The New Life Mission

Sermones

Tema 18: Génesis

[Capítulo 3-11] < Génesis 3, 10-24 > ¿Qué es el verdadero bien y el verdadero mal?

< Génesis 3, 10-24 >
«Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente:
Por cuanto esto hiciste,
maldita serás entre todas las bestias,
entre todos los animales del campo;
sobre tu pecho andarás,
y polvo comerás
todos los días de tu vida.
Y pondré enemistad
entre ti y la mujer,
y entre tu simiente y la simiente suya;
ésta te herirá en la cabeza,
y tú le herirás en el calcañar.
A la mujer dijo:
Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces;
con dolor darás a luz los hijos;
y tu deseo será para tu marido,
y él se enseñoreará de ti.
Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él;
maldita será la tierra por tu causa;
con dolor comerás de ella
todos los días de tu vida.
Espinos y cardos te producirá,
y comerás plantas del campo.
Con el sudor de tu rostro comerás el pan
hasta que vuelvas a la tierra,
porque de ella fuiste tomado;
pues polvo eres,
al polvo volverás.
Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida».
 
 
El alimento de Satanás
 
¿Cuáles fueron las consecuencias de la caída de Adán y Eva? Hoy me gustaría centrarme en esta pregunta mientras comparto la Palabra de Dios con ustedes.
Como Adán y Eva fueron tentados por Satanás, Dios maldijo al hombre y a Satanás. Adán, Eva y Satanás fueron malditos. Dios le dijo a la serpiente: «Maldita serás entre todas las bestias, entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida». Así que podemos ver que antes de que la serpiente estuviera maldita, no se arrastraba por el suelo. El Diablo fue condenado a comer polvo durante el resto de su vida y a arrastrarse sobre su pecho por haber tentado a Adán y Eva y haberles hecho caer en la tentación. Y por culpa de este suceso, Satanás se convirtió en el enemigo de Dios.
Satanás era originalmente un ángel cuyo orgullo le hizo caer, pero ahora estaba aún más maldito por haber tentado al hombre y haberle hecho pecar. Dios había creado a los seres humanos para que fueran Su pueblo, pero el Diablo los tentó y les hizo caer en el pecado para que esto no tuviera efecto y así los seres humanos se levantaron contra Dios. Como resultado, Dios le prohibió a Satanás que recibiese las bendiciones espirituales del Cielo. Del mismo modo en que el Diablo fue condenado a comer polvo, ahora Satanás hace que la humanidad viva por los deseos de la carne.
Esto es lo que el ángel que cayó del Cielo hace a la gente: les hace seguir los placeres de la carne y se alimente de sus pecados y deseos carnales. Satanás obra en los pecados que comete la humanidad.
Los siervos del Diablo también incitan los deseos de la gente y se alimentan de sus pecados. Por ejemplo, los siervos de Satanás mienten diciendo que la gente puede curarse de enfermedades o hacerse rica si cree en Jesús. Satanás hace surgir deseos carnales en los corazones de la gente para hacerles pecar, y así consigue su meta, que es la muerte. Dios dijo a Satanás: «Serpiente, como has tentado a Adán y Eva y les has hecho caer, de ahora en adelante te arrastrarás sobre tu estómago y comerás polvo durante el resto de tu vida», y los siervos del Diablo están viviendo bajo la maldición de Dios.
¿Acaso las serpientes viven del polvo sólo? ¿Acaso no se alimentan de ranas y otros anfibios? Pero Dios dijo claramente que la serpiente comería polvo. ¿Significa esto que la Palabra de Dios es incorrecta?
No, esto no significa que la Palabra de Dios sea incorrecta. Dios le dijo a Satanás, que se metió en la serpiente y desafió a Dios, que comería polvo durante el resto de su vida. «Ahora irás a los seres humanos y te alimentarás de sus deseos carnales». Esto es lo que Dios le dijo a Satanás y por eso se alimenta de los deseos carnales de la humanidad.
Antes de caer, Satanás se alimentaba del pan espiritual en su posición celestial. Pero ahora que ha sido expulsado del Cielo y habita con los seres humanos, se alimenta de los placeres carnales. El Diablo sabe muy bien que para obtener su alimento, los seres humanos deben ser avariciosos. Por eso incita a la gente con sus palabras retorcidas que les hacen creer que si creen en Jesús, serán ricos, sus negocios prosperarán, entrarán en una buena escuela, se casarán con personas buenas, etc. En otras palabras, el Diablo se alimenta de los corazones pecadores de los que creen en sus mentiras.
¿En qué tipo de personas obra Satanás¿ El lugar donde el Diablo obra es el corazón de los que no han recibido la remisión de los pecados. Dicho de otra manera, el Diablo se alimenta de los deseos carnales de los que no han recibido la remisión de los pecados. En una ocasión, unos demonios, seguidores de Satanás, le rogaron a Jesús que les dejara entrar en unos cerdos (Lucs 8, 32). El Diablo entra en los que siguen sus propios deseos y sólo quieren llenar sus estómagos como los cerdos, y entonces construye su hogar y vive allí. Por eso los pastores que sólo se preocupan de enriquecerse con su ministerio son los típicos siervos de Satanas.
¿Cómo podemos saber quiénes son los siervos del Diablo y quiénes son los siervos de Dios? Los siervos del Diablo sólo buscan la prosperidad material, como les dice el Diablo. Lo que Dios le ordenó a Satanás es exactamente lo que hacen los siervos del Diablo. Antes de que Dios le maldijera Satanás se alimentaba de otras cosas, pero Dios le dijo que comería polvo durante el resto de su vida y por eso Satanás y sus siervos sólo se alimentan de los deseos sucios que hay en los corazones de la gente.
Los líderes cristianos que todavía no han nacido de nuevo sólo quieren aumentar el número de fieles de su congregación y construir iglesias más grandes. Quieren tener cosas materiales. Así que las iglesias deben ser más grandes y la congregación más numerosa.
Pero los nacidos de nuevo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no se alimentan sólo de los deseos carnales. Los justos se alimentan de la Palabra de Dios espiritual, y comen el pan de vida por fe. Por supuesto, incluso los justos deben comer pan material para vivir, pero siempre están dispuestos a comer la Palabra espiritual de Dios, el pan de vida. Esto es lo que les diferencia de los siervos del Diablo que sólo comen polvo.
Los nacidos de nuevo se alimentan de ambos tipos de pan, mientras que los que no han nacido de nuevo se alimentan sólo de polvo. Los siervos de Satanás, es decir los que no han nacido de nuevo, siguen los deseos de la carne solamente. Y siempre compiten para ver quién come más polvo.
Ahora Satanás es enemigo de Dios. Y nuestro Dios le dijo:
«Y pondré enemistad
entre ti y la mujer,
y entre tu simiente y la simiente suya;
ésta te herirá en la cabeza,
y tú le herirás en el calcañar» (Génesis 3, 15).
En otras palabras, Dios puso enemistad entre Satanás y la humanidad. Hubo un tiempo en el que la serpiente y la humanidad eran amigos. Eran amigos y jugaban juntos. Pero después de que Satanás entrara en la serpiente e hiciera que la humanidad comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal, Satanás y la humanidad se convirtieron en enemigos.
 
 
Nuestro Señor vino como descendiente de una mujer y venció a Satanás
 
Dios dijo: «Jesús nacerá como descendiente de una mujer y será el Salvador. E intentarás herir Su talón, pero Él herirá tu cabeza y vencerá el poder de todos los pecados que tú difundes. Erradicará la muerte, la maldición de la humanidad desde tiempos de Adán y Eva. Vencerá al mundo y a ti». Todo esto lo ha logrado.
Cuando el talón está herido, no se puede poner el pie en el suelo. Satanás crucificó a Jesús, pero en la Cruz, Jesús pisoteó la cabeza de Satanás. Mucho antes de que Jesucristo fuese crucificado hasta morir, tomó los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. Al hacerlo, pudo cargar con la condena de todos los pecados que el Diablo había introducido a través de Adán y Eva, e hizo que fuera imposible que Satanás nos acusara de pecar. Al ser crucificado, el Señor quebró la cabeza de Satanás.
Como Jesús quebró la cabeza de la serpiente, Satanás no puede molestar a los que creen en Jesucristo como Señor y Salvador. Esto se debe a que la condena del pecado ha acabado y por tanto el Diablo no puede atacarles. Sin embargo, Satanás todavía obra en los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y no han recibido la remision de los pecados, e incita sus deseos carnales.
Dios le dijo a Adán: «Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa con dolor comerás de ella todos los días de tu vida». Cuando el hombre comió el fruto que la mujer le dio y pecó, fue condenado a labrar la tierra para mantener a su familia con el sudor de su frente. En el Jardín del Edén vivía sin tener que trabajar y comía lo que Dios le daba, pero cuando cayó, se apartó de Dios y tuvo que trabajar. Esto significa que la humanidad está maldita y vive en un mundo lleno de horrores.
Está escrito: «A la mujer dijo:
Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces;
con dolor darás a luz los hijos;
y tu deseo será para tu marido,
y él se enseñoreará de ti» (Génesis 3, 16).
En tiempos de Adán y Eva, antes de que cayeran en el pecado, la mujer no deseaba a su marido, ni daba a luz con dolor. Pero cuando cayó en la tentación de Satanás y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, tuvo que dar a luz con dolor y estar sometida a su marido. Si no hubiese pecado, no tendría por qué estar dominada por el marido.
El que Eva tuviera que estar sometida a su marido significa que la humanidad debe someterse a Dios. Los que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, deben estar sometidos a Dios a través de la Iglesia. Quien nace de nuevo debe querer al Señor, y debe estar sometido a Su Iglesia. Los que no están sometidos a la Iglesia de Dios y no quieren tomar parte en la obra de la Iglesia para servir al Señor, no pueden estar sometidos a Dios ni recibir Sus bendiciones espirituales. Esta gente no puede vivir en la Iglesia hasta el final.
Debemos darnos cuenta de lo que dice la Palabra de Dios. Dios dijo que las mujeres deben estar completamente sometidas a sus maridos y dar a luz con dolor, y dijo que los hombres sólo podrían obtener el fruto de su labor con el sudor de sus frentes. Todo esto se ha cumplido tal y como está escrito en la Biblia. Hemos sido salvados gracias a la labor de Jesucristo. Y los hombres deben trabajar para mantener a sus familias.
Está escrito: «Espinos y cardos te producirá,
y comerás plantas del campo.
Con el sudor de tu rostro comerás el pan
hasta que vuelvas a la tierra,
porque de ella fuiste tomado;
pues polvo eres,
al polvo volverás» (Génesis 3, 18-19).
El hecho de que Adán y Eva fueran expulsados del Jardín del Edén causó mucho sufrimieto. Vivir en este mundo es como vivir en un camino de espinos. Es muy duro vivir en este mundo lleno de horrores. Este es el castigo de Dios para la humanidad caída. Si los seres humanos no hubiesen comido del árbol del conocimiento del bien y del mal, podrían habar vivid en el paraiso del Edén para siempre; pero ahora deben volver al polvo, el material del que están hechos.
Los seres humanos no son más que un puñado de polvo cuando mueren. Cuando son enterrados, se descomponen. De hecho, los seres humanos no son nada. La carne se descompone y se convierte en polvo, del mismo modo en que los gusanos se alimentan de un pescado podrido. No hay nada en la carne humana que dure para siempre. El origen de la carne es la naturaleza y por eso debe volver a la naturaleza sin dejar rastro alguno.
 
 
Sólo hay espinos y cardos en este mundo
 
En el difícil camino de la vida, los cardos y los espinos hieren a la gente, ¿pero de verdad tiene que sufrir la gente por estas heridas? No. Si reciben la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios, todos sus problemas se solucionan.
Sin embargo, los que no reciben la remisión de los pecados deben seguir luchando contra los cardos y los espinos durante toda su vida. Como hay multitud de personas que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, no han recibido la remisión de los pecados y viven por los deseos carnales, no pueden evitar herir a los demás. Los que no han nacido de nuevo no son felices, por mucho que lo intenten. Siempre intentan esquivar los cardos y los espinos, pero al final les hieren y viven sufriendo y sangrando constantemente. A no ser que hayamos nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, viviremos así hasta el final.
Por tanto, debemos tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y escapar del sufrimiento de este mundo lleno de espinos y cardos. No debemos buscar la felicidad falsa en este mundo lleno de sufrimiento. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu debemos recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones, y vivir con la verdadera felicidad que nos da el Señor. Todos los que han sido salvados de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu han sido librados del camino lleno de espinos y cardos.
Está escrito: «Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió» (Génesis 3, 20-21).
Algunas personas dicen que en el Jardín del Edén había otros seres humanos además de Adán y Eva. Satanás inventó esta mentira y muchos de los que no han nacido de nuevo se la han creído. Dios dijo: «Adán llamó a su mujer Eva porque era la madre de todas las criaturas vivientes». Esto significa que los antepasados de la humanidad son Adán y Eva. Y todos los seres humanos nacen de mujeres. Los descubrimientos científicos recientes han demostrado que todos los seres humanos vienen de una sola mujer. Han descubierto que las mitocondrias del ADN sólo se heredan por la línea materna, mientras que el ADN del núcleo se hereda de ambos padres. Lo que es sorprendente es que todas las mitocondrias de ADN son iguales en todos los seres humanos. Esto es una prueba de que todos los seres humanos, blancos o negros, vienen de una sola mujer, llamada Eva.
Sin embargo, algunas personas todavía insisten en que Dios creó a otros seres humanos antes que a Adán y Eva. Hay una famosa organización que apoya esta afirmación. Según esta organización Adán y Eva eran los representantes de los seres humanos que Dios creó al principio de este mundo y que la Biblia está escrita según este principio de representatividad.
Esto no tiene sentido. Dios sabía que se harían estas afirmaciones y por eso explica el asunto con todo detalle. Aunque tiene sentido decir que durante toda su vida (900 años) Adán y Eva tuvieron muchos hijos a parte de Caín y Abel, no tiene sentido decir que la humanidad ya existía antes de Adán y Eva. ¿Es la Biblia falsa? Si es así, entonces lo que Jesucristo hizo es mentira y Adán y Eva no existieron.
Cuando estaba en el seminario hace tiempo, un profesor afirmaba que no descartaba la existencia de extraterrestres en el espacio. Así que le dije: «Si existieran los extraterrestres, ¿significaría esto que hay seres humanos viviendo en alguna parte del universo además de la tierra?». Sólo me contestó repitiendo lo mismo de nuevo sin pruebas bíblicas. Así que le pregunté de nuevo: «La Biblia dice: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a Su único Hijo”. ¿Entonces cuál es la razón por la que Jesús nació en el mundo?». Entonces el profesor se cayó.
Algunas personas afirman que Dios creó a la humanidad antes de la creación de Adán y Eva, pero la Biblia dice que Adán llamó a su esposa Eva, que significa la madre de todas las criaturas. Esto significa que a través de Eva todos los seres humanos existieron en este mundo. Al principio Dios creó a la mujer de una costilla de Adán y su nombre era Eva. A través de Adán y Eva, nacemos en la carne en este mundo, y a través de Jesucristo, nacemos de nuevo del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Quién es la madre de todos los que viven en este mundo? Eva.
Antes de Adán y Eva no existía la humanidad. Puede que hubiera ángeles. La Biblia no describe cómo creó Dios a los ángeles, pero aparecen con frecuencia. Y dice que el ángel caído entró en la serpiente y obró. Los justos tienen una base firme que es la fe en la Palabra de Verdad de Dios. Aunque Satanás intenta derribar la base de nuestra fe, Dios la ha hecho firme con la Palabra de Verdad.
 
 
Las túnicas de piel con las que Dios nos vistió
 
Génesis 3, 21 dice: «Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió». Dios creó túnicas de piel para Adán y Eva, que habían caído. Para hacer túnicas de piel, un cordero debe morir. La Biblia dice que sin derramamiento de sangre no hay remisión de los pecados (Hebreos 9, 22). El precio del pecado es la muerte, y cuando el Cordero murió, pagó ese precio y nos revistió de vida, salvación y gracia.
Mientras que Satanás les dijo a Adán y Eva que se hicieran vestiduras con hojas de parra, Dios los vistió con túnicas de piel. El Diablo creó la religión, y Dios creó la salvación. Y nos ha vestido con la salvación. A través de Jesucristo recibimos la remisión de nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque la gente pea, al creer en la Palabra de Dios, el Evangelio del agua y el Espíritu, puede estar sin pecado y por tanto no hay condena para este pecado.
Comparemos las vestiduras de hojas de parra que hizo el hombre con las túnicas de piel que hizo Dios. Las que están hechas con hojas de parra se rompen fácilmente, y cuando se dejan al sol se secan y se descomponen. ¿Y las de piel? Por mucho sol que les de, nunca se rompen.
No hay verdadera vida en las religiones del mundo, sino que en ellas sólo existe la hipocresía. Los seguidores de la religión intentan cubrir sus pecados con buenas obras. Sin embargo los actos de hipocresía de los humanos no duran y al final salen a la luz los pecados. Así es la vida religiosa de los seres humanos.
Dios nos ha vestido con la salvación y la remisión de los pecados gracias al Evangelio del agua y el Espíritu. Nos ha vetido con las vestiduras espirituales de piel. Para salvarnos envió a Jesucristo y le hizo completar el Evangelio del agua y el Espíritu. Al hacerlo, Dios nos ha dejado sin pecados a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Mis queridos hermanos, ¿hay pecados en sus corazones? Aunque Adán y Eva pecaron, cuando se pusieron las túnicas de piel que Dios les dio, no sintieron vergüenza. Así los descendientes de Adán y Eva también pueden recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu completado por Jesucristo.
Génesis 3, 22-23 dice: «Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado».
Aquí está escrito: «He aquí el hombre es como uno de nosotros». También está escrito en Génesis 3, 5: «Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal». El que la humanidad conociera el bien y el mal por sí misma es una maldición.
El que los seres humanos evaluen el bien y el mal no es algo negativo en sí mismo, pero sólo Dios sabe qué es el bien y el mal, y por tanto debemos tener en cuenta lo que Dios dice. Los seres humanos no deben evaluar el bien y el mal por sí mismos. Pero Dios dijo que Adán y Eva, después de haber caído, conocieron el bien y el mal, ya que Dios dijo: «He aquí el hombre es como uno de nosotros».
Dios conoce el bien y mal correctamente, ¿verdad? Los seres humanos también conocemos el bien y el mal, ¿no? Pero el sistema de evaluación es distinto. En otras palabras, mientras que la bondad de Dios es la bondad absoluta, la bondad de los humanos es egoísta. Debemos tener el concepto del bien que Dios ha establecido, pero la humanidad es egoísta y por tanto su concepto del bien es falso. Como la bondad de la humanidad caida es así, no es más que hipocresía.
Para empezar una guerra, debe haber una causa justa para vencer algún tipo de mal. Sin embargo, en este mundo el bien y el mal son relativos, y por eso desde nuestro punto de vista el país enemigo puede ser malvado, pero desde su perspectiva somos nosotros los malvados. Cuando observamos el conflicto entre Israel y Palestina, ambas partes nos proporcionan un motivo para destruir a su enemigo. Por eso no podemos encontrar el bien absoluto en la humanidad. Ninguna de las dos naciones sabe cuál es el bien absoluto. El concepto del bien de los seres humanos no es una verdad absoluta.
Sin embargo, debemos luchar y vencer a Satanás, que es nuestro enemigo eterno. Como debemos luchar esta batalla espiritual pase lo que pase, primero debemos establecer una distinción correcta entre el bien y el mal. Como los seres humanos son imperfectos, si definimos la virtud por nuestra cuenta, estamos levantándonos contra Dios. Sólo Dios puede distinguir el bien y el mal, y sólo Él puede definir la virtud. Para Dios Su Palabra es la medida de toda justicia y virtud. El que la Palabra de Dios sea el bien absoluto es la Verdad que nunca cambia.
Es incorrecto establecer la distinción entre el bien y el mal por uno mismo, porque es bastante relativa. Está mal tomar algo relativo como absoluto.
Por ejemplo, en mi país, cuando los padres mueren, se entierran. Pero hay una tribu en Papua Nueva Guinea que considera una virtud comerse la carne de los padres cuando mueren, ya que para esta tribu es inconcevible dejar que los cuerpos sean consumidos por los gusanos. Entonces ¿cuál de estas dos prácticas es la correcta? Las dos son correctas para los que las practican, ¿pero son valores absolutos? ¿Es correcto devolver a los muertos a la tierra? Ya sean los gusanos o las personas las que consuman los cuerpos, ¿es una cosa más correcta que la otra? Cuando establecemos nuestra propia medida del bien caemos en nuestro propio orgullo y en la trampa de Satanás.
Lo mismo se aplica a nuestras vidas de fe. Lo que pensamos que es correcto no es necesariamente lo correcto a los ojos de Dios. Algunas personas pueden decir: «No digo que el Evangelio del agua y el Espíritu sea falso, lo que estoy diciendo es que la fe en la sangre de Jesús no debe ser considerada como incorrecta». Según ellos, también creen en Jesús y por eso piensan que es correcto reconocerse los unos a los otros, pero lo que reconocen como bueno es malvado a los ojos de Dios. Para nosotros, aceptar a los que no creen en la Palabra de Dios es tolerar lo malvado que es no creer en la Palabra de Dios.
Si aprobásemos cualquier evangelio falso que no es el Evangelio del agua y el Espíritu, estaríamos pecando ante Dios. Debemos conocer a Dios correctamente cuando creemos en Él. En cuanto a lo que se refiere a la naturaleza humana, nosotros no somos mejores no peores que los que creen en los evangelios falsos. Pero Dios es el único Juez y el único que conoce el bien y el mal. No debemos intentar vivir nuestras vidas de fe según nuestros conceptos humanos.
Dios prohibió a nuestros antepasados, que no creyeron en la Palabra de Dios, que comiesen del árbol de la vida. El árbol de la vida estaba en el centro del Jardín del Edén. Génesis 2, 9 dice: «Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal». Dios quería que Adán y Eva comiesen del árbol de la vida para que viviesen para siempre. Pero Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal. ¿Por qué? Porque fueron tentados por Satanás y cayeron en esta tentación y comieron del fruto prohibido. Al ser engañados por la tentación de Satanás, Adán y Eva acabaron levantándose contra Dios sin darse cuenta.
Para levantarse contra Dios, hay que tener un concepto propio del bien y del mal. Por eso Dios les dijo a Adán y Eva que no comiesen del árbol del bien y del mal, para que no se levantasen contra Él. Sin embargo, para Satanás levantarse contra Dios requería tener una medida del bien y del mal propia, y por eso les hizo comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. ¿Por qué desafía la gente a Dios? Porque tienen sus propio concepto del bien y del mal.
El día de Pascua de este año un líder cristiano de Corea decía lo siguiente en una columna de un periódico: «Hoy en día algunas personas todavía hablan de que Jesús vendrá y se llevará a la Iglesia al Cielo. Dios es bueno y por tanto no es tan estrecho de mente como para llevarse sólo a los que creen en Él al Cielo». Después del Segundo Concilio del Vaticano (1962-1965), la Iglesia Católica declaró: «Hay salvación fuera de la Iglesia».
¿Qué significa esto? Que sólo se puede obtener la vida eterna en el Cielo sin importar en qué religión se cree, siempre y cuando se sea un buen creyente. Esta afirmación apoya el denominado pluralismo religioso. Por tanto muchos teólogos protestantes están de acuerdo en que la salvación se encuentra en todas las religiones. Pero ¿qué dice la Palabra de Dios? Dice que la salvación nunca se encuentra fuera de Jesús, porque está escrito: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos de los Apóstoles 4, 12).
Por tanto, aunque desde el punto de vista humano pueda parecer correcto no denunciar a otras religiones y aceptarlas a todas por igual, es un gran pecado que niega la Palabra de Dios y condena a Dios como un Ser intolerante y egoísta. Estas afirmaciones provienen del concepto del bien y del mal que ha inventado la humanidad, es decir, de sus instintos. Como la gente tiene su propio concepto del bien y del mal, están en contra de la justicia de Dios.
Cuando predican el Evangelio del agua y el Espíritu a la gente, dicen: «¿La gente que vivió hace mucho tiempo y no escuchó el Evangelio del agua y el Espíritu irá al infierno? ¿Significa que todos esos cristianos irán al infierno?». Y rechazan el verdadero Evangelio porque dicen que si esa es la justicia de Dios, se niegan a creer en ella. Como la humanidad comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, ahora los seres humanos tienen su propia medida del bien. Los que juzgan el bien y el mal por su cuenta no pueden recibir la remisión de los pecados porque no pueden creer en el Evangelio del agua y el Espíritu cuando se les predica.
Incluso los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, si siguen teniendo su propio concepto del bien y del mal, están cometiendo un gran pecado ante Dios, y dejarán la Iglesia de Dios al final. Los seres humanos no tenemos un concepto absoluto del bien y del mal. Es Dios quien decide lo que es el bien y lo que es el mal. Incluso los siervos de Dios, si se desvían de la Palabra de Dios, no pueden saber cuál es el bien absoluto y cuál es el mal absoluto. Sólo cuando los siervos de Dios reflexionan sobre Su Palabra, pueden juzgar el bien y el mal.
Nuestro concepto del bien y del mal debe establecerse correctamente. Por ejemplo, ¿es bueno o malo subestimar a los siervos nacidos de nuevo, dudar de ellos e impedir que otros crean en la Palabra cuando ellos la predican? Si contestamos a esta pregunta según la Palabra de Dios, la respuesta es malo. Es malvado juzgar a los hermanos y hermanas nacidos de nuevo. Dios juzga según Su Palabra. Como la humanidad comió del árbol del conocimiento del bien y del mal desde el principio, los seres humanos tienen su propio concepto del bien y del mal. Pero este concepto no es absoluto.
Tendemos a juzgar el bien y el mal por nosotros mismos. sin embargo, es indispensable que tomemos la Palabra de Dios como la verdadera medida del bien y el mal. Nuestro concepto de la virtud debe estar de acuerdo con lo que Dios ha dicho que es bueno o malo.
Cuando hago la obra de Dios, yo también me pregunto: «¿Qué es el bien? ¿Qué dice la Palabra de Dios? Dios se complace cuando el Evangelio del agua y el Espíritu se predica, pero ¿qué debemos hacer para proclamarlo completamente? ¿No sería mejor que predicásemos el Evangelio individualmente? ¿O es mejor predicarlo juntos? ¿Qué serviría al Evangelio mejor? A Dios también le complace el orden, pero ¿cómo debemos establecer el orden de Dios en la Iglesia? ¿Cómo debemos servir al Señor?».
Estas son algunas de las preguntas que me hacen reflexionar. A través de Su Palabra, Dios dejó claro que los nacidos de nuevo deben difundir el Evangelio del agua y el Espíritu unidos a la Iglesia de Dios y Sus siervos, porque tendemos a seguir nuestra propia codicia si predicamos el Evangelio individualmente.
Mientras sigo al Señor, me doy cuenta de cómo mis pensamientos estaban equivocados. Cuando leo la Palabra de Dios me doy cuenta de lo siguiente: «Mis pensamiento son malvados y sólo la Palabra de Dios es buena». Si llevan gafas azules, el mundo parece azul, si llevan gafas rojas, el mundo parece rojo. La misma situación parece diferente según el punto de vista desde el que se contemple. Nada es igual. Sin embargo, cuando se ponen las gafas de Dios, pueden saber lo que es el bien y el mal.
¿Entienden lo que quiero decir? He visto que a veces lo que parece bueno para la humanidad puede ser malo a los ojos de Dios, y lo que parece malvado para la humanidad, es bueno a los ojos de Dios. Mis queridos hermanos, sólo la Palabra de Dios puede juzgar el bien y el mal. Por tanto, cuando creemos en la Palabra de Dios podemos ir por el buen camino y evitar el mal camino.
La filosofía no es más que un ejercicio intelectual que expresa lo simple de manera complicada. Un concepto simple, cuando es definido por los filósofos, se convierte en un concepto abstracto y metafísico que casi nadie entiende. Por el contrario, la Biblia, que es la Palabra de Dios, es simple y clara.
En otras palabras, el bien y el mal están divididos a los ojos de Dios, pero a los ojos de la humanidad, todo es diferente según el color del cristal con que se mire. Cuando vivimos según la Palabra de Dios, lo que es blanco es blanco y lo que es negro es negro. Cuando miramos el mundo a través de la Palabra de Dios el bien y el mal están claramente definidos. Debemos verlo todo a través de los ojos de Dios. Y tenemos que percibir las cosas por el corazón de Dios, mediante nuestra fe en Dios, dentro de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Sólo entonces podemos ver claramente.
La gente es demasiado estrecha de mente. La Iglesia Presbiteriana critica a la Pentecostal y viceversa. Pero esto se debe a que cada denominación mira a través de lentes diferentes. Sin embargo si juzgamos mirando a través de la Palabra de Dios, los pensamientos de la humanidad están equivocados siempre, y sólo Dios es bueno. Y cuando Dios dice que algo es malvado, es en realidad malvado. Está claro. El concepto de Dios del bien y del mal es absoluto e inamovible.
Cualquier concepto del bien y del mal que sea diferente al de Dios viene de las religiones del mundo. Dios no permite que nadie tenga su propio concepto del bien y del mal entre en el Reino de los Cielos. Los que cambian su concepto del bien y del mal por el Evangelio del agua y el Espíritu según la Palabra de Dios pueden entrar en Su Reino. Y Dios les dice que pueden comer del árbol de la vida.
A través de la Palabra de las Escrituras, se han dado cuenta de que su concepto del bien y del mal está equivocado. En sus vidas han visto a través de sus ojos o juzgado desde su propio punto de vista. Sin embargo, Dios dijo: «Los justos vivirán por fe». Los justos nacidos de nuevo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu sólo deben dejar de lado sus medidas y vivir por fe en el Señor.
Está escrito: «Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. <}100{>Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida» (Génesis 3, 23-24).
Aquí se dice que Dios echó a Adán y Eva del Jardín porque tenían su propio concepto del bien y del mal. Y entonces Dios puso a un querubín y una espada ardiente que se movía en todas direcciones para proteger el árbol de la vida. Dios dejó la puerta abierta sólo a los que no tienen un concepto propio del bien y del mal, y que obedecen la Palabra de Dios, y sólo ellos pueden comer del árbol de la vida. Y con la espada preparada, Dios condena a los que intentan entrar con su propio concepto del bien y del mal.
En otras palabras, Dios ha establecido que los que tienen su propio concepto del bien y del mal, y no la Palabra de Dios, serán arrojados al infierno. Por eso los que no comen de la Palabra de Dios no pueden comer del árbol de la vida, y serán condenados por Dios.
Cuando decimos que quien tiene pecados será arrojado al infierno, la gente se asombra de que digamos tal cosa: «Dios no manda al infierno a la gente por sus pecados. Dios es amor. No creo que el Dios del amor sea así». Dicen esto porque tienen pecados en sus corazones y tienen miedo.
Los que tienen pecados pero no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu a pesar de haberlo escuchado, son los que tienen su propio concepto del bien y del mal. Se niegan a aceptar el Evangelio del agua y el Espíritu. Por el contrario, los justos que proclaman no tener pecado por creer en el Evangelio del agua y el Espíritu dicen: «¿Cómo podéis estar sin pecado si aún cometéis pecados?». Así que contestan que es normal tener pecados, y le ruegan a Dios que perdone sus pecados personales a través de las oraciones de penitencia y las buenas acciones.
Sin embargo, el que quien tenga pecados deba ser arrojado al infierno es la ley justa de Dios. Si alguien tiene pecados, será arrojado al infierno sin excusa. Dios hizo una espada afilada con la que juzgará a los pecadores. Los condenará con esta espada en llamas.
Cuando predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu, les decimos a la gente: «Si tenéis pecados, iréis al infierno», pero esto es lo que Dios dijo en realidad. No es una cosa que nos hayamos inventado, sino que es lo que Dios mismo dijo.
Pero a pesar de esto la mayoría de los cristianos dice que está bien tener pecados en el corazón siempre y cuando se crea en Jesús, y muchos afirman que creen en Jesús y que por eso irán al Reino de los Cielos aunque tengan pecados. Se enfadan con nosotros porque les ofende el que digamos: «Sois pecadores y si tenéis pecados, iréis al infierno».
Cuando les preguntamos: «¿Cómo puede alguien que cree en Jesús decir que tiene pecados en su corazón? Cuando Jesús fue bautizado, aceptó todos los pecados del mundo y murió en la Cruz para pagar su precio. ¿Cómo podéis decir que hay pecados en vuestros corazones aunque creáis en Jesús?»
Quien tenga un concepto del bien y del mal distinto al de Dios, nunca podrá comer del árbol de la vida. ¿Quién, entonces, puede comer de este árbol? Sólo los que no tienen su propio concepto del bien y del mal. Los que niegan sus pensamientos, reconocen a Dios y los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden comer del fruto del árbol de la vida. Como ustedes también han desechado su concepto del bien y del mal, pudieron escuchar la Palabra de Dios y aceptarla, para así recibir la vida.
Los que dejan atrás sus propios pensamientos creen en toda la Palabra de Dios, diga lo que diga. Pueden creer de la siguiente manera: «Jesús tomó todos los pecados del mundo, desde la creación de los cielos y la tierra hasta el fin del mundo. Entonces ¿dónde está el pecado? Mis pecados pasados han desaparecido porque Jesús se los ha llevado junto con los pecados futuros». Cuando se juntan todos los pecados del mundo, no son más que un grano de arena a los ojos de Dios.
Lo importante es no es cómo miramos las cosas, sino cómo Dios las ve, porque es juicio de Dios es perfecto. Los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no ven la Palabra de Dios desde Su perspectiva, sino con sus propios ojos.
Debemos aceptar el concepto del bien y del mal que Dios ha establecido.