The New Life Mission

Sermones

Tema 20: La Oración del Señor

[Capítulo 20-6] < Mateo 6:13 > No Debemos Vivir una Vida Persiguiendo Solamente los Deseos de la Carne

< Mateo 6:13 >
“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”
 
 
El pasaje de la escritura de hoy viene de la última parte de la Oración del Señor. La frase “porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos” no esta incluida en el Texto-UN. A propósito, estoy compartiendo con ustedes acerca de la Oración del Señor versículo por versículo. Si el tiempo lo permite, me gustaría compartir la verdad correctamente con ustedes adentrándonos en más detalles en lo que queda de la Palabra de la Oración del Señor.
Solo para recordarles a ustedes lo que he compartido hasta ahora, les dije que aquellos que han recibido la remisión del pecado de una vez por todas al creer en el evangelio del agua y el Espíritu no necesitan recibir la remisión del pecado diariamente. Nuestro Señor ha lavado aún nuestros pecados personales por medio del evangelio del agua y el Espíritu. Queridos compañeros creyentes, ¿creen ustedes esto? Estoy seguro que sí.
La Biblia dice, “porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Corintios 3:6). Esta Palabra nos dice que debemos creer lo que dijo nuestro Señor conociendo Sus intenciones y no debemos interpretar solo literalmente Su Palabra. Si interpretamos la Palabra de Dios solo literalmente, no podemos evitar el caer en la ética y la moral humanas. Si interpretamos el pasaje “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” solo literalmente, no evitaremos vivir con entusiasmo legalista para que el nombre de nuestro Padre en los Cielos sea considerado glorioso.
Sin embargo, la Biblia no nos dice que hagamos algo antes, sino que dice que nuestro Señor primero lavó todos nuestros pecados para nuestra santificación. Nuestro Señor no nos pidió poder, que nosotros somos incapaces de producir. Más bien, nuestro Señor nos dice que creamos en el evangelio de la remisión del pecado, el cual nuestro Señor ha realizado, y mantener nuestra santidad por medio de la fe.
El Segundo tema de la Oración del Señor es “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” Si tratamos de lograr la santidad que solo puede ser encontrada en el Reino del Cielo y la remisión del pecado por medio de nuestra propia carne, sufriremos mucho y eventualmente llegaremos a ser enemigos de Dios. Sin embargo, aquellos que están en la Verdad deben construir el Reino de Dios por su fe. El Reino de Dios no se logra por nuestros propios méritos sino por nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu y por nuestra predicación del verdadero evangelio.
El tercer tema de la Oración del Señor es “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” En acuerdo con esta Palabra, debemos creer y rumiar en el evangelio del agua y el Espíritu todos y cada día. Además, debemos realizar la obra de Dios. Esta palabra no nos prescribe un tema de oración para buscar las cosas de la carne. Usted podrá pensar que debemos buscar primero las cosas para nuestra carne, después de observar la Palabra de arriba. Dependiendo sobre esta Palabra, alguna gente ora en su carne, “Señor, danos esto y aquello para que no muéranos de hambre. Ayúdame a vender muchas verduras hoy en mi negocio. Ayúdanos en todos nuestros negocios. Danos comida cada día para no morir de hambre. Ayúdame para que mi negocio cresca. Ayuda a mis padres para que estén saludables. Y ayuda a que nuestros hijos vayan a la Universidad.” Así, existe mucha gente en este mundo que tiene una fe equivocada. Sin embargo, nuestro Señor nos dio el justo Evangelio de Dios, bendícenos por medio de nuestra fe en Su justicia, y danos nuestro pan diario al hacer que hagamos la justa obra de Dios.
El cuarto tema de la Oración del Señor es, “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” Caeremos en una gran falacia en nuestra fe interpretando la Palabra de Dios para querer decir que debemos perdonarnos unos a otros únicamente por nuestra perspectiva humana. Entonces, requerirá de muchas buenas obras de nuestra carne. ¿Somos capaces de comportarnos virtuosamente en nuestra carne cada día? Yo estoy diciendo que no podemos hacer eso. Si vivimos de acuerdo a tal enseñanza, podríamos continuar hablando diciendo “Está bien. No te preocupes por eso. Estoy bien” una y otra vez sin enojarnos en ninguna situación. Los cristianos sienten que deben poner la mejilla izquierda cuando alguien los golpea en la mejilla derecha. Sin embargo, no debemos creer que se nos dio este tema de la oración para que vivamos nuestras vidas sin ninguna postura. Si vivimos así, careceremos de espina dorsal como los gusanos. Sin embargo, ciertamente así viviremos, si interpretamos literalmente cada Palabra de Dios.
Aquellos que están en lo correcto en el centro de su fe se enfocan creyendo en la justicia de Dios. Entre toda la humanidad, solo los justos creen apropiadamente en Dios y exaltan Su justicia. Así, no debemos nunca ser engañados por lo que dicen aquellos que creen equívocamente. Alguna gente cree que nuestros pecados personales deben ser remitidos diariamente por medio de oraciones de arrepentimiento como está escrito en la Palabra de Dios: “Y perdónanos nuestras deudas.” Pero, este no es el caso. No es así debido a que nuestro Señor borró todos nuestros pecados por el bautismo que Él recibió de Juan el Bautista y por Su sangre en la cruz. Realmente, la Palabra de Dios es de la siguiente manera: Basada sobre la pre condición de la remisión de todos nuestros pecados que ha sido lograda por nuestro Señor por medio de Su bautismo y la sangre, debemos perdonarnos unos a otros como está escrito “como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.”
Aquí, ‘nosotros’ esta mencionando a los justos que recibieron la remisión del pecado de nuestro Señor. Tenemos que interpretar la Oración del Señor presuponiendo que está siendo hablada específicamente a los justos que creen en la Palabra del evangelio del agua y Espíritu. En este mundo, solo los creyentes en el evangelio del agua y el Espíritu pueden nombrar a Dios como “nuestro Padre que está en los Cielos.” Cuando el Señor nos pidió que oráramos, “nuestro Padre en el cielo,” fue solo para los hijos de Dios, quienes recibieron la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Así, los creyentes en el evangelio del agua y el Espíritu deben glorificar el nombre de nuestro Padre creyendo en la Verdad de este evangelio. Cada persona justa puede darle gloria a Dios únicamente cuando vive en su fe.
Si aquellos que aún no han nacido de Nuevo quieren ofrecer una oración correcta a Dios de acuerdo a las lecciones de la Oración del Señor, primero deben recibir la remisión del pecado. Primero ellos tienen que orar para que nuestro Señor borre todos sus pecados. En otras palabras, primero tienen que recibir la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu. Sólo entonces puede llegar hacer hijos de Dios y decir que Dios es su Padre.
 
 
“Y No nos Metas en Tentación”
 
Verdaderamente, ¿Dónde y porqué somos tentados? esta tentación se refiere a sufrir tribulaciones. En otras palabras, primero debemos saber que traer tribulación en los justos, a ambos, a los santos y a los siervos de Dios, quienes han recibido la remisión del pecado por el agua y el Espíritu. En Santiago, dice que la gente sufre tribulaciones debido a su propia concupiscencia (Santiago 1:14).
Cada persona justa sufre tentaciones debido a la concupiscencia de la carne. Los justos no deben vivir de una manera ambiciosa sino que deben realizar las obras que revelan la gloria de Dios buscando su justicia. Aún así, cuando su propia ambición sale a flote, caen en tentaciones y tribulaciones. Así, nuestro Señor nos enseño a orar “Y no nos metas en tentación.” Él nos dijo que debemos orar ante nuestro Señor que no nos deje caer en tribulaciones debido a la maldad de nuestros corazones.
Si creemos en el evangelio del agua y el Espíritu y vivimos para esparcir la fe verdadera, podemos ser liberados aun si caemos en tribulaciones. Así, los justos al cree en el evangelio del agua y el Espíritu no caen en estas tribulaciones extremas. De vez en vez, existen aquellos de entre los justos que caen en tribulaciones extremas. Entonces, ¿qué clase de gente son? Son aquellos que solo buscan los deseos propios de la carne. La línea que divide entre la vida espiritual y la vida de la carne depende si decidimos en nuestro corazón seguir o no la voluntad de Dios. Todo está determinado por la fe en los corazones de la gente. Así, debemos determinar en nuestra mente el vivir para las justas obras de Dios.
Primero debemos buscar y seguir al Reino de Dios y Su justicia. Sin embargo, nuestra alma esta predispuesta a caer en las tentaciones porque no hacemos lo anterior. Nuestro Señor dijo que la gente no sólo vive de pan sino de cada Palabra que sale de la boca de Dios. Esto es, caemos en tribulaciones porque, atados por nuestra concupiscencia, nos preocupamos de cómo vamos a vivir y que vamos a comer y a vestir en vez de pensar en asuntos espirituales aún después de haber nacido de nuevo. Todo se debe a que van tras los deseos de la carne por eso los santos y los siervos de Dios son atrapados en un fango profundo de cinismo. Entonces, el alma pierde su poder y cae en la desesperación. En concreto, caen en tribulaciones debido a que sus corazones están llenos de ambición carnal y han abandonado a Dios.
 
 
Noemi Sufrió Tribulaciones en este Mundo Mientras iba tras sus Ambiciones
    
Pensemos a cerca de las tribulaciones que Noemí enfrentó en el Libro de Rut. En el tiempo de los Jueces, la familia de Noemí enfrentó hambre extrema cuando ella estaba en Belén. Así, Elimelec, el marido de Noemí, fue a la tierra de Moab con sus dos hijos llamados Mahlón y Quelión. Aunque las cosechas no crecían bien en Belén y la gente sufría hambres, escucharon que la lluvia era abundante en Moab y que las cosechas crecían en abundancia. Así, fueron a Moab. Elimelec y Noemí observaron el ambiente que los rodeaba, y para preservar su carne ellos salieron del lugar decidido por Dios.
Sin embargo, Noemí perdió todo lo que tenía en la tierra de Moab: Escrito está, “Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nombre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron allí unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido” (Rut 1:3-5).
Noemí fue incapaz de superar su pobreza spiritual, y ella sufrió aún más en su carne. Noemí solo podía lamentarse. Si un hombre de fe es incapaz de vivir por su fe en Dios y seguir los deseos de su carne en vez de su fe para sobrevivir en la carne, todo lo que le espera al final es su propia ruina. Si un hombre de fe no sigue su fe sino únicamente su carne, enfrentará tribulaciones, en ambos, en cuerpo y en espíritu, matando su alma y empobreciendo su carne.
Meditemos sobre la Palabra de Dios para orar, “Y no nos metas en tentación.” El Señor nos dijo que oráramos así porque no debemos caer en tribulaciones extremas. Para que nosotros no caigamos en tales tentaciones, no debemos quedarnos solamente en la parte de recibir la remisión del pecado creyendo en el evangelio del agua y Espíritu, sino vivir como soldados de Cristo. De hecho, ya que todos aquellos que han recibido la remisión del pecado son ciudadanos del Cielo, también son soldados reclutados por Dios. Al igual que los ejércitos de este mundo reclutan a sus soldados en tiempos apropiados, todos los santos deben enlistarse a su debido tiempo para servir en el ejército de Dios.
Así, cuando aquellos que han recibido la remisión del pecado son llamados para vivir como soldados en el evangelio de Dios, deberán responder “sí” y vivir para proclamar Su evangelio. Ese camino de fe nos permitirá vivir en el Reino de Dios por toda la eternidad sin guiar nuestra alma a las tentaciones. Sólo cuando vivamos por nuestra fe, podremos experimentar el cumplimiento de la Palabra de nuestro Señor, “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Nuestro Señor nos está enseñando que Él no nos dejará caer en las tentaciones si vivimos como soldados del evangelio.
Aún entre nuestros santos y nuestros ministros, probablemente existen aquellos esclavizados a sus ambiciones tales como “¿Cómo puedo promoverme a mí mismo? ¿Cómo podría yo y mi familia obtener seguridad en la vida? ¿Qué necesito hacer yo para llegar a ser rico? ¿Qué necesito hacer para mis necesidades diarias y no tener que preocuparme de eso nunca más?” Pensando de esta manera, esta gente solo busca la comodidad de su carne. No pelea la guerra espiritual y les importa poco lo que suceda con el evangelio. Con seguridad, estas personas serán guiadas a las tentaciones y enfrentaran muchas tribulaciones.
Verdaderamente, aquellos que han llegado a ser soldados de Cristo dentro de la Iglesia al creer en el evangelio del agua y el Espíritu sus necesidades serán suplidas desde su cabeza hasta sus pies cuando participen en cada obra que la Iglesia realice. Aquellos que viven para Dios a pesar de sus debilidades serán cuidados, por lo menos en sus necesidades diarias. Y en el futuro, paulatinamente recibirán, como el sol que sale, las bendiciones abundantes de Dios. Nuestro Señor los bendecirá desde la cabeza hasta los pies. Sin embargo, aquellos solo se preocupan por las cosas de la carne terminaran vendiendo sus almas al igual que su fe al igual que la puesta del sol.
Si existen aquellos entre los que han recibido la remisión del pecado gente que deje la iglesia de Dios y a los siervos de Dios para ir tras la prosperidad de la carne, más bien sufrirán tribulaciones en la carne y vivirán una vida de maldiciones. Si alguien viene a ti y te dice, “Sal de esta Iglesia y sígueme, te garantizo tu éxito,” en el momento en que tu corazón este lleno de pensamientos egoístas hacia tu carne, y si usted a su vez lo sigue a esa persona dejando a Dios ataras, entonces usted será abandonado por Dios como un huérfano y encarara tribulaciones sin ninguna protección. Si esa persona se va de la iglesia de Dios y construye su propia iglesia mundana para vivir bien en su carne, y si realmente tiene éxito en reunir multitudes de gente para su propia iglesia, entonces el evangelio que predique será uno corrupto afirmando que solo la sangre de la Cruz los convertirá en gente justa libre de pecado. Si ministra una iglesia exitosamente por tales medios, más bien será un fracaso. Si fracasa en la carne, estará maldecido. “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13). Así habló Dios.
Verdaderamente es una vida bendecida para los nacidos de nuevo el adorar juntos en la iglesia de Dios, tener comunión con otros santos y con los siervos de Dios, ser instruidos, guiados, orando juntos, y participando en la obra de construir el Reino de Dios como soldados de Cristo. Esta vida verdaderamente será una vida bendecida.
Existe un himno titulado “Él me permitió vivir con claridad en la vista.” Había una persona espiritualmente ciega que vivía sin ningún gozo en su vida. Realmente deseaba servir a nuestro Señor una vez en su vida sin ningún pecado. Cuando conoció el evangelio del agua y el Espíritu, él pudo ver a nuestro Señor con claridad en sus ojos y le sirvió en su vida a Él. Uno de nuestros ministros escribió y compuso este himno. Él creció dentro de la Iglesia y ahora pregona el evangelio por todo el mundo.
Esta felicidad no está necesariamente limitada a nuestros ministros. Ya sea un santo o un ministro, si una persona hace lo mejor espiritualmente en su trabajo designado dentro de la Iglesia, verá todas las bendiciones espirituales claramente con sus ojos. Es una gran bendición para nosotros realizar las obras designadas por Dios en el Reino de Dios, esto es, dentro de la Iglesia en donde cada santo tiene la misma fe en el evangelio del agua y el Espíritu.
Además, también Dios se ocupó de nuestras necesidades cotidianas. Aunque aún nos ganamos la vida en Reino de Dios, si pensamos mas precavidamente, nos daremos cuenta que somos capaces de ganarnos la vida debido a que estamos dentro del Reino de Dios, por ellos somos capaces de disfrutarlo todos porque Dios nos lo ha dado, y que estamos para vivir en primer lugar porque nuestro Señor suple nuestras necesidades. Así, aquel que trate de vivir perecerá, y aquel que trate de morir vivirá en prosperidad. Si hemos determinado que permaneceremos en la Iglesia ya sea que vivamos o muéranos, Dios nos dará las mismas bendiciones que Él dio a Noemí y a Rut. Esto es al igual que Dios dio bendiciones a Rut, quien simplemente era una mujer Gentil de Moab. Al igual que Dios hizo que Rut conociera a Booz y se ganara su gracia, nuestro Señor bendecirá aquellos que se sostengan de Él con toda nuestra fe.
Sin embargo, si nos preocupamos y nos afanamos con pensamientos como “¿Cómo puede mi carne sobrevivir? ¿Cómo puedo trabajar menos y mostrar mi riqueza y éxito? ¿Cómo podré ser respetado por los demás?,” caeremos en tribulación en muy poco tiempo. Al final, aquellos que ponen sus mentes únicamente en una vida esplendorosa en su carne eventualmente venderán su fe y morirán.
Todo nuestro enfoque debe estar centrado en y sobre Cristo nuestro Dios. Y debemos vivir nuestras vidas en acuerdo con la voluntad de Dios hablada a nosotros. Esto es para nuestro Señor y también para nuestro propio bienestar. Estrictamente hablando, no vivimos para el evangelio por nadie más que no sea ninguna otra cosa que nuestro propio bienestar.
Si usted abandona la iglesia de Dios, es lo mismo que abandone el Reino de Dios. Si usted abandona la iglesia de Dios, muy pronto sus corazones se mancharan con el mundo ya que no recibirá la Palabra de Dios. Sus corazones llegarán hacer perversos ya que no podrá tener comunión, y Satanás el Demonio construirá su casa dentro de sus corazones. Aún más, Satanás el Demonio comenzará a trabajar dentro de los corazones de aquellos que han abandonado la iglesia de Dios. Satanás el Demonio se deleitará aún más mientras que dibuja su perverso plan ya que sus corazones no están limpios sin ninguna mancha.
Después, Satanás el Demonio los llevará a sus perversos caminos. Una vez que Satanás el Demonio obtenga el control total sobre ellos llegaran a ser esclavos del Demonio siendo usados para obras malvadas. No importa cuánto haya alguna vez creído en el evangelio, no tendrá ni poder para vencer a Satanás el Demonio una vez que ellos mismos cedan a la tentación de Satanás. Y cuando ellos vean a los justos unidos a la iglesia de Dios, desprecio hirviente saldrá de lo profundo de sus corazones y trataran de oponerse a los justos y a la iglesia de Dios.
Queridos compañeros creyentes, ¿Necesitamos convertirnos en tales personas? ¿Verdaderamente será beneficio para nosotros? Ese será el camino más seguro para matarnos nosotros mismos. Así, nuestro Señor nos enseñó a orar, “Y no nos metas en tentación.” Esto es, tenemos que vivir por fe para no caer en las tentaciones. Escrito está, “Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). Necesitamos fe para vivir en unidad con la iglesia de Dios como los soldados de Cristo a pesar de todas nuestras debilidades. Esto es, fe en el evangelio del agua y el espíritu y fe que sigue la justicia de Dios son esenciales para los justos nacidos de nuevo. Tenemos que entregarnos al propósito de la construcción del Reino de Dios. Esta orientación es la vida de un Cristiano después de haber nacido de nuevo.
Si no vivimos con ese propósito, nuestras vidas únicamente estarán llenas de quejas y de insatisfacción. “Hombre, esta basura asegura ser un pastor. Miralo. ¿Acaso un pastor usará shorts y se comportará mal de esa manera? Un pastor debe de tener cierta dignidad pero este tipo no tiene ninguna. Tal vez el se vea bien cuando suba a un pulpito porque está usando su traje, pero es peor que un tipo ordinario una vez que se baja de el.” Eso es todo lo que ven de los siervos de Dios que están delante de ellos. Así, se quejan de la Iglesia así como también de aquellos que espiritualmente están más adelantados. En vez de ver lo espiritual todo lo que ellos pueden observar son las cosas de la carne. Juzgan falsamente e ignoran la Iglesia y aquellos que están delante de ellos. ¿Qué ocurrirá si estas quejas hierven? Ellos van a retar. Tales conductas los guiarán a su propia muerte.
Queridos compañeros creyentes, todos somos seres preciosos. También, todos somos soldados de Cristo. Los soldados no pelean solos sino unidos a otros soldados. Si un compañero soldado muere en una batalla, esa muerte duele en nuestro corazón. Sentimos a nuestro lado el espacio vacío dejado por aquellos que murieron en estas batallas. Y estamos amenazados por el hecho que podemos tener un final parecido. Usted miente si dice que está pensando, “aunque mi compañero soldado de al lado ha muerto, yo no voy a morir. Yo estoy bien. Yo soy invencible.” Tenemos que darnos cuenta del hecho que, una vez que los soldados mueren a nuestro lado, tendremos que enfrentar más enemigos por nuestra cuenta y aumenta la posibilidad de que vamos a perder nuestras vidas dramáticamente. Así, nuestros compañeros soldados son muy preciados. La verdadera camaradería en la guerra toma lugar cuando nos arrojamos nosotros mismos en la batalla por la pérdida de un compañero soldado.
Les voy a contar una historia. Dos de mis amigos más cercanos de mi niñez fueron a la misma unidad militar. Verdaderamente ellos tenían una clase especial de amistad. La unidad en la que estaban salió a una guerra urgente. Uno de los amigos estaba encarando directamente al enemigo en medio de la batalla. En ese instante, una bala atravesó su cuerpo. El otro amigo pudo ver a su amigo fatalmente herido y respirando con dificultad. No podía dejar a su amigo atrás. Nadie allí estaba dispuesto a correr hacia una lluvia de balas para salvar a su amigo. Aunque todo mundo le advirtió que no fuera, el corrió hacia su amigo para salvarlo. Cuando el cargó a su amigo fuera de la batalla ya había muerto y el estaba seriamente herido.
Mucha gente preguntó porque el arriesgo su vida por una tarea inútil sabiendo lo que podía ocurrirle a él. A esto, el contestó, “he obtenido algo tan valioso las últimas palabras que mi amigo me dijo fueron ‘sabía que vendrías.’” Eso es verdadera camaradería, compañía y una amistad duradera.
Espiritualmente, somos los soldados de Cristo. Si alguien es un soldado de Cristo, es una persona preciosa que no puede perderse. Todos los santos son preciosos porque los vemos a ellos no sólo en su apariencia sino que vemos su corazón y su fe. Así, los respetamos. Trabajamos en unión unos con otros. Damos gracias a Dios por las obras de las cuales ellos están a cargo. Nos respetamos unos a otros, aunque tengamos un papel muy diferente que realizar. Nos interesamos los unos en los otros. ¿Porqué pasa eso? Se debe a que sabemos que podemos existir debido a ellos. Sin ellos, tampoco nosotros estaríamos aquí. Sin ti, yo tampoco existiría. Sin mí, tampoco tú existirías.
Así, Satanás el Demonio constantemente trata de sacarnos del Reino de Dios. Cuando nos saca, nos seduce con sus dulces mentiras. “Yo te garantizo todo.” Puede que él diga esto o que sólo nos haga pensar que obtendremos enormes riquezas si solamente le seguimos a él. Aunque al principio él nos engaña con esas dulces mentiras, Satanás en Demonio demandará al final la compensación correspondiente. “Yo haré esto por ti, así que tú debes de pagarme dando tal precio.”¿Es así o no? Sí, ciertamente es así. Satanás el Demonio demanda de nosotros una compensación enorme. Una vez que pagamos la compensación que Satanás el Demonio nos demanda, no nos queda a nosotros. Tal caso solo beneficia siempre a Satanás el Demonio. Nunca podremos ser capaces de vivir bien en tales caminos. Este es el lugar llamado el mundo donde Satanás gobierna.
“Y no nos metas en tentación.” Ciertamente, nunca debemos caer en tentación. Tenemos que vivir por fe y dar gloria a Dios. Aunque somos débiles, tenemos que consolar y ser consolados por otros así como también motivarnos unos a otros. Cuando vivimos así viviremos abundantemente saboreando los frutos de justicia así como sus recompensas. Eso es lo que Dios quiere de nosotros. Debemos vivir tales vidas por fe. La Oración del Señor nos dice que vivamos por fe desde el principio hasta el fin. Nos dice que lleguemos a ser tal y tal cosa por medio de la vida de fe.
 
 
La Vida del Justo es la Vida de Fe y Oración
    
Así, debemos orar. No solo debemos orar sino además debemos agarrarnos de nuestra fe. La fe en el evangelio del agua y el Espíritu es el poder para vencer al mundo. La Palabra de 1 Juan 5 dice, “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad” (1 Juan 5:4-6). La fe en Jesucristo quien vino por el agua, la sangre y el Espíritu vence al mundo.
¿Usted piensa que esta fe es común? Esta fe nos permite ir al Reino del Cielo ya que abre las puertas de este Reino de los Cielos. Esta fe que tenemos es algo que no es común. No podemos tratar al evangelio con ligereza. Queridos compañeros creyentes ¿creen esto? Claro que sí.
Para mí, cada uno de mis colaboradores y los santos son muy preciados. Aunque todos somos distintos en la carne, yo se que todos nos vemos igual a los ojos de los demás. Desde la perspectiva de la carne, todos somos débiles e inadecuados por igual. Sin embargo, yo sé y creo que todos somos preciosos espiritualmente. Verdaderamente lo creo en mi corazón ¿Por qué? Si no unimos nuestro esfuerzo para servir al evangelio, ¿cómo podremos esparcir el evangelio por todo el mundo? Si no nos unimos para servir al evangelio, ¿cómo puedes compartirse este evangelio? Si todos y cada uno de nosotros no vive para nuestro Señor y para el evangelio, ¿cómo podrá toda la gente en este mundo escuchar acerca del evangelio y recibir vida nueva? Esas cosas jamás podrían pasar.
Queridos compañeros creyentes, nunca debeos menospreciarnos a nosotros mismos quienes hemos recibido la remisión del pecado. Aún si contamos cada joven que asiste a nuestra escuela Dominical de la Iglesia, no tenemos más de 300 miembros. Aún así, estamos esparciendo el evangelio por todo el mundo. No estamos haciendo esto porque tengamos un súper poder en nuestra carne. Todo lo que tenemos es el evangelio del agua y el Espíritu. Aunque somos pocos en número, somos capaces de predicar el evangelio por todo el mundo porque tenemos al Espíritu santo en nuestros corazones al creer en el evangelio del agua y el Espíritu. El Señor nos enlisto como Sus soldados al darnos la palabra y la fe. Y realmente somos muy preciados ya que realizamos las obras de Dios. Dios puede realizar Sus obras por medio de nosotros.
El término ‘guerrero’ se aplica a aquellos que pelean bien, pero, talentoso o no, los soldados son soldados por igual. Cuando ellos escuchan la orden “a la carga,” se dirigen a los campos con lanzas en sus manos. Cuando escuchan “subir,” ellos suben las escaleras aunque los enemigos les arrojen piedras y les avienten agua caliente. Estos son los soldados. ¿Cómo puede alguien subir esas escaleras cuando ve que les arrojan agua hirviendo? Si yo estuviera en una batalla así, probablemente correría tan rápido como me fuese posible. Se necesita un coraje increíble para subir por esas escaleras a pesar de ver esas rocas enormes como casas cayendo, aceite hirviendo cayendo, y flechas voladores dirigidas hacia ellos. Aunque con sus ojos no pueden ver el peligro, los soldados arremeten en la batalla a l orden de sus líderes. Debido a que todos estos soldados están dispuestos a sacrificarse, son capaces de capturar una ciudad y de ganar la guerra.
Aunque no peleamos de esa manera, estamos peleando batallas espirituales cada día. Hemos capturado armas de alta tecnología para esparcir el evangelio. No estamos perdiendo el tiempo en áreas aisladas sin un plan, sino trabajando efectivamente con la poca gente que tenemos. Yo creo que todo esto viene de la sabiduría de Dios. Si tuviéramos más soldados, podríamos haber ignorado el poder de Dios y pensaríamos que somos exitosos debido a nuestros talentos y fuerza. Sin embargo, Dios no permitió tales distracciones en nosotros. Verdaderamente, todo lo que tenemos que hacer es ver a Dios realizando Su obra mientras vivimos en nuestra fe en el evangelio del agua y el Espíritu.
A Dios le gusta trabajar por medio de Su Iglesia. La Iglesia de Dios no es otro lugar, sino el lugar en donde aquellos que han recibido la remisión del pecado al creer en el evangelio del agua y el Espíritu se reúnen para esparcir este evangelio dado por Dios a todo el mundo. Dios obra por medio de nosotros cuando creemos en la Palabra de Dios y nos unimos unos con otros para trabajar como soldados de Dios.
Belén significa ‘la casa del pan.’ La casa que da el pan de vida no es ni más ni menos que la iglesia de Dios. Yo no entiendo que otro tipo de pan la gente anda buscando en el mundo. Si somos seducidos por Satanás el Demonio o por otro tipo de pan que no sea el pan de vida de Dios, no podremos tomar parte en la gloria de Dios sino más bien perderemos nuestras propias vidas. Urge que creas. Aunque puedas descubrir que la decepción del Demonio sabe dulce en el momento actual, te torturará y te demandará mucho más de tu parte. Así, No debemos caer en tales tentaciones que nos harán incapaces de volver a nuestra casa, la Iglesia.
 
 
Si los Justos Sirven al Evangelio Junto a la Iglesia de Dios, esa es la Vida más Apropiada
    
Yo te digo que si permaneces dentro de Belén, la cual es la casa del pan, tú tendrás muchas provisiones. Si tu estas dentro de la casa del pan, no morirás aún si el hambre te ataca. Los ricos vendrán a nosotros con harina y nos pedirán que la cocinemos para ello. Como compensación por hornear para ellos, el panadero toma una cierta porción de la harina. Así, aún en los días de antaño cuando todos eran pobres, mis amigos quienes eran hijos e hijas de panaderos nunca les faltó un alimento y comieron los mejores panes. No sólo comieron pan blanco sino también pan de trigo. En ese entonces yo era un niño delgado porque no podía conseguir ni aun un tazón de harina de maíz para comer.
Desde luego, la familia de mis amigos que operaban la panadería no eran más ricos que la mía. Aún, ellos podían comer el mejor de los panes con cada alimento ya que horneaban panes con la harina que tomaban para probar lo que traía cada proveedor. De la misma forma, horneaban panes de trigo para comer. La harina y otros ingredientes que obtenían de esa manera se volvían deliciosos panes de varias clases. Podían poner un poquito de mantequilla derretida arriba. Desde luego, no era cualquier mantequilla sino la más dulce. El pan blanco y el pan de trigo salían del horno y una vez que le ponías la mantequilla encima, eran indescriptiblemente deliciosos. Mi familia vivía a unas cuantas puertas de la panadería, yo podía oler el dulce aroma desde mi casa. No se imaginan cuanto yo deseaba comer esos panes. Todo lo que pasaba era que se nos hacia agua la boca con el olor.
Voy a describir como lucía mi familia en ese entonces. Mi papá me hacía señas con su larga pipeta de cigarros para que yo fuera a él y le daba unos golpecitos con su pipa. Yo era joven pero sabía que deseaba que le llenara su pipa con tabaco. Una vez que terminaba, golpeaba su pipa de cigarros unas cuantas veces más. En esta ocasión significaba que debía encender su pipa. Yo encendía su pipa. Cuando yo crecí un poco más, probablemente a la edad de seis años yo tenía que chupar en la pipa hasta que esta encendía. Mi padre era un caballero a la antigua que no se atrevía a salir a rogar por un poco de pan, aunque eso significará que la familia padeciera hambre.
No podía darme el lujo de preocuparme con respecto a los Buenos modales como lo hizo mi padre. La mitad del tiempo, mi familia se perdía una comida sin tener nada que comer. Así, no me podía perder una oportunidad de comer debido a mi orgullo. Fue el deseo de mi vida hasta el cuarto grado, poderme comer una barra de pan yo solito. Nunca comí tanto pan como yo quería cuando era pequeño. Aún cuando mi familia preparaba panes para veneración de nuestros antecesores, estaría hueco como un globo. Dos mordidas y toda la barra de pan se iba. Mi corazón se desmoronaba cuando me le quedaba viendo al hueco dentro del pan. Debido a esto, en el pasado, no se pueden ni imaginar la clase de avaro que yo era en lo que respecta a la comida. Actualmente, tenemos tanto para comer que nos preocupamos por las dietas. Sin embargo, en el pasado, nos lamentábamos al ver la comida desaparecer en nuestros estómagos ya que siempre queríamos más. Atravesamos días así.
En la actualidad, desde que conocí a nuestro Señor, no me preocupo por tales cosas y vivo bastante bien. Antes de conocer a nuestro Señor, mi familia era pobre. Pero, en estos días, más bien vivimos una vida abundante. Todo esto se debe a la gracia de Dios. Desde luego, no he acumulado mis riquezas como Bill Gates, pero nunca más dejare de comer un alimento y tengo lo suficiente para servir al evangelio. Así que ¿soy rico o no? No deseo acumular riquezas a mi nombre y no vivo con esa idea. No soy una excepción sino que todo aquel que ha nacido de nuevo por el agua y el Espíritu vive de la misma forma. Nosotros los siervos de Dios nunca trabajamos para obtener riquezas para nosotros mismos. Solo obtenemos lo material que necesitamos para servir al evangelio del agua y el Espíritu.
Hoy, puedo estar aquí y mañana allá, pero donde sea que vaya a predicar el evangelio es como estar en casa para mí. Así, no necesito una casa grande. Si nosotros los santos que hemos nacido de nuevo tenemos suficiente espacio para adorar, ese lugar es nuestra Iglesia. Así, no siento envidia de las altas iglesias de ladrillos rojos. ¿Acaso ustedes los santos no se siente de igual modo? Claro que sí.
“Y no nos metas en tentación.” Si abandonamos la iglesia de Dios y abandonamos el Reino de Dios, no podremos evitar el caer en tentación. En otras palabras, caemos en la tentación debido a que vamos tras los deseos de nuestra carne. La palabra tentación significa ‘sufrir penas.’ ¿Cuán grande es servir al evangelio juntos y unidos en el Reino de Dios, pelear juntos, bromear juntos y jugar futbol juntos? ¿Quién en este mundo puede dar a luz a 280 hijos? Sin embargo, ya que estamos en Dios, tenemos a Dios como nuestro padre de 280 hijos y formamos una familia con 280 hermanos y hermanas.
Como dice el Viejo refrán, “El viento nunca cesa en un árbol frondoso,” puede haber muchas situaciones en una familia de muchos hijos. Sin embargo, estamos muy contentos por tener una familia que sirve con pureza a nuestro Dios Padre unidos unos con otros en nuestro corazón. ¿En qué parte de la tierra podríamos encontrar a una familia con tanto amor como nosotros? No hay nadie más feliz que nosotros. Verdaderamente somos gente feliz.
Queridos compañeros creyentes, si nosotros los ministros no sirviésemos al evangelio sino que intentáramos hacer mucho dinero para nosotros en este mundo, ¿tendríamos suficiente para compartir? ¿Podríamos tener descanso en un Campamento Bíblico, en ambos, nuestro corazón y nuestro cuerpo y permitir que ambos llegaran a estar sanos? Si realmente trabajamos duro en el mundo, ¿se llenarían nuestros corazones y nuestras vidas estarían satisfechas? Jamás podríamos hacer esto en el mundo.
Así, Dios nos ha permitido tener vidas ricamente bendecidas. Si Dios nos ha dado tales vidas de bendición, ¿por qué algunos de nosotros nos ofrecemos voluntariamente para sufrir al caer en las tentaciones? Aquellos que disfrutan todo lo que Dios da y viven felizmente verdaderamente son sabios y felices. Si vivimos dentro de Aquel que nos da la fuerza y dentro de las bendiciones de Dios por nuestra fe, podemos estar satisfechos. Dios suple nuestras necesidades en Su tiempo, si vivimos y oramos para que el Reino de Dios sea establecido, oramos para satisfacer necesidades en la vida, y encaramos todo reto en todo por medio de nuestra fe y permanecemos en nuestra iglesia. ¿Porqué ofrecerse como voluntario para las dificultades, cuando Dios suple con la lluvia primera y la postrera? Nunca tendremos que vivir en tales dificultades.
Aún si tenemos que encarar dificultades en nuestras vidas, deseo que las encares por nuestro Señor. Y vivamos felizmente y dignamente en Cristo y en el Reino de Dios por medio de nuestra fe. Dios nos ha dado Su gracia para que nosotros podamos vivir tales vidas. Nuestro Señor nos ha liberado al venir a este mundo, al recibir Su bautismo, al morir en la Cruz, y al ser resucitado de entre los muertos. Él nos ha reclutado para ser Sus soldados. Él nos ha colocado en el Reino de Dios y nos ha permitido vivir dentro de la iglesia de Dios. Dios Mismo bendijo nuestras vidas y nos permite establecer con dignidad el trabajo aquí en la tierra. Y Él nos permite terminar toda nuestra vida dentro de la iglesia de Dios mientras vivimos en este mundo.
Creamos que esta es la voluntad de Dios. Espero que llegues a creer que es nuestro destino dado por Dios el vivir haciendo las justas obras dentro de la Iglesia y en el reino de Dios mientras construimos Su reino. Espero que llegues a creer que es nuestro destino dado por Dios el vivir haciendo las justas obras dentro de la Iglesia y en el reino de Dios mientras construimos Su reino. O exhorto a cada ciudadano de Dios nacido de nuevo por el agua y el Espíritu a tener fe y a vivir apropiadamente para no caer en las tentaciones.