The New Life Mission

Sermones

Tema 22: Evangelio de Lucas

[Capítulo 24-1] < Lucas 24, 13-53 > El Señor resucitado nos ha dado la esperanza de la resurrección

< Lucas 24, 13-53 >
«Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaus, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan. Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén».
 
 
¿Qué dijeron los discípulos de Jesús?
 
¿Cómo están todos? Lucas, el discípulo de Jesús, que escribió el pasaje de las Escrituras de hoy, era muy apacible. Pero Marcos, que escribió el Evangelio de Marcos tenía una fe muy fuerte y era muy ingenuo. Y Mateo, que era un recolector de impuesto era muy lógico en sus argumentos, así que escribió la maravillosa Palabra de Dios en el Evangelio de Mateo después de convertirse en discípulo de Jesús. Mateo escribió acerca de los eventos que ocurrieron en la vida de Jesús desde la perspectiva de un familiar de Jesús. Sin embargo, entre los discípulos, el que estaba más cerca del Señor espiritualmente y tenía un carácter más prudente era probablemente el Apóstol Juan. Juan, que estaba más cerca del Señor espiritualmente y tenía la fe más recta describió a Jesucristo como Dios; habló de la obra de Jesucristo durante 33 años de Su vida desde la perspectiva más alta.
Como he mencionado anteriormente, Lucas, el autor del Evangelio de Lucas, era un discípulo de Jesús y era bastante tranquilo en su carácter. Por tanto, habló mucho de las debilidades de los humanos en el Evangelio de Lucas porque las conocía muy bien. Los cuatro Evangelios hablan de la resurrección de Jesús, y el Evangelio de Lucas habla de la resurrección de Jesús centrándose en la perspectiva de los dos discípulos que se lo encontraron de camino a Emaus.
Después de que Jesús muriese en la Cruz, el cadáver de Jesús fue enterrado en una tumba de piedra preparada para José de Arimatea. No fue enterrado bajo tierra como en nuestro país, sino que Su cuerpo se metió en una tumba en una cueva. En Israel, cuando una persona moría, metían el cadáver en una cueva y la cerraban, y la gente rica compraba una tumba de piedra y metía en cuerpo en la tumba y cerraban la entrada. Esa era la costumbre en Israel en aquel entonce. En nuestro país, Corea, la gente está familiarizada con la tierra, el suelo. Por tanto, la gente de nuestro país entierra los cuerpos bajo tierra y deja que se descompongan y vuelvan a la tierra. Sin embargo, en Israel, ponen los cadáveres en cuevas y el cadáver se descompone y vuelve a la naturaleza. Esta costumbre funeraria conservaba el cadáver durante más tiempo. Simplemente ponían el cadáver sobre el suelo, y los huesos se preservaban aunque la carne se descomponía. Sin embargo, en las costumbres funerarias orientales, incluso los huesos se descomponen con el tiempo.
Y la imagen de la cueva es muy diferente también. En los países occidentales, se suelen hacer las tumbas de cemento o piedra, pero en los países orientales, normalmente enterramos los cadáveres bajo tierra y ponemos hierba encima. La ideología de Confucio de esos países ha creado esta tradición y ha causado muchas pérdidas de espacio. Incluso en nuestro país, Corea, la superficie de los cementerios públicos es extensa y han causado un obstáculo enorme en el uso de la tierra.
De todas formas, nuestro Jesús fue resucitado después de ser enterrado en una cueva al tercer día de haber muerto en la Cruz diciendo: “Está terminado”. Las dos primeras personas en ver la resurrección del Señor fueron María Magdalena y otra mujer llamada María. En aquel entonces, estas dos mujeres fueron a la cueva de piedra con algunas mujeres creyentes. Fueron a ponerle especias al cadáver para que no se descompusiera demasiado rápido y para que el olor no fuera muy fuerte. Fueron a la tumba por la mañana temprano, al amanecer cuando el sol empezaba a salir y vieron que la piedra grande que cerraba la cueva había sido retirada de la entrada. Cuando miraron dentro, el cadáver de Jesús había desaparecido y solo estaban las vestiduras en las que se había sido enterrado, Mientras estaban aterrorizadas porque el cuerpo de Jesús había desaparecido y contemplaban qué hacer, se aparecieron dos ángeles y les preguntaron: “¿Por qué están buscando a Jesús que no está ahí?”. El ángel dijo: “El Señor ha resucitado como dijo que lo haría y está en el lugar donde dijo que iría”.
Entonces María Magdalena y la otra María estaban sorprendidas. Estaban tan contentas y llenas de gozo, pero a la vez temerosas, que fueron corriendo a los discípulos de Jesús como si se hubiesen vuelto locas. Entonces les dijeron a los discípulos todo lo que habían visto. Juan y Pedro, que eran muy impetuosos, fueron corriendo a la tumba inmediatamente. Y vieron que el cadáver había desaparecido de verdad y solo estaba la mortaja doblada. Jesús resucitó al tercer día después de morir en la Cruz. Al cuarto día después de la muerte de Jesús, un día después de la resurrección, empezó el rumor de que Jesús había resucitado y la gente empezó a hablar de ese rumor por todas partes.
En esta situación, dos discípulos de Jesús iban de camino a Emaus con miedo y tristeza. Mientras que Jerusalén estaba situado en una ladera, Emaus estaba a las afueras de la ciudad situado a 10 km bajando desde Jerusalén. Los dos iban bajando por esa carretera muy tristes. Estaban pensando en todas las cosas que habían pasado y hablando el uno con el otro. Entonces, Jesús se les apareció a los discípulos que iban caminando recordando el pasado.
Por supuesto, los discípulos no reconocieron a Jesús durante varios momentos. Jesús se les apareció como un caminante más. Jesús le preguntó a los discípulos: “¿Qué ocurrió en Jerusalén? ¿De qué habláis?”. Entonces los dos discípulos pararon un momento y le dijeron: “¡Vaya! Vives en Jerusalén y no sabes qué ha pasado estos últimos días? Ha ocurrido una cosa extraordinaria. Los sacerdote y los oficiales del gobierno entregaron a Jesús a los romanos para que lo ejecutasen y Jesús recibió la pena capital. Entonces, fue clavado a la Cruz, derramó Su sangre y murió. Llevamos a Jesús a una tumba pero el cuerpo desapareció. Algunos discípulos dicen que se han encontrado con el Jesús resucitado personalmente y yo estoy confuso. ¿Cómo es que no sabes lo que ha pasado en estos últimos días?”
 
 
Jesús les habló a los dos discípulos que iban de camino a Emaus
 
El Señor les explicó las cosas que estaban escritas sobre Jesucristo en el Libro de Salmos y los libros de Moisés y los Profetas en el Antiguo Testamento. Mientras caminaba con ellos, se hizo de noche. Jesús quiso seguir Su camino, pero ellos le pararon diciendo: “Quédate con nosotros que la tarde está cayendo y el día ya se está acabando”. Y entonces el Señor se quedó con ellos y comió con ellos. Mientras comía con ellos, Jesús tomó el pan, lo bendijo y lo partió y se lo dio. Entonces los discípulos vieron que era Jesús. Por fin le reconocieron.
La pregunta es: ¿Por qué los dos discípulos no pudieron reconocer a Jesús aunque estaba delante de sus ojos? Los judíos solían cubrirse la cabeza. Por tanto los dos discípulos no le reconocieron al principio, pero se dieron cuenta de que era Jesús cuando se sentaron para cenar y les pasó el pan. En cuanto los discípulos reconocieron a Jesús, salió de ese lugar como el viento. Esa experiencia les dejó los pelos de punta. Cuando los discípulos se encontraron con el Jesús resucitado de camino a Emaus al principio estaban confusos. Sin embargo, sus corazones ardieron de pasión cuando el Señor interpretó la Palabra de Salmos y el Pentateuco en el Antiguo Testamento y se los explicó. Y finalmente le reconocieron, especialmente cuando tomó el pan, lo bendijo y lo partió para pasárselo. Aunque estaban confusos porque Jesús había desaparecido así, estaban seguros de que habían encontrado a Jesús. Después de pasar la noche de esa manera, fueron a Jerusalén a contárselo a los demás discípulos.
En aquel entonces, cuando los discípulos de Jesús escucharon esto se reunieron y empezaron a hablar entre ellos, Jesús se apareció en medio de ellos. Leamos el pasaje de las Escrituras de de hoy desde los versículos 36 al 45: «Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras».
Los dos discípulos que iban de camino a Emaus se encontraron con Jesús por el camino y le reconocieron cuando les pasó el pan, pero entonces Jesús desapareció. Después, se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?». Y bajaron a Jerusalén a contarles a los otros discípulos lo que Jesús les había dicho. Y algunos de los discípulos también se habían encontrado con Jesús como los dos otros discípulos. Algunos dudaron de la resurrección de Jesús y otros estaban seguros, y por esto debatieron las posibilidades fervientemente.
Entonces, en ese momento, Jesús se les apareció y dijo: “La paz sea con vosotros”. Hoy en día los falsos maestros dicen: “El Espíritu Santo entra por la puerta Este. El Espíritu Santo viene por la puerta Oeste”. Sin embargo, aquí Jesús se apareció en medio. Esto significa que Jesús se apareció en medio de donde estaban los once discípulos que estaban turbados por las noticias de la resurrección de Jesús. Es decir, imaginen que estaban en una sala como esta, y de repente se les apareció Jesús. Los discípulos se quedaron atónitos cuando vieron a Jesús en medio de ellos. En aquel entonces, Jesús les dijo: «¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo». Los discípulos de Jesús estaban contentos de verle de nuevo, pero no podían creer Su resurrección porque pensaban que era increíble. Entonces, Jesús les preguntó: “¿Tenéis comida aquí?”. Los discípulos tomaron un trozo de pescado asado y se lo dieron a Jesús. Jesús lo tomó y se lo comió.
Entonces, antes de que Jesús se apareciera en medio de ellos, los discípulos probablemente estaban diciendo: “Hay algunas personas que dicen que han visto al Jesús resucitado. Incluso estos dos discípulos dicen que han hablado con Jesús de camino a Emaus. No le reconocieron al principio, pero en cuanto lo hicieron, desapareció. ¿Qué está pasando aquí? ¿Es tan confuso? ¿Le habéis visto también? Otros discípulos dicen que también le vieron. Qué raro”. Mientras murmuraban entre ellos, Jesús se les apareció en el centro de aquel lugar sin tan siquiera abrir la puerta. A Sus discípulos, que estaban tan atónitos, Jesús les mostró Sus manos y pies y dijo: «Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved».
Cuando leemos el otro libro del Evangelio, nos dice que Tomás, uno de los doce discípulos de Jesús, no podía creer la palabra de los demás. Sin embargo, Jesús, quien se apareció delante de ellos, le dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente» (Juan 20, 27). Como el Señor dijo, Tomás verificó la resurrección de Jesús al poner sus manos en la carne de Jesús donde tenía las marcas de los clavos. Así es como Tomás se convirtió en un hombre de fe. Esto no aparece en el Evangelio de Lucas, pero sí que dice que Jesús comió. Dijo: “¿Tenéis comida? Mi carne y Mi Espíritu han resucitado”. Cuando los discípulos le dieron un trozo de pescado asado, Jesús se lo comió inmediatamente. Y les dio la Palabra a los discípulos, los bendijo y ascendió al Cielo. Dice: «Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo». Esto significa que la Palabra se cumplió.
Cuando leemos la Palabra de Dios hoy, podemos pensar: “Jesús resucitó. Estoy muy agradecido”. Por supuesto, también le doy gracias al Señor. Espero que ustedes sean así en el futuro. Aquí, la esperanza significa desearlo. Entonces, ¿qué debemos desear? El evento de la resurrección de Jesús de entre los muertos es una bendición mayor que la bendición de la remisión de los pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu y la de convertirnos en hijos de Dios. Por eso la resurrección es la bendición mayor. Jesús resucitó y nosotros también resucitaremos. Volveremos a vivir y esto es una gran bendición para nosotros.
Mientras vivimos en este mundo, a veces dejamos una mancha que no se puede borrar. ¿Qué dice la gente? Dice: “Me gustaría vivir bien sin manchas si se me da otra oportunidad”. La gente dice estas cosas a menudo. Pero estas manchas no nos atan a los nacidos de nuevo. Jesús ha borrado todos nuestros pecados y manchas perfectamente. Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos recibido la remisión de los pecados, nos hemos convertido en hijos de Dios, e iremos a vivir al Reino de Dios en el futuro. Creemos en esto definitivamente.
Pero Jesús resucitó del valle sin retorno llamado muerte, del que nadie vuelve aunque quería. Debemos centrarnos en la resurrección de Jesús y pensar en ella. Y debemos desearla con nuestros corazones. Debemos desear vivir con Jesús, resucitar con Jesús, recibir una vida nueva y empezar una vida nueva. Este es el significado de la resurrección de Jesús. Y cuando damos la bienvenida al Domingo de Pascua, debemos centrarnos en estas cosas y pensar en ellas.
 
 
Somos los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu
 
Es bueno que hayamos recibido la remisión de los pecados. Debemos convertirnos en hijos de Dios e ir al Reino de Dios en el futuro. Sin embargo, debemos hacer la obra de Dios mientras vivimos en este mundo. La obra de Dios es justa y recta, pero es así de difícil y dura. Sin embargo, no tenemos esperanza. Como nuestras almas han recibido la salvación, nuestra carne también desea morir una vez más y volver a la vida y estirar las alas de nuestros sueños para vivir una nueva vida. Jesús resucitó de entre los muertos y empezó una nueva vida. Jesús entró en el reino eterno y ahora vive gloriosamente como el Rey, disfrutando de riquezas y esplendor.
Por tanto, ¿qué dijo el Señor cuando estaba muriendo en la Cruz? Un ladrón que había a Su lado le dijo: “Señor, recuérdame cuando entres en Tu Reino”, y Jesús le dijo: “De seguro te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Como saben bien, la palabra utopía es uno de los sinónimos de paraíso. La palabra utopía viene del griego ou (no) y topos (lugar). Así que significa literalmente, un lugar como ningún otro en el mundo, o un lugar imaginario considerado perfecto o ideal. Entonces, ¿qué significa la Palabra del Señor que dice “en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”? Nos dice que, cuando el Señor murió después de 33 años de vida y ahora vive una vida nueva en el mundo eterno, los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu también tenemos vida nueva que disfrutar. Si queremos disfrutar de esa vida nueva, debemos creer y dar gracias por que Jesús ha resucitado.
¿De verdad resucitó Jesús de entre los muertos? Jesús resucitó de entre los muertos para que nuestros cuerpos que son mortales se vistieran de inmortalidad y vivieran eternamente con una vida nueva (1 Corintios 15, 53). Ya les he dicho antes que la esperanza significa desear algo. Entonces, ¿qué deseamos nosotros? Los seres humanos morimos una vez después de haber nacido de nuevo en este mundo. Si nuestros cuerpos son resucitados como el Señor después de morir, ¿qué deseamos ante la presencia del Señor en ese momento? ¿Qué desearemos si nuestros cuerpos imperfectos han muerto y recibido una vida nueva después de haber resucitado? Desearemos vivir así con el Señor. El Señor dijo que nos haría participar en Su resurrección. Por tanto, nuestros cuerpos resucitarán después de morir una vez, y lo que desearemos será tener un cuerpo nuevo, distinto al cuerpo imperfecto que tenemos ahora, e ir donde queramos como Jesús, reinar sobre los ángeles, disfrutar de todo y no convertirnos en esclavos del mal. Eso es lo que deseo.
Mi corazón se llena de alegría en este Domingo de Pascua porque he recibido la salvación de mi alma, he recibido la remisión de los pecados en mi corazón y el Señor lo ha garantizado todo, y porque la felicidad de mi futuro ha sido garantizada ante la presencia del Señor. Por tanto, quiero que mi carne reciba la nueva vida y debemos vivir como el Señor. Quiero vivir de nuevo con un cuerpo perfecto, no el cuerpo imperfecto que tenemos ahora. Por tanto, el Domingo de Pascua tiene un significado profundo para nosotros.
 
 
¿Creen que Jesús resucitó de entre los muertos?
 
Entonces, ¿por qué piensan que Jesús resucitó de entre los muertos? El señor resucitó de entre los muertos para darnos una vida nueva. Jesús, quien recibió el bautismo, murió en la cruz para borrar todos nuestros pecados y resucitar de entre los muertos. El Señor resucitó para convertirse en el Señor perfecto por nosotros, para borrar todos nuestros pecados, para resucitar nuestros cuerpos, y hacernos vivir una vida nueva. Jesús es el Señor de la resurrección. Es el Señor de la vida. El Apóstol Pablo dijo: «Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe»   (1 Corintios 15, 13-14). Está diciendo que nuestra fe no significaría nada si el Señor no hubiese resucitado de entre los muertos. Si simplemente hubiésemos recibido la salvación espiritualmente, solo en espíritu, solo en nuestros pensamientos, pero nuestros cuerpos no pudiesen volver a la vida y vivir una vida nueva, y si no quisiésemos la resurrección de nuestros cuerpos, los cristianos no tendríamos esperanza. Sin embargo, como resucitó de entre los muertos, el Señor nos resucitará a los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y hará que nuestra carne vuelva a la vida. Nos hace vivir una vida bendita. Esta vida nos espera a nosotros. Si no tuviésemos esta esperanza, seríamos simplemente soñadores. Si es así, entonces todas las cosas que hemos creído serán imaginaciones nuestras y juegos de niños.
El alma de Jesús, que nos ha salvado de los pecados, no tenía pecados. El Señor se convirtió en el Cordero sin faltas y tomó todos nuestros pecados sobre Sí mismo en nuestro lugar. Entonces, recibió el juicio de todos los pecados al hacer que Su cuerpo fuese crucificado, morir en la Cruz y resucitar de entre los muertos. El cuerpo físico es absolutamente necesario para los seres humanos. ¿Por qué? Porque no podemos vivir sin él. Vivir sin cuerpo no tiene significado. Sin embargo, el Señor salvó nuestro cuerpo físico. Como dice la Palabra: “Muerte, ¿dónde está tu aguijón?”. Su resurrección hizo que la muerte física desapareciese. El Señor hizo que la muerte desapareciese. El Señor dijo: “Soy el camino, la verdad y la vida” y “Yo soy la resurrección”. Esta Palabra significa que el Señor es el Señor de la vida que ha resucitado a los muertos.
Por tanto, al dar la bienvenida al Domingo de Pascua, nuestro cuerpo debe desear ser resucitado, y debemos saber y creer que será así. Debemos creer de corazón y esperar vivir una nueva vida así, pensando: “Nuestros cuerpos volverán a la vida. Podemos estar una vida nueva después de resucitar”. Debemos desearlo. No estamos viviendo una vida verdadera de cristianos si no podemos esperar la resurrección en cuerpo y espíritu. Esta fe no es una fe verdadera. Vivir en este mundo es un proceso para conseguir la vida eterna. No necesitan preocuparse por que la vida en este mundo sea miserable. Cuando nuestros cuerpos físicos vuelvan a la vida, no viviremos una vida miserable en este mundo. Viviremos una vida que solo Dios puede disfrutar en el mundo eterno y glorioso. Debemos desear esta vida en nuestros corazones. El Señor nos dio la resurrección. Dios prometió que nos devolvería nuestro cuerpo físico. El Señor cumplió esa promesa primero y dijo que nos resucitaría a Su debido tiempo. Somos personas que serán resucitadas por el Señor y a las que les espera una nueva vida con un nuevo cuerpo. Entonces, ¿qué nos pasaría a los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu si no deseamos esa vida? ¿Qué nos pasaría si no deseásemos esa vida ante la presencia del Señor? Por supuesto que viviremos esa vida gloriosa aunque no queramos. Sin embargo, debemos saber que existe esta vida maravillosa y debemos desearla mientras vivimos nuestra vida espiritual. Estoy diciendo que debemos vivir sabiendo que este tipo de vida existe.
¿Qué pasaría si no creyésemos que nuestros cuerpos físicos iban a ser resucitados para vivir con gloria? Debemos esperarlo porque todavía no se ha cumplido, pero ¿qué pasaría si no tuviésemos esperanza? Que nos arrodillaríamos ante la muerte cuando viniesen las dificultades y nos acechase la muerte. Sin embargo, nunca nos arrodillaremos ante la muerte si creemos que el Señor nos ha dado la resurrección. Nos enfrentaremos con seguridad ante la muerte porque sabemos que viviremos de nuevo. Por eso nuestra fe en la resurrección es tan importante. El Domingo de Pascua es un día precioso para confirmar nuestros corazones que desean y creen en la resurrección de nuestros cuerpos al creer en la resurrección del Señor. No significa simplemente: “Vamos a hacer una obra nueva. Vamos a ganar más fuerzas”.
Lo deseo sinceramente. Deseo sinceramente recibir una nueva vida, que la nueva vida sea eterna y vivir bien en esa nueva vida. Lo creo porque el Señor existe con gloria eternamente incluso después de resucitar de entre los muertos. Lo sé porque resucitó de entre los muertos y ascendió a los Cielos para darnos una vida, y porque dijo que volvería de nuevo. Quiero que lo entiendan. Quiero que crean. Todos debemos desearlo.
Todos los cristianos deben tener esta esperanza en sus corazones. Primero, significa que debemos querer la resurrección de la muerte. Debemos desearla. Debemos vivir con esa esperanza. Las Escrituras dicen: “Y ahora hay fe, esperanza, amor, y de estos tres el amor es el más grande”. Dios nos amó tanto que eliminó nuestros pecados, nos salvó y resucitó de entre los muertos por nosotros. Dios nos dio una nueva vida y nos resucitó. Dios resucitó nuestras almas y resucitará nuestros cuerpos físicos. Por tanto, debemos desearlo. Debemos vivir con este deseo de ahora en adelante. El mayor de todos es el amor, ¿pero qué viene al final? La esperanza. ¿Qué tipo de vida debemos desear? Esa es la cuestión. ¿Qué tipo de vida deseamos? ¿Para qué vivimos y qué tipo de fe deseamos? Entonces, ¿qué debemos esperar? Significa que debemos querer resucitar de entre los muertos como el Señor y disfrutar de las riquezas y el esplendor con el Señor eternamente. Esto significa que debemos querer una vida perfecta que no tenga defecto alguno aunque la vida en este mundo sea imperfecta. Debemos desear, creer y esperar esto. Esta es la verdadera vida espiritual de los cristianos. ¿Creen en esto?
Debemos tener esperanza. Debemos vivir con este deseo. El Apóstol Pablo dijo: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse» (Romanos 8, 18). Probablemente no podríamos vivir en este mundo si no tuviésemos esperanza. Si la gente simplemente recibiese la remisión de los pecados a través del Evangelio que les predicamos y sus cuerpos muriesen después de una vida miserable, y si sus cuerpos no resucitasen para vivir felices eternamente, dejaríamos de predicar el Evangelio. Hacer que los pecados de la gente sean eliminados para que no vayan al infierno es algo muy importante, y sería suficiente con ir al Cielos, pero si no hubiese nada más que esperar, nuestro Evangelio y nuestra fe simplemente mantendrían nuestro estado actual.
Sin embargo, ¿cuál es la realidad? Nos espera una vida nueva a todos los que hemos recibido la remisión de los pecados. Morimos, pero una vida nueva empieza después de la resurrección.
Éramos débiles, insensatos y malvados hasta ahora. Sin embargo, la nueva vida que recibiremos en el futuro es positiva, definitiva y perfecta comparada con la vida negativa de este mundo. La nueva vida que tendremos en el futuro será espléndida y bendita eternamente y será perfecta, sin deteriorarse. Viviremos con poder perfecto. Es la vida que podemos vivir tengamos lo que tengamos en nuestros corazones si no es nada malo. Esta es la vida de la resurrección. Seremos como el Señor cuando resucitemos. El Señor nos ha dado esa resurrección.
No debemos tener miedo antes de morir o sentirnos desgraciados en el futuro porque tenemos una vida espléndida garantizada para nosotros después de la muerte. No acabaremos nuestras primeras vidas mal porque empezaremos una nueva vida nueva después de ser resucitados de entre los muertos. Creo en esto. ¿Creen ustedes también? La resurrección es una cosa maravillosa porque es el comienzo de una nueva vida.
Ahora estamos trabajando duro para salvar a las almas de las otras personas. Nuestros cuerpos se hacen cada vez más débiles por todo el trabajo que tenemos que hacer. Sin embargo, tenemos mucho trabajo que hacer. Nos espera una vida nueva. La vida nueva nos espera solo a los que hemos nacido de nuevo. Esta es la resurrección. Si solo vamos al Cielo después de recibir la remisión de los pecados y vivir así, si no tenemos una vida nueva después de la muerte, si nuestros cuerpos no vuelven a vivir, el Señor no tendría que haber resucitado de entre los muertos. Sin embargo, el Señor resucitó. Ha resucitado. El Señor resucitó de entre los muertos para devolvernos a la vida, para demostrar que es el Señor de la resurrección y el Señor de la vida, y para mostrar la gracia abundante.
Antes de nacer de nuevo, es decir, antes de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no creía en la resurrección. Sin embargo, ahora creo en ella. Creo que hay una vida nueva para nosotros. ¿Creen también ustedes? Aunque no sé cómo hemos vivido hasta ahora ni cómo viviremos en el futuro, lo que tengo claro es que nos espera una vida nueva. Podemos empezar una vida nueva a través del Señor. Tengo esta fe y sé que ustedes también la tienen.
La resurrección del Señor es la prueba que nos dice que todos podemos empezar una vida nueva después de la muerte. En aquel entonces, este cuerpo físico resucitará y será transformado en un cuerpo santo. ¿Lo entienden? Quiero decir que no nos dejará solo con alma. Por tanto, la resurrección es una cosa maravillosa. Estoy muy agradecido al Señor por darnos este don precioso.
Podemos vivir con esta esperanza de ahora en adelante. Mientras hacemos la obra de predicar el Evangelio, la obra que ayuda a otras personas, la obra que el Señor nos ha confiado, el hecho de que empezaremos una nueva vida nos da ánimos mientras servimos al Señor y hacemos Su obra.
Estoy diciendo que podemos estar felices con esta esperanza. Deben guardar la Palabra de hoy en sus corazones, meditar acerca de ella y creer en ella sinceramente. Quiero que se encuentren con nuestro Señor después de haber vivido deseando la resurrección al creer en la resurrección del Señor y la nuestra. ¿Creen en esto? Sí. Yo también creo. ¡Aleluya! Jesús se ha levantado.