Sermones

Tema 27: Cartas de Dios para nosotros en la era del Coronavirus

[27-11] ¿En qué Evangelio debemos creer para alcanzar madurez espiritual? (Éxodo 32:25-29)

(Éxodo 32:25-29)
“Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví. Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano”.
 

¡Saludos cordiales a todos mis compañeros de trabajo! Espero y confío que este sermón te encuentre bien en el Señor. Sé que todos nuestros colaboradores están sirviendo al Evangelio que lava los pecados con su labor diligente, poniendo su fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado. Todos sus compañeros de trabajo aquí en Corea, incluyéndome a mí y a sus compañeros santos, estamos muy bien gracias a la gracia del Señor. Aunque estamos enfrentando muchas dificultades por el COVID-19 al igual que usted, todavía nos va bien y continuamos trabajando incansablemente para difundir el Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios. Es mi más sincera esperanza y oración que todos ustedes que ahora están sirviendo el Evangelio del Señor en todo el mundo también se mantengan a salvo de COVID-19 y florezcan en la paz que el Señor les ha dado. 
 


Cuidado con los que arruinan el viñedo


Estoy feliz y regocijado de que hoy, en nuestra iglesia establecida por Dios, tenemos personas como la tribu de Leví. Incluso hoy en día, todavía es posible que la iglesia de Dios luche con el mismo problema de idolatría que sucedió en los días del Antiguo Testamento. También en esta era, los obreros de Dios que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu se han levantado para rechazar y oponerse a las falsas enseñanzas, y me alegró mucho ver tanta devoción a Dios. Son dignos de la aprobación de Dios, y también merecen su gracia como pueblo de fe. Dios hará que tales personas continúen viviendo como sus trabajadores, y los bendecirá para que se encuentren con el Señor por fe cuando regrese a esta tierra. Muchos más obreros de Dios seguirán surgiendo en Su iglesia para silenciar las falsas enseñanzas como lo hizo la tribu de Leví en la era del Antiguo Testamento.
Hay algunas personas que, mientras creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, están equivocadas en sus pensamientos y como resultado se oponen a la iglesia de Dios. Es nuestro deber enseñarles dónde se han equivocado. Por ejemplo, algunas personas afirman falazmente que Juan el Bautista escrito en el Nuevo Testamento nació en este mundo sin ningún pecado, exaltándolo demasiado alto. Esto socava nuestro esfuerzo por difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Tales creencias están ejerciendo influencias espiritualmente perversas sobre los débiles. Su propósito para difundir una enseñanza tan malvada es construir su propia reunión que se desvía completamente de la iglesia de Dios y la fe verdadera.
Todos nosotros hemos sido lavados de nuestros pecados con el agua viva del Evangelio del agua y el Espíritu que fluye dentro de la iglesia de Dios. Creo que, si las personas sirven fielmente al Evangelio, nuestro Dios los levantará como sus siervos. Necesitamos pensar por qué algunos de nosotros estamos tratando de elevarnos a nosotros mismos. Deberíamos pensar en qué es lo que Dios encuentra agradable en nosotros. Todos debemos aprender a ser humildes y rebajarnos ante Dios. 
Pedro dijo en la Biblia: “Así mismo, jóvenes, sométanse a sus mayores. … Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5:5-6). Desde nuestro mismo nacimiento, nacimos en este mundo como pecadores. Debido a nuestros pecados, no tuvimos más remedio que ser arrojados al infierno de fuego, pero pudimos ser salvos de nuestros pecados por fe cuando encontramos y creímos en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu dada por Dios que constituye la justicia del Señor. Si en verdad hemos sido salvados de nuestros pecados, entonces no hay nadie en este mundo que haya recibido mayores bendiciones que estas. Si hemos encontrado, habiendo nacido en esta tierra, el Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios y llegamos a darnos cuenta y creer en el lavado de nuestros pecados, entonces esto significa que hemos sido salvados de todos nuestros pecados y convertidos en el propio pueblo de Dios, porque ahora hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Dios. Aquí hay una pregunta que todos debemos considerar: ¿hay alguien en este mundo que haya recibido mayores bendiciones de Dios que nosotros?
No quiero que ninguno de ustedes se desvíe de la palabra escrita de Dios. Es mi punto de vista y creencia que usted está momentáneamente perdido en sus propios pensamientos confusos y perversos de la carne. Entonces, si usted es de los que creen erróneamente que Juan el Bautista nació en este mundo sin ningún pecado, le exhorto a que deseche tales creencias, y de ahora en adelante una su corazón y su fe con los obreros de Dios que llevan a cabo su obra en su iglesia. Quiero que todos ustedes también disfruten de las muchas bendiciones que Dios.
En el Nuevo Testamento, Juan el Bautista nació en esta tierra como hijo del sumo sacerdote Zacarías. Ya que él nació de sus padres, y sus padres nacieron como pecadores, es claro que Juan el Bautista también nació en este mundo en un estado pecaminoso al igual que sus padres. Así como la Biblia dice en Romanos 3:10, “No hay justo, ni aun uno”, aparte de Jesucristo, no hay absolutamente nadie en este mundo que haya nacido en este mundo sin ningún pecado. Por la gran providencia de Dios, todos los seres humanos son concebidos en estado pecaminoso por sus padres y nacen en este mundo como pecadores. Por lo tanto, nosotros también nacimos como pecadores a los ojos de Dios desde nuestro mismo nacimiento.
Cuando nos dirigimos al Nuevo Testamento, vemos claramente que la madre de Jesús en la carne, María, se había revestido del amor de Dios. María fue utilizada como instrumento de Dios, pero al igual que nosotros, también nació en este mundo como descendiente de pecadores. María también fue pecadora como nosotros, pero gracias a la especial providencia de Dios, fue utilizada como instrumento para concebir y dar a luz a Jesucristo, el Salvador de la humanidad, según la voluntad de Dios. Dicho de otra manera, María fue utilizada como parte de la obra de salvación, es decir, para que Jesucristo viniera a este mundo encarnado en la carne de la humanidad y lavara sus pecados con su bautismo y su sangre en la cruz. Al igual que nosotros, María también se había revestido de la gracia de Dios para ser utilizada como su instrumento. Y al igual que nosotros, María también no era más que alguien que recibiría la remisión de los pecados al creer en la verdadera salvación del Evangelio del agua y el Espíritu cumplida por el Señor.
Tanto María como Juan el Bautista nacieron en este mundo como pecadores como nosotros, pero también se habían revestido del amor especial de Dios. Que María se vistió de la gracia de Dios significa que nació para ser utilizada como instrumento para cumplir su providencia especial de salvación. Por eso María y nosotros vinimos a revestirnos del amor especial del Dios misericordioso. María también estaba tan agradecida de ser usada por Dios que le agradeció diciendo: “¡He aquí la sierva del Señor! Hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1:38).
Por lo tanto, todos debemos someternos a las enseñanzas de los líderes que nos preceden y seguirlas creyendo en la obra de Dios manifestada a través de ellos. Es entonces cuando podemos evitar estar en la fila de los mentirosos, recibir y disfrutar las bendiciones de Dios en su iglesia, y dedicar el resto de nuestras vidas a Él como sus preciosos trabajadores. Y es entonces cuando podemos asegurarnos de no desviarnos del camino correcto de la fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Habiendo sido librados de nuestros pecados al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, debemos unirnos a la iglesia de Dios, porque esto es fundamental para difundir el Evangelio. Cuando permaneces en la iglesia de Dios junto con los líderes espirituales levantados por Él, puedes escapar de tus pensamientos erróneos y malvados de la carne y ser usado como instrumento de Dios. Entonces puedes vivir por fe libre de las falsas enseñanzas que te traen los mentirosos.
Hay algunas denominaciones que creen en la transubstanciación, que enseña que el pan y el vino que se usan en la eucaristía se transforman en la sustancia real del cuerpo y la sangre de Jesucristo. Como creen que toda la sustancia del pan se transforma en la sustancia del cuerpo de Jesús a través de la oración eucarística del sacerdote, otorgan un significado especial a su servicio de adoración. La realidad, sin embargo, es que están enseñando una grave falacia a su congregación. La doctrina de la transubstanciación no es más que una enseñanza dogmática; no es el cuerpo y la sangre de Jesús de lo que habla la palabra escrita de Dios.
El cuerpo y la sangre de Jesús de los que habla la Biblia en realidad se refieren al bautismo que Jesús recibió en su cuerpo de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la cruz. Cuando celebramos la sagrada comunión en la iglesia, usamos el pan y el vino en memoria del bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y su sangre. El pan y el vino que se usan en la eucaristía son la palabra de Dios que manifiesta la verdad del bautismo a través del cual Jesús aceptó los pecados del mundo en su cuerpo y en su sangre. En otras palabras, usamos el pan y el vino en la sagrada comunión para recordar y afirmar nuestra fe de que cuando Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, todos los pecados de este mundo fueron pasados a su cuerpo a través de su cabeza. Esta es la comprensión bíblicamente sólida del cuerpo y la sangre de Jesús. Por lo tanto, el vino que se usa en la sagrada comunión se refiere a la sangre que Jesús derramó y significa la vida que Él nos ha dado. El pan que usamos en la sagrada comunión se refiere al cuerpo de Jesús que cargó con nuestros pecados cuando aceptó los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista.
Por lo tanto, nunca debemos difundir enseñanzas falsas, como exaltar a Juan el Bautista, sino predicar solo el verdadero Evangelio de Dios de la remisión de los pecados, la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos tener cuidado con aquellos que difunden falsas enseñanzas, y así asegurarnos de que somos fieles a nuestro Dios. Hemos sido perdonados de todos nuestros pecados al creer en la verdad del Evangelio del agua y el Espíritu ante Dios. Nos hemos convertido en santos a los ojos de nuestro Dios. Siendo fieles a Dios, todo nuestro trabajo y devoción ahora debe dedicarse a la santidad de su iglesia y a difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Si alguno de nuestros hermanos creyentes que moran en la iglesia de Dios se desvía para ganarse la enemistad de Dios, todos tenemos el deber de guiar a esos santos de regreso al camino correcto.
Así como hay un orden para todo, si algunos de nuestros hermanos y hermanas difundieran enseñanzas que se apartan de la palabra de Dios, los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios deben corregir sus falsas enseñanzas con la ayuda de la palabra de Dios y exhortarlos a volver a ella. Si no aceptan las amonestaciones de los siervos de Dios, entonces el líder de la iglesia de Dios debe amonestarlos. Si todavía ignoran las enseñanzas de la iglesia e insisten obstinadamente en seguir su propio camino, entonces deberíamos dejarlos ir. Si, a pesar de esto, todavía continúan sembrando confusión en la iglesia, es decir, si continúan difundiendo enseñanzas erróneas en la iglesia de Dios, la Biblia dice que debemos expulsarlos de la reunión de Dios. El castigo que Dios ha establecido para tales personas es la deportación. Dios nos está diciendo que los expulsemos para que ya no puedan morar en su iglesia. Esto es para asegurar que no se conviertan en piedras de tropiezo que obstruyan al pueblo de Dios y su obra. Sin embargo, si se dan cuenta de su error y quieren regresar, debemos perdonarlos y aceptarlos nuevamente en nuestro redil. Esto se debe a que Dios se complace en proteger a su iglesia y su pueblo de los mentirosos.
 


Nuestra fe debe madurar para el beneficio del trabajo de Dios


Todos aquellos que pertenecen a la iglesia establecida por Dios en esta era, viven creyendo en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y son guiados por la guía de la iglesia de Dios. Son fieles a Dios y a la obra de difundir el Evangelio del lavamiento de los pecados, el Evangelio del agua y el Espíritu. Dicho de otra manera, están viviendo por el bien de las almas que han de ser salvadas de sus pecados a la vista de Dios. En estos últimos tiempos, toda la membresía de la iglesia de Dios debe estar despierta, confiando en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu dada por Dios. Solo entonces podremos todos vivir por fe y difundir el Evangelio de la remisión de los pecados a todos los pecadores, que es la voluntad de Dios para la humanidad.
Por nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, todos debemos detener a aquellos que, habiéndose infiltrado en la iglesia de Dios, intentan aprovecharse de los corazones de sus trabajadores. Al final, formarán su propia reunión si no pueden salirse con la suya. Tenemos el deber de guiarlos hacia Dios. Sabemos que su objetivo no es proclamar el Evangelio del agua y el Espíritu, porque son engañadores que intentan impedir que la gente de fe que cree en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu se apoye en la palabra escrita de Dios. Debemos alejarnos de ellos. Algunos de ellos están tratando de demoler la fe de los amados obreros de Dios con sus perversas enseñanzas que provienen de los malos pensamientos de su carne.
Todos los que somos miembros de la iglesia de Dios debemos cuidarnos de tales mentirosos por la fe, y también debemos dedicar todos nuestros esfuerzos a la obra de proclamar el Evangelio del agua y el Espíritu, porque solo así las almas que aún permanecen pecaminosas, serán librados de sus pecados a través de nuestra fe. A diferencia de la era del Antiguo Testamento, en la era del Nuevo Testamento, debemos sostenernos y apoyarnos unos a otros en la iglesia de Dios con nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Esto se debe a que todos debemos continuar con nuestras vidas en este mundo con la unidad de la fe creyendo en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque este mundo en el que estamos viviendo es malo, estamos viviendo en la comunidad del Espíritu Santo, la iglesia de Dios donde el Espíritu obra. Ahora estamos viviendo con el propio pueblo de Dios. Somos los habitantes legítimos del Reino de Dios. El Rey de la iglesia de Dios y su reino es nuestro Señor Jesucristo. Al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, todos nos hemos convertido en soldados de Jesucristo. Al creer en esta palabra hablada por Dios que nos ha bendecido para nacer de nuevo del agua y el Espíritu, nos hemos convertido en el pueblo de nuestro Señor Jesucristo.
Debemos permanecer en la iglesia de Dios y vivir por fe en el Evangelio del agua y el Espíritu escrito en ambos Testamentos de la Biblia, y confiando en la comunidad del Espíritu Santo que obra en la iglesia de Dios. Gracias a nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios, todos nos hemos convertido en personas de fe siguiendo la voluntad de nuestro Señor. Por esta fe, debemos difundir el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo como lo ordenó nuestro Señor, vivir confiando en Él hasta el día en que dejemos este mundo y disfrutar de la vida eterna a través de Él. Para hacerlo, todos debemos llegar a ser uno en unidad a través de nuestra fe en la justicia de Dios, y nunca debemos demorarnos en dedicarnos a Dios para revelar su gloria. El propósito de nuestras vidas en este mundo debe ser servir al Evangelio de Dios que ha cumplido la remisión de los pecados, el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos esforzarnos por estar en armonía unos con otros a través de nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, y debemos vivir nuestra fe con acción de gracias para revelar la gloria de Dios en toda la tierra. En resumen, debemos vivir por la fe para difundir la gracia de la remisión de los pecados que nuestro Señor Jesucristo está ofreciendo a la humanidad.
 


La madurez de la fe se alcanza cuando se vive para la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu


Hoy, aquellos que obedecen a la iglesia de Dios y sus mandamientos son aquellos que están en unidad con los líderes de la iglesia y los santos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. A través de nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado a todos nosotros, vivimos en obediencia a nuestro Señor en unidad. En este momento, nada menos que nosotros somos trabajadores de Dios. Como obreros de Dios que han recibido la remisión de los pecados al creer en la palabra del agua y el Espíritu del Evangelio de Dios, estamos glorificando a Dios con nuestras vidas en este horrible mundo de iniquidades. Tales personas ya han recibido en sus corazones el don del Espíritu de Dios al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y por lo tanto también pueden unirse gozosamente con Dios y su iglesia.
Al vivir en estos últimos tiempos, ¿tiene su corazón la evidencia de la fe que testifica que se ha convertido en parte del pueblo de Dios a través de la fe en la palabra del agua y el Espíritu dada por Dios? Hemos sido salvos de una vez por todas a través de nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y la palabra escrita de Dios y el Espíritu Santo testifican que ahora nos hemos convertido en el pueblo de Dios. Y ahora, todos nosotros hemos sido llamados a ser los testigos que predican el Evangelio de Dios, el Evangelio del agua y el Espíritu. Por lo tanto, es apropiado que vivamos el resto de nuestras vidas como tales testigos, unidos por nuestra fe compartida en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestro Señor nos ha confiado ahora que llevemos a cabo la obra de Dios.
Encomendados por Dios para proclamar su Evangelio del agua y el Espíritu, debemos dedicar nuestras vidas a enseñar y guiar con la palabra de Dios a aquellos que carecen de fe en la justicia del Señor. Son los predecesores de la fe quienes viven tal vida, y por lo tanto tienen el deber de guiar a los santos cuya fe es débil. Llamados por la iglesia de Dios, tales personas predican el Evangelio del agua y el Espíritu y dedican sus vidas a los santos como obreros de Dios.
Para que esto suceda, aquellos cuya fe está por delante de los laicos deben poner el propósito de su fe firmemente del lado de Dios. Son de los que siempre se regocijan de hacer la obra de Dios. De hecho, aquellos que han sido criados para ser evangelizadores según la voluntad de la iglesia de Dios, están viviendo una vida que siempre agrada a Dios. Sin embargo, aquellos que aún no han sido criados por la iglesia de Dios como sus obreros deben compartir tranquilamente la comunión con sus predecesores en la fe y vivir en sumisión a la guía de la iglesia de Dios.
Sus predecesores en la fe están corriendo la carrera de la fe todos los días y sirviendo el Evangelio del agua y el Espíritu diligentemente para asegurar su crecimiento espiritual. Los que van por delante deben ayudar a aquellos cuya fe aún es joven para que puedan permanecer firmes en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. No debemos jactarnos de ser siervos de Dios. A través de la fe, cada santo primero debe aprender cómo someterse a la palabra de Dios y vivir una vida fiel a Él. Con el tiempo, llegará el día en que Dios exaltará a aquellos cuya fe es joven. Dios dijo: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5:5-6). Todos debemos obedecer esta palabra.
 


Como los descendientes de Leví, debemos vivir una vida consagrada por la fe


Necesitamos darnos cuenta de que lo que Dios dijo en la era del Antiguo Testamento a través de Moisés también se nos dice a nosotros que ahora servimos a Dios por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Dios está diciendo: “¿De qué lado estarás ahora? ¿Estarás de mi lado o del lado de mi enemigo? ¿A quién escogeréis entre mí y mi enemigo? Dependiendo de tu elección, te recompensaré o te juzgaré”. Debido a que esto es lo que Dios nos está diciendo a todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y vivimos por fe en Dios, es imperativo que recobremos el juicio y llevemos a cabo la obra de Dios de su lado.
Dios nos está preguntando: “Entre mí y mi enemigo, ¿de qué lado estarás tú?” Debemos estar listos para contestar esta pregunta con la respuesta correcta ante Dios. No solo debemos dar la respuesta correcta a Dios, sino que nuestra vida debe estar de acuerdo con la vida de fe que nuestro Dios quiere que vivamos. Entonces Dios estará muy complacido con nosotros y obrará poderosamente a través de nosotros.
Por lo tanto, podemos vivir la vida de fe más gloriosa en la presencia de nuestro Dios. Mientras continuamos con nuestras vidas en este mundo, debemos sentarnos en el lugar de fe más apropiado y glorificar a nuestro Dios a través de nuestra fe en la palabra de nuestro Señor. Si ahora servimos a nuestro Señor y al pueblo de Dios con Su palabra, nuestro Dios nos felicitará por nuestra fidelidad y nos concederá todas las bendiciones del Cielo. Esto sucederá con seguridad si podemos mostrar la vida de fe que es verdaderamente agradable al Señor a todos aquellos que, siguiendo nuestros pasos, deben servir a su Evangelio del agua y el Espíritu.
Excepto cuando dormimos, dedicamos cada hora del día a servir el Evangelio del agua y el Espíritu del Señor. Anhelamos seguir aún más la palabra de Dios y vivir nuestra fe con la plenitud del Espíritu que agrada al Señor. Si todos servimos al Evangelio del agua y el Espíritu desde el lugar de la fe que agrada a Dios por el bien de otras almas, nuestro Dios se regocijará. Entonces recibiremos las mayores bendiciones de nuestro Dios tanto en este mundo como en el Reino de los Cielos. Si servimos al Evangelio del agua y el Espíritu desde el lugar de la fe que agrada a Dios, nadie más que nosotros recibiremos bendiciones tan asombrosas de Dios. Nuestro Dios se regocijará por nosotros si llevamos los frutos de la fe para su complacencia desde donde estamos parados. Él estará buscando a aquellos en esta tierra que estén viviendo por fe en su palabra escrita. Sin duda, nuestro Dios amará a personas de fe como tú y como yo, y se regocijará sobremanera con nosotros.
 


Todos nosotros somos los trabajadores de la fe construyendo el reino de Dios


Para construir el Reino de Dios y liberar a los pecadores de todos sus pecados, ahora estamos trabajando duro por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos seguir la voluntad de Dios juntos, y todos nosotros también debemos estar en unidad con los miembros de la iglesia de Dios compartiendo la comunión de fe. Si realmente queremos vivir la vida de fe que agrada a Dios, entonces verdaderamente, no solo debemos tener fe en la palabra de Dios que su iglesia está predicando, sino que también debemos seguir la guía de los líderes de nuestra iglesia y someternos a ellos.
¿Qué pasaría si viviéramos sin unir nuestra fe con la fe de los líderes de la iglesia que nos guían? Entonces cometerías todo tipo de errores al tratar de seguir a tu Señor por fe. A menos que estés unido a los líderes de tu iglesia por la fe, tu vida de fe se enfrentará a muchas dificultades. Entonces, ¿qué debemos hacer todos para tener la fe que agrada a Dios? En primer lugar, debemos creer en la palabra de Dios que predican los líderes de la iglesia de Dios, y por esta fe debemos unir nuestros corazones con la palabra de Dios.
Para que siempre seamos victoriosos en la fe ante Dios, no solo debemos ser guiados por su palabra, sino también unir nuestros corazones con sus líderes. Solo entonces podremos vivir nuestra vida cotidiana como vencedores de la fe. Para vivir en este mundo obedeciendo la palabra de Dios y confiando en los líderes de la fe que nos preceden, debemos ser guiados por la iglesia de Dios. Es entonces cuando podemos convertirnos en verdaderos obreros de la fe. Si corremos hacia la meta de la fe para difundir el Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios, alcanzaremos esa meta por fe sin falta. El Señor nos ha encargado a todos que caminemos por el camino de los testigos, y debemos seguir a nuestros líderes creyendo únicamente en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, la palabra de Dios.
Sin embargo, tal vida de fe no está libre de problemas. Por razones que están más allá de mí, hay alguien que dice ser mi hijo que descaradamente dice que cualquiera que no lo escuche será maldito. Algunos otros afirman que Juan el Bautista nació en este mundo sin ningún pecado. Quiero que se dé cuenta aquí de que las afirmaciones de tales personas son piedras de tropiezo para la proclamación del Evangelio de Dios.
Aquellos que creen que Juan el Bautista, quien bautizó a Jesús, nació en este mundo sin pecado, están diciendo tales cosas porque piensan en la palabra de Dios solo como un instrumento de su codicia y, en última instancia, han caído en un grave error de desviarse de la palabra de Dios. Imagina a alguien preguntando: "¿Nació Juan el Bautista en este mundo sin ningún pecado?" Tal pregunta en sí misma es una desviación de la palabra de Dios. Preguntas como estas las hacen aquellos que quieren exaltar a un ser humano en lugar de Jesús y adorarlo como su ídolo. Están pensando de la misma manera que piensan muchos idólatras en este mundo.
Citando el Salmo 14:1, el Apóstol Pablo dice en Romanos 3:10-12: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda; No hay quien busque a Dios. Todos se han desviado; Juntos se han vuelto inútiles; No hay quien haga el bien, ni aun uno.” Como dice claramente la Biblia aquí, no puede haber ni una sola persona que haya nacido en este mundo sin ningún pecado.
Refiriéndose a Juan el Bautista, Jesús dijo: “De cierto os digo, que entre los nacidos de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él” (Mateo 11:11). El hecho de que Jesús haya llamado a Juan el Bautista el más grande de los nacidos de mujer significa que Juan el Bautista era un ser humano como todos los demás, y por lo tanto también nació en este mundo como pecador. Si Juan el Bautista nació en este mundo sin pecado, entonces se habría exaltado a sí mismo afirmando ser el Salvador de la humanidad.
Solo Jesús nació en este mundo por obra del Espíritu Santo según la voluntad del Dios Uno y Trino y tal como lo habían profetizado los profetas en el Antiguo Testamento, y por lo tanto solo Él pudo convertirse en el verdadero Salvador para salvar a todos los pecadores de todos los pecados del mundo de una vez por todas. Esto se debe a que solo Jesús era Dios mismo mucho antes de nacer en este mundo. Él es el mismo Dios santo. En cambio, los seres humanos nacidos en este mundo son siempre pecadores, porque han heredado el pecado de sus antepasados.
 


¿Cuándo recibió Juan el Bautista la remisión de los pecados?


Uno puede preguntar aquí: "¿Cuándo recibió Juan el Bautista la remisión de los pecados?" Esta pregunta es respondida por Juan el Bautista en Juan 1:32-34: “Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Sobre quien veas descender el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”. Aquí, Juan el Bautista está diciendo que cuando bautizó a Jesucristo, el Espíritu de Dios le dijo: “Sobre quien veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, éste es el que bautiza con el Espíritu Santo”. Entonces, es en este momento que Juan el Bautista llegó a creer en Jesucristo como el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad.
Cuando Juan el Bautista bautizó a Jesucristo, él también sabía que Jesús era el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad, y por eso pudo dar su testimonio después de bautizarlo, diciendo: “¡He aquí! ¡El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Debido a que Juan el Bautista creía que Jesús era el Hijo de Dios, también podía creer que Él era el Salvador de este mundo.
Debido a que Juan el Bautista había sido criado para ser el representante de la humanidad, pudo bautizar a Jesús para cumplir con su deber. Por lo tanto, Juan el Bautista dijo que cuando bautizó a Jesús, pudo darse cuenta por la instrucción del Espíritu Santo de que Jesús era el Hijo de Dios, es decir, que era el Salvador de la humanidad. Entonces, es en este momento que Juan el Bautista también pudo recibir la remisión de los pecados a través de su fe en Jesucristo como el Salvador. Cuando Juan el Bautista bautizó a Jesús, cumplió con su deber como “representante de la humanidad”, y debido a que también creía que el Jesús bautizado era su Salvador, podía ser salvo de todos sus pecados.
Por lo tanto, mis queridos hermanos y hermanas, si alguna vez se encuentran con alguien que afirma que Juan el Bautista nació en este mundo sin ningún pecado, deben darse cuenta de que tal afirmación es una falacia inventada que surge de los malos pensamientos de uno. Debes comprender que tales malos pensamientos no son más que mentiras absurdas destinadas a satisfacer la propia codicia de la carne. Os digo esto para libraros de caer en vuestros propios pensamientos sólo para pecar y propagar la maldad.
La iglesia católica enseña la doctrina de la “infalibilidad papal”, que afirma que “el Papa no puede errar en materia de fe y sus palabras son semejantes a la palabra de Dios”. Tal afirmación está en el colmo de la arrogancia que surge de los malos pensamientos de la humanidad. Nunca debemos dejarnos engañar por ella, porque es un instrumento utilizado por los religiosos malvados del mundo para fomentar su propia codicia. Después de todo, ¿quién puede tener el poder, la autoridad, la santidad y la perfección que se acercan siquiera a nuestro Dios? Aquellos que dicen cosas tan malas con pensamientos tan malvados, y aquellos que creen en tales afirmaciones, se oponen igualmente al Dios santo y perfecto. Los pensamientos de tales personas malvadas siempre son falsos, y todos enfrentarán el juicio de los pecados ante Jesucristo por sus malos pensamientos. Debemos darnos cuenta claramente aquí de que tales personas malvadas serán juzgadas por Dios. ¿Cómo puede alguien nacido en este mundo nacer sin ningún pecado ante Dios? Tanto María como sus padres eran todos pecadores a los ojos de Dios, y ellos también tenían que ser lavados de sus pecados por la gracia de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús les había dado.
Si pensáis que María nació en este mundo sin ningún pecado en su corazón, estaríais elevando a un ser humano a la Deidad aparte de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. En ninguna parte de la Biblia está escrito que María o Juan el Bautista nacieran en este mundo sin ningún pecado. Los que hacen tal afirmación son como las personas que ni siquiera se dan cuenta de que están practicando el mal en sus vidas, porque ellos, junto con sus padres, todos nacieron en este mundo como la semilla de los malhechores (Marcos 7:20- 23).
David también confesó: “En pecado he sido concebido, y en maldad he sido dado a luz”. Tú y yo somos como David, porque también nosotros fuimos formados en iniquidad cuando nacimos en este mundo. Nosotros mismos nacimos en este mundo con todo tipo de malos pensamientos, y también sabemos que, dada nuestra naturaleza, todos podemos descarriarnos y terminar oponiéndonos a Jesucristo y a la iglesia de Dios con nuestros malos pensamientos de la carne. Entonces, te pido que te des la vuelta de tus pensamientos erróneos y malvados ahora mismo, admite tus pecados ante Jesús, reconoce que tú mismo estás destinado al infierno por tus pecados, y recibe la remisión de los pecados en tu corazón al creer en Dios dada la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que lava tus pecados.
Cada vez que te encuentres con alguien en este mundo que haya caído en los malos pensamientos de la carne a pesar de profesar creer en Jesús, date cuenta de que esas personas están tratando de exaltarse a sí mismas para buscar el reconocimiento de los demás. Sepa que estas personas malvadas solo están tratando de elevarse. Entre los evangélicos que conozco, hay cierto líder que está cometiendo fraudes tanto en el cuerpo como en el espíritu para satisfacer su propia lujuria que sale de sus malos pensamientos carnales. A este líder de la iglesia le está yendo muy bien al defraudar a su propia congregación. Incluso ahora, está alimentando su propia lujuria de la carne implacablemente explotando a su congregación. Podemos ver que tales falsos profetas están utilizando a los obreros de la iglesia para aprovecharse de los débiles, saqueándolos de sus posesiones materiales e incluso de sus almas para satisfacer su propia lujuria.
Por casualidad, ¿no estás deseando ser como estas personas? ¿No estás tú también inventando tonterías, engañado por tus propios pensamientos perversos? ¿Quieres aprender de gente tan malvada cómo cometer fraudes espirituales para que tú también puedas cumplir con los deseos malvados de tu carne? ¿Crees que realmente serás feliz si satisfaces tu lujuria de esta manera? ¡No, claro que no! Lejos de eso, terminarás viviendo en este mundo como el siervo malvado de Satanás en lugar del obrador de justicia de Dios para los últimos tiempos, haciendo el mal a todos solo para ser arrojado al infierno.
Mis queridos hermanos y hermanas, los exhorto a todos a darse cuenta de que la hora del regreso del Señor no está lejos. Este mundo se está precipitando rápidamente hacia la ruina tanto material como espiritualmente. En tales tiempos finales, ¿realmente quieres pasar el resto de tus días restantes simplemente siguiendo los malos pensamientos de tu carne? ¿O quieres vivir fielmente en obediencia a la voluntad de nuestro Dios como alguien que ha recibido el lavado de los pecados al creer en la justicia de Jesucristo, el Rey de justicia? No queda mucho tiempo ahora para que seas fiel al Señor con toda tu fe, tiempo y habilidades. Entonces, ¿dónde usarías tu fe y tus talentos? Con tan poco tiempo en nuestras vidas, ustedes y yo debemos dedicarnos a la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu y usar nuestras habilidades, tiempo y fe para llevar a cabo fielmente la obra del Señor.
En poco tiempo, todos nosotros tendremos el honor de encontrarnos con el Salvador justo que nos ha salvado de nuestros pecados. Por lo tanto, debemos rechazar la idea de que Juan el Bautista nació en este mundo sin ningún pecado y reconocer que solo Jesucristo, Dios Padre y el Espíritu Santo son nuestro verdadero Dios. Debemos continuar con nuestras vidas en este mundo por fe, creyendo en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu con nuestros corazones. Ahora que hemos sido perdonados de nuestros pecados al creer en la santidad del Señor y en el Evangelio de la remisión de los pecados dado por Dios, el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos adorar a nuestro Señor, alabarlo e ir hacia adelante con nuestras vidas en este mundo por la fe. 
 


Para hacer crecer nuestra fe, debemos mirar al Señor


¿Por qué debemos someternos completamente a la palabra escrita de nuestro Dios? Es para eliminar las oportunidades tentadoras para que sigamos y sirvamos a los deseos de los malos pensamientos de nuestra carne. Para hacer esto, necesitamos fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que constituye la justicia del Señor. Para que no nos apartemos de la fe en la justicia de nuestro Dios, debemos dedicar todo nuestro corazón y esfuerzos a la proclamación del Evangelio. Debido a que somos vulnerables a sucumbir a nuestros malos pensamientos de la carne y correr hacia el mundo, debemos creer en la justicia del Señor y correr solo hacia su propósito. Nunca debemos seguir los malos pensamientos de nuestra carne. En cambio, todos nosotros debemos seguir la voluntad del Señor como personas de fe que escuchan la palabra escrita de Dios y creen en ella obedientemente. Eso es porque el Espíritu Santo se regocija y nuestros corazones también pueden estar en paz solo si continuamos con nuestras vidas en este mundo por la fe que agrada a Dios.
El Apóstol Pablo también dijo que la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne. De hecho, debido a que nuestras vidas también son impulsadas tanto por el deseo del Espíritu como por los deseos de la carne, vivimos todos los días en un campo de batalla espiritual, librando una guerra para predicar el Evangelio del Señor. Por lo tanto, si seguimos los malos pensamientos de nuestra carne, es inevitable que nos ganemos la enemistad de nuestro Señor en nuestras vidas. Los malos pensamientos de nuestra carne nos empujan a los creyentes en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a caminar en dirección opuesta a la voluntad de Dios. Precisamente por eso debemos vivir de acuerdo con el propósito del Señor, reconociendo que nuestros propios pensamientos son siempre malos a los ojos de Dios.
¿Qué hay de ti entonces? ¿Sabes y admites que tus pensamientos carnales en tu vida diaria son tan malos? No hay muchas personas que vivan con esta comprensión de que sus propios pensamientos son siempre malos. Esto se debe a que incluso aquellos que creen en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu no son plenamente conscientes del hecho de que sus pensamientos de la carne siempre son malos. Es por esta ignorancia que incluso los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu, engañados por sus propios malos pensamientos de la carne, terminan practicando la maldad mientras continúan con sus vidas en este mundo.
Podemos ver que esto sucede con algunos miembros de la iglesia que hacen afirmaciones infundadas. Cuando miramos en los corazones de aquellos que causan división y conflicto entre nosotros, podemos ver que sus vidas en este mundo están simplemente siguiendo sus propios pensamientos malvados de la carne en lugar de estar dedicados a la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Pueden esas personas que siguen y defienden sus propios pensamientos malvados hacer alguna contribución a la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu? ¡No, claro que no! Seguir los malos pensamientos de la carne no trae absolutamente ningún beneficio a la obra justa de Dios que salva a los pecadores de sus pecados. Las enseñanzas presentadas por estas personas no son más que sus propios malos pensamientos de la carne destinados a elevarse a sí mismos. De nada sirven sus palabras para seguir al verdadero Dios.
Imaginemos por un momento que estos hermanos establecen su propia organización misionera. ¿Quién se uniría a esta organización y quién sería leal a sus enseñanzas? ¡Ciertamente no lo haremos! Vivamos o muramos, debemos ser fieles únicamente a Jesucristo, quien nos ha librado de los pecados de este mundo y a la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu. Así como nuestro Señor nos ha llevado al Reino del Hijo de Dios, debemos ser fieles sólo a Él, y debemos ganar la carrera de la fe confiando en la palabra de nuestro Señor. Nuestros hermanos equivocados, por lo tanto, deben volverse de sus malos pensamientos de la carne y creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu.
Ahora estamos avanzando hacia la voluntad de Dios, dedicando todo nuestro corazón y fuerzas a la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando corremos hacia la meta de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu con cada gramo de nuestras fuerzas de esta manera, no sucumbimos a nuestros propios pensamientos malvados. Entonces también podemos luchar y triunfar sobre nuestros malos pensamientos. Es aferrándonos a la palabra de Dios que podemos ganar esta batalla contra nuestros malos pensamientos que buscan convertirnos en enemigos de Dios. Es a causa de nuestra fe en la palabra escrita de Dios que podemos emerger triunfantes como vencedores espirituales. A través de esta fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de nuestro Señor, todos podemos vivir la vida de fe que lucha contra nuestros propios pensamientos malvados de la carne. Para que vivamos el tipo de vida que siempre es victoriosa al creer en la palabra de Dios, debemos descubrir la voluntad de nuestro Señor en la palabra de Dios, y también debemos confiar en esta voluntad. Todos nosotros corremos ahora hacia el poste de la fe que el Señor nos ha dado, hacia el Reino de los Cielos. Así como nuestro Señor nos lo ha mandado, debemos desechar nuestros malos pensamientos de la carne, y debemos correr hacia nuestro Señor y serle fieles con el único propósito de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu.
Somos los soldados de la fe que creemos en la justicia de Jesucristo nuestro Salvador. En consecuencia, debemos admitir nuestra propia maldad. Para todos los que tenemos tal fe, nuestro Señor nos vestirá con la gloria de Dios y nos usará como sus instrumentos. Jesucristo se está preparando para dar las bendiciones de Dios a todos los que admitimos por completo la maldad de nuestros pensamientos carnales por fe y seguimos al Señor creyendo solo en el Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios. Dios se regocija al vernos desechar nuestros malos pensamientos de nuestras vidas por fe. A medida que nos negamos a nosotros mismos y vivimos creyendo en su palabra, Dios nos abrazará y nos mantendrá como vencedores de la fe incluso en estos tiempos malos. Por lo tanto, debemos admitir los malos pensamientos de la carne y vivir la vida espiritual que Dios quiere que vivamos creyendo únicamente en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Puesto que nuestros malos pensamientos están muy lejos de la vida que agrada a Dios, debemos luchar contra ellos por la fe. Ya no vivimos según los deseos de la carne, ahora debemos vivir nuestra fe en el Señor, para que Dios realmente se regocije por esta fe nuestra.
Debemos crucificar nuestros malos pensamientos y nuestros deseos mundanos por igual, junto con Jesucristo. Nuestras pasiones y lujuria fueron crucificadas junto con el Señor, porque creemos en la obra justa que Jesucristo llevó a cabo para borrar nuestros pecados, es decir, creemos que Jesús fue crucificado mientras cargaba con todos los pecados de este mundo que Él cargó de una vez por todas para todos al ser bautizado por Juan el Bautista. Todos nosotros fuimos crucificados con Jesucristo en unión por la fe. Siempre creyendo en esta Verdad de que el Señor nos ha librado de los pecados del mundo de una vez por todas a través de su agua y sangre, debemos morir con Jesucristo y continuar con nuestras vidas en este mundo con Jesucristo.
Por nuestra fe en la justicia del Señor, debemos vencer los malos pensamientos que salen de nuestra mente carnal, y debemos correr la carrera de la fe en nuestras vidas. A través del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, hemos recibido la remisión de los pecados por fe. Por lo tanto, siempre debemos mirar hacia nuestra meta poniendo nuestra fe en la justicia del Señor, y debemos seguirlo fielmente. Cuando seguimos a Jesucristo por la fe, nuestro Salvador que nos ha librado de los pecados de este mundo de una vez por todas a través del agua y la sangre, sabemos que nuestro Señor nos protegerá y se regocijará por nosotros. Y es cuando lo hacemos para que podamos poner nuestros ojos en la justicia del Señor y correr hacia nuestro destino junto con Él al confiar en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu.
A menudo somos gobernados por los malos pensamientos de nuestros seres carnales en nuestra vida diaria. A pesar de esto, aún podemos seguir a nuestro Señor creyendo en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu que ha borrado nuestros pecados de una vez por todas. Tenemos el deber de correr incansablemente la carrera de la fe, temiendo al Señor y mirando hacia su exaltación y plenitud. Por supuesto, este tipo de fe no surge de la noche a la mañana, ni se logra tal crecimiento de fe en un día. Para que esto suceda, debemos aprender cómo tener verdadera fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu de nuestros predecesores en la fe. Tal fe brota cuando confiamos en la palabra de Dios, la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Y es cuando corremos hacia la voluntad del Señor todos los días que brota la fe para que podamos soportar la persecución. Podemos ser guiados por nuestro Señor cuando tenemos fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Él nos ha dado. Por eso no debemos seguir los malos pensamientos de nuestra carne.
Como aquellos que creen y siguen el Evangelio del agua y el Espíritu, si alguna vez mancillamos nuestro corazón con la maldad de nuestra carne, debemos confesar nuestros pecados por fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, confiando en que nuestro Señor también ha borrado todos estos pecados, y debemos mirar hacia Él creyendo en su justicia con nuestros corazones. Y debemos darnos cuenta de que hemos sido sanados, porque creemos en la Verdad de que el Señor ya ha lavado y borrado todos nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu. Mirando siempre hacia la justa obra de expiación de nuestro Señor, debemos seguirlo por fe y vivir por fe. Solo así podremos salir victoriosos. Con nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu dada por Dios, siempre podemos limpiar nuestros corazones cada vez que estén contaminados por nuestras transgresiones. Es indispensable que nos demos cuenta y creamos en este hecho innegable. Es entonces que todos los que creemos en el Señor y lo seguimos podemos emerger como los verdaderos vencedores de la fe para transformar este mundo.
Todos podemos agradar a nuestro Señor con nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu dada por Dios. ¿No es este el caso? Debido a que creemos en los justos de Jesucristo nuestro Salvador, somos más que capaces de agradar a nuestro Señor siempre. A través de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, puede vencer cualquier maldad que surja de sus propios pensamientos y prevalecer sobre ella. Esto significa que ya nos hemos convertido en los soldados de la fe de Dios y, por lo tanto, dentro de todos nosotros debemos tener fe en Jesús y su justicia. Ahora podemos volvernos victoriosos para siempre al creer en Jesucristo, quien nos ha librado de todos nuestros pecados. Siempre que caigamos en debilidades, recordemos que aún podemos seguir al Señor por fe, mirando hacia la expiación que Jesús ha hecho por todos nuestros pecados con su bautismo y su sangre.
Podemos salir victoriosos en nuestra guerra espiritual gracias a nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu dada por Dios. Cuando contemplamos la justicia de nuestro Señor, podemos darnos cuenta por nuestra propia experiencia de que tenemos la fe que nos permite seguirlo. Es solo por nuestra fe en la palabra escrita de Dios que podemos vivir como discípulos de nuestro Señor Jesucristo y seguirlo con nuestros corazones. ¿De dónde viene el poder de la fe para permitirnos seguir al Señor? Este poder proviene de la fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha otorgado, y es a través de esta fe que podemos renovar nuestras fuerzas y salir victoriosos. Esto es porque creemos que el Señor ya ha limpiado nuestros corazones con la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. 
Hemos recibido de nuestro Señor la fuerza para vivir siempre victoriosamente por nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios. Sabemos que una vida de fe tan bendita nos permite vivir siempre para la proclamación del Evangelio del Señor, y también nos hace posible llevar a cabo la obra de Dios por fe y cumplir su palabra para vivir una vida victoriosa. Vivimos como vencedores de la fe porque hemos sido librados de todos nuestros pecados al creer en la justicia de Dios a través de su palabra escrita. Nos hemos convertido en hijos de Dios por nuestra fe no solo en la palabra de la cruz, sino en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y también nos hemos convertido en el verdadero pueblo de fe de Dios que puede llevar a cabo la voluntad de nuestro Señor. Al creer en el plan de nuestro Dios santo y misericordioso y su justicia, hemos recibido la remisión de los pecados y ahora podemos vivir para siempre. Incluso en este mismo momento, creemos en la palabra escrita de Dios, y a causa de esta fe, podemos servir a nuestro Señor y vivir con Él para siempre.
Ahora estamos viviendo estos últimos tiempos que Dios ha establecido para nosotros al confiar en su palabra. Por lo tanto, debemos asegurarnos de no terminar pasando estos últimos días como enemigos de Dios. Para hacerlo, debemos aferrarnos a la palabra justa del Señor sin vacilaciones y participar de la gloria de Dios. Jesucristo ahora nos ha dado las bendiciones de la salvación a través de la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Al darnos la verdadera palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nos permite lavar todos nuestros pecados por fe, el Señor nos ha bendecido a los creyentes en este Evangelio para vivir una vida cada vez más gloriosa ante los ojos de Dios. Ahora, por el resto de nuestras vidas restantes, daremos gloria a Dios a través de la fe en la justicia de nuestro Señor hasta que vayamos a la presencia de Dios. Viviremos nuestra fe hasta que veamos la gloria de Dios. Todos anhelamos ver a nuestro Señor. Para que esto suceda, debemos participar de la gloria de Dios creyendo en el plan de nuestro Señor para glorificarnos.
Debido a que Dios nos ha dado fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, todos nosotros podemos recibir sus abundantes bendiciones que se nos otorgan de acuerdo con esta fe en la justicia de Jesucristo. Necesitamos absolutamente la ayuda de nuestro Dios todos los días, porque debemos servir al Evangelio del agua y el Espíritu mientras vivamos en este mundo, independientemente de sus altibajos. Creyendo en la bendita palabra de la remisión de los pecados que Dios nos ha dado, queremos caminar con nuestro Señor mientras continuamos con nuestra vida en este mundo. Nuestro Dios también quiere que vivamos en su paz y disfrutemos de sus maravillosas bendiciones. El Señor quiere que vivamos confiando en su amor.
¿Cuán regocijado estaría nuestro Dios si ahora estuviéramos viviendo la vida de fe que le agrada al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu? Es absolutamente indispensable que vivamos confiando siempre en la justicia de nuestro Dios hasta llegar al destino final de la fe, y la fe que agrada a Dios debe ser la que defina nuestra vida. Para traer gozo a nuestro Señor, debemos aferrarnos firmemente a la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión de los pecados. Para lograr esto, debemos tener la fe que agrada a nuestro Dios en cada momento de nuestra vida en este mundo.
Nuestro Dios quiere bendecir tu fe y la mía ahora. Él nos ha bendecido a ti y mí con la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y debemos darle gloria al poner nuestra fe en esta palabra. Aquellos que han recibido la remisión de los pecados en sus corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu no están viviendo como obstruccionistas que obstaculizan la obra de Dios y, por lo tanto, Dios siempre los está bendiciendo con la bendita palabra del Evangelio.
Al ejercer nuestra fe en la justicia de Jesús, todos hemos llegado a vivir en este mundo con un corazón brillante y una fe brillante. Nos hemos convertido en la luz de este mundo. Como alguien que cree en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu con el corazón, debes darte cuenta de que ahora estás viviendo en este mundo con las bendiciones especiales de Dios. Con alegría continuamos con nuestras vidas en este mundo porque estamos viviendo con la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado, y sabemos por nuestra fe que el Señor nos ama y nos bendice para siempre.
 


La lección del becerro de oro para nosotros


Ahora me gustaría que miráramos la lección que nos está dando el becerro de oro en la lectura de las Escrituras de hoy. A través de Moisés, la Ley de Dios nos fue dada a nosotros que vivimos en esta era presente, así como al pueblo de Israel. En ese tiempo, el sumo sacerdote del pueblo de Israel era Aarón. Estos dos hombres fueron criados por Dios para satisfacer sus necesidades, para cumplir con sus respectivos deberes. Moisés fue alguien que vio a Dios cara a cara y transmitió la palabra que escuchó al pueblo de Israel en nombre de Dios. Esto fue posible porque Moisés se había puesto la gracia especial de Dios para verlo cara a cara. Moisés escuchó la palabra de Dios en su presencia, y su trabajo fue transmitir esta palabra al pueblo de Dios. En particular, Dios había preparado a Moisés para sacar al pueblo de Israel de sus 400 años de esclavitud en Egipto y guiarlos a la tierra de Canaán.
Mientras se dirigían a la tierra de Canaán, el pueblo de Israel buscó descansar un rato cerca del monte Sinaí. En ese momento, Dios llamó a Moisés al Monte Sinaí. A través de Moisés, Dios quiso dar su Ley a su pueblo. Esto se debe a que Dios tenía la intención de construir su Reino. Entonces, llamado por Dios, Moisés subió al monte Sinaí y no bajó durante 40 días. Como resultado de la ausencia de Moisés, el corazón del pueblo de Israel se turbó mucho.
Mientras el pueblo de Israel esperaba al pie del monte Sinaí el regreso de Moisés, el viento de la duda comenzó a agitarse en sus corazones. Desesperados, llegaron a pensar: “Moisés ya debe haber muerto en esa montaña, o de lo contrario no hay razón por la que no hubiera bajado ahora”. La duda se estaba extendiendo gradualmente en sus corazones. Se preguntaron: “¿No hay suficientes lugares de sepultura en Egipto a los que el Señor Dios nos ha traído hasta aquí?”. A medida que tales pensamientos perversos cobraban fuerza entre la gente y la duda se acumulaba en sus corazones, finalmente hubo señales de que estaba a punto de estallar un motín. Ante tal situación, Aarón, el líder del pueblo de Israel en ese momento, ideó un esquema para tratar de abordar la crisis. Esto implicó hacer un becerro de oro.
Aarón se enfrentaba a una situación terrible como la calma que precede a la tormenta, y en su intento de abordar la crisis, le dijo al pueblo de Israel: “Traedme vuestro oro”. Entonces el pueblo de Israel le dio el oro que habían traído consigo cuando salieron de Egipto, y Aarón lo arrojó al fuego. Luego moldeó el oro fundido en un becerro de oro y se lo presentó al pueblo de Israel. Al ver el becerro de oro moldeado, los israelitas se inclinaron ante él y comenzaron a adorarlo como su dios. Empezaron a bailar alrededor del becerro de oro con alegría. Convencidos de que este becerro de oro era el dios que los había sacado de Egipto, el pueblo de Israel celebró una fiesta en su honor. Organizaron una fiesta salvaje, bailando y saltando alrededor del becerro de oro. Su fiesta debe haber sido la fiesta más grande jamás celebrada en el desierto junto al Monte Sinaí desde la creación.
Parece que así es como la gente mundana suele hacer ídolos para sí mismos e inventa fiestas para adorarlos. Por lo general, hacen imágenes talladas que les gustan, se inclinan ante ellas y celebran fiestas dedicadas a ellos en lugar de a Dios. Esto es idolatría, que la gente de todo el mundo comete llamando y adorando algo que no sea Dios como su dios. Al enfrentarse a una situación difícil, el corazón de Aarón se dejaba llevar por el viento dominante y se entregaba a la atmósfera general junto con el pueblo de Israel. Parece que incluso Aarón no pudo alejar al pueblo de Israel de tales pensamientos defectuosos y actos tontos. Ansiosos por adorar al becerro de oro que sus ojos podían ver, los israelitas danzaron salvajemente en un festín y, al hacerlo, se estaban alejando cada vez más de Dios.
¿Era realmente el becerro de oro el Dios de Israel que había sacado a su pueblo de la tierra de Egipto al Monte Sinaí aquí? ¡No, claro que no! Claramente, el Dios que había sacado a todo el pueblo de Israel de Egipto al Monte Sinaí, y que había partido el Mar Rojo para que lo cruzaran, era el Señor Dios. Fue el Señor Dios todopoderoso y misericordioso quien guió al pueblo de Israel desde Egipto hasta el monte Sinaí. El Señor Dios quería ser su Dios.
Este era el propósito de Dios para ellos, que Él había planeado en Jesucristo incluso antes de que Él creara los cielos y la tierra. Por eso Dios hizo a los seres humanos, y por eso les confió este mundo. Habiendo planeado todo de acuerdo a su propósito, Dios estaba presidiendo todo para cumplir este propósito. Entonces, Dios realmente quería que el pueblo de Israel lo tuviera a Él como su Dios y que tuviera su Ley. Es porque Dios quería convertir a los israelitas en su propio pueblo con su Ley que los libró de Egipto y los condujo al Monte Sinaí. Él había guiado al pueblo de Israel hasta el Monte Sinaí ahora, porque quería que vivieran en su Reino. El Dios del pueblo de Israel era ciertamente el Señor Dios Todopoderoso.
Dios quiso establecer su Reino en esta tierra y dar su Ley al pueblo de Israel que pertenecía a este Reino. Sin embargo, al no darse cuenta de este gran plan de Dios, los israelitas estaban siguiendo sus pensamientos carnales y oponiéndose a Dios. De esta manera, los pensamientos carnales defectuosos de las personas los llevan a oponerse al Dios verdadero y, como resultado de este pecado, finalmente dan a luz a la muerte.
Pascal dijo la famosa frase: “El hombre es una caña pensante”. Como dice este adagio, todos están obligados a tener siempre sus propios pensamientos carnales, y todos están obligados a seguir su maldad. El pensamiento es congruente con la palabra escrita de Dios o simplemente un mal pensamiento de la carne que busca satisfacer nada más que nuestra propia codicia privada. Y también debemos considerar si está o no de acuerdo con nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, a través de la cual nuestro Señor nos ha traído la salvación a todos. De lo contrario, terminaremos cayendo en una gran cantidad de engaños y cometeremos graves errores, todos derivados de nuestros malos pensamientos de la carne. Si solo confiamos en los malos pensamientos de la humanidad, llegaremos a oponernos descaradamente al verdadero Dios que nos creó, nos hizo y nos salvó de todos los pecados. Esto, entonces, significaría que nuestras almas pertenecerían al enemigo, y nos convertiríamos en esclavos de Satanás.
Si vamos a vivir en este mundo como siervos de alguien, bueno es que vivamos como siervos de la justicia de nuestro Dios. Si, en cambio, fueras a vivir como enemigo de Dios, entonces tu alma quedará atrapada en la oscuridad como sirviente del diablo. ¿No es este el caso? Satanás es alguien que engendra a los enemigos de Dios. El diablo hace enemigos de Dios por medio de sus malos pensamientos de la carne, y así les trae la muerte. Sin embargo, el Dios verdadero nos está entrenando aún más a los creyentes en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu para que tengamos fe en su palabra, para que Él pueda usarnos siempre más valiosamente como sus siervos. Nuestro Dios ahora nos está proporcionando su bendita palabra, y nos está bendiciendo para dar aún más frutos espirituales.
En el Antiguo Testamento, el Señor Dios quiso construir su Reino a través del pueblo de Israel y habitar con ellos. Para hacer esto, el Señor Dios tuvo que darle al pueblo de Israel su Ley y la fe en Él, las cuales eran indispensables para ellos. Entonces, Dios tuvo que enseñar a su pueblo por qué necesitaban el estado de derecho, y tuvo que criar a su siervo Moisés por ellos. Para establecer el gran y hermoso Reino de Dios para el pueblo de Israel, Él estableció su Ley y levantó a siervo para ellos. Y bendijo Dios a su pueblo con fecundidad y abundancia, para que multiplique muchos rebaños. Así, Dios tenía un gran plan de bendiciones para el pueblo de Israel, para que Él pueda construir su Reino.
Incluso para que se construya una nación secular en este mundo, primero debe haber personas para constituir esta nación, debe haber un gobernante que los gobierne, y también debe haber leyes por las cuales las personas deben ser gobernadas. Así como una nación secular requiere tales elementos constitutivos, la nación de Israel también necesitaba los mismos elementos constitutivos para construir el Reino de Dios. Primero, el Reino de Dios necesitaba a su pueblo; también necesitaba a su Rey; y necesitaba leyes para gobernarlo. Solo entonces este reino podría llamarse verdaderamente el Reino de Dios.
Si el Reino de Dios en el Antiguo Testamento era la nación de Israel, entonces el verdadero Rey de esta nación era el Señor Dios. Y esta nación gobernada por el Señor Dios tenía que tener el pueblo de Dios, y tenía que tener leyes para gobernarlos. El Señor Dios era el verdadero Rey de la nación de Israel, y Él era el verdadero Dios de su pueblo. Como el Dios de todo el pueblo de Israel, era completamente apropiado que el Señor Dios recibiera todo el honor y la gloria de ellos.
También en la era actual, esta verdad proporciona una lección absolutamente indispensable para nosotros los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu: Jesucristo nuestro Dios debe haberse convertido verdaderamente en nuestro Rey. Viviendo en la era del Nuevo Testamento, tenemos al Espíritu Santo morando en nuestros corazones como nuestro Dios. Y el Espíritu Santo ahora reina sobre nosotros como nuestro Rey, junto con Jesucristo y su Padre. Por lo tanto, ahora debe haber la ley del Espíritu en nuestros corazones como creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu, y también debemos darnos cuenta a través de la fe que nos hemos convertido en el pueblo de Dios. Para ti y para mí que creemos en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, este Reino de Dios está ahora en tu corazón y en el mío.
El pueblo de Israel vino a adorar al becerro de oro que ellos mismos habían hecho como su dios en lugar del Señor Dios que los había sacado de Egipto. Era insostenible que el pueblo de Israel, después de cometer tal ofensa contra Dios, siguiera viviendo con su bendición y protección. Porque no sabían cómo dejar de cometer el pecado de la idolatría y oponerse a Dios, Dios buscó poner una parada a su comportamiento con su ira. Esta ira de Dios fue suficiente para poner fin a su transgresión. Entonces, el pueblo de Israel debería haberse dado cuenta de la maravillosa bendición que era que Dios se hubiera convertido en su Dios, y deberían haberle agradecido por ello.
Dios buscó establecer su Reino dando a los israelitas su Ley, pero ellos no la querían, y esto significaba problemas. Aunque el pueblo de Israel necesitaba absolutamente a Dios a su lado, solo carecían de tal conocimiento y fe. Sin darse cuenta de que el Señor Dios era su Rey, el pueblo de Israel rechazó toda su gracia y, por lo tanto, solo podían recibir las bendiciones de Dios si se volvían.
 


Tal transgresión ya era una segunda transgresión


La primera transgresión fue el pecado cometido en el Jardín del Edén hecho por Dios. Cuando Dios creó los cielos y la tierra e hizo a los seres humanos, les permitió vivir en el Jardín del Edén. En este jardín, Dios también les permitió comer de todos los árboles excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, tentados por la serpiente, Adán y Eva cometieron el pecado de no creer en la palabra de Dios. No creyendo en la palabra de Dios, pecaron al comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. La transgresión que cometieron en este momento fue el pecado de abandonar a Dios y oponerse a Él junto con Satanás, creyendo en su palabra mentirosa. Debido a que no creyeron en la palabra de Dios, se pusieron del lado de su enemigo al oponerse a Él, y este fue su primer pecado.
La segunda transgresión del pueblo de Israel es el pecado de reemplazar con el becerro de oro al Dios que los había sacado de Egipto al Monte Sinaí. Aunque Dios ya se había convertido en el Dios de Israel, lo traicionaron al rechazarlo y adorar este ídolo en su lugar. Terminaron reemplazando al Señor Dios con el becerro de oro. Como resultado, neciamente se opusieron a su propio Dios. Debido a que no reconocieron al Señor Dios como su Dios, enfrentaron innumerables sufrimientos y maldiciones en este mundo por este pecado de no reconocer a su Dios.
¿Qué obligó al pueblo de Israel a hacer lo que hizo? ¿Fue porque Dios de alguna manera no los trató bien? Si este no es el caso, ¿fue porque Dios no les proporcionó la comida que les gustaba? Si no, ¿fue porque Dios no los protegió de las manos de sus enemigos? ¿Por qué razón el pueblo de Israel no creyó en Dios y lo descuidó tanto como si Dios los hubiera agraviado de alguna manera?
Lejos de eso, ¿no liberó Dios al pueblo de Israel a través de Moisés cuando estaban sufriendo bajo la esclavitud durante 400 años en Egipto? ¿Acaso Dios no ayudó a sus antepasados y los bendijo abundantemente con prosperidad terrenal? ¿Por qué entonces se opusieron a Dios cuando Él había sido tan bueno con ellos? ¿Era el Señor Dios tan fácil de convencer para ellos? ¿Eran tan ajenos a su maldad porque Dios no los había castigado?
Entonces, Dios decidió castigar al pueblo de Israel. Él les demostró a través de su sufrimiento que Él no era un Dios libre de ira. El pueblo de Israel no había enfrentado antes el castigo de Dios, pero esta vez Dios los castigó hasta que se dieron cuenta de que habían sido abandonados por Él. Dios mostró claramente a los israelitas que, si se desviaban, el castigo del pecado también los seguiría.
 


Debes reconocer a Jesucristo como tu Dios


Ahora estás viviendo en la era del Nuevo Testamento, pero también debes mostrar tu temor de Dios reconociendo a Jesucristo como tu Dios y creyendo en Él. Solo entonces puedes vivir por fe en la palabra de Dios como debe vivir alguien que se ha convertido en uno de su pueblo, recibir sus bendiciones mientras continúas con tu vida en este mundo y habitas en la Iglesia de Dios. Tu relación con Jesucristo nunca debería estar en problemas. Te insto a que construyas una relación sólida con Jesucristo, para que puedas recibir en tu corazón la remisión de los pecados que Él ofrece y disfrutes de su paz y bendiciones en tu vida.
Jesucristo es el Mesías y Dios mismo. ¿Por qué, entonces, el pueblo de Israel se negó a creer en Jesús, lo expulsó y se opuso tanto a Él? ¿Por qué están ignorando tanto a Jesucristo incluso ahora, como si Él no fuera su Mesías Dios? El Dios Trino, que creó todo el universo, es justo y misericordioso; Él es el Dios justo y poderoso que ha librado a la humanidad del pecado. Nuestro Señor Jesucristo es el Dios de todo el universo, y Él es el Mesías de toda la humanidad. Él es el Dios que está ofreciendo a la humanidad misericordia, amor y gracia. No puedes dejar de creer en el estado divino de Jesús como nuestro Dios justo, porque de lo contrario perderás tu vida. Porque Jesucristo es un Dios misericordioso y lleno de gracia, Él es el Dios justo que otorga su gracia a quien es digno de recibirla, y Él trae su juicio a quien merece ser condenado por Él. Todos nosotros nunca debemos olvidar la justicia de Dios.
Lleno de justicia y de misericordia así, Jesucristo quiere convertirse en el Dios del pueblo de Israel. ¿Por qué, entonces, se niegan a creer en el amor misericordioso de Jesucristo su Mesías de manera tan desagradecida? ¿Por qué viven con el corazón en contra de su Mesías como niños inmaduros? ¿Por qué el pueblo de Israel se niega a creer y aceptar que Jesucristo misericordioso es el Mesías que esperan? ¿No deberían creer que Jesucristo el Mesías es su Dios, y agradecer y confiar en este Dios? El pueblo de Israel debe arrepentirse de su pecado de rechazar a Jesucristo como su Dios, y de negarse a creer hasta el día de hoy que Jesucristo, el Rey de reyes, es el Dios que volverá a esta tierra y juzgará a los enemigos. Deben darse cuenta de que no están recibiendo a su Mesías como su Dios porque el espíritu maligno en sus corazones los tiene cautivos, junto con sus malos pensamientos.
Está escrito en Marcos 7:21-23: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”. El pueblo de Israel no es diferente de lo que se describe en este pasaje, y es por eso que no han recibido a su Mesías hasta el día de hoy. Sus corazones y mentes están completamente saturados de malos pensamientos. Desde el mismo día que nacieron en este mundo de sus padres, ellos también nacieron llenos de malos pensamientos, y por lo tanto deben confesar y admitir a Dios los pecados que han cometido de acuerdo con sus viles pensamientos. Todo el pueblo de Israel debe reconocer que desde el día que nacieron en este mundo de sus padres, todos nacieron contaminados por el pecado. Por lo tanto, deben buscar la misericordia de Dios en Jesucristo el Mesías, y deben aceptar de Él el amor misericordioso de Dios. Nada menos que Jesucristo es su Mesías.
Los seres humanos siempre piensan mal y hacen el mal precisamente porque su corazón y su mente estaban saturados de maldad desde el día en que nacieron en este mundo. En consecuencia, los seres humanos deben admitir su verdadero yo, que son una semilla de malhechores. ¿Cómo puede alguien hacer algo bueno cuando todos los seres humanos no son más que montones de pecados? ¿Cómo puede alguien amar? Es precisamente por eso que todos los seres humanos deben admitir su verdadero yo, que sus vidas están llenas de malos pensamientos; buscar volver de esta maldad; y cuando no puedan hacer esto, vivan creyendo de todo corazón en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio de la remisión de los pecados y la misericordia y la gracia de Dios. Es cuando los malvados aceptan la gracia de Dios y viven por fe que verdaderamente pueden vivir la vida piadosa de fe que Dios quiere que vivan.
 ¿Qué tan estupefacto y tonto es que el pueblo de Israel adore al becerro de oro en lugar de a Dios, cuando todos nacieron como una semilla de malhechores que necesitaban la misericordia de Dios? ¿No es tal comportamiento lo que uno esperaría de los oponentes de Jesucristo el Dios todopoderoso? ¿Cuán tonto y vergonzoso es que el propio pueblo de Dios participe en tal comportamiento? Dios quiere darle a su pueblo todas las bendiciones del Cielo que están reservadas para los justos en este mundo, entonces, ¿por qué reemplazarían a este Dios misericordioso con su propio ídolo? ¿Por qué no pueden agradar a Dios creyendo en su gran misericordia cuando Dios los eligió personalmente, vino a buscarlos y buscó ser su Dios?
Cuando miro al pueblo de Israel, veo que ellos también nacieron en este mundo con una naturaleza fundamentalmente malvada, y es por eso que se están entregando a tales depravaciones. Por lo tanto, ellos también deben ser salvados de sus pecados ahora al aceptar y creer en Jesucristo, el Mesías de la humanidad, como su Dios. Deben darse cuenta de que todos nosotros podemos lavar nuestros corazones de la maldad y vivir correctamente como el pueblo de Dios debe vivir porque estamos cumpliendo con la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús ha otorgado a la humanidad.
 


Jesús es Dios mismo que merece ser bienvenido por este mundo
 

El Dios de la humanidad, Jesucristo, buscó ser el Dios del pueblo de Israel y de los gentiles por igual. Desde la perspectiva del pueblo de Israel, todos los que no eran judíos en este mundo eran gentiles. Para que estas personas recibieran a Jesucristo como su Dios, ellos también tenían que aceptar su obra de salvación en sus corazones al creer que Él era el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad. Toda la gente de este mundo tenía que ser librada de sus pecados creyendo en el don de la salvación que este Dios, Cristo, les dio a través de la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu para borrar los pecados de la humanidad. Dios Padre quiso convertir en su pueblo a todos aquellos que creían en la salvación de la remisión de los pecados lograda a través del sacrificio de su Hijo. Por lo tanto, teníamos que aceptar en nuestro corazón la obra justa de la remisión de los pecados que Jesucristo, el Hijo de Dios, cumplió de una vez por todas al ser bautizado en esta tierra y derramar su sangre en la Cruz.
Para el pueblo de Israel, parecería bastante extraño que nosotros, los gentiles, tengamos la bendición de convertirnos en el pueblo de Dios al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu con la que nuestro Señor ha borrado todos nuestros pecados. Hoy, podemos ser bendecidos para convertirnos en el pueblo de Dios solo si tenemos fe en el Evangelio de la remisión de los pecados que nuestro Señor Jesucristo nos ha dado, es decir, la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Sin embargo, todavía podemos ver que innumerables personas están sufriendo, habiendo caído en una religión inútil en su vano intento de obtener la bendición de convertirse en el pueblo de Jesucristo. En lugar de aceptar la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo, el Hijo de Dios, cumplió en esta tierra para borrar sus pecados, se aferran solo a la Cruz y se dedican a Jesucristo con todas sus fuerzas.
La gente de hoy no puede ser librada de sus pecados sin importar cuánta ofrenda, sacrificio y arduo trabajo le dediquen a Jesucristo. Es enteramente de acuerdo a su propia manera que el Señor ha completado la obra de salvar a la humanidad del pecado. Este camino de salvación fue que el Señor viniera a esta tierra y cargara personalmente con todos los pecados al ser bautizado por Juan el Bautista a la edad de 30 años, para que El pudiera librar a todos los pecadores de sus pecados. Habiendo así cargado con los pecados del mundo, el Señor fue a la Cruz y dirigió toda la condenación de los pecados de la humanidad a través de su crucifixión. La humanidad debe dejar de pensar y actuar como si la salvación se lograra solo en la Cruz, abandonar tales ideas religiosas y creer en cambio que el Señor los ha salvado de sus pecados de una vez por todas a través de la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu según su camino y la Verdad que Él cumplió. Sólo entonces es posible recibir la remisión de los pecados.
La humanidad ahora debe darse cuenta de que la remisión de los pecados lograda a través de la obra del agua y la sangre de Jesucristo está en el plan de Dios, y deben aceptarla en sus corazones por fe. Solo si hacen esto pueden evitar oponerse a Jesucristo y no rechazarlo en sus corazones incluso cuando Él está parado justo en su puerta.
 


¿Qué significa aceptar a Jesús en nuestros corazones como nuestro Salvador?


Significa que debemos creer y aceptar la Verdad de que Jesús, habiendo venido a esta tierra encarnado en un cuerpo de hombre a través del cuerpo de una mujer, cargó con todos nuestros pecados de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista. Que creamos en Jesucristo significa que debemos vivir por fe en la justicia de Dios. La “justicia de Dios” se refiere a la obra de salvación que el Señor llevó a cabo en esta tierra para salvar a la humanidad de sus pecados, es decir, se refiere al bautismo que recibió de Juan el Bautista y al cuerpo que entregó en la Cruz. Y nuestra salvación depende enteramente de nuestra fe en esta obra que el Señor mismo realizó para salvarnos de nuestros pecados.
Es creyendo en la obra del Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor ha cumplido por nosotros, y aceptando así en nuestros corazones el bautismo de Jesús y su sacrificio en la Cruz, que lo recibimos como nuestro Salvador. Para que nos convirtamos verdaderamente en el pueblo de Dios, debemos creer que Jesucristo, quien vino a esta tierra para salvar a los pecadores, nos ha librado de todos los pecados de este mundo de una vez por todas a través de su palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. En otras palabras, podemos decir que hemos recibido al Señor solo si creemos de todo corazón en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor ha cumplido para nosotros.
Al creer en el bautismo de Jesucristo y su sangre, los actos de amor que Él llevó a cabo hace mucho tiempo por nosotros los pecadores, ahora podemos recibir la bendición de convertirnos en el pueblo santo de Dios. Jesucristo es el Dios Salvador que ha perdonado todos nuestros pecados de una vez por todas a través del bautismo que recibió en el río Jordán y la sangre que derramó en la Cruz. Debemos creer en esta Verdad ahora con nuestros corazones.
Dios Padre ahora nos habla del bautismo por el cual su Hijo cargó con todos los pecados de la humanidad de una vez por todas. Este bautismo que Jesús recibió en el río Jordán es la Verdad que lava los pecados que ahora están en nuestros corazones. Jesús cargó con los pecados de este mundo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista, y este evento habla de la remisión de nuestros pecados. Es absolutamente indispensable que creamos que nuestro Dios ha bendecido a todo aquel que cree en este bautismo de Jesús y el sacrificio que Él hizo en la Cruz para ser lavado de todos los pecados de una vez por todas y recibir la verdadera salvación a través de la fe en la justicia de Dios.
 


¿Qué clase de fe necesitamos para nuestro crecimiento espiritual?


Aunque el pueblo de Israel se llamaba a sí mismo el pueblo de Dios, cambiaron su Dios por el becerro de oro. ¿Hicieron esto porque no necesitaban a Dios? Sin embargo, a pesar de cometer tal pecado, podrían ser llamados el pueblo del Reino de Dios porque Abraham era su antepasado. Entonces, fueron llamados el pueblo de Dios incluso cuando pecaron así. Abraham se convirtió en el padre de la fe ante Dios al creer en su palabra. Aunque el pueblo de Israel, sus descendientes, continuaron pecando, aún podían recibir la remisión de los pecados por la fe porque tenían rituales de sacrificio a través de los cuales podían ser lavados de sus pecados. Estaban orgullosos de llamar al Señor Dios, su Dios, pero terminaron traicionándolo con el becerro de oro. ¿Son entonces realmente el pueblo de Dios?
Sus actos ilícitos de idolatría fueron suficientes para provocar la ira de Moisés. Ya que reemplazaron a su Dios con oro terrenal, merecieron enfrentar su ira. Sin embargo, debido a que todavía eran el pueblo de Dios, podían encontrar su misericordia. Esto se debe a que el Hijo de Dios vino a esta tierra por ellos y resolvió los pecados de este mundo cargándolos en su cuerpo a través de su bautismo y derramando su sangre en la Cruz. A los ojos de Dios, el pueblo de Israel y los gentiles por igual merecían ser maldecidos por Él por sus pecados. Sin embargo, gracias al acto justo de Jesucristo, fueron más que capaces de recibir la remisión de los pecados y las bendiciones de Dios al creer en su amor.
¿Por qué, entonces, tanta gente alrededor del mundo es tan ingrata a pesar de que Jesucristo es su Salvador y quiere guiarlos? ¿Por qué ofenden a Dios reemplazándolo con algo tan insignificante como un becerro de oro? Todo esto se debe a que no tienen fe en Dios, su amor y su justicia.
En la era del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel podía ser librado de todos sus pecados si reconocían a Jesucristo el Mesías como su Dios y lo seguían con sus corazones. Eran más que capaces de vivir con el abundante amor, las bendiciones y la protección de Dios. Si se dieron cuenta de que Jesucristo era el Mesías que estaban esperando, podrían haber sido bendecidos para ser perdonados de todos los pecados que cometieron al desobedecer a Dios. Para los israelitas, era natural que el Señor Dios fuera el Dios de Israel y su Rey y, con el advenimiento de la era del Nuevo Testamento, podrían haber recibido la abundante misericordia de Dios si se hubieran dado cuenta y creído que Jesucristo era el Mesías que habían estado esperando.
¿Por qué, entonces, la gente terminó siendo tan estúpida tan trágicamente? ¿Por qué no recibieron a su Mesías como su Dios? Cuando Jesucristo, el Hijo de Dios, había venido a esta tierra para construir el Reino de Dios, ser el Rey de Israel y cuidar de su pueblo ¿por qué todavía no pueden aceptar a Jesucristo como su Dios y Salvador? Todos deben aceptar por la fe el plan de Dios cumplido a través de Jesucristo su Mesías. Eso es porque Jesucristo planeó construir el Reino de Dios para el pueblo de Israel como su Mesías. Sin embargo, debido a que no lo aceptaron como su Mesías, terminaron traicionando a su Dios misericordioso. Incluso ahora, Dios está exhortando al pueblo de Israel a recibir a Jesucristo. A pesar de esto, el pueblo de Israel aún continúa viviendo en oposición a Dios, ajeno a su plan cumplido a través de Jesucristo. Ignorante del plan de Dios, el pueblo de Israel puede ser llamado colectivamente como un pueblo completamente obtuso.
También en la época actual del Nuevo Testamento, hay algunas personas que, incluso después de entrar en la Iglesia de Dios y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, terminan siendo enemigos de Dios al negarse a servir este Evangelio y tratar de ponerse ellos mismos por encima de su Iglesia. Hoy, estas son las personas que piensan que su fe es mejor que la fe de sus hermanos y hermanas. En lugar de dedicar sus corazones a la proclamación del Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios, siguen sus propios malos pensamientos de la carne, y como resultado, terminan embarcándose en un camino a la perdición. También hay algunas personas que pierden las bendiciones dadas por Dios a otra persona. Tales personas deben reconocer y creer que Jesucristo vino a esta tierra para lavar los pecados de la humanidad, cargó con los pecados de todas las personas de este mundo de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista, y así se convirtió en el chivo expiatorio de la época del Antiguo Testamento.
Debido a que el pueblo de Israel no reconoció a su Mesías, finalmente perdieron las bendiciones de Dios para los gentiles. Los gentiles ahora podían recibir la bendición para convertirse en el pueblo de Dios al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y que Jesucristo era el Salvador de la humanidad. Hoy, no solo los gentiles sino también el pueblo de Israel debe creer de todo corazón en la Verdad de que Jesucristo ha lavado los pecados de este mundo de una vez por todas con la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Nosotros también debemos admitir toda nuestra maldad ante el Mesías, nuestro Señor Dios, y al mismo tiempo confesar la verdadera salvación al creer que Jesucristo ha perdonado los pecados de la humanidad de una vez por todas a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando creemos de todo corazón en Jesucristo nuestro Mesías y en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Él ha hecho para nosotros, podemos ser libres de todas nuestras transgresiones. De esta manera, Jesucristo nuestro Señor ha dado la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a todos los que viven en esta tierra, y les está exhortando a todos a creer en ella.
Debemos darnos cuenta de que Jesucristo ha reunido a los que creen en este Evangelio del agua y el Espíritu que Él nos ha dado, y los ha convertido en el pueblo de Dios. Dios quiere que todos conozcamos y creamos en el misterio evangélico del agua y el Espíritu, que es la Verdad de la remisión de los pecados escondida en el plan de salvación establecido por Dios y su providencia. Él también quiere que nosotros difundamos, a través de nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, este Evangelio de salvación por todo el mundo. Dios ahora nos advierte a los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos demos cuenta de que somos los bienaventurados que pertenecen al plan de Dios y que le demos gracias en nuestras vidas. Por lo tanto, queremos vivir con acción de gracias a nuestro Dios, creyendo en el verdadero Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha dado nuestro Mesías.
Todas nuestras vidas son bendecidas para recibir la ayuda de Dios de acuerdo a su tiempo, porque sabemos y creemos que Jesucristo es nuestro Mesías. Es absolutamente importante que seamos conscientes de este hecho a través de la fe. Así que les insto a que se den cuenta ahora de que todos y cada uno de nosotros que creemos en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu somos parte integrante del Reino de Dios, para creer en nuestro Señor Mesías, y para recibir y disfrutar, a través de esta fe, bendiciones de Dios en tu vida desde ahora hasta la eternidad. Les pido que crean en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, y que sepan que somos los santos que creemos en nuestro Dios como nuestro Mesías. Vivamos todos una vida que glorifique a Dios, creyendo que todos y cada uno de nosotros somos un constituyente indispensable del Reino de Dios, es decir, nos hemos convertido en el pueblo de Dios. Como pueblo de Dios, todos nosotros somos también sus soldados llamados por Él.
De hecho, la Iglesia de Dios ahora es su Reino en esta tierra, porque creemos en Jesucristo nuestro Mesías y su justicia. Gracias a nuestro Mesías, la Iglesia de Dios ahora está llena de innumerables tesoros celestiales. El agua viva del Evangelio del agua y el Espíritu siempre fluye en la Iglesia de Dios, saciando la sed de innumerables almas. La Iglesia de Dios es como el oasis más bendito de este mundo. Sin embargo, algunas personas que se han convertido en santos al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu están siguiendo los malos pensamientos de su carne, solo para terminar dejando la Iglesia de Dios mientras buscan vivir por su cuenta. ¡Esto es tan tonto! Son como personas que renuncian voluntariamente a los tesoros que Dios le ha dado a su Iglesia. Si aquellos que se han convertido en el pueblo de Dios dejaran ahora la reunión de su Iglesia, no solo serán presa de los mentirosos, sino que sus almas también sufrirán de sed espiritual y vivirán una vida maldita. Deben darse cuenta de que pueden vivir con bendiciones solo si permanecen en la Iglesia de Dios, donde fluye la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu dada por el Mesías, aunque sea solo un grupo pequeño.
Si fueras a salir de la reunión de la Iglesia de Dios, incluso si fuera uno de sus grupos pequeños, serás como una persona sin hogar que no puede obtener ningún alimento espiritual. Tu alma entonces estará hambrienta espiritualmente, porque no podrás alimentarte a tiempo de la palabra de vida dada por Dios, y finalmente tu alma morirá de sed. Los que se han convertido en pueblo de Dios sólo pueden vivir si se alimentan del pan del alma por la fe, que el Espíritu Santo habla en la Iglesia de Dios cada vez que lo necesitan. Todos ustedes pueden vivir en este mundo solo si permanecen en la Iglesia de Dios y se alimentan de la palabra de Dios, el pan del alma, por la fe. ¿Tu alma no vive ahora con hambre, sin poder obtener ningún alimento espiritual? ¿No estáis pereciendo ahora por vuestra falta de fe en la palabra de nuestro Mesías? A medida que continúa con su vida en esta tierra, debe ser alguien que tiene una autoestima espiritual a los ojos de Dios. Entonces, ¿por qué querrías dejar la Iglesia de Dios y renunciar a sus bendiciones?
Tener una autoestima espiritual significa vivir con un corazón espiritualmente satisfecho. Tal vida de autoestima es una bendición que fluye cuando tu corazón encuentra satisfacción al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y predicar este Evangelio a otros a pesar de enfrentar las dificultades de la vida. ¿Dónde puedes encontrar tal sentido de autoestima que proviene de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu y de servir al Mesías, y dónde puedes vivir una vida tan noble? ¿Tiene la intención de dejar la Iglesia de Dios, su pueblo y su reunión como si estuviera tirando un par de zapatos viejos y gastados? ¿Sabes realmente lo que significa dejar la Iglesia de Dios? Si te fueras de la Iglesia de Dios, sería lo mismo que dejar el Reino de Dios y todas sus bendiciones. Si usted, alguien que se ha convertido en un santo, dejara la Iglesia de Dios y sus hermanos santos, a partir de entonces no tendría nada que ganar en su vida, y solo le esperaría una vida maldita en los días venideros.
Cuando permaneces en la Iglesia de Dios y compartes tranquilamente el compañerismo con tus hermanos y hermanas a través de tu fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, entonces tu vida es bendecida para recibir pequeños bocados de la gracia espiritual dada por Dios. ¿No te das cuenta de que vivir en la Iglesia de Dios creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu es vivir la vida más bendecida? Si te alejas en silencio de la reunión de la Iglesia de Dios, terminarás viviendo en maldiciones, porque te alejarás de la comunión espiritual de la fe y la gracia de Dios. Para alimentarte de la palabra de vida que ahora fluye de la Iglesia de Dios, debes recurrir a los libros espirituales que contienen el pan de vida distribuidos por The New Life Mission, y debes construir una relación cercana con tus hermanos creyentes que comparten la misma fe. Como has recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debes darte cuenta de que estos libros son el pan de vida que ha sido preparado para ti de antemano.
Lo que debes comprender es esto: si crees en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, no debes abandonar la reunión de la Iglesia de Dios, y debes vivir por fe en unidad con la Iglesia donde estás viviendo ahora. Al hacerlo, debes alimentarte del pan de vida que cae de la reunión de la Iglesia de Dios y así nutrir tu alma a medida que continúas con tu vida. También debes unirte a los obreros de Dios en su Iglesia. Es entonces cuando puedes vivir bajo la protección y la gracia de Dios, recibir las bendiciones que Él ofrece, cumplir los mandamientos del Señor en esta tierra por fe y vivir una vida de fe digna y plena.
Lo que debes entender es esto: si crees en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, parece que todavía no te das cuenta de lo doloroso que es dejar la Iglesia de Dios y no poder beber más el agua de vida que fluye de ella. Así como su cuerpo se secará sin agua, las almas de los justos se secarán a menos que mediten en la palabra del agua y el Espíritu, la palabra de Dios, todos los días por fe. La guía del Espíritu Santo está asegurada en los corazones de los santos al alimentarse todos los días de la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que fluye de la Iglesia de Dios. 
Debemos saber que, si en verdad nos hemos convertido en el pueblo de Dios escuchando atentamente la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, creyendo en ella de todo corazón, entonces debemos morar en la Iglesia de Dios y morar con sus santos. Y ahora debemos aceptar con todo nuestro corazón la guía y las amonestaciones que nuestros predecesores de la fe en la Iglesia de Dios están ofreciendo, y así alimentar nuestra fe. Si los rechazas de otro modo, tu alma morirá de hambre en medio de una hambruna espiritual, porque no habrá pan de la palabra. Al final, serás presa de los mentirosos del mundo. Llegarás a alimentarte de la comida corruptible de los mentirosos, y al final darás fruto de iniquidad.
La palabra de Dios predicada por algunas personas en realidad contiene enseñanzas venenosas que son dañinas para los oyentes. Si los oyentes simplemente lamen tales enseñanzas sin darse cuenta de que son venenosas, y lo hacen no solo una o dos veces sino continuamente, sus almas enfermarán y finalmente perecerán. Por lo tanto, si ahora has sido movido del lugar de los pecadores al lugar de los justos al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debes vivir alimentándote constantemente del pan espiritual que siempre fluye de la Iglesia de Dios. El alimento de vida es como el agua viva para tu alma, y debes llenar tu alma con ella creyendo en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. A medida que te alimentas de la palabra de Dios por fe todos los días y todos los años a través de la Iglesia, un día descubrirás de repente que te has convertido en una persona espiritual.
Aquellos que no se apartan de la Iglesia de Dios y viven por fe son como aquellos que viven siempre en medio de las bendiciones de Dios. Si realmente creemos que Jesucristo es nuestro Dios, entonces debemos reconocer la Iglesia de Dios al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y también debemos reconocer la fe de los líderes que nos predican la palabra.
El pueblo de Israel pecó contra Dios porque su corazón no se aferró a la palabra de Dios por fe. Se extraviaron porque no creyeron que los siervos de Dios estaban transmitiendo su palabra. Sin embargo, mucho peor que cualquier otra transgresión fue el hecho de que no creyeron en Jesucristo su Salvador de corazón, y se alejaron de sus líderes que los guiaban. No confiaban en sus líderes. Al creer en el becerro de oro que salió del fuego como su dios, el pueblo de Israel estaba pidiendo las maldiciones del Señor Dios. Eran como las personas de hoy que dejan la Iglesia de Dios y caminan hacia la destrucción por su propia voluntad.
El pueblo de Israel debería haber creído al menos que Jesucristo, que apareció en la era del Nuevo Testamento, es el Mesías que estaban esperando. Debieron haberse dado cuenta de que el Señor Dios era su Dios, y también necesitaban el ojo de la fe para reconocer en sus vidas que Jesucristo era su Mesías. Si ahora todavía viven como ciegos sin tal ojo de fe, deberían orar a Dios. Nosotros también debemos orar a Dios para que les dé el ojo de la fe para saber y creer que Jesucristo es su Salvador largamente esperado. Espiritualmente hablando, el pueblo de Israel es como un niño no nacido. No creo que estén inexorablemente destinados a ser totalmente abandonados por Dios por no reconocer a Jesucristo como el Mesías que han estado esperando. Creo que finalmente llegará el día en que ellos también se arrodillarán ante su Mesías Dios y confesarán su fe, diciendo: “Señor, tú eres el Cristo y el Hijo del Dios viviente”.
El pueblo de Israel no cree que Jesucristo sea el Señor Dios, pero yo creo que hay una razón para ello. Puedo ver que escondido detrás de su negativa a creer en Jesucristo como su Mesías está el plan de Dios para salvar a los gentiles de todos sus pecados. A medida que creemos en la palabra de Dios, podemos ver que todo lo que sucede en este mundo tiene el plan detallado de Dios escondido detrás. Podemos darnos cuenta de que Dios tenía un plan profundo para nosotros para traer la remisión de los pecados a través de Jesucristo nuestro Mesías, y que Él nos ha bendecido para vivir una vida gloriosa.
En esta era del Nuevo Testamento, es imperativo que nos demos cuenta y creamos que el propósito de Dios para la era del Antiguo Testamento fue edificar su Iglesia por medio de Jesucristo, el Mesías de la humanidad. Podemos ver que para que el Señor Dios construyera su Iglesia en la era del Antiguo Testamento, primero tenía que haber su pueblo, este pueblo necesitaba los estatutos de Dios, y también necesitaban al Dios Salvador. Eso es porque Dios estaba preparando la salvación del pecado de cada pecador a través de su Hijo Jesucristo.
La Biblia también nos enseña que, en la era del Nuevo Testamento, el Dios trino hizo un plan majestuoso para que Jesucristo se convirtiera no solo en el Dios del pueblo de Israel sino también en el Dios de nosotros los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu. La Escritura nos hace saber que la reunión de la Iglesia de Dios, la ley del Espíritu y los santos que creen en Jesucristo como su Dios son todos indispensables. En los días venideros, el pueblo de Israel también se dará cuenta de que Jesucristo, el Mesías de la humanidad, es el mismo Dios que han estado esperando todo este tiempo. Para que se den cuenta de que son el pueblo santo de Dios, deben alcanzar la fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Cuando se den cuenta de esto, se vestirán con las bendiciones especiales de Dios.
También deben alcanzar la fe para aceptar en su corazón y creer en Jesucristo que regresa a esta tierra como su Dios. Todos los seres humanos debemos creer que Jesucristo, Dios mismo, nos ha dado la remisión de los pecados y la vida eterna a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Todos los que ahora vivimos en este planeta tierra debemos creer que Jesucristo es el Salvador a quien hemos estado esperando. Debemos conocer y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que constituye la justicia de Dios, y por medio de la fe en este Evangelio, podemos convertirnos en el pueblo de Dios.
De ahora en adelante, debemos dedicar el resto de nuestra vida a la gloria de Dios y vivir nuestra fe. Viviendo en el siglo XXI, tú y yo seguimos pecando, pero Jesucristo vino a buscarnos y ha perdonado todos tus pecados y los míos de una vez por todas a través de la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos alcanzar la fe que nos salva creyendo en esta verdadera palabra del Evangelio de la remisión de los pecados. Es para convertirse en su Dios y mi Dios que Jesucristo vino a este mundo buscándonos como el Salvador que borró nuestros pecados, y es con este propósito que nos dio el Evangelio del agua y el Espíritu. Entonces, recibamos todas las bendiciones eternas al creer en Jesucristo, quien vino por el agua y el Espíritu, como su Dios y el mío.
Al igual que la gente del Antiguo Testamento, ¿está usted también decidido a creer en el becerro de oro como su dios y rechazar a Jesucristo, el verdadero Salvador y Mesías de la humanidad? El pueblo de Israel y todos en todo el mundo ahora deben creer que Jesucristo es el Rey de reyes que vino a buscarlos como el Salvador de la humanidad. Entonces, creamos todos en la justicia de Jesucristo y entremos juntos en Su Reino de gloria. Tú y yo debemos alcanzar la fe para creer que el Salvador de la humanidad, Jesucristo, es el verdadero Dios Salvador que nos ha librado de todas nuestras transgresiones. Ahora, para que todos podamos entrar al Reino de Dios que Jesucristo nos ha preparado, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado; y es mi más sincera esperanza y oración que todos nos vistamos de la gloria de Dios por esta fe.
No debes rechazar la justicia de Jesucristo, nuestro Rey de reyes, y debes aceptarlo en tu corazón como tu Salvador y tu verdadero Dios. Jesucristo ha lavado todos tus pecados y los míos con el Evangelio del agua y el Espíritu, y oro por las bendiciones de Dios para ti, para que puedas aceptar este Evangelio, Verdad de salvación en tu corazón, creer en él y recibir el derecho a convertirse en hijo de Dios y vivir para siempre. Al aceptar a Jesucristo en nuestro corazón como nuestro Dios y nuestro Salvador, ahora podemos recibir y disfrutar las bendiciones de Dios para alcanzar la vida eterna.
 


Jesús es el Dios que se ha revelado a todos nosotros


Cristo es Dios mismo, quien ha traído la remisión de los pecados a todos los pecadores a través de la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Él mismo cumplió. Él se complació en revelarse a sí mismo a nosotros a través del bautismo que recibió y la sangre que derramó en su vida. Jesucristo es el Dios de la humanidad, y Él es el verdadero Salvador que libera a la humanidad de todos los pecados.
Junto con Dios Padre y el Espíritu Santo, Jesucristo es el Dios que creó este mundo. Él es el mismo Dios que, a través del bautismo que recibió personalmente de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la cruz mientras cargaba con los pecados del mundo, ha completado la obra de salvar a todos los seres humanos pecadores de todos los pecados de este mundo de una vez por todas. Y Jesucristo nos ha bendecido para creer con nuestro corazón que Él es el “Dios Salvador que ama a la humanidad”.
La Biblia dice: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). La forma de recibir el derecho de convertirnos en hijos de Dios es recibir la remisión de los pecados por medio de la fe para alcanzar la salvación, creyendo que nuestro Señor Jesucristo vino a esta tierra y lavó todos los pecados de la humanidad con su bautismo y su sangre de una vez por todas. para todos. Alcanzamos la salvación a través de la fe, al aceptar que Jesucristo es el Salvador que también cargó con la condenación de nuestros pecados. Recibir al Señor es aceptar en nuestro corazón, por la fe, toda la obra justa que el Señor llevó a cabo cuando vino a esta tierra. Y también significa aceptar a Jesucristo en nuestros corazones como nuestro Dios y nuestro Salvador. Esto es lo que significa “recibir” al Señor.
Hoy en día, hay algunas personas que, a pesar de creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no están del lado de Dios, han rechazado su voluntad y continúan con sus vidas mientras están atrapados por sus propios malos pensamientos. Viven trágica y lamentablemente como cautivos de sus propios pensamientos malvados. Aunque creen en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, todavía quieren vivir del lado de la humanidad en lugar del lado de Dios. Aarón sabía muy bien que el Señor Dios era el Dios de Israel, pero aun así falló en evitar que el pueblo de Dios pecara. Si Aarón hubiera tratado de evitar que el pueblo de Israel pecara, no habrían reemplazado a Dios con el becerro de oro. Hoy, debido a que creemos en Jesucristo quien vino por el Evangelio del agua y el Espíritu como nuestro Salvador y nuestro Dios, todos podemos vivir por esta fe. Al creer en la justicia de Dios, hemos recibido la remisión de los pecados y la vida eterna.
El pueblo de Israel que escapó de Egipto bajo la guía de Moisés en los tiempos del Antiguo Testamento vivió como los peregrinos de hoy, andando por el camino difícil del desierto en esta tierra. Por tanto, era absolutamente indispensable que el pueblo de Israel viviera confiándose en el Señor Dios y creyendo en Él. Sin embargo, los israelitas creían que se habían convertido en el pueblo de Dios no por esa fe, sino por la fe de sus antepasados. En realidad, solo eran practicantes de la religión mundana, y no los verdaderos creyentes.
Muchos cristianos hoy en día que profesan creer en Jesús también viven solo como practicantes religiosos que son prácticamente ateos, porque no han visto personalmente la justicia de Jesucristo. Debido a que solo compadecieron la debilidad de la humanidad sin darse cuenta de la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, llegaron a creer en Jesús como su Salvador como cualquier otro seguidor de la religión mundana, y por lo tanto su fe es muy problemática. Como todos los seres humanos siguen en su carne la lujuria del mundo y la maldad de sus propios pensamientos, aunque profesen creer en Jesús como su Salvador, en realidad acaban rechazando la Verdad de que el Señor ha borrado todos sus pecados con la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Esto sucede porque todos ellos confían en la religión de este mundo y en la maldad de sus pensamientos carnales.
Por eso Dios nos dice: “No adoren ídolos delante de mí”. Y Dios nos está diciendo a todos nosotros: “No sirvan a ningún dios sino a mí”. Sin embargo, la maldad de nuestros propios pensamientos impregna nuestras vidas, entonces, ¿cómo estamos realmente viviendo delante de Dios? ¿No nacimos todos con los doce ingredientes del pecado en nuestros corazones y mentes desde el día en que nacimos, y no estamos viviendo con estos pecados? Esta es precisamente la razón por la que cometemos tantos pecados mientras vivimos en este mundo, todos derivados de nuestros malos pensamientos. A veces desobedecemos deliberadamente a Dios y hacemos lo que Él nos ordenó que no hiciéramos. Estamos mucho más acostumbrados a seguir nuestros malos pensamientos para cometer muchos pecados. Así, debido a que seguimos nuestros malos pensamientos naturalmente y entregamos nuestros corazones a nuestros ídolos, estamos cometiendo muchos pecados contra Dios en nuestras vidas.
Consideremos aquí, el dinero que todos necesitamos para continuar con nuestras vidas en este mundo. Si bien el dinero es esencial para que las personas se ganen la vida en este mundo, no es más precioso que Dios. Sin embargo, algunas personas confían más en el dinero que en Dios, confían más en él y lo siguen más. Pero, ¿qué sucede cuando las personas se vuelven codiciosas por el dinero siguiendo sus malos pensamientos? Una vez que nos volvemos codiciosos por el dinero, es inevitable que sigamos al dinero más que a nuestro Dios. Esto entonces constituye idolatría ante Dios.
A medida que continuamos con nuestras vidas en este mundo, hay momentos en que pecamos contra Dios. Cada vez que pecamos contra nuestro Dios, debemos reflexionar sobre el bautismo que el Señor recibió en el río Jordán para llevar nuestros pecados y la sangre que derramó en la cruz, y debemos creer en esto con todo nuestro corazón. Cada vez que pecamos, estamos obligados a recordar la justicia de Jesucristo nuestro Salvador. La obra justa de nuestro Señor Jesucristo nos está guiando a la fe, y podemos ser absueltos de nuestros pecados al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado. Llegamos a vivir amando y confiando en Jesucristo nuestro Señor más que nada en este mundo. Nuestro Señor nos está dando a conocer que ya hemos recibido la remisión de los pecados a través de nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Él nos ha dado.
Cometemos muchos pecados mientras vivimos en este mundo difícil. Cada vez que pecamos contra Dios, podemos recordarnos una vez más que el Señor ha perdonado todos nuestros pecados al confesar nuestra fe en la palabra del agua y el Espíritu dada por Dios. Debemos vivir creyendo en el amor de Dios y el Evangelio del agua y el Espíritu que Él nos ha dado. Como aquellos que creemos en la remisión de los pecados que nuestro Señor nos ha dado, debemos confesar nuestra fe en su justicia y seguirlo. Tentados por este mundo a pecar, cometemos transgresiones todos los días, pero nuestro Señor ha lavado nuestros pecados con la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y debemos confesar nuestra fe en este Evangelio todos los días de nuestras vidas. Sin esto, no podemos mantener nuestros corazones limpios ni siquiera por un día. Cometemos tantos pecados en nuestras vidas que no se pueden pasar por alto, por lo que debemos confesarlos y mirar al Señor que nos hace perfectos. Es entonces cuando podemos ser limpiados para siempre. Y debemos admitir ante el Señor que no podemos evitar vivir una vida defectuosa y estar destituidos de su gloria.
Por lo tanto, es aún más imperativo que miremos a nuestro Señor y lo sigamos poniendo nuestra fe en el Evangelio dado por Dios del agua y el Espíritu y el amor de nuestro Señor. Confiando en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que el Señor nos ha dado, debemos creer que Él ha perdonado todos nuestros pecados de una vez por todas con el agua y la sangre, y debemos correr hacia la meta de nuestras vidas al confiar en la justicia de Dios. Es un deber para nuestros corazones reflexionar siempre sobre la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu en la que ya creemos, y es cuando lo hacemos así, que podemos vivir en esta tierra apropiadamente como los justos al creer en nuestro Mesías. Cada vez que todos reflexionamos sobre el Evangelio del agua y el Espíritu dado por Dios, nuestra fe se fortalece; y cada vez que confesamos nuestros pecados confiando en la justicia de Jesucristo nuestro Salvador, la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que Jesucristo nos ha dado, el Evangelio que lava los pecados, brilla aún más en nuestros corazones. Así es como llegamos a jactarnos de la justicia de nuestro Señor, y salimos victoriosos en la carrera de fe que estamos corriendo para Él.
Todos tenemos que seguir con nuestra vida en este mundo, y solo podemos vivir si confesamos nuestros pecados confiando en Jesucristo que siempre nos hace perfectos y lo miramos. Debemos mirar la justicia de nuestro Señor por la fe de esta manera porque cada vez que caemos en nuestras debilidades, este Señor que nos ha salvado siempre está vivo. Podemos ser perfeccionados poniendo nuestros ojos en el Señor porque Él ha lavado completamente todos nuestros pecados de una vez por todas. El Señor, que nos ha hecho perfectos, está en nuestro corazón, y por eso todos podemos vivir con energía confiando en Él a causa de nuestra fe. Cuando miramos a nuestro Señor a través de nuestra fe en Jesucristo y la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, podemos ver en esta palabra que nuestros pecados ya han desaparecido como la nieve. Y gracias a nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que ha lavado nuestros pecados, podemos continuar experimentando la misericordia de Dios mientras vivimos en este mundo. Entonces, venimos a agradecer al Señor por el hecho de que ahora podemos vivir nuestra fe y proclamar el Evangelio del agua y el Espíritu que siempre agrada a nuestro Señor. Nuestro Señor nos ha hecho perfectos, y al mirarlo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, podemos verdaderamente experimentar la salvación perfecta. Venimos a alabar al Señor por bendecirnos para poner las bendiciones de Dios en nuestras vidas.
Por lo tanto, es Jesucristo nuestro Salvador quien es absolutamente indispensable para nosotros y en quien podemos confiar mientras vivimos en este mundo. Así como el verdadero Dios para el pueblo de Israel era el Señor Dios, en la época del Nuevo Testamento, tanto para los israelitas como para nosotros, el verdadero Mesías nuestro Dios es Jesucristo. Vivimos en este mundo cometiendo transgresiones, pero Él vino a buscarnos a través de la Verdad del Evangelio que lava los pecados, cargó con nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista y nos salvó al derramar su sangre en la cruz. Verdaderamente, Jesucristo es el Mesías de los creyentes.
Mientras vivía en este mundo difícil, Jesucristo preparó la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu para nosotros y para la salvación de todos los pecadores, y esta palabra es la verdadera palabra de salvación que ha remitido todas nuestras transgresiones. A través de la fe en esta palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que lava los pecados, pudimos recibir nuestra remisión eterna de los pecados de una vez por todas. El Jesucristo que vino a esta tierra es el Dios que nos ha otorgado la salvación a nosotros y al pueblo de Israel por igual. En esta tierra y en el cielo, Jesucristo es el Dios Salvador de todos los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Así como Jesucristo, que vino a esta tierra por nosotros, fue el Dios de los padres de la fe como Abraham, Isaac y Jacob en la época del Antiguo Testamento, ahora es el Dios de los que creen en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Si el Señor Dios era el Dios de los padres de la fe en el Antiguo Testamento, en la era actual del Nuevo Testamento, Jesucristo es el verdadero Dios de salvación para todo aquel que cree en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Él es el verdadero Dios de salvación que ha borrado los pecados de este mundo de una vez por todas con el bautismo que recibió en esta tierra y el sacrificio de su sangre. Habiendo venido a borrar los pecados de la humanidad, es justo que Jesucristo sea el Dios de aquellos que creen en el bautismo que recibió y en la sangre que derramó. Para el pueblo de Israel también, Jesucristo es el verdadero Dios Salvador. Esta es la verdad de todas las verdades, porque es muy claro que Jesucristo es el Dios de todos los que ahora creemos en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu.
Sin embargo, muchas personas, incluso el pueblo de Israel, no pueden reconocer ni creer en su propio Mesías que vino a esta tierra por el Evangelio del agua y el Espíritu, y en cambio lo están rechazando. Son incapaces de reconocer quién es Jesucristo, el Mesías de la humanidad que vino a salvar a los pecadores de sus pecados. Hoy, ahora que nos hemos convertido en pueblo de Israel espiritualmente hablando, Aquel a quien debemos mirar es a Jesucristo. Eso es porque Jesucristo es el Mesías de aquellos que ahora creen en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Todos debemos vivir por fe, dándonos cuenta del honor que es conocer y creer en Jesucristo nuestro Dios. Nunca debemos olvidar el hecho singular de que Jesucristo en el que creemos es nuestro Dios.
Aunque Jesús vino a buscar a todos los que viven en este mundo como su Salvador, innumerables personas todavía no lo han aceptado como su Mesías. Debemos reconocer a Jesucristo como nuestro Salvador, y también debemos creer en Él con nuestro corazón y alabarlo en nuestra vida. A medida que continuamos con nuestra vida, debemos atesorar de todo corazón nuestra fe en Jesucristo, las bendiciones de salvación que Él nos ha dado y las promesas celestiales que nos hizo. Creemos en la gracia de la salvación que Jesucristo nos ha dado, y nunca debemos convertir esta fe nuestra en vano.
En la época del Antiguo Testamento, hubo un tiempo en que el pueblo de Israel cayó en la idolatría, abandonando al Dios en el que habían creído desde los días de sus antepasados. Mientras enfrentaban algunas dificultades por un corto tiempo, perdieron a su Dios al perder la razón. Nunca debemos permitirnos caer en la incredulidad de esta manera. Por el contrario, debemos creer que Jesucristo vino a buscarnos como el Mesías, creer en su justicia y en la remisión de los pecados que Él cumplió de una vez por todas, y agradecerle con esta fe. Tenemos mayor razón para creer en la palabra escrita de Jesucristo y su justa obra, alabarle, agradecerle y vivir por fe.
Es indispensable que nos demos cuenta de que mientras continuamos con nuestras vidas en esta tierra, y también en la eternidad, debemos vivir creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado. Debemos comprender aquí que oponernos a nuestro Dios al no creer en su amor ni creer que Él es nuestro Mesías es el pecado más grave de todos los que posiblemente podamos cometer contra Dios. El pueblo de Israel, incapaz de reconocer que Jesucristo es su Mesías Dios, lo ha rechazado y vive en este pecado. Tales personas no pueden evitar vivir como pecadores ante Dios; están viviendo como enemigos de Dios; y traen dolor a Jesucristo su Salvador. Deben dar la vuelta y creer en Jesucristo como su Dios. Sólo entonces podrán revestirse del amor de Dios que el Mesías está ofreciendo.
Hoy, habiendo venido a la humanidad a través del Evangelio del agua y el Espíritu, Jesucristo es el Dios eterno para todos aquellos que aceptan en sus corazones la remisión expiatoria de los pecados cumplida por el Mesías. Incluso en este mismo momento, Jesucristo está salvando a todos los pecadores de esta tierra de todos los pecados del mundo y guiándolos al Reino de los Cielos. Habiendo venido a buscarnos por el Evangelio del agua y el Espíritu, Jesucristo ahora quiere convertirse en nuestro Salvador. Entonces, ¿por qué querríamos seguir siendo pecadores al negarnos a creer en Él con nuestros corazones? Espiritualmente hablando, aquellos de nosotros que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu hoy hemos recibido la justicia de Jesucristo y, por lo tanto, ahora nos hemos convertido en el pueblo de Dios.
Jesus Christ is now our God and our Messiah, and we should never reject Him based on our own judgment and our own wicked thoughts of the flesh. If people do not believe that the Jesus Christ who came to this earth by the gospel of the water and the Spirit is their Savior, and they instead turn themselves into His enemies, they will end up as failures, for their lives of faith on this earth will be completely ruined. They must turn around and believe in the gospel Word of the water and the Spright together with us, for they will otherwise perish in the end.
Jesucristo es ahora nuestro Dios y nuestro Mesías, y nunca debemos rechazarlo en base a nuestro propio juicio y nuestros propios pensamientos malvados de la carne. Si la gente no cree que Jesucristo, quien vino a esta tierra por el Evangelio del agua y el Espíritu, es su Salvador, y en cambio se convierten en sus enemigos, terminarán fracasando, y por sus vidas de fe en esta tierra estarán completamente arruinados. Deben dar la vuelta y creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu junto con nosotros, porque de lo contrario perecerán al final.
 


¿Está nuestra fe apoyada ahora en la palabra de Dios?


A medida que continúa con su vida de fe ante Dios, debe examinar si el centro de su corazón cree o no en su palabra. Es hora de que nos preguntemos si realmente creemos en la palabra escrita de Dios tal como es, y que nos examinemos a nosotros mismos. Entonces podemos ver que a veces somos revelados como siervos de Dios, y otras veces somos expuestos como personas insoportablemente indolentes ante Dios. Aunque ahora creemos en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y estamos sirviendo este Evangelio en nuestras vidas por fe, todavía debemos reflexionar sobre cómo nos ve Dios, si le estamos agradando o provocando su odio; y debemos pararnos ante Dios confiando en su palabra en vez de en nosotros mismos. Todos nosotros debemos continuar con nuestras vidas en este mundo por fe en la palabra escrita de Dios. De lo contrario, seremos aborrecidos y abandonados por Dios.
Por lo tanto, nosotros los justos debemos desear agradar al Espíritu Santo que mora en nuestros corazones, y debemos anhelar seguir su voluntad. Si siempre estamos de pie con la palabra escrita de Dios, entonces significa que siempre estamos caminando con el Espíritu Santo en nuestras vidas. Si, en cambio, no nos aferramos a la palabra de Dios en nuestro corazón y seguimos nuestros pensamientos de la carne, entonces seremos atrapados por nuestros pensamientos carnales en lugar de la palabra de Dios, y nuestra vida terminará cayendo en el pantano de nuestra propia lujuria. Por lo tanto, para que podamos escapar de nuestros pensamientos carnales, debemos acercarnos a la palabra escrita de Dios, la guía del Espíritu Santo y los líderes de la Iglesia de Dios.
Para acercarse a la palabra de Dios, hay varios pasos necesarios a seguir. Primero, necesitamos leer la Biblia todos los días, aunque sea un poco. Segundo, necesitamos escuchar atentamente a los siervos de Dios que creen y predican el Evangelio del agua y el Espíritu, para que el pan de la fe nos sea suministrado todos los días. Tercero, necesitamos dedicar nuestras vidas a servir a Dios en estrecha unión con sus obreros que están llevando a cabo su obra. Hacer la obra de Dios aquí significa apoyar la proclamación del Evangelio de Dios, y también significa trabajar junto con nuestros hermanos santos para predicar el Evangelio.
Ahora que hemos nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, caminar con el Espíritu de Dios debería ser tan natural como respirar para nosotros. Para que esto suceda, debemos estar en unidad con los líderes de la Iglesia. Eso es porque el Espíritu Santo trabaja con aquellos que creen en la palabra de Dios, la siguen y la obedecen en unidad. Entonces, unan sus corazones con los siervos de Dios que caminan delante de ustedes, y no dejen de llevar a cabo la obra de Dios. Al ver que tu corazón está en unidad con los siervos de Dios, el Espíritu Santo te guiará por el camino correcto. Si ahora te estás poniendo del lado del enemigo, terminarás perteneciendo al Diablo y enfrentarás todo tipo de dolor y sufrimiento que te trae Satanás, y por lo tanto debes escapar de esta vida rebelde poniendo tu fe en la palabra de Dios.
 

¿Cómo debemos llevar nuestras vidas de fe ante Dios?

Por supuesto, debemos creer en la palabra escrita de Dios, y de acuerdo con esta fe nuestra, debemos admitir que nosotros mismos tenemos pensamientos carnales que son fundamentalmente malos. También debemos continuar con nuestras vidas en este mundo por la fe que nos ha salvado de nuestros pecados, creyendo en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha bendecido para nacer de nuevo como justos de entre los pecadores. Entonces seremos capaces de vivir nuestra fe para el placer de Dios. Aunque nuestros actos puedan quedar cortos ante Dios, el centro de nuestros corazones debe seguir su palabra escrita por fe. Todos nosotros debemos ahora continuar con nuestras vidas en este mundo presente por nuestra fe en la palabra escrita de Dios. Si ahora queremos vivir el tipo de vida que Dios quiere que vivamos, entonces debemos creer y seguir su palabra que es predicada por sus obreros que moran en la Iglesia establecida por Dios en esta tierra. 
Esto se debe a que nuestro Dios no nos juzga en base a nuestros actos de la carne. Si ahora creemos de todo corazón en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu escrita tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y trabajamos para difundir el Evangelio de Dios con nuestros corazones unidos con los que están delante de nosotros, entonces nuestro Dios se regocijará por ti y por mí. Dios te usará como su obrero más que adecuadamente, y estará complacido contigo. Esto se debe a que el Espíritu Santo que mora en nuestros corazones nos juzga en base a la fe que tenemos en la palabra de Dios desde el centro de nuestros corazones. 
Si nuestros corazones desean vivir nuestra fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, la palabra escrita de Dios, el Espíritu Santo será regocijado por nosotros. Aunque andemos en valle de sombra de muerte, nuestro Dios nos librará de allí. Aunque nos quedemos cortos, Dios nos guiará por el camino de la justicia por amor a su nombre. Creemos que Jesucristo, quien vino a esta tierra por el Evangelio del agua y el Espíritu, es nuestro Dios Salvador. Como creyentes en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, estamos predicando y sirviendo este Evangelio de Dios, y nuestro Dios nos está bendiciendo a todos.
Por lo tanto, debemos seguir la palabra escrita de Dios, y debemos estar en unidad con nuestros hermanos santos que creen y siguen la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Por nuestra fe en la palabra de Dios escrita tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, debemos seguir a nuestro Señor, y también debemos vivir la vida bendecida, donde somos guiados por el Espíritu Santo que mora en nuestros corazones. Al ver nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Espíritu Santo se regocija al saber que somos seguidores de la palabra de Dios. Dios nos ha convertido a nosotros, los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu, en sus obreros que siguen su palabra, y le agrada vernos ejercitar nuestra fe.
El Dios en el que creemos nos hace saber qué clase de Dios es Él. Y se regocija al ver que todos nosotros creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y entraremos en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, es imperativo que nos acerquemos a la palabra escrita de Dios y de sus siervos, porque solo así podemos ser guiados por el Espíritu Santo. Siguiendo la guía del Espíritu Santo, podremos entonces predicar, por la fe y por todo el mundo, la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado. Hasta entonces, como aquellos que creen y siguen la palabra verdadera que nos ha bendecido para nacer de nuevo del agua y el Espíritu, debemos darnos cuenta de que seguir la voluntad de nuestro Señor es la guía misma del Espíritu Santo.
Podemos ver que aquellos que profesan creer en el Señor de acuerdo a sus malos pensamientos, sus corazones se han extraviado debido a sus propios pensamientos malvados. Necesitamos darnos cuenta de que cuando nuestros corazones se oscurecen, estamos incomodando al Espíritu Santo que mora en nuestros corazones. También podemos ver que cuando nuestros corazones están en la oscuridad, estamos rechazando la guía del Espíritu Santo. Con nuestros corazones rechazando la guía del Espíritu Santo, no podemos agradar a Dios. Por el contrario, nuestros corazones se llenarán solo de dolor.
Para seguir a nuestro Señor por fe, primero debemos recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, la palabra de Dios escrita en la Biblia, y debemos someternos a la guía de nuestros predecesores en la fe. Debemos darnos cuenta de que de otra manera no podemos ser guiados por el Espíritu Santo si nos aferramos a nuestros malos pensamientos. Incluso si todos llevamos a cabo la obra de Dios, no necesariamente todos vivimos bajo la guía del Espíritu Santo en la misma medida, y hay grados de diferencias incluso cuando se trata de una vida de fe tan noble. En consecuencia, deben reconocer que hay líderes ante ustedes que están guiando a los santos de la Iglesia hacia la voluntad de Dios. Guiados por el Espíritu Santo en sus corazones, estos líderes viven para la gloria de Dios.
 
 
¿Cuál es la vida correcta de fe? 

Debemos vivir creyendo con nuestro corazón en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu escrita en ambos Testamentos de la Biblia. Debemos vivir en sumisión a la guía del Espíritu Santo que mora en nuestros corazones. También debemos darnos cuenta de que para todos los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado, el Espíritu Santo mora en nuestros corazones. El Espíritu Santo es el Dios que obra según la palabra escrita. Entonces, sabemos que todos podemos realizar la obra que alegra a nuestro Dios. En otras palabras, Dios nos ha hecho saber que Él siempre está con nosotros los creyentes en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. El Espíritu Santo que mora en nuestros corazones a causa de nuestra fe nos está haciendo saber a través de la palabra de Dios que Él está con nosotros. Sabemos que estamos caminando con nuestro Dios en este mundo difícil por nuestra fe en su palabra. Aunque nuestra carne es imperfecta en todos los sentidos, todavía podemos agradar al Espíritu Santo y seguirlo por nuestra fe en la palabra de Dios escrita en ambos Testamentos de la Escritura.
Para hacer esto, debemos unir nuestros corazones y nuestra fe con la Iglesia de Dios y seguir su guía. ¿Qué significa unir aquí nuestra fe con la Iglesia? Significa vivir nuestra fe creyendo en la palabra de Dios predicada a través de su Iglesia, sometiéndonos a la voluntad de Dios que se transmite a los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu, y uniendo nuestros corazones con nuestros predecesores en la fe.
Junto con mis compañeros de trabajo cuyos corazones están ahora en unidad con la Iglesia de Dios, puedo cumplir con mi deber de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu por fe. Estoy tan agradecido a mi Dios que tengo a estos colaboradores participando en la obra de proclamar el Evangelio por fe, y mi corazón también se regocija. Doy gracias a mi Dios por darme estos compañeros de trabajo. La obra de Dios no es algo que solo hacen ciertas personas. Más bien, la obra de Dios puede llevarse a cabo en unidad por todos aquellos cuyos corazones ahora tienen fe en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. No importa quién seas, si has recibido la remisión de los pecados al creer en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu que nuestro Señor nos ha dado a todos nosotros, y si quieres seguir la guía del Espíritu Santo, entonces puedes servir al Señor. Cuando se trata de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu, todos podemos participar juntos en este trabajo.
Guiados por el Espíritu Santo y morando en la Iglesia de Dios, nosotros, los creyentes en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, estamos cumpliendo fielmente con nuestro deber de expandir el Reino de Dios incluso en este mismo momento. En todo el mundo ahora hay innumerables obreros de Dios que creen en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y están trabajando para difundir este Evangelio de Dios. Ellos están predicando el Evangelio, así como apoyando su ministerio. Junto a estos obreros guiados por el Espíritu Santo, debemos proclamar la Verdad de Dios en unidad. El Espíritu Santo entonces nos dará la fuerza y la fe para estar con nuestros colaboradores, para que podamos ser usados como sus instrumentos para expandir el Reino de Dios. Además, como Dios ama a sus obreros, Él les responde cada vez que oran y provee para todas sus necesidades dondequiera que estén. Sé muy bien que el Señor ama a sus trabajadores y los está bendiciendo. Creyendo en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu escrita en ambos Testamentos de la Escritura, buscamos seguir al Señor por esta fe, y juntos estamos todos dedicados a la causa de la misión mundial para construir el Reino de Dios.
Sabemos que hay muchas personas en todo el mundo que necesitan la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y nos piden nuestra ayuda. Podemos guiar a estas personas al Señor que les ofrece salvación. También podemos proclamar a nuestro Señor Jesucristo y su justicia a aquellos que viven fuera de su Reino. Estamos trabajando junto con los santos salvos para guiar a todas las personas del mundo, que son descendientes de Adán, al agua y al Espíritu.
¿Estás viviendo ahora tu fe para el placer del Señor, siguiendo su guía a través de tu fe en la palabra escrita de Dios y el Evangelio del agua y el Espíritu? Para nosotros, los creyentes en el Evangelio del agua y el Espíritu, ahora hay muchas almas en todo el mundo a quienes debemos predicar este Evangelio. Cumpliremos fielmente este deber nuestro ante Dios, siguiendo la guía del Espíritu Santo y dedicando nuestras vidas al ministerio del Evangelio para la complacencia del Señor. Nunca debemos perseguir el prestigio y el poder como la gente del mundo. Nunca debemos convertirnos en objetos del odio de Dios como estas personas.
Incluso en nuestra reunión, hay bastantes personas que, a pesar de profesar creer en la palabra del Evangelio del Señor del agua y el Espíritu, en realidad no están haciendo el trabajo que agrada a Jesucristo. Sin embargo, ellos también llegarán a creer verdaderamente en el Evangelio del agua y el Espíritu y tendrán la fe para llevar a cabo la obra de Dios junto con nosotros. Por tanto, debemos fortalecer nuestro corazón con nuestra fe en la palabra evangélica del agua y el Espíritu, y debemos cumplir, por esta fe, la tarea que el Señor nos ha encomendado para llevar el Evangelio. Para hacerlo, debemos ser fieles al Señor confiando en el Evangelio del agua y el Espíritu que le agrada.
Cuando nos enfrentamos a aquellos que se oponen a Dios, debemos resolver nuestros corazones con determinación de la siguiente manera: “Aunque se oponen a la obra de Dios, creemos en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu escrita en la Biblia, y serviremos a este Evangelio y proclamándolo por la fe en todo el mundo, porque esta es la voluntad de Dios”. Con este tipo de fe, debemos dejar que el Señor trate con aquellos que se oponen a la voluntad de Dios. Debido a que Dios nos ha dado tal meta de fe, debemos unir nuestros corazones con aquellos que caminan delante de nosotros y vivir en unidad por esta fe. Habiendo levantado el poste de la portería de la fe en el Espíritu Santo, tú y yo ahora estamos viviendo de acuerdo con este poste de la portería. Como los peregrinos de la fe que caminan hacia el Reino de los Cielos, todos debemos vivir con tal disposición de fe.
Aquellos cuyo corazón es guiado por la palabra de Dios y el Espíritu Santo, están obligados a ver crecer su deseo de conocer la voluntad de Dios y vivir de la fe en su Iglesia, y por lo tanto podrán realizar aún más la obra de Dios. A medida que pasa el tiempo, habrá más y más personas de fe que sigan la guía del Espíritu Santo, como el sol que sale por el este. Estas personas verán crecer más su fe y llegarán a vivir como los grandes obreros de Dios. A medida que más de nosotros lleguemos a pertenecer al Espíritu Santo, traeremos, tal como debemos hacerlo como personas de fe, gozo a Dios con nuestra fe en su palabra escrita. Aquellos de nosotros que tenemos este tipo de fe somos invencibles para la gente del mundo. Al vivir siempre nuestra fe en la palabra para el placer del Señor, traeremos gozo a Dios. Somos los justos que siempre viviremos como siervos de Dios ante su palabra.
Ahora todos vivimos en este mundo sin esperanza con la guía de nuestro Señor y el Espíritu Santo. El Espíritu Santo se regocija porque siempre nos atenemos al Evangelio del agua y el Espíritu y trabajamos con el Señor, y Él nos guiará por el camino que agrada a Dios. Permaneciendo en nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha salvado de todos nuestros pecados de una vez por todas, siempre viviremos una vida victoriosa por nuestra fe en el Señor. Estamos muy agradecidos al Señor por bendecirnos para vivir tal vida de fe. Damos todo el honor, la gloria, la acción de gracias y la alabanza al Dios uno y trino y a nuestro Señor Jesucristo, que se ha convertido en nuestro Salvador.
Como alguien que cree en la palabra escrita de Dios, ahora estás sirviendo en su obra de pie con nuestro Señor, quien es el Pastor de la Iglesia de Dios y el Espíritu Santo. Debido a que Dios mira tu fe para su discernimiento, ahora debes vivir por fe de acuerdo a la palabra de Dios. Hasta el día de hoy, hemos corrido nuestra carrera creyendo en la palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y es gracias a la guía de la palabra perfecta de Dios y el Espíritu Santo que hemos llegado tan lejos. Conociendo todo acerca de nuestras circunstancias y nuestra fe, el Señor nos ha protegido aún más, nos ha bendecido y nos ha guiado hasta donde estamos ahora.
Cuando el Señor juzgue nuestra fe, sin duda juzgará en base a si hemos vivido o no de acuerdo con la palabra de Dios y la guía del Espíritu Santo. A aquellos de nosotros que hemos trabajado en unidad con la Iglesia de Dios que constituye su Reino de acuerdo con nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestro Señor les dará su gracia y bendiciones celestiales para disfrutar.
Como Juez final, nuestro Señor juzgará nuestra fe y nos dará recompensas o castigos dependiendo del fruto de nuestra vida de fe. Dejando que Dios decida sobre todo juicio y estándar, queremos vivir el resto de nuestras vidas poniendo nuestra fe en el Señor hasta que terminemos nuestra carrera maravillosamente. Guiados por el Señor e inspirados por el Espíritu Santo, viviremos el resto de nuestras vidas sirviendo a la proclamación del Evangelio hasta que volvamos a nuestro Señor. Y viviremos con Jesucristo, el centro de toda vida de fe, y nuestro Señor guiará a su pueblo a su Reino y estará con nosotros. Damos todas nuestras gracias a Dios con nuestra fe. ¡Amén! ¡Aleluya! El Señor nos llamará sus siervos leales por vivir con tal fe, nos felicitará por nuestro arduo trabajo y nos bendecirá para siempre para vivir en el Reino de los Cielos. Creyendo en la palabra de la promesa que nos dio nuestro Señor, viviremos con la esperanza de que las promesas que Dios nos hizo se cumplirán. ¡Amén!