The New Life Mission

Sermones

Tema 27: Cartas de Dios para nosotros en la era del Coronavirus

[27-8] (Isaías 6:1-13) La semilla santa es la única esperanza para la humanidad

(Isaías 6:1-13)
«En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.
Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.
Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.
Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas;
y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved, por cierto, mas no comprendáis.
Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.
Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto;
hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra.
Y si quedare aún en ella la décima parte, ésta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa».
 

En Isaías capítulo 6 que acabamos de leer, podemos ver varias visiones que Dios le mostró al Profeta Isaías. En estas visiones, el Profeta Isaías vio serafines, cada uno con seis alas. Con dos alas los serafines se cubrían la cara, con otras dos los pies y con dos volaban. Se llamaban los unos a los otros y alababan a Dios diciendo:  
«Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria» (Isaías 6:3) También podemos ver ángeles alabando a Dios de esta manera en el Libro del Apocalipsis en el Nuevo Testamento. 
El Profeta Isaías temblaba de miedo, diciendo: "Estoy acabado porque he visto al Santo". Cuando se vio a sí mismo ante Dios pudo ver que estaba maldito a muerte. Sin embargo, uno de los serafines tomó un carbón ardiente con las pinzas del altar, tocó los labios de Isaías con él y le dijo: «Es quitada tu culpa».
 

Cuando alguien se convierte en el enemigo de Dios, es difícil arrepentirse

Es difícil para los que se han convertido en Dios arrepentirse y ser salvados. Cuando Dios dijo: «¿Quién irá por nosotros?» el Profeta Isaías dijo: «Heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6:8). Entonces Dios dijo:
«Engruesa el corazón de este pueblo, 
y agrava sus oídos,
 y ciega sus ojos,
 para que no vea con sus ojos, 
ni oiga con sus oídos, 
ni su corazón entienda, 
ni se convierta, 
y haya para él sanidad» (Isaías 6:10). 
Cuando Dios miró al pueblo caído de Israel, quiso que regresaran a Él y fueran sanados. Esto significa que era imposible que el pueblo de Israel se arrepintiese de su oposición a Dios y volviese a Él. En otras palabras, Dios estaba diciendo que el pueblo de Israel tenía que cambiar y regresar a Él, y que sin su sincero y verdadero arrepentimiento no podía resolver el problema de sus pecados solamente al pedirle a Dios que los perdonase. Este arrepentimiento insincero está muy equivocado. Así que, si el pueblo de Israel regresaba a Dios sin arrepentirse completamente de su pecado de levantarse contra Dios solo para disminuir su sufrimiento, este arrepentimiento falso ofendería a Dios.    
Por tanto, lo primero que el pueblo de Israel tuvo que hacer fue arrepentirse de corazón de la rebelión contra Dios. Si regresaba a Dios sin verdadero arrepentimiento solo para tener una excusa, Dios no lo reconocería. Se merecería el juicio de Dios por el pecado de levantarse contra Él. Dios juzga a los que juzga y concede Su gracia a los que se la concede. Debemos recordar que Dios es justo. 
Isaías 6:13 dice:
«Y si quedare aún en ella la décima parte,
 ésta volverá a ser destruida; 
pero como el roble y la encina, 
que al ser cortados aún queda el tronco, 
así será el tronco, la simiente santa». Cuando Dios miró a Su pueblo, no creyó que pudiese arrepentirse de su pecado de idolatría, volver a Dios y dejar de vivir una vida pecadora adorando a ídolos y levantándose contra Dios. Aunque Dios le había dicho al pueblo de Israel que dejase de vivir esta vida, era imposible que parase. 
Imaginemos que el pueblo de Israel se arrepintió de su pecado de levantarse contra Dios y regresar a Él. Entonces sería lógico que Dios lo perdonase de sus pecados y lo aceptase. Dios les había dado muchas oportunidades de arrepentirse. Sin embargo, siguieron negándose a arrepentirse del pecado de la idolatría. Esto se debe a que su deseo de rebelión de levantarse contra Dios estaba fundamentalmente arraigado en su corazón como un nudo y se le había pasado a través de sus antecesores. En otras palabras, estaban viviendo la vida incorrecta porque habían nacido en este mundo con el deseo de desobedecer a Dios. Aunque el primer hombre, Adán, fue creado por Dios, cayó en la tentación del ángel caído que se levantó contra Dios. Adán unió su corazón con el deseo malvado del ángel caído y acabó cayendo en el pecado grave de rebelarse contra Dios al intentar usurpar Su lugar. Así es como nuestro corazón y el de Adán cayó bajo la influencia del enemigo de Dios. Por tanto, el pueblo de Israel en ese entonces debería haber admitido los pecados malvados que había heredado de Adán y haberse arrodillado ante Dios. Deberían haber reconocido que no podían escapar del juicio de Dios y regresar a Él. 
Cuando nacimos en este mundo heredamos el corazón rebelde que Adán tenía cuando pecó. Teníamos que darnos cuenta de que, como por naturaleza nacimos con el deseo de desobedecer y levantarnos contra Dios, pudimos recibir las bendiciones de Dios solo si admitimos nuestros pecados malvados ante Él. Los que vivimos en el presente también tenemos que reconocer los pecados que hemos cometido al levantarnos contra Dios. Ustedes también tienen que admitir a Dios que, cuando nacieron en este mundo, su corazón ya tenía el deseo de levantarse contra Él, y que ustedes habían vivido con este deseo. Por tanto, todos los seres humanos deben regresar a Jesucristo, el Salvador de la humanidad y reconocer "el Evangelio del agua y el Espíritu" que se nos ha dado por la gracia de salvación. Todos los seres humanos deben admitir que han heredado el pecado de Adán y han vivido como enemigos de Dios hasta el presente. Deben pedirle a Dios con humildad que les dé misericordia. 
Los seres humanos deben regresar a Dios y arrepentirse de verdad para ser sanados de sus pecados fundamentales que cometieron cuando estaban levantándose contra Dios. También deben darse cuenta de que es imposible regresar a Dios sin confesar que por naturaleza son enemigos de Dios. Para que todos nos arrepintamos verdaderamente ante Dios y seamos salvados de nuestros pecados, debemos primero tener la fe que reconoce la autoridad de Dios, Su santidad y Su honor. Ustedes también deberían admitir ahora que su corazón tenía el deseo de levantarse contra Dios. Así que tenemos que rendirnos a la santidad de Dios y creer en Sus bendiciones misericordiosas, gracia de compasión y salvación justa. Para regresar a tal Dios majestuoso y misericordioso debemos admitir que esto sería imposible sin la guía de la Palabra de Dios y la ayuda del Espíritu Santo, y tenemos que obtener esta ayuda al creer en la obra de Jesucristo.  
Con la llegada de la era del Nuevo Testamento, todos los seres humanos deben darse cuenta de que es imposible para ellos alcanzar la verdadera salvación sin la ayuda de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos dio como Su don. Nunca debemos olvidarlo. Esto se debe a que nacimos con un corazón fundamentalmente pecador que deseaba levantarse contra Dios y Su Palabra. Al haber vivido como enemigos de Dios, nuestra última esperanza es la obra justa de Jesucristo, el Hijo de Dios. Nuestra esperanza de salvación de todos nuestros pecados en este mundo ahora descansa en Jesucristo, quien vino a buscarnos con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, al creer en Jesucristo y Su obra de salvación justa podemos alcanzar nuestra salvación, todo gracias al Señor. 
Para ello debemos comprender bien la obra de Jesucristo, que constituye la Verdad de la salvación. Este entendimiento se logra a través de la Palabra de salvación que Jesucristo prometió a la humanidad. Para eliminar los pecados de la humanidad, Jesucristo ofreció voluntariamente Su propio cuerpo a Dios Padre como el sacrificio de redención para la remisión de los pecados. Cuando creemos en esta verdadera salvación somos redimidos de verdad. Debemos darnos cuenta de que, en el Nuevo Testamento, Jesucristo completó la obra de eliminar los pecados de la humanidad con la Palabra del verdadero Evangelio del agua y el Espíritu. 
Ahora debemos creer de corazón en la Verdad de la salvación que nos ha llegado por la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando tenemos esta fe, nuestra salvación se perfecciona gracias a la justicia de Jesucristo. Cuando creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión de los pecados que Jesucristo ha hecho por nosotros, entonces podemos finalmente regresar al verdadero Dios santo. Entonces podemos finalmente regresar al Dios santo que nos creó, alabar Su justicia y vivir para siempre. Para que nuestra fe sea aprobada por el Dios santo, debemos tener la creencia de que la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado es la Verdad. Nuestra salvación se completa a través del sacrificio de redención de Jesucristo, quien prometió que eliminaría los pecados de la humanidad.  
 

Ahora debemos poner nuestra esperanza en Jesucristo solamente

Hasta este día, todo ser humano ha vivido la misma vida que el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, es decir, todos los seres humanos han vivido como enemigos de Dios. Como el pueblo de Israel en la antigüedad vivió como enemigo de Dios levantándose contra Él y Su Palabra, se mereció sufrir mucho bajo el yugo de otra nación. Para salvar al pueblo de Israel de todos los pecados que cometió, Dios tuvo que hacer que Su Hijo Jesucristo pagase el precio del sacrificio. Toda vida humana era una oveja perdida a los ojos de Dios.     
Antes he mencionado que, para que los seres humanos regresasen a Dios, deben admitir que por naturaleza se habían levantado contra la santidad y majestad de Dios como Adán por naturaleza. Cuando los seres humanos se lamentan por su pecado de rebelión contra Dios la puerta de Su salvación y gracia se abre finalmente. Todos nosotros debemos arrodillarnos ante la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo le ha dado a la humanidad, admitir nuestros pecados y aceptar la gracia de la salvación que Dios está ofreciendo. Debemos reconocer que todos estábamos condenados a ser arrojados al infierno y enfrentarnos al pecado de levantarnos contra Él y Su Palabra. No deberíamos olvidar que la cualificación para alcanzar la verdadera salvación solo se consigue si admitimos que hemos estado de lado de nuestro enemigo y nos hemos levantado contra Dios. Hasta ahora nos habíamos rebelado contra la santidad de Dios y Su majestad. Los seres humanos deben darse cuenta de la "justicia" de Jesucristo, su Salvador, creer en ella y volver a Dios. Solo entonces es posible recibir la gracia de la salvación que Dios está ofreciendo. 
Habíamos vivido como enemigos de Dios, y para ser salvados de todos nuestros pecados, era indispensable darse cuenta de la Verdad de la salvación que Dios nos ha dado por nuestro bien. Al haber nacido en este mundo, Jesucristo, el único Hijo de Dios Padre, fue bautizado por Juan el Bautista para cargar con todas las iniquidades de la humanidad y derramó Su sangre valiosa en la Cruz. Necesitábamos la fe para creer que este bautismo de Jesús y Su sangre eran la ofrenda del sacrificio de redención que el Señor ofreció para eliminar nuestros pecados. El Evangelio del agua y el Espíritu redime nuestros pecados y la fe en este Evangelio es lo que necesita la raza humana. Cuando creemos en esta Verdad de salvación que Jesucristo, Dios mismo, completó cuando vino al mundo hace 2,000 años, somos liberados de todos los pecados que nos habían mantenido en la oscuridad hasta ahora. Esto significa que la verdadera salvación que Dios le ha dado a la humanidad empieza y termina con el Evangelio del agua y el Espíritu escrito en la Palabra de Dios. Debemos darnos cuenta de que la salvación de nuestros pecados se alcanza por fe en la Palabra de Dios. 
Dios dijo: «Así será el tronco, la simiente santa» (Isaías 6:13). Todos los pecadores que viven en este mundo pueden alcanzar la salvación solo si creen en el sacrificio justo de Jesucristo, quien es la semilla santa. Esta fe es la única esperanza para todos los que siguen siendo pecadores hasta hoy. Podemos encontrar la verdadera esperanza solo si creemos que el Señor ha cumplido la verdadera remisión de los pecados con la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. La revelación de Dios de vio el Profeta Isaías habla de Su gracia de salvación que vendría en el Nuevo Testamento. Todos los seres humanos habían caído en el pecado, pero la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu los salvaría de todos los pecados y Jesucristo daría este Evangelio a quien creyese en él. El que todos estemos bendecidos para convertirnos en los propios hijos de Dios o no depende de si creemos o no de todo corazón en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado como nuestra remisión de los pecados. 
 

La humanidad no puede alcanzar la salvación al confiar en las religiones del mundo

Los seres humanos deben darse cuenta de que es imposible ser salvados de los pecados confiando en una religión mundana. Las religiones de este mundo enseñan que la gente puede ir al Reino de los Cielos cuando muere solo si tratan sus pecados con sus propias buenas obras. Creen que la única manera de resolver el problema de sus pecados es ser virtuoso y hacer muchas buenas obras. Confían en sus propios pensamientos, pensando que si se arrepienten de los pecados malvados que surgen de su corazón y mente y viven una vida recta pueden escapar de todos estos pecados. Al creer en sus buenas acciones en vez de creer en Dios y Su Palabra, piensan en vano que pueden llegar al Cielo con sus buenas obras. ¡No podrían estar más equivocados! Incluso cuando la verdadera Palabra de la salvación de Dios se les ofrece, no se dan cuenta. De esta manera, los religiosos creen que sus pecados son tratados poco a poco mientras se arrepienten de sus transgresiones. ¡Esta es una creencia trágica! 
Incluso en las comunidades cristianas, muchas personas piensan que sus pecados son eliminados poco a poco mediante la gracia de Dios cuando se deciden a no pecar de nuevo y ofrecen oraciones de penitencia paso a paso. Para mí, estas oraciones de penitencia ofrecidas por los cristianos no son diferentes de las religiones del mundo. En otras palabras, estos cristianos están simplemente practicando una vida religiosa con los mismos pensamientos que otras personas religiosas de este mundo. Con el paso del tiempo verán por sí mismos cómo su fe religiosa se evapora y acaba en un fracaso total.  
Para que estos cristianos confundidos se arrepientan de todos los pecados que han cometido hasta el presente al levantarse contra Dios, deben volver a la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado. Sin fe en esta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu es imposible arrepentirse de los dogmas erróneos. Deben darse cuenta de que todos esos esfuerzos que han invertido en sus oraciones de penitencia para ser librados de todos sus pecados son completamente inútiles. ¿Por qué? Porque por naturaleza todos los seres humanos nacieron con pecados fundamentales para levantarse contra Dios. También se debe a que no pueden evitar cometer estos pecados en el futuro. Para librar a los pecadores de sus pecados, el Salvador de la humanidad ofreció el sacrificio de la salvación en nuestro lugar a través del Evangelio del agua y el Espíritu; y creer en esto es la única manera de que todos los seres humanos se arrepientan del pecado de rebelarse contra Dios y regresen a Él. La humanidad puede regresar a Dios solo si cree en la obra de la salvación que Jesucristo hizo para eliminar sus pecados. 
 

La esperanza de la humanidad descansa solamente en Jesucristo

Solo queda una esperanza para todos los seres humanos y es creer en la obra de la salvación de Jesucristo como la gracia de su salvación. La fe es su única esperanza. A través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, Jesucristo cargó con los pecados de la humanidad que se había levantado contra Dios en Su propio cuerpo de una vez por todas; pagó el precio de todos los pecados de la humanidad al ser crucificado hasta morir cargando con los pecados del mundo y así le ha dado nueva esperanza a la humanidad. Jesús es el Salvador que nos ha dado verdadera esperanza a los seres humanos que creen en esta Verdad de salvación. Al venir a este mundo cargando personalmente con los pecados de los pecadores sobre Su cuerpo, derramando Su sangre en la Cruz mientras cargaba con los pecados del mundo y levantándose de entre los muertos de nuevo, Jesucristo ha completado la salvación de la humanidad. 
El Señor ha permitido la remisión de los pecados y la nueva vida a todos los que creen de corazón en la obra justa que ha completado por nosotros. Por tanto, debemos darnos cuenta, al creer en la verdadera Palabra del Evangelio de salvación que ha venido por el agua y el Espíritu, que podemos ser salvados de todos los pecados que hemos cometido hasta el presente contra Dios. Creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos ha dado, pero en el pasado no sabíamos cómo recibir la verdadera salvación por fe porque durante mucho tiempo habíamos sido encarcelados por el pecado de levantarse contra Dios. La gracia de salvación para la humanidad se hizo posible gracias al bautismo a través del cual Jesucristo cargó con sus pecados, el sacrificio que hizo en la Cruz y el poder de Su resurrección. Ahora, la única manera de que seamos salvados de nuestros pecados es nuestra fe en la obra justa de la salvación que Jesucristo hizo para eliminar nuestros pecados cuando vino al mundo hace 2,000 años. 
La justicia de Jesucristo solamente es la verdadera esperanza para todos los seres humanos. Cuando creemos que Jesús aceptó todos los pecados de los pecadores a través del bautismo que recibió en el Río Jordán cuando vino a este mundo, podemos ser salvados de una vez por todas de todos los pecados que se han acumulado en nuestros corazones hasta el presente. En otras palabras, somos salvados de todos los pecados del mundo de una vez por todas cuando creemos que Jesucristo eliminó todos los pecados de este mundo de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista en el Río Jordán, y cuando nuestros corazones tienen fe en este verdadera Palabra de salvación. Nuestra salvación empieza y se completa con la fe en la justicia de Jesucristo. Solo cuando creemos en la obra de redención de Jesucristo podemos convertirnos en hijos de Dios. Dicho de otra manera, cuando la Biblia dice que Jesucristo sería la "semilla santa" en este mundo, significa que Jesús plantaría a la humanidad con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de salvación, y que completaría la verdadera salvación por todos los que creemos en este Evangelio. 
Cuando nos presentamos ante la santidad de Dios nuestros pecados interiores quedan expuestos. Entonces podemos darnos cuenta de que somos pecadores que deben estar en la presencia del trono del juicio de Dios por nuestros pecados. Podemos alcanzar nuestra verdadera salvación, no a través de la Ley de Dios, sino al creer en la Palabra de la justicia de Jesucristo con nuestros corazones. A menudo citamos la Biblia y decimos: "Hemos sido salvados de nuestros pecados por la fe de nuestro corazón". Esto significa que la verdadera salvación es posible, no al confiar en nuestra obra justa, sino solo al entender la obra justa de Jesucristo y creer en ella. Por tanto, debemos creer en la obra justa de salvación que Jesucristo ha hecho por nosotros, aceptar esta Palabra en nuestros corazones y darle gracias a Dios por ella.  
La Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado permite que todo el mundo alcance la salvación al creer en esta verdadera Palabra de salvación. Quien crea de todo corazón en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu como la Verdad de la remisión de los pecados es salvado de todos sus pecados para siempre. En otras palabras, sus transgresiones solo pueden eliminarse si creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús ha cumplido por nosotros. Por tanto, damos todas las gracias a Jesucristo, nuestro Dios, por fe.  
En el pasaje de las Escrituras de hoy la Biblia dice que los serafines alabaron a Dios mientras se cubrían la cara con dos alas, los pies con dos alas y volaban con dos alas. Los ángeles mencionados en el pasaje de las Escrituras de hoy no son los ángeles que se rebelaron contra Dios. Aunque estos ángeles no se levantaron contra Dios, podemos ver que se cubrieron la cara y los pies con las alas porque no podían evitar exponer su impureza ante la santidad de Dios. Cuando nosotros nos damos cuenta de la santidad de Dios nuestra impureza queda aún más expuesta y llegamos a comprender que no podemos evitar morir por nuestros pecados; y en ese momento nos damos cuenta de que la gracia de la salvación está cerca.  
Tanto en el cielo como en la tierra, el Dios trinitario es santo. No fueron solamente los ángeles los que temblaron ante esta santidad, sino que el Profeta Isaías también sintió temor. Dios es tan santo que cuando el Profeta Isaías vio al Dios santo sentado en el trono no supo que hacer porque su impureza y sus transgresiones quedaron expuestas en contraste con la santidad de Dios y por eso cayó al suelo boca abajo por miedo. Como el Profeta Isaías sabía que ver, como mero ser humano, al Dios santo significaría su ruina, confesó:  
«¡Ay de mí! que soy muerto; 
porque siendo hombre inmundo de labios, 
y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, 
han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos»
(Isaías 6:5).
Si los seres humanos con labios impuros viesen al Dios santo en persona se darían cuenta de que son seres sucios y malditos que no tienen otro remedio que morir ante Dios. Esto se debe a que, mientras que Dios es más santo de lo que pueden describir las palabras, nosotros somos pecadores y despreciables. No podíamos evitar morir por todos nuestros pecados. Cuando reflexionamos acerca de la santidad de Dios, nuestra naturaleza humana es tan vil, sucia, malvada y triste que estamos obligados a darnos cuenta y admitir que no podemos evitar el juicio de Dios. Esto es lo que nos enseña el pasaje. 
 

«¿Quién irá por nosotros?»

Cuando Dios dijo: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?» el Profeta Isaías dijo: Heme aquí, envíame a mí». Pero Dios dijo: "Aunque vayas con ellos, no valdrá para nada. Aunque me escucharán, ¿se arrepentirían del pecado de rebelarse contra Mí?". El Profeta Isaías fue al pueblo de Israel y le predicó la Palabra de Dios a gritos. Al haber recibido la revelación de Dios habló del Evangelio de salvación de Jesucristo, que no se vio hasta la era del Nuevo Testamento, a través de su profecía, no solo a sus generaciones, sino también a las generaciones actuales. En particular, el Profeta Isaías habló en detalle de la forma en la que Jesucristo volvería a esta tierra, qué tipo de Salvador sería y cómo nos salvaría al tomar todos nuestros pecados sobre Su cuerpo y cargan con la condena en la Cruz. De todos los profetas del Antiguo Testamento, el profeta que habló más acerca del Evangelio de Jesucristo no es otro que el Profeta Isaías. 
Pero, a pesar de esto, Dios dijo: "El pueblo de Israel no se arrepentirá, aunque se lo grites. Es imposible que se arrepientan de su acto de rebelión contra Mí, vengan a Mí por su propia voluntad y sean sanados de todos sus pecados". Esto se debe a que sus corazones ya habían rechazado a Dios y se negaban a arrepentirse de su rebelión contra Dios. Sin embargo, Dios sabía que, si renovaba sus corazones, lo reconocerían como su Dios y Salvador. Así que, a través de Jesucristo, el Salvador de la humanidad, Dios planeó salvar al pueblo de Israel. Dios está esperando aún ahora, sabiendo que llegarán a creer en Su justicia y así serán salvados de todos los pecados y alabarán a Dios. Por eso Dios le dijo al Profeta Isaías que, a no ser que el corazón del pueblo de Israel fuese renovado, no tendría ninguna expectativa para él. 
Hay una lección importante que debemos recordar aquí y es que deberíamos tener las mismas expectativas cuando intentamos evangelizar a los enemigos de Dios. La Palabra de Dios se aplica de la misma forma en el presente. Es adecuado que prediquemos la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios de profecía, a los que están en contra de Dios. Sin embargo, aquellos cuyos corazones están en contra de Dios no aceptan Su Palabra, aunque se la prediquemos. Dicho de otra manera, los que se están rebelando contra Dios en su corazón necesitan la obra justa de la salvación que Jesucristo cumplió para siempre y por eso debemos ser salvados al creer en esta Verdad solamente. Todos los pecadores que viven en este mundo necesitan la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo ha dado. 
Como nuestro Salvador, Jesús nos dijo que es indispensable para nosotros predicar la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu a todos los pecadores que creen en la Verdad de la salvación. Hoy en día, cuando los testigos predican el verdadero Evangelio a los pecadores, tienen el deber de predicar la Palabra del Evangelio, que fue cumplida con la verdadera Palabra de Dios escrita en el Nuevo y Antiguo Testamentos. Y todos los pecadores que escuchan esta Palabra pueden ser salvados solamente si reconocen y creen que la Palabra de Dios del Evangelio del agua y el Espíritu es lo único que puede salvarlos. 
Si predicásemos por nuestras experiencias espirituales o añadiésemos nuestros pensamientos carnales, las almas que nos escuchan se arruinarían. Si un testigo predica algo que no sea la Verdad de la salvación, entonces los que escuchan a este testigo se desviarán del verdadero camino de la salvación creado por Dios. No debemos convertirnos en testigos insensatos que acaban de matar a las almas que podrían haber sido salvadas. Los que arruinan la obra de la salvación que salva a las almas de las personas son los que predican el cristianismo solo como una religión sin conocer la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. 
 

El acto justo de Dios es la esperanza de la humanidad

Dios dijo que, de la misma manera en que queda el tocón de un árbol cuando se corta, la semilla santa será la gran esperanza para la humanidad. En otras palabras, para salvar a los pecadores, Dios Padre envió a Su Hijo a este mundo como el Salvador y resolvió el problema de los pecados de este mundo para siempre con el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. Por tanto, esta verdadera Palabra es la esperanza para toda la raza humana. El plan de la salvación de Dios para liberar a los seres humanos pecadores de los pecados del mundo es la verdadera esperanza de la salvación ya que este plan se ha cumplido a través de la obra justa de Jesucristo, el Hijo de Dios Padre. Dios nos está diciendo que Su obra justa es lo único que constituye la verdadera esperanza de la salvación para la humanidad. 
Como los practicantes de la religión de este mundo, incluyendo a los cristianos, no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, creen en Jesús en vano y están obstruyendo la Palabra de la Verdad. Estas personas intentan alcanzar la salvación al confiar en sus propios pensamientos o en lo religiosos que son. Como no han escuchado la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la Salvación, están ocupados viviendo sus vidas religiosas como pecadores. Siguen intentando eliminar sus pecados con su piedad, orando con fervor, sintiendo todo tipo de emociones sobre su espiritualidad y ofreciendo oraciones de penitencia. Sin embargo, al final se darán cuenta de que estos actos religiosos son completamente ineficaces para borrar sus pecados. Aún peor, hay algunos cristianos que, al intentar recibir el Espíritu de Dios, se meten en una cueva, oran en ayunas y dicen ver visiones. Pero este tipo de ayuno y oración es completamente inútil para eliminar sus pecados. Al confiar en su propio sentido de la religión dicen que son "buenos" cristianos cuya fe en Jesucristo es impecable. 
En las comunidades cristianas actuales muchos creyentes buscan a personas que piensan que son más espirituales que ellos y les piden que les pongan las manos encima para eliminar sus pecados. Sin embargo, estoy seguro de que ninguno de ellos podría eliminar sus pecados, ni siquiera una transgresión gracias a estos líderes "espirituales". Aunque estos líderes parezcan espirituales, en realidad son fraudes espirituales y nada más que falsos profetas a los ojos de Dios. Sus pensamientos y corazones están dedicados a defraudar a sus seguidores para satisfacer sus propios intereses y avaricia y lo que hacen es lo mismo que hace un mendigo que exagera su miseria para que se apiaden de él y le den algo de comer. La fe dogmática que tienen es incapaz de darles verdadera fe a los pecadores. Los líderes cristianos cuyos pecados siguen intactos en sus corazones no ofrecen nada para recibir la gracia de Dios. 
Por tanto, deben darse cuenta de que solo hay un Salvador de todos los pecados de este mundo y este es Jesucristo. Y los verdaderos líderes espirituales que predican la Verdad son los que predican el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo le ha dado a la humanidad. Jesucristo es el Creador de la humanidad, y es el Salvador verdadero que nos ha salvado a todos los pecadores de todos los pecados del mundo para siempre. Es indisputable que Jesucristo es el Salvador justo que cumplió toda la justicia de Dios cuando vino a este mundo. Es precisamente para salvar a Su pueblo de sus pecados que Jesucristo vino a este mundo. Ahora, para todos nosotros, nuestra salvación se cumple definitivamente cuando creemos en la justicia de Jesucristo. Jesucristo es nuestro Salvador y la Verdad justa de la salvación cumplida por Él fue más que suficiente para salvarnos a los creyentes de los pecados del mundo. 
Por tanto, debemos creer que Jesucristo es nuestro Salvador y el Hijo de Dios. Las bendiciones de la verdadera salvación se reciben cuando creemos de corazón que Jesucristo es nuestro verdadero Salvador. Para cargar con todos los pecados de la humanidad para siempre, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, y cuando lo hizo cargó con todos nuestros pecados también. Entonces fue crucificado, derramó Su sangre hasta morir y se levantó de entre los muertos. Así se ha convertido en nuestro Salvador justo. Cuando entendemos los hechos de esta Verdad y creemos de corazón, podemos recibir la verdadera remisión de los pecados sin falta. 
A través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, nuestro Señor aceptó los pecados del mundo para siempre y los llevó a la Cruz. Mientras cargaba con los pecados del mundo fue crucificado, derramó Su sangre en la Cruz, se levantó de Su muerte corporal y así se ha convertido en el verdadero Salvador para todos los que creemos en esta Verdad. Cuando creemos de corazón en la Verdad de nacer de nuevo del agua y el Espíritu podemos convertirnos en hijos de Dios finalmente. Como creyentes de esta Verdad inamovible de la salvación podemos recibir el poder de vivir según la voluntad de Dios.  
Por tanto, los justos pueden prosperar en cuerpo y espíritu al vivir en la Iglesia de Dios. Y la Iglesia de Dios es donde se encuentra el verdadero descanso para todos los creyentes, porque tiene la Palabra de Dios. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de la salvación, hemos alcanzado la verdadera salvación y la vida eterna. Así que debemos vivir por fe, dando gracias a nuestro Dios. 
 

Debemos orar a Jesucristo, no el Muro de las Lamentaciones

Incluso en el presente, el pueblo de Israel va al Muro de las Lamentaciones en Jerusalén para orar a Dios. Todavía están levantándose contra Dios porque no creen en Su Hijo Jesucristo como su Salvador o Dios. No se han arrepentido del pecado de sus antecesores de rebelarse contra Dios y todavía están rebelándose contra Él con sus falsos profetas. Están en contra de Jesucristo porque están viviendo la misma vida que sus antecesores, es decir, sus corazones están unidos con los enemigos de Dios. Aunque están cometiendo los mismos pecados que sus antecesores, en realidad no tienen ni idea de sus propios pecados. Hasta este mismo instante están viviendo aceptando a Jesucristo, el Hijo de Dios que había venido a salvarlos y a sus antecesores de todas las transgresiones que habían cometido. 
De hecho, si el pueblo judío hubiese reconocido que Jesucristo había venido a salvarlos de sus pecados y los pecados de sus antecesores, ¿no lo habrían aceptado en sus corazones como su Salvador? Están rechazando a Jesús por su ignorancia. Pero, con el tiempo, sé que el pueblo judío llegará a darse cuenta de que Jesucristo es su Dios Salvador y lo aceptará en sus corazones. 
Debemos hacer una pequeña pausa y orar por el pueblo judío: "Querido Señor, oramos por el pueblo de Israel. No solo eres nuestro Salvador, sino también el Salvador del pueblo de Israel y el resto del mundo. ¡Libéralos de sus pecados! En nombre de Jesucristo. Amén".  
En el futuro, el pueblo judío también aceptará a Jesucristo, el Salvador, en sus corazones. Dios preparará la fe en sus corazones para librarlos de los pecados. En un futuro no muy lejano se darán cuenta de que Jesucristo es el Soberano de este universo, el Señor de la humanidad, el Rey de todas las cosas y el Dios de la salvación por ellos. Creerán que Jesucristo es el Salvador que han estado esperando todo este tiempo y se arrepentirán de sus pecados de levantarse contra Dios. Anhelarán ardientemente el regreso del Señor. 
"Señor, por favor, haz que el pueblo de Israel crea que eres el Dios que han estado esperando. Amén".  
Sin embargo, el problema es que el pueblo de Israel no acepta a Jesucristo en su corazón como el Hijo de Dios que vino a salvarlos ni lo reconoce como tal. Se dice que el pueblo judío no presta atención a Isaías capítulo 53. El pasaje en el Antiguo Testamento que el pueblo judío ignora a propósito es Isaías 53. Esto se debe a que Isaías 53 revela que Jesucristo es el Salvador. Se debe a que este pasaje habla de la venida de Jesús y de cómo Jesús, como el Cordero del sacrificio del Antiguo Testamento, cargaría con los pecados de este mundo para siempre y sufriría por estos pecados. Está escrito aquí para que el pueblo judío lo entienda.  
Isaías 53 profetiza cómo Jesús vendría a este mundo y se sacrificaría por la salvación de la humanidad. En otras palabras, profetiza cómo Jesucristo, el Hijo de Dios demostraría y probaría, a través de Su sacrificio, que es el Salvador de todos los pecadores de este mundo. Y en el Nuevo Testamento Jesús se sacrificó como la ofrenda del pecado como se profetizó en el Antiguo Testamento. Según la Palabra de Dios de la profecía, Jesús vino a este mundo encarnado en la carne de un hombre para salvar a los pecadores. Con la excepción del pueblo de Israel, la gente de todo el mundo conoce a Cristo como el verdadero Salvador de la humanidad. Gracias a Dios muchas personas creen en Jesucristo como Dios mismo y el único Hijo de Dios Padre. Pero el pueblo de Israel todavía está rechazando a Jesús, negándose a creer en Él como su Dios y Salvador. En vez de creer en Jesucristo no lo reconocen como su Salvador y lo rechazan y se levantan contra Él. 
Sabemos que el pueblo de Israel está cometiendo un gran error y pecando de esta manera porque malinterpretó a Dios. Su incorrecto entendimiento de Jesucristo viene de su creencia monoteísta. Creen que solo hay un Dios y que su Dios es este Dios. En realidad, el Dios es trinitario, pero reconocen a Yahvé como el único Dios. Así que les resulta difícil reconocer la divinidad de Jesucristo. Es porque piensan que estarían traicionando a Yahvé, el único Dios en el que creen, si reconocieran a Jesús como Dios. Pero esto es un malentendido. Dios no solo es Yahvé, sino que hay tres Personas:  Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. ¿Qué tipo de Dios está esperando el pueblo de Israel? Piensan solo en el único Yahvé Dios del Antiguo Testamento y están esperando al Dios Todopoderoso.   
Sin embargo, el Dios que se reveló al pueblo de Israel en la era del Antiguo Testamento no es solo un Dios, sino el Dios Trinitario. Es absolutamente importante que lo entendamos. Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son todos Dios para nosotros. Estas Tres Personas son el mismo Dios con diferentes ministerios. Dicho de otra manera, Dios Padre hizo el plan de la salvación, Jesucristo, Su Hijo, cumplió este plan de Dios Padre cuando vino al mundo y el Espíritu Santo, a través de la Palabra escrita de Dios, da testimonio de la veracidad de la salvación planeada por el Padre y cumplida por el Hijo. De esta manera, el Dios Trinitario que ha salvado a la humanidad de sus pecados, los ha hecho hijos Suyos y los ha bendecido para vivir por siempre en Su Reino. Este era el plan del Dios Trinitario y Su propósito. 
Así que todos debemos recibir las bendiciones de Dios al creer en esta Verdad. A través de Su único Hijo, Dios Padre ha salvado a los creyentes de todos los pecados del mundo para siempre y los ha bendecido para convertirse en Sus hijos. Lo que debemos entender aquí es la Verdad: que el único Hijo de Dios, Jesucristo, es el Salvador de la humanidad; que Cristo eliminó todos los pecados de la humanidad cuando vino a este mundo; y que así ha salvado y librado a los creyentes de sus pecados. Deben saber que Jesucristo es el mismo Dios que Dios Padre y darle gracias al Dios Trinitario con su fe. 
Sin embargo, como el pueblo de Israel hoy no se da cuenta de que Jesucristo es su Salvador, lo están rechazando. Están rechazándolo en vez de aceptarlo en su corazón. Como resultado, el pueblo de Israel está cometiendo un grave error creyendo solamente en el Antiguo Testamento y rechazando el Nuevo Testamento. Incluso hoy en día están intentando guardar el Sábado como Yahvé ordenó a través de Moisés. Siguen dedicados a cumplir los 613 mandamientos y estatutos decretados en el Antiguo Testamento. Por tanto, no hay un futuro brillante para ellos. Además, se preguntarán cada vez más por qué su Salvador Dios no viene a pesar de haber esperado tanto tiempo. Esto significa que no tienen ninguna esperanza. 
Para el pueblo de Israel también, Jesucristo es su única esperanza, y es cierto también para nosotros. El Dios de la salvación es la esperanza para el pueblo de Israel. Para todos los que creen de corazones en la obra de la salvación que Jesucristo hizo cuando vino a este mundo para salvarlos el camino está abierto para eliminar todos sus pecados para siempre. Todos debemos estar agradecidos de poder convertirnos en el pueblo de Dios al creer en Jesucristo como nuestro Dios. Solo al creer de todo corazón en el amor de Jesucristo, nuestro Dios, podemos ir a Su Reino y presentarnos ante Él. Y debemos creer que podremos ver a Jesucristo cara a cara y vivir con Él todos los días para siempre. 
No debemos olvidar que habíamos sido enemigos de Dios que no podían estar con Él. ¿Cómo podrían los seres humanos hablar con el Dios santo cara a cara? Esto es absolutamente imposible a no ser que los pecados que cometieron contra Dios en su corazón sean perdonados. Por tanto, para los seres humanos, la justicia de Jesucristo únicamente es la esperanza de la salvación y la vida eterna. Además, Jesucristo lo significa todo para los que creen en el amor y salvación de Dios. Si Jesús no fuera el Salvador de la humanidad, no tendríamos ningún honor ahora. Si nuestra relación con Jesucristo acabase cuando somos salvados de los pecados del mundo, no tendríamos esperanza alguna. Sin embargo, como Jesucristo no es solamente nuestro Salvador, sino también nuestro Dios, todos hemos recibido las bendiciones espirituales del Cielo por fe. La Verdad de la salvación es que Jesucristo ha eliminado nuestros pecados, pero si esta Verdad no estuviese en nuestros corazones como la Palabra de Dios, seríamos completamente inútiles ahora. 
Por fe debemos aferrarnos a la justicia de Jesucristo, las bendiciones del Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha dado, la promesa del Cielo que nos ha hecho y la Palabra de la alianza que cumplirá en el futuro. Si no nos aferramos a la Palabra de Dios por fe, no tendremos ninguna esperanza. ¿Qué hay de maravilloso en los seres humanos sin ninguna fe en Jesucristo? Cuando examinamos la naturaleza del corazón humano ante Dios, vemos que no hay absolutamente nada que sea justo. Sin embargo, gracias a Jesucristo, tenemos una cosa que nos hace diferentes, y es Su amor y justicia, en los que creemos a través de Su Palabra. Al principio fuimos creados a imagen de Dios. Esto significa que Dios planeó nuestra salvación desde el principio para poder vivir como Sus hijos y nos creó según Su propósito. Por eso, a pesar de unir nuestros corazones con los enemigos de Dios en el pasado, nos hemos hecho honrados a los ojos de Dios, porque creemos en Su salvación y Su Palabra de providencia. 
 

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el Reino de los Cielos sufre violencia

La Biblia dice en 1 Pedro 1:23: «Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre». Dicho de otra manera, el Nuevo Testamento también dice que la semilla santa es el tocón de la tierra. Dios ha dejado Su Palabra de profecía y su cumplimiento como las Escrituras para nosotros en la actualidad, y cuando pasamos al capítulo 4 de Malaquías en el Antiguo Testamento, leemos:  
«He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición» (Malaquías 4:5-6). Dios prometió enviar a Elías a este mundo. Y en Génesis también Dios prometió enviar al Salvador de la humanidad a la tierra diciendo: «Ésta te herirá en la cabeza» (Génesis 3:15). Estas profecías fueron entregadas por Dios continuamente y también fueron cumplidas por Dios. 
Así, en el Nuevo Testamento, Jesús dijo lo siguiente acerca de Juan el Bautista:  «Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir» (Mateo 11:14). Jesús también habló del ministerio de Juan el Bautista, diciendo: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mateo 11:12). Aquí, cuando Jesús dijo que el Reino de Dios sufre violencia desde los días de Juan el Bautista, y que los violentos lo toman por la fuerza, estaba diciendo que Juan el Bautista pasaría los pecados de la humanidad a Su cabeza. Desde entonces los pecados de este mundo serían pasados al cuerpo de Jesucristo a través de Su bautismo. Al haber sido bautizado por Juan el Bautista de esta manera, Jesús cargó con estos pecados del mundo a la Cruz. Está escrito en Juan 1:29: «El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». El Reino de los Cielos se les entrega a todos los creyentes desde los días de Juan el Bautista, es decir, desde el momento en que Juan el Bautista pasó los pecados de este mundo a Jesús a través del bautismo, y desde cuando Jesús derramó Su sangre en la Cruz y se levantó de entre los muertos. Por eso el Reino de los Cielos sufre violencia de los creyentes. 
¿Dónde estarían nuestros pecados si Juan el Bautista no los hubiese pasado a la cabeza de Jesús a través del bautismo, una forma de imposición de manos? Viviríamos como pecadores durante el resto de nuestras vidas porque los pecados de la humanidad estarían intactos hasta ahora. Sin embargo, por el bautismo que Juan el Bautista le dio a Jesucristo en el Río Jordán, todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús y nuestros pecados fueron eliminados. En este mundo, cuando Juan el Bautista bautizó a Jesucristo, el Señor cargó con todos nuestros pecados para siempre a través de este bautismo. Después de esto, precisamente porque Jesucristo cargó con los pecados de este mundo de esta manera, fue a la Cruz y derramó Su sangre hasta morir. Entonces se levantó de entre los muertos al tercer día y hoy está ofreciendo la gracia de la remisión de los pecados a todos los que aceptan esta Verdad en sus corazones. En otras palabras, el Señor nos ha dado el don de la verdadera salvación a los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu en la actualidad. Jesucristo es la "semilla santa" de la que habla la Biblia en el Antiguo y Nuevo Testamentos y nos ha salvado a través de Su obra justa. Por eso llamamos a Jesucristo nuestro Salvador. 
Jesucristo también se llama el "logos" en la Biblia. El "logos" aquí significa la Palabra de Dios. Dios es Espíritu, pero ¿cómo se nos ha manifestado? Se nos ha manifestado a través de Su Palabra escrita. Dicho de otra manera, Dios es el Logos, la Palabra, es decir, la Palabra es Dios. Al venir a nosotros como la Palabra, Dios quiere salvar a los creyentes y bendecirlos. Esto significa que Dios no se revela de ninguna otra manera que no sea Su Palabra escrita. 
Dios no se manifiesta a través de ruidos extraños, truenos, susurros o cualquier imagen. Dios se complace en revelarse en silencio a través de Su Palabra escrita. El Dios santo escribió toda Su Palabra de profecía en el Antiguo Testamento y cuando llegó el momento cumplió toda esta Palabra de profecía en el Nuevo Testamento. Así es como Dios se nos ha revelado. Como Dios ha hablado a todos los seres humanos a través de Su Palabra santa, la compilación completa de esta Palabra de Dios se llama las Escrituras. 
 

Dios nos habló a través de esta Palabra escrita 

Dios nos está diciendo a través de Su Palabra escrita:  "Cargaré con nuestros pecados de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista, seré condenado por todos vuestros pecados al ser crucificado hasta morir mientras cargo con estos pecados del mundo, me levantaré de entre los muertos y os salvaré completamente a todos los que creéis en Mí. Si simplemente creéis a través de Mi Palabra escrita que os he salvado de esta manera, seréis salvados de todos vuestros pecados sea cual sea la condición de vuestra alma. Si simplemente admitís vuestros pecados ante Mí, reconocéis que seréis destruidos por vuestros pecados y creéis de corazón que os he salvado de todos ellos, seréis Mi pueblo. Ahora podéis ser salvados de vuestros pecados, venid al Dios santo y a Mí con confianza y vivir cara a cara conmigo sin ninguna vergüenza. Creed en lo que os estoy diciendo y meditad acerca de Mi Palabra.  Entonces seréis bendecidos para entrar en el Cielo". A través de Su Palabra, Dios nos habló de todo lo que hizo por nosotros y todo ha sido cumplido según esta Palabra.   
Como Dios ha hablado a través de la Palabra escrita, de ahora en adelante, nuestra esperanza depende de Dios y Su Palabra escrita. La Palabra de Dios contiene las promesas que Dios le hizo a la humanidad. Y como habló Dios, cuando llegó el tiempo, Jesucristo vino a nosotros; y como Dios dijo en el Antiguo Testamento, el Señor cumplió nuestra salvación de los pecados del mundo para siempre en la era del Nuevo Testamento. Nuestra salvación depende de lo que Dios dijo e hizo. Por tanto, aparte de la fe en la Palabra de Dios escrita, no necesitamos hacer ninguna obra. Crean en la Palabra de Dios escrita en el Antiguo y Nuevo Testamentos. Crean en los sermones que explican la Palabra de Dios. La bendita remisión de los pecados de Dios entrará entonces en sus corazones. 
Dios vino a este mundo para salvar a Su pueblo de sus pecados y a la edad de 30 Jesucristo recibió el bautismo de Juan el Bautista. En aquel entonces, Jesús dijo: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó» (Mateo 3:15) y cumplió toda la justicia de Dios para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista. Este es el significado del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista. A través de Su bautismo Jesucristo tomó todos los pecados en Su cuerpo para siempre. Y como Jesús cargó con todos los pecados del mundo al ser bautizado pudo llevarlos a la Cruz. 
Está escrito en Juan 1:29: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Como Jesús cargó con los pecados del mundo a través de Su bautismo de esta manera, y como derramó Su sangre en la Cruz mientras cargaba con ellos, nos ha dado nueva vida a todos los que creemos en Él. Jesús completó toda Su obra de salvación en la Cruz. Y se levantó de entre los muertos. La Biblia dice: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25). Jesús mismo nos dijo que es el Señor de la resurrección. A través de esta Palabra escrita hemos llegado a conocer a este Dios de la resurrección; a través de la Palabra de Dios hemos llegado a creer en Él; y a través de esta fe hemos recibido la vida eterna. Ahora podíamos convertirnos en hijos de Dios por nuestra fe obediente en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. 
Por tanto, gracias a nuestro Dios y Su Palabra escrita, ahora tenemos verdadera esperanza. Es imposible que la humanidad encuentre ninguno esperanza sin Jesucristo y la Palabra escrita de Dios. Esto se debe a que solo Dios nos puede traer la verdadera salvación y la esperanza del Cielo. Lo que debemos entender aquí es que nuestro Dios y Su Palabra escrita solamente son la fuente de la verdadera esperanza para la humanidad. Como la Palabra que Jesucristo nos dio tiene el poder, pudo traernos la remisión de los pecados y la vida eterna. 
 

Al contrario que los seres humanos, Dios tiene todo el poder

Al contrario que los meros mortales, Dios tiene todo el poder de la salvación. Jesucristo tenía el poder de librar a toda la humanidad de los pecados del mundo. Jesucristo tenía el poder de venir a este mundo encarnado en un hombre, aunque Él es Dios mismo y tenía más que suficiente poder para cumplir la Palabra de la Alianza que nos dio. Como Salvador de todos los pecados pudo librarnos de todos los pecados. Como Jesús es fundamentalmente Dios mismo pudo cumplir Sus promesas con Su poder. A través del cuerpo de una mujer, Jesucristo pudo venir a este mundo encarnado en la misma carne que nosotros. Lo hizo para guardar la promesa de la Palabra de Dios y para poder traer la salvación a la humanidad. Y pudo cargar con los pecados de la humanidad para siempre a través del bautismo que Juan el Bautista le dio. Como Jesús no tenía ningún pecado en absoluto por naturaleza, levantó a un representante de la humanidad, Juan el Bautista, y le ordenó que pasase los pecados de este mundo a Su cuerpo. A través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, Jesús pudo aceptar todos y cada uno de los pecados cometidos por todos los seres humanos de una vez por todas. Al haberse convertido en el Cordero de Dios, Jesús pudo entregar Su vida por nosotros, los creyentes, al ser crucificado cargando con los pecados de este mundo. 
Por mucho que alguien diga estar lleno de amor, ningún ser humano puede amar tanto como Jesús nos ama. Algunas personas pueden estar dispuestas a ser crucificadas hasta la muerte por sus seres amados, pero ningún ser humano corriente puede hacer esto por otra persona. Sin embargo, Dios mismo, Jesucristo, tenía el poder de amar verdaderamente a los seres humanos. La obra que Jesucristo hizo cuando vino a este mundo (ser bautizado por Juan el Bautista y sufrir en la Cruz) es la obra justa que Jesús hizo para salvar a los seres humanos que estaban destinados a la destrucción y al infierno por sus pecados. Esta es la obra del sacrificio que Jesucristo hizo para salvar a los que estaban destinados a ir al infierno de sus pecados y juicio porque los amó a todos, y por eso pudo soportar voluntariamente todo ese sufrimiento. Así, a través del agua y la sangre, Jesucristo mismo llevó a cabo personalmente la obra de Dios de salvar a los seres humanos de sus pecados cuando vino a este mundo.  
Justo antes de morir en la Cruz Jesús dijo: "¡Acabado está!". Entonces resucitó de la muerte de Su cuerpo. Jesús tenía el poder de levantarse de entre los muertos porque es el Dios de la creación que hizo los cielos y la tierra. Como Jesús tenía el poder de superar la muerte de esta manera, fue posible para Él resolver la condena maldita de los pecados de la humanidad para siempre mientras cargaba con dichos pecados en Su cuerpo a través del bautismo. Cuando Jesucristo estaba sufriendo por los pecados en la Cruz sintió todo el sufrimiento como los seres humanos débiles. Esta era la justicia de Jesucristo y también el amor de Dios por nosotros. 
Está escrito en Isaías 53:4:
 «Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores». Esto significa que Jesucristo tenía las mismas emociones que nosotros y que sintió la misma humillación y el mismo dolor cuando sufrió la condena de nuestros pecados como hubiéramos sufrido nosotros. Sin embargo, la diferencia es que tenía el poder de la salvación para librar a la humanidad de todos sus pecados de una vez por todas. Nuestro Dios es Todopoderoso para siempre y Su poder de salvación es eterno. Esto se debe a que Jesucristo no es una mera criatura como los seres humanos, sino un Dios que existe por sí mismo. Por este motivo se llama Ya. Jesucristo tiene el poder de la salvación y la creación. Así, al haber creado este universo y todo lo que hay en él, puede erradicar los primeros cielos y la primera tierra y crear unos nuevos. Jesucristo tiene este poder y es el Dios que nos ha creado. 
Al salvar a todos los pecadores de este mundo de todos sus pecados para siempre Jesucristo nos ha permitido tener la salvación a todos los que creemos en Su santa Palabra de promesa. Cuando Jesucristo vino a este mundo cumplió de una vez por todas la alianza que nos prometió según Su Palabra. Jesús nos está diciendo que creamos de todo corazón en la Palabra de la justicia que Él cumplió. Y ha bendecido a los que creen en la justicia de Dios para recibir la remisión de todos los pecados de su carne y su corazón. Jesucristo, quien está vivo incluso en este momento, nos ha convertido a Sus creyentes en hijos de Dios, y también nos ha dado la remisión eterna de los pecados y la vida eterna a todos los que creemos en la Palabra de Dios. Al creer que Él es el Cristo nos ha bendecido para vivir en el Reino de los Cielos para siempre. 
Ahora es posible para los seres humanos ser salvados de todos nuestros pecados al creer en la Palabra de salvación que Jesucristo nos dio. Jesucristo ha permitido a quien crea en la Palabra de salvación cumplida por Él convertirse en hijo de Dios. Esto es posible solo por la poderosa Palabra que Jesucristo, el Todopoderoso, cumplió por nosotros; nunca se puede conseguir a través de nuestros esfuerzos o trabajo. Solo Jesucristo es el verdadero Dios para todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu a través de Su Palabra. No solo nos ha salvado a los que creemos en el Evangelio del agua, la sangre y el Espíritu, sino que también nos ha dado la vida eterna. Y ha revelado esta Verdad en detalle a través de Su Palabra. 
Por culpa de nuestros antecesores, Adán y Eva, que se unieron al enemigo de Dios, todos estábamos destinados a ser malditos por Dios. Sin embargo, Dios vino a nosotros y prometió que nos salvaría personalmente, y según esta promesa, el Señor nos ha liberado a todos los que creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de los pecados de este mundo. De esta manera, aunque estábamos destinados a ir al infierno por nuestros pecados, nuestro Señor Jesucristo nos ha salvado de los pecados del mundo y la condena de estos pecados de manera justa para siempre. 
Como Jesucristo nos ha salvado de manera justa, adecuada y recta, y como el Señor ha demostrado que ha salvado a los que creen en Su verdadera Palabra de todos los pecados del mundo para siempre, incluso Satanás está sin palabras ante Su obra de salvación. La "justicia" maravillosa de Dios se refiere al hecho de que ha salvado a todos los seres humanos de sus pecados de manera completamente justa. En otras palabras, la "justicia" de Dios significa que Dios mismo pagó el precio de los pecados de la humanidad al ser bautizado, derramar Su sangre y levantarse de entre los muertos y que ha cumplido la salvación de los pecados para todos los que creen en esta Verdad. Esta es la justicia y el amor de Dios para todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicho de otra manera, Dios no salvó a la humanidad con prejuicios o de manera injusta.  
¿Cómo de maravillosa es la salvación justa de Dios para la humanidad? No es fácil para los seres humanos ser justos. Por mucho que intenten ser justos con todo el mundo, a menudo no lo son. En nuestras vidas diarias tan ocupadas no solemos tener consideración por los demás y como resultado surgen malentendidos. De esta manera nuestra injusticia queda expuesta inevitablemente. Esto se debe a que somos humanos. A menudo acabamos con resultados injustos, aunque no es nuestra intención y hacemos lo que podemos para ser justos porque tenemos debilidades humanas. Así que, a menudo, les pido a los líderes de nuestros equipos que sean justos y equilibrados cuando asignan diferentes tareas a diferentes trabajadores. 
A través de nuestra fe en la Palabra justa de Dios Todopoderoso, es decir, Jesucristo, hemos sido salvados de todos los pecados del mundo. Jesucristo vino a buscarnos con amor y nos bendijo para nacer de nuevo del agua y el Espíritu, y hemos sido salvados de nuestros pecados al creer en Su amor y salvación. Nuestra salvación dependió de la justa salvación de Jesucristo. Pudimos ser salvados de todos los pecados del mundo por fe porque creímos en Su justa obra de salvación. El Señor nos prometió que cuando creemos en la justa salvación que cumplió por nosotros nos daría el derecho a convertirnos en hijos de Dios. De la misma manera pudimos convertirnos en hijos de Dios al creer en la justicia de salvación cumplida por Jesucristo.  
Hemos recibido la remisión de los pecados al creer de corazón en la Palabra de Dios escrita. Incluso en este momento no hay pecados en nuestros corazones. Si alguien cree en la justa salvación que Dios ha cumplido, quien tenga esta fe estará sin pecados para siempre. Nuestros pecados no son eliminados con tan solo intentar controlar nuestra mente. Aunque tenemos muchas debilidades en nuestra carne, como el Señor aceptó nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, derramó Su sangre hasta morir en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así ha borrado todos nuestros pecados de una vez por todas, nuestra fe en esta justa salvación es más que suficiente para que Jesucristo se convierta en nuestro Dios y nuestro Salvador. Por esa razón es simplemente imposible que los creyentes en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la salvación justa, tengan ningún pecado. Por tanto, la esperanza de toda la raza humana descansa en la "semilla santa", es decir, Jesucristo y Su Palabra. ¿Cuál sería la semilla santa? Es la Palabra de Dios, y esta Palabra se refiere a la justicia de Jesucristo, quien vino a este mundo encarnado en un hombre. 
La Biblia dice: 
«Pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa» (Isaías 6:13). Nos convertimos en hijos de Dios al creer en Su Palabra que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu. Y aquellos que ahora creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu estamos predicando la Palabra del Evangelio de la Palabra de Dios que constituye la semilla santa en este mundo. Y gracias a la Palabra del Evangelio que estamos predicando ahora, la gente puede darse cuenta por fe de la Verdad de la salvación que Dios ha cumplido. Los justos están predicando la semilla santa, es decir, la obra de Jesucristo, y Dios ha prometido que nadie que crea en este Evangelio gracias a la obra de los justos será arrojado al infierno por sus pecados. Esto significa que Dios ha cumplido la salvación de todo el mundo para que todo el mundo pueda ir al Cielo si cree en la justicia de Jesucristo. 
 

En tiempos del coronavirus Jesucristo sigue siendo nuestra esperanza 

Mis queridos hermanos, en este mundo la Palabra de Jesucristo es la esperanza de la humanidad y la Iglesia de Dios es la esperanza para todos los seres humanos. Y para los pecadores, los siervos y el pueblo de Dios son su esperanza. Sin nosotros, los justos que viven en este mundo, no habría esperanza para este mundo. Dios no dejará este mundo y este universo en este estado. Erradicará a la humanidad y el primer mundo que creó. El propósito original de Dios al crear el universo fue salvar a los seres humanos de los pecados del mundo, llevar a los creyentes a Su Reino y vivir con ellos. El deseo de Dios es llevar al Reino de los Cielos a no solo aquellos de nosotros que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu ahora, sino también a todos los que llegan a creer en este Evangelio. 
Seamos quienes seamos, todos los seres humanos pueden estar sin pecados si solo creen en la Palabra de Dios justa de corazón. Dios ha cumplido la salvación de manera justa para que quien crea en Su justicia pueda entrar al cielo. Ha permitido que todos los seres humanos se conviertan en Sus hijos solo si creen en Su justa salvación de corazón. Nos ha bendecido a todos para que podamos vivir con el Dios santo. El Profeta Isaías y los ángeles no pudieron evitar temer por su vida ante la santidad de Dios cuando estaban ante Su presencia, y nosotros también estábamos en la misma situación. Sin embargo, Dios ha hecho justos como Él es justo a los que creen en el Dios santo y la justicia de Jesucristo. Esto significa que, aquellos de nosotros que creemos en la justicia de Dios podemos vivir con Él por nuestra fe. Así que debemos vivir con gratitud dando gracias a Jesucristo por Su justicia porque es la esperanza de este mundo.  
Aunque estamos viviendo en tiempos del coronavirus, Jesucristo es todavía la esperanza para los creyentes. Cuando el mundo está sumido en la confusión, nuestra esperanza no está en ninguna otra parte. Tampoco se encuentra en nuestro cuerpo. Su esperanza no se encuentra en su coeficiente intelectual, inteligencia o habilidades. Nuestros cuerpos se marchitarán con el paso del tiempo. Somos tan frágiles que centrarnos en una sola tarea puede dejarnos exhaustos antes de poder hacer otra cosa. Así que, sin Jesucristo y Su Palabra, no tenemos verdadera esperanza. Sin embargo, todavía tenemos una esperanza porque creemos en la Palabra justa del Dios santo. Tenemos esta esperanza porque hemos aceptado la Palabra justa de la salvación de Dios en nuestros corazones. A pesar de vivir en tiempos del coronavirus todavía tenemos esperanza en que Jesucristo está con nosotros. 
Los que creemos en la justicia de Dios tenemos esperanza porque estamos predicando Su Palabra de salvación a la humanidad atrapada en el pecado. Esto significa que la gente de este mundo tiene esperanza porque está viviendo en la misma era que los justos. Cuando conocen a los justos encuentran la verdadera esperanza de la salvación. Gracias a los justos que creen en la justicia de Dios, los pecadores no solo serán salvados de sus pecados, sino que también entrarán en el Reino eterno de Dios por fe. Dicho de otra manera, la esperanza de toda la raza humana descansa ahora en nosotros, los que creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. La verdadera esperanza de todo ser humano se encuentra en la Palabra del verdadero Evangelio santo y verdadero de Jesucristo. La humanidad no puede encontrar la verdadera esperanza de la salvación en ninguna otra parte. 
Tenemos esta esperanza de salvación gracias a la "justicia" de Jesucristo. Cuando oramos a Dios y pensamos que estamos pidiendo lo imposible, podemos tener esperanza al poner nuestra fe en Dios. Le pedimos a Dios que nos dé lo que necesitamos cuando le oramos, diciéndole que tenemos fe en Su Palabra, que Dios mismo nos dijo que se lo pidiésemos y que creemos que nos dará todo lo que necesitamos, nos protegerá y nos bendecirá. En la era del Antiguo Testamento la esperanza solo estaba puesta en Dios Padre, pero en el Nuevo Testamento podemos orar a Dios Padre y a Jesucristo. 
Jesús dijo en Juan: "¿No habéis orado en Mi nombre? Os contestaré cuando oréis en Mi nombre". Por eso oramos a Jesucristo. Cuando oramos siempre decimos al final de la oración: "Oramos en el nombre de Jesucristo". Decimos esto al final de cada oración precisamente porque Jesús es nuestra esperanza, nuestro verdadero Salvador y nuestro Dios. Por nuestra fe en Jesucristo, nuestro Dios, podemos entrar en Su presencia.  
Como hemos recibido la remisión de los pecados y las bendiciones del Dios santo al creer en Su Palabra, oramos en el nombre de Jesucristo. Como Jesús nos ha salvado de todos los pecados del mundo para siempre, cuando oramos le decimos: "Oramos en el nombre de Jesús". Gracias a nuestra fe en Jesús, nuestro Salvador, podemos salir a la presencia de Dios Padre. Como Jesucristo nos ama y ha borrado nuestros pecados, nuestra fe en Él es indispensable. La fe en la Palabra de Jesucristo trae verdadera esperanza a la humanidad y a cada uno de nosotros. Todos creemos en Jesucristo como nuestro Dios. No somos nada si no tenemos fe en Jesucristo. Por tanto, debemos tener fe en Jesucristo y está fe se consigue cuando creemos en la Palabra de Dios. 
 

En tiempos del coronavirus también debemos tener fe en la Palabra de Jesucristo

Mientras vivimos en estos tiempos del coronavirus, debemos tener fe en la Palabra de Jesucristo. Por nuestra parte deberíamos tomar todas las precauciones necesarias, como llevar mascarillas y practicar el distanciamiento social seguro para estar a salvo del coronavirus. Además de esto, todo lo que tenemos que hacer es vivir por fe en la Palabra de Dios. Si estamos nerviosos o preocupados debemos orar a nuestro Dios y vivir por fe. Tengo la esperanza de que Dios nos proporcionará medicamentos eficaces también. ¿No revolverá Dios este problema? Los que oran a Dios al poner su fe en Su Palabra serán protegidos por Él. Cuando llegue Su tiempo Dios contestará nuestras oraciones y resolverá nuestros problemas. Hasta entonces, debemos tener cuidado y poner orden en nuestros corazones caóticos. Debemos perseverar. 
Nuestra esperanza está en Jesucristo y en Su santa Palabra. Jesucristo es su Salvador y el mío y también es nuestro Pastor. Es el Rey del amor para todos los que creen en Su obra justa de la salvación. Jesús es el Rey de reyes, pero por encima de todo, es el Rey del amor para nosotros.  Para los que creen en Jesucristo, esta debe ser una confesión de fe:  "Nuestro Pastor es el Rey del amor y nuestro escudo contra las tribulaciones. Como creemos en el amor de Jesucristo y Su obra, nadie puede destruirnos. Dios nos liberará de nuestras grandes tribulaciones". Debemos poner toda nuestra esperanza en Jesucristo y vivir creyendo en toda Su Palabra. Espero y oro que tengan fe en Jesucristo como su Dios y Salvador. 
En la actualidad hay muchas personas que no conocen la justicia de Jesucristo y por tanto no pueden creer ni predicar que es el Salvador. El nombre "Jesús" significa Salvador, y el nombre "Cristo" significa que ha cumplido Sus tres cargos de Rey, Sacerdote y Profeta para cumplir nuestra salvación. Para nosotros Jesucristo cumplió estos tres cargos de Rey, Sumo Sacerdote y Profeta cuando vino a este mundo, y al hacerlo nos ha salvado de todos nuestros pecados y condena. Aunque éramos pecadores Jesucristo se ha convertido en nuestro Salvador y Pastor. Esta es la verdad, pero como la gente de este mundo no la conoce, no puede creer en ella. Y no pueden predicar esta Verdad tampoco. Pero nosotros creemos en ella y la estamos predicando. 
Dios le dijo al Profeta Isaías: "¿Quién irá por nosotros?". Cuando Isaías dijo: "Yo iré", Dios dijo: "Aunque vayas y prediques, estas personas son tan corruptas que no creen en Mi Palabra, ¿cómo van a alcanzar nuestra salvación? ¿Cómo se van a arrepentir de sus creencias falsas?". Cuando nos embarcamos en el camino incorrecto, es extremadamente difícil arrepentirse. Muchos cristianos en la actualidad no creen en la obra de Jesucristo del agua y el Espíritu, ni pueden predicar la obra santa de la salvación. 
Entonces el Señor dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33).  El Señor nos dijo aquí que "buscásemos primero la justicia de Dios", pero la gente piensa equivocadamente que la "justicia" aquí se refiere a hacer la voluntad de Dios. Sin embargo, cuando el Señor nos dijo: "Buscad primero el reino de Dios y Su justicia", nos estaba diciendo primero que creyésemos en la obra de Dios, es decir, en la Verdad de la salvación que Dios ha cumplido por los seres humanos. Y también significa que debemos difundir esta fe en la justicia de Dios primero. Dios nos está diciendo aquí que prediquemos a la gente acerca de Su justicia, no que vivamos con virtud o hagamos muchas ofrendas.   
Dios dijo: "Buscad primero el reino de Dios y Su justicia".  ¿Qué significa aquí Su "justicia"? Significa lo que es justo y correcto. En otras palabras, Dios nos está diciendo que nos ha salvado de nuestros pecados de manera justa y que Jesucristo, con el bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre derramada en la Cruz, ha resuelto el problema del pecado de todo el mundo sin excepción, sin dejar a nadie en este mundo. Jesucristo nos ha dado la verdadera salvación y nueva vida a todos los que creemos en el bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. ¿Cómo de justa es esta Verdad de salvación? De toda la gente del mundo, ¿cargó Jesús con tan solo los pecados de algunas personas a través de Su bautismo y se dejó los pecados de otras? ¡No, por supuesto que no! ¡Eso sería injusto! A través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, Jesús cargó con todos los pecados de este mundo y derramó Su sangre hasta morir mientras cargaba con ellos. ¿Cómo de justa es la salvación del Señor para los creyentes?
Jesucristo ha salvado a los creyentes de una vez por todas, no solo con palabras, sino al entregar Su propio cuerpo por Su pueblo a través del bautismo que recibió de Juan Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. Al cargar con los pecados de Su pueblo que cree en el agua y el Espíritu que constituye la justicia de Dios, y al cargar personalmente con sus maldiciones y la condena de sus pecados sobre Su cuerpo en la Cruz, Jesucristo los ha salvado de forma justa y recta. Por tanto, aunque Satanás, al levantarse contra Dios, desea cuestionar cómo meras criaturas podían convertirse en hijos de Dios, no hay nada que pueda decir, porque Jesucristo, Dios mismo, los ha salvado de sus pecados de manera justa con Su obra de salvación, no solo con palabras. Como dice la Biblia, el "precio del pecado es la muerte", el Señor pagó el "precio del juicio" por todos nuestros pecados en la Cruz de una vez por todas y nos ha salvado a todos los que creemos en este. Por eso Satanás no puede discutir nuestra salvación por mucho que quiera. 
Jesucristo, Dios mismo, cargó con todos los pecados del mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, fue condenado por todos los pecados al derramar Su sangre hasta morir y al sufrir en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así ha completado la obra de salvación para librarnos para siempre. Así que, ¿cómo podríamos quejarnos y decir que hay algo de malo con la obra justa de la salvación que Jesucristo llevó a cabo en este mundo? ¿Quién podría decir que lo que el Salvador de la humanidad ha hecho es injusto? Nadie en absoluto puede refutar a Jesucristo. El Apóstol Pablo testifica en Romanos 8: "Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? No hay tribulación, persecución o criatura que pueda estar contra nosotros". 
La verdadera Palabra de Dios que están escuchando ahora no puede escucharse en cualquier sitio, sino solo en la Iglesia de Dios. Esta era presente verá muchos cambios. . Pero, aún así, el fin del mundo no vendrá demasiado rápido. ¿Cuándo vendrá entonces? Cuando los desastres naturales sean tan devastadores que las naciones no puedan soportarlos, y cuando por lo menos 50 de las 200 naciones del mundo no puedan enfrentarse a los retos por su cuenta, el Anticristo surgirá despacio. Cuando la situación sea tan difícil, podrán decir: "Es el tiempo para que aparezca el Anticristo, el enemigo de Dios. Es hora de que este enemigo de Dios sea arrojado al infierno con sus seguidores". El enemigo de Dios luchará esta última batalla desesperada y hará todo lo posible para reunir y engañar a tantas personas como sea posible. Deben creer en esto. El Anticristo dirá a toda la gente hecha a imagen de Dios que él es Dios y hará todo lo posible para levantarse contra el verdadero Dios. Reunirá a la gente para que se levante contra el Dios justo una vez más. 
Sin embargo, en aquel entonces Jesucristo, el Salvador, regresará a este mundo y eliminará a todos Sus enemigos con la Palabra de Su boca. Cuando el fin de los tiempos esté aquí, Dios regresará a este mundo y los juzgará con Su poderosa Palabra. Por tanto, para los creyentes de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu nuestra esperanza está en el Cielo y gracias a nuestra fe en la Palabra de Dios estaremos bendecidos para entrar en el Reino de los Cielos como personas espirituales. Espero y oro sinceramente que todos se den cuenta de lo bendita que es nuestra fe en la Palabra del agua y el Espíritu y qué bendita Palabra están escuchando ahora. Junto con todos ustedes, alabo a Dios y le doy todas las gracias para siempre. Dios estará con nosotros siempre. ¡Aleluya!