The New Life Mission

Sermones

Tema 20: La Oración del Señor

[Capítulo 20-2] < Mateo 6:9 > “Padre Nuestro que Estás en los Cielos, Santificado Sea Tu Nombre”

< Mateo 6:9 >
“Vosotros, pues, oraréis así:
Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre.”
 
 
¿Como estas hoy? ¿Disfrutaste tu cena esta noche? Yo he comido muy bien esta noche. No solamente la cena fue maravillosa, sino que realmente disfruto la compañía de los colaboradores y santos. También estoy muy agradecido porque podemos tener comunión y compartir Su gracia en este lugar maravilloso en un excelente ambiente.
He notado algo aquí hoy no muy importante, pero un hecho muy interesante. Usted debe tener en mente que puede ser sentenciado a tres años de cárcel por hacer escándalo en un baño. Me encontré con un evangelista Jaeyoung Lee en el baño, y platique con él esta tarde. Entonces, alguien más en el baño nos dijo que había una ley que estipulaba prisión por tres años a la gente que hablara muy fuerte en los baños. Después de eso, fuimos más silenciosos. Desde luego, la persona estaba bromeando.
No solo eso sino que hoy compartimos nuestros más profundos pensamientos unos con otros ya que teníamos tiempo que no nos veíamos. No se imaginan los dulces recuerdos que hemos compartido juntos. Nos reímos bastante. No importa el tema que lleven nuestras conversaciones, nos sentimos muy cómodos al platicar con nuestros colaboradores de una misma fe y un mismo corazón. Aunque a veces parezca que nos quejamos unos de otros, no hay daño ya que todos nosotros hemos recibido la remisión del pecado y no tenemos malas intenciones. Cuando nos observamos unos a otros, podemos hallar la fe en el evangelio del agua y el Espíritu en los corazones de todos. Y es bueno porque también Dios está obrando dentro de nosotros. También nos sentimos felices al encontrar algunas debilidades en nuestra carne que son parecidas a las nuestras. Aún nuestra apariencia en la carne nos hace gozosos. Es bueno ya que simultáneamente las cosas viejas y las nuevas aparecen lado a lado en cada santo nacido de nuevo. Es imposible comprender cuan bueno es compartir la comunión unos con otros.
Esta tarde, caminé alrededor de los pequeños grupos de reuniones de comunión. Ahí también pude observar una escena muy entretenida. Tenemos dos cuartos tipo tráiler. Cinco grupos pequeños estaban cantando entonces diferentes alabanzas, y podía escucharlos desde afuera como si se estuviesen preparando para una competencia de coros. Cada uno trataba de cantar más alto que los otros. El ruido de sincronía caótica tenía cierto sentido de harmonía. Algo hubiese ocurrido, si esto hubiese pasado en una iglesia mundana. Alguien les hubiese llamado la atención por el desorden. Ningún grupo molestaba al otro. Y en estos grupos individuales sentí una curiosa harmonía. Yo creo que esto era el obrar de Dios.
Queridos compañeros creyentes, ¿recibieron suficiente descanso durante este campo de entrenamiento para discípulos? Espero que sí. Existe mucha gente que ha contribuido en diferentes lugares tales como en la cocina. Espero que sus cuerpos y almas tengan bastante descanso mientras trabajamos y tenemos comunión. Tal vez no tengamos mucho tiempo para compartir, pero espero que disfruten el descanso y tengan paz en su corazón aunque sea por un segundo. Nosotros, también, simplemente compartimos unos chistes unos con otros. Por ejemplo, el hecho de que existe una condena de tres años por hablar en los baños. Debemos tener comunión unos con otros ya que no hemos tenido mucha oportunidad para hacerlo, ambos, espiritualmente t de otras formas.
Dijimos muchas otras cosas aparte de la sentencia por hablar en los baños. No tengo suficiente tiempo para comentarle acerca de las conversaciones que se dieron ahí. De lo que me he dado cuenta es de que he cambiado notablemente de quién yo era en el pasado. Lo que es claro ahora es que sin importar nuestro pasado, hemos llegado a ser nuevas creaciones y estamos compartiendo el evangelio del agua y el Espíritu.
No hemos podido trabajar en nuestros ministerios de correo electrónico en los últimos dos días. Aún así, hubo miles de visitantes en nuestro sitio de red. Aunque no enviamos nuestros correos electrónicos para invitar a la gente, ellos están visitando nuestro sitio de red después de descubrirlo por medio de calcomanías, pósters y tarjetas que hemos estado esparciendo por todo el mundo. Yo creo que ha habido muchos visitantes debido al sistema de publicidad que hemos construido durante los últimos años. Mientras que estamos teniendo nuestras reuniones aquí y ahora, Dios está obrando incesantemente para difundir el evangelio por todo el mundo. He obtenido confianza de que ciertamente estamos realizando la obra de Dios.
Yo creo que Dios hará aún mayores maravillas en la segunda parte de este año hasta que nos reunamos nuevamente en el campo de entrenamiento para discípulos de invierno. Creemos que Dios obrará aún más de lo que ha obrado hasta ahora y esto por medio de nosotros. Yo creo que el evangelio será esparcido por todo el mundo en los siguientes años y que Dios hará toda Su voluntad. Creo que obtendremos fortaleza en nuestros corazones una vez que hayamos compartido el evangelio del agua y el Espíritu con todo el mundo. En ese día, podremos contar más chistes, disfrutar comidas más deliciosas, y reírnos aún más de lo que lo hemos hecho aquí.
 
 
¿Cómo Podemos Darle Gloria al Nombre del Padre?
    
Hoy, deseo compartir con ustedes la Oración del Señor como Él nos enseñó en Mateo capitulo 6. Mateo 6:9 dice, “Padre Nuestro que Estás en los Cielos, Santificado Sea Tu Nombre.” ¿Qué necesitamos hacer para dar gloria al nombre de Dios? ¿Piensas que debemos vivir una vida que nos guié a la santificación? Primero que nada, te diré que esto no es así. Desde luego, la gente le dará gloria a Dios cuando vean nuestras obras virtuosas. Pero lo más importante para nosotros es saber que tenemos que creer en el evangelio del agua y el Espíritu, defender tal fe, y difundir este evangelio para darle gloria a Dios Padre. Nuestro Señor nos dice que vivamos en fe mientras oramos y creemos en el evangelio del agua y el Espíritu.
No debemos olvidar que la Oración del Señor fue dada a aquellos que han recibido la remisión del pecado. No para pecadores sino solamente los hijos de Dios pueden llamarlo “Padre Nuestro que Estás en los Cielos.” Así, si alguien desea clamar a Dios Padre y orar a Él, primero tiene que llegar a ser un hijo de Dios lavando sus pecados.
Dios es nuestro Creador. También, Él es nuestro Salvador, quién nos libera. Dios Padre nos envió a Jesucristo y ha adoptado a los que creen en el evangelio como Sus propios hijos al lavar todos sus pecados por medio del agua y el Espíritu. A partir de aquí, Dios es Padre de aquellos que creen en el Salvador quién lavó todos sus pecados a través del agua y el Espíritu.
 
 
“Santificado Sea Tu Nombre.”
 
Entonces, ¿cuál es la forma de glorificar el nombre de Dios Padre? ¿Cómo podemos glorificar el nombre de Dios? Eso solo es posible creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Solo aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu tienen el derecho de llamar a Dios su Padre.
En concreto, la forma de dar Gloria al nombre de Dios es como sigue: si guardamos nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu y continuamente lo compartimos con otros, el nombre de Dios Padre es glorificado. Sin embargo, mientras vivimos en este mundo sirviendo al evangelio concentrándonos en una actividad particular para Su propósito, algunas veces nuestras insuficiencias serán reveladas. Así, algunas veces fallamos en dar gloria al nombre de Dios ya que caemos en nuestras propias debilidades. Aunque hemos llegado a ser santos al recibir la remisión del pecado por medio de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, algunas veces caemos en nuestras propias debilidades ya que somos consumidos por nuestras obras carnales. Algunas veces fallamos al vivir una vida que da gloria al nombre de Dios Padre debido a nuestras propias debilidades, aunque estamos libres del pecado. Es por ello que Dios nos dio el evangelio del agua y el Espíritu.
Aunque hemos recibido la remisión del pecado y hemos sido santificados, cometemos pecados debido a nuestras debilidades. Cada vez que eso ocurre, se nos recuerda que Jesús ha lavado todos nuestros pecados, debilidades, defectos y limitaciones por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Así que, damos gracias a Dios Padre con nuestra fe en el bautismo de Jesús, el cual tiene el poder aún de borrar nuestros pecados personales. Nuestro Señor nos ha dado la fe en la remisión del pecado por medio de la Palabra del Antiguo y del Nuevo Testamento; en el Antiguo Testamento el lavamanos del Tabernáculo nos muestra como Dios ha lavado todos nuestros pecados. En el Nuevo Testamento, Jesucristo le dijo a Pedro, “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después,” mientras Él lavaba sus pies (Juan 13:7). Nuestro Señor ha lavado nuestros pecados por medio de Su bautismo de la remisión del pecado. Mientras tratamos de vivir nuestras vidas en este mundo a pesar de nuestra débil carne, nuestro Señor nos ha dado fe verdadera en el agua y la sangre para lavar todos nuestros pecados cada vez que nuestras debilidades nos estorban.
 
 
La Verdad del Lavamanos Revelada en la Biblia
 
El lavamanos se menciona en el Antiguo Testamento, específicamente en Éxodo capitulo 30 versículos 17 al 21. “Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Harás también una fuente de bronce, con su base de bronce, para lavar; y la colocarás entre el tabernáculo de reunión y el altar, y pondrás en ella agua. Y de ella se lavarán Aarón y sus hijos las manos y los pies. Cuando entren en el tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran; y cuando se acerquen al altar para ministrar, para quemar la ofrenda encendida para Jehová, se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Y lo tendrán por estatuto perpetuo él y su descendencia por sus generaciones” (Éxodo 30:17-21). Así habló Dios a Moisés y a los sacerdotes.
Cuando un sacerdote entraba en el Tabernáculo, primeramente solía dar la cara al altar de la ofrenda quemada. Ese era el lugar en el cual los Israelitas ofrecían sus sacrificios imponiendo las manos sobre la cabeza de los sacrificios, los degollaban para extraer su sangre, lo colocaban sobre los cuernos del altar, y quemaban su carne y su grosura para el Señor Dios. En el Día de la expiación, el Sumo Sacerdote imponía sus manos sobre uno de los chivos sacrificados que lo traían ante él para que los Israelitas transfirieran sus pecados sobre este altar.
Lo que usted encuentra después de pasar por el altar dentro del Tabernáculo es el lavamanos de bronce. Una vez que pasan el lavamanos, entran al Lugar Santo, el cual es la casa de Dios en donde colocaban el Arca. Si alguno se atrevía a entrar al Lugar Santo, primeramente debía lavarse toda su suciedad en el lavamanos. No había excepciones, ni para el Sumo Sacerdote. Esta es la Verdad de la remisión del pecado hablada a los justos que habían recibido la remisión del pecado.
Aunque hemos recibido la remisión del pecado, aún cometemos pecados personales diariamente. ¿Cómo podemos guardar nuestros corazones limpios a pesar de que hemos recibido la remisión del pecado? Lo que estoy preguntando es cómo podemos guardar nuestros corazones sin pecado, después de haber recibido la remisión del pecado por medio de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. La respuesta para esta pregunta descansa en la Verdad de la remisión del pecado que se lleva a cabo en el lavamanos. El secreto para guardar nuestra santidad después de haber recibido la remisión del pecado se encuentra en el lavamanos.
Nuestro Señor dijo que cualquiera que estuviera limpio solo necesitaba lavar sus pies. “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos” (Juan 13:10). Al igual que dijo nuestro Señor, lavamos nuestros pecados personales por medio de nuestra fe en el lavamanos y guardamos nuestra fe perfecta. Y la Verdad del lavamanos finalmente es revelada en los tiempos del Nuevo Testamento, cuando nuestro Señor viene a este mundo para recibir Su bautismo de Juan el Bautista. En otras palabras, guardamos nuestra fe perfecta creyendo y meditando en el bautismo que Jesús recibió, por medio del cual todos nuestros pecados fueron lavados en el evangelio del agua y el Espíritu. Llegamos a ser santos y permanecemos así ante Dios meditando y creyendo en el bautismo de Jesús. Ciertamente el agua implica el bautismo de Jesús, el cual es la señal de nuestra salvación, como está escrito, “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo” (1 Pedro 3:21).
Nuestro Señor quitó todos nuestros pecados al recibir Su bautismo. Y Él borró todos nuestros pecados muriendo sobre la Cruz. Nuestro Señor tomó todos los pecados del mundo sobre la Cruz, donde Él murió. Él nos liberó al ser resucitado de los muertos. Después de que hemos recibido la remisión del pecado por medio de la obra de nuestro Señor, debemos de recordar el evangelio del agua y el Espíritu repetitivamente cada día. Tenemos que mirar al bautismo que nuestro Señor recibió diariamente., aún después de haber recibido la remisión del pecado. Tenemos que verlo siempre que nos ensuciamos en este mundo. Toda la suciedad de nuestro corazón es lavada nuevamente siempre que creemos y meditamos sobre el bautismo que Jesús recibió. Solo entonces podemos dar gloria al nombre de Dios Padre delante de Él por medio de nuestra fe en el bautismo. No somos capaces de dar gloria al nombre de nuestro Padre, si tenemos una conciencia alterada por nuestro pecado, aunque hayamos recibido la remisión del pecado. Así, nuestro Señor nos ha enseñado a orar para dar gloria al nombre del Padre para que podamos ser santos creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
¿Qué hubiese pasado a los sacerdotes de los tiempos del Antiguo Testamento, si no hubiesen tenido el lavamanos para limpiar su suciedad? Aunque recibían la remisión del pecado anual para ese año por medio de la ofrenda, ¿cómo hubiesen podido permanecer sucios? Tenían que depender del lavamanos.
Aquellos cono tan solo un pedacito de suciedad seguramente hubiesen muerto si hubiesen entrado en Lugar Santísimo, donde Dios Mismo se presentaba. Entonces, ¿Cómo podía el Sumo Sacerdote venir ante Dios? Si el lavamanos hubiese estado sin agua y el Sumo Sacerdote no pudiese lavar su suciedad, no hubiese podido entrar al Lugar Santo. En otras palabras, a menos que el sacerdote lavara su suciedad con el agua del lavamanos, eran incapaces de dar gloria al santo Dios. Sin importar quienes fueran, aún si era el Sumo Sacerdote. Esto es, aún el Sumo Sacerdote llegaba a ensuciarse con sus pecados personales ya que también era humano.
Aún los justos se han encontrado con eventos que ensucian sus corazones. Algunas veces la ira justa se despierta en nosotros, cuando nos encontramos con hacedores del mal mientras que realizamos la obra de Dios. Así, siempre que los pensamientos carnales se acumulan en nuestro corazón, lo ensucian. A partir de aquí, en los tiempos del Antiguo Testamento, si un Sumo Sacerdote deseaba ir delante de la santa presencia de Dios, tenía que pasar por el altar y lavar sus manos y pies con el agua del lavamanos antes de que entrara en el Tabernáculo de reunión y realizara sus obligaciones.
Entonces, ¿qué clase de fe debemos tener en el tiempo presente? Podemos encontrar la respuesta a esta pregunta en la fe en el evangelio del agua y el Espíritu. ¿Con que clase de fe debemos orar, adorar y alabar ante Dios? Desde luego que debe ser con la fe en el evangelio del agua y el Espíritu. De igual modo, cuando oramos, alabamos y adoramos a Dios, debemos hacerlo dependiendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Es esencial que nosotros dependamos en eso si es que vamos a alabar a Dios sin ningún pecado.
¿Con que clase de fe debemos acercarnos a Dios? Podemos acercarnos a Dios creyendo en el bautismo y en la sangre de Jesús. Así, podemos vivir nuestra fe creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu para que el nombre de Dios pueda ser considerado santo ante la gente del mundo así como ante Satanás el Demonio. En conclusión, podemos dar santidad y gloria al nombre de nuestro Padre por medio de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
Jesucristo Quién Ha Borrado Todos Nuestros Pecados
 
So vemos las Escrituras en el pasaje de Éxodo capitulo 25 versículos 1 al 12, se habla acerca del Arca del Testimonio. Dentro del santuario, Dios les dijo a los Israelitas que hicieran el Arca. Las medidas del Arca eran, “Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio” (Éxodo 25:10). Y por dentro y por fuera tenía que estar recubierta de oro. Instrucciones más específicas fueron dadas para la construcción del Arca. Y como dijo Dios, “Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré,” las dos tablas de piedra de la Ley que Moisés recibió de Dios tenían que ser colocadas adentro (Éxodo 25:16). Una vez que las dos tablas de piedra fueron colocadas dentro del Arca, tuvieron que poner el propiciatorio en la parte de arriba del Arca. Esto significa la justicia y la misericordia de Dios. Eso implica que Jesucristo lavó nuestros pecados en acuerdo con los estatutos de la Ley al tomar sobre Sí Mismo nuestros pecados por medio del bautismo que Él recibió y derramando Su sangre sobre la Cruz. Por medio de esto, se nos dice que en el Reino de Dios existe también la justicia y Su amor. Y para expiar por cada ser humano, el precio de vida debe ser pagado sin ninguna excepción.
Podemos recibir la remisión del pecado después de experimentar la muerte de acuerdo a la justa Ley que el santo Dios ha dado. Puesto de otra manera, podemos recibir la remisión del pecado debido a que Jesucristo vino a esta tierra, tomó sobre Sí Mismo todos nuestros pecados por medio del bautismo que Él recibió de Juan el Bautista, y murió vicariamente en la Cruz por nosotros. Hemos recibido vida nueva por medio del amor y la justicia de Dios. No debemos olvidar que nosotros debimos haber muerto por nuestros pecados en lo que concierne a la justa Ley de Dios. Además, tenemos que recordar que hemos sido liberados debido a que Jesucristo tomó nuestros pecados por medio de Su propio bautismo de una vez y para siempre, murió en la Cruz y resucitó de los muertos. Todos nosotros podemos acercarnos a Dios creyendo en esa Palabra y dar gloria al nombre de Dios por medio de nuestra fe. Hemos sido lavados de todos nuestros pecados por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Cualquiera que cree en el evangelio del agua y el Espíritu puede ser liberado de todos sus pecados.
Los creyentes del evangelio del agua y el Espíritu no recibieron la remisión del pecado al estilo de las religiones mundanas. Fue posible debido a que nuestro Señor recibió el bautismo de Juan el Bautista y ofreció Su propia vida en la Cruz para salvar nuestras vidas. Jesús vino a este mundo en semejanza de hombre y tomó todos nuestros pecados al recibir Su bautismo de Juan el Bautista para poder ofrecer Su propia vida por nosotros, para que pudiéramos tener una justa salvación. Jesús recibió el bautismo para quitar todos nuestros pecados. Entonces, Él murió sobre la Cruz, al tercer día, resucito de entre los muertos. Jesús nos dio vida nueva al dar Su propia vida por nosotros. A partir de aquí, Él hizo posible que nosotros llegásemos a ser santos por medio de nuestra fe. Es a través de nuestra fe por lo que hemos llegado a ser santificados por el evangelio de Jesús del agua y el Espíritu. Así, Dios llegó a ser nuestro Padre, y Jesús llegó a ser nuestro Dios Salvador.
Nosotros oramos, “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.” El nombre de nuestro Padre es glorificado cuando creemos en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu. Esto es porque Jesús recibió el bautismo para tomar todos nuestros pecados y pagó la deuda de esos pecados sobre la Cruz para darnos vida y convertirnos en hijos de Dios. Creemos en Jesucristo ya que el Dios Salvador pagó el precio por nuestras vidas al venir a este mundo en humilde semejanza de hombre, tomando en esa carne los pecados del mundo por medio de Su bautismo, y derramando Su sangre sobre la Cruz. Jesús dio a los creyentes la remisión de sus pecados y recibió el juicio por todos nuestros pecados al recibir Su bautismo y al morir sobre la Cruz de acuerdo a la voluntad del Padre. Este fue el digno precio de Su sacrificio para darnos vida nueva. Nuestro Señor nos liberó de todos nuestros pecados por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Así, pudimos llegar a ser los hijos propios de Dios Padre y pudimos llamar a Dios Abba Padre sin titubear o sin tener una conciencia culpable. Al hacer esto, pudimos dar gloria al nombre de nuestro Padre.
 
 
La Oración del Señor No Es Un Canto religioso
    
La gente repite la Oración del Señor como si fuese un encantamiento mágico. Sin embargo, debemos darnos cuenta que el nombre de nuestro Padre no es glorificado con tales canticos. También es probable que canten la Oración del Señor añadiéndole melodía, pero esa persona tampoco glorifica el nombre de Dios.
Debemos darnos cuenta que la Oración del Señor nos fue dada no solo para memorizarla. Si realmente vamos a llamar a Dios Santo Padre, primero debemos creer en el evangelio del agua y el Espíritu, en el cual nuestros pecados son lavados. Jesús nos dio vida nueva y borró todos nuestros pecados por el evangelio del agua y el Espíritu, el cual afirma que Él nos ha redimido con el precio de Su propia vida. Debemos recibir la remisión del pecado creyendo en ese Jesucristo. También, debemos pedir ayuda clamando al Santísimo Dios Abba Padre. Por lo menos, no debemos sostener creencias equivocadas que deshonran el nombre de nuestro Padre. Si usted cree en Jesucristo doctrinalmente sin tener fe en el poder Dios que borró todos nuestros pecados, su fe es corrupta sin importar cuán fuerte sea su fe. Aunque usted sea incapaz de dar gloria a Dios, usted nunca debe deshonrar el nombre de Dios con una fe equivocada. Tal fe no cree en el bautismo de Jesús.
Dios es santo, y Su nombre debe ser glorificado apropiadamente. Aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu pueden dar gloria sagrada al Santísimo Dios, y ellos son verdaderamente los propios hijos de Dios. Debemos dar gloria a Dios con nuestra fe verdadera. Para hacer eso, primero tenemos que creer en el evangelio que lava todos nuestros pecados. Entonces, nuestro Señor da respuestas a nuestras oraciones siempre que pedimos Su ayuda. Así, debemos dar gloria a nuestro Señor creyendo en ese evangelio.
Cada persona necesita recibir la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Además, debido a que continuamos cometiendo pecados aún después de haber recibido la remisión del pecado, tenemos diariamente que lavar esos pecados personales creyendo en el bautismo que Jesús recibió, el cual es el agua en el lavamanos de bronce. Tenemos que lavar los pecados de nuestra conciencia, sin mancha, rumeando en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista. También, debemos conocer y creer que el nombre de Dios Padre es glorificado en ese instante. Nuestro Señor nos ha enseñado la Oración del Señor para plantar tal fe en nosotros. Por lo tanto, para aquellos que aún no he recibido la remisión del pecado, primero necesitan creer en el evangelio del agua y el Espíritu para recibir la remisión del pecado. Para aquellos que aún permanecen como pecadores después de haber creído en Jesús, recibirán la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Solo entonces podrán dar gloria al nombre del Padre de la manera apropiada.
Los Cristianos de la actualidad recitan la Oración del Señor con mayor frecuencia. Recitan la Oración del Señor al comenzar la adoración en sus reuniones y al final de la adoración guiados por un hombre, quién ni siquiera ha sido ordenado. Como marca del comienzo de la adoración, normalmente recitan el Credo de los Apóstoles, y al final de la adoración, ellos recitan la Oración del Señor.
Sin embargo, nuestro Señor no nos enseñó la Oración del Señor para ser practicada de tal manera. Él no nos dio la Oración del Señor para que pudiésemos demostrar nuestra buena fe al memorizarla o al recitarla. Más bien, Él requiere de verdaderos creyentes en Dios que reciban la remisión del pecado. Para llegar a ser tales personas de fe, necesitamos pedir Su guía. Aún más, necesitamos vivir vidas éticas en fe en nuestro diario caminar. Él nos ha enseñado a los nacidos de nuevo la Oración del Señor para que podamos dar gloria al nombre de nuestro Padre guardando la remisión del pecado y rumiando en el evangelio del agua y el Espíritu sobre bases diarias. Para realmente borrar cualquier culpa en nuestra conciencia y santificarla, completamente tenemos que lavar la suciedad en nuestra conciencia con el agua extraída del lavamanos de bronces diariamente.
Los Diez Mandamientos dados por Dios son la base de la Ley, su pilar central, y el espejo que refleja cada corazón tal cual es. Esto aplica no solo a aquellos que no han recibido la remisión del pecado sino también a aquellos que la han recibido. La Biblia dice que la Ley no es abolida simplemente porque hemos la remisión del pecado (Romanos 3:31). Sin equivocaciones debemos saber esto.
No siempre vivimos una vida santificada aún después de recibir la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Cuando realizamos la obra del evangelio, podemos mantenernos nosotros mismos lejos del pecado. Pero cuando volvemos a nuestra esencia y realizamos las obras de la carne, continuamos cometiendo pecados. Ustedes tienen que saber que sus acciones pecaminosas no se consideran pecados solo porque creen en el evangelio del agua y el Espíritu. El pecado es pecado sin importar quién lo cometa. Aún si es cometido por alguien que haya recibido la remisión del pecado, el pecado sigue siendo pecado.
Entonces, ¿cómo podemos discernir lo que constituye pecado en nuestras vidas? ¿Es pecado cuando tenemos dudas acerca de la forma en la que hemos vivido nuestras vidas? Dios nos habló de la siguiente manera. “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:2-3). Dios está hablando a los Israelitas. Quienes son Su pueblo escogido, al igual que nosotros, quienes hemos nacido de Nuevo por el agua y el Espíritu. Cuando reflexionamos en todos nuestros pensamientos, corazones, y obras sobre la Ley dada por Dios, podemos discernir si son o no pecados. Ambos, los nacidos de nuevo, al igual que aquellos que todavía no han nacido de nuevo, la Palabra de la Ley de Dios tiene la habilidad de distinguir los pecados. No hay otra forma por la cual podamos discernir nuestros pecados excepto por la Ley. Nuestras obras no están definidas como pecados porque así lo sentimos, sino que son clasificados como pecado cuando han roto la Ley designada por Dios. La forma para discernir el pecado no está basada en nuestros propios pensamientos. Más bien, debemos darnos cuenta y creer que nuestras obras o pensamientos constituyen pecado cuando obramos en contra de la Palabra de Dios.
Tenemos que reconocer que nuestras acciones han sido pecaminosas, cuando nos damos cuenta de ciertos pecados por medio de la Ley de Dios. Y cuando reconocemos nuestro pecado como tal, podemos lavar todos nuestros pecados por medio de nuestra fe en el bautismo de Jesucristo. Somos santificados nuevamente cuando reconocemos aquello que hacemos mal, vamos delante del Señor, nos lavamos a nosotros mismos con el agua del bautismo de Jesús. Lavarse con el agua del lavamos de bronce es creer que Jesús tomó todos nuestros pecados con Su bautismo que Él recibió de Juan el Bautista. Nuestras sucias conciencias pueden llegar a estar limpias creyendo en las obras que el Señor ha hecho para quitar nuestros pecados. Solamente por medio del bautismo que Jesús recibió podemos dejar limpias nuestras conciencias. Nuestros pecados diarios son lavados solo con la fe establecida que cree que Jesús tomó sobre Sí Mismo todos nuestros pecados a través de Su bautismo con la imposición de manos de Juan el Bautista. Nuestra fe en el bautismo que Jesús recibió de Juan el Bautista y la sangre derramada sobre la Cruz, crucificado por los soldados Romanos, puede borrar todos nuestros pecados. Podemos obtener una conciencia clara con nuestra fe. Podemos guardarnos sagrados con bases diarias por medio de esa fe.
“Nuestro” en la primera frase “Padre nuestro que estás en los cielos” de la oración que nuestro Señor nos ha enseñado significa los santos, quienes han nacido de nuevo del agua y el Espíritu. Para aquellos que tienen pecado en su corazón nunca podrán llegar a ser discípulos de Jesucristo.
 
 
“Seréis, pues, santos, porque yo soy santo”
    
Dios Padre nos está diciendo, “seréis, pues, santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Así, nosotros, que hemos recibido la remisión del pecado por medio de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu, constantemente tenemos que guardar nuestra devoción por fe. Desde luego, no podemos llegar a ser santos por medio de nuestras propias obras. Sin embargo, podemos llegar a ser santos creyendo en el bautismo de Jesús, el cual es la Verdad real, la Verdad de la salvación. La razón por la que podemos guardar nuestra devoción se debe al hecho de que Jesús ha recibido Su bautismo por nuestro bienestar. Podemos lavar completamente todos nuestros pecados en la conciencia, en nuestra alma, y en nuestra carne creyendo en la salvación del agua y el Espíritu. Así, nosotros que hemos llegado a ser hijos de Dios podemos honrar el nombre de nuestro Padre.
Verdaderamente, tenemos que vivir nuestra vida de manera apropiada para los nacidos de nuevo que tienen fe para glorificar el nombre de Dios. Verdaderamente, en nuestras vidas, debemos vivir vidas de fe reales. Podemos vivir una vida apropiada ante Dios solo cuando basamos nuestra vida en la verdadera fe y por algunas acciones éticas nuestras. Nuestro Señor ya completó todo por nosotros para vivir tal vida realísticamente. Esto es posible porque nuestro Señor vino a este mundo y recibió Su bautismo de Juan el bautista. Además, se debe a que Él derramó Su sangre Su sangre sobre la Cruz.
Nuestro Señor dijo en 1 Pedro capitulo 3, versículo 21: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo.” Si nuestra conciencia pudiese venir delante de Dios, tenemos fe en el hecho de que nuestro Señor ha venido a este mundo y ha tomado sobre Sí Mismo todos nuestros pecados de una vez y para siempre al recibir Su bautismo de Juan el Bautista, y que Él murió sobre la Cruz. Somos santificados por nuestra fe en la Verdad de que nuestro Señor ha lavado completamente todos nuestros pecados así como nuestro sentido de culpabilidad con Su bautismo. Así, podemos vivir nuestras vidas apropiadamente por fe, y orar apropiadamente de acuerdo con la Oración del Señor, la cual nos ha enseñado nuestro Señor. Queridos compañeros creyentes, ¿entienden? Estoy seguro que sí.
No damos gloria al nombre de Dios por vivir bien en nuestra carne. Eso es posible solo creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Si creemos en este evangelio, podemos vivir de acuerdo a la Oración del Señor. Aunque para pueda ser imposible ser santos con nuestros actos carnales, la Biblia dice que es posible por el espíritu de nuestro Dios. Jehovah. De igual forma, aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu son los hombres de fe que poseen la verdadera fe espiritual.
¿Cómo podemos limpiar nuestros corazones? ¿Cómo podemos lavar nuestro pecados carnales? Solo es posible conociendo y creyendo en la Verdad dada por Dios que constituye el evangelio del agua y el Espíritu. Es posible creyendo en el evangelio de la remisión del pecado dado por el Señor, el cual limpió nuestro sentido de culpabilidad así como todos nuestros pecados de la carne. Además, nuestros cuerpos y espíritus pueden ser totalmente lavados por medio de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Así, podemos amar y servir continuamente y sin titubear a nuestro santo Señor. Solo los que poseen la verdadera fe pueden decir Abba Padre y vivir como soldados de Cristo. Esta bendición solo está disponible si creemos en el evangelio del agua y el Espíritu y si aplicamos ese evangelio realísticamente en nuestras vidas. Esta fe nos permite ir osadamente ante Dios día tras día. Podemos vivir osadamente únicamente por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Solo en nuestra fe podemos vivir bien, realizando las justas obras durante nuestro tiempo de vida con una conciencia clara.
Dios nos ha dado el poder a ti y a mí, a los que creemos en el evangelio del agua y el Espíritu, para vivir de ese modo. Algunas veces la gente habla incoherencias tales como que ellos no han cometido ningún pecado después de haber recibido la remisión del pecado. Sin embargo, Dios dice en la Biblia, “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.” (Eclesiastés 7:20). Si no hubiésemos cometido ningún pecado personal en este mundo, nuestro Señor nuestro Señor no hubiese quitado los pecados del mundo de una vez y para siempre. ¿Cómo puede alguien vivir en este mundo sin cometer ningún pecado? La gente está libre del pecado a pesar de cometer numeroso pecados debido a que nuestro Señor ha borrado todos esos pecados por medio del evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
¿Eres santo Porque Nunca Has Pecado?
    
Queridos compañeros creyentes, ¿son justos o pecadores? Si usted dice que es justo, ¿es porque usted nunca ha cometido ningún pecado o porque ha llegado a ser justificados por medio de su fe en el evangelio del agua y el Espíritu? No es la realidad el que no tengamos ningún pecado en nuestra conciencia porque nunca hemos cometido ningún pecado. Nuestro Señor ha tomado nuestros pecados sobre Sí Mismo al recibir Su bautismo. Él murió llevando los pecados de este mundo a la Cruz, en donde recibió el juicio por esos pecados mientras derramaba Su sangre. Él fue resucitado de entre los muertos y se ha convertido en nuestro perfecto Salvador. Hemos recibido la remisión del pecado en nuestra conciencia y llegado a ser limpios y santos creyendo en ese Jesucristo. Hemos llegado a ser justos en nuestra fe debido a que nuestro Señor nos ha dado tal fe. ¿Hemos llegado a ser justificados por creer o porque verdaderamente no henos cometido ningún pecado? Hemos llegado a ser justificados por medio de nuestra fe y no por no haber cometido ningún pecado.
No existe una sola persona que permanezca justificada porque no comete pecado después de haber recibido la remisión de este. Alguna gente dice que aquellos que han llegado a ser justificados nunca pecan de nuevo. Dicen que son perfect5os en cuerpo y espíritu. Sin embargo, debido a que tenemos carne, nunca podremos llegar a ser perfectos aunque hemos llegado a ser perfectos espiritualmente por la fe. Siempre somos inestables e imperfectos. Henos llegado a ser perfectos solo porque nuestro Señor ha perfeccionado ha tales personas como nosotros. Así, Dios nos habló, “Sed perfectos, porque Yo soy perfecto. Tú eres santo, porque Yo te he hecho santo.” Somos santos en nuestra fe porque nuestro Señor nos ha hecho santos por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Realmente llegamos a ser santos y perfectos por creer en la Verdad de que Jesús nos ha santificado por medio del evangelio del agua y el Espíritu.
Queridos compañeros creyentes, algunas veces nos sentimos perdidos acerca de cómo debemos vivir nuestra vida aún después de haber recibido la remisión del pecado. “No importa si yo vivo de esta forma ya que he recibido la remisión del pecado. Estoy indefenso, predispuesto por naturaleza a ser de esta forma. Además, ¿a quién le importa ya que he recibido la remisión del pecado? No puedo evitar vivir de este modo debido a mi situación actual. Desde luego, no tengo pecado porque he recibido la remisión del pecado.” Existe gente que piensa de este modo y vive descuidadamente.
Ante esto decimos que esa persona tiene una conciencia empolvada y peluda. Hemos quitado el pelo de nuestras conciencias y lavado la suciedad de nuestra conciencia con nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Esto verdaderamente es posible solamente si llevamos nuestros pecados ante la Ley de Dios y nos reflejamos ante esa Ley. Verdaderamente, podemos conocer nuestros propios pecados cuando los reconocemos ante la Ley de Dios. Entonces somos capaces de lavar nuestros pecados y llegar a ser santos creyendo en el bautismo que nuestro Señor recibió y a la sangre de la Cruz.
 
 
¿Cómo Podemos Vivir Una Vida Apropiada Ahora que Hemos Recibido la remisión de Nuestros Pecados?
    
Los justos, quienes han recibido la remisión del pecado por su fe, pueden vivir verdaderamente bien si viven como soldados de Cristo. Puede haber gente que se sienta perdida sin dirección en sus vidas, aún después de haber recibido la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Tal gente puede existir. “Voy a la iglesia porqué si falto me siento incomodo, aburrido y sin entretenimiento.” Puede haber gente que se sienta así.
Sin embargo, nuestro Señor ha hablado explícitamente. “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Matero 6:9-10). Dios desea ser tratado como santo por parte de aquellos que reciben la remisión del pecado. Entonces podemos saber que ir a la iglesia como si fuésemos a un día de campo o a un evento no puede agradar a Dios. Si uno trata de vivir neciamente de acuerdo a su propio deseo sin la guía de los siervos de Dios,, le impide ser ungido con el precioso aceite sobre la cabeza que corre hasta le orilla de sus vestiduras (Salmo 133:2).
Glorificar el nombre de Dios es renovar nuestro corazón rumeando en nuestra fe diariamente y vivir una vida de fe que va ante Dios. Aquellos que han recibido la remisión del pecado deben guardar su fe bien y lavarse en su fe limpia para que siempre puedan guardar su conciencia, carne y corazones santos con esa fe. Necesitamos fe que lava nuestras manos y pies limpiamente extrayendo agua del lavamanos de bronce. Esto es, tenemos que vivir mientras que constantemente nos conservamos puros, limpios y santos lavando nuestros pecados personales por medio de nuestra fe en la Palabra del bautismo que Jesús recibió y en Su sangre sobre la Cruz. Tenemos que darnos cuenta de nuestros pecados con un corazón contrito. Entonces, debemos lavarlos totalmente creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Esto es, debemos llamar a Dios nuestro Padre y hacer Su obra siendo santos como nuestro Señor es santo. Debemos vivir nuestra fe con nuestra meta puesta en la fe para poder vivir nuestra vida realísticamente y llegar a ser santos por fe.
Aquellos que han recibido la remisión del pecado nunca deben olvidar su identidad y status. Por lo menos, Dios en el Cielo es Padre tuyo y mío, si somos los justos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu. Aquellos que son capaces de creer y de llamar a Dios como su propio Padre al decir, “Padre nuestro que estás en los cielos” ciertamente son pocos. No cualquiera puede hacer eso. No es posible con dinero, o por ética, o por medio de una vida aislada en un monasterio. Solo aquellos que han recibido la bendición divina del Cielo pueden llamar a Dios Abba Padre. Esto verdaderamente es un derecho especial reservado para aquellos que han recibido una gracia especial de Dios. En otras palabras, solo aquellos que han recibido la remisión del pecado al nacer de nuevo por el agua y el Espíritu son capaces de llegar a ser hijos de Dios.
Aunque vivimos en este mundo, debemos estar bien consientes de nuestro propi status. Tu y yo somos hijos de Dios que hemos recibido la bendición divina y los únicos que podemos llamar a Dios Abba Padre. Debemos saber y admitir que nuestro status ha sido elevado y vivir nuestras vidas en fe apropiado a ese status como soldados de Cristo, distintos a aquellos que todavía no han nacido de nuevo.
Cuando vemos una amenaza, normalmente preguntamos, “¿De quién es ese hijo bastardo?” ¿Qué significa un hijo bastardo? Llamamos a alguien que ha sido educado sin un padre sin nombre. Existe mucha gente en este mundo que ha sido educada por madres solteras sin la asistencia de los padres. Un hijo bastardo no designa a toda esa gente. Al llamar a alguien hijo bastardo, no estamos indicando que la persona no tiene padre, sino que sus acciones están por debajo del sentido común. De este modo, si un niño es una amenaza, ese hecho desgracia a sus padres.
Si una persona que ha recibido la remisión del pecado vive por la misma ética y moral que aquellos que aún no han recibido la remisión del pecado, esa persona no habrá satisfecho el corazón de Dios como Él nos enseñó a orar, “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.” Por lo menos, si hemos llegado a ser hijos de Dios, no debemos deshonrar el nombre de nuestro Padre.
Si una persona que ha recibido la remisión del pecado vive en este mundo como una amenaza, se debe a que no se ha dado cuenta de su status como persona nacida de nuevo. Como resultado, tal persona justa no puede evitar vivir lado a lado con aquellos que todavía no han nacido de nuevo, con su ética, moral, valores y estándares. Definitivamente somos los hijos propios de Dios, y la gente mundana sabe que definitivamente hay algo diferente en nosotros al compararnos con ellos. ‘No importando la edad, esa persona puede ser diferente de algún modo ya que ha recibido la remisión del pecado. Aún así, esa persona no vive diferente de nosotros. Eso es una broma. Simplemente es un vago, aunque haya creído en Dios. No hay nada diferente en él comparado con un incrédulo. Tal vez, Dios no es tan maravilloso.’ La gente le pone nombres a sus espaldas. So solo es deshonrado entonces, sino que también deshonra a Dios. Si usted es tal persona, la gente tal vez no diga nada cuando este con usted, pero hablaran basura detrás suyo. El final de aquel que se olvida de su propio status y desprecia sus dignos derechos como un viejo par de zapatos será arruinado en miserables calumnias. Eso sucede porque no vivido de acuerdo a su status.
 
 
Los Justos Deben Unirse con Otros Justos por Fe para Vivir para el Señor
    
Los justos deben asociarse con otros justos. Aún si decimos bromas como ‘recibirás una sentencia de tres años por hablar fuerte en los baños de acuerdo al estatuto criminal tal y tal’ en los baños, debemos asociarnos con otras personas justificadas. Desde luego, no te estoy diciendo que no hagas nada con aquellos que todavía no han nacido de nuevo. No debes tomar mis palabras en el sentido que no debes para nada tratar con aquellos que aún no han nacido de nuevo. No debemos tratar a aquellos que aún no han recibido la remisión del pecado como seres menores a insectos. En vez de eso, tenemos que compartir el evangelio con ellos. Aunque tratamos con ellos, nuestra fe debe ser diferente a la de ellos. Aquellos que han nacido definitivamente deben vivir una vida distinta de fe a la de aquellos que todavía no nacen de nuevo. La fe en nuestro corazón debe ser diferente de la de ellos aunque nuestras obras no son perfectas al igual que las de ellos.
Aún nosotros los justos que hemos nacido de Nuevo tenemos varias posiciones mientras vivimos en este mundo. También, tenemos departamentos y organizaciones a las cuales pertenecemos. Cada uno tiene un trabajo, una oficina, una familia, y amigos. Aunque vivimos nuestras vidas perteneciendo a varios grupos, nuestros corazones deben ser diferentes de los corazones de la gente mundana. No solamente porque tiene que ser diferente, sino porque realmente somos diferentes. Esto se debe a que hemos llegado a ser ciudadanos pertenecientes al Cielo. Ya somos diferentes personas con una fe diferente den nuestros corazones. Así, ¿Cómo podemos coexistir con aquellos que tienen una fe y un corazón bastante distinto de la nuestra? Aún si somos puestos en una situación en donde tengamos que mezclarnos con ellos, la fe y los pensamientos en nuestro corazón tienen que ser fundamentalmente diferentes a los de ellos.
 
 
Entonces, ¿A Que Evangelio Debemos Adaptar Nuestras Vidas?
    
Debemos vivir por la fe en el evangelio de Dios del agua y el Espíritu. Eso es un hecho. Dios ha hablado de tal vida. No importa cuán increíbles seamos nosotros los que hemos recibido la remisión del pecado, somos diferentes de los pecadores. Los pecadores son sujetos con quienes debemos compartir el evangelio. Nosotros quienes somos soldados de Cristo debemos guiarlos hacia Él para que puedan recibir la remisión de sus pecados. Los pecadores de este mundo son almas dignas de lastima quienes todavía no han recibido la remisión completa del pecado. Aquellos que aún no han sido liberados de sus pecados son sujetos que deben recibir la remisión del pecado al oír el evangelio del agua y el Espíritu. Debemos saber esto y vivir apropiadamente.
Primero que nada, tenemos que trazar un línea muy clara en nuestro corazón entre nuestros enemigos y nuestros aliados. Solo entonces podremos tener compasión por nuestros enemigos y guiarlos a recibir la remisión del pecado para que puedan revivir en cuerpo y espíritu. Si no separamos a nuestros enemigos de nuestros aliados y los tratamos esencialmente igual, somos incapaces de compartir el verdadero y buen evangelio con ellos. Cuando tratamos de compartir el evangelio con gente con la cual nos divertimos bromeando hasta hace un momento, no evitaremos caer en incomodidades. “¡Ey! ¿Qué pasa con este cambio tan repentino? No has vivido diferente de mí todo este tiempo. ¿Porque pretendes ser tan espiritual tan repentinamente? Este no eres tú. Eso no va contigo. Es más usual que te comportes como lo hacías hace un momento. No digas nada absurdo y vivamos como lo hemos hecho hasta ahora. Ubícate.” Es así como reacciona la gente del mundo cuando repentinamente muestras tu seriedad para predicar el evangelio. Debido a que nosotros los justos conocernos la esencia en los corazones y en la fe de unos y otros, podemos cambiar de la carne al espíritu en un instante. Sin embargo, esto no es posible cuando tratamos con pecadores. Esto se debe a que ni siquiera conocemos su naturaleza pecadora fundamental.
¿Qué dijo nuestro Señor en le pasaje de la Escritura de hoy? Él nos dijo que oráramos, “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.” Él dijo que debemos vivir por fe para que el nombre de nuestro Padre sea glorificado. Para vivir así, debo decirte una vez más que debemos creer en el evangelio del agua y el Espíritu y hacer la obra de Dios, esparciendo el evangelio por todo el mundo.
Si no fuese por el evangelio dado por el Señor del agua y el Espíritu, no hubiésemos recibido la remisión del pecado y la fe que glorifica el nombre de Dios. Nuestro Señor vino a este mundo y tomó todos nuestros pecados sobre Sí Mismo al recibir Su bautismo. Así Él cargó todos los pecados del mundo en la Cruz, en donde Él fue crucificado y derramó Su sangre hasta Su muerte. Y al tercer día, Él resucitó de los muertos. Si nuestro Señor no lo hubiese hecho así, nuestros pecados permanecerían intactos. No hubiese habido forma de recibir la remisión del pecado si no fuese por el bautismo que nuestro Señor recibió y por la sangre que Él derramó sobre la Cruz.
Por lo tanto, estamos agradecidos porque Él nos dio el evangelio del agua y el Espíritu y nos permitió conocer este evangelio y creer en Dios Salvador. Si no tuviésemos la Palabra de fe en nuestro Señor, no tendríamos la vida sagrada que ahora poseemos. Si no hubiésemos creído en el evangelio del agua y el Espíritu, ¿cómo podríamos vivir tal vida? ¿Cómo podríamos invocar el nombre de Dios? ¿Y cómo podríamos vivir nuestras vidas elevadas que nos permite disfrutar el privilegio de invocar al santo Dios nuestro Padre? No podríamos evitar vivir como insectos que pueblan los países y viven en letrinas comiendo su suciedad. Damos gracias a Dios por permitirnos invocarlo en el Cielo como nuestro Padre. Esta vida es el sorprendente poder de nuestro Dios.
Nosotros que hemos nacido de Nuevo por medio del evangelio del agua y el Espíritu nunca viviremos como insectos, no importa cuán débiles podamos ser. Cualquiera que tiene la imagen de Dios al creer en Su evangelio, aunque actualmente sea un pecador atado por sus pecados. Aunque el mundo esté lleno con las creaciones de Dios, fundamentalmente son diferentes de otros seres humanos. No importa cuán duro lo intenten, excepto los humanos, ninguna otra criatura puede llegar a ser hijo de Dios al recibir la remisión de sus pecados por medio de su fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Esta es una diferencia gigante entre los humanos y todas las demás criaturas.
Aún entre la gente, existen diferentes tipos de personas. Existen aquellos que ya han recibido la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Ellos son los que han llegado a ser hijos de Dios creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. ¿A dónde van los hijos de Dios, quienes han recibido la remisión del pecado, después de haber vivido sus vidas en este mundo? Son abrazados por Dios Padre y entran al Reino de Dios, el Cielo.
 
 
Así, el Reino del Milenio y el Reino Eterno de Dios Nos Espera
    
El Reino del Milenio es un lugar que Dios ha preparado para recompensar a los justos. Los justos gobernaran como reyes durante mil años en ese lugar. Todavía no llegamos a ese lugar. Aún así, podemos imaginar ese lugar. También, lo anhelamos, ya está realizado en nuestro corazón por medio de la fe. Lo que si sabemos es cada Verdad que Dios nos ha prometido será cumplida como está escrita en la Palabra de Dios. Aún ahora, experimentamos diariamente cada bendición por medio de la fe.
La gente en este mundo desea disfrutar una vida cultural más elevada. La cultura humana le permite a la gente vivir bien y convenientemente. Así, llamamos a más culturas desarrolladas que nos permiten vivir aún más convenientemente en una buena cultura. Todas las necesidades básicas son satisfechas con mucha delicadeza por tales culturas desarrolladas, y la gente trata de disfrutar culturas aún más recientes y mejores. Disfrutan escuchar música y ver películas al igual que otras actividades culturales. Mientras disfrutan sus culturas de esa forma, pronto se cansan de ellas y demandan mayor cultura.
Podemos observar esta línea fácilmente en nuestras vidas diarias. Cuando viajamos en nuestros vehículos, nos detenemos en áreas de descanso por la carretera. En eso momentos, tenemos que elegir cual área de descanso nos detendremos de entre las muchas áreas que hay. Al viajar de Choon-chun al Centro de Entrenamiento de In-jae, existen dos áreas de descanso. Una se llama ‘Pampas’ y la otra ‘Sam-po.’ Cuando escogemos entre Pampas o Sam-po, si la comida y la pulcritud son parecidas, escogemos la que tiene el mejor ambiente y paisaje. Escogemos ir a un lugar digno en donde sintamos nuestro prestigio, carácter y reputación elevada. Sería un lugar distinto en donde nos detuviésemos, si fuésemos a otra región. Sin embargo, hay algo que no cambia: y es que nos detendremos en la mejor área de descanso de entre todas. Es natural que elijamos la mejor área de descanso, en donde la comida y la atmosfera son buenas por el mismo precio.
¿Sabes por qué la gente desea detenerse en esas aéreas de descanso? Eso se debe a que Dios ha implantado en los corazones humanos un anhelo por el Reino de Dios. Debido a que el Reino de Dios, el Cielo, es un lugar hermoso, prestigioso, elegante y agradable, la gente prefiere tales lugares aún en este mundo.
Especialmente, las mujeres tienden a buscar una atmosfera romántico a cualquier otro elemento o restaurant. A pesar de cuán buena sepa la comida, si el restaurante tiene una atmosfera decente, las mujeres le dan a ese restaurante una calificación elevada. Sin embargo, a los hombres normalmente les importa menos la atmosfera y más les importa la cantidad y calidad que el restaurante ofrece. Aunque esto no sea verdad para todos los hombres, pero generalmente al hombre le importa menos la atmosfera que a las mujeres.
No tengo idea de los maravillosos lugares en los que hayas estado, pero imagina el mejor lugar en donde hayas estado y en donde también te trataron bien. El Reino del Cielo es un lugar en el cual serás más feliz que cualquier otro momento que hayas disfrutado sobre la tierra en donde te trataron como a una persona muy importante. El paraíso terrenal, el Reino del Milenio que el Señor nos ha dado, nos encantara más que cualquier gran paisaje de este mundo. Gobernaremos como reyes durante mil años en ese reino. El reino del Milenio es el lugar en donde Dios nos recompensará a aquellos que creemos y servimos al evangelio del agua y el Espíritu.
Existe un mejor lugar que cualquier otro en este mundo, y ese lugar es el eterno Reino de Dios. No existen inconvenientes en el Cielo ya que Dios Mismo gobierna ahí como Rey y está lleno de toda clase de cosas buenas. Pastizales verdes llenan la tierra, mientras que las flores florecen para formar caminos. Estanques llenos de agua fresca verde jade junto con peces dorados. Te podrás deslizar entre los espacios por donde sea que te guíen tus pies. Joyas radiantes nunca antes vistas sobre la tierra están esparcidas por todos lados. Y cuando cierras tus ojos, un viento ligero como una pluma sopla suavemente por tu piel. Un viento suave sopla en tus oídos, y la luz solar hace la piel de un niño aún más brillante. El Reino del Cielo es un lugar maravilloso para vivir. El reino del Milenio y el eterno Reino de Dios son lugares que van más allá de cualquier comparación de cualquier gran lugar en este mundo.
Yo visito el reino del Milenio diariamente por medio de mi fe. Siempre que voy a Pampas en el área de descanso, pienso en lo mucho mejor que será el Reino del Milenio. Siempre que veo un maravilloso paisaje, me imagino cuanto más me dejara sin aliento el Reino del Milenio. Así, siempre que observo algo hermoso en este mundo, me quedo estático acerca del Reino del Milenio y del Reino de Dios. Así como es una gran vergüenza el deshonrar a nuestros padres también lo es deshonrarte a ti mismo, pero es inimaginable deshonrar el nombre de Dios Padre como hijos de Él, quienes hemos nacido de nuevo por el agua y el Espíritu.
No estoy diciendo esto para fortalecer tu deseo de vivir mejor. Solo te exhorto para que tengas fe en la Palabra de Dios en tu corazón. Tal como la Palabra de Dios dice que los justos deben vivir por fe solamente, no debemos olvidar nuestra obligación y vivir nuestras vidas para glorificar el nombre del Padre. Necesitamos vivir nuestras vidas con una fe verdadera y correcta. Para hacer eso, ciertamente tenemos que vivir nuestra fe en una cultura espiritual de los justos que se construye con fe. Debido a que Dios se agrada de tal vida, Dios ciertamente da muchas bendiciones a Sus propios hijos. Dios nos ha exhortado a vivir por fe. Queridos compañeros creyentes, ¿entienden? Estoy seguro que si.
La única forma en la que podemos glorificar el nombre de nuestro Padre es creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Si tú piensas que puedes servir a nuestro Señor por algún talento humano que posees, recuerda que esa fue la ofrenda hecha por Caín que Dios no aceptó. Como la ofrenda realizada por Abel hecha en su fe, podemos agradar a Dios y dar gloria y honra a Dios solamente por medio de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Glorificar el nombre de nuestro Padre y el vivir una vida que da gloria a Él también es posible únicamente por medio de la fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Por medio del evangelio del agua y el Espíritu, tú y yo llegamos a ser hijos de Dios, y podemos vivir vidas que dan la gloria apropiada al nombre de nuestro Padre.
No podemos evitar dar gracias a Dios quién nos da Su gracia que nos permite vivir por tal fe genuina. Sin embargo, existen aquellos que rehúsan recibir tal gracia. “No esperes que viva tal vida. Yo no nací para tal propósito,” si existen algunos que sienten de este modo, por favor no lo hagan.
Veme a mí. Probablemente entenderás mejor cuando me hayas observado. Mi vida ha cambiado tremendamente en fe. Antes de nacer de Nuevo, no podía rendir la ambición humana de algún día poseer un pedazo de tierra. Sin embargo, hoy ni los más altos rascacielos me causan envidia. Esto se debe a que tengo muchas casas más cómodas y espaciosas que esos edificios. Estas son las iglesias de Dios. Existe una iglesia de Dios en Sokcho, la cual es mi casa. También existen iglesias de Dios en Seúl y en Pusan, las cuales también son mi casa. No importa donde vaya en este mundo, esas son mis casas. Donde me recuesto para dormir es mi casa, y en donde vivo es mi comunidad. Así es como me siento.
Esta tarde nuestros hermanos perdieron 9 a 2 en un partido de futbol techado contra las esposas de los pastores. Desde luego, el partido fue jugado entre 5 hermanos contra 9 esposas de pastores. Estamos muy contentos por haber perdido por una diferencia tan enorme. ¿Por qué perderíamos por un marcador de 9 a 2? Nos sentimos bien cuando pensamos en que perdimos 9 a 2 pero las tratamos bien. Sin embargo, entre más pienso en ello, el resultado también me provoca. Me siento así porque no puedo entender como pudimos perder tan indefensamente. Me siento un poco furioso cuando me recuerdan otra juego que perdimos por un marcador de 8 a 1. ¿Cómo pudimos perder tan mal? Decidí aceptar esto como la voluntad de Dios.
Pero estábamos felices al ver a las esposas de los pastores regocijándose por el marcador, ya que son nuestras hermanas. Yo creo que solo ustedes quienes han nacido de nuevo por el agua y el Espíritu son mis hermanos y mis hermanas. Aunque no estamos relacionados por sangre como hermanos y hermanas, yo creo que espiritualmente somos una familia en el Reino de Dios. ¿Y tú? ¿También lo crees? Estoy seguro que sí. Esta es una verdadera bendición para nosotros. En el Reino de Dios, aquellos que están para ser tratados bien serán bien tratados, y aquellos que son dignos serán tratados dignamente. Encontraremos a los colaboradores de Dios dignos. Si hermanos y hermanas se tratan los unos a los otros dignamente, ¿no podríamos ceder y relajarnos un poquito los unos con los otros? ¿No es eso lo que significa ser una familia?
Sin embargo, creo que algún día nos desquitaremos. Aunque perdimos horriblemente cuando no era posible que perdiéramos así, estoy feliz porque pienso que esto también debe haber sido el poder de Dios. De hecho, perdí todo mi apetito cuando perdimos ese juego. De hecho, nosotros los pastores hemos analizado como fue que perdimos por un marcador de 9 a 2. ¿Cómo perdimos por un marcador de 9 a 2? Cuando el marcador era 3 a 0 y luego 4 a 0, lo justificamos diciendo que estábamos siendo fáciles con ellas. Pensamos que los verdaderos jugadores comienzan a jugar en la segunda parte. Pensamos que podíamos regresar al partido fácilmente, pero estábamos equivocados. Dimos nuestros mejor esfuerzo hasta usando le rudeza, pero aún así perdimos por un marcador de 9 a 2. No pudimos evitar quedar sorprendidos. “¿Cómo pudo pasar esto?”
Mientras que nos sentíamos tristes, un pequeño y profundo pensamiento reveló que esto era muy afortunado. Cuando pensamos en lo deprimidas que estarían las esposas de los pastores si ellas hubiesen perdido, sentí que era mejor que estuviésemos un poco tristes. Las esposas de los pastores habían sufrido suficiente estrés, así que si esta victoria podía consolarlas aunque fuese un poco perderíamos siempre a cualquier costo. Sin embargo, yo deseaba ganar el juego si se presentaba otra oportunidad. Aunque perdimos porque carecimos de talento, me sentí bien cuando pensé que todo esto fue de acuerdo a la voluntad de Dios. Ya que ganaron las esposas de los pastores, ellas nos trajeron muchísima comida deliciosa. Últimamente, se ha convertido en una festividad interminable, si hubiésemos ganado, me pregunto si hubiésemos tenido esta festividad.
Nos jactamos de nuestra gran derrota con otros colaboradores que nos encontramos. Muchos de ellos que escucharon esto probablemente habrán pensado que ellos no hubiesen perdido 9 a 2 si hubiesen jugado. Así, simulamos un juego. El resultado de esta simulación fue que ellos habrían perdido por un marcador de 15 a 0, si hubiesen jugado contra el mejor equipo de las esposas de los pastores.
Todo esto es posible debido a que todos nosotros estamos en el Reino de Dios. Y todo esto nos deleita. No importa nada, hemos llegado a ser una familia al recibir la remisión del pecado por medio de nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu. Aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu estamos libres de pecado ya que hemos recibido la remisión del mismo. Así, sus corazones siempre están en el Cielo y pueden reírse fuertemente día tras día.
¿Y tú? ¿Puedes mostrar una gran sonrisa que sale de tú corazón? ¿Existen demasiados pecados que evitan que rías fuertemente? De ninguna manera. Tú eres libre del pecado. No tenemos pecado. La conciencia del creyente en el evangelio del agua y el Espíritu esta limpia. Hemos llegado a ser hijos de nuestro Padre creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Ahora debemos poseer tal fe para dar gloria al nombre de Dios Padre. Debemos dar gracias a nuestro Señor en fe por hacer que vivamos vidas que dan gloria a nuestro Padre. Verdaderamente podemos disfrutar una vida de bendición si vivimos por fe en la Verdad. Si hacemos eso, Dios recibirá gloria y nosotros recibiremos muchas bendiciones.
Dios nos ha dado tal vida, y Él nos ha enseñado a vivir tales vidas. Damos gracias por la gracia de Dios que nos ha dado la vida de fe para glorificar el nombre de Dios. Este es el primer tema de oración que el Señor nos ha enseñado.
Vivamos una vida que glorifica a Dios estando unidos con la Iglesia en la fe.