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Tema 23: Hebreos

[Capítulo 1-1] La clase de la Escuela de la Misión (Hebreos 1, 1-3)

La clase de la Escuela de la Misión(Hebreos 1, 1-3)
«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas».
 
 
No solo estamos aprendiendo la Palabra de Dios a través de nuestra Escuela de la Misión, sino que también estamos aprendiendo a servir al Evangelio unidos dentro del orden que Jesucristo ha establecido en Su Iglesia. Aprendemos a orar y a tener una fe fuerte y obedecer el orden del mundo de Dios en esta Escuela de la Misión; y también podemos llenar las zonas débiles de nuestros corazones con la Verdad de la Palabra de Dios. A través de estos cursos de formación podemos estar firmes en la fe y tener la habilidad de luchar contra el enemigo después de nacer de nuevo como siervos de Dios.
Le doy gracias a Dios por permitirnos tener esta Escuela de la Misión. También le doy gracias a Dios por danos la oportunidad de servir al Señor y formarnos. Siempre predico el Evangelio así en nuestro país y en el extranjero. No tienen que tomar notas del contenido del sermón que le estoy predicando. Solo tienen que prestar atención a las partes que les repito porque pienso que son importantes. Y sería beneficioso para ustedes escuchar mis grabaciones una y otra vez para volver a escuchar las partes de las que no están seguros.
Durante esta sesión de la Escuela de la Misión me gustaría hablar de lo que el Señor nos quiso decir en Su Palabra del Libro de Hebreos. El Libro de Hebreos es una epístola a los Hebreos escrita por un siervo de Dios. Durante esta era patrística los israelitas estaban dispersos por todo el mundo conocido debido a la persecución de los romanos. Por esta razón no podían encontrar líderes espirituales y este siervo de Dios escribió la Epístola. A excepción de los Cuatro Evangelios y el Libro de Hechos, todos los Libros del Nuevo Testamento son una colección de epístolas que algunos siervos de Dios habían enviado a Sus santos en ese contexto histórico. Primero deben entender su contexto histórico.
 
 

Dios nos ha hablado en diferentes tiempos y de formas diferentes

 
Hoy les hablaré principalmente del Libro de Hebreos 1, 1-3. Dice: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas».
Durante el Antiguo Testamento los profetas recibieron la Palabra de Dios y hablaron a los israelitas y lo escribieron. Cuando leemos el Libro de Génesis en el Antiguo Testamento podemos ver que contiene la Palabra de la creación de los cielos y la tierra, el nacimiento de los doce hijos de Jacob, que son los descendientes de Abraham, y el proceso de ir a Egipto. Y el Libro de Éxodo habla del tiempo en que los israelitas vivieron como esclavos en Egipto durante cuatrocientos años y su éxodo de Egipto a la tierra de Canaán. El Libro de Levítico habla del sistema de sacrificios y el Libro de Deuteronomio habla del viaje del pueblo de Israel a la tierra de Canaán. Dios habla de todos estos procesos en varias partes.
Dios habla acerca de Jesucristo en varias partes y de maneras diferentes a través de profetas como Moisés, Ezequiel, Daniel, Isaías y otros. Las Escrituras nos dicen que Dios quiso revelar a Jesucristo en varios tiempos y en varias formas en el pasado a Su pueblo, los israelitas.
Adán y Eva, los antecesores comunes de la humanidad, pecaron después de haber sido creados y de que les permitiese Dios vivir en el Jardín del Edén. Entonces tuvieron que llevar vestiduras hechas de hojas de higuera. Después de esto Dios les hizo túnicas con pieles de animales y los vistió correctamente. Esto implica la verdad de cómo Dios les da la remisión de los pecados a los pecadores.
Entonces, ¿cómo recibieron la remisión de los pecados los hebreos, el pueblo de Dios? ¿Con qué fe pudieron recibir tal inmenso don de salvación? Aquí debemos contemplar si recibieron la remisión de los pecados por su justicia o si recibieron la salvación solo por creer en la justicia de Dios. Fueron salvados al creer en la justicia de Dios por la que les salvó de los pecados. Dios los salvó con Su justicia porque sabía que no tenían justicia propia. De esta manera las Escrituras contienen la Palabra de la caída de la humanidad y el Evangelio del agua y el Espíritu del Señor que nos ha dado la remisión de nuestros pecados.
En el Libro de Levítico podemos ver cómo se ofrecían sacrificios en el Tabernáculo. Mientras los israelitas vivían en el desierto, no conocían sus pecados aunque los cometían una y otra vez porque no tenían la Ley ante la presencia de Dios. En aquel entonces, Dios llamó a Moisés al Monte Sinaí y le dio las dos tablas de piedra de la Ley. Dios también le mostró la forma detallada en la que tenía que construir el Tabernáculo cuando le dio la Ley de Moisés. Esto lo hizo para que los israelitas se dieran cuenta de sus pecados a través de la Ley y para hacer que la gente pecadora recibiese la remisión de los pecados al ofrecer estos sacrificios según el sistema de sacrificios que Dios había establecido. De esta manera, podemos ver que el Señor les habló de diferentes maneras y formas acerca de la remisión de los pecados. Y podemos ver cómo los israelitas creyeron en Dios y cómo pasaron por una situación difícil. Lo más importante es que a través de esta Palabra de Dios debemos entender cómo recibir la remisión de nuestros pecados y como vivir nuestra fe.
Está escrito que Dios, quien habló Su Palabra en varios tiempos y de varias formas a los antecesores de la fe, también nos habla a través de Su Hijo en estos últimos tiempos. Dios habló a los Israelitas a través de los siervos de Dios en el pasado, pero ¿cómo nos habla ahora? ¿Cómo nos habla Dios ahora? ¿Cómo nos habla Dios a los creyentes en estos tiempos? Dios nos habla a través de Jesucristo, Su Hijo, en estos últimos días.
El Libro de Hebreos en el Nuevo Testamento fue escrito hace unos 1900 años. Sin embargo, incluso la gente de aquel entonces sabía que Dios Padre les habló a través de Jesucristo. Entonces, ¿cómo puede la gente de hoy en día conocer la fe en la voluntad de Dios que se nos ha dado? Pudimos entenderlo porque Dios nos ha hablado de Su justicia a través de Jesucristo, el Hijo de Dios.
No necesitan intentar entender algo nuevo a través de las clases de esta Escuela de la Misión o intentar hacer que toda la Palabra de Dios encaje en el conocimiento que tienen hasta ahora. En la Iglesia de Dios, conocer la Palabra de Dios no lo es todo, sino que además deben tener fe en la Palabra. Debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu y aprender a ser regenerados como obreros fieles de Dios. Por tanto, deben escuchar atentamente lo que les estoy diciendo y tener cuidado de no caer en los pensamientos carnales. Y deben grabar la palabra de Dios en sus corazones. Cuando la Palabra está grabada en sus corazones de esta manera, nunca desaparecerá.
La Biblia es la Palabra hablada por Dios. Un buen sermón explica la Palabra de fe con toda sinceridad para que tengamos la fe necesaria en la Palabra. Dios nos habla de la Verdad a través de Su Hijo. Dios padre dijo que nos dio la remisión de nuestros pecados a través de Su Hijo cuando nos convertimos en pecadores nacidos como descendientes de los pecadores. Al igual que el sistema de sacrificios que aparece en el Libro de Levítico en el Antiguo Testamento, Jesucristo vino a este mundo y nos dio la remisión de nuestros pecados para siempre mediante el bautismo que recibió de Juan el Bautista y la sangre que derramó en la Cruz. Y el Señor nos dijo que predicásemos este Evangelio de la Verdad a todo el mundo. Y el Señor nos dijo que viviésemos con fe. Está escrito: “No os unáis en yugo desigual a los incrédulos” (2 Corintios 6, 14). El Señor nos dijo claramente que no nos juntásemos con los que no han nacido de nuevo, que nos uniésemos con los pecadores y no trabajásemos con ellos. Nos dijo que nos juntásemos con la gente de fe para expandir el Reino de Dios.
El Padrenuestro dice: “Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Dios escogió a Su pueblo entre los muchos pueblos del mundo y quiso llevarlo al Reino de Dios para que viviese con Él eternamente. Por tanto, Dios planeó esta obra en Jesucristo y el principio de este plan era enviar a Su Hijo Jesucristo como Salvador del mundo para borrar todos los pecados del mundo. Por tanto, debemos recordar que Dios nos ha enviado a Su Hijo en estos últimos días. Este Jesucristo es el Maestro del universo entero y de todas las cosas que hay en el universo que son también Su obra.
Dios Padre envió a Jesucristo a este mundo e hizo que fuese bautizado por Juan el Bautista por la remisión de los pecados, y este Jesús murió en la Cruz y nos salvó para siempre al ser resucitado de entre los muertos. Y les dio la remisión de los pecados a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu y les convirtió en el verdadero pueblo del Reino de Dios. El Señor mueve la historia del mundo por esta razón. Y el Señor también les dice a los justos que vivan por la justicia de Dios y mantengan la fe y el verdadero Evangelio.
El Evangelio del agua y el Espíritu es una cosa hermosa. El Evangelio del agua y el Espíritu nos bendice para que podamos vivir una vida eterna victoriosa. Esto se debe a que el Maestro del Evangelio del agua y el Espíritu es este Jesucristo. Dios Padre nos dio a Su Hijo y nos convirtió a los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu en el pueblo de Dios. ¿No es maravillosa esta Verdad de este plan de salvación?
Por tanto, no debemos simplemente asentir con la cabeza mientras leemos las Escrituras porque hay muchas lecciones que Dios quiere darnos en Su Palabra. Debemos recordar absolutamente que el Padre nos ha hablado a través de Su Hijo. Por tanto, debemos recibir la remisión de los pecados al creer en la justicia de Jesucristo y vivir con fe en la Iglesia de Dios. Solo entonces podemos escuchar la voz de Dios y creer en Él y seguirle. Por tanto, en vez de alardear de nuestra justicia en la Iglesia de Dios, debemos convertirnos en personas de fe que creen en la justicia de Dios y debemos darle gloria a Dios.
Los que son espiritualmente inmaduros en la Iglesia de Dios piensan que son grandes cuando llegan a cierto conocimiento de las Escrituras. Y tienden a ignorar a otras personas cuando no tienen el mismo conocimiento, pero estas personas no son maduras espiritualmente. Simplemente alardean de su conocimiento y piensan que tienen razón cuando en realidad están en un estado infantil de la fe espiritualmente. Hay muchas personas que alardean de su propia justicia aunque hayan sido salvadas de sus pecados al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu en la Iglesia de Dios. Pero estos santos todavía tienen un largo camino. Estas personas no entienden la Palabra de Dios correctamente como se nos dio a través de Su Hijo. Debemos creer en la salvación que Dios ha conseguido a través de Su Hijo. El Señor no nos permitió recibir la remisión de los pecados para exaltar nuestra propia justicia.
Saben que todos hemos muerto en Cristo, ¿verdad? Por supuesto que algunos de ustedes que son ricos en su propia justicia no conocen esta verdad muy bien. Sin embargo, el Señor tomó incluso los pecados de estas personas a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista y fue clavado a la Cruz por todos los que no tienen su propia justicia. Por esto, los que creemos en la justicia de Dios nos hemos convertido en criaturas nuevas en Cristo y el Señor nos ha resucitado y ha borrado todas las maldiciones del pecado para hacernos vivir en el nuevo mundo. Por tanto, aunque somos seres inadecuados, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu por el cual el Señor nos ha salvado de todos los pecados del mundo y debemos seguir al Señor con esta fe. Por tanto, aunque seamos seres insuficientes, debemos creer en el Evangelio del agua y el Espíritu por el que el Señor nos ha salvado de los pecados del mundo y debemos seguir al Señor por esta fe. Cuanto más vivimos por el Evangelio del agua y el Espíritu, más agradecidos estamos por este Evangelio. Sin embargo, los que no aman este ministerio que predica el Evangelio del agua y el Espíritu sinceramente van por el mal camino.
¿Quién es la persona más humilde en la Iglesia de Dios? Es la persona que sabe que el Señor lo ha hecho todo por ella por muy bien que viva. Dios nos ha dado Su gracia para servir al Evangelio del Señor y no para alardear de manera carnal. No debemos vivir como si hubiésemos conseguido algo por nuestras propias fuerzas sin servir al Evangelio del agua y el Espíritu. Por ejemplo, si Dios nos dio un cuchillo, nos lo dio para usarlo por una buena causa y no para hacer daño a otras personas.
Ahora que han entrado en la Escuela de la Misión su primera tarea es conocer el flujo espiritual de la Iglesia de Dios. Hay varios tipos de personas en la Iglesia de Dios. Hay varios tipos de ministros y sus personalidades son diferentes. Sin embargo, todo lo que quieren hacer es predicar el Evangelio del agua y el Espíritu. Todos debemos vivir unidos con la fe que cree en la justicia del Señor aunque nuestras personalidades sean diferentes porque Dios Padre nos ha hecho vivir la vida de fe después de salvarnos por la Palabra que Su Hijo nos dio. Debemos exaltar la justicia de Dios por fe y predicar el agua y el Espíritu y orar y trabajar duro para llevar a cabo esta misión por todo el mundo en vez de vivir por nuestra carne. El Señor dijo: “Buscad primero el reino de Dios y Su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”. Estoy seguro de que Dios nos dará todo lo que necesitemos por nuestra carne si exaltamos la justicia de Dios y vivimos por la voluntad de Dios como dice este pasaje.
Debemos vivir por esta fe. Sin embargo, los que no son así deben recibir mucha formación. Por tanto, ustedes deben aprender estas cosas mientras están en esta Escuela de la Misión. Esto se debe a que la gente que no ha puesto sus corazones firmemente en la voluntad del Señor puede alejarse de Su voluntad incluso cuando se acercan a ella.
Dios nos ha hablado a través de Su Hijo en estos últimos días. ¿Cómo de maravilloso es esto? Debemos conocer la justicia de Jesucristo, reconocer que Jesús es Dios y conocer a Dios Padre que envió a Jesucristo. Asimismo, debemos saber que Jesús es el Dios de amor y el Dios de la ira, y debemos saber también que Dios nos hijo cómo debemos vivir. Si tenemos esta fe podemos vivir por la justicia de Jesucristo y saber lo que Jesucristo, quien se convirtió en nuestro Salvador, nos está diciendo y lo que nos dice que tenemos que vivir. Debemos vivir por la fe que pone la justicia de Jesucristo en el centro de nuestros corazones y con este corazón debemos seguir esta fe. No deben buscar solamente las cosas como ver visiones mientras oran, sino que deben entender la obra de salvación que Jesucristo le ha dado a toda la humanidad. Y debemos aceptarla en nuestros corazones.
La Biblia es la verdadera Palabra de Dios. Por tanto, debemos recibir la Palabra de Dios exactamente como está escrita en las Escrituras. Dios obra a través de estas personas de fe. Para convertirnos en estas personas de fe, debemos vivir en la Iglesia de Dios y comprobar si hay algo secular mezclado en nuestra fe que hace que no podamos creer en la voluntad de Dios y seguirla. Y si hay algo que no sea la Palabra de Dios en nuestros corazones debemos filtrarlo completamente.
Cualquier reunión que no pueda predicar el Evangelio del agua y el Espíritu correctamente porque no conozca esta Verdad no puede ser llamada Iglesia de Dios. Es una reunión de almas muertas como un montón de cabezas de grano vacías. Muchos seminarios teológicos en el mundo no pueden predicar el Evangelio del agua y el Espíritu, que es la justicia de Dios. Van por el mal camino porque solo enseñan el contenido que han copiado de las filosofías del mundo en vez de predicar el Evangelio del agua y el Espíritu que es la Verdad de la salvación. Sin embargo, la Iglesia de Dios es diferente. Predicamos la Verdad de la salvación a la gente del mundo.
 
 

Dios Padre nos habló mediante el Hijo

 
Debemos saber que es esta Palabra de Dios la que nos salva y nos habla todos los días y debemos obedecer Su Palabra por esta fe sincera. Solo entonces puede manifestarse esta fe dentro de nuestros corazones. Cuando seguimos a Jesús por la fe verdadera toda la Palabra de Dios recogida en las Escrituras obra dentro de nuestros corazones y nos incita a hacer la obra de Dios y predicar esta Palabra por fe. Entonces debemos recibir la Palabra de Dios por fe.
Está escrito en el Libro de Hebreos 1, 2: «En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo». Todo aquí se refiere al universo entero. Se refiere a todas las cosas visibles e invisibles. El primero mundo está a punto de pasar y hay un mundo nuevo que vendrá pronto. Jesucristo es el Ser que nos ha traído el Reino Milenario y se lo da a los que creen en Él. Esto significa que Dios Padre hizo a Jesucristo heredero de todas las cosas.
Dios Padre ha dado a Su Hijo a la humanidad y nos hará un mundo nuevo, un nuevo universo, una nueva tierra, un lugar hermoso, diferente a este mundo que ahora vemos con nuestros ojos. Dios Padre nos ha dado a Jesucristo para hacernos hijos de Dios para que los que hemos recibido la remisión de los pecados a través de Jesucristo podamos disfrutar la vida eterna en ese mundo nuevo. El segundo mundo solo puede existir gracias a la justicia de Jesucristo. Dios ha recado el nuevo mundo para los que hemos recibido la remisión de los pecados al creer en la justicia de Jesucristo, el Salvador. El Señor ha creado el nuevo mundo. Las Escrituras dicen: “A quien a nombrado heredero de todas las cosas” y esto significa que Dios ha creado el mundo y a Jesucristo, Su Hijo, para que reine en este mundo. También está escrito: “A través de quien creó los mundos” y este pasaje significa que el Señor Jesús no solo ha creado el mundo visible, sino también otro mundo que no es visible con nuestros propios ojos. Estos mundos son para los que creemos en la justicia de Dios. ¿A través de quién es posible entonces? Esto es posible a través de Jesucristo. Jesucristo es nuestro Dios, nuestro Señor, y nuestro Salvador que ha borrado todos nuestros pecados y faltas para siempre.
Dios Padre ha creado el Cielo y el infierno. Dios creó el cielo y también el Cielo. ¿Entonces por qué creó Dios el infierno? ¿Por qué no hizo Dios que los humanos le obedeciesen y que no pudiesen desobedecerle desde el principio? Sé que muchas personas se preguntarán esto.
El mundo que Dios creó la primera vez tiene seres espirituales. Pero un ángel llamado Lucifer se rebeló contra Dios. Ese ángel era un ser con libre albedrío. En vez de hacer que fuese como un robot que sirve incondicionalmente a Dios, Dios le dio libre albedrío y un carácter que pudiese servirle por respeto, pero también ir contra Él por su libre albedrío. Lucifer fue creado de esta manera y quiso ser exaltado él solo y por eso fue arrojado del Cielo cuando se rebeló contra Dios por laguna razón. En otras palabras, Dios quiso ser el Ser Más Majestuoso al que todas las criaturas admirasen con su libre albedrío. Por eso Dios le dio libre albedrío a todos los seres humanos.
El Cielo y el infierno y también este mundo en el que vivimos ahora fueron creados por Dios a través de Jesucristo. El infierno es un lugar eterno que Dios ha creado, no un lugar que se desvanece después de un tiempo. Dios también creó el Cielo. Dios creó todo lo que había en el universo. Dios lo creó a través de Jesucristo, nuestro Salvador. Debemos creer en estos hechos. Dios es el Dios de la Creación. Ha existido desde antes de que el tiempo existiese y existirá eternamente. Es el Dios que existe eternamente sin principio ni fin. Venimos a este mundo desde el vientre de nuestras madres y vivimos en él durante un tiempo, trabajando duro para vivir, y después morimos de ancianos o por enfermedad. Sin embargo, Jesucristo es quien nos creó. Jesucristo es el que dio a nuestras madres el poder de concebirnos en sus vientres.
El nombre de Jesús significa Salvador y la palabra Cristo denota el Rey. ¿Por qué se llamó a Sí mismo Jesucristo? Dios vino a este mundo como nuestro Salvador, pero se llamó Jesucristo porque fue ungido como el Rey y el Profeta, y también tomó sobre Sí mismo la tarea del Sumo Sacerdote.
Jesucristo, en quien creemos, es diferente de los dioses creados por el hombre en este mundo. Debemos saber que Jesucristo es esencialmente diferente de los seres divinos creados por los seres humanos. El Dios en el que creemos es el único Ser Divino y el Todopoderoso. El Dios de la Trinidad es el mismo Dios único para nosotros. Debemos entender esto completamente. Y debemos creer de todo corazón. Debemos aceptarlo en nuestros corazones exactamente como es y no creer por obligación.
Leamos Hebreos 1, 3 juntos: «El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia». Conocer a Jesucristo es lo mismo que creer en Dios Padre. Cuando creemos en Jesucristo correctamente vemos a Dios con nuestros ojos en esta fe. El versículo de las Escrituras anterior dice que Jesucristo es el resplandor de la gloria de Dios. Jesucristo nació en este mundo a través del cuerpo de la Virgen María para ser vestido de carne humana. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para tomar todos los pecados del mundo en Su propio cuerpo cuando cumplió los 30 años. Y el Señor fue crucificado en la Cruz con todos los pecados del mundo a los 33 años, y fue resucitado al tercer día y se convirtió en Dios para todo el mundo que cree en esto. Cuando miramos las profecías de Jesucristo antes de Su nacimiento y a los 33 años después de Su nacimiento, no hay ni una tilde ni una jota que no coincida. Hemos cometido tantos pecados y seguiremos cometiéndolos porque somos insuficientes. Sin embargo, Jesucristo no tuvo ninguna mancha para poder ser el sacrificio legítimo para toda la humanidad.
Hoy en día hay muchas personas en Israel con el nombre de Jesús. También vemos que hay muchas personas que cometen una blasfemia al decir que Jesús fue una figura manipulada. Sin embargo, cuanto más investiga la gente para verificarlo, más pruebas encuentran de que Jesús es el Cristo. Por tanto, todos se han arrodillado ante Jesucristo. Han buscado Su perdón diciendo: “Señor Jesucristo, eres Dios. Siento haber estado en Tu contra”. Muchas personas de este mundo han intentado probar que Jesús no fue una persona real. Pero la verdad es que Jesús es el verdadero Hijo de Dios quien vino a nosotros. Los mentirosos han dicho ser dioses están en sus tumbas, pero no hay tumba para Jesucristo. ¿Por qué? Porque Jesucristo fue resucitado de entre los muertos. El Señor resucitó de entre los muertos porque es el Creador del universo entero y no pudo ser retenido por la muerte porque es el Señor de la resurrección. Jesús es la Persona que creó todas las cosas en este universo.
Jesucristo es el resplandor de la gloria de Dios. El amor de Jesucristo es incalculable. ¿Qué perderíamos si fuésemos al infierno? Los fariseos que aparecen en las Escrituras eran enemigos de Jesucristo y sus descendientes se siguen levantando contra Él en el cristianismo actual. Adán y Eva no creyeron en la Palabra de Dios y se pusieron de lado del Diablo, y como resultado, todos los seres humanos se han convertido en pecadores sin excepción. Sin embargo, Jesús eliminó todos los pecados de estos pecadores para siempre mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Este Jesús es el verdadero Salvador y Dios. Es inevitable reconocer a Jesús como el Rey y servirle cuando entendemos lo majestuoso que es el Señor y lo inmenso que es el amor que nos ha dado y lo perfecto que es.
Deben recordar esto. Deben servir este Evangelio del agua y el Espíritu como lo hago yo. Somos personas valiosas que sirven a este Evangelio. Debemos mirarnos los unos a los otros como valiosos colaboradores y no como competencia. No servimos al Evangelio solamente, sino que además servimos a nuestros hermanos santos que sirven al Evangelio unidos. Los que servimos al Evangelio del agua y el Espíritu son personas grandes. Nosotros no somos grandes, pero el Espíritu Santo dentro de nosotros y Jesucristo son grandes. Jesucristo nos da todo lo necesario para ser obreros fieles que viven por Él. Sin embargo, lo utilizamos para la predicación del Evangelio en vez de para satisfacer nuestros deseos carnales.
La Escuela de la Misión es diferente de todas las escuelas de este mundo. Esta escuela es la escuela de Jesucristo. Vivimos por Jesucristo, vivimos gracias a Jesucristo, y vivimos con Jesucristo. Predicamos el Evangelio de Jesucristo continuamente porque esta Escuela de la Misión es el lugar donde se les enseña a tener fe y vivir por Jesucristo.
Jesucristo es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen expresa de Su persona. Debemos creer en Jesucristo como Dios a través de las Escrituras y saber que Dios es un Ser grande. El pasaje de las Escrituras de hoy dice: «Quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas». La Palabra de Dios tiene poder maravilloso. En el Libro de Génesis 1, 3 Dios dijo: «Que haya luz, y hubo luz». Y así podemos ver que este Dios es exactamente Jesucristo, quien borró todos nuestros pecados al venir al mundo, ser bautizado, morir en la Cruz y ser resucitado de entre los muertos. Hubo luz cuando dijo: «Que haya luz, y hubo luz» y el sol y la luna existieron cuando dijo: “Que haya un lucero mayor y uno menor” y muchos tipos de árboles y vegetación crecieron de la tierra cuando dijo: «Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra». Todo existe porque dijo que existiese. Nuestro Creador es Dios y tuvo poder tan grande. Las cosas existen aunque Dios no mueva ni un dedo porque Él dice que existan. Nosotros tenemos que usar nuestras manos para hacer cualquier tipo de trabajo. Sin embargo, todas las cosas existieron porque Dios dijo que existiesen. Es el Dios que tenía un poder inmenso. Las Escrituras dicen que Dios sustenta todas las cosas con Su Palabra de poder. Todo sigue existiendo y sigue adelante porque la Palabra que nos dio sigue teniendo efecto. Las estrellas y otros cuerpos celestiales siguen existiendo en su posición establecida en el espacio por el poder de la gravedad incluso ahora mismo. Esto es posible gracias a la Palabra de Dios que sigue en efecto hoy en día.
Creemos en la Palabra de Dios. No existimos cuando el Señor Jesucristo estaba en el mundo, pero creemos en Él a través de Su Palabra. Nuestros pecados fueron eliminados completamente porque creemos en la Biblia y la aceptamos como la Palabra de Dios. Nuestros pecados son eliminados porque hemos aceptado la Palabra de la Verdad. Está escrito que hace la obra de eliminar los pecados por la Palabra del poder y la obra de purificarnos y está sentado a la derecha de la Majestad en lo alto. Aquí Él se refiere exactamente a Jesucristo. Todas las Escrituras hablan de Jesucristo. Está sentado a la derecha de Dios Padre y espera el día para volver a este mundo. El Señor está esperando establecer el Reino Milenario. Dios creará los nuevos cielos y la nueva tierra para que vivamos en ellos eternamente.
Al leer la Palabra en el Libro de Hebreos podemos ver que contiene muchas verdades maravillosas. Yo enseñé la palabra del Libro de Génesis en sesiones anteriores de nuestra Escuela de la Misión, pero ahora voy a enseñar la Palabra del Libro de Hebreos durante esta sesión. Entonces, ¿acerca de quién queremos aprender y a quién queremos estudiar mientras estudiamos la Palabra de Dios en esta Escuela de la Misión? Estudiamos aquí porque queremos conocer a Jesucristo y queremos aprender la Palabra que Jesucristo nos ha dado en las Escrituras. ¿Para quién hemos sido llamados en esta Escuela de la Misión y para quién hemos sido llamados como obreros de Dios? Para Jesucristo. Entonces, ¿a quién debemos complacer los que hemos sido llamados como soldados de Jesucristo? Sin duda, debemos complacer a Jesucristo. Debemos querer hacer algo si Él quiere que lo hagamos; debemos también odiarlo si Él lo odia. Si no seguimos bien a Jesucristo, entonces debemos reconfirmar el hecho de que Jesucristo nos ha dado la remisión de todos nuestros pecados y seguirle por fe. Solo podemos seguir a Jesucristo cuando tenemos esta fe.
No tengo nada de lo que alardear aunque he estado sirviendo al Evangelio hasta ahora. Puedo predicar el Evangelio ante ustedes porque Dios me ha dado la Palabra antes que a ustedes. Y servir al Evangelio es mi gozo. Quiero que se conviertan en personas como yo. ¿Qué otro gozo hay en el mundo a parte de servir al Señor? La gente nace del vientre de sus madres y después va a la escuela, hace el servicio militar, se casa, tiene hijos y muere de avanzada edad o por enfermedad después de vivir una vida tan banal. Así es la vida. ¿Qué otras cosas tendremos si vivimos por nosotros en vez de por el Evangelio? Nada. Como seres humanos que viven en este mundo no podemos evitar ser esclavos de la vida y gradualmente minimizar los sueños que teníamos y aumentar la codicia por las cosas materiales.
La vida acaba siendo polvo. La vida es un montón de polvo que no significa nada. Nacer y morir en vano es de lo que se trata la vida. Una vida que no se vive por el Señor no tiene significado. Como podemos ver cuando miramos las vidas de la generación de nuestros padres, la vida sin Jesucristo está vacía y no es nada; una vida así se puede comparar a acabar cansados por los problemas del mundo y al final enfermar y morir. Para nosotros, solo la vida que se vive por Jesucristo tiene significado. Solo cuando vivimos por Jesucristo podremos ser bendecidos y prósperos. Por el contrario, una vida que no se vive por el Señor es una vida maldita.
Por tanto, debemos complacer al Señor, quien nos ha llamado. Debemos complacer a Jesucristo, quien nos ha reclutado como Sus soldados. El Señor, que nos ha reclutado así, nos dará muchas bendiciones si le complacemos. Aunque se lo demos todo al Señor podemos recibir aún más cosas y vivir aún con más prosperidad. Podemos vivir mejor si vivimos en el Evangelio del Señor. Este es el secreto de vivir una vida de fe buena. Acabaré este sermón con la esperanza de que todos vivamos nuestras vidas por Jesucristo bien.