The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 3-9] < Génesis 3, 8-10 > Nuestros pecados deben ser borrados al creer en el verdadero Evangelio

< Génesis 3, 8-10 >
«Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí».
 
 
Tentados por Satanás, Adán y Eva desobedecieron el mandamiento de Dios: «No comeréis del árbol del conocimiento del bien y del mal» que estaba en medio del jardín. Por eso no podían ver a Dios porque sus ojos espirituales estaban cerrados, y al final, sólo vieron cómo el pecado había entrado en sus corazones. El pasaje de las Escrituras de hoy nos da la primera descripción de la vida religiosa de la humanidad.
Después de pecar contra Dios, Adán y Eva intentaron cubrirse con hojas de parra. Y se escondieron de la presencia de Dios entre los árboles del jardín. Antes estaban contentos de escuchar la voz de Dios, pero ahora que habían comido del árbol del conocimiento del bien y del mal, el pecado entró en sus corazones y empezaron tener miedo de Dios, la luz de la Verdad. Como se convirtieron en oscuridad, empezaron a temer y a odiar a Dios, que es la luz (Juan 3, 19-20).
Después de que Adán y Eva, los padres de la humanidad, pecasen, escucharon la voz de Dios y se escondieron entre los árboles. Esto significa que los pecadores intentan esconderse entre la multitud para esconder sus pecados y escapar de la presencia del Señor. Esto es lo que hacen los pecadores hoy en día. Quieren pasar desapercibido en las religiones del mundo para esconderse. Esta gente entra en grupos religiosos con muchos seguidores. En vez de borrar sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, la gente esconde sus pecados al seguir las religiones del mundo. Aunque todos son pecadores a los ojos de Dios, quieren ser aprobados por los seguidores de las religiones.
El capítulo tres del Libro de Génesis ilustra la fe deesta gente. El capítulo cuatro, contrasta la fe de Caín con la de Abel y nos da una excelente descripción de la verdadera fe que complace a Dios. Abel ofreció al primogénito de su rebaño y su grasa como sacrificio a Dios, mientras que Caín ofreció el fruto de la tierra. El sacrificio que Caín ofreció no era más que un acto de religión, parecido al que sus padres, Adán y Eva, habían ofrecido después de su caída cuando se cubrieron con vestiduras hechas con hojas de parra según por instinto.
Incluso ahora mismo, podemos ver a multitud de personas que toman el fruto de la tierra como sacrificio y que presentan su fe legalista a Jehová. Aunque todo fue creado por la Palabra de Dios, y nuestra salvación fue completada por Dios, muchas personas intentan presentarse ante Dios con el fruto de la tierra, es decir con sus propias obras.
Los cristianos de todo el mundo están tan acostumbrados a sus vidas religiosas que buscan a Dios completamente en vano. Muchas personas ofrecen los frutos de la tierra a Dios y esperan que Él las acepte de buena gana. Ofrecer estas cosas a Dios indica que se tienen una fe religiosa, y todos los que tienen esta fe son estúpidos. Nadie puede recibir la remisión de los pecados si ofrece las cosas de la tierra a Dios.
Tienen la creencia de que una religión con muchos seguidores no puede estar equivocada y por eso buscan la paz en los grupos religiosos que tienen muchos fieles. Sin embargo, Dios dijo: «No seguirás a los muchos para hacer mal, ni responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios» (Éxodo 23, 2). Los que creen en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu deben saber sin duda alguna que las doctrinas en las que creen la mayoría de las denominaciones cristianas son falsas. Sin embargo, multitud de personas siguen siendo engañadas por la tentación de Satanás y quedan atrapadas en la opinión de la mayoría, de manera que no pueden librarse de las falsas doctrinas cristianas y siguen viviendo como pecadores.
Dios llamó a Adán y Eva cuando se escondieron: «¿Dónde estáis?». Adán le constestó: «Escuché Tu voz en el jardín y como tenía miedo porque estaba desnudo, me escondí». ¿Nos culpa Dios por pecar? Dios no dijo nada acerca de la desnudez de Adán y Eva. Después de su caída, Adán y Eva pensaron que se podrían esconder de los ojos de Dios entre los árboles. Pero Dios ya conocía nuestra naturaleza y nos ve siempre. Quiere llamar a los pecadores y hacernos justos.
Pero a pesar de esto, la gente sigue intentando esconder sus pecados. La Biblia dice: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor» (1 Juan 4, 18). ¿Por qué tiene miedo la gente? ¿No es por culpa de los pecados de sus corazones? Pero si conocemos la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, no hay por qué temer a Dios.
 
 
¿Podemos borrar nuestros pecados a través de las oraciones de penitencia?
 
Dios hizo que los seres humanos viviesen en el Jardín del Edén. Pero cayeron en el pecado por la tentación de Satanás y se escondieron de la presenca de Dios diciendo: «Escuché Tu voz en el jardín y como tenía miedo porque estaba desnudo, me escondí». Estoy nos demuestra que la humanidad ya no puede vivir en el Jardín del Edén. ¿Qué hace que no podamos vivir en el Jardín del Edén? El pecado.
Ahora que somos pecadores, ¿cómo podemos resolver el problema del pecado? En 1 Juan está escrito: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1, 9). El que debamos confesar nuestros pecados significa que debemos admitir ante Dios: «Señor, he cometido todos estos pecados hasta ahora. Los cometo todos los días y estoy destinado al infierno». Entonces Dios nos salvará de todos nuestros pecados.
Pero imaginemos que después de recibir la remisión de los pecados, volvemos a pecar. ¿Significa esto que ahora tenemos pecados o seguimos sin pecado? No tenemos pecados. Donde no hay pecados, nadie puede decir lo contrario. Debemos conocer la Verdad. ¿Por qué no hay pecados? Porque Jesús quitó todos los pecados del mundo y como creemos en esto, todos nuestros pecados desaparecen por completo.
A pesar de esto, la gente sigue pidiendo que ofrezcamos oraciones de penitencia citando este pasaje de 1 Juan 1, 9, que dice que Dios perdona nuestros pecados si nos confesamos. Pero si confesamos nuestros pecados todos los días, ¿de verdad recibimos la remisión de los pecados todos los días? No.
Está escrito: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». Este pasaje significa que como el Señor ha borrado todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu, ahora podemos seguir sin pecado si admitimos nuestros pecados confiando en la Verdad del Evangelio que ha borrado todos nuestros pecados. A través del Evangelio del agua y el Espíritu, Dios nos ha perdonado no sólo los pecados que cometemos ahora, sino los que cometeremos hasta el día en que muramos.
Sin embargo multitud de cristianos de hoy en día siguen diciendo que los pecados que cometen hoy se perdonan si se confiesan en este momento. Pero lo que la Biblia dice es completamente diferente: nos dice que a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor ha borrado todos nuestros pecados de una vez por todas. Ha borrado todos los pecados que cometimos y cometeremos hasta el día en que muramos.
Por eso debemos ocuparnos de nuestros pecados por fe, al aplicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando los científicos descubren nuevas medicinas, investigan el tipo de reacción que surge cuando se mezclan drogas diferentes. Después de pruebas clínicas exhaustivas, se lanzan al mercado. Del mismo modo, deben comprobar por sí mismos si sus pecados han sido borrados para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios. Como el Evangelio del agua y el Espíritu es el Evangelio de Verdad que es más que capaz de borrar nuestros pecados, tenemos la confianza de creer en él.
Entonces ahora deben averiguar si sus oraciones de penitencia han borrado sus pecados. Cuando ofrecieron oraciones de penitencia después de cometer pecados diciendo: «Dios, perdona mis pecados por favor», ¿vieron como desaparecían los pecados de sus corazones? No.
Lo que el Evangelio del agua y el Espíritu dice en la Biblia no es que nuestros pecados se perdonen todos los días, sino que se perdonan de una sola vez. Esto es lo que el Apóstol Juan quiso decir en 1 Juan 1, 9. Como el Señor ha borrado todos nuestros pecados, los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu ya han sido salvados de todos sus pecados al confesar ante Dios: «Dios, soy un gran pecador. Pero creo en que ya me has perdonado todos mis pecados». Al borrar tanto nuestros pecados presentes como los futuros, el Señor ha hecho posible que los que creen en Él sean el pueblo de Dios.
En otras palabras, si confesamos nuestros pecados al confiar en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios nos quita todas las iniquidades. Sin embargo, los que ahora tienen pecados en sus corazones creen que si dicen: «Dios, he cometido este pecado. Por favor, perdóname», sólo se le perdona ese pecado mientras que los demás quedan intactos. Así que cuando pecan de nuevo, tendrán que volver a decir: «Dios, por favor, perdona mis pecados».
La gente tiende a interpretar la Biblia por su contexto cultural e histórico. Algunos dicen: «Mirad, la primera epístola de Juan está dirigida a los hermanos de la fe. ¿No está dirigida a los justos?». Los estudiosos de la Biblia dicen que las tres epístolas de Juan estaban dirigidas a los justos que creían en la Palabra de Dios. ¡Por supuesto que sí! Después de todo, ¿hay alguna epístola que no esté dirigida a los justos? Tanto Hechos de los Apóstoles, como Hebreos y Romanos estaban dirigidas a los justos.
Sin embargo los escritores de la Biblia están hablando del amor de Dios no sólo a los justos, sino también a los pecadores. La Biblia nos dice lo mismo tanto a los justos como a los pecadores. Por tanto la Biblia no sólo debe interpretarse como un mensaje dirigido a un solo tipo de gente.
 
 
«Tenía miedo porque estaba desnudo, y me escondí»
 
Mis queridos hermanos, si sólo conocen sus pecados pero no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, y no aplican esta Verdad del Evangelio a sus vidas, serán como los cristianos estúpidos. Debemos examinarnos con la Palabra de Verdad para ver si nos estamos escondiendo entre la gente o si estamos viviendo por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, que está en Jesucristo. Si están escondiéndose en una organización religiosa, entonces deberán pagar un gran castigo por este pecado, que es ser arrojado de Su Reino, el Jardín del Edén espiritual.
Cuando llegué el último día, Dios juzgará nuestros pecados con justicia y expulsará a los pecadores del Jardín del Edén. ¿Acaso no expulsó a Adán y Eva? Así que primero deben averiguar si son pecadores o justos que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos saber quiénes somos ahora. Dios le pidió a Adán que se examinase a sí mismo: «¡Adán! ¿Dónde estás?». Debemos saber dónde estamos, si nuestros corazones son pecadores o justos.
Mis queridos hermanos, deben saber quiénes son exactamente, si están fuera del Evangelio del agua y el Espíritu y por tanto son pecadores, o si son los justos que conocen el Evangelio del agua y el Espíritu y creen en él. Podemos decir: «Dios, creo que he recibido la remisión de los pecados al creer en la sangre de la Cruz. Soy una persona justa», pero todavía tiene pecados en su corazón, es un pecador. Vivimos entre tanta gente que afirma creer en Jesús. Pero si tenemos pecados y tenemos miedo de Dios por culpa de nuestros pecados y tememos su condena, debemos darnos cuenta de que todavía somos pecadores que van a ser condenados, y debemos aprender sobre el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él cuanto antes mejor.
El pasaje de las Escrituras de hoy dice que Adán y Eva se escondieron entre los árboles. Pero los justos no se esconden entre la gente. Sólo los pecadores vivien escondido detrás de los árboles. A través de este pasaje, Dios nos está preguntando: «¿Dónde estáis ahora?». Está diciendo: «¿Os estáis escondiendo detrás de los árboles? Entonces estáis escondidos en una religión. Salid de vuestro escondite, creed en el Evangelio del agua y el Espíritu y recibid la remision de los pecados en vuestros corazones». En otras palabras, Dios nos está pidiendo que nos dejemos salvar por la luz de la Verdad. No importa qué pecados tengamos, si los confesamos ante Dios, es decir, si los ponemos a la luz del Evangelio del agua y el Espíritu, recibiremos la remisión de los pecados.
La oscuridad pierde su poder cuando hay luz. Por muy oscura que esté una habitación, la oscuridad desaparece cuando le damos al interruptor de la luz para encenderla. Por muy insuficientes que seamos, si venimos a la Verdad proclamando que Jesucristo ha borrado nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, todos estos pecados desapareceran para siempre.
Como se cuenta en el Libro de Jueces, Dalila ató a Sansón con 7 cuerdas, pero en cuanto Sansón sacó su fuerza, rompió las ataduras como se rompe una cuerda de estopa cuando toca el fuego (Jueces 16, 6-9). Por muy fuerte que Dalila atara a Sansón, las ataduras se rompieron cuando el poder de Jehová se desató.
¿Qué nos dice este suceso? Que Dios ha borrado todos los pecados del mundo de una vez por todas con el Evangelio del agua y el Espíritu. Por muchos pecados que tengamos, y sea cual sea el tipo de pecado que hayamos cometido, si nos presentamos ante el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado, todos nuestros pecados desaparecen. Por eso, los pecados no tienen sentido cuando nos presentamos ante Jesucristo y el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces ¿por qué esconderse detrás de los árboles? Intentar esconderse entre la gente está mal.
Los que intentan recibir la remisión de los pecados del Sñeor se presentaron ante la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿A quién encontraron? A Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Jesucristo vino al mundo para salvarnos de los pecados del mundo, tomó todos estos pecados sobre Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán y pagó el precio del pecado en la Cruz en nuestro lugar. Al creer en esta Verdad podemos librarnos de todos nuestros pecados para siempre si vamos hacia Dios. Todos nuestros pecados, desde adúlterio hasta homicidio, robos, deshonra a los padres, y la idolatría, pueden ser perdonados. Incluso si hemos violado los Diez Mandamientos e incluso los 613 estatutos de la Ley durante todas nuestras vidas, todavía podemos ser perdonados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
La gente suele hacer una distinción entre pecados grandes y pecados pequeños. Creen que los pecados pequeños se pueden perdonar cuando se confiesan en el nombre de Jesucristo, pero no están convencidos de que sus pecados grandes puedan ser perdonados, incluso cuando ofrecen muchas oraciones de penitencia. ¿Es cierto que Dios perdona ciertos pecados fácilmente mientras que perdonar un pecado grande no le resulta tan fácil? No, sólo los seres humanos hacen una distinción entre pecados grandes y pequeños, porque a los ojos de Dios todos los pecados son iguales y los ha borrado todos mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
El budismo enseña que matar a un ser vivo es un pecado que no tiene perdón. Hay algunos cristianos que consideran el adúlterio como una inmoralidad sexual que no puede perdonarse, según el pasaje que dice: «Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca» (1 Corintios 6, 18).
Esta gente no ha recibido la remisión de los pecados de Jesús. Esto no es lo que dice la Biblia, pero aún así ellos creen en sus propias ideas. Los que tienen una fe que está en una dimensión superior, es decir los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, no hacen esas afirmaciones. La gente que dice: «Todos los demás pecados pueden perdonarse, pero este no», creen en sus propias ideas que ni siquiera aparecen en la Biblia.
Los Diez Mandamientos dicen: «No tendrás dioses ajenos delante de mí; no harás para ti escultura, ni imagen; No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; Guardarás el día de reposo para santificarlo; Honra a tu padre y a tu madre; No matarás; No cometerás adulterio; No robarás; No dirás falso testimonio contra tu prójimo; No codiciarás la casa de tu prójimo». Todos estos mandamientos son los mismos estatutos de la Ley. Cada uno de los 613 mandamientos son igual de importantes. La idea de que algunos pecados son mayores que otros proviene del confucionismo.
Las religiones del mundo califican algunos pecados como pecados mortales. La Iglesia Católica también defiende una doctrina que diferencia los pecados mortales de los pecados veniales. Muchos cristianos afirman que no cumplir los Diez Mandamientos constituye un pecado mortal. Algunas personas se toman más en serio los pecados que cometen por su debilidad humana, que el pecado de no creer. Sin embargo, la Biblia no habla de ningún pecado mortal, porque todos los pecados son iguales. Mentir y matar son ambos pecados a los ojos de Dios, que envían al pecador al infierno.
Cuando la gente queda atrapada en estas ideas humanas, comete más pecados y se desespera más pensando: «Dios me ha abandonado». Juzgan sus propios pecados por sí mismos y se esconden detrás de los árboles por miedo.
Dios puso a los seres humanos en el Jardín del Edén para que viviesen allí. Entonces ¿por qué se escondieron Adán y Eva entre los árboles en vez de confesar sus pecados y recibir el perdón? Cuando el pasaje de hoy dice que Adán y Eva se escondieron detrás de los árboles, simboliza que se escondieron en el bosque de la religión.
Mientras que sólo hay un número muy reducido ha nacido de nuevo y es justo, muchos cristianos todavía no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, porque sólo pueden encontrar alivio en la religión humana denominada cristianismo.
La cuestión es que si alguien cree de verdad en el Evangelio del agua y el Espíritu, recibe la remisión de los pecados y se convierte en una persona justa, pero si no cree, sigue siendo un pecador destinado al infierno. Pero a pesar de esto, muchos cristianos piensan que no hay nadie justo. En otras palabras, como han escuchado las palabras de Satanás y han sido engañados por sus trucos, incluso la Verdad irrefutable les parece extraña. Adán y Eva empezaron a dudar cuando escucharon a Satanás decir: «No, Dios os ha dicho que no comáis del árbol del conocimiento del bien y del man porque tenía miedo de que fueséis como Dios». Por eso cuando la gente escucha las mentiras del Diablo, empiezan a dudar de la Palabra de Dios.
Hasta los niños pequeños se esconden de sus padres cuando hacen algo malo. Y todos los pecadores hacen lo mismo con Dios. Para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu debemos hacer salir a todos los que están escondidos detrás de los árboles. Y debemos predicar la buena noticia de que Jesucristo ha borrado todos estos pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu. Jesús ha borrado los pecados de todo el mundo. Ha borrado todos los pecados excepto el pecado de desafiar la Palabra de Dios.
¿Saben por qué el ángel caído no pudo ser perdonado? Porque era tan arrogante que desafió a Dios hasta el final. ¿Por qué va la gente al infierno? Porque desafía a Dios hasta el final. Todo el mundo puede encontrar la gracia de Dios y recibir la remisión de los pecados para vivir felices si sale de su escondite. Los que exponen sus pecados por completo ante Dios y revelan su naturaleza diciendo: «Yo soy así y seguiré siendo insuficiente», recibirán la remisión de sus pecados. Sin embargo, los que se esconden no pueden recibir la remisión de los pecados.
Cuando vemos a los que han recibido la remisión de los pecados, podemos comprobar que han admitido sus pecados ante Dios con sinceridad. Pero los que no han recibido la remisión de los pecados se esconden. Se esconden entre la multitud de los seguidores de la religión y se preguntan: «Entonces ¿toda esta gente no cree correctamente?». Los que se esconden no pueden recibir la remisión de los pecados y van al infierno. Sólo los que revelan su naturaleza pecadora ante Dios pueden recibir la remisión de los pecados. Esto es lo que nos dice Dios en el pasaje de las Escrituras de hoy.
Así que para hacer que otras personas reciban la remisión de los pecados, debemos exponer lo que están escondiendo. No les gusta que les digamos: «¿Tú no cometes estos pecados?». Ss pecados estaban escondidos en el fondo de sus corazones y por eso se molestan cuando los descubrimos. Cuando destacamos los pecados que la gente esconde, los que los admiten están salvados, pero los que los esconden hasta el final no pueden recibir la remisión de los pecados.
No debemos escondernos de Dios. Para poder ser transformados espiritualmente ante Dios, todo lo que debemos hacer es descubrir lo que hay en nuestros corazones y admitirlo. Entonces seremos inteligentes de una manera espiritual. Y no habrá más condena para nosotros. Debemos admitir que nuestros éxitos vienen de Dios y nuestros fracasos se deben a nuestros pecados, heredados de Adán. Incluso los que han recibido la remisión de los pecados intentan esconder sus debilidades. ¿Sabe Dios que los seres humanos son débiles? Sí. Entonces, ¿por qué intentamos escondernos si Dios lo sabe todo? Porque cuando se revelan nuestros fallos, nos sentimos heridos en el orgullo y nos enfadamos.
Los que revelan sus pecados ante Dios son bendecidos y curados. Incluso si escondemos nuestros pecados hasta el final, cuando nos presentamos ante el Trono del Juicio, ya no podremos esconderlos y seremos arrojados al infierno. Nuestro Señor dijo: «Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel» (Mateo 5, 25). Debemos revelar nuestra naturaleza ante Dios cuanto antes mejor y debemos recibir la remisión de nuestros pecados.
La Palabra de Dios es la Verdad de la salvación. Cuando Dios le preguntó a Adán por qué se había escondido, debería haber confesado: «Comí del árbol del que me dijiste que no comiera», pero en vez de eso se inventó una excusa: «La mujer que me diste, me dio de comer del árbol y comí».
¿Acaso no comió Adán del fruto prohibido al final? Aunque se lo dio otra persona, el resultado es que Adán comió lo que no tenía que comer. Si Adán comió lo que Dios le dijo que no comiese, debería haber admitido que era culpable y confesado que había desobedecido la Palabra de Dios, sin poner excusas. Pero en vez de esto puso una excusa: «La mujer que me distome dio de comer del árbol, y comó». Adán estaba diciendo que no era culpa suya. ¿No es esta una manera de culpar a Dios? Adán estaba diciendo básicamente que no había hecho nada malo porque la mujer que Dios le había dado le tentó.
Cuando nos desviamos del buen camino debemos admitirlo ante Dios y reconocer cómo hemos llegado hasta allí. Sin embargo, la gente suele ignorar el proceso y centrarse en el resultado. En ocasiones soy demasiado impaciente y cuando alguien se anda por las ramas, le digo que vaya directo a la cuestión. Cuando mi mujer y yo discutimos, uno de los dos se pone impaciente y dice: «¿Qué estás diciendo? Dime lo que pasa. No tengo tiempo para escuchar historias.¿Qué me estás intentando decir? Ve al grano para que te entienda». Sin embargo, Dios dice que el origen del pecado tuvo lugar cuando el hombre cayó en la tentación y maldijo a la serpiente por tentar al hombre: «Comerás el polvo todos los días de tu vida».
Para recibir la remisión de los pecados no debemos inventarnos excusas. Pero la gente se inventa muchas excusas. ¿Quién comete un pecado sin una excusa? Todo el mundo se inventa excusas, pero lo que debemos hacer es admitir que cometemos pecados. ¿Sabe esto el Todopoderoso? Él lo sabe todo. Si pensamos en excusas, nos vienen muchas a la mente.
Algunas personas pueden decir: «He intentado no pecar, pero Juanito vino y quería que pecásemos juntos, así que acabé pecando sin quererlo». Otras personas dicen: «No quería matarle, pero me provocó, así que le di un golpe y murió. Ahora me están acusando injustamente de homicidio». Y otros dicen: «Iba a una iglesia muy grande y creía en lo que me decía mi pastor, por eso estaba seguro de que iría al Cielo. Pero el pastor estaba equivocado. Ni siquiera sabía que la remisión de los pecados aparecía en la Biblia». Por muchas excusas que la gente se invente, si tiene pecados, será arrojada al infierno. El infierno está lleno de excusas.
Por eso se dice que los que son arrojados al infierno chirrían los dientes porque tienen mucho que decir. Es un completo caos. La gente dice a veces que algo es un infierno cuando describen una situación caótica o cuando se está sufriendo. Así que podemos deducir qué tipo de sitio es el infierno sin ni siquiera estar allí.
Ustedes también estuvieron a punto de ir al infierno, ¿verdad? Mientras que el Cielo es un lugar silencioso, limpio y pacífico, el infierno es un caos. Es muy duro defender la inocencia cuando se está en el fuego del infierno. Los que no reciben la remisión de los pecados son arrojados a este lugar y siempre defienden su inocencias y se inventan excusas como Adán.
Dios nos está diciendo a todos los pecadores que se acerquen a Él tal y como son, con fe en el bautismo y la sangre del Cordero Jesucristo. Si Dios dice que Jesucristo ha borrado todos nuestros pecados de una vez por todas con el Evangelio del agua y el Espíritu, todo lo que debemos hacer es creer en él y tener esta fe. Quien tenga pecados debe ir a Jesús y decir: «Soy un pecador. No puedo evitar pecar en el pecado. Soy insuficiente. Por favor, Señor, sálvame».
Entonces Jesucristo dirá: «He quitado todos vuestros pecados mediante Mi bautismo. Y al ser crucificado y derramar Mi sangre en la Cruz, he borrado todos vuestros pecados. Así es como he quitado los pecados». Entonces el pecador sólo tendrá que decir: «Gracias, Señor. Me has salvado» y entrar a vivir en el Jardín del Edén para siempre. La Biblia no es una Verdad tan complicada, sino que es pura y simple.
Debemos sacar a los pecadores de sus escondites y llevarlos a la luz. Por eso cuando predicamos el Evangelio, sacamos sus pecados a la luz. Este es el paso adecuad cuando predicamos el Evangelio a los pecadores. Por supuesto, a la gente no le gusta esto. Así que las denominaciones que se autoproclaman ortodoxas afirman que se debe respetar el carácter de las personas y nos acusan de herejes por sacar a la luz los pecados que hay en los corazones de la gente antes de predicar el Evangelio.
Sin embargo, sacar los pecados a la luz no es una enseñanza falsa. En realidad, para predicar el Evangelio, primero debemos revelar los pecados escondidos en nuestros corazones. ¿Hay algún médico que trate a un paciente sin un diagnóstico previo? Sólo los curanderos hacen esto.
Los pastores que no han nacido de nuevo nunca ponen en cuestión los pecados de la gente. Nunca dicen nada sobre el pecado. Ni siquiera dicen: «¿Qué pecados habéis cometido?». Pero cuando vienen a la Iglesia de Dios, nos oirán decir: «Has cometido estos pecados, eres un homicida, un adúltero y un criminal». Sólo los siervos y santos de la Iglesia de los nacidos de nuevo pueden decir estas cosas.
Nosotros predicamos el Evangelio siguiendo un orden: pimero hacemos que la gente reconozca sus pecados, para ello los sacamos a la luz uno por uno; entonces les enseñamos que Jesucristo, al borrar estos pecados cone el Evangelio del agua y el Espíritu, ha salvado a toda la humanidad y ha acabado con la condena. Esto es todo lo que debemos hacer. Esto es todo de lo que habla la Biblia.
Somos los predicadores del Evangelio del agua y el Espíritu. No intentamos que la gente viva con rectitud, sino que predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la Verdad absoluta. Si somos demasiado grandilocuentes, no podemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Si fingimos ser demasiado elevados espiritualmente, no podemos exponer las iniquidades escondidas de los pecadores. Así que los predicadores no deben ser altaneros. Aunque por dentro deben ser elevados espiritualmente, pero por fuera no debemos aparentar ser altaneros. ¿Es la humanidad noble? No. Sólo el Señor en nosotros es noble. Una persona puede fingir ser todo lo noble que quiera, pero pronto se sabe quién es en realidad.
Cuando prediamos el Evangelio debemos sacar el pecado de la gente. Así es como debemos predicar el Evangelio. Algunas personas admiten sus pecados en cuanto se los intentamos sacar. Pero otras no admiten sus pecados y por eso están destinados al infierno, por mucho que intentemos sacárselos. Debemos hablarles hasta que admitan sus pecados. De hecho, si la gente admite que está destinada al infierno, es más fácil predicarles el Evangelio. Como esta gente no reconoce sus pecados no puede recibir la remisión de los mismos; pero cuando los reconocen, pueden ser salvados inmediatamente.
Si no han recibido la remisión de los pecados, les pido que examinen sus pecados para saber si son justos o pecadores. Si alguien admite ante Dios que es un pecador, será justo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La gente que no reconoce sus pecados ante Dios sigue sin poder ser justa. La gente que no se reconoce como pecadora ante Dios no puede creer aunque escuche el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero si admitimos que somos pecadores destinados al infierno, pero si lo admitimos, podemos ser justos.
Debemos darnos cuenta de que si tenemos pecados, seremos arrojados al infierno. Mucha gente no se toma en serio el pecado, pero si se tienen pecados no hay manera de escapar el infierno. Deben entender lo que la Biblia quiere decir con que el precio del pecado es la muerte. La palabra muerte no se refiere a la muerte física, sino a ser arrojado al infierno. La muerte es el infierno.
Si alguien dice: «Estoy destinado al infierno porque tengo pecados. ¿Cómo puedo salvarme del infierno? ¿Cómo me ha salvado Jesús? Cuando Jesús fue bautizado en el río Jordán, tomó todos mis pecados y entonces fue condenado en la Cruz en mi lugar. Señor, creo en esta Verdad», entonces será desplazado del infierno al Cielo. Cuando uno reconoce que es un pecador, puede ser justo en poco tiempo. Mucha gente no puede ser salvada aunque escuche el Evangelio porque no han reconocido que son pecadores destinados al infierno.
Cuando iba al seminario, solía preguntar: «¿Por qué fue bautizado Jesús? ¿Por qué tenemos que bautizarnos?». Así que cuando estaba en una denominación ortodoxa, me trataron como si estuviera loco. Pero yo seguía haciendo preguntas. Había muchas personas que parecen saberlo todo, pero nadie me daba una respuesta satisfactoria. Yo leía la Biblia siempre pero aún así tenía muchas preguntas. «¿Por qué se escondieron Adán y Eva detrás de los árboles? ¿Por qué dice la Biblia que el precio del pecado es la muerte? ¿Cuál es el significado bíblico de la muerte?». Cuando leía el Nuevo Testamento me aseguraba de encontrar pasajes en el Antiguo Testamento que hablaran de lo mismo. Y averigüé que ambos testamentos tenían el mismo mensaje.
Después de creer en Jesús durante 10 años, me convertí en un verdadero pecador. Después de creer en Jesús durante 10 años, admití que no sólo era un pecador, sino que era un pecador que se merecía de verdad ir al infierno. Yo también había estado poseído por un demonio, y este demonio me susurraba al oído diciendo: «Has pecado, ¿no? Sé que has cometido estos pecados». Estaba muy atormentado en aquella época. Sin embargo, el Señor me ha encontrado en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando me di cuenta de que iba a ir al infierno después de 10 largos años de haberme convertido al cristianismo, al final me di cuenta de lo siguiente: «Jesús cargó con todos mis pecados a través de Su bautismo y los quitó todos». Aunque me costó mucho tiempo darme cuenta de que estaba destinado a ir al infierno, no me costó nada recibir la remisión de los pecados.
Para que los cristianos se den cuenta de que están destinados a ir al infierno, deben vivir una vida religiosa durante         darse cuenta de esto. Pero aún así algunas personas siguen sin saber que son pecadores destinados a il infierno aunque vivan religiosamente durante 50 años. Sin embargo, los que intentan vivir así con una conciencia tranquila se dan cuenta de que están destinados a ir al infierno. Así que considero que los que hemos recibido la remisión de los pecados sin vivir este tipo de vida estamos bendecidos y felices.
El pasaje de las Escrituras del capítulo tres del Génesis, que hemos leído hoy, dice que Adán y Eva cayeron en el peado, se cubrieron con hojas de parra y se escondieron detrás de los árboles. Esto significa que los que se han apartado de Dios por culpa del pecado están viviendo escondidos. Sólo si desenterramos sus pecados podemos hacer que reciban la remisión de los pecados.
Tal y como Dios dijo: «El día que comáis de él, moriréis», si alguien tiene pecados, irá al infierno. Está escrito: «Porque la paga del pecado es muerte» (Romanos 6, 23). La Verdad de Dios juzgará. Cuando predican el Evangelio, deben asegurarse de que exponen lo que hay dentro de los pecadores antes de enseñarles el verdadero Evangelio de la remisión de los pecados. Todos debemos recordar esto. Y debemos predicar el Evangelio del agua y el Espíritu con esta fe.
Doy gracias a Dios por permitirnos compartir con Él al ser Sus fieles siervos.