The New Life Mission

Sermones

Tema 19: Efesios

[Capítulo 3-3] < Efesios 3, 14-21 > El amor de Cristo está en los corazones de todos los santos

< Efesios 3, 14-21 >
«Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén».
 
 
¡Saludos a todos! El pasaje de las Escrituras de hoy es Efesios 3, 14-21, y a través de este pasaje, me gustaría que entendiésemos la fe del Apóstol Pablo, la salvación que Dios nos ha dado y la plenitud de Su poder.
El Apóstol Pablo escribió esta epístola a los santos en Efeso mientras estaba en la cárcel. Pablo quería predicar el Evangelio más allá de Israel y llegar a las regiones de Asia Menor y Europa, y por eso fue perseguido y encarcelado. Mientras estaba en la cárcel Pablo escribió esta epístola de fe a los santos de la Iglesia de Efeso.
En realidad el Apóstol Pablo fue más perseguido por los judíos que por los gentiles. Estos judíos, que practicaban el judaísmo, persiguieron al Apóstol Pablo aunque era judío como ellos. El pasaje de las Escrituras de hoy viene de la epístola que Pablo escribió al pueblo de Dios en la Iglesia de Efeso mientras estaba en la cárcel. Así que la epístola a los Efesios a menudo recibe el nombre de carta desde la prisión. Como el Apóstol Pablo estaba en la cárcel, no tenía ningún otro medio de predicar su fe a parte de las cartas, y dado el nivel de sufrimiento que estaba soportando por el Evangelio, seguramente su fe sería su único consuelo. De hecho el plan de Dios y la gloria de Su Iglesia se revelaron en cada pasaje de las cartas de Pablo escritas desde la cárcel.
 
 
Pablo era un verdadero evangelista y ministro
 
Pablo dijo en Efesios 3, 13: «Por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria». Dicho de otra manera, el Apóstol Pablo les estaba diciendo a los santos de Efeso: «No estéis avergonzados porque esté en la cárcel, porque he sido acusado falsamente y encarcelado por predicar el Evangelio, no porque haya hecho nada malo». De hecho el Apóstol Pablo fue encarcelado en una cárcel romana acusado de instigar a las masas a la rebelión al predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Allí donde Pablo iba, predicaba siempre el Evangelio de salvación cumplido por el bautismo de Jesús y Su sangre derramada en la Cruz. Así que los judíos persiguieron a Pablo, le acusaron de blasfemar la Ley de Dios y le acusaron de blasfemas la Ley de Dios, por lo que querían que fuese lapidado hasta morir. De hecho Pablo fue lapidado por los judíos de Antioquia e Iconio. Quedó medio muerto, así que lo sacaron de la ciudad pensando que estaba muerto (Hechos 14, 19). A pesar de esta persecución Pablo dio testimonio de Jesús, nuestro Salvador, dondequiera que iba, predicando que Jesús era el Cristo.
Como Pablo todos nosotros también entendemos que Jesucristo es nuestro Salvador. Al venir al mundo como Hijo de Dios, Jesucristo ha borrado todos nuestros pecados con el bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. La Biblia nos enseña claramente que Jesús ha borrado todos nuestros pecados para siempre con el Evangelio del agua y el Espíritu.
La Palabra predicada por el Apóstol Pablo causó mucha controversia, y muchos judíos que escucharon esta Palabra fueron impactados por las enseñanzas de Pablo, particularmente por el tema de la resurrección. A pesar de esto, no podían matar a Pablo tan fácilmente. ¿Qué explica esto? Como Pablo era un judío, también era ciudadano de Roma. Pero aún más importante es el hecho de que Dios estaba con Pablo, y que esa era la razón por la que nadie podía matarle tan fácilmente.
Los políticos de aquel tiempo pensaban que el Apóstol Pablo solo causaba problemas e incitaba a la gente con sus enseñanzas. Así que pensaron en encarcelar a Pablo para silenciarlo de alguna manera. Como resultado, Pablo no solo fue encarcelado sino que también fue martirizado al final por predicar el Evangelio.
Pablo fue encarcelado varias veces por predicar el Evangelio, pero cuanto más le perseguían, más quería predicar el Evangelio. Pablo dijo: «Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra» (Efesios 3, 14-15). Este pasaje demuestra cómo el corazón de Pablo estaba lleno de deseos de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu Pero del mismo modo en que Pablo necesitaba todo momento para predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, fue encarcelado, y por eso deben imaginarse lo mucho que amaba predicar el Evangelio. Por eso el Apóstol Pablo se arrodilló ante Dios Padre y le oró sin cesar, y escribió cartas a los santos para enseñarles cosas sobre la Iglesia de Dios. Este deseo de Pablo se demuestra en el pasaje de las Escrituras de hoy. A través de la epístola de Pablo a los santos en Efeso, es importante entender este deseo de Pablo y es también indispensable estar unidos con su fe para entender qué tipo de obra hace la Iglesia de Dios.
El pasaje clave de toda la epístola que Pablo escribió a los efesios, desde el primero hasta el último capítulo, es sobre la Iglesia de Dios. En Efebos 1, 4, por ejemplo, nos habló de la Iglesia de Dios y sus miembros diciendo que Dios Padre nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo y que deberíamos ser santos y sin culpa ante Él por amor. Este pasaje sobre la Iglesia de Dios es una verdad que no se puede negar, y debemos creer en esta verdad y darle gracias a Dios por ella. Todos debemos darnos cuenta del deseo de Pablo de enseñarnos esta verdad, y nuestra idea de la Iglesia de Dios y nuestra fe en ella debe ser la misma idea y la misma fe que tenía Pablo.
Mientras leía las epístolas paulinas, pudo entender que la fe de Pablo estaba basada en el Evangelio del agua y el Espíritu. De hecho, pudo ver el conocimiento de la Verdad sobre Dios que Pablo tenía y su fe inamovible en cada una de sus palabras, así como todas sus otras creencias. El pasaje de las Escrituras de hoy está lleno de la fe de Pablo, de sus oraciones, y sus testimonios, y desde este pasaje podemos ver lo grande que era la fe de los Apóstoles, y lo fieles que eran todos al Evangelio del agua y el Espíritu. Así que si centramos nuestra atención en estos versos que hemos leído hoy, me gustaría compartir la fe del Apóstol Pablo con ustedes.
 
 
Dios nos ha trasladado a Su Reino glorioso
 
Cuando pasamos a Efesios 3, 16 vemos cómo el Apóstol Pablo da testimonio de su fe y desea que «os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu». Las riquezas de la gloria de Dios se refieren al hecho de que el Señor nos ha salvado perfectamente de todos los pecados del mundo, y así ha hecho que no nos falte nada para convertirnos en hijos de Dios. También se refieren a que Dios nos ha dado bendiciones celestiales y nos ha hecho siervos fieles, para que podamos vivir como obreros de Dios. Él nos ha hecho saber esto a través del Espíritu Santo. Pablo también dijo aquí que nuestros corazones se llenan de fuerzas al confiar en la gloria de esta Verdad.
La fe inamovible de Pablo se basaba en el hecho de que Dios les había hecho conocer a los santos y a Su pueblo todas las riquezas de Su gloria y poder. En otras palabras, Pablo nos está asegurando una vez más que el pueblo de Dios está formado por las personas que han nacido de nuevo a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Pablo nos está enseñando claramente que Dios nos ha bendecido con un poder enorme para que no nos falte nada como siervos de Dios. Esto significa que el Apóstol Pablo creía que Dios le había bendecido para entrar en Su Reino y disfrutar de su gloria.
¿Qué deseaba Pablo desde lo más profundo de su corazón? Quería predicar esta fe a todo el mundo, a los judíos y a los gentiles. Pablo deseaba de todo corazón que todo el mundo creyese en Jesucristo como su Salvador según la gracia de Dios y las riquezas de Su gloria. Por tanto, Pablo predicó el Evangelio del agua y el Espíritu a todos los pecadores, permitiéndoles ser salvados perfectamente de todos sus pecados, y también les enseñó a los santos a confiar en esta Verdad de todo corazón, para que nunca tuviesen que rendir su fe ante nadie. Asimismo deseó que mantuviesen su fe fuerte para merecer ser soldados de Cristo.
Entonces ahora intenten imaginar que están encarcelados como Pablo por predicar el Evangelio. Si tuviesen la libertad de escribir una carta en la cárcel, ¿qué tipo de carta escribirían a los que hubiesen escuchado el Evangelio de sus bocas? Estoy seguro de que les escribirían para que se mantuviesen firmes por fe. El Apóstol Pablo no solo predicó el Evangelio a los santos en Efeso, sino que también compartió el pan de sustento con ellos para que creciesen espiritualmente. Él les dijo que del mismo modo en que él compartía la gloria de Dios por confiar en el Evangelio del agua y el Espíritu, los santos efesios también debían dar gloria a Dios al hacer arder su antorcha de la fe para siempre, sin dejar que su fe en el Señor decaiga por los problemas, las persecuciones o las circunstancias.
El Apóstol Pablo dijo en Efesios 3:16 que quería «el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu». El hombre interior aquí se refiere a la fe de los santos. ¿Cómo se fortalece el hombre interior como santos? Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y su gloria somos fortalecidos. Esto significa que como hemos sido librados de todos nuestros pecados y somos justos para siempre al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, ahora no nos falta nada para vivir como el pueblo de Dios.
Todos creemos en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Pero, ¿cómo nos sentiríamos si estuviésemos en la misma situación que el Apóstol Pablo? Por supuesto, como no estamos en la cárcel, no podemos entender lo frustrado que Pablo debía estar, pero si intentamos ponernos en su lugar e imaginar escribir una carta a otros santos, podremos entender lo que Pablo quiso decir cuando escribió a los santos de Efeso: «Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu» (Efesios 3, 16). Si fuesen santos efesios y recibiesen esta carta de Pablo, sus espíritus se fortalecerían en la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que está en nuestros corazones.
Mientras vivimos en este mundo, nos encontramos con problemas de vez en cuando. Sin embargo, como creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestros corazones no perderán fuerzas por muchos problemas que tengamos, y podemos defender nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu y vivir según la voluntad de Dios. Además, al confiar en el Señor, estamos predicando el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo. Si nuestros corazones se sienten débiles se debe a que no nos hemos decidido a vivir solo por el Evangelio del agua y el Espíritu. De hecho, especialmente en estos últimos días en los que la vida está cada vez más difícil, debemos creer en la Verdad de salvación que ha venido por el Evangelio del agua y el Espíritu y predicárselo a más personas más intensamente. Todos los santos y siervos de Dios deben fortalecerse más al confiar en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio a través del que el Señor nos ha salvado a todos. Así que les pido que no se olviden que todos debemos vivir con valor, porque todos hemos sido salvados de nuestros pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.
Todo corredor que está a punto de empezar una carrera debe prepararse mentalmente para la carrera que tiene delante. Del mismo modo, nosotros debemos decidirnos a vivir por Dios después de recibir la remisión de los pecados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Nuestra fe debe estar siempre puesta en Dios. Cuando estamos siempre despiertos y nos preparamos para la vuelta del Señor al confiar en el Evangelio del agua y el Espíritu, nuestro hombre interior se fortalece y puede superar todos nuestros problemas. Todas estas cosas son posibles cuando decidimos vivir por fe de antemano.
Es cierto que muchas personas en este mundo menosprecian la fe de los santos y los siervos de Dios, o incluso intentan suprimirla. Pero aún así, si de verdad creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y se han decidido a seguirlo ante Dios, nunca se rendirán ante estas personas por muchos problemas y tribulaciones que se les presenten. Aunque estemos indefensos ante estas personas por fuera, nuestro hombre interior les vencerá. ¿Cuál es la diferencia fundamental que nos separa de esta gente que todavía no cree en el Evangelio del agua y el Espíritu? Es el hecho de que hemos nacido de nuevo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu; y además no solo somos hijos de Dios y Su pueblo, sino que tenemos la fe bendita que nunca nos dejará rendirnos ante cualquier pecador. Esto se debe a que tenemos fe en el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones. No superamos nuestros problemas por nuestra propia voluntad o fuerzas, sino porque somos gente justa que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu.
 
 
El Señor puede vivir solo en el corazón de alguien que crea en el Evangelio del agua y el Espíritu
 
Efesios 3, 17 dice: «Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor». Los justos no tenemos vida si se nos quita nuestra fe en la Verdad de Dios. Para asegurarnos de que nuestra fe nunca se nos quita, nosotros y todo el mundo en nuestra Iglesia debemos asegurarnos de que Cristo vive en nuestros corazones, del mismo modo en que Pablo dijo en el pasaje de las Escrituras: «Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor» (Efesios 3, 17).
La fe que tenemos ahora a los ojos de Dios está puesta en el Evangelio del agua y el Espíritu, que constituye la justicia de Dios. La sustancia de nuestra fe es lo que esperamos del Señor. La fe en Dios es la sustancia de las cosas que se esperan. Este tipo de fe es la fe correcta. En otras palabras, aunque los ojos de la carne no puedan ver nuestra fe, tiene sustancia verdadera. La verdadera fe es la que cree en la Palabra de Verdad que no se ve con los ojos carnales. De lo contrario sería en vano. La Biblia dice claramente: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11, 1). Este pasaje significa que nuestra fe consiste en creer en lo que de verdad existe aunque no se pueda ver con los ojos. Es decir, consiste en creer en la obra de Dios y en Su plan. De hecho todos nosotros creemos en la remisión de nuestros pecados y en la vida eterna de la que Dios nos ha hablado. No hay duda alguna de que esta Verdad, el objeto de nuestra fe, tiene una sustancia verdadera.
¿Cómo pueden asegurarse de que Cristo vive en sus corazones? Esto solo es posible cuando tienen fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. Este Evangelio que Cristo nos ha dado no solo nos redime de nuestros pecados, sino que también hace que Cristo viva en nuestros corazones. De la misma manera en que Pablo dio testimonio de esta fe a los santos efesios, yo puedo dar testimonio de mi fe y decirles a todos ustedes: «Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor» (Efesios 3, 17).
Es una bendición indescriptible el que creamos en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu hoy. El Apóstol Pablo habló de su muerte, de su nuevo nacimiento, y su resurrección, que se cumplieron al unirse con Jesucristo por fe. Él creyó que todas estas cosas se consiguieron a través del bautismo de Jesús por Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. La fe del Apóstol Pablo era honesta y sincera a los ojos de Dios.
Todos los Apóstoles, incluyendo el Apóstol Pablo y el Apóstol Pedro, creyeron en el Evangelio del agua y el Espíritu y lo predicaron. El verdadero Evangelio de salvación es el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos los demás evangelios son falsos. Como está revelado en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel no solo tenía que ser circuncidado, lo que simboliza la promesa de la remisión de los pecados de Dios, sino que también tenía que imponer las manos sobre el animal sacrificado y sacarle la sangre cuando ofrecía un sacrificio a Dios. Estos principios eran obligatorios para que los israelitas recibieran la remisión de los pecados. Según estos mismos principios, Jesucristo vino al mundo, cargó con todos los pecados de la raza humana al ser bautizado por Juan el Bautista, y los llevó a la Cruz donde derramó Su sangre hasta morir, y después se levantó de entre los muertos para salvarnos a todos. Esto es lo que proclama el Evangelio del agua y el Espíritu, y esto es lo fundamental del verdadero Evangelio. El Evangelio del agua y el Espíritu es el único verdadero Evangelio del que habla la Biblia.
El Apóstol Pablo dijo: «Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor» (Efesios 3, 17). Del mismo modo en que Dios Padre es santo, Jesucristo es el Señor santo para siempre. Por tanto, es absolutamente imperativo que creamos en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos ha dado, y así nos aseguremos que nuestros corazones tienen la verdadera fe. Somos tan depravados que no podemos ni compararnos con Jesús. Como seres humanos, somos una raza de pecadores por naturaleza. Así que no podemos evitar cometer pecados siempre.
¿Cómo puede gente desgraciada como nosotros tener a Jesucristo, que es tan santo, viviendo en nuestros corazones? Solo hay una manera de invitar a Jesucristo a vivir en nuestros corazones. ¿Cuál es esta manera? Creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Qué significa tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu, la Verdad de Dios? Se significa creer que Jesucristo se ha convertido en nuestro Salvador al venir al mundo para borrar nuestros pecados, ser bautizado por Juan el Bautista para cargar con nuestros pecados para siempre, llevarlos a la Cruz y derramar Su sangre, y levantarse de entre los muertos. Creer en este Verdad es tener fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. A través de este Evangelio del agua y el Espíritu Jesús nos ha dado esta Verdad de salvación. Al creer en esta Verdad de salvación podemos hacer que el Salvador viva en nuestros corazones.
El Señor nos está diciendo que nos ha salvado de todos los pecados del mundo al venir al mundo por el agua y el Espíritu (1 Juan 5, 3-8). Todos estamos salvados al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y aceptar al Señor como nuestro Salvador. Pablo dijo: «Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor» (Efesios 3, 17). El Señor dice que nuestra fe en el Evangelio del agua y el Espíritu es la fe correcta. Al creer en este Evangelio del agua y el Espíritu podemos recibir la remisión de nuestros pecados en nuestros corazones. Por eso el Señor nos ha enviado al Espíritu Santo para que viva en nuestros corazones, porque Jesucristo se ha convertido en nuestro Salvador a través de Su agua y Su sangre. Quien crea en el Evangelio del agua y el Espíritu ahora tendrá al Espíritu Santo en su corazón, pero quien no crea en este verdadero Evangelio, nunca verá a Cristo en su corazón. Por eso los que tenemos al Espíritu Santo somos diferentes de los que no lo tienen.
En resumen, la fe en Jesucristo consiste en creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por naturaleza, ustedes y yo estábamos destinados a morir por nuestros pecados y ser arrojados al infierno. Como nuestros corazones estaban llenos de pecados, no podíamos evitar ser destruidos y ser arrojados al infierno por nuestros pecados, pero ahora hemos sido salvados de estos pecados gracias al Evangelio del agua y el Espíritu. Como la Biblia dice: «El precio del pecado es la muerte» (Romanos 6, 23), la Ley de Dios es tan estricta que quien tiene pecados debe ser condenado sin excepción.
Si incumplen cualquier ley secular, deben ser juzgados, por eso, ¿cómo van a escapar de la condena del pecado cuando incumplan la Ley de Dios? Los estatutos de la Ley de Dios dicen: «El precio del pecado es la muerte». Quien haya cometido un solo pecado debe ser condenado por Dios por este pecado. Por tanto es solo cuestión de tiempo que todo el que tenga pecados deba ser arrojado al infierno.
Tómense un momento para reflexionar ante esta Palabra de Verdad. Hasta que encontramos a Jesucristo, es decir, hasta que encontramos el Evangelio del agua y el Espíritu, todos éramos pecadores y por tanto estábamos destinados a ir al infierno. Por muy ardientemente que creyésemos en Jesús, si teníamos pecados en nuestros corazones teníamos que ir directos al infierno. Nuestros corazones eran pecadores por naturaleza; ¿cómo fue posible que Jesucristo viviese en nuestros corazones? Esto fue posible porque recibimos la remisión de los pecados al creer que el Señor vino al mundo encarnado en un hombre, cargó con nuestros pecados al ser bautizado en el río Jordán; que cargó con todos los pecados del mundo hasta la Cruz y fue condenado siendo crucificado hasta morir en nuestro lugar; y que se levantó de entre los muertos. Gracias a esta fe pudimos tener a Jesucristo, nuestro Señor santo, viviendo en nuestros corazones.
Lo que el Apóstol Pablo estaba diciendo a los santos en Efeso era que recibiesen a Jesucristo en sus corazones al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Habló sobre el bautismo de Jesús en esta epístola? Sí, Pablo habló claramente sobre el bautismo de Jesús en su epístola a los efesios. También habló del bautismo de Jesús en su epístola a los gálatas y en la epístola a los colosenses. De hecho, todas las epístolas paulinas hablan del bautismo de Jesús y Su sangre. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, debemos abrir nuestros corazones y escucharla por fe, y también hacerlo cuando predicamos la Palabra. Nuestros pensamientos deben estar de acuerdo con la Palabra de Dios y nunca debemos pensar por nuestra cuenta.
Está escrito en el pasaje de las Escrituras de hoy que el Señor vive en nuestros corazones cuando creemos que Cristo nos ha salvado de todos nuestros pecados, y entonces estamos «arraigados y cimentados en amor» (Efesios 3, 17). El amor en este pasaje se refiere al amor de Cristo, es decir, el amor de Dios por nosotros. Dios nos ha revelado este amor a través de Jesucristo. Cuando leemos Juan 1 y vemos lo que Jesús hizo por nosotros en este mundo, podemos ver cuánto nos ama Dios a todos. Dios dijo en Efesios 3, 17 que quiere que los cimientos de nuestra fe estén arraigados en Su amor. Esto significa que nuestra fe debería estar arraigada y reforzada en el Evangelio del agua y el Espíritu, el Evangelio a través del que Dios nos ha salvado de todos los pecados del mundo. Cuando el Evangelio del agua y el Espíritu se resume en una palabra, esa palabra es amor; cuando el amor se alarga en dos palabras es amor de Dios; y el amor de Dios es el amor de Cristo. Por tanto, el Evangelio del agua y el Espíritu, el amor de Cristo es lo que ha hecho posible que Cristo viva en nuestros corazones.
Gracias al amor de Cristo nos hemos convertido en hijos de Dios y en la gente de Su Reino. Por eso podemos amar a los demás y servir al Evangelio de Verdad. Nos hemos convertido en gente bendita que vive en el amor de Cristo. Sin embargo, si este amor de Cristo se nos quita, nuestras almas se marchitarán y morirán como una planta que no recibe luz solar.
Por esta razón la Biblia dice: «Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor» (1 Corintios 13, 13). Además este amor es un amor incondicional, o ágape. Es decir, Dios no nos pide nada a cambio por salvarnos de nuestros pecados, sino que nos ha dado esta salvación gratuitamente por Su misericordia. Al habernos convertido en Su pueblo a los que creemos en Él, Dios nos ha trasladado a Su Reino para disfrutar de su gloria y esplendor. Esta es la esencia del amor de Dios.
El amor en este mundo puede ser clasificado en tres categorías: eros, que es el amor romántico entre un hombre y una mujer; fileo, que es el amor entre hermanos y amigos; y ágape, que es el amor de Dios. Fileo y eros suelen cambiar, porque el amor entre seres humanos se acaba cuando no hay interés para mantenerlo.
¿Han visto la película Ben-Hur? El protagonista principal de esta película, un hombre llamado Ben-Hur, era el mejor amigo del antagonista Messala. Este último era un ciudadano romano, y después de pasar algún tiempo en Roma, volvió al país donde creció como comandante del regimiento romano en Israel bajo la supervisión del gobernador general. Messala se puso muy contento al ver a Ben-Hur cuando volvió a Israel. Ben-Hur, por el contrario, era un noble judío, y por eso creía en el Señor Dios y se preocupaba por sus hermanos judíos. Como su amigo Messala no era solo un ciudadano romano, sino también un siervo del emperador romano, estos hombres debían su lealtad a diferentes poderes. Como resultado de esto, su amistad se rompió debido a sus diferencias políticas, y Messala incluso destruyó a la familia de Ben-Hur y lo envió a él a ser un esclavo en una galera. Ben-Hur pudo salvarle gracias a la ayuda de Dios, y cuando volvió a Israel, se enfrentó a Messala en una carrera de carros sangrienta y al final le venció. La película muestra como Ben-Hur se convirtió en un hombre de fe gracias a todos los problemas por los que pasó.
Esto nos demuestra que la amistad puede romperse fácilmente cuando hay un conflicto de intereses. El amor entre un hombre y una mujer también puede acabarse cuando se separan. Pero el amor de Dios por nosotros no se basa en el interés propio. Es un amor desinteresado, ya que nuestro Dios nos amó tanto que, cuando estábamos destinados al infierno por nuestros pecados, Él vino personalmente al mundo para salvarnos de estos pecados, cargó con ellos en Su cuerpo, fue condenado por nuestros pecados en nuestro lugar, y se levantó de entre los muertos. Así, gracias a Su amor Jesús se ha convertido en nuestro Salvador. Este es el amor de Dios. Cuando estamos arraigados en este amor, el amor incondicional que se nos ha dado sin pedir nada a cambio, estamos arraigados en los cimientos de la fe.
 
 
El Evangelio del agua y el Espíritu es la materialización del amor incondicional de Dios
 
No hemos recibido el amor de Dios porque hayamos hecho algo para merecerlo, sino que este amor de Dios lo recibimos cuando creímos en el Evangelio del agua y el Espíritu, servimos a este Evangelio e hicimos la obra de Dios por fe. Esto significa que nuestra fe debe estar arraigada en el Evangelio del agua y el Espíritu, la materialización del amor de Dios por nosotros. Dios nos ama a todos, desde Sus siervos y santos hasta todo el mundo.
Por tanto, todo ser humano debe entender este amor de Dios. Por supuesto, todo cristiano afirma conocer el amor de Dios, y muchos cristianos tienen el pasaje de Juan 3, 16 enmarcado y colgado en la pared. Este versículo dice: «Porque amó Dios tanto al mundo que entregó a Su único Hijo, para que quien crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna». Pero a pesar de esto, y a pesar de decir una y otra vez que Dios es amor, muchos de estos cristianos no conocen el verdadero significado del amor de Dios. Solo los que han experimentado el amor de Dios que ha venido por el agua y el Espíritu, puede conocer este amor, y solo estas personas han sido salvadas. El amor de Dios no solo se expresa con palabras como una lengua muerta, sino que se nos da mediante el idioma vivo del amor.
¿Y ustedes? ¿Han experimentado este amor vivo de Dios? Si Dios nos amase solo cuando fuésemos buenos u obedientes, y nos castigase y nos pisotease cuando le desobedeciésemos, ¿podríamos decir que nos ama? No, el amor de Dios nos es así. El amor, ágape, incondicional de Dios es perfecto, santo y sin fallos. Este amor real se revela en la salvación que Dios nos ha dado al perdonar nuestros pecados completamente. Por eso podemos vivir todos los días siendo inocentes.
Yo he experimentado este amor del Señor. Como uno de sus himnos dice: «El Señor es mi amor, yo soy Su esposa; Su amor es mi gozo», quien conoce el amor de Dios, cree en Él y ha nacido de nuevo, es amado por Jesús como Su propia esposa. Antes yo no entendía el amor de Jesús. Solía alabarle con mis emociones, pero toda esta sensiblería y esa fe que tenía desaparecieron pronto cuando vi que seguía cometiendo pecados una y otra vez. Como cometía tantos pecados, me sentía miserable en aquel entonces, pero cuando me di cuenta de que no tenía pecados porque Jesús me había salvado porque era mi Salvador, mi Dios y mi Novio, me libré de todo mi sufrimiento.
Solo después de diez años desde que empecé a creer en Jesús pude experimentar en amor de Dios de verdad. Cuando entendí de verdad la Palabra de Dios que decía que Jesús había aceptado todos los pecados de la humanidad y había cargado con ellos al ser bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, que derramó Su sangre en la Cruz por mí y me salvó al levantarse de entre los muertos, entendí el amor de Dios y me dije a mí mismo: «Jesús ha borrado todos mis pecados y ha cumplido toda la justicia. Como Jesús cargó con todos los pecados de la humanidad, todos mis pecados han sido pasados a Su cuerpo, y por eso el Señor fue crucificado hasta morir como mi Salvador. Al levantarse de entre los muertos, Jesús nos ha devuelto a la vida, y se ha convertido en mi perfecto Salvador y en el Rey del Reino de Dios. Ahora que creo en Jesús, no solo iré al Reino de los Cielos, sino que veré al Señor cara a cara. Jesús es mi Intercesor, demostrando la prueba de mi salvación ante Dios Padre en mi lugar. Como ahora creo en esta Verdad, estoy sin pecados aunque todavía cometa pecados todos los días».
Cuando entendí el amor del Señor me llené de gozo y alegría. Cuando entendí el Evangelio del agua y el Espíritu de la Palabra de Dios y creí en este verdadero Evangelio, pudo experimentar el amor del Señor. No hay palabras suficientes para describir el gozo que sentí en aquel entonces. ¿Hay algún tipo de amor en este mundo que sea remotamente similar a este amor del Señor? Él me amó tanto que no solo me quitó algunos pecados, sino que me los quitó todos. Fue maravilloso poder darme cuenta de esta Verdad. Está escrito en 3, 15: «Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó». Me quedé sorprendido por este pasaje, ya que Jesús se había llevado todos los pecados del mundo. Así que esto solo puede querer decir que todos mis pecados fueron pasados a Jesús, quien fue bautizado mediante la imposición de manos, y esto significa que cargó con todos los pecados del mundo; que entró en el agua y que fue crucificado hasta morir; y que salió del agua significa que se levantaría de entre los muertos. Así Jesús nos amó perfectamente.
A través del Evangelio del agua y el Espíritu, he experimentado el amor perfecto de Dios. He visto el amor de Dios con mis propios ojos. Además, ahora que he experimentado este amor una vez, ya no tengo sed de amor. Aunque esté sediento espiritualmente, todo lo que tengo que hacer es escuchar los sermones predicados por nuestros ministros o los testimonios de nuestros hermanos y hermanas. Entonces me siento satisfecho porque la fuente del amor empieza a fluir en mi corazón de nuevo. Del mismo modo en que todo vive cuando la esperada lluvia llega después de la sequía, mi corazón se siente rejuvenecido. Estoy experimentando este amor incluso en este momento.
Como era pecador, no tenía otro remedio que ir al infierno, pero Jesús cargó con todos mis pecados al ser bautizado. Así Jesús me ha librado completamente del infierno y me ha salvado a la perfección. Como Jesús cargó con todos los pecados de la raza humana al ser bautizado, tuvo que ser crucificado hasta morir. Así el Señor no solo me amó a mí, sino también a todo el mundo, y mi corazón sintió este amor y se llenó de él.
Mis queridos hermanos, el amor de Dios debe ser plantado en nuestros corazones firmemente. La salvación que ha venido por el amor de Jesucristo es lo que se debe plantar en sus corazones, y no las doctrinas cristianas. ¿Han experimentado este amor de Jesucristo a través de su fe en el Evangelio del agua y el Espíritu? La primera epístola de Juan dice lo siguiente acerca del amor: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor» (1 Juan 4, 18).
¿Saben qué fuerte es el amor? El poder del amor no tiene límites. Los niños que crecen en un hogar lleno de amor se convierten en adultos muy diferentes a los que crecen sin amor. No importa la educación que reciban en la escuela, los niños que crecen con amor desarrollan un buen carácter y alumbran a la sociedad como miembros creativos, serviciales, amables y cándidos. Pero los niños que crecen sin ser amados tienen a no ser sociables y a ser retorcidos, viviendo una vida cínica y llena de dolor. La mayoría de los criminales tienen un pasado sin amor.
Sin embargo, si experimentamos el amor perfecto de Jesucristo, lo entendemos y creemos en él, nuestras vidas en este mundo no serán tan deprimentes. Viviremos con gozo en este mundo y tendremos una actitud positiva en la vida, obligados a alabar a Dios, darle gracias y predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la materialización del amor de Dios. En otras palabras, sabremos cómo amar a otras almas como Dios nos ama.
 
 
Los cimientos de su fe en la justicia del Señor deben estar arraigados
 
Es absolutamente imperativo que los cimientos de nuestra fe estén bien arraigados. ¿Son firmes los cimientos de su fe? ¿Por casualidad su fe se viene abajo fácilmente? Si sus corazones pierden la esperanza, deben arraigar su fe una vez más, del mismo modo en que la tierra seca se hace más dura después de una lluvia fuerte. Así, cuando pasan sus problemas difíciles, su fe y sus cimientos estarán más arraigados. Pero los cimientos de su fe no deben endurecerse de la manera inadecuada, sino que deben endurecerse en el suelo fértil con amor. Sus corazones deben ser campos fértiles de fe que han aceptado el amor de Dios. Los corazones de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y han experimentado el amor de Dios son campos fértiles llenos de amor ágape, y por eso pueden convertir los corazones de otras personas en campos fértiles.
Nosotros somos el pueblo de Dios. Por eso el Apóstol Pablo nos deseó en Efesios 3, 18-19: «Seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios» (Efesios 3, 18-19).
¿Conocen la profundidad del amor de Dios por el que nos ha salvado? Intentemos medir la salvación que Dios nos ha dado mediante Su amor. ¿Tomó Dios solo sus pecados al ser bautizado? No, cargó con todos los pecados de la raza humana para siempre, todos los pecados de todo el mundo que vive en este planeta. Además, Dios no solo cargó con los pecados de todo el mundo, sino también con sus debilidades. Con nuestras mentes limitadas es simplemente imposible medir la profundidad del amor de Dios.
Hay muchas religiones en este mundo, incluyendo el cristianismo del mundo. El cristianismo como religión por lo menos enseña a sus seguidores a ser salvados creyendo en lo que Jesucristo ha hecho por ellos; pero las otras religiones de este mundo hacen hincapié en el ascetismo y la abnegación, y les enseñan a sus seguidores a convertirse en dios a través de sus esfuerzos. Esto es lo que diferencia al cristianismo de las demás religiones. Sin embargo, Jesucristo cargó con todos los pecados de esta gente equivocada que intenta alcanzar la salvación a través de sus propios medios.
Dios escogió a los judíos como Su pueblo en Su providencia. ¿Creen que Dios solo amó a los judíos? No, Dios no solo amó a los judíos, sino también a los gentiles, y ha salvado a la raza humana sin discriminación. El Señor no solo cargó con nuestros pecados como creyentes, ni solamente los de los judíos, sino que cargó con todos los pecados de todo el mundo, sin importar a qué secta religiosa o denominación pertenezcan. Como Jesús cargó con todos los pecados de todo el mundo para siempre, quien cree en esta Verdad está sin pecados. El amor de Cristo es así de profundo.
¿Conocen la profundidad del amor de Dios por nosotros? Una vez nacemos en este mundo, ninguno podemos evitar pecar todos los días, y por tanto estamos destinados a ser condenados por nuestros pecados y a morir y ser arrojados al infierno. Sin embargo, para salvar a la gente desesperada como nosotros, Dios tomó todos nuestros pecados al ser bautizado, y pagó la condena de todos estos pecados en la Cruz. ¿Pueden imaginar con cuántos pecados cargó el Señor? ¿Creen que Jesús solo se llevó nuestros pecados originales? ¿Creen que solo se llevó nuestros pecados del pasado? No, Jesús cargó con nuestros pecados para siempre. No solo cargó con nuestros pecados pasados, sino también los pecados presentes y los pecados que cometeremos en el futuro. El amor que el Señor nos dio es así de grande.
Aunque Jesús solo se llevase los pecados de una persona, esto sería maravilloso; pero en realidad cargó con los pecados de toda la raza humana, y por eso la profundidad de Su amor no puede medirse con métodos humanos. Cuando Jesucristo vino al mundo, se llevó todos los pecados para siempre, trascendiendo el tiempo y el espacio. Odiaba tanto el pecado que reunió todos los pecados y los borró. Levantó a Juan el Bautista como representante de la humanidad y el Señor hizo que le pasara todos los pecados de la humanidad al Señor mediante el bautismo. El que Jesús haya salvado a toda la raza humana al aceptar todos sus pecados y pagar su condena muestra la profundidad del amor del Señor y toda su medida.
Ahora ¿hay algún pecado en este mundo? ¡Por supuesto que no! Sin embargo, como hay mucha gente que se niega a aceptar este maravilloso Evangelio del agua y el Espíritu, esta gente es culpable de sus propios pecados. En otras palabras, aunque todos los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu no tienen pecados, los que no aceptan este Evangelio de Verdad son culpables de cometer el pecado de no creer, y por tanto serán condenados por sus pecados. Aunque el amor de Dios es tan grande que cargó con todos los pecados y ya no hay pecados, hay muchas personas que se niegan a creer en esta Verdad, y por eso Dios no tiene más remedio que condenarlos.
No importa que sus pecados se hayan cometido intencionadamente o no, abiertamente o en secreto, porque Jesús cargó con todos ellos. Así es como Jesús se ha convertido en su Salvador. ¿Cómo de grande es su salvación? Jesús no solo nos ha salvado, sino que nos ha sentado en el trono de la gloria de Dios. El que el Señor nos haya convertido en hijos de Dios Padre y vestido con Su gloria demuestra la profundidad del amor de Dios por nosotros. ¿De verdad creen en esto, que el Señor nos ha vestido con toda gloria?
Pablo también nos avisó en Efesios 3, 19: «Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios». De hecho es absolutamente imperativo conocer el amor de Cristo que sobrepasa cualquier conocimiento. Solo cuando nos damos cuenta de la amplitud del amor de Jesús podemos estar llenos de Su gracia. Deben entender cómo Jesús cargó completamente con todos los pecados a través del bautismo que recibió en el mundo, y conocer la profundidad, longitud y altura de este amor según el conocimiento que el Señor les ha dado. No debemos medir la anchura, longitud y altura del amor del Señor según nuestros propios mecanismos, sino según el barómetro de salvación del Señor. ¿Cómo de perfectamente nos ha salvado el Señor? He hecho esta pregunta porque es absolutamente necesario entender que Jesús ha cargado con sus pecados perfectamente a través de Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz, y conocer la anchura, altura y longitud de este amor. El que puedan experimentar el amor de Jesús en toda su profundidad depende de si saben cómo Jesús cargó con sus pecados completamente cuando fue bautizado.
¿Cuántos de nuestros pecados tomó Jesucristo? ¿Cuál es la anchura, la longitud y la altura del amor de Dios por cargar con todos nuestros pecados? Como tenemos tantos fallos, no podemos evitar pecar todo el tiempo. ¿Cargó Jesús con estos pecados también? ¡Por supuesto que sí! ¿Acaso no han pecado hoy también? Tendemos a pecar tanto que incluso pecamos en sueños. Algunos adolescentes pasan demasiado tiempo delante del ordenador atraídos por tantas tentaciones que no saben lo que pasa dentro de sus dormitorios, si es de día o es de noche, y cuando sus padres les piden que hagan alguna tarea, pecan al rebelarse y gritarles enfadados.
Pero no son solo los adolescentes los que pecan. Los adultos también pecan a su propia manera. Todo el mundo peca de una manera u otra, desde los estudiantes hasta las amas de casa, los adultos, los niños y los ancianos. Nadie es inmune al pecado; incluso las personas con modales pecan a espaldas de la gente, y la gente sin modales lo hace abiertamente.
¿Cargó Jesús con estos pecados completamente al ser bautizado? ¿Cuál es la profundidad de este amor? ¿Y su anchura? ¿Y la longitud? Jesucristo cargó con todos los pecados para siempre. La profundidad, anchura y longitud de la salvación que el Señor les ha traído se expande más cuando admiten sus pecados cada vez que los cometen y reconocen que Jesús cargó con todos sus pecados al ser bautizado. La profundidad y anchura de su fe que se alcanza dándose cuenta de que Jesús cargó con todos sus pecados no puede ser la misma que se alcanza cuando se medita sobre el Evangelio una y otra vez. De la misma manera que el oro más refinado es más consistente y complejo, los que refinan su fe más al meditar sobre el verdadero Evangelio una y otra vez se convierten en personas de una fe inamovible.
Cuando empezamos a creer en Jesús, nuestra fe no era tan consistente. Incluso después de recibir la remisión de los pecados, a veces luchamos contra nuestras circunstancias difíciles, y solo después de escuchar la Palabra de Dios todos los días nos damos cuenta de que tenemos muchos fallos. Así es como la gracia de nuestra salvación se hizo más profunda, ancha y larga. Incluso en el futuro, todos debemos seguir meditando sobre la gracia de salvación y expandir la longitud, altura, anchura y volumen de su fe. El conocimiento de la Verdad de salvación, que Jesús cargó con todos nuestros pecados completamente a través de Su bautismo, no se alcanza con tan solo pensar en ella solo una vez, ni crece automáticamente. La altura y anchura de este conocimiento es tan grande, tan perfecta y tan eterna que no puede entenderse completamente aunque meditemos sobre esto una y otra vez, y por tanto cuesta muchos días e incluso años entender la grandeza de nuestra salvación.
 
 
Examinen su fe y experimenten el amor de Cristo todos los días
 
¿Admiten sus fallos ante Dios cuando quedan expuestos? ¿Admiten que han pecados a causa de sus fallos? Todos nosotros debemos admitir nuestros fallos ante Dios. Aunque cualquier persona puede perderse, solo algunos de nosotros debemos admitir nuestros fallos ante Dios. Sin embargo, todos los que hemos recibido la remisión de los pecados debemos admitir nuestros fallos cuando los cometemos. Después de admitir nuestros fallos, debemos volver a pensar en el hecho de que Jesús cargó con todos nuestros pecados a través de Su bautismo y debemos poner nuestra confianza en esta Verdad. Los justos deben alabar la grandeza de la salvación del Señor y volver a examinarnos constantemente para verificar nuestra salvación. Cuando confirman así su salvación y piensan en el Evangelio del agua y el Espíritu continuamente, los cimientos de su fe serán tan sólidos que no se vendrán abajo. No se moverán aunque alguien les agite con todas sus fuerzas. Por tanto estarán llenos de la plenitud de Dios. Como Dios nos ha salvado por completo, nos ha amado completamente, y nos ha hecho completamente perfectos, nuestros corazones deben estar llenos de fe. Por tanto no hay nada más que hacer a parte de creer en el Señor.
El Apóstol Pablo también les dijo a los santos en Efeso: «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos» (Efesios 3, 20-21). Este pasaje nos enseña claramente que podemos recibir este amor y poder del Señor, tener una fe completa y vivir una vida llena solo cuando nos vestimos de la gloria de Jesucristo por fe y vivimos en la Iglesia de Dios.
Todos nosotros debemos entender el amor de Dios cuanto antes. Debemos darnos cuenta de que Dios nos ha dado Su amor glorioso y abundante y que nos ha salvado perfectamente de todos nuestros pecados y de la condena mediante Su amor; y con este conocimiento debemos experimentar el amor de Dios en nuestros corazones por fe y estar llenos de este amor de Dios.
¿Por qué tienen tantos fallos todos los días? Porque Dios les ha hecho vivir en este mundo en sus cuerpos imperfectos, incluso después de salvarles, y Dios lo ha hecho para que experimenten Su amor aún más abundantemente. Así que les pido que se den cuenta de que este es el motivo de que sus cuerpos sigan siendo imperfectos incluso después de nacer de nuevo.
En nuestras vidas diarias, debemos estar llenos de amor, pero sobre todo, debemos creer sin falta que Dios nos ama completamente. Cuando confiamos en el amor de Dios, nuestros corazones estarán llenos. Cuando nuestros pecados no están llenos, sino que son pobres, solemos pagarlo con los demás. De repente abusamos de los demás porque nuestros corazones no están llenos. ¿Por qué estamos enfadados? Porque nuestros corazones no están llenos del amor de Dios.
¿Qué debemos hacer entonces? Debemos seguir viviendo con confianza en el poder de la gloria del Señor y Su amor abundante. Y como el Apóstol Pablo nos pidió, debemos vivir con valor por fe.

¿Conocen de verdad el amor de Jesucristo y están experimentándolo en toda su profundidad y anchura en sus vidas diarias? Lo que podemos ver y creer todos los días, cada momento que respiramos, y cada vez que tenemos problemas, es el amor de Jesucristo. Este amor de Jesucristo ha sido revelado y ha venido a nosotros a través de Su bautismo y Su sangre derramada en la Cruz. El Señor ha hecho posible que experimentemos este amor todos los días. Así que todos debemos ver y sentir este amor a través de la fe en nuestras vidas diarias.