The New Life Mission

Sermones

Tema 19: Efesios

[Capítulo 1-9] < Efesios 1, 23 > ¿Qué es la Iglesia de Dios?

< Efesios 1, 23 >
«La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo».
 
 
Hoy me gustaría compartir la Palabra de Verdad acerca de la Iglesia de Dios. Aunque podría estar aquí y hablar sin parar sobre la Iglesia de Dios, empezando con el libro del Génesis, y cubriendo prácticamente toda la Biblia, me gustaría centrarme en el siguiente pasaje para explicar qué es la Iglesia de Dios y quiénes son sus miembros: «La cual [la Iglesia] es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1, 23).
 
 
Empecemos examinando la etimología de la palabra «Iglesia»
 
Examinemos primero qué significa la palabra «Iglesia». La raíz etimológica de esta palabra viene de la palabra griega «kuriakos», que significa «perteneciente al Señor». La palabra «kurios» significa señor o maestro, y «kuriakos» indica los que «pertenecen al Señor». Por tanto la palabra «Iglesia» denota la reunión dedicada al Señor. En el Antiguo Testamento la palabra «qahal» significa Iglesia. En griego la palabra para Iglesia es normalmente «ekklesia». Esta palabra griega es similar al hebreo «qahal», que significa «congregación,» mientras que «ekklesia» denota literalmente el significa de «llamado de», porque la palabra griega «ek» significa de y «kaleo» significa «llamar». Esto es lo que la palabra «Iglesia» significa en nuestro breve análisis de sus raíces etimológicas.
En general la palabra griega «ekklesia» se utiliza para describir «al pueblo de Dios llamado del mundo para ser separado del resto». En el Nuevo Testamento, basándose en las enseñanzas de Pablo en particular, la Iglesia se entiende como un concepto especial que define al cuerpo de Cristo. Yo solo estoy repitiendo lo que las concordancias de la Biblia dicen sobre la Iglesia. Como ya he mencionado antes, los orígenes de la palabra «Iglesia» se remontan a la palabra griega «kuriakos», que significa «perteneciente al Señor». En el Nuevo Testamento la palabra griega «ekklesia» (congregación) se utiliza para denotar a la «Iglesia», y la palabra hebrea equivalente en el Antiguo Testamento es qahal. En resumen, la palabra Iglesia significa «asamblea llamada» que denota al pueblo de Dios llamado del mundo para ser separado del resto. Por tanto, podemos definir la Iglesia como la reunión de los que pertenecen al Señor, o como la asamblea de los que son llamados para separarse del mundo. Dios nos ha llamado del mundo para diferenciarnos del resto de la gente de este mundo. Así es como debemos entender la Iglesia.
La Iglesia es el cuerpo de Jesucristo, tal y como está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy, «La cual [la Iglesia] es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1, 23). También significa la reunión de los que Dios ha llamado del mundo para diferenciarse del mundo. La Iglesia es en realidad el cuerpo de Jesucristo. La Biblia dice que es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Esto significa que a través de la Iglesia Dios lo bendice todo.
Del mismo modo en que la Palabra de Dios dice que la Iglesia es Su cuerpo, es la reunión de los que han recibido la remisión de los pecados, y por tanto solo la Iglesia es el Reino de Dios. Jesucristo es el Rey de este Reino de Dios, y nosotros somos Su pueblo y Sus vasallos. Ustedes y yo somos los miembros de la Iglesia que hemos sido llamados y diferenciados por Dios.
 
 
¿Cómo estableció Su Iglesia?
 
Para contestar esta cuestión, me gustaría que prestasen atención a Mateo 16. Pasemos a Mateo 16, 13-19:
«Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo».
Aquí el Señor habló claramente sobre la Iglesia que Dios había establecido. Cuando Jesús llegó a la región de Cesárea de Filipo, les preguntó a Sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (Mateo 16, 13). Dicho de otra forma, Jesucristo les estaba preguntando a Sus discípulos: «Yo nací en este mundo como el Hijo del Hombre, pero ¿quién dice la gente que soy?» Entonces los discípulos le contestaron diciendo: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas» (Mateo 16, 14). Entonces Jesús preguntó de nuevo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mateo 16, 15).
Simón Pedro dio un paso hacia delante y le dio al Señor la confesión de fe más valiente y clara: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Jesús le dijo a Pedro: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mateo 16, 17). Aquí Jesús siguió diciéndole a Pedro que era Dios Padre quien le había revelado esto. Entonces siguió diciendo en los versículos 18-19: «Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos».
Cuando Jesús dijo aquí: «Eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia», estaba diciendo que edificaría Su Iglesia sobre la fe de Pablo. Cuando Pedro confesó su fe a Jesús y dijo: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», Jesús le felicitó por su fe y le dijo: «Esto no lo has aprendido por tu cuenta, sino que ha sido Dios Padre quien te lo ha revelado». Entonces le siguió diciendo a Pedro: «Sobre esta roca, es decir, a través de tu fe, edificaré Mi Iglesia».
¿Por qué dijo Jesús esto a Pedro? El Señor estaba explicándonos cómo Dios había establecido Su Iglesia. En los tiempos de Jesús algunas personas decían que era Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o uno de los profetas. Pero, al contrario que toda esa gente, Pedro le confesó al Señor: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16, 16). Después de que Pedro hiciera esta confesión el Señor dijo que construiría Su Iglesia a través de Pedro y le dio las llaves del Reino de los Cielos.
Dios pudo edificar Su Iglesia a través de Pedro. La fe de Pedro quedó demostrada claramente a través de su confesión, porque confesó ante el Señor de la siguiente manera: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». El Señor Jesús es en realidad el Cristo y el Hijo del Dios viviente. El Señor no solo es Dios el Creador que hizo el universo, sino que también es su Rey y Gobernador absoluto. Y el Señor es el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos, nuestro Salvador y Profeta. Pedro confesó que creía en todos estos cargos de Jesús, y por eso dijo: «Eres mi Rey, el Creador del universo, su Gobernador y Salvador. Has venido al mundo como Salvador del universo y al ofrecer Tu cuerpo a Dios Padre, nos has salvado a todos. Eres el Sumo Sacerdote del Reino eterno de los Cielos, y también eres el Profeta que nos da la Verdad». Cuando Pedro confesó su fe de esta manera, Jesús le felicitó por su fe y le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás» (Mateo 16, 17). Después le siguió diciendo a Pedro: «Eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia» (Mateo 16, 18).
El Señor dijo aquí que edificaría Su Iglesia sobre una roca. El nombre de «Pedro» significa «roca». Por eso Jesús dijo aquí: «Sobre esta roca edificaré Mi iglesia» (Mateo 16, 18). Por tanto, el que Dios edifique Su Iglesia en este mundo significa que está construyendo Su Reino, y Dios ha establecido Su Iglesia para llamar a la gente de este mundo, salvarla y llevarla a Su Reino para expandirlo, y así bendecir a todo el universo. El Señor dijo que edificaría Su Iglesia sobre la confesión de fe que Pedro había hecho. El Señor dijo que sobre esa fe tan firme como una roca construiría Su Iglesia. Esto es lo que Jesús quiso decir cuando proclamó: «Sobre esta roca construiré Mi iglesia» (Mateo 16, 18).
Jesús también le dijo a Pedro: «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos» (Mateo 16, 18-19). En el pasaje de las Escrituras de hoy está escrito que la Iglesia es «Su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1, 23). Si ponemos estos dos pasajes juntos, ambos significan que dios forma Su Iglesia con los que tienen la misma fe que Pedro, y que Dios bendice a todo el mundo y a todo lo que hay en el universo a través de Su Reino.
Dios edifica Su Iglesia sobre la fe de los que creen en Jesucristo, el Salvador. Cuando el Señor le dijo a Pedro: «y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos» (Mateo 16, 18-19), las llaves del Reino de los Cielos se refieren a la fe de Pedro, quien confesó su fe al Señor de la siguiente manera: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», y esta es la fe que la Iglesia de Dios está predicando. En otras palabras, a través de la Iglesia de Dios, la gente puede escuchar y creer de corazón que el Señor es el Cristo, el Creador del universo, el Rey, el Salvador, el Sumo Sacerdote, y el Profeta. Cuando creemos que el Señor es el Hijo de Dios, nuestro Salvador, nuestro Maestro y nuestro Dios, Él edifica Su Iglesia sobre esta fe. Además no solo edifica Su Iglesia en nuestra fe, sino que también ha hecho imposible que cualquier otro poder prevalezca sobre Su Iglesia. Jesús dijo que ningún poder de Satanás puede vencer a la Iglesia. Dios ha hecho imposible que nadie prevalezca sobre la autoridad de Su Iglesia. El Señor dejó claro que nada puede prevalecer sobre la Iglesia de Dios.
Nosotros también tenemos fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y el Señor dijo que edificaría Su Iglesia en esta fe nuestra. El Señor es el Cristo y el Hijo del Dios viviente. Como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestra fe es la misma que la que Pedro confesó. Dios dijo que Él edifica Su Iglesia sobre estos creyentes, y que lo llena todo en todo en Su Iglesia, el Reino de Dios. Esto significa que todo el mundo está bendito a través de la Iglesia de Dios. En otras palabras, a través de Su Iglesia Dios entrega Sus bendiciones espirituales a todo el mundo.
 
 
Nada puede prevalecer sobre la autoridad de la Iglesia de Dios
 
El Señor dijo: «Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella [la Iglesia]» (Mateo 16, 18). Por tanto, nadie puede prevalecer sobre la fe de cualquier persona justa que se haya convertido en miembro de la Iglesia. Tampoco podrá cualquier represión o persecución que venga de las puertas del Hades vencer a la fe de los justos. Aunque los justos sean asesinados, su fe en la justicia de Dios nunca puede ser vencida. Esto se debe a que el Señor es la Cabeza de la Iglesia y nosotros, los justos, somos Su Cuerpo. ¿Acaso el Señor no venció a la muerte al levantarse de entre los muertos? En realidad el Señor no solo venció todas las artimañas del Diablo, sino que también borró todos los pecados de la raza humana, y por tanto los que creemos en esta Verdad no podemos ser vencidos por los malvados.
¿Qué es la Iglesia entonces? Es el Reino de Dios. Por eso Jesús dijo que las puertas del Hades no podrán prevalecer sobre la Iglesia de Dios. Por eso el Señor le dijo a Pedro: «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos» (Mateo 16, 19). Por tanto, nadie puede vencer a los que pertenecen al Señor, a los que el Señor ha llamado para salir del mundo y vivir en Su Iglesia. No hay ningún poder en este mundo, ninguna autoridad política, ninguna ley, ni ética alguna, religión o fuerza que pueda prevalecer sobre la Iglesia.
El Señor les ha dado las llaves del Reino de los Cielos a los que tienen una fe como la de Pedro, como dice aquí: «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos» (Mateo 16, 19). En otras palabras, a los que tienen una fe como una roca, el Señor les ha dado las llaves para entrar en el Reino de Dios. Por tanto, la Iglesia de Dios es la reunión de los que tienen estas llaves para entrar en el Reino de los Cielos. Como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, tenemos las llaves del Reino de los Cielos y el poder de enviar a otros a este Reino. Así que lo que la Iglesia de Dios, Sus siervos y los santos, atan en este mundo, estará atado en el Reino de los Cielos. Lo que la Iglesia ata, está atado en el Cielo también, y lo que desata aquí, también está desatado en el Cielo. Este es el poder que Dios le ha dado a Su Iglesia.
Estamos agradecidos por este poder que es majestuoso y respetable. Cuando el Señor dijo que le daría las llaves del Reino de los Cielos a Pedro, estaba diciendo lo siguiente: «Te daré las llaves del Reino de los Cielos. Lo que ates en el mundo, estará atado en el Cielo, y lo que desates en este mundo, estará desatado en el Cielo. Predica esta fe que acabas de confesar ahora: “Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Predica el Evangelio del agua y el Espíritu en el que crees. Quien escuche tus palabras y crea en este verdadero Evangelio, será salvado para entrar en el Reino de los Cielos, pero quien no acepte tus palabras y se niegue a creer en este verdadero Evangelio no entrará en el Reino de los Cielos». La autoridad de la Iglesia es por tanto enorme.
Sin embargo, aunque el pueblo de Dios tiene tanta autoridad, hay muchas personas que son tan ignorantes que persiguen a los santos. Pero deben tener cuidado porque pueden causar que se les vengan encima muchas calamidades. Por ejemplo, cuando la Iglesia de Pocheon intentaba predicar el Evangelio del agua y el Espíritu en esa ciudad, algunas personas se manifestaron en la Iglesia para denunciarla. Al parecer era un grupo de personas que había dejado esa Iglesia. Pero después oí que una de las personas allí reunidas tuvo un accidente en el que se quemó su casa, otra persona se volvió loca, y otra tuvo un accidente de tráfico. Estas cosas ocurrieron de verdad. Por supuesto nunca deseamos que esto les ocurriera, pero ellos se ganaron el castigo de Dios por levantarse contra Su Iglesia. Aunque la Iglesia de Dios les había predicado el Evangelio del agua y el Espíritu, había orado por ellos, y les había cuidado, ellos la odiaron y la denunciaron públicamente. No solo odiaron a la Iglesia, sino que además difundieron rumores para hacer que la Iglesia pareciese mala. Esta gente sufrió desgracias terribles. No les ocurrieron estas cosas porque nosotros lo deseásemos, sino que ocurrieron porque Dios dijo que castigaría a cualquier persona que denigrase a Su Iglesia, y nosotros nos limitamos a dar testimonio del cumplimiento de Su Palabra.
Nuestra Iglesia en Seúl está en la tercera planta de un edificio, y hay una panadería en la planta baja. Un día escuché a uno de nuestros ministros llamarla «la panadería de Jezabel». Como muchos de ustedes sabrán, Jezabel era la esposa del rey Acab, quien se levantó contra Dios y adoró a ídolos. Entonces pueden imaginarse cuanto odiaba el panadero a la Iglesia de Dios para que nuestros ministros llamasen a su panadería, «la panadería de Jezabel». El dueño de la panadería era tan malo que no tenía ningún respeto por la Iglesia e hizo todo lo posible para hacernos enfadar, incluso se quejaba del parking y no quería compartirlo con nosotros. ¿Saben qué le pasó a esta panadería? Que quebró y el dueño lo perdió todo. Si el pasado nos enseña una lección, es que no debemos luchar contra la Iglesia, porque aunque todos los que han unido sus vidas con la Iglesia fueron cada vez más bendecidos, los que la odiaron y se levantaron contra ella, fueron a la ruina. Dios pisó a esta gente. Esto nos demuestra que nadie puede prevalecer sobre el poder de la Iglesia.
 
 
El poder de la Iglesia de Dios es enorme
 
Jesús dijo: «Y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos» (Mateo 16, 19). Este pasaje significa que quien crea de todo corazón en el Evangelio predicado por la Iglesia de Dios puede ser salvado para entrar en el Cielo. La Iglesia de Dios predica el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo. Quien escucha este Evangelio y cree en él puede recibir la remisión de los pecados, pero quien no cree en este Evangelio verdadero predicado por la Iglesia de Dios no puede recibir la remisión de sus pecados. Así que es la Iglesia la que determina si una persona ha sido salvada del pecado o no. Si la Iglesia de Dios les dice a algunas personas que no han sido salvadas todavía, y que están destinadas a ir al infierno, acabarán en el infierno. A quien la Iglesia maldice, queda maldito. Por eso el Señor dijo que no solo edificaría Su Iglesia sobre la fe de Pedro, sino que además le daría autoridad invencible a la Iglesia de Dios.
Está escrito en 1 Pedro 3, 21: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo». Esto significa que Dios aceptará en el Cielo a todo el que escuche y crea en el Evangelio del agua y el Espíritu que Pedro predicó, les dará vida eterna y les hará miembros de Su Iglesia. En otras palabras, quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu pertenece al Señor y esta gente recibirá toda bendición celestial del Señor. Por otro lado, si alguien no cree en este Evangelio del agua y el Espíritu predicado por Pedro, por culpa de no creer será condenado por los pecados que tienen en su corazón. Además, estas personas no pueden recibir las bendiciones del Cielo. El que el poder de la Iglesia sea grande significa que lo llena todo en todo.
El Señor dijo que la Iglesia de Dios es la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo. Esto significa no solo que Dios esté en todas partes, sino que al predicar el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo que se ha separado de Dios por el pecado, la Iglesia permite que todos recibamos la remisión de los pecados y nazcamos de nuevo, y así renovarnos en cuerpo y espíritu y bendecidnos. Por eso Jesús dijo que este mundo está bendito por Dios gracias al Evangelio del agua y el Espíritu, que es predicado por Su Iglesia y sus bendiciones.
Así, a través de Pedro, podemos darnos cuenta de sobre qué tipo de fe se edificó la Iglesia de Dios. Cuando el Señor le dijo a Pedro: «Sobre esta roca edificaré Mi iglesia» (Mateo 16, 18), le estaba diciendo que edificaría la Iglesia de Dios sobre la fe de Pedro. Esto significa que Dios edifica Su Iglesia sobre la fe que tenemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios predica el Evangelio a la gente del mundo a través de nosotros, que ahora somos miembros de la Iglesia, y Dios los bendice a través de Su Iglesia. Por tanto, a través de la Iglesia de Dios este mundo y todo el universo están benditos.
¿A través de qué institución obra Dios en la tierra? ¿Qué institución trae las bendiciones de Dios a este mundo? La Iglesia de Dios. Esta es la Verdad absoluta inamovible.
Aquí en el libro de Efesios, el Apóstol Pablo está hablando sobre la Iglesia de Dios. En el libro de Gálatas también se habla de la fe falsa, y se describe la falacia de la circuncisión física y la verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. La práctica del Antiguo Testamente de la circuncisión ha cambiado hoy en día a las oraciones de penitencia, y el Apóstol Pablo nos enseñó que no era correcto y que esta práctica había desviado a muchos cristianos de la Iglesia de Dios y del verdadero Evangelio. El Apóstol Pablo nos dijo que viviésemos en el Evangelio del agua y el Espíritu en el que él creía.
Aquí en el libro de Efesios está hablando de la Iglesia de Dios, y nos está enseñando que, incluso antes de la fundación del mundo, Dios nos escogió y nos predestinó en Cristo para salvarnos, para reunir todo lo que hay en el cielo y en la tierra. El Apóstol Pablo está diciendo que Dios Padre nos ha hecho Sus hijos en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y ha edificado Su Iglesia sobre esta fe auténtica nuestra. Esto significa que quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu pertenece a Dios, a Cristo y a la Iglesia. Todos debemos darnos cuenta de lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Su Iglesia. Debemos darnos cuenta claramente de que Dios obra a través de Su Iglesia. Debemos entender que todas las bendiciones vienen a través de la Iglesia de Dios, y que la voluntad de Dios también se cumple a través de Su Iglesia.
Así que, aunque admito que no tengo fuerzas y no soy adecuado, como creo en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos dio, estoy seguro de que el Señor me está bendiciendo y obrando en mi vida a través de la Iglesia de Dios. Él ha hecho que Su Iglesia apoye el ministerio del Evangelio del agua y el Espíritu, y nos ha convertido a los creyentes en Sus obreros que predican este Evangelio de salvación por todo el mundo. Dios nos está dando estas bendiciones espirituales del Cielo a todos Sus siervos, obreros y a todos los santos que viven en Su Iglesia. Al venir a la Iglesia de Dios sabiendo que somos malvados, ahora estamos siguiendo al Señor obedeciéndole aunque nuestras obras sean imperfectas. Además, creemos que el Señor nos recompensará sin falta con grandes bendiciones. También creemos que Dios bendecirá todo lo que hace Su Iglesia porque no está en contra de Su voluntad, y creemos que Dios nos bendecirá en cuerpo y espíritu a los que hemos unido nuestros corazones con la Iglesia de Dios para hacer esta obra con lealtad. Por eso el poder de Dios es tan grande.
Mis queridos hermanos, las puertas del Hades no pueden prevalecer sobre los nacidos de nuevo (Mateo 16, 18). Aunque nuestros cuerpos mueran, viviremos de nuevo. A través de la primera resurrección (Apocalipsis 20, 5-6), volveremos a la vida para vivir para siempre con Cristo. Por el contrario, los que nos persiguen serán resucitados en la segunda venida para ser arrojados al fuego eterno del infierno. Como no podrán morir nunca, sufrirán durante toda la eternidad. La autoridad del Señor es la que hace que esto ocurra.
Mis queridos hermanos, cuando nuestro Señor vino al mundo, cargó con nuestros pecados a través de Su bautismo, derramó Su sangre hasta morir en la Cruz, y se levantó de entre los muertos al tercer día. Del mismo modo en que el Señor resucitó, todos los seres humanos también resucitarán. Los que han nacido de nuevo vivirán para siempre entre bendiciones eternas, pero todos los demás, los que se niegan a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y los que persiguen y se levantan contra la Iglesia, serán malditos por Dios durante toda la eternidad. Dios no puede tolerar a esta gente que se levanta contra Su Iglesia y la persigue. No hay nadie en este planeta que se haya levantado contra la Iglesia de Dios y haya prevalecido.
No estoy seguro de si han tenido la oportunidad de ver la película Quo Vadis. Esta película se basa en la persecución de los santos llevada a cabo por el emperador romano Nero. Este emperador no era el único que oprimía a los cristianos, sino que otros muchos emperadores romanos también los persiguieron. Cuando recitamos el credo de los Apóstoles, decimos: «Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y la tierra, y en Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor: quien fue concebido por obra del Espíritu Santo, nacido de María la Virgen, sufrió bajo el poder de Poncio Pilatos». Este hombre llamado Pilatos que aparece en el credo de los Apóstoles era el gobernador general de Israel enviado por el emperador romano.
Pilatos presidió el juicio de Jesús en su corte, y aunque sabía que Jesús era inocente, emitió un veredicto injusto porque tenía miedo de una represalia por parte de los israelitas. Cuando el pueblo de Israel le pidió a Pilatos que crucificase a Jesús, les dijo al principio: «¿Cómo voy a crucificar a un hombre inocente?» Entonces los judíos le dijeron: «Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos» (Mateo 27, 25). Así que Pilato hizo lo que le pidieron los judíos y sentenció a Jesús a muerte. Pero, ¿qué les ocurrió a todos los que persiguieron a Jesús y a los santos? Los judíos que persiguieron a Jesús así fueron malditos y sufrieron durante generaciones, del mismo modo en que los emperadores romanos que persiguieron a los cristianos también fueron malditos. Este es un hecho histórico que ocurrió en la Iglesia de Dios. Por eso Jesús dijo que las puertas del Hades no pueden prevalecer sobre la Iglesia de Dios.
La gente del mundo se levanta contra la Iglesia de Dios porque no conoce su poder, si conociese todo su poder, no se levantaría contra la Iglesia de Dios. Jesús le dijo a Pedro: «Sobre esta roca edificaré Mi iglesia» (Mateo 16, 18). Con esto Jesús quiso decir que construiría Su Iglesia sobre la fe sólida como la piedra de Pedro, quien confesó al Señor: «Eres el Cristo» (Mateo 16, 16), y esta confesión significa que Pedro creía en el Señor como el Creador del universo. También creía que Jesucristo era el Rey, el Sumo Sacerdote, y el Profeta. El Señor tuvo que venir al mundo para cumplir estos tres cargos. A través de la Verdad del agua y el Espíritu nos ha salvado de los pecados del mundo y ha completado nuestra salvación. Jesucristo es nuestro Salvador, nuestro Maestro, y Dios, nuestro Pastor, quien nos ha librado de los pecados del mundo. Todos creemos que el Señor es nuestro Salvador, y sobre esta fe Dios ha edificado Su Iglesia y Su Reino. Dios dijo que edificaría Su Iglesia al reunir a todos los que pertenecen al Señor y que predicaría el Evangelio por todo el mundo a través de esta Iglesia de Dios.
La Iglesia de Dios se edificó sobre esta fe. Entonces, ¿qué poder tiene la Iglesia de Dios? El poder de la Iglesia de Dios es enorme, tanto en la tierra como en el cielo, y tanto en este mundo como en el siguiente. Todos debemos darnos cuenta de esto y creerlo. Por supuesto no estoy diciendo que los creyentes tenemos poder material, ni que debamos buscarlo, sino que la Iglesia de Dios tiene el poder de llenarlo todo en todo. Como el Señor es la Cabeza de la Iglesia, su Maestro y Rey, y como tiene este poder, nos bendice a los que obedecemos las instrucciones de la Iglesia y castiga a los que no las obedecen.
Lo que deben recordar aquí sin excepción es que lo que la Iglesia de Dios ata en la tierra, estará atado en el Cielo, y lo que desate en la tierra, estará desatado en el Cielo. ¿Dónde se encuentra esta autoridad? En la Iglesia de Dios. El Señor tenía la Iglesia de Dios en mente cuando habló de este poder. Estaba hablando de ustedes y de mí, de los que nos hemos convertido en miembros de la Iglesia de Dios por fe. Sin embargo, si no unen sus corazones con la Iglesia de Dios para aceptar sus decisiones, se esfuerzan por conseguir sus metas y hacen sus tareas, no podrán recibir las bendiciones de Dios.
 
 
Cuando se dan cuenta de la autoridad de la Iglesia de Dios, deben vivir por fe desde ese momento
 
¿Creen que la Iglesia de Dios es solo amable? Aunque piensen que la Iglesia de Dios es dócil y amable, su poder es mayor que el de nadie. La Iglesia de Dios es el cuerpo de Jesucristo. Si creen en el Evangelio del agua y el Espíritu predicado por la Iglesia de Dios, unan sus corazones con sus tareas, oren juntos con la Iglesia, y así serán bendecidos por Dios y serán Sus instrumentos de justicia.
Sin embargo, si menosprecian la Iglesia de Dios, serán malditos en cuerpo y espíritu. Las maldiciones no ocurren porque nosotros queramos maldecir a alguien. En realidad lo que queremos es que la gente maldita se arrepienta y sea salvada de sus pecados. Sin embargo, si se niegan a arrepentirse y siguen oponiéndose a Dios, serán malditos por Él. Así que les pido que se den cuenta de qué tipo de institución es la Iglesia de Dios.
Dios ha edificado Su Iglesia y Su Reino sobre los que tienen la misma fe que la de Pedro. Dios ha edificado la Iglesia al reunir a los que se han convertido en Su pueblo por fe, y les ha hecho predicar el Evangelio a través de la Palabra de Dios. Por tanto, como nos hemos convertido en miembros de la Iglesia de Dios, y creemos en el Evangelio, debemos unir nuestros corazones con la obra de Dios y servir al Señor juntos con la Iglesia. Dios bendice a estos trabajadores. Los bendice aún más para que puedan dar frutos. Además, Dios también bendice a todos los que creen en el Evangelio predicado por estos obreros y unen sus corazones con Él. Esta es la voluntad de Dios.
¿Entienden lo que es la Iglesia? No es un edificio. Como el edificio en sí no es la Iglesia de Dios, no tiene importancia. Un edificio es solo un lugar de reunión; la Iglesia de Dios es donde los que han nacido de nuevo por creer en el Evangelio del agua y el Espíritu han salido del mundo y se reúnen para vivir con Jesucristo en obediencia a la voluntad de Dios.
La Iglesia de Dios es la institución que comparte las bendiciones de Dios con todo el mundo. Si quieren recibir las bendiciones de Dios, deben vivir en Su Iglesia. La Iglesia de Dios es también la institución que juzga a este mundo. Cuando la Iglesia de Dios dice que algo es correcto, entonces es correcto; y cuando dice que algo es incorrecto, es incorrecto.
Los católicos afirman que Pedro fue el primer Papa, ya que el Señor le dijo: «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos» (Mateo 16, 19). Sin embargo, esta afirmación es completamente errónea. Pedro tenía fe en el Evangelio del agua y el Espíritu como ustedes y yo. Era un creyente en el Evangelio del agua y el Espíritu y le confesó al Señor: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16, 16). En 1 Pedro 3, 21 también dijo: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo». Este pasaje captura la esencia de la fe de Pedro, quien confesó al Señor: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16, 16), y él era un siervo de Dios que creyó de todo corazón que el bautismo de Jesús había borrado todos sus pecados. Esta es la razón por la que Pedro confesó su fe al Señor antes de Su crucifixión y le dijo: «Eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mateo 16, 16). Por la confesión de fe de Pedro el Señor Jesús le dijo: «Estoy edificando Mi Iglesia sobre esta roca, esta fe tuya. Te estoy dando las llaves del Reino de los Cielos. Estas llaves son tuyas ahora. No solo tuyas, sino también de todos los que se han convertido en discípulos de Jesucristo por fe, ellos también tienen las llaves del Reino de los Cielos».
Está escrito en Efesios 1, 23: «La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo». ¿De quién es la Iglesia de Dios el cuerpo? Es el cuerpo de Jesucristo. Ustedes y yo somos el cuerpo de Jesucristo. ¿Qué hace la Iglesia de Dios a todo lo que hay en el universo? La Biblia dice que la Iglesia es: «La plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1, 23). Esto significa que Jesucristo lo llena todo en todo a través de nosotros. En otras palabras, a través de la Iglesia de Dios Jesucristo lo bendice todo y a todo el mundo, y así permite que los seres humanos nazcan de nuevo y se conviertan en hijos de Dios para disfrutar de la vida eterna. La obra institucional de la Iglesia es la de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, proclamar la voluntad de Dios, servir a Su Evangelio, y hacer posible que todo el mundo sea bendecido por Dios. Estas obras las hacemos nosotros, y por eso estamos tan agradecidos al Señor.
Dios ha edificado Su Iglesia sobre todos los que hemos nacido de nuevo por fe. Al ser llamados a ser Su cuerpo, Dios obra a través de nosotros y bendice a todo el mundo a través de nosotros.
 
 
¿No han abierto sus ojos espirituales todavía?
 
Está escrito en Efesios 1, 11: «En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad». Nos hemos convertido en hijos de Dios según Su voluntad. Dios ya había planeado nuestra salvación en Cristo incluso antes de la fundación del mundo para que alabásemos la gloria de Dios. El Apóstol Pablo dice que Dios nos ha hecho hijos Suyos por Su voluntad y que quiere que todos nos demos cuenta de esto. Dios quiere que los que creen en Él sepan quién es, tal y como está escrito en Efesios 1, 17-19: «Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza».
Lo que el Apóstol Pablo nos estaba intentando decir en el pasaje anterior es que Dios quiere que nos demos cuenta de cómo ha cumplido nuestra salvación y nos ha librado por Su poder Todopoderoso, de qué grande es la gloria que disfrutaremos en el Reino de los Cielos, y qué grandes son las riquezas de esta gloria. Esto es lo que el Apóstol Pablo les estaba diciendo a los santos de la Iglesia de Efeso y a sus siervos. Pablo también dijo que el gran poder de Dios Padre obró en Cristo cuando lo levantó de entre los muertos y lo sentó a Su derecha. Dios Padre le dio todo poder y autoridad a Su Hijo para que tuviera todo dominio, para que estuviese por encima de este mundo y de todo lo que está por venir. Dios Padre le dio este poder y autoridad a Jesucristo.
Además, el Señor ha cumplido la salvación de la raza humana según la voluntad de Dios. Jesucristo nos ha salvado y nos ha hecho hijos de Dios según la voluntad del Padre. Asimismo nos ha glorificado a todos los que creemos en Cristo. Esto es lo que el Apóstol Pablo nos está enseñando. El Señor dijo que lo ha cumplido todo en todo, y quiere que nos demos cuenta de esto. Todos nosotros deberíamos darnos cuanta de lo maravillosa que es nuestra salvación y de cómo hemos sido salvados perfectamente.
 
 
Después de establecer Su Iglesia, Dios obra con todos sus miembros
 
Todos los dominios en los cielos y la tierra fueron creados por Dios y le obedecen. Aunque algunos ángeles se revelaron contra Dios y le desobedecieron, Jesucristo ha hecho ahora que todo se arrodille ante Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y se someta a la Trinidad, ya que vino al mundo y nos hizo hijos Suyos. Dios ha hecho que Jesucristo sea la Cabeza de la Iglesia sobre todas las cosas diciendo que la Iglesia es «su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1, 23).
Como Dios ha puesto a Su Iglesia en este mundo, obra y gobierna a través de Su Iglesia. Esto significa que Dios nos ha dado un lugar donde puede obrar. Esto es lo que nos está diciendo en la Biblia. Dios nos ha dado Su Iglesia y esta Iglesia es el lugar al que Dios nos ha llamado para ser salvados del pecado, convertirnos en Sus hijos y vivir en Él. Al establecer Su Iglesia y hacer a Jesucristo Su Cabeza, Dios nos ha permitido vivir bajo la tutela del Señor.
Del mismo modo en que la mayoría de los países hoy en día tienen algún tipo de gobierno local, esta práctica era común en el Imperio Romano. En otras palabras, cuando Roma conquistaba a una nación, establecía a menudo un órgano administrativo semi-autónomo para gobernar a la población en esa nación conquistada. En aquellos tiempos los ciudadanos de Roma disfrutaban de muchos privilegios y derechos. La ciudadanía romana por sí misma les concedía grandes privilegios.
De manera similar, como hemos nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, nos hemos convertidos como hijos de Dios. El Señor nos ha sacado de la oscuridad y nos ha trasladado al Reino del Hijo de Dios. En resumen, nos hemos convertido en ciudadanos del Reino de Dios. Al hacernos hijos Suyos, Dios nos ha llamado a formar parte de Su Reino. Esta es la Iglesia de Dios. Él obra y habla en Su Iglesia. Dios obra a través de Su Iglesia. Dios dijo que la Iglesia es Su cuerpo, es Su Cabeza, y nosotros somos Su Iglesia. En otras palabras, Jesucristo es la Cabeza de la Iglesia y obra a través de nosotros en la Iglesia, que es Su cuerpo. Así es como el Señor lo bendice todo. Dios nos ha bendecido así para que participemos en Su gloria. Cuando creímos por primera vez en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios vio nuestra fe, y por eso nos ha sellado como Sus hijos, y por eso nos gobierna. Dios nos gobierna como nuestro Rey e interviene y obra en nuestras vidas. Como reina sobre todas las cosas, nos ha permitido recibir todas las bendiciones espirituales que ofrece a través de Su Iglesia, y esta es la razón por la que Dios ha establecido Su Iglesia.
Entonces, ¿qué es la Iglesia de Dios? Es la reunión de los que han sido llamados por Dios para ser librados de todos sus pecados. Dios dijo que obra a través de la Iglesia que es Su cuerpo.
Cuando pasamos a 2 Corintios 6, 14-18, podemos ver claramente que Dios nos ha dado Su Iglesia a nosotros y a nadie más, ya que está escrito:
«No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso».
¿Qué ocurriría si hubiese gente que no ha nacido de nuevo en la Iglesia de Dios? Que el Señor no obraría en esa Iglesia. Estaría demasiado ofendido y molesto como para obrar. Además, lo primero que Dios hace en estas circunstancias es sacar a todos los no creyentes de la Iglesia. Por eso Dios ha sacado a muchas personas que no creían de nuestra Iglesia. Nosotros no los hemos expulsado, sino que Dios los ha sacado. ¿Cómo podemos los creyentes ser hermanos de los que no creen?
La Iglesia de Dios es el conjunto de gente privilegiada a la que Dios ha sacado del poder de la oscuridad, y que se ha convertido en hijos de Dios al creer que Él les ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. La Iglesia de Dios es donde Dios obra. Dios ha bendecido a Su Iglesia para que disfrute de la gloria y el esplendor del Cielo y reinar sobre él. Dios Padre ha hecho que Jesucristo, quien cumplió el Evangelio del agua y el Espíritu, la Cabeza de Su Iglesia, para que el Padre pudiera bendecir a Sus hijos a través de Su Iglesia.
Al sacar a todos Sus hijos del mundo y salvarlos del pecado, Dios les dijo:
«Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo» (2 Corintios 6, 16).
En otras palabras, Dios nos dijo: «Caminaré con vosotros. Saldréis del mundo y os separaréis de él. Entonces os recibiré y me convertiré en vuestro Padre y vosotros seréis Mis hijos». Esto significa que Dios construye Su Reino y lo bendice al obrar personalmente en él. Dios también planeó cumplir toda Su voluntad y bendecir todo a través de este Reino, y ha cumplido este plan.
 
 
Por tanto, los justos no pueden ser hermanos de los que no creen
 
Dios dijo en 2 Corintios 6, 17-18:
«Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso».
Dios también dijo en 2 Corintios 6, 14: «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos». Estos pasajes dejan claro que nunca debemos obrar con los incrédulos cuando hacemos la obra de Dios. 2 Corintios 14, 16 sigue diciendo: «Porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?» Esto significa que somos diferentes de todo el mundo. Esto significa que los justos son diferentes de los pecadores. En otras palabras, los hijos de Dios que han recibido la remisión de sus pecados son completamente distintos de los que no son hijos de Dios. Además, no solo somos diferentes de los incrédulos, sino que nunca debemos trabajar con ellos. Después de todo, ¿cómo puede alguien que ha sido aprobado por Dios Padre llevar a cabo Su obra con alguien que no ha sido aprobado? Aunque hay muchos cristianos en este mundo, como muchos de ellos no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, los justos no podemos unirnos en hermandad con estos cristianos pecadores. Aunque algunos de ellos entienden el Evangelio del agua y el Espíritu completamente, no creen en este Evangelio de todo corazón, y por eso no podemos unir nuestras manos con ellos ni trabajar con esta gente.
¿Por qué debemos hacer esto? Para obedecer la voluntad del Señor. Si hemos unido nuestras manos con alguien que no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos salir de ahí inmediatamente, vivir nuestras vidas de fe solos, y servir al Señor separados de esta gente. Debemos hacer esto porque solo entonces el Señor obrará en nosotros. Cuando el Señor obra, lo hace solo en los nacidos de nuevo y por eso no podemos tener hermandad con los que no creen. Solo los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu son escogidos por el Señor. La razón por la que el Señor nos aprueba como Su Iglesia, Su pueblo y Sus siervos, es que hemos sido salvados de todos nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que el Señor solo obra en el grupo de los nacidos de nuevo.
¿Cómo pueden los justos vivir con injusticia? ¿Cómo puede una persona que vive con justicia tener hermandad con una persona que practica la injusticia? ¿Cómo podemos unirnos con alguien que no debe según la voluntad de Dios? No podemos estar con esta gente.
Por eso nos hemos separado de las iglesias del mundo. Su Iglesia se ha separado del mundo para que Dios obre en nuestras vidas. La Iglesia de Dios va por Su propio camino, y nunca se une a los grupos del mundo. Los que han nacido de nuevo solo comparten hermandad con los nacidos de nuevo que adoran a Dios, escuchan Su Palabra y le alaban.
Asimismo todos los himnos de alabanza deberían ser escritos por alguien que crea en el Evangelio del agua y el Espíritu. No importa si las letras o las melodías son bellas o no. Lo que importa es que los himnos estén escritos por alguien que crea en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso nosotros solo cantamos los himnos escritos por nuestros hermanos santos que han nacido de nuevo en el Evangelio del agua y el Espíritu. Algunos de ustedes pueden pensar que insisto en que se separen de todos los elementos de las iglesias mundanas porque soy terco, pero no es por eso. Deben hacerlo porque es absolutamente indispensable separarse de los pecadores.
La Iglesia es el cuerpo de Jesucristo tal y como está escrito en la Biblia. Jesucristo es nuestra Cabeza y nosotros somos Su cuerpo. Por tanto Él nos gobierna. Somos Su pueblo. Estamos atados a Él. Por eso la Iglesia de Dios debe separarse del mundo. Para que el Señor viva en nosotros y el Espíritu de Dios obre en nuestras vidas, la Iglesia de Dios debe separarse de las iglesias del mundo. Esto debe hacerse para obedecer la Palabra del Señor también. Solo entonces el Señor obra a través de Su Iglesia y de nosotros. Cuando nos separamos del mundo así el Señor obra en nuestras vidas y sigue haciéndolo hasta este mismo día.
 
 
La Iglesia de Dios debe ser un lugar donde el Espíritu Santo pueda obrar
 
Los insensatos consideran que la Iglesia de Dios no es muy importante porque son ignorantes, y piensan que cualquiera puede ser un ministro en la Iglesia de Dios. Pero la realidad es muy diferente. No todo el mundo puede ser ministro en la Iglesia de Dios. Pueden pensar que si hay una iglesia y hay gente adorando a Dios en ella, alabando, predicando y orando, ese edificio es una iglesia; pero no es necesariamente la Iglesia de Dios. Para que una iglesia sea la Iglesia de Dios, el primer requisito es que sea un grupo de santos que hayan sido salvados de sus pecados según la voluntad de Dios, y su líder debe ser aprobado por Dios como Su sierva. No solo es indispensable este siervo de Dios, sino que también debe haber hijos de Dios redimidos. El lugar donde esta gente se reúne para estudiar la Palabra de Dios, predicarla, escucharla, orar a Dios, seguir a Jesucristo, y vivir por fe según la voluntad de Dios, esta es la Iglesia de Dios. A través de este grupo de gente Dios obra y cumple Su voluntad, y esta es la Iglesia de Dios.
Nuestro grupo es así, tenemos reuniones de adoración y de oración con nuestros hermanos nacidos de nuevo, y alabamos a Dios y obramos juntos para servirle. Esta es la Iglesia de Dios, que es el grupo de gente que ha recibido la remisión de sus pecados según la voluntad de Dios, es decir la reunión de los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y de los que han entendido la voluntad de Dios y viven por fe. Esta reunión es la Iglesia de Dios. Solo porque un edificio tenga una cruz en el tejado, no significa que sea la Iglesia. Ese lugar tampoco es el Reino de Dios, y sus miembros no son el pueblo de Dios. Para ser exactos, no es más que una organización religiosa, un lugar donde los pecadores se reúnen para conseguir sus intereses comunes mediante sus métodos humanos, y donde su voluntad humana y sus buenas obras se creen una manera de conseguir su salvación.
Dios ha establecido personalmente Su Iglesia a través de Sus siervos redimidos. Al hacernos hijos Suyos, Dios quiere que nos demos cuenta de toda revelación del Cielo. Como hijos Suyos, Dios quiere que todos conozcamos a Jesús, y tengamos todo conocimiento sobre Dios. Él quiere que nos demos cuenta de cómo obra en nuestras vidas a través de Jesucristo, y lo grande que es Su poder. Por tanto, como creemos en este Dios, debemos salir del mundo y separarnos de él, servir al Evangelio de Verdad, seguir al Señor, defender nuestra fe, y mantener el Evangelio de Verdad tan puro que el Señor pueda obrar en nuestras vidas. Debemos predicar el Evangelio tal y como es, creer en él en su forma pura, y defender su integridad. Entonces el Señor obrará en nuestras vidas y se convertirá en nuestra Cabeza para gobernarnos y guiarnos. Por eso la Iglesia es tan importante e indispensable para nosotros.
¿Qué es la Iglesia de Dios? Dicho de manera simple, es el Reino de Dios. Hay una frase en el Padrenuestro que dice: «Venga a nosotros Tu reino». Esto significa que el Señor obra en la Iglesia de Dios. El Señor obra en nuestros corazones a través de la Iglesia de Dios e interviene y obra en todo lo que la Iglesia hace. Los santos están reunidos en esta Iglesia y allí obran para complacer al Señor poniendo toda su confianza en Él, y por eso el Señor protege a los santos.
Por otro lado, el Señor saca de Su Iglesia a los que no han nacido de nuevo y a los que no han unido sus corazones al del Señor. ¿Por qué hace esto? Para que demos más frutos. Dios ha hecho esto en nuestra Iglesia. En realidad, Dios no solo nos ha salvado, sino que también nos ha reunido y nos ha hecho miembros de la Iglesia. Nos ha sacado del mundo para reunirnos. Dios se ha convertido en nuestra Cabeza y nuestro Rey y nosotros nos hemos convertido en Su cuerpo y Sus súbditos. A través de esta Iglesia, Dios nos ha hecho predicar Su Evangelio a todo el mundo, y ha hecho posible que todos estemos benditos. Por tanto, mientras seguimos con nuestras vidas, todos debemos entender el deber y la llamada de la Iglesia.
A través de Su Iglesia Dios bendice a todo el mundo. A través de la Iglesia Dios bendice a Sus obreros, a Su pueblo y a todo el mundo. Dios dijo: «La cual [la Iglesia] es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo» (Efesios 1, 23). Dejó claro que obra a través de la Iglesia. Dios obra a través de Su Iglesia, a través de nosotros, los que son miembros de la Iglesia de Dios. Debemos darnos cuenta de que Dios de que Dios nunca obra a través de personas que no han nacido de nuevo. Solo a través de Su Iglesia Dios revela y muestra lo que ha hecho por nosotros y lo que hará en el futuro. Él nunca obra a través de los que no han nacido de nuevo porque no son adecuados en Sus ojos, es decir, los que no han nacido de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu no son adecuados para Él. Hay algunas personas que son adecuadas a los ojos de Dios por muy inadecuados que parezcan a los ojos de los humanos, y esto se debe a que Dios obra a través de Dios.
¿Cuál es la primera cosa que Dios hizo para edificar Su Iglesia? Primero nos hizo hijos Suyos. Es absolutamente indispensable para todos nosotros entender esto claramente. La Iglesia no empezó antes de que existieran los hijos de Dios, sino que Dios nos hizo hijos Suyos primero y después nos reunió y edificó la Iglesia, Su Reino. Los testigos de Jehová, uno de los grupos religiosos del mundo, dicen que solo ellos constituyen el Reino de Jehová, pero el verdadero Reino del Señor Dios está aquí, es el grupo de los creyentes nacidos de nuevo espiritualmente que no tienen pecados en sus corazones. Dondequiera que esta gente esté reunida para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, que ha borrado nuestros pecados, allí está el verdadero Reino de Jehová. En resumen, Dios ha establecido Su Iglesia como Su Reino. Esta Iglesia establecida por Dios es Su Reino. De hecho, cuando los salvados se reúnen, ya sea en Corea o en cualquier parte del mundo, están constituyendo el Reino de Dios. Por tanto, cuando nos unimos con la Iglesia, nos estamos uniendo con Dios, y cuando unimos nuestros corazones con los de los siervos de Dios, nos estamos uniendo con Dios.
Mis queridos hermanos, todos nosotros amamos el Evangelio del agua y el Espíritu y hemos dedicado nuestras vidas a este Evangelio, y por eso solo es cuestión de tiempo que unamos nuestros corazones y nos ayudemos en nuestras vidas. Debemos vivir así porque somos una familia y el cuerpo de Jesucristo. Dios nos salvó primero para edificar Su Iglesia, que es Su Reino en este mundo. Nos salvó antes que a nadie a través del Evangelio del agua y el Espíritu.
Creemos en esta Verdad sin duda, y le damos gracias a Dios por hacernos Su pueblo. Nosotros también creemos que, incluso en este momento, Dios nos está protegiendo y ayudando para hacer todas las obras que Dios nos ha confiado. Le doy gracias a Dios por entregarnos la Iglesia a todos nosotros, a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.

¡Aleluya!