The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 8-5] < Juan 8, 21-28 > Jesucristo es el único Salvador de la humanidad

< Juan 8, 21-28 >
«Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir. Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir? Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho. Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo. Pero no entendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo».
 
 
Hoy me gustaría compartir la Palabra de Dios del Evangelio de Juan 8, 21-28. El Señor les dijo a los fariseos: «Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir». El Señor dijo que aunque diera testimonio de Sí mismo, Su testimonio era cierto, y aunque sabía de dónde había venido y adónde iba, ellos no sabían dónde iban a ir. El Señor dijo que aunque ellos juzgaban según la carne, Él no juzgaba según la carne.
La gente que vivía cuando Jesús vino a este mundo no podría creer que Jesús fuese el Hijo de Dios que había venido a salvar a la humanidad de todos los pecados del mundo. Por eso el Señor dijo: «Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir». Esto significa: «Moriréis intentado encontrarme». El Señor estaba diciendo que estaba destinado a morir en nuestro lugar en la Cruz porque había sido bautizado por Juan el Bautista y cargaba con los pecados del mundo, y que se iba a ir ante Dios Padre que está en el Cielo al resucitar de entre los muertos.
El Señor estaba hablando directamente a los fariseos y a nadie más. Mientras el Señor estaba en este mundo los fariseos se negaron a creer a pesar de haber visto al Salvador Jesús encarnado en un hombre con sus propios ojos y al haber escuchado Su Palabra con sus propios oídos. Como no pudieron entender que Jesús era el Salvador, no pudieron seguir al Señor allá donde iba. Deberían haber reconocido quién era el Señor, pero por culpa de su ignorancia se levantaron contra Jesús. Por eso Jesús dijo que morirían en sus pecados y serían castigados por ellos al no haber sido capaces de reconocer al Señor a pesar de haberlo conocido personalmente. Estas personas deberían haber reconocido sin falta que Jesús era el Salvador, pero no lo hicieron. Me entristece pensar que muchos de los que creen en Jesús hoy en día no conocen la importancia del Evangelio del agua y el Espíritu que es la Verdad de salvación, pero se oponen a ella tercamente.
Los fariseos que estaban ante Jesús en el capítulo 8 de Juan no creyeron en Jesucristo como su Salvador y no lo aceptaron en sus corazones. Como consecuencia de esta desobediencia sus almas murieron en pecado. La conclusión última de esa situación es que no pudieron ir al Cielo, el lugar donde reside el Señor. Estas Palabras no solo se aplican a los fariseos, sino también a cualquier persona que vive en la actualidad. Para recibir la salvación eterna, debemos creer que Jesús se convirtió en el Salvador que vino a este mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu.
El Señor está intentando hacer que nos demos cuenta de esta Verdad auténtica. Debemos saber sin duda alguna que Jesús es el único Salvador y que vino a este mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu. Solo si conocemos este Evangelio y lo aceptamos en nuestros corazones seremos salvados de nuestros pecados. Si no lo hacemos no podremos ir donde va el Señor y al final moriremos con nuestros pecados y recibiremos la maldición eterna. El Señor dijo que si la gente no reconoce a Jesucristo, que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, cuando mueren sufren la destrucción para toda la eternidad por culpa de sus pecados.
Estas palabras pueden parecer convencionales pero en realidad son muy importantes. Si éramos gente que no conocía el Evangelio del agua y el Espíritu, estas palabras deben ser Palabras importantes de precaución para nosotros. Estas Palabras tienen un significado, que si los que van a la iglesia tienen la oportunidad de escuchar sermones de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero no creen en el contenido de estos sermones, acabarán muriendo con sus pecados. No debemos ser como estas personas tercas y malvadas, porque si acabamos así, será algo trágico y tendremos que ir al infierno según esas Palabras. Por tanto debemos limpiar nuestros pensamientos y escuchar la Palabra de Dios.
 
 
Jesucristo es el único verdadero Salvador de este mundo
 
Hay muchas personas en este mundo que se consideran respetables, pero Jesucristo es el único Salvador de la humanidad que nos da la verdadera felicidad y nos ha salvado de todos los pecados y de la destrucción. Si la gente no cree en Jesucristo como su Salvador, incluyendo el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios, sus corazones morirán por culpa de sus pecados, sufrirán la destrucción, serán juzgados y recibirán las maldiciones eternas del infierno. Si todavía no saben que Jesús vino al mundo para salvarnos de todos los pecados por el Evangelio del agua y el Espíritu, deben negar sus propios pensamientos ahora, abrir sus corazones y creer en él antes de que sea demasiado tarde. Si creyeron en las religiones de este mundo y si consideraron a sus líderes como salvadores a parte de Jesucristo, deben arrepentirse y creer en Jesucristo, quien vino por el Evangelio del agua y el Espíritu como verdadero Salvador. Entre muchos cristianos y no cristianos hay quienes no reconocen al único Salvador, pero estas personas deben conocer el hecho de que Jesucristo es el único Salvador en este mundo.
El pasaje de las Escrituras de Juan 8, 21-28 significa: «Debéis creer en Jesucristo como el Salvador de todo corazón. Debéis conocerle al tener fe en Jesucristo, quien vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Para ello debéis saber que sois descendientes de Adán y por eso tenéis que morir por vuestros pecados y para no morir debéis aceptar a Jesucristo como vuestro Salvador personal en vuestros corazones». Cuando Jesús dijo: «a donde yo voy, vosotros no podéis venir», la gente pensaba: «¿Se va a suicidar este Hombre?». En otras palabras la gente no podía entender lo que Jesús quería decir cuando dijo: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis» (Juan 8, 23-24), pero no podían entender espiritualmente la Palabra que Jesús estaba diciendo porque no tenían al Espíritu Santo en sus corazones.
Los seres humanos nacimos con pecados y por tanto debemos morir por esos pecados y ser destruidos. Cuando Jesucristo vino a este mundo como salvador de la humanidad, la gente debería haberlo reconocido y creído en Él como el Salvador que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero muchas personas no creyeron en Jesucristo como el Salvador que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu y se levantaron contra Él espiritualmente. Esto significa que intentaban entender a Jesucristo desde un punto de vista carnal, es decir, intentaban entenderle con la lógica humana. Si la gente hubiese tenido ojos espirituales y conocimiento espiritual, podría haber reconocido a Jesucristo como verdadero Salvador, pero como intentaba creer con su propia lógica y negaba la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, fue destruida.
El Señor dice: «a donde yo voy, vosotros no podéis venir». Las personas que escucharon estas palabras recibieron la Palabra de Jesús con sus pensamientos carnales y por eso pensaron incorrectamente: «Creo que este hombre va a suicidarse». Pero el Señor estaba hablando desde una perspectiva espiritual. El Señor no estaba hablando sobre este mundo carnal, sino que estaba hablando del Cielo y del pueblo de Dios entrando en el Reino de Jesús. Pero las personas tienden a pensar en las cosas espirituales de manera incorrecta. 
El Señor dijo repetidamente: «Moriréis en vuestros pecados». Lo que Jesús está diciendo aquí es que si una persona muere en sus pecados, la persona será destruida completamente. Pero la verdad es que la gente no puede entenderlo ni pensar en serio en las cosas que Jesús dijo, y dicen con arrogancia: «¿Qué tiene de malo tener pecados? Todo el mundo tiene pecados. Muchas personas irán al infierno después de morir, pero solo unas pocas irán al Cielo. Así que no me importa ir al infierno». Lo que Jesús quiere decir con que las personas morirán en sus pecados es que recibirán el juicio eterno por sus pecados. Es correcto que los pecadores sufran la destrucción juntos, pero también es correcto que cada persona sea juzgada individualmente por sus pecados y sea destruida eternamente como castigo por sus pecados.
Muchas personas dicen cosas como las siguientes: «Si tengo que ir al infierno porque no creo en el Evangelio del agua y el Espíritu, iré. Muchas personas van a ir al infierno, así que no tendré problemas para tener un negocio allí». Las personas de hoy en día tienen la tendencia a pensar que no pasa nada por ir al infierno porque muchas personas van a ir. Pero deben entender que el infierno es un lugar de agonía extrema donde hay dolor por el pecado eternamente, y que no es solo como la muerte. La Biblia nos dice que los que van al infierno resucitan en la segunda resurrección (Apocalipsis 20, 13-15). En otras palabras, los pecadores serán arrojados al lago de fuego eterno, y por eso deben considerar esta realidad y darse cuenta de lo agonizante que será vivir en el infierno, que es más horrible que cualquier cosa que hayan experimentado en este mundo. Esto es lo que quiere decir que una persona muere por sus pecados. Pero el problema actual es que la gente no piensa en el infierno como un problema serio.
 
 
Las personas nacemos una vez y morimos una vez; pero después de la muerte habrá un juicio estricto
 
Los Testigos de Jehová predican lo siguiente: «Cuando una persona muere se entierra en una tumba. La palabra tumba es gehenna en griego, y significa un lugar de desperdicios. Por tanto una tumba es un lugar donde se queman los desperdicios. Todo llega a su fin cuando las personas van a la tumba». Los Testigos de Jehová engañan a la gente. Una persona nace y muere una vez, pero si ese fuera el fin, ¿para qué necesitaríamos ser redimidos de los pecados al creer en Jesucristo que es el Salvador y el Juez? ¿Y por qué habríamos de tener miedo por nuestros pecados? Si la gente buscase la Verdad de la salvación para recibir la remisión de los pecados, y si las palabras de los testigos de Jehová fueran ciertas, ¿para qué recibir la salvación? Si tuvieran razón, ¿para qué necesitaríamos buscar al Salvador?
La gente así ni puede creer en el Dios Santo ni en Jesucristo, quien vino a este mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu. Como solo confían en sus pensamientos carnales, no tienen miedo a morir en sus pecados. Aunque digan creer en Jesús no pueden prestar atención a la Palabra de Dios porque tienen pensamientos carnales y no espirituales.
Dios dice: «Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6, 23). La gente debe acercar sus oídos y sus mentes a la Palabra de Dios y así el Evangelio del agua y el Espíritu les revelerá la misericordia de Dios. Debemos pensar de acuerdo con la Palabra de Dios que nos dice que la paga del pecado es la muerte, y por eso sabemos que los que tienen pecados reciben las maldiciones eternas. Si pensamos según lo establecido en la Palabra de Dios, si las personas mueren sin haber recibido la remisión de los pecados, tendrán que ser juzgadas y arrojadas al lago de fuego eterno, pero la gente piensa que si la carne muere todo se acaba por completo.
Por tanto todo el mundo debe examinarse a sí mismo a través de la Palabra de Dios. Entonces deben juzgarse como pecadores ante la Palabra de Dios sabiendo que van a ir al infierno y que tienen que recibir la destrucción por sus pecados. Entonces deben mirar a Jesucristo, que vino como Salvador de la humanidad, con un corazón puro y leal y deben estar sin pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios. 
Todo el mundo debe conocer a Jesucristo que ha salvado a la humanidad de sus pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque Jesucristo es el Hijo de Dios, es el Creador de toda la humanidad y es Dios. La gente tiende a creer en Jesús a ciegas, pero debe conocer esta verdad antes de creer en Él. La humanidad debe saber cuántos pecados tiene y debe darse cuenta de que será juzgada por esos pecados. Por eso deben confesar rápidamente al Señor: «Señor, soy un pecador que no puede evitar ir al infierno. Por favor, sálvame del pecado y del castigo» y entonces deben creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón.
Recibir la remisión de los pecados y la salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿es importante? Aunque Jesús siguió hablando de la Verdad de salvación, los fariseos malvados no escucharon Sus palabras ni pensaron en ellas, sino que se negaron a aceptar Su Palabra pensando en ellas desde una perspectiva carnal y con mucho cinismo. «¿Quién se cree que es, tiene nuestra edad pero tiene la audacia de decirnos esto? No es Dios pero nos juzga como pecadores. ¡Qué absurdo!». La gente veía a Jesús con malos ojos porque ni siquiera tenía cincuenta años.
Jesús es el único Salvador que libró a toda la humanidad de sus pecados, incluyéndonos a nosotros. Ustedes también pueden recibir la remisión de los pecados y convertirse en hijos de Dios cuando creen en que Jesucristo nos ha librado de la destrucción y las maldiciones mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestra meta en este mundo es que todo el mundo conozca esta Verdad. Nacimos en este mundo para conocer a Jesucristo, y debemos vivir nuestra vida conociendo a Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, recibiendo la salvación de nuestros pecados, convirtiéndonos en hijos de Dios, recibiendo la vida eterna y las bendiciones eternas. Este es el objetivo principal de nuestras vidas. Por tanto deben entender este objetivo y hacer el esfuerzo de conocer a Jesucristo. Deben aprender la Palabra que nos dio a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y conocer la Verdad de salvación.
Pero si no intentan aprender quién es Jesucristo y el hecho de que es Dios, entonces sus vidas no serán correctas. Si ni siquiera intentan saber por qué nacieron en este mundo, de dónde vinieron, adónde van, y quién es Jesucristo, y si se alejan de Jesús que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu, son personas extremadamente insensatas. Las personas así deben arrepentirse y conocer a Jesús al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero los que se niegan a conocer a Jesús fracasarán por completo.
Pero si aprendemos y creemos en Jesús a través del Evangelio del agua y el Espíritu, nuestras vidas habrán sido un completo éxito al haber alcanzado la meta por la que nacimos. Las personas que se niegan a creer a pesar de haber conocido a Jesucristo han fracasado y siguen sin conocer a Jesucristo de verdad. Estas personas deben darse cuenta de que Jesucristo, quien vino al mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu, es el Maestro de la Verdad. Deben creer de todo corazón en Jesucristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Solo entonces pueden vivir con éxito. El Señor Jesús dice: «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 32).
A los ojos de Jesús había muchas cosas que la gente religiosa hacía mal. Aunque eran hipócritas y hacían muchas cosas malvadas, nuestro Señor les habló. «Sabréis quién soy solo después de que haya muerto en la Cruz, haya resucitado y ascendido a los Cielos». Debemos saber que Jesucristo nos ha salvado de todos nuestros pecados al descender al mundo hace 2000 años, ser bautizado por Juan el Bautista a los 30 años, y morir en nuestro lugar a los treinta al ser clavado en esa Cruz cruel.
Las personas tienen una idea abstracta de que Jesucristo es el Salvador de la humanidad. Pero las personas no pueden creer en Él porque no saben cómo salvó a la humanidad de sus pecados. Ponen muchos esfuerzos en aprender la ley de Dios, el juicio por los pecados y la salvación a través de la Palabra de Dios, pero no tienen ningún conocimiento acerca del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto es importante que cada vez más personas crean en Jesucristo, quien ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu. En estos momentos muchas personas saben que Jesucristo es el Salvador. Pero solo pueden recibir la salvación cuando desechan sus pensamientos carnales o los niegan, piensan en lo que Dios ha dicho, buscan las respuestas en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y creen según la Palabra, entonces pueden recibir la salvación.
El pasaje de las Escrituras de hoy del Evangelio de Juan nos dice que creamos en Jesucristo como el Salvador. Nos dice que creamos en Jesucristo, quien vino al mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu como el Salvador. Nos dice que si no creemos en Jesucristo moriremos en nuestros pecados e iremos al infierno. Y nos dice que recibamos la salvación creyendo en Jesús como el Salvador.
Queridos hermanos, ¿creen en Jesucristo como su Salvador? ¿Creen que nadie más a parte de Jesucristo es el verdadero Salvador que nos ha salvado completamente de todos los pecados y la destrucción? ¿Creen acaso que una persona puede ser salvada por otra cosa? ¿Piensan que pueden recibir la salvación también al creer en el budismo? ¿Están pensando que recibirán la salvación de sus pecados al ser mártires aunque tengan pecados en sus corazones? ¿Están pensando que serán redimidos de sus pecados por sus buenas obras? El único que puede salvarnos del pecado es Jesucristo y nadie más.
Algunos cristianos van a los adivinos para que les digan su fortuna. Cuando fui a Mongolia para predicar el Evangelio me alojé en la casa de una profesora. Allí vi un retrato de Jesús enfrente de otro de Buda. Los japoneses suelen creer en más de un dios. Muchos japoneses creen que Jesús es Dios, pero también creen en otros dioses. Incluso adoran a sus antecesores como dioses. Por eso no pueden reconocer al único Salvador correctamente. En el mundo entero, Japón es uno de los países donde menos se predica el cristianismo. El problema es que no pueden reconocer a Jesucristo, el único Salvador. No pueden creer que el Señor Jesucristo sea el único que nos ha salvado de nuestros pecados. La mayoría de los japoneses tienen una perspectiva pluralista de la religión y creen que pueden ir al Cielo si tienen fe en cualquier religión de este mundo. Por eso aunque crean en Jesús, creen en vano.
Muchas personas, incluyendo los budistas, se consideran dioses. Están completamente equivocados. Los panteístas adoran cosas que no son dioses. Adoran las rocas y las piedras de las montañas como si fueran dioses. Algunos budistas piensan que algunos árboles grandes en sus vecindarios tienen algún tipo de poder milagrosos y los adoran como dioses. Algunas tribus primitivas tallan piedras en forma de los genitales masculinos, las deifican y les piden deseos. Su fe consiste en creer en estas cosas para que les permitan tener muchos hijos y tener prosperidad material. En las zonas costeras la gente talla cosas como esas y les piden bendiciones porque ha habido muchos casos en que los hombres salieron al mar y murieron o nunca volvieron. Pero estas cosas no son nada más que ídolos creados por los seres humanos.
Jesús dijo: «Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy» (Juan 8, 28). Esto significa que sabrían que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador que salvaría a toda la humanidad solo después de que Su cuerpo hubiera sido crucificado y hubiese muerto. Jesús vino para salvarnos al tomar todos nuestros pecados a través de Su bautismo en Su cuerpo.
Pero la gente cree todavía en cualquier cosa como si fuera un dios. Muchos adoran al general chino Guan Yu, un personaje que aparece en una novela china, El romance de los tres reinos, como si fuera un dios y levantan estatuas en su honor. Pero debemos saber que el único Salvador es Jesús y nadie más. La palabra Jesús significa Salvador y la palabra Cristo significa el Rey que ha sido ungido con aceite. Solo Jesucristo nos ha salvado de todos nuestros pecados.
Queridos hermanos, pensemos por un momento. Hace mucho tiempo intentamos creer en todo tipo de religiones. ¿Quién sabía que el Salvador de la humanidad es Jesús? Solo cuando creímos en Jesús y aprendimos la Palabra de Dios pudimos saber que no hay otro Salvador de la humanidad excepto Jesucristo. En las demás religiones del mundo nunca ha habido una persona que haya resucitado. Nadie. El budismo dice que en mil millones de eones Buda volverá, pero esto es una mentira. ¿Quién tiene la audacia de decir algo así? El líder de cierta secta conocida murió, y justo antes de su muerte les dijo a sus seguidores que resucitaría a los tres días. Pero aún sigue en la tumba y nunca ha vuelto a la vida. A pesar de esta falsa enseñanza sus seguidores siguen esperando la resurrección de su líder y dejan una lámpara fuera de su tumba.
No hay nadie más a parte de Jesucristo que se haya convertido en el Salvador al morir y resucitar. No es Buda, ni Confucio. Ni siquiera Sócrates pudo resucitar. Solo Jesús, que es Dios y nuestro Salvador, pudo resucitar de entre los muertos y nos ha salvado completamente de nuestros pecados. La verdad es que solo Jesús ha resucitado de entre los muertos, y solo Jesús ha tomado todos nuestros pecados. Solo Jesús es el verdadero Salvador.
Todos los seres humanos deben saber esto antes de que sus vidas acaben. No deben dejarlo para mañana, sino que deben creer ahora. Si no saben qué tipo de ser es Jesús, deben aprenderlo. La gente debe conocer al único Jesucristo. Si la gente llega a conocer a Jesucristo, puede conocer la Verdad y aprender el Camino correcto. Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14, 6). Si la gente conoce a Jesús, recibe la vida, y si la gente conoce a Jesús, recibe la remisión de los pecados, conoce el camino al Cielo y obtiene una vida nueva. Si la gente conoce a Jesús, sabrá la Verdad.
Pero por desgracia hay muchas personas que no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Este tipo de personas siguen viviendo por el momento y después mueren en sus pecados. Incluso si las personas creen en Jesús, deben creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu para no morir en sus pecados. Esto se debe a que Jesús habló sobre todo en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu y lo cumplió.
Por tanto, todo el mundo debe creer en Jesucristo, quien vino por el Evangelio del agua y el Espíritu. Si conocemos el Evangelio del agua y el Espíritu, recibiremos la remisión de los pecados y la vida eterna, y podremos ir al lugar donde Jesús ascendió previamente. Pero si la gente no conoce o se niega a conocer el Evangelio del agua y el Espíritu, no podrá creer en él y como resultado morirá en sus pecados. Deben darse cuenta de lo terrible que es morir en los pecados. Esto significa que se caerá en el infierno eterno.
Espero que no haya una sola persona así entre nosotros, y espero que toda la gente del mundo reciba la vida eterna al conocer el Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la remisión de los pecados.