The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 23-1] < Lucas 23, 26-38 > No lloréis por Mí, sino por vosotros mismos y por vuestros hijos

< Lucas 23, 26-38 >
«Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS».
 
 
¿Por quién debemos llorar?
 
¿Qué es lo más terrible en su vida espiritual? ¿Cuál es el enemigo más terrible, más importante en su vida espiritual? Sus pensamientos carnales. Nuestros pensamientos carnales nos molestan constantemente. Nuestros pensamientos carnales siguen surgiendo hasta que nuestra carne sea transformada. Por lo tanto es muy fácil seguir nuestros pensamientos carnales y acabar convirtiéndose en adversarios de Jesús aunque conozcamos y creamos en Jesús. Cuando no pensamos en las cosas espirituales caemos en los pensamientos carnales. Si es así, acabamos dándole la espalda a Jesús porque nuestra fe se marchita y muere. Nos convertimos en Judas Iscariote que traicionó a Jesús al final aunque era uno de los doce discípulos.
La Biblia dice: «Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios» (Romanos 8, 5-8). Debemos saber que los pensamientos carnales todavía existen en nosotros y nos molestan, pero debemos tener una mente espiritual. Lo más importante es tener pensamientos espirituales y una fe espiritual. Nos convertimos en personas rectas cuando tenemos una mente espiritual, es decir cuando pensamos en la obra espiritual primero. Y también creo que podemos vivir una vida espiritual solo cuando seguimos a Dios así.
El domingo de Pascua vuelve cada año en primavera. Normalmente el domingo de Pascua es el primer domingo después de la luna llena que ocurre después del equinoccio de primavera. La fecha del Día de Pascua se calcula así porque está basada en el calendario lunar judío. El domingo de Pascua de este año será el 15 de abril. Hoy es el 1 de abril. Los cristianos han designado la semana que viene, una semana antes del domingo de Pascua, como la Semana Santa o de Pasión, y durante este tiempo ayunan y piensan en la pasión de Jesús y participan en el sufrimiento de Jesús con algún tipo de ascetismo o guardando comida que no se hayan comido durante el ayuno y dándosela a los pobres. Entonces, comparten la comida y comen huevos duros la mañana del domingo de Pascua. Viven con nuevos corazones así. Aunque esta costumbre es el ritual religioso de esta estación, muchas personas piensan en esta fiesta solamente carnalmente y consideran que la Semana Santa es deprimente.
En la Palabra de las Escrituras de hoy, un hombre de Cirene pasó por ahí cuando Jesús llevaba la Cruz a Gólgota y la gente le hizo llevar la Cruz de Jesús y seguirle. Muchas personas en aquel entonces se dieron golpes en el pecho lamentándose mientras seguían a Jesús por la colina. Lloraban porque Jesús estaba siendo llevado al lugar de Su ejecución aunque no se merecía morir. En aquel entonces, nuestro Señor dijo: “Está bien que tengáis compasión de Mí, pero orad por vosotros y por vuestros descendientes y no por Mí”. Dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lucas 23, 28). En aquel entonces, muchas mujeres en Jerusalén estaban siguiendo a Jesús para intentar parar la ejecución, pero el Señor dijo que debían llorar por ellas y por sus hijos, en vez de llorar por Él, como dicen las Escrituras aquí.
¿Cómo pudo Jesús hablar así cuando sabía que iba a morir y que muchas personas simpatizaban con Él y tenían pena? ¿Cómo puedo decir estas cosas cuando se pegaban golpes en el pecho y lloraban de tristeza por pena y amor por la muerte justa de Jesús, es decir la muerte por los pecados del mundo? ¿Cómo pudo Jesús decir: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos»?
 
 
Muchos cristianos se deprimen durante la Semana Santa
 
Especialmente evitan actividades recreativas del mundo, no comen comida buena y no disfrutan de los gozos de la carne y viven ascéticamente pensando que deben recordar el significado de la Semana Santa. Creen que lo correcto es participar en Su pasión de esta manera. Por supuesto, estas cosas son importantes también. No estoy diciendo que esté mal considerar estas cosas importantes. Pero, ¿qué nos dijo nuestro Señor? El Señor dijo: «No lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos». A través de esta Palabra podemos pensar si la actitud adecuada de nuestros corazones es estar tristes durante la Semana de Pasión.
Jesús nos dice ahora: “Pensad en esto. ¿Cuántos pecados habéis cometido hasta ahora? ¿Acaso no vais a ir al infierno por esos pecados? ¿Acaso no vais a ir al infierno por vuestro pensamiento carnal y los pecados que cometáis durante vuestras vidas? ¿Acaso no seréis arrojados al infierno para sufrir mucho dolor? ¿Acaso vosotros y vuestros descendientes vais a sufrir así? Por tanto, ¿no deberíais pensar en el hecho de que vais a ir al infierno y que vuestros descendientes también irán al infierno y lloraréis y os lamentaréis por esto? Entonces, ¿por qué lloráis por Mí? ¿Os doy pena porque me van a ejecutar? Llorad por vosotros y vuestros descendientes en vez de tener pena de Mí. Doy pena. He venido a este mundo a cumplir la voluntad de Dios Padre y a tomar todos los pecados del mundo sobre Mí mismo al ser bautizado por Juan el Bautista. Por tanto, voy a hacer la obra de salvaros cargando con los pecados del mundo, muriendo en la Cruz y resucitando de entre los muertos. Entonces, ¿cómo podéis tener pena de Mí? Tened pena de vosotros mismos. Llorad por vuestros descendientes. ¿No está claro que iréis al infierno después de vivir en este mundo? Entonces, ¿no deberíais daros golpes en el pecho y llorar para recibir la remisión de los pecados? Está mal llorar por Mí en vez de llorar por vosotros. Los que dais pena sois vosotros, no Yo ”. Esta es la Palabra que el Señor nos está dando.
La semana que viene es la Semana de la Pasión. ¿Qué debemos pensar durante esta semana que conmemora el día en que Jesús fue crucificado? ¿Qué creen hacer los cristianos de todo el mundo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? Debemos pensar en cuánto debemos tener pensamientos carnales y hacer cosas carnales y cuánto debemos levantarnos ante la voluntad de Dios en este mundo. En vez de tener pena por la pasión y muerte del Señor, debemos darnos cuenta de que merecemos ir al infierno por nuestros pecados, y debemos estar contentos y agradecidos porque nuestros Señor ha borrado todos nuestros pecados al tomarlos sobre Sí mismo y morir en la Cruz. En vez de llorar por Jesús y tener pena por Él, debemos darnos cuenta de que Jesús murió en la Cruz y perfeccionó nuestra salvación a través de Su muerte porque había sido bautizado para tomar los pecados sobre Sí mismo. Debemos darnos cuenta de esto y convertirnos en los santos que siempre están agradecidos.
Aunque siempre hemos dado gracias ante Dios con fe hasta ahora, debemos dar más gracias en estas fiestas. Debemos confesar: “Eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Has borrado todos mis pecados y te has convertido en nuestro Salvador. Nos has salvado con el agua y el Espíritu. Fuiste bautizado, derramaste Tu sangre en la Cruz y resucitaste de entre los muertos para salvarnos perfectamente. Eres nuestro Rey, el Sumo Sacerdote que ha borrado nuestros pecados y el Profeta que enseña toda la Verdad”. Debemos creer y depender en el Señor y darle gracias por salvarnos y confesar la fe más de mil veces. Esto es lo que tenemos que hacer. En vez de llorar por el Señor, en vez de ayunar pensando en la Pasión del Señor y en vez de practicar el ascetismo apiadándonos del Señor, debemos pensar en que el Señor nos ha salvado de los pecados y en que se ha convertido en el perfecto salvador para los que están desesperados y debemos estar agradecidos con fe. Debemos ser personas así. Esto es lo que el Señor quiere.
Por tanto, no debemos estar tristes porque sea la Semana de la Pasión, sino que debemos dar aún más gracias al Señor al creer en Él. Debemos hacer que nuestra fe sea aún más firme porque el Señor está contento cuando nos convertimos en gente de fe más fuerte.
Si no tenemos cuidado, podemos caer en los pensamientos carnales y deprimirnos porque la Semana de la Pasión se acerca, especialmente porque está lloviendo a mares. Por supuesto, a veces pensamos en otras cosas que no son la obra de Dios. Yo también soy así. Sin embargo, lo que no debemos olvidar nunca es que Jesucristo nos salvó de nuestros pecados. En realidad, ¿cómo de desesperados estamos? Sin embargo, el Señor nos salvó perfectamente. Debemos pensar siempre en esto y volverlo a confirmar en nuestros corazones, pensar en ello y confesar nuestra fe ante la presencia de Dios. No sería suficiente aunque lo confesásemos miles de millones de veces. Hasta que vayamos al Reino del Señor, no será suficiente confesar: “El Señor es Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Debemos confesar nuestra fe todos los días muchas veces, cientos de veces al mes de la siguiente manera: “El Señor ha borrado todos nuestros pecados perfectamente a través del Evangelio del agua y el Espíritu”. Podemos hacer la obra de Dios con la fe verdadera e ir al Reino de Dios cuando lo hacemos.
Cuando trabajo en el ministerio literario, interpreto y predico las Escrituras desde muchas perspectivas diferentes, pero nunca he hablado sin el Evangelio del agua y el Espíritu. Quizás haya hablado solo un poco acerca de él cuando predicaba un sermón. Pero yo inserto constantemente el verdadero Evangelio en los documentos para el ministerio literario. Lo tengo que repetir miles y millones de veces para confirmarlo. Lo inserto constantemente en todos los libros. Cuando la gente lee mi libro de sermones sobre Romanos, quizás piensen: “Debería leer este libro solamente desde la perspectiva del Libro de Romanos”. Sin embargo, yo inserté el Evangelio del agua y el Espíritu allí también. Por tanto, la gente que lee el libro puede pensar en el Evangelio del agua y el Espíritu. Puede sumergirse en el Evangelio. Cuando se convierten en este tipo de personas, pueden pensar correctamente; pueden tener la fe correcta; pueden vivir con fe aún más ante la presencia de Dios; y pueden mirar sus debilidades y dar gracias a Dios aún más. Se convierten en personas cuya fe se hace más fuerte.
 
 
Ustedes y yo no podemos evitar pensar en las cosas carnales
 
Entiendo esto muy bien porque yo también soy así, Nuestros pensamientos carnales nos molestaron ayer y nos siguen molestando hoy. Seguramente nos seguirán molestando en el futuro también. A una persona a la que le gusta pescar le consumen los pensamientos sobre la pesca, y una persona a la que le gustan los videojuegos, solo piensa en jugar, y todos estos pensamientos nos atacan sin descanso. ¿Qué hay de ustedes? ¿Acaso no tienen pensamientos carnales? Nosotros, los seres humanos, estamos pensando en hacer el mal constantemente como arañas que tejen una tela para cazar insectos. Planeamos estas cosas sin saber lo que estamos haciendo.
¿Tienen pensamientos espirituales o carnales? ¿Es fácil darnos golpes en el pecho y apiadarnos de Jesús ante Su presencia como las hijas de Jerusalén. ¿Es así de fácil amar a Jesús? No. Los pensamientos carnales están dentro de su corazón. Su carne hace lo que le conviene aunque no lo sepan. Mienten con su mente carnal, se levantan contra el Señor con su mente carnal, se preocupan por sí mismos solamente con su mente carnal, y hacen que los demás caigan en la trampa de su mente carnal. Cuando dejamos que estos pensamientos carnales se apoderen de nosotros, debemos volver al Señor rápidamente. Debemos pensar en las cosas espirituales. Debemos mirar dentro de nosotros mismos cien veces al día. Debemos saber que cometemos muchos pecados y pensar constantemente en el hecho de que, a través del Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha salvado. Debemos confesar constantemente nuestra fe. Nuestros corazones deben encontrar equilibrio, nuestros cuerpos equilibrio físico y la dirección de nuestra fe debe encontrar equilibrio cuando confesamos constantemente que el Señor nos ha salvado con el Evangelio del agua y el Espíritu.
Aunque hemos recibido la remisión de los pecados, la obra del Señor no se cumple si solamente hacemos la obra del Señor de cualquier manera. Debemos pensar primero en la obra de Dios. Debemos hacer nuestra confesión de fe cien veces e incluso mil veces al día. Solo entonces podremos vivir una vida espiritual con la que nuestro Señor está contento. ¿Qué dijo el Señor? El Señor dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos». Entonces, ¿quién debe recibir compasión? ¿Jesús o nosotros? Somos los seres humanos que deben recibir compasión. Aunque hayamos recibido la salvación por fe, solemos hacer que la gente caiga en trampas y también caemos en la misma trampa nosotros mismos al caer en el pensamiento carnal como una araña que teje una tela. Esto significa que los pensamientos carnales quieren atacar a los santos y la Iglesia.
Como ustedes son así y como yo también soy así, debemos darnos cuenta de que no son personas rectas y dependen solo del Señor. Debemos creer que el Señor eliminó todos nuestros pecados a través de Su bautismo y entender por qué el Señor tuvo que derramar Su sangre en la Cruz y dar gracias por la obra de Su salvación. Debemos darle gracias siempre por fe. En cualquier momento podemos hacer algo incorrecto y todo empieza a ir mal cuando el resultado es negativo. Si vamos en contra del Evangelio, contra los siervos de Dios y el pueblo de Dios, e incluso contra Dios, aunque digamos creer en el Señor, no importará que hayamos creído en Dios en el pasado o no. Estas no importan para nada. Por tanto, siempre debemos examinarnos y llorar por nosotros mismos y confesar nuestra fe ante la presencia de Dios. Esta es la única manera de ser fieles en nuestra vida de fe.
El Señor dijo: «Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos». Esto significa que en los últimos días las cosas serán así. El Señor dijo: «Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron». ¿Qué significa esta Palabra? Dice que la gente que no esté embarazada, la gente que no esté amamantando a sus hijos en el momento de la destrucción del mundo, es decir, la gente que no esté atada a las cosas del mundo y no haga la obra del mundo estará bendecida.
En el futuro, Dios juzgará a la gente que tiene pecados, la gente que se levante contra Él. Entonces, ¿por quién debemos vivir? Debemos mirar al Señor y seguirle solo mientras vivimos en este mundo. El Señor dijo que debemos examinarnos, llorar por nosotros mismos y estar firmes ante la fe. El Señor también dijo: «Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?». El Señor vendrá a este mundo definitivamente y lo juzgará como dice esta Palabra. La gente que tenga su esperanza en el mundo será destruida por ser tan insensata. Son personas muy insensatas. Cada vez que predico un sermón me siento triste porque este mundo va a ser destruido en el futuro. Por tanto, intento predicar sermones más positivos tan a menudo como puedo. Sin embargo, hoy es una excepción porque ya he dicho algo triste.
El Señor dijo que hay muchas personas entre las que se pegan golpes en el pecho y llorar que recibirán el juicio de Dios. Por eso el Señor dijo que deberíamos llorar por nosotros mismos y nuestros descendientes en vez de llorar por Él. Había una mujer notable llamada María Magdalena en aquel entonces. Conoció al Señor, recibió la remisión de los pecados, y vivió la vida espiritual después de darse cuenta de que Jesús era el Salvador. Entonces, un día, dio testimonio de que Jesús había sido llevado a la Cruz. Se dio golpes en el pecho y lloró porque amaba a Jesús espiritualmente, y una amiga de María también se dio golpes en el pecho y lloró con ella. Entonces, cuando María le preguntó por qué lloraba, dijo que estaba triste porque la gente decía: «Jesús no tendría que haber sido ejecutado. Pero los judíos, especialmente los líderes, los ancianos y la gente religiosa incriminó a Jesús falsamente y Jesús va a ser ejecutado por su culpa».
 
 
Su amiga tenía pensamientos erróneos
 
No podía pensar que iba a morir y recibir el juicio de los pecados ante el Señor. El Señor iba a ir a la Cruz porque había tomado todos los pecados del mundo en el río Jordán. Pero entre la gente que llora por Jesús, la gente que tiene pecados en sus corazones recibe el horrible juicio del fuego y el sufrimiento eterno, pero lloran por Jesús sin saber estas cosas. Definitivamente hay juicio para todos los pecadores. La Biblia dice: «De la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9, 27). Este es el principio que Dios acordó, que los humanos mueren una vez después de nacer en este mundo una vez. Después de la muerte viene el juicio. Sin embargo, para la gente que confiesa su fe y sigue al Señor hay una recompensa en vez del juicio terrible.
Leamos la Palabra del Evangelio de Lucas 23, 32-38. Jesús recibió la pena de muerte junto con otros dos hombres que fueron a Gólgota con Él. Los dos otros hombres fueron crucificados junto a Jesús. Entonces Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y los soldados romanos se dividieron Sus vestiduras y se las echaron a suertes. Los gobernantes humillaron a Jesús diciendo: «A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios» y escribieron en griego, latín y hebreo sobre Su cabeza: “ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS”.
Los fariseos también se burlaron de Él diciendo: “Hizo estas cosas, como perdonar y lavar los pecados de la mujer sorprendida en adulterio mientras estaba vivo. Miradlo ahora”. Se burlaban de Él diciendo: “Sálvate si eres el Cristo. Has dicho que eres el Rey de reyes. Sálvate entonces. ¿No deberías poder salvarte si eres el Rey?”. Jesús era el verdadero Rey. Jesús era el Rey de los judíos, el Rey de toda la gente del mundo que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y el Rey de toda la creación. Era el verdadero Rey. El verdadero Salvador. Era el Sumo Sacerdote que borró todos los pecados de los seres humanos. Jesús era el verdadero Rey aunque la gente de aquel entonces se burlaba de Él.
Sin embargo, los que escribieron “Rey de los judíos” cuando crucificaron a Jesús lo hicieron para burlarse de Él, quien era el Rey. Se burlaron diciendo: “Sálvate a ti mismo si eres el Rey. ¿Cómo puedes decir que eres el Rey de los judíos cuando no puedes salvarte a ti mismo?”
Jesús fue crucificado, no porque no fuese el Rey de los judíos, sino porque se entregó en la Cruz como el Rey. Esto significa que Jesús, como Rey, entregó Su vida para salvarnos, como el Salvador que eliminó nuestros pecados y como el Profeta.
Jesús hizo esto porque era el verdadero Rey que amaba a Su pueblo, no porque fuera débil. Vino a este mundo a salvar a Su pueblo. Y el Señor nos dijo que no nos preocupásemos porque sabía que resucitaría de entre los muertos al tercer día. El Señor nos dio Su cuerpo ante la presencia de Dios Padre y fue bautizado y murió en la Cruz para salvarnos, y a todo el mundo que cree en Jesús. Esto significa que el Señor se convirtió en nuestro verdadero Salvador al entregar Su cuerpo.
¿Creen en esto? Jesús es Cristo. Es el verdadero Cristo. La palabra Cristo implica Rey, Sumo Sacerdote y Profeta. ¿Quién es el Rey de reyes? ¿Quién juzgará a toda la gente y al universo? ¿Quién juzgará al Diablo? Jesucristo.
 
 
Jesús habla a los cristianos pecadores y a las personas religiosas que le tienen pena
 
Jesús quiere que lloren por sí mismos, no por Él. La gente que no ha recibido la remisión de los pecados y no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor les ha dado, y la gente que no cree en Jesús y no desecha sus pensamientos carnales debe llorar por sí misma. Tienen que hacerlo porque de lo contrario serán arrojados al infierno eterno si no siguen al Señor con fe, si no vuelven a los pensamientos espirituales hasta el día en que regrese el Señor y no confiesan la fe en el Señor. Por tanto, deben darse golpes en el pecho y llorar por sí mismos y sus descendientes ahora.
Jesús es el verdadero Profeta. Nos lo enseñó todo. Jesús nos enseñó cómo llegamos a ser pecadores y cómo recibimos la remisión de los pecados. El Señor dijo: “Soy el camino, la verdad y la vida. Los que crean en Mí nunca serán destruidos y recibirán la vida eterna. Nadie viene al Padre si no Yo”. El Señor nos lo enseñó todo con Su Palabra. Por tanto, debemos creer de todo corazón y seguir al Señor con acción de gracias.
Acabaríamos muriendo si solo siguiésemos nuestros pensamientos carnales diciendo: “Es suficiente haber recibido la salvación”. Debemos darnos cuenta de que cualquier humano puede ser así y vivir siempre por fe. Debemos confesar nuestra fe todos los días y en todo momento siguiendo al Señor. Todos debemos hacerlo. No quiero que se conviertan en personas que mueren después de vivir una vida de fe incorrecta para ser juzgadas. Sinceramente, no quiero que acaben muriendo al seguir sus pensamientos carnales, ni que se levanten contra el Señor de esta manera. En realidad ¿acaso no hay muchas personas que avanzan hacia la destrucción mientras viven una vida espiritual de esta manera? Sinceramente, son iguales que nosotros, pero son así porque cayeron en manos de sus pensamientos carnales.
Si Jesús se convierte en nuestro Señor una vez, entonces lo es para siempre. Nunca deben pensar: “Te has convertido en mi Señor una vez, así que me voy a olvidar de ti durante un tiempo. Nos vemos en el rapto”. Se convertirán en enemigos del Señor si se apartan de Él después de haberle seguido durante algún tiempo. Si siguen sus pensamientos carnales, no se unen a la Iglesia de Dios y no se unen a los obreros de Dios, solo le esperará la muerte. Solo habrá destrucción. Como Judas, habría sido mejor que no hubieran nacido.
Satanás, el Diablo, está plantando muchas cosas en nuestros corazones ahora. Lo saben, ¿verdad? Pero eso no importa. Piensen en sí mismos. Cuando caen en los pensamientos carnales se dan cuenta de cuántas cosas malvadas están haciendo y cuánto mal están planeando, y se deben arrepentir. Den gracias al Señor quien ha salvado a personas como ustedes y síganle inmediatamente. Solo necesitan el deseo de seguir al Señor inmediatamente. Solo deben tener el deseo de seguir al Señor con fe continuamente y seguir teniendo pensamientos espirituales aunque sean débiles. Debemos convertirnos en este tipo de personas. Es arrogante pensar: “He hecho suficiente en mi vida espiritual. Sé qué hacer aunque no me lo digas constantemente. Puedo hacerlo igual que tú”. Esta arrogancia lleva a la destrucción y a la muerte.
Debemos conocer al Señor después de vivir con fe y confesar nuestra fe constantemente. Debemos ayudar a salvar las almas de la gente. ¿Han visto alguna vez un árbol viejo? La parte exterior del árbol está viva aunque por dentro está podrido. De ahí salen nuevos brotes y hojas. Cuando nos acercamos a un pino, vemos que de las semillas que caen del pino nacen otros pinos pequeños. Hace mucho tiempo compré un árbol ginkgo y lo planté, en tres o cuatro años dio frutos y muchos otros árboles empezaron a nacer. Cuando plantamos un solo árbol, muchos otros árboles nacen de él si cuidamos la zona alrededor del árbol. Podemos sacar veinte árboles de un solo árbol.
Entonces, ¿cuántos árboles espirituales podemos obtener de cada uno de nosotros? ¿A cuántas personas podemos salvar? ¿Podremos salvar a unas cien personas? ¿Podremos salvar a diez mil? Cada uno de nosotros puede salvar a cientos de millones de personas. Estoy diciendo que cada uno puede salvar a tantas personas si sigue al Señor hasta el final con fe.
¿Están pensando quién va a recibir la salvación a través de nosotros si somos insuficientes? No es cierto. El Señor obra a través de ustedes para salvar a muchas personas cuando le siguen con fe. Esta es la maravillosa obra del Señor. El Señor es quien lo hace, no nosotros. Le doy gracias a nuestro Dios por utilizarnos para algo tan valioso.