The New Life Mission

Sermones

Tema 19: Efesios

[Capítulo 1-8] < Efesios 1, 20-23 > Damos gracias a Dios por llamarnos a ser miembros de Su Iglesia

< Efesios 1, 20-23 >
«La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo».
 
 
Incluso ahora mismo el Señor está llenando todo el mundo con las bendiciones de Dios
 
Está escrito en Efesios 1, 23 que la Iglesia es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Todos tuvimos que recibir la remisión de los pecados en sus corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado. Para convertirse en miembros de la Iglesia de Dios, deben tener una fe inamovible en el Evangelio del agua y el Espíritu. Así que ahora que hemos recibido la remisión de los pecados en nuestros corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos predicar este Evangelio por todo el mundo hasta que muramos. Al hacer esto debemos reforzar nuestra fe y dar gloria a Dios. Para convertirnos en miembros de la Iglesia de Dios, nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu debe ser inamovible, y solo cuando tenemos esta fe podemos convertirnos en miembros de la Iglesia de Dios.
Hoy en día, los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón han recibido la remisión de los pecados por fe, y ellos forman la Iglesia de Dios. Este lugar es donde se encuentran los redimidos para alabar a Dios y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, y si hay alguien en la Iglesia que conozca este verdadero Evangelio solo en su cabeza y no cree en él de corazón, esta persona es pecadora. Dios detesta a este tipo de personas que se niega a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y cuyos corazones siguen teniendo pecados. El Espíritu Santo, que está en nuestros corazones, no se complace con la gente que no cree en la justicia de Dios. Así que Dios no le confía la obra de Su Iglesia a quien no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Por supuesto que no todo el mundo puede entender el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él enseguida. Algunas personas tienen que escuchar la Palabra de Dios del Evangelio del agua y el Espíritu durante mucho tiempo antes de creer en este Evangelio y ser santos. Pero hay otras personas que rechazan el Evangelio del agua y el Espíritu hasta el final, y estas personas se oponen a la justicia de Dios aunque vayan a la Iglesia de Dios. Esta gente acaba siendo expulsada de la Iglesia de Dios. Sea cual sea el motivo, quien no crea en el Evangelio del agua y el Espíritu no puede convertirse en miembro de la Iglesia de Dios. Si hay alguien en la Iglesia de Dios que no crea en el Evangelio del agua y el Espíritu, no debemos nombrar a esta persona ministro de la Iglesia de Dios.
Como la Iglesia de Dios es el cuerpo de Jesucristo, sus líderes deben estar sin pecado. Solo cuando todos los siervos de Dios y Sus santos se convierten en personas sin pecados, el Espíritu Santo puede obrar en sus corazones. En Jesucristo, solo quien no tiene pecados puede ser descrito como una persona salvada, y para convertirnos en santos cuya fe es aprobada por Dios, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado. La Iglesia de Dios necesita a alguien que pueda distinguir a las ovejas de las cabras y cuidar de la Iglesia.
Dios da fuerzas y obra a través de las personas que se niegan a sí mismas y creen en la justicia de Dios. El problema es que hay muchas personas que creen que pueden hacer la obra de Dios por su propia cuenta. Nunca debemos pensar en la obra de Dios como un asunto meramente humano. Debemos darnos cuenta de que Dios no hace absolutamente nada a través de las personas que no creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu.
La Iglesia de Dios es la única institución en este mundo que es capaz de obedecer fielmente y servir a la voluntad de Jesucristo, la Cabeza de los santos. Pero para que esto tenga lugar, todos los miembros de la Iglesia de Dios deben aceptar la voluntad de Jesucristo, su Cabeza, como su propia voluntad. Del mismo modo en que el Señor es santo para siempre, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu también lo somos. Así que es absolutamente importante que sepan si sus corazones tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Este mundo está lleno de cristianos que profesan su fe en Jesús, pero la mayoría de ellos en realidad creen solamente en la sangre derramada en la Cruz, y piensan equivocadamente que esto solo constituye su salvación. Al no conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, estos cristianos confusos piensan que se han convertido en santos. Pero esta percepción es falsa. Para ser precisos, nadie que tenga pecados en su corazón puede convertirse en parte del pueblo de Dios. Dicho de otra manera, los que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu no pueden creer en él, y por tanto no pueden convertirse en el pueblo de Dios.
 
 
¿A quién usa Dios para Su obra?
 
La Iglesia de Dios es donde se reúnen los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu en obediencia a Dios. Sin embargo, si los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu se juntan con los que no creen, esto no constituye la Iglesia de Dios. El Espíritu Santo no puede obrar en ese lugar. Por tanto, quien profese creer en el Evangelio de la Cruz solamente no puede ser un miembro genuino del cuerpo de Jesucristo. Aunque esta persona se llame cristiana, podemos decir que simplemente practica una de las muchas religiones del mundo. Si fuese verdad que cualquiera se puede convertir en parte del pueblo de Dios al creer en la sangre derramada en la Cruz simplemente, en vez de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, aproximadamente un cuarto de la población del mundo podría denominarse hijos de Dios. Pero en realidad, ninguna de estas personas han sido salvadas de sus pecados en realidad, y todavía tienen pecados en sus corazones.
En realidad estas personas no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y como no creen en este Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón, sus pecados siguen intactos en sus corazones y son pecadoras, por lo que serán destruidas por sus pecados. Cualquier grupo de personas que tenga pecados no es la Iglesia de Dios, Sino que es un grupo social. Aunque estos cristianos digan creer en Jesús, se reúnan para adorarle, llamar Su nombre, alabarle y orar a Dios, esto no cambia el hecho de que Dios no es su Dios, ni que Dios no puede ser glorificado por ellos.
La verdad es que Dios no puede utilizar a ningún pecador como recipiente para hacer Su obra. El Espíritu Santo no puede estar dentro de un corazón con pecados. Por eso un grupo de pecadores tiene un líder pecador. Para estos pecadores, su rey no es Jesús, sino un pecador. Aunque se presten voluntarios en el nombre de Jesús y prediquen Su nombre, no pueden borrar sus pecados a través de su fe. Así que podemos decir que estas iglesias mundanas son iguales que cualquier grupo de voluntarios en la sociedad.
Pero la Iglesia de Dios no es una organización de voluntarios que sirva una causa social. Y los siervos de Dios no pueden aceptar a cualquier pecador que no crea en el Evangelio del agua y el Espíritu como miembro de la Iglesia de Dios. Los obreros de la Iglesia de Dios caminan con Dios y se dedican completamente a Su voluntad. Aunque crean en el Evangelio del agua y el Espíritu, si quieren convertirse en obreros de Dios, deben obedecer a Dios como Él se lo pide. Después de todo, ¿cómo puede alguien que no está unido a la voluntad de Dios ser llamado Su obrero y mucho menos guiar a los santos que componen Su Iglesia? ¿Cómo puede alguien que no ha aceptado el Evangelio del agua y el Espíritu llamarse siervo de Dios? Dios dice que no puede llevar a cabo Su obra a través de esta gente. Dios no puede hacer Su obra a través de personas que no aceptan Su voluntad. Dios nunca ha hecho a esta gente servirle.
Por tanto, no todo el mundo puede hacer la obra de Dios. Todos los que se convierten en siervos de Dios deben creer primero en el Evangelio del agua y el Espíritu antes de predicar el Evangelio de Dios. Y deben entregarse a Dios y vivir según Su voluntad. De lo contrario, ninguno de ellos puede obrar con el Espíritu de Dios.
Les quiero dejar claro que, aunque pueden escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu con sus oídos y pueden creer en este Evangelio, no todos ustedes pueden establecer la Iglesia de Dios. Aunque piensen que se pueden convertir en obreros de Dios por su cuenta y dirigir Su Iglesia por su propia cuenta, la verdadera Iglesia de Dios debe ser el lugar donde se reúnen los nacidos de nuevo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y sirven a la voluntad de Dios. Jesucristo es la Cabeza de la Iglesia de Dios, y esta ha encargado Su obra a los que se dedican a la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu en obediencia a la voluntad de Dios.
Sin embargo, la triste realidad para muchos cristianos actuales es que, como no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, solo se enorgullecen de la sangre de Jesús derramada en la Cruz, y afirman que esto constituye su salvación. Entonces alardean de sus iglesias respectivas, y dicen que su iglesia es la mejor del mundo. Sin embargo, esta gente está demasiado ocupada intentando satisfacer sus deseos carnales. Por el contrario, los miembros de la Iglesia de Dios, aprobados por Él, creen solamente en el Evangelio del agua y el Espíritu, y por eso solo pueden dar testimonio de que este Evangelio es el verdadero Evangelio de la remisión de los pecados en todo el universo.
Jesucristo, la Cabeza de la Iglesia de Dios, nos ha salvado a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu de todos nuestros pecados. Ha cumplido nuestra salvación al venir a este mundo, ser bautizado por Juan el Bautista, derramar Su sangre hasta morir en la Cruz, y levantarse de entre los muertos de nuevo; y así nos ha bendecido como Sus testigos. Por tanto, solo los que han sido redimidos de sus pecados en Cristo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu se han convertido en el pueblo santo de Dios. Los que ahora creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y lo predican son los únicos y verdaderos siervos de Dios. Por el contrario, los que creen solo en la sangre derramada en la Cruz y la predican son mentirosos. Todos debemos creer que la bendición del agua y el Espíritu de la que nuestro Señor nos ha hablado es la Verdad que nos permite a todos convertirnos en nacidos de nuevo.
Si alguien dice, contra la voluntad de Dios, que el Evangelio del agua y el Espíritu y los demás evangelios son iguales, esta persona no le pertenece a Dios. Hoy en día las iglesias están lideradas por gente que cree que solo la sangre derramada en la Cruz es su verdadera salvación, y estas iglesias no están gobernadas por Dios, sino por seres humanos. Si esta gente afirma haber hecho milagros, estos son sus propias obras y no la obra de Dios.
Nuestro Señor Jesús dijo que a un árbol se le conoce por sus frutos. Dijo que solo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu predican el verdadero Evangelio que borra los pecados de la gente, y los demás evangelios que prevalecen en el mundo son falsos. Al final los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no son el pueblo de Dios, ni sirven al Señor. Los pastores de hoy en día que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu no dan más que falsos frutos en sus ministerios. Estos pastores se dedican a sus ministerios para engrandecer sus iglesias, elevar su estatus social y establecer su justicia carnal. En otras palabras, los que solo creen en el Evangelio del agua y el Espíritu como su salvación no intentan revelar su propia justicia. Por el contrario, los justos solo exaltan la justicia de Dios, creen en el Evangelio del agua y el Espíritu como el verdadero Evangelio y desean glorificar a Dios solamente en sus vidas.
 
 
¿Dónde se revela la justicia de Dios?
 
La justicia de Dios se revela en el Evangelio del agua y el Espíritu. Se manifiesta tanto en el bautismo de Jesús como en Su sangre derramada en la Cruz. La Biblia dice claramente que, para salvarnos de los pecados del mundo, el Señor cargó con todos ellos en Su cuerpo al ser bautizado y derramó Su sangre valiosa en la Cruz en nuestro lugar. La justicia de Dios se revela en el Evangelio del agua y el Espíritu en el que ahora creemos. Este Evangelio del agua y el Espíritu es la sustancia del amor de Dios. El hecho de que Jesucristo haya borrado todos nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista en este mundo, al morir en la Cruz, y levantarse de entre los muertos, es la justicia de Dios. Del mismo modo en que Juan 3, 16 dice: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Dios nos amó tanto que ha borrado todos nuestros pecados y nos ha librado de la destrucción al venir personalmente a este mundo encarnado en un hombre, ser bautizado, y derramar Su sangre en la Cruz. Al creer en la justicia de Dios hemos sido redimidos de todos nuestros pecados y nos hemos convertido en hijos de Dios. Al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, que constituye la justicia de Dios, nos hemos revestido de la justicia de Dios. Como Dios amó tanto al mundo entregó a Su único Hijo y borró todos nuestros pecados con el bautismo y derramamiento de sangre de Su Hijo, los dos elementos que constituyen la justicia de Dios. Estamos sin pecados gracias a que creemos en esta Verdad. Quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu debe creer en la justicia de Dios y seguirla. Esta gente es la que puede servir a la justicia de Dios.
La Iglesia de Dios es el cuerpo de Jesucristo. El que la Iglesia de Dios sea el cuerpo de Jesucristo es extremadamente importante y debemos entenderlo para vivir con nuestra fe. Y para convertirnos en miembros del cuerpo de Cristo debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu sin excepción. ¿Y ustedes? ¿De verdad saben que la justicia de Dios está revelada en el Evangelio del agua y el Espíritu? Deben entender el Evangelio del agua y el Espíritu. Y deben creer que este Evangelio constituye la justicia de Dios. La justicia de Dios está escondida en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Sin embargo, muchos cristianos todavía dicen haber muerto en Cristo, y hacen hincapié en este hecho. Alardean de la justicia carnal como si tuviesen fe en la justicia de Dios. Esta gente está intentan establecer su propia justicia aunque profese creer solamente en la sangre de Jesús derramada en la Cruz. Deberíamos darnos cuenta de que en la Iglesia de Dios, quien intenta establecer su justicia en vez de confiar en la justicia de Dios, es una persona que desea satisfacer los deseos de su carne. Esta justicia humana no ha producido nada más que doctrinas religiosas creadas por los practicantes de la religión que intentan satisfacer los deseos de la carne, pero Dios dijo que no toleraría a esta gente. Dijo que ha preservado a esta gente para castigarla en el último día.
 
 
La Iglesia es Su Cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo (Efesios 1, 23)
 
Al haber establecido Su Iglesia en la tierra, Dios quiere llenar todo el mundo con el Evangelio del agua y el Espíritu a través de Sus siervos, para que todo el mundo reciba bendiciones espirituales del Cielo. Dicho de otra manera, la institución que permite que todo el mundo sea salvado de sus pecados es la Iglesia de Dios, y Dios mismo lo desea. La Iglesia es la institución que Dios ha establecido en Jesucristo con el Evangelio del agua y el Espíritu. La Iglesia de Dios hace lo que Dios quiere. Como Jesucristo es la Cabeza de esta Iglesia, y nosotros somos Su cuerpo, no podemos separarnos de la Iglesia de Dios.
Por tanto, no todo el mundo puede convertirse en el pueblo de Dios solo porque diga el nombre de Jesucristo, ni todo el mundo puede establecer la Iglesia de Dios y llevar a cabo Su obra aunque sea capaz de entregar su cuerpo y morir por el Señor. Es a través de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios ha establecido Su Iglesia en este mundo y a través de ellos hace Su obra. Lo que debemos entender aquí es que, como cuerpo de Jesucristo, todos creemos en el bautismo que el Señor recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. Este bautismo que Jesús recibió en el mundo a manos de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz constituyen la justicia de Dios, y manifiestan el amor de Dios. A los que creen en este Evangelio del agua y el Espíritu Dios le ha dado Su Iglesia y les ha hecho dar testimonio de Su justicia.
Como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, todos debemos poder diferenciar el verdadero Evangelio de los falsos. Cuando escuchamos a un predicador, nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu debe ser el barómetro mediante el que averigüemos si este predicador dice la verdad o no. Es absolutamente imperativo entender cómo el Diablo está obrando en este mundo con su falso Evangelio. Debemos darnos cuenta de que Dios solo se complace con nosotros si estamos de Su lado, nos aferramos al Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios, y hacemos Su obra.
El grupo de personas santas es la Iglesia de Dios. Dentro de la Iglesia de Dios están Sus siervos y Sus santos. Todos tienen una fe común. Todos creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, y todos están viviendo por la justicia de Dios. Al alardear de la justicia de Dios y de las bendiciones que les ha dado, hacen saber a todo el mundo que la bendición de la salvación se recibe a través del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado. Ustedes también deben distinguir la justicia de Dios a través de Su Iglesia y el Evangelio del agua y el Espíritu. La Iglesia de Dios está aquí para llevar a cabo Su obra.
 
 
Para hacernos hijos Suyos, Dios nos escogió en Jesucristo incluso antes de la fundación del mundo
 
Está escrito en Efesios 1, 4-5: «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad». Este pasaje significa que Dios había decidido adoptarnos, a los que no éramos más que meras criaturas, como hijos Suyos en Jesucristo. ¿No es maravilloso este plan de Dios para nosotros?
El plan de Dios para nosotros era hacernos hijos e hijas Suyos. Aunque no somos más que criaturas humildes ante Dios, a través de Su Hijo Jesucristo, Dios nos ha salvado según la complacencia de Su voluntad. Estamos tan agradecidos porque Dios nos ha puesto en Su Iglesia y nos ha hecho trabajar con Él. ¿Cómo no estar agradecidos? Dios Padre nos ha bendecido a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu para que podamos vivir en el Reino de los cielos y disfrutar de la gloria con Jesucristo algún día. ¿No es maravilloso este plan de Dios Padre? Incluso antes de la fundación del mundo Dios Padre hizo este plan para convertirnos en hijos Suyos en Cristo. Este plan se cumple a través del Evangelio del agua y el Espíritu. El plan de Dios Padre es tan poderoso y maravilloso que le estamos infinitamente agradecidos por este plan.
Estas maravillosas bendiciones solo se consiguen en nuestro Salvador Jesucristo. La manera de recibirlas se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu. A parte de este Evangelio del agua y el Espíritu, el plan de Dios no puede ni imaginarse. La Verdad se puede descubrir solamente en Jesucristo, el Hijo de Dios, a través de la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu solamente. Solo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden recibir la vida eterna de Dios. Este Evangelio del agua y el Espíritu fue planeado por Dios, no por un ser humano. La Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu no fue creada por el hombre ni viene del hombre, sino que fue planeada solamente por Dios Padre en Jesucristo. Y Jesucristo completó esta Verdad a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. No hay ningún otro evangelio de salvación en el universo que sea más bello que el Evangelio del agua y el Espíritu.
Todos nosotros debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Dios nos ha dado, y debemos alabarle. Con nuestra fe podemos alabar a nuestro Dios por lo que ha hecho por nosotros y por lo que hará en el futuro. Por eso algunos de nuestros hermanos y hermanas se sienten tan llamados a escribir nuevos himnos de alabanza para exaltar a Dios por darnos Su amor, Su salvación y Su gloria.
Cuando viajo o tengo tiempo libre, a veces me sorprendo tarareando alguno de esos himnos. Aunque la mayoría de las canciones en este mundo hablan del amor romántico o de cualquier otra cosa vana, la mejor canción para mí es la que alaba a Dios por la justicia que nos ha dado. Como conocemos el Evangelio del agua y el Espíritu, el misterio de salvación a través de cual Dios, el Creador, nos ha salvado de todos nuestros pecados, los himnos que cantamos a Dios le exaltan. Nunca nos cansamos de alabar a Dios porque este misterio de salvación, el Evangelio del agua y el Espíritu, a través del que Dios nos ha salvado del pecado, es muy profundo. Además, a través de esta alabanza, damos gracias a Dios aún más por Su amor, cantando himnos a Dios desde lo más profundo de nuestros corazones.
Incluso antes de la fundación del mundo, Dios había planeado salvarnos a través del Evangelio del agua y el Espíritu en Jesucristo, y nos ha dado esta salvación. Esta bendición es tan grande y maravillosa que no tenemos palabras para expresar lo agradecidos que estamos. Lo que Dios ha hecho por nosotros es realmente maravilloso, y todos estamos profundamente agradecidos. Jesús nos ha salvado de todos nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y este Evangelio está disponible para todo el mundo. Pero como tanta gente no conoce el significado del bautismo de Jesús, sigue perdida, sin poder librarse de todos sus pecados. La razón por la que debemos adorar a Dios se encuentra en el Evangelio del agua y el Espíritu, presente en Jesucristo.
¿Cómo puede un ser humano, una mera criatura, convertirse en hijo de Dios? ¿Cómo pueden meras criaturas conseguir el mismo estatus divino que los Hijos de Dios? Un gusano se puede convertir en una mariposa, pero ¿cómo es posible que los seres humanos se conviertan en hijos e hijas de Dios? Aún así Dios ha hecho esto por nosotros a través del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿No es maravilloso? ¿Cómo podríamos describir este milagro tan maravilloso? ¿Cómo podemos dar gracias suficientemente a Dios por esto? Solo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu podemos darnos cuenta de este misterio y dar gracias a Dios, cuya gracia es absolutamente maravillosa.
Todo el que conoce el misterio de la Iglesia de Dios y el Evangelio del agua y el Espíritu no puede evitar entender Su plan maravilloso y darle gracias a Dios con fe. Debemos convertirnos en miembros de la Iglesia al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Como ahora conocemos a Jesucristo correctamente, quien es la Cabeza de la Iglesia de Dios, estamos predicando el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo según esta voluntad.
Todo el que ha recibido la remisión de los pecados debe dar a gracias a Dios ahora por hacerle miembro de Su Iglesia y debe vivir el resto de su vida según Su voluntad. Vivir esta vida de fe es una gran bendición de Dios. Ahora no podemos evitar dar gracias a Dios y alabarle por Su plan maravilloso. Incluso a pesar de las dificultades y de todo el trabajo que hacemos para servir al Evangelio del agua y el Espíritu, seguimos obligados a alabar a Dios, y seguiremos alabándole para siempre. Aunque perdamos nuestra dignidad y nuestra propia justicia quede por los suelos, estamos contentos de sufrir por la proclamación del Evangelio, y alabamos a Dios para siempre.
Debemos servir a Dios ahora, de todas las maneras posibles, porque no podemos alabar a Dios lo suficiente por Su gracia maravillosa manifestada en Su plan de salvación, que se ha cumplido mediante el bautismo de Jesucristo y Su sangre. Todos debemos dar gracias a Dios por la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y vivir confiando en Dios. Debemos creer que, a través de nosotros, Dios bendecirá a toda la gente del mundo.
¿Por qué puede Dios obrar a través de nosotros? En nuestros pensamientos carnales solemos preguntarnos qué puede Dios cumplir a través de nosotros, pero Él puede obrar a través de nosotros porque nuestros corazones están limpios y son santos, porque creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, nuestra fe es la fe correcta. De hecho nos hemos librado de nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que contiene la justicia de Dios. A través de nosotros Dios está predicando el Evangelio de Su justicia a todo el mundo. No tengo suficientes palabras para expresar lo agradecido que estoy por esta maravillosa bendición. No podemos dejar de dar gracias a Dios por hacer posible que todo el mundo reciba Su amor de justicia manifestado en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Cuando publicamos nuestros libros sobre el Evangelio en todos los idiomas del mundo, estamos obedeciendo la Gran Comisión de Dios, que es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. La gente que no conocía esta Verdad la está descubriendo por primera vez gracias a nuestro ministerio literario, y está expresando su gratitud y felicidad en las cartas que nos escriben. Esta gente no duda en vivir por esta Verdad durante el resto de su vida y desea servir al Evangelio del agua y el Espíritu porque este Evangelio que estamos predicando mediante nuestros libros es la Verdad absoluta y perfecta. Este resultado maravilloso solo es posible porque Dios lo planeó, y estamos participando en esta obra de Dios confiando en Su Verdad. Es absolutamente correcto que nos entreguemos a Dios y participemos en esta obra de servir a Su justicia. El Evangelio del agua y el Espíritu que estamos predicando no es cualquier evangelio. Es el único Evangelio que contiene la justicia de Dios. Cuando compartamos nuestros libros que contienen el Evangelio del agua y el Espíritu y la gente de todo el mundo los lea, conocerán la justicia de Dios.
Muchos cristianos hoy en día piensan que, aunque creen en Jesús, su salvación depende de sus propios esfuerzos. Aunque algunos dice con convicción que han sido salvados de sus pecados, en realidad, siguen teniendo pecados en sus corazones porque no obedecen la voluntad de Dios. Por el contrario, los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu han alcanzado su salvación por fe, sin hacer nada por su cuenta. De hecho hay multitud de personas por todo el mundo que han sido transformadas con tan solo leer uno de nuestros libros que contienen el Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él.
Dios quiere que todo el mundo afirme su fe claramente. Esto significa que deben tener claro si creen o no en la Palabra de Dios en vez de quedarse en medio y decir que hay muchos evangelios. Deben darse cuenta de que si se quedan a mitad de camino y dicen que cualquier evangelio puede ser correcto, en vez de creer en la Palabra de Dios, estarán desobedeciéndole.
 
 
¿Quién lo llena todo en todo?
 
Es Jesucristo, nuestro Creador, quien nos llena a todos con Su salvación, bendición y gloria. ¿A través de qué nos da esta plenitud? Nos da bendiciones abundantes a través del amor de Dios revelado en el Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor nos llena a todos con las bendiciones de Dios. La Biblia dice que Jesús lo llena todo en todo, y esto implica que hay agentes que sirven esta voluntad divina. ¿Con quién obrará Jesús para llenarlo todo en todo? ¿Acaso no obrará a través de los miembros de la Iglesia de Dios? Sin embargo, si hay alguien dentro de la Iglesia de Dios que no se dé cuenta de que es un santo redimido y un miembro de la Iglesia, y de que Jesucristo es la Cabeza de esta Iglesia y nosotros somos Su cuerpo, entonces Dios no se complacerá con esta persona y no la utilizará para Su obra. Por tanto, todos debemos entender la Verdad de que nos hemos convertido en hijos de Dios al creer ene l Evangelio del agua y el Espíritu y debemos creer en esta Verdad. Asimismo debemos darnos cuenta de que, como somos miembros de Su Iglesia, debemos someternos a Su Cabeza, Jesucristo.
Nos hemos convertido en miembros de la Iglesia de Dios al creer en Su justicia, y creemos que todos nosotros somos una familia en el Evangelio del agua y el Espíritu. Es absolutamente indispensable que entendamos esta verdad y creamos en ella. Para que nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu crezca, debemos reconocer el hecho de que somos un cuerpo en Jesucristo y que el Señor es nuestra Cabeza. Cuando miramos nuestros cuerpos, vemos todas las partes y los órganos, desde el pelo a los dedos de los pies, todos estos miembros están pegados al cuerpo. Incluso el pelo también es parte del cuerpo, y por eso lo cuidamos. Y cuando algo va mal con una pequeña parte del cuerpo, todo el cuerpo sufre. Del mismo modo, como somos miembros de la Iglesia de Dios y creemos en Jesucristo, Su Cabeza, todos pertenecemos al mismo cuerpo de Cristo. Por tanto, si alguien va por el mal camino, todos debemos hacer que se corrija, o de lo contrario todos los miembros de la Iglesia sufrirán por culpa de una persona.
La Iglesia de Dios es la institución que comparte Su amor y Sus bendiciones por todo el mundo, y nosotros somos miembros de esta Iglesia, a través de la que Cristo lo llena todo en todo. Todos nosotros debemos dar gracias a Dios por esta bendición tan maravillosa, porque todos nosotros somos hermanos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestra fe común en el Evangelio del agua y el Espíritu debe ser inamovible, debemos vivir por las bendiciones de esta fe según la obra maravillosa de Dios. Todos debemos entender que el Evangelio del agua y el Espíritu no se predicar solo con el esfuerzo de unas pocas personas, sino que se proclama cuando todos nosotros estamos unidos en sumisión a los mandamientos de Jesucristo, la Cabeza de la Iglesia de Dios. Como dice la Biblia: «Sois de Cristo, y Cristo es de Dios» (1 Corintios 3, 23), es absolutamente imperativo que se den cuenta de cuál es nuestro lugar y nuestra llamada.
Incluso después de recibir la remisión de los pecados, algunas personas no pueden distinguir la Iglesia de Dios, donde la justicia de Dios está presente, y dice que todas las iglesias son iguales. Aunque estas personas hayan recibido la remisión de los pecados claramente, no saben si pertenecen a la Iglesia de Dios o al equipo de Satanás, y por algunas de estas personas acaban muriendo por falta de sustento espiritual. Satanás siempre está buscando cualquier oportunidad para atacar los fallos de los santos y por eso les tienta, y al final esta gente será juzgada por Dios en el último día y vivirá sufriendo.
Es absolutamente importante que sepamos lo que debemos saber, creamos lo que se debe creer, reconozcamos la belleza de lo que es verdaderamente bello, y veamos el valor de lo que es realmente valioso. La justicia de Dios es todo eso.
Como creemos en la justicia de Dios, debemos reconocer nuestra identidad y servir al Evangelio con el orgullo apropiado. Como somos personas justas por creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, hemos sido transformados. Cuando Dios le dijo al profeta Jonás que fuera a Ninevé y predicase a su gente sobre lo que Dios les iba a hacer, Jonás se negó a obedecer a Dios y huyó en barco a Tarsis. Entonces Dios desató una gran tormenta y todo el mundo que había en el barco echó la suerte para ver quién estaba causando esta tormenta. Cuando la suerte cayó sobre Jonás, los marineros le dijeron: «Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?» (Jonás 1, 8). Entonces el profeta Jonás les dijo: «Soy hebreo, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra» (Jonás 1, 9). A través de este suceso Jonás pudo recordar su identidad, sus circunstancias, y su llamada. Así nosotros también debemos examinarnos todos los días, confirmar nuestra salvación, reconocer de dónde venimos, tener fe en nuestra identidad como pueblo de Dios, y caminar de esta manera.
Mi mensaje para todos nuestros ministros y todos los santos en la Iglesia de Dios es: la plenitud de Dios que lo llena todo en todo se alcanza a través de la Iglesia de Dios, es decir, a través de la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu. La Iglesia de Dios es el lugar más bendito en todo el mundo, es el almacén de todas las bendiciones. A través de Su Iglesia, Dios está impartiendo Sus bendiciones de salvación a todos ustedes, sus familias y a todo el mundo. Deben recordar esto siempre y les pido que vivan por fe todos los días con las bendiciones de Dios.
La Iglesia de Dios es donde los nacidos de nuevo se reúnen, hacen la obra de Dios, descansan, y comparten risas y hermandad entre ellos. La Iglesia de Dios es el lugar donde se guardan Sus bendiciones, donde se renuevan y comparten con todos el mundo cada día. Al darnos cuenta de que nos hemos convertido en miembros de esta Iglesia de Dios, todos debemos hacer la obra de Dios al confiar en el Evangelio del agua y el Espíritu y vivir en la Iglesia de Dios hasta que vuelva el Señor. Como miembros de la Iglesia de Dios, están haciendo esta obra valiosa para Su Palabra y para dar nueva vida a la gente de todo el mundo que quiere nacer de nuevo.
Dios nos envió a Jesucristo a nosotros para hacernos miembros de Su Iglesia. Como Jesucristo fue bautizado en este mundo y derramó Su sangre en la Cruz hasta morir, hemos sido salvados de todos nuestros pecados para siempre. Pero ¿qué nos habría ocurrido si Jesús nos hubiese abandonado después de salvarnos? Que estaríamos perdidos de nuevo. Pero Dios lo sabía y por eso nos ha hecho miembros de Su Iglesia y nos ha puesto aquí. Para convertirnos en Su cuerpo Dios nos ha salvado de todos los pecados del mundo al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu.

¿Y ustedes? ¿Están agradecidos a Dios por esta maravillosa bendición? De hecho, todos damos gracias a Dios por salvarnos de todos nuestros pecados y llamarnos de esta manera para ser miembros de Su Iglesia.