The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 8-8] < Juan 8, 37-47 > La gente nacida del Diablo y la gente nacida de Dios

< Juan 8, 37-47 >
«Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios».
 
 
Hoy hemos leído los versículos 37 al 47 en el Evangelio de Juan, capítulo 8. En los versículos 37 y 38 Jesús les dijo lo siguiente a los judíos que no creían en Jesús: «Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre». Estas palabras son bastante alarmantes. El Señor les dijo a los judíos y a los que no creen en que Jesús es el Salvador: «Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros». Lo que Jesús quería decir era: «Os digo que he nacido del Padre y que Él Me envió. ¿Pero de quién sois descendientes? Sé que sois descendientes de Abraham en la carne. Sé que sois descendientes de Abraham y que creéis que seguís a Dios. Pero como Mi palabra no tiene cabida en vosotros, intentáis matarme».
Para los que han seguido escuchando los sermones sobre el Evangelio de Juan en esta serie, será fácil de entender, pero para los que no los han seguido, vamos a mirar brevemente lo que Jesús dijo en el pasaje de las Escrituras de hoy. «Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 31-32). El Señor ha salvado a la gente del pecado y ha hecho que tenga libertad del pecado y vida eterna. Pero les dijo a los que no le conocían a Él ni creían en esta Verdad que serían esclavos del pecado. En otras palabras, el Señor está diciendo que los que no han sido liberados por el Señor no podrán entrar en la Casa de Dios. Está diciendo: «Quien cometa pecados, es decir, quien no crea en este Evangelio, es un esclavo del pecado y un esclavo no puede vivir en la Casa del Maestro. Sin embargo, los que han sido liberados a través de la Verdad recibirán la libertad eterna y el Reino eterno de Dios. Los que tienen al Hijo en ellos serán libres para siempre». Esto es lo que dijo el Señor.
 
 
¿A quién pertenecen ustedes?
 
El pasaje de las Escrituras de hoy habla acerca de esta cuestión importante: «¿A quién pertenecen ustedes?». Los judíos eran los descendientes de Abraham, pero ¿eran hijos de Dios? ¿Creyeron de todo corazón en la Palabra del Señor como fue prometida en el Antiguo Testamento y creyeron en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu? Aunque el Señor vino a este mundo y habló a los judíos de lo que había visto con Su Padre, la mayoría no creyó en Él. Los que no creen en la Palabra del Señor son los hijos del Diablo. Solamente hacen lo que han escuchado de su padre el Diablo.
Si leemos la Palabra en el versículo 44, vemos lo siguiente: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira». El Señor les dijo: «Vuestro padre es el Diablo y habéis nacido del Diablo. Por eso deseáis hacer las cosas de vuestro padre. El Diablo era un asesino desde el principio y por eso no hay verdad en él y odia la verdad. Cuando dice una mentira la dice por su propia cuenta». Satanás fue quien engañó a Adán y Eva. Satanás había intentado hacer que Adán y Eva cayesen en la tentación para matarlos y hacer que dejasen a Dios. Y a causa de esa tentación, los llevó al pecado y les hizo morir. El Señor los había salvado, pero Satanás fue quien los llevó a la muerte.
¿Quién es el padre de todos que viven en el mundo, incluyendo los que dicen ser descendientes de Abraham? ¿Quién es su padre y mi padre? ¿De dónde venimos? Cuando pienso en las respuestas estoy muy agradecido. Hay un himno en nuestro libro de himnos que dice: «♩Como era débil e insuficiente, ♬solo podía vivir cometiendo pecados», y aunque somos así de débiles, nuestro Señor nos ha salvado por el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿De dónde venimos? ¿De dónde viene todo el mundo?
Por supuesto, el primer hombre, Adán, fue creado por Dios, pero como la gente nace siendo descendientes de Adán y Eva, quienes cayeron en el pecado por la tentación de Satanás, todo el mundo está controlado por Satanás y actúa como esclavo del Diablo que nos ha engañado. ¿Quién pensaría que están siendo controlados por el Diablo? Desde una perspectiva espiritual los que se han arrepentido son muy afortunados: reciben la remisión de los pecados al encontrar al Señor y darse cuenta y aceptar de corazón el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios, y después se convierten en hijos de Dios y sus corazones cambian al darse cuenta de que el Espíritu Santo vive en ellos.
 
 
«Hacéis las obras del Diablo, vuestro Padre»
 
En los versículos 41 y 42 está escrito: «Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió». 
Es maravilloso que la gente que ha recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tiene al Espíritu Santo en sus corazones, ama a Dios Padre y a Jesucristo. Ellos aman la Verdad. Aman a los hermanos y hermanas y a la Iglesia.
Pero las personas que no son así hacen las obras de su padre. Su padre es el Diablo y las obras del Diablo tratan de matar. ¿Cómo puede un ser humano matar a otro ser humano? En este mundo tenemos leyes por lo que no podemos hacer daño a los demás sin consecuencias. Pero cuando miramos los corazones de los que no han recibido la remisión de sus pecados por la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, encontramos este deseo fundamental de destruir a la gente. Como tienen un corazón así, en vez de intentar vivir en paz los unos con los otros, tienen el deseo malvado de pisar a los demás para elevarse por encima de ellos instintivamente. Si se encuentran en una situación beneficiosa se tratan con amabilidad, y parece que se amen. Pero cuando no se pueden beneficiar de alguien, sienten deseos malvados. Por mucho que deseen hacer buenas obras, no pueden hacerlas. Sienten deseos malvados por los que no están de acuerdo con ellos. Este es el estado espiritual de los hijos del Diablo.
Estos judíos eran creyentes, y de hecho eran descendientes de Abraham que esperaban la promesa de Dios. Eran personas que confiaban en Dios en todas las cosas. Pero se negaban a creer en las Palabras de Jesús, quien había descendido del Padre, y al final lo mataron. De la misma manera, los que conocen y creen en el Señor después de haber recibido la remisión de los pecados a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu son justos e hijos de Dios, pero los otros cristianos que han rechazado Sus Palabra tienen el corazón lleno de mal y se levantan contra Dios aunque dicen que creen en Jesús y hacen lo que hacen. Estas personas están preparadas para hacer el mal en cualquier momento. La verdad es que sus corazones están llenos de maldad. Y aún es peor, no se dan cuenta de esto.
El Señor les dijo a estos judíos que decían ser creyentes: «Sois de vuestro Padre el Diablo. Hacéis lo que él hace». Los judíos no sabían qué contestar y al final contestaron enojados que no habían nacido del Diablo y que su Padre era Dios. Pero como el Señor conocía sus corazones, les reprendió diciendo: «Vuestro Padre es el Diablo. Si vuestro padre hubiese sido Dios, Me habríais amado y habríais aceptado Mi Palabra. Habríais amado la Verdad. Habríais amado la Verdad. Pero intentáis matarme. La verdad es que vuestro padre es el Diablo».
Las personas nacen en este mundo y mueren después de haber vivido un tipo de vida similar, pero entre ellas hay personas especiales que han encontrado el Evangelio del agua y el Espíritu y creen en él. Hay personas que aceptan el Evangelio y creen que el Evangelio del agua y el Espíritu es verdadero después de haber conocido la Verdad. Los que aceptan el Evangelio del agua y el Espíritu son los verdaderos hijos de Dios. Pero debemos saber que los que no aceptan el Evangelio del agua y el Espíritu en sus corazones son los hijos del Diablo. Sinceramente este tipo de personas me da miedo. Intentan hacer daño siempre y apuntan con un cuchillo afilado al corazón.
El Señor les pregunta: «¿De quién nacisteis?». Y les contesta Él mismo diciendo: «El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios». Cuando a veces escuchamos la Palabra de Dios, de nuestros corazones sale el mal; y estos pensamientos se levantan contra la Palabra de Dios. Pero a pesar de esto, los nacidos de nuevo desechan estos pensamientos y aceptan la Palabra de Dios tal y como es. Por eso crecen y se hacen hijos de Dios fuertes y sanos. Nosotros nacemos con pecados y por eso nacimos en una cultura dominada por el Diablo y seguimos viviendo contra la Palabra de Dios y Su Verdad. Por eso hacemos las obras del Diablo sin saberlo. Ustedes seguramente lo han experimentado frecuentemente.
Mientras salimos a predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, vemos que ocurre lo siguiente: al principio la gente escucha la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Pero cuando entramos en detalles en el Nuevo Testamento y explicamos Mateo 3, algunas personas se aburren y se resisten, por lo que se enojan y causan conmoción. Probablemente hubo una vez en que escucharon el Evangelio del agua y el Espíritu por primera vez y puede que ustedes entonces también tuvieran hostilidad hacia Dios y Su Palabra justa. Como la gente ha vivido durante tanto tiempo siendo esclava del Diablo, se resiste instintivamente cuando escucha la Palabra de Verdad de Dios. De la misma manera en que los judíos querían matar a Jesús cuando Él les hablaba, la gente tiene el mismo deseo de levantarse contra la Palabra de Dios. Queridos hermanos, ¿han tenido alguna vez estos deseos o no? Seguramente sí los han tenido.
Aunque la gente vaya a la iglesia y diga que cree en Jesús como el Salvador, si sus pecados permanecen en sus corazones, su padre es el Diablo y no Dios. Como el Diablo controla sus corazones, no pueden aceptar la Palabra de Dios cuando se les predica. Suben la guardia y luchan contra el mal que hay en sus corazones aunque se les predique la Palabra de Verdad. Cuando se les pregunta: «¿Es verdadera la Palabra de Dios?», ellos contestan: «Sí, es verdadera». Pero aún así tienen deseos de oponerse a la Palabra. Así que cuando pierden la batalla contra su maldad, rechazan el Evangelio y no pueden recibir la salvación. Por eso deben saber con certidumbre quién está en sus corazones. ¿Dios Padre o no?
En el Libro de Hechos de los Apóstoles 3, 19, hay un pasaje que dice: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio», y en el capítulo 2, versículo 38 dice: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo».
El Espíritu Santo reside en los corazones de los que creen de Verdad en el Evangelio del agua y el Espíritu, pero los que se niegan a creer en el Evangelio del agua y el Espíritu tienen un espíritu malvado en sus corazones. Como el Espíritu Santo es santo y virtuoso y está lleno de amor, no puede vivir en los corazones llenos de pecado.
Debemos saber que el Diablo puede residir en los corazones que tienen pecados. La Biblia dice claramente: «Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero» (Lucas 11, 24-26). Los lugares secos mencionados en este pasaje se refieren a lugares donde no hay agua, es decir, donde no está la Palabra de Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Si el corazón está lleno del Evangelio del agua y el Espíritu, Satanás no puede vivir en él. Si fuese a hablar sobre esto ahora, tendría que hacer un sermón entero, pero esto es todo lo que diré por ahora y volveré al tema principal.
Sea cual sea el caso, hay pecados en los corazones de la gente y por eso el Diablo controla esos corazones que no han aceptado la Palabra de Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, aunque tengan pocos pecados en sus corazones y hayan ofrecido muchas oraciones de penitencia. Por eso el Diablo reside en sus corazones y se levantan contra la Verdad, matan y hacen todo tipo de maldades. Por eso saber a quién pertenece cada persona es importante. Si no somos de Dios, somos del Diablo. ¿Reside el Espíritu Santo en sus corazones? Debemos examinar nuestros corazones sinceramente y meticulosamente con la Palabra de Verdad.
Seamos quien seamos, si miramos en nuestros corazones con sinceridad, podremos averiguar con la Palabra si nuestro padre es Dios o el Diablo. Si la gente se examinase a sí misma, podría averiguar si está cometiendo malas obras o si está intentando evitar el mal. Pero los que intentan beneficiar a los demás son los que tienen el Espíritu Santo.
En el Libro de Romanos leemos: «Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz», esto significa que si los que tienen el Espíritu Santo tienen una mente carnal, morirán. Si los nacidos de nuevo mueren espiritualmente, será porque han perseguido la carne. Cuando esto ocurre, ya no piensan en beneficiar a los demás, ni a la gente del mundo. No piensan en salvar a las almas perdidas ni en hacer la obra del Señor. Todo lo que quieren es hacer lo que les conviene. Si una persona nacida de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu tiene una mente carnal, no podrá seguir la justicia de Dios y hará obras malvadas. Solo buscará su propio beneficio carnal. Las personas así no pueden ser siervas de la justicia.
El Señor dice que si alguien quiere seguirle, primero debe negarse a sí mismo, cargar con su cruz y seguirle. Nos dice que nadie puede convertirse en un discípulo del Señor, ser bendecido en este mundo y el siguiente, y recibir la vida eterna si no ha perdido a su padre, a su madre y todo en este mundo. Los que no pueden hacer esto y siguen satisfaciendo sus deseos carnales, no pueden convertirse en instrumentos de la justicia. La gente así se levanta contra Dios, contra el Evangelio, contra la Iglesia, y deja de hacer la obra por las almas perdidas, por lo que vive exclusivamente por sí misma.
 
 
Durante los primeros 10 años de creer en Jesús, era una persona malvada
 
Durante este tiempo tenía pecados en mi corazón, y creí que si ofrecía oraciones de penitencia mis pecados desaparecerían. Sin embargo, después de haber encontrado al Señor por la Palabra de Verdad, el mal seguía dentro de mi corazón. ¿Cómo podía ganarme la vida? Aunque el Señor nos dijo que no nos preocupásemos por lo que comer, beber o llevar puesto, siempre pensaba en estas cosas. Incluso para los que han nacido de nuevo será difícil diferenciar entre los pensamientos carnales y los pensamientos espirituales si no siguen al Señor de todo corazón por fe y se niegan a sí mismos para la salvación de los demás, dejando atrás las cosas del mundo para poder seguir al Señor, porque al final serán capturados por los deseos de la carne.
Así yo tuve que luchar contra mí mismo. Al principio no fue bien, pero a pesar de mis debilidades aprendí cosas como la importancia de la Iglesia y de los colaboradores del ministerio, qué tipo de lugar debe ser esa Iglesia, en qué grupo de personas hace Su obra el Espíritu Santo, cómo se deben formar a los obreros de Dios y cómo hay que guiarles. Cuando pasé por un tipo de formación en un desierto espiritual con el Señor, y por todas estas cosas que aprendí, soy la persona que soy ahora.
Lo que el Señor nos está diciendo hoy no es acerca del estado de los nacidos de nuevo que se han convertido en hijos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nos está hablando de los que siguen en un estado espiritual malvado antes de tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Les está diciendo: «Aunque no creáis todavía en el Evangelio del agua y el Espíritu, y digáis que creéis en Dios, ¿a quién pertenecéis? ¿Sois del Diablo? ¿O sois de Dios? Si de verdad sois de Dios, ¿por qué no podéis aceptar lo que os estoy diciendo? Porque sois de vuestro padre, el Diablo y porque no habéis recibido la salvación, ¿por eso no podéis aceptarlo? Por eso es importante saber a quién pertenecéis. Todos los que pertenecéis al Diablo debéis arrepentiros si queréis creer en Mí como vuestro Salvador, y creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que vine a cumplir. Entonces debéis convertiros en hijos de Dios al recibir la remisión de los pecados. Si no hacéis esto y seguís siendo tercos, siguiendo a vuestro padre el Diablo y los deseos de la carne, y todo lo relacionado con ellos, seréis destruidos y moriréis. Seréis destruidos en cuerpo y en espíritu y moriréis».
Decimos que creemos en el Señor y le seguimos, pero desde un punto de vista personal, no trabajamos tanto. Como dice la letra del himno: «La obra que hago es muy pequeña», es verdad que lo que hacemos en servicio del Señor es muy pequeño. Pero a pesar de eso, la verdad es que somos del Señor y no del Diablo. Por este motivo hacemos la obra del Señor a pesar de nuestras faltas. Cuando hacemos la obra del Evangelio unidos con la Iglesia, el Señor obra con nosotros y ayuda a incrementar la obra por encima de nuestros esfuerzos. Por eso le damos gracias a Dios.
Mi corazón está agradecido porque a través del pasaje de las Escrituras de hoy el Señor nos ha permitido entender lo que quiere decir con estas palabras y convertirnos en personas de Dios a pesar de nuestra insuficiencia física. Si no fuésemos de Dios, viviríamos de cualquier manera y al final, al ser engañados por el Diablo, estaríamos incluidos en la maldición que recibe el Diablo como juicio de Dios. Nosotros estábamos incluidos en esas maldiciones también pero ahora nos hemos convertido en hijos de Dios, tenemos al Espíritu Santo en nuestros corazones, hacemos la obra confiada a la iglesia de Dios, y servimos al Señor sin pecados al haber nacido de nuevo por la Palabra de la Verdad.
El Señor dijo que volvería en Su tiempo para llevarnos con Él, y gracias a esta seguridad del Reino del Señor, no me importa ir al Señor antes o que el Señor venga a nosotros porque doy gracias por fe. Estoy muy agradecido. No tengo palabras para expresar lo que siento. Estoy agradecido porque el Señor vino a nosotros y nos redimió completamente con el Evangelio del agua y el Espíritu. Asimismo doy gracias porque nos permite llamar a Dios, “Abba Padre” y pone Su Espíritu Santo en nuestros corazones en vez de dejarnos después de salvarnos. Por eso podremos vivir para siempre porque somos de Dios. Estoy agradecido porque Dios nos ha dado la gracia de seguir los deseos del espíritu en vez de los deseos de la carne.
Para terminar mi sermón tengo algo que decirles a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu: no deben seguir los pensamientos carnales. Aunque tengan pensamientos carnales repetidamente y a veces los sigan, no deben hacer que sean su meta en la vida. Lo que quiero decir es que, si han nacido de nuevo, no deben creer en sus pensamientos carnales ni seguirlos. Si siguen sus pensamientos carnales, serán destruidos al final, serán separados de la Iglesia y por eso morirán. Aunque un gran número de personas hayan nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu como nosotros, todos los que siguieron sus pensamientos carnales acabaron muriendo. Los que solo buscan su bienestar y prosperidad nunca la alcanzarán y al final sus espíritus serán destruidos.
Dentro de la Iglesia de Dios, es decir, dentro del Reino de Dios, hay tres tipos de personas: primero las personas justas que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. En segundo lugar, los pecadores escondidos que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y en tercer lugar, los que solo intentan servir carnalmente y siguen sus deseos en vez de servir a Dios, a pesar de haber recibido la salvación al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La Biblia dice que este tercer tipo de personas son las malvadas.
En el primer Salmo, podemos ver estos tres tipos de personas.
«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores, 
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; 
Sino que en la ley de Jehová está su delicia, 
Y en su ley medita de día y de noche. 
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, 
Que da su fruto en su tiempo, 
Y su hoja no cae; 
Y todo lo que hace, prosperará. 
No así los malos, 
Que son como el tamo que arrebata el viento. 
Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, 
Ni los pecadores en la congregación de los justos. 
Porque Jehová conoce el camino de los justos; 
Mas la senda de los malos perecerá».
¿Qué dijo Dios aquí? ¿Qué dice la Biblia? La Biblia nos habla con toda certidumbre. Esta Biblia que tenemos ahora es la Versión Coreana Revisada, que fue traducida en 1962 de la edición china de la Biblia King James. Esta versión de la Biblia está muy bien traducida. Muchas personas y organizaciones han traducido la Biblia y la han vendido. Así han ganado grandes cantidades de dinero. Hay muchas nuevas versiones de la Biblia también. Recientemente en Corea ha habido un movimiento que quiera cambiar la Biblia a nivel sectario. Cuando esto ocurra, solo unas pocas personas elegidas podrán ganar mucho dinero así. Por eso están trabajando en secreto ahora, pero por mucho que lo intenten no podrán hacer una versión que sea tan buena como la Versión Coreana Revisada.
La traducción de la Biblia es perfecta. Miren Génesis 1, 1-2: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas». ¿Ven lo cerca que están las Escrituras a los idiomas originales? La razón por la que la traducción en coreano de la Biblia está tan bien hecha es que se tradujo de la versión escrita con caracteres chinos, que son ideografías. Los que no conocen los caracteres chinos pueden que no lo entiendan bien, pero la Versión Coreana Revisada de la Biblia que utilizamos es una versión que sobresale si la comparamos con los idiomas originales.
 
 
Las personas creen que son virtuosas
 
Naturalmente las personas son una raza llena de maldad. Los corazones humanos están tan sucios como las cloacas. En esencia, el corazón humano está muy sucio.
«Engañoso es el corazón más que todas las cosas,
y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17, 9)
Pero el Señor vino a nosotros aunque fuéramos sucios y limpió todos esos pecados sucios y feos con el Evangelio del agua y el Espíritu. Vino a este mundo, tomó nuestros pecados para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista, recibió el juicio en la Cruz en nuestro lugar, resucitó de entre los muertos, y así nos ha salvado. Así el Señor se ha convertido en nuestro Salvador. Al aceptar la Palabra de Dios nos hemos convertido en hijos de Dios, y el Espíritu Santo ha entrado en nuestros corazones. Debemos llamar al Dios Santo, Abba Padre, porque nos hemos convertido en hijos de Dios después de recibir la remisión de los pecados y el Espíritu Santo como un don gratuito. Ahora ya no estamos sucios. Estamos limpios y puros. Somos honrados. Somos obreros dignos. Así somos nosotros. 
Aunque hayamos nacido de nuevo, no debemos perseguir los deseos de la carne, pero si lo hacemos no podremos evitar ser destruidos. En cuanto a todos ustedes, espero que no se olviden que los pensamientos carnales llevan a la muerte. La Biblia dice: «La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6, 23). Hay pensamientos espirituales y pensamientos carnales. Hay personas que han nacido de nuevo de verdad y personas que no han nacido de nuevo. En cuanto al Evangelio, hay un evangelio nominal y el Evangelio del agua y el Espíritu.
Pero cuando la Verdad llegue, todo será separado. Por eso el capítulo 1 de Génesis habla de separación: el primer día la luz y la oscuridad se separaron. El segundo día, las aguas de encima del firmamento se separaron de las aguas de debajo del firmamento. El tercer día, Dios dijo: «Que aparezca la tierra seca» y la tierra seca y las aguas se separaron. El cuarto día, y el quinto día fueron iguales. Incluso hoy en día Dios está haciendo la obra de separar a los hijos de Dios de los hijos del Diablo.
Estoy muy agradecido a Dios por habernos hecho Sus hijos, y espero que todos reciban la salvación de sus pecados. Deseo ante todo que todo el mundo escape de la esclavitud del Diablo.