Sermones

Tema 6: Herejía

[6-19] Llevemos a la Verdad a los herejes que no creen que Jesús es el Cristo (1 Juan 5, 1-12)

Llevemos a la Verdad a los herejes que no creen que Jesús es el Cristo(1 Juan 5, 1-12)
«Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan. Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios; porque este es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida».
 

Hoy en día, basándonos en 1 Juan 5, me gustaría dar testimonio de la Verdad de salvación de Dios, y dar testimonio de los herejes que hay entre los líderes cristianos de hoy en día. Los herejes que hay en el cristianismo no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que Dios nos ha dado. Así que no saben la razón por la que el Señor dijo que nadie puede entrar en el Reino de los Cielos y ver a Dios Padre si no nace de nuevo del agua y el Espíritu (Juan 3, 5). Aunque el Señor nos ha salvado de los pecados del mundo a través de la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, los herejes cristianos no creen en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Como creen en Dios según sus propias ideas, en vez de en la Verdad de que Dios nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, se han convertido en herejes. La Biblia deja claro que quien no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu es un hereje. Este es el asunto que del que quiero hablar hoy.
 


Deben creer que Jesús es Cristo


1 Juan 5, 1 dice: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios». ¿Qué significa este pasaje? Como ya saben, la palabra «Cristo» significa «el ungido». ¿Quién era en el Antiguo Testamento? Los reyes, profetas y los sacerdotes eran ungidos en sus cabezas antes de llevar a cabo sus tareas. En otras palabras, cuando Dios nombraba a los sumos sacerdotes, reyes o profetas, lo hacía ungiendo sus cabezas. Normalmente, una persona era la que ungía con aceite en un cuerno sobre la cabeza de la persona que debía ser ungida.
Jesús es el ungido, el Rey de reyes, que ha perdonado todos los pecados de la humanidad. Él vino al mundo ungido por el Espíritu Santo (Isaías 61, 1; Hechos 10, 38), y nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso se dice que quien cree en Jesucristo ha nacido de Dios. Estoy significa que Jesucristo vino al mundo con el puesto de Rey, Sacerdote y Profeta, y ha obrado para salvarnos de los pecados del mundo. En otras palabras, el Señor nos está diciendo que ha borrado nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu y que se ha convertido en nuestro Salvador. 
En resumen, Jesús es nuestro verdadero Profeta, verdadero Rey y Sumo Sacerdote. Es nuestro Dios, que ha creado este universo. No hay nada en este universo que no haya sido creado por Jesús, nuestro Salvador. Jesucristo es nuestro Profeta, que sabe todo lo que va a ocurrir, y que nos ha salvado de todos los pecados del mundo como Rey de reyes y como Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos. Por eso hemos sido salvados de todos los pecados al creer que Jesús es nuestro Cristo. El Evangelio del agua y el Espíritu explica claramente la Verdad de salvación. Como Jesucristo es nuestro verdadero Rey y Sumo Sacerdote, ha explicado la Verdad de salvación revelada en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Como Jesús creó los cielos y la tierra, hizo a hombre y reina sobre todo lo que creó, nuestro Señor es nuestro verdadero Rey. Como Jesús es nuestro Rey y el de todo el mundo, reina en este mundo como Rey de reyes. Como Jesús es Rey, gobierna el universo, ordena a todo que cumpla Su voluntad, y reina sobre toda la historia de la humanidad. Jesús es también el Sumo Sacerdote del Cielo. Según la voluntad de Dios Padre, Jesucristo vino al mundo siendo el Sumo Sacerdote del Reino de los Cielos, y cargó con todos los pecados sobre Su cuerpo al ser bautizado por Juan el Bautista Jesús ha cumplido la obra de salvación de la humanidad mediante el Evangelio del agua y el Espíritu.
Debemos creer que Jesucristo es el Salvador que se humilló y vino al mundo encarnado en un hombre para salvarnos de los pecados del mundo. Para borrar los pecados de la humanidad, Jesucristo se convirtió en el Sumo Sacerdote, y al tomar estos pecados sobre Su cuerpo y ofrecer Su cuerpo a Dios Padre, nos ha salvado de todos los pecados del mundo para siempre. Por eso la Biblia dice: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios». Esto significa que, como Jesús es Cristo, los que creen en Él como Cristo nacen de Dios, pero los que no creen en Jesucristo no nacen de Dios. Jesucristo es Rey, Profeta, y Sumo Sacerdote, y al cumplir estas tres funciones perfectamente, nos ha salvado de los pecados del mundo y se ha convertido en nuestro Salvador. Cargó con nuestros pecados, pagó la condena de esos pecados y nos ha salvado de los pecados del mundo. El que podamos recibir la salvación verdadera o no depende de si creemos en este Evangelio del agua y el Espíritu de corazón.
Lo que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu así son los hijos de Dios que han nacido de nuevo de Dios. Ahora mismo Dios quiere que creamos cómo Su Hijo Jesucristo nos ha salvado de los pecados de la humanidad. Quien quiera nacer de nuevo debe creer que Jesús es Cristo. Todos los que no creen que Jesús es Cristo no han nacido de Dios. Por tanto, para nacer de nuevo a través de Dios, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu de corazón. Hemos nacido como descendientes de Adán, entones el que sigamos siendo pecadores que están bajo la maldición de la Ley o seamos justos, nacidos de nuevo a través de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, está determinado por el tipo de fe que tengamos. En otras palabras, el que nuestra fe sea correcta o no está determinado por si creemos que Jesús es Cristo. Los que creen que Jesús es Cristo han nacido de Dios, y por tanto son el pueblo de Dios. Por el contrario, los que no creen que Jesús es el Cristo, son herejes, no gente de Dios. Aunque todos los cristianos dicen creer en Jesús como el Salvador, los que no creen que Jesús es Cristo son herejes.
Por eso 1 Juan 5, 1 dice: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios». Así que el que crean en Jesús correctamente o no depende de si creen que Jesús es Cristo. Esto se puede resumir en una cuestión: ¿De verdad creer que Jesús les ha salvado de todos los pecados del mundo y de la condena de los pecados del mundo al desempeñar estas tres funciones? Los que creen en esta Verdad son el pueblo de Dios, porque han nacido de Dios, pero los que no creen que Jesús es el Cristo, no son el pueblo de Dios, sino herejes. Muchos cristianos se han convertido en herejes en vez de en el pueblo de Dios porque no creen que Jesús es Cristo, aunque digan creer en Jesús. El que los cristianos no crean que Jesús es Cristo significa que no creen en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, es decir en que Jesús nos ha salvado de nuestros pecados al venir al mundo en el cuerpo de un hombre, a través del cuerpo de la Virgen María; al ser bautizado por Juan el Bautista cuando tenía 30 años; al cargar con los pecados del mundo hasta la Cruz y derramar Su sangre en ella hasta morir; y al levantarse de entre los muertos de nuevo. Por tanto, los que no creen que Jesús es Cristo no saben que Él les ha salvado del pecado al cumplir estas tres funciones perfectamente. Estas personas son herejes a los ojos de Dios.
¿Creen que los herejes se distinguen por su apariencia física? No, no tienen cuernos en la cabeza, ni tienen tres ojos. ¿Cómo podemos distinguir a los herejes? Podemos distinguirlos viendo si creen que Jesús es Cristo o no. En otras palabras, quien no crea que Jesús es Cristo es un hereje ante Dios. Por eso el Apóstol Pablo dijo que los que no creen que Jesús es Cristo son herejes. Creer que Jesús es Cristo es creer que Jesús es Dios, que vino al mundo en el cuerpo de un hombre como el Salvador, cargó con todos los pecados de la humanidad al ser bautizado por Juan el Bautista, fue crucificado y derramó Su sangre en la Cruz, se levantó de entre los muertos y así ha cumplido toda la justicia de Dios y nos ha salvado de los pecados, las maldiciones y la condena de nuestros pecados. Los que creen que Jesús es Cristo han nacido de Dios, y por tanto se han convertido en el pueblo de Dios, pero lo que no creen en esto son herejes condenados a los ojos de Dios.
Por eso debemos darnos cuenta de que Jesús es Cristo. Yo creo que Jesús es Cristo. ¿Y ustedes? ¿Lo creen también? Aunque crean en Jesús, deben creer que es el Cristo. Jesucristo es nuestro Salvador, que vino al mundo con tres funciones: Rey, Profeta y Sumo Sacerdote, y cumplió todo esto. El pasaje de las Escrituras de hoy nos enseña que quien cree en esta Verdad es un verdadero cristiano.
Incluso ahora mismo, Jesús nos enseña todo a través de la Palabra de Dios escrita. Jesús es nuestro verdadero Profeta, ¿están de acuerdo con esto? Nos está enseñando todo acerca del Evangelio del agua y el Espíritu. Al ser bautizado por Juan el Bautista como Sumo Sacerdote y Rey, Jesús tomó los pecados del mundo para siempre, y al ser crucificado, pagó la condena del pecado con Su derramamiento de sangre. Es nuestro Salvador que nos ha salvado de todos los pecados del mundo. La cuestión es si saben que Jesús es el Cristo o no. ¿Saben que Jesús es Cristo? ¿Creen que Jesús es Cristo? Si alguien no sabe que Jesús es Cristo, aunque crea en Jesús como su Salvador, es un pecador que no ha nacido de nuevo. Si esta gente sigue teniendo una fe incorrecta, será condenada por Dios por los pecados y será hereje.
Esto es cierto. Por eso debemos darnos cuenta de que nuestro Señor cumplió tres funciones, y por eso debemos ser salvados de todos nuestros pecados al creer con este conocimiento. Pero a pesar de esto, la gente cree en Jesús, que es Cristo, solo como Salvador. Pero no debemos creer como estas personas. Debemos creer que Jesús es el Salvador que ha borrado todos nuestros pecados. Pero antes de creer, debemos darnos cuenta de cómo Jesús nos ha salvado del pecado, y qué método ha utilizado para salvarnos de los pecados del mundo. Debemos entender el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de salvación, correctamente, y entonces debemos creer que Jesús es Cristo. Todos debemos darnos cuenta de que Jesús nació encarnado en un hombre por nosotros, que fue bautizado por Juan el Bautista a los 30 para cargar con nuestros pecados, que fue crucificado hasta morir, se levantó de ente los muertos y nos ha salvado para siempre para darnos la vida eterna. Si entendemos en esto, estamos creyendo en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu, del que habla la Biblia.
 


Cumplimos los mandamientos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu


Así que el Apóstol Juan dijo: «Todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él». Como Jesús es el Hijo de Dios, todo el que ama a Su Padre, también ama a los santos nacidos de nuevo. Todos amamos a Dios Padre, ¿no? Entonces esto significa que amamos a Su Padre, es decir a Jesús nuestro Salvador que nos ha salvado de los pecados del mundo. Por eso obedecemos la Palabra de Jesucristo, creemos en ella y la seguimos. El Señor les dijo a Sus discípulos: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13, 34-35). Esto es cuestión de tiempo, pero lo digo porque hay muchos herejes.
Así que el Apóstol Juan dijo: «En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos». Juan habló de los mandamientos de Dios, y estos mandamientos se resumen en amarnos los unos a los otros. Amarnos los unos a los otros como el Señor nos ha amado, tener compasión por las almas que no han recibido la remisión de los pecados y amarlos, para amar al Señor en la luz, para amarnos en justicia, cuidarnos los unos a los otros, y nunca odiarnos o hacernos daño, es cumplir los mandamientos de Dios. Dios dijo que cuando cumplimos nuestros mandamientos, sabemos que amamos a Sus hijos. Esto significa que si de verdad amamos a Dios, debemos amar a Sus hijos y cumplir Sus mandamientos. Todos los mandamientos de Dios están resumidos aquí.
El pasaje de las Escrituras de hoy dice aquí que amar a Dios es cumplir Sus mandamientos. También dice que los mandamientos de Dios no son pesados. La razón por la que los mandamientos de Dios no son pesados es que Él nos amó primero y nos salvó de los pecados, y nos dio este amor de salvación. Dios nos ha pedido que nos amemos, pero si tomamos estos mandamientos de manera legalista, puede ser muy pesado. Esto se debe a que somos incapaces de amar a los demás de la manera en que amamos nuestros cuerpos, ya que vivimos en la carne. Por eso los mandamientos de Dios son pesados para los que no han nacido de nuevo.
Sin embargo, los que han recibido la remisión de los pecados en sus corazones al creer en Jesucristo como el Salvador que vino por el agua, la sangre y el Espíritu, no piensan que amar a los demás es pesado. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo vive en nuestros corazones. A los justos les resulta más difícil no amarse los unos a los otros. Es más fácil amarse los unos a los otros que no hacerlo. Cuando los justos se aman los unos a los otros, son felices, están en paz y en la plenitud del espíritu.
Esto es cierto. Solo es cuestión de tiempo que los justos se amen. De hecho, es natural que los justos se amen los unos a los otros en sus vidas. Es más difícil para los justos odiar que amar, y es muy fácil para ellos amarse. Esto se aplica a los que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. La razón es que el Espíritu Santo vive en sus corazones. Los justos pueden amarse gracias al Espíritu Santo que vive en sus corazones. Sin el Espíritu Santo, los santos no pueden amarse. Nuestro Señor nos dijo que nos amásemos los unos a los otros como amamos a nuestros enemigos, y lo dijo porque borró todos nuestros pecados con el Evangelio del agua y el Espíritu, pagó la condena de esos pecados en nuestro lugar, nos salvó de ellos, nos hizo hijos de Dios, y nos ha dado el don del Espíritu Santo en nuestros corazones. Gracias a que el Espíritu de Dios, la fuente de amor, vive en nuestros corazones, podemos cumplir Sus mandamientos. Si no fuésemos hijos de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, no podríamos cumplir los mandamientos de Dios.
Si el Señor nos hubiese dicho que nos amásemos en términos carnales y que respetásemos a nuestros vecinos como a nosotros mismos, no podríamos haberlo conseguido. ¿Cómo debemos amarnos? ¿Cómo debemos respetarnos? Sin el Espíritu Santo no podemos amarnos los unos a los otros, ni respetarse. ¿Entienden esta Palabra? Como el Espíritu Santo está en nuestros corazones, podemos entenderlo todo. Mis queridos hermanos, en el pasaje de las Escrituras de hoy podemos ver que el Apóstol Juan tenía el mismo corazón que nosotros, que también fue salvado de todos sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu como nosotros, y que predicó el mismo Evangelio e impartió sermones. Podemos entender la fe del Apóstol Juan porque también tenemos el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones.
 


Los que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu pueden vencer al mundo


Implicando que Dios nos ha salvado de nuestros pecados, el Apóstol Juan dijo lo siguiente en el versículo 4: «Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe». Esto significa que los que han nacido de Dios pueden vencer al mundo, pero los que no han nacido de Dios no pueden vencer al mundo. ¿Qué quiere decir: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo? ¿Cómo podemos saber si hemos nacido de Dios o no? Los que han nacido de Dios son los que han nacido de nuevo del agua y el Espíritu. Esto significa que los nacidos de nuevo pueden vencer al mundo, y esto quiere decir que podemos vencer las convenciones y costumbres de este mundo por fe.
No hace mucho el gobierno de Corea del Sur realizó una petición para trasladar la capital administrativa a Gong-Ju, una ciudad en la provincia Chungcheong del Sur, que está en el centro del país. Aunque esta petición pasó a la Asamblea Nacional, el Tribunal Constitucional la declaró inconstitucional. Los jueces dictaminaron que como era según la costumbre que la capital de Corea del Sur fuese Seúl, era inconstitucional que se trasladase. La base de este veredicto era la siguiente: «En toda nación hay tradiciones y costumbres; la capital de Corea del Sur es Seúl y todo el mundo lo reconoce. Cambiar la capital costaría mucho dinero. Además como la constitución de Corea trata estos asuntos, la petición se tendría que haber sometido a referéndum para enmendar la Constitución, pero la legislatura no lo hizo y por eso se declaró inconstitucional». Así que el Tribunal Constitucional dictaminó en contra del gobierno y declaró esa petición inconstitucional.
Por tanto el gobierno no pudo cambiar la capital a Chungcheong. Así que Seúl sigue siendo la capital de Corea del Sur. La capital de Israel es Jerusalén, y será la capital eterna. La capital de los Estados Unidos es Washington DC. Aunque hay muchas ciudades más famosas que Washington DC en Estados Unidos, esa sigue siendo la capital. Como toda nación tiene unas costumbres muy arraigadas, es muy difícil cambiarlas.
En las familias también hay tradiciones que deben conservarse. Los hijos deben obedecer a los padres y honrarlos. La sociedad humana se sostiene gracias a estas costumbres. Las normas sociales de este mundo se basan en costumbres que rigen las relaciones humanas, así como costumbres religiosas y culturas. No podemos levantarnos contra estas costumbres y esperar vivir en paz con la sociedad.
Sin embargo, la Biblia dice: «Todo el que nace de Dios, vence al mundo». Esto significa que por fe, los nacidos de nuevo pueden cambiar, vencer las tradiciones, las modas y las costumbres. En otras palabras, los que nacen de Dios triunfan sobre las costumbres del mundo. Como históricamente la capital de Corea ha sido Seúl durante mucho tiempo, la gente dice que esta capital nunca debe cambiarse. Pero, si Dios no está satisfecho, los nacidos de nuevo de la fe no deben obedecer las costumbres, pase lo que pase. Por eso Dios dijo que los que han nacido de Él vences al mundo.
Vencemos al mundo y sus costumbres con nuestra fe en la justicia de dios. Para seguir la voluntad de Dios, a veces luchamos justamente contra otros. Pero esto no significa que los nacidos de nuevo luchemos con nuestros puños. Los justos obedecen a Dios según Su deseo. Aquí, en el pasaje anterior se dice que los que creen que Jesús es Cristo, cumplen los mandamientos y se aman los unos a los otros. El amor verdadero es para Dios. Si seguimos las costumbres del mundo no podremos cumplir los mandamientos de Dios, ni amarnos los unos a los otros. Si la gente del mundo se levanta contra Dios, los justos no pueden amarles para siempre. Además, aunque los justos oran por ellos con compasión y amor en sus corazones, si siguen rechazando la justicia de Dios, los justos no podrán amarles.
Juan dijo en el pasaje de las Escrituras de hoy: «¿Cuál es la fe que vence el mundo? Nuestra fe». Nuestra fe vence las convenciones del mundo. La gente del mundo no puede vencer sus costumbres. ¿Cómo podrían? Los que pertenecen a este mundo no pueden dejar de cumplir las normas entre los miembros de una familia. Hoy en día las normas en la familia se han debilitado considerablemente, pero cuando yo era joven, eran muy importantes. En Corea, era costumbre que un hijo hiciera todo lo que le pedían sus padres. Si le decían que tenía que ser médico, tenía que ser médico, si le decían que tenía que ser maestro, tenía que ser maestro; si le decían que tenían que casarse con una chica, tenían que casarse con ella. Sin embargo, cuando uno nace de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, puede incluso rebelarse contra la voluntad de sus padres carnales. Si los padres de los nacidos de nuevo se oponen a Dios u obstruyen Su obra, los justos no pueden estar de acuerdo con la voluntad de sus padres y por tanto tienen que negarse a obedecer diciendo: «Lo siento, pero no puedo obedeceros». Aunque no podamos evitar que nuestros padres se levanten contra Dios, no podemos estar de acuerdo con ellos porque creen en la justicia de Dios.
Aquí hay un ejemplo de cómo se vence al mundo: en Corea hay una costumbre de realizar rituales religiosos varias veces al año por los antepasados que han fallecido. Cuando uno rechaza esta costumbre y dice: «No puedo realizar este ritual porque va en contra de la voluntad de Dios», está venciendo al mundo. Algunos amigos están tan cercanos a nosotros que no podemos imaginar estar sin ellos, pero si se levantan contra Dios cuando nacemos de nuevo, podemos romper nuestra amistad con ellos. Hace mucho tiempo, cuando predicaba el Evangelio del agua y el Espíritu a un amigo mío, me odió por eso, aunque también era cristiano. Así que le seguí predicando el Evangelio del agua y el Espíritu una y otra vez, pero más tarde habló mal de mí
Así que le dije: «De acuerdo. Dejemos de ser amigos. No puedo hacer nada. No te odio en mi corazón, ni te odio de ninguna manera. ¿Por qué me odias sin motivo? Si el Evangelio del agua y el Espíritu que predico es bíblicamente erróneo, deberías decírmelo claramente. Si no, deben arrepentirse y volver a Dios. ¿Cómo puede alguien que no cree en Dios creer en Jesús como su Salvador e ignorar la Palabra de Dios? Creo en el Evangelio del agua y el Espíritu tal y como está escrito en la Biblia; no puedo creer de manera diferente. Como dices que no crees en el Evangelio del agua y el Espíritu, no puedo aprobar tu fe. Pero espero que vuelvas a Dios».
Todo lo que podía hacer era esperar y orar por que creyera en el Evangelio del agua y el Espíritu. Le prediqué el Evangelio del agua y el Espíritu a mi sobrino, pero en vez de creer en él, me odió por predicárselo. Discutió conmigo diciendo: «El Evangelio del que hablas sería correcto si estuviese de acuerdo con la Biblia, pero como el cristianismo de este mundo no cree como tu, yo tampoco puedo creer». En aquel entonces, mi sobrino estaba siendo asistido por su iglesia y no podía vencer las costumbres del mundo. Sin embargo, como yo he superado las costumbres del mundo con el Evangelio del agua y el Espíritu, y por eso he podido exponer las falsas creencias de los falsos cristianos en este mundo.
El Apóstol Juan siguió diciendo: «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan» (1 Juan 5, 5-8).
¿Cómo vino el Hijo de Dios al mundo? La Biblia dice: «Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre». En otras palabras, Jesús vino al mundo por el agua y la sangre. Esto significa que Jesús vino al mundo encarnado en un hombre, tomó sobre Sí mismo nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista, y al cargar con los pecados del mundo, fue condenado por nuestros pecados al ser crucificado y derramar Su sangre, para salvarnos de los pecados. Esto es lo que significa cuando la Biblia dice que Jesús vino al mundo por el agua y la sangre. Para Dios Padre, Jesús es Su Hijo, pero Su hijo vino como un hombre, cargó con nuestros pecados al ser bautizado, derramó Su sangre y se levantó de entre los muertos. El Señor vino al mundo por el agua y el Espíritu. El que creamos en Jesús como nuestro Salvador y que Él es el Hijo de Dios, significa que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en Jesucristo que vino por el agua y la sangre. Creer que el Hijo de Dios nos ha salvado al venir al mundo como un hombre, al ser bautizado, derramar Su sangre en la Cruz y levantarse de entre los muertos es creer en Jesús como Cristo. En otras palabras, quien sabe esto y lo acepta como la Verdad, que Jesús nos ha salvado perfectamente al venir por el agua y la sangre, es alguien que cree que Jesús es el Hijo de Dios y nuestro Salvador. Quien no crea en el Evangelio del agua y el Espíritu no cree que Jesús es el Hijo de Dios.
Esta gente que no cree que Jesús vino por el agua y la sangre, y que no reconoce a su Salvador, es hereje. Si no creemos que Jesús es el Salvador de nuestros pecados, que nos salvó al venir al mundo por el agua y la sangre, no creemos que Jesús sea el Hijo de Dios. Si no creemos que Jesús es el Hijo de Dios, no creemos que Jesús sea Dios. Entre los líderes cristianos de este mundo, hay muchas personas que no saben que Jesús es Dios, y aún así dicen ser testigos de Jesús. Estas personas son herejes como Jeroboam.
Los que creen que Jesús es el Hijo de Dios creen en Jesucristo que vino por el agua y el Espíritu. Por el contrario, los que no creen en Jesucristo que vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, no creen que Jesús sea Dios mismo. Del mismo modo en que un ser humano engendra a otro ser humano, el Hijo de Dios Padre es divino para nosotros. Esta es la explicación según la lógica humana.
Aquí el Apóstol Juan está declarando que Jesús es Dios, pero muchos cristianos en este mundo no creen en esto. Algunos pastores predican: «La salvación no está solo en el cristianismo, sino que también está en otras religiones». Esta afirmación parece muy abierta y tolerante, pero quien predica así no cree que Jesús sea el Hijo de Dios. El Señor dijo: «Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4, 12). Esto significa que Dios no nos ha dado otro nombre por el que podamos ser salvados, a parte de Jesucristo. Dicho de otra manera, solo el Hijo de Dios Padre vino al mundo con el nombre de Jesús, y aunque todo el mundo puede ser salvado del pecado y la destrucción, esto es solo posible si creemos en Jesucristo, el Hijo de Dios. El Padre nunca ha dado la salvación al mundo por ningún otro nombre. En resumen, Dios envió a Su Hijo Jesucristo al mundo, y Jesús vino por el agua y la sangre y nos salvó de nuestros pecados.
El Señor es quien nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios nos ha salvado al enviar a Su Hijo al mundo y al bautizarlo, hacerle morir en la Cruz y levantarlo de entre los muertos. Quien no crea que Jesús es el Hijo de Dios, ni crea que hizo el universo entero y todo lo que hay en él, no cree que Jesús es Dios. Hay muchas personas en las comunidades cristianas. Están por todo el mundo. Pero la mayoría son herejes que adoran a ídolos ante Dios, como el rey Jeroboam. ¿Y ustedes? ¿De verdad creen que Jesús es el Hijo de Dios?
Creer que Jesús es el Hijo de Dios es creer que Jesús es el Dios que creó los cielos y la tierra. Jesús es Dios, el Creador. El capítulo 1 de Génesis dice: «Al principio Dios creó los cielos y la tierra. Entonces Dios dijo: “Haya luz”, y hubo luz». Este Dios es Jesucristo. ¿Creen en esto? Esto es lo que se dice en Génesis 1, 1-2, y es cierto. La Biblia dice que no hay nada en este mundo que no fuese creado por el verdadero Dios, Jesús (Juan 1, 3). Todo sale de Él, y todo vuelve a Él (Romanos 11, 36). Todo en el mundo empezó por Él, existe por Él, y volverá a Él. Es el Alfa y el Omega (Apocalipsis 1, 8). Todo lo creado por Jesucristo en el principio, volverá a Él.
Creo que Jesús es el Hijo de Dios, Dios mismo y mi Salvador, y que vino al mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu y nos salvó de los pecados del mundo. La fe en el Evangelio del agua y el Espíritu no se basa en nuestros argumentos, sino que es una fe verdadera basada en la Palabra de la Biblia. Por tanto, los que no creen en esto, es decir los que no creen que Jesús es el Hijo de Dios, y que vino al mundo por el agua y la sangre, son herejes. No es difícil convertirse en un hereje. Quien no cree que Jesús es el Hijo de Dios y que es Dios mismo, es un hereje a los ojos de Dios.
Muchas personas de todo el mundo están enviando sus testimonios de salvación, al haber recibido la remisión de los pecados por nuestros libros que contienen el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos dicen que no habían entendido a Jesús durante mucho tiempo. Ahora, el Evangelio del agua y el Espíritu ha sido predicado y se han establecido sus cimientos. Así que de ahora en adelante, voy a hablar sobre las herejías con todo detalle. Si hubiese predicado la fe incorrecta junto con la base del Evangelio, la gente no me habría entendido y aún peor, se habría levantado contra mí. Así que no podía tratar este asunto antes, porque los cristianos de todo el mundo no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu, ni entienden la Palabra de Dios completamente. La razón por la que estoy tratando este asunto es que hay demasiada gente en las comunidades cristianas que predican doctrinas en vez del Evangelio del agua y el Espíritu, y como resultado, los que acaban de nacer de nuevo y que han sido salvados por el Evangelio del agua y el Espíritu mueren espiritualmente.
 

Debemos creer que el Señor nos ha salvado al venir al mundo por el agua y la sangre

Entre los cristianos, los que no creen que Jesús vino por el agua y la sangre, han caído en la herejía, y los que no creen que Jesús es el Hijo de Dios y Dios mismo, también han caído en la herejía. Así que el Señor dijo en 1 Juan 5, 6-8: «Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan». El Espíritu Santo es quien da testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios, y de que el Espíritu Santo es verdad. Es Dios. Aquí se dice que hay tres que dan testimonio: el Espíritu Santo, el agua y la sangre. Estos tres testimonios testifican que Jesús es el Hijo de Dios y nuestro Salvador. 
El primer testigo es el Espíritu Santo. Jesús fue concebido en el cuerpo de la virgen María por el Espíritu Santo (Mateo 1, 20). Al venir al mundo encarnado en un hombre, Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. En 1 Pedro 3, 21 se habla del bautismo de Jesús: «El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva». ¿Por qué fue Jesús bautizado? Porque tenía que aceptar todos los pecados de la humanidad y así cumplir la justicia de Dios (Mateo 3, 13-15).
¿Por que tuvo que morir Jesús en la Cruz? Porque había aceptado todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista. Por eso tenía que morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos. ¿Por qué es Jesús es Salvador de los pecadores? Aunque Jesús es Dios, fue concebido en el cuerpo de la Virgen María por el Espíritu Santo, vino al mundo como un hombre y erradicó todos los pecados de la humanidad al ser bautizado y derramar Su sangre en la Cruz. Nuestra salvación fue cumplida por el Espíritu Santo, el agua y la sangre. Por eso la Biblia dice: «Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan» (1 Juan 5, 7-8). Así que cuando la Biblia dice que Dios es un Dios Trinitario, está diciendo que el Espíritu Santo, Jesús y Dios Padre son el mismo Dios para nosotros.
Aunque los teólogos también afirman que Dios es Trinitario, solo intentan entender este concepto y hacer que encaje en sus pensamientos. Para que puedan entender de verdad al Dios Trinitario, deben creer que el Señor vino al mundo por el Evangelio del agua y el Espíritu, y solo entonces pueden entender la Trinidad correctamente. El Dios Trinitario es Dios Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo. Estas tres personas son el mismo Dios para nosotros. Jesucristo es el Hijo de Dios Padre, pero al mismo tiempo es Dios mismo. Jesucristo es igual que Dios Padre en Su deidad. El Espíritu Santo también es igual que Dios Padre. El Padre, Jesús, que es la Palabra, y el Espíritu Santo son Dios, y el Espíritu, el agua y la sangre son uno. El hecho de que Jesús es Dios implica que vino al mundo concebido por el Espíritu Santo y que Jesús es Dios mismo. Pero vino al mundo encarnado en un hombre. Esto significa que es nuestro Salvador que tiene atributos humanos y divinos. Creer en esto es creer que Jesucristo se ha convertido en el Salvador que tomó sobre Sí mismo los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán.
Jesús es el Salvador que cargó con nuestros pecados al ser bautizado. Como Jesucristo ha cargado con los pecados del mundo al ser bautizado por Juan el Bautista, tuvo que derramar Su sangre en la Cruz. Los que creen en el Espíritu, el agua y la sangre, son hijos de Dios, pero los que no creen en esta Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu no creen que Jesús es el Hijo de Dios, y por tanto no han nacido de nuevo. Si siguen insistiendo en tener razón, no podrán evitar la muerte eterna y serán herejes ante Dios. Como muchos cristianos no se dan cuenta de que Jesús vino al mundo por el agua y el Espíritu, no saben ni creen en la Verdad de salvación correctamente, aunque digan creer en Jesús. Si una persona entiende y cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, será salvada de sus pecados, pero si solo cree en la sangre de Jesús derramada en la Cruz, seguirá siendo un pecador ante Dios. Algunas personas no pueden dejar de lado su falso evangelio ya que están atados a intereses personales o relaciones, a pesar de darse cuenta de que el Evangelio del agua y el Espíritu es correcto. Esta gente no puede vencer al mundo y por tanto pertenece a una herejía. 
Esta gente que no cree e l Evangelio del agua y el Espíritu debe cambiar su fe y debe ser salvada de sus pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debe ser librada de los herejes al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos darnos cuenta de que muchos cristianos son herejes. La Biblia dice que el hereje «se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio» (Tito 3, 11). Sus corazones están corruptos, y pecan. Dicen que Jesús no pudo borrar sus pecados, especialmente sus pecados personales. Este es su pecado. Confiesan de la siguiente manera: «Jesús es mi Salvador, pero no pudo borrar mis pecados. Por tanto soy un pecador». Con esta confesión, están anulando en ministerio de la salvación de Jesús. Al estar corruptos de esta manera, pecan contra Dios.
Pecan contra Dios por su corrupción. Dicen que Jesús no ha borrado sus pecados y por eso ignoran el hecho de que el Señor ha erradicado todos sus pecados con el agua y la sangre. Pero Jesús ha borrado todos nuestros pecados con Su bautismo y Su derramamiento de sangre en la Cruz. Pero a pesar de esto, no tienen esta fe y por eso siguen corrompiendo sus conciencias hasta que se pudren. Así que, como no creen en la Verdad, siguen cometiendo pecados sin darse cuenta de lo que es el pecado. Esta gente es tan pecadora que sus corazones están corruptos. No solo cometen pecados contra Dios, sino que también se ponen en el camino de pecado. Así es como la gente se convierte en hereje. El Señor nos dijo que nos apartásemos de este tipo de gente. 
 

¿Qué nos permite convertirnos en el pueblo de Dios?

El que nos convirtamos en el pueblo de Dios o no depende de si creemos en Jesucristo, que vino por el agua, la sangre y el Espíritu, como nuestro Salvador. La prueba de nuestra fe es el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos tener esta prueba de salvación dentro de la Palabra de Dios. Debemos mostrar las pruebas de la salvación a los demás. Debemos recibir el testimonio de Dios. Debemos obtener el testimonio de salvación a través de Su Palabra.
¿Significa esto que todo el mundo necesita testimonio de su salvación? Sí, todo el mundo necesita esta prueba, que debe establecerse con el Evangelio del agua y el Espíritu. La prueba de que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu debe estar asegurada en la Palabra de Dios. No debemos hablar en voz alta entre nosotros ni alardear, aunque tengamos prueba de haber nacido de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos presentar pruebas de nuestra salvación con el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Cuál es la prueba de nuestra salvación? Creer en Jesucristo que vino por el agua y la sangre, y creer que Jesús es el Hijo de Dios. Los que creen en el Hijo de Dios tienen esta prueba. El testigo bíblico es que Jesús es el Hijo de Dios, y que nos ha salvado al venir al mundo como un hombre, al cargar con los pecados del mundo al ser bautizado, ser crucificado hasta morir, y levantarse de entre los muertos.
Los que creen que Jesucristo vino por el Espíritu, el agua y la sangre tienen el testigo de la salvación en sus corazones. Tengo prueba de mi salvación de los pecados del mundo en el Evangelio del agua y el Espíritu. Como ahora creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, sus corazones tienen la prueba de la salvación del pecado. ¿No la tienen ustedes también? ¿Tienen el testimonio de salvación, que prueba que el Señor vino por el Espíritu, el agua y la sangre, que les ha salvado de sus pecados? Todos tenemos la prueba de la salvación del pecado en nuestros corazones como la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Para creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, Dios nos ha dado este Evangelio como prueba de nuestra salvación. Así que podemos mostrar a la gente la prueba de que hemos sido salvados del pecado.
Cuando nos preguntan: «¿Cómo fueron salvados?» podemos dar la siguiente respuesta sin dudarlo: «El Señor nació en este mundo, tomó nuestros pecados al ser bautizado a los 30 años y así cargó con todos los pecados del mundo, incluidos mis pecados. Entonces derramó Su sangre en la Cruz, pagó la condena de los pecados con Su muerte, se levantó de entre los muertos, dio testimonio de Su resurrección durante 40 días, y ascendió a los Cielos. Este Señor es mi Salvador. Cargó con mis pecados al ser bautizado, fue condenado por mis pecados al derramar Su sangre en la Cruz, y me resucitó al levantarse de entre los muertos. Creo que este Jesús es mi Salvador». Podemos dar testimonio de esto.
Ustedes pueden verificar su salvación de la siguiente manera: «Dios Padre envió a Su Hijo Jesucristo al mundo, le hizo cargar con los pecados del mundo al ser bautizado, cumplió la condena de estos pecados al ser crucificado, murió, se levantó de entre los muertos y así resolvió el problema de mis pecados, su condena y mi muerte, me salvó del pecado y me dio una vida nueva. Nos ha dado la resurrección. Eso es lo que creo. Esto es lo que Dios ha hecho por mí. Así que, como esto es lo que Dios ha hecho por mí, creo». Ustedes pueden dar este testimonio.
Por eso la Biblia dice: «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo» (1 Juan 5, 10). Creer en Jesús es creer que es el Hijo de Dios, y que nos ha salvado al venir al mundo, ser bautizado, morir en la Cruz y levantarse de entre los muertos. 
 

Los que creen que Jesucristo es el Hijo de Dios

Es cierto que Jesucristo, el Hijo de Dios, tomó nuestros pecados al ser bautizado por Juan el Bautista cuando vino al mundo. Este hecho no se puede negar. Es cierto que Jesús fue bautizado por Juan en el río Jordán y que derramó Su sangre en la Cruz para salvarnos de los pecados del mundo y para ser condenado en nuestro lugar. También es cierto que Jesús fue bautizado, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos. Así que los que creen en el Hijo de Dios están convencidos de su salvación, ya que está en sus corazones puesto que creen en la Palabra de Dios. La salvación está en nuestros corazones.
«El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo» (1 Juan 5, 10). Esto significa que quien no cree que Jesús nos ha salvado a través del agua, la sangre y el Espíritu, no cree que Jesús sea Dios. Esta gente no cree que Jesús sea Dios mismo, y no creen en Dios Padre. Como no creen en Dios sus pecados siguen en sus corazones, y por eso dicen: «Dios es un mentiroso. No nos ha salvado así. En otras palabras, como esta gente no cree en Dios, no puede creer en todas las verdades que Jesucristo es el Hijo de Dios Padre, que es Dios mismo, y que se levantó de entre los muertos para salvarnos». Como niegan la existencia de Dios y no creen en Él, no creen que el Hijo de Dios vino al mundo, ni que les haya salvado.
Por eso mucha gente no cree que Jesús sea Dios. Esta gente dice: «¿Existe Dios de verdad? Los seres humanos han creado la religión por miedo a la muerte, y la sociedad por miedo a su vida. No hay Dios». Esta gente no cree en Dios, y por mucho que les prediquemos el Evangelio del agua y el Espíritu, que Jesús ha salvado a los seres humanos del pecado al venir al mundo, no creen en esto. Como no creen en Dios, no creen que el Hijo de Dios les haya salvado del pecado tampoco. En otras palabras, como no creen en la existencia de Dios, no creen en la existencia de Dios, no pueden creer en la Verdad del Evangelio.
Debemos darnos cuenta de que Dios existe. Debemos creer en Él. Aunque mucha gente dice que no está segura de si Dios existe o no, sí que existe, porque la Biblia dice: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Génesis 1, 1).
Creo en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Creen ustedes? Nuestra fe empieza al creer que Jesús es Dios y que Dios nos envió a Su Hijo al mundo, le hizo cargar con los pecados del mundo al ser bautizado, pagar la condena del pecado al ser crucificado y resucitarnos al resucitar. Esto es lo que Dios ha hecho por nosotros. Los que creen en lo que Dios ha hecho, los que creen que Dios existe y está vivo, y los que reconocen que están salvados a través del agua, la sangre y el Espíritu, cuando Dios envió a Su Hijo al mundo, se han convertido en hijos de Dios. Nos convertimos en hijos de Dios al tener fe.
Sin embargo, los que no creen en esta verdad son herejes a los ojos de Dios. ¿Lo entienden? ¿Creen que hay algo peculiar en estos herejes? Los que no creen que Dios existe, que Jesucristo es Dios, que Jesús es el Hijo de Dios, que cargó con todos los pecados al ser bautizado, que fue condenado por todos ellos al derramar Su sangre, y que nos ha dado una vida nueva, son hijos de Dios; pero los que no creen esto son herejes. Quien no cree en esto es un hereje a los ojos de Dios, y no es hijo de Dios porque no cree en lo que Dios ha hecho por él. Los hijos de Dios creen en lo que Dios ha hecho. Los que no creen en lo que Dios ha hecho por ellos, no son Sus hijos, y por tanto son herejes. Son meros pecadores condenados a ir al infierno. Por eso se les llamamos herejes.
Hay mucha gente en este mundo que se ha convertido en hereje a pesar de creer en Jesús. El mundo está lleno de este tipo de gente. La Biblia dice que la vida es como la hierba (Salmo 103, 15). Dice que la vida es como la hierba y su gloria es como la flor del campo. La hierba y las flores florecen en poco tiempo y se marchitan pronto. Nuestras vidas, que duran solo de 70 a 80 años, son como la niebla y los vientos. Son como un río que fluye. Nuestras vidas pasan rápidamente.
Hay un Dios, que creó todo lo que hay en el mundo, junto con la humanidad. Pero a pesar de esto, ¿van a rechazar a Dios e ir al infierno? ¿O van a ir al Cielo al reconocer a este Dios y admitir que tuvo tanta compasión por nosotros que, cuando pecamos y fuimos por el camino hacia el infierno, envió a Su Hijo, lo bautizó, y nos salvó del pecado? ¿Saben que si reconocemos que Jesucristo cargó con toda la condena de los pecados al ser crucificado y si creemos que nos devolvió a la vida podremos ser salvados? Debemos creer que Jesucristo es Dios mismo. Debemos creer que, como Hijo de Dios, Jesús se ha convertido en nuestro Salvador a través del Evangelio del agua y el Espíritu. No debemos ignorar que Jesucristo vino por el Evangelio del agua y el Espíritu, sino que debemos cree en Él. Todos debemos conocer a Jesucristo.
El Señor dijo: «Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 31-32). Si no conocemos esta Verdad, nacer en este mundo es una miseria Si no conocemos esta Verdad, nuestras vidas no valen para nada. Cuando visitan un campus universitario, ven que hay pancartas que invitan a los alumnos a buscar la verdad. La gete suele pensar que el conocimiento es poder. Sin embargo, debemos conocer la Verdad de la Palabra de la Biblia. Deben darse cuenta de que Jesucristo vino por el agua, la sangre y el Espíritu; deben darse cuenta de que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que es Dios mismo, nuestro Mesías y Salvador. Debemos creer en Él según la Verdad. ¿Lo entienden? ¿Creen en esto?
Este conocimiento lleva a la vida eterna, y a la salvación. A no ser que el conocimiento es exacto o correcto no podemos dar buenos frutos. Quien crea en Jesús debe tener fe en Él, basándose en el conocimiento del Evangelio del agua y el Espíritu. Todo el mundo debe conocer esta verdad. Cualquiera que no crea que Jesús es el Hijo de Dios no cree en Dios, ni cree en Su existencia. Por tanto toda esta gente debe arrepentirse y creer que Dios existe. Deben creer en el hecho de que, como Dios Padre nos amó, nos envió a Su único Hijo para cargar con nuestros pecados. Deben creer que precisamente porque Jesús tomó nuestros pecados, tuvo que ser condenado en nuestro lugar. Todo el mundo debe creer en esto. Deben creer que Jesús se levantó de entre los muertos para resucitarnos. ¿Creen en esto? Todo el mundo debe creer en esto. Todo el mundo debe escapar de la herejía. Todos los que todavía son herejes deben escapar de su ignorancia y creer en la Verdad. Todos los que no han entendido esta Verdad correctamente y por tanto no han podido creer en ella, deben dejar que Jesucristo, el Hijo de Dios, que es Dios, les libre de la herejía.
Debemos ser creyentes ortodoxos. Debemos seguir la verdad. Nuestra salvación y fe en Jesucristo debe ser verdadera. Hay muchos mentirosos por todo el mundo. Ni siquiera puedo dormir cuando pienso en esto. Cuando pienso que es importante predicar este Evangelio por todo el mundo, no puedo dormir. Mi mente está llena de planes para la propagación del Evangelio que me vienen cuando estoy en la cama. Ahora estamos propagando el Evangelio por todo el mundo paso a paso, como si alimentásemos a un bebé con leche al principio, y luego con papilla una vez está más crecido, y al final con comida más sólida. Esto se debe a que la gente no entiende las cosas si se les cuentan de una sola vez. Esto también les ocurre a ustedes.
Le doy gracias a Dios por hacernos Sus hijos y Sus creyentes ortodoxos. No debemos permitir que la herejía no atrape.