Sermones

Tema 27: Cartas de Dios para nosotros en la era del Coronavirus

[27-10] Cuando éramos como huesos secos, Dios nos dio el aliento de la vida y nos dio nueva vida (Ezequiel 37:1-14)

(Ezequiel 37:1-14)
«La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.
Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.
Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová».
 

El contexto del pasaje de las Escrituras de hoy

El pasaje de las Escrituras de hoy viene de Ezequiel 37:1-14. Está escrito aquí: 
«La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.
Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.
Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová».

Dios mostró al Profeta Isaías un valle lleno de huesos secos. Dios le dijo: "Ezequiel, ¿pueden vivir estos huesos?". El Profeta Ezequiel contestó y dijo: "Señor, Tú lo sabes". Entonces, Dios le dijo: "Te ordeno que profetices a estos huesos y digas: "Husos secos, escuchad la Palabra del Señor", y el Profeta Isaías profetizó la Palabra de Dios tal y como Dios se lo ordenó: “y sopla sobre estos muertos, y vivirán”. Entonces el aliento entró en estos huesos, vivieron y su número era como un ejército enorme. 
Esta Palabra de profecía trataba de cómo Dios obraría en el pueblo de Israel. Al haber estado esclavizado durante 70 años, el pueblo de Israel ahora era consciente completamente de sus errores. Estaban llenos de remordimientos, preguntándose: "¿Cómo nos hemos convertido en tales pecadores rebeldes cuando hemos recibido tanta gracia, amor y privilegios de Dios?". 
Hoy en día los seres humanos también viven separados de Dios por los pecados de sus antecesores y Dios nos está diciendo que son como los huesos secos que Ezequiel vio en el valle. Dios está diciendo que juzgará a los que han unido sus corazones con Su enemigo. Al referirse a esta gente, Dios la llama pecadores rebeldes que lo han abandonado. Hasta el día de hoy los seres humanos han tenido deseos rebeldes de levantarse contra la Palabra de Dios y por eso se han separado del verdadero Dios. De esta manera, todo ser humano se ha convertido en enemigo de Dios por la obra de Satanás. 
Esto ocurrió fundamentalmente porque la gente unió su corazón con el ángel que se levantó contra Dios. Consecuentemente, desde el día en que nacieron, todos los seres humanos se levantaron contra la palabra de Dios y por eso se han convertido en pecadores. Por tanto, todos deben admitir que se están levantando contra Dios y lavar sus pecados. Cuando los seres humanos se oponen a la Palabra de Dios y la desobedecen, se están revelando ante Él como personas malvadas y esto significa que están en contra de Dios. Al ver esto, Dios nos está diciendo que son Sus enemigos y pecadores. 
La mayoría de las personas piensan que no se están levantando contra Dios. Sin embargo, si la gente está en contra de la Palabra de Dios, esta es la prueba que demuestra que están levantándose contra Dios mismo. Cuando el corazón de alguien desea rechazar y oponerse a la Palabra escrita de Dios, este deseo demuestra que la persona está en contra de Dios. Todos debemos admitir que, por naturaleza, somos rebeldes. No hay ni una sola persona nacida en este mundo que no se levante contra la Palabra de Dios. Entonces podrían decir: "¿Cuándo me levanté contra Dios y Su Palabra?". Aunque no se hayan levantado contra Dios a propósito con sus acciones, su corazón en ocasiones ha estado incómodo con la Palabra de Dios, la ha despreciado o ha deseado escapar de ella. Esta es la prueba de que se han levantado contra Dios. La mayoría de las personas desean que las dejen en paz y no les gusta cuando Dios interviene. 
En otras palabras, aunque no se levanten directamente contra Dios y Su Palabra, todavía quieren vivir libres de la intervención de Dios. Este deseo se encuentra en todo corazón humano desde la Antigüedad, porque desde los días de Adán y Eva, nuestros antecesores, los seres humanos han deseado escapar de Dios y vivir libres. Cuando surgen estos deseos la gente acaba rebelándose contra Dios. 
Para ilustrar esto, consideren el siguiente ejemplo. La Palabra escrita de Dios dice: "No adoraréis ídolos", pero ustedes pueden pensar: "Me gustan los ídolos. 
 ¿Por qué me dice Dios lo que tengo y no tengo que hacer? Estoy resentido. Quiero vivir como me dé la gana. ¡Viviré sin que Dios se meta en mi vida!". Esto es lo que significa tener un corazón que desobedece a Dios. Si tienen estos deseos y pensamientos rebeldes, esto significa que se han convertido en enemigos de Dios. No les gusta que Dios intervenga en su vida y se levantan contra Él porque han heredado estos deseos de sus antecesores y como resultado solo quieren acariciar su ego. Así que, al ser enemigos de Dios por naturaleza, nos levantamos contra Dios y Su Palabra con nuestros pensamientos y acciones durante toda la vida y al final acabamos muriendo. 
Desde el día en que nacen los seres humanos quieren separarse de Dios, odian que intervenga en sus vidas y desean ser dueños de su propio destino. Consecuentemente, viven sin Dios y Su Palabra en sus corazones y por eso son tan malditos y penosos. A los ojos de Dios todos los seres humanos son como ovejas perdidas. Detestamos que Dios se meta en nuestros asuntos. Debemos admitir de todo corazón a Dios que somos así. Y debemos creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado para eliminar nuestros pecados, y por esta fe se redimen todos nuestros pecados que hemos cometido al desobedecer Su Palabra. 
Por estos pecados nos hemos separado de Dios. Sin embargo, nuestro Dios todavía nos ama y nos bendice y ahora debemos restaurar nuestra relación con Él. Esto se hace al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado. Por fe podemos reconciliarnos con Dios. De ahora en adelante, debemos darnos cuenta de que nuestro Dios nos ha dado a todos la verdadera Palabra de la salvación para salvarnos de todos los pecados del mundo. Dios mismo ha resuelto el problema de nuestros pecados con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y debemos aceptar esta Palabra en nuestros corazones y eliminar todos nuestros pecados. Dios nos ha dado el Evangelio del agua y el Espíritu a todos nosotros. Por fe debemos reconocer que esta Palabra de salvación es la noticia más maravillosa de salvación que nos libra de los pecados que hemos cometido al vivir como enemigos de Dios. 
 


Los que eran como huesos secos


El Libro de Ezequiel habla de huesos secos en un valle. ¿Quién es la gente que es como estos huesos secos? ¿Acaso no son las personas a las que debemos predicar el Evangelio ahora? ¿Acaso no son todos los nacidos en este mundo que, al intentar escapar de Dios y vivir por su cuenta, están destinados a vivir el resto de sus vidas con dolor? Aunque no tenían esta intención, cayeron en el dolor del pecado porque su destino ya estaba determinado por alguien. Llamamos a estas personas pecadores que han abandonado a Dios y se levantan contra Él. Dios nos está diciendo que nuestra evangelización es precisamente para estas personas. 
Aunque los que están vivos físicamente son llamados vivos, en realidad, no pueden llamarse vivos si no tienen el aliento de la vida de Dios en su alma y cuerpo. Dios está diciendo que quien no tenga Su aliento de vida en el corazón es como un hueso seco. Los que han sido separados de Dios pueden llamarse muertos. Así, como las almas de las personas se han separado de Dios desde el día en que nacieron en este mundo, aunque están vivas físicamente, están en la misma situación que los muertos. 
Como los seres humanos nacieron como descendientes de los que se rebelaron contra Dios, no pueden cambiar su destino por mucho que lo intenten, y por tanto necesitan que Dios los cuide, perdone y tenga misericordia de ellos. Pero, a pesar de nacer como descendientes de los enemigos de Dios, en vez de buscar Su misericordia, intentan escapar de Dios por su cuenta. No pueden cambiar su destino con esta mentalidad. Los seres humanos deben darse cuenta de que nacieron en este mundo como caídos en el pozo de dolor y que están viviendo en una situación miserable. Este es el destino de la humanidad. 
Por tanto, la gente debe comprender que puede escapar de sus circunstancias trágicas solo si entienden la intención de Dios, el Creador, cuando les dejó nacer con este destino. Sin embargo, esto no es algo que uno pueda entender por su cuenta, y por tanto, la gente necesita ayuda. Dicho de otra manera, necesitan a los justos, que entienden su situación, tienen el conocimiento para librarles de este pozo de dolor y sienten compasión de ellos. Deben darse cuenta de la providencia de Dios a través de ellos. Debemos aceptar en el corazón que estábamos destinados a ser guiados por los predecesores de la fe que ya habían escapado del valle del dolor antes que nosotros y someternos a ellos de buena gana para que nos guíen. 
La gente que se ha levantado contra Dios no puede ser tratada como si nunca lo hubiera hecho. Por tanto, deben admitir que eran pecadores rebeldes. Es imposible que los seres humanos no desobedezcan a Dios. Después de todo, como todo el mundo nació en este mundo con un corazón rebelde que se levanta contra Dios, ¿cómo puede alguien resistir esto? ¿Cómo podemos nosotros, los que somos humanos, librarnos de nuestro deseo rebelde de levantarnos contra Dios y obligarnos a someternos a Él? Esto es imposible. Para que esto ocurra, debemos recibir todo tipo de ayuda de los que ya se han convertido en el pueblo de Dios. 
Como todo el mundo nació como semilla del pecado desde el principio, nadie tiene la habilidad de no desobedecer la Palabra de Dios. Como todos los seres humanos nacieron con un corazón pecador, todos deben ser juzgados por el pecado de rebelarse contra Dios, aunque sea sin quererlo. ¿Cómo, entonces, se puede escapar de esta situación maldita del corazón? Solo hay una manera de cambiar esta situación. Es darse cuenta de que el Dios Trinitario creó un plan glorioso de salvación para personas como nosotros, abrir nuestros oídos espirituales y escuchar con atención con el corazón. Debemos darnos cuenta de que, al ejercitar la fe, podemos ver esta Verdad con los ojos del corazón. 
La manera de encontrar este plan glorioso es encontrar a Jesucristo con el corazón, ya que es el Salvador de la humanidad que vino a la tierra a buscarnos. Encontramos este camino de gloria al creer en la Verdad de la salvación de que Jesús nos ha salvado a través del agua y la sangre. Podemos embarcarnos en este camino si creemos en el amor de Dios Padre que entregó a Su Hijo por nosotros y así somos redimidos de todos los pecados de nuestro corazón y recibimos el don del Espíritu Santo. 
Dios nos ha hecho Sus hijos para vivir en el dominio de la fe y esta bendición viene de Su corazón bondadoso. Así que, los seres humanos pueden entrar en esta gloria solo después de pagar el precio de todos los pecados que cometimos al estar separados de Dios. Al haber completado Su obra de borrar los pecados del mundo, Jesús nos está esperando para darnos la salvación de la remisión de los pecados. Este camino de la remisión de los pecados solo se encuentra en la fe que cree en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. El Señor se complace al dar el aliento de la vida de la remisión de los pecados a quien descubra este camino glorioso y busque vivir una vida de fe. 
Como Dios dio vida a los huesos secos al hacer que el Profeta Isaías profetizara por Él, en la era presente del Nuevo Testamento, Dios ha bendecido a los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu para recibir el aliento de la vida de la remisión de los pecados en su corazón. De esta manera, Dios nos ha bendecido para tener verdadera fe. Hoy me gustaría compartir la Palabra sobre este asunto. 
 


Ya estábamos muertos en nuestras faltas y pecados


Está escrito en Efesios 2:1-2: «Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia». Esto significa que éramos pecadores desde el momento en que nacimos en este mundo y que, por naturaleza, no podemos evitar cometer multitud de faltas en nuestra vida terrenal. 
Esto se debe a que nuestros antecesores no escucharon la Palabra de advertencia que Dios, nuestro Creador, les dio para que creyeran. Cayeron en la tentación de Satanás, y como resultado, acabaron pecando con el Diablo y levantándose contra la Palabra de Dios en vez de creer en Él. Desde entonces los seres humanos se convirtieron en enemigos contra Él y Su Palabra. Adán y Eva, los antecesores de la humanidad, deberian haber creído y obedecido la Palabra de Dios desde el principio, pero no lo hicieron, y esto explica por qué todos sus descendientes son tan pecadores. Desde los días de Adán y Eva, los seres humanos viven como enemigos de Dios. Desde entonces la humanidad caminó y vivió en este mundo como enemiga de Dios. 
La vida de los enemigos de Dios es miserable. Sin excepción, vivir como enemigos de Dios es como caminar por un campo de espinos. Los que se levantan contra Dios nunca creen en Su Palabra escrita y siempre siguen sus propios pensamientos. Por eso no tienen ninguna meta en la vida. Aunque intentan abrirse camino en la vida, solo acaban en la senda de la confusión, sus vidas solo tienen fracasos y al final mueren. 
Los seres humanos sufren tantas pérdidas en la vida porque no obedecen la Palabra de Dios por fe. Así que los seres humanos tuvieron que aprender a confiar en Dios, como denota la palabra fe. La palabra "fe" significa "confiar y apoyarse en". Tener fe en Dios es confiar en Dios y apoyarse en Él. Si nos apoyamos en Dios en cuerpo y espíritu y vivimos por fe, seremos redimidos de todos nuestros pecados y encontraremos la felicidad. Así que, de ahora en adelante, debemos confiar en Dios, obedecerle al poner nuestra fe en Su Palabra, y seguir a Jesucristo por fe mientras nos guía. Como dice la Biblia que la fe es la sustancia de las cosas que se esperan, si creemos que la remisión de los pecados y las bendiciones del Cielo se cumplirán exactamente como Dios lo dijo, y si le seguimos por esta fe, disfrutaremos de las bendiciones que Dios nos está ofreciendo y al final tendremos la victoria por fe. Los que crean y sigan la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, no deben vivir como enemigos de Dios, sino que deben vivir al creer en Dios y seguirle por fe. 
Volvamos al pasaje de las Escrituras de hoy para examinar lo que nos está diciendo la Palabra de Dios para tener la victoria por fe. Aunque todo ser humano debe obedecer la Palabra de Dios, todos los seres humanos no lo han hecho en realidad. ¿Cuál es la consecuencia de esta desobediencia? Todos los seres humanos que desobedecieron la Palabra de Dios fueron confirmados como pecadores depravados ante Él. Por eso todo el mundo fue llamado pecador a los ojos de Dios. Los seres humanos se convirtieron en pecadores ante Dios, no por sus faltas, sino porque no creyeron en la Palabra de Dios de corazón e hicieron lo contrario al ponerse de lado de las palabras engañosas de Su enemigo. Por eso los seres humanos acabaron convirtiéndose en enemigos de Dios. Al final, como no creyeron en la Palabra de Dios, se hicieron desobedientes. Así que, como todos nacimos como descendientes de Adán, heredamos la semilla de la desobediencia para desafiar a Dios incluso antes de nacer en este mundo, y consecuentemente, nos convertimos en enemigos de Dios. 
La razón se encuentra detallada en el Libro de Génesis del Antiguo Testamento. En Génesis 3:1 vemos que la serpiente le preguntó a Eva: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?». Entonces Eva le dijo a la serpiente: «pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis» (Génesis 3:3).
Lo que Eva dijo aquí ("no sea que muráis") indica que no creyó en la Palabra de Dios. Eva se tragó el veneno de la serpiente porque no creyó lo que Dios le había dicho. El hecho de que contestara a la serpiente diciendo: "Dios me dijo que no comiera del fruto para que no muriera", significa que ya había sido envenenada por la serpiente. Estaba tiñiendo la Palabra de Dios con su propia duda, lo que muestra que su corazón estaba de lado del enemigo de Dios. El enemigo de Dios había creado una distancia entre Dios y Eva para que ella se separase de Él. Como Eva no creyó en la Palabra de Dios, Su Creador, todos los seres humanos se convirtieron en Sus enemigos. El resultado final de esta desobediencia fue la muerte: todo el mundo se separó de Dios como ser desobediente e incrédulo. 
A los ojos de la serpiente, Adán y Eva estaban contra Dios y Su Palabra en vez de obedecerla, así que Satanás se aprovechó de esto y plantó la duda en su corazón con sus palabras. Cuando Adán y Eva cayeron en estas palabras engañosas, acabaron unidos con el Diablo. Está escrito en Génesis 3:4-5: «Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal». Podemos ver que la serpiente habló contra Dios al mentirle a Eva sobre lo que pasaría si comían del árbol del conocimiento del bien y del mal. Satanás estaba susurrando a Eva: "Dios te dijo que no comáis del fruto porque tiene miedo de que seáis como Él. Así que, si coméis de él, seréis como Dios". Al final, Adán y Eva se pusieron de lado del enemigo de Dios y acabaron comiendo del fruto del conocimiento del bien y del mal. 
¿Qué ocurrió? Surgió una norma de juicio en la mente de Adán y Eva y se convirtieron en enemigos de Dios negándose a creer en Su Palabra por todos los medios. En otras palabras, un barómetro del bien y del mal apareció de repente en su corazón. Esta es la razón por la que los seres humanos se levantan contra Dios, quien establece los criterios para todo. Dicho de otra manera, llegaron a adquirir su propio criterio de juicio en su mente para separarse de la Palabra de Dios. Solo Dios puede establecer el barómetro de todo el juicio, pero los seres humanos llegaron a tener su propio criterio de juicio, ¿cómo se puede decir que no se rebelaron contra Dios? Como los seres humanos establecieron su propio criterio de juicio cuando Adán y Eva cayeron, se levantó un muro de pecado entre Dios y los humanos. 
Los seres humanos eran objetos del amor de Dios al principio. Sin embargo, como no creyeron en la advertencia de Dios y se levantaron contra Él, surgió un muro de pecado entre ellos y Dios. Como Adán y Eva comieron del fruto prohibido, el pecado surgió de esta desobediencia; y por este pecado la humanidad se separó de Dios y se erigió un muro de pecado. Por tanto, es absolutamente crucial que nos demos cuenta de que, cuanto más criterio propio tengamos en el corazón, más se separarán de Dios. Esto se debe a que el criterio absoluto del bien y del mal le pertenece solo a Dios, nuestro Creador. Los que caen en la tentación de Satanás acaban adquiriendo su propio criterio del bien y el mal, pero este criterio no concuerda con el criterio por el cual Dios juzga el bien y el mal, y como resultado acaban convirtiéndose en enemigos de Dios. Por tanto, es indispensable que todo el mundo tenga fe verdadera para obedecer a Dios y Su Palabra. 
La fe en la Palabra de Dios debe salir de nosotros. Para creer en toda la Palabra escrita de Dios, debemos ser mansos, como dice Mateo 5:5 en el Nuevo Testamento: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra". Esto significa que los seres humanos serán bendecidos para heredar la tierra si creen en la Palabra de Dios y la obedecen. Podemos ver hoy que los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y obedecen Su voluntad están viviendo con paz abundante y bendiciones materiales en este mundo. La Biblia dice que "el precio del pecado es la muerte". Todos los seres humanos están destinados a ser condenados por sus pecados, pero el Señor ha salvado a estas personas malditas al eliminar todos sus pecados con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos recibir la remisión de los pecados en nuestro corazón al creer en esta Palabra. 
Quien haya caído en la tentación del Diablo y haya estado de lado de sus palabras se ha convertido en enemigo de Dios. Por eso Dios dice en Efesios que Su sacrificio fue necesario para salvarnos de todos nuestros pecados al levantarnos contra Dios. Al hablar de los pecados cometidos al levantarse contra Dios, Jesús está diciendo que "nos ha hecho vivos a los que estábamos muertos en faltas y pecados". Con Su Palabra Dios habla a la humanidad acerca de la salvación de la remisión de los pecados y esta Palabra es la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de Dios. Todos estamos llenos de deseos rebeldes que se oponen a la Palabra de Dios. Somos pecadores a los ojos de Dios precisamente porque no hemos unido nuestros corazones con Su Palabra. Como la humanidad no creyó en la Palabra de Dios, cuando fue tentada por Satanás, creyó en las palabras de este enemigo de Dios. Como resultado, la humanidad acabó en enemistad con Dios. Al final todos se convirtieron en enemigos de Dios. Desde entonces la humanidad se levantó contra Dios como Sus enemigos. 
Sin embargo, a pesar de que todos éramos Sus enemigos, Dios nos amó tanto que quiso salvarnos de nuestros pecados. Para salvar a los pecadores que se habían rebelado contra Dios, y para librarnos a los seres humanos de nuestros pecados y muerte, Dios planeó darnos vida sacrificándose a Sí mismo. Como los huesos secos en el valle mencionado en el Libro de Ezequiel, nos habíamos separado de Dios y convertido en Sus enemigos, pero nuestro Señor todavía quiso darnos la remisión de los pecados y una vida nueva. En otras palabras, Dios decidió darnos una vida nueva a los creyentes al darnos la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que trae la remisión de los pecados al corazón humano. El Señor ha bendecido a quien crea en este Evangelio del agua y el Espíritu para que tenga una nueva vida de fe.
Espiritualmente hablando, el aliento mencionado en el Libro de Ezequiel significa que Jesucristo vendría a este mundo y nos daría la salvación de la redención al pagar el precio de los pecados con el bautismo recibido y la sangre derramada en la Cruz. Con el Evangelio del agua y el Espíritu el Señor nos ha dado otra oportunidad de ser salvados por fe. Como seres humanos estábamos en contra de Dios al negarnos al creer en Su Palabra, pero el Señor nos ha dado la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu para que recibamos, por fe, la remisión eterna de los pecados que el Señor nos ha dado. Esta es la bendición que Dios ha dado a todos los seres humanos para que puedan vivir por su fe en la Palabra de Dios de ahora en adelante. En otras palabras, Jesucristo nos ha bendecido una vez más para poder vivir con Dios al creer en Su justicia. Por eso no podemos permitirnos no creer en cada Palabra de nuestro Dios. 
Podemos recibir la remisión de todos nuestros pecados al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo, nuestro Señor, nos ha dado. Ahora, cualquiera puede convertirse en hijo Suyo al creer en la Palabra de Dios del Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios. Todos estos dones de la salvación de la remisión de los pecados son las bendiciones que Dios nos ha dado. Si de verdad creemos en Jesucristo según la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, y si de verdad estamos sin pecado a los ojos de Dios, entonces todas estas bendiciones proceden de Dios y no podemos abandonar Su gracia. Por nuestra naturaleza somos simplemente incapaces de cumplir la Ley de Dios y no podemos resistir los deseos de nuestra carne. No podíamos evitar vivir en este mundo como seres débiles, pero Jesucristo nos ha dado la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu para que podamos alcanzar nuestra salvación.
De esta manera, incluso antes de la fundación del mundo, el Dios Trinitario había decidido ser nuestro Salvador, y confió toda la obra de la salvación a Jesucristo. Como el Salvador de los pecadores, Jesucristo ha cumplido la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu con Dios Padre y el Espíritu Santo, y este Evangelio de salvación fue planeado según la determinación de Dios para darnos vida nueva a los creyentes. El plan de la salvación que Dios hizo en Jesucristo antes de la fundación del mundo está contenido en la Palabra verdadera del Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha dado la salvación de la remisión de los pecados. 
Por esta razón Jesucristo nació como un Hombre del cuerpo de una mujer para venir a este mundo como Dios había prometido con Su Palabra de que sería nuestro Salvador. Y cuando llegó el momento, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, y al hacerlo cargó con todos los pecados de la humanidad sobre Su propio cuerpo. A través del bautismo recibido de Juan el Bautista, Jesucristo mismo quiso llevar todos los pecados de la humanidad para siempre y quiso redimirlos con Su valiosa sangre en la Cruz mientras cargaba con ellos. Ahora pasemos a la Palabra escrita del Nuevo Testamento y sigamos los pasos de Jesús, mirando lo que ocurrió cuando fue a Juan el Bautista para tomar todos los pecados del mundo de una vez por todas. 
 


El nacimiento de Jesús y Su ministerio


Está escrito en Mateo 1:21-23: «Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros».
Para estar con nosotros ahora, Jesucristo nació en este mundo a través del cuerpo de una virgen que vivía en Israel. El Señor había prometido que vendría a este mundo como el Salvador de la humanidad para salvar a Su pueblo de sus pecados y quiso cumplirlo exactamente como lo había prometido. 
Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, la voz de Dios Padre se pudo escuchar desde el Cielo, diciendo: «Este es Mi Hijo amado en quien tengo Mi complacencia» (Mateo 3:17). Dicho de otra manera, Dios Padre nos estaba diciendo: "Obedeced Mi voluntad y eliminad vuestros pecados al creer en la obra justa que está haciendo Mi Hijo. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para cargar con los pecados de la humanidad". Al ser bautizado por Juan el Bautista, Jesús cargó con todos los pecados del mundo para siempre, y al derramar Su sangre en la Cruz y levantarse de entre los muertos, nos ha salvado de todos nuestros pecados. Todas estas cosas eran la obra justa que Jesús hizo para traer la remisión de los pecados a toda la raza humana. El bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista era la obra más justa que Jesús hizo para eliminar todos nuestros pecados y salvarnos a los que habíamos sido creados a imagen de Dios. 
Cuando Jesús tenía 30 años fue a Juan el Bautista y le pidió que lo bautizase. Sin embargo, en Mateo 3:14 vemos que Juan el Bautista se negó al principio, diciéndole a Jesús: "Yo tengo que ser bautizado por Ti, pero ¿Tú vienes a mí?". La razón por la que Jesús quiso ser bautizado por Juan el Bautista aquí está clara: cargar con todos los pecados de la humanidad para siempre. Para los creyentes en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el bautismo que el Señor recibió fue para dar el aliento de la vida de la remisión de los pecados a nuestras almas. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para darnos vida nueva y, en aquel entonces, aceptó todos los pecados de toda la raza humana de una vez por todas; y para todos los que creen en este hecho ha borrado todos los pecados de su corazón. El hecho de que Jesús fuese bautizado por Juan el Bautista para cargar con los pecados del mundo demuestra el amor de Dios y revela Su salvación para nosotros. El bautismo que Jesús recibió en este mundo y la sangre que derramó en la Cruz es la noticia más bella y noble de la remisión de los pecados en la historia de toda la humanidad, y quien crea en esto recibirá las bendiciones de Dios. 
Esta noticia que nos ha llegado a través del Evangelio del agua y el Espíritu es una noticia bella, y es también la bendición de Dios que nos da el aliento de la vida a todo el que vive en este mundo y cree en este Evangelio de noticias gozosas. Jesús nació en este mundo encarnado en un hombre a través del cuerpo de la Virgen María y es el Salvador que había venido a cargar con los pecados de la humanidad y eliminarlos para siempre. Él es también el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos, el Rey de reyes y el Profeta que nos trae la buena noticia de la salvación. Jesucristo es nuestro Rey, nuestro Sumo Sacerdote y nuestro Profeta que nos enseña acerca de la verdadera salvación. No solo es nuestro Salvador, sino también nuestro Dios Creador que creó los cielos y la tierra. Jesús había venido a este mundo para cumplir con Su deber de Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos y salvar a los creyentes de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de todos sus pecados. Jesucristo es el verdadero Salvador de la humanidad que se encarnó en un hombre y aceptó los pecados de la humanidad para siempre al ser bautizado por Juan el Bautista. 
 

Acabado está

Para absolvernos de los pecados de este mundo para siempre, Jesucristo recibió el bautismo en Su cuerpo y lo entregó en la Cruz. El Señor hizo todas estas cosas para cargar con la condena de los pecados porque había cargado con todos los pecados del mundo para siempre. Por eso Jesucristo pudo decir: "Acabado está" cuando murió en la Cruz. Lo que Jesús dijo en la Cruz ("Acabado está") es la Palabra bendita de Dios que es muy importante para los que vivimos en el presente y creemos en la Palabra de Dios. La frase "Acabado está" habla de la bendición de Dios por la que Jesús, al venir a este mundo, limpió los pecados del mundo para siempre y cargó con su condena. Fue el sonido bendito de la trompeta que anunciaba que Jesucristo había resuelto por completo el problema de nuestros pecados y los problemas de la vida para siempre para todos los que van ante Dios. 
Esta es la bendita Palabra de Dios que nos dice que todos los pecadores pueden ser librados de todos sus pecados y entrar en el Reino de los Cielos por fe si creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de corazón. Para salvarnos de los pecados del mundo Jesús ofreció Su propio cuerpo a Su Padre como nuestra ofrenda de sacrificio de redención. Al ser bautizado por Juan el Bautista y derramar Su sangre en la Cruz, Jesús dijo: "Acabado está". Esta era la voz que declaraba que la obra de abrir las puertas del Cielo se había completado. 
Por tanto, debemos tener fe en Jesús como nuestro Salvador, quien se convirtió voluntariamente en el sacrificio de redención de nuestros pecados. De ahora en adelante, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu debemos tener la convicción de que todos los pecados de nuestro corazón deben ser limpiados para siempre por nuestra fe en la Palabra de Dios, y que así estamos cualificados para entrar en el Reino de los Cielos. Tenemos la fe en que Jesucristo se ofreció a Sí mismo como nuestra ofrenda de redención para llevarnos al Reino de los Cielos y por tanto debemos ser testigos que difunden esta fe a todo el mundo. 
Aquellos en el presente que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado también pueden entrar en el Cielo por la misma fe que tenemos. Como personas que tienen fe en esta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, no debemos esperar más y debemos ser los testigos que predican la remisión de los pecados y el Cielo a todas las almas por fe. Debemos vivir como estos testigos que creen en Dios y Su Palabra para complacerle. 
No debemos dudar más en creer que el Señor se sacrificó como nuestra ofrenda de redención. Debemos tener fe en la verdadera salvación encontrada en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y aceptarla de corazón. Cuando nuestro corazón se ha librado de los pecados debemos alabar la justicia de Jesucristo, nuestro Dios. Nos hemos vestido de la gracia de salvación gracias al sacrificio eterno de redención ofrecido por Jesucristo. Todos debemos alabar para siempre la justicia del Dios Trinitario por planear nuestra salvación eterna del pecado. 
 


Jesús es la resurrección y la vida


Como sabemos, los huesos secos no reciben vida de manera natural. Sin embargo, como Jesucristo dijo: "Yo soy la resurrección y la vida" (Juan 11:25), el Señor puede darnos vida con Su Palabra verdadera, aunque estábamos muertos en nuestros pecados. Así que tengamos fe en la resurrección mientras vivimos. El Señor ha permitido la resurrección a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. En el Antiguo Testamento Dios convirtió huesos secos en un ejército al darles el aliento de la vida. De esta manera, el Señor también ha bendecido nuestras almas para que tengan nueva vida hoy porque creemos en la Palabra de Dios del agua y el Espíritu. 
Aunque estamos viviendo en este mundo, hemos estado esperando el día en que muera nuestro cuerpo. Para personas tan desesperadas como nosotros, nuestro Señor acudió a Juan el Bautista, aceptó los pecados del mundo a través de Su bautismo, fue crucificado mientras cargaba con estos pecados y derramó Su valiosa sangre. Al aceptar los pecados de este mundo a través de Su bautismo, derramar Su sangre hasta morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos, el Señor nos ha bendecido a los creyentes en Su Palabra del agua y el Espíritu para convertirnos en nuevas criaturas. Nos ha bendecido a todos los que creemos en la salvación de Dios para que recibamos la remisión de los pecados y nos convirtamos en hijos de Dios. 
Como nuestro corazón es fundamentalmente pecador, nuestras almas son como los huesos secos que vemos en el pasaje de las Escrituras de hoy. Sin embargo, al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la nueva vida para nuestras almas, hemos podido recibir vida nueva. Estábamos completamente desesperados ante Dios porque teníamos pecados en nuestro corazón desde el día en que nacimos en este mundo. De esta manera, todos los seres humanos estaban perdidos y esto es porque, desde el día en que nacieron como pecadores hasta el presente, todavía no han encontrado la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, que es el aliento de la vida que viene de Dios. En el pasado, cuando no habíamos recibido la remisión de los pecados en nuestro corazón, el bautismo de Jesucristo y Su sangre derramada en la Cruz eran absolutamente indispensables para nuestras almas. Debemos darnos cuenta de que todos podemos recibir la remisión de los pecados en el momento en que entendamos y creamos, de acuerdo con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu escrita en el Nuevo Testamento, en el sacrificio de redención que Jesucristo, el Hijo de Dios en el Cielo, cumplió cuando vino a este mundo. 
Creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu como lo que nos limpia de los pecados y nos da vida nueva. Si creemos en esta Palabra del Evangelio de corazón exactamente como la Verdad nos lo dice, pasaremos de la muerte a la vida eterna. El Señor nos está ofreciendo la salvación del pecado y si recibimos la remisión de los pecados al creer en esta salvación según la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu recibiremos el derecho de convertirnos en Sus hijos. Al vivir la vida de fe creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado vivimos con la verdadera esperanza del Cielo. Al haber quedado sin pecados por fe, nos hemos convertido en el pueblo de Dios y ahora tenemos el derecho de vivir en la Iglesia de Dios como Sus santos y obreros, que está abierta solo para los que no tienen pecados. 
Cuando Jesús cargó con los pecados del mundo, le dijo a Juan el Bautista: "Permíteme hacer ahora pues conviene así que cumplamos toda justicia" (Mateo 3:15). Cuando Jesús le dijo a Juan el Bautista: "Conviene que cumplamos toda justicia", estaba diciéndole: "Estoy aquí para ser bautizado por ti. Bautízame ahora y pásame todos los pecados de la humanidad. A través de ti aceptaré todos los pecados del mundo. Esta es la senda que Dios Padre ha establecido para la humanidad. Todo lo que estamos haciendo ahora cumplirá toda la justicia de Dios". 
En este planeta tierra hay muchas personas cuyas vidas espirituales son como los huesos secos. A estas personas Jesús les está diciendo: "Como fui bautizado por Juan el Bautista, pagué el precio de todos vuestros pecados en la Cruz. El bautismo que recibí es la obra más justa en este mundo, porque he aceptado y cargado con todos vuestros pecados. Creed en Mí y recibid la remisión de vuestros pecados". 
Cuando Jesús entró en el agua del río Jordán para ser bautizado y después salió, hubo una voz del Cielo que decía: "Este es Mi Hijo amado en quien tengo Mi complacencia" (Mateo 3:17). Esto significa que, a través de Su bautismo, Jesús aceptó personalmente los pecados de este mundo y los cargó en Su propio cuerpo según la voluntad de Dios Padre. Dios Padre estaba diciendo aquí: "Me complace lo que Mi Hijo Jesucristo ha hecho. Estoy muy complacido porque Mi Hijo ha aceptado Mi voluntad y la ha obedecido". 
Por tanto, debemos aceptar en nuestro corazón que las obras justas que Jesucristo hizo en obediencia a la voluntad de Dios Padre, es decir, ser bautizado y derramar Su sangre en la Cruz, y por tanto debemos convertirnos en el pueblo de fe en unidad con la voluntad de Dios Padre. Entonces Jesucristo, el Espíritu Santo y Dios Padre, en los que creemos, se complacen con nuestra fe. Espero que todos podamos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y le demos gozo al Dios Trinitario. Espero sinceramente que todos vivamos una vida que glorifique a Dios con fe. 
Al leer y escuchar esta Palabra, ¿qué van a hacer ahora? ¿Participarán también en la obra de Dios que le complace y en Su Palabra por fe? Ahora estamos viviendo nuestras vidas en este mundo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, y a través de esta fe nuestra Dios está siendo glorificado. No hay nada que hayamos hecho para complacer a Dios aparte de estar predicando ahora el Evangelio del agua y el Espíritu. Si hay algo más que hayamos hecho es trabajar duro para apoyar el ministerio del Evangelio, orar por el pueblo de Dios y alimentarlo con Su Palabra para defenderlo de los enemigos. 
Cuando Juan el Bautista vio a Jesús de nuevo después de Su bautismo, dio testimonio y dijo: "¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!" (Juan 1:29). Después que Juan el Bautista diera testimonio diciendo: "El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo", el Señor fue crucificado mientras cargaba con los pecados del mundo y derramó toda Su sangre por nosotros. Y justo antes de dar Su último aliento, dijo: "¡Acabado está!" (Juan 19:30). Entonces Jesús se levantó de entre los muertos al tercer día, eliminó los pecados y las faltas de la humanidad para todos los que creen en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y derramó Su sangre en la Cruz. Por tanto, nos ha dado el don de la remisión de los pecados y el Espíritu Santo a todos los que creen en el verdadero Evangelio de la salvación. El que Dios nos diese la remisión de los pecados y el Espíritu Santo a la humanidad significa que nos ha dado el don bendito del Cielo. 
Leamos Hechos 2:38-39: «Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare». Pedro siguió diciendo en Hechos 3:19: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio». Como está escrito aquí, Jesús dará el aliento de la nueva vida a los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y están convencidos de la remisión de los pecados. 
Todos nosotros podemos recibir la remisión de los pecados al creer que el bautismo que el Hijo de Dios recibió y la sangre que derramó en la Cruz para borrar nuestros pecados para siempre constituyen nuestra remisión de los pecados. Esta fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y esta noticia de la salvación, es el aliento de la vida y la remisión de los pecados para la raza humana. Asimismo, la fe en que Jesucristo, quien ha venido por el agua y el Espíritu, es nuestro Salvador, es la fe de los que han recibido el aliento de la vida en sus almas. 
Para los creyentes de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, esta noticia de la salvación es la Verdad que ha traído la remisión de los pecados y la vida nueva a nuestro corazón. Como Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para cargar con los pecados de este mundo en Su cuerpo y eliminó todos los pecados de toda la raza humana para siempre con Su valiosa sangre que derramó en la Cruz, es el verdadero Dios de la salvación para nosotros. El Dios de la vida nos ha convertido a todos los que creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu en Sus propios hijos según Su Palabra, tal y como está escrito en Juan 1:12: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». En esta era presente que está llena de huesos secos, Dios ha hecho conocer la Verdad para que recibamos Su amor y salvación, la remisión de los pecados, y el don del Espíritu Santo. A todos los que tienen la obra de la salvación plantada en su corazón que Jesús llevó a cabo por el agua y el Espíritu cuando vino a este mundo, el Señor los ha bendecido para ser salvados de todos sus pecados. 
Hemos sido librados de todos nuestros pecados al aceptar en nuestro corazón la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, el pan de vida que el Señor ha hecho por nosotros. Hemos recibido la bendición de la nueva vida que nos permite levantarnos de entre los muertos y vivir de nuevo. Los que han aceptado la obra de la redención de Jesús en su corazón pueden vivir con Dios para siempre porque han sido redimidos de todos sus pecados por fe. ¡Aleluya! Le doy toda la gloria y gracias a nuestro Señor Jesucristo por venir a nosotros y buscarnos con la Palabra de la Verdad. ¡Aleluya! 
 

"Ezequiel, ¿vivirán estos muchos huesos?"

Cuando Jesucristo vino a este mundo cumplió la salvación de la humanidad del pecado para siempre a través de Su bautismo y derramó Su sangre en la Cruz. Debemos comprender esta salvación, creer en ella de corazón y así recibir la salvación de los pecados. Cuando Dios preguntó: "Ezequiel, ¿vivirán estos muchos huesos?". Ezequiel contestó y dijo: "Sí, Señor, solo Tú lo sabes". El devolver los huesos secos a la vida solo lo podía hacer el Hijo de Dios, Jesucristo, con la obra del Evangelio del agua y el Espíritu que hizo en este mundo. Esta obra de salvar a la humanidad de todos los pecados del mundo era la obra justa que solo nuestro Señor Jesucristo pudo cumplir. 
¿Qué poder tenía el pueblo de Israel para librarse del cautiverio y conseguir la libertad? La nación de Israel había sido derrotada en la guerra y tomada prisionera, y esto era algo que solo el Señor Dios, que estaba hablando a Ezequiel aquí en el Antiguo Testamento, podía hacer. De la misma manera, devolver a los prisioneros de guerra a su país era algo que solo se podía conseguir mediante el poder de Dios, quien da el aliento de la vida a los muertos. 
Dios estaba diciendo: "El pueblo de Israel se levantó contra Mí tanto, ¿por qué va a recibir Mis bendiciones? Esto es imposible. Sin embargo, no abandonaré a Mi pueblo por completo. Esto es porque tengo muchos planes de salvación para ellos y porque los amo". Como Dios le había prometido a Abraham: "Seré el Dios de tus descendientes", el pueblo de Israel todavía podía encontrar la salvación y la esperanza en Dios. 
De esta manera, los que ahora estamos viviendo en la era del Nuevo Testamento y creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, también estamos viviendo con la esperanza del Cielo porque Dios nos ha dado el Espíritu Santo. El pueblo de Israel pudo ser liberado de ser prisioneros de guerra porque Dios le había prometido a Abraham: "Haré que tus descendientes sean tantos como las estrellas del cielo. Yo seré su Dios". De la misma manera en que el pueblo de Israel, que creyó en la promesa de la Palabra de Dios, regresó a su hogar, todos los que vivimos en la era presente del Nuevo Testamento podemos conseguir nuestra verdadera salvación si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión de los pecados que el Señor nos ha dado. Al haber eliminado los pecados de nuestro corazón al ser bautizado por Juan el Bautista, nuestro Señor ha cumplido nuestra salvación de los pecados del mundo. 
A todo el que vive ahora en este mundo, Dios le ha dado la obra justa de la salvación llevada a cabo por Su Hijo, la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y la bendición de eliminar todos los pecados de quien crea en esta Palabra. En esta era también, el Señor nos ha dado a los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu el poder de vivir por su fe en la Palabra de Dios. El Señor nos ha dado el don de la remisión de los pecados a los que creen en la Verdad de la salvación proclamada por el Evangelio del agua y el Espíritu. Mucho antes de que Jesucristo, el Hijo de Dios, borrase todos los pecados de la humanidad al sacrificar Su cuerpo, Dios Padre ya había establecido Su plan de salvación. Jesús vino a este mundo exactamente según el plan de Dios Padre para salvar a los pecadores del pecado del mundo, y según este diseño del Padre, el Señor completó la obra de eliminar los pecados de la humanidad con el Evangelio del agua y el Espíritu. Como Sumo Sacerdote del Reino del Cielo, Cristo también cumplió Sus deberes terrenales fielmente al ser bautizado por Juan el bautista y derramar Su sangre en la Cruz, sacrificando Su propio cuerpo para salvar a Su pueblo de todos los pecados del mundo. 
Para cumplir Sus deberes de Sumo Sacerdote, Jesucristo mismo vino al mundo encarnado en un hombre cuando cumplió los 30 años, cargó los pecados de este mundo para siempre al ser bautizado, y a los 33 años derramó Su sangre en la Cruz y así cumplió todos Sus deberes sacerdotales. Al ofrecer Su propio cuerpo Jesucristo completó la obra de la salvación para librar a Su pueblo de sus pecados. Para ofrecer el sacrificio de salvación y así eliminar nuestros pecados el Señor sacrificó Su propio cuerpo. Al entregar Su cuerpo, Jesucristo ofreció el sacrificio que solo el Sumo Sacerdote del Cielo podía ofrecer, cargando con nuestros pecados y siendo condenado en nuestro lugar como ofrenda. Jesucristo cargó con la condena de los pecados con Su sangre y muerte de esta manera porque había sido bautizado y así cargó con los pecados de todos los que vivimos en este mundo. Todas estas cosas se hicieron para convertirnos en hijos de Dios. 
 

¿Qué podemos entender del Antiguo Testamento?

Con el comienzo del otoño he estado leyendo el Libro de Isaías en el Antiguo Testamento. En Isaías, Dios habla de cómo castigaría al pueblo de Israel, pero puedo ver que Su deseo verdadero era completamente lo contrario. Sabemos que, en los días del Antiguo Testamento, el Señor Dios juzgaba con gusto a los que hacían sufrir al pueblo de Israel, y también libraba a Su pueblo de su opresión. Hemos visto cómo Dios castigó sin falta a los que oprimían y atormentaban al pueblo de Israel durante el cautiverio de guerra, y cómo le prometió con Su Palabra que lo salvaría de su sufrimiento. De la misma manera en que Dios amaba a Su pueblo en el Antiguo Testamento, a través de Su sacrificio, Dios también ha manifestado Su amor a todos los que vivimos en la era del Nuevo Testamento. Cuando Sus criaturas sufren por sus pecados, Dios se ha revelado como su Salvador. 
Dios castigó a los pecadores, no porque los odiase, sino porque los amaba y no quería que fueran malditos. Como iban por el camino maldito, castigarlos era la manera justa de salvarlos para que se arrepintiesen y librarlos de sus pecados malditos. Esto se debe a que los seres humanos, que fueron creados a imagen y semejanza de Dios, no se arrepintieron de sus pecados, Dios no tuvo más remedio que levantar Su vara contra ellos para que se arrepintiesen. Esta era la ira justa de Dios destinada a llevarlos por el camino bendito. 
Por tanto, Dios había prometido desde tiempos inmemorables, que vendría a este mundo como descendiente de una mujer para librar a los seres humanos que estaban del lado de Su enemigo de sus pecados, y exactamente según esta promesa, en los días del Nuevo Testamento, Dios cargó con todos los pecados de la humanidad creada a Su imagen y semejanza al ser bautizado personalmente por Juan el Bautista. Con este bautismo, Jesucristo pudo eliminar todos los pecados del mundo de una vez por todas. Con Su crucifixión Jesús también cargó con el pecado que la humanidad debería haber cargado, y al levantarse de entre los muertos se ha convertido en nuestro Salvador. Había venido a este mundo a buscar a Su pueblo para salvarlo de sus pecados y cumplió esta salvación al sacrificarse a Dios Padre como su ofrenda del pecado. Esta es la remisión de los pecados que el Señor cumplió como el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos al sacrificarse exactamente como prometió. De esta manera, Jesús había prometido la salvación de la humanidad, y para cumplir esta promesa como había prometido, se entregó a Sí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista y pagar el precio de los pecados de la humanidad al ser crucificado. 
Por el sacrificio de redención que ofreció Jesucristo Dios nos ha salvado. El bautismo de Jesús, Su crucifixión y Su muerte en la Cruz fueron el sacrificio celestial de redención que ofreció por nosotros. Por tanto, a los ojos de Dios en el Cielo, nuestra salvación se ha cumplido a través de la redención que Jesús hizo por nosotros. La Palabra de la salvación se cumple como la verdadera Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y esta es la Verdad de la que habla Jesús. Esta Verdad constituye el aliento de la vida de la salvación que Dios nos ha dado a todos y que ha venido por la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Y la Verdad para todos nosotros es: si escuchamos y creemos de corazón en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios ha preparado por nosotros, es decir, la noticia de la salvación de todos los pecados del mundo, podemos ser librados de todos nuestros pecados para siempre. 
 


Los que viven ahora con un corazón dolorido por culpa de sus pecados


Hoy, entre los cristianos, hay muchas personas cuyas vidas están atormentadas por las transgresiones que han cometido. Algunos de ellos viven con un corazón dolorido, pensando que han sido abandonados por Dios porque no pueden evitar pecar a pesar de no querer hacerlo. ¿Creen que Dios les ha abandonado porque les odia por pecar? ¡No, no es así! Piensan así porque su alma está dolorida y sufre porque pecan contra su propia voluntad. Las heridas del corazón sufridas por los pecados que se cometen no pueden ser sanadas con la medicina del mundo. ¿Significa esto que estas heridas del corazón no pueden ser sanadas? ¡No, todavía pueden ser sanadas! 
El dolor de corazón que sufren ahora viene del dolor de la ignorancia, todo porque no conocen la Verdad de que nuestro Señor ya ha borrado todos sus pecados con el agua y el Espíritu. ¿Han escuchado y creído en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu en su vida? Probablemente no, por lo menos no hasta hoy. La Verdad de la salvación del pecado es el Evangelio del agua y el Espíritu que se puede aprender de la Palabra de Dios. Esta es la Verdad sobre el agua y el Espíritu que no se puede escuchar en el cristianismo mundano de hoy. Si quiere sanar las heridas de su corazón deben creer de todo corazón en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que puede sanarles. Para ello, deben presentarse ante Dios, escuchar la Verdad de la salvación que está en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y entender esta Verdad. Solo entonces podrán ser sanados de sus heridas. 
Si no aceptan en su corazón el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios, no podrán evitar seguir viviendo con un corazón herido y sufrir por sus pecados. Entonces no podrán recibir la bendita remisión de los pecados que ofrece el Señor. Tampoco podrán disfrutar de ninguna paz y felicidad en este mundo que podrían disfrutar en el Señor. Será imposible vivir felices como los redimidos. Aunque todos los seres humanos son criaturas hermosas hechas a imagen y semejanza de Dios, nada es más penoso que los seres humanos a los ojos de Dios. Esto es porque, si no creen en la remisión de los pecados que Dios está ofreciendo a través del Evangelio del agua y el Espíritu y rechazan Su bendición de convertirse en Sus hijos, su castigo por el pecado será mayor. Sería maravilloso ser rico, pero ¿les harían felices sus riquezas como las personas que han nacido de nuevo y han sido liberadas de la confusión? Sería maravilloso tener poder, pero ¿piensan que podrían vivir tan felices como los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y servir la voluntad de Dios?
Cuando era niño solía escuchar una canción china. Hace tiempo las canciones de Hong Kong eran muy populares en Corea. El título de la canción era "Susanna" y la letra decía algo así: "El sol se pone sobre las colinas del oeste y el día se acaba. ¿Están secas las hojas? El otoño se hace más profundo". La canción hablaba de una chica llamada Susanna que tenía cáncer y que iba a morir cuando cayeran las últimas hojas del otoño. Las últimas pocas hojas se iban a caer en cualquier momento, y la situación precaria de estas hojas era igual que el destino de la chica. La letra se tradujo al coreano y la canción fue interpretada por un cantante coreano. Era una canción muy triste. "Las hojas se caen, la vida es un viaje sin sentido". Si lo recuerdo, la chica en esta canción era muy rica. Tenía toda la riqueza y opulencia del mundo a su alcance, pero su enfermedad la hizo tan débil como las hojas de otoño. Cuando cayó la última hoja del árbol, su vida acabó. Es una canción muy triste que habla de lo vacía que es la vida. 
De esta manera, vivir con los pecados intactos es vivir con dolor y un corazón herido, esperando solo la muerte. Cada pecador en este mundo vive con un corazón herido por el pecado. Nadie que tenga pecados en su corazón puede encontrar la felicidad por muchos años que viva. Heridas por sus pecados, estas personas están inundadas por el sufrimiento y el dolor y acaban muriendo al final. 
La gente con un corazón pecador debe morir por sus pecados, como dice la Biblia: "La paga del pecado es la muerte" (Romanos 6:23). Sin embargo, lo que debemos entender aquí es que Jesucristo fue al río Jordán a cargar con todos nuestros pecados y los aceptó de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista. Al haber cargado con todos los pecados del mundo en Su cuerpo, Jesús los llevó a la Cruz, murió en nuestro lugar por estos pecados, se levantó de entre los muertos y así se ha convertido en nuestro Salvador. Hoy, el Señor quiere caminar con todos los que estamos llorando por nuestros pecados con un corazón herido. Este Señor no es otro que Jesucristo, quien cargó con sus pecados a través de Su bautismo, derramó Su sangre en la Cruz y se levantó de entre los muertos. 
Jesucristo quiere ser el Salvador de todos los que tienen un corazón herido y están sufriendo. Quiere ser su amigo y quiere caminar con ustedes. Y el Señor les está diciendo: "¿Están heridos por sus pecados? Fui bautizado por Juan el Bautista para cargar con todos esos pecados. A través del bautismo que recibí de Juan el Bautista, tomé todos los pecados para siempre. Entonces, ¿por qué ignoran el bautismo que recibí por ustedes? Quiero que entiendan de verdad el significado del bautismo que recibí de Juan el Bautista. Quiero que no le den la espalda al hecho de que cargué con sus pecados a través de este bautismo. Al saber que su vida en este mundo estaría llena de tristeza y lágrimas por sus pecados, acepté todos sus pecados a través del bautismo que recibí de Juan el Bautista. ¿Entonces por qué no creen de todo corazón en Mi obra justa que les ha salvado de todos sus pecados y por qué no Me aceptan como su Salvador?". El Señor les está regañando así. 
Todo el mundo está condicionado por estas tres cosas: el nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte. Cuando los seres humanos nacen deben envejecer, enfermar y morir al final. Este es el destino de la humanidad. Casi todos los niños quieren crecer rápidamente, pero cuando llegan a los 30 años el tiempo pasa aún más rápido que un coche de carreras. El tiempo se acelera a medida en que envejecemos. Cuando tenemos solo 30 años, parece que vayamos a 30 km/h, pero cuando tenemos 40, parece ir a 40 km/h. Cuando cumplimos 50, 60, 70, etc., la velocidad se acelera y al final sobrepasamos el límite de velocidad y vamos a 90 o 100 km/h. Es un hecho de la vida que, cuanto más envejecemos, más rápido pasa el tiempo. 
De esta manera, la existencia humana no es más que una niebla efímera. La vida no es nada. Es precisamente por eso que deben darse cuenta de que Jesucristo vino a este mundo a salvar a los pecadores y por lo que deben creer que Él se ha encargado de todas sus transgresiones con Su bautismo y sangre. Ustedes también pueden ser salvados de todos sus pecados y caminar con el Señor. Todos los que creen en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu gracias a la Iglesia de Dios han sido bendecidos para caminar con el Señor para siempre. ¡Aleluya! 
 


El verdadero Salvador de nuestra vida maldita es Jesús 


Nuestras vidas infelices no tenían esperanza, pero como Dios nos creó a Su imagen, quiso cuidar de nosotros, salvarnos de todos nuestros pecados y darnos la vida eterna. Entonces Dios cumplió esta obra de salvación para eliminar los pecados de Su pueblo con Su obra y permitirle entrar en Su Reino y vivir allí. Este es el plan que Dios creó por nosotros y es Su amor incondicional por nosotros. Así que, como vimos en el pasaje de las Escrituras de hoy, cuando Ezequiel profetizó como se lo pidió Dios, y cuando les dio aliento a los huesos secos, se juntaron, aparecieron venas y carne y vivieron de nuevo para convertirse en un gran ejército. Esto es como cuando el hombre recibió la vida cuando Dios lo creó del polvo de la tierra y le dio el aliento de la vida en la nariz. De la misma manera, nuestro Dios nos está diciendo aquí que nos ha hecho vivir de nuevo a los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu al eliminar todos nuestros pecados y darnos el don de Su Espíritu. 
Debido a los pecados heredados de nuestros antecesores desde el día en que nacimos en este mundo estábamos muertos espiritualmente. Desde el momento en que nacimos en este mundo nuestras vidas ya se habían separado de Dios por culpa de nuestros pecados. Todos nacimos con el inevitable destino que nos destinó a separarnos de Dios y vivir bajo las maldiciones. Como todos los seres humanos nacen como pecadores por su naturaleza, todos están destinados a vivir como pecadores durante el resto de sus vidas y a ser juzgados por sus pecados al final de sus vidas y a ir al lugar donde deben ir los pecadores. De esta manera, como todo el mundo nace con un corazón rebelde contra Dios y es inevitablemente pecador, solo podemos ser salvados si creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, Jesucristo ha borrado todos nuestros pecados para siempre. Los que no creen en este Evangelio serán condenados por sus pecados como paga por ellos. 
Como los seres humanos nacen en este mundo con un corazón rebelde para oponerse a Dios, automáticamente se levantan contra Él. Por eso toda la raza humana se levanta contra el Dios santo, justo y misericordioso automáticamente y sin ninguna razón. Pero, aunque los seres humanos se rebelan contra Dios sin cesar de esta manera, Dios los ha buscado con el Evangelio del agua y el Espíritu y les está diciendo: "Mucho antes de crearos ya tenía un plan de salvación para vivir con vosotros para siempre". 
Preguntas que muchas personas le hacen a Dios son: "Cuando Dios creó a Adán y Eva, ¿ya sabía que Satanás los engañaría?". La respuesta de Dios a esta pregunta es: "La aparición del Diablo, quien tentó a Adán y Eva, su caída en este engaño y el dolor que sufrió la humanidad como consecuencia, fueron permitidos bajo Mi providencia. Estas cosas ocurrieron para cumplir el requisito previo para hacer que los seres humanos sean Mi pueblo y Mis hijos. Para cumplir este propósito, vendré al mundo como un Hombre y borraré para siempre todos los pecados de Adán y Eva y los pecados de sus descendientes con Mi bautismo y Mi sangre derramada en la Cruz. Todo esto está contenido en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que he preparado para vosotros. He completado todo para que puedan convertirse en Mis hijos al creer en esta Verdad. Deben darse cuenta de esto". 
Si Dios hubiera hecho que todo ser humano fuera Su hijo o hija incondicionalmente, todas las demás criaturas hechas por Dios habrían protestado fervientemente. Tanto los humanos como los no humanos, todas las criaturas son iguales porque fueron creadas por Dios, y si Dios diera un tratamiento especial solo a los seres humanos, no estaría tratando a todas Sus criaturas por igual. Entonces Dios habría sido denunciado por Sus criaturas. Si Dios hubiera tratado de manera especial a la humanidad de manera incondicional y unilateral, las demás criaturas habrían protestado por pensar que es injusto. Así que, como los seres humanos fueron creados a imagen de Dios, Él estableció un maravilloso plan de salvación para hacerlos Su pueblo y dijo que daría la salvación a quien creyese en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. 
Por eso Dios había preparado a Su Hijo Jesús para salvar a la humanidad de sus pecados sabiendo que el ángel caído engañaría a las personas y las volvería contra Él. Y en Jesucristo Dios permitió que la humanidad pecase. Esto se hizo para eliminar todas las transgresiones de dichos pecadores y hacer que los creyentes fueran Su pueblo. Para ello, Jesús mismo tuvo que cargar con los pecados de todo el mundo y pagó su precio. Por eso Dios Padre dijo que eliminaría todos los pecados al enviar a Su Hijo a este mundo. 
Cuando la humanidad cayó en el pecado, Dios prometió con Su Palabra que Jesús mismo vendría como un Hombre y la libraría de todos los pecados con la Verdad de salvación del agua y el Espíritu. Y para cumplir cada Palabra de la alianza prometida a la humanidad, Jesús vino personalmente a este mundo encarnado en un hombre a través del cuerpo de una virgen y aceptó y eliminó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista a los 30 años. Para todos los que creen en esta Verdad y quieren ser salvados de todos sus pecados, el bautismo que Jesús recibió era perfecto para limpiarlos de todos los pecados. El Señor llevó a cabo la obra de salvación perfecta y completamente para que, quien acepte la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu lo tenga todo para ser librado de todos sus pecados y se convierta en hijo de Dios. La obra de salvación que Jesús cumplió personalmente está toda escrita en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. 
Como Jesús cargó con los pecados de la humanidad con el bautismo y los llevó a la Cruz, y como derramó Su sangre en la Cruz y se levantó de entre los muertos, desde ese momento el Señor ha permitido a todos los que crean en Su obra de salvación alcanzar la salvación sin importar qué tipo de pecado hayan cometido. Esta Verdad es la providencia de la salvación que Dios ha establecido por toda la humanidad. ¿Qué pasaría si se negasen a creer en esta providencia del Evangelio del agua y el Espíritu planeado por Dios porque no les gustase? La salvación estaría fuera de su alcance. Dios ha cumplido la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu porque quiere salvarnos de todos nuestros pecados y hacernos Sus hijos, y ahora debemos creer en esta Palabra de corazón y recibir la remisión de los pecados. ¿Cuál sería la condición de su corazón si no creyesen en esta Verdad de la salvación? Que seguiríamos siendo pecadores. 
Puede que se pregunten lo siguiente: "¿Por qué no creó Dios un mundo sin pecados desde el principio?". Porque Dios les dio a Sus criaturas libre albedrío y quiso respetarlo. Al haberles dado libre albedrío a Sus criaturas, Dios no quiso quitárselo. Y Jesús vino a este mundo a obedecer a Dios Padre y también quiso limpiar y librar a la humanidad de los pecados de este mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. Dios nos promete: "El Diablo os ha separado de Mí con los pecados del mundo, pero Yo os libraré de él, de los pecados del mundo y vuestro juicio". Para cumplir esta promesa de salvación de Dios, cuando llegó el momento, Jesucristo vino personalmente a este mundo encarnado en un hombre a través del cuerpo de María, y al ser bautizado por Juan el Bautista a los 30 años, eliminó todos los pecados del mundo cometidos por todos los seres humanos nacidos en este mundo. 
Jesucristo entonces cargó con todos los pecados de este mundo a la Cruz y entonces pagó la condena de todos y cada uno de los pecados de la humanidad al derramar Su valiosa sangre hasta morir. Como Jesús fue bautizado para eliminar los pecados del mundo, dijo en la Cruz: "¡Acabado está!". Entonces se levantó de entre los muertos. Para darnos el aliento de la vida nueva a los que creemos en esta Verdad, nuestro Señor se ha complacido en darnos el don del Espíritu. 
El hecho de que el Señor nos ha salvado de los pecados de este mundo es la noticia más gozosa para todos los que aceptan en sus corazones la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor cumplió cuando vino a este mundo. La Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu nos libra de todos los pecados que cometemos en este mundo y Jesús nos ha dado el Espíritu Santo como el don de la salvación a todo el que crea en este Evangelio. Nuestro Dios quiere darnos el don del Espíritu Santo a todos los que aceptamos el Evangelio del agua y el Espíritu al creer en Su Palabra y quiere que vivamos en Su presencia. Este es el plan de la salvación que Dios estableció para nosotros y toda la raza humana, y es también el cumplimiento de la salvación que Jesucristo cumplió cuando vino a esta tierra. El Dios Trinitario creó y cumplió todo este plan de salvación en Jesús. 
¿Aceptarán ahora el amor de Dios por los humanos por fe? ¿Pueden entender ahora el plan de Dios de la creación que hizo en Jesús? Cuando Dios da el aliento de la vida del Espíritu a los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu somos salvados de todos nuestros pecados. 
 

Jesús nos ha dado la verdadera esperanza a los que estamos desesperados por nuestros pecados

Jesús les ha dado la esperanza de la salvación a todos los pecadores y nos ha dado la verdadera esperanza a los desesperados. Nos ha dado la verdadera salvación y el Cielo a todos los que estamos destinados al infierno por nuestros pecados y les ha dado Su Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión de los pecados, a todos los que están sufriendo por sus pecados. A los que están esclavizados por el Diablo, el Señor les ha dado una oportunidad de fe para convertirse en siervos de Dios al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Al ser bautizado por Juan el Bautista y derramar Su sangre en la Cruz, Jesús dijo: "Acabado está", y entonces murió. 
Jesús estaba diciendo en Su bautismo y en la Cruz que había completado la salvación de todos los pecados. Para todos el pecado denota la separación de Dios. Por tanto, al ser pecadores por naturaleza debemos creer que la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu cumplida por Jesús por nosotros es nuestra salvación. Debemos darnos cuenta de que ahora hay una manera de restaurar nuestra relación rota con Dios y compartir comunión con Él por fe. Dios nos ha hablado con Su Palabra sobre lo que ha hecho por nosotros, y a través de esta Palabra podemos alcanzar nuestra salvación por fe. Dios está diciendo que ha dado el aliento de la vida nueva a los creyentes. 
¿Creen en la Palabra de la Verdad que dice que su alma, que había estado muerta, ha nacido de nuevo de la muerte a través de su fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu? Crean ahora en la Verdad de que Jesús ha librado a la humanidad de sus pecados con Su agua y sangre. Si creen en la Palabra de salvación de la remisión de los pecados, la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, serán liberados de todos sus pecados por fe. Entonces se darán cuenta de que, cuando creen todos sus pecados desaparecen por completo. Jesucristo, Dios mismo, nos ha salvado ahora de los pecados del mundo a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, pero si no nos damos cuenta de esta Verdad será imposible para siempre levantarnos de nuestra muerte espiritual y nacer de nuevo. Esto se debe a que nuestras almas ya estaban muertas mucho antes de que naciésemos en este mundo. 
Cuando vemos las vidas de las estrellas de cine en el mundo parece que están viviendo vidas lujosas sin preocupaciones. Sin embargo, como estas personas tienen faltas, se encuentran con problemas en sus vidas y a veces toman decisiones incorrectas cuando sus circunstancias empeoran un poco. Las vidas de las personas no son diferentes las unas de las otras. El pasto en el campo creado por Dios puede parecer más frondoso, pero se marchita al final. De la misma manera, los seres humanos, creados a imagen de Dios, pueden prosperar en la carne, pero se pueden encontrar fácilmente sufriendo grandes problemas, o se pueden arruinar de la noche a la mañana cuando enferman o sus negocios fracasan. 
Por desgracia, algunas personas mueren demasiado jóvenes y dejan tristes a sus seres queridos. No es extraño que alguien que parece completamente sano por fuera muera repentinamente de una enfermedad inesperada. Así que, dado que la vida es tan precaria, debemos creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu cumplida por Dios y recibir la remisión de los pecados cuando tengamos la oportunidad. Solo entonces podremos ser felices y vivir una segunda vida. Y debemos preparar nuestra fe ahora para el mundo siguiente al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu para que, cuando nuestras vidas en este mundo terminen podamos entrar en el Cielo, al que solo se puede entrar por fe. 
Dios dijo que, cuando nos creó a los seres humanos, nos hizo a Su imagen. El hecho de que Dios nos creó a Su imagen significa que nos creó para que viviésemos vidas felices para siempre con Él en Su Reino. Dios no nos hizo solamente para jugar con nosotros, sino que nos creó con un propósito para permitirnos vivir con Él para siempre. El problema es que los seres humanos no conocen este plan de Dios y están viviendo confiando tontamente en nuestras fuerzas, solo para acabar en contra del Dios santo cuando las cosas no salgan como queramos y muramos. 
Aunque los seres humanos nacieron en este mundo gracias a Dios, viven sin conocer el propósito por el que Dios los creó. Este es el problema. Fracasamos en nuestras vidas precisamente porque insistimos estúpidamente en vivir a nuestra manera sin darnos cuenta del propósito de Dios, nuestro Creador, para nosotros. El problema es que no estamos viviendo por fe sin saber que nuestro Dios ha preparado multitud de bendiciones para nosotros y sin darnos cuenta del Evangelio del agua y el Espíritu, la salvación que el Hijo de Dios nos ha dado. 
Por tanto, debemos recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que proclama que Jesucristo, nuestro Creador y Salvador, ha borrado nuestros pecados para siempre, para que cuando nos llame vivamos todos con Él en Su Reino. Así que es muy importante para nosotros entender lo que significa cuando la Biblia dice que fuimos creados a imagen de Dios. Debemos creer en el amor misericordioso de Jesucristo, el Salvador de la humanidad que se sacrificó a Sí mismo para eliminar nuestros pecados; debemos recuperar la verdadera fe y debemos vivir felices para siempre con nuestro Dios por fe. 
Debemos creer que Jesucristo, el Salvador de la humanidad, vino a este mundo, fue bautizado por Juan el Bautista, el representante de la humanidad, para eliminar las iniquidades de los pecadores para siempre, y a través de este bautismo cargó para siempre con los pecados del mundo. Y cargó con estos pecados del mundo a la Cruz. Como Jesús derramó Su sangre cuando cargaba todos los pecados de la humanidad sobre Su cuerpo dijo cuando estaba muriendo: "¡Acabado está!". Con el bautismo que recibió y la sangre que derramó, Jesús cumplió por completo Su objetivo de salvar a la humanidad en Sus cortos 33 años de vida en este mundo. Nuestro Dios nos ha dicho que nos ha dado el aliento de la nueva vida de la remisión de los pecados a todos los seres humanos creados por Él. 
 


Quien esté en Cristo nueva criatura es


Está escrito en 2 Corintios 5:17 en el Nuevo Testamento: «De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas». Al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, nuestras almas han recibido nueva vida. Si alguien cree en la obra justa de la salvación que Jesús llevó a cabo en este mundo con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, esta persona recibirá la remisión eterna de los pecados y la nueva vida en el corazón. De ahora en adelante, si la gente simplemente cree en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de corazón, sea quien sea, puede er salvada de sus pecados y recibir vida nueva de Dios para resucitar y vivir de nuevo. 
. Así que les pido que crean que Jesucristo es Dios mismo, y que es el Creador que nos creó. Así que les pido que acepten en su corazón la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado, para que así experimenten por su cuenta cómo Jesús les dará el aliento de la vida nueva. Esta Verdad ha sido manifestada como el Evangelio del agua y el Espíritu, así que deben creer en este Evangelio. Si ahora escuchan la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y creen en ella de corazón, serán redimidos de todos los pecados de su corazón, recibirán vida nueva y serán criaturas nuevas a los ojos de Dios. Alguien que se ha convertido en una nueva criatura vivirá el resto de su vida de una manera que merezca la pena. 
Todos fuimos creados por el Señor, quien ha borrado nuestros pecados con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y hemos sido salvados de todos nuestros pecados al creer en este Evangelio de corazón. Por tanto, el que más merece nuestro respeto y more en todo el mundo no es otro que nuestro Señor Jesucristo. Esto se debe a que es nuestro Señor, que nos ha librado de todos los pecados del mundo, nos creó a Sus hijos y nos bendijo. ¿Hay algún Evangelio más maravilloso que la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado? Cualquier Evangelio en este mundo que no sea el Evangelio del agua y el Espíritu, como el evangelio de la Cruz sola, no es el verdadero Evangelio. Comparado con el Evangelio del agua y el Espíritu, el evangelio de la Cruz no es más que un evangelio a medias. El verdadero Evangelio en este mundo es el Evangelio del agua y el Espíritu que proclama que el Señor nos ha dado a los creyentes vida nueva al ser bautizado por Juan el Bautista, derramar Su sangre en la Cruz y levantarse de entre los muertos. Aparte de la más maravillosa Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, no puede haber ningún otro evangelio en este mundo que pueda saciarnos. 
Para toda la raza humana, aparte de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, nada en absoluto puede darnos verdadera paz, verdaderas bendiciones y maravillosa comunión con Dios. Cuando éramos pecadores, Jesucristo vino a buscarnos y nos salvó a través de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y Él solo es nuestro Salvador. Ahora podemos vivir nuestras vidas por fe creyendo que Jesucristo es nuestro Dios, nuestro Salvador y nuestro verdadero Señor de vida. Solo Jesucristo, quien nos ha redimido de los pecados del mundo, es el Salvador que nos ha salvado de todos los pecados, y solo Él es el Dios que nos ha dado la verdadera salvación y verdadera vida nueva. 
Cuando nuestras almas estaban muertas por nuestros pecados, Jesucristo nos devolvió a la vida y nos ha bendecido para recibir la verdadera remisión de los pecados y una verdadera vida nueva. Dios dijo en Ezequiel 37:12-13: «Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío». Los que quieren vivir sin unir sus corazones con la Palabra de Dios se han separado de Él. El Señor prometió que abriría las tumbas de los muertos, los resucitaría y dejaría que todo el que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu recibiese la vida eterna. 
Está escrito en Ezequiel 37:14: «Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová». Con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, Jesucristo ha eliminado todos nuestros pecados para siempre, pero esta no es toda Su obra. El Señor también nos ha dado el Espíritu Santo a todo Su pueblo que ha recibido la remisión de los pecados a través del agua y el Espíritu, permitiéndonos ser guiados por el Espíritu Santo al vivir en este mundo. De esta manera, al mismo tiempo en que Jesucristo nos libró de nuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu, también ha dado el Espíritu Santo a nuestro corazón para que nuestras vidas sean guiadas para siempre por el Espíritu. 
Todas estas bendiciones son la verdadera providencia para los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando Dios dijo: "Pondré Mi Espíritu en vosotros y viviréis", estaba prometiendo con Su Palabra que nos daría el don del Espíritu Santo en nuestro corazón para que vivamos para siempre con Él. Dios dijo: "Pondré Mi Espíritu en vosotros y viviréis". Esta es la voluntad de Dios. Si creemos en la Palabra del Evangelio de Dios de la remisión de los pecados, sin duda recibiremos el don del Espíritu Santo en el corazón. 
Leamos Hechos 2:38-39: «Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare». Como dice aquí la Palabra verdadera, a todo el que crea en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, Dios nos dará la remisión de los pecados y el don del Espíritu a nuestro corazón al mismo tiempo. Cuando comprendí por primera vez la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, sabía que la remisión de los pecados había llegado a nuestros corazones, pero no entendí nada más al principio. Cuando leí Hechos 2:38 y vi que también había recibido el don del Espíritu Santo, me di cuenta completamente de que el Espíritu Santo ya estaba en mi corazón y obrando en mí. Incluso en este momento estoy caminando con el Espíritu Santo. 
El pueblo de Israel no aceptó a Jesús como el Salvador que estaban esperando y lo rechazaron. Así que los discípulos de Jesús les pidieron que creyeran en Él, diciendo: "No creéis en Jesús como vuestro Salvador. Arrepentíos y creed en Jesús como vuestro Mesías". Esta Palabra es lo que está escrito en la Biblia y lo que Dios nos está diciendo ahora acerca del verdadero arrepentimiento. Arrepentirse verdaderamente significa lo siguiente: si nos damos cuenta ahora de que nuestra vida de fe había ido por el mal camino, debemos volver al correcto Evangelio del agua y el Espíritu y creer en él de corazón. Entonces recibiremos el Espíritu Santo en nuestro corazón. Esta es la fe bíblica correcta del arrepentimiento. Decirle a Dios solamente de palabra que le hemos hecho mal no es de lo que se trata el verdadero arrepentimiento. Lo que es arrepentirse realmente es regresar a la Verdad de que Jesús ha redimido todos nuestros pecados, arrepentirse de las creencias religiosas erróneas que hemos tenido y creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Esto es de lo que trata la fe verdadera.
 


Arrepiéntanse y crean en el Evangelio del agua y el Espíritu 


Está escrito: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo». Algunos israelitas se arrepintieron y creyeron en Jesús como su Salvador. Entonces, ¿por qué tuvieron que ser bautizados como Jesús? Esto se debe a que el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista fue el acto por el cual el Señor cargó con todos los pecados de la humanidad y los eliminó para siempre. De la misma manera en que Jesús fue bautizado, los nuevos creyentes también tuvieron que ser bautizados como señal de su fe en Su obra justa. 
Cuando somos bautizados confesamos nuestra fe de la siguiente manera: "Creo que cuando el Señor fue bautizado por Juan el Bautista cargó con los pecados del pueblo de Israel y también con los míos. Creo que cuando Jesucristo entró en el agua para ser bautizado se reveló que sufriría la muerte física en mi lugar porque había cargado con mis pecados. Creo que Jesús es mi Salvador que fue bautizado para eliminar todos mis pecados y que fue condenado por los pecados de una vez por todas al ser crucificado hasta morir. Y creo que el que Jesús saliera del agua cuando fue bautizado significa Su resurrección, que el Señor me devolvería a la vida como Él se levantó de entre los muertos. Ahora creo de todo corazón que Jesús eliminó mis pecados con Su bautismo". 
Es absolutamente imperativo que creamos que la obra de salvación de Jesús, desde el bautismo que recibió de Juan el Bautista para cargar con nuestros pecados hasta Su crucifixión y Su resurrección, fue todo para cumplir la verdadera remisión de los pecados y darnos una nueva vida. La verdadera confesión de fe se hace cuando confesamos que hemos sido redimidos de nuestros pecados al creer en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. La Biblia dice: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo». Claramente, el Espíritu Santo es el don de Dios que se concede solo a los que han recibido la remisión de los pecados. La fe en el Evangelio del agua y el Espíritu trata de creer que este Evangelio es nuestra verdadera salvación que redime todos nuestros pecados, y la Biblia dice que cuando creemos en este Evangelio del agua y el Espíritu podemos recibir el Espíritu Santo. 
Para todos los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer que Jesús ha eliminado todos los pecados de este mundo con el bautismo del agua que recibió y la sangre que derramó en la Cruz, Dios nos ha bendecido para recibir el don del Espíritu Santo. Al darnos la remisión de los pecados y el don del Espíritu Santo en el corazón, el Señor ha confirmado definitivamente que nos ha convertido a los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu en hijos de Dios que pueden glorificarlo. En otras palabras, el Señor nos ha sellado a los creyentes de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu con el Espíritu Santo para que nadie nos quite la fe. Cuando nuestros corazones tienen fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el Espíritu Santo desciende en nuestros corazones y con este sello del Espíritu Santo Dios confirma que somos Sus hijos sin duda. 
Los que han recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden seguir la guía del Espíritu Santo porque el Espíritu Santo obra en sus corazones cuando escuchan la Palabra de Dios. Las almas de los justos viven para siempre al escuchar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a través de la Iglesia de Dios. La obra del Espíritu Santo tiene lugar en los corazones de los que creen en el agua y la sangre. Donde obra el Espíritu Santo se puede encontrar la verdadera paz y salvación. Al vivir con fe en la Iglesia de Dios podemos darnos cuenta de que el Espíritu Santo siempre obra entre nosotros con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. 
De hecho, el Espíritu Santo no mora en el corazón de quien no haya recibido la remisión de los pecados ni obra en ellos. Como la obra del Espíritu Santo se desarrolla según la Palabra escrita, es imperativo que sigamos Su obra al creer en la Palabra de Dios escrita. Dicho de otra manera, cuando seguimos la Palabra de Dios y confiamos en ella podemos ver la obra del Espíritu Santo desarrollándose con nuestros propios ojos. Si no seguimos la Palabra de Dios, no podemos ver la obra del Espíritu Santo. Así que les pido que crean que su vida de fe debe vivirse según la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu dada por Dios. El Espíritu Santo siempre obra con la Palabra escrita de Dios y debemos tener esto claro. 
Si confiamos en nuestras propias emociones en vez de la Palabra de Dios y las mezclamos con la guía del Espíritu Santo, al final sucumbiremos a la obra del Diablo y acabaremos viviendo como sus instrumentos de maldad. La obra del Diablo siempre nos hace ignorar la Palabra de Dios y seguir nuestros propios pensamientos y sentimientos de la carne, solo para caer en graves errores. Estas creencias erróneas surgen cuando la gente sigue sus propias emociones en vez de la Palabra de Dios. Pueden caer en la tentación y tropezar fácilmente, porque al seguir sus propias emociones están siguiendo sus propios pensamientos en vez de la Palabra de Dios. 
Al vivir nuestra vida en este mundo a menudo caemos en la debilidad de nuestra carne y pecamos contra los deseos del Espíritu Santo. Por eso la Biblia dice: «No apaguéis al Espíritu» (1 Tesalonicenses 5:19). Si alguien que haya recibido la remisión de los pecados ignora los deseos del Espíritu Santo y sigue los pensamientos carnales propios en vez de hacer lo que complace a Dios, entonces esta persona vivirá como enemigo de Dios en vez de Su siervo. 
A los ojos de Dios los que viven según los deseos de la carne en vez de la guía del Espíritu Santo son como el hombre que recibió un talento y, por tanto, son enemigos de Dios. Si entienden la Palabra de Dios, la sienten, la creen y aceptan personalmente por fe, entonces el Espíritu Santo morará y obrará en su corazón. Aquellos cuyos corazones han recibido el Espíritu Santo pueden seguir a Dios con gozo porque reciben la guía del Espíritu divino y la Palabra de Dios. Cuando los que tienen el Espíritu Santo en su corazón escuchan la Palabra de Dios reciben fuerzas y se someten a la Palabra. Así que, cuando viven en el dominio del Espíritu Santo, sus vidas llegan a estar definidas por la fe en la Palabra de Dios. 
Los corazones de los que han recibido el Espíritu Santo como el don de la salvación han sido refrescados. Hechos 3:19 dice: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio». Dios nos está diciendo a todos: "¡Eliminad vuestros pecados!". Quien confiese creer en Jesús como el Salvador no debería tener ningún pecado en el corazón. Si alguien cree de verdad en la Palabra del agua y el Espíritu como la Palabra de Dios no puede haber pecados en su corazón. Es correcto que quien crea en Jesús no tenga pecados. ¿Deberíamos dejar que nuestros pecados queden intactos en nuestro corazón incluso después de creer en Jesús o deberíamos estar sin pecados? ¿Qué es lo correcto? La respuesta correcta es que nuestros corazones están sin pecado. La Biblia afirma que esta respuesta es la respuesta correcta, pero desafortunadamente, la teología humana la trata como una respuesta binaria, blanca y negra y cuestiona su veracidad. 
En la Biblia el Señor dijo a los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu: "Habéis recibido la remisión de los pecados. Por tanto, estáis sin pecado porque creéis en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Hacéis bien. Vuestra fe es correcta". Esto es porque el Señor había venido a este mundo para siempre para eliminar todos los pecados del mundo que están en el corazón de las personas. Y también porque Jesús aceptó todos los pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, los eliminó con la sangre derramada en la Cruz y erradicó su juicio con la condena que Él pagó. Por el contrario, los teólogos dicen que los cristianos todavía tienen pecados, pero como creen en Jesús, Dios los trata como los salvos sin pecado. Esto se conoce como la "justificación por fe". ¿Qué dirían acerca del pasaje que acabamos de leer donde Dios dijo que, cuando nuestros pecados son eliminados, vendrán tiempos de refresco de la presencia del Señor? Este pasaje nos dice claramente que nuestros pecados fueron eliminados. 
¿Han recibido la remisión de los pecados en su corazón al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que emana de la Palabra del Señor? He recibido la remisión de los pecados del Señor con la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu". Recuerdo claramente cómo mi corazón se sintió refrescado más de cualquier cosa que este mundo pueda hacer por mí. Desde entonces he seguido viviendo mi vida de fe hasta el presente y estoy muy feliz porque mi corazón sigue sin pecados. Todas estas bendiciones de salvación me han llegado a través de la Palabra de Dios gracias a nuestro Señor. Pongo mi fe en Dios y le doy todas las gracias. Dios quiere dar el don del Espíritu Santo a nuestro corazón redimido. Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu Dios nos hace hijos Suyos. 
Dios le ha dado la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a toda la humanidad, y en el corazón de los que creen en este Evangelio Dios está contestando con el don del Espíritu Santo incluso ahora. Nuestro ministerio consiste en predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y estamos haciendo esta obra para que los que no han recibido la remisión de los pecados puedan beber del agua viva de la salvación. Dios le dijo a Ezequiel: "Hijo del hombre, profetiza Mi Palabra. Habla al pueblo de Israel en Mi lugar. El aliento de la vida entrará en ellos. Haré que el aliento entre en ellos y vivirán": La Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que estamos predicando ahora es el aliento de la vida para todos los que no han encontrado al Señor personalmente. Cuando estas personas aceptan la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu en su corazón ellas también recibirán la remisión de los pecados; y en el momento en que reciban la remisión de los pecados por fe, nuestro Dios pondrá el Espíritu Santo en su corazón. Entonces, Dios se asegurará de que sean Sus hijos como nosotros ahora. 
Ahora estamos predicando la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, la Palabra de Dios, por todo el mundo que está lleno de tan solo huesos secos. Los que no han sido salvados de sus pecados no tienen ninguna esperanza en su corazón y simplemente están viviendo vidas sin sentido. Dios nos está diciendo a todos los que nos hemos convertido en Sus hijos al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que demos este Evangelio a estas personas desesperadas. Estamos predicando la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu como lo ordenó Dios. He escrito más de 65 libros como parte de mi serie de sermones sobre el Evangelio del agua y el Espíritu, y todos menos uno de estos libros hablan de este Evangelio. El Libro del Cantar de Cantares es el único libro que no habla directamente del Evangelio del agua y el Espíritu. Si escogen uno de estos libros al azar y lo leen, pueden aprender todo acerca de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y recibir la remisión de los pecados y el don del Espíritu Santo que tanto necesitan. 
Todos nos hemos dado cuenta de esto: "El Señor fue bautizado por Juan el Bautista cuando vino a este mundo y fue condenado por nuestros pecados al ser crucificado y derramar Su sangre. El Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados de esta manera". Si ahora aceptamos en nuestro corazón la obra de redención que Jesús ha hecho por nosotros a través de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros corazones recibirán nuevo aliento. Ya estábamos muertos por nuestros pecados, pero viviremos de nuevo gracias al Señor. Por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu las almas que estaban muertas se levantarán de nuevo. Al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu nuestros corazones volverán a la vida y recibirán el don del Espíritu Santo y vivirán para siempre como hijos de Dios. Desde entonces querrán predicar el Evangelio del agua y el Espíritu de Dios tanto que será irresistible. Dios le ordenó al Profeta Ezequiel, y a nosotros hoy, que predicásemos esta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. 
 

¿Qué está pasando en este mundo actual?

Este mundo se está convirtiendo en un valle de muerte. Solo hay huesos secos en este mundo y la única gente que tiene el aliento de la vida son los creyentes en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. La gente que vive en este planeta está completamente desesperada y está esperando la muerte porque sus pecados siguen en sus corazones. Desde sus padres a sus otros familiares y amigos, y sin tener en cuenta la raza y la etnia, la gente de todo el mundo está muriendo en desesperación porque no ha encontrado la remisión de los pecados que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu. Si hay una esperanza para toda la raza humana es nuestro Señor Jesucristo, no puede haber ninguna otra esperanza aparte de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor ha dado a la humanidad. 
La verdadera esperanza para toda la humanidad es Jesucristo. Aunque es fundamentalmente Dios, vino encarnado en un hombre. Al venir para salvar a la humanidad que se levantó contra Dios por sus pecados, Cristo ha librado a todos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu del poder de Satanás y los ha salvado. Jesús tomó todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, eliminó todos los pecados con este bautismo y cargó personalmente con la condena de los pecados de la humanidad para siempre. El Señor nos ha salvado de Satanás, el enemigo de Dios, a través de la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, aunque éramos pecadores desesperados. Ahora, si creemos de corazón en la remisión de los pecados que ha venido por el agua y el Espíritu podemos ser salvados de todos nuestros pecados. Al creer en Jesucristo, que nos ha salvado de la oscuridad, podemos recibir vida nueva. 
Como hemos recibido vida nueva al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor ha cumplido por nosotros, nos hemos vuelto a unir a Dios y hemos llegado a vivir en Su Reino una vez más. Estas bendiciones maravillosas están ocurriendo en la Iglesia de Dios de hoy y estas son las bendiciones de Dios que hemos recibido. Gracias a nuestra fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor ha cumplido con Su agua y sangre, hemos recibido las bendiciones de la salvación de nuestro Dios. Cada creyente debe saber cómo tener comunión con los demás en este mundo. Debemos saber cómo tener comunión con Dios a través de nuestra fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Los que se han convertido en estas personas de fe conocen a Dios santo y tienen comunión con Él. Estas personas tienen integridad personal. Por el contrario, los que no tienen integridad ante Dios solo conocen sus intereses personales. No escuchan a los demás. La gente así no puede ser creyentes con integridad. 
Debemos alcanzar nuestra salvación a los ojos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, sentir la obra de la salvación que ha hecho por nosotros a través de esta fe y darle gracias de todo corazón. Todos debemos confesar: "Señor, nos amaste tanto que fuiste bautizado y te sacrificaste por nosotros. El propósito por el que nos creaste a los humanos no fue convertirnos en Tus juguetes, sino hacernos hijos Tuyos y bendecirnos. Cuando caímos en la tentación de Satanás y nos perdimos, Tú viniste a buscarnos a través del Evangelio del agua y el Espíritu para darnos la verdadera salvación. Viniste a este mundo para cargar con nuestros pecados al ser bautizado y nos has salvado al derramar Tu sangre en la Cruz y pagar el precio de nuestros pecados con Tu vida. Gracias a la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu ahora sabemos y creemos que Tú hiciste todas estas cosas por nuestro bien". Esta fe es la fe que nos permite recibir a Dios y esta fe es la fe que nos salva de nuestros pecados. Nuestra fe en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de corazón nos da la remisión de los pecados y nos hace hijos de Dios. En resumen, al creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, hemos sido salvados por Dios y recibido las bendiciones de fe para vivir para siempre en Su Reino. 
Por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu Dios nos ha dado las bendiciones de la fe para ser salvados de nuestros pecados. Y, junto con estas bendiciones de fe, Dios nos ha bendecido para predicar este Evangelio del agua y el Espíritu. Si predicase desde el púlpito cualquier otra cosa que no fuese el Evangelio del agua y el Espíritu, pidiese a la congregación que sirviese al Evangelio o que viviese en unidad con Dios, estaría diciendo vanidades. 
Está escrito en Ezequiel 37:14: «Y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová». Aquí Dios nos está diciendo que prediquemos la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a todos los que todavía no conocen este verdadero Evangelio de salvación. Sabemos que Dios nos ha devuelto a la vida y nos ha dado la salvación y el Espíritu Santo a nuestro corazón creyente para que podamos librar a la gente del mundo que es como los huesos secos en el valle de Ezequiel. Y creemos en esto. La Palabra de la promesa que Dios le hizo a Ezequiel en los días del Antiguo Testamento es la Palabra que Dios también habló a los que ahora creemos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos ha dado el aliento de la vida de la salvación. 
Dios no es un Dios torpe. Es misericordioso y Su bondad es indescriptible porque nos ha salvado de nuestros pecados. Al creer en este Dios hemos sido redimidos de todos nuestros pecados. Estamos muy agradecidos a Dios. Sin embargo, como tantas personas no saben esto, por su bien debemos trabajar duro para darles el aliento de la vida. Les estamos predicando la Palabra de Dios en Su lugar. Están sirviendo al Evangelio del agua y el Espíritu al apoyar este ministerio y esta obra es la obra de los que viven por fe. Esta es la obra de Dios. Y estamos participando en esta obra de valor incalculable que difunde el aliento de vida de la salvación por todo el mundo. Nuestro trabajo es por el bien de todo el que vive en estos últimos tiempos. La humanidad ahora no tiene ninguna esperanza sin Jesucristo y Su Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. La inflación subirá y los precios aumentarán por más del cien por cien. La gente sueña con tener su propia casa, pero en los años siguientes, estos sueños serán imposibles de conseguir. Los días de miseria e infelicidad para la carne está a la vuelta de la esquina. 
Aunque estamos viviendo en este mundo tan oscuro, si aceptamos en nuestros corazones la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos está dando, nos dará la remisión de los pecados y el don del Espíritu Santo como nuestra recompensa. Al creer que hemos recibido la remisión de los pecados y el Espíritu Santo por fe, debemos creer que debemos profetizar la Palabra de Dios por fe. Dios está dándonos multitud de bendiciones en cuerpo y espíritu. Tenemos la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nos permite vivir felices y prosperar en este mundo. También hemos sido bendecidos para vivir para siempre cuando nos vayamos de este mundo. Creo en nuestro Dios que ha venido por el agua y el Espíritu. ¿Y ustedes? ¿Creen también? En este momento, cuando estoy predicando la Palabra de Dios, mi cuerpo y espíritu se llenan de fuerzas y no hay palabras para describir lo feliz y contento que estoy. 
Creo firmemente que la obra que estamos haciendo es de valor incalculable. Por eso estoy tan feliz de hacer incluso la obra de Dios más pequeña. Siempre estoy contento cuando puedo hacer la obra de Dios, porque la obra que estamos haciendo juntos para servir al Evangelio del agua y el Espíritu es de valor incalculable. Estamos más que contentos de hacer la obra de Dios. Confío en que esto sea cierto para ustedes también. ¡Aleluya!