The New Life Mission

Sermones

Tema 19: Efesios

[Capítulo 3-2] < Efesios 3, 1-21 > Las bendiciones inmensurables de Cristo están en los corazones de todos los santos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu

< Efesios 3, 1-21 >
«Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él; por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria. Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén».
 
 
Acabamos de leer el capítulo 3 de Efesios en la lectura de hoy. A través de este pasaje, me gustaría hablarles de la obra que Dios ha hecho por nosotros. En su carta a la Iglesia en Éfeso, el Apóstol Pablo está hablando sobre la Iglesia de Dios, Su plan de salvación, y las bendiciones abundantes que Dios nos ha dado.
Si la epístola a los Gálatas nos enseñó a rechazar las herejías, la epístola a los efesios nos está hablando sobre la Iglesia de Dios. Contesta preguntas como la manera en la que Dios nos ha bendecido abundantemente en este mundo a través de Su Iglesia, y qué Evangelio nos ha hecho predicar Dios a través de Su Iglesia. En otras palabras, Dios nos está enseñando cómo Su obra se ha desarrollado a través de Su Iglesia para difundir Sus bendiciones abundantes por todas las naciones.
Efesios 2, 20 dice: «Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo».
¿Dónde se ha edificado la fe de los santos en la Iglesia de Dios? Sobre los cimientos de los Apóstoles del Nuevo Testamento y los profetas del Antiguo Testamento. Dicho de otra manera, el Evangelio de Dios y Su verdad de salvación fueron edificados y manifestados en los cimientos de los Apóstoles y los profetas de fe. Los profetas hacen referencia aquí a los doce discípulos de Jesús, quien al igual que Pablo fueron elegidos por Dios en el Nuevo Testamento.
 
 
Si somos gente del Reino de los Cielos, nuestra fe fue construida sobre la fundación de los Apóstoles y los profetas
 
Gracias al Evangelio del agua y el Espíritu, hemos sido salvados de nuestros pecados para convertirnos en hijos de Dios y en Sus obreros. Las personas del Antiguo Testamento se convirtieron en obreras de Dios al ser justificadas a través de su fe en el sistema de sacrificios, mientras que en el Antiguo Testamento nos hemos convertido en siervos de Dios al creer en que Jesucristo vino al mundo, fue bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz y se levantó de entre los muertos. En el Antiguo y el Nuevo Testamento Dios escogía como Su pueblo a los que creían en la obra de salvación prometida y cumplida por Dios y los establecía sobre esta base de fe. Hay personas que se convirtieron en el pueblo de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Ahora el Evangelio del agua y el Espíritu está siendo difundido a través de los que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
Dios nos ha entregado Su amor a través de Jesucristo
 
La epístola a los Efesios suele denominarse una epístola desde la cárcel, porque Pablo escribió esta epístola a los Efesios desde la cárcel diciendo que se había convertido en «ministro por el don de la gracia de Dios» (Efesios 3, 7) para predicar el Evangelio. Pablo estaba lleno de gratitud y gozo aunque estaba en la cárcel porque tenía devoción por el Evangelio del agua y el Espíritu. Aquí Pablo nos está diciendo que Dios Padre nos ha salvado a través del Evangelio del agua y el Espíritu, nos ha nombrado obreros Suyos, y nos ha convertido en Sus Apóstoles para predicar las riquezas inalcanzables de Cristo a los gentiles.
Lo que el Apóstol Pablo nos está intentando enseñar a través de este versículo es lo siguiente: a través de Su gracia Dios nos ha hecho predicar las riquezas inalcanzables de Cristo por todo el mundo. En otras palabras, Pablo está hablando de la gracia abundante de Cristo. Así que ahora me gustaría compartir la Palabra de Dios con ustedes sobre esta enseñanza y reflexionar sobre la misma.
 
 
La gracia abundante de Jesucristo
 
Leamos Efesios 3, 10-11 juntos: «Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor».
La primera lección que el Apóstol Pablo nos quiere enseñar es que, a través de la Iglesia de Dios se predica el Evangelio del agua y el Espíritu. Los que se han convertido en miembros de la Iglesia de Dios son los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu revelado en los dos Testamentos de las Escrituras. A través de Su Iglesia Dios nos ha hecho predicar las riquezas inalcanzables de Cristo para que: «La multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales» (Efesios 3, 10).
Aquí las principalidades se refieren a los gobernantes, e implica que viviremos y reinaremos para siempre en el Reino de los Cielos. Jesús nos ha librado de todos nuestros pecados y la condena a través del Evangelio del agua y el Espíritu, y nos ha dado una nueva vida. La Biblia dice que quien haya recibido esta nueva vida no morirá, sino que vivirá para siempre en el Cielo. «Las principalidades y poderes en lugares celestiales» implican que todos los que han nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu reinarán en todo el Reino de los Cielos y vivirán una vida majestuosa.
Al nacer en este mundo pudimos entrar en el Reino del Señor cuando encontramos el Evangelio del agua y el Espíritu y creímos en él. Los creyentes nos hemos convertido en hijos de Dios. Solo mediante nuestra fe hemos podido recibir la remisión de los pecados para entrar en el Cielo. Pronto, todos los que creemos en Evangelio del agua y el Espíritu entraremos en el Reino de los Cielos. Nuestro destino es el Reino celestial de Dios, y allí viviremos y reinaremos para siempre disfrutando de todos los privilegios como hijos de Dios.
La Biblia describe esto como la gloria de Dios o las riquezas de la gloria de Cristo. Aunque seguimos viviendo en este mundo, nuestras vidas en este mundo no son todo lo que tenemos, sino que tenemos otra vida esperándonos, una vida que se vive en el Cielo y en la que nunca morimos. Además no solo viviremos en el Reino de Dios, sino que también reinaremos sobre todas las criaturas que haya en él. Este es el mensaje principal del Apóstol Pablo cuando dice: «La multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales» (Efesios 3, 10). Dios nos ha bendecido a todos con esta vida tan maravillosa.
 
 
La gracia abundante de Cristo nos ha dado a conocer la sabiduría de Dios
 
El otoño ha llegado en todo su esplendor, y la nueva estación está mostrando la obra magnífica de Dios. Podemos ver que los árboles dan frutos abundantes para la alabanza de Dios. Aunque haya silencio podemos escuchar a la naturaleza hablar de las riquezas del Reino de Dios, de las cosas que Dios ha hecho por nosotros y las que hará en el futuro, tal y como dice el Salmo 19, 2: «Un día emite palabra a otro día,
Y una noche a otra noche declara sabiduría». A través de esta estación, cuando todas las cosas dan fruto para la cosecha abundante, Dios nos está recordando las ricas bendiciones de Cristo que nos harán vivir para siempre en el Reino de Dios y reinar sobre todas Sus criaturas.
Los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, no solo viviremos en el Reino de Dios en un futuro cercano, sino que también tendremos todos los derechos y privilegios como hijos de Dios. Él nos está diciendo: «Os he bendecido para que viváis como maestros y gobernantes del Reino eterno de los Cielos que he creado para vosotros». El Apóstol Pablo sabía en su corazón qué maravillosa es esta bendición y por eso la intentó explicar a la Iglesia de Éfeso.
¿No es enorme esta bendición? Aunque ahora mismo vivimos en este mundo, cuando vuelva el Señor, todos iremos a Su Reino. Del mismo modo en que todo tiene fin, este mundo también terminará, y cuando esto ocurra, empezará el Reino eterno de Dios ante nuestros ojos. Dios nos ha prometido el Reino eterno del Cielo. Nos ha dado el derecho a vivir y reinar para siempre en este Reino de los Cielos. Por tanto debemos reflexionar sobre lo maravillosa que es esta bendición y creer en ella, pensar en la gloria que Dios nos dará en el futuro, tener fe en esta promesa, y vivir con esperanza.
Dios nos ha dado bendiciones maravillosas. Ninguna de estas bendiciones puede conseguirse con nuestros esfuerzos humanos. La Biblia dice que no hay nada nuevo bajo el Sol (Eclesiastés 1, 9), y es cierto que todo en este mundo se hará viejo y será destruido. Sin embargo, aunque no vemos nada perfecto ni eterno en este mundo, el Reino de Dios durará para siempre. Dios nos ha bendecido para que gobernemos en Su Reino para siempre y disfrutemos de la vida eterna con toda su gloria. Por tanto debemos darnos cuenta de lo maravillosa que es esta bendición, recordarla en nuestros corazones, darle gracia a Dios por Sus bendiciones abundantes y glorificarle en nuestras vidas.
¡Qué bendición tan maravillosa nos ha dado Dios! No solo nos ha salvado de todos nuestros pecados, sino que, después de darnos la remisión de los pecados, nos ha dado también el derecho a convertirnos en Hijos Suyos. Si se han convertido en hijos de Dios, deben darse cuenta de que Dios les ha dado unas bendiciones maravillosas que solo Sus hijos pueden disfrutar. Deben entender el poder y la vida gloriosa que disfrutarán en el Reino de Dios. Es tan maravilloso que Dios nos haya dado estas bendiciones a Sus santos que no tengo palabra para describirlas aunque creo en ellas. Del mismo modo en que Dios me ha salvado de todos mis pecados y a ustedes de los suyos, también nos ha bendecido para vivir para siempre y disfrutar de una vida abundante, gloriosa y eterna. Creo de todo corazón que Dios nos ha bendecido a todos con esta vida entre las riquezas inalcanzables de Cristo.
Aunque no tenemos ningún mérito propio a los ojos de Dios, nos ha dado esta vida abundante en Cristo por Su propia elección libre. Nos ha dado la vida rica y eterna de Cristo. Nos ha bendecido entre todas las riquezas inalcanzables de Cristo. Estas bendiciones son tan maravillosas que no se puede medir. Estamos agradecidos a Dios por habernos salvado, habernos permitido vivir como obreros Suyos para llevar a cabo Su obra justa, y habernos bendecido para vivir para siempre. Asimismo, como si estas bendiciones no fueran suficientes, Dios nos ha dado el poder de gobernar para siempre en el Reino de los Cielos. Y Dios nos ha dado este derecho a gobernar en Su Reino y por eso nos ha permitido vivir eternamente una vida en el Cielo. Esta es una bendición tan grande que no hay palabras para describirla ni se puede medir. Las bendiciones que Dios nos ha dado son enormes. El que Dios nos haya salvado de los pecados y nos haya dejado sin pecados es suficiente para estar agradecidos y hacernos vivir el resto de nuestras vidas dándole gracias; y por si fuera poco, Dios también nos ha dado estas bendiciones maravillosas del Cielo, nos ha hecho vivir como Sus obreros y nos ha garantizado una vida de riquezas inalcanzables.
Todos los que creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu hemos recibido estas maravillosas bendiciones de Dios. Debemos darnos cuenta de lo grandes que son estas bendiciones de Dios. No les estoy pidiendo ahora que sirvan más al Señor, sino que estoy hablando de cómo Dios nos ha dado estas grandes bendiciones en Cristo. Esto es lo que Pablo nos está enseñando en el pasaje de las Escrituras de hoy, y es lo que el Espíritu Santo nos está diciendo a todos. Dios nos ha dado el derecho a gobernar en el Reino de los Cielos. Nos ha dado estas bendiciones maravillosas que no pueden describirse con palabras. Así que no podemos dejar de confesar nuestra fe en estas bendiciones, darle gracias a Dios por ellas, y alabar a Jesucristo, nuestro Salvador.
Todos ustedes deben recordar que Dios les ha dado estas bendiciones maravillosas. Deben darse cuenta de que «los principados y potestades en los lugares celestiales» (Efesios 3, 10) somos nosotros. Por eso no les tenemos ningún apego a nuestras vidas en este mundo.
 
 
El Apóstol Pablo dice que las bendiciones de Cristo son inalcanzables
 
La Biblia dice que Dios nos ha dado bendiciones tan grandes que no tienen medida. La mayoría de las cosas se puede medir mediante cálculos. Incluso la distancia hasta el Sol se puede medir con cálculo. Pero la remisión de los pecados que el Señor nos ha dado y las bendiciones que nos ha entregado no pueden calcularse ni medirse. Estas bendiciones son tan enormes, tan perfectas, y tan eternas que nos dejas perplejos. Dios nos ha dejado sin pecados. Hay muchas personas en este mundo que siguen teniendo pecados aunque digan creer en Jesús durante décadas. Por el contrario, nosotros estamos sin pecados porque creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Esta mañana he oído que un residente extranjero aquí en Corea nos ha enviado un correo electrónico. Su nombre es Terry y nos dice que ha recibido la remisión de los pecados al leer uno de nuestros libros sobre el Evangelio. En su correo mostraba su gratitud por nuestro ministerio, y decía que tiene mucho respeto por nuestra Misión y todos los ministros que predican la Verdad. Además decía que tenía pecados en su corazón a pesar de haber sido predicador durante mucho tiempo, pero ahora que ha leído uno de nuestros libros, todos sus pecados han desaparecido. En el correo expresaba su gratitud hacia nosotros y su respeto por la predicación de la Verdad de salvación. Al igual que a Kerry, Dios nos ha salvado a todos y nos ha dejado sin pecados.
Muchos predicadores y pastores dicen que no hay nadie justo en este mundo y para ello citan Romanos 3, 10: «No hay justo, ni aun uno». Multitud de cristianos de todo el mundo piensan de esta manera. Sin embargo, el pasaje de Romanos 3, 10 nos enseña que, aunque teníamos muchos pecados en nuestros corazones, ahora estamos sin pecado por la gracia de Jesucristo. El Apóstol Pablo nos estaba enseñando el hecho de que, aunque éramos deudores antes, ahora ya no lo somos gracias a la salvación de Dios. Pablo no quiso decir que no hubiera nadie justo aunque Jesucristo hubiese Borrado nuestros pecados. El problema es que demasiados cristianos no entienden el contexto de Romanos 3, 10 y el mensaje principal, y basan sus ideas solo en este versículo aislado de todo el pasaje. Por eso son pecadores.
De hecho, estos cristianos confusos no conocen el Evangelio del agua y el Espíritu. Si conociesen el Evangelio del agua y el Espíritu, habrían entendido el mensaje del capítulo 3 de Romanos, y habrían entendido la lección esencial del capítulo 8 de Romanos. Está escrito en Romanos 8, 1: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús». Este pasaje deja claro que los verdaderos creyentes no tienen pecados. La condenación se refiere a la condena del pecado, y cuando la Biblia dice que no hay condenación, quiere decir que quien cree en la justicia de Jesucristo no tiene pecados. Pero hay muchos cristianos que no lo entienden.
Kerry, el hombre del que les acabo de hablar, también pensaba que no había nadie justo en este mundo. Pero ahora que ha recibido la remisión de los pecados y es justo, se siente muy feliz y agradecido. Aún mas nos ha pedido que le aceptemos como colaborador de nuestro ministerio porque quiere predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Estoy seguro de que Kerry está rebosante de alegría por haber encontrado el Evangelio del agua y el Espíritu. Probablemente se siente en las nubes, ya que todos los pecados que le atormentaban en el pasado han desaparecido. Como Kerry cree en el Evangelio del agua y el Espíritu cumplido por Cristo, Dios mismo, ahora no tiene pecados.
Esto es suficiente para hacerle estar agradecido, pero ¿cuánto más gozo tendrá cuando se dé cuenta de que se ha revestido de las riquezas inalcanzables de Cristo? El Apóstol Pablo sabía que estas bendiciones venían de Cristo, y si nosotros también entendemos estas bendiciones como Pablo, podremos darle gracias a Dios aunque pasamos por momentos difíciles. Así no solo nos daremos cuenta de que las cosas del mundo son inútiles comparadas con las cosas del Reino de Dios, sino que también nos sentiremos obligados a darle gracias a Dios por las bendiciones indescriptibles que encontramos en Jesucristo.
 
 
Nos hemos revestido de las bendiciones celestiales Indescriptibles
 
Nuestra salvación no se cumplió porque la deseásemos, sino que se cumplió de acuerdo con la voluntad de Dios Padre. Él fue quien cumplió nuestra salvación por Su propia voluntad, de acuerdo con el objetivo eterno que cumplió en Jesucristo. Nosotros ni conocíamos la existencia de estas bendiciones tan grandes. Pero a través de Jesucristo Dios nos ha dado estas bendiciones tan inalcanzables y perfectas. Yo tengo fe absoluta en ellas y les pido que ustedes también la tengan.
La gracia de Dios no puede describirse con palabras. Mi vocabulario limitado o la expresión de cualquier otra persona no es suficiente para describir esta gracia por completo. Sin embargo está claro que viviremos para siempre en una felicidad absoluta y con bendiciones gracias al poder eterno de reinar en el Reino de los Cielos. Dios nos ha dado el poder de vivir esta vida tan maravillosa, y eso es lo que todos creemos.
Por eso Pablo dijo que consideraba basura las cosas del mundo (Filipenses 3, 8). Yo pienso lo mismo. Aunque todavía no considero las cosas del mundo basura completamente como Pablo, por lo menos sé que lo que hay en este mundo no se puede comparar con lo que Dios me ha dado. Los dones de Dios son infinitos, mientras que las cosas del mundo no significan nada.
Pablo deseó en Efesios 3, 18-19 que nosotros fuésemos «plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios». Esto es lo que Pablo quiere de nosotros. Quiero que nos demos cuenta de que Dios nos ha dado abundantes bendiciones en Cristo. Nos está enseñando que Dios nos ha dado el derecho eterno de vivir y reinar en el Reino de los Cielos para siempre. Todo esto viene de la sabiduría de Dios Padre. Esto es lo que Dios Padre pensó; y a través de Su Hijo Jesucristo no solo nos hizo hijos Suyos y borró todos nuestros pecados, sino que también nos libró de la condenación. Dios nos ha hecho hijos e hijas Suyos. pero además nos ha bendecido para vivir para siempre en el Reino de los Cielos con todos los derechos y privilegios del Señor como hijos de Dios. Estas bendiciones son tan grandes que no tengo palabras suficientes para describirlas.
Es suficientemente maravilloso el que podamos vivir para siempre, pero por si fuera poco, Dios nos ha dado el poder de reinar en el Reino de los Cielos. ¿Han tenido alguna vez poder para hacer todo lo que quieren? Por supuesto que la Iglesia de Dios no es un lugar donde se puede ejercer poder arbitrariamente, sino que en ella debemos servirnos los unos a los otros y amarnos.
Pero el poder de gobernar sobre los demás tiene mucha influencia. Cuando un político es elegido e instaurado como presidente o primer ministro de un país, tiene el poder de mandar sobre todo el gobierno y determinar sus políticas. El poder hacer que todo sea posible con palabras. Dios nos ha dado este poder. Esta vida bendita es tan difícil de imaginar que no puede medirse. Por eso solemos pensar que seremos felices si Dios nos da unas pocas bendiciones que podamos ver y sentir ahora. Muchos de nosotros estaríamos contentos si Dios nos concediese tres o cuatro deseos como un genio en una lámpara. Todo el mundo quiere eso.
Sin embargo, en Jesucristo Dios nos ha dado un gran poder y muchas bendiciones que no pueden medirse ni contarse. Como estas bendiciones son infinitas no pueden medirse, ya que no podemos ni comprenderlas como seres finitos que somos.
El Apóstol Pablo declaró en Romanos 8, 18: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse». Así las bendiciones abundantes que hemos recibido de Jesucristo son tan maravillosas que nuestro sufrimiento presente no se puede ni comparar. Por tanto todos nosotros podemos vivir y prosperar en Jesucristo, porque tenemos esta esperanza. Cuando tengo problemas, recuerdo lo que Dios dijo en el pasaje de las Escrituras de hoy. Entonces le puedo dar gracias al Señor y superar mis problemas, porque las bendiciones que el Señor me ha dado son grandes. Si no hubiese vivido por el Señor ni hubiese pasado por dificultades y problemas, no podría estarle agradecido al Señor incluso después de haber recibido Sus bendiciones indescriptibles.
Dios dijo que nos ha dado estas bendiciones porque somos «los principados y potestades en los lugares celestiales» (Efesios 3, 10), y yo lo creo. Si no están agradecidos por estas bendiciones o no las pueden recordar, se debe a que están demasiado satisfechos con las cosas del mundo. Pero el mundo nunca les puede satisfacer. De hecho, precisamente porque la vida en este mundo es tan dura, esperamos el día en que entremos en el Reino de los Cielos. Como esta promesa se cumplirá un día, y como esta vida bendita tendrá lugar ante nuestros ojos, todos debemos vivir por fe esperando ese día.
El Apóstol Pablo estuvo en la cárcel y desde allí escribió el pasaje de las Escrituras de hoy. No tenía libertad, así que pensó en las bendiciones indescriptibles de Cristo. Como Pablo pensó en estas bendiciones y sabía que su corazón estaba lleno de ellas, no se deprimió aunque estaba en la cárcel. Estaba agradecido sin importar las circunstancias. Por eso, a pesar de estar en la cárcel, Pablo pudo predicar a los santos en Éfeso y bendecirlo diciendo: «Que vuestros corazones estén llenos de las bendiciones indescriptibles de Cristo». Como Pablo, todos nuestros corazones deben estar llenos de las riquezas indescriptibles como Sus siervos y obreros.
Estas bendiciones no requieren que hagamos algo por nuestra parte, sino que se reciben por fe para nuestro disfrute, porque el Señor nos las ha dado libremente. Jesucristo, nuestro Señor, nos ha dado estas bendiciones, y ha llenado nuestras mentes y corazones de todo lo que deseamos ya que obra en la Iglesia de Dios para cumplir nuestros deseos. Así que debemos confiar en el Señor y darle las gracias. Sus corazones y el mío están llenos de las bendiciones abundantes de Cristo.

¡Le doy todas las gracias a Dios!