este Evangelio no tienen pecados». Además odian a los justos e intentan matarlos.
En tiempos de Jesús los fanáticos judíos querían matarlo. Pero al ver que los fariseos y los líderes de los sacerdotes no decían nada aunque Jesús hablase públicamente, los judíos pensaron que era extraño y dudaron preguntándose: «¿Piensan los líderes de Israel que este Hombre es verdaderamente el Cristo?». Pero la gente que conocía a Jesús físicamente no pensaba que fuera el Cristo. Decían que sabían de dónde venía pero le ignoraban y no reconocían que fuera el Hijo de Dios. Cuando Cristo vino, se dice que nadie sabía de dónde vendría, y cómo sabían de dónde venía Jesús, no podía ser el Cristo. Pensaban que lo sabían todo: que venía de Nazaret, que no fue a la escuela y era ignorante, que no tenía nada de especial y que había nacido en una familia pobre. Como conocían a Sus padres, María y José, y que tenía hermanos y hermanas, no podían reconocer que Jesús era Dios que había venido al mundo como un Hombre y como el Mesías, aunque vieron Sus muchos milagros y escucharon Sus enseñanzas que tenían autoridad.
Cuando el Señor dijo esas palabras, la gente quiso matarlo, pero como Su hora de morir voluntariamente en la Cruz no había llegado, no había nadie que se atreviera a ponerle las manos encima. Muchas personas entre las que escuchaban Sus enseñanzas en el Templo dijeron: «El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace?». Entonces se susurraban los unos a los otros. Esto significa que había personas que no creían que Jesús fuera el Salvador. Así que, como las multitudes que iban a Jesús crecían, los fariseos y los líderes de los sacerdotes ordenaron a sus subordinados que lo arrestasen. Pero Jesús dijo: «Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió. Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir».
Entonces los judíos dijeron: «¿Adónde se irá éste, que no le hallemos? ¿Se irá a los dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos?». La gente de la multitud tenía preguntas sobre lo que Jesús quiso decir cuando dijo: «Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir», pero estaba hablando de Su muerte. Estaba diciendo: «Dentro de poco entregaré Mi vida en la Cruz y moriré; no podréis encontrarme entonces».
El Señor no es una Persona que viniese a este mundo para hacer lo que quisiera. El Señor fue enviado por Dios Padre y cumplió la voluntad del Padre y predicó Su Palabra. Es el Salvador que cumplió los mandamientos del Padre para salvarnos del pecado, del juicio y la destrucción, y así darnos vida eterna.
Espero que, mientras lean el pasaje de las Escrituras de hoy, piensen en lo decidido que Jesús debía haber estado para cumplir Su ministerio público durante tres años, caminando hacia Su muerte, sabiendo que tendría que morir. Debemos recordar el hecho de que Jesús fue bautizado y fue a la Cruz paso a paso para salvarnos, mientras sabía todo el tiempo que tenía que morir. Como nuestro Señor nos ama, fue capaz de hacer esa obra, sabiendo que tendría que morir. Espero que recuerden el hecho de que el Señor trabajó constantemente por la voluntad de Dios, sin importar las circunstancias.

Si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y su fe ha crecido algo, espero que sean capaces de entender lo decidido que estaba Jesús, que le sigan por fe y sean personas de fe. Nosotros somos insuficientes y egoístas, así que es muy difícil para nosotros ser ese tipo de personas, pero si el Señor nos da el poder, podemos hacerlo. Por tanto, espero que tengan una voluntad más firme, mediten acerca de los pensamientos de Dios y sean el tipo de personas que piensan, actúan y siguen según Su voluntad.