The New Life Mission

Sermones

Tema 16: Evangelio de Juan

[Capítulo 8-9] < Juan 8, 44 > Venzan al Diablo con la Palabra del Señor

< Juan 8, 44 > 
«Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira».
 
 
El mensaje de hoy se centrará en este pasaje de las Escrituras, y me gustaría hablar acerca del tema: «Conozcamos los atributos de Satanás y venzámosle por nuestra fe en Dios». En el pasaje de las Escrituras de hoy, el Señor les dijo a los fariseos: «Vosotros sois de vuestro padre el diablo» (Juan 8, 44). Así que, paso a paso, intentaremos averiguar el verdadero significado de estas Palabras del Señor y qué Verdad nos intenta comunicar.
Los judíos de entonces no reconocieron quién era Jesús cuando predicaba la Palabra de Dios, e intentaron matarle. Jesús les dijo: «Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira» (Juan 8, 38-44).
Así Jesús reprendió a los judíos que intentaban matarle en vez de reconocerle: «Vuestro padre no es Dios, sino el Diablo. Sois de vuestro padre, el Diablo». Sin embargo, aunque Jesús habló así acerca de la Verdad de salvación, los judíos de aquel entonces no creyeron. Y acabaron ejecutando a Jesús en la Cruz. Jesús lo sabía y por eso dijo, señalando al espíritu malvado que había en sus corazones: «Sois del Diablo».
Hoy vamos a ver los atributos del Diablo que gobierna los corazones de la gente, de la misma manera que dominó a los judíos, y les voy a decir cómo pueden vencerle.
 
 
¿Cómo llegó a existir Satanás?
 
En primer lugar vamos a intentar descubrir de dónde viene Satanás a través de algunos pasajes de las Escrituras. Veamos Isaías 14, 12-15:
«¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo».
En estos pasajes cuando Dios dijo: «oh Lucero, hijo de la mañana» estaba hablando de un ángel en concreto. Dios había creado el mundo físico en el que vivimos ahora, y creó un mundo para los seres espirituales, es decir, para los ángeles. Entre estos ángeles, el ángel Gabriel, a quien conocemos muy bien, es un ángel que entrega buenas noticias de Dios, y el ángel Miguel, mencionado en el Libro de Daniel, es un ángel de guerra. Dios nos dice que además ha puesto ángeles guardias a cargo de cada uno de los que hemos recibido la remisión de los pecados.
Entonces, ¿cómo llegó a existir Satanás, cuyos atributos son los opuestos a los de estos ángeles? ¿Creó Dios a Satanás desde el principio? Me gustaría hablar de cómo Satanás fue creado.
Hace mucho tiempo, entre los ángeles que Dios había creado, había un ángel que retó a Dios, su Creador. Pero el Dios Omnisciente conocía esta rebelión de antemano y expulsó al ángel arrogante del Reino de los Cielos y lo venció. Este ángel, que fue arrojado a la tierra desde el Cielo, es el que se convirtió en el Diablo.
Para castigar al Diablo, Dios creó un lugar especial, llamado Seol o infierno. Dios creó el infierno para que el Diablo sufriese para toda la eternidad. Entre los muchos ángeles que Dios creó, el que se reveló contra Él fue un ángel llamado Lucifer, el ángel de mayor rango entre todos los ángeles. Lucifer reunió a todos sus seguidores y retó a Dios. En Isaías 14, 13-14 vemos lo que pasó: «Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo». Esto nos muestra claramente que Satanás retó a Dios e intentó gobernar el mundo celestial ocupando el Trono de Dios. El plan malvado de Satanás era tener por lo menos la misma autoridad que Dios, su Creador, y creyó que además podría tener aún más. Así Satanás ha intentado actuar como el rey del mundo gobernando sobre todas las cosas.
Toda la creación que hay en este mundo tiene una tarea atribuida por Dios que tiene que cumplir. Dios es dio tareas infinitas a Sus siervos, los ángeles, le incluso a todas las criaturas que podemos considerar triviales. Ha dado una razón para la existencia de cada criatura. Por ejemplo, las flores tienen la tarea de mostrar el trabajo misterioso de Dios con su belleza. Dios les ha dado una tarea a todas las criaturas del mundo. Por supuesto, Lucifer, el ángel de mayor rango, tenía la tarea de alabar la justicia de Dios.
Pero en vez de ser fiel a esta tarea, retó la autoridad de Dios e intentó usurpar el trono de Dios para ser igual que Él. Al hacer esto cometió el pecado de la arrogancia. Todas las creaciones son seres nacidos exclusivamente para la gloria de Dios. Por tanto, todas las cosas tienen que cumplir sus tareas en sus lugares respectivos y ser fieles a Dios. Pero el arcángel llamado Lucifer quería el trono de Dios y cometió un pecado ante Dios al levantarse contra Él. Entre los pecados cometidos contra Dios, hay un pecado que no puede perdonarse, y ese pecado es el deseo de ser más que Dios. Este es un grave pecado, similar a la blasfemia contra el Espíritu Santo. Todos los pecados cometidos por la debilidad innata de los seres humanos pueden ser perdonados, pero el pecado de oponerse y retar al Evangelio del agua y el Espíritu establecido por Dios no puede ser perdonado. Dios creó el infierno para castigar a los que han cometido pecados que no pueden ser perdonados. 
Dios creó a las personas a Su imagen, y al revestirlas de la gracia de Su salvación a través del Evangelio del agua y el Espíritu, Su deseo era que entraran en Su gloria. Por tanto, un ser humano solo puede ser glorioso como Dios por la gracia de salvación de Dios, y no por las propias habilidades humanas. Dios quiso darnos testimonio de esta verdad. Así Dios nos ha salvado de los pecados del mundo a través del Evangelio del agua y el Espíritu al enviar a Su Hijo, Jesucristo. Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu del Señor, los seres humanos podemos estar bendecidos y vivir juntos con Dios para siempre. Por fe podemos recibir la remisión de los pecados y alabar la gloria de Dios con gozo.
Una persona que ha recibido la remisión de los pecados por fe de esta manera se convierte en hija de Dios perfecta. Por tanto, Satanás odia y teme a los hijos de Dios que han recibido la remisión de los pecados. Por eso está escrito en Santiago 4, 7-8: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones». En 1 Pedro 5, 8-9 leemos: «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo».
 
 
Debemos enfrentarnos a Satanás con fe en la Palabra de Dios
 
En el pasaje anterior está escrito que Satanás, el Diablo, es como un león rugiente que busca a quién devorar. Busca a personas a quienes pueda engañar, tentar y amenazar. Sin embargo, como los seres humanos no sabemos mucho acerca del Diablo y no queremos saber nada de él, no le prestamos mucha atención. Pero la Biblia nos dice que resistamos firmemente al Diablo.
Entonces, ¿cómo vamos a resistir al Diablo si no sabemos nada de él? Para empezar a hablarles de los atributos del Diablo, les puedo decir que es alguien que resiste a Dios y que va derecho al infierno, y que por supuesto es un mentiroso. Todo lo que dice es mentira. Solo hay una manera de resistirle a él, a los malvados y a los confabuladores: resistir con fe en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Aunque no tengamos mucho interés en el Diablo y sus atributos, Dios nos dice que lo resistamos firmemente. Dijo que si luchamos contra él, se irá. Pero si huimos de Satanás en vez de resistirle, nos perseguirá. Queridos hermanos, debemos vestirnos con la armadura de Dios. Debemos creer de todo corazón en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu del Señor y resistir a Satanás con fe en Jesucristo. Satanás es muy astuto y nos tienta sin cesar. Debemos darnos cuenta de que el caos y el vacío del corazón que tenemos son culpa de Satanás. Cuando nos moleste debemos ordenarle en el nombre del Señor: «¡Vete de aquí, Satanás!». Con esta orden firme como un rugido debemos luchar contra él. Para ello debemos tener fe en nuestros corazones en que el Señor es nuestro Cristo.
Nuestro Señor es el Dios de la creación que creó todas las cosas en el universo, y es el Salvador y el único Dios que nos ha salvado del pecado. Jesucristo es el Rey de reyes, el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos, el Salvador y el Profeta. Debemos darnos cuenta de que Jesucristo es sin duda mucho más poderoso que Satanás y que Su autoridad es mucho mayor. Debemos tener fe en el nombre de Jesucristo para resistir al Diablo. Solo en nombre de Jesucristo podemos mandar al Diablo.
En realidad Satanás es bastante fuerte como para romper una cadena de acero en un instante. A veces vemos a los que tienen corazones débiles convertirse en hijos del Diablo con facilidad, especialmente los que están poseídos por un demonio. Como Dios dijo que Satanás es el padre de las mentiras, sus siervos son todos mentirosos. Puede que no piensen que mentir es tan malo, pero espero que se den cuenta de que las mentiras de los siervos de Satanás pueden matar fácilmente a un ser humano. Satanás busca a sus presas, y cuando sabe que la puede cazar fácilmente, ataca y la amenaza. Si ve que su presa es más fuerte que él, intenta confundirla con tentaciones y mentiras. Los poderes de esas mentiras son mayores de lo que pensamos. Debemos saber que no podemos vencerle solo con nuestras fuerzas. Por eso el Señor dijo: «resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Santiago 4, 7). Debemos entender bien los atributos del Diablo, el que nos engaña, y no debemos dejarnos engañar por sus mentiras con fe en el Señor. Si no tenemos fe, como seres humanos no tendremos las fuerzas para resistir y luchar contra el Diablo.
Para poder salvar a los que están poseídos por demonios y no ser engañados por esos demonios debemos saber que todas las palabras que salen de esos demonios son mentiras. Debemos tener esto grabado en nuestros corazones. Las palabras de los adivinadores y de los chamanes son falsas. Incluso aunque parezcan verdad, cuando las examinamos con la Palabra de Dios, vemos que son mentiras. En Corea el chamanismo estuvo muy extendido durante algún tiempo y la gente solía creer en las palabras de estas personas. Es hora de desmentir estas creencias tan absurdas. Debemos creer en la Palabra de Dios que nos dice que todas las palabras del Diablo son falsas; y al resistir al Diablo debemos luchar una batalla espiritual. Debemos estar seguros de que todo lo que dice es mentira. Y debemos creer que Jesucristo es el Dios omnipotente y omnisciente que ha venido a salvarnos de nuestros pecados. Nuestro Señor nos ha salvado por el Evangelio del agua y el Espíritu a través de esta fe, nos ha hecho hijos de Dios y nos ha dado el Espíritu Santo que reside en nuestros corazones. Al creer en esta Palabra y en el hecho de que toda autoridad existe en el nombre de Jesucristo, debemos resistir al Diablo y vencerle con coraje.
En Lucas 10, 17-20 encontramos lo siguiente: «Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos».
Podemos vencer al Diablo solo en el nombre de Jesús y no por nuestras propias fuerzas. Esto se debe a que el nombre del Señor tiene el don y el poder. Es comparable a la situación en que los emperadores del pasado tenían gran autoridad. Cuando el emperador decía: «Haced esta carretera más grande» todos los ciudadanos de ese país no tenían otro remedio que trabajar para hacer la carretera más grande. Por supuesto, es ridículo intentar comparar la autoridad de Jesús con la de un emperador de este mundo, pero aún así podemos ver que esto tiene la autoridad de Su Palabra.
La autoridad de un rey omnipotente es a través del nombre de Jesucristo, que no solo es nuestro Salvador, sino también el Dios omnisciente y omnipotente. El Diablo tendrá que dejar su falsa autoridad y huir de nosotros cuando le digamos: «En nombre de Jesucristo, te ordeno que te vayas, Satanás».
Satanás nos tienta constantemente con sus mentiras. Nos cuestiona: «¿De verdad tienes la verdadera fe?». Si son personas justas que han nacido de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu, si se encuentran en este tipo de situación, deben luchar firmemente con fe contra el Diablo. Una persona justa tiene autoridad en el nombre de Jesucristo. Uno de los discípulos de Jesús dijo también: «Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre» (Lucas 10, 17). La verdad es que hay poder en ese nombre para vencer al Diablo.
Aunque Satanás fue una vez un ángel en la presencia de Dios, se resistió a Dios y por eso fue arrojado del Reino de los Cielos. Entonces fue maldito por Dios como dice la Biblia: «Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo» (Isaías 14, 13-15). Utilizando la autoridad en el nombre de Jesucristo y con la fe en ese nombre, debemos resistir al Diablo. Jesucristo lo arrojará al infierno pronto.
 
 
La gente de hoy en día dice que no hay infierno
 
Seguramente habrán oído esto una o varias veces. Si la Biblia dice que hay infierno, entonces es seguro que el infierno existe. ¿De quién son las Palabras de la Biblia? Sí, son las Palabras del Dios Omnipotente. El Dios que creó todo lo que hay en el universo tuvo discípulos que recogieron toda Su providencia en libros. Por tanto, la Biblia es la Palabra indisputable del Dios perfecto. Por eso los humanos que han sido creados por Dios no están cualificados para analizar estas Palabra del Dios omnipotente ni añadirles nada. Podemos tomar toda la creación y los fenómenos naturales como objetos de nuestra investigación, pero Dios nos creó y tiene un poder ilimitado y por eso no podemos estudiarle. Por tanto deben saber que el criticismo ha destruido la fe de muchos creyentes. Solo hay una cosa que podemos hacer con la Palabra: simplemente creer en la Verdad sobre Jesucristo y en el Evangelio del agua y el Espíritu que está escrito en la Biblia.
Basándose en la noción del criticismo textual, algunos teólogos insisten en que el infierno no aparece en la Biblia. Intentan explicar palabras como Seol y Gehenna como si fuesen un lugar donde se quema la basura. Pero está escrito claramente en la Biblia que el infierno existe. Y Jesucristo arrojará al Diablo y a sus seguidores a ese abismo de fuego. Los que tenemos una fe fuerte en la autoridad en el nombre de Jesucristo debemos creer que el infierno existe para Satanás y sus seguidores. Por tanto, cuando alguien que esté poseído por un demonio les ataque, no tengan miedo.
Yo también fui tentado por el Diablo. Antes de nacer de nuevo por el Evangelio del agua y el Espíritu, cuando todavía tenía pecados en mi corazón, solía escuchar susurros que me acusaban en mis oídos, y eran demonios que me decían: «Has pecado, ¿no?». Cuando escuchaba esto me sentía avergonzado por lo que corría hacia Dios y oraba: «Querido Señor, por favor, perdóname». A pesar de todos mis esfuerzos de las oraciones de penitencia, estas acusaciones del Diablo no dejaron de atormentarme. Cuando intentaba huir de él, el Diablo seguía persiguiéndome y acusándome diciendo: «Tienes pecados, ¿verdad?».
Refiriéndose a los demonios, la Biblia nos dice que son acusadores (Apocalipsis 12, 10). Acusar es intentar culpar a alguien del pecado falsamente cuando en realidad no tiene pecados. «En el pasado, ¿no hiciste esto? Pecaste». La verdad es que este tipo de pensamientos son acusaciones originadas por el Diablo. Pero, ¿qué nos dice Jesús? «He borrado vuestros pecados también. Lo he resuelto todo por vosotros, así que debéis vivir con paz en vuestros corazones». Esto es lo que nos dice Jesús.
Los que han tenido experiencias similares a la mía deben saberlo, pero cuando una persona es acusada por el Diablo, es difícil de soportar. Pero hay una manera de superar la tentación y es teniendo la fe en el hecho de que el nombre de Jesucristo tiene toda la autoridad. Aunque era difícil resistir a Satanás cuando no había recibido la remisión de los pecados, cuando me resistí en el nombre de Jesús con esta fe, Satanás huyó y yo me quedé sorprendido. Solo los que tienen demonios conocen este dolor. Los que tienen demonios no pueden hablar sobre sus pecados a otras personas. ¿A quién le gusta hablar de sus pecados? Si le hablase a alguien sobre mis pecados, y pudiesen resolverlos, sería diferente, pero la verdad es que no hay nadie que pueda resolver el problema de los pecados. Así que cuando estaba sufriendo la agonía de la tentación del Diablo, me resistí en nombre de Jesucristo creyendo en la autoridad de Su nombre, y entonces él huyó.
Queridos hermanos, nos hemos convertido en los verdaderos nacidos de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como leemos en el Libro de Hechos de los Apóstoles, un hombre que había estado inválido toda su vida, se levantó y caminó cuando Pedro dijo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda» (Hechos de los Apóstoles 3, 6). Todo esto fue posible porque el nombre de Jesucristo tiene autoridad. Para poder resistir al Diablo debemos creer en la autoridad del nombre de Jesucristo demostrada en estas Palabras. Debemos tener una relación con el Señor en nuestros corazones y dejar que resuelva el problema de nuestros corazones. Aunque tengamos muchas faltas nuestro Señor eliminará nuestros pecados completamente. Si confesamos nuestros pecados y reconocemos que no podemos evitar ir al infierno por ellos, y si creemos de corazón que el Señor ha eliminado todos los pecados por el Evangelio del agua y el Espíritu, todos nuestros pecados serán perdonados y seremos personas justas y perfectas ante Dios, como si nunca hubiésemos cometido pecados.
Debemos creer que Jesucristo es el Salvador que ha borrado todos nuestros pecados y debemos resistir al Diablo creyendo que por muy insuficientes que seamos, caminaremos con el Señor hasta el fin del mundo, y que toda la autoridad está en el nombre de Jesucristo. Debemos darnos cuenta de que el Diablo es un mentiroso y es el enemigo de Dios que le resiste, y aceptar el verdadero Evangelio y la verdad. Cuando decimos: «Te ordeno que te vayas, Satanás, en el nombre de Jesucristo», Satanás, que ha intentado vivir en nuestros corazones, huye.
El Señor les dio a Sus discípulos, incluyendo a nosotros, la autoridad para vencer a Satanás. El Señor les dijo a Sus discípulos: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará» (Lucas 10, 18-19). Todos debemos tener fe en esta Palabra. Queridos hermanos, si no tienen fe, oren al Señor. «Querido Señor, me falta fe. Por favor, dame una fe fuerte». Si oran así y piden sin cesar, recibirán fe del Señor. Si creen que Jesucristo tiene más autoridad que Satanás y si resisten al Diablo en el nombre de Jesucristo, podrán vencer al Diablo con su fe.
Por tanto debemos conocer los atributos del Diablo que nos ataca sin cesar. Debemos darnos cuenta del hecho de que lo que mejor hace es mentir y que intenta convencernos con poderes falsos. Hoy en día Satanás está buscando presas. Entra en la gente o en animales o lugares. De la misma manera en que los seres humanos viven en casas, los demonios también viven en ciertos lugares, y puede ser dentro de las personas o de otros seres vivos. Satanás va buscando a sus presas: «¿Hay alguien sin fe por aquí?». Y cuando encuentra a alguien sin fe, se les aparece y los amenaza.
Sin embargo, el Diablo nunca puede aparecerse a los que tienen una comunión sincera con Dios. Solo se aparece a los que tienen una relación distante con Dios y por eso intenta vencerles. Queridos hermanos, por esta misma razón debemos estar siempre sobrios y en guardia. Dios nos ha dado el nombre de Jesucristo para que podamos vencer a Satanás. Cuando Satanás intente atacarnos para matarnos, si le ordenamos que se vaya en el nombre de Jesucristo, y alabamos al Señor, no podrá volvernos a atacar y huirá. Jesucristo nos ha salvado. Está lleno de poder y es el Dios omnipotente. ¿Creen en esto?
De vez en cuando, el Diablo intentará confundir nuestra fe mediante falsos milagros. Debemos darnos cuenta de que estos milagros nos engañan. Leamos 2 Tesalonicenses 2, 9-12: «Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia».
El Diablo puede hacer que los cojos anden y los ciegos vean. Pero debemos saber que todos estos milagros son falsos y realizados por personas que están poseídas por demonios que pueden hacer milagros delante de otras personas poseídas por demonios menores. Por mucho poder falso que tengan, los demonios no pueden matar a los justos. Aunque amenacen a los justos nacidos de nuevo no puede mover nuestra fe. Cuando los justos se unen y resisten a Satanás, huyen de nosotros. Espero que se den cuenta de esto y resistan al Diablo firmemente.
Por supuesto no debemos darle la bienvenida el Diablo. Pero, queridos hermanos, no deben tenerle miedo. ¿Huimos del estiércol porque nos da miedo? No, huimos del estiércol porque es sucio. El Diablo es igual. Evitamos al Diablo porque es alguien a quien debemos evitar si es posible. Pero si no podemos evitarle, entonces debemos resistirle firmemente. Por fe debemos expulsar a los demonios que obstaculizan la obra del Evangelio y se resisten a Dios.
Pero hay un punto importante que debemos recordar. Todos los problemas no se resuelven simplemente por expulsar demonios. Cuando se expulsan los demonios se suele ignorar a la persona poseída. Estas personas pueden sufrir heridas internas si se las ignora. Y por eso cuando una persona que estaba poseída por un demonio, se cura, debemos predicarle el Evangelio y orar por su alma. Pero si esa persona se resiste y nos hace daño, debemos levantarnos contra ella; pero si no es así lo correcto es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu para que su espíritu nazca de nuevo.
En Efesios 6, 11 leemos: «Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo». Queridos hermanos, debemos creer en la Palabra de Dios. Solo los que creen en la Palabra de Dios pueden resistir y vencer al Diablo. Cuando venzamos al Diablo de esta manera, no nos podrá conquistar y podremos seguir predicando el Evangelio del agua y el Espíritu hasta que vayamos a Dios. Si no llevamos la armadura de Dios seremos conquistados fácilmente por el Diablo. La gente débil tiene la tendencia a pensar: «Creo que sabe todo lo que he hecho» y por tanto tienen miedo del Diablo. Queridos hermanos, la Biblia nos dice que el Diablo es un mentiroso y el padre de todas las mentiras. Por tanto debemos ignorarle por completo. Aunque el Diablo dijera la verdad, esa verdad sería una mentira, y si nos dice una mentira, es una mentira completamente.
Queridos hermanos, para resistir al Diablo debemos ponernos la armadura de Dios, que es la Palabra de Dios, por fe. ¿Por qué? La Biblia nos dice: «Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes» (Efesios 6, 13). La armadura consiste de una coraza y un yelmo, por lo que la persona que la lleva solo muestra sus ojos y el resto del cuerpo está cubierto, como los caballeros europeos de la Edad Media. Estos caballeros llevaban armaduras resistentes y luchaban contra sus enemigos. Cuando el Señor nos dice que nos pongamos toda la armadura quiere decir que debemos proteger nuestros corazones con la fe en la Palabra de Dios. Nos está diciendo que protejamos nuestros corazones débiles con la Palabra. Nos está diciendo que utilicemos nuestros corazones como un almacén para la Palabra de Dios. Nos dice que si lo hacemos, podremos resistir y vencer al Diablo y estar firmes ante Dios.
Queridos hermanos, es importante escuchar la Palabra, pero aún es más importante tener fe en Su Palabra. ¿Lo creen? Esta es la Iglesia de Dios. La Iglesia de Dios es un lugar maravilloso. Dios nos salvó al eliminar todos nuestros pecados en Su Iglesia. Nos ha adoptado como Sus hijos y nos ha hecho obreros de Dios. También nos ha dado el poder y la autoridad de expulsar demonios a través de nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Podemos vivir con fe dando gracias al Señor.